Puerto
El Bluff
Un marino en tierra

2 DE JUNIO DEL 2002 / La Prensa
Don Joel Hansack espera que se tomen medidas para proteger los
recursos naturales que tiene la plataforma marina de Nicaragua.
Después de 34 años de pescar en los bancos camaroneros de
Brasil, Panamá, México, Estados Unidos y su natal Nicaragua,
don Joel Hansack, de 54 años, está convencido de que
ha llegado la hora de aplicar con rigor las leyes de la pesca para
salvar los recursos marinos que tiene nuestra plataforma continental. Esto
sólo se logra decretando y haciendo cumplir una estricta
veda de las especies marinas en proceso de reproducción y desarrollo.
Nadie más indicado que personas como don Joel para advertir los
peligros que se ciernen sobre la población costeña,
que vive de la pesca y captura de pescado, camarón, langosta
y otros manjares del mar.
La preocupación de don Joel se basa en experiencias que ha vivido
en otros países, como la vez que llegó a la Guayana
Británica, en 1972, y se encontró con más de
500 barcos sacando camarón de sus aguas territoriales. Después
que regresó allí, en 1998, para cargar arroz hacia Holanda,
se enteró de que el país tuvo que decretar una veda
total porque las compañías pesqueras extranjeras habían
terminado con toda la reserva marina que había en sus aguas. “Eso
no me gustaría que pase aquí, porque sería
una desgracia para el país, especialmente para los costeños”,
afirmó don Joel.
Según él, actualmente el mar territorial de Nicaragua es
explotado únicamente por flotas pesqueras extranjeras,
pues nuestro país no cuenta con una flota nacional desde 1990.
En total, en aguas de la Región Autónoma del Atlántico
Sur se encuentra una flota mexicana de 8 barcos pesqueros, 11 barcos camaroneros
coreanos, 12 salvadoreños y otros 46 de la Gulf King, que tiene
su base de operaciones en El Bluff, pero que procesa su producto
en Corn Island.
Denunció que mientras a los pescadores artesanales nicaragüenses
les prohíben salir a capturar langostas en tiempo de
veda y que traigan a tierra sus nasas, los hondureños, que
tienen una considerable flota en aguas nacionales, tienen miles de
trampas en alta mar, haciéndole un enorme daño a nuestros
recursos naturales, “y esto no aguanta mucho si sigue así,
sobreexplotado el recurso marino”, advirtió don Joel.
Don Joel es miembro de la Cooperativa Hermandad Blufeña, formada
desde 1994, pero no funciona porque ninguno de los 52 socios tiene bote
propio por falta de financiamiento. “Cada uno sobrevive por
su cuenta, pues unos andan capitaneando barcos, otros de marineros o cocineros
en las calles de Bluefields, otros andan jalando carretas, pero nadie
se dedica a la pesca, porque aquí hay pescadores, pero los
pescadores no están pescando, porque no tienen con qué pescar”,
se lamentó.
2 DE
JUNIO DEL 2002 / La Prensa
Festival histórico
en El Bluff
Durante el primer festival de palo
de mayo en el Bluff, cada barrio se
lució con sus mejores comparsas.
Como una forma de expresar su deseo de “independizarse” de Bluefields,
los pobladores de El Bluff, cansados de que los tomen como un barrio
más de la “Ciudad de los Campos Azules”, este año decidieron
no participar en las fiestas de Mayo Ya en la cabecera departamental,
pero sí lo hicieron en su propio poblado, con sus propios
grupos de comparsas y candidatas a reina de las fiestas de la
fertilidad.
Los pobladores de El Bluff, siempre se han sentido marginados y olvidados
por Bluefields, ciudad a la que cada año se traslada una delegación
cultural a participar en las fiestas de mayo, donde casi siempre
ganan los grupos locales. Este año, los habitantes de
El Bluff se tomaron los andenes que rodean el poblado para realizar
con sus propios recursos las festividades de mayo.
El Bluff está dividido en cuatro sectores, cada uno participó
con una comparsa formada por 30 bailarines y una candidata
a reina, los que desfilaron desde sus barrios hasta el parque local,
donde se desarrolló la competencia de los sensuales y cadenciosos
bailes de palo de mayo.
Los grupos de comparsas, en su mayoría compuestos de jóvenes
estudiantes de primaria y secundaria, deleitaron con sus danzas eróticas
a un público que los apoyó y aplaudió hasta
el momento en que el jurado dio a conocer el resultado de la comparsa
y reina ganadoras, que en esta ocasión fue la del sector 3, encabezada
por su candidata Jenny Fers Hislop Pérez, de trece años.
Hislop Pérez logró el respaldo del jurado gracias a su singular
estilo de baile del Tululu, la Punta Garífona, y al apoyo
de los vecinos del sector que representó. Ella estudia
el tercer año de secundaria en el Instituto Nacional Nuevo Amanecer
2 DE
JUNIO DEL 2002 /La Prensa
Jugando dominó
Las tardes son sagradas para los pobladores de
El Bluff, que practican el dominó como una
forma de sana diversión.
Nadie sabe cuándo empezó a practicarse, pero casi todos los
hombres y hasta algunas mujeres de El Bluff ya toman como una tradición
sentarse con un grupo de amigos bajo la sombra de un árbol o en
el porche de sus casas, frente a las fichas blancas del dominó.
El dominó, como las fiestas del Palo de Mayo, ya forman parte de
las costumbres de los blufeños, que lo practican para distraerse
ante la falta de otras formas de diversión. Son cuatro
personas las que participan en cada juego, donde el único
interés que les anima es sentir el placer de ganar el juego, pues
aquí no se aceptan apuestas de dinero.
2 DE JUNIO DEL 2002 /
La Prensa
El Bluff, marginado y olvidado en
medio de los “campos azules”
Con una moderna pista aérea, una flota pesquera de 46
barcos, un astillero y una procesadora de mariscos y pescado que
por muchos años le dio trabajo a la mayoría de sus
habitantes, El Bluff debería de ser uno de los poblados más
desarrollados de la Costa Caribe nicaragüense.
Sólo los que tienen su bote o cayuco pueden darse el
lujo de ir pescar en El Bluff.
Textos y Fotos:
Orlando Valenzuela
Ubicado a tres kilómetros de la ciudad de Bluefields y en la entrada
principal de la bahía del mismo nombre, El Bluff no
solo es importante por su privilegiada posición geográfica,
sino también por su importancia histórica, ya que de aquí,
el primero de agosto de 1894, el general Rigoberto Cabezas,
envió su ultimátum de rendición al último
rey mosco, Robert H. Clarence, acto que culminó pacíficamente
con el ingreso de las tropas nicaragüenses a la ciudad de Bluefields,
hecho que marcó el fin del dominio inglés de nuestra
Costa Caribe y la reincorporación total de todos los territorios
de la Mosquitia.
Durante muchos años, El Bluff fue el puerto principal de la ciudad
de Bluefields y un importante centro de procesamiento de mariscos
de toda clase, especialmente camarones y langosta, actividad
que generaba empleo a la mayoría de la población nativa,
pues, mientras los pescadores artesanales vendían su producción
a Oceanic, centenares de mujeres laboraban en esta planta maquiladora.
Con estas empresas trabajando a toda capacidad, el puerto mantenía
un intenso movimiento de carga, ya que de aquí se exportaba
directamente a los mercados internacionales el marisco maquilado.
Pero esta situación cambió bruscamente a partir de diciembre
de 2000, cuando cerró la empresa maquiladora Oceanic S.A.
y la Gulf King envió toda su flota de barcos a maquilar
el producto a Corn Island, provocando la mayor crisis económica
en la historia de este poblado costeño.
EXPLOTACIÓN DE RECURSOS
A pesar que durante muchos años las compañías extranjeras
explotaron los recursos naturales de la Costa Atlántica, en
El Bluff no se notan los beneficios de esas riquezas en las calles
ni en las casas de sus habitantes, que siguen en la misma pobreza de siempre.
Para colmo, los pobladores de El Bluff acusan a los de Bluefields de mantenerlos
marginados y en el olvido, a tal punto que sólo los consideran como
un barrio más de la ciudad de los “campos azules”. Por esta
razón, los “blufeños” sienten que ya es hora
de “independizarse” de Bluefields y convertirse en un municipio más
de la Región Autónoma del Atlántico Sur.
Como prueba, los blufeños refieren que todos los impuestos que pagan
las empresas establecidas en su pueblo se quedan en Bluefields o se van
directamente a la capital, dejándoles sólo el
mar sobreexplotado. El poblado se mantiene sucio porque no
cuenta con tren de aseo, esto debido a que el terreno no es apto para hacer
un relleno sanitario. Por esa razón, la gente del sector cuatro
usa la pista del aeropuerto como basurero.
Otro motivo por el cual sienten que son explotados, es por el hecho de
que mientras en Bluefields sus pobladores pagan 1,25 córdobas
por kilowat de energía, en El Bluff ellos pagan 2,50 por el
mismo servicio. Igualmente, los blufeños resienten el alto
costo del transporte (20 córdobas) que tienen que pagar para viajar
en panga los tres kilómetros que los separan de Bluefields.
UN PUEBLO DE PESCADORES
El Bluff siempre ha sido un puerto y pueblo de pescadores, pero en la actualidad
no es ninguna de estas dos cosas, pues ya no llegan barcos a su muelle
porque no hay nada que exportar, ni hay pescadores porque los que
hay no tienen bote con que ir a pescar, por eso la mayoría
de sus habitantes andan de marinos, haciendo rumbos de albañilería
o fontanería, de vendedores ambulantes, cargadores de sacos en los
muelles de Bluefields o simplemente sobreviviendo de la ayuda de la población.
Quizás por esa razón es que el tráfico de drogas se
ha incrementado en El Bluff, donde muchos padres de familia se encuentran
alarmados por el peligro que esta actividad delictiva representa
para sus hijos. Además, a esto se suma el alto nivel de consumo
de licor que existe entre los jóvenes y adultos de este poblado.
Y las críticas a la Policía no se hacen esperar, pues la
señalan de negligente, ya que capturan a los expendedores
de drogas, pero luego los dejan libres.
El suboficial mayor Juan Artola Solís, jefe de sector de la Policía,
dijo que efectivamente, en el Bluff existen nueve expendios de droga, principalmente
crack, identificados con nombre y apellido, pero que sólo
con orden del juez se puede catear esas casas, y resulta que
cuando lo hacen ya no hay nada. El oficial atribuye esto al miedo
que existe entre la población de dar información sobre esta
actividad, por eso iniciarán un programa para sensibilizar
a la población para que pierda el miedo y denuncie esta actividad
delictiva. En todo caso, sólo tres policías y sin presupuesto
no pueden hacer mucho.
Pero no todo es gris en El Bluff, pues muchos jóvenes, la inmensa
mayoría, se dedica al estudio y al deporte, donde el básquetbol
y el béisbol son sus mayores pasiones, aunque últimamente
el fútbol ha atrapado el interés de muchos, sobre todo
influenciados por los canales de la televisión tica y por la fiebre
del mundial.
2 DE JUNIO DEL 2002 / La Prensa
Cierre de planta procesadora acentúa la crisis
Parte de la flota de la Gulf king, anclada frente al astillero de
El Bluff.
Desde diciembre de 2000, la población de El Bluff entró en
la más aguda crisis económica de su historia, ya que
la empresa procesadora de camarones Oceanic S.A., que maquilaba
la producción de la compañía Gulf King Seafood S.A.,
cerró operaciones dejando a centenares de trabajadores, la mayoría
de este poblado, en el desempleo.
En Oceanic trabajaban casi todas las mujeres de El Bluff en el proceso
de selección, limpieza y empaque de camarón para su
exportación, principalmente a los Estados Unidos. Además,
la compañía Gulf King compraba toda la producción
de langostas y camarones que los pescadores artesanales lograban
sacar con sus propios medios. Así, con trabajo, el movimiento
económico de la población era intenso y fluido, de
tal forma que la pobreza se sentía menos.
El problema se originó cuando la Gulf King, que exporta tres millones
de libras de camarón procesado, decidió enviar de su
flota de 44 barcos y 15 unidades a procesar su producto a otra maquiladora
instalada en Corn Island, lo que provocó que los funcionarios de
Oceanic plantearan que si no traían todos los barcos a procesar
el producto a su empresa, no le procesaban ninguno, y al no aceptar la
Gulf King, la cerraron, con consecuencias nefastas para la población.
Randolph Mairena, Gerente Administrativo de Gulf King, explicó que
la empresa Oceanic no tenía capacidad para procesar todo lo
que sus barcos producían, por eso enviaron una parte de los
barcos a Corn Island, porque además era más barato
allá. Afirmó que ellos se vieron obligados a buscar dónde
procesar su producción ante la decisión de la maquiladora.
También dijo que a pesar de no tener procesadora, su empresa está
dando empleo a centenares de cabezas de familia que trabajan en los
barcos, el astillero y las oficinas administrativas. “Fue una mala decisión
de ellos (Oceanic) que perjudicó a la población
al cerrar, pero nosotros vamos a seguir en Nicaragua, y para mientras,
seguiremos procesando en Corn Island”, concluyó el funcionario.
2 DE JUNIO DEL 2002 / La Prensa
El regreso de Garnet
Cada tres meses, Garnet Vendles regresa
a visitar a su familia, pero por falta de trabajo en el pueblo
tiene que regresar al extranjero.
Sentado en el piso del porche de su casa
y en medio de chistes y música caribeña, Garnet Vendles
nunca ha sentido más placenteras las manos de sus hermanas y de
su mamá, que también disfrutan haciéndole trenzas
con hule en las puntas de su
Garnet es un blufeño de 33 años, que al igual que muchos
otros, sólo viene esporádicamente de visita al pueblo
donde nació, pues la mayoría del año la pasa
trabajando en el extranjero, de donde envía remesas para ayudar
a su familia.
Primero la guerra y después la falta de oportunidades en Nicaragua,
hicieron que Garnet abandonara su país cuando tenía 14 años
y se quedara trabajando en las petroleras del Golfo de México.
A pesar que la guerra terminó hace más de diez años,
Garnet no ve condiciones para quedarse en su pueblo natal, ya que en El
Bluff y en Bluefields no hay empleo, y si encuentra, los salarios
son tan bajos que no le ajusta ni para comer.
Garnet es alegre y bromista, por eso disfruta al máximo las visitas
que cada tres meses en el año hace a su familia y amistades.
Con sus ahorros, Vendles instaló una moderna discoteca en El Bluff,
pero la falta de empleo que padece la población también
le afecta, porque nadie llega a bailar con el estómago vacío.
“Yo vengo porque aquí están mi familia y mis amigos, y quisiera
quedarme, pero aquí no hay vida, todas las empresas
están cerradas y no puedo sobrevivir de la disco, por eso no puedo
quedarme en mi país y tengo que ir a trabajar a otro para ayudar
a mi familia”, insistió Garnet.
2 DE JUNIO DEL 2002 / La Prensa
El hombre de la “mandíbula de acero”
Es capaz de levantar con los dientes
un saco lleno de cocos
Con su doble dentadura, Denis Honfis es capaz de
pelar cocos verdes y viejos como si se tratara de
suaves bananos.
Denis Honfis es un mískito de 68 años, nacido en Tasbapauni,
y aunque no es boxeador de peso completo, Mike Tyson jamás
se metería en un ring con él. Y la razón es
porque Honfis tiene un record muy difícil de superar por Tyson,
ya que nuestro compatriota, dueño de una fuerte mandíbula,
es capaz de pelar cocos con los dientes, mientras carga un saco de
ellos, como si se tratara de simples bananos maduros.
Y eso no es todo, como pasatiempo le gusta levantar con los dientes sacos
de verduras de más de cien libras, y los echa en el carretón
para trasladarlos desde el muelle hasta su casa.
Honfis dice que nació con doble dentadura, y que desde joven se
dio cuenta de que sus dientes eran “poderosos”. Refiere que empezó
a descortezar cocos “por vagancia” un día que estaba sin hacer nada.
En una ocasión, le ganó una apuesta de 500 córdobas
a un hombre que lo retó para que levantara con los dientes una
tortuga de 120 libras y, ni corto ni perezoso, se ganó esos billetes.
Su oficio de matarife no sólo lo practica con los cerdos, sino que
también en Corn Island, donde mata y vende carne de tortuga
Carey, Tora y de otras especies en tiempo de caza de estos quelonios.
Ahora Honfis ya forma parte de los tradicionales festivales de Mayo Ya,
donde participa por diversión, pelando ante el público, todo
tipo de cocos, ya sean verdes o viejos y secos.
Honfis también es conocido por su temeraria acción de agarrar
brasas del fuego y apagarlas con sus manos, igualmente por meter
la mano en ollas de aceite caliente sin sufrir ningún daño.
Pero el récord del que se siente más orgulloso y en el que
nadie le hace sombra, es de su descendencia, ya que afirma ser padre
de 85 hijos, los que fueron procreados “cuando la pesca estaba
buena y tenía dinero, pero a todos los mantuve”, afirma. Por
último lanzó su mayor “hazaña”, cuando afirmó
que en la Costa hay otros que tienen más hijos que él,
“pero a ninguno le han tenido ocho niños, de ocho mujeres
diferentes en el mismo año, como a mí en 1963”. |