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el Palo de Mayo y las Fiestas Patronales de Bluefields
honor a la
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Cómo llegar ? La
Costeña
vuelos diarios de Managua. Terrestre
Managua
- Ciudad Rama
En Ciudad Rama se toma el barco que lo lleva en cinco horas hasta Bluefields. Si viaja en su propio vehículo
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LOS RAMAS Y SU HISTORIA Según sus pobladores, la historia de su raza inicia con el arribo del jefe rama a quien llamaban Hannibal, el que llegó con unas cuatro esposas, posteriormente al jefe le siguieron otras cincuenta familias por los años 1700 ó 1800, este dato no es preciso. El jefe indio dio el nombre Rama Kay en común acuerdo con jefes misquitos que habitaban también esta zona, no obstante esta zona siempre fue dominada por los ramas. Las primeras familias que se acentuaron se dice fueron los MaCrea que aún existen, Salomón que y Clenser, estos últimos ya desaparecidos. Los ramas tienen un largo camino recorrido se dice que son del sur de Colombia y habitaban desde Costa Rica hasta Honduras, inclusive en las zonas del pacífico y antiguamente eran conocidos como los Wotos luego cambiaron a como se les conoce hoy día, Los Ramas. Los
pobladores ramas comentan que en realidad la Isla que habitan eran dos
porciones de tierras, pero a través de un esfuerzo comunal lograron
unirlas con rellenos, inclusive comentan que los que más laboraron
para unirlas fueron los jóvenes que hacían ese trabajo como
castigo por embarazar a las jóvenes mujeres
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un paraíso olvidado
Orlando Valenzuela La Prensa 19-11-01 Textos y fotos * En tiempos de la colonia española, los rama fueron una de las grandes tribus indígenas que dominaron gran parte de los territorios de la actual Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS). Hoy, sólo sobreviven unos 1,300 descendientes de esta etnia, la mayoría de ellos asentados en la Isla Rama Cay, dentro de la Bahía de Bluefields, que es como su capital, con una cultura que poco a poco va desapareciendo, de la misma forma en que su idioma y sus tradiciones van siendo sustituidos por otras lenguas y otros modos de vida, pero sin cambiar la eterna pobreza en que siempre han vivido Rama Cay es un islote ubicado a cuatro kilómetros al sur de la ciudad de Bluefields, dentro de la bahía, de 176 kilómetros cuadrados, del mismo nombre. Es una isla pequeña en tamaño —sólo cinco manzanas cuadradas— pero de una gran importancia cultural, porque éste es el hogar de los últimos descendientes de la gran etnia indígena de los rama, cuya cultura está a punto de desaparecer, de la misma forma en que poco a poco se van terminando sus últimos habitantes. La isla de Rama Cay está ubicada al sur de la Bahía de Bluefields, frente a la desembocadura del Río Cukra. Es uno de los ocho islotes que forman el diminuto archipiélago que llevan los nombre de Rama, Guaca, Masan, Cualapa, Cucu, Uariu, Filis y Bryan, todos con el aditamento inglés de “Kay”, pero que en nuestro idioma se acostumbra cambiar por Cay. En total, sólo sobreviven unos 1,300 indígenas de esta etnia, 900 de los cuales habitan en esta isla, que para ellos es como su capital, el resto esta diseminado en pequeños grupos asentados a la orilla de los ríos Indio, Wirinki, Monkey Point, Punta Águila y Punta Gorda.
Estos indígenas aún conservan algunas costumbres ancestrales,
como vivir en casas de madera con techos de palma y piso de tambo
construidas sobre zancos a la orilla del agua, así como su comida
típica, el rondón, que es a base de pescado, aceite de coco,
tortuga marina y otras especies del mar.
La principal actividad de los rama es la pesca artesanal, tanto en las calmas aguas de la bahía como en las bravas corrientes del mar, de donde sacan la deliciosa langosta, principalmente para entregarla a centros de acopio o venderla en el mercado de Bluefields. La gente vive de manera sencilla, sin las preocupaciones que supone una ciudad, pues aquí no hay ruido de autos, porque no existe ninguna calle donde transitar, sólo andenes peatonales, tampoco hay ruidos de rokonolas, ni bullicio de mercado porque nada de esto existe aquí.
Los niños de Rama Cay desde que tienen uso de razón entran
en contacto con las mansas aguas que rodean el islote, ya sea para
trasladarse en bote de un lugar a otro de la isla o para ir a pescar
o buscar un poco de leña en tierra firme. Algunos, los mayores,
tienen que viajar todos los días hasta la ciudad
de Bluefields para poder estudiar la secundaria o trabajar en alguna
empresa.
Muchas son las limitaciones que sufren los pobladores de Rama Cay, pues además de no tener un barato y fluido transporte que los comunique con Bluefields, carecen de fuentes de trabajo y de financiamiento para las labores de pesca, por lo que la pobreza es el común denominador en todos los hogares. Lo más triste de este lugar no sólo es la pobreza y el abandono que han sufrido estos indígenas, sino el proceso de penetración cultural que les ha hecho perder su lengua materna, ya que de los casi mil habitantes, sólo unos cinco hablan el idioma rama, pues la mayoría sucumbió al embate de otros idiomas dominantes, como el inglés criollo, el mískito y el español. Sin embargo, actualmente se impulsa un proyecto para rescatar la cultura rama, recopilando parte de las costumbres de sus antepasados, como su música, tradiciones y sobre todo su lengua nativa, mediante la enseñanza del idioma rama a los niños en la escuela primaria, por parte de un profesor pagado por la comunidad.
La Isla de Rama Cay la utilizan los rama sólo para vivir, pues no
tiene espacio para sembrar ni para enterrar a sus muertos, por lo que estas
dos actividades las realizan en tierra firme, asta donde viajan en botes
de remos en tiempos de cosechas y en caravanas fúnebres.
La belleza natural de esta isla es impresionante al ojo del visitante, ya que la claridad y calma de las aguas que la rodean, invitan a disfrutar de un inolvidable chapuzón junto a la costa adornada de cocoteros. Pero lo mejor es conocer de cerca las costumbres y el modo de vida de esta etnia nicaragüense, que al momento de la colonización española, era la que dominaba el territorio de lo que actualmente es toda la Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS.
Orlando Valenzuela
El insondable poder de la magia, la brujería y otros misterios de las ciencias ocultas son conocimientos que se transmiten de generación en generación y que sólo los “elegidos” pueden dominar, ya sea para hacer el bien o el mal. Muchos de estos poderes son utilizados por personas nescrupulosas para causar dolencias, enfermedades incurables y hasta la muerte a sus enemigos. La mayoría de estos conocimientos “secretos” funcionan en forma de sortilegios practicados por “sukias” o brujos indígenas de las diferentes etnias de la Costa Caribe nicaragüense. En Rama Cay, don Daniel Jones McCrea, de 66 años, tiene todos los conocimientos para ser considerado un “sukia”, pero él no se considera como tal, sino como un hombre que onoce las propiedades curativas de las plantas silvestres que hay en la isla y más allá de sus confines.
Don Daniel es originario de El Rama, donde vivió y aprendió
los primeros secretos curativos de las plantas. Pero fue en Rama Cay, isla
a la que llegó hace 35 años, donde su interés por
lo desconocido lo fascinó y lo hizo ir hasta incógnitos parajes
del Río Coco, donde frecuentemente se encuentran viejos
sabios de Honduras, Jamaica y otros lugares, con el fin de intercambiar
secretos y conocimientos de sus antepasados sobre el uso curativo de las
plantas y otras sustancias.
En su humilde casa de madera y tambo, don Daniel ha dispuesto un pequeño cuarto que utiliza como consultorio, porque según sus propias palabras, hay gente que llega desde lejos a buscar cura a diferentes males. La “consulta” vale cien córdobas, y la misma incluye el “medicamento”, por lo general plantas de la misma isla. Pero lo más caro son los trabajos “especiales” que a veces realiza, sobre todo cuando al paciente le han hecho “un mal”. “En este lugar hay algunas personas que usan la brujería para hacer daño por envidia, les ponen objetos como sapos, tortugas o cualquier cosa para que la gente se muera rápido”, dice don Daniel.
Cuenta que en junio pasado, una muchacha llegó a una clínica
de Bluefields y no la curaron, pero en otro lugar, un señor
que cura con hierbas como él, le sacó del estómago
una “muñequita” que la estaba matando poco a poco. Todo eso
y más puede curar él, porque como dice, “con las plantas
se puede curar toda enfermedad, hasta la enfermedad del amor”.
Cómo llegar
La segunda, por vía terrestre o acuática. Se puede viajar hasta Ciudad Rama en los expresos que salen de la Terminal del Atlántico, ubicada en el Mercado de Mayoreo, en Managua. En Ciudad Rama se transborda al arco que en cinco horas lo lleva hasta Bluefields. Si viaja en su propio vehículo, debe doblar a la derecha del empalme de San Benito (Km. 47 Carretera Norte) y seguir recto la carretera, pasar por Juigalpa y seguir hasta el empalme de Acoyapa, donde debe tomar la carretera de la izquierda y seguir recto, donde pasará por Santo Tomás, Villa Sandino, La Gateada, La Batea, Cara de Mono, Puerto La Esperanza y luego El Rama. En Ciudad Rama se toma el barco que sale a las doce del día con destino a Bluefields.
A Rama Cay: sólo se puede viajar en bote de remos o en panga de
motor desde la ciudad de Bluefields. Se puede conseguir cupo en el muelle
del mercado o se puede alquilar una panga para un viaje expreso,
previo acuerdo con el panguero.
El rito del exquisito
pan de coco
Ana Josefa McRea Urbina tiene 30 años de hacer este trabajo en su lugar Su mirada sale a nuestro encuentro en el puerto de Bluefields. Sentada en un tronco de madera, rodeada de barcos y lanchas de diversos colores y tamaños, espera pacientemente que el reloj marque las 8 de la mañana, hora en que se trasladará a su Isla Rama Cay que había dejado por 24 horas. Setenta minutos duró nuestro viaje a su isla. A nuestro arribo, bajo un cielo nublado y un fuerte aguacero, sus hijos salen a nuestro encuentro. Su casa está ubicada frente al templo de la isla. Idéntica a la imagen que tenía grabada en mi mente. De madera, alta por los tambos, con una mesa y una cama matrimonial, típico de las islas de Bluefields. Entramos a su casa, nos ofrece asiento en una de las bancas de la sala, y su imagen se me pierde en el cruce hacia la cocina, en busca de una taza de café para calmarnos un poco el frío. Regresa con una toalla roja sujetada por sus brazos secándose el pelo. Descalza, morena, de ojos negros intensos como la oscuridad, se sienta a mi lado para revelarnos un secreto: la receta de uno de los panes más ricos de la Costa Atlántica, el pan de coco.
Ana Josefa McRea Urbina, conocida a lo largo y ancho de la Isla Rama Cay,
es uno de los ersonajes más conocidos. Su popularidad se la ha ganado
con el paso de los años, por ser la esposa del reverendo y por ser
una de las pocas mujeres que se dedica a la elaboración
de tan delicioso y exquisito pan.
HORNEA ENTRE 15 Y 20 BOLLOS DE PAN EN MEDIA HORA A diario McRea utiliza estos ingredientes para hornear 80 bollos de pan de coco que vende n córdoba a los habitantes o hermanos de la isla, como ella los llama. Comenta que le toma media hora hornear entre 15 y 20 bollos de pan, porque trabaja sola, “mis hijos saben hacerlo, pero no les gusta”, dice, mientras sus dos nietas se acercan a sentarse a sus pies. El pan de coco, expresa, lo utilizan ante la falta de bastimento en la zona, a los pobladores se les hace difícil conseguir éste para acompañar su pescado, chacalín o langosta que a diario comen. McCrea dice que durante las celebraciones especiales los ingredientes del pan de coco aumentan, pues se le agrega nueces moscadas, mantequilla y canela para darle sabor.
Asegura que el pan de coco es uno de los alimentos infaltables en los platos
de los indígenas de Rama Cay... nuestra conversación
es interrumpida por su hija, Becky, quien se acerca para anunciarle
que la misa empezaría dentro de media hora.
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