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Al amanecer del día
Viernes Santo 14 de Abril de 1922, la Providencia sometió a dura
prueba el carácter y férrea voluntad del Padre Nieborowski
y el amor del pueblo de Boaco hacia su fe, hacia la persona de su Pastor
y hacia el progreso de la ciudad. Un gran incendio que comenzó en
el Monumento que usa la iglesia el jueves Santo en las ceremonias de la
Gran Semana Santa, redujo a ceniza la bella Iglesia Parroquial de Boaco,
ante el asombro de un pueblo, el dolor del sacerdote y el desconsuelo de
la ciudadania.
Mas que imposible
es relatar las angustias que aquel suceso doloroso llevó al corazón
del Padre José Nieborowski y el sentimiento de pesar y solidaridad
con su Cura, de toda la Ciudad de Boaco. Un día después del
acontecimiento inicia la obra de limpieza, como preliminar del trabajo
de reconstrucción. Todo el pueblo coopera y se empeña para
que aquel lugar santo se reconstruya mejor y con más asplendor para
el culto del Señor.
Y en un esfuerzo que
solo es dable a un pueblo creyente como Boaco y amante de su Pastor que
sufre con él y hace propio sus dolores, la reconstrucción
evidenció el vigor de su economía y el entusiasmo por las
obras de Dios. Y cuatro meses después -- es decir en escasos cien
días de labor -- el 12 de Agosto del mismo año, José
Nieborowski celebraba con toda pompa la terminación de las nuevas
edificaciones, colocando la última teja del techo del templo, con
mayor altura en sus paredes; sustituyendo con modernas columnas cementadas
las de madera.
Y fue aquel dia de grandiosa
pompa para el sacerdote, para Dios y para un pueblo de recia envergadura
ante el sacrificio; y aun vibran en el recuerdo, las esplédidas
palabras del discurso que pronunciara el Dr. Antonio Barquero ante la ciudad
congregada, en el solemne mitin celebrado bajos las nuevas arcadas del
Templo.
Y de esfuerzo en esfuerzo; de sacrificio en sacrificio y con la dinámica del Padre José y la cooperación de su pueblo, hoy luce Boaco un Templo que es toda una filigrana, con arquería moderna, con cuadros pictóricos ejecutados por la mano del artista fallecido don Pedro Ortíz y con todo el esplendor de un templo digno de cualquier ciudad floreciente y de mayor planta.
Para el enladrillado,
con ladrillo artificial, de la Iglesia y de la Casa Cural, hizo llevar
a Boaco y compró con fondos parroquiales la primera Máquina
de ldrillos a presión que se conoció en Boaco. Fabricó
en ellas, con expertos llevados de Managua y dirigidos por él, que
de todo entendía, ladrillos blancos y negros y exquisitos mosáicos
que aun hoy engalanan el piso y los zócalos de la Iglesia y los
salones de la Casa Cural.
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