Y es aquí..que miles se citan.. cada
fecha en que se rinde homenaje a Santa Ana.
en está su parroquia de Santa Ana,
donde le estamos aguardando
Iglesia Santa Ana
la Vicaría de Chinandega Monseñor Guillermo Berríos
Delgadillo,
quien
por varios años fue párroco de San Nicolás de El Laborío,
en León.

Reseña
de la Parroquia de Santa Ana
Los origenes de
la parroquia de Santa Ana, primitivo centro cristiano de nuestra ciudad,
se remontan a la Misión que menciona el cronista Gonzalo fernández
de Oviedo en la tercera década del Siglo XVI. Por 1530 visitó
este lugar el observador naturalista, quién trató al Cacique
Agateyte, el primer cristiano bautizado quizás, antes que sus compañeros
de tribu.
Los primeros templos
fueron pajizos como la construcción rural de urgencia, que aún
se ve an algunos lugares por economía y hecedera.
Por su condición,
dependiente de los hijos de San Francisco de Asis, en el Realejo, vecindad
inmediate, y la importancia de sus caciques, pronto tuvo desarrollo la
misión con residencia conventual propia y el mejor templo de mamposteria
despues de la Catedral de Managua, y anterior a ella, levantado con plano
de fábrica permanente y cúpula catedralicia.
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Fiestas
patronales
17 de mayo:
la fiesta en honor
a San Pascual, que incluye el baile de los Mantudos.
10 al 26 de julio
Las fiestas patronales
de Santa Ana, han cobrado en la actualidad gran auge, ya que incluye kermesse,
pesca, toro encohetado, alborada, función y procesión con
la imagen de la patrona, desfile hípico, y carnaval para la elección
de la reina del municipio.
24 de Septiembre;
se celebra la fiesta
en honor a la virgen de las Mercedes, con su tradicional baile del Torito.
8 al 16 de agosto:
se conmemora la
fiesta en honor a San Roque, incluye los bailes tradicionales de la Cuchara
y Panda.
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LA LEYENDA DEL CRISTO
Reproducimos la parte interesante y de relativa
autenticidad del artículo del señor A. Tijerino Morales.
Brilla como el tesoro m á s grande que
tiene esta ciudad el que se guarda con gran veneración entre las
frías y legendarias paredes del templo de Nues- tra Señora
Santa Ana. Este tesoro de incalculable valor, más significativo
que el oro y las piedras preciosas, mantiene el fuego sagrado de la fe
cristiana.
Se trata de una escultura antigua, que representa
al Cristo Yacente, que todos los años es sacado en procesión
los Viernes Santos. No parece que manos profanas hayan tallado esta soberbia
imagen.
Hay algo extraordinario y sobre natural en su
rostro perfecto y doloroso.
Este Cristo no sólo conmueve, sino que
subyuga, y los ojos humanos no pueden apartarse de su divina faz y de su
cuerpo enjuto y sangriento. Todos sus detalles, todas sus líneas
denuncian que una mano dirigida por la Providencia lo formó. Han
pasado varias generaciones y este Cristo se conserva como acabado de salir
de las privilegiadas manos de su autor. Alrededor de este Cristo hay una
historia, una admirable leyenda, que embarga nuestro espíritu de
piedad y temor.
Según la tradición, esta imagen
donde el arte se prodigó a por entero tiene más allá
de doscientos años. Los fieles la veneran con doloroso entusiasmo
y pasan las horas del Viernes Santo en muda contemplación.
Vivamente emocionados tratamos de inquirir
sobre el portento, que según se afirma, se realizó cuando
esta obra fue consumada. Y como los archivos de la Parroquia y Municipio
fueron quemados en la última guerra fratricida que nos dejó
en la desolación más espantosa, tuvimos que apelar a las
veraces fuentes de la tradición.
Existe aquí un anciano de setenticinco
años de edad, que responde al nombre de Lizandro Meza, y éste
cuenta que su madre llamada Jesús, le refería que su abuelo
Gabriel Palavicini, permanecía con su hijo Hermenegildo del propio
apellido en las crudas montañas de El Realejo, hoy Las Lajas.
Su hijo Hermenegildo solía venir al poblado
en busca de alimentos y otros menesteres y contaba a sus familiares, que
su papá Gabriel estaba bueno, y que como era escultor estaba trabajando
en un lugar muy oculto un Cristo acostado que obsequiaría a la iglesia
colonial de Nuestra Señora Santa Ana. Pasaba el tiempo y Gabriel
trabajaba con las debidas precauciones en la agricultura y los días
viernes de cada semana se internaba en la montaña y trabajaba con
entusiasmó y con delirio en su preciosa obra, la que mantenía
cuidadosamente sobre un lecho de hojas verdes.. .
Llega por fin el suspirado día, y la imagen
en que Gabriel había puesto toda su inspiración y su arte,
está terminada. Fue un 25 de marzo cuando los rayos del sol de la
mañana violaban la selva e iluminaban el amoratado y entristecido
rostro del Cristo esculpido por Gabriel.
Estaba en su lecho de hojas verdes, con sus ojos
apagados, como un ser humano que después de torturado acaba de espirar.
Su semblante inspira miedo, compasión. De sus divinos labios, de
su radiosa frente, de su costado, de sus pies y manos mana la sangre redentora.
Gabriel está contento; sonríe satisfecho, se aleja un poco
para contemplar su obra cumbre, y oh portento! el Cristo habla; Hermenegildo
oye las voces: "Dónde me habéis visto" y ve que su padre
cae desplomado como herido por un rayo.
No tiene valor de volver la mirada al Cristo,
que también yace en el suelo y de donde provienen las voces, y,
corre al poblado a donde llega jadeante, sudoroso, excitado, a dar testimonio
de lo que había visto y oído. La noticia vuela con la rapidez
del viento. El cura, un español, se muestra escéptico, pere
las autoridades encabezan a la muchedumbre que se encamina a la montaña
de El Realejo. Llegan, penetran en la selva, casi inaccesible, y encuentran
un cuadro macabro: un Cristo yacente, ensangrentado y un hombre muerto:
Gabriel. Hay un silencio sepulcral, miedo, temor, dolor...
Ambos cadáveres fueron traídos
separadamente a este pueblo bajo la consternación general.
Muchos se daban golpes de pecho y otros lloraban
. .
Según, la tradición, a las tres
de la tarde hizo su entrada la multitud con su preciosa carga.
Todos interrogaban a Hermenegildo, y éste
,decía, entre sollozos y lágrimas, que su padre había
muerto porque el Señor le habló.
Hubo llanto en la casa de Gabriel, y en el pueblo
se comentaba el portento al recibir aquel Cristo de que carecía
y que la Providencia le enviaba en forma tan extraña.
Este Cristo milagroso, con tan bella leyenda,
estuvo en poder de los indios durante muchas décadas y hasta en
el año de 1938 por disposición superior pasó a la
Iglesia de Nuestra Señora Santa Ana, donde hoy se conserva, pues
antes los indios sólo lo prestaban para las ceremonias y procesión
del Viernes Santo. Su color era de marfil oscuro, nunca fue retocado sino
hasta el año de 1914, pero se observa que la pintura ha ido desapareciendo
y que está recobrando su color primitivo.
Es así como la Iglesia de Nuestra Señora
Santa Ana, presenta un tesoro de incalculable valor: Su Cristo del Viernes
Santo. Esta sagrada imagen solo está expuesta a los ojos de los
fieles un día del año. Permanece en el Santo Sepulcro debidamente
guardado e invisible.
Indudablemente que la Providencia en sus altos
designios, quiso dotar a la Iglesia de Nuestra Señora Santa Ana
de una reliquia santificada por las propias palabras del Divino Redentor.
Hay que observar, que el 25 de marzo, en las primeras
horas de la mañana, Gabriel concluyó su Obra, precisamente
el día en que el ángel Gabriel anunciaba a la Virgen Santísima
la encarnación. Y que Gabriel trabajaba en su escultura solo el
día viernes, día en que Nuestro Señor fue crucificado
consumando la obra de la redención humana.
A. Tijerino Morales.
Chinandega, mayo de 1939.
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| La denominación
parroquial dió mención propia al poblado, con nombre y apellido.
Santa Ana de Chinandega, para distinguirlo de Santa Ana de El Salvador
o cualquier otro homónimo. Así aparece en el encabezamiento
de escrituras antiguas: "Santa Ana de Chinandega".
Los descubrimientos
de Fray Lázaro Lamadrid "Chinandega en el polvo de los archivos"
- documento publicado en el "Serafin de Asis" en 1942, indican que fué
a mediados del Siglo XVIII la edificación de nuestro Templo parroquial,
cuya única torre de campanario, a la derecha, era piramidal, según
dibujos antiguos. Desapareció en el sismo de 1885. "El temblorón".
En su visita pastoral
en 1750, el obispo cronista Fray Agustín Morel de Santa Cruz, describe
el altar mayor con un retablo de tres cuerpos, indudablemente el mismo
que tantas generaciones, hasta nuestros días, han admirado, traído
de los talleres de Guatemala, donde solamente podían adquirirse
dichas obras. de arte.
En la actualidad
la extensión territorial de La Parroquia de Santa Ana, de la que
fueron segregadas El Calvario y Guadalupe, está comprendida por
la calle divisoria del Barrio del Calvario; al Este, o sea la que pasa
detrás del Templo de Guadalupe, deteniéndose en el trifinio
o encuentro de las tres parroquias, una cuadra al norte de la Casa Cural
de Guadalupe.
De allí su
lindero Sur es la Calle Oriente a Poniente hasta el final de la misma.
Por el Oeste y el Norte limita con las jurisdicciones de El Viejo y Villanueva,
siendo el lado izquierdo de la carretera su jurisdicción rural en
su vecindad con la del Calvario; el oratorio de la Virgen del Camino y
los Repartos o nuevas urbanizaciones situados al otro lado del Río,
quedan en su comprensión.
En el Curato del
canónigo Macario Vargas quedó edificada la nueva Sacristía,
que sustituyó al bajareque de tejas.
El arquitecto salvadoreño
General Rafael Hernández, hizo una obra original al prescindir de
la línea arquitectónica del templo con relevantes almenas,
cuidado que se tuvo al ser reedificada recientemente la Capilla de Maria
Auxiliadora por Monseñor Andara en los años cincuenta. La
señorita Emilia Navarro Navarro costeó la primera edificación
de soportes de madera, que el tiempo y los elementos echaron a perder en
menos de cincuenta años. En el breve curato del canónigo
Dolores de Lalana (Tato Lolo), fué agregada esa Capilla en 1904.
En ella está la tumba de Monseñor Andara.
Por su antiguedad,
anterior a las disposiciones sanitarias de la época moderna, nuestro
Templo Parroquial fué panteón de lujosos epitafios, siguiendo
la costumbre de aquel tiempo, algunos subsisten como baldosas en las gradas
de la sacristía. Todavía puede leerse el que dice con solemne
prosopopeya; "He aquí el silencioso lugar donde yacen los restos
del señor Walter Bridge, ciudadano de origen británico, que
falleció el 11 de noviembre de 1847 a los 56 años de edad.
Este señor,
que menciona el viajero Stephen a su paso por Chinandega, fué casado
con doña Mónica Cabeza de Vaca, terrateniente y dueña
de la Casa de dos pisos que desapareció en el incendio de febrero
de 1927, donde hoy funciona el almacén de la señorita Emilia
Navarro: El matrimonio sólo tuvo un hijo de nombre Alejo,
quién falleció en Guatemala siendo estudiante de medicina;
Doña Mónica fué tía abuela de los Tijerinos
Vaca, los Vaca Seydel y los Alfaro Vaca.
El apellido Bridge
lo hallamos actualmente en el Barrio de El Calvario, transformado en Briche,
pues don Walter, antes de casarse, tuvo un hijo con la maestra Barbara
Vado, José María, progeniitor de los Briches Vado.
En la antigua
Iglesia de San Benito de El Realejo, en 1944, aún podían
leerse lápidas de mármol y pizarra con nombres de personas
distinguidas.
Fué a fines
del Siglo anterior que se le cambió a nuestro templo el ladrillo
de barro por el artificial o de cemento romano, nombre entonces del nuevo
material de cosntrucción.
Con tal motivo
fué exhumado todo resto y llevado al cementerio de la ciudad. Hubo
algo de esopectáculo público en esa operación. Se
habló de cuerpos momificados como el de una doncella, intacta en
su mortaja, con su velo blanco y corona de azahares. El último cambio
de pisos es reciente, en la decada de los sesenta (1960), como la Torre
derecha, que le dió simetría al Frontis.
Además
del altar mayor con seis nichos en el retablo, raro por su belleza en Nicaragua,
habían seis altares laterales, de los cuales quedan los que están
al principio de las angostas naves, que flanquean la central. Los dos del
Norte, como los del Sur, fueron sustituidos por artísticos retablos
pequeños de caoba y cedro.
Los nichos superiores
del altar mayor dan asiento a varias imágenes, como la del Niño
de Praga, a la derecha, importada de Barcelona en 1915; en el espacio del
centro puede verse un lienzo de la Virgen de Guadalupe, traído de
Roma por el párroco Macario Vargas y bendecido por León XIII
cuando por los años noventa del siglo anterior (1800) anduvo por
Europa el señor Vargas, respetuoso tratamiento con que lo mencionaba
también la felígresia. en el nicho de la izquierda hay una
imágen del penitente San Benito de Palermo, cuya mayordomía
ha estado en la familia Trujillo. Su procesión es el Martes Santo.
Los tres grandes
nichos del centro del retablo los ocupan las imágenes de Santa Ana
velada por una pintura alusiva a su maternidad privilegiada y la cual se
recoge cada 26 de julio para mostrarla a sus numeroso devotos. En el nicho
de la derecha se destaca la Inmaculada, bendecida con gran solemnidad una
tarde del mes de María de 1926. A pesar de los amagos de guerra,
una concurrida procesión recorrió el Parque y el Atrio. De
reciente culto es la imágen de San José, en el nicho de la
izquierda.
Con motivo del
cincuentenario del dogma de La Inmaculada proclamada por Pio IX, fué
levantado en 1904, en la parte norte de La Plaza, un Templete, que sirve
de pedestal a la estatua de mármol de La Virgen.
En el costado sur
del atrio se halla el monumento al Corazón de Jesús, desvelizado
en Junio de 1924, en memoria del Primer Congreso Eucarístico de
Nicaragua, como dice la leyenda en la lápida que trajo recientemente
de Costa Rica el autor de éstos apuntes.
Obra de arte es también
el púlpito, con originalidad exclusiva, que representa un cáliz
con dosel estilizado en cuyo centro pende en vuelo inmóvil y en
actitud de inspiración, la simbólica Paloma del Espíritu
Santo, atracción de la niñez.
Y alumbrando todo
el conjunto arquitectónico, en días solemnes, la gran araña
de arco toral, obsequio de las religiosas de la Asunción de León,
por medio de doña Marianita Rivas de Gasteozoro, emprendedora presidenta
de la Junta Parroquial. En las fiestas patronales de 1962 se llevó
a efecto la bendición de la espléndida ofrenda a la Patrona
de Chinandega.
A las venerables
imágenes mencionadas de la devoción parroquial, cabe agregar
la expresiva y conmovedora de Jesús de Nazareno con la cruz a cuestas,
sobre la cual circuló impresa, en una semana santa, la leyenda de
su inspiración a un devoto artista de nuestros lares cuyo nombre,
ignorado comunica un hálito de misterio a la narración.
Frente a los pequeños
retablos laterales se mantienen velas encendídas perennemente ante
los cuadros de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y la Santa Faz,
igualmente traída de Roma por el canónigo Vargas; las imágenes
del Corazón de Jesús y la Virgen de Fátima ocupan
los altares de las naves contiguas en ambos lados.
Nuestra señora
del Rosario y Santo Domingo de Guzmán, San Pedro, el Señor
de las Misericordias, la Virgen del Carmen, San Juan Bosco y Jesús
de la Buena Esperanza con los cuadros del Vía Crucis y el Rosario;
los Angeles , que en la Procesión del Viernes Santo llevan los instrumentos
de la Pasión y las arrobadoras figuras del nacimiento de Cristo
completan la iconografía, que por fortuna no irrespetó la
fobia iconoclasta del Modernismo, causa, en otros lugares, de destrozos
irreparables.
Por la década
de los 1860, un fragmento minúsculo de la Cruz del Redentor, vino
a enriquecer el acervo de las devociones parroquiales, dándole cierto
aire catedralicio al templo, en la vista de ser esta reliquia un tesoro,
casi exclusivo, de Santuarios y Catedrales. tan valiosa adquisición
se debió a la devoción generosa y personal gestión
de don Mariano Montealegre Romero ante el Papa León XIII.
En un relicario de
oro en forma de cruz, fué traída y expuesta al culto de la
ciudad, con procesión solemne, el anochecer del Jueves Santo. La
mayordomía continúa en los descendientes del señor
Montealegre, algunos de los cuales porta el guión. Por muchos años,
hasta la Semana santa de 1919, última mayordomía de don Isaac
Montealegre Lacayo, ésta procesión tuvo carácter especial
por la invitación con tarjeta orlada de negro y traje de luto riguroso.
Levas, levitas y chisteras hacían su aparición para volver
con pringues de cera de castilla y esperma. Detrás de cortejo, inmediato
a la reliquia, marchaba el público de diversas congregaciones observando
igual recogimiento. sólo la procesión del Santo Entierro,
con su recorrido de veinte cuadras sobre artísticas alfombras simuladas
y bajo doselas de banderolas multicolores de papelillo, superaba el esplendor
del desfile del Santo Lignum Crucis.
La procesión
del Santo Entierro, cuando fué única en la ciudad, entraba
a la Iglesia de Guadalupe, donde se oficiaba un responso. Ya en 1922, con
la erección de la nueva parroquia de El Calvario fué, de
las dos parroquias segregadas, la que primero tuvo procesión propia
del Santo entierro, en 1917, siendo uno de los más interesados en
dicha ceremonia don Andrés Batres. Ya con trés procesiones
en la ciudad, la de santa Ana perdió la tan numerosa concurrencia
de días esplendorosos, mencionados con nostalgia, en uno de sus
escuchados discursos por el poeta Juan rafael Guerra. Sin embargo, por
su primacia, tuvo la distinción del redoble acompasado de un cuerpo
militar con la bandera.
No obstante la
magnificencia de estas procesiones, un hecho imprevisto llegó a
eclipsarlas a raíz de la Semana Santa de 1936 con una manifestación
de reparación a la Sagrada reliquia del Lignum Crucis, siendo párroco
el padre Manuel Ignacio Paguagua Núñez. Una noche de la Semana
de Pascua se cometió un robo sacrílegio de varios objetos
de oro del Templo Parroquial, habiendo desaparecido con ellos el relicario
con el fragmento de la cruz del redentor. Nunca se había visto una
Procesión de Desagravio semejante. Un extenso programa de todas
las congragaciones religiosas de la Ciudad con varios discursos, enfervorizó
a la multitud, que, agradecida.aba gracia a Dios por haber sido encontrada
Intacta la reliquia.
En esos días
la fobia anticristiana de un Gobernador del Estado de Tabasco, en México,
había demolido todas las cruces de los cementerios de su jurisdicción.
El contraste del hecho satánico con la exaltación de la cruz
que en esos momentos estábamos haciendo en Chinandega, fué
el tema de mis palabras en la esquina de don Desiderio García, haciendo
resaltar la coincidencia de los sucesos.
La imágen
del Señor del Triunfo, de propiedad particular, solamente permanece
en la Iglesia, cuando sube al prebisterio a horcajadas de la borriquita,
que a continuación tiene tambié su procesion entre el bullicio
de la chiquillería al regresarla, como santificada, pues es el único
cuadrúpedo que entra a la Iglesia y con gran solemnidad. Algunas
veces le sigue un pollino, también enjaezado, para que se cumpla
al pie de la letra la profecía: "Alégrate, hija de Sión,
porque tu Rey llega a tí manso y humilde sobre una asna con su pollino,
hijo suyo". El resto del año la imagen permanece en Casa del Mayordomo
en la actualidad la familia Zepeda Chamorro, descendiente del primitivo
dueño, don Andrés Rojas Galarza, uno de los primeros urbanizadores
de la ciudad, hace más de ciento cincuenta años, al aaaalinear
a cordel en 1811 las primeras calles. (Monografía del departamento
de Chinandega", por el Ing. Rosalio Cortés Castellón y Efemeridades
del periodista Medina Pérez.).
Nuestras vicisitudes
políticas nos han dejado sin las fuentes de información necesaria
de los archivos parroquiales, a efecto de saber una cronología más
o ménos exacta de los curas durante los Siglos XVIII y XIX. El archivo
de Santa Ana fué consumido por el incendio de Febrero de 1927 juntamente
con el de la Parroquia de El Realejo, cuando se creía tenerlos a
buen recaudo enm el edificio de la Escuela de Obreras; allí los
había llevado Monseñor Andara, a la sazón cura Párroco
de Santa Ana. Por eso nada sabemos de los misioneros Franciscanos y de
sus continuadores. Apenas la tradición reciente nos da los nombres
de algunos párrocos de la centuria anterior.
En nuestro archivo
episcopal, si acaso no ha desaparecido del todo a causa del abandono en
que se encuentra potr la falta de interés en su conservació
de parte de la autoridad eclesiástica, deben haberse registrados
los nombramientos respectivos. También por tradición como
dijimos, nos es dable aportar ciertos nombres como el del conónigo
Icaza, en función de cura por los años de la independencia,
pues él bautizó a mi abuelo materno, Licenciado José
María Rojas, en 1822. Caundo la erupción del Cosiguina en
1835, desempeñaba el mismo cargo el Padre Rocha. Rodeado de sus
feligreses en la Plaza en áquella memorable ocasión, impartió
una absolución colectiva entre animales domésticos y monteses,
espantados por el estruendo de la erupción y la oscurana de tres
días, originada por una densa nube de cenizas, fenómeno recordado
como "el año del polvo" .
El nombramiento del
párroco, en algunos casos, llegó a ser vitalicio, de ahí
que la nomeclatura en el cultivo de la viña del Señor..no
sea prolija; contribuía a ello, en gran parte, la escasez de sacerdotes.
Cuando el primer
cólera de 1856, el prebístero Juan Santamaría, fué
ordenado de urgencia con otros jóvenes y virtuosos seminaristas,
y desempeñó el curato de Santa Ana durante varios años.
En el caso de
una catástrofe bastaba, y era aceptable la presencia de un sacerdote
para la absolución colectiva, no así una epidemia galopante,
siempre con la premura del caso individual.
La piadosa medida
del Vicario satisfizo la gran necesidad espiritual de esos días
tan angustiosos.
Se empezó
a sospechar de enterramientos de vivos cuando los que conducían
una andas con cadáveres no tuvieron tiempo de enterrarlos débido
a un aguacero con tormenta.
Recuperados por
el agua lluvia de la muerte aparente ocasionada por agudos retortijones,
regresaron a sus chozas con el espanto consiguiente. El médico rivense
doctor Rafael Cabrera, (después gran cafetalero en Managua), fué
enviado por el Gobierno a Chinandega a combatir la peste y recomendaba
sahumerios, hervir el agua o tomarla de las nubes cuando llovía
y aislar el enfermo. Se hospedó en una pieza de alquiler de la niña
Juana Manuela Rojas Ovando, prima de mi citado abuelo materno.
Otros curas párrocos
fuerón los canónigos Juan Bravo y Marco Aurelio Sotomayor,
finalizando con el siglo el dilatado curato del canónigo Macario
vargas. Este falleció en 1901, y cuya memoria conserva una lápida
de mármol adosada al muro sur del prebisterio, que cubre sus despojos,
y con una inscripción en latin, que traducida al castellano dice:
"Aqui yace Macario Vargas, canónigo de la Legión. espera
la resurrección 1884 - 1901 Obsequio Juana de Rosales"
Con el advenimiento
del siglo nuevo coincidió la presencia, en nuestra parroquia, del
señor cura que llegaba a llenar la vacante del difunto padre Macario,
un triple suceso por lo simultáneo, con la fortuna de haber sido
el canónigo Dolores de la Llana buen augurio en la expectación
de los años con que se iniciaba la centuria en curso. A pesar de
su edad avanzada y del breve tiempo al frente de su cargo, dejó
el canónigo el imperecedero recuerdo de la estatua de mármol
de carrar de la Inmaculada, develizada en 1904, con motivo del cincuentenario
de la proclamación solemne del Dogma, por Pio IX. Allí ha
quedado exastada, en ese monumento, la devoción mariana, que llenó
de tanta espiritualidad cristiana a la generación de nuestros padres.
asimismo, por ese mismo año, fué la bendición de la
primera Capilla dedicada a Maria Auxiliadora, costeada en gran parte por
la señorita Emilia Navarro Navarro.
Achacoso de varios
males corporales, el anciano cura regresó a León para finalizar
susn días. Su epitafio puede leerse en el plinto de una columna
central de la Catedral leonesa al pie de la estatua del apóstol
San Juan. Su apellido de la Llana se ha transformasdo entre nosotros, por
la ley de las contracciones, em Llánez, así con Z, y conforme
a la derivación de los patronímicos.
Su sobrino carnal
don david Llánez, muerto varios años después del aluvión
del Chonco en 1960, fué de los primeros terratenientes fundadores
de La Comarca de La Bolsa, al oriente de Chinandega.
La vacante fué
proveida en 1907 por el Pbro. Adán Echevers ó Chévez,
jóven sacerdote con apreciable dotes de orador sagrado, quién
dotó al Templo de iluminación moderna cuando funcionaba la
primera y efímera empresa de alumbrado eléctrico. Durante
su breve curato visitó nuestra ciudad en 1909, el primer nuncio
apostólico que llegab al país: Monseñor Juan Cagliero,
ascendido después a Cardenal por San Pio X. Pertenecía a
la congregación salesiana, en la que se le designa como el Apóstol
de la Patagonia. Ingresó con inmediata procedencia de San José
de Costa Rica, donde ejercía su apostolado. En la Iglesia de Maria
Auxiliadora, de la capital josefina, se lee, en una placa de mármol,
su nombre entre los de otros hijos de San Juan Bosco. Su recibimiento en
Chinandega fué apoteósico como en las demás ciudades
que visitó, pues había como algo de mágico en el título
de su investidura. La misión diplomática del Nuncio Cagliero,
tendiente a la división necesaria de la diócesis de Nicaragua,
fracasó por no permitirlo el Gobierno radical del Presidente Zelaya.
Cuando estaban
en la procesión de la octava de Santa Ana, en 1909, llegaba por
el tren de la tarde, casi de incognito para el público, un nuevo
párroco, el Pbro. José Apolonio Andara y Corea, de brillante
historial en los dos ejercicios de su fecundo apostolado. En el primero
de 1909 a Junio de 1926, cuando fué llamado a rectoría del
Seminario de San Ramón edificó la primera casa cural, dotando
así al párroco de domicilio propio; fundó la Escuela
Parroquial, talleres para obreros y una fábrica de ladrillos de
cemento; contribuyó con mucho a urbanizar el Barrio de La Libertad
con la construcción de la pintoresca Iglesia de San José
de la Montaña, hoy reedificada con todos los adelantos de la construcciones
modernas gracias a la devoción tesonera de la Srita Maria de Jesús
García, (la dinámica niña Chú, su diligentísima
colaboradora).
Funda el semanario
católico La Luz, decano de la prensa católica nacional, en
su imprenta Santa Cecilia, al mismo tiempo que la estudiantina del mismo
nombre con el músico español don Manuel Pérez Irache.
No cabe duda que su obra cumbre, de gran proyección social, fué
la escuela Profesional de Obreras, que sobrevivió unos años
más después que el incendio de 1927 redujo a cenizas tanto
empeño de superación cultural y citadina. Eran los días
trágicos de la guerra civil de esos años.
Al hacerse cargo
de la rectoría del Seminario como dejamos dicho, lo repuso el jóven
sacerdote manuel Ignacio Paguagua Nuñez, en circunstancias harto
dificiles por la revolución que destruyó la casa cural y
obligó al Pbro. Paguaga a residir en Guadalupe, barrio carente de
cura en esos años, hasta 1930, cuando hubo terminado la nueva residencia
actual en servicio del párroco. Elocuente orador sagrado y periodista,
mantuvo por dos años el seminario católico El Futuro.
A partir de 1936
ejercieron la funcion pastoral el Pbro. José Francisco Salazar Aguado
y el canónigo Emilio Chavarría.
En 1951 empieza
la segunda época de Mons. Andara. Entonces fundó el Instituto
San José, facilitando a la juventud de escasos recursos el bachillerato,
que entonces era precisoobtener en otras ciudades. En tres opúsculos
de diversas épocas está señalada la ingente labor
social y religiosa de Mons. Andara. En 1968, por su avanzada edad, los
sustituyó nuestro actual párroco, canónigo Miguel
Angel Padilla, acertada designación con el beneplácito de
toda la ciudad, y a quien, desde el principio hemos deseado fecundo apostolado,
notorio ya por su labor catequística y docente.
Esta somera reseña
quedaría incompleta sin consagrar un merecido y grato recuerdo a
quien fué sacristán por vocación durante toda su existencia
activa al servicio de la Parroquia de Santa Ana en la que llegó
a ser un detalle inseparable.
Juan Avendaño,
abstemio y célibe, ssi el Señor no lo llamó al sacerdocio,
le dió la inclinación levítica de vivir para el servicio
de su casa, a la que llegaba directamente a la sacristía a través
de la plaza, por un sendero en diagonal con algunos matones de genciana
a los lados y un añoso ciprés y donde , en el invierno, abundaban
las catapansas. Su casa estaba en la vecindad, a la vuelta de la esquina,
en la salida para el Viejo. Al faltar él enmudecieron las campanas,
como "las tardes de la granja", a la hora del angelus, del inicio del día
eclesiástico a las dos de la tarde, del toque de ánimas y
de la nueve de la noche. El solo acompasado de dosonoro de la campana mayor
cuando había incendio, era como la sirena de un cuartel de bomberos.
Muchas veces, de muchacho, repicamos aquellas campanas para anunciar la
misa con la recomendación de no dañrlas al golpe desmesurado
del badajo en loco desafio. Elaborada hostias, y con la cara quemada hacía
cirios, y regó los propios para el día de su vela. Juan Avendaño
falleció en 1929, y con su deceso empezó la crisis de la
falta de sacristán constante y abnegado en su noble oficio. Santa
Ana debe haberle alcanzado el premio de su devoción ejemplar: Descanse
en paz. Amén. |
HISTORIA DE LA PARROQUIA DE
SANTA ANA DE CHINANDEGA
Datos recopilados por don Lorenzo Delgado Membreño
La historia de la
Parroquia de Santa Ana se extiende hasta el Siglo XVII, ya que según
la reseña del Obispo Agustín Morel de Santa Cruz, en su visita
pastoral a ésta Parroquia en el año 1751.
El Obispo encontró
un Templo de mampostería bien dotado de los cuales se conserva el
altar mayor que consta de trés cuerpos con 6 altares en los que
había en ésa época efigies de santos de cuerpos entero
bastante primorosas.
Era administrado
por un religioso Franciscano al que le hacían compañía
dos franciscanos más, el más anciano con el cargo de Vicario
y un lego. Estos tres salían a evangelizar los lugares vecinos.
Los conquistadores
españoles, de acuerdo con los misioneros franciscanos o dominícos,
para cooperar con la cristianización de los aborígenes, edificarón
Templos al Dios vivo de preferencia cercanos a los ríos de las ciudades
que iban fundando, siendo así que en las cercanías del Río
Acome que bordeaba la naciente Ciudad de Chinandega se construye un templo
dedicado a la Santa abuelita de Cristo, Nuestra Señora Santa Ana.
El por que de esta dedicación se desconoce, pués las fuentes
de información, como son los archivos parroquiales, fueron destruidos
en el incendio que asoló la ciudad en la guerra fraticida de 1927
quemándose totalmente la casa cural situada en la parte oriental
de la Parroquia y 14 manzanas de la parte centrica de la ciudad.
Su origen colonial
lo atestiguan las almenas y leones rampantes en relieve en la parte exterior
sobre las puertas laterales; el altar mayor que es una joya de arte colonial
y el púlpito.
A principios del
pasado siglo 1900 todavía se podía admirar cuatro altares,
dos de ellos de estilo barroco que tenían unas columnas primorosamente
labradas, las que fueron destruidas talvez para dar más amplitud
a las naves laterales, destinando su enorme valor artístico. estos
estaban dedicados a la Inmaculada Concepción, Nuestra señora
de Guadalupe, el Señor de Esquipulas, y el señor de ánimas.
El terremoto del
29 de abril de 1898 destruyó la única torre del costado norte
de la Iglesia, la que era de un estilo igual a la de Nuestra señora
de la Concepción de El Viejo.
También se
rajó el arco toral y la cúpula y botó una estatua
de Santa Ana de metro y medio colocado sobre el frontis, pudiéndose
ver todavía la peana mohosa y vacía. El párroco de
entonces Pbro. Macario Vargas reconstruyó de madera la torre, que
remataba en una veleta en forma de gallo mandó a hacer las reparaciones
del arco y la cúpula y construyó el primer tramo de la torre
del costado sur.
Al P. Macario Vargas,
fallecido en 1901, sucedió el Pbro. José Dolores de la Llana.
En sus gestión parroquial se erigió un Monumento a la Inmaculada
Concepción en el Centro de la Plaza en conmemoración del
cincuentenario de la proclamación del dogma y se construyó
de taquezal la capilla de María Auxiliadora la que después
de algunos años de uso cayó en abandono y ultimamente fué
destruida.
Al P. de la Llana,
quien estuvo poco tiempo de párroco le sucedió el Pbro. Adán
Echevertz, quién compró un armonio para uso de la Iglesia,
con el que amenizaban los esplondorosos rezos del mes de mayo, de áquella
época verdaderamente mariana que parece que no volverá.
El 2 de agosto de
1909, llega a hacerse cargo del curato, en plena juventud, el Pbro. José
Apolonio Andara. Muy pronto se hace querer de la feligresía por
su carácter afable, se hace popular. Con él inicia un período
de renovación Cristiana, pués florecen todas las asociaciones
parroquiales y el templo se ve colmado de fieles en todas las manifestaciones
religiosas.
Construye la Casa
Cural, hace venir del exterior una Torre Pre-fabricada de acero laminado
que fué colocada sobre el tramo de piedra del costado sur y a ella
se trasladan las campanas y el reloj, el que fué trasladado a la
nueva torre de cemento construida en la segunda época de Monseñor
Andara y que sigue dando las horas de una manera caprichosa, lo que se
le dispensa por su ancianidad, pués tanto este como el armonio ya
deb1an estar cuidados en un museo, junto con otros objetos de valor que
se encuentran fuera de uso por no acomodarse a la liturgia actual, junto
con un expositorio de plata medio destruido que tuve ocasión de
ver hace muchos años, presentando la respetable fecha de 1716.
El p. Andara instala
en los anexos de la Casa Cural una serie de talleres de artesanía,
y en el de carpintería se fabrica el precisos cielo raso, obra de
la que tanto se ufanaba y con razón;
se funde la campana
mayor que está colocada en el centro del campanario de la torre
de cemento, y que fué fabricada en la fundición que tenía
instalada la Compañía española de Pedro Martí,
en el barrio de la estación de Chinandega, y donde también
salió la hermosa campana de la Catedral de León dedicada
a la Inmaculada Concepción y que también fué llamada
de Monseñor Pereira y Castellón y que antes ya para entrar
en agonía, al oir una solemne campanada dijo: Ah, mi campana.
En el mes de junio
de 1926, el Pbro. Andara fué trasladado a León con el cargo
de Rector del Seminario San Ramón y vino a reponerlo el Pbro. Manuel
Ignacio Paguagua Nuñez quién afrontó todas las calamidades
que a su paso dejó la guerra civil. Construyó la nueva Casa
Cural casi en el mismo lugar de la anterior y que es la que actualmente
esté en servicio, y que por abandono estaba desmejorada, pero que
en los últimos días de agosto de 1971, fué pintada
y remozada por el cura actual pbro. Miguel Angel Padilla con motivo de
la visita pastoral del Excmo. Mons. Manuel Salazar y Espinoza.
El 10 de diciembre
de 1936 se hace cargo del curato, el pbro. José Francisco Salazar
Aguado. Celebró el segundo Congreso Eucarístico local; dotó
a la Parroquia de nuevas campanas y negoció la adquisición
de un órgano eléctrico, decoró con cuadros murales
el prebisterio y decoró las paredes con un nuevo viacrucis, imitación
de los de la Catedral de León y doró con oro laminado el
retablo del altar mayor.
Omitimos decir durante
la primera gestión del padre Andara tuvieron lugar grandes misiones
como la de 1917 y se celebró el primer Congreso Eucarístico
de 1924, quedando como recuerdo el busto del Corazón de Jesús
que se encuentra en el atrio en el costado sur.
En octubre de 1951
al pbro. Salazar le sucedió el Canónico Emilio Santiago Chavarría,
quié demolió la vieja capilla de Maria Auxiliadora e inició
los trabajos de la nueva y colocó una instalación de alumbrado
eléctrico al frente de la Iglesia y en el costado sur.
A fines de 1952 asumió
de nuevo las funciones de párroco el Sr. Arcediano Canónico
J. Apolonio Andara quién terminó y decoró la capilla
de María Auxiliadora, reparó la torre de hierro laminado
que estaba por caerse, construyó la nueva de cemento del mismo estilo
y con la cooperación de la junta parroquial construyó el
edificio de la escuela parroquial y acabo de pagar el órgano.
En febrero de 1971
se hace cargo de la Parroquia el Sr. Canónico pbro. Miguel Angel
Pádilla quién fué recibido con el beneplácito
de la feligresía y se esfuerza por hacer renacer el esplendor del
culto que ébido a circunstancias especiales y a la falta de espíritu
cristiano de los tiempos actuales, el culto público estaba sufriendo
detrimento.
HISTORIA DE LA
ANTIGUA TORRE SUR
Recopilado
por Ricardo Delgado Ramos, Alcaldía del Municipio de Chinandega.
Los que conocierón
erguida la artística Torre de metal Troquelada que el Templo de
Santa Ana, obstentó por espacio de 64 años, se sintieron
orgullosos de ser chinandeganos y contar con algo que el tiempo luego hizo
desaparecer en forma inaudita bajo un ardiente sol del medio día
del calido verano.
El emprendedor Cura
Párroco de entonces, el recordado Monseñor y Arcediano y
Obispo Doméstico de su Santidad, J. Apolonio Andara y Corea, logró
gracias a un gesto de gran catolicismo de la devota, Srita. Emilia Navarro
Navarro, obtener procedente de Inglaterra, todo el laminado de la torre
y fué el año de 1913 que llegó a esta ciudad la torre
desarmada. Para el traslado de ese material se organizó una caravana
de carretas tanto de la Parroquia de El Calvario como de Santa Ana, las
cuales viajaron a la estación del ferrocarril y engalanadas con
banderas de la Iglesia.
Demás está
decir que la ciudad estuvo de fiesta por cuanto a la hora de bajar de la
sGóndolas, la hojalata de zinc acerado, sobraron los brazos de muchachos
y hombres, para bajar la cantidad de láminas que luego recorrieron
el camino hacia el templo encabezado por los sacerdotes, Pbro. Abel Ruíz
Castillo, Cura Párroco del El Calvario y Monseñor Andara
y Corea, Cura de Santa Ana.
Ya para el año
1917 se culminó la instalación de la bellísima torre
que años más tarde en 1927, la convirtierón en acurtelamiento
de una de las tropas de la guerra instentina entre Liberales y Conservadores.
Centenares de balas perforaron el cuerpo laminado de la torre, convirtiéndola
en testigo mudo de esa lucha inutil de ansias de poder, pese a ello siguió
airosa invitando a su Grey para adorar y rendir culto al Dios único.
Un día de
tantos cuando la ciudad se desemvolvía cotidianamente, a las doce
del día, al almuerzo de los vecinos de Santa Ana y de los Bomberos
de turno del Cuartel que está ubicado a escasos 150 metros, vieron
como en cosa de minutos, la preciosa torre se convertía en una tea
incandescente, era el 5 de febrero de 1977.
Un corto circuito
del vestusto alambre eléctrico, terminó con toda una época
de arte y esfuerzo de todo un pueblo católico, los bomberos fueron
incapaces de evitar la tragedia, al final solo quedaron unas retorcidas
y humeantes armazones de hierro, alma que fuera de la torre.
Sin embargo el espíritu
del nicaraguense no desmaya anta las adversidades, porque su templo
es así, al día siguiente del fatal incendio y cuando todasm
las partículas de la histórica Torre fueron llevados por
el pueblo para tenerlos como una reliquía, se organizó el
Primer Comité Pro Construcció de la Torre de Santa Ana.
El entonces Comandante
Departamental de la Guardia Nacional, Coronel Ulises Carrillo . hombre
muy católico, se puso a la orden del Cura Párroco de Santa
Ana, Monseñor Miguel Angel Padilla, para conformar un Comité
Pro Construcción de la Torre y al día siguiente
del incendio quedó
constituido el Comitém, en la forma siguiente:
Coronel Ulises Carrillo
R.; Presidente Honorario
Doña Margarita
Rivas v. de Gasteozoro.; Presidente efectiva
don Ramiro Gómez
López; Vice-Presidente
don Alfonso García
Hernández; Secretario
Maria Lourdes Cabrera
García; Tesorera
Lic. Orlando Montealegre;
vocal
Dr. Orlando Tijerino;
vocal
don Domingo Ramírez
Guerrero; vocal y encargado de Relaciones Públicas.
Dr. Salvador Velásquez
Rivas, vocal
Prof. Imelda Delgado
Ramos, vocal
Capitán Armando
Selva, coordinador.
La primera actividad
que hizo este Comité hizo fué organizar un Maratón
Radial, cuyo Cuartel General estuvo ubicado en el Cuartel de Bomberos,
el resultado fué positivo y la ciudadanía respondió
notablemente en favor de la causa de la Iglesia, al final se contabilizaba
la cantidad de C$ 33,258.15. Sin embargo, el entusiasmo no duró
mucho y al poco tiempo el Comité se diluyó debido a las agitaciones
políticas que azotó el país a finales de la década
del 70. Monseñor Padilla depositó el dinero en una cuenta
bancaria y ahí permaneció hasta los primeros meses del 80,
cuando decidió organizar un nuevo Comité, esta vez integrado
por feligreses, todos varones.
La nueva junta comenzó
a realizar una serie de actividades para recaudar fondos y, al mismo tiempo
se contrató un maestro constructor para que diera comienzo a la
obra, el maestro Salvador Meléndez Herrera, fue quien estuvo al
frente de los trabajos, recibiendo de vez en cuando el asesoramiento de
los Ing. Salvador Baca e Ing. Peralta.
Así las cosas,
la nueva Torre comenzó a coger forma y su cuerpo de pared fué
erguiendose poco a poco hacia arriba, nueve o diez meses después
el Obispo de León de aquel entonces, Monseñor Manuel Salazar
y Espinoza, vino a Chinandega un domingo para bendecir la nueva obra. la
torre blanca de cemento y concreto vino a adarle forma más sombría
al templo colonial en un hermoso contraste por su forma casi igual a la
que tenía la torre incendiada, cuyo remate en su parte superior
obstenta a cuatro bien estructuradas almenas que le dan un relieve maravilloso.
Por lo menos C$ 160,000.00
vino costando el valor total de la Torre Sur de Santa Ana, una demostración
más de generosidad del pueblo católico chinandegano que mantiene
así su tradición de pueblo amante de sus raíces religiosas
y preservador de sus templos y de sus cultos.
PADRE MARIANO DUBÓN
El padre Mariano Dubón, llamado
también San Mariano de Nicaragua, por su ejemplo de caridád,
nació en 1861 y murió en 1934 Sus padres fueron: Liberato
Dubón y Virginia Alonso. Sus hermanas: Virginia, , Mariana y Josefa.
Su estancia en este mundo estuvo repleta
de amor por los niños huérfanos y todos aquellos que carecían
de la protección necesaria para crecer y desarrollarse adecuadamente
con muchos esfuerzos y sacrificios pero sobretodo con una fe ciega en Dios.
Dió alimento, techo bajo el cual
vivió, educación académica y moral, abundante amor,
cariño a muchísimos niños huérfanos; con padres
pero abandonados o desatendidos por estos, él personalmente los
recogió cuando deambulaban por las calles, los llevaba al hospicio
San Juan de Dios, León;, ciudad en que se desarrolló esta
hermosa tarea.
Formo generaciones de hombres, dándoles
el pan del cuerpo y el pan espiritual, los dio al mundo con un oficio y
una hombría de bien en la conciencia. El caminaba en las calles
de León con un niñito en brazos y otro jalándolo de
la mano pidiendo ayuda para sus niños, su gran sueño era
brindarles una existencia feliz, un lugar seguro y prepararlos para la
vida, los agrupaba en talleres donde aprendieron distintos oficios tales
como: carpintería, zapatería y música, etc.
La fe y santidad de este sacerdote era
tan grande que hasta milagros hacía cuando se enfrentaba a obstáculos
en la realización de ardua labor.
Muchas veces no le amanecía alimento
alguno con que llenar el estómago de los pequeños, éstos
llorando le -decían: "Tenemos ,hambre", el sacerdote llamaba a Simona,
la empleada y le mandaba. a poner la mesa, ésta replicaba: "No hay
nada que comer", el sacerdote respondió: "De todas formas". Llamaba
a los niños y juntos rezaban al santísimo, y es aquí
donde ocurría el milagro.
En el año de 1899, con la ayuda
de algunos vecinos pudientes de León, como el Dr. Fernando Sánchez,
su esposa Dila. Soledad y otros, fundó el hospicio de huérfanos
en la casa contigua al templo San Juan de Dios, -casa que más tarde
donara el obispo.
Por ese entonces vivía en León
el notable compositor Don Pablo Vega y Raudes, y queriendo secundar la
obra filantrópica del santo, se acercó a él y le ofreció
enseñar y dirigir un cuerpo de músicos, el que fue organizado
prontamente asi como se pensara con los muchachos que tuvieran vocación
para el divino arte.
Algunos de estos llegaron a ser profesionales
de la música, estos muchachos son hoy artistas consumados.
El fue grande dentro de su humildad,
grande en el acendrado amor a todo ser desvalido, grande en el amor a sus
huérfanos, grande en el último detalle de su vida, Mariano
Dubón de Nicaragua es símbolo sagrado de todas las abnegaciones.
Sí, Mariano Dubón fue
un hombre que perteneció a aquella arcilla modelada por Dios, y
puesta al crisol de la suprema bondad:
Padre Dubón, padre de los hijos
de nadie. Hermano de los Tristes. Consuelo de los Enfermos. Amparo de los
Enfermos. Amparo de los Desvalidos.
Paño de lágrimas dle
las familias vergonzantes.
Que no saben pedir,
Recogemos hoy nuestro espirito al recordar
lu vida generosa y ejemplar..
.
DATOS
SOBRE LAS FIESTAS PATRONALES DE SANTA ANA, CHINANDEGA
Recopilado
por Ricardo Delgado Ramos, Alcaldía del Municipio de Chinandega.
Es de suponerse que
con la construcción del Templo de Santa Ana en el Siglo XVII, también
dieron comienzo a las Fiestas Patronales en el mes de julio y que con el
tiempo logró mayores auges y mayor participación popular
llegando en cierta de finales del siglo 18 y principios del 19, a convertirse
en una de las Fiestas patronales de mayor renombre a nivel nacional.
Veamos pues que es
lo que nos dejaron nuestros antepasados del Siglo IXX y de que manera ellos
celebraban a la santa Patrona de los chinandeganos.
Se dice que para
entonces ya existían las dos imágenes de Santa Ana, una de
bulto y de pie, que permanece en el Trono del templo, la cual es sacada
en procesión el día 26 de julio, y la otra con vestimenta
de tela y sentada en una poltrona es llamada "La Peregrina", porque permanece
en casa del mayordomo y que anteriormente recorría las comarcas
del Municipio en "Demandas", para recaudar fondos para sus festividades.
Por la segunda década
del Siglo 19, se recuerda al Mayordomo Juan Paulino Aleas, quien daba comienzo
a los preparativos de la fiesta con un mes de antelación, sacando
la rifa de un torete, el cual era adornado con banderas y al son de Atabales
recorría dominicalmente las calles de la ciudad en procura de compradores
de las acciones. Para entonces también se creó la Congregación
de Abanderados que ten1a sus propios Reglamentos y que estaba integrada
por 24 oficiales de Santa Ana, los cuales apoyaban decidídamente
al Mayordomo y que dentro de su jerarquía contaban con escalafón
que comenzaba con el numero 24 hasta el primer abanderado.
Ellos eran los encargados
de portar las Banderas de manta color rojo y solamente dos de color amarillo
con la Corona de Santa Ana que simbolizaba los más destacados abanderados
de la Congregación. este cuerpo de abanderados hacían una
serie de "revoleo" con sincronizadas cabriolas, en una atractiva calistenia
en honor a la Patrona. Ya para el año de 1948 aparece como
Mayordomo, Don Leoncio Oviedo Gutiérrez, el cual siguió la
tradición de sus antecesores, por 28 años que duró
su mayordomia, ya que en las demandas, en el Noverío y en la Pitada
a la venerada imágen, el novenario se hacía tanto en la Casa
de Mayordomo como en el Templo Parroquial y en ambos rezos estaban presentes
los tambores, pitos que formaban parte de ésta tradición,
consistían en cajas de madera en la parte posterior un chicchil
de cascabel y teniendo sus propias entonaciones como el "Guardabarranco",
"el son del Toro", y otros.
En esta hermosa Parroquia
de Santa Ana esta la imagen original de Santa Ana que carga a su hija la
que estaba predestinada a ser la virgen madre del Redentor del mundo, por
eso Santa Ana es conocida como la abuelita del Niño Jesús
Nuestra Señora
de Santa Ana y su hijita, la virgen María, están coronadas
bellamente con material precioso y regia pedrería, su adoración
data desde tiempos de la Conquista, cuando nuestros aborígenes,
recibieron el bautismo cristiano y aprendieron a amar a María y
a su madre Santa Ana
En Chinandega,
hay dos imágenes de Santa Ana, la peregrina o la abuelita Santa
Anita, que tiene derecho para salir por todos los barrios y comarca del
municipio, donde le hacen su novenario y rompe con las festividades, esta
imagen se conserva en casa de la mayordoma durante todo el año.
La imagen de Santa Ana, la titular que permanece en su trono dentro de
la parroquia que lleva su nombre solamente sale el día 25 y 26 de
julio cuando es bajada de su trono y recorre las calles y avenidas de Chinandega
en solemne procesión.
La más
antigua del Municipio de Chinandega, Carece de buen audio,
es necesario la restauración del retablo principal, techos y cielo
falso, de singular belleza, pero sin mantenimiento desde hace más
de 20 años.
Es bien visitada
porque está expuesta una hermosísima imagen de la Sangre
de Cristo, donada por doña Lila Flores de Cano. Otro de los encantos
del templo es la tradicional Hora Santa, donde asisten hasta abarrotar
las naves de la parroquia, vecinos del barrio Santa Ana, y a la que nunca
fallan los taxistas locales, que llevan años con esta costumbre
religiosa, donde rinden gracias a Jesús Sacramentado por su vida
y su trabajo
El ¡adiós!
de Monseñor Padilla, a la Iglesia
Mercedes Peralta
-
Monseñor Miguel Angel Padilla Gómez entregó toda su
vida al servicio pastoral y fundó escuelas en distintas comunidades.
A sus 86 años de edad, diversos problemas de salud le aquejan. Ha
dejado con nostalgia su parroquia y enfrenta serias dificultades económicas
Monseñor Miguel
Ángel Padilla, quien dedicó la mayor parte de su vida a la
orden sacerdotal, hoy en día padece del mal de Parkinson y glaucoma.
Lleno de
nostalgia y sin un seguro social honroso, reposa monseñor Miguel
Angel Padilla Gómez en la casa de sus hermanas en León. A
los 86 años los problemas de salud lo obligaron retirarse de la
Vicaría de Chinandega, donde sirvió durante treinta años.
El pasado 19 de marzo,
el anciano sacerdote, originario de Chichigalpa, se despidió de
su feligresía en la parroquia Santa Ana y tres meses después
reconoce que el adiós a su iglesia y la nostalgia por sus labores
de servicio han debilitado más su salud.
EN MAL ESTADO DE
SALUD
Sin embargo, aún
celebra misa los domingos en Catedral, junto a Monseñor Bosco Vivas.
“Cada vez que puedo, pero no puedo predicar porque la voz ya no se me escucha
y me canso”, explicó.
Esto es posible sólo
gracias a su tenacidad y entrega al servicio pastoral, que por 30 años
realizó y extraña continuar, ya que sufre del mal de Parkinson
y de glaucoma.
Reveló que
su corazón se ha ensanchado y que sufre de la presión. Y
aunque el médico lo examinó hace algunos días, y encontró
bien su ritmo cardíaco, “siento que en cualquier momento el corazón
se me va a paralizar, que me voy a morir”, expresó.
EMOTIVA DESPEDIDA
Monseñor se
despidió de su iglesia en Chinandega, oficiando una misa y el Cabildo
Eclesiástico lo acompañó hasta su casa en León.
Algunos sacerdotes y Monseñor Bosco Vivas le han visitado.
La nostalgia y el
cariño que siente por su iglesia es recíproca. Grupos de
feligreses chinandeganos llegan a saludarlo, cariño que lo hace
sentir contento. “Siempre me he apegado a las parroquias y me pongo triste
cuando me retiro de ellas”, señaló.
Se identifica y extraña
tanto a su pueblo natal, que solicita ser enterrado en Chinandega, cuando
muera. “Para que me acompañe el pueblo que me quiere, aquí
soy un desconocido”, comentó
UNA VIDA MINISTERIAL
Pese a sus quebrantos
compartió con mucha gentileza sus más preciados recuerdos:
El día de su ingreso al Seminario en León, donde realizó
sus estudios de secundaria y sacerdotales, bajo el rectorado de Monseñor
José Apolonio Andara; sus doce años en la parroquia de El
Viejo, donde cumplió sus Bodas de Plata Sacerdotales y sus 30 años
de servicio en Chinandega.
“La vida sacerdotal
de Monseñor Padilla Gómez inició el primero de Mayo
de 1938, cuando fue ordenado en la Catedral de León por Monseñor
Agustín Nicolás Tijerino y Loáisiga”, según
sus hermanas Simona y Gladis, quienes lo cuidan y acompañan en su
casa, del Barrio San Sebastián.
Durante su periplo
pastoral de sesenta años por León y La Paz Centro, fue fundador
de escuelas, director del Colegio Tridentino San Ramón, capellán
del Colegio de La Asunción y del Hospital San Vicente. También
fundó escuelitas parroquiales en Estelí, Somoto, El Viejo
y Chinandega.
En la parroquia Santa
Ana tenía el apoyo del Auxiliar de Vicaría, Pedro Xavier
González Pineda, nombrado párroco de El Jicaral.
SEGURIDAD SOCIAL
JUSTA ES NECESARIA
Para ver a su médico
Ramiro Poveda, Monseñor debe viajar hasta Chinandega y aunque no
le faltan los medicamentos, pasa por dificultades económicas para
adquirirlos.
En ese sentido, el
octogenario sacerdote recordó al padre Adrián Mora, quien
murió en la miseria. “Un sobrino suyo lo andaba en un taxi y pedía
limosna para su atención”, evocó con tristeza.
También recordó
las charlas con el padre Teodoro King, quien le habló de los beneficios
sociales que recibían los sacerdotes holandeses por parte del gobierno
de Holanda, en concepto de jubilación, por el aporte de ellos mismos.
agosto 21 2001 La
prensa
El “cambio más
significativo” es Monseñor Miguel Ángel Padilla, Vicario
Episcopal de Chinandega, quien por razones de salud dejó la Parroquia
Santa Ana y en su lugar fue nombrado Monseñor Guillermo Berríos
Delgadillo, párroco del Barrio Laborío desde hace muchos
años.
A Monseñor
Berríos lo sustituye el Padre Marcos Díaz, quien venía
trabajando en Quezalguaque y en lugar de éste, el presbítero
César Ramírez, quien estaba al frente de la parroquia de
Nagarote. Aquí llegó Julián Duarte, anteriormente
párroco de la Catedral y como Vicario de ese templo fue nombrado
Manuel de Jesús Cabrera, quien se desempeñaba como dirigente
religioso desde hace dos años en San Sebastián. El recién
ordenado sacerdote Johnny Guerrero, asumió esta parroquia.
La feligresía
de Laborío despidió con mucho sentimiento a Monseñor
Guillermo Berríos, originario del mismo lugar, quien ha dejado grandes
recuerdos de su apostolado, sobre todo en los días duros del huracán
Mitch, cuando perdieron la vida tres vecinos que lo ayudaron en la evacuación
y protección de los pobladores de la ribera del Río Chiquito,
indicó el purpuradoApoteósica proclamación el 13 de
mayo en El Viejo
Entre el tronar
de cohetes, música de chicheros, históricas banderas rojas
y amarillas y el son de atabales, Santa Ana recorre Chinandega. 25
y 26 de julio cuando es bajada de su trono y recorre las calles y avenidas
de Chinandega en solemne procesión.
El torete baila
engalanado con banderines de colores y tradiciones aborígenes en
las danzas como el Baile del Tingo, Los Mantudos, Las Pintadas, las carretas
comarcanas enfloradas.
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