![]() en está su parroquia de Santa Ana, donde le estamos aguardando la Vicaría de Chinandega Monseñor Guillermo Berríos Delgadillo, quien por varios años fue párroco de San Nicolás de El Laborío, en León. Los origenes de la parroquia de Santa Ana, primitivo centro cristiano de nuestra ciudad, se remontan a la Misión que menciona el cronista Gonzalo fernández de Oviedo en la tercera década del Siglo XVI. Por 1530 visitó este lugar el observador naturalista, quién trató al Cacique Agateyte, el primer cristiano bautizado quizás, antes que sus compañeros de tribu. Los primeros templos fueron pajizos como la construcción rural de urgencia, que aún se ve an algunos lugares por economía y hecedera. Por su condición,
dependiente de los hijos de San Francisco de Asis, en el Realejo, vecindad
inmediate, y la importancia de sus caciques, pronto tuvo desarrollo la
misión con residencia conventual propia y el mejor templo de mamposteria
despues de la Catedral de Managua, y anterior a ella, levantado con plano
de fábrica permanente y cúpula catedralicia.
Los descubrimientos
de Fray Lázaro Lamadrid "Chinandega en el polvo de los archivos"
- documento publicado en el "Serafin de Asis" en 1942, indican que fué
a mediados del Siglo XVIII la edificación de nuestro Templo parroquial,
cuya única torre de campanario, a la derecha, era piramidal, según
dibujos antiguos. Desapareció en el sismo de 1885. "El temblorón".
En la actualidad
la extensión territorial de La Parroquia de Santa Ana, de la que
fueron segregadas El Calvario y Guadalupe, está comprendida por
la calle divisoria del Barrio del Calvario; al Este, o sea la que pasa
detrás del Templo de Guadalupe, deteniéndose en el trifinio
o encuentro de las tres parroquias, una cuadra al norte de la Casa Cural
de Guadalupe.
En el Curato del
canónigo Macario Vargas quedó edificada la nueva Sacristía,
que sustituyó al bajareque de tejas.
Por su antiguedad, anterior a las disposiciones sanitarias de la época moderna, nuestro Templo Parroquial fué panteón de lujosos epitafios, siguiendo la costumbre de aquel tiempo, algunos subsisten como baldosas en las gradas de la sacristía. Todavía puede leerse el que dice con solemne prosopopeya; "He aquí el silencioso lugar donde yacen los restos del señor Walter Bridge, ciudadano de origen británico, que falleció el 11 de noviembre de 1847 a los 56 años de edad. Este señor,
que menciona el viajero Stephen a su paso por Chinandega, fué casado
con doña Mónica Cabeza de Vaca, terrateniente y dueña
de la Casa de dos pisos que desapareció en el incendio de febrero
de 1927, donde hoy funciona el almacén de la señorita Emilia
Navarro: El matrimonio sólo tuvo un hijo de nombre Alejo,
quién falleció en Guatemala siendo estudiante de medicina;
Doña Mónica fué tía abuela de los Tijerinos
Vaca, los Vaca Seydel y los Alfaro Vaca.
En la antigua Iglesia de San Benito de El Realejo, en 1944, aún podían leerse lápidas de mármol y pizarra con nombres de personas distinguidas. Fué a fines del Siglo anterior que se le cambió a nuestro templo el ladrillo de barro por el artificial o de cemento romano, nombre entonces del nuevo material de cosntrucción. Con tal motivo fué exhumado todo resto y llevado al cementerio de la ciudad. Hubo algo de esopectáculo público en esa operación. Se habló de cuerpos momificados como el de una doncella, intacta en su mortaja, con su velo blanco y corona de azahares. El último cambio de pisos es reciente, en la decada de los sesenta (1960), como la Torre derecha, que le dió simetría al Frontis. Además del
altar mayor con seis nichos en el retablo, raro por su belleza en Nicaragua,
habían seis altares laterales, de los cuales quedan los que están
al principio de las angostas naves, que flanquean la central. Los dos del
Norte, como los del Sur, fueron sustituidos por artísticos retablos
pequeños de caoba y cedro.
![]() Con motivo del cincuentenario
del dogma de La Inmaculada proclamada por Pio IX, fué levantado
en 1904, en la parte norte de La Plaza, un Templete, que sirve de pedestal
a la estatua de mármol de La Virgen.
![]() ![]() A las venerables
imágenes mencionadas de la devoción parroquial, cabe agregar
la expresiva y conmovedora de Jesús de Nazareno con la cruz a cuestas,
sobre la cual circuló impresa, en una semana santa, la leyenda de
su inspiración a un devoto artista de nuestros lares cuyo nombre,
ignorado comunica un hálito de misterio a la narración.
Nuestra señora del Rosario y Santo Domingo de Guzmán, San Pedro, el Señor de las Misericordias, la Virgen del Carmen, San Juan Bosco y Jesús de la Buena Esperanza con los cuadros del Vía Crucis y el Rosario; los Angeles , que en la Procesión del Viernes Santo llevan los instrumentos de la Pasión y las arrobadoras figuras del nacimiento de Cristo completan la iconografía, que por fortuna no irrespetó la fobia iconoclasta del Modernismo, causa, en otros lugares, de destrozos irreparables. Por la década
de los 1860, un fragmento minúsculo de la Cruz del Redentor, vino
a enriquecer el acervo de las devociones parroquiales, dándole cierto
aire catedralicio al templo, en la vista de ser esta reliquia un tesoro,
casi exclusivo, de Santuarios y Catedrales. tan valiosa adquisición
se debió a la devoción generosa y personal gestión
de don Mariano Montealegre Romero ante el Papa León XIII.
La procesión del Santo Entierro, cuando fué única en la ciudad, entraba a la Iglesia de Guadalupe, donde se oficiaba un responso. Ya en 1922, con la erección de la nueva parroquia de El Calvario fué, de las dos parroquias segregadas, la que primero tuvo procesión propia del Santo entierro, en 1917, siendo uno de los más interesados en dicha ceremonia don Andrés Batres. Ya con trés procesiones en la ciudad, la de santa Ana perdió la tan numerosa concurrencia de días esplendorosos, mencionados con nostalgia, en uno de sus escuchados discursos por el poeta Juan rafael Guerra. Sin embargo, por su primacia, tuvo la distinción del redoble acompasado de un cuerpo militar con la bandera. No obstante la magnificencia de estas procesiones, un hecho imprevisto llegó a eclipsarlas a raíz de la Semana Santa de 1936 con una manifestación de reparación a la Sagrada reliquia del Lignum Crucis, siendo párroco el padre Manuel Ignacio Paguagua Núñez. Una noche de la Semana de Pascua se cometió un robo sacrílegio de varios objetos de oro del Templo Parroquial, habiendo desaparecido con ellos el relicario con el fragmento de la cruz del redentor. Nunca se había visto una Procesión de Desagravio semejante. Un extenso programa de todas las congragaciones religiosas de la Ciudad con varios discursos, enfervorizó a la multitud, que, agradecida.aba gracia a Dios por haber sido encontrada Intacta la reliquia. En esos días la fobia anticristiana de un Gobernador del Estado de Tabasco, en México, había demolido todas las cruces de los cementerios de su jurisdicción. El contraste del hecho satánico con la exaltación de la cruz que en esos momentos estábamos haciendo en Chinandega, fué el tema de mis palabras en la esquina de don Desiderio García, haciendo resaltar la coincidencia de los sucesos. La imágen del Señor del Triunfo, de propiedad particular, solamente permanece en la Iglesia, cuando sube al prebisterio a horcajadas de la borriquita, que a continuación tiene tambié su procesion entre el bullicio de la chiquillería al regresarla, como santificada, pues es el único cuadrúpedo que entra a la Iglesia y con gran solemnidad. Algunas veces le sigue un pollino, también enjaezado, para que se cumpla al pie de la letra la profecía: "Alégrate, hija de Sión, porque tu Rey llega a tí manso y humilde sobre una asna con su pollino, hijo suyo". El resto del año la imagen permanece en Casa del Mayordomo en la actualidad la familia Zepeda Chamorro, descendiente del primitivo dueño, don Andrés Rojas Galarza, uno de los primeros urbanizadores de la ciudad, hace más de ciento cincuenta años, al aaaalinear a cordel en 1811 las primeras calles. (Monografía del departamento de Chinandega", por el Ing. Rosalio Cortés Castellón y Efemeridades del periodista Medina Pérez.). Nuestras vicisitudes políticas nos han dejado sin las fuentes de información necesaria de los archivos parroquiales, a efecto de saber una cronología más o ménos exacta de los curas durante los Siglos XVIII y XIX. El archivo de Santa Ana fué consumido por el incendio de Febrero de 1927 juntamente con el de la Parroquia de El Realejo, cuando se creía tenerlos a buen recaudo enm el edificio de la Escuela de Obreras; allí los había llevado Monseñor Andara, a la sazón cura Párroco de Santa Ana. Por eso nada sabemos de los misioneros Franciscanos y de sus continuadores. Apenas la tradición reciente nos da los nombres de algunos párrocos de la centuria anterior. En nuestro archivo
episcopal, si acaso no ha desaparecido del todo a causa del abandono en
que se encuentra potr la falta de interés en su conservació
de parte de la autoridad eclesiástica, deben haberse registrados
los nombramientos respectivos. También por tradición como
dijimos, nos es dable aportar ciertos nombres como el del conónigo
Icaza, en función de cura por los años de la independencia,
pues él bautizó a mi abuelo materno, Licenciado José
María Rojas, en 1822. Caundo la erupción del Cosiguina en
1835, desempeñaba el mismo cargo el Padre Rocha. Rodeado de sus
feligreses en la Plaza en áquella memorable ocasión, impartió
una absolución colectiva entre animales domésticos y monteses,
espantados por el estruendo de la erupción y la oscurana de tres
días, originada por una densa nube de cenizas, fenómeno recordado
como "el año del polvo" .
Cuando el primer cólera de 1856, el prebístero Juan Santamaría, fué ordenado de urgencia con otros jóvenes y virtuosos seminaristas, y desempeñó el curato de Santa Ana durante varios años. En el caso de una catástrofe bastaba, y era aceptable la presencia de un sacerdote para la absolución colectiva, no así una epidemia galopante, siempre con la premura del caso individual. La piadosa medida del Vicario satisfizo la gran necesidad espiritual de esos días tan angustiosos. Se empezó a sospechar de enterramientos de vivos cuando los que conducían una andas con cadáveres no tuvieron tiempo de enterrarlos débido a un aguacero con tormenta. Recuperados por el agua lluvia de la muerte aparente ocasionada por agudos retortijones, regresaron a sus chozas con el espanto consiguiente. El médico rivense doctor Rafael Cabrera, (después gran cafetalero en Managua), fué enviado por el Gobierno a Chinandega a combatir la peste y recomendaba sahumerios, hervir el agua o tomarla de las nubes cuando llovía y aislar el enfermo. Se hospedó en una pieza de alquiler de la niña Juana Manuela Rojas Ovando, prima de mi citado abuelo materno. Otros curas párrocos
fuerón los canónigos Juan Bravo y Marco Aurelio Sotomayor,
finalizando con el siglo el dilatado curato del canónigo Macario
vargas. Este falleció en 1901, y cuya memoria conserva una lápida
de mármol adosada al muro sur del prebisterio, que cubre sus despojos,
y con una inscripción en latin, que traducida al castellano dice:
"Aqui yace Macario Vargas, canónigo de la Legión. espera
la resurrección 1884 - 1901 Obsequio Juana de Rosales"
Achacoso de varios males corporales, el anciano cura regresó a León para finalizar susn días. Su epitafio puede leerse en el plinto de una columna central de la Catedral leonesa al pie de la estatua del apóstol San Juan. Su apellido de la Llana se ha transformasdo entre nosotros, por la ley de las contracciones, em Llánez, así con Z, y conforme a la derivación de los patronímicos. Su sobrino carnal don david Llánez, muerto varios años después del aluvión del Chonco en 1960, fué de los primeros terratenientes fundadores de La Comarca de La Bolsa, al oriente de Chinandega. La vacante fué proveida en 1907 por el Pbro. Adán Echevers ó Chévez, jóven sacerdote con apreciable dotes de orador sagrado, quién dotó al Templo de iluminación moderna cuando funcionaba la primera y efímera empresa de alumbrado eléctrico. Durante su breve curato visitó nuestra ciudad en 1909, el primer nuncio apostólico que llegab al país: Monseñor Juan Cagliero, ascendido después a Cardenal por San Pio X. Pertenecía a la congregación salesiana, en la que se le designa como el Apóstol de la Patagonia. Ingresó con inmediata procedencia de San José de Costa Rica, donde ejercía su apostolado. En la Iglesia de Maria Auxiliadora, de la capital josefina, se lee, en una placa de mármol, su nombre entre los de otros hijos de San Juan Bosco. Su recibimiento en Chinandega fué apoteósico como en las demás ciudades que visitó, pues había como algo de mágico en el título de su investidura. La misión diplomática del Nuncio Cagliero, tendiente a la división necesaria de la diócesis de Nicaragua, fracasó por no permitirlo el Gobierno radical del Presidente Zelaya. Cuando estaban en la procesión de la octava de Santa Ana, en 1909, llegaba por el tren de la tarde, casi de incognito para el público, un nuevo párroco, el Pbro. José Apolonio Andara y Corea, de brillante historial en los dos ejercicios de su fecundo apostolado. En el primero de 1909 a Junio de 1926, cuando fué llamado a rectoría del Seminario de San Ramón edificó la primera casa cural, dotando así al párroco de domicilio propio; fundó la Escuela Parroquial, talleres para obreros y una fábrica de ladrillos de cemento; contribuyó con mucho a urbanizar el Barrio de La Libertad con la construcción de la pintoresca Iglesia de San José de la Montaña, hoy reedificada con todos los adelantos de la construcciones modernas gracias a la devoción tesonera de la Srita Maria de Jesús García, (la dinámica niña Chú, su diligentísima colaboradora). Funda el semanario católico La Luz, decano de la prensa católica nacional, en su imprenta Santa Cecilia, al mismo tiempo que la estudiantina del mismo nombre con el músico español don Manuel Pérez Irache. No cabe duda que su obra cumbre, de gran proyección social, fué la escuela Profesional de Obreras, que sobrevivió unos años más después que el incendio de 1927 redujo a cenizas tanto empeño de superación cultural y citadina. Eran los días trágicos de la guerra civil de esos años. Al hacerse cargo de la rectoría del Seminario como dejamos dicho, lo repuso el jóven sacerdote manuel Ignacio Paguagua Nuñez, en circunstancias harto dificiles por la revolución que destruyó la casa cural y obligó al Pbro. Paguaga a residir en Guadalupe, barrio carente de cura en esos años, hasta 1930, cuando hubo terminado la nueva residencia actual en servicio del párroco. Elocuente orador sagrado y periodista, mantuvo por dos años el seminario católico El Futuro. A partir de 1936 ejercieron la funcion pastoral el Pbro. José Francisco Salazar Aguado y el canónigo Emilio Chavarría. En 1951 empieza la segunda época de Mons. Andara. Entonces fundó el Instituto San José, facilitando a la juventud de escasos recursos el bachillerato, que entonces era precisoobtener en otras ciudades. En tres opúsculos de diversas épocas está señalada la ingente labor social y religiosa de Mons. Andara. En 1968, por su avanzada edad, los sustituyó nuestro actual párroco, canónigo Miguel Angel Padilla, acertada designación con el beneplácito de toda la ciudad, y a quien, desde el principio hemos deseado fecundo apostolado, notorio ya por su labor catequística y docente. Esta somera reseña quedaría incompleta sin consagrar un merecido y grato recuerdo a quien fué sacristán por vocación durante toda su existencia activa al servicio de la Parroquia de Santa Ana en la que llegó a ser un detalle inseparable. Juan Avendaño,
abstemio y célibe, ssi el Señor no lo llamó al sacerdocio,
le dió la inclinación levítica de vivir para el servicio
de su casa, a la que llegaba directamente a la sacristía a través
de la plaza, por un sendero en diagonal con algunos matones de genciana
a los lados y un añoso ciprés y donde , en el invierno, abundaban
las catapansas. Su casa estaba en la vecindad, a la vuelta de la esquina,
en la salida para el Viejo. Al faltar él enmudecieron las campanas,
como "las tardes de la granja", a la hora del angelus, del inicio del día
eclesiástico a las dos de la tarde, del toque de ánimas y
de la nueve de la noche. El solo acompasado de dosonoro de la campana mayor
cuando había incendio, era como la sirena de un cuartel de bomberos.
Muchas veces, de muchacho, repicamos aquellas campanas para anunciar la
misa con la recomendación de no dañrlas al golpe desmesurado
del badajo en loco desafio. Elaborada hostias, y con la cara quemada hacía
cirios, y regó los propios para el día de su vela. Juan Avendaño
falleció en 1929, y con su deceso empezó la crisis de la
falta de sacristán constante y abnegado en su noble oficio. Santa
Ana debe haberle alcanzado el premio de su devoción ejemplar: Descanse
en paz. Amén.
HISTORIA DE LA PARROQUIA DE SANTA
ANA DE CHINANDEGA
La historia de la Parroquia de Santa Ana se extiende hasta el Siglo XVII, ya que según la reseña del Obispo Agustín Morel de Santa Cruz, en su visita pastoral a ésta Parroquia en el año 1751. El Obispo encontró
un Templo de mampostería bien dotado de los cuales se conserva el
altar mayor que consta de trés cuerpos con 6 altares en los que
había en ésa época efigies de santos de cuerpos entero
bastante primorosas.
Los conquistadores españoles, de acuerdo con los misioneros franciscanos o dominícos, para cooperar con la cristianización de los aborígenes, edificarón Templos al Dios vivo de preferencia cercanos a los ríos de las ciudades que iban fundando, siendo así que en las cercanías del Río Acome que bordeaba la naciente Ciudad de Chinandega se construye un templo dedicado a la Santa abuelita de Cristo, Nuestra Señora Santa Ana. El por que de esta dedicación se desconoce, pués las fuentes de información, como son los archivos parroquiales, fueron destruidos en el incendio que asoló la ciudad en la guerra fraticida de 1927 quemándose totalmente la casa cural situada en la parte oriental de la Parroquia y 14 manzanas de la parte centrica de la ciudad. Su origen colonial lo atestiguan las almenas y leones rampantes en relieve en la parte exterior sobre las puertas laterales; el altar mayor que es una joya de arte colonial y el púlpito. A principios del
pasado siglo 1900 todavía se podía admirar cuatro altares,
dos de ellos de estilo barroco que tenían unas columnas primorosamente
labradas, las que fueron destruidas talvez para dar más amplitud
a las naves laterales, destinando su enorme valor artístico. estos
estaban dedicados a la Inmaculada Concepción, Nuestra señora
de Guadalupe, el Señor de Esquipulas, y el señor de ánimas.
También se
rajó el arco toral y la cúpula y botó una estatua
de Santa Ana de metro y medio colocado sobre el frontis, pudiéndose
ver todavía la peana mohosa y vacía. El párroco de
entonces Pbro. Macario Vargas reconstruyó de madera la torre, que
remataba en una veleta en forma de gallo mandó a hacer las reparaciones
del arco y la cúpula y construyó el primer tramo de la torre
del costado sur.
Al P. de la Llana, quien estuvo poco tiempo de párroco le sucedió el Pbro. Adán Echevertz, quién compró un armonio para uso de la Iglesia, con el que amenizaban los esplondorosos rezos del mes de mayo, de áquella época verdaderamente mariana que parece que no volverá. El 2 de agosto de 1909, llega a hacerse cargo del curato, en plena juventud, el Pbro. José Apolonio Andara. Muy pronto se hace querer de la feligresía por su carácter afable, se hace popular. Con él inicia un período de renovación Cristiana, pués florecen todas las asociaciones parroquiales y el templo se ve colmado de fieles en todas las manifestaciones religiosas. Construye la Casa
Cural, hace venir del exterior una Torre Pre-fabricada de acero laminado
que fué colocada sobre el tramo de piedra del costado sur y a ella
se trasladan las campanas y el reloj, el que fué trasladado a la
nueva torre de cemento construida en la segunda época de Monseñor
Andara y que sigue dando las horas de una manera caprichosa, lo que se
le dispensa por su ancianidad, pués tanto este como el armonio ya
deb1an estar cuidados en un museo, junto con otros objetos de valor que
se encuentran fuera de uso por no acomodarse a la liturgia actual, junto
con un expositorio de plata medio destruido que tuve ocasión de
ver hace muchos años, presentando la respetable fecha de 1716.
El 10 de diciembre de 1936 se hace cargo del curato, el pbro. José Francisco Salazar Aguado. Celebró el segundo Congreso Eucarístico local; dotó a la Parroquia de nuevas campanas y negoció la adquisición de un órgano eléctrico, decoró con cuadros murales el prebisterio y decoró las paredes con un nuevo viacrucis, imitación de los de la Catedral de León y doró con oro laminado el retablo del altar mayor. Omitimos decir durante la primera gestión del padre Andara tuvieron lugar grandes misiones como la de 1917 y se celebró el primer Congreso Eucarístico de 1924, quedando como recuerdo el busto del Corazón de Jesús que se encuentra en el atrio en el costado sur. En octubre de 1951 al pbro. Salazar le sucedió el Canónico Emilio Santiago Chavarría, quié demolió la vieja capilla de Maria Auxiliadora e inició los trabajos de la nueva y colocó una instalación de alumbrado eléctrico al frente de la Iglesia y en el costado sur. A fines de 1952 asumió
de nuevo las funciones de párroco el Sr. Arcediano Canónico
J. Apolonio Andara quién terminó y decoró la capilla
de María Auxiliadora, reparó la torre de hierro laminado
que estaba por caerse, construyó la nueva de cemento del mismo estilo
y con la cooperación de la junta parroquial construyó el
edificio de la escuela parroquial y acabo de pagar el órgano.
HISTORIA DE LA ANTIGUA
TORRE SUR
El emprendedor Cura Párroco de entonces, el recordado Monseñor y Arcediano y Obispo Doméstico de su Santidad, J. Apolonio Andara y Corea, logró gracias a un gesto de gran catolicismo de la devota, Srita. Emilia Navarro Navarro, obtener procedente de Inglaterra, todo el laminado de la torre y fué el año de 1913 que llegó a esta ciudad la torre desarmada. Para el traslado de ese material se organizó una caravana de carretas tanto de la Parroquia de El Calvario como de Santa Ana, las cuales viajaron a la estación del ferrocarril y engalanadas con banderas de la Iglesia. Demás está decir que la ciudad estuvo de fiesta por cuanto a la hora de bajar de la sGóndolas, la hojalata de zinc acerado, sobraron los brazos de muchachos y hombres, para bajar la cantidad de láminas que luego recorrieron el camino hacia el templo encabezado por los sacerdotes, Pbro. Abel Ruíz Castillo, Cura Párroco del El Calvario y Monseñor Andara y Corea, Cura de Santa Ana. Ya para el año
1917 se culminó la instalación de la bellísima torre
que años más tarde en 1927, la convirtierón en acurtelamiento
de una de las tropas de la guerra instentina entre Liberales y Conservadores.
Centenares de balas perforaron el cuerpo laminado de la torre, convirtiéndola
en testigo mudo de esa lucha inutil de ansias de poder, pese a ello siguió
airosa invitando a su Grey para adorar y rendir culto al Dios único.
Un corto circuito del vestusto alambre eléctrico, terminó con toda una época de arte y esfuerzo de todo un pueblo católico, los bomberos fueron incapaces de evitar la tragedia, al final solo quedaron unas retorcidas y humeantes armazones de hierro, alma que fuera de la torre. Sin embargo el espíritu del nicaraguense no desmaya anta las adversidades, porque su templo es así, al día siguiente del fatal incendio y cuando todasm las partículas de la histórica Torre fueron llevados por el pueblo para tenerlos como una reliquía, se organizó el Primer Comité Pro Construcció de la Torre de Santa Ana. El entonces Comandante
Departamental de la Guardia Nacional, Coronel Ulises Carrillo . hombre
muy católico, se puso a la orden del Cura Párroco de Santa
Ana, Monseñor Miguel Angel Padilla, para conformar un Comité
Pro Construcción de la Torre y al día siguiente
Coronel Ulises Carrillo
R.; Presidente Honorario
La primera actividad que hizo este Comité hizo fué organizar un Maratón Radial, cuyo Cuartel General estuvo ubicado en el Cuartel de Bomberos, el resultado fué positivo y la ciudadanía respondió notablemente en favor de la causa de la Iglesia, al final se contabilizaba la cantidad de C$ 33,258.15. Sin embargo, el entusiasmo no duró mucho y al poco tiempo el Comité se diluyó debido a las agitaciones políticas que azotó el país a finales de la década del 70. Monseñor Padilla depositó el dinero en una cuenta bancaria y ahí permaneció hasta los primeros meses del 80, cuando decidió organizar un nuevo Comité, esta vez integrado por feligreses, todos varones. La nueva junta comenzó a realizar una serie de actividades para recaudar fondos y, al mismo tiempo se contrató un maestro constructor para que diera comienzo a la obra, el maestro Salvador Meléndez Herrera, fue quien estuvo al frente de los trabajos, recibiendo de vez en cuando el asesoramiento de los Ing. Salvador Baca e Ing. Peralta. Así las cosas, la nueva Torre comenzó a coger forma y su cuerpo de pared fué erguiendose poco a poco hacia arriba, nueve o diez meses después el Obispo de León de aquel entonces, Monseñor Manuel Salazar y Espinoza, vino a Chinandega un domingo para bendecir la nueva obra. la torre blanca de cemento y concreto vino a adarle forma más sombría al templo colonial en un hermoso contraste por su forma casi igual a la que tenía la torre incendiada, cuyo remate en su parte superior obstenta a cuatro bien estructuradas almenas que le dan un relieve maravilloso. Por lo menos C$ 160,000.00
vino costando el valor total de la Torre Sur de Santa Ana, una demostración
más de generosidad del pueblo católico chinandegano que mantiene
así su tradición de pueblo amante de sus raíces religiosas
y preservador de sus templos y de sus cultos.
. DATOS
SOBRE LAS FIESTAS PATRONALES DE SANTA ANA, CHINANDEGA
Es de suponerse que con la construcción del Templo de Santa Ana en el Siglo XVII, también dieron comienzo a las Fiestas Patronales en el mes de julio y que con el tiempo logró mayores auges y mayor participación popular llegando en cierta de finales del siglo 18 y principios del 19, a convertirse en una de las Fiestas patronales de mayor renombre a nivel nacional. Veamos pues que es lo que nos dejaron nuestros antepasados del Siglo IXX y de que manera ellos celebraban a la santa Patrona de los chinandeganos. Se dice que para entonces ya existían las dos imágenes de Santa Ana, una de bulto y de pie, que permanece en el Trono del templo, la cual es sacada en procesión el día 26 de julio, y la otra con vestimenta de tela y sentada en una poltrona es llamada "La Peregrina", porque permanece en casa del mayordomo y que anteriormente recorría las comarcas del Municipio en "Demandas", para recaudar fondos para sus festividades. Por la segunda década del Siglo 19, se recuerda al Mayordomo Juan Paulino Aleas, quien daba comienzo a los preparativos de la fiesta con un mes de antelación, sacando la rifa de un torete, el cual era adornado con banderas y al son de Atabales recorría dominicalmente las calles de la ciudad en procura de compradores de las acciones. Para entonces también se creó la Congregación de Abanderados que ten1a sus propios Reglamentos y que estaba integrada por 24 oficiales de Santa Ana, los cuales apoyaban decidídamente al Mayordomo y que dentro de su jerarquía contaban con escalafón que comenzaba con el numero 24 hasta el primer abanderado. Ellos eran los encargados
de portar las Banderas de manta color rojo y solamente dos de color amarillo
con la Corona de Santa Ana que simbolizaba los más destacados abanderados
de la Congregación. este cuerpo de abanderados hacían una
serie de "revoleo" con sincronizadas cabriolas, en una atractiva calistenia
en honor a la Patrona. Ya para el año de 1948 aparece como
Mayordomo, Don Leoncio Oviedo Gutiérrez, el cual siguió la
tradición de sus antecesores, por 28 años que duró
su mayordomia, ya que en las demandas, en el Noverío y en la Pitada
a la venerada imágen, el novenario se hacía tanto en la Casa
de Mayordomo como en el Templo Parroquial y en ambos rezos estaban presentes
los tambores, pitos que formaban parte de ésta tradición,
consistían en cajas de madera en la parte posterior un chicchil
de cascabel y teniendo sus propias entonaciones como el "Guardabarranco",
"el son del Toro", y otros.
Nuestra Señora de Santa Ana y su hijita, la virgen María, están coronadas bellamente con material precioso y regia pedrería, su adoración data desde tiempos de la Conquista, cuando nuestros aborígenes, recibieron el bautismo cristiano y aprendieron a amar a María y a su madre Santa Ana
La más
antigua del Municipio de Chinandega, Carece de buen audio,
es necesario la restauración del retablo principal, techos y cielo
falso, de singular belleza, pero sin mantenimiento desde hace más
de 20 años.
El ¡adiós!
de Monseñor Padilla, a la Iglesia
Monseñor Miguel
Ángel Padilla, quien dedicó la mayor parte de su vida a la
orden sacerdotal, hoy en día padece del mal de Parkinson y glaucoma.
El pasado 19 de marzo, el anciano sacerdote, originario de Chichigalpa, se despidió de su feligresía en la parroquia Santa Ana y tres meses después reconoce que el adiós a su iglesia y la nostalgia por sus labores de servicio han debilitado más su salud. EN MAL ESTADO DE SALUD Sin embargo, aún celebra misa los domingos en Catedral, junto a Monseñor Bosco Vivas. “Cada vez que puedo, pero no puedo predicar porque la voz ya no se me escucha y me canso”, explicó. Esto es posible sólo gracias a su tenacidad y entrega al servicio pastoral, que por 30 años realizó y extraña continuar, ya que sufre del mal de Parkinson y de glaucoma. Reveló que su corazón se ha ensanchado y que sufre de la presión. Y aunque el médico lo examinó hace algunos días, y encontró bien su ritmo cardíaco, “siento que en cualquier momento el corazón se me va a paralizar, que me voy a morir”, expresó. EMOTIVA DESPEDIDA Monseñor se despidió de su iglesia en Chinandega, oficiando una misa y el Cabildo Eclesiástico lo acompañó hasta su casa en León. Algunos sacerdotes y Monseñor Bosco Vivas le han visitado. La nostalgia y el cariño que siente por su iglesia es recíproca. Grupos de feligreses chinandeganos llegan a saludarlo, cariño que lo hace sentir contento. “Siempre me he apegado a las parroquias y me pongo triste cuando me retiro de ellas”, señaló. Se identifica y extraña tanto a su pueblo natal, que solicita ser enterrado en Chinandega, cuando muera. “Para que me acompañe el pueblo que me quiere, aquí soy un desconocido”, comentó UNA VIDA MINISTERIAL Pese a sus quebrantos compartió con mucha gentileza sus más preciados recuerdos: El día de su ingreso al Seminario en León, donde realizó sus estudios de secundaria y sacerdotales, bajo el rectorado de Monseñor José Apolonio Andara; sus doce años en la parroquia de El Viejo, donde cumplió sus Bodas de Plata Sacerdotales y sus 30 años de servicio en Chinandega. “La vida sacerdotal de Monseñor Padilla Gómez inició el primero de Mayo de 1938, cuando fue ordenado en la Catedral de León por Monseñor Agustín Nicolás Tijerino y Loáisiga”, según sus hermanas Simona y Gladis, quienes lo cuidan y acompañan en su casa, del Barrio San Sebastián. Durante su periplo pastoral de sesenta años por León y La Paz Centro, fue fundador de escuelas, director del Colegio Tridentino San Ramón, capellán del Colegio de La Asunción y del Hospital San Vicente. También fundó escuelitas parroquiales en Estelí, Somoto, El Viejo y Chinandega. En la parroquia Santa Ana tenía el apoyo del Auxiliar de Vicaría, Pedro Xavier González Pineda, nombrado párroco de El Jicaral. SEGURIDAD SOCIAL JUSTA ES NECESARIA Para ver a su médico Ramiro Poveda, Monseñor debe viajar hasta Chinandega y aunque no le faltan los medicamentos, pasa por dificultades económicas para adquirirlos. En ese sentido, el octogenario sacerdote recordó al padre Adrián Mora, quien murió en la miseria. “Un sobrino suyo lo andaba en un taxi y pedía limosna para su atención”, evocó con tristeza. También recordó
las charlas con el padre Teodoro King, quien le habló de los beneficios
sociales que recibían los sacerdotes holandeses por parte del gobierno
de Holanda, en concepto de jubilación, por el aporte de ellos mismos.
agosto 21 2001 La
prensa
A Monseñor Berríos lo sustituye el Padre Marcos Díaz, quien venía trabajando en Quezalguaque y en lugar de éste, el presbítero César Ramírez, quien estaba al frente de la parroquia de Nagarote. Aquí llegó Julián Duarte, anteriormente párroco de la Catedral y como Vicario de ese templo fue nombrado Manuel de Jesús Cabrera, quien se desempeñaba como dirigente religioso desde hace dos años en San Sebastián. El recién ordenado sacerdote Johnny Guerrero, asumió esta parroquia. La feligresía
de Laborío despidió con mucho sentimiento a Monseñor
Guillermo Berríos, originario del mismo lugar, quien ha dejado grandes
recuerdos de su apostolado, sobre todo en los días duros del huracán
Mitch, cuando perdieron la vida tres vecinos que lo ayudaron en la evacuación
y protección de los pobladores de la ribera del Río Chiquito,
indicó el purpuradoApoteósica proclamación el 13 de
mayo en El Viejo
|
![]() El torete baila engalanado con banderines de colores y tradiciones aborígenes en las danzas como el Baile del Tingo, Los Mantudos, Las Pintadas, las carretas comarcanas enfloradas. Muerte del cacique Diriangén
|
|
|
. |
||