Lunes
9 de Julio de 2001 | El Nuevo Diario
Donde escarben salen
huesos de víctimas de la guerra de 1979
Masaya: un cementerio
de campaña
*
El tres de julio de 1979, Somoza envió un helicóptero que
dejó caer bomba de 500 libras en San Jerónimo.
* El artefacto explosivo
destruyó una antigua casona donde estaban los guerrilleros.
* Durante la guerra
de 1979 murieron más de cinco mil personas en Masaya.
—EDWIN SOMARRIBA—
En cada esquina,
en cada rincón de Masaya, se pueden encontrar osamentas de personas
que combatieron durante la Insurrección Popular del Pueblo en 1979.
(Foto/Edwin Somarriba).
En esta Ciudad de
las Flores, se pueden encontrar hasta hoy por doquier, en cada rincón
y barrio, uno o varios cuerpos sepultados durante la guerra liberación
del pueblo en 1979. Muchos cayeron en combate, y otros fueron masacrados
en sus propias casas por la Guardia Nacional del dictador Somoza y enterrados
por los cuatro puntos cardinales de Masaya.
Cuando alguien excava
algún hoyo en el patio, puede encontrar esqueletos de hombres y
mujeres que se alzaron en armas en junio y julio de 1979, y que al costo
de sus vidas, derrocaron a una de las dictaduras más funestas de
Latinoamérica, o simplemente restos de personas no combatientes
que fueron interceptados por la guardia tratando de escapar de la ciudad
bombardeada.
Entre los lugares
donde más se efectuaron entierros improvisados de personas figuran
las cercanías de la Cruz Roja de Masaya, y la esquina opuesta a
donde existió una chalupa y hoy está la tienda de don Sergio
Calero Huembes.
La Guardia Nacional
también asesinó a otros ciudadanos en la esquina opuesta
de donde estuvieron las oficinas del Ministerio de Trabajo. Eran inocentes
personas que buscaban como llegar hasta sus viviendas, cuando fueron interceptados
por los genocidas, que pese a que miraron que eran ciudadanos honestos,
los masacraron a sangre fría y los dejaron tirados en la calle.
El 28 de junio de
1979, la guardia se desplazaba por toda la ciudad y otros se mantenían
acantonados en el Comando, ubicado frente al parque central o contiguo
al desaparecido teatro Masaya. Aquí los esbirros de Somoza llevaban
a todos aquellos jóvenes que eran tildados de sandino-comunistas.
Cada estudiante era considerado por el dictador como un subversivo. Antes
de matarlos los torturaban y luego enterraban sus despojos en el patio
de la casona que albergó a las oficinas de Telecomunicaciones.
Otros combatientes
y ciudadanos acribillados por los guardias, se encuentran sepultados detrás
del templo católico de El Calvario, o en el Paseo La Reforma, que
antes era un gran bosque.
También hay
cuerpos enterrados por la zona norte de la empresa de clavos y alambres
(Inca S.A.) sector donde se registraron cruentos combates, y otras osamentas
se pueden encontrar en las fincas del camino viejo a Tisma y Tipitapa.
EL BOMBAZO DE SAN
JERONIMO
A finales de junio
la Guardia Nacional no resistió más el hostigamiento de la
guerrilla y por la madrugada, salió en silencio y hacia la fortaleza
de El Coyotepe. Desde esa altura dominaban Masaya, a la que castigaban
constantemente con morterazos y bombas que caían en las casas y
mataban a civiles inocentes que, desde luego, no podían ser llevados
al cementerio.
Hay centenares de
víctimas sepultadas en los patios de sus casas, y decenas más
cuyos cuerpos nunca pudieron ser localizados por sus familiares.
El estudiante de
Derecho Jury Zepeda, quien reside en el barrio Las Siete Esquinas, relató
a EL NUEVO DIARIO que el seis de julio de 1979, la Guardia Nacional ya
se encontraba en El Coyotepe y desde ahí lanzó un mortero
que destrozó a su padre, el señor Abraham Zepeda, quien fue
sepultado en el patio de la casa, y aún permanece ahí después
de 22 años.
El 30 de junio de
1979, a Masaya llegaron millares de combatientes capitalinos en el histórico
Repliegue, los que llegaban buscando cómo aprovisionarse y armarse
con la carga bélica que depositaron en Masaya dos avionetas procedentes
de Costa Rica.
Esas dos avionetas
bajaron por la zona de norte de la ciudad, junto a la Villa Bosco Monge,
y el sector del empalme de Las Flores. El piloto dejó caer desde
cierta altura todo el armamento, y los muchachos que combatían se
armaron e intensificaron más el ataque contra el Ejército
de Somoza.
A las tres de la
tarde de ese tres de julio de 1979, los guerrilleros se reunirían
en la casona de corredor detrás del templo de San Jerónimo,
donde la gente se acercaba para escuchar las últimas noticias de
los combates del Frente Sur, bajo la dirección del famoso comandante
Cero, Edén Pastora, y los avances de la guerrilla en la zona norte
y occidental del país.
Cuando en eso se
apareció en el cielo un helicóptero y se quedó quietecito
allá arriba, propiamente sobre la casona de corredor, y de pronto
dejó caer un barril repleto de pólvora con una mecha encendida
que descendió hasta caer directamente en el lugar apuntado, y todos
los combatientes murieron despedazados, mientras la iglesia de San Jerónimo
quedaba reventada por la onda expansiva.
Los primeros que
llegaron al lugar de los hechos fueron el destacado y desaparecido periodista
Roberto González Rocha (q.e.p.d), el reportero gráfico Pablo
(Pablito) Barreto y Sergio Calero Huembes, así como miembros del
gobierno provisional de la ciudad de Masaya.
La antigua casona
de corredor, donde habitó la familia Somarriba Quiroz, quedó
completamente en astillas y ahora fue convertida en cancha de baloncesto.
La Capital del Folkore
nicaragüense quedó en 1979 visiblemente destruida y con casas
incendiadas, así como el antiguo mercado ubicado en el centro de
la ciudad, que fue devorado por otro incendio. Las bombas y los rockets
lanzados desde los aviones, enlutaron a muchas familias, y el dolor, el
llanto y la sangre corrían como ríos desbordados, mientras
la muerte asolaba por doquiera.
.
Versión
y recopilación para internet: Eduardo Manfut P.
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