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Colección de Documentos Históricos 

 

 

 19 de Julio de 1999 | El Nuevo Diario

Antes y después del diecinueve de Julio 
—Joaquín Absalón Pastora—
Managua
 
 

Se nos viene a la memoria --inolvidable y provocador-- aquel diecinueve de Julio de mil novecientos setenta y nueve. Las imágenes, las vicisitudes vividas en todo el trayecto de la insurrección. Aparecíamos en una lista de condenados. 
A partir del primero de Julio, los radioperiodistas independientes nos organizamos y con el membrete de NOTICIEROS UNIDOS DE NICARAGUA, decidimos proclamar: "No podemos informar libremente, no tenemos clientes que anunciar, aumentan los riesgos por las multas y los cierres". 

Los últimos en ser sancionados con diez mil córdobas cada uno fueron AQUI NICARAGUA de RADIO FUTURA, y CUARTO PODER de RADIO EXITOS. Quiénes se enfrentaban al silencio en forma de protesta? Los firmantes del acta resolutiva son en este orden: Rodolfo Tapia Molina, Joaquín Absalón Pastora, Rolando Avendaña Sandino, Guillermo Treminio, William Montiel y Peña, José Esteban Quezada, Oscar Leonardo Montalván, Manuel Espinoza Enríquez y Mayra Santos. 

Alberto Luna, dentro de su rigidez, aún celebraba la precipitada suma de sus estrellas. Casi llega a General. 

Optamos por irnos todos a la clandestinidad. En lo personal escogí la finca de una familiar. Como se iniciaba la estampida somocista optamos por venirnos a Managua asumiendo todos los riesgos. Pero la vecindad en el reparto bautizado con el nombre de Pancasán, nos dijo que un camión cargado de militares había pasado buscándonos el día anterior. 

Entonces me asilé en la Embajada de Venezuela. El ambiente ahí era irrespirable, tenso. Tarde descubrí que todos estábamos en "La boca del lobo", definitivamente "bunkerizados" en una zona militar. Gendarmes drogados golpeaban la puerta en señal de reto. Exigían la salida. Escenas como esas se repetían cada noche. 

Estuvimos recluidos con gentes de toda clase. Habían hasta prostitutas creyendo en el río de la bulla contaminada que declararse perseguidas las acercaba a la fragancia de las sedes diplomáticas. Que va: había que hacer largas filas para hacer realidad el sueño de comer convulso y mal aceitado "gallo pinto". Se descubrió el libertinaje sexual entre las asiladas y los asilados infiltrados con peculiar motivación para estar ahí. 

Pronto se les descubrió su "rol" de espías dentro del recinto donde dormían en el suelo más de doscientas vidas intoxicadas por la desesperación. Tuvieron que llegar médicos solicitados por los dos militares venezolanos que ejercían el papel de autoridad (el embajador se había ido en plan de protesta) para sofocar una epidemia fulminante contraída por enfermedades venéreas. 

Hicimos fila par quedar exonerados y los que resultaron "pegados" se fueron inmediatamente a la calle sin más trámite que "el de su propia salida" según lo aseguraría un estimado amigo nuestro. 

Se encontraba refugiado en la embajada el cardiólogo militar doctor René Shennegans, quien buscando el sol nos invitó a que lo acompañásemos a su apartamento de privilegiado en la residencia integralmente tomada por los guerrilleros del F.S.L.N. 

El doctor se vanagloriaba de su amistad personal con los diplomáticos venezolanos. Ciertamente al aceptar su invitación se benefició radicalmente la comodidad personal. Del leve puñado de arroz y frijoles a las vistosas y apetitosas latas de jamón ahumado, pavos, y envueltos sofisticados. Había espectacular diferencia entre el suelo displicente y la exclusividad del sibarítico fortín del militar. 

René nos explicó su historia: estaba ahí porque se le descubrió su participación en un "complot" contra Somoza. Su clavo era mayor porque si lo ubicaba la Seguridad debía salir de la Embajada a la cárcel, por su posición de militar alzado no podía gozar de ninguna protección para su vida. 

Mayra Santos compartió con nosotros, llegó corriendo a golpear la puerta de la Embajada, la perseguían varios soldados, todavía jadeaba cuando la saludamos, tuvo suerte, por poco se nos va. Detectar a un aspirante al refugio era imperdonable para los gendarmes. 

Era la colega con la cual conversábamos librados de la tensión por la amabilidad de sus tesis ocurrentes y optimistas. No olía el plomo circundante. De su risa bajo la bruma del tabaco, también bajaban las esperanzas. Para otros era mejor la oración infusa y serena, el silencio sobre el trauma. 

Ante el irrenunciable hostigamiento de la guardia, decidí abandonar la sede. La irresponsabilidad era del asilado y así lo reconocí ante los amigos de Venezuela. Antes se habían hecho todas las gestiones para el traslado con los profesores Orion Elpidio Pastora y Armando Castillo Tamariz. 

Octavio Rivas, maestro nicaragüense, quien era el virtual embajador de la República Dominicana en Nicaragua abrió la puerta. Salí ileso de Venezuela patrocinado por el generoso escándalo de un aguacero. Escoltado por el agua enceguecedora llegué a la República Dominicana. A quiénes encontré ahí? Era un paraíso con relación al lecho anterior. 

Parecía especialmente reservado para periodistas con excepción de dos: un guerrillero herido en cama y alguien a quien se le señalaría posteriormente como traidor de Humberto Ortega, llamado Mario Castillo. Un tipo que siempre estuvo adherido a la fantasía y a la repugnancia, pregonero y practicante de la "doble moral". Mostraba con claridad inocultable destellos de su futuro. 

Los colegas periodistas eran: William Montiel y Peña, Eduardo Alvir, quien desempeñaba el difícil cargo de cocinero, sólo había que darle las especias para que prendiera la mecha. Había tanta soltura que las esposas respectivas llevaban la dotación cruda para que se sometiese al fuego. Manuel Espinoza Rivera, Oscar Leonardo Montalván, Pablo Candia Latino y su esposa, no recuerdo otros nombres. 

El diecisiete de Julio cuando se fue Somoza llegó aproximadamente a las seis de la tarde el encargado de negocios de la embajada Dominicana a prevenirnos, llevaba un trofeo de fino escocés para sosegarnos y brindar por la huida del dictador. Nos dijo con irrebatible contundencia, con formidable aplomo: "Vengo a decirles que esta noche se va Somoza, vengo de una reunión con el cuerpo diplomático, todo está arreglado, pero hay un peligro: "pueden reprimir, asaltar o quemar las embajadas donde hay asilados". Venganza de la fiera herida. Nos instó a practicar un simulacro con el uso de escaleras sobre cómo estar listos para dar el brinco en el caso de un ataque, no hubo sueño esa noche. Sólo se oía en bajo volumen el "halicrafter" que poseía el guerrillero. En la madrugada logramos ver las lucesitas de la ausencia. Aviones en fila dejándole a la patria la oportunidad de reconstruir su destino. 

Pasó el dieciocho y vino por fin el sol del diecinueve de Julio. El veinte debíamos de desalojar la sede porque la asediaban (no para quemarla sino para suplicarla) los soldados de bajo y alto rango del somocismo, sus funcionarios, sus intelectuales. 

Octavio Rivas nos convidó a firmar el retiro "sanos y salvos". Llegaban los otros, aquello tenía todas las trazas de un "pandemonium". En el momento de la despedida surgieron escenas inolvidables. Manuel F. Zurita y el coronel Jorge Granera se daban "codazos" para ingresar sobre el tumulto. 

La mayoría lucía el vigor de la juventud. Salíamos con el pequeño y propio colchón cuando Zurita nos lo solicitó: amigo cédamelo es para dormir esta noche y pórtese bien. Quedó en sus manos. Granera a quien conocimos y tratamos sufrió un desmayo. 

En ese mismo momento nos sorprendió ver a Mario Castillo cuando salía de uno de los cuartos vanagloriándose de su valentía revolucionaria, vestido de guerrillero con arma pesada sobre el hombro con tirantes que parecían megatones decorativos sosteniendo su imprudente barriga, con pañuelo rojo y negro e incisivo y necio pito. Me interrogaba: de dónde salió este repentino guerrillero. 

El traje de combatiente estaba alzado para lucirlo en el momento oportuno y sacar todo el provecho posible. Se limitó a tomar la esquina más adecuada para hacer veces de autoridad de tránsito. Luego se supo de sus conexiones con Humberto Ortega. Salimos con Pablo Candia Latino y su esposa al gigantesco recibimiento a los héroes mitificados. 

Después vino el viraje trágico de la revolución y se volvieron a encender los tristes candelabros.
 

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Versión internet: Eduardo Manfut P.
 Historia de Nicaragua, Sucesos del Siglo 20
Regresa al siglo XIX
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DISCLAIMER
Todos los documentos públicados a mi entender son del dominio público, Al hablar del pasado, es mi intención presentar nuestras edades en la historia local por orden cronológico,  Siglos con todas aquellas épocas de guerra y paz, siglos expresados en documentos y pocas escenas narradas por historiadores reconocidos,  Busco los detalles de los grandes eventos, procuro ordenar por meses , o días..Mi intención es  formar una pieza..   espero que todos los documentos disponibles en ésta colección tengan su fuente citada correctamente,  y si no lo és así, favor citarla por e-mail y la corregiré adecuadamente, se trata de poner las piezas de nuestra historia en su lugar .
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Diseño y recopilación de datos por Eduardo Manfut P. (mayo - 2001).