Reproducido en La
Miscelánea, Cojutepeque 1840, Importantísima carta de don
Mariano de Aycinema que revela á las claras las causas de nuestra
unió a al Imperio de Mexico y qué personas fueron en Centro
América los agentes del ambicioso Iturbide. Héla aquí:
"Señor don
José Manuel Herrera
(Reservadísima)
Guatemala, febrero 20 de 1823.
"Mi querido amigo
y señor: Me acuerdo de haber renunciado la gran cruz, con que S.
M. bondadosamente me honró, y también de los motivos sinceros
que expuse para ello.
"Me es hoy tanto
más sensible hallarme en la precisión de quebrantar aquellos
propósitos, ó sean fundamentos de mi carrera pública;
pero hé pesado las cosas detenidamente, me he hecho la reflexión
de que la caridad bien ordenada comienza por uno mismo y no debo ser tan
severo, que me quiera hacer desgraciado para siempre por sólo dar
ensanche á los principios de delicadeza que deben ceder á
los de honor bien entendido. Por otra parte, S.M. el Emperador, por una
casualidad ha venido á conocerme en los días de nuestra gloriosa
independencia: me favorece como no merezco; la muerte cruel, que á
nadie perdona, pudiera arrancárnoslo, así como á Ud,
que igualmente me distingue, y en tal desgracia (que Dios no permita) me
fuera muy difícil enderezar una suerte, tan triste como la preveo.
"Yo, señor
don José manuel, vino á abrir los ojos, cuando la fortuna
de mi casa se veía amenazada allá por el año de 1811,
que de los dos hermanos mayores, que manejaban los negocios, el uno se
fué a España de Consejero, empeñandola en mayores
gastos; y el otro, que era el Marqués, murió agoviado de
pesares públicos y domésticos.
"Poseido yo siempre
de unos sentimientos de honor y cariño á toda mi familia,
formé el propósito de sacrificarme por ella y por la casa
conservase su reputación.
"Mi hermano Juan
Fermín, que murió el año pasado, llevaba aquí
la dirección de los negocios, y yo me condené á vivir
como cuatro años en las haciendas por proporcionarle recursos, para
que pudiese cubrir muvhos créditos que nos atormentaban, sin faltar
al mantenimiento regular de los demás interesados.
" Puede Ud. hacerse
cargo de lo penoso que habré vivido con semejantes empeños,
y sólo me queda la satisfacción de que, aunque por la fatalidad
de los tiempos y del sistema opresor de la España, no hemos podido
desembarazar del todo á la casa, sí la hemos conservado en
regular reputación, porque Dios seguramente quiso premiar nuestras
buenas intenciones, no porque en el estado que tenían las cosas,
parecía imposible atender á tantos deberes.
"Habiendo fallecido,
por los años de 17 y 19, otros dos hermanos, que ya nos ayudaban
al sostén de la casa, y últimamente Juan Fermín el
año pasado, he quedado sólo, para mantener al hermano de
Madrid y su familia, la Marquesa y sus hijos, la viuda de Juan Fermín
y su chiquilla, con otras hermanas, que aunque ya no son partícipes
en el caudal, tienen familias y me es preciso auxiliarlas en algo.
"He vivido y vivo
siempre en apuros de mucho tamaño, aun cuando no existan los motivos
del trastorno de las provincias. Me mantengo en la casa paterna, que por
razón del título es de mi sobrino el Marqués, así
como las fincas que los son propias.
"Aunque por mi estado
soltero y las diversas acciones que reuno en el caudal común, soy
acaso el más interesado, yo no hago gasto ninguno por saber cómo
andan las cosas, y me esfuerzo por que las viudas tengan lo preciso para
mantenerse con decoro. En una palabra, para no fastidiar a Ud., yo en mis
circunstancias, aunque muy amado y respetado de mis familias, que me ven
sacrificarme por ellas, parezco un peregrino ó un arrimado en la
misma casa de mi padre, que fué el primer Marqués. Asi es
que, deseando casarme con una señorita de mis esfera, mas ha de
cinco años, no lo hé podido efectuar, por no hallarme el
caudal con el desahogo que convenía, á pesar de mis continuados
esfuerzos, y poruqe no hago el ánimo de contraer una nueva obligación,
que me haga desatender las que ya Dios me ha puesto de estas familias que
miro con tanto amor y compasión, como que en ellas recuerdo a mis
hermanos.
" Yo no quiero empleo
público ninguno, porque no es esto de mi genio, y de otra parte
es incompatible con mis obligaciones y manejo de la casa, que no hay otro
que la gobierne. Deseara que S. M., por efecto de su magnificiencia me
adelantase una pensión vitalicia de cuatro a cinco mil pesos, que
no recayese sobre la tesorerias de estas provincias, para alejar odiosidades.
Con esto podré yo ponerme en estado y asegurado que no tengo por
este motivo, que afligir más á la csas común mientras
los negocios se presenten tan dificiles, se enderezará mi suerte
no menos que la de una familia propia y tendré la satisfaccion de
que vean lo hago sin desatender á las demás, cosa que no
se ofrezcan disgustos domésticos, etc.
" Nunca hubiera llegado
la vez de parecer interesado. No lo soy, mi buen amigo; sino que Ud. se
pondrá en mi lugar y conocerá que ésta es una necesidad,
una precisión para no verme condenado al celibatismo, menos hoy
que S. M. graciosamente me tiene elevado al rango de gran cruz. Me descubro,
pues, con mi padre, que no tengo otro que el Emperador, y con un amigo
que tantas pruebas me ha dado de su cariño.
"No alego méritos
públicos; porque lo poco que he podido hacer lo debía á
la patria y á la razón . Me hago el cargo de las apuraciones
públicas, y no quiero aumentarlas sino es que se considere mi situación,
cuando buenamente lo permitan las circunstancias del Estado.
" Por último,
advierto á Ud., que concediéndoseme esta pensión,
bien sobre fondos de la orden de Guadalupe ó sobre piezas eclesiasticas
de mitras ó canongías, como lo hacían en Francia en
la época del Abate Bertelemi, que se haga de manera, que no se entienda
haberla yo pedido, y menos que se divulgue demasiado, ocurriéndome
para lo primero el arbitrio de decir, que entre todos los agraciados con
la gran cruz, parece que sólo yo no tengo renta alguna y es preciso
para sostener el decoro, etc.
" Mi juventud hasta
la edad que tengo de 33 años ha sido de trabajos no buscados para
una conducta irregular y deseara algún descanso. "Tenga Ud. la bondad
de poner en el conocimiento de S. M. esta exposición que yo espero
de su fineza haga propio el negocio; quedando también satisfecho,
de que si no tuviera efecto será por algún inconveniente
de justicia, cuyos límites no me he propuesto traspasar.
"Soy de Ud. con la
mayor cordialidad, apasionado y obediente servidor, que atento b.s.m.
Mariano de Aycinena.
Los Escribanos nacionales,
que aquí firmamos, cerificamos que la carta que antecede, que queda
rubricada por nos, es al parecer escrita y firmada por Mariano Aycinena,
según el conocimiento práctico que tenemos de su letra y
firma. Y de orden verbal del C. Jefe departamental, Licenciado Antonio
Rivera, damos la presente en la ciudad de Guatemala, á diez y ocho
de mayo de mil ochocientos veintinueve.- José Domingo Estrada- José
Francisco Gavarrete.
(La Miscelánea,
núm 8 página 32, febrero 24 de 1840).
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Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo 20
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