Desde 1779 los coroneles
ingleses Hodgson y Lee, levantaron los primeros planos del Lago de Nicaragua
y el territorio de Nicaragua, y los remitieron á Londres junto con
otros datos, que debían tenerse á la vista, para formalizar
una incursión armada. Esta no fué como las anteriores, una
correría de aventureros favorecida por los Gobernadores de Jamaica,
sino una Empresa formal, aprobada y sostenida por el Ministro Inglés.
El Secretario de Estado, Lord George Germáin, á quien se
remitieron los planos y trabajos, fué el que arregló los
últimos detalles para la expedición proyectada.
El Castillo de
La Purisima e Inmaculada Concepción de María, Río San
Juan de Nicaragua Era á la
sazón, El Gobernador de Jamaica Mr. John Darling, uno de los más
activos promotores de la empresa, y como tal, el que mereció la
confianza del Gabinete para entender en todo lo conduncente.
Bajo la dirección,
pues de Mr. Darling se aprestó una escuadrilla, compuesta de un
navío de cincuenta y cuatro cañones, nombrado el "Ulisis",
de dos fragatas con otros tantos bergantines y algunos botes chatos.
Esta escuadrilla,
á las ordenes del Coronel J. Polson, debía dar principio
á las órdenes del Coronel J. Polson, debia dar principio
á las operaciones, entre tanto que se aprontaba el grueso de la
expedición en uno de los puertos de Inglaterra.
El 28 de marzo de
1780 llegó la flotilla al puerto de San Juan del Norte; pero ninguna
de las embarcaciones mayores se atrevió á salvar la barra,
á excepción de la corbetta "Hinchinbroock" comandada por
el oficial Horacio Nelson, el mismo que más tarde debía llenar
el mundo con la fam de su nombre y morir coronado de gloria en las aguas
de Trafalgar. nelson contaba entonces veintidos años solamente y
comandaba una Compañía de doscientos hombres.
Niños de El Castillo, la chiquitina luce un lindo vestido rojo
y torbellino, su mascota dijo Yo también quiero salir y se quedó
allí sentado..
El buque de Nelson
pudo subir hasta la Isla de Mico, cerc de la embocadura inferior del san
Juanillo, á donde fué á reunirsele el ersto de la
fuerza invasora, conducida en botes.
Las anteriores tentativas
sobre El Castillo habian puesto sobre aviso á su Comandante don
Juan de Ayssa. Para evitar una sorpersa mandó fortificar la Isla
de Bartola, dos leguas abajo del mismo Castillo, en la cual hizo colocar
cinco pedreros y diez y seis hombres de infanteria y pardos. el sargento,
comandante de ésta avanzada, tenía a su disposición
dos cayucos, con orden terminante de enviar un correo expreso á
la hora en que se presentasen enemigos, cuyo correo, provisto de cohetes
voladores, debía ir disparandolos de trecho entrecho, para anticipar
la noticia y que esta diése tiempo de enviar otro correo, para la
ciudad de Granada, en demanda de auxilio.
Piedras, Musgos
y verdes con grises, me acerco a la naturaleza de éste Trópico
Nicaragüense..Río San JUan de Nicaragua..Fortaleza El Castillo
El día 9 de
abril de 1780, entre las siete y ocho de la mañana, avisaron a los
centinelas del Castillo que subía una pequeña embarcación,
disparando los cohetes convenidos. Inmediatamente mandó don Juan
de Ayssa, un correo á Granada, al Capitán General don Matías
Gálvez, siendo la portadora de los pliegos la misma esposa del Comandante
del Castillo, tanto para ponerse á salvo, como para que trabajara
por la llegada de fuerzas auxiliares.
Y los verdes son mas verdes y más lindos en mi Nicaragua
Los ingleses se
presentaron en la Isla de Bartola, muy temprano de la mañana del
9 y pudieron acercarse bastante, favorecidos por una espesa niebla; pero
apenas fueron observados, se rompirón los fuegos por ambas partes.
Los invasores, guiados por un crecido número de zambos, que tomaban
parte en la accion, se habían desambarcado en el bosque que está
al lado izquierdo de la Isla y parapetados con los árboles hacían
un fuego nutrido. Después de tres horas de combate, en que los defensores
echaró a pique los dos botes con sesenta hombres que tratarón
de asaltar las trincheras, doscientos ingleses vadearon 0 reatguardia el
brazo más angosto del río y cayeron sobre la isla con bastante
ímpetu. Tan solo el sargento español , con cuatro de sus
hombres, pudo salvarse del cayuco que le habían quedado y penetrarse
algunas horas después en el Castillo dando cuenta del suceso.
El Municipio de El Castillo, Muelle se iza las Banderas Nacional y
Municipal como Bienvenida a éstas Tierras históricas.
El Comandante Ayssa
despachó otro correo á Granada, hizo quemar todas las casas
inmediateas al castillo, sembró una fuerte estacada alrededor del
Foso del Sur, hizo provisión de agua y mandó matar cuanto
animal dom0stico se encontró en los alrededores, almacenando las
carnes y cuanto grano pudo conseguir. Después mandó quemar
un fuerte de madera que existía en la parte más alta de la
localidad y que servía de vigía.
A las cuatro de la
tarde del día 11 de abril, se deó ver el enemigo en la márgen
opuesta del río, y dos horas después se rompían los
fuegos que duraron hasta bien entrada la noche.
En este restaurante cena de dos por $10.00 y en otros alrededor la
cifra es aún menor, porsupuesto existen las famosas fritangas por
$2.00 una suculenta carne asada con gallo pinto y maduro con queso..sin
faltar la pitahaya o el cacao. Pero yo preferí una cerveza bien
fría. El ruido de las aguas del Río San Juan son ensordedoras
yet tan tranquilizantes y llenas de romanticismo.
Al amanecer el día
12 se descubrió en la punta del padrasto de las Cruces, que es una
eminencia que se halla ál frente del Castillo y lo domina, una bateria
de cañones y al pie de una cruz una bandera inglesa. El enemigo
tocó la Diana y saludó el pabellón con un hurra prolongado.
Los españoles izaron tambien su bandera, dieron un viva á
Carlos III y rompierón los fuegos de artillería, en medio
de las absoluciones que repartía el Capellán de la Guarnición.
La Fortaleza del
Castillo, aunque habia estado casi en ruinas en años anteriores,
acababa de ser reparada y convenientemente arreglada de orden del Capitán
General Gálvez. em aquella ocasión la defendían más
de doscientos hombres de infantería, diez y seis artilleros, cuarenta
mosqueteros, veinte milicianos y el estado mayor, compuesto del Comandante,
su segundo, el Capitán de ingenieros don Joaquin Isasi y el Capellán.
Había cuatro cañones en la plataforma que daba al río
y treinta y seis en la parte superior de la Fortaleza.
El fuego de la batería
inglesa era terrible y los esfuerzos de los españoles se redujeron
a tratar de inutilizarla, lo que por fin obtuvieron después de seis
horas de nutrido cañoneo.
El día 13,
después de los toques de diana, los ingleses se descubrieron en
el mismo punto de la víspera, dos baterías de cinco cañones,
calibres 4 y 5, colocadas en los dos extremos de la loma.
Del Fuerte San Carlos a la Fortaleza de El Castillo se recorre en 4
1/2 horas.
Catorce horas duró
el cañoneo de este día, cesando el fuego por ambas partes
hasta las ocho de la noche. De la bateria inglesa se habian disparado cuatrocientos
cincuenta cañonazos y las troneras y murallas del Castillo quedaron
tan maltratadas, que la guarnición se ocupó, durante la noche,
en repararlas con cal y mezcla.
El 14 volvierón
á abrirse los fuegos de artillería con muco estrago para
ambas partes.
El 15 fué
reforzada la loma con una tercera batería de obuses ingleses, que
lanzaban proyectiles de calibre nueve y doce.
El 16 continuaron
los fuegos con la misma actividad, y para reparar en parte el destrozo
de las murallas, los sitiados echaron mano de los colchones, maderos y
jergones que tenían, con lo que lograron amortiguar bastante las
balas enemigas.
El 17 se continuó
el cañoneo por ambas partes hasta la seis de la tarde. aprovechando
la oscuridad de la noche, los sitiados bajaban al río a proveerse
de agua y á enterrar sus muertos fuera del recinto de la Fortaleza.
El 18 se supendieron
los fuegos de artillería inglesa. El enemigo se dedicó á
reparar sus baterias y á hacer preparativos de asalto, sin ser molestado
por los del Castillo, que habian concluido sus balas de cañón
y reservaban para caso más extremos una sesenta y tres que les quedaban.
se contentaron con hacer un fuego de fusilería, que duró
todo el día.
Las ventanas tienen
este tipo de drenaje
El 19 amanecieron
los ingleses trabajando atrincheramientos más inmediatos al Castillo,
á las 4 de latarde trataron de asaltar el caballero por medio de
seis grandes escalas, que apoyaron en las murallas: pero un acertado cañoneo
fustró el intento. El Comandante del Castillo reunió un consejo
de oficiales, y se acordó resistir hasta el último extremo
y enviar nuevo aviso a Granada. En esta virtud fueron mandados á
las nueve de la noche, los negros Idelfonso Gutierrez, Vicente Prado y
Juan Guzmán, con pliegos para el Capitán General Gálvez.
Los negros bajaron por las muralla, por una escalera de cuerdas; iban provistos
de viveres para diez días y de lo más necesario para atravesar
las montañas desiertas hasta llegar a las Haciendas de Chontales;
y para el pase del Río, tomaron un cayuco que se hallaba en medio
de dos puertos enemigos, favorecidos por la oscuridad de la noche. Se les
dió cohetes voladores, que debían disparar en el monte, cuando
estuviesen libres de todo peligro, lo cual ejecutaron fielmente en esa
misma noche.
El 20 continuaron
los ingleses perfeccionando su atrincheramientos y haciendo un fuego bastante
escaso con cañones de á cuatro.
El 21 rompió
sus fuegos la artillería del Castillo; pero los ingleses no contestaron,
sino desde la 4 de la tarde, en que atacaron con mucho impetu, hasta las
nueve de la noche, por agua y tierra, y auxiliandose con gran número
de piraguas. Hubo seis muertos y tres heridos en El Castillo, y la aguada
sólo pudo hacerse con mil dificultades hasta en la madrugada.
El 22 al amanecer,
aparecieron los ingleses parapetados tras un nuevo y más inmediato
atrincheramiento, de donde hacían mucho daño, porque ya las
murallas del Castillo estaban casi destruidas. A las 7 de la noche rompieron
un nutrido fuego de fusilería, y los sitiados, temerosos de un asalto
iluminaron los fosos y las inmediaciones del Castillo, con faginasn embreadas,
que arrojaban encendidas desde las murallas.
Asi se pasó
toda la noche..(1) Extractado de los conceptos del diario
que llevó don Juan de Ayssa públicados en los numeros 6 y
siguientes de La Gaceta de Guatemala 1857.
Los ataques nocturnos
impidieron á los defensores de Castillo y abastecerse de agua, y
cansados por la constante fatiga y muertos de sed, se vieron obligados
á capitular con garantia de vida, quedando don Juan Ayssa y la guarnición,
constituidos en prisioneros de guerra, y los ingleses obligados a ponerlos
en uno de los puertos distantes de la América Española, para
que ahi se condujeran donde mejor les pareciese.
Durante el sitio
hubo en El Castillo once soldados muertos, veintiseis heridos mortalmente
y veintitrés de menos gravedad. Don Juan de Ayssa, el Capitán
de ingenieros don Joaquin de Isasi y el teniente de Infanteria don Pedro
Brizio, fuerón tambien heridos durante el sitio, aunque sus heridas
no tuvieron el carácter de graves.
El 3 de mayo fueron
embarcados los prisioneros en canoas y piraguas, tripuladas por zambos
y custodiada por un piquete de treinta soldados ingleses al mando de un
sargento.
Llegarón
a San Juan del Norte el 7 del mismo mes y fueron entregados al Mayor General
Mr. Kempbell, en cuyo buque se les dió de comer.
Tres dias después
hubo una tempestad y murieron dos de los prisioneros, golpeados por un
rayo, que deshizo el árbol mayor del buque.
El 7 de mayo se les
trasladó al Buque Monarch, en el cual debían ser conducidos
á Santiago de Cuba. El 20 se hicieron á la vela, llevando
veinte marineros; pero los vientos contrarios y las calmas no le permitieron
adelantar nada.
Después de
treinta y ocho días de unanavegación infructuosa y de haber
perdido al Cápitan del buque, á diez y seis marineros y á
cincuenta y cinco de los prisioneros, se resolvió regresar a San
JUan, llevando al segundo Cápitan y al piloto enfermos, escasez
completa de viveres y á un sólo marinero bueno con el manejo
de buque.
A los siete días
lograrón dar nuevamente fondo en el San Juan del Norte, en donde
permanecierón cincuenta y un días más, esperando provisiones
y marina. Durante este tiempo la miseria llegó á su colmo
para los pobres prisioneros, á quienes solamente se les suministraba
una escaza ración de carne salada y un poco de galleta podrida y
llena de gusanos.
El 17 de agosto
volvió el Monarch á hacerse á la vela con rumbo á
Santiago de Cuba. Los vientos contrarios, despues de una navegación
fatigosísima, arrojaron á los prisioneros á las costas
de Jamaica. forzaron todo lo posible para doblar el cabo de dicha isla
y se les rompió el mastelero del árbol mayor. Sobrevino nueva
calma y las corrientes llevaron el buque á la Sabana la Mar dond
eel Capitán resolvió estacionar para reparar las averia y
proveerse de viveres y marineros. El 6 de septiembre botaron anclas y se
pusieron en relación con los habitantes del puerto.
el escorbuto, el
hambre y toda clase de miserias habian causado tal estrago en los infelices
prisioneros que habían fallecido ciento nueve de ellos; contándose
en éste número el Capellán don Juan Gutiérrez
y el cadete don Bernardo Cuervo de la Buria. Los restantes se hallaban
enfermos, que no podían auxiliarse los unos á los otros ni
con un poco de agua.
Las autoridades
y los vecinos de Sabana Mar acudieron al socorro de aquellos desgraciados
con cuanto auxilio pudieron; y por su mucha postración quedaron
convaleciendo en tierra don Juan de Ayssa, el teniente don Pedro Brizzio,
don Antonio de Antonioti y el soldado Carlos Aguirre, con orden sí,
de ir a reunirse por tierra en Puerto real con el buque y los demás
prisioneros españoles, que arrojó al mar á la punta
de Lucía.
En el Monarch perecieron
el Capitán Isasi, el Subteniente don Gabino Marínez, noventa
y tres soldados de la guarnición del Castillo, el capitán
del Buque, siete marineros ingleses y ocho prisioneros españoles
tomados en una lancha de Cartagena, que habían apresado en el camino.
Don Juan de Ayssa
y sus tres compañeros, sin un centavo en el bolsillo, sin segunda
camisa que ponerse, sin conocer á nadie y careciendo de todo, tuvieron
que vivir miserablemente en Puerto Real hasta el 23 de diciembre de 1780,
en que una goleta de tránsito para Nueva Orleans, se compadeció
de ellos, los tomó á su bordo y los dejó en La Habana,
de donde se traladaron á Nicaragua á principios del año
de 1781.
El Gobierno Español
ascendió á don Juan de Ayssa á teniente Coronel, á
don Pedro Brizzio á Capitán, con sueldo, á don Antonio
Antonioti á Subteniente de artillería; y al soldado Carlos
Aguirre lo recompensó con un escudo mensual, según consta
en Real Orden de 12 de junio de 1781.
Mientras, tanto,
los ingleses dueños de la Fortaleza El Castillo, por tanto tiempo
codiciada, para adueñarse desde ahí del rsto del país,
mo alcanzarón los resultados que se prometían, por haber
obtenido el triunfo demasiado tarde.
Cerca de dos meses
habian empleado en subir el Río, apoderarse del Castillo y hacer
sus demás preparativos, dando lugar con todo este tiempo á
que las autoridades del pais se pusieran en armas y fortificaran la boca
del lago. Resultaba de todo esto, que al paso que los españoles
se hacían cada vez mas fuerte, con los auxilios que recibían
de San Miguel, Choluteca y otras Provincias inmediatas, en la escuadrilla
inglesa se hallaba todo en el mayor desorden.
Habíanse
extraviado
algunos botes de los que se remitierón á San Juan con los
prisioneros del Castillo, y otros se habían inutilizado; demanera
que los que quedaban eran insuficientes para llevar adelante la comenzada
irrupción.
Aumentaban las dificultades
de los ingleses, la falta de bogas y prácticos, pues los zambos,
con quienes se contó al principio, sa habían ido retirando,
unos por efecto de su natural inconstancia, otros por el tratamiento bárbaro
que recibían. No obstante, las operaciones continuaron, haciendo
de bogas los soldados que , no acostumbrados á ese ejercicio doblemente
penoso en un clima ardiente, sucumbían sin adelantar nada. Así
fué que , a pesar de haber llegado sucesivamente con algunos resfuerzos
considerables, Kempbell, Dalnipmpie y Leith, sólo pudo conseguirse
que subiera hasta el Lago el bote llamado Lord Germain, en el que los españoles
se iamginaron ver un bergantín.
El resto de la expedición
nunca pasó de la inmediaciones del Castillo, en donde la sorprendió
el mal tiempo de las lluvias, que fueron recias y copiosas, y las enfermedades
comenzaron desde luego á producir sus naturales estragos.
.
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo XVII
José
Dolores Gámez serie histórica No. 3
Cap.
XVII
DISCLAIMER
Todos
los documentos públicados a mi entender son del dominio público,
Al hablar del pasado, es mi intención presentar nuestras edades
en la historia local por orden cronológico, Siglos con todas
aquellas épocas de guerra y paz, siglos expresados en documentos
y pocas escenas narradas por historiadores reconocidos, Busco los
detalles de los grandes eventos, procuro ordenar por meses , o días..Mi
intención es formar una pieza.. espero que todos
los documentos disponibles en ésta colección tengan su fuente
citada correctamente, y si no lo és así, favor citarla
por e-mail y la corregiré adecuadamente, se trata de poner las piezas
de nuestra historia en su lugar .