asesinato
de Pedro Joaquín:
“¡Mandaron
a asesinarlo!”;
10 DE ENERO
DEL 2001 / La Prensa
Pedro:
un ideal que vive
Planeaban secuestrarlo y después tirarlo al mar
Varios titulares
de LA PRENSA estremecieron a Nicaragua, cuando se informó del asesinato
de Pedro Joaquín: “¡Mandaron a asesinarlo!”; “El pueblo sabe
quien es el asesino mayor”; “¡Flores, llanto, furia! ¡Mienten
y encubren!” Y los editoriales de Pablo Antonio Cuadra decían: “Su
sangre salpica a toda Nicaragua” y “Todos seremos él”.
Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal en vida y luego, asesinado, cuando era cargado por el
pueblo en las calles de Managua. Fue un periodista valiente que investigó
y denunció la corrupción de la dictadura, hasta que lo mandaron
a matar. Su pensamiento político, profundamente democrático,
sigue vivo. Su legado periodístico será una lección
permanente para las nuevas generaciones de profesionales de la información.
Eduardo Marenco
y Jorge Loáisiga
Veinte y cinco años
y once meses después de la advertencia mortal a PJChC, Sergio García
Quintero recuerda en su casa del barrio San Judas aquella premonitoria
mañana en la que su jefe y amigo personal, el general Heberto Sánchez,
lo llamó para una reunión de urgencia en el Campo de Marte.
En la reunión,
entre otros generales de los que García Quintero no recuerda su
nombre, se encontraba el general Samuel Genie, temible jefe de la Oficina
de Seguridad Nacional (OSN), quien vigilaba todos los pasos de PJChC, sus
visitas, viajes, encuentros y reuniones políticas con la oposición.
En aquella siniestra
reunión del Campo de Marte, se discutieron dos temas: cómo
enjuiciar y/o eliminar a PJChC dentro del Consejo de Guerra que se le seguía
a guerrilleros sandinistas y la urgencia de terminar la “amenaza sandinista”,
deteniendo a todos los que fuera posible e incluso a otros líderes
de la oposición.
“Yo bajé alarmado
del Campo de Marte. Hubo alguien que dijo que la salida era capturar a
Pedro Joaquín, secuestrarlo con un grupo de civiles, meterlo a un
taxi, luego llevarlo a la Fuerza Aérea, asesinarlo, subirlo a un
avión y tirarlo al mar. Hubo un consenso general”, rememora García
Quintero.
El abogado constitucionalista
reseña que “esa idea ya se había manejado algunas veces,
por lo que no causó mayor impacto en los demás, pero para
mí sí, la cuestión tomó tal cariz que se tuvo
la impresión de que eso quedó aceptado”.
Uno de los abogados,
asesor de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), sostenía que había
que capturar a PJChC y meterlo en el Consejo de Guerra, en el que también
estaba Tomás Borge. “Durante la reunión, pedí venia
al general Sánchez para poder hablar y yo dije que eso era un solemne
desatino, porque era impertinente desde el punto de vista legal y un error
de tipo político, porque Pedro no era un ciudadano común.
Se pretendía acomodar con pruebas falsas un juicio contra PJChC,
una figura clave de la política nicaragüense”.
A pesar de que Pedro
Joaquín tomó en serio por primera vez una amenaza de muerte
en su contra, no usaba guardaespaldas ni revólver y en una ocasión
que lo intentó llevar consigo lo dejó olvidado en una reunión
política, según consta en su Diario Político.
Sin embargo, “él
tomó en serio mi advertencia, lo vi impactado, le dije que se lo
quería decir a Doña Margarita Cardenal pero él me
pidió que no lo hiciera”, señala García Quintero.
TRES AÑOS
DESPUES MANDARON A ASESINARLO
Días antes
de morir, LA PRENSA había publicado la serie periodística
“Crónicas del Vampiro”, como tituló la denuncia del tráfico
de sangre de los pobres que hacía Plasmaféresis, empresa
del cubanoamericano Pedro Ramos.
LA PRENSA, como principal
baluarte de lucha contra la corrupción, había publicado las
historias inverosímiles entre las que se destacaba el masivo tráfico
de tierras de parte de Somoza y sus allegados, donde se construirían
carreteras nuevas.
“Pedro sacó
todo eso en LA PRENSA y yo me dije: ‘Pedro se está jugando la vida,
porque lo sacó con una valentía que provocaba escándalo’.
Pedro se jugó la vida con sus publicaciones, eso es una de las cosas
que sumó más en las mentalidades siniestras de quienes querían
eliminarlo, la publicación de las inverosímiles”, dice García
Quintero.
Doña Violeta
Chamorro, viuda de PJChC, recuerda en sus memorias que días antes
de morir, en enero de 1978, “los amigos de Pedro le advirtieron una vez
más que por todo Managua circulaban rumores de planes para asesinarlo.
Le advirtieron que los artículos sobre Plasmaféresis representaban
un desafío mayor y más directo al dictador que cualquier
cosa que se hubiera atrevido a hacer antes, pues todo el mundo sabía
que Anastasio Somoza era socio secreto de la empresa”.
El día que
lo iban a matar, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal se levantó
temprano y se vistió rápido para dirigirse a LA PRENSA, no
sin antes recibir un beso final de su nieta Valentina y subió solo
al Saab de dos puertas recién comprado, en un corto viaje sin retorno.
A PJChC lo seguían
desde hacía una semana pero él no detectó los dos
vehículos que lo chequeaban un poco después de las ocho de
la mañana. Uno de los vehículos, un Toyota verde chocó
por detrás el Saab de Pedro Joaquín y luego otro vehículo
lo interceptó, empujándolo hacia la acera y haciéndolo
chocar contra un poste de tendido eléctrico en una esquina de la
Calle Trébol, justo frente a donde hoy es la Asamblea Nacional.
Los asesinos salieron
del vehículo y descargaron a quemarropa los perdigones de la escopeta
calibre 30 de fabricación francesa, sobre la humanidad de Pedro
Joaquín, quien murió sobre el manubrio cerca de las ocho
y media de aquel 10 de enero de 1978.
LOS ASESINOS
Según los
relatos periodísticos de LA PRENSA de entonces, Silvio Vega fue
el conspirador que condujo uno de los vehículos y contrató
a los asesinos. Al confesar, dijo que Silvio Peña le había
pagado 3,000 dólares para matar a un enemigo del “jefe” al tiempo
que le prometieron abogados que serían pagados por Cornelio Hueck
y Fausto Zelaya. Peña amenazó con matar a la familia de Vega
cuando éste intentó echarse para atrás.
Domingo Acevedo y
Harold Cedeño “El Cínico”, fueron quienes dispararon los
escopetazos a quemarropa contra Pedro Joaquín, impactándole
el pecho, el abdomen, el rostro y el hombro derecho.
Cuando Silvio Peña
fue capturado en Chinandega delató a Cornelio Hueck, quien había
enjuiciado a Pedro Joaquín por injurias; a Pedro Ramos, el cubano
de Plasmaféresis; a Fausto Zelaya, que era presidente del Banco
de la Vivienda y a El Chigüín, según las memorias de
Doña Violeta Barrios de Chamorro.
Silvio Peña
dijo que había recibido 5,000 dólares por matar a Pedro Joaquín.
En la cárcel, Peña se convirtió en el “rey” del penal
de Tipitapa, donde administraba una surtida pulpería, arreglaba
encuentros maritales para los reos y permisos para salir del penal entre
otros favores, como todo un Don de la cárcel, según una fuente
policial.
Las autoridades del
sistema penitenciario negaron acceso a LA PRENSA para conocer los expedientes
de conducta de los asesinos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,
una solicitud hecha desde el pasado 12 de diciembre.
Hoy, los asesinos
de Pedro Joaquín se encuentran libres, beneficiados por un indulto
que les concedió el gobierno de Doña Violeta Barrios de Chamorro.
LA VERSION DE SOMOZA
En “Nicaragua Traicionada”,
el libro que Anastasio Somoza Debayle escribió con ayuda de Jack
Cox, un especialista en asuntos latinoamericanos, luego de salir de Nicaragua,
el dictador confiesa que la noticia de la muerte de PJChC era “espantosa”
y culpa a Pedro Ramos, su socio, del asesinato del mártir.
“Yo había
terminado mis ejercicios regulares, me había dado una ducha y me
preparaba a comenzar mi tarea cotidiana. Una llamada por teléfono
me informó que Pedro Joaquín Chamorro había sido balaceado
y que estaba muerto. La noticia era espantosa”, relata Somoza.
Incluso, Somoza esperó
lo peor después de la muerte de PJChC. “Recuerdo haber dicho en
alta voz: ‘Dios mío vamos a tener otro Bogotazo en Managua’ ”, dice
textualmente el escrito del dictador.
El bogotazo es el
nombre con que se conocen los acontecimientos violentos ocurridos en Bogotá,
Colombia, en 1948 después de la muerte del dirigente liberal colombiano
Jorge E. Gaytán.
En su libro, Somoza
acusa directamente a Pedro Ramos, el dueño de la exportadora de
sangre de nicaragüenses, que según PJChC al 30 de junio de
1974 había tenido ganancias hasta por casi nueve millones de córdobas,
algo “verdaderamente criminal”.
El dictador dice
en su texto que la historia de Silvio Peña era que él había
matado a Chamorro siguiendo instrucciones y habiendo sido pagado para ello
por “un tal Dr. Pedro Ramos que administraba la planta del Centro de Plasmaféresis
de Centroamérica en Managua”.
“En otras palabras,
Peña admitió ser un asesino a sueldo contratado por Ramos”,
precisa Somoza.
Hace hincapié
en que, según él, era público y notorio que Ramos
tenía un pleito pendiente contra PJChC por difamación. “En
realidad lo que provocó la muerte de Chamorro fue su ataque extremado
al Dr. Ramos”, dice Somoza.
El 14 de enero de
1978, Ramos habría declarado a Radio Corporación desde la
ciudad de Miami: “Eso parece un cuento de las mil y una noche, una novelita.
Es algo estúpido e imbécil la acusación que se me
hace en el sentido de que yo pagué para que mataran al doctor Pedro
Joaquín Chamorro”, al negar su participación en el asesinato
del Mártir de las Libertades Públicas.
Todavía no
hay certeza absoluta con relación a quiénes fueron los autores
intelectuales del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
“Hay un velo de misterio, todavía están bajo la sombra quienes
movieron los hilos, pienso que los autores materiales o nunca supieron
realmente para quiénes trabajaron o la información estuvo
tan bien compartimentada que los responsables ante los tribunales nunca
quisieron decir quién los contrató”, dice García Quintero.
Las pistas conducen
a Pedro Ramos, socio de Somoza en Plasmaféresis, según demostró
LA PRENSA. PJChC escribió en las páginas finales de su Diario
Político: “De Somoza se dirá no sólo que derramó
la sangre de su pueblo, sino que la vendió en el extranjero”.
UNA PROPUESTA INDECOROSA
A inicios de 1950,
Sergio García Quintero fue durante cuatro meses corrector de pruebas
de LA PRENSA, cuando Saturnina Guillén se fracturó una pierna.
Laboró incluso con el director del diario en aquel entonces, Pedro
Joaquín Chamorro Zelaya.
Su padre, Octavio
García, fue redactor de LA PRENSA en la época de Alejandro
Cuadra, Manolo Cuadra, entre otros. García Quintero fue abogado
de Edgar Santos Fernández y Guillermo Gómez Brenes, procesados
por la invasión de Olama y Mollejones, en la que participó
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Sirvió de
correo entre PJChC y Doña Margarita Cardenal, así como para
Doña Violeta Barrios de Chamorro, cuando el mártir se encontraba
encarcelado en la Loma de Tiscapa.
El general Anastasio
Somoza García le ofreció a García Quintero ser defensor
de oficio de los 117 reos a cambio de un pago de mil córdobas por
cada uno de ellos. “Era como hablar de tres millones de córdobas
de hoy, la propuesta me aturdió, yo le pregunté a mis padres
qué debía hacer y mi padre me dijo que debía ser una
decisión mía y decidí no aceptar”.
En el Diario de un
Preso, escrito por PJChC, en la página 193, el Mártir de
las Libertades Públicas señala: “Hoy escuché la historia
de un joven abogado a quien invitaron ser defensor de oficio... El acusador
le ofreció buen dinero si aceptaba pero el muchacho recordó
a Judas. ‘La suma es gruesa’, me dijo. ‘Yo soy pobre y hubiera llenado
muchas de mis actuales aspiraciones con ella. Pero, ¿cómo
iba a poder dormir tranquilo después de vender a alguien?’ (...)
Pero el muchacho no aceptó la oferta”. LA PRENSA.
10 DE ENERO
DEL 2001 / La Prensa
Pedro Joaquín
recibió una advertencia fatal
En febrero de 1975, el Dr. Sergio García Quintero bajó apresuradamente
del Campo Marte, para advertirle al Director Mártir de LA PRENSA
sobre un complot criminal en su contra
Eduardo Marenco
y Jorge Loáisiga
nacionales@laprensa.com.ni
La mañana
del 11 de febrero de 1975, bajo Ley Marcial y suspendidas las garantías
constitucionales, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJChC) recibió
la primera advertencia creíble de que lo iban a matar.
El abogado Sergio
García Quintero, en aquel entonces asesor legal de Aeronaútica
Civil, bajó apresuradamente del Campo de Marte en la explanada de
la Loma de Tiscapa y se dirigió a la calle El Triunfo, donde se
ubicaban las instalaciones del diario LA PRENSA. Venía de participar
de una siniestra encerrona.
García Quintero
había estado minutos antes en una reunión del Estado Mayor
de la Guardia Nacional, coordinada por el General Heberto Sánchez
y en la que no estuvo presente ni Anastasio Somoza Portocarrero “El Chigüín”,
ni el general Anastasio Somoza Debayle, quien se encontraba fuera del país.
En la reunión
se había logrado consensuar un “bárbaro” plan de asesinato
que García Quintero contó de inmediato a PJChC: “Dice él
que se trata de secuestrarme (por unos civiles) llevarme a la Fuerza Aérea
y luego tirarme desde un avión al mar”, escribió Pedro Joaquín
en su Diario Político dos días después.
Fue esta advertencia
la que motivó al Mártir de las Libertades Públicas
a iniciar su Diario Político, “porque están pasando cosas
inusitadas”.
“Dice S. que delante
de su Jefe hablaron de eliminarme, lo cual muchas veces se ha dicho, y
cuando lo repiten, por un oído me entra y me sale por el otro, pero
esta vez me relató un proyecto tan bárbaro como para fruncirle
el estómago a cualquiera”, dijo PJChC en su Diario.
11 DE AGOSTO DEL 2000 / La Prensa
Entrevista con "El
Chigüin"
Crimen del Dr. Chamorro
persigue a los Somoza
El pueblo enardecido salió a protestar a las calles, mientras tanto,
el general Anastasio Somoza Debayle ordenó a la Guardia Nacional
a reconcentrarse en sus cuarteles
El asesinato
del director del diario LA PRENSA es considerado por Somoza Portocarrero
como el hecho decisivo que desencadenó el recrudecimiento de las
protestas y de la resistencia contra el gobierno de su familia
"Yo le pedía
al general (Anastasio Somoza) que se hiciera la investigación, porque
si no me lo echaban a mí y yo no fui", asegura Anastasio Somoza
Portocarrero, "El Chigüín".
Xiomara Chamorro
Tercera Entrega.-
El tema lo agita. No olvida aquel ramo de flores despedazado por una multitud
que consideró cinismo su pésame a la familia de Pedro Joaquín
Chamorro, Director Mártir del diario LA PRENSA. Se dio cuenta que
la opinión pública lo señalaba como el responsable
intelectual del magnicidio.
El régimen
nunca convenció con su investigación y Anastasio Somoza Portocarrero
considera que ése fue un gran error histórico. Señala
que a pesar de su insistencia para que el asunto se aclarara, la investigación
se sumió en un "inexplicable impasse".
Rogó a su
padre Anastasio Somoza Debayle que revelara la identidad de los autores
intelectuales, pero no fue sino hasta después de su derrocamiento
y en el exilio, que Somoza Debayle señaló a Pedro Ramos,
un mafioso cubano-norteamericano, como el autor intelectual del asesinato
de Chamorro, cometido por matones a sueldo el 10 de enero de 1978.
"Chamorro no comprendía
que Ramos, siendo cubano había sido criado bajo un código
moral diferente que el suyo. Obviamente tenía un temperamento más
volátil y determinó, aparentemente, que una satisfacción
personal era el único recurso que le quedaba. En ese momento decidió
pagarle a Silvio Peña para que matara a Chamorro", relata Somoza
Debayle en su libro "Nicaragua traicionada", al referirse a las continuas
denuncias de LA PRENSA contra el negocio de plasma dirigido por Ramos.
El asesinato del
director del diario LA PRENSA es considerado por Somoza Portocarrero como
el hecho decisivo que desencadenó el recrudecimiento de las protestas
y de la resistencia contra el gobierno de su familia.
"Yo diría
que el momento crítico, central de toda la Insurrección fue
la muerte del doctor Chamorro, porque ahí sí que nos preguntamos,
¿qué se hace?, tenemos a los que lo mataron, tenemos que
encontrar al que lo ideó".
LP: ¿Y quien
lo ideó?
ASP: "Ahí
hay dos teorías: una es que fue este señor que estaba involucrado
en la Plasmaféresis y la otra es la teoría que fueron los
sandinistas".
LP: Pero hay otra
teoría que dicen que fue usted.
ASP: "¡¿Yo?!.
¡Ni loco!. Ahí sí que no. Yo más bien quiero
que averigüen y ojalá hubiera averiguado doña Violeta".
LP: Pero el que tenía
todo el poder de investigar la muerte del doctor Chamorro era el gobierno
y resulta inconcebible que con todo el control que tenía el general
Somoza sobre la Guardia, que a la vez era Policía, no supiera quién
lo hizo. El mismo Somoza dijo que le había hecho un gran daño
el asesinato del doctor Chamorro, ¿por qué entonces no ordenó
que le presentaran a los que habían inventado semejante barbarie?,
¿Por qué no los entregaron?. Es impensable que con tanto
control y poder no iban a saber quiénes eran los autores intelectuales
de un magnicidio semejante.
ASP: "Yo voy a decir
lo que sé. Yo estaba en mi oficina con uno de los militares de Estados
Unidos cuando recibí una llamada de don José (Somoza) y me
dijo: Hijó, acaban de asesinar al doctor Chamorro, veníte
para acá, (para el Batallón Blindado). Cuelgo y el gringo
me pregunta que qué me pasa, que estoy pálido.
Cuando llegué,
me encontré a don José con los ojos pelados y me dice: Hijó,
¿quien le va a decir a tu papá?. "Yo", le digo. Entonces
agarré el teléfono y le dije: "Señor, esto y esto
acaba de pasar" y yo me acuerdo que el general (Somoza Debayle) al otro
lado sólo decía: Chocho, chocho. Como cuatro veces. Entonces
me dijo que le pusiera a mi tío José de vuelta.
Acuérdese
que estábamos con lo del corazón del general y Dios guarde
darle malas noticias, pero tocaba, y yo le daba las malas noticias y aquel
señor se puso, pero volado a averiguar quién fue y creo que
en 48 horas agarraron a todos los que participaron. A mí me mandaron
de vuelta a mi cuartel y ¡todo el mundo a ponerse como puerco espín!.
Para nosotros fue
una cosa tremenda. Yo me acuerdo que cuando estaban llevando al doctor
Chamorro a LA PRENSA, que quemaron media carretera norte, la orden era:
¡Ni se acerquen a esa gente!, porque igual de asustados estábamos
todos nosotros, porque para nosotros ésa era la hecatombe, a tal
extremo que el general sale de los canales normales de investigación
y habla con los oficiales de más confianza personal para él
y les dice: "Agárrenme a estos señores" y los agarraron.
Ahora, de la agarrada
de esta gente para adelante, ahí sí le puedo decir que fue
un desastre por el cual hemos pagado todos de una u otra manera, porque
había gente como yo que querían que llamaran al FBI, a quien
fuera, para que investigara eso.
A mí me estaban
poniendo el muerto, yo pedía entonces que mandaran a traer a alguien
porque yo no tenía nada que ver en eso y mucho menos en la muerte
del hombre".
LP: Si fue Ramos,
¿en algún momento el general Somoza pensó que lo mejor
era no decirlo porque era su amigo, su socio, y podían involucrarlo
a él por la cercanía de negocios que había?
ASP: "¿Y cuál
era el negocio que había?".
LP: En una lista
de propiedades de los Somoza publicadas en la época aparece Plasmaféresis,
aunque el general dijo que de Plasmaféresis lo único de que
era dueño era del terreno y el edificio, pero aparecía en
esa lista y por lo tanto se consideraba un negocio de Somoza, además
del grado de amistad con Ramos. ¿Con todo eso, hubiera publicado
los resultados de la investigación?
ASP: "Yo vi que capturaron
a los que mataron al doctor, vi que hicieron los esfuerzos por averiguar
internamente quién diablos fue el que había mandado a pagar
esto. Salió Ramos, salió Plasmaféresis.
La investigación
la manejaron muy... ahí ni me dejaban entrar, pero tampoco no quería
ni acercarme, porque eso era como la peste, nadie quería estar ni
cerca de la investigación.
A mí que me
registren y me den un polígrafo (detector de mentiras), lo que quieran,
porque eso era tremendo y para su familia debe haber sido horrendo, yo
tuve que vivir una situación familiar similar un par de años
después en Paraguay, pero a nivel familiar obviamente, no voy a
comparar a las personas, pero sí, la investigación llegó
a un impasse y ese impasse lo protestamos todos los que estábamos
nombrados de dedo por la opinión pública, y yo le pedía
al general que se hiciera la investigación porque si no me lo echaban
a mí y yo no fui.
Yo sé que
vos no fuiste, me decía. Y sé que usted tampoco, le decía
yo. Entonces, ¿quién fue?. Ahí yo diría que
fue una de las grandes fallas, como todo momento histórico en la
vida".
LP: ¿Qué
provocó ese impasse en la investigación?
ASP: "No sé.
El que podría decir eso es el general Samuel Genie porque era el
jefe de seguridad y ahí él estaba más de cerca. Lo
voy a pintar así: Viene la tragedia del doctor Chamorro, viene el
penosísimo incidente, en que obviamente, sintiendo que es una cosa
tremenda que ha muerto el papá de Cristiana, el papá de estos
muchachos que en realidad no teníamos mala relación.
La primera vez que
me doy cuenta que me señalan a mí, por afecto o por decencia
civil, que es lo que yo hubiera esperado si le pasara a mi papá,
mandamos unas flores y me acuerdo aquella cosa. Primero fue estupidez de
mi parte, insensibilidad de mi parte y tercero, bruto. ¡Ideay!, Si
tenía 26 años.
Pero por otro lado
me di cuenta que me la estaban echando a mí, entonces fui donde
el general y le dije que averiguara bien esa cosa, porque si no a mí
me la iban a echar de por vida".
LP: ¿Pero
no le exigió el general Somoza a Genie que le dijera?. Después
de todo el general mandaba a la redonda.
ASP: "Por eso digo
que yo hubiera deseado que doña Violeta averiguara quién
fue, yo quiero averiguar quién fue el que mandó a matar a
mi papá y no voy a descansar hasta averiguarlo, el día que
lo averigüe, Dios me dé el valor para perdonarlo, porque creo
que es lo único que Dios pide de uno, perdonar en el momento más
doloroso. Pero que voy a averiguar, voy a averiguar, si es que no lo sé
ya, porque no descansaría tranquilo".
LP: ¿Y cuál
es su sospecha?
ASP: "¿Quiere
que le diga la verdad?. Habiendo sido víctima de quién es
su sospecha, yo hasta que le ponga el dedo voy a hablar, nunca voy a someter
yo a un cristiano a ese tipo de situación. Si hay algo que no entiendo
y que me parece un oportunismo político terrible, es usar la muerte
del doctor Chamorro y no haber investigado. ¿Se imagina usted a
doña Violeta pidiendo al mundo, al FBI, al Scotland Yard que la
ayuden a averiguar quién fue?. Ya hubiéramos sabido quién
es el hombre, ya hubiéramos sabido la verdad".
LP: ¿Pero
por qué el gobierno de su padre no lo dijo en su momento?, ¿Por
qué Genie no habló?
ASP: "Es que Genie
no estaba a cargo de la investigación, era el jefe de seguridad,
pero se saltaron a la seguridad".
LP: Entonces, ¿quién
tenía la investigación?
ASP: "La investigación
inicial la tenía un grupo de oficiales, un coronel Gómez
entre ellos, pero el que tiene el detalle claro de eso es Samuel, porque
a ése lo saltaron y nos encontrábamos y le decía:
Sammy, a vos te van a echar el muerto o a mí, pero tenemos que averiguar.
Porque cuando mandan
a arrestar esta gente y comienza la fase indagatoria, eso se traba en una
larga, interminable serie de audiencias y condenan a Peña y a los
asesinos materiales y nunca se pasa de ahí y ya después de
la segunda tanteada, uno dice ¡que hagan algo!, pero ya la reacción
es más como que no nos van a ayudar, eso fue algo que nunca entendí
y es hoy y estoy dispuesto a hacer lo necesario para que se averigüe
porque creo es para nosotros, como familia, lo peor de lo peor, porque
pueden decir que fue el régimen, pero este servidor y yo sé
que mi papá, Dios te salve que estuviéramos metido en tocarle
un pelo a este señor".
LP: Pero un hombre
con tanto poder y capacidad de llamar a sus oficiales y exigirles resultados
de la investigación y no fue así. Usted mismo dice que no
comprende que pasó con esa investigación...
ASP: "Véalo
con lógica, que es como a mí me lo explicaron: Muere el doctor
Chamorro y se cumple la orden de captura de los autores materiales y se
encuentran con un Silvio Peña y la pregunta es ¿qué
hacés con Silvio Peña, con los activos de investigación
que tenés en el país?, porque ahí no había
ofrecimientos del FBI para averiguar nada.
Entonces con los
activos internos había dos problemas: tenés un Peña
que les pagó, que se planta y dice hasta aquí nomás,
¿qué hacés?. Le tocás un pelo a Peña,
va a decir que es mentira porque lo torturastes, agarrás a Peña
y le hacés una barbaridad, entonces lo que diga no es cierto porque
lo tocastes, parece estúpido, pero es el tipo de impasse con que
te encontraste".
LP: El siempre dijo
que había grandotes.
ASP: "Pues me encantaría
saber quiénes son esos grandotes y que lo pruebe, porque, ¿qué
pasó con Peña?, lo soltaron los sandinistas".
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Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo 20
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