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Colección de Documentos Históricos 

 
 asesinato de Pedro Joaquín: 
“¡Mandaron a asesinarlo!”;

 10 DE ENERO DEL 2001 /  La Prensa
Pedro: un ideal que vive

    Planeaban secuestrarlo y después tirarlo al mar 
 Varios titulares de LA PRENSA estremecieron a Nicaragua, cuando se informó del asesinato de Pedro Joaquín: “¡Mandaron a asesinarlo!”; “El pueblo sabe quien es el asesino mayor”; “¡Flores, llanto, furia! ¡Mienten y encubren!” Y los editoriales de Pablo Antonio Cuadra decían: “Su sangre salpica a toda Nicaragua” y “Todos seremos él”. 

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en vida y luego, asesinado, cuando era cargado por el pueblo en las calles de Managua. Fue un periodista valiente que investigó y denunció la corrupción de la dictadura, hasta que lo mandaron a matar. Su pensamiento político, profundamente democrático, sigue vivo. Su legado periodístico será una lección permanente para las nuevas generaciones de profesionales de la información.

Eduardo Marenco 
y Jorge Loáisiga
Veinte y cinco años y once meses después de la advertencia mortal a PJChC, Sergio García Quintero recuerda en su casa del barrio San Judas aquella premonitoria mañana en la que su jefe y amigo personal, el general Heberto Sánchez, lo llamó para una reunión de urgencia en el Campo de Marte. 

En la reunión, entre otros generales de los que García Quintero no recuerda su nombre, se encontraba el general Samuel Genie, temible jefe de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), quien vigilaba todos los pasos de PJChC, sus visitas, viajes, encuentros y reuniones políticas con la oposición. 

En aquella siniestra reunión del Campo de Marte, se discutieron dos temas: cómo enjuiciar y/o eliminar a PJChC dentro del Consejo de Guerra que se le seguía a guerrilleros sandinistas y la urgencia de terminar la “amenaza sandinista”, deteniendo a todos los que fuera posible e incluso a otros líderes de la oposición. 

“Yo bajé alarmado del Campo de Marte. Hubo alguien que dijo que la salida era capturar a Pedro Joaquín, secuestrarlo con un grupo de civiles, meterlo a un taxi, luego llevarlo a la Fuerza Aérea, asesinarlo, subirlo a un avión y tirarlo al mar. Hubo un consenso general”, rememora García Quintero. 

El abogado constitucionalista reseña que “esa idea ya se había manejado algunas veces, por lo que no causó mayor impacto en los demás, pero para mí sí, la cuestión tomó tal cariz que se tuvo la impresión de que eso quedó aceptado”. 

Uno de los abogados, asesor de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), sostenía que había que capturar a PJChC y meterlo en el Consejo de Guerra, en el que también estaba Tomás Borge. “Durante la reunión, pedí venia al general Sánchez para poder hablar y yo dije que eso era un solemne desatino, porque era impertinente desde el punto de vista legal y un error de tipo político, porque Pedro no era un ciudadano común. Se pretendía acomodar con pruebas falsas un juicio contra PJChC, una figura clave de la política nicaragüense”. 

A pesar de que Pedro Joaquín tomó en serio por primera vez una amenaza de muerte en su contra, no usaba guardaespaldas ni revólver y en una ocasión que lo intentó llevar consigo lo dejó olvidado en una reunión política, según consta en su Diario Político. 

Sin embargo, “él tomó en serio mi advertencia, lo vi impactado, le dije que se lo quería decir a Doña Margarita Cardenal pero él me pidió que no lo hiciera”, señala García Quintero. 

TRES AÑOS DESPUES MANDARON A ASESINARLO 

Días antes de morir, LA PRENSA había publicado la serie periodística “Crónicas del Vampiro”, como tituló la denuncia del tráfico de sangre de los pobres que hacía Plasmaféresis, empresa del cubanoamericano Pedro Ramos. 

LA PRENSA, como principal baluarte de lucha contra la corrupción, había publicado las historias inverosímiles entre las que se destacaba el masivo tráfico de tierras de parte de Somoza y sus allegados, donde se construirían carreteras nuevas. 

“Pedro sacó todo eso en LA PRENSA y yo me dije: ‘Pedro se está jugando la vida, porque lo sacó con una valentía que provocaba escándalo’. Pedro se jugó la vida con sus publicaciones, eso es una de las cosas que sumó más en las mentalidades siniestras de quienes querían eliminarlo, la publicación de las inverosímiles”, dice García Quintero. 

Doña Violeta Chamorro, viuda de PJChC, recuerda en sus memorias que días antes de morir, en enero de 1978, “los amigos de Pedro le advirtieron una vez más que por todo Managua circulaban rumores de planes para asesinarlo. Le advirtieron que los artículos sobre Plasmaféresis representaban un desafío mayor y más directo al dictador que cualquier cosa que se hubiera atrevido a hacer antes, pues todo el mundo sabía que Anastasio Somoza era socio secreto de la empresa”. 

El día que lo iban a matar, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal se levantó temprano y se vistió rápido para dirigirse a LA PRENSA, no sin antes recibir un beso final de su nieta Valentina y subió solo al Saab de dos puertas recién comprado, en un corto viaje sin retorno. 

A PJChC lo seguían desde hacía una semana pero él no detectó los dos vehículos que lo chequeaban un poco después de las ocho de la mañana. Uno de los vehículos, un Toyota verde chocó por detrás el Saab de Pedro Joaquín y luego otro vehículo lo interceptó, empujándolo hacia la acera y haciéndolo chocar contra un poste de tendido eléctrico en una esquina de la Calle Trébol, justo frente a donde hoy es la Asamblea Nacional. 

Los asesinos salieron del vehículo y descargaron a quemarropa los perdigones de la escopeta calibre 30 de fabricación francesa, sobre la humanidad de Pedro Joaquín, quien murió sobre el manubrio cerca de las ocho y media de aquel 10 de enero de 1978. 

LOS ASESINOS 

Según los relatos periodísticos de LA PRENSA de entonces, Silvio Vega fue el conspirador que condujo uno de los vehículos y contrató a los asesinos. Al confesar, dijo que Silvio Peña le había pagado 3,000 dólares para matar a un enemigo del “jefe” al tiempo que le prometieron abogados que serían pagados por Cornelio Hueck y Fausto Zelaya. Peña amenazó con matar a la familia de Vega cuando éste intentó echarse para atrás. 

Domingo Acevedo y Harold Cedeño “El Cínico”, fueron quienes dispararon los escopetazos a quemarropa contra Pedro Joaquín, impactándole el pecho, el abdomen, el rostro y el hombro derecho. 

Cuando Silvio Peña fue capturado en Chinandega delató a Cornelio Hueck, quien había enjuiciado a Pedro Joaquín por injurias; a Pedro Ramos, el cubano de Plasmaféresis; a Fausto Zelaya, que era presidente del Banco de la Vivienda y a El Chigüín, según las memorias de Doña Violeta Barrios de Chamorro. 

Silvio Peña dijo que había recibido 5,000 dólares por matar a Pedro Joaquín. En la cárcel, Peña se convirtió en el “rey” del penal de Tipitapa, donde administraba una surtida pulpería, arreglaba encuentros maritales para los reos y permisos para salir del penal entre otros favores, como todo un Don de la cárcel, según una fuente policial. 

Las autoridades del sistema penitenciario negaron acceso a LA PRENSA para conocer los expedientes de conducta de los asesinos de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, una solicitud hecha desde el pasado 12 de diciembre. 

Hoy, los asesinos de Pedro Joaquín se encuentran libres, beneficiados por un indulto que les concedió el gobierno de Doña Violeta Barrios de Chamorro. 

LA VERSION DE SOMOZA 

En “Nicaragua Traicionada”, el libro que Anastasio Somoza Debayle escribió con ayuda de Jack Cox, un especialista en asuntos latinoamericanos, luego de salir de Nicaragua, el dictador confiesa que la noticia de la muerte de PJChC era “espantosa” y culpa a Pedro Ramos, su socio, del asesinato del mártir. 

“Yo había terminado mis ejercicios regulares, me había dado una ducha y me preparaba a comenzar mi tarea cotidiana. Una llamada por teléfono me informó que Pedro Joaquín Chamorro había sido balaceado y que estaba muerto. La noticia era espantosa”, relata Somoza. 

Incluso, Somoza esperó lo peor después de la muerte de PJChC. “Recuerdo haber dicho en alta voz: ‘Dios mío vamos a tener otro Bogotazo en Managua’ ”, dice textualmente el escrito del dictador. 

El bogotazo es el nombre con que se conocen los acontecimientos violentos ocurridos en Bogotá, Colombia, en 1948 después de la muerte del dirigente liberal colombiano Jorge E. Gaytán. 

En su libro, Somoza acusa directamente a Pedro Ramos, el dueño de la exportadora de sangre de nicaragüenses, que según PJChC al 30 de junio de 1974 había tenido ganancias hasta por casi nueve millones de córdobas, algo “verdaderamente criminal”. 

El dictador dice en su texto que la historia de Silvio Peña era que él había matado a Chamorro siguiendo instrucciones y habiendo sido pagado para ello por “un tal Dr. Pedro Ramos que administraba la planta del Centro de Plasmaféresis de Centroamérica en Managua”. 

“En otras palabras, Peña admitió ser un asesino a sueldo contratado por Ramos”, precisa Somoza. 

Hace hincapié en que, según él, era público y notorio que Ramos tenía un pleito pendiente contra PJChC por difamación. “En realidad lo que provocó la muerte de Chamorro fue su ataque extremado al Dr. Ramos”, dice Somoza. 

El 14 de enero de 1978, Ramos habría declarado a Radio Corporación desde la ciudad de Miami: “Eso parece un cuento de las mil y una noche, una novelita. Es algo estúpido e imbécil la acusación que se me hace en el sentido de que yo pagué para que mataran al doctor Pedro Joaquín Chamorro”, al negar su participación en el asesinato del Mártir de las Libertades Públicas. 

Todavía no hay certeza absoluta con relación a quiénes fueron los autores intelectuales del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. “Hay un velo de misterio, todavía están bajo la sombra quienes movieron los hilos, pienso que los autores materiales o nunca supieron realmente para quiénes trabajaron o la información estuvo tan bien compartimentada que los responsables ante los tribunales nunca quisieron decir quién los contrató”, dice García Quintero. 

Las pistas conducen a Pedro Ramos, socio de Somoza en Plasmaféresis, según demostró LA PRENSA. PJChC escribió en las páginas finales de su Diario Político: “De Somoza se dirá no sólo que derramó la sangre de su pueblo, sino que la vendió en el extranjero”. 

UNA PROPUESTA INDECOROSA 

A inicios de 1950, Sergio García Quintero fue durante cuatro meses corrector de pruebas de LA PRENSA, cuando Saturnina Guillén se fracturó una pierna. Laboró incluso con el director del diario en aquel entonces, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya. 

Su padre, Octavio García, fue redactor de LA PRENSA en la época de Alejandro Cuadra, Manolo Cuadra, entre otros. García Quintero fue abogado de Edgar Santos Fernández y Guillermo Gómez Brenes, procesados por la invasión de Olama y Mollejones, en la que participó Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. 

Sirvió de correo entre PJChC y Doña Margarita Cardenal, así como para Doña Violeta Barrios de Chamorro, cuando el mártir se encontraba encarcelado en la Loma de Tiscapa. 

El general Anastasio Somoza García le ofreció a García Quintero ser defensor de oficio de los 117 reos a cambio de un pago de mil córdobas por cada uno de ellos. “Era como hablar de tres millones de córdobas de hoy, la propuesta me aturdió, yo le pregunté a mis padres qué debía hacer y mi padre me dijo que debía ser una decisión mía y decidí no aceptar”. 

En el Diario de un Preso, escrito por PJChC, en la página 193, el Mártir de las Libertades Públicas señala: “Hoy escuché la historia de un joven abogado a quien invitaron ser defensor de oficio... El acusador le ofreció buen dinero si aceptaba pero el muchacho recordó a Judas. ‘La suma es gruesa’, me dijo. ‘Yo soy pobre y hubiera llenado muchas de mis actuales aspiraciones con ella. Pero, ¿cómo iba a poder dormir tranquilo después de vender a alguien?’ (...) Pero el muchacho no aceptó la oferta”.  LA PRENSA.

 10 DE ENERO DEL 2001 / La Prensa
Pedro Joaquín recibió una advertencia fatal 

    En febrero de 1975, el Dr. Sergio García Quintero bajó apresuradamente del Campo Marte, para advertirle al Director Mártir de LA PRENSA sobre un complot criminal en su contra 
 

Eduardo Marenco
y Jorge Loáisiga
nacionales@laprensa.com.ni

La mañana del 11 de febrero de 1975, bajo Ley Marcial y suspendidas las garantías constitucionales, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJChC) recibió la primera advertencia creíble de que lo iban a matar. 

El abogado Sergio García Quintero, en aquel entonces asesor legal de Aeronaútica Civil, bajó apresuradamente del Campo de Marte en la explanada de la Loma de Tiscapa y se dirigió a la calle El Triunfo, donde se ubicaban las instalaciones del diario LA PRENSA. Venía de participar de una siniestra encerrona. 

García Quintero había estado minutos antes en una reunión del Estado Mayor de la Guardia Nacional, coordinada por el General Heberto Sánchez y en la que no estuvo presente ni Anastasio Somoza Portocarrero “El Chigüín”, ni el general Anastasio Somoza Debayle, quien se encontraba fuera del país. 

En la reunión se había logrado consensuar un “bárbaro” plan de asesinato que García Quintero contó de inmediato a PJChC: “Dice él que se trata de secuestrarme (por unos civiles) llevarme a la Fuerza Aérea y luego tirarme desde un avión al mar”, escribió Pedro Joaquín en su Diario Político dos días después. 

Fue esta advertencia la que motivó al Mártir de las Libertades Públicas a iniciar su Diario Político, “porque están pasando cosas inusitadas”. 

“Dice S. que delante de su Jefe hablaron de eliminarme, lo cual muchas veces se ha dicho, y cuando lo repiten, por un oído me entra y me sale por el otro, pero esta vez me relató un proyecto tan bárbaro como para fruncirle el estómago a cualquiera”, dijo PJChC en su Diario. 

    11 DE AGOSTO DEL 2000 /  La Prensa
Entrevista con "El Chigüin"
Crimen del Dr. Chamorro persigue a los Somoza 

    El pueblo enardecido salió a protestar a las calles, mientras tanto, el general Anastasio Somoza Debayle ordenó a la Guardia Nacional a reconcentrarse en sus cuarteles 
 El asesinato del director del diario LA PRENSA es considerado por Somoza Portocarrero como el hecho decisivo que desencadenó el recrudecimiento de las protestas y de la resistencia contra el gobierno de su familia 

"Yo le pedía al general (Anastasio Somoza) que se hiciera la investigación, porque si no me lo echaban a mí y yo no fui", asegura Anastasio Somoza Portocarrero, "El Chigüín".

 

Xiomara Chamorro
 Tercera Entrega.- El tema lo agita. No olvida aquel ramo de flores despedazado por una multitud que consideró cinismo su pésame a la familia de Pedro Joaquín Chamorro, Director Mártir del diario LA PRENSA. Se dio cuenta que la opinión pública lo señalaba como el responsable intelectual del magnicidio. 

El régimen nunca convenció con su investigación y Anastasio Somoza Portocarrero considera que ése fue un gran error histórico. Señala que a pesar de su insistencia para que el asunto se aclarara, la investigación se sumió en un "inexplicable impasse". 

Rogó a su padre Anastasio Somoza Debayle que revelara la identidad de los autores intelectuales, pero no fue sino hasta después de su derrocamiento y en el exilio, que Somoza Debayle señaló a Pedro Ramos, un mafioso cubano-norteamericano, como el autor intelectual del asesinato de Chamorro, cometido por matones a sueldo el 10 de enero de 1978. 

"Chamorro no comprendía que Ramos, siendo cubano había sido criado bajo un código moral diferente que el suyo. Obviamente tenía un temperamento más volátil y determinó, aparentemente, que una satisfacción personal era el único recurso que le quedaba. En ese momento decidió pagarle a Silvio Peña para que matara a Chamorro", relata Somoza Debayle en su libro "Nicaragua traicionada", al referirse a las continuas denuncias de LA PRENSA contra el negocio de plasma dirigido por Ramos. 

El asesinato del director del diario LA PRENSA es considerado por Somoza Portocarrero como el hecho decisivo que desencadenó el recrudecimiento de las protestas y de la resistencia contra el gobierno de su familia. 

"Yo diría que el momento crítico, central de toda la Insurrección fue la muerte del doctor Chamorro, porque ahí sí que nos preguntamos, ¿qué se hace?, tenemos a los que lo mataron, tenemos que encontrar al que lo ideó". 

LP: ¿Y quien lo ideó? 

ASP: "Ahí hay dos teorías: una es que fue este señor que estaba involucrado en la Plasmaféresis y la otra es la teoría que fueron los sandinistas". 

LP: Pero hay otra teoría que dicen que fue usted. 

ASP: "¡¿Yo?!. ¡Ni loco!. Ahí sí que no. Yo más bien quiero que averigüen y ojalá hubiera averiguado doña Violeta". 

LP: Pero el que tenía todo el poder de investigar la muerte del doctor Chamorro era el gobierno y resulta inconcebible que con todo el control que tenía el general Somoza sobre la Guardia, que a la vez era Policía, no supiera quién lo hizo. El mismo Somoza dijo que le había hecho un gran daño el asesinato del doctor Chamorro, ¿por qué entonces no ordenó que le presentaran a los que habían inventado semejante barbarie?, ¿Por qué no los entregaron?. Es impensable que con tanto control y poder no iban a saber quiénes eran los autores intelectuales de un magnicidio semejante. 

ASP: "Yo voy a decir lo que sé. Yo estaba en mi oficina con uno de los militares de Estados Unidos cuando recibí una llamada de don José (Somoza) y me dijo: Hijó, acaban de asesinar al doctor Chamorro, veníte para acá, (para el Batallón Blindado). Cuelgo y el gringo me pregunta que qué me pasa, que estoy pálido. 

Cuando llegué, me encontré a don José con los ojos pelados y me dice: Hijó, ¿quien le va a decir a tu papá?. "Yo", le digo. Entonces agarré el teléfono y le dije: "Señor, esto y esto acaba de pasar" y yo me acuerdo que el general (Somoza Debayle) al otro lado sólo decía: Chocho, chocho. Como cuatro veces. Entonces me dijo que le pusiera a mi tío José de vuelta. 

Acuérdese que estábamos con lo del corazón del general y Dios guarde darle malas noticias, pero tocaba, y yo le daba las malas noticias y aquel señor se puso, pero volado a averiguar quién fue y creo que en 48 horas agarraron a todos los que participaron. A mí me mandaron de vuelta a mi cuartel y ¡todo el mundo a ponerse como puerco espín!. 

Para nosotros fue una cosa tremenda. Yo me acuerdo que cuando estaban llevando al doctor Chamorro a LA PRENSA, que quemaron media carretera norte, la orden era: ¡Ni se acerquen a esa gente!, porque igual de asustados estábamos todos nosotros, porque para nosotros ésa era la hecatombe, a tal extremo que el general sale de los canales normales de investigación y habla con los oficiales de más confianza personal para él y les dice: "Agárrenme a estos señores" y los agarraron. 

Ahora, de la agarrada de esta gente para adelante, ahí sí le puedo decir que fue un desastre por el cual hemos pagado todos de una u otra manera, porque había gente como yo que querían que llamaran al FBI, a quien fuera, para que investigara eso. 

A mí me estaban poniendo el muerto, yo pedía entonces que mandaran a traer a alguien porque yo no tenía nada que ver en eso y mucho menos en la muerte del hombre". 

LP: Si fue Ramos, ¿en algún momento el general Somoza pensó que lo mejor era no decirlo porque era su amigo, su socio, y podían involucrarlo a él por la cercanía de negocios que había? 

ASP: "¿Y cuál era el negocio que había?". 

LP: En una lista de propiedades de los Somoza publicadas en la época aparece Plasmaféresis, aunque el general dijo que de Plasmaféresis lo único de que era dueño era del terreno y el edificio, pero aparecía en esa lista y por lo tanto se consideraba un negocio de Somoza, además del grado de amistad con Ramos. ¿Con todo eso, hubiera publicado los resultados de la investigación? 

ASP: "Yo vi que capturaron a los que mataron al doctor, vi que hicieron los esfuerzos por averiguar internamente quién diablos fue el que había mandado a pagar esto. Salió Ramos, salió Plasmaféresis. 

La investigación la manejaron muy... ahí ni me dejaban entrar, pero tampoco no quería ni acercarme, porque eso era como la peste, nadie quería estar ni cerca de la investigación. 

A mí que me registren y me den un polígrafo (detector de mentiras), lo que quieran, porque eso era tremendo y para su familia debe haber sido horrendo, yo tuve que vivir una situación familiar similar un par de años después en Paraguay, pero a nivel familiar obviamente, no voy a comparar a las personas, pero sí, la investigación llegó a un impasse y ese impasse lo protestamos todos los que estábamos nombrados de dedo por la opinión pública, y yo le pedía al general que se hiciera la investigación porque si no me lo echaban a mí y yo no fui. 

Yo sé que vos no fuiste, me decía. Y sé que usted tampoco, le decía yo. Entonces, ¿quién fue?. Ahí yo diría que fue una de las grandes fallas, como todo momento histórico en la vida". 

LP: ¿Qué provocó ese impasse en la investigación? 

ASP: "No sé. El que podría decir eso es el general Samuel Genie porque era el jefe de seguridad y ahí él estaba más de cerca. Lo voy a pintar así: Viene la tragedia del doctor Chamorro, viene el penosísimo incidente, en que obviamente, sintiendo que es una cosa tremenda que ha muerto el papá de Cristiana, el papá de estos muchachos que en realidad no teníamos mala relación. 

La primera vez que me doy cuenta que me señalan a mí, por afecto o por decencia civil, que es lo que yo hubiera esperado si le pasara a mi papá, mandamos unas flores y me acuerdo aquella cosa. Primero fue estupidez de mi parte, insensibilidad de mi parte y tercero, bruto. ¡Ideay!, Si tenía 26 años. 

Pero por otro lado me di cuenta que me la estaban echando a mí, entonces fui donde el general y le dije que averiguara bien esa cosa, porque si no a mí me la iban a echar de por vida". 

LP: ¿Pero no le exigió el general Somoza a Genie que le dijera?. Después de todo el general mandaba a la redonda. 

ASP: "Por eso digo que yo hubiera deseado que doña Violeta averiguara quién fue, yo quiero averiguar quién fue el que mandó a matar a mi papá y no voy a descansar hasta averiguarlo, el día que lo averigüe, Dios me dé el valor para perdonarlo, porque creo que es lo único que Dios pide de uno, perdonar en el momento más doloroso. Pero que voy a averiguar, voy a averiguar, si es que no lo sé ya, porque no descansaría tranquilo". 

LP: ¿Y cuál es su sospecha? 

ASP: "¿Quiere que le diga la verdad?. Habiendo sido víctima de quién es su sospecha, yo hasta que le ponga el dedo voy a hablar, nunca voy a someter yo a un cristiano a ese tipo de situación. Si hay algo que no entiendo y que me parece un oportunismo político terrible, es usar la muerte del doctor Chamorro y no haber investigado. ¿Se imagina usted a doña Violeta pidiendo al mundo, al FBI, al Scotland Yard que la ayuden a averiguar quién fue?. Ya hubiéramos sabido quién es el hombre, ya hubiéramos sabido la verdad". 

LP: ¿Pero por qué el gobierno de su padre no lo dijo en su momento?, ¿Por qué Genie no habló? 

ASP: "Es que Genie no estaba a cargo de la investigación, era el jefe de seguridad, pero se saltaron a la seguridad". 

LP: Entonces, ¿quién tenía la investigación? 

ASP: "La investigación inicial la tenía un grupo de oficiales, un coronel Gómez entre ellos, pero el que tiene el detalle claro de eso es Samuel, porque a ése lo saltaron y nos encontrábamos y le decía: Sammy, a vos te van a echar el muerto o a mí, pero tenemos que averiguar. 

Porque cuando mandan a arrestar esta gente y comienza la fase indagatoria, eso se traba en una larga, interminable serie de audiencias y condenan a Peña y a los asesinos materiales y nunca se pasa de ahí y ya después de la segunda tanteada, uno dice ¡que hagan algo!, pero ya la reacción es más como que no nos van a ayudar, eso fue algo que nunca entendí y es hoy y estoy dispuesto a hacer lo necesario para que se averigüe porque creo es para nosotros, como familia, lo peor de lo peor, porque pueden decir que fue el régimen, pero este servidor y yo sé que mi papá, Dios te salve que estuviéramos metido en tocarle un pelo a este señor". 

LP: Pero un hombre con tanto poder y capacidad de llamar a sus oficiales y exigirles resultados de la investigación y no fue así. Usted mismo dice que no comprende que pasó con esa investigación... 

ASP: "Véalo con lógica, que es como a mí me lo explicaron: Muere el doctor Chamorro y se cumple la orden de captura de los autores materiales y se encuentran con un Silvio Peña y la pregunta es ¿qué hacés con Silvio Peña, con los activos de investigación que tenés en el país?, porque ahí no había ofrecimientos del FBI para averiguar nada. 

Entonces con los activos internos había dos problemas: tenés un Peña que les pagó, que se planta y dice hasta aquí nomás, ¿qué hacés?. Le tocás un pelo a Peña, va a decir que es mentira porque lo torturastes, agarrás a Peña y le hacés una barbaridad, entonces lo que diga no es cierto porque lo tocastes, parece estúpido, pero es el tipo de impasse con que te encontraste". 

LP: El siempre dijo que había grandotes. 

ASP: "Pues me encantaría saber quiénes son esos grandotes y que lo pruebe, porque, ¿qué pasó con Peña?, lo soltaron los sandinistas". 
 
 
 
 
 

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Versión internet: Eduardo Manfut P.
 Historia de Nicaragua, Sucesos del Siglo 20
Regresa al siglo XIX

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DISCLAIMER
Todos los documentos públicados a mi entender son del dominio público, Al hablar del pasado, es mi intención presentar nuestras edades en la historia local por orden cronológico,  Siglos con todas aquellas épocas de guerra y paz, siglos expresados en documentos y pocas escenas narradas por historiadores reconocidos,  Busco los detalles de los grandes eventos, procuro ordenar por meses , o días..Mi intención es  formar una pieza..   espero que todos los documentos disponibles en ésta colección tengan su fuente citada correctamente,  y si no lo és así, favor citarla por e-mail y la corregiré adecuadamente, se trata de poner las piezas de nuestra historia en su lugar .
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Diseño y recopilación de datos por Eduardo Manfut P. (mayo - 2001).