19 DE JULIO DEL 2001 / La Prensa
Jorge
Massetti, ex agente cubano:
Gorriarán
disparó a “Bravo” en la cabeza
Lenín Cerna, desde el consulado de Nicaragua en Tegucigalpa, armó
a los ejecutores de Pablo Salazar (“Comandante Bravo”) con una subametralladora,
una pistola con silenciador y cuatro granadas. Luego, en una casa de la
Carretera Sur, en Managua, planificaron la muerte de Anastasio Somoza Debayle.
Massetti explica cómo la Seguridad Sandinista fue creada a copia
y semejanza de la Seguridad del Estado cubana
Una
foto del “Comandante Bravo” publicada por los periódicos cuando
los sandinistas lo mataron en Honduras. (Derecha) Enrique Gorriarán
Merlo. LA PRENSA/ARCHIVO.
Eduardo
Marenco
Jorge Massetti, ex agente de los servicios cubanos de inteligencia, conoce
de primera mano muchos secretos de la conformación y funcionamiento
de la Dirección Quinta (D-V) de la Seguridad del Estado Sandinista.
Massetti,
de hecho, fue uno de los primeros integrantes del primer “semillero” de
argentinos a cargo del coronel cubano Renán Montero, quien dirigió
la Dirección Quinta hasta que los sandinistas perdieron el poder.
Casado
con Ileana de la Guardia, Massetti rompió con los servicios cubanos
en 1989, cuando su suegro Tony de la Guardia fue fusilado en La Habana
tras ser condenado a pena de muerte por un Tribunal Militar Especial.
Desde
su apartamento en Miami, Massetti conversó con LA PRENSA sobre sus
experiencias en el servicio de inteligencia sandinista, y revela las interioridades
de la operación para “ajusticiar” en Honduras al “Comandante Bravo”
(Pablo Salazar), principal lugarteniente del dictador Anastasio Somoza
Debayle.
Massetti
cuenta cómo ésta fue la primera operación de inteligencia
a cargo de Renán Montero, Lenín Cerna y el argentino Enrique
Gorriarán Merlo.
— Jorge,
usted formó parte del grupo de guerrilleros argentinos que integró
el Frente Sur durante la insurrección para derrocar a Somoza. ¿Cómo
se estructuró esta columna guerrillera y qué papel jugaron
sus integrantes?
En
ese momento éramos un grupo que estábamos en el exilio, en
Europa. Ya nuestra organización, el Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP), había sido derrotada en Argentina, atravesábamos
un momento de división interna y decidimos irnos a combatir a Nicaragua.
Por
otro lado, el Frente Sandinista nos hace saber que necesitaba a algunos
que hubiéramos pasado cursos con cierta capacidad organizativa en
lo militar, y así fuimos seis argentinos del ERP a Nicaragua: Enrique
Gorriarán Merlo, Hugo Alfredo Irurzún, alias “Capitán
Santiago”, “El Vasco Manuel”, cuyo verdadero nombre es Eduardo Berestein;
“El Gato”, “El Gordo” Sánchez y yo. Había dos argentinos
más que habían llegado por su lado, uno que no conozco su
nombre y otro a quien le decíamos “Negro Hugo”, pero no eran del
ERP.
Habíamos
llegado a fines de mayo de 1979, poco antes del triunfo de la revolución.
El “Capitán Santiago” y “El Gato” trabajaron en artillería;
Gorriarán se quedó en la retaguardia con el Estado Mayor,
y “El Vasco Manuel” trabajaba en armamento y almacenamiento. “El Gordo”
Sánchez estaba en transporte y yo estaba en escuadras de asalto,
bajo el mando de Javier Pichardo.
El
19 de julio abordamos camiones en Sapoá para llegar a Managua el
20 de julio. Nos habíamos enfrentado a las fuerzas del “Comandante
Bravo” y nos habían bombardeado los push and pull, y desde helicópteros
nos tiraban tanques de fósforo vivo. Para la experiencia que habíamos
tenido anteriormente, fue para nosotros bastante duro el bombardeo, y nos
hacía mucho daño la artillería también.
— ¿Qué
ocurre con este grupo de argentinos cuando triunfa la revolución
sandinista? ¿Qué funciones les asignan?
Cuando
triunfa la revolución nos acuartelan en lo que llamaban El Búnker,
en la Loma de Tiscapa, y estábamos muy bien, aunque sin saber qué
hacer. Entonces nos juntamos los seis argentinos que habíamos estado
separados durante la guerra y empezamos a discutir qué hacer. Hasta
que hacemos contacto con los cubanos Tony de la Guardia y Renán
Montero para empezar a trabajar orgánicamente en las estructuras
sandinistas después del triunfo.
El
que nos introduce es Renán Montero, quien en ese momento estaba
trabajando como jefe del G-2, luego lo cambiaron y pasa a la inteligencia,
a lo que después llamaron la Dirección Quinta de la Seguridad
del Estado. Ahí empezamos a trabajar solamente “El Vasco Manuel”,
Gorriarán Merlo y yo. Es entonces cuando llega la información
para hacer la operación del “Comandante Bravo” en Honduras.
— ¿Cómo
se enteran de la operación para “ajusticiar” al “Comandante Bravo”
en Honduras? ¿Cómo se planifica y quién la organiza?
El
primero de los argentinos que se va a la inteligencia de la Seguridad del
Estado, fui yo. Gorriarán se va a operaciones de la Seguridad del
Estado, como interrogador. Entonces, durante una visita que le hago a Gorriarán,
me comenta que la ex amante del “Comandante Bravo” cayó presa, pero
está dispuesta a colaborar, que le avise a Renán porque nos
puede dar la ubicación del “Comandante Bravo” en el exterior.
Yo
me fui a ver a Renán y, efectivamente, el caso era de interés.
Gorriarán la sigue trabajando, incluso ella de inmediato se convierte
en la amante de Gorriarán, es la misma persona que está con
él cuando cae preso después en México, a mediados
de los noventa.
Entonces,
ella pone como condición que se olviden las delaciones que ha cometido
en la época de la Guardia, por lo cual ella había caído
presa, porque a ella la denuncian como “sapa” (informadora) y por eso había
caído presa al triunfo de la revolución. También pide
una casa en León para que viva su madre y una suma de dinero que
no recuerdo ni supe el monto. Pero a la vez, ella se convierte en la amante
de Gorriarán Merlo, y entonces a partir de allí es que se
monta la trampa para matar al “Comandante Bravo” en Tegucigalpa.
— ¿Quiénes
y cómo organizan la operación para “ajusticiar” al “Comandante
Bravo”?
La
organiza Renán Montero, a cargo de la inteligencia y de lo que sería
después la Dirección Quinta de la Seguridad del Estado. Ella
tenía el contacto telefónico con “Bravo”, y en uno de estos
contactos ya controlados por la Seguridad Sandinista, por Renán
y “El Pelao” Gorriarán, él le plantea que salga para El Salvador
u Honduras, que alquile una casa y que una vez lo haya hecho él
llegará a verla.
Salen
Gorriarán y ella en vehículo hasta Panamá, ahí
cambian de documentación para portar documentación falsa,
y se van para Honduras. Los acompaña “El Gato”, uno de los seis
argentinos.
Además,
cuando surge lo de “Bravo” se nos llama a los seis argentinos para integrar
la inteligencia. Se deja de estar en operaciones de seguridad del Estado
o artillería y se nos concentra en una casa que estaba en la primera
entrada a Las Colinas.
Ahí
nos concentramos, se nos prepara documentación falsa para todos,
y a la hora de salir se nos dice que es innecesario que viajemos todos,
porque “Bravo” tenía dos posibilidades: llegaba solo o llegaba con
escoltas. Teníamos a nuestro favor el factor sorpresa, iban a llegar
a un lugar a donde pensaban que no habría nadie de peligro, por
lo que sería muy fácil neutralizarlos.
La
operación fue muy improvisada, era octubre de 1979, todavía
no hay muchos recursos para operar. De modo que “El Gato” viaja por su
parte, alquilan una casa en Tegucigalpa, va armado con una subametralladora,
y Gorriarán con una pistola 22 con silenciador que previamente les
ha entregado Lenín Cerna, que en ese momento trabajaba en el Consulado
de Nicaragua en Honduras. A raíz de esto es que él es expulsado.
Lenín Cerna les entrega la subametralladora, la pistola con silenciador
y cuatro granadas.
La
operación es muy sencilla porque “Bravo” llega solo a la casa. “El
Gato” está parapetado en la parte de afuera de la casa, en un patiecito,
y Gorriarán está oculto en una segunda pared. Cuando el hombre
toca la puerta la mujer lo recibe como si fuera la amante, lo hace pasar,
y “El Pelao” le pone la pistola en la cabeza y le da el tiro. Luego, lo
arrastran, lo meten debajo de la cama y se van tranquilos. Pasaron varios
días para que encontraran el cadáver de “Bravo” en Tegucigalpa.
— ¿Ésta
es la primera operación de envergadura de la inteligencia sandinista?
Yo
diría que de envergadura y no de envergadura. Es decir, es la primera
operación montada con mucha improvisación por la falta de
recursos.
— ¿Por
qué desde entonces Renán Montero se perfila como jefe de
la inteligencia sandinista y particularmente de la Dirección Quinta
de la Seguridad del Estado? ¿Quién es Renán Montero?
Renán
Montero era un oficial cubano, había estado en la primera experiencia
de Carlos Fonseca en Nicaragua, incluso sale con una herida en la cabeza.
O sea, que tenía un vínculo con los sandinistas desde comienzos
de los años sesenta, después del triunfo de la revolución
cubana en 1959.
Luego,
es el hombre al que el “Che” Guevara le llama “Iván” en su diario,
que es el enlace entre la guerrilla en el monte y las estructuras urbanas
de la guerrilla en La Paz, Bolivia, era el contacto con Cuba. Es el hombre
al que después se acusa de haber abandonado al “Che”, porque se
retira por órdenes de Cuba hacia Francia y deja al “Che” sin comunicaciones
en 1967.
Luego,
es el director de las escuelas especiales para los extranjeros en Cuba,
por lo que desde ahí tenía muchos contactos con movimientos
guerrilleros. La última vez que conozco de él, antes de la
victoria sandinista, él está trabajando en la oficina comercial
cubana en San José, Costa Rica. Desde ahí, apoyaba a los
sandinistas.
— ¿Es
decir, fue un enviado especial del gobierno cubano para asesorar a los
sandinistas?
Claro,
especialmente en el área de inteligencia donde todavía el
Frente no tiene experiencia. Ellos le dan una forma legal: lo nacionalizan
nicaragüense por haber estado en Nicaragua con Carlos Fonseca. Él
también estuvo en el Frente Sur, donde se dedica a organizar la
contrainteligencia, llamada Policía Sandinista, organizada para
evitar la penetración de la Guardia Nacional al Frente Sur.
En
ese momento Tony de la Guardia se ocupa del apoyo logístico, garantizando
la llegada de armamento, el que venía vía Panamá,
otro de Cuba y Venezuela. Sin embargo, no hay relación de subordinación
entre ellos. Tony se va inmediatamente después del triunfo sandinista.
Renán Montero era un oficial de las tropas especiales y de inteligencia
del MININT cubano”.
— ¿Bajo
qué concepción se crea la Seguridad del Estado Sandinista?
A copia
y semejanza de lo que fue la Seguridad del Estado cubana. Incluso la inteligencia
es lo mismo como era al principio la inteligencia cubana. Se apoya mucho
en el movimiento guerrillero latinoamericano, en el acceso a la información.
También es desde la inteligencia que se le da el apoyo principal
al movimiento revolucionario latinoamericano, o sea, que es una copia idéntica
a la de los sistemas cubanos.
A Gorriarán
Merlo lo hacen jefe de operaciones especiales dentro de la inteligencia.
Entonces, así es que se empieza a pensar ya en el ajusticiamiento
de Somoza. Para esto, otros argentinos van llegando después del
triunfo y nos dan una casa en el kilómetro ocho y medio de la Carretera
Sur, donde estuvo el Taller Alvarado (donde luego se encontraría
un buzón de armas en los noventa). Nos dan esa casa en noviembre
de 1979, y ahí se empieza a conocer la operación de Somoza,
que es conocida únicamente por el grupo original de argentinos.
— ¿En
qué consistía el entrenamiento en lo que después sería
la Dirección Quinta de la Seguridad del Estado?
Recibíamos
cursos de métodos conspirativos, defensa personal, prácticas
de tiro, y vivíamos dentro de la casa como si fuera un cuartel.
Yo me voy antes que terminemos la instrucción para la operación
contra Somoza, porque surgen diferencias políticas con Gorriarán
en el seno del grupo. Yo prefiero renunciar de la inteligencia porque sabía
que esas diferencias políticas podían afectar el trabajo
operativo que teníamos que realizar.
— ¿Cuáles
son las diferencias que se dan con Gorriarán Merlo?
Yo
diría que sobre todo metodológicas. A partir de la llegada
a Nicaragua, Gorriarán asume el mando como una dirección
única, nosotros teníamos dentro de la organización
del ERP una estructura de dirección colectiva, y, además,
Gorriarán tenía métodos muy autoritarios de dirección,
llegando incluso al colmo, al tener cierto poder ya en Nicaragua, de llamar
a discutir a compañeros que vivían en Europa, y si no tenían
su misma posición se les acusaba de agentes enemigos y se les expulsaba
de Nicaragua con un rigor bastante fuerte. Tanto “El Vasco Manuel” como
yo nos abrimos de este grupo.
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Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Fuente
Revista Casa Tres Mundos #3
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