Ortega
ofreció paz, pero infiltraron columna guerrillera
Dos diarios de la guerrilla, que escribían el Dr. José María
Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, y el “Comandante Serapio Romero”,
comprometen más al gobierno sandinista
Daniel
Ortega, en calidad de Coordinador de la JGRN, enarboló la zanahoria
y el garrote. (Derecha) La columna guerrillera usó uniformes militares
similares a los de la Contra para no ser detectados. LA PRENSA/ARCHIVO.
Roberto Fonseca L.
III
Entrega.- El 19 de julio de 1983, mientras el comandante Daniel Ortega,
Coordinador de la Junta de Gobierno de Nicaragua, proponía un nuevo
Plan de Paz de seis puntos, una columna guerrillera bautizada como “Fuerzas
Armadas del Pueblo” (FAP), compuesta de hondureños, nicaragüenses
y hasta cubanos, se internó hacia Honduras con la misión
de “crear ahí un nuevo Vietnam”.
De
acuerdo con los diarios de la guerrilla, pertenecientes al jefe de la columna,
el Dr. José María Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”,
y del jefe del segundo pelotón, “Comandante Serapio Romero”, el
destacamento guerrillero se infiltró desde Nicaragua por un punto
del Río Coco, después del 15 de julio de 1983.
“Nuestro
movimiento es sumamente comprometedor políticamente. Y no defraudaremos
(a) aquéllos que han depositado en nosotros toda su confianza”,
escribió el Dr. Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, en su Diario
de guerrilla, incautado por los captores hondureños.
“La
consigna era celebrar el 19 de julio al otro lado y así fue”, añadió
el “Comandante Pablo Mendoza”, quien en su testimonio admite sus dificultades
físicas y de salud para emprender la aventura guerrillera, debido
a que tenía años de estar asentado en Cuba, llevando, según
él, una “vida sedentaria”, por la edad y porque padecía de
úlcera.
No
obstante, se mantuvo firme hasta el final, pese a que la columna guerrillera
sufrió una virtual desbandada a partir del 30 de julio de 1983,
cuando se produce la primera deserción por parte del guerrillero
“Marvin”, debido a que tenían cuatro días de no ingerir alimentos,
luego que se agotaron las provisiones que llevaban.
Fogueo
militar con el EPS
“Nuestra
primera campaña de fogueo colectivo comenzó el 19 de diciembre
de 1982, hubo en ella como en toda campaña, experiencias de variada
naturaleza. Aquellas derivadas de un tropa bizaña (bisoña)
frente a fuerzas de tarea contrarrevolucionarias que pretendían
recuperar el poder político perdido, y otras transmitidas por un
ejército popular regular en formación a sólo cuatro
(4) años de Revolución”, escribió Reyes Ma-tta, aunque
en el texto no identifica el nombre de la unidad militar del EPS al lado
de la que combatieron.
“De
todas estas experiencias sin lugar a equívocos, la mejor fue aquella
del combate armado, con ello, adquiría la guerra su connotación
real y cruenta, perdiendo así paulatinamente la dimensión
romántica que siempre se tiene sobre la guerra cuando no se ha librado
un solo combate armado”, añadió.
Según
el texto de Reyes Ma-tta, “Comandante Pablo Mendoza”, ejecutado por los
militares hondureños tras ser capturado, la columna que entró
a Honduras en julio de 1983, tuvo “seis (6) meses de campaña”.
“Los
informes del comandante Zapata y Marcos, narran en detalle lo acontecido
en aquel combate del 11 de enero del 83, en donde nuestra pequeña
fuerza combatiente se bautizó; diezmando toda una compañía
del enemigo que en su desbandada abandonó armamentos, pertrechos
y una gran cantidad de vituallas”, afirmó el difunto guerrillero
hondureño.
También
el de Serapio
Por
otra parte, el “Comandante Serapio Romero”, jefe del segundo pelotón
que denominaron “Frente Oriental”, describe que él partió
al frente de su tropa el 16 de julio de 1983, “de un lugar fronterizo de
Nicaragua, llamado Somotine, atravesando el Río Coco; desde las
17:00 horas hasta las 22:00 horas, con dirección a la profundidad
del territorio hondureño, llegando el 17 de julio a un lugar que
denominaremos punto “A””, escribió.
“Nos
estaban esperando los compañeros de la exploración que habíamos
mandado días anteriores, al mando de Justo Martínez”, añadió.
El
resto de la tropa cruzó el Río Coco, que sirve de frontera
natural entre ambos países, entre el 18 y 19 de julio. Incluso,
el pelotón que cargaba con el avituallamiento, el de retaguardia,
lo hizo días después, el 21 de julio, debido a las dificultades
del cruce y de la carga.
Y,
“el día 23 de julio se ajustició a un nicaragüense contrarrevolucionario,
que siguió nuestras huellas por más de 3 horas en la marcha”,
también relató el “Comandante Serapio Romero”, en su diario
de guerrilla.
El
misterioso “Gregorio”
Hay
un detalle llamativo en el diario del Dr. Reyes Matta, jefe de la columna
guerrillera hondureña, y es sobre la identidad de “Gregorio”, de
quien se desprende que es nicaragüense y, por lo visto, con un cargo
o misión muy importante, que él mismo desconocía.
“Ricardo
cruzó el río sin mayores riesgos y una vez llegó,
al amanecer del siguiente día reemprendimos la marcha; con él
llegó Gregorio, que fue para mí una agradable sorpresa, lo
invité a compartir nuestro suelo patrio para tratar de arrebatarle
a la noche un poco de descanso”, escribió.
“Creo
que su presencia es un estímulo, aunque no ignoro que debe traer
una misión específica que respeto me sea compartimentada”,
añadió.
El
itinerario angustiante del grupo guerrillero
En el “Diario de guerrilla” del “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. José
María Reyes Matta, se confirman las enormes viscitudes que padecieron
desde el primer día
Fotografía
aérea del Río Coco, frontera natural entre Nicaragua y Honduras.
Nótese las montañas escarpadas, la geografía hostil.
LA PRENSA/ARCHIVO.
Roberto
Fonseca L.
Las
tropas hondureñas incautaron el “Diario de guerrilla” del Dr. José
María Reyes Ma-tta, mejor conocido como “Comandante Pablo Mendoza”,
jefe de la compañía guerrillera de las “Fuerzas Armadas del
Pueblo”, fogueadas y armadas en Nicaragua con el propósito de llevar
la Revolución a Honduras.
Este
diario, traducido luego por los oficiales norteamericanos acantonados en
Honduras, en 1983, pasó a Inteligencia de Defensa de Estados Unidos,
y ahora es un documento desclasificado.
A continuación
extractos del mismo.
“Por
fin llegó el día, y después de un primer intento fallido,
logramos llegar al campamento; me acompañaban Mario, Daniel y Pacheco,
que se había rezagado por una lesión en el pie.
El
ánimo de la gente era inmejorable, la moral combativa se observaba
muy elevada a pesar del fango y la lluvia que no cesaban un solo instante.
Ese
día, 15 de julio, hice además los primeros preparativos para
que la gente de Serapio cruzara el río; al día siguiente
se ultimaron detalles y el Comandante Serapio salió a las 4 p.m.,
después que toda su tropa comió su última comida caliente,
como queriéndole arrebatar a las circunstancias un último
momento de confort...
Antes
de partir expliqué a todos que nuestro movimiento no debía
ser advertido por el enemigo, que el sigilo, la precaución, el silencio
y la iniciativa, serían nuestras principales armas para coronar
nuestro objetivo. La misión era difícil, pero no imposible.
A nadie se le podría ocurrir hacer ese corredor rodeado de tanta
tropa enemiga.
El
cruce se planificó de noche, pero la lluvia pertinaz hizo crecer
el río a niveles sumamente peligrosos... La lentitud de la marcha
nocturna, la lluvia, el lodo y el exceso de peso en las mochilas añadieron
aún mayores dificultades para el cruce, no permitiéndole
a Serapio cruzar hasta el borde, al mediodía, sin pérdidas
humanas ni materiales. La balsa se comportó como un verdadero “Gramma”
como la bautizara Mario.
Con
la intención de superar las dificultades sufridas por Serapio, decidí
que la gente del Comandante Zapata, a la cual me incorporé, saliera
más temprano, y así emprendimos la marcha a la 1:00 p.m.
del día 18 de julio, no sin antes mandar una punta de vanguardia
al mando de Fidel, para que coronara el firme de la montaña en donde
acamparíamos al otro lado.
Ya
oscureciendo, llegamos a la ribera del río, que aparecía
más retador y amenazador que nunca...
La
consigna era celebrar el 19 de julio al otro lado y así fue”.
JORNADA
AGOTADORA
“Este
camino une a Yomali, con El Chilamate, en donde existen sendos campamentos
contrarrevolucionarios. Más tarde como a las 3 p.m. pasó
una escuadra de nueve soldados, presumiblemente del Ejército hondureño
por sus uniformes y armamentos (verde olivo y Fal).
Fácil
hubiese sido aniquilarlos dada nuestra posición ventajosa, pero
nuestro objetivo no era ése por el momento. Este movimiento expedito
y confiado del enemigo, nos afirmó aún más que estaban
ajenos de nuestra presencia.
A esa
altura de la marcha ya empezaban a dejarse cosas, y esto me alarmó
en extremo. El peso per-cápita era por arriba de las 60 libras,
haciendo un cálculo conservador, y algunos combatientes a pesar
de su origen campesino empezaron a dar muestras de incapacidad para continuar
con aquella semejante carga.
La
consigna era no dejar ni un alfiler; ya para ese entonces, Mario no podía
llevar incluso su fusil, y yo que estaba totalmente fuera de entrenamiento,
tuve que dejar en calidad de carga mi mochila hasta recuperarme”.
CONTACTOS
CASUALES CON LA CONTRA
“A
un par de kilómetros del punto “A” fui informado de que un jefe
de escuadra, el compañero Héctor Ávila, había
trabado contacto con el enemigo, específicamente con un contrarrevolucionario
vestido de civil y armado con un AK chino; Ávila, lejos de capturarlo
y eliminarlo, conversó amistosamente con él, intercambiando
una serie de preguntas y respuestas que parecían indicar que no
había sospecha sobre quiénes éramos. A ello contribuía
nuestro uniforme semejante al de los contrarrevolucionarios.
Continuamos
la marcha, una vez había llegado hasta el último hombre y
hasta el último bulto, ahora lanzamos la consigna de celebrar el
26 de julio en el punto “B”, objetivo principal de esta jornada.
Un
solo hecho en el punto “A” nos preocupó sobremanera, y fue la captura
de un campesino que venía siguiendo nuestras huellas, la emboscada
de retención lo hizo prisionero y lo interrogó someramente.
Una vez fuimos informados, ordenamos un interrogatorio a fondo, y de encontrar
indicios de actividad enemiga, no esperar el ajusticiamiento. Tenía
que hacerse con arma blanca, no había otra posibilidad, dado el
sitio en que nos encontrábamos rodeados de huestes enemigas”.
CELEBRACION
DEL DIA 28 DE JULIO
“Cuando
llegamos por fin al punto “B” la alegría fue unánime... Para
mí la alegría fue pasajera, aquel lugar se me antojaba el
más inhóspito y frío. Era un prodigio de altura cubierto
por las nubes, húmedo, a tal grado que la única población
vegetal sobreviviente eran los helechos gigantes.
Los
compañeros dormían sobre el suelo, en agujeros como ratas,
porque no había un solo sitio donde tender una hamaca, y el frío
calaba los huesos. No lo pensé dos veces, inmediatamente mandé
por Serapio, para que acompañara a buscar un mejor sitio para construir
nuestro primer campamento.
Continuamos
rumbo norte, y a unos cuantos kilómetros encontramos un sitio muy
acogedor y generoso con la enorme ventaja de sólo poseer dos entradas,
fácilmente controlables para ser defendidas.
Bautizamos
el campamento como ‘Congolón’, y llegar todos ilesos fue nuestra
mejor celebración del 26 de julio. La alegría era sencillamente
contagiante, todos sabíamos que haber llegado al Congolón
era nuestra primera pequeña victoria, la marcha de la ‘libertad
hacia la victoria’ como la bautizara Justo”.
SIN
PROVISIONES
“Desde
el río hasta Congolón la marcha duró ocho días
exactos para toda la columna, exceptuando por supuesto al grupo de exploración
que llevaba una ventaja de diez días, respecto al grueso de combatientes.
Nuestra
pequeña victoria la celebramos el 26 de julio, con la última
ración de alimentos. Esto me preocupó grandemente, pues se
había dispuesto para una duración aproximada de doce días,
pero la mala administración y las indisciplinas dieron como resultado
que el mismo 26 de julio, ingiriéramos la última porción
de alimentos.
Mi
crítica a los comandantes tenía hoy el dramatismo de una
realidad concreta, porque no es fácil alimentar a casi un centenar
de combatientes a expensas de la generosidad de la selva”.
Desertores
develaron la conexión Nicaragua
Telegrama 09347,
del 30 de agosto de 1983, enviado por la Oficina del Attache de Defensa
de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, a sus superiores de la
Agencia de Inteligencia para la Defensa, en Washington.
Un
Telegrama Militar desclasificado, originado desde Tegucigalpa, confirma
que los oficiales del G-2 hondureño sabían en detalle aspectos
vitales de la columna, y que David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde,
estaba con ellos
Los militares norteamericanos
ubicados en Honduras conocieron a través de los G-2 hondureños,
los testimonios de los desertores guerrilleros.
Roberto Fonseca L.
II Entrega.- A fines
de agosto de 1983, los oficiales de Inteligencia hondureña (los
G-2), igual que los norteamericanos, sabían todo sobre la composición,
armamento, estructura, comunicación y apoyo logístico de
la columna guerrillera que se infiltró desde Nicaragua y que iba
al mando del Dr. José María Reyes Matta, alias “Comandante
Pablo Mendoza”.
La información
recopilada, gracias al testimonio de 17 desertores, quedó registrada
en Telegrama 09347, del 30 de agosto de 1983, enviado por la Oficina del
Attache de Defensa de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, a sus
superiores de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, en Washington.
A través de
las confesiones, lograron determinar que la columna guerrillera se hacía
identificar como una compañía de las Fuerzas Armadas del
Pueblo (FAP) y estaba integrada por cuatro pelotones y sus unidades de
apoyo. En total: cerca de 115 guerrilleros, incluyendo oficiales, asesores
y técnicos.
De acuerdo con el
resumen de los testimonios, el comandante de la Compañía
era el Dr. José María Reyes Matta, bajo el seudónimo
de “Comandante Pablo Mendoza”. Y sus principales lugartenientes eran: “Comandante
Felipe Zapata”, del Primer Pelotón, denominado “Frente Norte”; “Comandante
Serapio Romero”, del Segundo Pelotón, denominado “Frente Oriental”;
y “Comandante Fidel”, del Tercer Pelotón, denominado “Frente Central”.
Además, estaba
la Sección de Apoyo a la Comandancia, integrada por el “Comandante
Adolfo” (David Arturo Báez Cruz), de quien el telegrama dice textualmente:
“Un miembro que está siempre junto al Comandante Pablo Mendoza.
Se sospecha que sea nicaragüense”. Los otros eran: “Subcapitán
Alfredo Antúnez”, “Teniente Ana Guadalupe Berríos”, a cargo
de logística y abastos; y “Teniente Freddy Betancourt”, ametralladorista,
originario de Nueva Palestina, Honduras. “Fue por abastos el 4 de agosto
y nunca regresó”, decía el cable enviado a Washington.
NEXOS CON NICARAGUA
Dos de los desertores,
identificados como Santos Francisco Sánchez, alias “Ovidio Ortiz”,
y Ramón Arturo Colindres, alias “Emiliano Santacruz”, aseguraron
que fueron reclutados en 1981 por un hombre que luego identificaron como
“Teófilo Martínez”, subcomandante del tercer pelotón
de la compañía de las denominadas Fuerzas Armadas del Pueblo
(FAP).
Martínez,
según los desertores, los reclutó para participar en un “entrenamiento
agrícola” en el exterior, como parte de un “programa de reforma
agraria”, y si aceptaban, sus familias recibirían dinero y cuidarían
de ellas.
“A mediados de septiembre
de 1981, ambos abandonaron Honduras, de forma separada”, dice el Telegrama
militar, ahora desclasificado. “Martínez acompañó
personalmente a Colindres a Managua, desde donde fue enviado a Cuba. Sánchez
se fue por sí mismo, en Tica Bus, a Panamá, a través
de Nicaragua. Luego fue puesto en un vuelo de Cubana”, agrega.
Ahí recibieron
entrenamiento en tácticas, topografía, formación de
infantería, comunicaciones, primeros auxilios, artillería
y otros, en la escuela de las tropas especiales cubanas, ubicada en Pinar
del Río. Ahí conocieron al “Comandante Pablo Mendoza”, el
Dr. Reyes Matta.
“El grupo retornó
en grupos de cuatro a cinco, a mediados de septiembre de 1982 a Nicaragua,
donde permanecieron los próximos once meses acampados en una casa
de seguridad, sin dinero, sin contactos con mujeres ni salidas de fines
de semana”, añade. Hasta que se conformó en su totalidad
la compañía en julio de 1983 y fueron movilizados al noreste
de Zelaya, para internarse a Honduras, a través del Río Coco.
Además, según
los mismos desertores, la compañía disponía de un
radio de largo alcance, el que se utilizaba para comunicarse con Nicaragua
y “otros países”. Luego, el testimonio de otro desertor, Enoc Benigno,
lo identificó como un “Yaetsu” portátil (un radio receptor-transmisor),
con una antena direccional.
La antena estaba
normalmente instalada en los árboles, para una mejor señal,
y la fuente de poder era una batería de vehículo y un generador
portátil operado con pedales mecánicos, dice.
“Los códigos
de radio estaban escritos en una libreta, que la tenía en su poder
el “Comandante Fidel”, líder del tercer pelotón”. Para resguardar
la seguridad, las transmisiones duraban aproximadamente 30 minutos y se
realizaban entre las 9:00 y las 16:00 horas, o sea, desde las nueve de
la mañana a las cuatro de la tarde.
Eduardo Báez
Cruz: “Iremos a el Aguacate”
Después de 18 años, empieza a develarse el misterio que rodeó
a la columna guerrillera hondureña del PRTC, desde su nacimiento
hasta su aniquilamiento
David Arturo Báez
Cruz.
Roberto Fonseca L.
Ultima entrega.-
En esta segunda y última parte de la entrevista, Eduardo Báez
Cruz, hermano de David Arturo, se develan otros detalles sobre el misterio
que rodeó a la columna guerrillera hondureña del PRTCH, organizada
y pertrechada en Nicaragua en 1983, y que fue virtualmente aniquilada por
las tropas hondureñas y de la Contra.
Dieciocho años
después, Eduardo junto a su mamá, Lillyam Cruz de Argüello,
esperan el momento en que la Fiscalía de Honduras los llame para
identificar y reconocer el cadáver de David Arturo, quien se incorporó
a la columna bajo el seudónimo de “Comandante Adolfo”.
¿Cuándo
retomaron el tema de la búsqueda de tu hermano David Arturo?
Bueno, yo me retiré
del Frente (Sandinista) a finales del 86, y me empezó a entrar la
inquietud de qué habría pasado con mi hermano, sabía
que se había ido a Honduras, pero quería saber más
detalles, conocer su paradero.
¿Nunca oíste
alguna noticia en ese período, en los medios locales?
No, absolutamente
nada. Soy obsesivo de leer periódicos, pero aquí en Nicaragua
no se escribió ni una letra sobre eso, en cambio me quedé
extrañado cuando descubrí en Honduras que fue un alboroto
el quiebre de esa columna guerrillera, porque provenía de Nicaragua.
Te hablo de reportajes, cables internacionales, escritos hasta en el Washington
Post, pero aquí nada, supongo que fue bloqueado.
¿Y al oficial
“Aníbal”, de Inteligencia del EPS, lo volvieron a ver?
Jamás.
¿Entonces?
Empecé a averiguar
a través de amigos en el Ejército, que conocieron a Arturo
o pelearon con él. La primera versión entonces me la ofreció
Arturo Navarrete, un amigo de Jinotepe que había sido oficial de
la Contrainteligencia, del CIM. Yo le pedí que averiguara algo,
y meses después me contó una historia, muy parecida a lo
que hemos venido luego averiguando. Me dijo que (David Arturo) se había
ido con una columna guerrillera hondureña y que el trabajo de Arturo,
además de asesor militar, era de cuidar al viejito cubano, supongo
que se trataba de Reyes Matta, pues era una reliquia. Luego, en documentos
desclasificados que hemos encontrado, dicen que mi hermano era como el
“guardaespaldas” o el “custodia” de Reyes Matta, así se refieren
a él, porque siempre estaba con él.
Además, me
dijo que había sido un fracaso la operación desde el inicio,
que no había durado mucho, que los habían quebrado desde
que entraron. Los habían cercado, y que les habían echado
a tropas hondureñas y a una fuerza de la Contra estacionada en El
Aguacate. Todo eso lo confirmamos en documentos que se han venido desclasificando.
¿No quedó
nadie vivo?
Tengo entendido que
sí. Hace algunos años hablé con un ex oficial del
Ejército, de nombre Darwin y originario de Masaya, quien se me presentó
como sobreviviente de esa columna, como alguien que había logrado
salir. Él era de Inteligencia del EPS, y me aseguró que había
salido una parte con vida. Me habló con propiedad de mi hermano
Arturo.
¿Qué
persiguen ahora con todo este proceso?
En primer lugar,
recuperar los restos de mi hermano. Todo esto lo hago por mi mamá
y por mí mismo... Quisiéramos saber también qué
pasó, cómo murió y recuperar sus restos. Es un asunto
hasta de resolver tus duelos. Nosotros no tenemos mucha expectativa con
tribunales, no queremos meternos en ese rollo, porque es ilusorio pensar
que en nuestros países se puede hacer justicia con gente que estuvo
metida en esas cosas. En el mismo Honduras, por ejemplo, hay una amnistía
contra los culpables. Entonces, simplemente, queremos saber toda la verdad.
¿Y del gobierno
hondureño han recibido alguna información?
En esto ha sido importantísimo
la participación de la Fiscalía de los Derechos Humanos de
Honduras, esa gente ha sido de lujo, beligerante, y en condiciones muy
difíciles, porque la gente involucrada en este caso son ahora los
coroneles, los generales de las Fuerzas Armadas hondureñas, ése
es el verdadero trasfondo en todo esto. Gente que juega aún un papel
importante en ese país.
¿Van a asistir
como familia a las excavaciones de El Aguacate?
Nosotros tenemos
el compromiso de estar ahí presentes. Quiero llevar a mi mamá,
porque a estas alturas (18 años después), la única
forma de identificar los restos quizás sea vía ADN, tomándole
una prueba de sangre a mi mamá, pues es la forma más efectiva.
Estamos pendientes de que nos avisen de la Fiscalía, pero sí
hemos hecho muchas gestiones en Honduras. Esto de El Aguacate tiene casi
un año, primero no quería dejarlos entrar el Ejército,
argumentando que estaba minada.
¿Tu mamá
lo quiere localizar, aunque eso le confirme definitivamente que está
muerto?
Sí, claro.
Ya le pasó con mi papá (Adolfo Báez Bone), lo mataron,
pero no se sabía dónde había quedado su cadáver,
hasta que meses después localizaron unos huesos. Como dice ella:
“Eso da cierta tranquilidad”.
Pero en Nicaragua,
¿este asunto se mantuvo como Top Secret?
Sí, totalmente.
Estaba completamente sepultado
El
Aguacate destapará operaciones ocultas EPS
Uno de los expertos
revisa con los lugareños una fosa en la antigua base Contra de El
Aguacate, en Honduras. CORTESIA/LA PRENSA DE HONDURAS.
Roberto Fonseca
L.
I ENTREGA.- Las excavaciones
que se llevan a cabo en territorio hondureño, en la antigua base
Contra de El Aguacate, podrían poner fin a la angustia que sufre
la familia Báez Cruz, pero a la vez, destaparía uno de los
capítulos más ocultos de la Revolución Sandinista:
la exportación de la guerrilla a Honduras, durante la década
pasada.
En efecto, de acuerdo
con documentos desclasificados y testimonios de primera mano, a mediados
de 1983 se organizó, entrenó, fogueó y se infiltró
una columna guerrillera hacia Honduras, jefeada por el Dr. José
María Reyes Mata, conocido entonces como “Comandante Zapata”.
Uno de sus principales
lugartenientes, y quizás el de mayor preparación militar,
se llamaba David Arturo Báez Cruz, con el seudónimo de “Comandante
Adolfo”. Nacido en Nicaragua, pero nacionalizado norteamericano, fue miembro
de la unidad de los Boinas Verdes, acantonada en Fort Gulick, Panamá,
hasta que pidió su baja oficial en 1981.
Se integró
al EPS, donde primero entrenó a las Tropas Especiales “Pedro Altamirano”,
y luego pasó a ser oficial de Inteligencia, y —según textos
desclasificados—, parte de un escuadrón móvil de cinco hombres,
que operaba en “tierras de nadie”, en la zona fronteriza con Honduras.
Hasta que en 1983
confesó a su hermano, Eduardo Báez, que se uniría
a una fuerza guerrillera hondureña. Durante meses, a los familiares
les ocultaron información, hasta que el EPS a través de una
constancia oficial lo dio por muerto, “caído en cumplimiento del
deber”, en abril de 1985. No mencionaba, por supuesto, el lugar
.
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
La
Prensa 31 de agosto del 2001
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