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Colección de Documentos Históricos 

 
 Ortega ofreció paz, pero infiltraron columna guerrillera 

    Dos diarios de la guerrilla, que escribían el Dr. José María Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, y el “Comandante Serapio Romero”, comprometen más al gobierno sandinista 
 
Daniel Ortega, en calidad de Coordinador de la JGRN, enarboló la zanahoria y el garrote. (Derecha) La columna guerrillera usó uniformes militares similares a los de la Contra para no ser detectados. LA PRENSA/ARCHIVO.
  Roberto Fonseca L.
III Entrega.- El 19 de julio de 1983, mientras el comandante Daniel Ortega, Coordinador de la Junta de Gobierno de Nicaragua, proponía un nuevo Plan de Paz de seis puntos, una columna guerrillera bautizada como “Fuerzas Armadas del Pueblo” (FAP), compuesta de hondureños, nicaragüenses y hasta cubanos, se internó hacia Honduras con la misión de “crear ahí un nuevo Vietnam”. 

De acuerdo con los diarios de la guerrilla, pertenecientes al jefe de la columna, el Dr. José María Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, y del jefe del segundo pelotón, “Comandante Serapio Romero”, el destacamento guerrillero se infiltró desde Nicaragua por un punto del Río Coco, después del 15 de julio de 1983. 

“Nuestro movimiento es sumamente comprometedor políticamente. Y no defraudaremos (a) aquéllos que han depositado en nosotros toda su confianza”, escribió el Dr. Reyes Matta, “Comandante Pablo Mendoza”, en su Diario de guerrilla, incautado por los captores hondureños. 

“La consigna era celebrar el 19 de julio al otro lado y así fue”, añadió el “Comandante Pablo Mendoza”, quien en su testimonio admite sus dificultades físicas y de salud para emprender la aventura guerrillera, debido a que tenía años de estar asentado en Cuba, llevando, según él, una “vida sedentaria”, por la edad y porque padecía de úlcera. 

No obstante, se mantuvo firme hasta el final, pese a que la columna guerrillera sufrió una virtual desbandada a partir del 30 de julio de 1983, cuando se produce la primera deserción por parte del guerrillero “Marvin”, debido a que tenían cuatro días de no ingerir alimentos, luego que se agotaron las provisiones que llevaban. 

Fogueo militar con el EPS 

“Nuestra primera campaña de fogueo colectivo comenzó el 19 de diciembre de 1982, hubo en ella como en toda campaña, experiencias de variada naturaleza. Aquellas derivadas de un tropa bizaña (bisoña) frente a fuerzas de tarea contrarrevolucionarias que pretendían recuperar el poder político perdido, y otras transmitidas por un ejército popular regular en formación a sólo cuatro (4) años de Revolución”, escribió Reyes Ma-tta, aunque en el texto no identifica el nombre de la unidad militar del EPS al lado de la que combatieron. 

“De todas estas experiencias sin lugar a equívocos, la mejor fue aquella del combate armado, con ello, adquiría la guerra su connotación real y cruenta, perdiendo así paulatinamente la dimensión romántica que siempre se tiene sobre la guerra cuando no se ha librado un solo combate armado”, añadió. 

Según el texto de Reyes Ma-tta, “Comandante Pablo Mendoza”, ejecutado por los militares hondureños tras ser capturado, la columna que entró a Honduras en julio de 1983, tuvo “seis (6) meses de campaña”. 

“Los informes del comandante Zapata y Marcos, narran en detalle lo acontecido en aquel combate del 11 de enero del 83, en donde nuestra pequeña fuerza combatiente se bautizó; diezmando toda una compañía del enemigo que en su desbandada abandonó armamentos, pertrechos y una gran cantidad de vituallas”, afirmó el difunto guerrillero hondureño. 

También el de Serapio 

Por otra parte, el “Comandante Serapio Romero”, jefe del segundo pelotón que denominaron “Frente Oriental”, describe que él partió al frente de su tropa el 16 de julio de 1983, “de un lugar fronterizo de Nicaragua, llamado Somotine, atravesando el Río Coco; desde las 17:00 horas hasta las 22:00 horas, con dirección a la profundidad del territorio hondureño, llegando el 17 de julio a un lugar que denominaremos punto “A””, escribió. 

“Nos estaban esperando los compañeros de la exploración que habíamos mandado días anteriores, al mando de Justo Martínez”, añadió. 

El resto de la tropa cruzó el Río Coco, que sirve de frontera natural entre ambos países, entre el 18 y 19 de julio. Incluso, el pelotón que cargaba con el avituallamiento, el de retaguardia, lo hizo días después, el 21 de julio, debido a las dificultades del cruce y de la carga. 

Y, “el día 23 de julio se ajustició a un nicaragüense contrarrevolucionario, que siguió nuestras huellas por más de 3 horas en la marcha”, también relató el “Comandante Serapio Romero”, en su diario de guerrilla. 

El misterioso “Gregorio” 

Hay un detalle llamativo en el diario del Dr. Reyes Matta, jefe de la columna guerrillera hondureña, y es sobre la identidad de “Gregorio”, de quien se desprende que es nicaragüense y, por lo visto, con un cargo o misión muy importante, que él mismo desconocía. 

“Ricardo cruzó el río sin mayores riesgos y una vez llegó, al amanecer del siguiente día reemprendimos la marcha; con él llegó Gregorio, que fue para mí una agradable sorpresa, lo invité a compartir nuestro suelo patrio para tratar de arrebatarle a la noche un poco de descanso”, escribió. 

“Creo que su presencia es un estímulo, aunque no ignoro que debe traer una misión específica que respeto me sea compartimentada”, añadió. 

El itinerario angustiante del grupo guerrillero 

    En el “Diario de guerrilla” del “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. José María Reyes Matta, se confirman las enormes viscitudes que padecieron desde el primer día 
 
Fotografía aérea del Río Coco, frontera natural entre Nicaragua y Honduras. Nótese las montañas escarpadas, la geografía hostil. LA PRENSA/ARCHIVO.
 
  

Roberto Fonseca L.
 

Las tropas hondureñas incautaron el “Diario de guerrilla” del Dr. José María Reyes Ma-tta, mejor conocido como “Comandante Pablo Mendoza”, jefe de la compañía guerrillera de las “Fuerzas Armadas del Pueblo”, fogueadas y armadas en Nicaragua con el propósito de llevar la Revolución a Honduras. 

Este diario, traducido luego por los oficiales norteamericanos acantonados en Honduras, en 1983, pasó a Inteligencia de Defensa de Estados Unidos, y ahora es un documento desclasificado. 

A continuación extractos del mismo. 

“Por fin llegó el día, y después de un primer intento fallido, logramos llegar al campamento; me acompañaban Mario, Daniel y Pacheco, que se había rezagado por una lesión en el pie. 

El ánimo de la gente era inmejorable, la moral combativa se observaba muy elevada a pesar del fango y la lluvia que no cesaban un solo instante. 

Ese día, 15 de julio, hice además los primeros preparativos para que la gente de Serapio cruzara el río; al día siguiente se ultimaron detalles y el Comandante Serapio salió a las 4 p.m., después que toda su tropa comió su última comida caliente, como queriéndole arrebatar a las circunstancias un último momento de confort... 

Antes de partir expliqué a todos que nuestro movimiento no debía ser advertido por el enemigo, que el sigilo, la precaución, el silencio y la iniciativa, serían nuestras principales armas para coronar nuestro objetivo. La misión era difícil, pero no imposible. A nadie se le podría ocurrir hacer ese corredor rodeado de tanta tropa enemiga. 

El cruce se planificó de noche, pero la lluvia pertinaz hizo crecer el río a niveles sumamente peligrosos... La lentitud de la marcha nocturna, la lluvia, el lodo y el exceso de peso en las mochilas añadieron aún mayores dificultades para el cruce, no permitiéndole a Serapio cruzar hasta el borde, al mediodía, sin pérdidas humanas ni materiales. La balsa se comportó como un verdadero “Gramma” como la bautizara Mario. 

Con la intención de superar las dificultades sufridas por Serapio, decidí que la gente del Comandante Zapata, a la cual me incorporé, saliera más temprano, y así emprendimos la marcha a la 1:00 p.m. del día 18 de julio, no sin antes mandar una punta de vanguardia al mando de Fidel, para que coronara el firme de la montaña en donde acamparíamos al otro lado. 

Ya oscureciendo, llegamos a la ribera del río, que aparecía más retador y amenazador que nunca... 

La consigna era celebrar el 19 de julio al otro lado y así fue”. 

JORNADA AGOTADORA 

“Este camino une a Yomali, con El Chilamate, en donde existen sendos campamentos contrarrevolucionarios. Más tarde como a las 3 p.m. pasó una escuadra de nueve soldados, presumiblemente del Ejército hondureño por sus uniformes y armamentos (verde olivo y Fal). 

Fácil hubiese sido aniquilarlos dada nuestra posición ventajosa, pero nuestro objetivo no era ése por el momento. Este movimiento expedito y confiado del enemigo, nos afirmó aún más que estaban ajenos de nuestra presencia. 

A esa altura de la marcha ya empezaban a dejarse cosas, y esto me alarmó en extremo. El peso per-cápita era por arriba de las 60 libras, haciendo un cálculo conservador, y algunos combatientes a pesar de su origen campesino empezaron a dar muestras de incapacidad para continuar con aquella semejante carga. 

La consigna era no dejar ni un alfiler; ya para ese entonces, Mario no podía llevar incluso su fusil, y yo que estaba totalmente fuera de entrenamiento, tuve que dejar en calidad de carga mi mochila hasta recuperarme”. 

CONTACTOS CASUALES CON LA CONTRA 

“A un par de kilómetros del punto “A” fui informado de que un jefe de escuadra, el compañero Héctor Ávila, había trabado contacto con el enemigo, específicamente con un contrarrevolucionario vestido de civil y armado con un AK chino; Ávila, lejos de capturarlo y eliminarlo, conversó amistosamente con él, intercambiando una serie de preguntas y respuestas que parecían indicar que no había sospecha sobre quiénes éramos. A ello contribuía nuestro uniforme semejante al de los contrarrevolucionarios. 

Continuamos la marcha, una vez había llegado hasta el último hombre y hasta el último bulto, ahora lanzamos la consigna de celebrar el 26 de julio en el punto “B”, objetivo principal de esta jornada. 

Un solo hecho en el punto “A” nos preocupó sobremanera, y fue la captura de un campesino que venía siguiendo nuestras huellas, la emboscada de retención lo hizo prisionero y lo interrogó someramente. Una vez fuimos informados, ordenamos un interrogatorio a fondo, y de encontrar indicios de actividad enemiga, no esperar el ajusticiamiento. Tenía que hacerse con arma blanca, no había otra posibilidad, dado el sitio en que nos encontrábamos rodeados de huestes enemigas”. 

CELEBRACION DEL DIA 28 DE JULIO 

“Cuando llegamos por fin al punto “B” la alegría fue unánime... Para mí la alegría fue pasajera, aquel lugar se me antojaba el más inhóspito y frío. Era un prodigio de altura cubierto por las nubes, húmedo, a tal grado que la única población vegetal sobreviviente eran los helechos gigantes. 

Los compañeros dormían sobre el suelo, en agujeros como ratas, porque no había un solo sitio donde tender una hamaca, y el frío calaba los huesos. No lo pensé dos veces, inmediatamente mandé por Serapio, para que acompañara a buscar un mejor sitio para construir nuestro primer campamento. 

Continuamos rumbo norte, y a unos cuantos kilómetros encontramos un sitio muy acogedor y generoso con la enorme ventaja de sólo poseer dos entradas, fácilmente controlables para ser defendidas. 

Bautizamos el campamento como ‘Congolón’, y llegar todos ilesos fue nuestra mejor celebración del 26 de julio. La alegría era sencillamente contagiante, todos sabíamos que haber llegado al Congolón era nuestra primera pequeña victoria, la marcha de la ‘libertad hacia la victoria’ como la bautizara Justo”. 

SIN PROVISIONES 

“Desde el río hasta Congolón la marcha duró ocho días exactos para toda la columna, exceptuando por supuesto al grupo de exploración que llevaba una ventaja de diez días, respecto al grueso de combatientes. 

Nuestra pequeña victoria la celebramos el 26 de julio, con la última ración de alimentos. Esto me preocupó grandemente, pues se había dispuesto para una duración aproximada de doce días, pero la mala administración y las indisciplinas dieron como resultado que el mismo 26 de julio, ingiriéramos la última porción de alimentos. 

Mi crítica a los comandantes tenía hoy el dramatismo de una realidad concreta, porque no es fácil alimentar a casi un centenar de combatientes a expensas de la generosidad de la selva”.  
 

Desertores develaron la conexión Nicaragua 
Telegrama 09347, del 30 de agosto de 1983, enviado por la Oficina del Attache de Defensa de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, a sus superiores de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, en Washington.

    Un Telegrama Militar desclasificado, originado desde Tegucigalpa, confirma que los oficiales del G-2 hondureño sabían en detalle aspectos vitales de la columna, y que David Arturo Báez Cruz, ex Boina Verde, estaba con ellos 

Los militares norteamericanos ubicados en Honduras conocieron a través de los G-2 hondureños, los testimonios de los desertores guerrilleros.
 

Roberto Fonseca L. 
II Entrega.- A fines de agosto de 1983, los oficiales de Inteligencia hondureña (los G-2), igual que los norteamericanos, sabían todo sobre la composición, armamento, estructura, comunicación y apoyo logístico de la columna guerrillera que se infiltró desde Nicaragua y que iba al mando del Dr. José María Reyes Matta, alias “Comandante Pablo Mendoza”. 

La información recopilada, gracias al testimonio de 17 desertores, quedó registrada en Telegrama 09347, del 30 de agosto de 1983, enviado por la Oficina del Attache de Defensa de la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, a sus superiores de la Agencia de Inteligencia para la Defensa, en Washington. 

A través de las confesiones, lograron determinar que la columna guerrillera se hacía identificar como una compañía de las Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP) y estaba integrada por cuatro pelotones y sus unidades de apoyo. En total: cerca de 115 guerrilleros, incluyendo oficiales, asesores y técnicos. 

De acuerdo con el resumen de los testimonios, el comandante de la Compañía era el Dr. José María Reyes Matta, bajo el seudónimo de “Comandante Pablo Mendoza”. Y sus principales lugartenientes eran: “Comandante Felipe Zapata”, del Primer Pelotón, denominado “Frente Norte”; “Comandante Serapio Romero”, del Segundo Pelotón, denominado “Frente Oriental”; y “Comandante Fidel”, del Tercer Pelotón, denominado “Frente Central”. 

Además, estaba la Sección de Apoyo a la Comandancia, integrada por el “Comandante Adolfo” (David Arturo Báez Cruz), de quien el telegrama dice textualmente: “Un miembro que está siempre junto al Comandante Pablo Mendoza. Se sospecha que sea nicaragüense”. Los otros eran: “Subcapitán Alfredo Antúnez”, “Teniente Ana Guadalupe Berríos”, a cargo de logística y abastos; y “Teniente Freddy Betancourt”, ametralladorista, originario de Nueva Palestina, Honduras. “Fue por abastos el 4 de agosto y nunca regresó”, decía el cable enviado a Washington. 

NEXOS CON NICARAGUA 

Dos de los desertores, identificados como Santos Francisco Sánchez, alias “Ovidio Ortiz”, y Ramón Arturo Colindres, alias “Emiliano Santacruz”, aseguraron que fueron reclutados en 1981 por un hombre que luego identificaron como “Teófilo Martínez”, subcomandante del tercer pelotón de la compañía de las denominadas Fuerzas Armadas del Pueblo (FAP). 

Martínez, según los desertores, los reclutó para participar en un “entrenamiento agrícola” en el exterior, como parte de un “programa de reforma agraria”, y si aceptaban, sus familias recibirían dinero y cuidarían de ellas. 

“A mediados de septiembre de 1981, ambos abandonaron Honduras, de forma separada”, dice el Telegrama militar, ahora desclasificado. “Martínez acompañó personalmente a Colindres a Managua, desde donde fue enviado a Cuba. Sánchez se fue por sí mismo, en Tica Bus, a Panamá, a través de Nicaragua. Luego fue puesto en un vuelo de Cubana”, agrega. 

Ahí recibieron entrenamiento en tácticas, topografía, formación de infantería, comunicaciones, primeros auxilios, artillería y otros, en la escuela de las tropas especiales cubanas, ubicada en Pinar del Río. Ahí conocieron al “Comandante Pablo Mendoza”, el Dr. Reyes Matta. 

“El grupo retornó en grupos de cuatro a cinco, a mediados de septiembre de 1982 a Nicaragua, donde permanecieron los próximos once meses acampados en una casa de seguridad, sin dinero, sin contactos con mujeres ni salidas de fines de semana”, añade. Hasta que se conformó en su totalidad la compañía en julio de 1983 y fueron movilizados al noreste de Zelaya, para internarse a Honduras, a través del Río Coco. 

Además, según los mismos desertores, la compañía disponía de un radio de largo alcance, el que se utilizaba para comunicarse con Nicaragua y “otros países”. Luego, el testimonio de otro desertor, Enoc Benigno, lo identificó como un “Yaetsu” portátil (un radio receptor-transmisor), con una antena direccional. 

La antena estaba normalmente instalada en los árboles, para una mejor señal, y la fuente de poder era una batería de vehículo y un generador portátil operado con pedales mecánicos, dice. 

“Los códigos de radio estaban escritos en una libreta, que la tenía en su poder el “Comandante Fidel”, líder del tercer pelotón”. Para resguardar la seguridad, las transmisiones duraban aproximadamente 30 minutos y se realizaban entre las 9:00 y las 16:00 horas, o sea, desde las nueve de la mañana a las cuatro de la tarde.
 



Eduardo Báez Cruz: “Iremos a el Aguacate” 

    Después de 18 años, empieza a develarse el misterio que rodeó a la columna guerrillera hondureña del PRTC, desde su nacimiento hasta su aniquilamiento 

David Arturo Báez Cruz. 

Roberto Fonseca L.
 

Ultima entrega.- En esta segunda y última parte de la entrevista, Eduardo Báez Cruz, hermano de David Arturo, se develan otros detalles sobre el misterio que rodeó a la columna guerrillera hondureña del PRTCH, organizada y pertrechada en Nicaragua en 1983, y que fue virtualmente aniquilada por las tropas hondureñas y de la Contra. 

Dieciocho años después, Eduardo junto a su mamá, Lillyam Cruz de Argüello, esperan el momento en que la Fiscalía de Honduras los llame para identificar y reconocer el cadáver de David Arturo, quien se incorporó a la columna bajo el seudónimo de “Comandante Adolfo”. 

¿Cuándo retomaron el tema de la búsqueda de tu hermano David Arturo? 

Bueno, yo me retiré del Frente (Sandinista) a finales del 86, y me empezó a entrar la inquietud de qué habría pasado con mi hermano, sabía que se había ido a Honduras, pero quería saber más detalles, conocer su paradero. 

¿Nunca oíste alguna noticia en ese período, en los medios locales? 

No, absolutamente nada. Soy obsesivo de leer periódicos, pero aquí en Nicaragua no se escribió ni una letra sobre eso, en cambio me quedé extrañado cuando descubrí en Honduras que fue un alboroto el quiebre de esa columna guerrillera, porque provenía de Nicaragua. Te hablo de reportajes, cables internacionales, escritos hasta en el Washington Post, pero aquí nada, supongo que fue bloqueado. 

¿Y al oficial “Aníbal”, de Inteligencia del EPS, lo volvieron a ver? 

Jamás. 

¿Entonces? 

Empecé a averiguar a través de amigos en el Ejército, que conocieron a Arturo o pelearon con él. La primera versión entonces me la ofreció Arturo Navarrete, un amigo de Jinotepe que había sido oficial de la Contrainteligencia, del CIM. Yo le pedí que averiguara algo, y meses después me contó una historia, muy parecida a lo que hemos venido luego averiguando. Me dijo que (David Arturo) se había ido con una columna guerrillera hondureña y que el trabajo de Arturo, además de asesor militar, era de cuidar al viejito cubano, supongo que se trataba de Reyes Matta, pues era una reliquia. Luego, en documentos desclasificados que hemos encontrado, dicen que mi hermano era como el “guardaespaldas” o el “custodia” de Reyes Matta, así se refieren a él, porque siempre estaba con él. 

Además, me dijo que había sido un fracaso la operación desde el inicio, que no había durado mucho, que los habían quebrado desde que entraron. Los habían cercado, y que les habían echado a tropas hondureñas y a una fuerza de la Contra estacionada en El Aguacate. Todo eso lo confirmamos en documentos que se han venido desclasificando. 

¿No quedó nadie vivo? 

Tengo entendido que sí. Hace algunos años hablé con un ex oficial del Ejército, de nombre Darwin y originario de Masaya, quien se me presentó como sobreviviente de esa columna, como alguien que había logrado salir. Él era de Inteligencia del EPS, y me aseguró que había salido una parte con vida. Me habló con propiedad de mi hermano Arturo. 

¿Qué persiguen ahora con todo este proceso? 

En primer lugar, recuperar los restos de mi hermano. Todo esto lo hago por mi mamá y por mí mismo... Quisiéramos saber también qué pasó, cómo murió y recuperar sus restos. Es un asunto hasta de resolver tus duelos. Nosotros no tenemos mucha expectativa con tribunales, no queremos meternos en ese rollo, porque es ilusorio pensar que en nuestros países se puede hacer justicia con gente que estuvo metida en esas cosas. En el mismo Honduras, por ejemplo, hay una amnistía contra los culpables. Entonces, simplemente, queremos saber toda la verdad. 

¿Y del gobierno hondureño han recibido alguna información? 

En esto ha sido importantísimo la participación de la Fiscalía de los Derechos Humanos de Honduras, esa gente ha sido de lujo, beligerante, y en condiciones muy difíciles, porque la gente involucrada en este caso son ahora los coroneles, los generales de las Fuerzas Armadas hondureñas, ése es el verdadero trasfondo en todo esto. Gente que juega aún un papel importante en ese país. 

¿Van a asistir como familia a las excavaciones de El Aguacate? 

Nosotros tenemos el compromiso de estar ahí presentes. Quiero llevar a mi mamá, porque a estas alturas (18 años después), la única forma de identificar los restos quizás sea vía ADN, tomándole una prueba de sangre a mi mamá, pues es la forma más efectiva. Estamos pendientes de que nos avisen de la Fiscalía, pero sí hemos hecho muchas gestiones en Honduras. Esto de El Aguacate tiene casi un año, primero no quería dejarlos entrar el Ejército, argumentando que estaba minada. 

¿Tu mamá lo quiere localizar, aunque eso le confirme definitivamente que está muerto? 

Sí, claro. Ya le pasó con mi papá (Adolfo Báez Bone), lo mataron, pero no se sabía dónde había quedado su cadáver, hasta que meses después localizaron unos huesos. Como dice ella: “Eso da cierta tranquilidad”. 

Pero en Nicaragua, ¿este asunto se mantuvo como Top Secret? 

Sí, totalmente. Estaba completamente sepultado

El Aguacate destapará operaciones ocultas EPS
 


Uno de los expertos revisa con los lugareños una fosa en la antigua base Contra de El Aguacate, en Honduras. CORTESIA/LA PRENSA DE HONDURAS.
Roberto Fonseca L.

I ENTREGA.- Las excavaciones que se llevan a cabo en territorio hondureño, en la antigua base Contra de El Aguacate, podrían poner fin a la angustia que sufre la familia Báez Cruz, pero a la vez, destaparía uno de los capítulos más ocultos de la Revolución Sandinista: la exportación de la guerrilla a Honduras, durante la década pasada. 

En efecto, de acuerdo con documentos desclasificados y testimonios de primera mano, a mediados de 1983 se organizó, entrenó, fogueó y se infiltró una columna guerrillera hacia Honduras, jefeada por el Dr. José María Reyes Mata, conocido entonces como “Comandante Zapata”. 

Uno de sus principales lugartenientes, y quizás el de mayor preparación militar, se llamaba David Arturo Báez Cruz, con el seudónimo de “Comandante Adolfo”. Nacido en Nicaragua, pero nacionalizado norteamericano, fue miembro de la unidad de los Boinas Verdes, acantonada en Fort Gulick, Panamá, hasta que pidió su baja oficial en 1981. 

Se integró al EPS, donde primero entrenó a las Tropas Especiales “Pedro Altamirano”, y luego pasó a ser oficial de Inteligencia, y —según textos desclasificados—, parte de un escuadrón móvil de cinco hombres, que operaba en “tierras de nadie”, en la zona fronteriza con Honduras. 

Hasta que en 1983 confesó a su hermano, Eduardo Báez, que se uniría a una fuerza guerrillera hondureña. Durante meses, a los familiares les ocultaron información, hasta que el EPS a través de una constancia oficial lo dio por muerto, “caído en cumplimiento del deber”, en abril de 1985. No mencionaba, por supuesto, el lugar
 

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Versión internet: Eduardo Manfut P.
 La Prensa 31 de agosto del 2001
Regresa al siglo XIX
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Diseño y recopilación de datos por Eduardo Manfut P. (mayo - 2001).