FRENTE
SUR
Benjamín
Zeledón
“No
fue una victoria militar sandinista”
La
población civil se rebeló contra el dictador y lo tumbó,
reflexiona Lawrence Pezzullo.

18 DE JULIO
DEL 2001 / La Prensa
Lawrence Pezzullo:
“No fue una victoria militar sandinista”
La población
civil se rebeló contra el dictador y lo tumbó, reflexiona
Pezzullo.
Arthur R. Day *
Georgetown University
Segunda y última
parte.- En esta segunda y última entrega, el embajador Lawrence
Pezzullo, ex diplomático norteamericano en Nicaragua, confirma su
decepción porque Anastasio Somoza rompió el acuerdo con los
Estados Unidos, de no facilitar a través de su sucesor una transición
pacífica, a partir del 17 de julio de 1979, día en que salió
al exilio.
Ante la violación
de los acuerdos, no tuvo más opción que retirarse del país,
rumbo al Comando Sur, estacionado en ese entonces en Panamá. Urcuyo,
tal como se lo predijo, sería un Presidente sin país.
— ¿Qué
fue lo que finalmente convenció a Somoza de que nadie iba a su rescate
y que él debía renunciar y salir del país?
No lo sé.
Creo que él tal vez sabía que había llegado al final.
Eso nunca lo probaremos, que eso estaba en su mente, él murió,
él fue asesinado varios años después.
Pero supongo que
fue el deterioro de la situación militar local, finalmente, lo que
lo convenció de que no había otra opción.
No había otra
opción. Quiero decir, no había abastecimiento. Lo que pasó
en el conflicto era que tenía una insurrección popular, que
era incluso peor que una guerra. Los sandinistas no ganaron una victoria
militar. Lo que pasó en los pueblos y ciudades, fue simplemente
que se alzaron y fueron en busca de la Guardia. Niños, adolescentes,
madres y hermanas, y así sucesivamente.
El pueblo se alzó
en armas contra él y estaban ayudando y apoyando a estos jóvenes.
Por eso, había muchas ilusiones aquí. Quiero decir, la ilusión
dada por los sandinistas. La idea de que ellos habían ganado una
victoria militar no era verdad. El pueblo nicaragüense se alzó
en armas y querían destituirlo, y sucedió que ellos eran,
los sandinistas, la vanguardia armada de eso. Pero ellos nunca derrocaron
a Somoza.
Mientras tanto, teníamos
que elaborar básicamente el escenario para la salida de Somoza.
Y el escenario era, fundamentalmente, que él abandonaría
el puesto, constitucionalmente, a un senador. Él seleccionó
a un tipo de apellido Urcuyo, quien era un desconocido al estilo de “engomado”,
sin grandes consecuencias.
— ¿Se despidió
de él (de Somoza)?
No. Somoza salió
a las tres de la mañana en punto, del 17. La última vez lo
vi antes que se hiciera la ceremonia en la cual él había
pasado la batuta a Urcuyo. Se suponía, entonces, que él iba
a hacer una serie de cosas. Que invitaría a la Junta (de Reconstrucción)
para venir a Managua, desde San José (Costa Rica). La Junta iba
a llegar acompañada por el Arzobispo de Managua, como también
los miembros de la comunidad internacional.
Entonces, ellos (la
comunidad internacional) darían seguimiento a las promesas que habían
hecho a la OEA, de que ellos comenzarían a tomar el poder y luego
convocarían elecciones y así sucesivamente. Por supuesto,
no lograron hacerlo. Mientras tanto, los comandantes militares se reunirían
y hablarían sobre la renuncia, el surgimiento de una fuerza militar
mixta, etc.
Pero cerca de las
6:30 a.m. vimos que la cosa iba a enredarse. Lo abordé. Él
había estado en dos reuniones, donde abordamos cada uno de estos
temas, pero reclamó que ignoraba todas estas cosas, y dijo. “No
entiendo esto. Yo soy el Presidente de Nicaragua”.
Fue entonces que
mencioné a Washington que Somoza había roto ese acuerdo,
y eso había provocado la llamada de (Warren) Christopher a Somoza,
en Miami. Somoza, entonces, rápidamente contrató dos yates
y se largó de Estados Unidos. Pero él había dado claramente
a Urcuyo el otro mensaje, el que usted sabe, que él se quedara a
cargo de todo y que no dejara entrar a los comunistas.
Mi teoría
es que Somoza tenía miedo de que si la Guardia se enteraba de que
él se iba, ellos lo habrían matado. Y él le mintió
a Urcuyo. Se lo fui a decir ese mismo día. Tuvimos una sesión
muy tormentosa.
— ¿Usted y
Mejía fueron a ver a Urcuyo, el Presidente?
Sí. Él
negó todo esto y dijo que él se sentía insultado,
que yo le estaba diciendo qué hacer y todo este tipo de cosas sin
sentido. En esta época, pienso que Mejía (sucesor en la jefatura
de la GN) estaba comenzando a oler a rata, además de que la Guardia
Nacional comenzaba a colapsar.
Yo se lo dije a Urcuyo.
Yo le dije: “Amigo, vas a ser un presidente sin país”. ¿De
qué está hablando?, me preguntó. “Esto no se mantendrá.
Solamente se podrá mantener bajo el escenario que organizamos. Eso
es lo que acordamos, con los sandinistas, con todo el mundo. No puede hacer
esto”.
Así comenzó
a colapsar. Un día después, él había abandonado
el país. Entonces, estaba colapsando. Le hice la recomendación
a Washington de que presionara con alguna parte de la embajada, acompañada
de una declaración pública, criticando a Somoza por haber
roto el pacto. Porque si no hacíamos eso, parecería como
si esto fuera nuestro plan desde el inicio. Ellos estaban de acuerdo y
yo salí la mañana del 18.
* Extractos de una
entrevista celebrada en 1989, que forma parte del Digital National Security
Archive. Traducida por Ivet Cruz.
JUEVES 10 DE AGOSTO DEL 2000 / La Prensa
OEA confirmó
bombardeos indiscriminados
En el caso de la prensa escrita u oral, independiente u opositora al Gobierno,
en los períodos en que no sido censurada... sus propietarios directivos
o periodistas han sufrido graves atentados o amenazas a su vida, libertad
o seguridad
Los daños
y sufrimientos provocados por estas violaciones han hecho surgir entre
la población nicaragüense, de una manera más patente,
un intenso y general sentimiento favorable al establecimiento de un sistema
que garantice la observancia de los Derechos Humanos
Un soldado de la
guardia nacional, escoltado por una tanqueta, patrulla en posicion combativa
en la ciudad de estelí.
Una idea sobre el
grado que alcanzó la masiva violación de los Derechos Humanos
durante el régimen somocista, pueden suministrarla las conclusiones
a las que arribó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
citada, en su "Informe sobre la situación de loa Derechos Humanos
en Nicaragua" (OEA/Sr. L II 45 doc. 16 rev. 1), publicado el 17 de noviembre
de 1978, como resultado de la observación "in situ" desde el 3 al
12 de octubre de dicho año.
"A la luz de los
hechos y antecedentes expuestos precedentemente, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos, en pleno, ha llegado a la conclusión de que
el Gobierno de Nicaragua que encabeza el señor General Anastasio
Somoza Debayle, de una manera grave, persistente y generalizada, ha ocurrido
en la siguientes violaciones:
a) El Gobierno de
Nicaragua es responsable de graves atentados al derecho a la vida, en trasgresión,
además, de las normas de derecho internacional humanitario, al reprimir
excesiva y desproporcionadamente las insurrecciones que tuvieron lugar
en septiembre pasado en las principales ciudades del país.
En efecto, los bombardeos
de la Guardia Nacional a las poblaciones, se hicieron indiscriminadamente
y sin previa evacuación de la población civil, lo que trajo
como consecuencia innumerables muertes de personas ajenas al conflicto,
y en general, una situación dramática. (Crímenes de
guerra y crímenes de lesa humanidad).
b) Igualmente el
Gobierno de Nicaragua es responsable de muchísimas muertes ocurridas
con posterioridad a los combates, en razón de los abusos cometidos
por la Guardia Nacional en la llamada "operación limpieza" y en
otras acciones que tuvieron lugar varios días después de
terminadas las hostilidades, en las que ejecutaron sumaria y colectivamente
a numerosas personas por el sólo hecho de habitar en barrios o caseríos
donde habían actuado miembros del Frente Sandinista de Liberación
Nacional; se asesinó a jóvenes y niños indefensos
(Crímenes de lesa humanidad).
c) El Gobierno de
Nicaragua ha obstaculizado la labor de la Cruz Roja al impedirle actuar
debidamente durante los combates a fin de atender los heridos, recoger
los cadáveres y en general llevar a cabo su labor humanitaria.
Además, dicho
gobierno es responsable de la muerte de socorristas de la Cruz Roja y de
la utilización indebida de ambulancias y emblemas de esa Institución
(Crímenes de guerra).
d) El Gobierno de
Nicaragua es también responsable de muertes, graves abusos, detenciones
masivas y otras violaciones a los Derechos Humanos de grupos de campesinos
(Crímenes contra la humanidad).
e) En los sucesos
de septiembre pasado, y aún antes de ellos, se ha violado gravemente
el derecho a la integridad personal, al aplicarse torturas y otros apremios
físicos a numerosos detenidos.
f) Una situación
especial que preocupó hondamente a la Comisión es la que
se refiere a los menores.
Además de
los numerosos adolescentes y jóvenes que se encuentran detenidos
en cárceles comunes, en promiscuidad con delincuentes comunes, la
Comisión pudo comprobar una represión generalizada por parte
de la Guardia Nacional en contra de todo varón entre 14 y 21 años
de edad (Crímenes de lesa humanidad).
g) La libertad de
expresión del pensamiento se encuentra severamente restringida al
limitarse, en los hechos, la información de lo que ocurre en Nicaragua,
principalmente a lo que expresan los diarios, las emisoras y estaciones
de televisión controlados directamente o indirectamente por el Gobierno.
En el caso de la
prensa escrita u oral, independiente u opositora al Gobierno, en los períodos
en que no sido censurada... sus propietarios directivos o periodistas han
sufrido graves atentados o amenazas a su vida, libertad o seguridad.
Los daños
y sufrimientos provocados por estas violaciones han hecho surgir entre
la población nicaragüense, de una manera más patente,
un intenso y general sentimiento favorable al establecimiento de un sistema
que garantice la observancia de los Derechos Humanos.
(Tomado del tercer
informe oficial de CPDH, 1978)
11 DE
AGOSTO DEL 2000 / La Prensa
Entrevista con "El
Chigüin"
Crímenes
de guerra no prescriben
Augusto Zamora, experto en Derecho Internacional, afirma que Anastasio
Somoza Portocarrero, igual que Pinochet, puede ser enjuiciado
El experto
señaló que estos tipos de crímenes son "imprescriptibles",
sobre todo los de lesa humanidad, "que no pueden estar sujetos a plazos
o tiempos", en una entrevista concedida a LA PRENSA vía correo electrónico
dos civiles se tapan
sus narices debido al olor a carne quemada que despide el cadáver
de un civil muerto durante la insurrección del 78. Inserto, Dr.
Augusto Zamora.
Eduardo Marenco
eduardo.marenco@laprensa.com.ni
El ex teniente coronel
y ex director de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería
(EEBI), Anastasio Somoza Portocarrero, "El Chigüín", todavía
puede ser objeto de una demanda y un juicio por crímenes de guerra,
contra la paz y contra la humanidad, de acuerdo a los instrumentos jurídicos
internacionales, aseguró a LA PRENSA, el especialista en Derecho
Internacional, Dr. Augusto Zamora.
Zamora, ex asesor
legal de la Cancillería en los años 80, es un abogado nicaragüense
que imparte clases en la reconocida Universidad Autónoma de Madrid,
donde actualmente reside.
El experto señaló
que estos tipos de crímenes son "imprescriptibles", sobre todo los
de lesa humanidad, "que no pueden estar sujetos a plazos o tiempos", en
una entrevista concedida a LA PRENSA vía correo electrónico.
LAPRENSA: Doctor,
a 21 años de la salida de los Somoza del poder, ¿hay aún
causales para enjuiciar a Anastasio Somoza Portocarrero?
AUGUSTO ZAMORA: Las
causales existen desde 1945, cuando a raíz de los crímenes
del nazismo se creó una normativa jurídica al respecto, a
partir de los llamados Principios de Nüremberg. Sin embargo, estas
normas devinieron, al calor de la "guerra fría" en eminentemente
formales.
Dos hechos cambian
drásticamente esta situación: la guerra civil que provoca
la desintegración de Yugoslavia, después de 1991, que lleva
a la creación del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia
(resolución 808 del Consejo de Seguridad de 22 de febrero de 1993);
y el genocidio en Ruanda, en 1994, que lleva a crear, el 8 de noviembre
de ese año (resolución 955 del CS) un tribunal similar.
El impulso definitivo,
dentro de Naciones Unidas, llega con la creación del Tribunal Penal
Internacional, en 1999.
LP: ¿Si es
así, por qué entonces el gobierno sandinista no entabló
un juicio en su contra?, ¿O sí lo intentó?
AZ: "Hasta donde
sé, no hubo una acusación formal. La causa habría
que buscarla tanto en las circunstancias del momento (desmantelamiento
del Estado somocista y construcción de uno nuevo), como en la convicción
existente de que, estando asilado en Guatemala o EEUU, no había
ninguna posibilidad de obtener su extradición.
Este hecho era corriente
en Latinoamérica y el mundo. De hecho, hasta la histórica
decisión del juez español Baltasar Garzón, de abrir
procedimiento y solicitar a Gran Bretaña la extradición del
ex dictador chileno Augusto Pinochet, la norma era que los dictadores derrocados
vivieron dorados exilios en la más absoluta impunidad".
LP: ¿Cuáles
delitos se le imputarían a "El Chigüín"?
AZ: "El Derecho Internacional
distingue tres categorías: crímenes contra la paz, crímenes
contra la humanidad y crímenes de guerra. Las categorías
aplicables estarían vinculadas a la salvaguarda de la persona humana:
asesinatos, torturas, desapariciones, violaciones, etc.
Otras normas violadas
se refieren a la protección de la población civil en caso
de conflicto armado, sea internacional o no, como los bombardeos indiscriminados,
el terrorismo o los asesinatos en masa.
Para decirlo de manera
resumida, podría -porque estos delitos nunca prescriben- ser acusado
de un nutrido número de crímenes, incluso ante tribunales
no nicaragüenses, en aplicación de la denominada jurisdicción
universal".
LP: ¿Prosperaría
un enjuiciamiento a estas alturas?
AZ: "Es obvio que
sí. Como he indicado, la mayor parte de los delitos son imprescriptibles.
Es una de las secuelas de los principios de Nüremberg. Se considera
que los crímenes de lesa humanidad no pueden estar sujetos a plazos
o tiempos. Aún hoy, en Europa, siguen juzgando a los criminales
nazis, así tengan 90 años.
Otra cuestión
es que una acusación así prospere en los tribunales de Nicaragua,
que sufren un enorme grado de descomposición. No obstante, hay que
tener en cuenta en este tema, además del sonado caso Pinochet, el
caso incoado por Rigoberta Menchú este año 2000, también
ante un tribunal español, contra los presidentes y militares involucrados
en el genocidio indígena en los años 80. Hay orden de captura
contra ellos y, cuando menos en Europa occidental, si se dejan caer por
allí, pueden ser capturados y extraditados a España.
Quien esté
interesado en una acción similar puede preguntar a la premio Nobel
guatemalteca sobre los pasos y procedimientos a seguir, si no confía
en los jueces de Nicaragua".
FRENTE
SUR
Benjamín
Zeledón, FSLN
- 1979
19 de Julio de
1999 | El Nuevo Diario
Edén,
Valdivia, Dora María, Ferrey...
Los héroes
de hace 20 años
*** Ellos salieron
con las mochilas vacías.
*** De su gallarda
gesta sólo quedan recuerdos.
—JOAQUIN TORREZ A.—
Managua
Tiene tantas
historias como años. Aún conserva aquel cuerpo flaco, desgarbado,
su rostro enjuto y su mirada adusta que mostraba destellos de su carácter
fuerte. Igual que veinte años atrás, se ríe muy poco.
Cuesta arrancarle más palabras que las que suele decir. Su cabeza
ya está invadida de canas, como se invade su mente de crónicas
militares cada vez que recuerda el 19 de julio de 1979.
Hace veinte años,
José Valdivia era uno de los jefes del Estado Mayor del "Frente
Sur Benjamín Zeledón". Después, con la Revolución
de los años 80, fue Viceministro de Defensa. Ahora es miembro de
la Federación de Veteranos de Guerra de Nicaragua, que el viernes
celebró con casi medio centenar de sus miembros el XX Aniversario
de la Revolución.
Sólo la época
cambió. El ambiente era el mismo de los 80. Música testimonial,
una que otra consigna de "Patria Libre o Morir", aplausos para "los héroes
que no dijeron que morían por la patria, sino que murieron", y pláticas
que versaban sobre términos muy familiares para ellos como revolución,
guerra, lucha armada y derrocamiento de Somoza.
El legendario Edén
Pastora, Dora María Téllez, Elías Noguera, Javier
Pichardo, Mónica Baltodano, José Valdivia, Raúl Venerio,
Alvaro Ferrey, Irving Dávila, Herty Lewites, Donald Mendoza, eran
parte de los presentes, además del Contraalmirante Omar Halleslevens,
que llegó en nombre del Jefe del Ejército, General Joaquín
Cuadra.
Cada uno es una leyenda
en sí. Ya no son funcionarios públicos. De sus cargos militares
sólo conservan sus broches, y sus recuerdos. Ni comandantes, ni
coroneles, ni capitanes.
Una de esas historias,
dice Pastora, es la que dice que durante la toma del asalto al Palacio
Nacional, en agosto de 1978, "yo no tuve la indisciplina de quitarme el
pañuelo rojinegro de la cara, lo que nunca hice porque jamás
usé pañuelo, al igual que Dora María (Téllez),
y Hugo Torres", dice Pastora.
"Pero ya la historia
me absolvió, como dijo una vez Fidel Castro", indicó Pastora,
quien asegura seguir siendo sandinista y revolucionario, pues jamás
vendió su carnet, como una vez lo acusó el ex ministro del
Ministerio del Interior, Tomás Borge.
Otro que contó
sus historias y que confesó su encarnizado sandinismo fue Donald
Mendoza, célebre por la toma de la casa de la Unión Nacional
Opositora, UNO, a mediados de 1993, y miembro del Estado Mayor del Ejército
Popular Sandinista, EPS, en los años 80.
A Mendoza le llena
de orgullo el haber sido la primera persona (cuando dirigía en Masaya
una columna guerrillera llamada Jorge Navarro), que interrogó al
tristemente célebre "Macho Negro", autor de la muerte de centenares
de jóvenes capitalinos en la década de los años 70.
"Aún recuerdo
que me juró por Dios que era inocente. Entonces yo se lo di al compañero
"Marcio" (Sergio Gómez), y éste se lo entregó al pueblo
de Masaya, quien lo terminó ajusticiando el 18 de julio, en una
esquina cercana al Colegio La Salle", recuerda Mendoza.
Los combates contra
los miembros de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería,
EEBI, en la famosa Colina 155, en Rivas, fueron traídos a la memoria
por el que fue jefe de operaciones del Frente Sur Benjamín Zeledón,
el ex Teniente Coronel Alvaro Ferrey.
"Esos combates en
la Colina 155 fueron sangrientos, pues fueron dirigidos por el entonces
coronel de la Guardia Nacional, "Comandante Bravo", que era un militar
bien preparado", dice Ferrey, quien recuerda que en el Frente Sur, se enlistó
el hijo del presidente de Panamá, Omar Torrijos, Martín Torrijos,
que recién perdió las elecciones para presidente de Panamá.
Otro panameño
que luchó en el Frente Sur, fue un médico llamado Hugo Spadafora,
que entró al país al frente de una columna de más
de 400 panameños.
Para el ex jefe del
Estado Mayor del Frente Sur, José Valdivia, con los combates en
la Colina 155, que duraron unos 13 días, se demostró el espíritu
de los guerrilleros revolucionarios, pues la GN les cayó con todo
(aviones, y tanques), y no los pudieron desalojar de sus puestos.
La
novela no escrita de Orlando Tardencilla, el hombre que hizo rabiar al
Departamento de Estado
Héroe sandinista
de candidato del PLC
Luis Felipe Palacios,
Semanario
7 días,Edición 303 del 12 al 19 de julio del 2001
* Ahora sí
confiesa un secreto bien guardado...por qué se fue a luchar a El
Salvador.
* Abandonó
el sandinismo por las insolidaridades, indiferencia, envanecimiento y soberbia
de algunos dirigentes de la Revolución.
* El mensaje de Cristo
lo recibió de un niño de 7 años que le pidió
no ir de nuevo a la guerrilla de otro país, de donde era requerido.
Orlando Tardencilla.
En el verano de 1982
los nicaragüenses temían una intervención militar de
Estados Unidos. Barricada, el periódico oficial del Gobierno sandinista,
tituló a ocho columna en los primeros días de marzo: "Yanquis
desesperados por intervenir". La preocupación gubernamental era
tanta, que la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional mandó
a suspender el censo poblacional que se iba a realizar. El motivo: "estar
preparado para defender la soberanía nacional".
No era para menos.
William Casey y Alexander Haig, Director de la CIA y Secretario de Estado
norteamericano respectivamente, habían manifestado que "los Estados
Unidos deben adoptar como norma irrumpir en cualquier Estado en vías
de desarrollo, en el que las transformaciones revolucionarias pongan en
peligro los intereses norteamericanos". Agregaron: "Estados Unidos debe
estar preparada para usar tropas en El Salvador, porque Centroamérica
está en guerra, y las guerrillas están ganando la batalla
psicológica", según se desprende de la página web
de la CIA sobre los hechos más relevantes de 1982.
En ese tiempo se
encontraba de visita en Nicaragua el famoso escritor Gabriel García
Márquez, que en ese entonces se identificaba con la Revolución
Sandinista, y advirtió: "Los Estados Unidos deben entender que esas
farsas sangrientas son un riesgo para ellos mismos, pues esas maniobras
antipopulares sólo producirán otro Vietnam, y ésta
es frente a sus propias puertas" (Barricada, 10 de marzo de 1982).
Pero sus palabras
no resonaron en el país del norte, y la intervención de EE.UU.
era cuestión de tiempo. El secretario de Estado Alexander Haig sólo
necesitaba una prueba que determinará la participación ilegal
de Cuba y Nicaragua en la guerrilla salvadoreña. Sin embargo, dos
intentos de obtener esta clase de pruebas habían fracasado.
Primero Haig aseguró
que en Nicaragua tenía lugar un genocidio contra los indígenas
misquitos. Presentó imágenes fotográficas que resultaron
ser un fotomontaje. Entonces, no tuvo más remedio que reconocer
el fraude y pedir disculpas. A los pocos días dijo: "Un soldado
nicaragüense ha sido capturado en El Salvador", pero resultó
que se trataba de un estudiante nicaragüense (Ligdamis Amaxis Gutiérrez
Espinoza) que se dirigía a México a continuar sus estudios.
Haber hecho el ridículo dos veces enfureció a Alexander Haig
y, probablemente, pensó que "la tercera iba a ser la vencida".
El hombre que cambió
la historia
El 12 de marzo apareció
un comunicado de AP que decía: "El Departamento de Estado de los
Estados Unidos presentó ante la prensa a un guerrillero nicaragüense
para que confirmara sus denuncias de que Nicaragua y Cuba intervienen en
El Salvador, pero el hombre dijo justamente lo contrario, y afirmó
que su acción podría costarle la vida".
Esa noticia dio la
vuelta al mundo. La denuncia de un valiente joven nicaragüense que
desafió la muerte en las meras entrañas del "imperio", causó
el repudio popular hacia los Estados Unidos que Gabo había vaticinado.
Haig había fallado por tercera vez, y los intentos de la intervención
militar empezaban a esfumarse. La noticia cambió el rumbo de la
historia de Nicaragua (...).
El protagonista de
esa gesta, que parece haber sido sacada del guión de una película
con posibilidades de ganar un Oscar, fue un joven internacionalista revolucionario
de 19 años, llamado Orlando José Tardencilla Espinoza. Diecinueve
años después, el "hijo de Sandino", como fue bautizado por
los nueve de la Dirección Nacional, no se encuentra más entre
los militantes del FSLN. Ahora está en la acera de enfrente como
candidato a diputado de la alianza que suscribió el Camino Cristiano
con el Partido Liberal. Tardencilla, que no gusta de recordar su pasado,
habló con 7 DIAS para recordar su historia, que bien podría
servir para una novela.
¿Cuál
es su historia familiar?
Nací en Masaya
el 15 de diciembre de 1963. En la actualidad soy un hombre en paz. Abogado
y notario. Con una familia compuesta por tres hijas y un varón.
Una familia estable, cristiana y con paz en mi corazón, ése
es Orlando Tardencilla ahora, casado con Ana María Salmerón,
una contadora pública. Me crié en una familia muy pobre.
Mi mamá, Juana Espinoza Escalante, era una vivandera, tuvo once
hijos. Soy el quinto. Todos vivimos al amparo del esfuerzo personal de
ella. A pesar de las limitaciones, nos fuimos forjando con los conceptos
que ella nos vertió. Mi padre, Orlando Tardencilla Oporta, es un
hombre trabajador que atiende una finca personal.
¿Cómo
se desarrolla su niñez?
Muy difícil
y complicada, pero también muy normal. A esto último me refiero
porque la niñez que viví, era la infancia de muchos: la pobreza,
limitaciones y dificultades. Incluso, después de los once años
empecé a trabajar y estudiar en la noche para poder apoyar a mi
madre en la manutención de la familia y en el cuido de mis hermanos.
Recuerdo que mi primer par de zapatos me los puse a los nueve años.
Eso te da un reflejo del estado de carencia y dificultad en que mi familia
vivía cuando era niño. Junto a mi madre, yo vendía
en las calles de Managua veladoras, juguetes, canelas y otras especies.
También vendí periódicos, y ocasionalmente lustraba.
¿Qué
circunstancias lo llevaron a involucrarse en las luchas clandestinas del
Frente Sandinista?
En el terremoto de
1972 mi familia perdió lo poco que tenía. En 1973, por las
enormes dificultades económicas, nos tuvimos que ir a vivir a Masaya.
En esa ciudad me ocurrieron dos hechos importantes. Primero, en 1977, cuando
estaba en sexto grado, resulté ser el mejor alumno de primaria de
Nicaragua. Recuerdo que recibí un pergamino que luego rompí
porque llevaba la firma de Somoza. El segundo hecho, es que simpaticé
con las luchas revolucionarias populares sandinistas que empezaban a forjarse
entre 1977 y 1978.
¿Quién
lo invitó a incursionar a esas luchas?
Hay varios jóvenes
que nos integramos en ese momento a las luchas populares y milicianas.
¿Algún
nombre que recuerde?
Sí, recuerdo
al señor Noel Quintana, actualmente capitán del Ejército.
También anduvo el que es ahora alto oficial del Ejército,
el señor Glauco Robelo. Ellos dos pueden dar fe de lo que digo.
Entre los cuadros actuales del Frente Sandinista conocí a Francís
Cuadra, esposa de Ramón Cabrales. Además, estaba otra cantidad
importante de personas, algunos están en el Frente Sandinista, otros
murieron en la lucha, y otro tanto está fuera del Ejército
y del FSLN, dedicados a su vida profesional y privada.
¿Cuál
fue su participación en la Revolución?
Era combatiente popular.
Tira bombas. Apoyaba las marchas y todas las actividades de respaldo a
la presión política que en esos momentos se le hacía
al general Somoza Debayle.
El 19 de julio de
1979, ¿dónde se encontraba?
En Masaya. Era un
combatiente popular que estaba en las trincheras. El 19 de julio de 1979
me tomó muy amanecido en la Plazoleta Rubén Darío,
que queda de la entrada de Masaya cinco cuadras al sur. Después,
producto de algunos combatitos donde participé, empezó mi
contacto para integrarme a la guerrilla de El Salvador. Me fui para allá
a los pocos meses del triunfo. Exactamente a finales de 1979.
Aun siendo un combatiente
popular sin mucha experiencia, ¿llegó a formar parte de los
militantes sandinistas que apoyaban a la guerrilla salvadoreña?
Así fue. Justamente
en el fragor del combate revolucionario, ya en los albores, entre junio
y julio de 1979, algunos salvadoreños se integraron a las filas
del FSLN. Eran combatientes populares y ellos, de una u otra manera, iban
haciendo una especie de captación de algunos combatientes que, según
sus cálculos, podíamos apoyarles en El Salvador. Conocí
a algunos que me comenzaron a hablar de la lucha revolucionaria en su país,
y con ellos quedamos en el compromiso que una vez que se venciera en Nicaragua,
íbamos a continuar la lucha revolucionaria en El Salvador. Otro
factor que influyó, es que dentro de las filas de la Revolución
Sandinista se formaban convicciones internacionalistas, se nos hablaba
de los ejemplos del Che Guevara, Patricio Argüello Ryan, Camilo Ortega,
el colombiano Camilo Torres, Carlos Ulloa, entre otros. Eso fortaleció
nuestra decisión de integrarnos a la guerrilla de los hermanos salvadoreños.
¿Quiénes
lo acompañaron cuando se marchó a El Salvador?
Bueno, a estas alturas
del campeonato ya lo puedo decir, ¿verdad? Pasé mucho tiempo
diciendo que era mentira, y sí, iba bastante gente de Nicaragua.
Conmigo personalmente se fueron como quince jóvenes nicaragüenses
que íbamos acompañados con jóvenes de otras nacionalidades.
¿Los recuerda?
Los nombres propios
no los conozco, solamente conozco una cantidad importante de seudónimos
que en estos momentos se me escapan.
¿Los ha vuelto
a ver?
Con algunos me he
vuelto a ver, sobre todo con algunos mexicanos.
¿Y nicaragüenses?
Algunos, pero ahorita
no recuerdo sus nombres, sólo seudónimos que también
se me escapan.
Dijo que a estas
alturas del campeonato ya lo puede decir, pero no lo ha dicho.
Sí, sí,
pero de verdad se me escapan. ¿Me entendés?
Ustedes no iban a
El Salvador a hacer pupusas. ¿Cuál fue su función
en ese país?
(Ríe) Durante
más de un año estuve entrenando gente en los campamentos
guerrilleros y a los combatientes populares de la Fuerzas Armadas de la
Resistencia Nacional (FARN), organización que posteriormente pasó
a llamarse FMLN.
¿Entrenó
a combatientes populares en El Salvador?
Básicamente
fui entrenador de guerrillas urbanas y suburbanas, a quienes les di entrenamiento
en artillería liviana, uso de bazucas y RPG2, es decir armamento
de infantería. También di capacitación de movimientos
tácticos de guerra, tanto en las áreas suburbanas de San
Salvador, como en las áreas rurales al lado de Zaragoza, La Libertad
y Chalatenango.
¿Y cómo
es que lo agarran?
En una ofensiva general
que se lanzó en las áreas suburbanas en enero de 1981. Era
el responsable de una unidad de importantes elementos revolucionarios.
Nuestro campamento estaba ubicado en el departamento de La Libertad. Estaba
en San Salvador coordinando algunas acciones guerrilleras con el Estado
Mayor, cuando de pronto escuchamos a través de un scanner (que tenían
para escuchar las comunicaciones militares) que habían detectado
algunos campamentos militares guerrilleros en la zona de Las Chilangas,
perteneciente al departamento de La Libertad. Ese zona era precisamente
el lugar donde estaba mi grupo. Inmediatamente pedí al Estado Mayor
la autorización de ir para allá y me fue concedida. Salí
de la reunión y me dirigí hacia la unidad que estaba bajo
mi responsabilidad. Al llegar me encontré que el teatro de operaciones
estaba muy congestionado. Aun así, logré entrar a la zona
a través de veredas, y en el proceso de recontactación tuve
que volver a salir a la carretera; allí había un retén
militar donde tenían a algunos hermanos capturados, y uno de ellos
me conocía y dijo: "Este es el jefe, y es nicaragüense". Me
capturaron, no sin antes hacer un esfuerzo de resistencia que resultó
inútil.
¿A cuál
de las cárceles lo enviaron?
Anduve por un periplo
importante de cárceles en El Salvador. Recuerdo que estuve en el
Sitio de El Niño; el Regimiento de Caballería de San Juan
de Pico; después me llevaron a la Guardia; luego al Cuartel El Sapote;
de ahí pasé a la famosa Policía de Hacienda o PH;
y por último terminé en un lugar que desconozco, que fue
donde pasé la mayor parte del tiempo en una mazmorra muy pequeña
en condiciones muy difíciles, donde estuve prisionero recibiendo
torturas indecibles un poco más de un año.
¿Torturas
indecibles? ¿Cómo eran?
Tardencilla vestido
de militar. Hoy predica la palabra del Señor.
No me gusta hablar
mucho de ello, pero haré una excepción. Las primeras torturas
que recibí fueron físicas: agujas bajo las uñas de
las manos. Me colgaban del techo amarrado de mis dedos pulgares. Me descargaban
electricidad en mis genitales. Me hacían acostarme en un catre electrificado
sin colchones y me dejaban ir las corrientes eléctricas. Me introdujeron
un sofisticado aparato en los oídos que emitía sonidos enloquecedores.
Me hicieron cuatro sesiones del "avioncito" que consiste en que a uno lo
acuestan boca abajo, le amarran las manos y piernas, y lo suben a través
de polea, de tal manera que uno queda como que va volando. Lo cruel de
esa tortura no es tanto el dolor de los hombros, sino cuando alguien se
sienta en la espalda de uno y comienza a brincar, eso duele bastante. Además,
me ponían una capucha plástica con cal en la cara que me
asfixiaba cuando me quejaba del dolor. El que estaba arriba disfrutaba
el jineteo, mientras yo trataba de respirar. Ese tipo de tortura finaliza
cuando el que está arriba siente que el "avioncito" se queda sin
gasolina. Eso me pasó a mí, y cuando estaba a punto de desfallecer
me aflojaban la capucha plástica para que pudiera respirar, pero
ya recuperado, volvía la otra sesión. Esas torturas duraban
media hora.
Lo de las agujas
bajo las uñas de las manos, usted puede dar fe que mis dedos fueron
destruidos (me muestra el anverso de las uñas, donde tiene cicatrices
en cada uno de los dedos de ambas manos). Me colocaban los dedos sobre
agujas pegadas en una mesa, y los sujetos con el tacón me lo presionaban
fuerte. Todo eso era terrible y devastador. Sin embargo, para mí,
las torturas más difíciles no fueron las físicas,
sino el casi año de aislamiento total al que estuve sometido.
Cuando estuve aislado
pensé que todo había terminado. Quedé encerrado en
un hoyo donde me dejaban comida cada tres días, otras veces pasaba
hasta nueve días sin comer, pero la tortura no consistía
en eso, sino que no hablaba, no oía ni veía a nadie. Era
un aislamiento total. Aunque de pronto se aparecía alguien y por
una rendija me decía: "No seas tonto. Tú serás el
último muerto de una guerra que ya la tienen perdida". Esas palabras
me desmoralizaba. Fue una tortura psicológica que recibí
durante casi un año. Y realmente empecé a sentir que era
un tonto. Sin embargo, el siete de marzo de 1982 se produjo un hecho extraordinario:
me sacaron en la mañanita (5:00 a.m.) del hoyo, y durante dos horas
me tuvieron practicando todas las torturas que se me había hecho
durante año y medio. Las soporté y me volvieron a meter al
hoyo. Ese mismo día, pero a las cuatro de la tarde, llegó
un oficial norteamericano muy circunspecto y educado, y me dijo: "Lo que
te pasó en la mañana, es el recuerdo de lo que te sucedió
en año y medio. Tú fin será la muerte si no ayudás
a combatir el comunismo sandinista". Entonces, vi la oportunidad de aplicarle
un golpe más, en aquel momento de mi mentalidad revolucionaria y
juvenil, al imperialismo yanqui. De la boca para fuera, acepté implicar
a los sandinistas, pero en mi interior me dije: "En el momento que me pongan
a un periodista de frente, denuncio todo lo que estoy padeciendo aunque
me maten". Pensé que si mi nombre no es usado para defender la Revolución,
tampoco sería usado para atacar la Revolución. Bajo esa convicción
acepté ir a Estados Unidos.
¿Qué
pasó cuando llegó allí?
El nueve de marzo
salí rumbo a Estados Unidos en un vuelo comercial de TACA. Iba custodiado
por dos oficiales salvadoreños, quienes me notificaron que no debía
aceptar la comida que sirven ni platicar con persona alguna y ni siquiera
ir al baño. Había mucho hermetismo. Cuando llegamos a Miami,
me trasladaron esposado hasta Washington. Tampoco se me dio agua o alimento
alguno. Pasé una semana en preparación en Langley, sede central
de la CIA, hasta que un 12 de marzo de 1982 fui presentado ante el mundo
entero como la prueba de que los sandinistas estaban en El Salvador. Pero
yo, un joven revolucionario lleno de ilusiones, creyendo en el proyecto
social de la Revolución, expuse mi vida y la defendí diciendo
que luché en El Salvador como resultado de mi íntima convicción
y no mandado por el Frente Sandinista. Esa noticia fue un gran impacto
en el mundo entero.
¿Recuerda
los detalles de aquella escena?
Sí, sí.
Recuerdo que estaba el secretario del Departamento de Estado Alexander
Haig, un señor muy famoso que le decían el Halcón.
También estaba el señor Dean Fisher, portavoz del Departamento
de Estado, y seis periodistas. El noticiero de televisión estaba
en vivo. Empezó mi intervención y dije más o menos
esto: "Vengo a testificar de la intervención de los asuntos externos
en El Salvador. Yo soy víctima de esa intervención de los
asuntos externos en El Salvador. Ante ustedes denuncio que he sido traído
hasta aquí, por presiones de oficiales de la Embajada de los Estados
Unidos, a quienes acuso porque me tuvieron recluido y torturándome
en las cárceles de El Salvador... He enfrentado antes la muerte
y hago esto nuevamente para serle fiel a mis ideales. La vida, cuando está
vinculada a un proyecto social revolucionario, no tiene tanta importancia".
Creía que me iban a matar, por eso dije públicamente que
no me importaba morir en esas condiciones, porque moriría con dignidad,
y gracias a Dios, ésa fue la ventaja por la cual pude vivir.
La transmisión
en vivo de la conferencia, provocó un sentimiento de rechazo hacia
la administración de Estados Unidos, y de inmediato hubo una enorme
presión internacional. Al final los funcionarios del Departamento
de Estado me entregaron a la Embajada de Nicaragua en Estados Unidos, donde
me recibió el señor Francisco Fiallos, y de ahí me
repatriaron.
Defendió el
"proyecto social de la Revolución", pero quizá no se imagino
que también apaciguó un poco los intentos de un posible intervencionismo
militar de los Estados Unidos en Nicaragua.
Es posible, aunque
no pensé en eso, sino que en mi convicción como joven revolucionario.
Lo que sí sabía es que los Estados Unidos andaban detrás
de una prueba irrefutable, y para ellos, yo era esa prueba: un nicaragüense
confeso, capturado en combate en El Salvador. Además, nunca negué
el sandinismo que llevaba en mi sangre en ese momento revolucionario. Solamente
negué quién era durante 22 días, tiempo que necesitaba
la Revolución salvadoreña para hacer sus ajustes.
El recibimiento suyo
debió haber sido apoteósico...
La Revolución
nicaragüense la tomó como una victoria política. Vine
al país el 15 de marzo de 1982. Nicaragua me dio un recibimiento
que no creo merecer. Nunca creí merecer. Sólo hice lo que
debía. Incluso, me hicieron un estribillo muy popular que decía:
"¿Quién se paseó en la CIA?... Orlando Tardencilla".
Eso es modestia.
No. Mis convicciones
sandinistas y revolucionarias de ese momento me indicaban, como siempre
lo sentí con honestidad, que no había hecho nada extraordinario,
solamente había hecho lo que cualquier mínimo combatiente
revolucionario hubiese hecho. Y no lo digo por humildad falsa ni nada por
el estilo, sino porque conocí ejemplos heroicos de gente que realmente
hicieron cosas más importantes, como entregar su vida a la Revolución.
Ellos lo hicieron motivados por las mismas convicciones sociales. Así
que siento, a lo largo del tiempo, que ese recibimiento aquel 15 de marzo
de 1982 fue inmerecido.
Usted fue denominado
"hijo de Sandino" y continuó su compromiso con el Frente...
Efectivamente. Como
tenía veinte años, me integré como dirigente de la
Juventud Sandinista en 1982, y participé en todo el proceso de la
defensa de la Revolución.
¿Y por qué
se alejó del Frente Sandinista?
Bueno, empecé
a desmotivarme un poco, no de la Revolución, sino de algunas personas
que en el seno del proyecto revolucionario y bajo el amparo del nombre
sandinista, empezaron a medrarse del poder.
¿Dirigentes?
Me desmotivan personas,
individuos y circunstancias que observé, pues a los combatientes
sandinistas que sufrieron por la causa revolucionaria, empezaron a abandonarlos.
Vi insolidaridades e indiferencia de algunos dirigentes de la Revolución,
envanecimiento y soberbia en otros, descuidos a los valores fundamentales
de la Revolución; y en 1990 empecé a retirarme del Frente
Sandinista.
¿Después
de que doña Violeta ganó las elecciones?
Me retiré
un poquito antes de la pérdida de las elecciones. Y me retiro con
respeto del Frente Sandinista y no atacándolo, porque todavía
en ese momento lo creía un proyecto social válido, pero al
ver las circunstancias individuales, me desmotivó. Sin embargo,
me reintegré al Frente Sandinista en 1993, pero sin las mismas intencionalidades
ni fundamentaciones de antes, como cuando era jovencito. Me retiré
definitivamente del FSLN en noviembre de 1995.
Pero usted apareció
en las boletas de candidatos a diputados por el Frente Sandinista en 1996.
Así es, lo
que pasa es que, lamentablemente, había sido propuesto como candidato
a diputado suplente por el FSLN, digo "lamentablemente" porque cuando tomé
la decisión de retirarme con respeto del partido, ya no me podían
borrar de la lista de diputados. Gracias a Dios, en esos momentos empezaba
a conocer a los muchachos que fundaron Camino Cristiano, y me gustó
el proyecto.
Envié una
carta con todo respeto al Frente Sandinista, donde anuncié mi decisión
de retirarme y les dije que con el mismo derecho que tengo como nicaragüense
de integrarme al Frente Sandinista, con ese mismo derecho pido mi desactivación.
"Con todo respeto"...
¿Por qué insiste en que ha sido respetuoso?
Comúnmente
las personas que se retiran del Frente Sandinista salen atacando al partido
al que pertenecieron. En cambio, yo nunca he hablado mal del FSLN, es más,
como partido lo respeto. Hablar mal de algo a lo que pertenecí,
es como cuando un hombre habla mal de una mujer luego que se separan. Eso
significa que el hombre la sigue queriendo. ¿Me explico?
Por eso es que no
quiere decir los nombres de los dirigentes sandinistas que lo desmotivaron,
por que ya no los quiere, ¿verdad?
(Ríe) Tengo
que reconocer que tomé esa decisión por la actitud de algunos
dirigentes de la Revolución. No me gustaría decir quiénes
son, mejor que el pueblo lo juzgue. Ya conocen la actitud soberbia de algunos
y la actitud inmoral de otros. Que conste, no me refiero a todo el sandinismo,
porque reconozco que en el FSLN hay una cantidad importante de personas
con una tremenda moral y disposición de servicio al pueblo, pero,
lamentablemente, estos hermanos no están en los puestos de dirección
del Frente Sandinista, que están ocupados por aquellos oportunistas
y otro tanto que viven del FSLN. Personas que han hecho fortunas y medrado
a la sombra del poder. Eso me indicó, como a muchos, que algunos
dirigentes del Frente Sandinista no estaban sirviéndole a Nicaragua,
sino sirviéndose de Nicaragua. Por eso se hace necesario construir
otras alternativas, otros proyectos, y gracias a Dios, lo encontré
en el grupo evangélico cristiano que se estaba formando como partido
en octubre de 1995. Me integré en su formación, y esta vez
no tengo de qué arrepentirme.
La mayoría
de los revolucionarios sandinistas decían ser "ateos por gracias
de Dios". Usted no debió ser la excepción.
Muy interesante,
pero voy a aclarar. No entro a Camino Cristiano para hacerme evangélico,
sino porque observo un proyecto nuevo y social. Sin embargo, estando en
este partido conocí a Jesús de una manera extraordinaria,
y me hago evangélico por lo siguiente: cuando ya estoy fuera del
Frente Sandinista, unos amigos de un movimiento revolucionario latinoamericano
quienes sabían que yo había participado en varios combates
internacionales, me proponen participar en otro movimiento revolucionario
y les pedí que me dejaran reflexionar, pues ya tenía tres
hijos. Sin embargo, por circunstancias de la vida me llevan a que conozca
a un pastor joven llamado Javier Sarria. Él me empezó a pastorear,
y se siembra en mí una inquietud, y era que si me iba o no a combatir
a la lucha revolucionaria. Sin decirle de mi duda, el pastor me dijo: "Le
miro mucha ansiedad e inquietud en su alma. Yo sé que usted es ateo,
así que no va a perder nada si le pide a Dios que se le manifieste
para solucionar ese problema que lo está agobiando". Obviamente,
no lo creí y tampoco pedí nada, pues pensé que era
la expresión de otro pastor evangélico en busca de alguien
más para su Iglesia. Ese mismo día, por la tarde, estando
enfrente de mi casa leyendo los documentos de ese movimiento revolucionario
que me instaba a irme, cuando pasó un niño de unos siete
años, y directamente mirándome a los ojos me dijo: "Mire,
no se vaya, Dios le ama". Me sorprendió y siendo ateo, sentí
la manifestación del Señor. ¿Qué sabía
el niño sobre lo que estaba pensando y lo que estaba leyendo? Luego
me dije que si Dios existe realmente que se manifieste, eso fue como en
agosto de 1996. Llegó diciembre y me dije: "Dios no existe porque
no se ha manifestado", pero cuando digo estas palabras, me doy cuenta que
desde el día en que ese muchachito se me acercó, nunca más
recibí llamadas telefónicas ni visitas de los combatientes
revolucionarios latinoamericanos. Entonces, observé que el Señor
me estaba dando un mensaje: dedicarme al cuido de mis hijos y ser un hombre
de paz. Jesús ha sido la mejor elección de mi vida.
Algunos dirigentes
sandinistas también afirman que "se han acercado al Señor".
Por sus antecedentes en ese partido, su caso puede ser interpretado como
el de un infiltrado en la lista de diputados liberales, partido al que
Camino Cristiano se plegó.
Cuando entré
al Camino Cristiano, muchos dudaron de la legitimidad y sinceridad de mi
corazón, y no les culpo. Muchos dirigentes dudaron de la sinceridad
con que entré a este partido. Sin embargo, dos cosas me han acompañado
desde hace seis años: mi testimonio cristiano y mi vocación
abierta de que soy militante de Camino Cristiano. Jamás he hablado
mal del Frente Sandinista ni pienso hacerlo, porque en mi corazón
no está almacenada ninguna revancha contra nadie. Nunca he hablado
mal de los liberales ni conservadores ni de nadie, porque la verdad que
ahora en mi corazón anida paz y tranquilidad. Además, tengo
convicción de este proyecto que aunque pequeño, es propio,
audaz y genuino. Este partido, quizá, tenga las peores relaciones
públicas entre todos los partidos políticos, porque se deja
llevar por un planteamiento bíblico que dice: "Lo que hace tu mano
derecha, que no lo sepa la izquierda". Sólo los beneficiados pueden
dar fe de lo que te digo. Todo lo hemos hecho en el anonimato y eso me
ha gustado, porque este partido no se ufana de lo que hace. No creo que
sigan dudando de mí.
Pero se aliaron con
un partido prebendario.
El Camino Cristiano
hizo un análisis muy a fondo del marco jurídico que da la
Ley Electoral. La conclusión fue que debido a los candados jurídicos
que quedaron establecidos, era un riesgo enorme participar solos. En segundo
lugar, los resultados de las elecciones municipales arrojaron que perdimos
en la mesa por los acuerdos entre el PLC y el FSLN, tres alcaldías
notoriamente nuestras, como Nagarote, Teustepe y Santa María de
Ostuma, sin que nadie nos defendiera. En tercer lugar, no tenemos recursos
económicos. Y cuarto, hicimos una evaluación y nos reunimos
con 27 organizaciones políticas para ver si Camino Cristiano, aprovechando
que no tendría que presentar firmas, podía convertirse en
una casilla alternativa a los dos polos, pero ellos querían nada
más espacio político sin presentar estructura. Así
que por las condiciones en que nos encontrábamos, decidimos ir en
alianza, y sólo había dos posibilidades: PLC o FSLN. Hicimos
un estudio a fondo y observamos que en el PLC tenemos la posibilidad de
ser respetados desde nuestra condición de políticos y de
partido independiente. Además, el PLC no objetó que usáramos
nuestros símbolos en la campaña municipal ni en esta campaña
electoral; y por supuesto, el PLC permitió que nos dieran espacios
políticos para poder representar a nuestro partido con una bancada
independiente. El PLC aceptó que hiciéramos una alianza electoral
que culminará el 10 de enero del 2002. En cambio, con el Frente
Sandinista fue todo lo contrario. Querían que nos disolviéramos,
que apoyáramos la convergencia, y que simple y sencillamente desapareciéramos.
¿No tomaron
en cuenta al Partido Conservador?
A ellos no los descartamos.
Los buscamos, pero nos dijeron claramente que ellos no iban a venir a esta
casilla ni permitirían que nosotros llegáramos a la casilla
de ellos. Fue imposible hasta reunirnos más de una vez. Quizá,
fue por cuestiones religiosas.
Ping Pong
Un sueño...
Llegar a ser más cristiano que lo que soy
Una comida... Pescado
Una bebida... Coca
Cola
Un personaje...
Guillermo Osorno
Un libro... "Amor
en los tiempos de cólera", Gabriel García Márquez
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Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo 20
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