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    10 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 /  La Prensa
     Forjadores de la nación
    El obispo histórico

        Simeón Pereira y Castellón.

     

    Jorge Eduardo Arellano

    El último Obispo de Nicaragua, o sea de la única diócesis que abarcaba todo el territorio nacional, fue Simeón Pereira y Castellón. Nacido muy cerca de Pueblo Nuevo —luego Departamento de Estelí— el 2 de julio de 1863, se educó con los jesuitas tanto en el país como en Ecuador, adonde viajó con su hermano Félix.

    De regreso, inició su carrera eclesiástica desplegando sus virtudes, saber e inteligencia. De presbítero pasó a Capellán de Granada, más tarde a Vicario General de la Diócesis, después a Secretario Privado del Obispo Francisco Ulloa y Larios y, simultáneamente, a capellán de la Iglesia de La Merced, hasta que fue nombrado Obispo auxiliar con derecho a sucesión el 2 de diciembre de 1895: ¡a los 32 años!

    Con esta dignidad tuvo que enfrentar la política anticlerical del régimen de José Santos Zelaya, pero ya consagrado Obispo en Catedral, el 25 de julio de 1896, por el Arzobispo de Guatemala Ricardo Casanova y Estrada, quien ingresó al país en medio de múltiples dificultades. La prohibición de las fiestas patronales y una ley que despojaba a la Iglesia de sus bienes, motivaron al joven prelado a protestar enérgicamente desde el púlpito; y, al no retractarse —como se lo exigía Zelaya— fue reducido a prisión, trasladado a Managua, detenido en el Cuartel Principal y expulsado el 3 de noviembre de 1899. De nuevo en León, los conflictos entre la Iglesia y el Gobierno se incrementaron, teniendo que salir expulsado otra vez el 6 de enero de 1905.

    Tras la caída del dictador liberal, Pereira y Castellón ocuparía su cargo hasta el 10 de diciembre de 1913 cuando fue nombrado obispo de León siéndolo por siete años: hasta el 10 de diciembre de 1913, día de su muerte. A raíz de ella se valoró su administración admirable, pues había decorado artísticamente tanto el interior como el exterior de Catedral, promoviendo a los artistas Antonio Sarria —de Masaya— y Jorge Navas Cordonero —de Granada—. El último, al igual que la de Rubén Darío, esculpió su tumba en la que sobresale Cristo con los brazos extendidos.

    Monseñor Pereira denunció, en su carta del 9 de enero de 1912 —dirigida a un alto dignatario de la Iglesia Católica de los Estados Unidos— la intervención militar, política y financiera que padecía entonces Nicaragua: “¡Intervención! —exclamaba—. Vos no imagináis, Eminentísimo Señor, lo duro de esta palabra. Vos vivís en un pueblo poderoso y libre. Vos no habéis sufrido los hondos quebrantos que han lacerado el alma de nuestros hermanos... Vos no habéis sentido el dolor del Obispo y del ciudadano al oír el eco de forradas botas resonar bajo las naves de nuestros templos. Vos no habéis llorado de dolor al ver flamear en las torres de vuestra Catedral el pabellón de conquistar al ser arriado el Lázaro cruzado de Cristo. Vos no habéis mirado nunca más alto que nuestra bandera, en el país donde nacisteis, alzarse orgullosa y dominante, alguna extranjera enseña; nunca la venerada tierra donde reposan las caras cenizas de vuestros muertos han sido holladas, intranquilizándola, en la paz bendita de sus sepulcros. Vosotros no habéis convertido el santuario en cuartel y el ara en donde se reparte el pan eucarístico en mesa de distribución del rancho de soldados”. Hasta aquí un fragmento de ese texto antológico del patriotismo nicaragüense.

    Hasta aquí en breves líneas la vida de Simeón Pereira y Castellón, el último Obispo de Nicaragua, Arzobispo titular de Cizico y asistente al Sacro Solio Pontificio de 1914 a 1921.

    El autor es historiador
     
     
     



     1 DE DICIEMBRE DEL 2003 / La Prensa
    Un arzobispado sometido a terremotos
     
    Huérfano a la edad de año y medio, quedó bajo la responsabilidad de su tío, monseñor José Antonio Lezcano y Morales. Inició sus estudios eclesiásticos en 1881. A los 23 años fue ordenado presbítero en la Catedral de León por el obispo Francisco Ulloa y Larios, el 15 de abril de 1888. En 1912 fue electo diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y Presidente del Congreso Nacional.

    Así puede resumirse la biografía del primer Arzobispo de Managua, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, consagrado obispo el 3 de mayo de 1914. Estuvo desterrado a partir del 4 de enero de 1905. Amigo personal de Madre Cabrini. Fundador de la Academia Nicaragüense de la Lengua, y presidente de la misma. Inició la construcción de la Catedral de Managua y su presencia reconfortó mucho a la población cuando el terremoto del 31 de marzo de 1931.

    Aunque monseñor Lezcano y Ortega era muy cuidadoso en su relación con los diferentes gobernantes, hubo un hecho que ha significado una sombra en medio de sus numerosas luces. En enero de 1937, en un gesto de servilismo a Lilliam Somoza Debayle, se le nombró Reina de la Guardia Nacional. Al arzobispo se le invitó para coronarla, causando comentarios controversiales.

    En julio de 1946, cuando se celebraba el centenario de haber sido Managua elevada a ciudad, se consagró la Catedral de Managua. Falleció el 6 de enero de 1952. Enterrado en Catedral, después del terremoto, sus restos fueron trasladados a la Iglesia de Santa Ana.

    MONSEÑOR GONZáLEZ Y ROBLETO

    El arzobispado de monseñor Vicente González y Robleto, tuvo la mala suerte de correr paralelo al período más duro y represivo de la dictadura somocista.. Consagrado obispo el 1 de mayo de 1932 por monseñor Lezcano y Ortega, se hizo cargo de Matagalpa en calidad de obispo. El 9 de abril de 1938 le nombraron arzobispo coadjutor con derecho a sucesión, y tomó posesión el 25 de agosto.

    Asumió como arzobispo el 6 de enero de 1952. Nombró a monseñor Carlos Borge y Castrillo como su obispo auxiliar, quien había estado a cargo de la administración apostólica en Granada, antes de ser nombrado obispo, monseñor Marco Antonio García y Suárez. A la muerte de Anastasio Somoza García, en septiembre de 1956, no sólo monseñor González y Robleto, sino toda la Conferencia Episcopal de Nicaragua pasaron días de prueba por los honores dados al difunto y las características del funeral, también por la actitud tomada ante la represión y la tortura.

    Otro serio problema lo causaron los sacerdotes que eran capellanes de la Guardia Nacional, ostentado grados militares y con un comportamiento abiertamente somocista. El 17 de febrero de 1966 fue nombrado un nuevo obispo auxiliar, monseñor Donaldo Chávez Núñez, consagrado el 24 de abril. Los sangrientos acontecimientos del 22 de enero de 1967 fueron otra prueba para la Iglesia Católica de Nicaragua.

    El 5 de junio ocurrió un hecho muy importante al ser nombrado por la Santa Sede administrador apostólico de Managua, monseñor Julián Barni, hasta entonces prelado de Juigalpa. Monseñor González y Robleto falleció el 18 de junio de 1968. Sepultado en Catedral, luego del terremoto de 1972 trasladaron sus restos a Chinandega.

    MONSEÑOR BARNI

    La presencia de monseñor Julian Barni en la Arquidiócesis de Managua significó cambios positivos y más acordes con el Concilio Vaticano II. Se dio la experiencia de la Iglesia de San Pablo Apóstol con la Misa Popular Nicaragüense, dada a conocer en un disco que contenía también los Salmos de Ernesto Cardenal, cantados por William Agudelo. Se celebró el Primer Encuentro de Pastoral, en enero y febrero de 1969.

    Este acontecimiento significó el enfrentamiento entre el sector favorable al Concilio Vaticano II y el ultraconservador, encabezado por los obispos Isidro Augusto Oviedo y Reyes, Marco Antonio García y Suárez, Carlos Borge y Castrillo. Finalmente monseñor Barni recibió un voto de confianza por haber organizado el encuentro. Apoyó decididamente el proyecto “la vivienda de mi hermano”.

    En enero de 1970 se dio un hecho lamentable, en ausencia de monseñor Barni, cuando hubo un combate desproporcionado entre la Guardia Nacional y militantes del FSLN, entre los muertos estuvo el joven poeta y ex seminarista Leonel Rugama. El padre Francisco Mejía, ya fallecido, un estimado y popular sacerdote se había presentado para evitar la masacre, frente al Cementerio Oriental.

    El padre Mejía fue capturado, golpeado y torturado en los sótanos de la Casa Presidencial. Los obispos Borge y Chávez tuvieron una actitud repudiada por un buen sector de la feligrasía católica. En cambio el Obispo de Matagalpa, monseñor Octavio Calderón y Padilla y su obispo auxiliar, monseñor Miguel Obando y Bravo, en un comunicado expresaron un rechazo a los hechos y el ultraje al padre Mejía. A su regreso, también monseñor Barni expresó su solidaridad con el sacerdote.

    MONSEÑOR OBANDO Y BRAVO

    El 10 de agosto de 1958 fue ordenado sacerdote, como miembro de la Congregación Salesiana, fundada por San Juan Bosco. Diez años después, el 31 de marzo de 1968, se le nombró Obispo Auxiliar de Matagalpa para apoyar al ya anciano obispo, monseñor Calderón y Padilla. Al morir el Arzobispo de Managua, monseñor González y Robleto, estuvo como administrador apostólico, monseñor Barni, mientras tanto se especulaba sobre quién sería el nuevo arzobispo.

    Sorpresivamente monseñor Obando y Bravo fue nombrado y tomó posesión en abril de 1970. Dos años después, igual que monseñor Lezcano y Ortega, esta vez en diciembre de 1972, caminó entre cadáveres y escombros. El somocismo acostumbrado a un mal disimulado compadrazgo con la Iglesia Católica, no pudo controlar al arzobispo y surgieron las contradicciones, al extremo que Anastasio Somoza Debayle llegó a llamarle el “Comandante Miguel”.

    En la medida que se intensificó la lucha entre el FSLN y el somocismo, los hechos obligaron a monseñor Obando y Bravo a ser protagonista de importantes acontecimientos, entre ellos de mediador en la toma de la casa del Dr. José María Castillo Quant, en diciembre de 1974 y del Palacio Nacional, en agosto de 1978. Posteriormente al cambio de gobierno en julio de 1979, continuó su presencia en la vida nacional, surgen nuevas contradicciones que se acrecientan con la venida del Papa Juan Pablo II, el 4 de marzo de 1983.

    En medio de una guerra cruenta, el 25 de mayo de 1985, Juan Pablo II colocó el bonete de cardenal en la cabeza de monseñor Obando y Bravo. Mucho se ha discutido si lo hubiera sido de no haber existido el triunfo de la revolución sandinista, la contrarrevolución y las profundas contradicciones entre el arzobispo y el gobierno, sumado a la oposición papal al FSLN por los hechos ocurridos durante su visita.

    Lo cierto es que la presencia del cardenal Obando y Bravo, es una realidad en el acontecer nacional, incluyendo el político, dentro de un protagonismo que de tan grande no escapa al campo de las sombras. En su labor, ha tenido como obispos auxiliares a los monseñores Bosco Vivas y Robelo (Obispo de León), Abelardo Mata (Obispo de Estelí), Leopoldo Brenes (Obispo de Matagalpa) y el actual, Jorge Solórzano.
     
     

    1 DE DICIEMBRE DEL 2003 /  La Prensa

    Bula de San Pío X decidida por cartas nicaragüenses

        El ministro de Relaciones Exteriores del presidente Adolfo Díaz Recinos, Diego Manuel Chamorro,escribió cartas al Delegado Apostólico en Centroamérica, monseñor Cagliero, proponiendo cómo sería la división de las Diócesis de Nicaragua, y nombres de los obispos. Se recomendó que Managua fuera Arquidiócesis y el arzobispo monseñor Lezcano y Ortega; todo fue incluido un año después, dos de diciembre de 1913, en la Bula de San Pío X
     
    El Arzobispo de Managua, Monseñor Lezcano y Ortega, cuando coronaba y bendecía a Lilliam Somoza Debayle, como Reina de la Guardia Nacional.
     

    Roberto Sánchez Ramírez
    escritor@ibw.com.ni

    Fue San Pío X, el Papa que el 2 de diciembre de 1913 creó la Provincia Eclesiástica Managüense, compuesta por una Arquidiócesis, tres Diócesis y un Vicariato Apostólico, desprendiendo la Diócesis de León de la Arquidiócesis metropolitana de Guatemala.

    Han pasado 90 años y aquella decisión papal que tanta controversia causó, se acrecienta al leerse documentos que demuestran hubo influencias políticas, al extremo que el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Adolfo Díaz Recinos, don Diego Manuel Chamorro, envió cartas al Delegado Apostólico en Centroamérica (ahora Nuncio), monseñor Juan Cagliero, expresando el deseo del Gobierno sobre la nueva provincia eclesiástica y proponiendo nombres de los futuros obispos.

    En efecto, las cartas firmadas por don Diego Manuel, en diciembre de 1912, coinciden completamente con la Bula “Quum iuxta apostolicum effatum” (Según el mandato Apostólico). La Arquidiócesis de Managua comprendía: Managua, Masaya, Carazo, Matagalpa y Jinotega. La Diócesis de León: León, Chinandega, Estelí y Nueva Segovia. Diócesis de Granada: Granada, Rivas, Chontales y San Juan del Norte. Vicariato Apostólico de Bluefields: Bluefields, Cabo Gracias a Dios, Prinzapolka, Siquia, Río Grande y las Islas adyacentes.

    EL OBISPO MáRTIR

    Monseñor Simeón Pereira y Castellon, históricamente es conocido como el último Obispo de la Diócesis Nicaragüense y el obispo número cuarenta y cinco de la Diócesis de León, aunque incorrectamente se le designa como el primero. Fue secretario privado del obispo Francisco Ulloa y Larios, a los 33 años, nombrado el 2 de diciembre de 1895 Obispo Coadjutor con derecho a sucesión. El 25 de julio de 1896 asumió ya como obispo, superando la oposición que le hizo el Gobierno del general José Santos Zelaya López. El 4 de noviembre de 1899 fue expulsado de Nicaragua.

    A la muerte del obispo Ulloa y Larios, el 30 de julio de 1902, se convirtió en Obispo de Nicaragua y aumentaron sus contradicciones con el presidente Zelaya López. Hubo expulsiones de sacerdotes, entre ellos los futuros obispos José Antonio Lezcano Ortega, Canuto Reyes, Vicente Alejandro González Robleto, quien era seminarista. El 6 de enero de 1905, el obispo Pereira y Castellón es de nuevo expulsado junto a 27 sacerdotes, exilio que terminó a mediados de 1906. Al ascender a la Presidencia Adolfo Díaz Recinos, varios sacerdotes se involucraron en política a favor del Partido Conservador.

    El padre José Antonio Lezcano Ortega desde 1912 es electo diputado a la Asamblea Nacional Constituyente, ejerce el cargo de Presidente de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, el obispo Pereira y Castellón, publica en el Boletín Diocesano que el Cardenal Secretario de Estado le había encomendado en su visita a Roma que no permitiera que los sacerdotes participaran en política partidaria. Varios de éstos contrariaron las órdenes del obispo, dando lugar a confrontaciones.

    Para 1912 era una necesidad reformar la provincia eclesiástica de Guatemala. Se esperaba que León fuese la sede del Arzobispo metropolitano, tal como es costumbre por ser la Diócesis madre, como sucede en España, que el Cardenal Primado reside en Toledo y no en Madrid. Sin embargo, el Gobierno de Díaz Recinos propuso a monseñor Cagliero que la sede de la Arquidiócesis fuera Managua y el arzobispo, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, lo que fue confirmado por la Bula de San Pío X.

    Los otros obispos fueron José Piñol y Batres en Granada; obispo auxiliar de Managua con residencia en Matagalpa, monseñor Isidoro Carrillo y Salazar; vicario apostólico en Bluefields, fray Agustín Bernaus y Serra. El involucramiento del gobierno conservador de Díaz Recinos, provocó un rechazo del clero leonés que cerró filas alrededor del obispo Pereira y Castellón, quien dadas las circunstancias fue desde entonces conocido como el “Obispo Mártir”.

    El obispo Pereira y Castellón realizó importantes obras en Catedral, durante la ocupación norteamericana dirigió una carta al cardenal James Gibbson. Recibió honores de parte del Papa Benedicto XV. Falleció el 30 de enero de 1921. Las honras fúnebres fueron presididas por el arzobispo José Antonio Lezcano y Ortega, a quien había consagrado obispo el 3 de mayo de 1914. El entierro fue el 2 de enero y se le sepultó en la Catedral, debajo de la imagen de San Pedro, donde se le erigió un mausoleo.

    HISTORIA DE LAS DIóCESIS

    El sucesor de monseñor Simeón Pereira y Castellón, como Obispo de la Diócesis de León, fue monseñor Agustín Nicolás Tijerino y Loáisiga, consagrado el 23 de abril de 1922. Falleció el 28 de mayo de 1945. El siguiente obispo fue monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, hasta entonces Obispo de Matagalpa. Se le nombró el 1 de junio de 1946, introdujo en León la llamada “Gritería Chiquita”. Puso su renuncia el 15 de mayo de 1969 y falleció el 30 de octubre de 1969. Está sepultado en Chinandega.

    Monseñor Manuel Salazar y Espinoza había sido nombrado administrador apostólico de León, el 15 de mayo de 1969, el 29 de junio recibió la ordenación episcopal, nombrado Obispo de León en 1973. Renunció en 1981 por razones de salud y se marchó a Costa Rica, falleció en San José el 15 de agosto de 1995. El 5 de diciembre de 1981 se nombró administrador apostólico al Obispo de Matagalpa, monseñor Barni, quien tomó posesión el 7 de agosto de 1982. Renunció en 1991 y entregó la Diócesis a monseñor Bosco Vivas y Robelo el 25 de mayo de 1991. Falleció en León y está sepultado en la Iglesia de San José, Matagalpa.

    Monseñor Bosco Vivas y Robelo, el 21 de noviembre de 1981 fue designado Obispo Auxiliar de Managua. Por un breve período estuvo en Juigalpa. Recibió el nombramiento de Obispo de León el 2 de abril de 1991 y tomó posesión el 25 de mayo. Realizó estudios en el Seminario de Managua, en el Colegio Pío Latinoamericano y en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma.

    DIóCESIS DE GRANADA

    El primer obispo fue monseñor José Piñol y Batres. A los seis meses renunció y le sucedió monseñor Canuto José Reyes y Balladares. Tuvo algunas desafortunadas decisiones, se le recuerda haber bendecido las armas de las fuerzas de ocupación norteamericanas que combatían a Sandino y su Carta Pastoral sobre el terremoto de Managua del 31 de marzo de 1931. El 28 de abril de 1945 le nombraron como obispo auxiliar a monseñor Borge y Castrillo. Monseñor Reyes y Balladares falleció en León el 3 de noviembre de 1951.

    Durante un tiempo administró la Diócesis monseñor Borge y Castrillo. El Papa Pío XII nombró como obispo a monseñor Marco Antonio García y Suárez, tomó posesión el 9 de agosto de 1953. Falleció el 9 de julio de 1972. Su sucesor fue monseñor Leovigildo López y Fitoria, quien asumió el 7 de octubre de 1972.

    VICARIATO DE BLUEFIELDS

    El primer vicario apostólico fue monseñor Agustín Bernaus y Serra. Tomó posesión el 19 de mayo de 1915. Falleció el 18 de agosto de 1930. Está sepultado en el Cementerio de Bluefields. Su sucesor fue fray Matías Solá y Farrel, consagrado obispo en marzo de 1931, llegó a Bluefields en julio. Debido a los problemas causados por la guerra civil española, se hizo cargo del Vicariato la Provincia Capuchina de San José, Detroit, Michigan.

    El primer vicario de origen norteamericano fue monseñor Mateus Niedhammer, tomó posesión el 20 de noviembre de 1953. Falleció el 25 de junio de 1970, en Puerto Cabezas, ciudad donde residía, ya para entonces había sido consagrado obispo auxiliar, monseñor Salvador Schlaefer el 12 de agosto de 1970. Falleció el 22 de octubre de 1993, en Ciudad Rama. Le sucedió el entonces obispo auxiliar, monseñor Pablo Schmitz, quien tiene como obispo auxiliar a monseñor David Zywiec.

    DIóCESIS DE MATAGALPA

    En 1913 fue parte de la Arquidiócesis de Managua, atendida por el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua con residencia en Matagalpa, fue monseñor Isidoro Carrillo y Salazar, quien a su vez fue el primer Obispo de la Diócesis, al ser creada el 19 de diciembre de 1924 por el Papa Pío XI. Cuando la creación de la Provincia Eclesiástica Managüense tuvo problemas con el delegado apostólico, monseñor Juan Cagliero. Falleció el 16 de abril de 1931. Sepultado en Catedral.

    Temporalmente asumió como administrador apostólico el Arzobispo de Managua, monseñor Lezcano y Ortega. El 29 de enero de 1932, se nombró obispo a monseñor Vicente Alejandro González y Robleto, recibió la consagración el 1 de mayo y tomó posesión el 8 de mayo. El 9 de abril de 1938, el Papa Pío XI, lo nombró Arzobispo Coadjutor con derecho a sucesión del Arzobispo Lezcano y Ortega. El 14 de abril de 1940 asumió como nuevo obispo, monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, después Obispo de León.

    A monseñor Oviedo y Reyes le sucedió monseñor Octavio José Calderón y Padilla, consagrado obispo en la Catedral de León el 26 de enero de 1947 y asumió el 3 de marzo de 1947. Falleció el 2 de marzo de 1972. El siguiente obispo fue monseñor Julián Luis Barni, nombrado el 24 de julio de 1972 y quien el 30 de julio de 1982 se trasladó como Obispo de la Diócesis de León. Monseñor Carlos Santi fue nombrado obispo el 31 de julio de 1982. Falleció el 15 de mayo de 1991. El actual obispo es monseñor Leopoldo Brenes.

    JUIGALPA, EsTELí Y JINOTEGA

    El primer Obispo de Estelí fue monseñor Clemente Carranza y López, un humilde sacerdote nacido en Nandasmo. Le sucedió monseñor Rubén López Ardón, quien renunció, y en la actualidad es monseñor Abelardo Mata. En Juigalpa, en su orden, han sido obispos: Julián Barni, Pablo Antonio Vega y Bernardo Hombach Luktermeir. Jinotega ha tenido un solo obispo, monseñor Pedro Lisímaco Vílchez

    1 DE DICIEMBRE DEL 2003 /
    El santo padre Putoy

    Yo había estado ya en Ars, Francia, cuando conocí al padre Ignacio Putoy Segura, párroco de La Concepción, departamento de Masaya. Al comienzo de nuestra relación me pareció un persona aislada y de difícil carácter, sin embargo, luego de algunas visitas que le hice comencé a cambiar mi equivocada apreciación.

    El primer problema con el padre Putoy era su figura. Si no hubiera sido por la sotana, se le habría creído un campesino común y corriente de apenas un metro cincuenta centímetros de estatura, tan delgado que apenas pasaba de las cien libras, moreno y el pelo chirizo, casi cortado a rape. Me parece haber sido el año 1963 cuando conversamos por primera vez.

    Había sido ordenado sacerdote por el Obispo de León, monseñor Pereira y Castellón, el 8 de diciembre de 1913, luego de realizar estudios en el Seminario de San Ramón, llegado de Masaya, ciudad donde había nacido en un humilde hogar. En el Seminario sería catedrático a la vez que tesorero en 1923. Desde 1928 fue nombrado por monseñor Lezcano y Ortega, como párroco de La Concepción, hasta su muerte el 3 de mayo de 1966.

    Pese a la diferencia física, cuando veía o me acordaba del padre Putoy, también se me venía la imagen del Santo Cura de Ars. Durante muchos años hizo sus recorridos a caballo. Su humildad era tan grande que en marzo de 1966, monseñor González y Robleto dispuso elevarlo a la categoría de Canónigo, es decir, sería llamado monseñor. Sólo fue posible que aceptara bajo el ordeno y obediencia al arzobispo.

    Vivió en el barrio indígena de Monimbó, en Masaya. Permanecía en La Concepción los fines de semana, días festivos y en especial la Semana Santa, en la que algunas veces me encargó las lecturas bíblicas. Viajaba de Masaya a San Marcos en bus y luego a La Concha en unos taxis todos desvencijados. Las limosnas cubrían estrictamente el transporte y su comida. Era muy cuidadoso en la relación con sus feligreses, en especial las personas de pocos recursos económicos. Cuando falleció solamente encontraron en sus haberes unas cuantas monedas que no sumaban un córdoba.

    Ironías de la vida. El sacerdote que vivió en extrema pobreza, luego de su muerte, le fue levantado un monumento en cuya parte superior está su pequeña figura. Monumento merecido, construido en Italia a un costo de varios miles de dólares. Al momento de ser trasladados los restos del padre Putoy, del atrio de la iglesia al costado norte, se estableció que el cuerpo estaba incorrupto, igual que fue su conducta como hombre y sacerdote.

    FUENTE INFORMATIVA

    Escribir la historia eclesiástica de Nicaragua ha sido la obra de casi toda la vida de Edgard Zúñiga. Cuenta con una extraordinaria biblioteca, numerosos documentos, una buena parte inéditos, en fin el conocimiento y material bibliográfico para ser uno de los mejores especialistas sobre el tema. A eso se agrega su experiencia como catedrático que fue de la Unica, y en la actualidad de la Universidad Thomas More.

    El período de 1524 a 1821 fue editado en un tomo que financió el empresario cristiano Felipe Mántica Abaunza. De 1821 a 1913 conforman otro tomo del que apenas se editaron 200 ejemplares y tuvo el apoyo de la Embajada de Suecia. Ambos tomos fueron publicados en uno solo, con el financiamiento de Adveniat, organismo de los obispos católicos de Alemania.

    Actualmente Edgard trabaja en otro tomo que abarcará el siglo XX, lamentablemente el proyecto no ha continuado por no contar con el apoyo de algún organismo o institución. Consideramos que cualquier trabajo o investigación sobre el tema tiene que recurrir necesariamente a la obra de Edgard Zúñiga. Ojalá pueda recibir la ayuda necesaria para completar una parte valiosa de nuestra historia. Por nuestra parte, especial agradecimiento por la valiosa cooperación recibida
     
     
     
     
     

    Documentos históricos  Conferencia Episcopal de Nicaragua

    28 DE MARZO DEL 2002 /  La Prensa

         El Día de los Sacerdotes
                El Jueves Santo se celebra el Día de los Sacerdotes Católicos, en conmemoración
                  de la Última Cena de Jesús con los apóstoles, en la que se instituyó la Eucaristía.
                  Por eso, la principal celebración en este día es la renovación de los votos
                  sacerdotales de quienes se han consagrado al servicio de Dios y de la Iglesia y, por
                  lo tanto, están autorizados a celebrar la Misa y administrar la Eucaristía.

    El primer sacerdote que arribó a costas nicaragüenses fue fray Alejandro, capellán  del último viaje de Cristóbal Colón cuando descubrió a Nicaragua, el 12 de septiembre de 1502. Pero sólo 21 años después fue que un sacerdote pisó la tierra  nicaragüense, Diego de Agüero, quien bendijo el 12 de abril de 1523 la toma de  posesión del Lago Cocibolca por el conquistador Gil González de Ávila y atestiguó  el diálogo con el legendario cacique Nicaragua.

                  Desde entonces vinieron muchos otros sacerdotes, primero para evangelizar a la  población aborigen y después para integrarse en la sociedad nicaragüense.  Durante la conquista, algunos de aquellos sacerdotes brillaron por la luminosa  santidad de sus obras, como Diego Álvarez Osorio, Bartolomé de Las Casas y  Antonio Valdivieso, quienes defendieron incansablemente a los indios que eran sometidos a terribles crueldades por los conquistadores. Por eso, precisamente,  fray Antonio Valdivieso fue brutalmente asesinado por los hermanos Rodrigo y  Hernando Contreras, el 26 de febrero de 1550.

                  Posteriormente, en las épocas de la colonia española y de la lucha por la  independencia nacional, así como durante la vida republicana y en especial, más  recientemente, bajo las dictaduras somocista y sandinista, los sacerdotes católicos estuvieron al lado del pueblo no sólo en la promoción de la fe sino  también en las aspiraciones y luchas por la libertad, la democracia y el progreso social. Eso sin perjuicio de que algunos sacerdotes por sus propias razones apoyaron a aquellos regímenes opresivos.

                  Con justificada razón la mayoría del pueblo de Nicaragua guarda en su memoria  histórica, con respeto y veneración, a eminentes sacerdotes y obispos como  Tomás Ruiz, José Antonio Lezcano, Isidro Oviedo y Reyes, Octavio José Calderón   y Padilla, Carlos Sancti, Odorico de Andrea, etc., y venera en vida a quienes por el ejemplo de su existencia y obra son como verdaderos santos vivientes, tal es el   caso, por ejemplo, del padre Santiago Anitua.




    1 DE ABRIL DEL 2002 /  La Prensa     La verdadera vida de Sor María Romero   Wilder Pérez R
     “¡Qué hermoso sería morir frente al mar!”. Más que un deseo fue una profecía. Sor  María Romero Meneses, la primera santa nacida en América Central que será  beatificada el próximo 14 de abril por el Papa Juan Pablo II desde el Vaticano, predijo su muerte viendo a Dios en cada gota del Océano Pacífico, desde una casa  familiar en Las Peñitas, León, la tarde del 7 de julio de 1977.
     

    Fue difícil para sus acompañantes encontrarla tirada en el piso del baño, cubierta por su hábito negro, después de ser la Sor más “indisciplinada” que conocieron las “Hijas de María Auxiliadora” (FMA, por sus siglas en italiano) en toda  Centroamérica.  Cierto día compartía experiencias con sus colegas cuando una dijo: “mis alumnas,  en mi clase, se comportan como en misa”, a lo que Sor María Romero respondió:  “pues en mi clase, mis alumnas se portan como al salir de la misa (una algarabía)”.   Ella era como sus alumnas, alegre, divertida, honesta, bondadosa, y se preocupaba mucho por el prójimo, especialmente por los pobres, porque cuando tenía unos 13 años de edad, sufrió el derrumbe económico de su padre, Félix  Romero, un acaudalado hombre de negocios en Granada que fue estafado por un amigo cercano.   “Es duro ser pobre, pero es más duro serlo después de haber sido rico”, se  lamentó Sor María, cuyo nivel de vida pasó de clase rica a clase media en su  adolescencia.    Sor María nació en Granada el 13 de enero de 1902. Su madre, Ana Meneses, fue la  segunda esposa de don Félix, que lo encontró viudo, con dos hijos y con 20 años  de ventaja. La futura Sierva de Dios fue la segunda de 12 hermanos, de los que al  final sobrevivieron seis.  Siempre fue bondadosa. De pequeña, regaló su mejor vestido a una niña pobre sólo porque ésta no tenía y además se miraba bonita con el traje. Todo el tiempo quiso dedicarse a Dios, pero fue enviada al noviciado de El Salvador hasta que cumplió 18.  Un día fue a la capilla del noviciado y preguntó a Jesús quién era ella. Fue su primera experiencia milagrosa. Sor María escuchó su voz diciéndole: “eres la  predilecta de mi padre y la consentida de mi madre”. Desde entonces, oró frente a Cristo tres veces al día y utilizó su famosa frase: “Dios proveerá”.   Pero su decisión de servir a los pobres fue más fuerte que nunca el día que se  alegró porque iba a llover fuerte. Por la tarde había dicho: “¡qué alegría, dormiremos deliciosamente esta noche!”, una mujer pobre le reclamó la  “insensibilidad” y Sor María no pudo dormir.    Regresó a Nicaragua pero no tardó en irse a Costa Rica por orden de sus  superiores a la edad de 29 años, para vivir ahí 46 más, siempre acompañada por una libretita donde apuntaba sus pensamientos y pasajes de la Biblia. Para  entonces era maestra de música y canto, dibujo, pintura y mecanografía, además,  “masticaba” el italiano.   El día que se enfrentó a su primera clase, las alumnas no la querían y se   escondieron entre los muebles del salón. Pero a la Sor no le importó. Empezó a  tocar el piano y la melodía convenció a las niñas.  Alcanzaron tal punto de confianza que fundaron el grupo de las “misioneritas”, que predicaban de casa en casa su evangelio. Con ellas andaba cuando visitaron  un cafetal y dijo: “aquí construiré mi casa”, dejó caer una medalla y dijo: “Dios   proveerá”.    Así, haciendo rifas, peticiones y un préstamo comprometedor, erigió la Casa de   María Auxiliadora partiendo de cero, aún contra un par de robos que retrasaron  el proyecto y bajaron la moral de la Sor. Hoy en día la casa favorece a más de 300  mil nicaragüenses en Costa Rica a través de todo tipo de ayuda, incluyendo su  afamada agua milagrosa.  A mediados de siglo, Don Renato Ziggiotti, Rector Mayor de los Salesianos, visitó  Costa Rica. Sor María no daba abasto atendiendo a tantos pobres y sufriendo sus  aflicciones. Entonces le dijo a Ziggiotti que le diera agua bendita como la que tenían en Europa, ya que la gente no podía viajar hasta allá para obtenerla.  Se la dio. Y el agua empezó a curar milagrosamente a los enfermos al punto que se le acusó de bruja, y se le prohibió distribuirla e incluso hablar con la gente durante un año aproximadamente, hasta que las investigaciones concluyeron que  no se traba de actos satánicos.  Su popularidad y credibilidad no volvieron a decaer. En 1968 fue declarada Mujer  del Año por la Unión de Mujeres Americana. Un año más tarde viajó a Italia para  hablar de sus obras. Ella nunca habló bien el italiano, pero estando allá lo hizo con una soltura extraordinaria que atribuyó a la Virgen.  Siempre sufrió los males físicos y espirituales de ella y del resto de la gente que la mantenían el corazón “con la punta para arriba”. El 7 de julio del 77 había ido a   descansar a Las Peñitas después de escribir “Preparación para la muerte” y de decirle a una colega que ella sería quien tocaría la música de su misa de cuerpo  presente. Y se cumplió.   Hoy en día, la fecha de su muerte se celebra con regocijo todos los meses en su casa natal. No hay tristeza, porque como ella escribió un día: “La acción divina no quiere encontrar obstáculo ninguno en la criatura. Todo le sirve, todo le es útil y oportuno, todo es nada sin ella, y la nada es todo con ella”.

     2 DE ABRIL DEL 2002 /    Las experiencias celestiales de Sor María Romero Wilder Pérez R.
           La primera experiencia celestial que vivió Sor María Romero Meneses fue el 6 de enero de 1929, en El Salvador, justo después de realizar sus Votos Perpetuos en la Congregación Salesiana de las Hijas de María Auxiliadora (FMA). Recibió un llamado de la Virgen y apareció con una misteriosa corona de rosas rosadas en la cabeza.    Muchos años después ella le reveló a su amiga Ofelia Gurdián que ese día había  recibido una especial llamada a la santidad de parte de la “Santísima Virgen”. Sor María le había dicho que si se convertiría en una buena religiosa, florecería algún lirio de los que había sembrado en su honor.   “¿Cuál no sería mi emoción cuando, después del acto, fui a ver a mi Reina (así se  refería a la Virgen) en su gruta y la encontré rodeada de bellísimas flores blancas, todos los lirios habían florecido... fue verdaderamente para mí una llamada a la santidad”, recordó Sor María.   Desde entonces, estuvo clara de sumisión terrenal. Su sed por ayudar a los pobres  sin reparar en las limitaciones económicas la llevaron incluso a tener fama de  bruja, y hasta fue privada de hablar con la gente por el año 1955.   Su principal arma fue la fe. La fe de Sor María era tal, que un día se le ocurrió  vendar a la Virgen mientras operaban a una niña enferma de la visión, según ella,  para que su “Reina” sintiera “lo que es no tener vista y me haga el milagro”. La operación fue exitosa.   Muchos de sus primeros actos milagrosos se dieron con el coro de niñas que ella  dirigía, conocido como las “misioneritas”, que se encargaban de predicar el evangelio en los barrios pobres de San José.    Un día dos de ellas andaban evangelizando cuando se encontraron a un asesino  que quería matarlas. Regresaron y contaron el asunto a Sor María, éste les dijo que regresaran, que no pasaría nada y que estaría rezando.Fueron bien recibidas.   Otro día una misionera dijo que no asistiría a los oratorios porque iba a un examen  difícil, Sor María le dijo que no se preocupara, que llegara y que sólo estudiara un  punto pero bien repasado; cuando la joven sacó sus preguntas al azar, eran justo  las que había estudiado y se sacó un diez.  A costa de “milagros” fue que Sor María logró su sueño de la Casa de la Virgen en Costa Rica, a la que todos los días acuden decenas de personas, nicaragüenses en  un 80 por ciento, para pedirle favores sobrenaturales.   Uno de los milagros más famosos fue el que la llevó a la beatificación, a realizarse el próximo 14 de abril. Una niña tenía seis meses de vivir en el vientre materno  cuando la diagnosticaron con el estado más grave de labio leporino.
      Sus padres peregrinaron por distintos médicos y hospitales, pero también rezaron incesantemente a Sor María Romero para revertir el destino. Al final, nació completamente normal y el milagro le fue concedido a la interceptora  nicaragüense.   Uno de los prodigios más famosos de Sor María es el agua bendita. Desde que el Rector Mayor de los Salesianos, don Renato Ziggiotti, le dio el agua, los milagros  se multiplicaron a niveles que hoy no es posible contarlos.     “Los días siete de cada mes vienen cientos de personas que quieren dar su  testimonio de algún milagro hecho por su intervención, pero sólo unos lo logran  porque como son tantos”, asegura Sor Melania Martínez, administradora de la casa natal de Sor María.    El agua no necesita mayor bendición que la de 1955 en Costa Rica, y no se agota   porque sólo se llena la mitad del recipiente con el agua bendita y la otra mitad se   completa con agua de cañerías, así, se multiplica.    Y si llega a agotarse, sólo van y rellenan bidones de agua salida de las tuberías de  la Casa de la Virgen en el vecino país del sur.   Los milagros de Sor María son incontables, desde los que acepta la Iglesia hasta  los que no son aceptados por falta de pruebas o los que tienen explicación  científica.

    Editado por Eduardo Manfut Provedor, para Nika CyberMunicipio an el año 2002, Marzo.