1947-1950
La Asamblea nombró como presidente a Víctor
Román y Reyes, y como vicepresidente a Mariano Argüello Vargas.
Antes de ser ratificados por los legisladores, éstos firmaron un
pacto
de honor con Somoza García. En el mismo año el General también
signó otro pacto con el conservador Carlos Cuadra Pasos.
Posteriormente, en 1950 se firmó el pacto
de los Generales entre Anastasio Somoza y Emiliano Chamorro. Este acuerdo
permitió el desarrollo de elecciones generales con algunas componendas:
una
Constitución reformada que concedía la ciudadanía
a la mujer aunque el voto femenino sólo fue posible a partir de
la reforma de la Constitución de 1955; así
como la repartición de los cargos antes de efectuarse los comicios.
Esto último quedó plasmado en la reforma de la Ley Electoral
del 21 de diciembre de 1950.
1951-1956 Al fallecer
en la presidencia Víctor Román y Reyes,
el Congreso nombró para concluir el período al senador vitalicio
Anastasio Somoza García. Posteriormente, en las elecciones presidenciales,
resultó electo el general Somoza García. En esos mismos años
se dio una reforma Constitucional para propiciar la reelección del
mencionado general. Durante la campaña electoral se produjo la muerte
de Somoza García a manos del joven Rigoberto López Pérez.
Tomado
de La Prensa "Historia de Las Elecciones 4-22-02"
- Victor Manuel Roman V Reyes (1947-1950)
V ictor Manuel Román y Reyes nació
en Jinotepe, Carazo, el 13 de octubre de Y 1873, y murió en el ejercicio
de su cargo, en Filadelfia, USA-ciudad adonde se graduó de médico
muchos años antes y adonde estaba siendo atendido medicamente debido
a una dolencia cardíaca-, el 7 de mayo de 1951, exactamente dos
semanas antes de las elecciones que ganaría Anastasio Somoza, y
que se celebraron conforme al Pacto de los Generales; sus restos fueron
traídos inmediatamente a Nicaragua y se encuentran enterrados en
Jinotepe.
Conforme al Decreto número tres de la
Asamblea Nacional Constituyente, del 15 de agosto de 1947, Victor Manuel
Román y Reyes fue designado para ejercer el cargo de Presidente
de la República, del cual tomó posesión, precisamente,
ese mismo día; anteriormente había desempeñado muchos
cargos públicos, principalmente en el ramo de relaciones exteriores,
hasta llegar a Ministro dei ramo en la administración de Anastasio
Somoza; también fue Ministro de Higiene durante la administración
de José María Moncada.
La crisis provocada por el Golpe de Estado de
Somoza contra Leonardo Argüello -contenida internamente a través
del estado de emergencia-, se había traducido en un renacimiento
de las actividades revolucionarias de los emigrados nicaragüenses
en los distintos países de la región, esta vez con muchas
más posibilidades de organización y de éxito debido
a la presencia de la Legión del Caribe. No es de extrañar,
pues, que Victor Manuel Román y Reyes se hubiese propuesto atemperar
la situación declarándose en su discurso de toma de posesión
"Ajeno a prejuicios, sin odios, y con la conciencia libre de culpas, con
un deseo vehemente de que mi nombre sea bandera de conciliación
nacional, para que unidos todos los nicaragüenses podamos ponernos
al servicio de la Patria, en un afán sin límites de sacarla
adelante, y de hacerla ocupar el lugar que se merece en el consorcio de
l os pueblos".
Tampoco resultó extraño que, a
menos de un mes de iniciado su mandato, Víctor Manuel Román
y Reyes, el 13 de agosto, en Gabinete de Gobierno en pleno, impusiera la
censura de prensa, ni que la Asamblea Nacional Constituyente, casi simultáneamente-en
su Decreto número nueve del 18 de agosto-, sujetara "a las autoridades
militares para su juzgamiento y castigo (a) los autores, cómplices
v directores de estos actos revolucionarios, de bandolerismo, terrorismo
o comunismo que llevan a cabo la comisión de delitos o tiendan a
la alteración del orden público".
Mientras tanto, Anastasio Somoza, en su carácter
de Presidente del Partido Liberal Nacionalista inició conversaciones
privadas con Carlos Cuadra Pasos, del Partido Conservador, con el propósito
de buscarle una salida a la crisis a través del Pacto Político;
pacto que se concretó el 26 de febrero de 1948, un mes después
de promulgada la nueva Constitución Política -que fijó
el término del período de Victor Manuel Román y Reyes
al 1 de mayo de 1952.
El nuevo Pacto Político establecía:
1) convocar a elecciones para Autoridades Supremas; 2) organizar estas
elecciones conforme al sistema Dodds (de la Ley Electoral de 1928); 3)
garantizar la neutralidad política de la Guardia Nacional, durante
el proceso electoral; 4) restablecer la libertad de prensa; 5) dictar un
decreto de amnistía amplia; 6) completar el Congreso con siete Diputados
y cuatro Senadores del Partido Conservador; 7) llenar las vacantes de la
Corte Suprema de Justicia y de las Cortes de Apelaciones con militantes
del Partido Conservador; 8) garantizar la participación del Partido
Conservador en las Directivas de los Bancos, Entes Autónomos, Comisiones
de Vigilancia y Control; 9) preparar un anteproyecto de nueva Constitución
Política de consenso bipartidista; y 10) obtener para el gobierno
del Victor Manuel Román y Reyes el reconocimiento de los otros gobiernos
del Continente (Este Pacto fue desconocido y renegociado por Emiliano Chamorro
con el llamado Pacto de los Generales, el 3 de abril de 1950, que consolidó
aún más a Somoza).
Anastasio Somoza, entonces, se apuntó
un doble éxito: en primer lugar con el reconocimiento del gobierno
de Román y Reyes de parte de los Estados Unidos y del resto de los
países americanos, y luego con la normalización de la situación
política interna, con el apoyo del partido de oposición.
A pesar de todo el gobierno de Victor Manuel
Román y Reyes no pudo evitar las acciones revolucionarias de los
exiliados nicaragüenses, en una de las cuales, organizada en 1948
-con el apoyo del gobierno guatemalteco de Juan José Arévalo-
por los veteranos del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional,
dirigidos por Juan Gregorio Colindres y Ramón Raudales, resultó
muerto Juan Gregorio Colindres, en las cercanías de Jalapa, en la
frontera norte con Honduras.
Pero mucho más grave para la administraciónRomán-y-ReyeslSomoza
resultó la participación de los exiliados nicaragüenses
en la revolución costarricense que dirigió José Figueres
Ferrer, en el marco de la Legión de El Caribe; una participación
a todos los niveles, que obviamente comprometía al propio Figueres
con la liberación de Nicaragua, y que motivó una respuesta
obligada de Somoza con la consecuente disputa internacional, en el marco
del panamericanismo, tan en boga en ese momento, que terminó en
el seno de la OEA con resultados adversos para Somoza.
En justicia, sin embargo, no se le pueden atribuir
a Victor Manuel Román y Reyes todos los desmanes de Somoza, pues
su posición de subordinación también estaba determinada
por la situación internacional, que alcanzó uno de los máximos
repuntes de la confrontación este-oeste; por ejemplo: en Europa
estalló la crisis de Alemania, y en el oriente lejano la de Corea
que provocó la amenaza Washington de recurrir a la bomba atómica;
y en América Latina: la crisis interna de Cuba; las acciones militares
revolucionarias de Cayo Confites y Luperón, dirigidas por la Legion
del Caribe, en la República Dominicana; y el llamado Bogotazo, que
se dió en repudio a la situación interna de Colombia, en
el momento mismo en que se encontraban reunidos en Bogotá los representantes
latinoamericanos para la constitución de la Organización
de Estados Americanos.
Y en Centroamérica, además de la
ya mencionada revolución costarricense y de una reactivación
de la idea de construir el Canal por Nicaragua, en sustitución del
de Panamá: el primer intento serio de los Estados Unidos por desestablizar
la revolución guatemalteca, un ambiente pre-revolucionario en Honduras,
que terminó con la caída de Tiburcio Carias Andino, y la
propia crisis interna de Nicaragua; en realidad la situación regional
era tan grave que llegó a hablarse de un potencial estado de conflagración
centroamericana.
Se percibía tan grave la situación
latinoamericana (o se perseguía proyectarla así) que en 1948
Washington llegó a decir que existía un ambiente de rebelión
comunista en la región; y más tarde, en 1950, el propio Subsecretario
de Estado para América Latina, Edwuard G. Miller, se vió
obligado a declarar que su país se mantenía apegado al principio
de no-intervención, para justificar su complacencia con las dictaduras
militares: fue, desde luego, la época de la firma del Tratado Interamericano
de Asistencia Recíproca (TIAR).
Con muchas penalidades, entonces, tantas que
probablemente le aligeraron la muerte, Victor Manuel Román y Reyes
asumió con dignidad su obligada posiciónmientras él
se dedicaba a hacer lo mejor posible en el ámbito de la administración
pública.
En efecto, a V ictor Manuel Román y Reyes
le corresponde: la nacionalización del Instituto Juan José
Rodríguez, de su ciudad natal, y del Instituto de Masaya; la modernización
y reactivación del Programa de Reforestación, en todo el
país; y la construcción del llamado Palacio de Comunicaciones
y del Estadio Nacional; fue, además, el primer Presidente que institucionalizó
las conferencias semanales de prensa..
Diario Barricada, y recopilación de Aldo
Díaz Lacayo
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