Por la no re-elección presidencial en Nicaragua.
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1 DE AGOSTO DEL 2005 /  La Prensa
Las lecciones del gobernante Vicente Quadra (1871-74) 

    
Bachilleres del Colegio de Granada (1894), establecido durante la presidencia de don Vicente; sentado, de izquierda a derecha: Carlos Cuadra Pasos. Archivo de José Joaquín Quadra.
   

Jorge Eduardo Arellano

Hace 130 años, el 1 de marzo de 1875, Vicente Quadra Lugo (25 de julio, 1812-10 de diciembre, 1894) entregó el poder al candidato victorioso de las elecciones de 1874: Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (29 de junio, 1818-17 de junio, 1890). Entonces Nicaragua, con la administración del primero, acababa de dar un paso sustantivo: de sociedad tradicional a otra de transición hacia el “despegue” económico, en términos de Walter Rostow, autor de la teoría del retraso. Fue muy lento el proceso de ese “despegue” iniciado por Chamorro Alfaro y débil e incipiente el Estado que se estaba construyendo; pero los patricios progresistas de la segunda mitad del siglo XIX todavía pueden impartir lecciones en materia política. 

La alternatibilidad en el Ejecutivo (se sucedieron, cada cuatro años, seis presidentes: Guzmán en 1867, Quadra en 1871, Chamorro en 1875, Zavala en 1879, Cárdenas en 1883 y Carazo en 1887) es la primera en destacarse. La moderación podría ser la segunda lección. “Fueron prudentes en sus actos sin ser huraños en el trato”, observó Carlos Cuadra Pasos, sobrino carnal de Quadra y cuyo padre, José Joaquín, había sido derrotado fraudulentamente por el reeleccionista general Tomás Martínez en las elecciones de 1862. Con una positiva humildad de fondo, ellos lograron despertar el optimismo de la gente. Vicente Quadra definió esa poderosa humildad. Al general Máximo Jerez le dijo: “Convénzase usted que soy un gobernante fuerte por la razón de que no he desaliñado mi valija, porque estoy entendido de que esta casa (la presidencia) no es mía”. Ninguno de los mandatarios citados concebía apropiarse del cargo supremo más allá de su período correspondiente. 

Otras lecciones impartidas por esos gobernantes fueron la honradez proverbial, donde todo tendía a ser abierto, diáfano, público y toda gestión administrativa era legal, sujeta al más estricto control y celo de la probidad. Pues bien, el período de Quadra representó esas lecciones, o virtudes administrativas, más que nadie. El país no se reponía del todo de las consecuencias de la guerra civil de 1869 (los generales Martínez y Jerez contra el presidente Guzmán), causada —según Enrique Guzmán Bermúdez, nieto del último— por “los cargos de nepotismo” y el “descuido de la Hacienda Pública”. De ahí que don Vicente se empeñará en desarrollar o, como se decía, a “moralizarla”. Como sus primus inter pares, Quadra se adscribía a la ética instrumental (que conlleva una visión relativista y pragmática de la política), no a la ética de la convicción, es decir, a la propia de la acción política voluntarista, expresada en la defensa inflexible e incondicional de los valores absolutos. Con todo, siempre actuó apegado a los principios constitucionales de la Carta Magna vigente: la de 1858. 

LA CONSTITUCIÓN DE 1858 

Base legal de la entonces sociedad homogénea y rígida, controlada políticamente por el estrato superior, esa constitución fue sancionada el 19 de agosto de 1858 y terminó de regir hasta el 15 de septiembre de 1893, o sea, tuvo la duración de 35 años: más que ninguna otra en toda la historia de Nicaragua. Por tanto, mereció este elogio del político e ideólogo conservador Cuadra Pasos: “Es un documento precioso, comedido, corto en sus afirmaciones, escrito sin copiar las abstracciones impracticables de constituciones extranjeras, sino que encierra, en concreciones bien meditadas, disposiciones verdaderamente conformes con el espíritu de la nación a que estaba destinada a dar pautas legales”. Una de ellas fue la elección indirecta de las autoridades: a través de distritos que, a su vez, votaban por un elector (sistema, sin ir más lejos, como el actual de Estados Unidos). 

LAS ELECCIONES DE 1870 

Así, en las elecciones donde salió electo —octubre de 1870—, Vicente Quadra obtuvo el mayor número de votos —772— de los electores, “el más alto que se ha visto en la historia de las elecciones en esta República”, según El Porvenir de Nicaragua (año 4, núm. 4, octubre de 1874). Sus competidores (Evaristo Carazo —sin estar oficializado como candidato—, de Rivas, Mariano Montealegre de Chinandega, Hermenegildo Zepeda, de León, Juan Bautista Sacasa, también de León; Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, de Granada; Pío Castellón, de Nueva Segovia; y Apolonio Marín, de Masaya) recibieron 270, 164, 147, 50, 41, 2 y 1 votos respectivamente. En total, los votos de éstos, sumados, arrojaban la cifra de 654: 118 menos que los de don Vicente. 

LA PRIMERA RENUNCIA O RENUENCIA 

Un hecho insólito aconteció un mes antes que Quadra tomara posesión de su destino. El mandatario, electo popular y constitucionalmente tres meses atrás, solicitó al Congreso que le admitiera la renuncia, “a fin de que el pueblo escoja otra persona que con sus luces y con el conocimiento práctico de los negocios públicos sepan encaminarlo por las vías de la prosperidad y engrandecimiento”. Alegando una naturaleza delicada y nerviosa, pero no débil ni enfermiza, consideraba que por sus enfermedades —tenía 59 años— se “vería en el penoso caso de no poder consagrar todo el tiempo necesario al despacho de los negocios públicos”, perjudiciales —a su entender— “a los intereses de la Nación”. 

La resolución del Congreso fue contundente. “El sufragio de los electores de distrito a favor del Señor Quadra fue dado con pleno conocimiento de las razones que expone en su renuncia, y son las mismas que contiene su carta del 8 de octubre pasado. Si aquéllos, pues, no las creyeron bastantes y lo eligieron, no sería bien que sus delegados conceptuásemos hoy de otra manera. El país —argumentaban— se resentiría más todavía de los estragos que nuestras contiendas políticas le han ocasionado, y el Congreso contraería una responsabilidad enorme si desoyendo el voto unánime de los pueblos, admitiese esa renuncia. Semejante medida nos llevaría a una nueva lucha de partidos que reviviendo las pasiones, quizás nos condujese a la anarquía”. 

EL EMPRÉSTITO A LOS COMERCIANTES DE GRANADA Y MANAGUA 

Y Quadra evitó la anarquía, asegurando la paz: no “una paz perfecta”, como la califica un apologista de la República Conservadora, sino lo suficientemente estable para sacar adelante al país con sus propios recursos. Y lo hizo de la única manera viable en ese momento: con un empréstito a la empresa privada, mejor dicho a 28 casas comerciales de su ciudad natal, entre ellos a la suya mancomunada con su hermano menor: “Vicente y (José) Joaquín Quadra” (Véase reproducción facsimilar del original en BNBD, núm. 76, enero-febrero, 1993, p. 61); empréstito que abarcó a propietarios de Managua. 

En el Archivo de la Prefectura de Granada se localiza el documento que suscribieron el 27 de abril de 1871. 28 casas o compañías por el valor total de 28,760 pesos en plata efectiva, desembolsables en mensualidades de 3,595 bajo la base autorizada por el Supremo Gobierno conforme la ley del 31 de marzo del año en curso, “al tipo de ochenta por ciento e interés de doce por ciento anual pagable en moneda efectiva, todo el 31 de agosto de 1874, o en bonos privilegiados”. Quienes aportaron mayores cantidades fueron las firmas Chamorro y Zavala, César Castigliolo —un empresario italiano—, Gabriel Lacayo e hijos, la compañía de los hermanos Quadra Lugo —ya citada—, Benard y Vivas, Luisa Chamorro, Pánfilo y Fernando Lacayo mayor. El cronista Francisco Ortega Arancibia refiere en su estilo anecdótico, las circunstancias de ese empréstito que marcaría un hito histórico: 

“Cuando don Vicente Quadra se dirigía a Managua a tomar posesión de la presidencia, llegó a casa de don Gabriel Lacayo, acaudalado comerciante, a quien le expresó las dificultades que se le presentarían por la mala situación del tesoro... Lacayo, que era temido como un financiero de primera fuerza, lo alentó con el siguiente consejo: Tú no debes preocuparte porque no encuentres dinero en las cajas. Los gobiernos no son ricos porque tengan dinero, tienen rentas y esa debe ser su riqueza para no disgustar a los pueblos con contribuciones que enfadan la opinión de los gobernados. Haz contrato con el comercio...” 

AGREGA ORTEGA ARANCIBIA: “Ascendió, pues, don Vicente Quadra al poder, y aunque se le hacían ridículos por sus menudas economías, él no tuvo un gobierno agitado”. Y, como era escrupuloso en asuntos de dinero —reputación adquirida al desempeñarse en 1860 como miembro de la Junta Calculadora de Impuestos de Granada— logró su objetivo prioritario: arreglar las finanzas nacionales. 

Esta situación permitió liquidar a 160 jefes y oficiales que habían servido “al gobierno constitucional en la guerra civil de 1854 y 55”, de acuerdo con los decretos del 11 de junio y 6 de noviembre de 1872. La comisión creada por tales decretos declaró sin lugar 27 de los 197 reclamos. El sabio leonés Gregorio Juárez fue recompensado con “una retribución por la formación del proyecto de Ley Agraria que ha presentado, y en atención a los servicios prestados por él al país”. El estado de exportaciones e importaciones se publicaba regularmente en La Gaceta de Nicaragua. El del segundo trimestre del año económico de 1872, a través de la Aduana Marítima de Corinto indicaba que el café era el producto exportado de más valor, siguiéndole los cueros de res. 

AUMENTO DEL PRESUPUESTO 

Durante el bienio de 1871-72, el presupuesto aún no llegaba a los dos millones de pesos y, al terminar su período, lo dejó en algo más que esa cantidad (en 2,011,670.25), según la Guía de Nicaragua, 1898, editada por H. Falcinelli Graciosi, p. 91. Recientemente, el economista e historiador Arturo Cruz S., revisando la Memoria del Ministerio de Hacienda y Crédito público relativa al bienio 1871-72 (Managua, 1873), ha comentado que cualquier meta modesta de Quadra era mitigada por las posibilidades económicas sumamente precarias del país. Además, el nuevo mandatario estaba resuelto a pagar las deudas externas (que incluía la deuda federal a Inglaterra de 1824), asignando a su amortización casi un tercio de los desembolsos presupuestados. Otros mucho menos, correspondían a los rubros Sueldos de jefes y oficiales, de empleados públicos, de militares, de haciendas; Supremos poderes, Lista diplomática, Donación eclesiástica, Pertenencias de tropas, Policía de haciendas, guardas de cárceles, Gastos postales, Inválidos, Caminos, etc. 

En el mismo Mensaje —o primer discurso presidencial— Quadra “adoptó un tono de tal fuerza que parece haberse estado preparando por mucho tiempo para asumir el cargo” —advierte Cruz Sequeira. Éste destaca su disposición de tomar medidas “que llenen todas las necesidades ...más precisas e indispensables”. De ahí que Quadra pusiese en marcha los pasos legislativos para reorganizar las finanzas públicas, redactar un código de policía, reglamentar el reclutamiento de las milicias, establecer rentas para cumplir el mandato de las leyes de instrucción pública, seguir mejorando los caminos y fomentar la inmigración extranjera, reconociendo “que a los hijos del país debiera dispensársele igual gracia”, es decir, la otorgación de concesiones. 

Aunque también subraya “la frugalidad extrema” que exageradamente se le ha atribuido al presidente Quadra, el citado autor anota: “Lejos de aumentar el déficit fiscal, la administración Quadra siguió amortizando la deuda nacional a un ritmo notable” —especifica, no sin añadir que, en relación con los otros Estados centroamericanos, el Ministerio de Hacienda de Nicaragua se consolaba con una base impositiva relativamente elevada: 2.44 pesos per cápita. Las de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras eran de 8.0, 1.5, 2.0 y 0.8, respectivamente. 

LA INSTRUCCIÓN Y SU PROBLEMA 

Pero no bastaba esta política fiscal para hacerle frente a la Educación, rubro en el cual se invirtieron —en el bienio 1871-72— apenas 4,000 pesos. De manera que la instrucción pública siguió humillando —como lo había afirmado el Ministro del Ramo en el gobierno anterior— “la delicadeza de nuestro patriotismo”. A principios de 1871, en una población de 205,000 habitantes —que excluía la Costa Atlántica— había 101 escuelas primarias —92 para niños y 9 para niñas—, correspondiendo 28 al departamento de Granada, 16 al de León, otras 16 al de Rivas, 9 al de Chinandega y 6 al de Segovia. Asistían a ellas 4,403 alumnos: 3,871 niños y 532 niñas; pero la cantidad de niños en el país, de 7 a 15 años, sumaban 12,000 y el de niñas 18,000. La enseñanza era gratuita y en algunos de los departamentos se examinaba la posibilidad de hacerla obligatoria (lo cual se decretó en 1877). Los maestros ganaban 12 córdobas y en varias ciudades la Dirección de Estudios les proporcionaba un aumento salarial. 

No varió mucho esta situación a finales de 1874. Pero Quadra no fue ajeno al problema de la enseñanza básica. En su primer Manifiesto del 4 de marzo de 1871, lo exponía con estas palabras: “El pueblo necesita de instrucción para que conozca sus debates y comprenda sus derechos, y pueda cumplir aquéllos, y ejercer éstos de la manera que corresponde a un verdadero republicano. Así es que la instrucción debe difundirse hasta en las últimas escalas de la sociedad. Empero, para ello se necesitan recursos, y es a vos a quien incumbe la necesidad de crearlos. Los fondos de instrucción que actualmente tiene cada Departamento, son insuficientes aun para el régimen de la enseñanza, tal como al presente se halla. Las dotaciones de los preceptores son demasiado mezquinas, y no inspiran ningún halago a una persona competente.... De aquí resulta que o no se encuentran absolutamente maestros para el servicio de las escuelas, o que se ocupen personas inexpertas, y sin capacidades, que por su misma ineptitud, jamás podrán promover el adelanto de la enseñanza” (Managua, Imprenta de Gobierno, p. 6). En esta dirección, su gobierno editó la primera Geografía /de /Nicaragua /para el uso de las escuelas primarias de la República /con croquis (mapa) anexo (Granada, Imprenta de El Centro-Americano, 1875), precedida de carta suya —fechada el 2 de enero de 1874— al autor: el ingeniero alemán Maximiliano v(on) Sonnenstern. 

LA OBRA DE LEVY 

También durante el gobierno de Quadra se publicó la obra de 627 páginas: Notas geográficas y económicas sobre la República de Nicaragua (París, Librería Española de E. Denné Schmiltz, 1873) del francés Pablo Levy. Éste consignó en su dedicatoria: “Al señor general /Don Fernando Guzmán /que promovió esta obra /y a su excelencia el señor Presidente de la República /Don J. Vicente Quadra /que facilitó su ejecución /Dedica respetuosamente su trabajo /El Autor”. Se trata de la primera “summa” de conocimientos del país —expuestos científicamente— para servir de guía al proyecto de modernización que asumirían Quadra y sus continuadores. 

EL JUICIO DE GÁMEZ 

Sin embargo muy poco dejó su administración en ese sentido. En realidad, no se podía lograr mucho en cuatro años ni exigirle un programa de gobierno tal como se concibe en nuestros días. El historiador e ideólogo liberal José Dolores Gámez, cuando era un apasionado combatiente de la administración Chamorro, juzgó la de Quadra con estas palabras: “Don Vicente Quadra, el mandatario puro por excelencia, tuvo el mérito de la honradez (...) Toleró los desbordes de la Prensa, dictó buenas leyes, nos proporcionó cuatro años de paz, procuró ensanchar la agricultura y el comercio, puso en pie las cajas de la República; el crédito de Nicaragua alcanzó una buena estimación” (El Termómetro, Rivas, 1 de marzo, 1897). Posteriormente, el mismo Gámez señalaría que Quadra “respetó los progresos políticos alcanzados por las administraciones anteriores y dedicó su principal esfuerzo a la formación de la Hacienda Pública, que con desvelos y fatigas dejó cimentada”. Además, durante su gobierno —continuaba Gámez— “se crearon academias científicas para el adelanto de la enseñanza; se estableció el juicio por jurados para las causas criminales por delitos graves; se hicieron efectivas las penas capitales impuestas a los asesinos que antes burlaban la acción de la justicia; se fundó en Granada un Colegio de Intermediaria, servido por buenos profesores europeos; se declaró libre la venta de licores extranjeros que se hallaba monopolizada por la Casa Arman; se atendieron los caminos y se hicieron unas cuantas mejoras”. 

Puntualicemos que la paz disfrutada durante el período de Quadra fue definida por éste, en su último Mensaje al Congreso, de “incierta y vacilante”. Y tenía razón. No en vano costó —según el mismo documento— “ímprobo trabajo a la Administración y cuantiosas erogaciones a nuestro deficiente Tesoro Nacional, pero a cuya sombra han gozado de garantía todos los ciudadanos y se han desarrollado empresas de todo género (Mensaje del Sr. Presidente de la República /Don Vicente Quadra /al Congreso de 1875. Managua, 13 de enero de 1875, p. 4). 

INTENTONAS REVOLTOSAS 

Para garantizar lo que ahora se denomina gobernabilidad, Quadra había recurrido a otro empréstito. El referido Ortega Arancibia informa que el presidente solicitó más plata a través del licenciado Santiago Morales, quien reunió de nuevo a los comerciantes de Granada. “Éstos aceptaron dando participación a los de las otras plazas que dieron voluntariamente lo que pedían... Entonces don Gabriel Lacayo interpeló a Morales de esta forma: ¿Quién es ese deudor que no habiendo pagado a su acreedor le pide una suma más fuerte que la anterior? A lo cual contestó Morales: Cuando ese deudor es un gobierno, y ese gobierno se llama Vicente Quadra, no se puede hacer esta pregunta; por lo tanto, yo soy de opinión que en vez de cien mil pesos se le ofrezcan doscientos mil; la mitad en plata y la otra mitad en papeles de crédito público, al tipo de ochenta por ciento con el uno por ciento de interés”. 

Así pudo Quadra sofocar las intentonas revoltosas de sus enemigos políticos. La más importante fue la conducida por martinistas (partidarios del general Tomás Martínez fallecido en León el 12 de marzo de 1873) y derrotada en Somotillo. Las fuerzas del gobierno estaban bajo el mando de los generales Manuel Espinosa y Manuel Rivas. También se cuenta que los costarricenses Paulino Salamanca y Roberto Tinoco planearon eliminarlo mientras dormía en su aposento; el plan fue descubierto e impedido a tiempo. 

LA SEGUNDA RENUNCIA 

Por lo que se ve, no le resultó fácil gobernar. Por eso alguna vez flaqueó como lo revela otro documento procedente del Archivo de la Prefectura de Granada. El 2 de junio de 1873 la Municipalidad de Masaya, en sesión ordinaria de esa fecha y ante la circulación de la noticia de que Quadra pretendía depositar la presidencia, acordó nombrar una comisión para trasladarse a Granada. Integrada por Constantino Marenco (Prefecto del Departamento), Camilo Jarquín (Alcalde) y Carmen Blandino (Síndico), su objetivo era hacerle presente a su Excelencia “los deseos de este cuerpo respecto a que no se separe del Poder Supremo, suplicándole continúe el sacrificio de presidir los destinos de la Patria, que tanto derecho tiene esperar de la bienandanza pública, el tino, imparcialidad y sabiduría con que el señor Quadra ha sabido corresponder a la alta confianza de que él es depositario”. 

Mucho más podría consignarse acerca de su atinada administración. Bastaría resumir el contenido de sus nueve informes leídos en el recinto del Congreso. Sobre su firme posición ante la presencia incómoda de los jesuitas —a quienes otorgó asilo, tras ser expulsados por el gobernante guatemalteco Justo Rufino Barrios— remito a los capítulos II y III de Franco Cerutti: Los jesuitas en Nicaragua (1984: 43-179); sobre su hábil política exterior, especialmente con la vecina Costa Rica, remito a las páginas de Cipriano Orúe: Presidentes de Nicaragua (1999); y sobre sus gestiones para emprender el canal a mi monografía: Emilio Benard (1810-1879) y su época (2001: 38-39). 

Un punto hay que aclarar en torno a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Quadra no podía pasar sobre el Concordato firmado por el presidente Martínez y el Vaticano en 1861 y ratificado por ambos en 1862; es decir, aseguraba la asistencia económica al culto católico evitando que éste trascendiera su ámbito. En su Manifiesto del 4 de marzo de 1871 lo había expuesto claramente: “Yo procuraré que ese deber (la protección oficial a la Iglesia) se cumpla de la manera más estricta... La autoridad eclesiástica ejercerá libremente sus atribuciones; pero jamás permitiré que se atente impunemente a las prerrogativas de la potestad civil, ni a los derechos de la República” (“Manifiesto a los pueblos por el Presidente de la República don Vicente Quadra”, La Gaceta de Nicaragua, 11 de marzo, 1871, p. 37). 

LAS ELECCIONES DE 1874 

El 4, 5 y 6 de octubre de 1874 se realizaron las elecciones para elegir al sucesor de Quadra. Siete fueron los candidatos: Pedro Joaquín Chamorro, conservador de Granada; Evaristo Carazo, conservador rivense; Juan Bautista Sacasa, conservador leonés; Pío Castellón, conservador de Nueva Segovia; más dos candidatos proclamados por el Partido Liberal: Fernando Guzmán, de Granada y Buenaventura Selva, de León. El Colegio Electoral había aumentado a 940 electores que votarían como lo establecía la ley, por dos candidatos: uno de su distrito y otro de fuera del mismo. Sumaron los votos 1880, de los cuales Chamorro obtuvo la mayoría: 596, pero en León sólo captó 8 de 240 y en el barrio San Felipe ninguno de 60, habiendo estallado disturbios en ambos distritos. El gobierno de Quadra fue acusado de provocarlos, pero éste —en su último Mensaje al Congreso, datado en Managua el 13 de enero de 1875— explicó: 

“Los actos generales se practicaron en general en paz y con regularidad, siendo de sentirse, que en algunos pueblos se hayan cometido abusos y desórdenes que desdicen de ciudadanos republicanos, y que poniendo de manifiesto el poco aprecio de que halla de la amplia libertad de que disfrutan, tratan desvirtuarla dando lugar a medidas represivas por parte de la autoridad. En el departamento de Nueva Segovia la exaltación de las pasiones llegó a un grado extraordinario y produjo resultados nunca vistos en los anales de nuestras vicisitudes políticas”. 

Y AGREGÓ DON VICENTE: “A pesar de la severa neutralidad en que se constituyó el gobierno respecto a una cuestión que atañe exclusivamente a los ciudadanos (el proceso eleccionario), el gobierno ha sido objeto de los más bruscos ataques y de las calumnias más atroces e incalificables”. 

Cuatro años después, un periodista que firmaba con el seudónimo “Argos” respondía desde Nandaime el 16 de julio de 1878: “Volvamos a las elecciones de 1874. Nosotros afirmamos que el señor Quadra, lejos de oprimir a los pueblos, hizo cuanto estuvo de su parte para garantizar a los nicaragüenses el sagrado derecho de elegir. Que ese inmaculado gobernante se mantuvo de ese acto a la altura de su posición y de su juramento”. 

EL TESTIMONIO DE GUZMÁN 

Del mismo año de 1878 el siguiente testimonio de Enrique Guzmán, entonces un furibundo liberal, sobre don Vicente: “Aún no hace cuatro años gobernaba a Nicaragua un hombre que era modelo de circunspección y de severidad. Para él, según repetía diariamente, no había colores políticos. Sus amigos le reprochaban que sacrificaba demasiado los particulares intereses del partido a que pertenecía ante los grandes intereses nacionales. Sus adversarios, que eran numerosos, le acusaban de cicatero, testarudo y retrógrado, jamás de impuro y falso...” (Escritos históricos y políticos. Texto crítico, introducción y notas de Franco Cerutti. Volumen I. San José, C. R., 1986, p. 223). 

Finalmente, Guzmán, consignó en su “Diario íntimo” el 10 de diciembre de 1894 el fallecimiento de Quadra en Granada: “...a las 4:00 de la madrugada murió don Vicente Quadra. Tenía al morir 82 años (había nacido en 1812). Nunca en mi vida hablé con él”.



 

Memorándum para mi hijo José Antonio 

    

   

Vicente Quadra

A sus 76 años —y a los trece de haber ejercido la Presidencia de la República—, escribió don Vicente este documento epistolar revelador de su personalidad y del ethos de toda una época. Datado en Granada, julio 1 de 1888, lo dirigió a su hijo José Antonio Quadra Gómez, quien viajaba a los Estados Unidos (Nueva York) y Europa (Londres, Manchester, Hamburgo, Génova y París) para realizar negocios a nombre de la “Compañía Josefa Quadra [esposa de don Vicente] e Hijos”. 

Las compañías que comerciaban con don Vicente eran en Nueva York “Andrea & Cía”, “Pérez Triana y Cía.” y “Muñoz y Espriella”. En Londres “Isaac y Samuel”; en Hamburgo “Lucien Furguez”, “J. des Montis” y en Génova “Pedro Solari” y en París “Víctor Bavaque” y “Víctor Baud”. “En ambas casas expresadas tengo relaciones y créditos”, —explicaba en las instrucciones a su hijo, a quien especificó que la remisión de la mercadería fueran consignadas a San Juan del Norte, “si a Sáenz y Cía. o a F. A. Pellas, pareciéndome a mí más conveniente este último, porque siendo el dueño de la navegación a vapor del río y lago, dilatan menos para llegar a esta ciudad. La mercadería deben venir aseguradas, pues así las remiten los consignatarios de los Estados Unidos y Europa que mantienen pólizas abiertas de aseguro, que siempre cargan en sus facturas, aún cuando no se les advierta”. 

José Antonio llevaba diez mil pesos oro y otra regular cantidad para distintos gastos y encargos. Los dos principales fueron para su padre y para el Obispo de León Manuel Ulloa y Calvo (1821-1879), amigo de don Vicente. Éstas fueron algunas de las mercancías para el prelado: “7 piezas de irlanda morada, blanca fina y para batas, ambas de dibujo menudo y la una sea verde y las dos de colores firmes”, “2 piezas de dril blanco de lino fino y de doble ancho para pantalones y sábanas respectivamente”, “2 cortes de casimir para pantalón, levita y chaleco”, “4 piezas de zarasa fina propia para trajes de sus hermanas”, “2 piezas punto blanco labrado para pabellones y las piezas de encajes correspondientes”, “1 pieza género de lino blanco labrado para manteles”, “12 servilletas para servicio de mesa”, “6 butacas fuertes y barnizadas”, y “24 silletas fuertes, solamente barnizadas”. 

Este memorándum de oro —que reviste una solemnidad y un impresionante dramatismo—, lo publicó en Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano (Núm. 127, marzo de 1971, pp. 14-19) uno de los hijos de José Antonio: Orlando Cuadra Downing (1910-1908), con un “Resumen” de todos los fondos del viaje y las instrucciones precisas para adquirir mercancías. Su contenido perfila al autor de esta página como un rico e inteligente comerciante exportador. 

1. En primer lugar, recomiendo encarecidamente a mi hijo, que en todo su viaje se comporte con honradez, juicio, cordura, moderación y prudencia, sin dar en lo más pequeño motivo para que se juzgue mal, y sin hacer ni hablar cosa alguna que desdiga el buen concepto que por fortuna se ha tenido de nuestra familia, aún en el exterior. Debe tener presente que va a países más adelantados y civilizados que el nuestro, y cuyos usos y costumbres ignora, y por lo cual es preciso tener cuidado hasta para hablar, y no dar ocasión a que se le tenga como muy ignorante o como presuntuoso o vano, lo que sería peor. 

2. En todo su viaje no debe separarse de [su primo] Pedro Rafael [Quadra Pasos] por ninguna causa ni motivo voluntario, pidiéndole y oyéndole en todo y para todo, sus consejos e indicaciones, y yendo siempre en su compañía a todas parte a que tengan que ir, sea en la ejecución de sus respectivos negocios, o a paseo, diversión, visita particular o establecimiento público. Debe tener presente, mi José Antonio, su falta de conocimiento del mundo y que ella ha ocasionado sucesos desagradables, y aún desgracias, a jóvenes inexpertos que han ido por la primera vez a las grandes poblaciones a que va, en las que así como hay gente honorable y hasta bien intencionada y generosa hay multitud de malvados y muchos con apariencia de caballeros, de que es preciso precaverse con mucho cuidado y prudencia; y debe evitar el contacto y relaciones con los jóvenes corrompidos, que no faltan en dichas poblaciones, de todas nacionalidades y aún de las nuestras. 

3. Teniendo siempre, mi José Antonio, los anteriores consejos e indicaciones, debe no llevar en su viaje ningún temor ni resolución, pues debe tener confianza en que por la misericordia divina, lo hará con toda felicidad y volverá sin ninguna novedad y sin encontrarla en nosotros, en nuestra familia, ni en nuestra querida patria. En lo sustos o temores que puedan tener en la navegación o por cualquier otro acontecimiento, no debe manifestarse pusilámine, manteniéndose con calma y procurando fortaleza y teniendo confianza en Dios que los sacará con felicidad, pues el miedo irreflexivo hace cometer disparates que muchas veces anticipan los malos sucesos y aun las desgracias. 

4. Con respecto a gastos en dicho viaje, debe tener la conveniente y precisa economía, sin mezquindad y sin dejar de gastar lo que sea necesario, igualándose en este punto a Pedro Rafael, con quien debe hacer en común todos los gastos que puedan hacerse así y sin tener con él reparo alguno porque en una u otra cosa le toque mayor gasto, pues con mi dicho sobrino, debe observar José Antonio la mayor armonía y fraternidad, procurando cuidarse, servirse y ayudarse mutuamente en todo, y especialmente en caso de enfermedad u otro adverso, que Dios no permita. Con los otros compañeros de viaje y personas con quienes se relacione en los lugares a que va, debe mi hijo, tener las atenciones y deferencias que exige la buena educación y demanden las circunstancias; es bajo el supuesto del pleno conocimiento de su honradez y caballerosidad, pues de lo que no tengan o no se le conozcan esas cualidades, debe retirarse de ellos con prudencia y modo, y sin despreciarlos ni darles motivos de queja. 

5. De todos los gastos que haga José Antonio, desde su salida de esta ciudad hasta su vuelta, debe procurar llevar cuenta exacta de los de alguna consideración y aproximada de los pequeños, y aunque sea calculada de los insignificantes, llevando dicha cuenta con la separación que exige el que según su naturaleza serán unos de mi propia cuenta y otros de la Compañía. De la de ésta serán los gastos de pasajes o fletes de mar, los de ferrocarril, carruajes y otras clases de transporte y los demás indispensables a su negocio y empleo, y serán de la mía, los personales de mi hijo dicho, como lo que compre para su uso, lo que gaste en paseos o diversiones a que vaya con Pedro Rafael, obsequios que haga a algún amigo, servicios personales que tenga que pagar, alguna limosna o donativo que tenga que dar, o en fin, todo lo que no sea preciso e indispensable para la ejecución del negocio de la Compañía. 

6. Entre los que José Antonio compre para su uso, comparará un reloj y leontina de oro, igual al que tiene Luis, y el lleva de uso, lo dará a componer o mejorar para traérselo a José Vicente. También puede comparar algunas cositas que le parezcan buenas y a propósito respectivamente para traerle a su mamita, a sus hermanas y hermanos, a los niñitos de Miguel y a los demás individuos de casa y de la familia, siendo éstos independiente de los encargos que den por parte su mamita, sus hermanas y las pinturas de Luis (Quadra Gómez); y en proporción a los fondos de que va a disponer de mi exclusiva pertenencia, lo que le demuestro a delante. 

7. José Antonio, desde su salida, debe poner telegramas de las partes en que se pueda hacer esto, y de adelante escribir con la mayor frecuencia posible, sin perder las ocasiones que se presenten de hacerlo aunque sea sólo dando noticia de su salud y de la de Pedro Rafael, noticias que deben ser exactas, cualquiera que sea la situación y circunstancia en que se encuentren. A las llegadas, desde Panamá o Colón, Nueva York y demás puertos a que van, o cuando sea necesario por otras causa, pondrá Cablegrama cuya dirección será “Vicente” con las palabras muy precisas que en los ordinarios puede ser “Muy bien” cuando efectivamente les vaya así, “bien salud” cuando vayan en condiciones comunes y “regular escribimos” o escribo, o escribiré, cuando hayan tenido alguna novedad, contratiempo o atraso, del que deben escribir sin tardanza; y en cuanto a los cablegramas que haya necesidad de poner, será con el número de palabras preciso para que se entiendan bien y no dejen duda, y la firma de todos será “Antonio”. 

8. Aunque tengo la confianza en Dios y la creencia de que a mi José Antonio le irá bien en todo, y especialmente con respecto a salud, si por desgracia se enfermare, debe cuidarse mucho, buscar buen médico que los asista, persona que lo cuide y todo lo que sea necesario y conveniente, gastando para ello cuanto sea preciso, pues en eso no debe precaverlo, usando de toda precaución y no cometiendo ningún desarreglo, y especialmente el de exponerse sudando al aire frío, del que debe resguardarse cubriéndose. 

Si a Pedrito, le parece bueno y tienen tiempo no será malo visitar en Nueva York a Don Alejandro Cothea, que es el Cónsul de Nicaragua, conocido mío.
 
 

Nicaragua auxilia a Honduras 

    “Acuerdo permitiendo la extracción del maíz fuera de la República 
 
Presidentes de Nicaragua. Cuadro en la Exposición Universal de París (1889).
   
 

EL GOBIERNO 

Teniendo informes que en los pueblos fronterizos de la República de Honduras hai suma escasez de víveres, i que á consecuencia de ella los habitantes de dichos pueblos se ven amenazados de los estragos del hambre que ya comienzan a sentir i considerando que es un deber entre pueblos hermanos i vecinos el de auxiliarse recíprocamente de la manera que sea posible; en uso de sus facultades. 

ACUERDA: 

1. Se permite la extracción del maíz fuera de la República con destino a los pueblos de Honduras, en pequeñas cantidades, que no pasen de diez fanegas. 

2. El Señor Prefecto del departamento de Chinandega i el Señor Comandante de Corinto tomarán las medidas de precaución que estimen conducentes para que esta franquicia no redunde en perjuicio de los pueblos de esta República con el abuso que puede hacerse de ella. 

3. El presente acuerdo es reformatorio del decreto del 17 de diciembre del año próximo pasado. 

Comuníquese. —Managua, mayo 13 de 1874. —Quadra. —El Ministro de Gobernación. —Barberena. 

(Tomado de El Nacional, Comayagua, julio 3 de 1874)
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Fruto Chamorro - José Ma. Estrada  - Francisco Castellón  - Nazario Escoto - Patricio Rivas  - Fermín Ferrer  -
William Walker  - Máximo Jerez y Tomás Martínez  - Tomás Martínez - Fernando Guzmán -Vicente Cuadra
-Pedro J. Chamorro  - Joaquín Zavala  - Adán Cárdenas  -  Evaristo Carazo  -Roberto Sacasa - José Santos Zelaya, 
José Madriz  - Juan José Estrada  - Adolfo Díaz  -Emiliano Chamorro  - Diego M. Chamorro  - Bartolomé Martínez  -
Carlos José Solórzano - Sebastián Uriza  -José María Moncada  -Juan Bautista Sacasa  -Carlos Brenes J. 
-Anastasio Somoza  G. - Leonardo Argüello  - Benjamín Lacayo Sacasa  -Víctor M. Román y Reyes  - Luis Somoza D,
Dr. Rene Schick Lorenzo Guerrero, Anastacio Somoza D, Francisco Urcuyo  Daniel Ortega S, Violeta Chamorro,
Arnoldo Aleman, Enrique Bolaños.

1- 1871-1875 En las elecciones de 1871 obtuvo la victoria Don Vicente Cuadra. Este proceso se realizó bajo las disposiciones de la reforma electoral de 1867. En octubre de 1873, un decreto reformó los artículos 5 y 6 del decreto del 30 de enero de 1867. 
 
 
 

Diario Barricada, y recopilación de Aldo Díaz Lacayo 
 
 
 

Fruto Chamorro - José María Estrada  - Francisco Castellón  - Nazario Escoto - Patricio Rivas  - Fermín Ferrer  - William Walker  - Máximo Jerez y Tomás Martínez  - Tomás Martínez - Fernando Guzmán - Vicente Cuadra - Pedro Joaquín Chamorro  - Joaquín Zavala  - Adán Cárdenas  -  Evaristo Carazo  - Roberto Sacasa - José Santos Zelaya  - José Madriz  - Juan José Estrada  - Adolfo Díaz  - Emiliano Chamorro  - Diego Manuel Chamorro  - Bartolomé Martínez  - Carlos José Solórzano - Sebastián Uriza  - José María Moncada  - Juan Bautista Sacasa  - Carlos Brenes Jarquín   - Anastasio Somoza García  - Leonardo Argüello  - Benjamín Lacayo Sacasa  - Víctor Manuel Román y Reyes  - Luis Somoza Debayle, Dr. Rene Schick Lorenzo Guerrero, Anastacio Somoza Debayle, Daniel Ortega Saavedra, Violeta Chamorro, Arnoldo Aleman, Ing. Bolaños.