| Castillo
de la Inmaculada Concepción del Río San Juan
William Walker Rafaela Herrera |
![]() símbolo de valentía y patriotismo |

Al día siguiente los ingleses trataron de sitiar la fortaleza, con poco progreso y muchas bajas de su parte pues no contaban con cañones sino con mosquetes. Derrotados, decidieron levantar el sitio y retirarse a la desembocadura del San Juan, donde su presencia obstaculizó la salida del río por algún tiempo."
Para suerte de los
defensores de la fortaleza, España e Inglaterra acordaron la paz
dos meses después. La Habana y Manila, que habían sido capturadas
por los ingleses, fueron devueltas a España y ésta cedió
la
Florida a los británicos.
Nuevo ataque a la
fortaleza de la Inmaculada Concepción
Un segundo y más
exitoso asalto a la fortaleza aconteció en abril de 1780, durante
una nueva fase de beligerancia entre ambas naciones.
"Rafaela era hija única del teniente coronel Don José de Herrera y Sotomayor y de Felipa Torreynosa. Había nacido en Cartagena cuándo su padre se desempeñaba como castellano de la fortaleza en dicho puerto, cargo que abandonó en 1757 para hacerse cargo de la guarnición de El Castillo. Don José había testimoniado antes de morir: "Rafaela es mi hija natural y pagario rnis créditos ésta es rni unica y universal heredera a puerta cerrada". Más tarde la heroína, viuda de Pablo Mora, vivió en Granada y recibió unas tierras y pensión de 600 pesos en pago de sus merecimientos. (Archivo General de Centroamérica Al.29.2. Legajo 201. Expediente 1651).
Trataron, los ingleses, en consecuencia, de adelantarse a la iniciativa de los españoles, quienes estaban considerando la apertura de una ruta acuática entre ambos océanos aprovechando para tal propósito el río San Juan, el lago de Nicaragua y el istmo de Rivas.
Con la anuencia de
Inglaterra, el gobernador de Jamaica procedió a montar la expedición
donde participarían 1200 entre fuerzas regulares y marineros. Una
vez frente a la costa de Nicaragua se les juntaron 400 Zambos y Misquitos,
bajo el mando del rey mosco George, además de 80 colonos aportados
por el superintendente inglés en Bluefields. La dirección
de la invasión fue confiada al capitán John Polson. En la
desembocadura del San Juan se hizo el trasbordo del armamento a la fragata
Hinchinbrook, la única que pudo pasar la barra a la entrada de la
bahía. La embarcación venía comandada por el entonces
novato teniente Horace Nelson. "Una isla cerca de la confluencia
del Sarapiquf, antes llamada isla del Mico, lleva actualmente el nombre
de Nelson. En ella ancló el Hinchinbroot para trasegar el armamento
inglés a las canoas que continuarfan río arriba."
El 28 de marzo de
1780 Polson comenzó a ascender por el río, tomando 600 de
los suyos en 22 canoas largas. Diez días más tarde lograron
los ingleses capturar al retén español de avanzada, unos
16 hombres acantonados en la isla Bartola, a trece kilómetros del
fuerte. Era entonces castellano de la fortaleza Juan de Ayssa; sólo
contaba con 270 hombres y una buena reserva de pólvora y munición,
con la esperanza de sostener una defensa prolongada mientras llegaban los
refuerzos de Granada. En esa ciudad estaba acantonado el Capitán
General de Guatemala, Matías Gálvez, organizando la defensa
de Nicaragua, que en realidad significaba la de todo el territorio bajo
su jurisdicción.
Las primeras balas de cañón surcaron el aire el 11 de abril. La acción parecía indecisa una semana después. El fuerte eregido sobre una colina rocosa parecía inexpugnable, salvo que estaba expuesto a dos desventajas: el abastecimiento de agua que se hacía del río, donde los ingleses habían logrado ocupar posiciones y la existencia, un poco al sur de la fortaleza, de una colina que lo superaba en altura. Tanto Díez Navarro como Lacayoy Briones habían señalado esa inconveniencia. El gobernador Lacayo en su relación escrita 35 años antes advertía lo siguiente: "Un pináculo más grande que el en que está el castillo y le predomina a él y a su caballero (el torreón San Fernando), y dista como un tiro de fusil, que es padrasto bien pernicioso y arriesgado porque desde él se puede dar batería al castillo". Ver la Relación de Lacayo Briones en Peralta. p. 135.
Nelson encaramó cuatro cañones en la colina dominante y el 14 de abril comenzó el bombardeo serio de la fortaleza, arrebatando la vida a 37 de los defensores. Los españoles contestaron al fuego y resistieron el sitio por dos semanas más, pero el 29 tuvieron que capitular pues nunca llegaron los esperados refuerzos y las tinajas de agua se encontraban vacías desde hacía dos días. Ayssa negoció una rendición con honores para los 220 ocupantes y sobrevivientes que habían defendido la fortaleza con heroísmo.
Los ingleses, sin embargo, no pudieron saborear la victoria. Las lluvias se iniciaron de inmediato trayendo mosquitos y peste al campamento y al mismo fuerte donde estuvieron hacinados los defensores. Uno tras otro los invasores cayeron víctimas de las enfermedades, el propio Nelson, atacado por la disentería, fue llevado casi moribundo a Jamaica.
Los refuerzos procedentes de esta isla tampoco les llegaban, mientras la peste diezmaba rápidamente la salud de la tropa invasora. Alimentos y medicinas se descomponían en aquel ambiente húmedo y caluroso. La mortandad entre los ingleses imponía su patética cuota diaria, de tal suerte que no quedaban manos ni fuerzas para.enterrar a los que fallecían; simplemente los dejaban a la rapiña de los zopilotes o los echaban al río para pasto de los tiburones.
Los aliados Zambos y Misquitos, por otra parte, criticaban la disciplina que les impuso Polson. Disgustados por el poco beneficio que de la invasión sacaban, comenzaron a desertar a los ingleses. La justificación aparece en un comentario de Orlando Roberts, un comerciante inglés que aconteció pasar por ahí cuarenta años después de la acción:
`En
Bracman vi una vez más a varios de los viejos indios que habían
acompañado a Lord Nelson cuando éste bajó por el río
San Juan. Todos estaban de acuerdo que en esa )casión el viaje se
había realizado en la época más inadecuada del año,
y que se les había obligado a u na disciplina y dieta que no les
satisfizo; por lo tanto estuvieron muy descontentos y enfermos y la empresa
tuvo que ser abandonada después de un éxito parcial".
"
Orlando Robcrts: Narración de los Viajes y Excursiones en la Costa
Oriental y en el intenor de Centroamerica, p. 1:ser. F'PCBA. Managua, 1978.
Kemble menciona al respecto que el disgusto de los Misquitos obedeció
mas bien a que el capitan Polson no les permitió saquear la fortaleza
ni disponer de los prisioneros a su antojo.
Los refuerzos españoles enviados desde Granada decidieron acantonarse en el puerto lacustre de San Carlos, parapetándose en una colina que dominaba la entrada del río. Allí levantaron una fortificación a toda prisa, para cortar al enemigo el acceso al lago. Para entonces Polson había sido relevado por Stephen Kernble, un coronel que hizo méritos entre las tropas inglesas combatiendo la revolución de los Estados Unidos de Norteamérica por su independencia.
Kernble encontró la fortaleza de La Inmaculada convertida más en hospital o cementerio que en instalación militar. Tomó de ella 250 soldados, en su mayoría enfermos o convalecientes, y se dirigió a San Carlos para proseguir con la conquista de Nicaragua.
El 24 de julio con la lluvia cayendo a torrentes, la corriente del río contraria, los boteros indios desertando y la tropa de asalto ya reducida a 80 hombres, el coronel inglés vio perdidas las esperanzas de enfrentar a los 300 españoles acantonados en San Carlos bajo las órdenes del propio Capitán General Matías Gálvez.
En su retirada Kemble pasó recogiendo a unos 150 enfermos que sin ninguna posibilidad se mantenían reteniendo el fuerte de La Inmaculada y con ellos se marchó a Blueffields. El resto de la guarnición inglesa se mantuvo en la fortaleza hasta principios de 1781, cuando se ordenó la evacuación definitiva, dejando la instalación semidestruida y tan inutilizada que les españoles que después, la ocuparon más bien pensaron en terminarla de demoler.
Cuando Kernble regresó a Jamaica, después de la fallida invasión a Nicaragua, hizo el siguiente comentario: "Nunca había sucedido tan completa ruina". Obviamente el coronel inglés no se estaba refiriendo al estado en que quedó la fortaleza.1.la versión española de la torna de la fortaleza la presenta ¡ (Garnez en su Historia. Dozier (p. 19-251 ofrece un buen resumen de la versión inglesa, así como Cambien FloyJ, p. 143-152.
Anotaciones sobre
la ruta de invasión
Algunas observaciones
sobre las características del río San Juan y de la costa
de la Mosquitia fueron anotadas por Kemble en su diario y correspondencia.
Se refieren a la naturaleza del territorio invadido, descrito con la idea
de estimular una futura colonización inglesa en el propio corazón
de la América española.
No obstante las obligaciones que su rango le imponía para proseguir con la campaña militar en medio de insuperables dificultades, con un clima inhóspito, la epidemia que a diario restaba fuerzas y vidas a la tropa y la continua demanda de alimentos y municiones, Kemble mantuvo siempre un ojo abierto ante el escenario exuberante del río y reportaba cada detalle al gobernador de Jamaica.
El coronel no descuidó mandar partidas exploratorias por los afluentes del San Juan que aportaban agua del lado de Costa Rica, al igual que por el río Escondido, aunque con resultados poco alentadores.
Obtuvo información adicional sobre el lago de Nicaragua, sus islas, el estado de fortificación de Granada y el acceso de esta ciudad a la costa del Pacífico, datos interesantes para la inteligencia del proyecto de invasión. Su diario, aunque escrito en forma escueta, estuvo abierto a toda clase de comentarios, tal como lee en el siguiente párrafo:
"Martes 25 de Abril:
Despaché seis pipantes con provisiones para el Coronel Poison, bajo
la orden del Capitán Thompson. La bahía de San Juan es buena,
pero insalubre; la tierra baja y pantanosa, cubierta de Mangles alrededor.
El lugar poco adaptado para fortificación, pero no hay otro sitio.
Se cree que el ramal de Cartago (Canal de Tortuguero) llega hasta 15 millas
del Pueblo del mismo nombre. Los Españoles, según se piensa,
no esperaban que trajéramos una fuerza Regular y creían que
la formaban sólo Indios Miskitos"."
La exuberante vegetación
a lo largo del río engañó a Kemble. Atribuía
gran fertilidad al suelo de los alrededores como para alentar la futura
colonización del territorio. Tenía la creencia que la agricultura
plantada en el lugar era "tan buena que produciría cualquier artículo
de vida en abundancia", situación que juzgaba como mejor que la
disponible en Jamaica. El clima, sin embargo, resultó no sólo
inclemente sino hostil a todo intento de penetración. Una lluvia
continua hinchaba la corriente del río; mantenía una permanente
humedad que arruinaba municiones, medicinas y alimentos. No existían
en las vegas áreas cultivadas de las cuales depender, salvo algunos
escasos platanares sembrados en forma dispersa por las pocas familias de
indios Ramas que vivían a orillas de los afluentes Sábalos
y Santa Cruz.
La peor de todas las inconveniencias fue la peste de malaria y disentería, que drásticamente minó la salud de los ingleses, habiendo sufrido el propio Kemble de fiebres intermitentes que le hacían sus ejecutorias con bastante frecuencia. Al final lo obligaron a evacuar el río y a retirarse con los sobrevivientes a Bluefields, donde los invasores terminaron de apurar toda la cicuta de la fracasada empresa.
En relaciónalas observaciones naturalistas, Kemble dedica algunos párrafos a la descripción de la fauna del lugar, más rica que la que conoció en Jamaica.
Consideraba la pesca en la bahía de San Juan del Norte como excelente y abundante, llamando algunos de los especímenes con los nombres vernaculares ingleses, como el Mullet, Stone Bass y el Jewfish. Menciona la tortuga marina como un buen recurso alimenticio en su estación.
En los alrededores del puerto proliferaba abundante caza, tal como jabalíes, iguanas, patos, pavones, palomas, además de pájaros de bello plumaje. En varias ocasiones, cuando el abastecimiento de tropa falló, se recurría a la cacería, llegando los ingleses hasta probar monos, cuya carne era de gran estima entre los Misquitos que los acompañaban.
Entre tantas batallas, héroes y mártires, sobresale la leyenda real de una mujer que salió del rol femenino establecido en su época para luchar por la patria con arrojo y valentía: Rafaela Herrera.
Una fuerte armada enviada a apoderarse de El Castillo se presenta el 29 de julio de 1762. En esta lucha, Rafaela realiza la hazaña que la convierte en heroína.
Su padre, el capitán José de Herrera, había fallecido repentinamente el 17 de julio, asumiendo la comandancia de la fortaleza el teniente Juan de Aguilar y Santa Cruz.
Rafaela, experta en el manejo del cañón, pidió permiso al teniente para disparar un cañonazo. Apuntó y disparó con tanto acierto que muchos enemigos huyeron y se supo que entre los muertos había uno de los principales.
Después del cañonazo los ingleses abrieron fuego contra El Castillo y el combate duró toda la noche. Al día siguiente, demandaron las llaves de El Castillo a cambio de no hacerle daño a nadie.
Entre los defensores de El Castillo prevalece la actitud heroica de Rafaela Herrera quien pasó a la categoría de heroína y es un símbolo de valentía y patriotismo para la mujer nicaragüense y la nación entera a través de la historia.
Fuente: Obra “Semana de la Patria”, editado por el MED en 1969.
..Fue durante los
siglos en que Centro América estubo bajo el dominio de lo que mas
tarde fuera el decadente Imperio Español,
Mejor foto de la página..sello
www.manfut.org
España, la madre patria por cierto, viendo amenazadas sus posiciones especialmente en Centro América - puente entre los dos oceános - fue que en el año de 1672 por órdenes precisas del presidente y general de artillería Don Fernando Francisco de Escobedo comenzó la construcción del fuerte conocido como El Castillo de la Inmaculada Concepción, construído sobre una colina en la ribera derecha del río San Juán y frente a los rápidos de Santa Cruz......
Dicha fortaleza fue puesta en servicio en 1675 provista de cañones y un número regular de soldados y con la construcción de este fuerte se frustó la penetración de invasores y saqueadores de las múltiples veces que fuera víctima la ciudad de Granada que funcionaba como la segunda capital de la provincia y que aún está ubicada a orillas del Gran Lago ó Mar Dulce como lo llamaría el explorador Gil González Dávila.
Fueron invasiones de piratería que llegaban protegidas por los gobernadores de origen ingles de Jamaica que funcionaba como la guarida de los Alí Babá del mundo real de las mil y una noche cuando se planeaban los ataques sorpresivos ó simultaneos en lugares mas frágiles de nuestra región y satisfacer los caprichos de la hegemonía por el poder de la Europa del siglo dieciocho. Comandantes piratas de la altura de John Morris, Edward Mansfield y Henry Morgan fueron el terror de tantos ataques a famosos lugares como Granada, Cartago, Nicoya y Esparza, solo por mencionar algunos cercanos puntos al apetecible Río "El Desaguadero".
Corría el año de 1762 cuando el gobernador de Jamaica mandó a invadir Nicaragua por el Río San Juán y cuyas fuerzas invasoras contaban de una armada de 50 barcos artillados con 2000 hombres a bordo, mientras en la fortaleza del Castillo el comandante Don Pedro de Herrera se encontraba gravemente enfermo y quien muriera antes que los ingleses invasores afrontaran las baterías.
El comandante filibustero con su armada fondeada en el río y sabedor del luto que reinaba allá dentro, mandó un emisario para que se le entregasen las llaves del Castillo y el sargento que atendió el mensaje del invasor ante la presencia de una fuerza superior y olvidando sus deberes de soldado estaba a punto de entregar las llaves cuando la hija del castellano, la señorita Rafaela Herrera, con valentía, heroísmo y mientras se secaba las lágrimas ante el cadaver de su padre, con decisión y firmeza asumió el mando de la fortaleza obligándo a cada soldado a que ocupara su lugar combativo y pronunció la frase que en la historia quedaría grabada por siempre.....
"Que los cobardes se rindan y que los valientes se queden a morir conmigo" y acto seguido despidió al emisario cogiendo la tea con una mano y rizándose su largo pelo con la otra comenzó una serie de disparos de cañón que por suerte ó por potra del destino blanco hicieran en el barco insignia del enemigo eliminando a su comandante y provocando el pánico y la desbandada del resto de piratas. De esta manera se escribió un episodio mas de las luchas antes de la independencia de Centro América donde tuvo que ver una valiente damita nicaraguense de origen español de apenas diecinueve años de edad....y es que cuando una mujer se ha distinguido en las luchas
Fuente de información: Historia General de C.A. El
Régimen Colonial por Julio Pinto Soria é Historia De Nicaragua.
Todos recuerdan que fue una mañana de fina niebla y pertinaz llovina, de un inolvidable 6 de agosto, cuando arribó a esta cuadrilonga Fortaleza de La Pura y Limpia Inmaculada Concepción de La Concha, como le dice la gente con cariño, emplaza en el río San Juan de la Provincia de Nicaragua, corazón de la Capitanía General de Guatemala.
El Castellano y Alcayde, don José de Herrera y Sotomayor, padre de Rafaela, se había retirado molesto de la presencia de su hija porque ésta no quiso dejar de hacer preguntas en relación con su madre, doña Maria Felipe de Uriarte, así como sobre su misterioso nacimiento en Cartagena de Indias.
las incontables aletas grises negruzcas de los increíbles tiburones de estas aguas dulces, a los que habían comenzado a ver con cierto espanto desde que entraron por la Bahía de san Juan del Norte, de cara al caribe, preguntándose con asombro cómo era eso posible ,
Doña Maria felipa recordó cómo, y esto se lo narraba a menudo a rafaela y a Jacinta, la hermana de corazón de Rafaela, aquella fatídica mañana de un 15 de mayo de 1741, se presentaron frente a los muelles y baluartes de la ciudadela de Cartagena de Indias a librar con su flota, según ellos, la batalla definitiva. Esto lo hicieron un mes después de que las tropas francesas aliadas a España, bajo el mando de aquel pintoresco amigo de la familia el Marqués de Dantín, que tantos buenos momentos había compartido con ellos mientras permaneció en el puerto, habían ya abandonado las aguas caribeñas para dirigirse a Europa, luego de un año de haber esperado infructuosamenteel ataque inglés. !Los ingleses esperaron arteramente que nuestros aliados franceses se retiraran de Cartagena!. casi doce meses estuvieron a la espera!. Hasta después lo supimos y, como nunca, mos llenamos de indignación y de rabia, les comentaba doña Maria felipa con énfasis a las dos jovencitas.
Dos días después mostraron sus velas en el horizonte otros treinta y tres, y así, en los días sucesivos se alcanzó a ver más de ciento ochenta naves, entre tres navios de guerra, fragatas, bombardas y brulotes, con ocho mil hombres escogidos y preparados para el desembarco, doce mil marinos, dos mil peones, y mil negros esclavos. Tenía ante mí, ante mis ojos, decía siempre doña Maria Felipa con amargura, la más poderosa escuadra inglesa que jamás surcara nuestros mares.
El aprovisionamiento de pólvora y pertrechos no era abundante en esos días, y la escasez de bastimentos que sólo consistían en maíz y carne salada, era desesperante.
El veinte de marzo se abrieron los fuegos. El nutrido bombardeo de la flota inglesa con sus cañones de largo alcance, obligó a los defensores de nuestros fuertes de la ciudadela a reconcentrarse en el Castillo de Bocachica. sobre úste concentraron sus ataques en toda su plenitud hasta logar abrirle brechas con su cañones de mayor calibre. con horror nos enteramos de que entonces el almirante Inglés bajo cuyo mando estaba toda la operación de asalto , Edward Vernon, dispuso en desembarco de su gente, logrando en pocas horas parapetar en tierra varias baterías que luego abrieron sus fuegos sobre el Castillo, combinados con nutrida artílleria de las fragatas.
El Bocachica no pudo sostenerse, y para evitar una carnicería inútil, su capiún enarboló la bandera blanca. ! Como sufrimos imaginado a aquel Capitán Desnaux haciendo aquello!.
Pero los ingleses
no hicieron caso de la bandera y continuaron avanzando hacia el castillo.
era horripilante verlos avanzar con sus casacas rojas y sus sombreros negros
de tres picos con plumaje de colores. Desnaux resolvió desocuparlo
y se retiró a una legua de él, cerca de uno de los embarcaderos,
para luego reconcentrarse en la plaza de la ciudadela.
......
tomado del primer capitulo de Rafaela Una danza en la colina y nada mas...
Por Ricardo Pasos Marciaq.
14 DE JULIO DEL 2002 / La Prensa
La batalla de El Castillo
Las casas de El Castillo, casi todas de
madera, rodean el promontorio donde se emplaza la fortaleza de La
Inmaculada Concepción.
Aquella tarde de agosto de 1762, la jovencita Rafaela Herrera sintió
que el mundo se le vino encima cuando su padre, el capitán
de artillería Josef Herrera, comandante de la fortaleza del Castillo
de La Inmaculada Concepción, murió ante ella, y el
capellán de la guarnición cerrar los ojos de éste.
En ese momento, no se sabe si por su mente pasaron los recuerdos de infancia
al lado de su padre, de quien aprendió a usar la espada, el arcabuz
y a disparar el cañón, o su corazón estaba tan destrozado
que apenas tenía fuerzas para llorar. La noticia
de la muerte del comandante de la fortaleza corrió como reguero
de pólvora entre los soldados, que a partir de entonces quedaban
sin jefe, pues a excepción de un sargento de infantería,
nadie más tenía rango militar entre la tropa. De pronto
se escuchó un murmullo y la noticia de que frente al Castillo se
encontraba una flota de barcos atestados de piratas ingleses listos para
asaltar la fortaleza. Rafaela, todavía frente al cadáver
de su padre, escuchó cuando un enviado de la flota invasora
le pidió a la guarnición que se rindiera y entregara la fortaleza.
El sargento y parte de la tropa, desconcertados, no atinaron a decir
nada, pero se sentía que no tenían ánimo para pelear.
En eso, ella, que no cesaba de sollozar, se enjugó las lágrimas
y dijo al enviado de los ingleses: “Decid a vuestro jefe que la fortaleza
no se entrega, que venga por ella si quiere ganársela como soldado”,
y lo dijo con tanta convicción que los soldados se animaron y se
dispusieron a tomar sus posiciones de combate. Acto seguido, Rafaela dio
la voz de ¡Fuego!, y ella misma tomó el portafuego y
disparó el primer cañonazo, que cayó cerca de la flota
enemiga, luego hizo otro disparo que también falló, pero
al ejecutar el tercero, inesperadamente para los ingleses, la bala del
cañón mató al comandante de la expedición
que venía en una de las tres balandras que encabezaban la
flota. El fuego de cañones y arcabuces se intensificó
por cuatro días, en los que la situación llegó
a un punto de equilibrio. Sin embargo, esa cuarta noche, más oscura
que de costumbre, Rafaela mandó a un grupo de soldados a que echaran
al río tantas ramas secas como fueran necesarias para formar
una pira flotante, a la que ordenó ponerle encima todas las sábanas
de la guarnición previamente empapadas de aguardiente, para luego
incendiarlas.
Las sábanas encendidas sobre las ramas secas fueron arrastradas por la corriente al encuentro de la flota invasora, que creyendo se trataba del fuego griego, las dejaron pasar río abajo sin investigar el hecho, más bien evitando el contacto con ellas. Al amanecer del quinto día, con serias bajas, su comandante muerto y derrotados, los ingleses abandonaron el sitio y salieron rumbo al Caribe.