4 de Octubre de 1998 | El Nuevo
Diario
El
General Benjamín Zeledón
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Por el General Augusto C. Sandino
Para la Prensa Mundial
Hoy, 4 de octubre, entra el pueblo nicaragüense
al décimo octavo año de lucha anti-imperialista en Nicaragua.
Mucho se ha escrito con relación al origen
de la intervención norteamericana en mi patria, pero cuando más
se escribe, más se hace necesario mencionar fechas históricas
como la del 4 de octubre de 1912 en que se principió a bosquejar
en los círculos políticos de Nicaragua el proyecto para la
celebración del escandaloso Tratado Chamorro-Bryan. Los rumores
acerca de ese proyecto produjeron en aquel pueblo fuertes conmociones de
inconformidad y se desarrolló una sangrienta revolución contra
el ya vende-patria Adolfo Díaz, instrumento reconocido de la piratería
yanqui, que era también en aquel entonces Presidente de Nicaragua.
La revolución que nos referimos dio principio
en nuestra ciudad capital, Managua, el 28 de julio de 1912 y terminó
el 4 de octubre del mismo año con la muerte de nuestro Héroe
Máximo General BENJAMIN ZELEDON, quien con un puñado de valientes
patriotas lanzó al mundo, al rugir del cañón y bajo
la lluvia de metrallas, su energía protesta por la intromisión
del Gobierno yanqui, en nuestros asuntos internos.
BENJAMIN ZELEDON, gran patriota, soldado valiente,
su heroico sacrificio en aras de nuestra Soberanía Nacional, no
será olvidado y su recuerdo vive latente en el corazón de
todo buen hijo de Nicaragua.
Era yo, en aquel entonces muy joven y estaba encargado
de las haciendas de mi padre, por el amor a mi patria, ayer como hoy, latía
en mi corazón y seguí con el anhelo el desarrollo de los
acontecimientos.
Niquinohomo, mi pueblo natal, está situado
en las colinas del Cerro de Pacaya a dos leguas de la ciudad de Masaya,
estando esta última ciudad en los bajos del Cerro de Pacaya en una
preciosa y extensa llanura, que desde mi pueblo ofrece a la vista un bellísimo
paisaje.
En esa ciudad de Masaya, a la que Rubén
Darío llamó la Ciudad de las Flores, se encuentra la fortaleza
de La Barranca, donde estaban atrincheradas las fuerzas del General Benjamín
Zeledón contra los invasores norteamericanos y los vende-patria
nicaragüenses encabezados por los esbirros Emiliano Chamorro y Adolfo
Díaz. El 4 de octubre, en la madrugada, yendo yo en camino a una
de las haciendas de mi padre, escuché descargas de fusilería
y ráfagas de ametralladoras en las hondonadas del Cerro de Pacaya;
consecutivamente se oía arreciar un formidable combate que se había
entablado entre dos mil soldados de infantería de la Marina norteamericana
unidos a quince mil vende-patria nicaragüenses contra quinientos hombres
del General Zeledón, que se defendían heroicamente contra
aquella oprobiosa avalancha humana, después de un prolongado sitio
que habían sufrido los autonomistas nicaragüenses, en aquella
ciudad, donde tuvieron que comer hasta sus cabalgaduras.
Nuestros sentimientos patrióticos y nuestro
corazón de hombre joven ese encontraban en desesperante inquietud,
pero nada pude hacer en bien de aquella noble y grandiosa causa sostenida
por el General Benjamín Zeledón y a las cinco de la tarde
de ese mismo día, aquel Apóstol de la Libertad había
muerto y en una carreta tirada por bueyes fue conducido su cadáver
al pueblo de Catarina, convecino del mío, en donde hasta por hoy,
bajo una lápida lamosa y semidestruida por la intemperie del tiempo
se encuentran los restos de nuestro Máximo Héroe y GRAN PATRIOTA
GENERAL BENJAMIN ZELEDON.
Mérida, Yucatán, México,
octubre 4 de 1929
PATRIA Y LIBERTAD
A. C. SANDINO
.
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
4
de Octubre de 1998 |El Nuevo Diario
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