Esta foto fué tomada en el año 2000, durante el fuego
que consumió la Casona de Santa Rosa, en Guanacaste.
El
20 de marzo de 1856 la Batalla de Santa Rosa;
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo XVII
José
Dolores Gámez serie histórica No. 3
Tal era la situación
de Centro América, cuando Walker rompió con el partido democrático
y procuró atraer al legitimista.
Estrada, prestando
oído á las indicaciones de Guatemala, procuró entonces
entenderse con los democráticos por medio de un comisionado; pero
éste llegó demasiado tarde. Otros sucesos se verificaban
entonces en Nicaragua.
El Presidente Mora
después de desairar á los comisionados de Walker, expidió
con fecha 1ª de marzo de 1856 una declaratoria de guerra en toda forma,
contra el elemento filibustero, que infestaba a Nicaragua.
Walker se vió
sólo y trató de atraer nuevamente á su lado al Partido
democrático; pero el jefe de ésta, que era Jerez, consentía
en tomar su antiguo puesto solamente que el Gobierno se trasladara a León,
alegando intereses de localidad. Walker tuvo que aceptar.
El objeto era bien
claro. Lejos de la influencia de Walker podian rebelarse conrtra éste
y anular su poder.
El jefe filibustero
exigió, sin embargo, del Gobierno del señor Rivas, que lo
autorizara amnimodamente para hacer la guerra á Costa Rica, para
confiscar las propiedades de los legitimistas y para imponer contribuciones.
Después de
quedar revestido de facultades dictatoriales, Walker exigió aún
que el Ministro Ferrer, hechura suya, quedara también recestido
del carácter de Comisionado del Gobierno, con las mismas facultades
que éste, para resolver por sí y con absoluta independencia
cuando fuera necesario en los departamentos de Oriente.
El Gobierno del señor
Rivas se trasladó a León, y su primer acto fué una
proclama, en que protestaba sus sentimientos pacíficos para con
los Gobiernos de Centro América.
en seguida, nombró
comisionados ante los Gabinetes de San Salvador y Comayagua á los
señores don Gregorio Juarez, y don Rafael Jerez, respectivamente,
con instrucciones para celebrar dos tratados; uno público que engañara
á Walker, y otro reservado, en el que se estipulara la alianza contra
él.
Esta fué la
causa ostensible después, por qué los democráticos
no pudieron entrar en arreglos con los legitimistas, calculando que con
ellos alarmarían inútilmente al enemigo común, entonces
en la plenitud del poder. Es posible también que los animaran otros
sentimientos, no del todo, agenos á intereses del circulo, puesto
que tan exaltadas se hallaban todavía las pasiones políticas.
Walker quiso anticiparse
á Costa Rica y mandó una columna de doscientos cincuenta
hombres que fuera á tomar posiciones al territorio enemigo.
Los costarricenses
venían también con el mismo proyecto y ambas fuerzas se encontraron
enla frontera.
Descansaban confiados
y desprevenidos los filibusteros, en la Hacienda Santa Rosa, cuando en
la tarde del 21 de marzo de 1856 se presentó la vanguardia costarricense,
los sorprendió y los derrotó en pocos momentos. El ejército
vencedor avanzó persiguiendolos hasta Rivas.
Aquel desastre tan
inesperado, puso a walker fuera de sí; y la noticia, que circuló
por todas partes, fué como una palabra de aliento para los centroaméricanos,
convencidos con aquel hecho de que los esfuerzos que hicieran los filibusteros
podrían alcanzar buen éxito.
Walker inmediatamente
se puso en marcha para Rivas á la cabeza de quinientos cincuenta
hombres escogidos, con los cuales se propuso sorprender á Mora;
pero éste rechazó el ataque el 11 de abril y derrotó
a Walker, que habría sido deshecho del todo, si lo persigue hasta
Granada. Los filibusteros tuvieron ciento veinte bajas en la acción
de ese día.
Al mismo tiempo Mora
avanzaba sobre Rivas, un cuerpo de costarricenses se dirigía por
tierra y por la vía de Alajuela sobre el Río San Juan; pero
la fortuna les fué del todo adversa en aquel punto.
Diez días
después de estos sucesos, se aumentaron las tropas de Walker provenientes
de resfuerzos de Estados Unidos.
De héroes, epopeyas y reconocimientos
Los nicaraguenses y «Santa Rosa»
—Pedro Rafael Gutiérrez— La Renta, Heredia, CR. 4
de Octubre de 2001 | El Nuevo Diario
Todo
ocurrió el 20 de Marzo de 1856, en que tuvo lugar la más
indiscutible vitoria de la epopeya contra los filibusteros, que no dio
margen a los apasionados inventos que rodean otras escaramuzas
de la Guerra Nacional; esta vez en una invasión relámpago
al
territorio costarricense, rico en escenas de guerra, una de ellas
recordada por una tanqueta hecha en casa, con la que nuestro
presidente, vitalicio y pintoresco, Anastasio Somoza García, había
jurado -como lo hizo Walker antes- hacerse dueño del país
donde
escribo estas líneas.
Justamente ciento cuarenta y cinco años atrás, en el recordado
veinte de Marzo, una avanzada del ejército costarricense, en su
ciento por ciento integrada por ciudadanos de aquí, derrotó
a los
invasores, caballeros de industria como los Morgan y Vanderbilt
que vendrían después, que diferían de estos últimos
en que iban
con fusiles, protegiendo sus vidas que exponían a las balas
enemigas.
Por increíble que parezca a los fanáticos de la llamada «historia
patria», Walker sigue siendo el más confiable de los cronistas
de la
epopeya centroamericana. En sus relatos no se encuentran
palabras como sublime, egregio, apoteosis, inconmensurable y
otras palabrejas que se incrustan en las mentes infantiles en
calidad de dogmas.
WALKER Y LA SOBRIEDAD HISTORICA
Quien haya leído la «Guerra en Nicaragua» de Walker,
terminará
por convencerse que en verdad la Batalla de Santa Rosa, como la
de San Jacinto que siguió a los meses, podrían considerarse
como
triunfos indiscutibles frente a un grupo de irregulares, cuya principal
arma debió ser su mentalidad abierta a territorios más amplios
que
las fincas que habitaban nuestras gentes.
El Contigente internacional que disfrutaba del sueño en Santa
Rosa, se despertó para caer en una pesadilla. Los costarricenses
lograron desbaratar al grupo de invasores, que era comandado por
el astuto Louis Schlessinger, la persona más indicada para
arrearlos.
Era difícil encontrar a otra persona que dominara todos los idiomas
que hablaban los aventureros.
Yo siempre me lo he figurado como Laszlo Pataky, el apasionado
nicaragüense de lengua indescifrable, conocedor de tantas lenguas
como un chofer suizo o un minero del viejo Bluefields.
LOS MUERTOS Y LOS HOMENAJES
En la batalla murieron estos soldados costarricenses: Manuel
Quiros, ayudante del Estado Mayor; José María Gutiérrez,
Capitán;
Manuel Rojas, Teniente; Justo Castro, Sub Teniente; Agustín
Castro, sangento; Agustín Prado, Sargemto; Braulio Pérez,
Sargento; Santos Ovares, Cabo; y los Soldados, Sotero Mora,
Francisco Carbonero, Pedro Sequeira, José Zúñiga,
Ramón Marín,
Juan Garacía, Carmen Prado, José María Mora, Carlos
Mora,
Agapito Marín, Jesús Zeledón y Raimundo Sáenz,
este último
muerto y enterrado en Liberia, en tanto los restantes fueron
sepultados en la misma hacienda de Santa Rosa.
No sé de nadie que se haya preocupado por ubicar donde se
depositaron sus restos, mientras los homenajes, como de
costumbre, se ponen como ornamentos en honor del poder.
Es extraño, pero Walker no da un solo nombre de muertos en
combate, quizá por la razón de que Schlessinger a la cabeza,
huyeron despavoridos ante el sorpesivo y contundente ataque
costarricense.
Esos nombres los rescato, tomados del excepcional libro del
Arzobispo de San José, Víctor Sanabria Martínez, que
reprodujo
las actas de defunción del Padre Francisco Calvo, Capellán
del
Ejército de Costa Rica.
Debo advertir que Sanabria Martínez no vestía aún
sandalias
púrpuras ni se disfrazaba con la filacterias con que uniforman a
los
Príncipes de la Iglesia: él era solamente, como se firma
a mucho
honor, un «Presbítero».
LOS FUSILADOS EN LIBERIA
En el mismo folleto, da el inolvidable pastor los nombres de los
extranjeros capturados en Santa Rosa, que no mencionó Walker,
fusilados en Liberia, a donde fueron llevados amarrados, con
esposas de cabulla: la masacre se llevó a cabo a las 4 de la tarde
del 25 de Marzo y éstos fueron los muertos: Santiago Salomón,
irlandés; John Perkin, romano; Andrew Constantino, de la isla de
Samos; Manuel Grego, de la isla de Corfú; The odore Lindecker,
nortemericano; Henry Dunn, irlandés; Edward Rich, irlandés;
Isaac
A, Rosey John G.Guillin, norteamericanos; Phillip Hoomit, irlandés;
James Hollern, irlandés; Antony Bornu, francés; David Kooch,
alemán, Wilhelm Wes, prusiano; rancisco Narváez, panameño;
Teodoro Heinung, prusiano y Phillip HJegan Toohet, que fue
perdonado por el General en Jefe y mandado a prisión. (Boletín
del
Ejército del 27 de Mayo de 1856).
Esos fueron los filibusteros fusilados en Liberia, integrantes
numericamente de una que pudo habrse llamado brigada de la
Verde Erín... por los muchachos irlandeses.
¿Y los nicaragüenses prometidos...? Realmente olvidaba lo
importante, que no habla de historia, sino de quienes la
protagonizan.
Una Estupida destrucción
En Embajador de Nicaragua, Mauricio Diaz Dávila, se propuso
colocar el nombre de Nicaragua en la casa Hacienda de Santa
Rosa, donde se virtió la primera sangre costarricense por nuestra
liberación, al ingreso de Costa Rica en la guerra santa de
Centroamérica.
Como he señalado, en este Mayo del 2001, un cretino, que
entiendo debe encontrarse en prisión, hizo lo que no pudiron
realizar los filibusteros ni las invasiones de Somoza y de los
calderonistas, ni los soldados descalzos de varios siglos: destruir la
Casa de la Hcienda de Santa Rosa...!
Nada quedó en pie de la modesta ediicación, en nada parecida
a
los chalets suizos como se dijo fue «reconstruida» la casona
heroica.
La casa de los Barrios
La hacienda fue en un tiempo propiedad del doctor Manuel J.
Barrios Guerra, por supuesto nicaragüense, viejo tronco del que
descienden entre tantos compatriotas, la ex Presidenta Violeta
Barrios Torres y el conocido hombre de empresa y diplomático,
Manuel J. Torres Barrios, primos hermanos por partida doble.
Este último es «Maché» Torres, que me contó
que su abuelo decía
con orgullo, que tenía una finca que llegaba de la Parroquia de
Rivas a la de Liberia.
Asi fue que intervino otro nicaragüense, el Embajador Diaz Dávila,
que convenció a varios inversionistas y banqueros nicaragüenses
a
colaborar con la reconstrucción, más bien la edificación
de una
nueva casa hacienda en Santa Rosa, conmemorativa de la batalla.
Confio que esta vez no se olvidarán de poner en alguna placa en
lugar prominente, los nombres de los heroicos soldados que
hicieron huir en barajustada, a los invasores comandados por Louis
Schlessinger, el maratonista de la guerra contra los filibusteros.
Dos millones entegados
En fin, el Embajador nicaragüense, Diaz Dávila, logró
reunir la
respetable suma de dos millones de colones, que fueron
entregados al Presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez,
en una sencilla ceremonia realizada en la Casa Presidencial en
Zapote, a pocos metros del flamente «Parque Nicaragua».
Complacidos, dos ministros observaron la escena: el Ministro de
Cultura, Enrique Granados y el de Educación Gilberto Vargas.
Los nicaragüenses que contribuyeron a que el proyecto del
embajador Díaz se hicera realidad furon: Alfreso Robelo Callejas,
Roberto Zamora, Julio Cárdenas, Miguel Gómez, Sergio Tijerino,
Xavier Zavala, Fuad Farach, Gilberto Serrano Gutiérrez,
Constantino Lugo y Jaime Montealegre, quie calificaron el
momento como una prueba de la hrmandad de los paises vcinos.
Septiembre, mes de la Patria, 2001..
Cortes de Diarios de Costa Rica durante el incendio de Santa Rosa,
hcho por un cazador quién en venganza al no poder entrar como antes
lo hacia en éste sitio.
la que libraron
casi 500 costarricenses dirigidos, en dos columnas, por el comandante Lorenzo
Salazar y por el capitán José María Gutiérrez.
12
de mayo, 2001.
Vladimir
de la Cruz
Es el símbolo,
aquella batalla de 14 minutos, de la derrota de los filibusteros en el
territorio nacional; fue el inicio de su aniquilamiento y expulsión
de Centroamérica a cargo del Ejército Nacional dirigido por
el general José María Cañas Gutiérrez, jefe
militar de todas las tropas centroamericanas que también participaron
en la campaña contra los filibusteros, junto al presidente Juan
Rafael Mora y su hermano Joaquín, todos héroes nacionales.
La casona de la hacienda
Santa Rosa evoca, como símbolo o monumento nacional, el asiento
de nuestra soberanía e independencia.
La casona de Santa
Rosa fue declarada monumento nacional en 1966 y parque nacional, de bosque
seco –el más importante de Centroamérica–, en 1971.
La casona ha sufrido
un incendio y ha quedado dañada. El fuego afectó las instalaciones
del monumento histórico, destruyó los objetos que de la época
se guardaban como patrimonio nacional.
Patrimonio histórico.
El edificio que se quemó es la segunda construcción. La primera
fue la existente durante los días de la Batalla de Santa Rosa. Ambas
construcciones eran muy parecidas. El doctor Manuel J. Barrios Guerra demolió
y reconstruyó la casona original y ofreció, después,
al Gobierno la casa con todos sus muebles y objetos, que constituían
parte del monumento histórico que recordamos en honor a los héroes
del 56. La casona era patrimonio histórico, cultural y arquitectónico.
La casona, a unos
300 metros sobre el nivel del mar, en una de las estribaciones del cerro
Santa Rosa, sobre una base de piedra porosa y una gradiente, daba la sensación
de que tenía dos niveles o pisos. Tenía unos 40 metros de
frente por 30 de fondo y comprendía tres salones grandes y espaciosos.
Se ingresaba a la
casona por nueve gradas o escalones, paralelos a la pared y adheridos a
la base de este a oeste. De ahí se pasaba a un corredor de 23 metros
de largo por 3,15 de ancho, construido de calicanto y ladrillo. El corredor
original no tenía baranda, la que se puso con horcones de 17 x 17
cm, mochados, en las esquinas.
Sensación
de altar. Desde el lado norte de la casona se observaban otras instalaciones,
parte de la hacienda, independientes de la edificación principal:
la caballeriza, el campamento de peones, la casa del administrador, una
cocina, un oratorio o capilla y corrales. El oratorio, de 3 por 4 metros,
con una altura en el frente de 2,40 metros y al fondo de 3,28, daba la
sensación de un altar.
Hacia el norte, siguiendo
la capilla, estaba la bodega, que servía para almacenar víveres,
también pequeña, de 4,20 por 3 metros.
La cocina era larga,
de unos 10 por 3,20 metros de fondo, con un fogón de relleno, de
3,20 metros de largo por 1,55 de ancho y 0,85 de altura.
Los dos corrales
irregulares, de piedras de río, están a 51,70 metros de distancia
de la casona, comunicados entre sí al centro, pero independizados
por una tranquera. Un corral tiene 1.932 metros cuadrados y el otro es
de 1.889 metros cuadrados. La longitud del muro de piedra de los corrales
es de 308 metros.
Testigo
de una gesta
El valor de la vieja
casona de la hacienda lo destacó Obregón cuando también
escribió: "La acción valiente de nuestros soldados en Santa
Rosa perdura y perdurará en la historia de Costa Rica. Según
todos los testimonios, en 14 ó 15 minutos se escribió una
de las páginas más brillantes de nuestra historia patria".
Así se refería
a la gesta heroica del 20 de marzo de 1856.
La casa, que albergó
a los propietarios y también a los peones de la hacienda, echa raíces
hasta la segunda mitad del siglo XVII.
Después de
la campaña Nacional 1856-1857, se realizan –1895– trabajos de transformación
de la estructura. En 1919 se construye el balcón y en marzo de 1971
se integra al parque nacional, creado en ese año.
Colaboraron en esta
información Carlos Arguedas, enviado a la zona, y Doriam Díaz,
redactora de La Nación.
Jueves 10 de mayo,
2001. l
338 AÑOS...
La casona de Santa Rosa, construida hace 338 años, Autoridades presumen
mano criminal
Golpe a la historia:
ardió la casona
• Gobierno promete
reconstrucción
Vanessa Loaiza e
Ivannia Zeledón
vloaiza@nacion.com
Redactora y Corresponsal
de La Nación
El principal monumento
histórico de Costa Rica ya no existe. La casona de Santa Rosa, donde
en 1856 campesinos armados gestaron la expulsión de los filibusteros
que invadían Centroamérica, ardió en llamas ayer en
la madrugada.
El 80 por ciento
de la estructura, construida hace 338 años con madera, teja y bahareque,
se quemó y aunque no hay nada claro sobre las causas, las autoridades
presumen que hubo mano criminal.
El fuego empezó
a la 1:25 a. m. al parecer en una pequeña bodega en la que guardaban
utensilios de limpieza, ganchos, cera y escobas.
La primera persona
que se percató fue el guarda nocturno del parque, Ricardo Ponce.
Poco antes de ver
el fuego, escuchó una explosión. Por más que corrió
para alertar al grupo de atención de incendios en Pocosol, a 7 kilómetros
del parque, y a los bomberos de Liberia, cuando los dos equipos llegaron
poco se podía hacer.
La falta de fuentes
de agua cercana e instrumentos para contrarrestar el incendio favorecieron
que el fuego se expandiera a sus anchas.
La casona está
en el Parque Nacional Santa Rosa, de 37.117 hectáreas terrestres,
ubicado al noroeste de Guanacaste. En ella se libró la única
gesta militar que conmemora el país cada 20 de marzo: la Campaña
Nacional de 1856. En ella surgió el único héroe nacional,
Juan Santamaría.
Precisamente, el
año pasado, el Área de Conservación Guanacaste (ACG),
fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
¿Fue provocado?
Desde temprano, los
agentes del Organismo de Investigación Judicial empezaron a indagar
si hubo mano criminal, lo cual presumen jerarcas del Gobierno.
El director del ACG,
Gerardo Barahona, explicó que en el sitio no había instalaciones
eléctricas o materiales inflamables que provocaran chispas.
Pero, la segunda
vicepresidenta de la República y ministra de Ambiente, Elizabeth
Odio, dijo que en ocasiones anteriores han tenido problemas con cazadores
furtivos y piromaníacos que han incendiado parte del bosque.
No descarta que algunos
de ellos hayan actuado ahora "por venganza", ya que son reprimidos cuando
en su afán de cazar venados y otras especies son sancionados por
los guardaparques.
Uno de los vigilantes
del sitio, que prefirió reservar su identidad, dijo que dos turistas
inglesas que estaban alojadas en el campamento cercano a la casona, escucharon
un vehículo que salió a toda velocidad del parque poco después
de la explosión.
En el escombreo,
se demostró que esa detonación la causó un antiguo
explosivo, que data de los hechos bélicos de 1955 –administración
Figueres– y que estaba guardado en la casona.
Pero, se presume
que el fuego que se generó en el sitio lo activó. Las esquirlas
se pueden ver en diversas partes de la hacienda.
Promesas...
Y ahora, ¿qué?
Elizabeth Odio fue enfática en que la reconstrucción debe
empezar cuanto antes.
Reconoció
que el ACV, a la que pertenece el Parque Nacional Santa Rosa, cuenta con
muy poco equipo para atender un incendio.
Además, la
casona, como muchos otros monumentos históricos en el país,
no cuenta con un seguro contra riesgos.
La Ministra explicó
que la falta de recursos le impide al Ministerio del Ambiente asegurar
las estructuras declaradas patrimonio nacional.
Pero, las promesas
comenzaron a emerger ayer mismo. Los ministros de Educación, Guillermo
Vargas; de Cultura, Enrique Granados, y Ambiente, Elizabeth Odio, empezaron
a recuperar planos y fotografías de la estructura para iniciar la
reconstrucción.
Hoy, técnicos
del Ministerio de Cultura, investigarán qué partes de la
casona deben reconstruirse y cuáles se pueden recuperar.
Odio confirmó
que el Presidente de la República autorizará un presupuesto
extraordinario para la reedificación. Y, el diputado y precandidato
socialcristiano, Abel Pacheco, anunció que presentará un
proyecto de ley para dotar de recursos el proyecto.
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Estaba desprotegida
Carlos Arguedas
C.
Santa Rosa. Las paredes
de bahareque humeantes, las gruesas vigas de cedro y guanacaste convertidas
en carbón, las bayonetas y los sables de bronce ahumados, las vasijas
quebradas... todo generan un sentimiento de desolación y tristeza.
Se está ante
una cruda realidad: la histórica casona de Santa Rosa se quemó,
pero ¿había un plan para enfrentar un incendio en ese monumento
histórico?
En el parque Santa
Rosa ayer nadie pudo dar una respuesta convincente sobre las medidas de
protección.
Gerardo Barahona,
director del Área de Conservación Guanacaste (ACV), dijo
que la casona tenía a su alrededor una ronda para cortar el fuego.
Sin embargo, eso serviría ante un incendio forestal, porque evitaría
que las llamas alcanzaran las paredes de madera. Barahona aseguró
que dentro de las instalaciones no había fuentes que pudieran desatar
el fuego.
Además, en
las cercanías del parque, en el puesto de control en Pocosol, a
siete kilómetros de la casona, se cuenta con una tanqueta extintora,
que llegó al lugar 10 minutos después de la alerta.
Asimismo, un guarda
recorre las instalaciones del parque durante la noche, con la indicación
de no dejar que alguien se acerque a la casona.
Lo cierto es que,
al parecer, nadie se imaginó que aquellas viejas tablas podrían
ser fácil presa de las llamas, porque ayer en la mañana las
personas no conocían sobre previsiones concretas para combatir una
deflagración.
"Cuando llegué
y vi las llamas me devolví para avisar por radio a los encargados
de vigilancia de fuego que están en Pocosol, y después me
puse a llamar por teléfono a los bomberos (de Liberia) y a avisar
a otra gente", explicó el vigilante Ricardo Ponce Montes.
Otros guardaparques
que dormían en el área administrativa, situada a unos 500
metros de la casona, también llegaron al sitio a la 1:45 a. m.,
pero se sintieron impotentes, pues el fuego abarcaba toda la parte alta.
Ellos no pudieron
hacer nada, porque en el lugar no hay hidrantes ni fuentes de agua. El
único extintor que apareció estaba quemado entre las bayonetas
y los sables en el cuarto de las armas.
El trabajo que realizaron
los encargados de apagar el incendio fue extraordinario, porque evitaron
que las llamas abarcaran las construcciones más recientes.
No sucedió
lo mismo con la casona.
Todos aquí
piensan que se perdió parte del ser costarricense, pero más
aún del guanacasteco.
Aunque se inició
una investigación para determinar si el incendio fue provocado,
flota en el ambiente nacional la sensación de que se pudo salvar
algo más con medidas de seguridad adecuadas.
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Rudo golpe a la identidad
Emilia Mora
En los momentos más
difíciles, en los ratos amargos que el país tuvo que sobrellevar
en su lucha contra el filibusterismo, Santa Rosa brilló siempre
como una antorcha de libertad.
Cuando el desaparecido
historiador costarricense Rafael Obregón Loría escribió
esas palabras en su libro Costa Rica y la guerra contra los filibusteros,
jamás pudo avizorar que la casa de la vieja hacienda ganadera se
convertiría en una antorcha... pero de un fuego que la destruiría
casi completamente.
La antiquísima
casona –de madera, teja y bahareque– data de 1663, y fue testigo de la
prueba más grande a que ha sido sometida la independencia y soberanía
nacionales.
Entre sus paredes,
ahora reducidas a cenizas, los filibusteros de Walker hallaron refugio
para atrincherarse en marzo de 1856, mientras llevaban adelante su proyecto
expansionista y esclavista que tenía como objetivo a toda Centroamérica.
Y desde sus corrales
de piedra comenzaron las tropas costarricenses su fulminante ataque que,
en apenas 14 minutos, echaron del país a los invasores, para siempre.
El parque nacional
Santa Rosa –en el sector noroeste de Guanacaste– está preñado
de historia. Allí también fueron derrotadas las fuerzas de
oposición que en 1955 ingresaron al país, procedentes de
Nicaragua, con el propósito de derrocar al gobierno de José
Figueres.
Grave pérdida
El fuego de ayer
en la madrugada se llevó para siempre una parte muy importante de
esa historia, coincidieron los expertos, y nada podrá recompensar
ese daño al patrimonio histórico-cultural.
"Es uno de los golpes
más duros y bajos que se le puede dar a la identidad histórica
del costarricenses. Santa Rosa significa mucho para dejarla perecer. Que
esto sirva para tomar conciencia y darle el lugar que se merece como santuario
histórico", dijo el director del Museo Histórico Cultural
Juan Santamaría, Raúl Aguilar.
Para la historiadora
Elizabeth Fonseca, el siniestro representa "una de las mayores tragedias
para la historia arquitectónica nacional" y una fuerte llamada de
atención a las autoridades nacionales para que den el valor que
merecen esos sitios culturales.
Similar opinión
externó su colega Juan Rafael Quesada, quien consideró que
desgraciadamente los gobiernos, en general, nunca han demostrado interés
por el patrimonio histórico y cultural.
"Cualquier acción
para investigar y reparar el daño hecho, cueste lo que cueste, está
plenamente justificada," añadió.
Testigo de una gesta
El valor de la vieja
casona de la hacienda lo destacó Obregón cuando también
escribió: "La acción valiente de nuestros soldados en Santa
Rosa perdura y perdurará en la historia de Costa Rica. Según
todos los testimonios, en 14 ó 15 minutos se escribió una
de las páginas más brillantes de nuestra historia patria".
Así se refería
a la gesta heroica del 20 de marzo de 1856.
La casa, que albergó
a los propietarios y también a los peones de la hacienda, echa raíces
hasta la segunda mitad del siglo XVII.
Después de
la campaña Nacional 1856-1857, se realizan –1895– trabajos de transformación
de la estructura. En 1919 se construye el balcón y en marzo de 1971
se integra al parque nacional, creado en ese año.
Empero, para especialistas
como Raúl Aguilar, la casona no recibió el adecuado mantenimiento
y cuidado que, como sitio histórico, se merecía.
Colaboraron en esta
información Carlos Arguedas, enviado a la zona, y Doriam Díaz,
redactora de La Nación.
Viernes
11 de mayo, 2001. San José, Costa Rica.
Las otras llamas
• De la casona en
pavesas debe resurgir nuestra historia
La del martes ha
sido una de las madrugadas más tristes en nuestra historia: en 14
minutos el fuego consumió el 80 por ciento de la casona de Santa
Rosa, en Guanacaste, el mismo tiempo que tardaron nuestros antepasados,
el 20 de marzo 1856, para derrotar a los filibusteros y liberar a Centroamérica.
La casona era uno de los relicarios arquitectónicos, espirituales
e históricos de nuestra soberanía y de nuestra independencia.
Este golpe debe ser
el comienzo de una auténtica toma de conciencia sobre nuestra historia
y sus expresiones simbólicas y materiales. Esas llamas devastadoras
deben iluminar nuestro pasado y nuestra identidad. La historia de Costa
Rica, nuestra memoria, debe ser, en todas sus dimensiones, el ave fénix
de esta conflagración. Este no es un mero símil literario.
Nuestra historia ha sido objeto apasionado de análisis y estudio
de notables y cada vez más numerosos investigadores, venidos de
diversas escuelas y formados muchos de ellos en renombradas universidades.
Sin embargo, el amor y el sano orgullo por la historia patria, por ese
tejido espléndido de acontecimientos, que expresan el ser costarricense
y que, a la vez, nos deben conferir sentido y sustento, no ha calado en
nuestra formación ni en nuestro quehacer diario. No es exagerado
afirmar que otras llamas invisibles –el olvido y la indiferencia– ya habían
consumido buena parte del contenido de nuestra historia. Nuestra tarea
ineludible debe consistir ahora en reconstruir la casona de Santa Rosa
y con ella realizar una auténtica conversión y cambio radical
de mentalidad sobre nuestra historia.
Los ministerios de
Educación y de Cultura, así como las universidades, las instituciones
educativas en general, los colegios profesionales, la empresa privada y,
por supuesto, los medios de comunicación debemos comprometernos
en un proceso de reflexión y de acción para reconstruir la
casona y, sobre todo, para redimir nuestro sentido de la historia patria.
Así lo exigen nuestro pasado y también los embates y desafíos
de la era moderna. La globalización es un hecho ineludible y una
oportunidad, pero puede ser también, principalmente en el orden
cultural, una fuerza destructiva y alienante si, internamente, no estamos
preparados. El conocimiento, estudio y celebración de la historia
nacional puede iluminarnos y proporcionarnos una guía excelente
para marchar por el buen camino. He aquí uno de los objetivos más
elevados, en los albores del siglo XXI, capaz de forjar un sólido
consenso nacional, el cual requiere un liderazgo lúcido y sostenido.
La historia patria
se manifiesta y simboliza también en los monumentos. En este campo
se necesita un cambio de mentalidad. Hace pocos días, se denunció
el descuido y abandono de estas expresiones de nuestra cultura y de nuestra
historia, de la más reciente y de nuestros ancestros indígenas.
Un valioso medio de educación nacional se ha convertido así,
por incuria pública, en una escuela de deformación cívica.
Buena prueba de ello fue la casona de Santa Rosa. No se habían adoptado
las más elementales disposiciones, ni siquiera algunos extintores,
para combatir un incendio. Ahora lloramos lo que no supimos defender con
previsión. Formulemos votos sinceros ahora para que las otras llamas,
las que iluminan, nos desperecen y nos pongan en pie para salvaguardar,
promover y enseñar con decoro y dignidad el patrimonio que nos queda
y que, por cierto, es rico y grandioso.
Lunes 14 de mayo,
2001.
De monumentos
• El Museo Nacional
cumplió lo que le correspondía
Melania Ortiz V.
(*)
La creación
del monumento de don José Figueres Ferrer fue idea de Alberto Esquivel
y Víctor Evelio Castro, y la iniciativa se impulsó desde
la Comisión de Administración de la Asamblea Legislativa
en 1990.
Don Víctor
Evelio encaminó el proyecto hasta convertirse en la Ley N° 7270
del 10 de diciembre de 1991, que le asignaba la responsabilidad de construir
el monumento al Museo Nacional de Costa Rica, vecino de la plaza de la
Democracia, lugar designado para ubicar la estatua. Por esta razón
el Congreso decidió que el Museo ejecutará el proyecto y
administrara los recursos, tarea que no podía hacer la Asamblea
Legislativa.
El Museo asumió,
como corresponde, el mandato. El monumento se construyó en 1993.
La Junta Administrativa y la Dirección General fueron celososas
en su cumplimiento.
Ante el cambio de
gobierno y, como no se había escogido el escultor, por deferencia
a las nuevas autoridades se pospuso la elección del artista que
elaboraría el bronce, única etapa por cumplir.
Cambio de encargado.
La obra se reinició varios años después, después
de transformarse la ley original por la N°7596 de abril de 1996. Según
las modificaciones incluidas, el Museo ya no sería el encargado
de ejecutar la obra, sino de atender los desembolsos, previa autorización
del supervisor de la obra. Con esta última ley se modificó
la parte constructiva y se escogió al escultor.
La Administración
Pública exige procedimientos rigurosos cuando concluye una obra.
En primera instancia, se recibe provisionalmente, con el respectivo levantamiento
de acta, pero, previamente a su recepción final, se corrigieron
trabajos que estaban hechos a cabalidad. Las autoridades del Museo han
velado por el cumplimiento correcto de los contratos. Definitivamente los
bienes del Estado no son bienes de difunto. En la institución velamos
por la calidad.
Ante esto, considero
incorrecta las apreciaciones de don Roberto Villalobos. Las decisiones
no tuvieron que ver con color político. Don Roberto se equivoca.
El deber institucional y la responsabilidad asignada esta por encima de
cualquier matiz político.
El Museo Nacional
cumplió con el mandato de ley, recibió la obra cuando el
contrato estuvo a satisfacción y lo pagó en su totalidad.
Allí terminó su obligación temporal. Crear y mantener
monumentos no se contempló en las disposiciones de la Ley, como
tampoco lo está en la normativa que rige el quehacer del Museo.
Los monumentos deben
ser asumidos por el gobierno de la ciudad, independientemente de cómo
se originaron.
(*) Directora Museo
Nacional
Viernes 18 de mayo,
2001. San José, Costa Rica.
CIUDADES ABANDONADAS.
Según los científicos hay evidencias de un prolongado período
de sequía que coincide con la época en que los Mayas comenzaron
a abandonar sus grandes ciudades.
Sequía de
200 años los arrasó, según científicos
El sol acabó
con mayas
EFE.
Washington. La civilización
Maya, que fue cuna de grandes astrónomos, pudo haber sucumbido en
parte por culpa del Sol, ya que se han descubierto en la Península
del Yucatán períodos de sequía de hasta 200 años
relacionados con el astro.
Los Mayas, una de
las civilizaciones más desarrolladas de occidente, comenzaron a
construir grandes ciudades y pirámides en América Central
hacia el siglo dos después de Jesucristo, pero en el siglo noveno
su fulgor comenzó a decaer.
Científicos
de la Universidad de Florida estudiaron los sedimentos del lago Chichancanab,
en la Península del Yucatán, en México, y comprobaron
que las capas de sulfato cálcico, que aumentan en tiempos de sequía,
se depositaron "de modo peculiar" en el fondo del lago.
Principio del fin
Los científicos,
que en 1995 ya establecieron una cierta relación entre los períodos
de sequía y la actividad del sol, han comprobado ahora que el ciclo
solar descubierto coincide con el inicio del declive de la civilización
maya.
Tikal, Copan, Palenque,
Bonampak y Río Bec, fueron algunos de los centros de esplendor del
período maya clásico, que en su apogeo llegó a contar
con 40 grandes ciudades y dos millones de pobladores cuya subsistencia
se basaba en el cultivo del maíz.
El sur de México,
Guatemala y el norte de Belice conforman el territorio sobre el que se
desarrolló esta cultura que, pese a su declive en el siglo noveno,
siguió manteniendo en Chichén Itza y Mayapán una notable
presencia.
"Parece que los cambios
en la emisión de la energía solar tuvieron un efecto directo
en el clima del Yucatán y provocaron la recurrencia de los períodos
de sequía", señaló David Hodell, profesor de geología
de la Universidad de Florida, en un artículo que recoge la revista
Science.
Hodell consideró
que algún mecanismo en el clima pudo haber amplificado sus efectos
del Sol en Yucatán.
Los períodos
de sequía corresponden con el momento en que las evidencias arqueológicas
señalan que comenzó a decaer la cultura Maya, incluido el
colapso hacia el año 900 de nuestra era.
Esas evidencias,
según los investigadores, incluyen el abandono de las ciudades y
la ralentización en la construcción de grandes edificios.
Algo que pudo haber
influido además en la decadencia de los Mayas es el hecho de que
no existían otras culturas cercanas que hubieran podido ayudarles.
Ni siquiera los aztecas habían llegado al centro del actual México
22 de octubre, 2001.La
Nación San José, Costa Rica.
Cazadores a juicio hoy por incendio en casona
• En el debate están citados 13 testigos
Carlos Arguedas C. La Nacion CR 10-30-01
Los cazadores Geovanny Mora Cruz y Roy Calvo Barquero enfrentarán
desde hoy un juicio como presuntos responsables de ncendiar la casona
de Santa Rosa, ubicada en el Parque Nacional, en La Cruz,
Guanacaste. Los hechos ocurrieron en la madrugada del 9 de mayo anterior.
El debate comenzará a las 8 a. m. Se realizará en el Tribunal
de Juicio de Liberia y están citados 13 testigos.
Aunque se tiene previsto un solo día para la realización
del proceso, conocedores del sistema judicial consideran improbable
que hoy se pueda dictar sentencia.
Los involucrados
El pasado 25 de mayo, el Organismo de Investigación Judicial, ligó
a Mora, de 41 años, y a Calvo, de 22, con el incendio en la casona.
Las indagaciones determinaron que ambos fueron trasladados por el transportista
Rónald Carballo, el martes 8 de mayo, desde Liberia hasta el Parque,
donde presuntamente irían a cazar.
En esa ocasión los individuos iniciaron el viaje en el barrio San
Roque de Liberia, pasaron a una estación de servicio en la
capital guanacasteca donde echaron ¢2.000 en combustible
al vehículo (el pago por el traslado).
Además, según la versión que maneja la policía,
Mora presuntamente llenó un galón plástico
de gasolina.
Los hombres fueron dejados en el lugar conocido como Cuesta de los Puercos,
unos dos kilómetros después del portón de acceso al
Fueron recogidos por Carballo y otros amigos, a la 1:30 a. m. del miércoles
9 de mayo en el lugar conocido como El Pelón de la Altura,
siempre dentro del parque de Santa Rosa.
Las autoridades obtuvieron el testimonio de otras personas quienes dijeron
que luego del incendio, al parecer, los cazadores dijeron que habrían
quemado la casona como venganza por los continuos arrestos que eran
objeto por parte de los guardaparques.
Incluso Mora se encuentra descontando en la actualidad una condena
de un año que le impuso el Tribunal de Juicio de Liberia por violación
a la Ley de conservación de la vida silvestre.
Calvo entre tanto se encuentra excarcelado desde el 14 agosto
anterior cuando un juez penal le concedió la casa por cárcelo
Jueces aplican condena
máxima
20 años por quemar casona
• Defensa alega que no hubo pruebas
Carlos Arguedas C.
carguedasc@nacion.com
Redactor de La Nación
Liberia. El Tribunal de Juicio de
Guanacaste impuso ayer la pena
máxima a los dos acusados por el
incendio que la madrugada del 9
de mayo anterior destruyó la
histórica casona de Santa Rosa.
Geovanny Mora Cruz, de 41 años, y Roy Calvo Barquero, de 22,
fueron condenados a descontar 20 años de prisión como
responsables del delito de incendio. Además, los jueces los
sentenciaron a pagar en forma solidaria ¢222 millones que como
acción civil reclamó la Procuraduría General de la
República.
El Tribunal, integrado por Juan Gerardo
Quesada Mora (presidente), Margot Rojas
Pérez y Gerardo Rubén Alfaro Vargas, no
aceptó revocar la medida cautelar que
disfruta Calvo, la cual le permite tener la
casa como cárcel mientras el fallo no haya
quedado en firme.
El otro condenado, Geovanny Mora, seguirá
en la Unidad de Admisión de Liberia, donde descuenta una condena
por otro delito.
Patricia Zumbado, una de las representantes legales de Mora, dijo
que durante el debate no se aportaron pruebas para condenarlo y
aseguró: "es el juicio del pueblo", en alusión a lo mencionado
por el
codefensor de Mora, Jorge Luis Jiménez, durante las conclusiones.
"(Geovanny) es el chivo expiatorio. No hay prueba suficiente para
sentenciarlo. Es grave, muy grave, porque se hace por la presión
de la
opinión pública", señaló Jiménez.
A casación
En tanto, Esteban Amador Garita, defensor de Calvo, prefirió no
hablar, al argumentar que elevará el asunto a casación.
Al finalizar ayer, a la 1:45 p. m., el debate que había comenzado
el
pasado lunes 22 de octubre, ni Calvo ni Mora quisieron hacer
comentarios.
Liliana Zamora, en representación de la
Fiscalía, dijo durante las conclusiones que
los hechos que se juzgaban significaron un
daño "muy grave" tras una acción "planeada
y ejecutada por venganza".
La versión sobre una venganza manejada en el juicio se debe a que
los sentenciados habían tenido roces con los guardaparques de Santa
Rosa.
Zamora añadió que durante el proceso se aportaron testimonios
con
los cuales se pueden armar todas las piezas que llevaron a Mora y
Calvo a incendiar la casona del Parque Nacional de Santa Rosa,
ubicado en La Cruz.
Zamora puntualizó que, aunque los imputados ocultaron muchas
situaciones, del juicio se desprende que fueron ellos quienes
provocaron el fuego y solicitó 20 años de prisión
para cada uno.
Gílbert Calderón, representante de la Procuraduría
en cuanto a la
acción civil, manifestó que hay indicios "claros, precisos
y
concordantes" que ubican a los sospechosos en la zona de la
deflagración.
En tanto, Jiménez apeló al beneficio de la duda al solicitar
la
absolución para Mora.
Esteban Amador, defensor de Calvo, dijo: "La Fiscalía no aportó
un
testigo que los haya visto prender fuego, tampoco huellas dactilares ni
de calzado".
Razones de los jueces
Después de leer la sentencia, los jueces explicaron los indicios
con
base en los cuales emitieron la condena:
Ustedes estuvieron de acuerdo en ir a cazar al área de Santa Rosa.
Pasaron a una bomba a llenar un galón de gasolina.
Recorrieron juntos los senderos del parque.
El testigo Carlos José Obando dijo que ustedes le dijeron que
tenían toda la intención de quemar la casona.
Ustedes tenían un motivo para cometer el hecho, como era la
venganza.
El mismo día del incendio dijeron en el barrio donde viven que
habían quemado la casona de la hacienda Santa Rosa.
11 de marzo, 2002.
San José, Costa Rica. La Nacion Raquel Gólcher B.
Se
abrirá este 20 de marzo La casona se levanta
de los escombros ¢130
millones cuestan trabajos de reconstrucción
Santa Rosa
(Guanacaste). Esta vez la nueva gesta se ha librado en el calor
de la pampa guanacasteca, en los archivos de los museos y en
las aulas. La casona de la hacienda Santa Rosa
emerge de las cenizas, y diez meses después de sufrir
el daño de las llamas hoy aparece, imponente,
una estructura idéntica a la de 1663.
El 20 de marzo la nueva edificación abrirá sus puertas. Será
cuando se cumplan 146 años de la histórica batalla, que
expulsó para siempre de territorio costarricense a los
filibusteros.
Son muy pocas las huellas que quedan de aquel 9 de mayo del
2001, cuando dos cazadores incendiaron el símbolo de la gesta
heroica de 1856. Quedó totalmente destruida. Pero resurge.
El olor fresco a madera se encierra entre las blancas paredes de
bahareque y el piso de tierra. Solo falta colocar las puertas, tejas
y añejar la madera.
"El costo de las obras asciende a ¢130 millones, ¢75
millones los dieron los estudiantes, quienes compraron bonos
en sus escuelas. El resto provino de la empresa privada
y de los ciudadanos", dijo el ministro de Educación, Guillermo
Vargas, uno de los coordinadores de la reconstrucción.
Esta se inició el 19 de noviembre, a cargo de la empresa ROCA, pero
antes hubo que hacer una investigación, que empezó
pocas semanas después del siniestro.
Trabajo de hormiga
Cuando las cenizas de la vieja casa –declarada patrimonio nacional
en 1966– aún estaban calientes, el Gobierno dispuso reconstruirla.
Se formó una comisión integrada por los ministerios de
Educación, de Cultura y del Ambiente y Energía.
El primer problema que se debió resolver fue el de los
planos pues estos no existían. andra Quirós, de Patrimonio
Cultural del Ministerio de Cultura, explicó que se revisaron
300 fotos de la casona –desde finales del siglo XIX hasta hoy–. Las imágenes
se buscaron en el Archivo Nacional y en el archivo de
Patrimonio; también se analizaron cinco videos para conocer el interior
de la casa.
Después de un mes de estudio, se logró detallar cada
rincón del edificio, desde las tejas hasta las puertas, y
desde la estructura hasta los acabados artísticos.
Un buen "clon"
Las paredes de la nueva casona son de bahareque, una mezcla
entre barro y pasto.
Además, se importaron 16.000 tejas viejas desde Nicaragua.
"La idea es que lucieran añejas", dijo el ingeniero Marvin
Rodríguez, de la empresa ROCA. Actualmente 30 obreros trabajan
de lunes a domingo para terminar de levantar el "clon" de la
estructura histórica. Se usan maderas de guanacaste y cenízaro,
y la de las puertas es de pochote, todo igual a la casa original.
La vieja casona de hace más de 300 años fue remodelada
en 1895, y esa fue la que conocieron muchos costarricenses.
Sin embargo, la nueva tiene una gran diferencia con la que
se quemó: fueron colocados sensores de humo y tiene instalaciones
eléctricas, pero estas son subterráneas, para no alterar
el paisaje natural. "Acueductos y Alcantarillados hizo un pozo
de 63 metros para no tener problemas con el líquido",
dijo Guillermo Vargas. Otra diferencia es el contenido de la
casona. Las viejas medallas y fusiles que estaban allí se
quemaron, y las pocas que se rescataron están ahora bajo la
custodia del Ministerio del Ambiente.
"Este lugar se declaró como museo histórico nacional de
sitio, por lo que será alusivo a la gesta del 56", manifestó
el Ministro. Se buscarán artículos
relacionados con la Campaña Nacional, algunos de los cuales
están en otros museos, como el Juan Santamaría
(Alajuela) o el Nacional.
Un grupo de seguridad resguardará la histórica casona.
¿Y qué pasó con los que la
incendiaron?
Dos cazadores fueron condenados por prender fuego a la
histórica edificación.
El 25 de mayo del 2001 el Organismo de Investigación
Judicial ligó a los cazadores Roy Calvo Barquero y
Geovanny Mora Cruz como sospechosos de quemar la
casona, pues querían vengarse de los continuos arrestos del
que eran objeto por parte de los guardaparques.
El 22 de octubre del año pasado se inició el juicio en los
tribunales de Liberia y ocho días después se dictó
la
sentencia: 20 años de cárcel cada uno, más el pago
de
¢222 millones como acción civil.
Según se explicó en la oficina de prensa de la Corte
Suprema de Justicia, la sentencia aún está en Casación,
por lo que no está en firme. Mora Cruz se encuentra en
prisión preventiva en La Reforma, mientras Calvo Barquero
está en arresto domiciliario. .
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