22 de septiembre del 2001 La Prensa de Honduras, "Fueron los doce
días más tristes" dice hondureña secuestrada en Costa
Rica
En sus ojos
aún se percibe el terror, pero esta hondureña de 32
años afronta la experiencia con total valentía Gabriela
Díaz Vindas abrazaba a su hijo Luis Diego y a su sobrino Billy
cuando la voz grave de un oficial interrumpió el sueño. "Señora,
despierte; son libres". Las palabras marcaron el final de los doce días
de cautiverio a la que estuvieron sometidos tres miembros de la familia
Guillén Díaz y una servidora doméstica. Durante
una hora, la señora Díaz conversó, en la intimidad
de su hogar, con un equipo de Al Día que la visitó ayer en
Rohrmoser. En sus ojos aún se percibe el terror, pero esta hondureña
de 32 años afronta la experiencia con total valentía.
Conversó mientras Luis Diego, 4, y Billy, 3, jugaban en el
jardín de la casa con total inocencia, ajenos a la visita.
"El 7 de septiembre
(día del secuestro) fue un día como cualquier otro. ¿Quién
iba a saber lo que media hora después nos iba a pasar? Mi hijo (Luis
Diego) amaneció incómodo con un dolorcito de estómago,
pero se alistó porque tenían la fiesta del Día
del Niño en el kínder. A él le pidieron llevar unos
frijoles enlatados y a mi sobrino Bill una salchichas.
Tuve que apurarlos. Era tarde y tenían que entrar a las ocho de
la mañana. Yorleni (Cajuna, la servidora doméstica)
siempre nos acompaña cuando voy a dejarlos. Como son dos y
yo tengo que manejar, ella me ayuda a que no se peleen (se ríe).
Estábamos por llegar al kínder. En eso un carro se nos atravesó
de frente. Pensé que lo que querían era robarnos el carro.
Cuando nos sacaron les grité: "mis hijos". Uno de ellos es mi sobrino,
pero lo quiero como si fuera un hijo. No recuerdo si abrí la puerta
o ellos la abrieron. He tenido algunos lapsus (lagunas) que no me
dejan recordar todo. Una persona me tomó del brazo y me metió
en el otro carro con los niños y Yorleni. Fue un momento trágico,
ahí me di cuenta de lo que ocurría. Nos pusieron una
capucha para que no los viéramos. Los niños iban muy callados
y no hacían preguntas; ¡estaban muy asustados!.
Vida en cautiverio "Ese mismo día nos llevaron a una casa. Sólo
he podido recordar que tenía una cama para todos. Era un lugar
muy silencioso. Estábamos tan asustados. Yo le
decía a los niños que el carro se nos había averiado;
que estábamos en un hotel para esperar que lo arreglaran. En ese
lugar nos dijeron (los plagiadores) que se trataba de un secuestro y que
pedían un rescate de dos millones de dólares (¢666
millones). Cuando oí eso me asusté mucho. Era inconcebible
hablar de ese monto. Al día siguiente nos trasladaron. -Los secuestradores
llevaron a los rehenes a una cabaña en Birrí de Heredia,
donde los capturó la policía-. Nos llevaron agachados
en el asiento trasero de un carro. No pudimos ver absolutamente
nada. En la otra casa teníamos una cama y una colchoneta.
Recuerdo que llovía y hacía frío. Por momentos
estuvimos vendadas, sobre todo los primeros días. Después
nos dieron una capucha. Podíamos estar al descubierto
cuando no había contacto con ellos. Por eso nunca logramos
verlos. Cada vez que iban a entrar, que era a la hora de las comidas,
nos poníamos pasamontañas. Estábamos tan nerviosas
que lo que menos queríamos era verlos. Le decíamos
a los niños que se trataba del juego de la "gallinita ciega" e
insistíamos en que estábamos en un hotel. Perdimos la noción
del tiempo. Desconocíamos si era miércoles o jueves,
tarde o temprano... Despertábamos todos los días
como a las 8.30 de la mañana. A esa hora nos traían el
desayuno: gallo pinto, café y pan. No siempre nos permitieron asearnos
y para ir al baño había que hacerlo con capucha. Servían
el almuerzo al mediodía y la cena como a las ocho de la noche.
Nos daban carne con algo de acompañar. La comida no era tan mala.
A los niños les permitían jugar en la habitación (estuvieron
12 días encerrados en el cuarto), siempre y cuando no hicieran
bulla. Yo no hacía más que soñar estar
de vuelta con mi familia; vivir un día a la vez. A ratos los niños
se desesperaban y decían que querían ir casa. Les decíamos
que el carro se había retrasado. Estos fueron los doce días
más tristes de mi vida. ¿Cómo soporté
la presión? Dios, no tengo otra respuesta. No éramos
cuatro los que estábamos ahí, éramos cinco. Dios siempre
estuvo con nosotros. Trato de reconstruir esos doce días ahora
que estoy fuera. Entonces pienso, ¿qué se puede hacer
tanto tiempo encerrado entre cuatro paredes sin hacer nada?
Ahora me parece imposible. Rescate silencioso: El día
de nuestra liberación no escuchamos a la policía
llegar; estábamos dormidos. Cuando desperté, ellos (las autoridades)
estaban frente a mí. Me pareció que todo era
un sueño. Reaccioné cuando uno de ellos dijo: "son
libres". No recuerdo qué hice en ese momento, sí lloramos
o nos abrazamos. Era demasiada la euforia. Las autoridades trabajaron con
un profesionalismo increíble. Nos sacaron sin un disparo;
hicieron su mejor esfuerzo. Esa misma noche nos trajeron a
la casa. Es indescriptible lo que sentí cuando entré.
Todos lloramos, nos abrazamos y oramos agarrados de la mano.
Hubo una fiesta para los niños. Les tenían globos y unos
juguetes comprados con anticipación para el Día del
Niño. Ellos entraron felices. Todavía no han preguntado
lo que pasó. Vida nueva: A veces hay cosas que uno,
como siempre las ha tenido, no las valora, como la libertad
de hacer las cosas cuando usted quiere y como usted quiere. Sé
que hubo mucha gente que oró por nosotros. A ellos mis gracias
infinitas. Ya salí una vez de la casa y vi todo de un color diferente.
Confieso que he sentido miedo. Prefiero por el momento no manejar.
Esto fue una experiencia muy fuerte; aún no logro conciliar el sueño.
El apoyo de la familia, las amistades, mis compañeros de universidad,
la gente que se manifiesta por teléfono, pero ante todo
la fe en Dios; eso es lo que me tiene aquí hablando con ustedes.
Trato de no pensar en lo que hicieron. ¿Cómo es posible que
nos hagan esto, sobre todo a dos niños inocentes;? Ahora usted
me ve sonreír, pero a ratos me pongo triste...
La
Nacion, 8 de septiembre, 2001. San José, Costa Rica.
Carlos Arguedas C. y Álvaro
Murillo M.
SITIO DEL PLAGIO.
Las cuatro personas viajaban en un vehículo marca BMW color vino,
el cual fue interceptado en esta esquina, 75 metros al este del kinder
Girasol, en Pavas, San José.
Se dirigían
a un kínder en Pavas
Secuestran a 2 niños
y 2 mujeres
• Trascendió
que piden $2 millones como rescate
Dos niños
y dos mujeres fueron secuestradas ayer, a las 7:50 a. m., en Rohrmoser,
Pavas, en el oeste de San José.
La directora del
Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Lineth Saborío,
identificó a los plagiados como Gabriela Díaz Vindas, de
32 años, su hijo Luis Diego Escalante Díaz, de 4 años
y seis meses, su sobrino Bill Guillén Díaz, de 3 años
y la nicaragüense Yorleny Cajuna, de 20 años.
Las cuatro personas
fueron interceptadas cuando, a bordo de un vehículo marca BMW color
vino, se dirigían hacia el kinder Girasol, donde los menores asistirían
a una fiesta. Una persona observó cuando tres individuos los detuvieron
y se llevaron a los niños y las mujeres, así como el vehículo
BMW. Lineth Saborío manifestó que por estar involucrados
niños la policía no se referirá a pormenores de la
investigación. Este es el sétimo secuestro extorsivo que
ocurre durante este año en Costa Rica. Solamente en uno de los seis
casos anteriores una persona plagiada no ha aparecido aún.
Una llamada al 9-1-1
recibida a las 7:55 a. m. alertó a las autoridades sobre una situación
anormal que había ocurrido muy cerca del kinder Girasol, ubicado
frente al parque Bellavista en Rohrmoser, Pavas. Esa persona dijo que observó
a tres sujetos, quienes viajaban en un vehículo BMW celeste, cuando
bloquearon el paso de otro BMW color vino en el cual iban las mujeres y
los niños. Según el testigo, los desconocidos se llevaron
por la fuerza a las personas y el automóvil en que estas viajaban.
La policía
informó de que una hora después una hermana de Gabriela Díaz
llamó nuevamente al 9-1-1 para preguntar si había algún
hecho anormal, porque su hermana salió hacia el kinder en un recorrido
que tarda unos 10 minutos y no había regresado. Aunque extraoficialmente
trascendió que la familia recibió una llamada telefónica
reclamando el pago de $2 millones (¢666 millones), Lineth Saborío
no lo confirmó.
Riesgo
Gabriela Díaz
padece de asma y requiere tratamiento
La jerarca policial
se limitó a decir que conocía sobre algunos contactos.
La policía
judicial solicitó ayer a la población colaborar con informes
acerca de cualquier movimiento anormal de personas.
Asimismo, comunicó
que Gabriela Díaz padece de ataques de asma y necesita de un medicamento
especial para combatir la enfermedad.
Según informes
extraoficiales, uno de los menores secuestrados es hijo de un hombre propietario
de varias tiendas ubicadas en el centro de San José.
Para las autoridades
este secuestro tiene algunas particularidades, como el alto número
de personas plagiadas.
Además, se
estima que los menores son muy inquietos y será difícil retenerlos
en un solo lugar sin correr el riesgo de ser descubiertos.
El OIJ comunicó
que la familia de los secuestrados no había recibido ninguna amenaza
con anterioridad.
Aunque agentes de
la Unidad Antisecuestros del OIJ realizaron ayer rastreos en diferentes
zonas, el resultado de las pesquisas fue infructuoso.
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Otros plagios
Durante este año
se han dado seis secuestros extorsivos, sin incluir el de ayer. En tres
de esos casos se pagó rescate.
Óscar Fernández
Hernández, retenido el 6 de marzo en barrio Dent, San José.
Aunque la familia pagó ¢25 millones, no ha aparecido. No fue
posible la captura de los responsables.
Cuatro hermanas de
apellidos Atencio Castillo y Adrián Herrera tomados el 26 de marzo
en Agua Buena de Coto Brus, Puntarenas. La acción se produjo por
una deuda, informó la policía. No se pagó rescate.
Un tico y un panameño fueron detenidos.
Adalberto Figuereo
Ogando, fue interceptado el 14 de mayo en David, Panamá y trasladado
a La Cuesta de Corredores. No se pagó. Un tico fue detenido aquí
y en Panamá cayeron otros dos ticos y dos panameños.
Un menor de apellido
Jarquín retenido el 7 de junio en Caño Zapota, Barra del
Colorado, Limón. Este hecho también fue originado por una
transacción con estupefacientes. No se pagó. Dos individuos
detenidos.
Javier García
Penón, secuestrado el 20 de julio carretera a Río Azul, La
Unión. Extraoficialmente se informó que la familia pagó
$1 millón. Ayer fueron detenidos en Panamá dos sujetos. Asimismo,
las autoridades recuperaron una parte del dinero pagado en el rescate.
Faustino Rojas Barboza,
plagiado el lunes 3 de setiembre en Palmitas de Cariari, de Pococí,
Limón. La familia pagó ¢6 millones como rescate. Se
capturó a tres individuos como sospechosos y se recuperaron ¢4,8
millones del dinero pagado
.
8 de
septiembre, 2001. San José, Costa Rica. La Nacion Álvaro
Murillo y ACAN-EFE
Arrestan a tico y colombiano por
plagio
VÍCTIMA. Javier García pasó
13 días retenido. Parte de $1 millón del rescate podría
haber sido incautada ayer. Panamá. Un costarricense y un colombiano
fueron detenidos ayer por la Policía Nacional de Panamá como
sospechosos de secuestrar al empresario Javier García Penón
a finales de julio en Costa Rica. El colombiano y el tico, de apellidos
Sandoval y Ureña, respectivamente, quedaron presos tras ingresar
a Panamá por Guabito, frente a Sixaola, en las cercanías
de la línea fronteriza con Costa Rica. La detención se efectuó
cuando ambos pasaban frente a un retén policial en Almirante, en
la provincia panameña de Bocas del Toro. Los sujetos iban en un
taxi, en el cual la policía encontró dinero y un revólver
calibre 38, con la serie alterada. Entre Sandoval y Ureña portaban
un total de $46.754, más ¢571.800 en efectivo, además
de un cheque por ¢50.000, girado a nombre del primero. En principio
se cree que este dinero es parte del cobro por liberar a García
Penón, el 2 de agosto pasado. Fuentes policiales panameñas
insinuaron que las series de los billetes, además marcados, corresponden
a lo pagado por la liberación. Aunque la directora del Organismo
de Investigación Judicial (OIJ), Lineth Saborío, reconoció
los fluidos contactos entre las autoridades ticas y panameñas, dijo
no estar segura de la veracidad de tales versiones. No obstante, admitió
que una serie de detalles sobre los detenidos son del interés del
personal del OIJ que investiga el secuestro de García Penón.
Incluso, se supo que miembros de la sección a cargo de los secuestros
viajaron a la frontera con Panamá para recabar más información.
Las autoridades panameñas informaron de que también se indaga
a un miembro de la policía de ese país, quien supuestamente
abordó el vehículo como pasajero, para saber si se relaciona
o no con este caso. Desde la liberación del empresario secuestrado
no se han producido detenciones de personas sospechosas del plagio. Solo
se suponía que la banda secuestradora se componía de costarricenses
y extranjeros, quienes cobraron $1 millón por dejar en libertad
al empresario. Este dato no ha sido admitido por la familia de García.
El empresario, de 44 años, permaneció 13 días secuestrado
y sufrió varias heridas.
.
.
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo XVII
José
Dolores Gámez serie histórica No. 3
Cap.
XVII
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