JUEVES
21 DE SEPTIEMBRE DEL 2000 / La Prensa
Recuerdan gesta
de Rigoberto
Las patrullas recorrían la ciudad, sacando de sus casas a algunos
amigos del poeta, sospechosos por haber conversado con Rigoberto tras su
regreso de El Salvador, de donde vino para ejecutar el plan. Los periodistas
Armando Zelaya, Sofonías Mayorga, Luis Aragón y otros no
escaparían de la represión
Rigoberto López
Pérez y Anastasio Somoza García: el héroe y el tirano.
Mercedes Peralta
-
LEON.- Los recuerdos
de la noche que el poeta leonés Rigoberto López Pérez
murió ejecutando a Anastasio Somoza García no se han borrado
de la mente de los leoneses y menos aún, de quienes fueron después
apresados, torturados y procesados con sus familias durante la represión
ordenada por Anastasio Somoza Debayle.
Era el 21 de septiembre
de 1956. En la Casa del Obrero se daba una fiesta, tras la convención
liberal que proclamaría otra vez a Somoza García como su
candidato.
“Nuestra orquesta
Occidental Jazz tocaría en la fiesta. A las tres de la tarde, en
las cercanías de la Iglesia San Francisco me encontré con
Rigoberto. Yo iba para la Casa del Obrero, él en dirección
del parque. Nos saludamos”, recuerda el maestro José Cabrera.
A las 7:30 p.m.,
cuando se presentó la orquesta, Rigoberto se aproximó, pero
entró después. Saludó a algunas personas. “Sonaba
‘Hotel Santa Bárbara’, cuando oímos disparos y vi caer herido
a Somoza, tocándose a la altura del estómago. Entonces se
escuchó una ametralladora. Todo mundo se tiró al suelo. Se
formó un alboroto, había gente herida. Nunca vi tanto humo
por disparos y casquillos de bala en el piso, así mataron al poeta”,
recuerda el músico Cabrera.
Mientras unos militares
sacaban cargado a Somoza hacia el Hospital San Vicente, otros prohibían
la salida del local, enfilaban a los asistentes hacia el Parque Central,
donde serían investigados sus nombres, fotografiados y quedaban
bajo las órdenes del jefe de la plaza, coronel Lisandro Delgadillo.
Ordenes y contraórdenes
se escucharían luego, producto de las contradicciones y altanería
del teniente de la Seguridad Alesio Gutiérrez y el coronel Delgadillo.
Las patrullas recorrían
la ciudad, sacando de sus casas a algunos amigos del poeta, sospechosos
por haber conversado con Rigoberto tras su regreso de El Salvador, de donde
vino para ejecutar el plan. Los periodistas Armando Zelaya, Sofonías
Mayorga, Luis Aragón y otros no escaparían de la represión.
La casa de la familia
de Rigoberto tampoco escapó de la violencia de la Guardia. A las
once de la noche eran sacados de su casa, doña Soledad, Salvador
y Emelina, madre y hermanos del poeta. Les recetaron 41 días de
cárcel, a pesar que no conocían los planes del poeta, recuerda
Emelina, que para entonces tenía quince años.
“NO PREGUNTÉ”
Don Juan Sandoval
Parajón, tipógrafo, sindicalista y en aquel momento directivo
de la Casa del Obrero, sufrió torturas y cárcel por el supuesto
de haber participado en la planificación del acto. Lo acusaban de
haber introducido el arma utilizada por Rigoberto.
“Lo juré en
1956 y lo juro en el 2000: yo no fui”, sostiene don Juan. “Mi error quizás
fue haber hecho un comentario mientras me tomaba unos tragos la tarde del
21 de septiembre, ante un convencional nagaroteño que se retiraría
porque su bus estaba a punto de salir. Le dije: ‘no te vayas que esto se
va a poner bueno’ ”.
Sin embargo, el 19
de septiembre, en la Casa del Obrero, Rigoberto, Edwin Castro y Ausberto
Narváez habían realizado una práctica, que don Juan,
presente en ese momento, sospechó se trataba de una acción
contra Somoza, “pero no pregunté”.
“Me capturaron junto
a Hermógenes Zapata, Juan Somarriba y Carlos Núñez.
Nos condujeron al Hospital San Vicente, salimos para Managua a las cinco
de la mañana”, recuerda don Juan.
Fue conducido esposado
y amordazado a la Loma de Tiscapa, donde encontró al Dr. Pedro Joaquín
Chamorro, Enoc Aguado, Tomás Olivas, Hildebrando Morales y otros:
todos fueron torturados.
CINCO AÑOS
POR NADA
Los Tribunales Especiales
o Consejo de Guerra Extraordinario encontraron culpables a 21 reos, a quienes
condenaron a cinco años, entre ellos don Rosita Martínez
Vargas (90).
- “Mi delito fue
haber acompañado a Edwin Castro a la subestación de energía
en Sutiaba para apagar las luces (eso era parte del plan para que Rigoberto
pudiera escapar). Creo que no hubo necesidad de hacerlo, pues estando allí
una señora nos dijo que si no sabíamos que habían
matado a Somoza”. Con ellos estaba Noel Jirón Valladares y Julio
Alvarado Ardila.
- “Me quedé
en Zaragoza, en la casa de Julio, porque no se podía pasar para
arriba. Traté de irme para Honduras, por Estelí, pero no
sabía cómo hacerlo. Mi esposa y mis hijos estaban detenidos
y tuve que entregarme para que los dejaran libres”, dice don Rosa “un liberal
de pura cepa”, que compartió cárcel y comida con el Dr. Pedro
Joaquín Chamorro, “que me invitaba a comer huevos de iguana”.
- Salió libre
el 11 de octubre de 1961.
Viernes 10 de Marzo
de 2000 | El Nuevo Diario
La fortuna de Somoza
García
—Karlos Navarro—
Cuando Somoza
García subió al poder, solamente tenía una finca de
café arruinada. Richard Millet, señala en su libro «Guardianes
de la dinastía», que en los tres primeros años de gobierno
acumuló una fortuna de $3 a $4 millones. Cuando murió, se
calculó que su capital ascendía a $100 millones. Otras fuentes,
señalan que las empresas de los Somozas sólo en Nicaragua
se calculaba en $400-500 millones.
Somoza García
se enriqueció de diferentes maneras: Exigía un tributo de
un centavo y medio por libra de ganado exportado. Obligaba a diversas industrias
a pagar contribuciones forzosas. Todos los empleados estatales debían
de aportar el cinco por ciento de sus salarios al partido liberal.
Cuando los medios
de comunicación y los partidos de oposición lo acusaban de
corrupción, Somoza García siempre se burlaba y exigía
pruebas.
En realidad el General
nunca «robó» tierras porque prefería «comprárselas»
al propietario legal. El dictador se acercaba a un dueño de una
propiedad y le ofrecía un precio, que por lo general era menos de
la mitad del valor real, por miedo a ser reprimido el dueño aceptaba
y en muchas ocasiones se las regalaba con la esperanza de obtener un favor
político. Cualquier dueño que se oponía a vender,
Somoza lo hostigaba a través del fisco o tomaba algunas otras medidas
de presión hasta que el propietario cedía su propiedad.
Versión
y recopilación para internet: Eduardo Manfut P.
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