| DOMINGO
10 DE JUNIO DEL 2001 / La Prensa
Gente Nuestra — Cosas
Veredes Sancho Amigo
El
“Terrocarril”, la odisea del café nicaragüense
Sobre los acontecimientos que vamos a narrar se prepara la edición
de un álbum histórico que incluirá 62 fotografías
de distintos lugares de la Nicaragua del siglo pasado, tomadas por el alemán
Jorge Schmidt
El famoso “TERROCARRIL”
que en 1903 efectuaba el tráfico de carga y pasajeros entre Matagalpa
y La Paz Centro. (Colección E. Kühl).
Mario Fulvio Espinosa
Hace algunos
años se presentó en Managua la película “Fitz Carraldo”,
en la que se presentaba con ribetes espectaculares la odisea de un iluminado
colono alemán de Manaos, Brasil, que amante del “bel canto” cumplió
la odisea de construir en plena selva amazónica un teatro de ópera
igual o mejor que los de Europa.
El episodio central
de la cinta muestra a miles de indígenas abriendo un camino entre
selvas y montañas, para halar después con gruesos mecates
el barco en el que llegaría la Compañía Lírica
Italiana que inauguraría el famoso local.
Fantasía o
realidad, lo cierto es que el Teatro de Ópera Amazonas, de Manaos,
fue construido con las contribuciones de los Cien Barones de la Goma Elástica
(Hule), que controlaban entre 1890 y 1920 la economía del área.
Ellos, con aires de “nuevos ricos”, se regalaron este antojo que todavía
asombra a la humanidad.
“Fue admirable la
hazaña de Fitz Carraldo al atravesar parte de la selva amazónica
arrastrando un barco... Pero los alemanes que vivían aquí
en el siglo pasado, llevaron a cabo otra mejor: armaron un ferrocarril
de ocho vagones, lo trajeron halando desde la Paz Centro, y atravesando
selvas y montañas lo subieron hasta Matagalpa, a 1,300 metros sobre
el nivel del mar”.
En el Hotel Selva
Negra hemos tocado uno de los temas más sensibles para el ingeniero
Eddy Kühl, la hazaña del TERROCARRIL. “Tan grande, que algunos
dicen que fue un capricho de excéntricos, pero tan real que todavía
quedan por ahí reliquias de aquel artefacto que vino a impulsar
la industria del café en Nicaragua”.
LUIS ELSTER, LA HISTORIA
DEL CAFÉ
Según el ingeniero
Kühl, hasta 1858 en Matagalpa no había café. Las montañas
y picos de las cordilleras Isabelia y Dariense estaban cubiertas de selvas
vírgenes habitadas en sus partes bajas por indígenas que
cultivaban maíz, frijol y verduras.
Sin embargo, a raíz
del descubrimiento de oro en California (1848), y de la apertura de la
Compañía de Tránsito de Mr. Vanderbilt, ya desde 1852
pasaban por nuestro país muchos europeos, en su mayoría alemanes,
que buscaban mejorar su suerte en los yacimientos auríferos californianos.
Por ese tiempo se
apareció por aquí un alemán llamado Luis Elster, quien
al darse cuenta de que en California se estaba agotando el oro, preguntó
si aquí había yacimientos de ese metal, le dijeron que había
uno allá por San Ramón. Ni corto ni perezoso alistó
su carreta de bueyes y en ella entró a Matagalpa junto con su esposa,
doña Catherine Brown, logrando fundar en 1858 la hacienda La Lima.
Parece que Elster
encontró algunas pepitas del preciado metal, así que alistó
su mula y bajó a venderlas a León, de regreso trajo algunas
frutas del café que ya se cultivaba en Las Sierras de Managua, y
se las regaló a su esposa que en lugar de bebérselas las
sembró en su huerto.
Fue exitoso el ensayo
de doña Catherine, y al poco tiempo otros inmigrantes alemanes,
ingleses y norteamericanos empezaron a fincarse en Matagalpa para sembrar
café, entre ellos don Alberto Fogel, William De Savigny, Gus Frauenberger,
Otto Kühl, Luis Elster, Alex Potter, Alejos Sullivan, los Kraudy,
los Travers, los Bolt y los nicaragüenses Francisco Amador, Cosme
Pineda y Nazario Vega, entre otros. También fue por influencia europea
que las fincas recibieron nombres como Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania
y Algovia.
Llegaron a vivir
a Matagalpa alrededor de 35 familias, que sacaban el café a lomo
de mulas en “recuas”, decía Tomas Gage-, hasta León donde
se almacenaba en las bodegas de don León Leiva. De León,
salía el grano en ferrocarril hasta Corinto.
Sin embargo, durante
la estación lluviosa las mulas se pegaban en el barro, así
que una alternativa fueron las carretas de bueyes, animales que por tener
cascos más abiertos no se hunden en el suampo y se cansan menos
que las mulas.
LA ODISEA DEL TERROCARRIL
En 1902 los cafetaleros
organizaron la Compañía de Transporte de Matagalpa para solucionar
de alguna manera el problema del traslado del café. Compraron una
locomotora en Alemania la cual trajeron en barco hasta Corinto, esa nave
tuvo que dar la vuelta por el Cabo de Hornos, ya que en ese tiempo no existía
el Canal de Panamá.
“Le tocó a
mi abuelo, que era mecánico, y a don Gus Frauenberger, viajar a
Corinto para desembarcar y armar la locomotora y los ocho vagones que integraban
lo que ellos llamaron el TERROCARRIL o Ferrocarril sin Rieles”, explica
Kühl.
“A la máquina
de vapor se le adaptaron ruedas tractoras, detrás del convoy siempre
venían mulas que cargaban agua y leña para la caldera de
la máquina.
De previo, centenares
de trabajadores e indios, en un trabajo ciclópeo, habían
abierto a punta de pico y pala un largo camino de trocha para que pasara
el convoy, colocando en las partes muy sonsocuitosas troncos de madera
a manera de durmientes y también gran cantidad de balastre.
La ruta del Terrocarril
era la de carretas de la época colonial, la que viene de La Paz
Centro, pasa cerca de Telica, Mina La India, San Isidro y desemboca en
Sébaco, Chagüitillo y Matagalpa.
Don Alberto Fogel,
hijo, refiere que él tenía siete años cuando vio entrar
el Terrocarril a Matagalpa. Eso fue un cinco de abril de 1903, que se convirtió
en un día de fiesta memorable. Todos los matagalpinos, las autoridades
del departamento y los miembros de la Compañía de Transporte
esperaban con música y cohetes la llegada del convoy en la salida
sur de la ciudad.
Se apareció
el “Terrocarril” echando bocanadas de humo y llevando en la parte delantera
de la locomotora cuatro banderas: la de Nicaragua, Alemania, Inglaterra
y Estados Unidos. “Iba manejada por mi abuelo Otto Kühl, y entre las
curiosidades que llevaba a bordo estaban unas marquetas de hielo envueltas
en aserrín. En Matagalpa no se conocía el hielo y la gente
se extrañaba de ver “comer vidrio” a los invitados y miembros de
la Compañía de Transporte.
EL SONSOCUITE SE
TRAGÓ AL “TERROCARRIL”
El “Terrocarril”
realizó dos viajes exitosos a La Paz Centro. Al regreso traía
muebles europeos, artículos para el hogar, instrumentos quirúrgicos,
medicinas, un piano, cuadros al óleo, materiales para pintar, vestidos
de moda, catálogos, libros y revistas.
Al regresar de su
tercer viaje vino la debacle cuando el pesado armatoste quedó entrampado
en los suampos elásticos del Valle de Sébaco, cerca de Chagüitillo.
Hasta 1907 se hicieron arduos esfuerzos para recuperarlo, pero al fin se
abandonó el intento y ahí murió la empresa.
Quedan restos de
algunos vagones en el lugar llamado La Power, en Matagalpa, y una rueda
de la máquina en Selva Negra, me han contado que otros restos están
en la Mina La India, en el Barrial.
De la misma época
del “Terrocarril” fue un proyecto de hacer un ferrocarril que conectara
Matagalpa con La Cruz de Río Grande, y de ahí salir en barco
hasta el Atlántico. Yo guardo una carta que habla de ese proyecto
que cien años después no hemos podido realizar.
Después, por
mucho tiempo, el café siguió saliendo de Matagalpa en recuas,
hasta que en 1938 entró a Matagalpa el primer camión. Ya
para 1945 estaba semiconstruida la carretera a Managua, que se terminó
en 1948.
¿No cree estimado
amigo –me dice Eddy Kühl–, que la odisea del “Terrocarril” fue igual,
o quizás superior a la emprendida por el alemán Fitz Carraldo,
y que en parte, gracias a ella, nos estamos tomando ese delicioso café
gourmet calientito, cultivado en Selva Negra?
BREVES DEL CAFÉ
El café se
descubrió en África, los holandeses lo llevaron a Java, de
aquí pasó a París y, por supuesto, a Los Martinica.
Los jesuitas lo introdujeron
en Guatemala y Costa Rica. Para 1838 el cónsul inglés habla
de la existencia del café en Nicaragua.
Rubén Darío
cita que don Manuel Matus, de Diriamba. y don Leandro Zelaya, de Las Sierras
de Managua, cultivaban el grano en 1845.
24 DE MARZO
DE 2001 La Prensa Literaria
Eddy Kühl
George Friedrich
Schmidt nació en Stuttgart (1875), Alemania. Era hijo del presidente
de la Caja Suprema de finanzas de Württemberg. Después de terminar
sus estudios de bachillerato cruzó el Atlántico como grumete
en un barco de carga. Llegó a Estados Unidos y lo cruzó de
Este a Oeste. Poco después de terminar el siglo apareció
en Nicaragua procedente de California como fotógrafo ambulante.
Montando una mula
blanca viajó prácticamente por todo el territorio de Nicaragua,
tomando fotografías. En 1903 publicó sus mejores fotografías
por medio de la librería de Karl Heuberger en Managua en un cuaderno-álbum
que denominó: “Souvenir de Nicaragua, retratado y publicado por
George Schmidt, Matagalpa, Nic.”
Finalmente se estableció
en Matagalpa en 1905 donde trabajó como gerente del famoso “Terrocarril”
de Matagalpa (Ferrocarril sin Rieles). Cuando éste fracasó
en 1907, fue contador de la Casa Potter & Hnos., hasta que en 1915
adquirió con la herencia de su padre la firma de Heinrich (Enrique)
Dorn en Matagalpa, la que manejó hasta 1925.
Hasta 1935 fue gerente
de la casa de cambios primera agencia del Banco Nacional en Matagalpa.
Este banco era controlado por el gobierno americano y su sede estaba en
Nueva York. Ese año don Vicente Vita, economista, nacido en San
Ramón, ayudó a nacionalizarlo y lo reorganizó como
el primer banco netamente nacional.
Don Jorge tenía
al menos dos propiedades, una casa al frente de lo que es ahora el Banco
de la Producción, contiguo a la sastrería del Maestro Vicente
Morales, o sea, enfrente del almacén de Francisco Carazo que era
donde estaba la llamada Ventanilla y la otra propiedad era un patio grande
con casa por donde vivió don Julio y Aydalina Castellón,
la primera propiedad la heredó a Carlos Hayn Goldberg, la segunda
a Ernesto Hayn.
Después de
Schmidt siguió don Carlos Hayn como gerente del Banco Nacional,
posteriormente aprendió el oficio su yerno Carlos Baca y más
tarde le tocó el turno a la nieta de don Carlos Hayn quien prosiguió
su tradición como banquera, ella es Lily Baca-Hayn de Serrano, quien
es la actual gerente de la sucursal de uno de los bancos privados que se
han establecido en Matagalpa.
Doña Amelia
Oliú cuenta que ella era la encargada del correo en tiempo de los
conservadores, allá por 1925 en Matagalpa. Dice que el alemán
llegaba al correo a dejar los paquetes de dinero envueltos en papel kraft
que enviaban hacia la oficina central del Banco Nacional en Managua, estos
los enviaban en mula o en carreta, y que a nadie se les ocurría
robárselos.
Dijo que una vez
entró don Francisco Reyes Aráuz buscando a don Jorge y le
dice: “Don Jorge, le anduve buscando para decirle que el dinero que me
prestó ya lo he contado de nuevo, y me salieron cien pesos de más”.
Con su acento alemán, le contestó: “No don Francisco, el
Banco nunca se equivoca”, y don Francisco no tuvo más remedio que
quedarse con la diferencia porque don Jorge no la aceptó.
Recuerda doña
Lula Hayn de Baca que don Jorge era alto, delgado, elegantemente vestido,
y con el pelo cortado corto como militar y andaba usualmente fumando un
gran puro.
Tenía una
cara serena y sana y le llevaba cajas de chocolates y confites a los niños
y niñas de la casa. Siempre pregonaba que se debía ahorrar
y no comprar a plazos, solamente cuando tuvieran al contado.
Cuentan testigos
de la época que Schmidt cuando cerraba el banco a las 5:00 pm, salía
a visitar a amigos antes de irse a su casa y siempre caminaba con una lámpara
de gas colgando de una mano. La gente en Matagalpa le hacía chistes
y algunos creían que era excéntrico pues andaba como Diógenes,
en la historia de la antigua Grecia, con una lámpara cuando aún
era de día. Pero era muy organizado y precavido, y sabía
que la planta hidroeléctrica Pelton la apagaban a las 8:30 pm y
si él estaba de visita, no quería quedarse a oscuras cuando
regresaba a su casa.
Viajaba de vacaciones
a Alemania cada dos años. En una de esas vacaciones, falleció
en Tübingen, Alemania, a la edad de 60 años en 1935. Se dice
que escribió una carta y la metió en un sobre sellado, pidiendo
que la abrieran cuando muriera.
Luego de su fallecimiento,
se abrió la carta y decía que había dejado dos cajas
de oro escondidas, una en su casa de alquiler y otra en su casa de habitación
en Matagalpa. Dicen que ellos buscaron y encontraron la de la casa de alquiler,
pero nunca encontraron la caja de su habitación, a pesar de que
levantaron todos los ladrillos.
Sin embargo, se cree
que solamente existió la primer caja y que la otra era solamente
una treta para que preservaran la segunda propiedad y que no la vendieran.
El libro será presentado al público a finales de marzo en
el Auditorio de la Biblioteca Roberto Incer Barquero del Banco Central,
así como el libro de 500 páginas “Matagalpa y sus Gentes”
en el que se publica de forma más extensa la vida de Schmidt en
Nicaragua.
selvanegra@tmx.com.ni.
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Versión
y recopilación para internet: Eduardo Manfut P.
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