28 de diciembre
de 1854: Contrato Byron Cole -Castellón
Una de las consecuencias
más nefastas de esta guerra civil entre legitimistas y democráticos
fué el Contrato Byron Cole -Castellón. Los democráticos
(Jerez, Castellon, Guerrero , Zepeda entre muchos otros..) para triunfar
sobre los legitimistas,. militar y económicamente mucho más
fuertes, contrataron a los filibusteros. estos desembarcaron en el país
con el objetivo de "unirse a una de las partes beligerantes en Nicaragua,
vencer, de este modo, la otra, y sobreponiéndose después
a las dos, formar un nuevo gobierno". El Contrato les otorgaba múltiples
concesiones y privilegios. Los ingenuos democráticos no percibieron
aún los intereses que tenían los sureños esclavistas!.
ADMINISTRACION
DE PATRICIO RIVAS y WILLIAM WALKER
Diez y siete meses
de guerra civil encarnizada y destructora, habian agotado los recursos
de Nicaragua y enervado el patriotismo de sus hijos.
Walker, si hubiera
tenido alguna mediana habilidad, no sólo se habria adueñado
de Nicaragua sin oposición, sino que habria sido el ídolo
del pueblo que cansado de tan acerba lucha sólo deseaba la paz.
Por otra parte, leoneses
y granadinos, que se odiaban á muerte y que desconfiaban mútuamente
unos de otros, habrían preferido poner sus destinos eternamente
en manos de un elemento ageno á sus rivalidades, se éste
se hubiera mostrado imparcial y conciliador.
Pero Walker era un
aventurero bastante vulgar, cuya vista alcanzaba más allá
de sus conveniencias personales , y optó por el gustado sistema
de apoyar al que consideró más débil contra el más
fuerte, para explotar la división.
El partido democrático
que había hecho la guerra á Chamorro por su absolutismo,
porque llamó a Nicaragua República, y Presidente al Director,
se encontraba con la situacion en la mano y no obstante besaba humildemente
el látigo de Walker, se servía de los mismos nombres para
designar al gobernante y al país, y hacia exactamente lo que tanto
combatiera.
La dilatada lucha
había excitado de tal manera las pasiones, que los partidos olvidaban
con frecuencia sus principios, por tal de encontrar la manera como desahogar
sus resentimientos y venganzas.
El Partido democrático,
aunque aparentemente dueño de la situación, mandaba tanto
en Nicaragua, como el legitimista. Basta saber, que ni el Presidente, ni
los Ministros, tenían autorización para hacer nada que no
fuera del gusto de Walker, que cada día se mostraba más
imperioso y exigente.
Los altivos leoneses,
después de tanto años de lucha, vinierón a convertirse
en siervos del jefe filibustero, de cuyo férreo dominio no podian,
ni querian sustraerse. No podian, poruqe Walker se apoyaba en un crecido
ejército de aventureros, cuyo número se aumentaba por cada
vapor que llegaba á San Juan del Sur: no querian, porque pensaban
que si se alejaban de Walker, este se rodearía de legitimistas á
quienes temían más que á todos los males juntos.
Todo, pues parecía
doblegarse ante el audaz aventurero.
El clero, que pudo
haberse alarmado con la introducción del elemento protestante, fué
por el contrario humilde cortesano, á quien se vio con frecuencia
en las antesalas del autócrata, esperando como un favor el permiso
de entrar á felicitarlo por el bien que hacía a Nicaragua.
Las alhajas de los
templos le fueron dadas de orden del Jefe de la iglesia nicaragüense,
para invertirlas en la compra de rifles y elementos de guerra: mientras
los personajes más notables del clero, como el Cura de Granada,
don Agustin Vigil, que pasaba por el primer orador sagrado, agotaban el
vocabulario de la adulación, llamándolo desde la tribuna
del Espíritu Santo "Angel titular" y "Estrella del Norte".
Walker, para la
buena marcha de su negocio, necesitaba de un órgano de publicidad,
que diera á conocer sus conquistas en los Estados Unidos en donde
tenía cifradas sus mejores esperanzas. Fundó, pues el 20
de Octubre de 1855, un periódico bilingüe, que llamó
El Nicaragüense, escrito, una cuarta parte en un español bárbaro
y las restantes en buen inglés.
El Nicaraguense retrataba
fielmente el carácter de los filibusteros americanos. Era muy frecuente
encontrar en un mismo número palabras de aliento para el pueblo
de Nicaragua en la parte escrita en español, mientras en la inglesa,
destinada á los Estados Unidos, se hablaba de conquista y esclavitud
y se designaba á los nativos con los epitetos más odiosos
y despreciativos.
Degradados, afeminados,
greusers, eran los calificativos amorosos con que el periódico filibustero
regalaba á los nicaraguenses. Fué su redactor principal el
filibustero Juan Tabor, aunque escribieron en él varios otros.
Cuando Centro América
se coligó contra Walker, El Nicaraguense fué más insolente,
y la Gaceta Oficial del Salvador de 9 de Octubre de 1856, aseguraba que
la parte española se hallaba entonces á cargo del general
Manuel Carrascosa, uno de los Ministros de Walker.
El Nicaraguense solia
traer sueltos por este estilo:
"Fallecimiento -
Old aguardiente (Aguardiente añejo). Un caballo bien conocido,
perteneciente al Coronel Frank Anderson, murió súbitamente
el domingo en la noche: el Coronel le enterró con pompa. Pocos caballos
había en Nicaragua superiores a él, ya por su velocidad,
ya po su fortaleza, hermosura y docilidad. Paz á sus orines" De
aquí puede deducirse la clase de lectores á que estaría
dedicada la publicación de los filibusteros.-"
En el mismo mes de
octubre, el vapor Cortés de la Compañía de Tránsito
trajo de San Francisco, un refuerzo de seiscientos americanos reclutas
y una compañía más, organizada, armada y á
las órdenes del Capitán Davidson.
La condición
de los nicaragüenses por este tiempo, no podía ser más
triste y angustiosa. Los prisioneros de una horda de bandidos no habrían
sido peor tratados que nosotros.
el Chronicle de New
York publicó correspondencias de su reporter en Nicaragua, que relataban
la vida y costumbres de los filibusteros. estos, según el reporter,
robaban, asesinaban incendiaban y violaban con la mayor imprudencia, y
cuando el corresponsal del chronicle les hacía reflexiones sobre
lo perjudicial que podía serles en lo porvenir una conducta semejante,
contestaban, escogiéndose de hombros, " que los greasers no tenían
sentimiento, ni eran de la misma especie que los blancos."
El Presidente Rivas
y su Ministerio, mientras tanto, sólo se ocupaban en hacer lo que
Walker quería y en buscar la manera de mantenerlo grato. Triste
parodia de gobierno; la administración de Rivas traía á
la memoria la Corte de Bleufield en tiempo de los ingleses, Don Patricio
Rivas y su Gabinete hacían en Nicaragua por entonces el mismo papel
politico, que los jefes moscos bajo el protectorado de Mr. Patrick Walker.
La prensa de Europa
y América discutía con calor las aventuras de los filibusteros.
En los Estados Unidos casi todos los diarios aplaudian al audaz compatriota
á quien convertían en héroe de novela, comparándolo
cínicamente con Hernán Cortés, con Francisco Pizarro
y con los más célebres conquistadores; pero en Europa, el
Brasil y toda américa Latina se le atacaba con dureza y se increpaba
al Gobierno norte américanos.
El Journal Of Commerce
de Washington y otros periódicos respetables, que se suponía
inspirados por el gabinete americano, decían francamente, que éste
no podía impedir los movimientos de Walker en Nicaragua, ni convertirse
en policia de paises lejanos.
La Patrie de Paris,
el Diario de la Marina de la Habana y muchos otros periódicos, enemigos
de los filibusteros, al propio tiempo que condenaban á éstos,
decían con mucha sensatez, que si Nicaragua era impotente para echar
del país aquella turba de foragidos, había que reconocer
que tenía bien merecida su suerte, poruqe la primera condición
de un gobierno era estar en aptitud de poder resistir un asesinato.
Parecía inconcebible
en el exterior, que 55 hombres pudieron sojuzgar á toda una Nación,
derrotando primero el ejército numeroso de Guardiola y obligando
á capitular, sin un disparo, al más numeroso todavía
que comandaba Corral. De ahí la gran fama de Walker; de ahí
el entusiasmo que despertaron sus triunfos en el pueblo americano, envanecido
de tener por compatriota al héroe de tan potentosos hechos; y de
ahí tambien ese desprecio universal por un pueblo tan desdichado
y miserable que carecía de virilidad hasta para echar fuera á
una pequeña gavilla, que lo saqueaba y asesinaba tranquilamente.
Los aventureros de
Walker en Nicaragua tenían que ser toleradas por el Gobierno de
Estados Unidos, á pesar de las repetidas protestas diplomáticas
y de la reprobación enérgica de la prensa de casi todo el
mundo civilizado, por las cuestiones con Inglaterra.
Después de
suscrito el Tratado Clayton Bulwer, el Gobierno inglés continuó
ocupando Belize, Roatán, La Reserva Mosquita y San Juan del Norte.
El Gobierno americano
exigió enérgicamente la desocupación de aquellos territorios
porque, conforme el artículo 1ª del tratado, ambas partes habían
convenido "que en ningún tiempo ocuparían, colonizarían,
fortificarían, ni ejercerían dominio alguno sobre Nicaragua,
Costa Rica, la Costa Mosquita ó parte alguna de Centroamérica."
Inglaterra alegaba
que esa estipulación se refería al tiempo venidero; pero
nunca jamás á derechos adquiridos con anterioridad al tratado.
La Prensa de ambos
países tomó cartas en el asunto y lo discutió con
tal acritud, que hirió el amor propio nacional de ingleses y norteaméricanos.
A esta cuestión
diplomática entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos, vino
agregarse la de las relaciones entre los mismos, por ciertos engauches
efectuados en territorio americano para la guerra de crimea; y llegaron
á tal punto las cosas, que la Cancillería de Washington cortó
de golpe la discusión, enviando pasaportes á Mr. Crampton,
Ministro Residente de Inglaterra, para que desocupara el país.
En tal ocasión,
el aparecimiento de Walker, como conquistador americano en Nicaragua, venía
indirectamente á apoyar los intereses de los Estados Unidos en la
cuestion pendiente.
Era Presidente de
la unión Américana, en aquellos días, el general Franklin
Pierce. Había sido elevado por los votos del Partido Democrático
en la elección de 1852 y tomó posesión de la Presdencia
el 4 de marzo de 1853.
Mr. Pierce deseaba
ser reelecto en los comicios de 1856, y de ahí también, que
para no perder popularidad, fuera su política tan poco franca y
definida en los asuntos de Walker.
El Secretario privado
de Mr. Pierce sostenía correspondencia con el filibustero Mr. Fabens,
y esas cartas, que fuerón publicadas en junio de 1856, lo complicaban
en la expedición del vapor Tennese, que fué detenido por
las autoridades federales del Estado de New York.
Walker, que seguía
con ojo avisor todos los movimientos de la política américana,
tuvo especial cuidado en hacer que el Gobierno de Nicaragua enviara un
Representante á los Estados Unidos. La elección naturalemente
tuvo que recaer en uno de los suyos, y Parker H. French, entonces Ministro
de Hacienda, fué nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.
El nuevo Ministro
era digno de la causa que iba á representar en Washington. French
era Tahur de profesión y tenía en Norte América cuentas
pendientes con el Gobierno, que lo había perseguido como concusionario.
Sin embargo, no vaciló en presentar ante Mr. Pierce en 19 de diciembre
de 1855.
Mr. Wheeler, Ministro
américano en Nicaragua, tan pronto como se inauguró el gobierno
de Patricio Rivas se apresuró á reconocerlo oficialmente.
Don José de
Marcoleta, antiguo Ministro de Nicaragua en Washington, don Antonio J.
de irrisarri, de Guatemala, y don Luis Molina de Costa Rica, se dirigieron
inmediatamente a la Cancillería americana, protestándole
por el reconocimiento indebido que su representante en Nicaragua había
hecho de un Gobierno impuesto por una gavilla de filibusteros. el Cuerpo
Diplomático residente en Washington, representado por los Ministros
de España, Francia, Brasil, Chile, Perú y demás naciones
sud-américanas, apoyó las protestas anteriores, y Mr. Pierce
no tuvo más remedio, para ser consecuente con las reclamaciones
que entonces hacía Inglaterra por los enganches americanos para
la guerra de Crimea, que desaprobar la conducta de su Ministro en centro
América.
En situación
tan desfavorable para el filibusterismo americano, se presentó en
el Capitolio Parker H. French, pidiendo oficialmente que se le reconociera
en su elevado carácter diplomático. Mr. Marcy, Secretario
de relaciones Exteriores, le contestó, en 21 de diciembre de 1855,
manifestádole que no podía recibirlo, porque los que habían
establecido el actual orden de cosas en Nicaragua no eran ciudadanos de
ésta, ni el voto popular. libremente manifestado, habia sancionado
su presencia en el poder. Más claro, Mr. Marey significó
á French que reputaba á don Patricio Rivas como prisionero
de Walker, y á su Gobierno como "Gobierno de parapeto." (The
Herald, Nueva York diciembre 23 de 1855).
Pocos días
después French fué arrestado en Nueva York, acusado de estar
haciendo enganches de filibusteros para Nicaragua, y aunque se le puso
en libertad al poco tiempo, parece que Mr. Pierce le hizo decir privadamente,
que sino tomaba soleta lo más pronto posible, podría suceder
muy bien que se volviese á tratar de sus antiguas cuentas. Gaceta
Oficial de Managua 1857.
Antes de estos acontecimientos,
el 8 de diciembre de 1855, el presidente Pierce, creyéndose obligado
á satisfacer al Cuerpo Diplomático, publicó una proclama
prohibiendo á los ciudadanos de la Unión Américana,
que tomaran parte en las expediciones de Walker, que llamó "vergonzosas
y criminales".
Cuando walker tuvo
noticia de los anteriores sucesos, obligó a don Patricio rivas á
expedir el decreto de 22 de Enero de 1856, cerrando las relaciones oficiales
con el Ministro Mr. Wheeler y revocando los poderes conferidos á
Parker H. French, que regresó algún tiempo después
sin haber obtenido cosa alguna del Gobierno de los Estados Unidos.
Frech, no obstante
sus defectos, era un agente activo; y viendo que Marcoleta estaba reconocido
como Ministro de Nicaragua, tentó sobornarlo, ofreciéndole
veinticinco mil pesos, para que se pusiera al servicio de Walker. Marcoleta,
á pesar de encontrarse muy pobre, rechazó con indignación
la propuesta.
en esos mismos días
fué denunciado el enganche de doscientos americanos que salían
para Nicaragua en el vapor Northen Light y las autoridades de Nueva York
los capturaron; pero el vapor escapó con las armas y municiones.
Walker cada vez más
impolítico, obligó al Gobierno de Nicaragua á gravar
con seis reales de alcabala cada libra de tabaco que se introdujese, y
de esta manera contuvo la importación que se hacía de Centroamérica
y favoreció la de Virginia.
El 18 de febrero
de 1856, Walker obligó tambien al Gobierno á dar otro decreto,
que revocaba todas las concesiones y privilegios concedidas á la
Compañía americana de Canal y accesoria de Tránsito
por Nicaragua, fundándose en que no había cumplido sus compromisos
y disponiendo el embargo de sus propiedades, caso de no satisfacer lo que
adeudaba.
Desde que walker
proyectó en san Francisco la ocupació de nuestro suelo, tuvo
el propósito firme de explotar en su provecho la falsa posición
en que con respecto a Nicaragua se habia colocado la Compañía.
De ahí su empeño para que Castellón lo facltara para
el arreglo de las dificultades pendientes; y de ahí tambien el fijar
su centro de operaciones en Rivas.
La Compañia,
entre varias de sus obligaciones, contaba la de pagar anualmente diez mil
pesos al Gobierno de Nicaragua, t además, un diez por ciento sobre
los productos netos del tránsito; pero con excepción de la
primera anualidad. la Compañía siempre encontró pretexto
para desembolsar un centavo más.
El general Chamorro
con su energía caracteristica empezaba á exigir el pago,
cuando fué distraido de su propósito por la Revolución
democrática.
La Compañía,
que de un sólo el diez por ciento sobre pasajeros adeudaba noventa
mil y pico de pesos, se apresuró á reconocer al gobierno
provisional de León y entrar en inteligencias con éste.
Más tarde
se presentó Walker, autorizado por el Gobierno Provisional, pidiendo
el arreglo de cuentas, y la Compañía eludió hábilmente
el asunto, contentando al comisionado con facilitarle hombres, poner á
su disposición los vapores del Lago para las operaciones militares
que llevó á cabo, y darle veinte mil pesos que le exigió
á buena cuenta.
La Compañía
de Tránsito tenía por jefes á los señores Carlos
Morgan y J.L. White, en Nueva York, y á Mr. Garrison por agente
en San Francisco. estos, mirando solamente sus propios intereses, creyeron
en un principio que podrían explotar á Walker en su provecho;
pero no tardaron en salir de su error. Los negociantes Morgan y Garrison
fuerón los primeros en comprender á su compatriota, y como
de otro lado veían elevarse en el seno de la propia Compañía
la influencia de Mr. Vanderbilt, el opulento y emprendedor armador de Nueva
York, Mr. Morgam resignó la presidencia de la Compañía
y se retiró de ella con sus asociados. Mr. Vanderbilt fué
elegido en su lugar.
Garrison continuó
prestando servicios á Walker en San Francisco, y Morgan, en Nueva
York, é inspirado por éstos, reclamó de mr. Vanderbilt
cuatrocientos doce mil pesos que la Compañía adeudaba á
Nicaragua por las anualidades de diez mil pesos y las utilidades del diez
por ciento. Mr. Vanderbilt alegaba fraudulentamente que la Compañía
no había tenido utilidades hasta esa fecha; pero Walker cerró
brúscamente la discusión con el decreto de 18 de Febrero
de 1856, en que mandaba confiscar los buques y propiedades de la Compañía
por la cantidad reclamada. Hecho que avaluó de los bienes embargados,
fueron justipreciados en ciento sesenta y un mil pesos solamente; de suerte
que la Compañía despojada quedó á deber todavía
un fuerte alcance.
Sus derechos y privilegios
los concedió Walker á un tal Mr. Edmundo Randolph, amigo
personal suyo y agente de Garrison, que había llegado á tiempo
para esta negociación, y que volvió á partir inmediatamente
para Nueva York, para traficar con ella. En esta ciudad hizo, probablemente
por fórmula, una oferta de retrocesión á Mr. Vanderbilt,
que la rehusó en el acto. Randolph entonces trató con Morgan
y Garrison, que volvieron á aparecer en la escena, despues de haber
hecho lo que se llama una falsa salida. Estos señores volvieron
á comprar á Walker, mediante la suma de cuatrocientos mil
pesos, los vapores y el material de su antigua Compañía,
que sólo habían sido estimadas en un principio en ciento
sesenta y un mil pesos.
La noticia del despojo
de La Compañía causó verdadera sensación en
Estados Unidos. Muchos de los iembros que la componían eran hombres
ricos y de grandes influencias. Estas se hicieron sentir inmediatamente
en la prensa américana, cuya mayor parte dejó de comparar
á Walker con Cortés y con los grandes conquistadores, para
llamarlo simple y llanamente Capitán de Bandidos.
El despojo de las
propiedades de la Compañía fué para Mr. Vanderbilt
y sus socios como si les hubiera caído un rayo. Invocaron el auxilio
de su Gobierno; pero Mr. Pierce les contestó, que tenían
muy bien merecido cuanto les pasaba, poruqe habían sido aliados
y cómplices de Walker, y que el Gobierno americano no podía
intervenir en las disputas de camaradas que se peleaban. Mr. Marcy los
remitió irónicamente á las autoridades de Granada.
Resolvieron entonces
emplear todos los medios posibles para derrocar al hombre y el poder que
ellos mismos habían importado y sostenido en Nicaragua.
Con este objeto Mr.
Vanderbilt, conocido después como el Creso norte-américano,
desplegó sus influencias por todas partes y entabló correspondencia
con los Presidentes de la América Central, para impulsarlos á
combinar sus esfuerzos contra el enemigo común. Negociaciones semejantes
inició tambien con la América del Sur prometiendo hombres,
municiones y subsidios, y contribuyendo poderosamente á realizar
la liga hispano-américana, cuyas bases se firmaron en Chile, el
Perú y El Ecuador, en la Ciudad de Santiago.
Vanderbilt y sus
socios fueron, desde esa fecha, los aliados más activos y fieles
de los Gobiernos centroamericanos.
El general Cabañas,
debilitado por los auxilios que prestó á la revolución
democrática, no pudo resistir la Revolución de Lopez y sucumbió
en los campos de masaguara el 6 de octubre de 1855.
El primer paso de
Jerez, así se creyó que la situación estaba en manos
de los democráticos, fué invitar á Cabañas
para que pasara á Nicaragua á recibir auxilios con que recuperar
el poder pérdido en Honduras.
Pendiente este compromiso,
que era tan sagrado para el jefe democrático, éste consintió
en todo cuanto Walker exigía, por tal de que cuando llegara Cabañas
no tuviera pretexto alguno como negarle lo que había prometido.
El 3 de diciembre
de 1855 se presento Cabañas en Granada y fué recibido con
todos los honores de un antiguo Presidente; pero cuando jerez quiso hacer
efectivo su ofrecimiento, Walker se opuso aplazando el auxilio para más
tarde.
Cabañas manifestó
entonces, que en el inmediato mes de enero terminaba su Período
de Presidente en Honduras; que pasaba esa fecha no tenia derecho para llevar
la guerra, y que por lo mismo desistía de toda idea á este
respecto.
Jerez, bastante contrariado,
fué á encaminar á Cabañas a León. En
esta ciudad hubo una reunión de los principales hombres del partido
democrático, y en ella tomó la palabra el jefe hondureño
para manifestar con la energia y franqueza que acostumbraba con sus amigos,
que en vez de salvar á Nicaragua del atraso político y de
la opresión, como tanto lo habían cacareado, no habian hecho
otra cosa que entregarlo miserablemente á un Capitán de ladrones,
que lo trataba como un país conquistado, y que tan luego como se
sintiera fuerte, trataría tambien de conquistar el resto de Centro
América.
Jerez fué
el primero en confesar su error y en ofrecer solemnemente, que desde esa
hora se consagraría á la salvación y libertad de Nicaragua.
El jefe democrático
era un verdaero patriota, tenía gran talento, mucha ilustración,
un valor á toda prueba y una honradez tan exagerada que con frecuencia
lo hacía victima del engaño de todo el mundo á quien
juzgaba por sí mismo.
Desde su viaje á
Europa como Secretario del Ministro Castellón , convencido del ridículo
papel que hacian ante el mundo ' las cinco soberanas miniaturas de Centro
América, se convirtió en el más decidido partidario
de la reconstitución nacional.
Más tarde
tuvo amistad con Barrundia, y por medio de éste con Cabañas,
jefes ambos del partido nacionalista. Por este último, que fué
"el caudillo más honorado de su tiempo", sintió Jerez entrañable
cariño y veneración sin limites.
El carácter
de Jerez no permitía términos medios en tratándose
de llegar á una conclusión. "Ser ó no ser" era el
problema planteado, y para ser centroamericano, creía lícito
cualquier medio, ni más ni ménos que Chamorro para logara
el sostenimiento del orden.
El candor y buena
fe de aquel hombre, á quien la posterioridad ha calificado
de "alma de niño y corazón de león", fueron explotados
hábilmente por el jefe filibustero, que le hablaba siempre en un
lenguaje en consonancia con sus ideas y le hacía hermosas promesas
que se aplazaban por las circunstancias.
Pero cuando Cabañas
"el hombre idea" como le llamaba el mismo Jerez, le hizo ver el abismo
en que habia sumido á Nicaragua y las desgracias sin cuenta que
sobrevendrían á Centro América, abrió los ojos
y se propuso remediar el mal que había causado.
Jerez al regresar
a Granada se separó del Ministerio. Otro tanto hizo Selva, su compañero
de causa y el Gobierno del señor Rivas quedó reducido á
éste, al Ministro Ferrer, que era un abogado de provincia, y á
Walker, señor y jefe absoluto de Nicaragua.
Por renuncia de Jerez
y Selva, Rivas nombró, en reposición de ambos, respectivamente,
á los señores Doctor don Norberto Ramírez y Licenciado
don Sebástian Salinas; pero no aceptaron. Nombró entonces
al señor Licenciado don Francisco Baca, para desempeño de
ambas carteras, y tambien se excusó de servirlas. Los amigos de
Jerez obedecían una consigna, y el Presidente Rivas tuvo que resumir
todas las carteras en Ferrer, que asumió el carácter de Ministro
General.
El desagrado de los
democráticos no podia manifestarse más claramente, y Walker,
que fué de los primeros en comprenderlo, procuró atraer á
su lado al partido legitimistas; pero éste que no olvidaba el sangriento
patíbulo de Corral, rechazó los halagos y prefirió
vivir en los bosques.
Desde el asesinato
del jefe legitimista, Granada y las principales poblaciones que le pertenecían
en política, permanecían desiertas. Las familias, refugiadas
en la espesura de las selvas más apartadas, huyendo de las hordas
de los filibusteros, era una elocuente protesta del terror que inspiraban
walker y sus hombres. Así lo comprendieron Rivas á señalar
multas y severas penas para los que no regresaran á sus hogares
en determinada fecha, aunque todo fué en vano: el horror al salvajismo
de los yankees, era mayor que el apego á las propiedades que les
arrebataban en castigo de su desobediencia.
Aquel horror estaba
justificado. A los abusos que conocemos, á los robos y violaciones
cínicas de todos los días, los filibusteros habían
agregado un desprecio tal por los naturales, que uno de ellos en el cuartel
general de Granada llegó hasta disparar su fusil sobre el primer
transeunte que pasó, para averiguar si estaba bien calculada la
polvora. inútil es decir que adquirió la seguridad de su
punteria.
En el mes de enero
de 1856, llegó a Granada un Comisionado de don Domingo Goicuria,
jefe de los revolucionarios cubanos en Nueva York. Walker convino con éste,
en que los recursos materiales y pecuniarios de Nicaragua se unirían
con los de la junta revolucionaria de Cuba para hacer causa común
y asegurar la properidad de la América Central y liberar á
Cuba de la tiranía española. el jefe filibustero empeñaba,
además, su palabra de honor, de cumplir su ofrecimiento, tan luego
como hubiese consolidado su gobierno.
En el mes de febrero
inmediato comenzó á tocar con toda regularidad en los puertos
de Centro América, un vapor de la mala del Pacifico. esto regularizó
tambien las comunicaciones de los estados, antes tardías é
inseguras.
DEFECCION DEL PRESIDENTE
PATRICIO RIVAS
Dejamos á
Estrada refugiado en Honduras.
El General Guardiola,
el leal soldado de la causa legitimista, acababa de ser electo Presidente
del estado; y tanto Estrada como sus amigos, que habían trabajado
mucho por su elección, estaban muy llenos de ilusiones, pensando
que les proporcionaría toda clase de auxilios.
Guardiola, ciertamente,
recibía á sus antiguos amigos con cara muy placentera, y
es posible que hasta les ofreciera alguna limosna, pensando en hacerles
mucho favor; pero su actitud no fué la misma, cuando los legitimistas
le reclamaron auxilios, de conformidad con el tratado de 1851. La neutralidad,
la mala situación del país y otros pretextos semejantes,
sirvieron de excusa para negarse en absoluto á toda intervención
en Nicaragua.
No era ya Guardiola
el proscrito que imploraba auxilios en Granada contra Cabañas. Si
en aquel tiempo pudo ofrecer á los legitimistas su vida y fortuna,
hoy creía concederles mucho con recibir sus visitas.
Lo que acontecía
al Presidente Estrada y á sus infortunados amigos es la historia
de siempre. La humanidad por lo general piensa, siente y quiere de muy
distinta manera, según la posición que ocupa.
Para que no quedara
duda de su actitud, Guardiola prohibió á sus subordinados
que escribiesen contra los filibusteros alegando que no debian entrometerse
en la política interior de los países vecinos; y poco después
acreditó una Legación ante el Gobierno del señor Rivas,
La Legación se regresó a Chinandega por temor del cólera;
pero al verificarlo se dirigió á Walker, protestándole
que el Gobierno no se mezclaría nunca en los asuntos de Nicaragua.
En enero de 1856
se inauguró en el salvador la administración del señor
Rafael Campo. El nuevo Presidente salvadoreño mostraba simpatias
por los legitimistas; pero teniendo en contra un gran partido de oposición,
acaudillado por Gerardo Barrios y Cabañas, que eran amigos y aliados
de los democráticos, el señor Campo habría guardado
una actitud pasiva, si Cabañas á su regreso de Nicaragua
no hubiera llegado levantando el sentimiento público, contra Walker
y los filibusteros y anunciando el peligro que amenazaba a toda Centro
América.
El Presidente Campo
que no necesitaba de estímulo, fundándose en la inquietud
general que habia en todo el Salvador por la presencia de los américanos
en Nicaragua, envió á Granada un prota-pliegos, á
pedir al Gobierno del señor Rivas explicaciones sobre el aumento
siempre creciente de la fuerza américana.
Walker y los filibusteros
se mofaron del uniforme y modales del comisionado; y para más impresionarlo,
se dispuso una solmne revista de la fuerza de la plaza.
En ese día
(8 de marzo de 1856), había llegado tambien a Granada don Domingo
Goicuria con un auxilio de doscientos cincuenta hombres, cuyo transporte
fué cuenta de la nueva Compañía de Tránsito.
Las fuerzas américanas en ese tiempo, según confesiones de
Walker, pasaban de dos mil doscientos hombres, que á cien pesos
mensuales, hacían un total de dos millones seiscientos cuarenta
mil pesos anuales.
El Gobierno de Guatemala
continuaba en inteligencia con Estrada.
Según comunicaciones
que se publicaron en esos días, el Ministro Ayecinena había
desaprobado muchas veces la terquedad de sus amigos legítimistas
y también se había en vano de predicarles tolerancia. Sin
embargo, ante la presencia de los filibusteros, los hombres de Guatemala
alentaban nuevamente al ex-Presidente legitimista y lo excitaban á
constituir su gobierno, aun cuando fuera en un pueblo de Honduras, para
reconocerlo y auxiliarlo.
Desgraciadamente
Estrada ni podía regresar á NIcaragua, ni Guardiola le permitía
que comprometiera la neutralidad hondureña.
El Gobierno de Costa
Rica, más franco y enérgico atacó rudamente a Walker
por la prensa; y cuando éste alarmado de aquella agresión,
envió comisionados á proponerle la paz, el Presidente Mora
les volvió la espalda y dió la orden de echarlos fuera del
territorio.
Tal era la situación
de Centro América, cuando Walker rompió con el partido democrático
y procuró atraer al legitimista.
Estrada, prestando
oído á las indicaciones de Guatemala, procuró entonces
entenderse con los democráticos por medio de un comisionado; pero
éste llegó demasiado tarde. Otros sucesos se verificaban
entonces en Nicaragua.
El Presidente Mora
después de desairar á los comisionados de Walker, expidió
con fecha 1ª de marzo de 1856 una declaratoria de guerra en toda forma,
contra el elemento filibustero, que infestaba a Nicaragua.
Walker se vió
sólo y trató de atraer nuevamente á su lado al Partido
democrático; pero el jefe de ésta, que era Jerez, consentía
en tomar su antiguo puesto solamente que el Gobierno se trasladara a León,
alegando intereses de localidad. Walker tuvo que aceptar.
El objeto era bien
claro. Lejos de la influencia de Walker podian rebelarse conrtra éste
y anular su poder.
El jefe filibustero
exigió, sin embargo, del Gobierno del señor Rivas, que lo
autorizara amnimodamente para hacer la guerra á Costa Rica, para
confiscar las propiedades de los legitimistas y para imponer contribuciones.
Después de
quedar revestido de facultades dictatoriales, Walker exigió aún
que el Ministro Ferrer, hechura suya, quedara también recestido
del carácter de Comisionado del Gobierno, con las mismas facultades
que éste, para resolver por sí y con absoluta independencia
cuando fuera necesario en los departamentos de Oriente.
El Gobierno del señor
Rivas se trasladó a León, y su primer acto fué una
proclama, en que protestaba sus sentimientos pacíficos para con
los Gobiernos de Centro América.
en seguida, nombró
comisionados ante los Gabinetes de San Salvador y Comayagua á los
señores don Gregorio Juarez, y don Rafael Jerez, respectivamente,
con instrucciones para celebrar dos tratados; uno público que engañara
á Walker, y otro reservado, en el que se estipulara la alianza contra
él.
Esta fué la
causa ostensible después, por qué los democráticos
no pudieron entrar en arreglos con los legitimistas, calculando que con
ellos alarmarían inútilmente al enemigo común, entonces
en la plenitud del poder. Es posible también que los animaran otros
sentimientos, no del todo, agenos á intereses del circulo, puesto
que tan exaltadas se hallaban todavía las pasiones políticas.
Walker quiso anticiparse
á Costa Rica y mandó una columna de doscientos cincuenta
hombres que fuera á tomar posiciones al territorio enemigo.
Los costarricenses
venían también con el mismo proyecto y ambas fuerzas se encontraron
enla frontera.
Descansaban confiados
y desprevenidos los filibusteros, en la Hacienda Santa Rosa, cuando en
la tarde del 21 demarzo se presentó la vanguardia costarricense,
los sorprendió y los derrotó en pocos momentos. El ejército
vencedor avanzó persiguiendolos hasta Rivas.
Aquel desastre tan
inesperado, puso a walker fuera de sí; y la noticia, que circuló
por todas partes, fué como una palabra de aliento para los centroaméricanos,
convencidos con aquel hecho de que los esfuerzos que hicieran los filibusteros
podrían alcanzar buen éxito.
Walker inmediatamente
se puso en marcha para Rivas á la cabeza de quinientos cincuenta
hombres escogidos, con los cuales se propuso sorprender á Mora;
pero éste rechazó el ataque el 11 de abril y derrotó
a Walker, que habría sido deshecho del todo, si lo persigue hasta
Granada. Los filibusteros tuvieron ciento veinte bajas en la acción
de ese día.
Al mismo tiempo Mora
avanzaba sobre Rivas, un cuerpo de costarricenses se dirigía por
tierra y por la vía de Alajuela sobre el Río San Juan; pero
la fortuna les fué del todo adversa en aquel punto.
Diez días
después de estos sucesos, se aumentaron las tropas de Walker, con
nuevos refuerzos llegados de los Estados Unidos; Mientras los costarricenses,
invadidos del cólera, concluyeron lastimosamente. El brillante ejército
de éstos, á cuyo vigoroso empuje huyeron despavoridos los
feroces invasores, tuvo que retroceder precipitadamente, dejando un reguero
de cadáveres desde Rivas hasta San José, y haciendo extensiva
la epidemia allí.
En el mismo mes de
abril, los legitimistas empezaron á organizarse en pequeñas
guerrillas en las montañas de Chontales y Matagalpa.
Walker hizo salir
á Goicuria, á quien habia nombrado Brigadier é Intendente
General de Hacienda, á pacificar Chontales. Goicura verificó
su estreno en aquellos indefensos pueblos, de una manera digna de la causa
que servía. Fusiló á varios desgraciados para sembrar
el terror, y su huella como la del tigre, quedó señalada
por un rastro de sangre. El 29 de mayo supo Walker por un americano, que
había estado enfermo en León, que don Patricio y sus compañeros
conspiraban contra él. La noticia aunque basada en simples conjeturas
de quien la daba, se confirmó en el ánimo de Walker, por
su correo que sorprendió con cartas del Presidente Rivas para Mora,
en las que se hablaba de amistad y se proponía el envío de
un comisionado para el arreglo de la paz.
En el entretanto,
el comisionado Juárez se presentó en el Salvador; Pero el
señor Campo se negó á recibirlo oficialmente. En lo
privado, sin embargo, le manifestó que no podia reconocer al señor
Rivas como Presidente de Nicaragua, mientras obrara bajo la presión
de Walker: que si salia de Granada y se trasladaba á León
y
allí daba un decreto resumiendo la Comandancia General, no sólo
ofrecia reconocerlo, sino que le prestaría el apoyo de quinientos
hombres situados en Choluteca, y procuraría, además, obtener
el concurso de Guatemala y Honduras que creía conseguir.
Juárez quedó
de comunicar todo aquello; pero como en el caso de que se descubriera el
plan, Walker fusilaría á Rivas y á Jerez, se convino
en que el proyecto no se le revelaría á nadie y en que Juárez
se retiraría á San Vicente, y se expresaría en desagrado
del señor Campo. Todo se hizo como se convino, y la prensa amiga
de los democrático, engañada por las apariencias, se desató
en injurias contra el Presidente salvadoreño.
Tan luego como Rivas
se enteró de los deseos del señor Campo, llamó a Jerez
y ambos exigieron de Walker la traslación del Gobierno, como medida
previa de conciliación.
Mientras tanto, don
Fulgencio Vega, comisionado de Estrada, se presentó en Guatemala
el 3 de abril de 1856, y á sus esfuerzos se debió el que
el Coronel don Victor Zavala fuese enviado de Cojutepeque á anunciar
al Gobierno salvadoreño, que el 5 de mayo inmediato saldría
la primera división auxiliar para Nicaragua, pasando por aquel territorio.
El Presidente Campo concedió el permiso y ofreció enviar
otra del Salvador.
Walker tan luego
como fué informado del desastre de Santa Rosa, hizo que Rivas nombrara
Ministro Plenipotenciario de Nicaragua, ante el Gobierno américano,
al Cura de Granada don Agustin Vigil, quien salió para los Estados
Unidos el 18 de abril de mismo año, llevando de Secretario á
un tal Sigaud, acusado de robos y falsificaciones. El partido esclavista
de los Estados Unidos apoyaba a Walker, y aprovechando el estado en que
se hallaba la cuestión inglesa, se prometía hacer reconocer
al Gobierno del señor Rivas, tan pronto como apareciera un hijo
de Nicaragua representándolo.
Después de
la salida del Cura-diplomático, Walker, acompañado de Goicuria
y de otros jefes, se dirigió á León, á la cabeza
de doscientos americanos.
El 4 de junio hizo
su entrada á la antigua capital del Estado, en el centro de una
concurrencia numerosa y al parecer entusiasta que fué a encontrarlo;
pero en medio de aquel regocijo, Walker que ya iba prevenido, creyó
observar que los amigos del Gobierno no estaban gustosos del entusiasmo
del pueblo; que el aspecto de Jerez estaba nublado, y que don Patricio
Rivas se mostraba menos franco y expresivo que en otras ocasiones.
Durante el mes de
abril se habían practicado elecciones para Presidente y éstas
habían rolado entre Rivas, Jerez y Salazar. Walker exigió
que se declarasen nulas dichas elecciones y que por votación directa
se le eligiera Presidente de Nicaragua.
Rivas y Jerez se
opusieron, y Walker les pasó un ultimátum para el día
siguiente.
Jerez, llevado por
su carácter impetuoso, concibió el pensamiento de asesinarlo,
y con otros democráticos de los mas decididos, se preparó
al día siguiente en el despacho del Gobierno, rsuelto á llevar
á cabo su proyecto. Las juiciosas observaciones del general Guerrero
le disuadieron de su propósito; y el 10 de junio de 1856, expidió
el Gobierno un decreto, en que mandaba practicar nuevas elecciones y ordenaba
que la votación fuera directa.
Estando Walker en
León, llegó la grata nueva para él, de que el gobierno
americano había reconocido el del señor Rivas y recibido
oficialmente al Cura Vigil.
El jefe filibustero
olvidó con esta buena noticia sus recelos anteriores y regresó
a Granada el 11 de Junio; dejando su piquete de doscientos americanos,
al mando del Coronel Natzmer, para la vigilancia de los democráticos,
de quienes desconfiaba mucho.
Apenas se retiró
Walker, el general Salazar y otros amigos de Jerz recorrieron los arrabales,
haciendo circular el rumor de que los americanos querian destruir el obispado
y asesinar al Presidente y á sus Ministros, con lo cual pusieron
en agitación las masas del pueblo leonés. Al favor de esta
agitación que obligó á Natzmer á ocupar las
torres de la Catedral, creyendo que iba á ser atacado, pudo el personal
del Gobierno escapar para Chinandega.
Jerez se ocupó
inmediatamente en organizar las tropas que pudo reunir y en dar parte al
Gobierno de el Salvador de todo lo sucedido, para que enviara las fuerzas
auxiliares ofrecidas á Juárez.
Walker, inmediatamente
tuvo noticia del suceso de León, expidió un decreto en que
declaraba traidores á don Patricio Rivas y á su Gabinete,
y nombraba presidente provisional á don Fermín Ferrer.
El 25 del mismo mes,
el Gobierno del Salvador, consecuente con su ofrecimiento, declaraba la
guerra a Walker y constituía en alido del Gobierno nicaragüense,
presidido por el señor Rivas. Este á su vez, declaró
traidor á Walker en la propia fecha.
En el mismo mes,
el Gobierno de Costa Rica se dirigió á los de Centro Américam,
manifestandoles que á pesar de las desgracias anteriores y de los
millares de hombres que le arrebató el cólera, estaba pronto
á invadir á Nicaragua. Los excitaba á imitar su ejemplo
y á defender la autonomía centro-americana, aunando esfuerzos.
Por su parte el gobierno
de Rivas, derogó el decreto de 10 de junio sobre la elección
directa; y con fecha 25 del propio mes, declaró traidor a Walker
y á los que lo siguieran.
El Gobierno de Guatemala,
que había adelantado sus tropas hasta el territorio salvadoreño,
al mando del general Paredes, cuando supo la conducta observada por el
Presidente Rivas y el reconocimiento que su Gobierno había hecho
el del Salvador, se apresuró también a reconocerlo y á
celebrar alianza con él y con los demás de Centro América.
Mientras tanto Estrada,
que descansaba en los ofrecimientos de Guatemala, se internó á
Nicaragua el 21 de junio é inauguró de nuevo su Gobierno
en Somotillo. Lo rodeaban una cuantas guerrillas legitimistas, y volvió
á la palestra con su eterna cantilena de "legitimidad o muerte".
La presencia de Estrada
en los departamentos de occidente, con aquella exigencia, fresca todavia
la sangre derramada en la lucha de 1854, levantó el espiritu lugareño
de aquellos pueblos. Una partida de democráticos los sorprendió
en el Ocotal el 13 de agosto de 1856 y puso fin á sus días,
asesinandolo bárbaramente como se usaba entonces.
Estrada fué
muerto, por desgracia, cuando sostenía animada y patrióta
correspondencia con los jefes democráticos, trtando de arreglar
las diferencias existentes para unir sus esfuerzos contra Walker. Su lenguaje
no respiraba mala voluntad y sólo parecia preocuparlo la suerte
de su pais. (N. del A).
El 12 de julio llegó
á León la primera columna salvadoreña al mando del
General Belloso y el 18 la de Guatemala. Walker, atacado por distintos
puntos, reconcentró sus tropas á Granada, Rivas y Río
San Juan.
Copia de artículo
de La Gaceta de Honduras número 54 de 1856
He aqui de los conceptos
de aquel periódico:
Se ha recibido en
el Ministerio de Relaciones Exteriores, comunicaciones del Señor
Pedro Joaquín Chamorro, instalado por el señor don José
Maria Estrada como Ministro General, del Gobierno legítimo constitucional
de Nicaragua. en esas comunicaciones se pide el reconocimiento del Gobierno
de Honduras para el señor Estrada. Para ésto sepresenta la
dificultad de que ya el señor Rivas está reconocido por El
Salvador y por el mismo Honduras y que es imposible á estos Gobiernos
volver atrás en un paso de esta naturaleza. Nunca creímos
que se escogiera tan inoportuna ocasión para hacer valer pretensiones
que , cualquiera que sea el grado de justicia en que se apoyen, sólo
pueden taer embarazos, complicaciones y dificultades para el féliz
desenlace de la gran cuestión que interesa á todo Centro
América en Nicaragua.....El mundo tiene los ojos fijos en centro
América y nos llena de aflicción el concepto que va á
formar de nosotros por nuestras irreconciliables discusiones en momentos
tan supremos.
Administración
de Walker
El Padre Vigil se
presentó en Washington en el mes de mayo de 1856. Le había
precedido una comunicación de Mr. Wheeler, Ministro americano en
Nicaragua y camarada de Walker, en la cual se participaba, á la
Cancillería de los Estados Unidos, que la guerra que hacía
Costa Rica a Walker estaba dirigida por el Baron Bulow en persona y sostenida
por Inglaterra: que el programa de los costarricenses era hacer guerra
á muerte á todo cuanto fuera norte americano que tanto Nicaragua
como los demás Estados de centro América se mostraban satisfechos
del orden de cosas establecidos por Walker: que el país estaba reorganizándose
admirablemente y recibiendo cada día nuevos refuerzos de hombres
de propiedad, talento y empresa; y que sabía por una casualidad,
que acababa de ser nombrado Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno
de los Estados Unidos el señor don Agustin Vigil, personaje nicaragüense
muy distinguido por su saber y virtud, miembro importado del clero, a quién
conocia mucho y no dudaba que sería la fiel expresión de
su país.
Mr. Wheeler tocaba
con mucha oportunidad la cuestion inglesa, en momento en que estaba viva
aún, la excitación causada por la polémica sostenida
con Mr. Crampton.
El 4 de Mayo de 1856
la Cancillería americana reconoció al mismo Gobierno, que
pocos meses antes calificara de parapeto y manifestaba ahora que los Estados
Unidos aceptaban todo gobierno de facto, sin cuidarse de la manera como
se hubiera organizado.
El Padre Vigil fué,
en consecuencia, recibido ofocialmente: pero en el mismo día que
se tuvo noticia del suceso, todo el Cuerpo diplomático residente
en Washington, protestó de la manera más enérgica.
La mayor parte de
la prensa de Estados Unidos censuró rudamente á Mr. Pierce
y colmó de insultos y vituperios al Cura filibustero, como llamaban
al Padre Vigil; y en sólo unos pocos periódicos del Sur,
aplaudieron la conducta del gobierno américano, trayendo de los
cabellos la doctrina Monroe y la cuestión Inglesa.
La Tribune de Nueva
YorK, á pesar de la gravedad con que solia tratar los asuntos políticos,
siguió el ejemplo de sus colegas y caricaturó sangrientamente
al diplomático de Walker.
El clero católico
insultó tambien al Padre Vigil, convertido en piedra de escándalo
universal, y se aseguró entonces por la Tribune, que en euna entrevista
que solicitó del Arzobispo Heiges, salió tan corrido, que
olvidó hasta el sombrero.
Las enérgicas
y repetidas protestas de los representantes de Francia, España,
Brasil y demás naciones de Sur América; los manifiestos de
los Presidentes del Perú y de la Nueva Granada, tronando contra
el escandalo de Nicaragua y la actitud de la misma prensa americana, obligaron
á Mr. Pierce á dar su retiro al Padre Vigil, que no deseaba
otra cosa, aturdido como se hallaba por los insultos y pullas de los diarios
y por los desprecios del clero.
Unos días
antes del recibimiento del Padre Vigil. Mr. Clayton, miembro del Senado,
pronunció un discurso en apoyo del tratado de su nombre, y anatematizó
á Walker, á quien llamó bucanero y pirata por el despojo
de la Compañía del Tránsito.
Sin embargo, apenas
se supo el reconocimiento del Gobierno de Nicaragua, los amigos de Walker
en Nueva York celebraron un gran meeting el 9 de mayo de 1856, y en él
sew acordó pedir al Gobierno americano, la brogación del
Tratado Clayton - Bulwer, el reconocimiento de Walker como beligerante
en Nicaragua y la ratificación del derecho de conquista que le asistía
sobre todo Centro América.
Mientras tanto, el
ex-Ministro French recorría los Estados del Sur y ofrecía
la proclamación de la esclavitud en Nicaragua y más de veinte
mil indios para los trabajos agrícolas.
El ex-Senador, Mr.
Pierre Soulé convocó en el mes de julio y por instancias
de French un meeting en Nueva Orleans. Soulé era un orador notable
y tomó la palabra para hacer grandes elogios a Walker y de la portentosa
conquista de Centro América, que ya daba por concluída; para
ponderar las ventajas que con este nuevo territorio reportarían
los Estados esclavistas; y para encarecer la necesidad de prestar ayuda
al heroico conquistador, siquiera con mil hombres más y unos doscientos
cincuenta mil francos. Enseguida habló French á nombre de
Walker y sostuvo las palabras de Soulé y hacia le prestaran ayuda
en su empresa.
Cuando el entusiasmo
fué general, se presentó papel y pluma á la concurrencia,
para que voluntariamente suscribiera las cantidades que gustara; pero solamente
doce personas pusieron sus firmas, por lo cual se aplazó para más
tarde la terminación de aquel asunto.
El triunfo alcanzado
en los Estados Unidos llenó de aliento a Walker, y fingiendo una
elcción directa suscrita por sus aventureros, se proclamó
Presidente constitucional de Nicaragua, por una mayoría de ocho
mil cuatrocientos un votos según decía.
En esos días
regresó á Granada el Padre Vigil, quién encontró
á Walker completamente descarado y hablando solamente de sus proyectos
de conquista de Centro América y de la manera de restablecer la
esclavitud en Nicaragua; pero el buen Cura se habia prendado tan
de veras de su "angel tutelar", que no vaciló en solemnizar con
su presencia, como representante del clero, la inauguración presidencial
de Walker, que se verificó el 12 de julio de 1856, sobre un tablado
que se levantó en la Plaza de Granada y con asistencia también
de Mr. Wheeler, Ministro américano.
Walker, Presidente
entyrante, Ferrer, Presidente saliente y Mr. Wheeler, Representante de
los Estados Unidos, pronunciaron largos discursos. El del último
se concretaba á manifestar, que con instrucciones terminantes de
su Gobierno, reconocía á Walker como Presidente legítimo
de Nicaragua y que se esforzaría en cultivar las mejores relaciones
entre ambos gobiernos.
Walker organizó
enseguida su ministerio del modo siguiente: para la cartera de Relaciones
Exteriores, al licenciado Fermín Ferrer; para la Guerra, al General
don Mateo Pineda, y para la de Hacienda al General don Manuel Carrascosa,
que era uno de los redactores del periódico "El Nicaraguense".
Todos los Ministros
tenían por SDub-Secretarios á filibusteros américanos,
de la confianza de Walker, algunos de ellos autorizados para ser obedecidos
á la par de los Ministros, que no eran otra cosa que pobres maniquíes.
En el primer Decreto
del Gobierno filibustero, se ordenó la confiscación de todos
lo bienes de los enemigos. y como éstos eran los propietarios del
país, la propiedad nicaragüense se convirtió en el botín
de guerra repartido pródigamente entre los compañeros de
Walker. A Soulé, que reclamó su parte, le fué donada
una rica hacienda de cacao. (Las Mercedes, situada en el departamento de
Granada y propiedad de la familia Chamorro).
El 22 de julio decretó
Walker un empréstito extranjero de dos millones de pesos, ofreciendo
en pago los terrenos de Nicaragua, y nombró á Pierre Soulé
comisionado para contratarlo.
Poco después
se permitió el uso del idioma inglés para los documentos
oficiales; y el 27 de agosto se expidió la célebre ley, que
restablecía la esclavitud en Nicaragua y derogaba las leyes federales
que la prohibían.
Esta última
disposición fué el complemento del decreto empréstito.
Pierre Soulé regresó inmediatamente al Sur de los Estados
Unidos á solicitarlo, ofreciendo en pago los terrenos de Matagalpa
y á los indios que la poblaban, de quiene se dijo en "El Nicaragüense"
que eran aptos como los negros para el servicio de la agricultura.
La proclamación
de Walker y el reconocimiento que su Gobirno hizo Mr. Wheeler en nombre
de los Estados Unidos, llenó de alarma á todo el continente
hispano américano. Chile y Perú celebraron un tratado de
alianza, y en él estipularón contribuir con hombres y recursos
en auxilio de Centro América.
El 19 de agosto se
presentó en Trujillo la fragata inglesa Cossal al mando del Coronel
Jaime Cockburn, estaba armada en guerra con veintidos cañones y
traía á su bordo doscientos cincuenta soldados.
El Comandante saltó
á tierra é hizo saber á las autoridades del Puerto,
que lo pusiera en noticia de los Gobiernos Centro Américanos, que
venía con el objeto de oponerse al bloqueo de Nicaragua, que acababa
de decretar Walker.
La polvareda que
levantó en todas partes del Gobierno filibustero, fué grande;
pero no conoció límites, cuando á élla se agregó
la noticia del restablecimiento de la esclavitud. El mismo Walker se asustó
del efecto que produjo semejante disposición.
Desde algún
tiempo antes, la cuestión de la esclavitud humana era el tema acalorado
de las discusiones de los hombres públicos de Norte América.
En enero de 1854,
el Senador Doylas presentó un proyecto de ley para la organización
de los territorios de Kansas y Nebraska, en que proponía que la
cuestión de esclavitud para los Nuevos Estados, se remitieron al
voto popular de sus habitantes.
Los Estados del Este
y del Sur de los Estados Unidos, que eran esclavistas, esforzaron en fomentar
la inmigración a Kansas, para que cuando fuese admitido como Estado
alcanzara la mayoría de la votación su partido.
Desde esa fecha la
cuestión de esclavitud estaba a la orden del día en todo
el territorio américano.
Los Estados del Norte,
que eran celosos anti-esclavistas, se alarmaron mucho y se llenarón
de justa indignación, cuando se impusierón del insensato
decreto de Walker en Nicaragua, que los periódicos suristas reproducían
con comentarios pomposos, en los que se exageraba sus importancia y sus
alcances.
"Ciertamente, dice
Walker, en su libro Guerra de Nicaragua, el autor del decreto de la esclavitud
ignoraba cuando lo publicó, la grande y general prevención
que existía en los Estados del Norte contra la sociedad del Sur.
No sabía lo generalizados que se encontraban en aquellos Estados
los sentimientos anti esclavistas, que se enseñan en sus escuelas,
se predican en sus púlpitos y se inculcan por madres desde la niñez."
Los poderosos Estados
del Norte se levantaron como un solo hombre contra la invasión de
Walker. Ellos acaudillaban el gran partido liberal republicano que representaba
la mitad de la Nación américana y pusieron en verdaderas
dificultades á Mr. Pierre, que buscaba popularidad y prestigios
para reelegirse.
La prensa esclavista
elevó á la apoteosis el autor del decreto de 27 de
agosto, hubo grandes meetings en los Estados del Sur y se le auxilió
con algunos hombres y recursos; pero eso valía bien poca cosa ante
la actitud decidida de Francia, España, Inglaterra, el Brasil, las
repúblicas sud-américanas y los Estados del Norte de los
Estados Unidos.
Mr. Pierce había
sido elevado por el partido esclavista y estaba obligado á prestar
apoyo á la política surista en Kansas y en la América
Central. Walker que no lo ignaoraba quiso precipitar los acontecimientos;
pero el escandalo había tomado proporciones colosales. Mr. Pierce
reunió á los principales hombres del Sur, para que viesen
lo dificultoso de la situación y encarecerles que no lo apuraran
más con las cuestiones de Centro América, si querían
su apoyo decidido en la cuestión de Kansas.
El arreglo de las
dificultades con Inglaterra, acabó de influir en el Gobierno américano
en el sentido que demandaban su honor y su deber.
La Gran Bretaña
y los Estados Unidos celebrarón ene el mes de diciembre de 1856,
un tratado que aclaraba el tratado Clayton Bulwer, llamado Tratado
Dallas Claredon, en virtud del cual se quedó la primera con Belice
y ofrció devolver Roatán, San Juan del Norte y la Reserva
Mosquitia, comprometiéndose nuevamente ambas naciones á la
fiel observancia del tratado que aclaraban.
En agosto de 1856
envió Walker á Goicuria los credenciales de Ministro Plenipotenciario
ante el gobierno Inglés.
El caudillo filibustero
veía acercarse la tempestad por todas partes y temía el poder
é influencias de la Gran Bretaña. Sus temores se habían
aumentado con la lectura de unas cartas que sustrajo en Panamá y
en las cuales el Canciller de Su Majestad Británica ofrecía
al representante de Costa Rica en Londres, armas y elementos de guerra
para la contienda pendiente.
Goicuria requirió
en vano el cumplimiento de los auxilios ofrecidos, para la libertad de
Cuba. Walker temía también á España y en distintos
pretextos, burlaba la palabra empeñada.
Entre las instrucciones,
que se enviarón a Goicuria, hubo algunoas que se contrariaban lo
que se había ofrecido. Esto ocasionó la ruptura de ambos
caudillos y varios escritos de Goicuria, en el Herald de Nueva York, hacían
revelaciones importantes en que se denunciaba á Walker como hombre
malvado, torpe y sumamente impolítico.
GUERRA
NACIONAL
El inesperado asesinato
del Presidente Estrada, llenó de consternación á los
defensores de la legitimidad. A la pérdida de aquel jefe tenían
que agregar lo dificultoso de su situación. careciéndo de
otro jefe á quien proclamar, en defecto de Estrada, con visos de
legalidad.
Serecordará
que el improvisado Congreso Legislativo de Granada insaculó, en
falta de los Senadores que señalaba la Constitución de 1854
para llenar la vacante de Presidente, á ex-Diputados de la última
Asamblea. Los pliegos que designaban á aquellos se habían
pérdido en Granada, cuando la sorpresa Walker.
Estrada, que preveía
su muerte, queriendo salvar el principio de la legitimidad, se invistió,
en nombre de ésta y por sí y ante sí, de las atribuiciones
especiales del Poder Legislativo del Estado, y procedió á
disponer la sucesión presidencial, designando á seis ex-Diputados
legitimistas de su mayor confianza, cuyos nombres rubricó, cerró,
y selló en seis distintos pliegos, que deberían ser tomados
indistintamente y por orden sucesivo en caso de falta repentina.
La previsión
del finado Presidente vino á resultar inútil, porque los
pliegos, que caminaban siempre en su equipaje, cayeron con sus demás
papeles en poder del enemigo.
La dificultad era,
ó parecía ser suprema para unos hombres tan apegados á
las fórmulas legales, como los legitimistas, cuando llegó
en su auxilio una casualidad tan rara, que pudiera calificarse de milagros,.
Los asesinos de Estrada, al retirarse de Somoto, botaron sin abrirlo, ni
ajarlo siquiera, uno de los anhelados pliegos, que recogió en la
calle una piadosa señora, la que ignoraba su contenido lo llevó
intacto al párroco del pueblo, quien á su vez, lo depositó
de la misma manera en manos de uno de los jefes expedicionarios legitimistas.
Aquel pliego providencial,
que pudo pasar por tantas manos sin despertar la curiosidad de abrirlo,
fué conducido á la inmediata ciudad de Ocotal, en donde existían
los restos del ejército legitimista. Estos organizarón una
junta y procedieron en su presencia la solemne ruptura del pliego.
De los ex-Diputados
inscritos por el finado Presidente, para sus herederos testamentarios en
el ejercicio del Poder Ejecutivo, sólo existía uno en la
Población, que era el Ministro general don Nicasio del Castillo,
y fué justamente su nombre el que apareció en el pliego.
Castillo tomó
posesión inmediatamente, organizó su Gabinete con los jefes
de sección, don José León Avendaño y don Ignacio
Padilla, que elevó á la categoria de Ministros, y á
continuación marchó para Matagalpa con la fuerza militar
del Coronel Bonilla.
Mientras tanto, por
indicación del comisionado legitimista don Fulgencio Vega, el Gobierno
de Guatemala adelantó trescientos fúsiles con sus respectivas
municiones. Con estos auxilios y con algunas armas blancas, los legitimistas
improvisaron un ejército del que fué nombrado General en
Jefe don Tomás Martínez
La inesperada aparición
de aquel nuevo Gobierno, haciendo tercería en Nicaragua, complicaba
de tal manera las cosas, que hacia imposible el buen éxito contra
el enemigo común que éra Walker. Así lo comprendieron
los mismos legitimistas, y deponiendo sus antiguos odios, se reconciliarón
con los democráticos, celebrando el 12 de septiembre un convenio
que fijo las bases de la paz.
Según aquel
documento, don Patricio Rivas continuaría como Presidente hasta
que le sucediera el que eligieran constitucionalmente los pueblos.
Se acordaba la formación
de un Ministerio, compuestos de miembros de ambos partidos y se estipulaba
para su tiempo la revisión de la Constitución de 1838.
El General legitimista
don Tomás Martinez quedaba ampliamente autorizado e investido de
las facultades del Gobierno durante la guerra, para sacar recursos de toda
clase de los departamentos de Matagalpa, Chontales y Managua.
Se estipulaba, por
último, un olvido de todo lo pasado y el reconocimiento de las deudas
de ambos Gobiernos del Salvador y Guatemala, representados por los jefes
de sus respectivos ejércitos.
Terminada parecía
toda diferencia entre legitimistas y democráticos y que Walker sería
impotente para resistir el empuje de toda Nicaragua; pero desgraciadamente
las rivalidades sólo habian concluido en la apariencia.
Ambos bandos, pensando
que Walker no podría resistir mucho tiempo, en vez de aunar sus
esfuerzos para aniquilarlo, se preparaban y procuraban estar fuertes, para
el día en que desaparecieran los filibusteros, disputarse nuevamente
el poder.
No faltaron algunas
excepciones entre ambos partidos, que se levantaron del nivel de tanta
miseria y lo sacrificaran todo en defensa de la autonomía y libertad
de Nicaragua.
Jerez, enfermo de
fiebre y fuerte tos, debía quedar hecho cargo de la Gobernación
Militar de León, al lado de su familia, entre sus amigos y lejos
del peligro, Así estaba estipulado y así lo exigía
su partido, deseoso de economizar hombres y recursos; pero el jefe democrático
se opuso y durante toda la campaña contra los filibusteros, buscó
siempre un sitio de mayor peligro y se cubrió de honrosas cicatrices.
Entre los legitimistas,
el General don Fernando Chamorro hermano del ex-Presidente del mismo apellido,
á quien sobraron pretextos é insinuaciones para quedarse
entre los suyos acumulando elementos, observó la misma conducta
de Jerez, pareciendo empeñado en disputarle los puestos más
dificiles.
Contábanse
en ambos bandos varias otras personas que seguían las huellas de
Jerez y Chamorro y reivindicaban el nombre nicaragüense; pero la generalidad
del país, atenta sólo á pequeñeces, era con
su conducta anti patriótica, la mejor amiga de Walker.
Los ejércitos
aliados tambien se dividieron. Chapines y Guanacos se plegaron, los unos
á los legitimistas y los otros á los democráticos,
manteniendo vivo el fuego de la discordia.
Había cuatro
Generales en jefe, celosos los unos de los otros, y la unidad de acción
tan necesaria en aquellas circunstancias era imposible de alcanzarse.
En tal situación
las cosas, los ejércitos aliados salieron de León el 18 de
Septiembre de 1856 y se pusieron en marcha para tomar la bien fortificada
plaza de Masaya, ocupada entonces por Walker y señalada cuartel
general.
Los filibusteros
noticiosos, del crecido número de fuerzas que llegaban á
atacarlos se replegaron precipitadamente á la Plaza de Granada.
El 2 de octubre inmediato
los aliados ocuparon tranquilamente la plaza de Masaya.
Antes de la salida
de León, el General Martinez tuvo noticia de que los filibusteros,
en pequeñas partidas llegaban á proveerse de ganado vacuno
á las haciendas inmediatas á Tipitapa, y destacó sobre
aquel punto al Coronel don José Dolores Estrada con ciento veinte
hombres.
En la Hacienda de
San Jacinto, colocada en una eminencia que domina toda la llanura, se situó
poco después el Coronel legitimista dispuesto a impedir la extracción
del ganado.
Walker tuvo noticia
de la llegada de Estrada y mandó una escolta de cuarenta hombres
á sorprenderlo; pero la casa de San Jacinto, además de ser
dominante, estab rodeada de gruesas murallas de piedra, que servían
de corrales, y atrás de éstas salió un fuego tan nutrido
de fusilería, que obligó á los fuilibusteros á
desistir de su empeño, dejando muerto al segundo jefe de la expedición.
La presencia del
enemigo en San Jacinto fué cosa que preocupó mucho a Walker,
porque lo privaba del abasto de carne para la Plaza de Granada, por lo
cual dispuso atacar á Estrada inmediatamente.
Era tal el desprecio
que sentían los filibusteros, especialmente los recién llegados,
por los greasers de Nicaragua, que creían que era cosa de sólo
presentarse en número respetable, para que salieran huyendo de ellos.
Sobraron, pues, voluntarios que quisieran formar parte en la expedición,
ansiosos de conquistar laureles militares á poca costa.
La columna compuesta
de ciento veinte hombres entre oficiales y soldados, salió alegremente
de Granada, aunque sin llevar artillería por el mal estado de los
caminos.
En Tipitapa se incorporó
Byron Cole, deseoso de recibir su bautismo de sangre en aquella vez, y
obtuvo el mando de la expedición.
Al amanecer del 14
de septiembre de 1856, Byron Cole y sus hombres, favorecidos por una espesa
niébla, estuvieron á punto de sorprender á Estrada,
que descansaba confiadamente sin puestos de avanzada. Este, sin embargo,
tuvo tiempo de prepararse y resistió el ataque.
Byron Cole no era
militar, nunca había estado en una acción de guerra, y además,
iba tan confiado en que los greasers echarían a correr, que olvidó
las más triviadas reglas de la estrategia y atacó en cuerpo
por el flanco derecho de la casa.
Los américanos,
casi todos jóvenes, aguerridos y bien armados, pelearon con cenuedo
y bizarría, asaltando las cercas de piedras; pero los legitimistas
estrechados en el escaso recinto de las fortificaciones, se sostuvieron
con bravura.
Estrada, que era
un hombre de mucha calma, no perdió su sangre fría en aquel
trance apurado, y aprovechando la impericia del enemigo, le mandó
picar la retaguardia con tres guerrillas, que salieron de pronto de la
espesura de un pequeño bosque y cayeron de sorpresa sobre los filibusteros,
en los momentos en que todas las ventajas estaban de parte de éstos.
Aquel ataque inesperado
á retaguardia, seguido del ruido casual que hicieron en la misma
direccion las espantadas caballerías de los legitimistas, que pasteaban
sueltas, hizo creer á los filibusteros que el grueso del ejército
aliado venía en auxilio de Estrada, y se pusieron en desordenada
fuga.
Los legitimistas
los persiguieron con furor por toda la llanura é hicieron una horrible
matanza de fugitivos, contándose entre las victimas al infortunado
Byron Cole.
Cuando los destrozados
restos de la columna américana se presentarón en Granada,
reducidos á un escaso número y presas todavía de terror
pánico, el desaliento fué general en la Plaza.
Los filibusteros
que creían antes que cada uno de ellos valía por un centenar
de los nativos, estaban palpando que fuerzas iguales y peor armadas acababan
de darles en San Jacinto una lección de las más severas.
Entonces se contaron y vieron que su número era infinitamente menor
que el de los enemigos. La deserción desde ese día fué
muy considerable en Granada.
La Batalla de San
Jacinto, que en rigor no pudiera llevar otro nombre que el de acción
ó combate, por haberse verificado con una sola clase de armas y
entre dos pequeñas escoltas, fué sin embargo, de una influencia
decisiva, porque estimuló y alentó á los aliados y
dió el convencimiento de que los filibusteros no eran invencibles.
Walker necesitaba
recobrar sus prestigios y llenar de aliento á sus abatidos. Con
este objeto apenas recibió un refuerzo de cuatrocientos hombres
más, que le llegaron de los Estados Unidos, dispuso el ataque de
Masaya el día 11 de octubre de 1856, pero no pudo terminarlo, porque
mientras lo verificaba, las tropas guatemaltecas que se hallaban en el
pueblo de Diriomo aprovecharon su ausencia y cayeron sobre Granada, obligádolo
a regresarse con grandes pérdidas.
El Ministro américano
Mr. Wheeler fué llamado por su Gobierno para dar informes de los
sucesos en Nicaragua. Se embarcó el 13 por la noche en el Vapor
"Virgen del Lago", y lo acompañaba el Cura Vigil, que iba huyendo
de la mala situación en que veía á sus amigos y Ferrer
que llevaba el nombramiento de Ministro Plenipotenciario ante el gabinete
de Washington. Este último no hizo uso de sus credenciales, más
que para celebrar un contrato de colonización con el General William
L. Cazneau para que llegaran mil colonos á Nicaragua.
Poco días
después llegó a Granada, con aramas y municiones de los Estados
Unidos, Carlos F. Heningsen, á quien precedía su fama de
aventurero militar en Hungría y España, á las órdenes
respectivamente de Kossuth y de Zumalacárregui. Los amigos de Walker
lo habían contratado, y éste, contento con tener quien diera
una verdadera organización militar á sus aventureros, lo
nombró á continuación. General de Brigada con el encargo
especial de organizar la artillería y enseñar el tiro con
el fúsil Minié, Henningsen era de origen inglés, tenía
alguna experiencia militar, mucho valor, una clara inteligencia y alguna
ilustración. Su vida de aventuras y el ser autor de dos obras en
que refería las revoluciones de España y Hungría,
en las cuales había tomado parte tan activa, le habían hecho
muy conocido en los Estados Unidos y gozar de algún prestigio de
su nombre.
En el entretanto,
Costa Rica en cumplimiento de sus promesas, hizo avanzar sus ejércitos
sobre Nicaragua, y su vanguardia que llegó a Rivas el 1ª de
Noviembre derrotó á una columna de filibusteros y se posesionó
de la linea de Tránsito.
Walker, tan luego
como supo de la ocupación de aquel importante lugar, determinó
reconquistarlo, y al efecto se embarcó con doscientos hombres; y
al amanecer del 12 de noviembre, cayó sobre los costarricenses y
los deshizo en la Cuesta - Grande del camino de San Juan del Sur.
Rápido como
siempre, Walker se reembarcó inmediatamente, y el dia 15 amaneció
atacando la Plaza de Masaya con seiscientos americanos. La defendieron
tres mil aliados; pero merced á las rivalidades de los jefes, no
pudieron rechazar el ataque durante cuatro días y dejaron que al
cabo de este tiempo se retirara Walker tranquilo.
El Gobierno de León
envió comisionados al campamento aliado con objeto de arreglar el
desacuerdo existente; pero se hacían los convenios y al rato se
infringían con cualquier pretexto.
En esos días
salió de Costa Rica, armado en guerra, el buque Once de Abril, llevando
á su bordo ciento diez hombres entre jefes y soldados y conduciendo
dinero y elementos para el ejército aliado. Después de un
recio temporal, que demoró su marcha, el día 23 de noviembre
se encontró á las cuatro de la tarde, con el buque filibustero
San José, con el trabó un encarnizado combate.
Transcurrida una
hora de lucha desesperada por ambas partes, cuando la victoria parecía
declararse a los costarricenses, un proyectil incendió la santa
Bárbara del buque centroaméricano, que voló en pedazos.
El Comandante Valleriestra y la mayor parte de sus valientes soldados fueron
salvados en el buque enemigo y conducidos a San Juan del Sur.
La situación
de Walker no era tan satisfactoria que lo permitiera mantener dividida
su atención entre Granada, amenazada por el grueso de los ejércitos
aliados, y la Linea de Tránsito, por Cañas y Jerez, que desde
un principio habían ocupado la Plaza de Rivas, tanto para favorecer
las operaciones de Costa Rica, como para estar alejados del teatro de las
divisiones.
Walker, pues resolvió
replegarse á la linea de Tránsito y con este objeto se adelantó
á preparar los alojamientos; dejando en Granada á su segundo,
el general Henningsen con instrucciones de salir en determinada fecha,
incendiando antes la población para castigo de los legitimistas.
Cuando los aliados
supieron por un espía lo que trataba de hacer con Granada, se lanzaron
precipitadamente á salvarla.
El 24 de noviembre,
se presentaron en son de ataque, cuando la Ciudad de Granada ardía
por sus cuatro lados y Henningsen que no esperaba ser interrumpido
estaba tan entregado á su obra de destrucción, que casi fué
sorprendido. Con dificultad pudo reunir sus dispersas y emborrachadas tropas
en número de quinientos hombres, y oponerlas á los aliados.
Henningsen, apenas
habría podido resistir pocas horas el ataque, bien combinado de
tres mil aliados, sí éstos no hubieran estado tan divididos
y faltos de concierto. El jefe filibustero no sólo lo resistió
sino para burlarse de ellos, resolvió continuar el incendio en sus
barbas, no dejando edificio que no redujera á cenizas, ni piedra
que no removiera.
Tanta insolencia
llenó de coraje á los aliados, que embistierón por
todas partes y obligaron á Henningsen á parapetarse en el
Templo de Guadalupe, inmediato al lago, en dode se le puso sitio.
Henningsen batiendose
día y noche, falto de alimentos y diezmado por el cólera,
se sostuvo heroicamente diez y ocho días.
El 12 de diciembre
desembarcaron por la noche ciento sesenta americanos, enviados por Walker,
rompieron las lineas centroaméricanas que sitiaban a Henningsen
y reforzarón á éste en Guadalupe, que sólo
contaba entonces con ciento cincuenta soldados.
Al día siguiente
ambas fuerzas en número de trescientos hombres comandadas por el
jefe filibustero, rompieron nuevamente el circulo de bayonetas que la rodeaba
y se embarcaron á vista de los aliados, llevándose hasta
los heridos.
Parece increible
que tres mil hombres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua no
pudieran impedir en veinte días el incendio de Granada ni capturar
la gavilla de malvados que consumaba la destruccion de la ciudad. Sin embargo,
el hecho fué tal como lo relatamos, y hay que confesar, para mayor
vergüenza, que la causa no fué tanto el valor y pericia de
Henningsen, ni la superioridad de los rifles y revolvers americanos sobre
nuestros fúsiles de piedra de chispa, sino los odiosos celos de
los jefes centroaméricanos.
Basta saber, que
en pleno sitio la división salvadoreña abandonó antojadizamente
su puesto y se retiró á León porque sus jefes no soportaban
los ridículos que les hacían los jefes guatemaltecos y legitimistas,
que estaban aliados en su contra.
Henningsen, al embarcarse,
quiso dar la última bofetada á sus enemigos, y mandó
a fijar en la costa un poste con un letrero, que decía: "Aquí
fué Granada", Here was Granada.
Para mayor desgracia
de los aliados, fallecieron en esos mismos días los Generales Paredes
y Solares, jefes primero y segundo respectivamente, del ejército
guatemalteco motivo por el cual recayó el mando en el Coronel don
Victor Zavala, hombre muy amigo de bromas y de un caracter ligero y aturdido,
que lo hacía funesto en aquella ocasión tan dificil.
Belloso, jefe del
ejército salvadoreño, había sido nombrado por el Gobierno
de León Comandante General de las Fuerzas en Nicaragua.
Al retirarse precipitadamente
de Granada, esparciendo el alarma por todo el tránsito, tuvo especial
cuidado de ordenar á Jerez que estaba en Rivas, y á sus ordenens,
que se replegase en el acto á Masaya, abandonando la Plaza fortificada
de Rivas, que cerraba el paso de Walker. Jerez obedeció y los filibusteros,
que estaban entrando en desaliento con tan dilatada lucha, ocuparon sin
resistencia todo el departamento meridional y la linea de Tránsito
que tanto apetecían.
El Gobierno de León,
deseoso de poner término á las rivalidades invitó
á todos los jefes de los ejércitos aliados para que tuvieran
una reunión en la casa de gobierno. Se verificó el 24 de
diciembre de 1856, con el éxito de siempre: se protestaron amistad
y perfecta armonia; y al salir á la calle volvieron de nuevo á
mirarse de reojo.
La antipatriótica
conducta de los jefes aliados por una parte, las rudezas de la campaña
y los estragos del cólera por otra, habrían desalentado por
completo á los ejércitos, bastante desmoralizados ya, y asegurando
la dominación de Walker, si en principios de enro de 1857, no hubieran
llegado las gratas nuevas de la toma de los vapores de los filibusteros
para enviarles refuerzos de los Estados Unidos.
Se recordará
que el Comodoro Cornelio Vanderbilt y todos los demás miembros de
la antigua Compañía de Tránsito estaban sedientos
de venganzas contra Walker.
Para dar fin con
la invasión de los filibusteros tenía que principiarse por
cortar toda comunicación con los Estados Unidos, de dode venían
refuerzos de hombres, recursos y elementos de guerra. Así lo comprendió
Vanderbilt, quién buscó á Spencer, diestro marino
y antiguo capitán de los vapores del río, y lo envió
á Costa Rica á ponerse á las órdenes del Presidente
don Juan Rafael Mora, que desde el principio de su campaña habia
dado muestras de un celo y actividad extraordinarios. (1)
(1)
He aquí,
lo que sobre este particular refiere El Canal de Nicaragua, semanario de
Granada, en el número 11, año 1, correspondiente al 7 de
marzo de 1877. "El Comodoro Vanderbilt comprendió la situación
del aventurero, que había despojado á la Compañía
de sus propiedades, y resolvió aniquilarlo.
En 1857 se hallaba
en una cena en el Restaurante Delmónico de Nueva York, en unión
de varios hispano- américanos. Se trató de la situación
de Nicaragua y del poder de Walker, y en la exaltación producida
por los brindis entusiastas de los hispano-américanos, el Comodoro
tomó la resolución de acabar con los filibusteros.,
Pero como?...No
tiene escuadras, no tiene ejércitos; pero tiene voluntad y tiene
dinero, dos poderes incontrastables.
"Hizo llamar en
el acto á Spencer, experto marino, joven bizarro y audaz"
"Llegó Spencer,
estando aún todos los amigos del Comodoro alrededor de la mesa,
Cree Ud. fácil, le dijo el Comodoro, tomar los vapores que tiene
a sus servicio William Walker. "No lo creo dificil, contestó el
joven, con el accento propio de quien tiene profunda convicción"
"Puede y quiere
Ud. acometer esa empresa?
"Estoy a su
disposición, repuso Spencer, con la tranquilidad del hombre audaz,
que tiene la conciencia de lo que vale, de lo que puede.
En medio del mas
profundo silencio de todos los espectadores que miraban con asombro a aquellos
hombres, sacó el Comodoro de su bolsillo un cheque de viente mil
dolares, que entregó a Spencer, como premio anticipado de la audaz
empresa que iba á acometer"..(N. del A.)
El Presidente tico,
Mora aceptó gustoso los servicios de Spencer á quien ofreció
nuevas gratificaciones y siguió al pié de la letra las indicaciones
del Comodoro Vanderbilt, que le aconsejaba cambiar de politica acerca de
la guerra á muerte que había declarado á los filibusteros,
y dar una proclama ofreciendo pagar los gastos del pasaje á los
Estados Unidos á todos los que desertaran de las filas de Walker.
El 3 de diciembre
de 1856 salió de San José una división de doscientos
hombres armados de buenos rifles con dos piezas de artilleria y al mando
del Coronel Barillier. Spencer iba agregado á la expedición.
El 21 del mismo mes
después de dificultades y privaciones increíbles, entre los
pantanos y malezas de las bajuras anegadizas del Río San Juan, los
costarricenses en improvisadas balsas de troncos y en pequeñas canoas,
lograron pernoctar en el estero de Copalchí, inmediato al Fuerte
de Trinidad, en el islote de Hipps, que defendían sesenta americanos
á las órdenes del capitán filibustero Francisco Thomson.
A continuación
se internaron á pié por entre la montaña y encendierón
varias hogueras, á cuyo calor lograron desentumerse de la incómoda
posicion que trajeron y de la continuada lluvia.
A las diez de la
mañana del día siguiente, avanzaron por entre la misma montaña
hasta llegar al campamento de los filibusteros, á quienes sorprendierón
por retaguardia en momento de estar sirviéndose el rancho.
Durante las dificultades
del camino, los costarricenses perdieron la artilleria, que se llevo la
corriente en una basla escapada, y la lluvia mojó el parque é
inutilizó los fusiles, por lo cual sólo cinco dispararon,
teniendo que tomar el Fuerte á punta de bayoneta. Afortunadamente
la sorpresa fué tan completa, que los filibusteros sólo pensaron
en buscar la fuga, pereciendo la mayor parte en el Río á
donde se lanzarón huyendo. De los sesenta hombres únicamente
se salvaron seis, que fueron hechos prisioneros.
Inmediatamente se
organizó una pequeña flota en conco botes tomados del enemigo,
y puesta al mando del Mayor Máximo Blanco, se dirigió á
San Juan del Norte y pernoctó en las inmediaciones, en la casa de
un nicaragüense, á quien llamaban con el apodo de Petaca. Aquí
encontraron la artílleria, que el nicaragüense había
tenido el cuidado de recoger de la balsa que arrastraba el Río,
y tomaron sus últimas providencias.
El 23 á las
cinco de la mañana se presentaron los expedicionarios en San Juan.
La población dormía confiada y con facilidad fueron capturados
los vapores Wheeler, Morgan, Machuca, y Bulwer. Al tomar este último,
el ruido de voces despertó al agente de la Compañía
de Tránsito Mr. Scott, que tomó en el acto la campana de
alarma. A esta señal ocurrió una lancha de escuadrilla inglesa,
que permanecía anclada en la bahía, y á la que Mr.
Scott pidió auxilio diciendo que temía ser asesinado con
su familia.
A las once de la
mañana se destacaron dos lanchas cañoneras en actitud amenazadora;
pero llegada cerca de los vapores, manifestó el jefe de ellas que
solamente venía á dar garantías á las personas
de la familia de Mr. Scott, que lo hab1a implorado; pero no para estorbar
la captura de los vapores.
Cuando el Cónsul
Américano en San Juan del Norte, Mr. B.S. Cottrell tuvo noticia
del suceso, se dirigió en el acto á los costarricenses exigiéndoles
imperiosamente la devolución de los vapores por ser propiedad de
los ciudadanos américanos Carlos Morgan é hijos, á
quienes Randolph habia cedido la linea; pero el agente de la antigua Compañía
que tambien estaba presente reprodujo que eran propiedad de mr. Vanderbilt,
en cuyo nombre procedían los costarricenses.
El Cónsul,
enfurecido de que no se le obedecía, pidió auxilio al Comodoro
de la escuadra inglesa, que vigilaba el puerto. Este le contestó
en los términos mas amables, que sentía no poder complacerlo,
porque estando aquellos vapores al servicio del enemigo con quien peleaba
Costa Rica, las leyes de neutralidad le prohibían toda intervención
en semejante asunto.
Dueños de
los vapores, los costarricenses se regresaron en ellos, en la noche del
24, comandados por Spencer, Máximo Blanco y Joaquin Fernández;
pero un chubasco arrojó des de los vapores á la costa y los
maltrató bastante. El 25, sin embargo, lograron reparar sus averias
y continuar su marcha hacia el fuerte de Trinidad en cuyas inmediaciones
pernoctaron.
El 26 arribaron al
fuerte, dejaron reparándose los vapores Wheeler y Machuca y la expedición
continuó su marcha, al mando de los mismos jefes en los vapores
Morgan y Bulwer. En la confluencia del San Carlos recogieron al Capitán
Francisco Quiroz con ochocientos costarricenses, que se habían extraviado
en el viaje, cuando iban á tomar el fuerte de Trinidad, y por éstos
supieron que el Castillo se hallaba desmantelado y fácil para ser
sorprendido. se determinó, que Spencer en el Morgan avanzara sobre
el San Juan y atacase el Castillo; mientras Fernanedez en el Bulwer subiria
por El Río San Carlos, para dar cuenta á las autoridades
costarricenses del triunfo alcanzado.
El general don José
Joaquin Mora, hermano del Presiente de Costa Rica, había sido nombrado
General en Jefe del ejército expedicionario, y con quinientos hombres
se dirigió á marchas redobladas a proteger los movimientos
del Río.
El 22 de diciembre
acampó en el muelle del Río San Carlos y de allí destacó
varias partidas de observación, que regresaron sin traerle noticias
de los expedicionarios. creyéndose, sin embargo, en dificultades,
embarcó en dos balsas y dos botes los viveres y municiones que pudo
y cincuenta hombres para reforzarlos.
esta expedición,
que comenzó á bajar el San Carlos el día 27, se encontró
poco tiempo después de su salida con el Bulwer que comandaba el
Coronel Fernandez. Este llegó en el mismo día al campamento
del general Mora, á cuyas órdenes puso el vapor, le dió
cuenta de los sucesos del Río San Juan y se dirigió inmediatamente
después por tierra á dar el mismo informe al Presidente Mora
en san José.
Mientras tanto Spencer,
á bordo del Morgan, llegó al Castillo á las cuatro
de la tarde del propio día 27 y sorprendió de tal manera
á la guarnición americana que la rindió sin un tiro.
Dueño ya de
aquella Fortaleza, Spencer hizo concurrir con engaño, enviándole
un falso parte, al vapor Ogden, que se hallaba en el Raudal del Toro. A
su entrada, que se verificó á las siete de la mañana
del 28, fué capturado fácilmente por sorpresa.
Por los pasajeros
del Ogden se supo que el Vapor Virgen, anclado entonces en la estación
de Danms, cerac del Raudal del Toro, en donde se abastecía de leña,
conducía elementos de guerra para walker. Spencer, sin pérdida
de tiempo embarcó alguna tropa en el Ogden y se dirigió á
la estacion de Danms en busca del Vapor enemigo. Este, vió venir
al Ogden, que la víspera se habia separado de su costado para conducir
los pasajeros del Castillo, según el falso parte que se habia dado,
y lo dejó acercarse sin la menor sospecha de que estuviera ocupado
por enemigos. Spencer hizo saludos y demostraciones amistosas que acostumbraban
los vapores de La Compañía y fingiéndose amigo, atracó
al costado delVirgen y lo tomó sin resistencia, encontrando en sus
bodegas cuatro piezas de artillería, cuatrocientos rifles nuevos,
abundantes municiones de boca y guerra y un cargamento de licores finos.
Spencer pasó
los días 28 y 29 de diciembre en la estación de damns esperando
los refuerzos del general Mora para dirigirse á San Carlos; pero
viendo que no llegaban, envió en su busca al vapor Morgan, y en
el Ogden se dirigió él con su poca gente á probar
una sorpresa.
El día 30
fondeó tranquilamente el Ogden frente al cañón del
glacis de la Fortaleza de San Carlos (1) para infundir mayor confianza
al enemigo. Spencer dió con toda calma las señales de costumbre,
y el Comandante de La Fortaleza que era el capitán filibustero Mr.
Kruger, no teniendo noticia de que hubiera enemigos en el Río y
viendo además, el vapor bajo los fuegos de sus cañones, fué
con toda confianza, seguido de una escolta, á hacer la visita de
costumbre. Al entrar se le llevó con engaños á un
camarote, donde se le intimó rendición, se le puso al corriente
de todo lo sucedido y se le obligó con alguna dificultad á
escribir una orden. Llamando á bordo y sin armas á toda la
guarnición. Después de éstpo, la fortaleza cayó
sin resistencia en poder de los costarricenses, que hicieron setenta y
dos prisioneros al enemigo y quitaron dos piezas de artillería de
á veinticuatro.
Dejamos al General
Mora en el Muelle de San Carlos, en donde lo encontró el Bulwer
el día 27. El 28 embarcó doscientos hombres, dos piezas de
artillería, gran parte de las municiones de guerra y algunos víveres,
y á las nueve de la mañana principió á bajar
el San Carlos, dejando en el muelle el resto de su gente y municiones á
cargo del Mayor don Juan Estrada y con orden de conducirse en botes y balsas
al Río San Juan
El día 30
á las trés de la tarde encontró Mora el Vapor Morgan,
enviado por Spencer en su busca. Como El Bulwer se encontraba en mal estado.
Mora se trasbordó con la gente al Morgan y caminando á todo
vapor logró fondear en el Castillo á las diez de la mañana
del 31 de diciembre.
En el Castillo tuvo
noticia exacta el general Mora de todo lo ocurrido, y sin pérdida
de tiempo dispuso marchar en auxilio de Spencer, á quien suponía
en dificultades. Para llegar más breve se trasbordó al Ogden,
que acababa de llegar, enviado por Spencer, dándole cuenta de la
toma de San Carlos y llamándolo con urgencia; y á las trés
de aquella tarde principió á subir el Río en el Ogden,
á cuya máquina se le dió toda velocidad. al
llegar á la Estación de damns, se trasbrodó al Virgen,
y andando siempre de carrera Mora logró fondear frente a San Carlos
en la madrugada del 1ero. de Enero de 1857.
La audaz y arriesgada
empresa de los costarricenses estaba todav1a incompleta. Faltaba aún
el Vapor san carlos, el más grande de todos, que recorría
en aquellos momentos los puertos del lago; pero el 3 de enro de 1857 se
presentó á la vista y poco después botó anclas
con toda confianza.
Los costarricenses
emboscados en las riberas, dejaron á Spencer el cuidado de hacer
las señales de costumbre, y cuando lo creyeron conveniente, dieron
el asalto y se adueñaron del buque.
Belloso, General
de las tropas, impresionado con las pullas de los guatemaltecos y legitimistas,
y más que todo, con los estragos de los rifles américanos,
no hubo reflexión suficiente para decidirlo á salir de León.
Los ejércitos
aliados se organizarón provisionalmente en el pueblo de Nandaime,
nombrando General en jefe, al General don Florencio Xatruch, Comandante
de las fuerzas auxiliares de Honduras, y así organizados fijaron
un cuartel general en San Jorge, Rivas el día 28 de febrero de 1857.
La situación
de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó
á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos
de toda clase, de los vapores del lago, y río que también
lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban
hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente
su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad,
las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos
frente a Henningsen en Granada.
El jefe filibustero
fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó
su artillería y estableció un taller de fundición,
en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para
cañón.
El concierto de tanta
felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida
de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo
filibustero.
Nicaragua estaba
salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados
del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud
en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América,
enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente
armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses
antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos
en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."
Walker valoró
en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se
anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge,
uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días
a San Juan del Norte
con refuerzos de
los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender
á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según
instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por
la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto,
Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas,
conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó
el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta
hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el
puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones
sobre el río y sorprender á los costarricenses.
El 4 de febrero volvió
á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más,
que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó
Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales
se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió
la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había
una guarnició costarricense, á la que también desalojó,
á cañonazos en la madrugada del 13.
Envalentonados con
el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo
Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación
de la punta de Cody.
Pronto las penalidades
del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos,
los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada
por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.
Lockridge, deseperado
de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de
ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado
de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó,
pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino
estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó
á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel
desastre, renunciaron á toda tentativa.
Tan luego supo Mora
en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel
Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición.
El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó
en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos
ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á
que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor
Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.
en el ismo día
que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una
invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la
cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir
en los asuntos del Río y lo necesario que creia promover á
todo trance la salida de los invasores que había traído Lockridge.
Puestos de acuerdo en este punto, arreglaron un contrato para la devolución
de aquellos hombres á los puertos de los Estados Unidos por cuenta
del Gobierno de Costa Rica.
En consecuencia dos
días después fueron trasladados a los buques de guerra Cassack
y Tartar de su Majestad Británica, todos los filibusteros que se
hallaban en Punta de Castilla, en número de trescientos cincuenta
para ser conducidos á los puertos convenidos.
Los aliados, mientras
tanto, se fortificarón en San Jorge, puerto del lago, que les proporcionaba
la ventaja de servirse de los vapores para estar en relaciones con el interior
del país, y poder ocurrir inmediatamente á cualquier punto
que amenazara Walker.
El 29 de Enero de
1857, se presentó Henningsen con seiscientos hombres atacando el
campamento de los aliados. Su ataque duró doce horas continuas de
incensante fuego; pero fué rechazado con una pérdida de mas
de cien bajas.
El 1ª de Febrero,
llegó a San Jorge el General tico don José Joaquín
Mora, á bordo del vapor San Carlos y conduciendo un refuerzo de
trescientos hombres.
Mora estaba infatuado
con los triunfos del Río, y su avilantez, que se hacía insoportable,
picó mucho á los demás jefes. Zavala, con aturdimiento
caracteristico, fué el primero en mofarse de él y en hacer
calificaciones desfavorables acerca de sus aptitudes militares.
Los jefes nicaragüenses,
temerosos de que las nuevas divisiones volvieran á entorpecerlo
todo, se interesarón en organizar una reunión á bordo
del vapor, con el objeto de ponerse de acuerdo con Mora; pero cuando se
disponían a verificarlo, se anunció un movimiento de Walker
sobre la plaza y todos ocurrieron á cubrir sus puestos, mientras
Mora regresaba a sus posiciones del Río.
En la noche del 3
de febrero, Walker sorprendió una barricada y se introdujo á
la plaza al favor de la obscuridad. La entereza de Jerez y de otros jefes,
que hicieron prodigios de valor, reparó los terribles efectos de
la sorpresa, y Walker fué rechazado.
El 7 de febrero los
filibusteros amanecieron tomando posiciones con su artillería frente
á San Jorge; rompiendo poco después un cañoneo que
duró hasta las tres de la tarde.
Tan continuados ataques
obedecían á la necesidad que Walker tenía de mantener
en movimiento su ejército para evitar deserciones. Estas eran muchas
y muy continuadas, merced á las proclamas del Presidente Mora, en
que ofrecía garantías y recompensas á todos los que
abandonaran las filas de los filibusteros.
Para obtener mayor
número de deserciones en el Campamento de Walker, se adoptó
por sistema hacer que partidas volantes se acercaran á las posiciones
de los filibusteros, llevando en ellas á los desertores, que hablaban
desde lejos á antiguos compañeros, dándoles noticias
de la bondad con que se les trataba en el campamento aliado.
Partidas enteras
de caballería é infantería de los filibusteros se
escapaban a Liberia, donde el Gobierno de Costa Rica las hacia recibir
muy bien y pagaba su pasaje hasta Nueva York. Cerca de mil doscientos hombres
regresaron de ésta manera á su patria. (1) Memoria
de Hacienda, Guerra y Marina del Gobierno de Costa Rica del 23 de Septiembre
de 1857.
El 6 de febrero ancló
en San Juan del Sur la fragata de guerra americana Saint Mary, al mando
del Capitán Carlos Enrique Davis. Este se presentó en el
campamento aliado, el 19 del mismo mes, pidiendo que se le entregara uno
de los vapores del lago para la continuación del tránsito
inter-oceánico. Los aliados contestaron que se accedería
á la solicitud, tan pronto como estuviera el país libre de
filibusteros. Sin desmayar por esta negativa, el Capitán davis volvió
á dirigirse á los aliados, pidiendo permiso para colocar
en "La Virgen", una escolta americana, que diera garantía á
los edificios de La Compañía de Tránsito. Los aliados
respondieron que no estaban autorizados por sus respectivos Gobiernos para
atender esa clase de asuntos.
El Capitán
Davis continuó en San Juan del Sur, observando el desarrollo de
la campaña; y tanto Walker como los aliados no lo creían
amigo.
Walker, á
pesar de encontrarse cortado por el lado del Atlántico, no dejaba
de recibir auxilios, de vez en cuando, por la Vía de San Juan del
Sur.
El 4 de marzo se
anunció la llegada de uno de esos refuerzos, y los aliados destacaron
al General don Fernando Chamorro con seiscientos hombres para que impidiera
su entrada á Rivas. Walker, á su vez, mandó á
protegerlo con doscientos hombres.
Chamorro salió
de San Jorge el día 5 muy de madrugada y se situó en la Hacienda
de Jocote, que es la mediania entre Rivas y San Juan del Sur.
Poco después
los ochenta hombres que componían el refuerzo américano,
se batían con las avanzadas nicaragüenses y eran derrotados
y perseguidos.
Terminada su misión,
Chamorro regresó de Jocote; pero a poca distancia, en el llano del
Coyol, le aguardaban emboscados en una quebrada, los doscientos filibusteros
de Walker, que no pudieron llegar a tiempo a favorecer á sus amigos.
Los nicaragüenses no se trubaron con la sorpresa. Pasada la primera
impresión, se organizaron con calma y sostuvieron la acción
hasta muy avanzada la tarde, en que la victoria se declaró por ellos,
haciendo 35 muertos al enemigo.
Los gobiernos de
Centro América, informados de la rivalidad de los Generales del
ejército, convinieron en someterlos todos á un sólo
jefe, designando con tal objeto al general don José Joaquin Mora,
hermano del Presidente de Costa Rica. Mora llegó al campamento de
san Jorge con una división de quinientos sesenta costarricenses
y al día siguiente, 19 de marzo de 1857, se hizo cargo del mando
en jefe de los ejércitos aliados.
El 26 mandó
poner estrecho y riguroso sitió á la plaza de Rivas.
Mora era un militar
novel y creía que sus armas tendrían en todas partes la misma
buena suerte que en el río San Juan. Ansioso de concluir la campaña
y de alcanzar nuevos laureles, dispuso el asalto de la plaza, desoyendo
las indicaciones de los demás jefes, que consideraban innecesario
exasperar á un enemigo á quien mataban el desaliento, el
ocio y las deserciones continuas.
Aferrado en su capricho
atacó simultáneamente á Rivas en los días 23,
24, y 26 de marzo, y últimamente el 11 de abril; pero en todos esos
días fué rechazado con grandes pérdidas.
Walker reducido al
último extremo, se habría rendido incondicionalmente, si
el 24 de abril no se presenta el Capitán Davis como mediador, obteniendo
para los americanos una honrosa capitulación.
En virtud de ella
Walker y sus oficiales salieron de la plaza el 1ª de Mayo de 1857
con todos sus honores de la guerra, y los demás filibusteros rindieron
sus armas al Capitán Davis. este entregó el armamento á
los aliados, mediante el ofrecimiento de que garantizarían la permanencia
en el país á todos los centroaméricanos que acompañaron
a Walker.
El convenio fué
firmado solamente por Davis y Walker; y cada vez que en él se designa
á los jefes aliados se les da el nombre de "enemigo".
"Esa capitulación,
dice un contemporáneo de aquellos sucesos, es un documento de oprobio
y humillación para centro América. No capitula el malvado
con el general en Jefe, lo hace con el Capitán de la fragata américana
sin dar garantías, y es á él también le entrega
La Plaza de Rivas, para que le devuelva á nombre de los Estados
Unidos y por autoridad propia; plabras que completan la humillación,
porque no sé que autoridad pudiera tener en el caso presente, el
Comandante de la Fragata. Jamás un bandido pudo despreciar más
en su agonía á los Gobiernos que le hacían la guerra
y á los valientes que le tenían reducido á la última
extremidad. Al entregar la plaza, tenían más orgullo los
vencidos que los vencedores."
" Se encontraron
rotos todos los cañones, el parque de polvora de grano en los pozos;
el armamento hecho trizas; y solamente ochocientos fusiles en buen estado
que se repartieron entre los aliados. (1)
Carta
inédita de gerardo Barrios al Ex- Presidente San Martín,
fechada en León á 14 de mayo de 1857 y en poder del autor.
Pérez,
en su Biografía del general don Tomás Martinez, dice á
este respecto: " Se anunció la llegada al campamento del general
Barrios, con un ejército salvadoreño, y el señor Mora
creyó que el triunfo, que se veía tan próximo, se
iba a atribuir al citado Barrios. En tal virtud se resolvió á
aceptar ó aprobar la capitulación que fué celebrada
entre el Comandante Davis de la corbeta américana Santa María
y el filibustero Walker. Mora, al aprobar dicha capitulación, quiso
que fuese firmada por los jefes aliados; pero los mismos Martinez, Chamorro
y Xatruch le contestaron que no la firmaban porque le creían ignomíniosa.
No se exigió a Walker ni siquiera la promesa de no volver á
Nicaragua y antes bien salió con honores y protestando que muy pronto
volverá aá recobrar su posicion. Aún hubo más;
el mismo señor Mora mandó un ayudante á pedir mas
bestias para conducir á Walker y á su comitiva á San
Juan del Sur, y Martinez le contestó que no tenían más
que las propias y las de sus subalternos, los cuales no tenían voluntad
de brindarlas, para que fuesen en ellas los asesinos é incendiarios
de la patria."
El
número 23 de la ":Gaceta de Nicaragua", correspondiente al 5 de
diciembre de 1857, dice en su parte editorial:- "Nosotros no demostraremos
lo cobarde é importuna de esa humillación, porque ya es un
hecho consumado, y porque todo centro América está al cabo
de cómo se menguó su dignidad en aquel acto digno del olvido.
Quien no sabe que el Teniente General Mora se apresuró á
concluir malamente la guerra, porque el General Barrios con un ejército
flamante estaba al incorporarse al ejército aliado? Quien
no sabe lo que exclamó poco después de hecha la capitulación?
"Gran Chasco, dijo, les he dado á los salvadoreños: los he
privado de adquirir gloria en la campaña nacional"
(N.
del A).
Así término
la sangrienta campaña contra los filibusteros, á quienes
todavía hubo que dar como treinta mil pesos más, para gastos
de transporte de quinientos hombres, que se rindierón en Rivas.
Llama bastante la
atención que el general Mora no se le haya ocurrido exigir á
William Walker la solemne promesa de no intentar nuevas expediciones, ni
la garantía del Capitán Davis sobre este punto. se dijo en
aquellos días que la noticia de venir en camino el General don Gerardo
Barrios con mil ochocientos salvadoreños y ser este jefe muy reputado,
excitó los celos del jefe costarricense, que quiso evitar el que
se dijera más tarde, que se debía el triunfo á la
llegada de Barrios. esta aseveración, muy sostenida por personas
respetables de aquel tiempo, aparece tambien confirmada en documentos.
Mora regresó
a Costa Rica dos días después de la capitulación.
el apoyo decisivo que prestó su gobierno aquella vez, salvó
á centroamérica del filibusterismo; pero el brillo de esa
página en nuestra historia, fué obscurecido á continuación
por el Presidente don Juan Rafael Mora que, considerando débil y
postrada á Nicaragua, se constituyó en juez y parte de la
antigua cuestión de límites con Costa Rica y trató
de arrebatarnos con violencia mucha parte de nuestro territorio.
Zavala, al llegar
á León, infatuado con las glorias de la campaña, llevó
su insolencia hasta insultar al Presidente Rivas y á uno de sus
Ministros, amenazándolos con la horca, si dentro de señalado
término no cumplían ciertas órdenes. Jerez llamó
inmediatamente á las armas al pueblo leonés y con centenares
de hombres armados, que organizó de momento, iba á lanzarse
á vengar la injuria, cuando intervino, como mediador amigable, el
general don Gerardo Barrios, quien había llegado con mil ochocientos
salvadoreños é hizo salir precipitadamente á Zavala
para Chinandega.
A consecuencia del
anterior suceso, Guatemala dirigió energícas reclamaciones
al gobierno de Nicaragua que éste á su vez reprodujo y aunque
el Gobierno de Guatemala reconoció oficialmente que el general Zavala
no habría guardado la calma y moderación débidas,
cerró sus relaciones con el Gobierno del señor Rivas.
Zavala con su columna
expedicionaria entró de regreso a Guatemala el 1ª de junio
del mismo año y fué recibido de la manera más solemne
y entusiasta.
El 6 del mismo mes,
el Gobierno de Guatemala mandó condecorar á los jefes y oficiales
que se distinguieron en la campaña contra Walker con una cruz de
honor, que debía llevar la inscripción siguiente:
Defensa de Nicaragua, Guatemala al mérito distinguido 1856
1857.
Gerardo Barrios,
con el ejército salvadoreño de su mando, regresó á
San Salvador el 8 de junio, y aunque fué recibido en triunfo, su
enemistad con el Presidente Campo tomó mayor aumento en esos días
y fué acusado de querer sublevarse. Fortificádose con este
motivo á Cojutepeque, residencia del Poder Ejecutivo, y cuando parecía
que iban a romperse las hostilidades, intervino el ex-Presidente don José
María San Martín, amigo de ambos bandos y logró un
arreglo, en virtud del cual fué desarmado el ejército expedicionario,
que entró por esta causa á Cojutepeque como vencido.
Xatruch, con las
fuerzas hondureñas, regresó á Comayagua el 12 de junio
y fué recibido con las mayores demostraciones de regocijo.
Mora con el ejército
costarricense hizo su entrada á San José el día 13.
Las ovaciones que él y sus valientes compañeros recibieron
en ese día, fueron extraordinarias. El Presidente Mora decretó
condecoraciones de oro y plata para todos los que se distinguieon en la
campaña, los festejó y los recompensó de cuantas maneras
pudo.
El Congreso costarricense,
además, dió el grado de Capitán General del ejército
al Presidente Mora y el de Teniente General á don José Joaquin
Mora, votando un premio de veinte mil pesos para los hijos de éste
último y otro de quince mil para los del General Cañas.
En Nicaragua no era
tan satisfactoria la situación, expulsado Walker y terminada toda
guerra exterior, los partidos del 54 quedaron frente á frente, bien
armados, provistos de municiones y recursos y listos á despedazarse.
Según el convenio
de fusión de 12 de septiembre de 1856, "ocho días después
de arrojados los filibusteros debía de convocarse á elecciones
con arreglos á la Constitución de 1838, " pero equipadas
las fuerzas de los contendientes, la eleccion tendría que empatarse,
produciendo más irritación en los ánimos y sirviendo
en aquellas circunstancias, como de chispa arrojada á un polvorín.
El General Mora ,
antes de regresarse, alentó en secreto á ambos partidos y
aun se dijo que entró en inteligencia con ellos.
El general Barrios,
que se interesaba porque se arreglaran las cuestiones interiores de Nicaragua,
interponiendo su mediacion amistosa, recibió órden del General
Mora de regresarse inmediatamente bajo pretexto de economizar gastos al
Salvador. Barrios le contestó que, estando terminada la guerra,
había cesado el mando en jefe de los ejércitos aliados y
que él, sólo le tocaba recibir ordenes de su respectivo Gobierno,
que había garantizado el cumplimiento del convenio celebrado entre
legitimistas y democraticos. (1).
Carta
de Gerardo Barrios al ex-Presidente San Martin, fechada en Leon á
7 de mayo de 1857 y que obra en poder del autor.
Consecuentemente
con su propósito, Barrios dirigió una circular á los
principales hombres del país, para que reunidos en León bajo
la presidencia del mismo Barrios, convinieron en la persona que debían
elegir para gobernante.
Marínez, que
continuaba en Granada, no quiso concurrir y de acuerdo con su partido,
envió una comisión compuesta por los señores General
don Fernando Chamorro, Licenciado don Gerónimo Perez y don Ignacio
Padilla.
La reunión
se llevó a efecto el día 17 de mayo, con la asistencia de
lo más selecto del partido democrático, y acordó por
unanimidad de votos trabajar en favor de la candidatura presidencial de
don Juan Bautista Sacasa del vecindario de Leon. Chamorro al suscribir
el acta, que se levantó, hizo presente que no comprometía
más que su persona y de ninguna manera á su partido.
En ese mismo día
se verificó el ultraje del general Zavala al Presidente Rivas, y
los democráticos, creyéndolo identificado con los legitimistas,
hicieron saber a Chamorro que toda negociación quedaba interrumpidan
por entonces. La comisión granadina aprovechó la oportunidad
para retirarse.
Cuando los legitimistas
supieron el resultado de la reunión, resolvieron ocupar de hecho
á Managua y continuar la guerra.
Managua, según
el convenio de fusión, debía permanecer ocupada por los democráticos,
hasta que estuviera electo el nuevo gobernante. Por consiguiente, su ocupación
por el jefe legitimistas, don Tomás Martinez, con una fuerza armada,
era un verdadero casus belli. Así lo comprendió este jefe;
y para salvar las apariencias, procuró disimular aquel paso, haciéndolo
aparecer como hijo del noble propósito de acercarse a León,
para mejor entenderse en la cuestión de arreglos.
A pesar de las desgracias
del país que se hallaba reducido los partidos permanecían
ciegos y obcecados, prefiriendo cada uno de ellos la continuación
de la guerra, antes de quedar bajo la dependencia del otro. La guerra pues,
era la aspiración general del país, con raras excepciones
en ambos bandos. En éstas contábanse Jerez y Martinez, jefes
principales, que abogaban por la paz.
Se llegó á
convenir en una nueva reunión en Managua, compuesta de delegados
de los dos partidos. Barrios había regresado al Salvador, y en su
defecto concurrió Jerez con doce ciudadanos leoneses de los más
prominentes. Otros tantos fuerón de Granada, acudillados por Martinez,
y aunque se trabajó mucho por llegar á su avenimiento, éste
parecía alejarse más cada día.
Un testigo presencial
de aquella junta refiere, que cuando por vía de transacción
se proponía que el Presidente fuese tomado de un Partido y el personal
del Ministerio de otro, ambos bandos reclamaban para sí dar el Presidente:
que cuando se llegaba á convenir en este último, se hallaba
nueva disputa acerca del mando en jefe militar y otras pequeñeces
y miserias, sin que fuera posible llegar á ningún resulado
práctico. (1)
El General Cañas,
que parecía había tomado afecto a Nicaragua, en vez de regresarse
a Costa Rica á recibir las ovaciones triunfales, que se concedió
al resto de sus compañeros de armas, se quedó por algún
tiempo, trabajando con empeño por la reconciliación de los
partidos. (1) Gerónimo
Pérez Bíografia del General Martinez.
La situación
fué haciéndose cada día más dificil. Los legitimistas
que parecían los más deseosos de la guerra, interrumpieron
las negociaciones, presentando un últimatum, que debía ser
aceptado por los democráticos en la noche siguiente. Estos se negaron,
y desde ese entonces comnezaron á despedirse unos de otros y á
tomar sus prevenciones para la nueva campaña.
El conflicto no podía
ser más serio, y el 12 de junio de 1857, en que todos se preparaban
para recomenzar la lucha fraticida, Jerez y Martinez, desesperados de aquella
situacion y alentados por el patriótico General Fernando Chamorro,
resolvieron asumir la dictadura de Nicaragua y como jefes de los dos bandos
antagonistas, imponerse al país y salvarlo de la anarquía.
Se firmó entonces un convenio en tal sentido; pero pocas horas después
se presentó Jerez, muy excitado y manifestó á Martínez
que, aunque tenía confianza en sus amigos, dad la irritabilidad
de los ánimos en áquellas circunstancias, temía que
le desaprobaran su conducta y aún lo redujeran á prisión
para evitar que regresara á cumplir lo estipulado: que partía
en esos momentos a León, y para evitar lo que temia y probar su
buena fe, y quería que en ese caso Martinez sólo asumiera
la dictadura y salvara el país. Aceptado por este jefe el nuevo
pensamiento, fué adicionado el convenio con otro artículo,
que suscribieron ambos.
Los temores de Jerez
resultaron infundados; El Gobierno de León aprobó el convenio,
y el 24 del mismo mes, se inauguró en Managua el de Jerez y Martinez,
con gran disgusto de la mayor parte de los legitimistas.
"Al ver la instalación
en una pobre casa particular, dice el señor Péerez, sin aparatp
alguno, sin más muebles que una mesa sin carpeta; al ver á
los jefes con su vestido común, marcahando al templo entre una valla
de soldados, á gran distancia el uno del otro; al oir el Te De
más triste que quizás se ha cantado en nuestras funciones
cívicas; al ver que los pocos concurrentes se reían de aquel
espectáculo que les parecía ridículo; todos presagiaban
que la Junta no podría dar un paso, teniendo dos cabezas tan opuestas,
y que su vida iba aá ser efimera, concluyendo con un pleito entre
los mandatarios". (1) Biografía
del General Martínez.
El manifiesto inaugural
de los dos dictadores, obra de Jerez, concluía con estas palabras:
"Nada tenemos que deciros sobre reconciliación de partidos. La Junta
de Gobierno lleva consigo el estandarte de la union; y los nicaragüenses
en derredor de él, lograrán volver cuanto antes al orden
constitucional, que es el sendero de sólida prosperidad.
"Tributemos gracias
infinitas al Todopoderoso, Padre universal del gobierno humano, poruqe
Nicaragua todavía existe, y porque sus hijos, aprovechando las lecciones
de una dolorosa experiencia, serán más celosos por su conservación
y engrandecimiento".
EL
CONFLICTO CON COSTA RICA
En el mismo día
que se firmó la capitulación de Walker en Rivas, el 1ª
de Mayo de 1857 aá las cinco de la tarde, pasaron al alojamiento
de Walker los señores General don Victor Zavala, primer jefe del
ejército de Guatemal y el Capitán Davis, Comandante de la
Saint Mary, con objeto de invitarlo á ponerse en camino para San
Juan del Sur, adonde iban ambos á dejarlo, en cumplimiento de lo
que había estipulado.
El jefe filibustero,
seguido de diez y seis oficiales de los suyos, armados todos de sables
y revolveres, montó, algunos momentos después, y salió
de Rivas con todos los honores de la guerra. Por la noche se hallaban á
bordo de la Saint Mary.
Al llegar á
Panamá, el Comodoro américano, Mr. Marvine, prohibió
a Walker y á sus oficiales el que saltarán a tierra y tuvieses
comunicación con los de la ciudad. Fué tan rígida
esta última orden, que aun las cartas que le llegaron por el vapor
California, fueron devueltas. Walker protestó que no había
ido en la Saint Mary como prisionero; pero el Comodoro manifestó
que el Gobierno de la Nueva Granada había publicado un decreto,
en que prohibía desembarcar en Panamá á todos los
que últimamente habían estado en la guerra de Centro América.
El 17 de mayo fué
conducido Walker á Colón y reebarcado en el Granada con dirección
á Nueva Orleans, adonde llegó el 27 y fué recibido
con loco entusiasmo por sus amigos. Se hospedó en el San Carlos
Hotel", e invitó, por medio de los diarios, para un meeting en la
calle del Canal, ofreciendo hablar extensamente sobre sus aventuras en
Nicaragua.
El mismo 29 del mismo
mes, se colocó en la calle citada una improvisada plataforma, adornada
con emblemas alegóricos y se prepararon bandas de música
y juegos pirotécnicos por los amigos de Walker. Este compareció
rodeado de muchos de sus camaradas y fué saludado frenéticamente
por la muchedumbre compacta que llenaba la calle, Walker habló durante
dos horas, procurando vindicar sus correrias filibusteras en centro américa,
con el deseo de extender la civilización y la influencia américana.
El discurso fué
ruidosamente aplaudido, aunque casi no se entendió al orador por
ser muy débil su voz; pero la muchedumbre se hallaba aleccionada,
y así terminó el meeting llevó en triunfo á
Walker hasta su alojamiento.
Los triunfos de Nueva
Orleans alentó al jefe filibustero, que se decidió á
recorrer el territorio américano, levantando el espiritu público
en su favor y buscando nuevos prosélitos. Dirigióse, pués,
á Washington, y con su audacia acostumbrada, escribió una
larga carta al Presidente Buchanan, en que le hizo una relación
de sus campañas en Nicaragua y los medios que sus enemigos emplearon
para combatirlo; y concluyó por acusar al Capitán Davis por
la intervención que tomó en la capitulación de Rivas.
La carta fué publicada en el Herald de 18 de junio de 1857, pero
el Presidente la miró con absoluto desprecio.
La actitud pasiva
del Presidente américano dió nuevo aliento á Walker.
Recorrió activamente Nueva York y después las principales
ciudades del Sur, promoviendo reuniones en todas partes, titulándose
Presidente legítimo de Nicaragua y pronunciando largos discursos.
el improvisado orador tenía oro, que repartía con profusión
y halagaba, prometiendo riquezas fabulosas y feracísimos terrenos
en Centro América.
Henningsen, fiél
a su bandera, acompañó á su jefe y le ayudó
en todas partes, prestando á la causa filibustera el prestigio de
su nombre como buen escritor y también como aventurero audaz y de
valor.
El 2 de septiembre
de 1857, Walker hizo alarde de sus ideas esclavistas, sosteniéndolas
en una carta á Mr. Jenkins que reprodujeron varios periódicos;
y pocos días después en unión de Henningsen, Lockridge
y Waters hacía públicos aprestos y reclutamientos para una
nueva expedición, en Nashville, Savanah, Tejas y Missisipi respectivamente,
y mandaba circular por todas partes de los Estados Unidos grandes cartelones,
en que invitaba á enrolarse en la misma expedición, con ofrecimiento
á cada expedicionario de veinticinco pesos mensuales y doscientos
cincuenta acres de tierra.
El Trait of Union
de Nueva Orleans anunciaba la expedición de los filibusteros en
estos términos:
"Si hemos de dar
crédito, decía, á los rumores que corren con todas
las garantías de la certeza, el ejército del general Walker
se compone de unos tres mil hombres, y su caja militar, sin incluir las
sumas votadas y que se le deben enviar posteriormente, contiene en este
momento más de doscientos mil pesos. Digan lo que quieran los tímidos,
la administración cerrará los ojos sobre la expedición
y estará pronta a reconocer ó rechazar la responsabilidad
de la empresa según los resultados."
El Cuerpo Diplomático
sacó de su criminal apatía al Presidente Buchanan, Las protestas
llegaban de hora en hora, y fué preciso hacer una declaración
oficial en que se reprobaba la expedición, y dar órdenes
muy terminantes que se publicaron en los diarios, en que prevenía
la persecución de todos aquellos que favorecieran las expediciones
militares contra Nicaragua.
Las imprudencias
de Walker, como llevamos visto, lo perjudicaron una vez más. Sus
esfuerzos se malograron por la situación dificil que él mismo
se creó y para mayor abundamiento fué reducido á prisión,
de la cual salió poco después bajo fianza de dos mil pesos.
Las exigencias del
Cuerpo Diplomático obligó también al Gobierno américano
á mandar algunos buques de guerra á las costas de Centro
América, con orden de vigilarlas é impedir el desembarco
de expediciones de filibusteros.
Walker se trasladó
á Nueva Orleans y allecionado por la experiencia, preparó
en secreto otra nueva expedición. En seguida se embarcó en
el Vapor California, el 12 de noviembre de 1857, de donde se trasbordó
á otro buque que lo aguardaba a la entrada de la bahía, y
de éste al Fashion, á cuyo bordo estaba el resto de los expedicionarios,
las armas y municiones y en el cual se dirigieron todos sobre Nicaragua.
Apenas se supo en
Washington la salida de la expedición, los representantes de los
gobiernos centro américanos se dirigierón a mr. Cass, Ministro
de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, haciéndole enérgicas
protestas. El Ministro manifestó desagrado por la conducta que habían
observado Walker y sus aventureros, y dispuso que la fragata de guerra
Susquehana saliera inmediatamente para la costa de Nicaragua, con órdenes
muy terminantes sobre el particular.
Mientras tales acontecimientos
se verificaban en los Estados Unidos, Nicaragua hacía esfuerzos
por convalecer de su postración, apelando al patriotismo de todos
sus hijos. Los sucesos, sin embargo, fueron complicándose, como
veremos en adelante, y hubo necesidad de ponerse en armas y levantar ejércitos
en los momentos precisos, en que Walker se acercaba á nuestras playas.
Inaugurado el Gobierno
dictatorial de Jerez y Martinez, fueron nombrados Ministros de Relaciones
Exteriores, Gobernacion y Hacienda respectivamente, los señores
Licenciado don Gregorio Juarez, Doctor don Rosalio Cartés y don
Macario Alvarez.
Jerez, que durante
la campaña nacional fué siempre uno de los primeros en desfiar
el peligro, encontró en su compañero de dictadura un buen
fondo de honradez y las mejores intenciones en favor del país, y
procuró con empeño darle prestigios y hacerlo popular en
todas partes, para que su candidatura presidencial fuera aceptada en los
próximos comicios. se hacía indispensable unificar á
Nicaragua en cualquier sentido, porque las noticias que llegaban de Walker
eran cada día más alarmantes; y Jerez que con su clara inteligencia
valoraba la situación, hallaba en su patriotismo fuerzas suficientes
para resignarse á depender de un hombre que le era inferior bajo
muchos conceptos, y para sacrificar en aras de la salud de la patria las
aspiraciones de sus compartidarios leoneses.
al terminarse la
campaña nacional, Costa Rica, bajo pretexto de seguridad común,
siguió ocupando los vapores del Río y Lago y también
la Fortaleza del Castillo de la Purisima Inmaculada. Los nicaragüenses
que respiraban sólo gratitud para sus hermanos de Costa Rica, no
veían en este acto ninguna amenaza para su tranquilidad y permanecían
indiferencias al avance del Gobierno vecino.
Desgraciadamente
existía la antigua cuestión de límites entre ambos
países, motivada por la anexión interina de la Provincia
del Guanacaste en el año 1824. Costa Rica alegaba que este territorio
le pertenecía en propiedad en virtud de la posesión no interrumpida
de tantos años y del derecho que tuvo aquella porción del
territorio nicaragüense para unirse al de Costa Rica. Nicaragua negaba
esta libertad y alegaba á su vez, qué la posesión
había sido en calidad de interina, para mientras se constituía,
según se hizo constar en los documentos que legalizaron aquel paso.
Costa Rica que al principio había ofrecido hasta una indemnización
pecunaria a Nicaragua, cuyos derechos no podía negarle, fué
con el tiempo avanzando en sus pretensiones, y en la fecha á que
hemos llegado, creyó fácil coronarlas, explotando la desgracia
de su rival.
Después de
la famosa capitulación de Rivas, evacuado ya el territorio de Nicaragua
por las hordas de filibusteros, el general Mora, sin contar con el Gobierno
existente en León, dió armas á los Generales Martinez
y Jerez con recomendaciones insidiosas y marchó para Costa Rica
dejando las cosas en estado de incertidumbre.
Si Jerez hubiera
sido un ambicioso vulgar y hombre menos inteligente, quizas habría
caído en el lazo; pero el caudillo democrático unia á
su patriotismo sin límites un privilegiado talento. Fácil
le fué comprender los manejos del Presidente Mora, y combatirlos
con eficacia, plegándose aá Martinez, inspirando á
éste toda confianza, abriéndole los ojos sobre el peligro
común y procurando con su ayuda la unificación del país.
El general Cañas,
comisionado del Gobierno costarricense habia trazado él mismo, en
arreglos practicados inmediatamente después de terminada la campaña,
la linea divisoria entre Costa Rica y Nicaragua, cediendo ésta para
siempre sus derechos al Guanacaste; pero el tratado no fué ratificado
por el Congreso de aquella República.
El comisionado Cañas
solicitó á nombre de su Gobierno que éste perteneciese
en posesión de Castillo Viejo, por tiempo indefinido, pretextando
la defensa nacional amenazada por walker. Nicaragua se lo permitió
con la sola restricción de tener allí empleados de hacienda.
Quiso Costa Rica
tener también la navegación del Río San Juan y Lago,
y Nicaragua no sólo se lo impidió, sino que convidó
á confundir las propiedades y las soberanías de ambos países,
para formar más que una sola República.
Andersen se puso
de acuerdo con el Comodoro Vanderbilt y obtuvo de éste el reconocimiento
del derecho de Costa Rica y el que lo regersara á San José
en calidad de agente suyo, para solicitar la concesión del tránsito
por Nicaragua, ofreciendo en retribución, al presidente Mora, una
considerable suma de pesos.
Webster se entendió
con Carlos Morgan, que á su vez lo envió tambien a Costa
Rica, en clase de agente y asociado de su yerno Israel Chapman Harris,
para que solicitara el mismo privilegio.
Los agentes de ambas
compañías entraron en competencia de Costa Rica un nuevo
contrato, fecha 14 de julio de 1857, en el que se les concedía privilegio
exclusivo, por cincuenta añois, para transitar por agua y tierra
" a través del itsmo de Nicaragua".
Tambien se le concedía
exencion de derechos fiscales para ciertos artículos; se les permitía
equipar y mantener una guardia, y se les ofrecía, que si el Gobierno
de Nicaragua negaba su adhesión al contrato celebrado, Costa Rica
sostendría las concesiones y permitiría á los contratistas
el uso por dos años del camino de "La Virgen" á San JUan
del Sur, mientras se fabricaba otro de Sapoá á la Bahía
de Salinas.
Como la amenaza de
Walker, estaba siempre á la vista, el gobierno de Costa Rica, que
le temía bastante. estipuló en el contrato, que la neutraiidad
del tránsito fuera garantía de los Estados Unidos, Francia
y la Gran Bretaña.
El Gobierno de Nicaragua,
que ignoraba los trabajos de Costa Rica, facultó á su Ministro
en Washington para que celebrara un nuevo contrato de tránsito con
la misma Compañía, á la cual en 1849 se hab1a concedido
privilegio para la construcción de un canal interoceánico.
El Contrato del señor
Irisarri, Ministro de Nicaragua, fué considerado por Costa Rica
como un agravio. El General Cañas lo manifestó así
al Gobierno nicaragüense y se retiró después de un rompimiento
oficial con la administración de los Generales Martínez y
Jerez.
De Liberia, sin embargo
el General Cañas dirigió una carta amigable al general Jerez,
proponiéndole terminar la diferencia con un decreto, en que el Gobierno
de Nicaragua, como dueño del territorio, facultara al de Costa Rica
para arreglo de la linea de Tránsito.
Esa carta fué
remitida por el gobierno nicaragüense al Ministro Irisarri, para que
informase si podía ser aceptada la proposición y que si esto
no era posible, por la naturaleza de los compromisos contraídos
con la nueva Compañía de Tránsito, estudiara al modo
de arreglar las diferencias con costa rica, procurando conciliar las pretensiones
de ésta con los intereses de Nicaragua.
Irisarri contestó
con fecha 31 de agosto, rechazando con indignación la propuesta
del General Cañas. decía que Webster, el contratista electo
por Costa Rica era un falsificador, que acababa de estar en la cárcel
por tres mil pesos que no pudo pagar; y que tanto éste como sus
socios. Morgan y Harris eran aliados de Walker, muy poco aparentes para
acreditar la empresa y nada tranquilizadores para el país. Agregaba
Irrisori, que el gobierno de los estados Unidos, interesado en la reapertura
del Tránsito negaba terminantemente á reconocer la intervención
costarricense y luego añadía: "Enhorabuena, hagánse
entre ese Gobierno y el de Costa Rica los arreglos que exige la seguridad
común y la mutua conveniencia; pero hágase ésto de
modo que Nicaragua no aparezca como un Estado conquistado y obligarlo á
recibir la ley de sus vencedores, porque aunque á recibir la ley
de sus vencedores, porque aunque asi quisiera hacerse, el gobierno de los
estados Unidos ha declarado que no consentirá en transacción
semejante.
Mientras se verificaban
los acontecimientos últimamanete relacionados a Jerez y Martinez,
convencidos de la necesidad de reorganizar cuanto antes el país,
para poder oponerlo compacto á Costa Rica, si llegaba el caso, convinieron
en convocar á elecciones para futuro Presidente y para diputados
á una Constituyente, encargada de formar la nueva Constitución.
Practicadas las elecciones
con toda libertad y en la mejor armonía, recayó el voto casi
unánime de los pueblos en el General Martínez, para Presidente
de la república. era entonces Martinez el caudillo de mayor prestigio
y más querido en el país.
Costa Rica, mientras
tanto, había acreditado Legaciones en Washington y trabajaba activamente
por que se le reconociera su pretendido derecho de conquista sobre la línea
de Tránsito inter-oceánico. su actitud llegó á
ser hostil contra Nicaragua, que el señor Irisarri, bastante alarmado,
escribía oficialmente con fecha 30 de octubre, á la Cancillería
de Managua:
"En todas ocasiones
el señor Molina (Representante de Costa Rica) se ha manifestado
hostilismo á Nicaragua, como si la independencia de esa república
fuese contraria a los intereses de Costa Rica y como si estos intereses
no puedieran conciliarse con los de Nicaragua. Para él (señor
Molina) no hay hombres en Nicaragua que puedan gobernar aquella República
y necesitan los nicaragüenses de ser gobernados por los costarricenses.
Bien podia este señor servir á Costa rica, sin manifestar
una hostilidad tan grande contra Nicaragua; y es un dolor que haya tenido
yo que contrarrestar en este país, los esfuerzos de un agente de
una república centro américana, como podia contrarrestar
lo de un agente de la nación enemiga".
Los trabajos de Costa
Rica, sin embargo, nunca obtuvieron éxito satisfactorio. además
de que Irisarri desplegaba en nuestro favor su gran talento y su prodigiosa
actividad, el Gobierno américano interesado como hemos dicho antes
en la reapertura del tránsito, tenía que estar también
de nuestra parte, porque, como lo manifestó su Secretario de Relaciones,
no podía convenir á ninguna potencia marítima ni mercantil,
que hubiera dos autoridades soberanas, con quienes fuese preciso entenderse,
en un país por donde hicieron el comercio general del mundo.
A consecuencia de
la determinación anterior, el Gobierno américano dirigió
en el mes de septiembre de 1857, á Mr. W. Carey Jones, agente diplomático
en San José, una comunicación muy explícita, con orden
de leerla al Presidente Mora, en la que manifestaba, que la intervención
de Costa Rica en Nicaragua como aliada contra los filibusteros, no pudo
darle derecho de conquista, y que en tal virtud, el Gobierno de los Estados
Unidos no permitiría jamás ningún acto que afectara
los intereses adquiridos legalmente en la línea del tránsito
por ciudadanos américanos, bajo la soberanía del Gobierno
de Nicaragua.
De esta comunicación
se pasó también copia á todo el Cuerpo Diplomático,
residente en Washington.
El resultado satisfactorio
de las elecciones practicadas en Nicaragua, que alejaban por mucho tiempo
la posibilidad de un trastorno , del cual pudiera aprovecharse Costa Rica,
y el fracaso de las negociaciones en los Estados Unidos, exaltaron al Presidente
Mora. Pensó indudablemente que el tiempo venidero sería menos
propicio, y haciendo un último esfuerzo, ocurrió al medio
extremo de un golpe de audacia, si bien injustificable ante el derecho
de gentes, con probabilidades de éxito por la debilidad y suma postración
en que suponía á Nicaragua.
Hemos dicho en otro
lugar, que por una diferencia de Nicaragua, Costa Rica mantenía
ocupado el puerto de San Juan del Norte, el Castillo Viejo y los vapores
del Lago y Río. Nicaragua solamente conservaba la Fortaleza de San
Carlos, que defiende la entrada del lago por el Río San Juan.
A principios del
mes de octubre de 1857 se presentó en San Carlos el Coronel George
Cauty, Comandante del vapor del Lago, armado en guerra, intimando al Teniente
Coronel don Segundo Cuaresma, jefe de la guarnición nicaragüense,
que se rindiera voluntariamente y á discreción del Gobierno
de Costa Rica, sino quería sufrir las consecuencias del riguroso
bloqueo, que desde aquel momento le declaraba. Cuaresma contestó
que daría parte de todo á su Gobierno, para que éste
le enviara sus instrucciones; pero que mientras tanto, ordenaba al Coronel
Cauty que alejara su vapor inmediatamente del alcance de sus cañones.
Tan luego fué
conocida en Nicaragua aquella inicua agresión, sin declaratoria
previa de guerra y con abuso de confianza generosa que se había
permitido á Costa Rica, el país entero se levantó
amenazante como si fuera un solo hombre, pidiendo á gritos la guerra.
El Gobierno correspondió á esta actitud de los nicaragüenses,
declarando, con fecha 19 de octubre de 1857, que aceptaba la ruptura de
las hostilidades.
El mismo día
Jerez y Martinez depositaron el Poder Ejecutivo en los ministros Juárez
y Cortés, quedando el Ministerio general á cargo del señor
don Macario Alvarez, que desempeñaba la cartera de Hacienda.
Los dos Gobernantes
se pusieron al frente del ejército. Martínez quería
que Jerez aceptara el puesto de primer jefe; pero éste se negó
obstinadamente y obligó á Martínez en Granada levantó
otra.
Aquella virtud enérgica
y decidida, aquel entusiasmo general en un pueblo que creía abatido,
sorprendieron al Presidente Mora. El pueblo costarricense honrado y pacifico
y enemigo de aventuras, no tenía el mismo entusiasmo que el de Nicaragua,
ni aprobaba el papel que su Presidente queria hacerlo representar ante
el mundo; y tan no estaba de acuerdo con él, sirvió de pretexto
al partido opositor del señor Mora, para engrosar considerablemente
sus filas, Mora, arrepentido de su conducta, envió de comisionados
al general Cañas y al Licenciado don Emilio Cuadra, á dar
explicaciones al Gobierno de Nicaragua y á arreglar la paz.
Entretanto, el Secretario
de Relaciones Exteriores de Nicaragua, se dirigía á todos
los Gobiernos amigos, dando cuenta de los motivos por los cuales su gobierno
aceptaba el recurso extremo de la guerra.
"Las intenciones,
decía, del Gobierno de Costa Rica, manifestaba por el órgano
de sus subalternos, llegan, como US. muy bien debe percibir, hasta demostrar,
sin que lo advierta, el derecho de Nicaragua sobre la extensión
de sus dominios, y á descubrirla da a la justicia de sus pretensiones,
en el hecho mismo de disputarios; porque diciendo el Coronel Cauty, que
es necesario observar que su Gobierno en este hecho sólo tiene en
mira la mejor custodia de aquel punto contra las amenazas actuales del
filibusterismo, pretende alejar toda idea de usurpación, reconociendo
de este modo la soberanía de Nicaragua. Si ésto es así,
como no debe dudarse, y el Gobierno de Costa Rica ha creído que
el Fuerte San Carlos no se halla suficientemente guardado y que el actual
Gobierno de Nicaragua no puede custodiar el Castillo Viejo y todos los
puntos de la linea de Tránsito, Por que excusar una interpelación
amistosa, para que este Gobierno llene cumplidamente su deber?"
La intimidación
del Coronel Cauty revela la intencion que abrigó aquel Gobierno
de hostilizar a Nicaragua, para obligarlo al arreglo de algunos asuntos
políticos, de que dependen los asuntos comerciales de todo Centro
América. Esta revelación explica demasiado, que el arreglo
de que se trata no puede ser otro que la aprobación por parte del
Gobierno de Nicaragua de contrato de Tránsito celebrado con Webster
y Harris, y que ésta República se despoje de su derecho exclusivo
sobre el itsmo, en cuya virtud tiene contratada la apertura del canal interoceánico
y el tránsito establecido y puesto en uso desde el año de
1854, aunque momentáneamente interrumpido por la guerra que acab
de pasar (1)_
18
DE FEBRERO DEL 2001 / La Prensa
Controversia:
“Sanjuanización” de Nicaragua
Los
“ticos” y su destino manifiesto
Julio
Ruiz Quezada*
Quiero
recordar a nuestros expertos en Derecho Internacional al servicio de la
Cancillería, que en el Tratado Jerez-Cañas del 15 de abril
de mil novecientos cincuenta y ocho no se menciona el interés de
los ticos en navegar armados en nuestro río San Juan. Ese interés
es posterior, ya que los ticos fueron los primeros en negar el Tratado
Jerez-Cañas desde el año de 1868, cuando surgió la
actitud patriótica del Dr. Tomás Ayón, nuestro Canciller
quien a partir de 1872 hasta culminar en el comunicado del 8 de enero de
1876, dirigido al Poder Legislativo señalando el desconocimiento
tico al tratado y su rechazo a solucionar cualquier diferencia por medio
de un árbitro imparcial. Cuando los asuntos se agravan interviene
Guatemala como antes había intervenido El Salvador y se convoca
a una reunión en Guatemala firmándose la Convención
Román-Esquivel del 24 de diciembre de 1886, en el que se acepta
el arbitramento nombrándose como árbitro al Presidente de
los Estados Unidos de Norte América MR Grover Cleveland.
Los
puntos que se someten al conocimiento del árbitro son: 1) si el
Tratado Jerez-Cañas del 15-4-58 es o no válido; 2) si declarada
su validez, Costa Rica tiene derecho a navegar con buques de guerra o del
Fisco sobre el río San Juan; y 3) otros puntos de dudosa interpretación.
El primer punto lo propone Nicaragua que ha sostenido que el Tratado Jerez-Cañas
carecía de validez por no haber sido ratificado por el Congreso.
El segundo punto, propuesto por Costa Rica, incluye su pretensión
de navegar armada por el río, para luego pasar a ocupar el lago
de Nicaragua como pasó a demostrarlo.
Antes
que se dictara el Laudo Cleveland aprovechándose de que el Presidente
Evaristo Carazo era nacido en Costa Rica, el Presidente Bernardo Soto hizo
un viaje especial a Nicaragua para aprovechar la circunstancia y conseguir
lo que es a mi juicio su destino manifiesto, la libre navegación
por nuestro lago de Nicaragua. A ese efecto ambos presidentes suscribieron
el tratado del 26 de julio de 1887, en el que se incluyó en el Artículo
IV lo siguiente: “Nicaragua concede a los costarricenses el derecho perpetuo
de libre navegación comercial en el lago de Nicaragua y en la parte
del río San Juan, donde hoy no tiene esa facultad”, haciéndose
a Costa Rica copartícipe del canal interoceánico. Con ese
tratado se dejaba insubsistente el anterior tratado Jerez-Cañas
y sin objeto el Laudo Cleveland. Gracias a Dios la Cámara de Diputados
aprobó el tratado con supresiones y modificaciones, y luego pasó
a la Cámara del Senado donde el propio general Fernando Guzmán,
quien lo había firmado como canciller, alzó su voz en contra
del tratado y pidió públicamente que se rechazara, lo que
se consiguió quedando totalmente insubsistente y si lo traigo a
colación es porque en él se hacen patentes las verdaderas
pretensiones de Costa Rica sobre su destino manifiesto.
El
Laudo Cleveland de fecha 22 de marzo de 1888, si es verdad que concedió
la validez al Tratado Jerez-Cañas por el cual perdimos el Partido
de Nicoya, nos fue favorable en el sentido de que prohibió en forma
terminante la navegación con busques de guerra a Costa Rica sobre
nuestro río San Juan.
Por
lo dicho todo lo que debía legislarse sobre la navegación
costarricense sobre el río San Juan, ya está legislado y
pasado en autoridad de cosa juzgada, se mantiene la prohibición
de la navegación armada, y de acuerdo a las voces del Tratado Román
Esquivel, en su artículo 7º. La decisión del árbitro
debe ser tenida por ambos países como un “tratado perfecto y obligatorio
entre las partes contratantes”.
Existiendo
la amenaza de un segundo intento del gobierno del señor Alemán,
para ignorar el Tratado Román-Esquivel que sirvió de base
al Laudo Cleveland sólo nos resta esperar que nuestros legisladores
actuales, actúen con el patriotismo que lo hicieron los senadores
de 1887, y que rechacen el proyecto de ley entreguista que les enviará
el Poder Ejecutivo, de lo contrario, si lo aprueban todos pasarán
a engrosar la lista de los “vende patria”.
*El
autor es jurista.
1.
Cediendo
á un deber de patriotismo, hemos intercalado éste y otros
documentos en el presente capítulo, con riesgo de perder la unidad
de plan con que se ha escrito la obra y de hacer poco amena la lectura;
pero las inexactas aprciaciones del señor Doctor Montúfar,
en el tomo VII de la "Reseña Histórica", nos obligan á
demostrar hasta la evidencia, la justicia que sin duda por equivicación,
nos niega aquel distinguido escritor. (N. del A).
Martinez y Jerez
dirigieron á los nicaragüenses sus proclamas de guerra. La
del último, aunque más concisa compendiaba mejor los sucesos.
"El Gobierno de Costa
Rica, decía, ha resuelto apoderarse de la linea de Tránsito
de mar á mar, para ponerla a disposición de la Compañía
Morgan; y con increíble alevosía ha iniciado sus operaciones
hostiles contra nuestros puestos militares. Ni todas nuestras diferencias,
ni el sentimiento cordial de hacer de las dos Repúblicas una sola,
han podido borrar en el ánimo del Gobernante de Costa Rica la idea
de usurpación interpretando, sin duda, nuestra generosidad como
imbecilidad ó impotencia.
El Gobierno de Nicaragua
no quiere la guerra, la detesta; pero no la teme: la acepta, poruqe se
le provoca; la acepta por que es un deber suyo conservar ileso el territorio
de la república y no dejar impunemente arrebatarlo con increíble
abuso de confianza, derechos que jamás le han sido disputados".
Mientras tanto, La
Asamblea Constituyente se declaró instalada el 8 de noviembre, el
8 de noviembre inmediato, en la ciudad de Managua y bajo la presidencia
del Diputado don José Antonio Mejia. Tres días después
declaraba popularmente electo, para Presidente de la República al
señor Tomás Martinez á quien dió posesión
solemne de su alto puesto el 15 del propio mes.
El manifestó
inaugural del nuevo Gobernante, aseguraba que el programa de administración
se reduciría á procurar la paz, la reconciliación
y justicia para todos los nicaragüenses.
En manifesto contenía
tambien un párrafo que señalaba con mano maestra la triste
situación de Nicaragua.
"Campos, decía,
bnlanqueando con las cenizas de los muertos en tantos campos de batalla;
grandes poblaciones en ruinas, que por mucho tiempo recordarán los
horrores del filibusterismo; la agricultura y el comercio paralizados á
consecuencia de la invasión costarricense; el tesoro público
agotado; la propiedad particular destruida y cerrados todos los establecimientos
de enseñanza; tal es el cuadro, por cierto bien triste, que presenta
Nicaragua, y en ese estado es cuando me toca encargarme de regir sus destinos".
Al día siguiente
de la inauguración el nuevo Presidente recibió permiso de
la Asamblea para separarse del mando y ponerse al frente del ejército
expedicionario contra Costa Rica. La Asamblea lo concedió y nombró
para que le sucediera en calidad de su encargado, al señor Diputado
don Agustin Avilés, que se hizo cargo de la presidencia el 23 del
mismo mes.
Al llegar Martínez
á Granada, de tránsito para la frontera, se encontró
con la noticia de que los comisionados del Presidente Mora habían
llegado a Rivas con el objeto de ajustar la paz. La Asamblea facultó
entonces al general Martinez, para que celebrara un armisticio con la Legación
costarricense.
Iniciándose
estaban las pláticas de un arreglo, que parecía dificil llevar
á cabo, Cuando llegó a Granada el capitán costarricense
don Fernando Quiros, enviado por el Comandante del Castillo Viejo, para
anunciar que Walker acababa de aparecer en San Juan del Norte con su segunda
expedición y que la independencia de Centro América volvia
a ser amenazada de nuevo.
El filibustero de
Sonora explotaba en su provecho nuestras miserias y pequeñeces!
SEGUNDA
INVASION DE WALKER
El peligro común
terminó todas las cuestiones pendientes entre Costa Rica y Nicaragua.
El Presidente Martínez
llamó de Granada al General Cañas para que le ayudara á
la defensa, y la Asamblea expidió un decreto con fecha 5 de diciembre
de 1857, en que facultaba al Poder ejecutivo para el arreglo de las cuestiones
pendientes con Costa Rica y para la celebración de un tratado de
alianza con la misma República.
A continuación
tomó uno de los vapores del Lago el general Jerez y con la columna
que tenía en Rivas, se dirigió a San Carlos, cuya Fortaleza
ocupó el 13 del mismo diciembre. De allí hizo salir una lancha
descubierta á explorar el Río, la que regresó el día
siguiente, dando cuenta de que los filibusteros se habían adueñado
del Castillo Viejo y del vapor Virgen.
Walker había
llegado a san Juan del Norte el 23 de noviembre; pero viendo que estaba
anclada el el puerto la corbeta américana de guerra saratoga, tuvo
miedo de desembarcar, y virando con dirección á la boca del
Río Colorado, en cuyas aguas se internó, desembarcó
cuarenta y cinco hombres á las ordenes de Andersen, con instrucciones
de situarse en la confluencia del san Juan, para cortar las comunicaciones
del interior.
En la noche de aquel
mismo día, la artillería del Saratoga estuvo haciendo disparos
para anunciar que se oponía al desembarco.
Walker, bastante
alarmado, se acercó al Saratoga para cerciorarse de su actitud hostil;
pero encontrándolo indiferente a su presencia, se llenó de
valor y desembarcó atrevidamente en Punta de Castilla con todos
sus hombres y elementos.
El Comandante costarricense
don José Baldizón, que se hallaba encargado de la custodia
del puerto y ciudad, huyó precipitadamente con todos sus soldados,
tan luego tuvo la noticia de la llegada de los filibusteros, abandonando
cobardemente su puesto. Al saberlo Walker, mandó una escolta á
posesionarse de aquel importante lugar, cuya población fué
victima de los excesos y tropelías que acostumbraban las hordas
filibusteras.
Andersen que permanecía
en la confluencia de los Ríos San Juan y Colorado, no tardó
en saber que el Castillo Viejo estaba mal custodiado por los costarricenses
y resolvió tomarlo sin esperar orden de Walker. Se dirigió
pues, sobre aquella Fortaleza, y encontró tan descuidado al enemigo,
que pudo reducirla sin hacer un disparo.
El descuido de los
costarricenses era tal, que tenían anclados, sin ninguna precaución,
los vapores Ogden, Morgan y Virgen que cayeron en poder del vencedor sin
dificultad alguna. Andersen remitió prisionera en el Vapor
Morgan, á mucha parte de la rendida guarnición costarricense,
y envió a Walker, en el mismo vapor, el parte detallado de sus fáciles
é importantes triunfos.
En cumplimiento de
la órdenes dadas anteriormente por el Gobierno de los Estados Unidos
para perseguir a Walker, el Comodoro Mr. Paulding, que se hallaba a bordo
de la fragata de guerra Wabask, entonces estacionada en Colón, se
dirigió precipitadamente á San JUan del Norte.
Inmediatamente después
de su llegada, el Comodoro intimó rendición a Walker, y como
éste se negara, se destacó trescientos cincuenta hombres,
en cuatro lanchas cañoneras con las cuales circuló en actitud
hostil la Punta de Castilla, campamento de los filibusteros. Walker se
rindió entonces á discreción y fué conducido
á bordo de los buques américanos con 139 de sus compañeros,
el 13 de diciembre.
En los momentos en
que Walker se rendía, llegó a Punta de Castilla el vapor
Morgan, conduciendo a los prisioneros costarricenses hechos por Andersen.
El Comodoro los puso en libertad y mandó a custodiar el vapor.
El 13 del mismo mes
llegó a San Juan del Norte la fragata Susquehana, enviada a última
hora de los Estados Unidos, en virtud de las reclamaciones del Cuerpo Diplomático.
Momentos después apareció el Fulton, enviado con el mismo
objeto. el Comodoro dió orden á los capitanes de estos buques,
para que persiguieran a los filibusteros que se habían internado
mientras él regersaba á los Estados Unidos el día
15, llevándose á Walker en calidad de prisionero.
El Capitán
Sands del Suquehana armó en guerra el Morgan y avanzó sobre
El Castillo, donde se encontraba Andersen, que había anticipado
una súplica de amparo. A media milla del puerto se encontró
con el Ogden, que conducía Andersen y su gente. Estos rindieron
las armas y fueron llevados á San Juan del Norte.
Los vapores Morgan
y Ogden fueron entregados por el capitán Sands al Consúl
américano en San Juan del Norte en calidad de depósito, para
que lo devolviera a sus dueños. Poco después levó
anclas el Susquehana llévandose los últimos restos de filibusteros.
La llegada de Walker
y sus compañeros produjo en los Estados del sur de la unión
américana, una gran excitación.
El Comodoro Paulding,
después de dar cuenta á su Gobierno de todos sus actos, se
justificaba así:
"Yo no podía
mirar a Walker y sus partidarios bajo otro aspecto que el de unos criminales,
que habían burlado la vigilancia de los empleados del Gobierno,
dejando nuestro suelo con el objeto de entregarse á la rapiña
y al asesinato; y no ví otro medio de vindicar la ley y redimir
el honor de nuestro país, que el desarmarlos y enviarlos otra vez
á los Estados Unidos. Al hacerlo, conocía la responsabilidad
en que iba á incurrir y espero confiadamente que el Gobierno me
justifique.
"Mirando bajo se
verdadero aspecto el presente caso, me parece claro: los puntos pocos y
poderosos, Walker vino de los Estados Unidos á Puntarenas (1) Nombre
que también se le da a Punta de Castilla (N. del A) habiendo
formado con violación de la ley una organización para llevar
la guerra á un pueblo, con el que nos hallamos en paz. Desembarcó
con hombres armados y con elemntos bélicos sin hacer caso de un
buque de guerra colocado expesamente para impedir su desembarco.
Sin nada que demostrara
tener autoridad para el formó un campamento, enarboló la
Bandera nicaragüense, púsole el nombre de "Cuartel general
de Nicaragua" y se tituló Comandante en Jefe.
Con pretensión
exigió los derechos de un gobierno legal sobre todas las personas
y cosas que se hallaban á la vista de su bandera. Sin derecho, ni
autoridad desembarcó cincuenta hombres en la boca del río
Colorado, se apoderó del Fuerte El Castillo en el San Juan, capturó
varios vapores y efectos de comerciantes que transitaban para el interior,
mató y prendió a pacificos habitantes, y envió á
la bahia de San Juan del Norte unos treinta ó cuarenta hombres,
mujeres y niños, en el vapor Morgan.
Al hacer estas cosas,
sin autoridad para ello, fueron culpables de asesinato y deben ser mirados
como criminales y piratas, sin que puedan pretender que se les considere
bajo otro punto de vista.
La humanidad, así
como la ley, la justicia y el honor nacional, demandaban la dispersión
de estos hombres sin ley" (1) Hemos
reproducido este informe para que se vea el juicio del Comodoro acerca
de Walker y sus hombres, de quienes hay centroaméricanos que tienen
una gran idea, hasta el extremo de no querer llamarlos filibuisteros, sino
falanginos y de estudiar sus operaciones militares con el mismo entusiasmo
que las de Anibal y Cesar.- (N. del A).
Los amigos de Walker,
sin embargo celebraron reuniones políticas en varias ciudades, en
que pedían la destitución del Comodoro Paulding, y algunos
Senadores y Diputados gestionaron en el seno del Congreso en igual sentido.
El Congreso américano
pidió los documentos al Ejecutivo y éste los envió
con un extenso informe, en que confiesa que el Comodoro sufrió una
equivocación pero disculpable si se atiende á que se trataba
de cortar el abuso de los expedicionarios aventureros.
Hubo grandes discusiones
en el Congreso, con motivo de la conducta del Comodoro; pero éste
fué al fin condenado, y se le destituyó por haber capturado
á Walker en territorio nicaragüense, excediéndose de
las instrucciones que recibió de tomarlo en aguas libres. También
fué destituido el Capitán Chatar, Comandante del Saratoga,
por no haber impedido el desembarco de Walker, capturaándolo antes
de que lo efectuara.
Mientras tanto Walker
fué juzgado en Nueva Orleans por un tribunal interesado en su favor.
Lo defendía Pierre Soulé.
Presentó como
testigos de descargo á Henningsen á Natzmer y otros cuantos
filibusteros de los que le acompañaron en Nicaragua, y cuando llegó
su turno pronunció un largo sentimental discurso, en que protestaba
contra el calificativo de pirata y sostenía que era el Presidente
legítimo de Nicaragua y que tanto él como sus hombres tenían
intereses y propiedades que defender en su patria nicaragüense. El
Tribunal, que ya lo tenía absuelto de antemano, confirmó
su resolución, y declaró inocente á Walker.
Antes de esta resolución,
Irisarri, Ministro de Nicaragua en Washington, formuló una enérgica
protesta al Gobierno américano. En ella le decía entre otras
cosas:
"La impunidad de
estos criminales amenaza á todos los pueblos de la tierra con la
repetición de los mismos atentados, los más graves y de más
funestas consecuencias, que puedan cometerse contra el derecho de gentes;
pues no habría país en el mundo que se considerase seguro,
cuando se hubiese visto que los ciudadanos de una gran República,
que cada día se engrandece más y más, podían
impunemente formar expediciones hóstiles, por cuenta particular,
para ir á turbar la paz de cualquiera Nación; y no sólo
para ir a turbar la paz, sino para ir á emprender conquistas, incendiando
pueblos, despojando á los naturales de sus propiedades, asesinando
á los defensores de su suelo, enagenando sus tierras, transtornando
sus gobiernos y cometiendo, en fin, cuantos excesos hemos visto que la
gavillas de forágidos, capitaneados por walker, han perpetrado con
asombro del mundo, en Nicaragua."
"El tribunal de Nueva
Orleans se encargó de contestar al Ministro Irisarri, demostrándole
lo que éra la justicia de un gran pueblo, cuando se trataba de paisecillos
obscuros y remotos, como el nuestro".
En el entretanto,
Martínez, autorizado por La Asamblea, firmó el 8 de diciembre
de 1857, dos tratados celebrados con los Representantes de Costa Rica;
uno de alainza ofensiva y defensiva entre ambos países y otro en
que se arreglaba definitivamente la cuestión de límites.
La Asamblea, á pesar de las críticas circunstancias y del
cariño que profesaba al general Martinez negó su aprobación
al sltimo Tratado.
En esos mismos días
llegó a Nicaragua el General Mirabeau Lamar, nuevo Ministro de los
Estados Unidos. Este al pasar por Granada y contemplo la obra de Walker,
se manifestó horrorizado del filibusterismo y dijo que un país
donde se tenía tan amargo recuerdo de los Estados Unidos, debía
detestar á todo américano del Norte.
.Diez
y ocho dias después del fusilamiento del jefe filibustero, se levantaba
en Costa Rica otro patíbulo y se asesinaba á los Generales
don Juan Rafael Mora y don José María Cañas, los virtuosos
patriotas costarricenses, habían fracasado en un movimiento revolucionario
que se verificó en Puntarenas, y el odio ciego de las contiendas
civiles no pudo aplacarse, No hubo ni un pobre ataud para Mora y Cañas,
Diez ocho años, sus despojos mortales fueron ejecutados por orden
de un miembro de su misma familia, hermano político de ambos y entonces
Presidente de Costa Rica.
CONVENIO
WALKER - CORRAL
23 de Octubre de
1855
Los Generales William
Walker y Ponciano Corral, animados de los más sinceros sentimientos
de hacer cesar la guerra que ha destrozado a Nicaragua, y deseosos de poner
remedio a tan grave mal, el primero, en virtud de las facultades que tiene
y el segundo facultado omnimodamentepor el Gobierno que residía
en ésta Ciudad, han convenido, después de una madura discusión,
en celebrar el tratado siguiente:
1ª. De
hoy en adelante quedan suspensas las hostilidades, y habrá paz y
amistad entre las fuerzas beligerantes de uno y otro ejército.
2ª. Se nombra
Presidente Provisorio de la República de Nicaragua al señor
don Patricio Rivas, por el término de 14 meses, a menos que el Presidente
en Consejo pleno de Ministros, resuelva convocar para elecciones antes
de este término, para su renovación.
3ª. Los
Ministros serán nombrados por el Presidente y tomados de los Departamentos
de que se compone la República, debiendo ser cuatro los Ministros
uno de Guerra, otro de relaciones Interiores y Exteriores, otro de Hacienda
y otro de Crédito Público.
4ª. El Gobierno
Provisorio respetará y hará respetar los capitulos 2ª,
3ª, y 4ª., y las secciones 2ª y 3ª. de las disposiciones
generales de la Constitución de 1838.
5ª. Habrá
un olvido general de todo lo sucedido hasta hoy por opiniones y faltas
políticas, y ninguno será molestado ni inquietado por ellas.
6ª. Los contratantes
y el Presidente Provisorio se obligan a que sean reconocidas las deudas
contraídas por los beligerantes, ya sea por préstamos, exacciones
o cualquiera otra causa.
7ª. El Presidente
reconocerá los grados y destinos que hayan obtenido los que han
servido entre los beligerantes.
8ª. Quedan libres
para retirarse fuera de la república o de las poblaciones. aquellos
gefes ú oficiales y ciudadanos que quieran, con la garantía
y seguridad de sus personas y propiedades.
9ª. La legión
francesa (?), si gustase, puede quedar al servicio de la República,
siempre que manifieste deseo de ser nicaragüense, y en este caso,
se les dará por el Gobierno, a cada uno la porción de tierras
que se les tiene ofrecida, Las armas que usan, como son de particulares,
se volverán a sus dueños.
10ª. Se
dará órden por el señor General Walker a las fuerzas
que atacan a Managua, que se retiren a León, reduciéndolas
a 150 hombres y cuando lo hayan cumplido ofrece el Señor General
Corral redicur las fuerzas de Managua al preciso número de 100 hombres
al mando del General Mertinez, y las de Masaya al número de 50 hombres
al mando del Señor Coronel don Lino César, o de otro jefe
honrado.
11ª. Las
fuerzas de Rivas permanecerán al mando del señor General
don
Florencio Xatruch, y el Gobierno Provisorio dispondrá el número
que en aquel Departamento deba hacer el servicio, y al jefe que deba mandarlas.
12ª. Los
Gobiernos que han existido en Nicaragua durante la guerra, sesarán
en el acto que cada uno de los Generales notifique este tratado, y cualquiera
de ellos que quiera continuar ejerciendo el Poder Ejecutivo, será
reputado como perturbador de la paz.
En fé de los
cual dirmamos dos ejemplares de un tenor y nos compremetemos a cumplir
y hacer cumplir lo estipulado en el presente tratado.
Hecho en la Ciudad
de Granada, a veintitrés de Octubre del año del Señor
de mil ochocientos cincuenta y cinco.
Artículos
adicionales:
1ª. Veinicuatro
horas después de la llegada del Presidente Provisorio de esta ciudad,
entrará a ella el Ejército que manda el General Corral en
Masaya, y unido con el que manda el Señor General Walker, con el
Presidente y ambos Generales, pasarán al templo a dar gracias al
Señor de los Ejércitos por la terminación de la guerra.
El Señor General
Walker, será reconocido como General en Jefe del Ejército
de la república y nombrado por el Gobierno por un decreto.
El señor General
Corral entregará el mando, armamento y municiones, a menos que el
Gobierno disponga lo contrario.
2ª. El Gobierno
de la República residirá en esta ciudad y en ella recibirá
a los Ministros y Cónsules de las Naciones extranjeras.
3ª. Los
dos ejércitos no usarán más divisa que un listón
celeste con una inscripción que diga "Nicaragua Independiente".
El gran sello del Gobierno, las armas é inscripciones de las banderas
y estandartes tendrán el mismo mote.
Granada, Octubre
23 de 1855- William Walker, Comandante en Jefe del Ejército democrático
que ocupa a Granada. Ponciano Corral, General en Jefe de las fuerzas de
la República.
En virtud de las
facultades omnímodas, que por decreto de ayer me son conferidas,
me comprometo a respetarlo y hacerlo cumplir, Granada, Octubre 23 de 1855,
General en Jefe Ponciano Corral.
PROTESTA
DEL PRESIDENTE DE NICARAGUA JOSE MARIA ESTRADA
(Dirigida a los
Gobiernos y pueblos de Cetroamérica en contra del Convenio Walker
Corral del 25 de Octubre de 1855.)
Persuadido de que
mientras el filibustero William Walker tenga al mando en jefe de las fuerzas
de la república, estarán seriamente comprometidas la independencia,
soberanía y libertad de Nicaragua y de todo Centroamérica,
y los derechos y garantía individuales no serán en manera
alguna respetados, no obstante cualesquiera compromisos celebrados a este
respecto, por tanto declaro, que al emitir el acuerdo, en virtud del cual
el señor General en jefe don Ponciano Corral ajustó con el
expresado Walker el convenio del 23 del corriente, que hoy pone aquél
en mi conocimiento, cedí únicamente al imperio de las circunstancias,
sin tener libre voluntad para ello, y en consecuencia protesto en la más
solemne forma contra las dichas dos piezas, reservándome por lo
mismo todos los derechos que me corresponden como representante solidario
de la Nación, para hacerlos valer oportunamente. Y desde ahora interpelo
el poderlo y auxilio de los demás Gobiernos de Centroamérica
para que, sin más invitación, puedan intervenir en los negocios
de esta república, obrando a mano armada como en causa propia, hasta
la desaparición de todo poder extraño y restablecimiento
de la potestad legítima.
En fé de lo
cual firmo ante el señor Ministro de la Guerra, encargado interinamente
del Ministro de relaciones y Gobernación, en la ciudad de san Fernando,
a los veinticinco dias del mes de octubre del año del Señor
de mil ochocientos cincuenta y cinco (f). José Maria Estrada.
La Tumba del
filibustero William Walker.
William Walker fue fusilado en el puerto de El Trujillo y sus restos se
encuentran contiguo al cuartel de la ciudad.
.
Versión
internet: Eduardo Manfut P.
Historia
de Nicaragua, Sucesos del Siglo XVII
José
Dolores Gámez serie histórica No. 3
Especiales de El Nuevo Diario
De 1824 a 1858
Cómo se apropió Costa Rica de Nicoya y Guanacaste
Jorge Eduardo Arellano
END - 19:14 - 13/06/2009
El territorio de Nicoya fue descubierto por dos lugartenientes de Pedrarias Dávila en 1519 y desde Castilla del Oro (hoy Panamá). Ellos arribaron al Golfo del mismo nombre, bautizado “de Nicaragua”. De 1557 a 1588 fue parte de la provincia de Nicaragua (la de Costa Rica no existía); de 1589 a 1593 funcionó de apoyo a la colonización del Valle Central de Costa Rica, emprendida desde la ciudad Granada; de 1594 a 1602 se mantuvo unida a la nueva provincia; de 1603 a 1786 permaneció en condición de autonomía y desde el 23 de septiembre de 1786, cuando Carlos III dividió el Reino de Guatemala en cuatro Intendencias, constituyó un Partido de Nicaragua.
Una era la Gobernación Intendencia de Nicaragua, que constaba de cinco partidos: además del de Nicoya, los de León, Sutiaba, El Realejo y Matagalpa. Esta situación se mantuvo en 1813, y de nuevo en 1820 —tras la vigencia de la Constitución de Cádiz— cuando el Reino volvió a dividirse en dos Diputaciones Provinciales: una con sede en la ciudad de Guatemala (abarcando Chiapas, Guatemala, El Salvador y Comayagua) y otra con sede en León (comprendiendo Nicaragua y Costa Rica). La de León, como la de Guatemala, constaba de 7 miembros: uno por León, otro por Granada, otro por Segovia, otro por Rivas, otro por Nicoya (o sea, 5 representando a Nicaragua) y dos por Cartago.
Por otro lado, existían lazos económicos entre Costa Rica y el Partido de Nicoya desde el afincamiento de hacendados ganaderos de Rivas que culminó en 1769 con la fundación del pueblo de Guanacaste (llamado posteriormente Liberia) y la erección de su ermita. Luego, en 1772, se fundó el pueblo de Santa Cruz. Realmente, a raíz de la guerra entre partidarios y adversarios del Imperio de México (que se dio también en Costa Rica), los habitantes de Nicoya se adhirieron al gobierno de León, sometido a México; luego rompieron con él para unirse al de Granada, que lo combatía; y, durante las subsiguientes “conmociones de Nicaragua” (entre “libres” y “serviles”) decidieron anexarse a Costa Rica.
El acta del 25 de julio de 1824
Las presiones costarricenses no se hicieron esperar. Así surgió el acta del 25 de julio de 1824, por la cual el Ayuntamiento de Nicoya decidía anexarse al Estado vecino, después de rechazar en cabildo abierto dicha anexión veintiún días antes. Intereses de varios sectores influyeron en la decisión tomada, argumentando las ventajas comerciales que podían proporcionarles el puerto de Punta Arenas, la administración de Justicia y la “seguridad, quietud y régimen político”, ausentes en la convulsiva Nicaragua. El municipio de Santa Cruz decidió seguir los pasos de la Villa de Nicoya en Acta del 27 de julio del mismo año, con la renuencia del barrio de La Costa; pero el 9 de agosto la anexión fue ratificada.
Así las cosas, el 9 de diciembre de 1825 el Congreso Federal decretó: “Por ahora, y hasta que se haga demarcación del territorio de los Estados que previene el Art. 7º de la Constitución, el Partido de Nicoya continuará separado del Estado de Nicaragua y agregado al de Costa Rica”. Pero dicho decreto —que establecía una suerte de fideicomiso— no fue sancionado por la Asamblea de los Estados respectivos, como lo pretendía la Carta Fundamental de Centroamérica.
Nicaragua reclamó vigorosamente ante el Congreso Federal que tomaría en consideración la protesta enviándola a comisión, la cual dictaminó favorablemente a los derechos de Nicaragua. Costa Rica también antepuso el “por ahora” al artículo en que demarcaba su territorio —el mismo de la época colonial— de su primera Constitución del 21 de enero de 1825. No incluyó la posesión de Nicoya, anexada a Costa Rica en el acta del 24 de julio de 1824 “para mientras se restablecía el orden en Nicaragua”. Contra esa acta también se había elevado otra, firmada igualmente por nicoyanos y guanacastecos, dirigida al mismo Congreso Federal, hallándose entre sus firmantes el “Pbro. Pedro Avendaño, cura de la Provincia de Guanacaste”.
Costa Rica y el uso de la fuerza y la amenaza
En reunión del 5 de agosto de 1826, los vecinos de Santa Cruz suscribieron una exposición al gobierno federal en la que pedían derogar el decreto del 9 de diciembre anterior y aclaraban que fue una minoría la que había solicitado la anexión a Costa Rica. Lo mismo afirmaron los vecinos de la villa de Guanacaste el 15 del mismo mes, reunidos dentro de la iglesia parroquial, previa misa celebrada por el cura José Santiago Mora. Allí se acordó suspender el juramento que exigía Costa Rica, puesto que consideraban que la anexión no era perpetua, sino temporal.
Ante esta actitud, el gobierno costarricense organizó una tropa de 150 hombres al mando de Pedro Zamora, quien expidió el siguiente úkase: Cuartel General, Nicoya, septiembre de 1826. Por esta mi orden comparecerán todos los vecinos de Santa Cruz (digo los que no hubieran jurado a este pueblo el dieciséis de éste) a celebrar la jura el diecisiete, prometiendo a los que así lo hicieren verlos como vecinos obedientes, y a los que no, pasar con las bayonetas a esa costa, embargar sus bienes, quemar sus casas y traer sus familias a morar a este pueblo. Los vecinos respondieron: Prestaremos el juramento en virtud de la fuerza con que se nos obliga. A este sometimiento a la fuerza, siguió el gobierno de Costa Rica aplicando medidas de terror. “El pago del Ejército que se levantó para amenazarlos fue exigido a los vecinos de Guanacaste por medio de embargos de bienes y bruscas persecuciones”.
Los continuos reclamos de Nicaragua
Desde entonces, pese a sus disturbios intestinos, Nicaragua siempre reclamó Nicoya. Así lo hizo el 3 de enero de 1826 Pedro Benito Pineda, recordando que también el partido nicaragüense de Segovia estuvo agregado al de Honduras un año, pero que había vuelto al dominio de Nicaragua. La comisión de la Constituyente sostuvo que de los tres municipios (Nicoya, Santa Cruz y Guanacaste) tan sólo algunos de los ciudadanos del primero querían permanecer agregados a Costa Rica. El Ministro General Miguel de la Cuadra reiteraba el mismo concepto del 19 de mayo de 1826. Y el 2 de junio de 1830, otro Ministro General insistió en el carácter provisional de la agregación de Nicoya y que Costa Rica debía obrar como el Partido de Segovia.
El 5 de enero de 1843 partió de León hacia Costa Rica una misión oficial encabezada por Toribio Tijerino. Fundamentalmente, intentaría conseguir la devolución del antiguo partido de Nicoya, ya denominado Departamento de Guanacaste. Tijerino fue mal recibido, pasaban intimidando tropas armadas, echando a correr el rumor de que irían pisando los talones del diplomático nicaragüense.
Tijerino cuestionó la legitimidad de las actas de los cabildos nicoyanos, por ser producto de amenazas por parte de las autoridades costarricenses. El 24 de diciembre de 1842 el jefe de Estado, José María Alfaro, ofreció 500 pesos y un empleo a quien quitase la vida al individuo que osara negarse a juramentar el decreto. En su Constitución de 1844, Costa Rica incluyó en su territorio el departamento de Guanacaste. Pero, en el Tratado de Masaya de 1846, aceptó la propuesta de Nicaragua: que la cuestión de Nicoya la solucionasen tres árbitros, dos de ellos centroamericanos. En 1848 prefirió una potencia extranjera designada por ambas partes. Sin embargo, la apropiación ya era una realidad.
El primer ejército moderno de Centroamérica
Esa apropiación, en su etapa final, se le debe a Juan Rafael Mora, mandatario por diez años de su país. “Don Juanito” fundó el primer ejército nacional moderno de Centroamérica. En 1851 comenzó a comprar equipo bélico en Inglaterra y sumaba 5,500 hombres. En 1852 los entrenaba un militar ruso. En 1854 la tropa era de 6,500 efectivos: casi el diez por ciento de la población del país.
¿Y todo para qué, si no había señales de agresiones filibusteras? Para servir de amenaza a Nicaragua, consolidar de iure la posesión de facto del ex llamado Partido de Nicoya y ahora Provincia de Guanacaste; y para expandir la frontera norte por la fuerza. Mora logró todo eso. En mayo de 1854, ante la inminente contienda interna de Nicaragua, se anexó Nicoya y Guanacaste, bautizando a este territorio Moracia (en honor suyo). Para entonces ya había hecho fracasar la misión de Dionisio Chamorro, enviada por su hermano Fruto, para arreglar los límites de ambos países. Todas sus propuestas fueron rechazadas.
El 22 de febrero de 1854, Chamorro estimó conveniente protestar: Si Costa Rica, como es de suponerse, declara la guerra a Nicaragua y se dispone a reconquistar el Partido de Nicoya, protesto solemnemente, y a la faz de todas las naciones, que será responsable ante Dios y los hombres de toda la sangre fraternal que se derrame. No hubo tal derramamiento. Sin embargo, tres meses antes de iniciarse la guerra fraticida de sus vecinos, Mora tomó partido por el bando leonés. Un prusiano, al frente de soldados costarricenses, plantó la bandera tica en una isla del río San Juan; otro prusiano emprendió la construcción de un camino en la margen meridional del Lago; flagrantes usurpaciones furtivas de la soberanía nicaragüense que tenían en el objetivo de echar a andar el proyecto de la “Costa Rica Transit Company”, de empresarios estadounidenses, a través de la cual Mora pretendía disputar la ruta interoceánica a la compañía que funcionaba en Nicaragua desde 1851.
Mora y su expansionismo
Costa Rica pegó el grito al cielo cuando 49 soldados leoneses huyeron hacia su país, tras la batalla de Rivas el 29 de junio de 1855, mostrándose los ticos impacientes para estrenar los cañones de campaña, morteros, obuses y rifles Minié. Su Ejército era ya de 7,000 hombres. Al concluir la cosecha del café, el 27 de febrero de 1856, Mora declaró la guerra “contra la República de Nicaragua”, cuyo gobierno presidía Patricio Rivas, aunque controlado por William Walker. “No vamos a lidiar por un pedazo de tierra. Vamos a luchar para redimir a nuestros hermanos de la más inicua tiranía” —proclamó Mora el 1º de marzo de 1856. Los poderosos hermaniticos, aprovechando nuestro conflicto para apoderarse de la ruta del canal y del tránsito.
Mora intervino en los cruentos y complejos acontecimientos de Nicaragua entre 1855 y 1857, apoyado por la intromisión de Inglaterra y desplegando una diplomacia expansionista. Así firmó dos nuevos contratos canaleros en San José: el 4 de diciembre de 1856 —en plena Guerra Nacional antifilibustera—, y el 12 de julio de 1856 con súbditos británicos. Mientras tanto, el 6 de julio de 1857, en un tratado bilateral entre ambos países, el Juárez-Cañas —ya expulsado el filibustero Walker—, y quedando Costa Rica en posición ventajosa ante la postrada Nicaragua, ésta tuvo que entregar su Distrito de Nicoya (como figuraba en su mapa oficial de 1855) “para siempre”. Pero Costa Rica no ratificó dicho Tratado, ya que no satisfacía sus pretensiones en el río San Juan. El objetivo del presidente Mora era convertir en condominio el río y posesionarse de la ribera meridional del Gran Lago.
El 14 de octubre de 1857, Costa Rica dio un ultimátum para que el gobierno de Nicaragua entregara el puerto lacustre de San Carlos, hecho considerado por el presidente Tomás Martínez una declaración de guerra. El diálogo suplió las armas, y en Rivas, el 8 de diciembre de 1857, José María Cañas y el propio Martínez firmaron el tratado Martínez-Cañas, reconociendo Costa Rica los límites del Juárez-Cañas y devolviendo el Castillo Viejo, tomado antes de concluir la Guerra Nacional antifilibustera con el apoyo privado del empresario estadounidense Cornelius Vanderbilt. Una vez más, el Congreso tico no reconoció el nuevo tratado.
El 18 de enero de 1858, Nicaragua nombró comisionados. Entonces Máximo Jerez, Plenipotenciario de nuestro gobierno, firmó en San José con José María Cañas el 15 de abril de 1858 el Tratado Jerez-Cañas, quedando definitivamente resuelto el litigio con Costa Rica por la posesión de Nicoya. El artículo segundo definía las fronteras. Costa Rica obtuvo una respetable ganancia territorial, pero Nicaragua puso coto a la pretensión costarricense del río San Juan.
Ed Manfut 11:25 - 16.06.2009
INVITACION A TODOS AQUELLOS QUE SUS FAMILIARES SUFRIERON LOS VEJAMENES DE ESTE ROBO, YA SEAN ESTOS DE GUANACASTE O NICOYA, LES INVITO A COMPARTIR ESA HISTORIA QUEREMOS SABER LA VERDADERA HISTORIA.
Disculpen las letras en mayuscula, quiero que se escuche bien, Queremos escuchar y compartir tu historia.
Ed Manfut 11:23 - 16.06.2009
Para Ramon de Santa Cruz, te doy la bienvenida por sos nuestro hermano que sufrio la terrible experiencia de perder a un familiar por Nicaragua, creo que estos Héroes deben de ser enseñados al mundo, no para buscar pleitos con nadie, porque simplemente se lo merecen y atraves de tu familiar los ticos conozcan esa historia que no conocen y que selectivamente no les dan a conocer, si aplicamos este selectivo desconocimiento de los que realmente sucedió en Nicoya y Guanacaste, Yo he sabido de ranchos quemados de gente que fue sacada a la fuerza de sus hogares se cometieron grandes crimenes todo para robar, y eso es muy deplorable, me gustaria saber mas de tu familiar, una foto o algo y te aseguró Yo mismo lo pondré en la historia como UN HEROE NACIONAL.
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