28 de diciembre
de 1854: Contrato Byron Cole -Castellón
Una de las consecuencias
más nefastas de esta guerra civil entre legitimistas y democráticos
fué el Contrato Byron Cole -Castellón. Los democráticos
(Jerez, Castellon, Guerrero , Zepeda entre muchos otros..) para triunfar
sobre los legitimistas,. militar y económicamente mucho más
fuertes, contrataron a los filibusteros. estos desembarcaron en el país
con el objetivo de "unirse a una de las partes beligerantes en Nicaragua,
vencer, de este modo, la otra, y sobreponiéndose después
a las dos, formar un nuevo gobierno". El Contrato les otorgaba múltiples
concesiones y privilegios. Los ingenuos democráticos no percibieron
aún los intereses que tenían los sureños esclavistas!.
ADMINISTRACION
DE PATRICIO RIVAS y WILLIAM WALKER
Diez y siete meses
de guerra civil encarnizada y destructora, habian agotado los recursos
de Nicaragua y enervado el patriotismo de sus hijos.
Walker, si hubiera
tenido alguna mediana habilidad, no sólo se habria adueñado
de Nicaragua sin oposición, sino que habria sido el ídolo
del pueblo que cansado de tan acerba lucha sólo deseaba la paz.
Por otra parte, leoneses
y granadinos, que se odiaban á muerte y que desconfiaban mútuamente
unos de otros, habrían preferido poner sus destinos eternamente
en manos de un elemento ageno á sus rivalidades, se éste
se hubiera mostrado imparcial y conciliador.
Pero Walker era un
aventurero bastante vulgar, cuya vista alcanzaba más allá
de sus conveniencias personales , y optó por el gustado sistema
de apoyar al que consideró más débil contra el más
fuerte, para explotar la división.
El partido democrático
que había hecho la guerra á Chamorro por su absolutismo,
porque llamó a Nicaragua República, y Presidente al Director,
se encontraba con la situacion en la mano y no obstante besaba humildemente
el látigo de Walker, se servía de los mismos nombres para
designar al gobernante y al país, y hacia exactamente lo que tanto
combatiera.
La dilatada lucha
había excitado de tal manera las pasiones, que los partidos olvidaban
con frecuencia sus principios, por tal de encontrar la manera como desahogar
sus resentimientos y venganzas.
El Partido democrático,
aunque aparentemente dueño de la situación, mandaba tanto
en Nicaragua, como el legitimista. Basta saber, que ni el Presidente, ni
los Ministros, tenían autorización para hacer nada que no
fuera del gusto de Walker, que cada día se mostraba más
imperioso y exigente.
Los altivos leoneses,
después de tanto años de lucha, vinierón a convertirse
en siervos del jefe filibustero, de cuyo férreo dominio no podian,
ni querian sustraerse. No podian, poruqe Walker se apoyaba en un crecido
ejército de aventureros, cuyo número se aumentaba por cada
vapor que llegaba á San Juan del Sur: no querian, porque pensaban
que si se alejaban de Walker, este se rodearía de legitimistas á
quienes temían más que á todos los males juntos.
Todo, pues parecía
doblegarse ante el audaz aventurero.
El clero, que pudo
haberse alarmado con la introducción del elemento protestante, fué
por el contrario humilde cortesano, á quien se vio con frecuencia
en las antesalas del autócrata, esperando como un favor el permiso
de entrar á felicitarlo por el bien que hacía a Nicaragua.
Las alhajas de los
templos le fueron dadas de orden del Jefe de la iglesia nicaragüense,
para invertirlas en la compra de rifles y elementos de guerra: mientras
los personajes más notables del clero, como el Cura de Granada,
don Agustin Vigil, que pasaba por el primer orador sagrado, agotaban el
vocabulario de la adulación, llamándolo desde la tribuna
del Espíritu Santo "Angel titular" y "Estrella del Norte".
Walker, para la
buena marcha de su negocio, necesitaba de un órgano de publicidad,
que diera á conocer sus conquistas en los Estados Unidos en donde
tenía cifradas sus mejores esperanzas. Fundó, pues el 20
de Octubre de 1855, un periódico bilingüe, que llamó
El Nicaragüense, escrito, una cuarta parte en un español bárbaro
y las restantes en buen inglés.
El Nicaraguense retrataba
fielmente el carácter de los filibusteros americanos. Era muy frecuente
encontrar en un mismo número palabras de aliento para el pueblo
de Nicaragua en la parte escrita en español, mientras en la inglesa,
destinada á los Estados Unidos, se hablaba de conquista y esclavitud
y se designaba á los nativos con los epitetos más odiosos
y despreciativos.
Degradados, afeminados,
greusers, eran los calificativos amorosos con que el periódico filibustero
regalaba á los nicaraguenses. Fué su redactor principal el
filibustero Juan Tabor, aunque escribieron en él varios otros.
Cuando Centro América
se coligó contra Walker, El Nicaraguense fué más insolente,
y la Gaceta Oficial del Salvador de 9 de Octubre de 1856, aseguraba que
la parte española se hallaba entonces á cargo del general
Manuel Carrascosa, uno de los Ministros de Walker.
El Nicaraguense solia
traer sueltos por este estilo:
"Fallecimiento -
Old aguardiente (Aguardiente añejo). Un caballo bien conocido,
perteneciente al Coronel Frank Anderson, murió súbitamente
el domingo en la noche: el Coronel le enterró con pompa. Pocos caballos
había en Nicaragua superiores a él, ya por su velocidad,
ya po su fortaleza, hermosura y docilidad. Paz á sus orines" De
aquí puede deducirse la clase de lectores á que estaría
dedicada la publicación de los filibusteros.-"
En el mismo mes de
octubre, el vapor Cortés de la Compañía de Tránsito
trajo de San Francisco, un refuerzo de seiscientos americanos reclutas
y una compañía más, organizada, armada y á
las órdenes del Capitán Davidson.
La condición
de los nicaragüenses por este tiempo, no podía ser más
triste y angustiosa. Los prisioneros de una horda de bandidos no habrían
sido peor tratados que nosotros.
el Chronicle de New
York publicó correspondencias de su reporter en Nicaragua, que relataban
la vida y costumbres de los filibusteros. estos, según el reporter,
robaban, asesinaban incendiaban y violaban con la mayor imprudencia, y
cuando el corresponsal del chronicle les hacía reflexiones sobre
lo perjudicial que podía serles en lo porvenir una conducta semejante,
contestaban, escogiéndose de hombros, " que los greasers no tenían
sentimiento, ni eran de la misma especie que los blancos."
El Presidente Rivas
y su Ministerio, mientras tanto, sólo se ocupaban en hacer lo que
Walker quería y en buscar la manera de mantenerlo grato. Triste
parodia de gobierno; la administración de Rivas traía á
la memoria la Corte de Bleufield en tiempo de los ingleses, Don Patricio
Rivas y su Gabinete hacían en Nicaragua por entonces el mismo papel
politico, que los jefes moscos bajo el protectorado de Mr. Patrick Walker.
La prensa de Europa
y América discutía con calor las aventuras de los filibusteros.
En los Estados Unidos casi todos los diarios aplaudian al audaz compatriota
á quien convertían en héroe de novela, comparándolo
cínicamente con Hernán Cortés, con Francisco Pizarro
y con los más célebres conquistadores; pero en Europa, el
Brasil y toda américa Latina se le atacaba con dureza y se increpaba
al Gobierno norte américanos.
El Journal Of Commerce
de Washington y otros periódicos respetables, que se suponía
inspirados por el gabinete americano, decían francamente, que éste
no podía impedir los movimientos de Walker en Nicaragua, ni convertirse
en policia de paises lejanos.
La Patrie de Paris,
el Diario de la Marina de la Habana y muchos otros periódicos, enemigos
de los filibusteros, al propio tiempo que condenaban á éstos,
decían con mucha sensatez, que si Nicaragua era impotente para echar
del país aquella turba de foragidos, había que reconocer
que tenía bien merecida su suerte, poruqe la primera condición
de un gobierno era estar en aptitud de poder resistir un asesinato.
Parecía inconcebible
en el exterior, que 55 hombres pudieron sojuzgar á toda una Nación,
derrotando primero el ejército numeroso de Guardiola y obligando
á capitular, sin un disparo, al más numeroso todavía
que comandaba Corral. De ahí la gran fama de Walker; de ahí
el entusiasmo que despertaron sus triunfos en el pueblo americano, envanecido
de tener por compatriota al héroe de tan potentosos hechos; y de
ahí tambien ese desprecio universal por un pueblo tan desdichado
y miserable que carecía de virilidad hasta para echar fuera á
una pequeña gavilla, que lo saqueaba y asesinaba tranquilamente.
Los aventureros de
Walker en Nicaragua tenían que ser toleradas por el Gobierno de
Estados Unidos, á pesar de las repetidas protestas diplomáticas
y de la reprobación enérgica de la prensa de casi todo el
mundo civilizado, por las cuestiones con Inglaterra.
Después de
suscrito el Tratado Clayton Bulwer, el Gobierno inglés continuó
ocupando Belize, Roatán, La Reserva Mosquita y San Juan del Norte.
El Gobierno americano
exigió enérgicamente la desocupación de aquellos territorios
porque, conforme el artículo 1ª del tratado, ambas partes habían
convenido "que en ningún tiempo ocuparían, colonizarían,
fortificarían, ni ejercerían dominio alguno sobre Nicaragua,
Costa Rica, la Costa Mosquita ó parte alguna de Centroamérica."
Inglaterra alegaba
que esa estipulación se refería al tiempo venidero; pero
nunca jamás á derechos adquiridos con anterioridad al tratado.
La Prensa de ambos
países tomó cartas en el asunto y lo discutió con
tal acritud, que hirió el amor propio nacional de ingleses y norteaméricanos.
A esta cuestión
diplomática entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos, vino
agregarse la de las relaciones entre los mismos, por ciertos engauches
efectuados en territorio americano para la guerra de crimea; y llegaron
á tal punto las cosas, que la Cancillería de Washington cortó
de golpe la discusión, enviando pasaportes á Mr. Crampton,
Ministro Residente de Inglaterra, para que desocupara el país.
En tal ocasión,
el aparecimiento de Walker, como conquistador americano en Nicaragua, venía
indirectamente á apoyar los intereses de los Estados Unidos en la
cuestion pendiente.
Era Presidente de
la unión Américana, en aquellos días, el general Franklin
Pierce. Había sido elevado por los votos del Partido Democrático
en la elección de 1852 y tomó posesión de la Presdencia
el 4 de marzo de 1853.
Mr. Pierce deseaba
ser reelecto en los comicios de 1856, y de ahí también, que
para no perder popularidad, fuera su política tan poco franca y
definida en los asuntos de Walker.
El Secretario privado
de Mr. Pierce sostenía correspondencia con el filibustero Mr. Fabens,
y esas cartas, que fuerón publicadas en junio de 1856, lo complicaban
en la expedición del vapor Tennese, que fué detenido por
las autoridades federales del Estado de New York.
Walker, que seguía
con ojo avisor todos los movimientos de la política américana,
tuvo especial cuidado en hacer que el Gobierno de Nicaragua enviara un
Representante á los Estados Unidos. La elección naturalemente
tuvo que recaer en uno de los suyos, y Parker H. French, entonces Ministro
de Hacienda, fué nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.
El nuevo Ministro
era digno de la causa que iba á representar en Washington. French
era Tahur de profesión y tenía en Norte América cuentas
pendientes con el Gobierno, que lo había perseguido como concusionario.
Sin embargo, no vaciló en presentar ante Mr. Pierce en 19 de diciembre
de 1855.
Mr. Wheeler, Ministro
américano en Nicaragua, tan pronto como se inauguró el gobierno
de Patricio Rivas se apresuró á reconocerlo oficialmente.
Don José de
Marcoleta, antiguo Ministro de Nicaragua en Washington, don Antonio J.
de irrisarri, de Guatemala, y don Luis Molina de Costa Rica, se dirigieron
inmediatamente a la Cancillería americana, protestándole
por el reconocimiento indebido que su representante en Nicaragua había
hecho de un Gobierno impuesto por una gavilla de filibusteros. el Cuerpo
Diplomático residente en Washington, representado por los Ministros
de España, Francia, Brasil, Chile, Perú y demás naciones
sud-américanas, apoyó las protestas anteriores, y Mr. Pierce
no tuvo más remedio, para ser consecuente con las reclamaciones
que entonces hacía Inglaterra por los enganches americanos para
la guerra de Crimea, que desaprobar la conducta de su Ministro en centro
América.
En situación
tan desfavorable para el filibusterismo americano, se presentó en
el Capitolio Parker H. French, pidiendo oficialmente que se le reconociera
en su elevado carácter diplomático. Mr. Marcy, Secretario
de relaciones Exteriores, le contestó, en 21 de diciembre de 1855,
manifestádole que no podía recibirlo, porque los que habían
establecido el actual orden de cosas en Nicaragua no eran ciudadanos de
ésta, ni el voto popular. libremente manifestado, habia sancionado
su presencia en el poder. Más claro, Mr. Marey significó
á French que reputaba á don Patricio Rivas como prisionero
de Walker, y á su Gobierno como "Gobierno de parapeto." (The
Herald, Nueva York diciembre 23 de 1855).
Pocos días
después French fué arrestado en Nueva York, acusado de estar
haciendo enganches de filibusteros para Nicaragua, y aunque se le puso
en libertad al poco tiempo, parece que Mr. Pierce le hizo decir privadamente,
que sino tomaba soleta lo más pronto posible, podría suceder
muy bien que se volviese á tratar de sus antiguas cuentas. Gaceta
Oficial de Managua 1857.
Antes de estos acontecimientos,
el 8 de diciembre de 1855, el presidente Pierce, creyéndose obligado
á satisfacer al Cuerpo Diplomático, publicó una proclama
prohibiendo á los ciudadanos de la Unión Américana,
que tomaran parte en las expediciones de Walker, que llamó "vergonzosas
y criminales".
Cuando walker tuvo
noticia de los anteriores sucesos, obligó a don Patricio rivas á
expedir el decreto de 22 de Enero de 1856, cerrando las relaciones oficiales
con el Ministro Mr. Wheeler y revocando los poderes conferidos á
Parker H. French, que regresó algún tiempo después
sin haber obtenido cosa alguna del Gobierno de los Estados Unidos.
Frech, no obstante
sus defectos, era un agente activo; y viendo que Marcoleta estaba reconocido
como Ministro de Nicaragua, tentó sobornarlo, ofreciéndole
veinticinco mil pesos, para que se pusiera al servicio de Walker. Marcoleta,
á pesar de encontrarse muy pobre, rechazó con indignación
la propuesta.
en esos mismos días
fué denunciado el enganche de doscientos americanos que salían
para Nicaragua en el vapor Northen Light y las autoridades de Nueva York
los capturaron; pero el vapor escapó con las armas y municiones.
Walker cada vez más
impolítico, obligó al Gobierno de Nicaragua á gravar
con seis reales de alcabala cada libra de tabaco que se introdujese, y
de esta manera contuvo la importación que se hacía de Centroamérica
y favoreció la de Virginia.
El 18 de febrero
de 1856, Walker obligó tambien al Gobierno á dar otro decreto,
que revocaba todas las concesiones y privilegios concedidas á la
Compañía americana de Canal y accesoria de Tránsito
por Nicaragua, fundándose en que no había cumplido sus compromisos
y disponiendo el embargo de sus propiedades, caso de no satisfacer lo que
adeudaba.
Desde que walker
proyectó en san Francisco la ocupació de nuestro suelo, tuvo
el propósito firme de explotar en su provecho la falsa posición
en que con respecto a Nicaragua se habia colocado la Compañía.
De ahí su empeño para que Castellón lo facltara para
el arreglo de las dificultades pendientes; y de ahí tambien el fijar
su centro de operaciones en Rivas.
La Compañia,
entre varias de sus obligaciones, contaba la de pagar anualmente diez mil
pesos al Gobierno de Nicaragua, t además, un diez por ciento sobre
los productos netos del tránsito; pero con excepción de la
primera anualidad. la Compañía siempre encontró pretexto
para desembolsar un centavo más.
El general Chamorro
con su energía caracteristica empezaba á exigir el pago,
cuando fué distraido de su propósito por la Revolución
democrática.
La Compañía,
que de un sólo el diez por ciento sobre pasajeros adeudaba noventa
mil y pico de pesos, se apresuró á reconocer al gobierno
provisional de León y entrar en inteligencias con éste.
Más tarde
se presentó Walker, autorizado por el Gobierno Provisional, pidiendo
el arreglo de cuentas, y la Compañía eludió hábilmente
el asunto, contentando al comisionado con facilitarle hombres, poner á
su disposición los vapores del Lago para las operaciones militares
que llevó á cabo, y darle veinte mil pesos que le exigió
á buena cuenta.
La Compañía
de Tránsito tenía por jefes á los señores Carlos
Morgan y J.L. White, en Nueva York, y á Mr. Garrison por agente
en San Francisco. estos, mirando solamente sus propios intereses, creyeron
en un principio que podrían explotar á Walker en su provecho;
pero no tardaron en salir de su error. Los negociantes Morgan y Garrison
fuerón los primeros en comprender á su compatriota, y como
de otro lado veían elevarse en el seno de la propia Compañía
la influencia de Mr. Vanderbilt, el opulento y emprendedor armador de Nueva
York, Mr. Morgam resignó la presidencia de la Compañía
y se retiró de ella con sus asociados. Mr. Vanderbilt fué
elegido en su lugar.
Garrison continuó
prestando servicios á Walker en San Francisco, y Morgan, en Nueva
York, é inspirado por éstos, reclamó de mr. Vanderbilt
cuatrocientos doce mil pesos que la Compañía adeudaba á
Nicaragua por las anualidades de diez mil pesos y las utilidades del diez
por ciento. Mr. Vanderbilt alegaba fraudulentamente que la Compañía
no había tenido utilidades hasta esa fecha; pero Walker cerró
brúscamente la discusión con el decreto de 18 de Febrero
de 1856, en que mandaba confiscar los buques y propiedades de la Compañía
por la cantidad reclamada. Hecho que avaluó de los bienes embargados,
fueron justipreciados en ciento sesenta y un mil pesos solamente; de suerte
que la Compañía despojada quedó á deber todavía
un fuerte alcance.
Sus derechos y privilegios
los concedió Walker á un tal Mr. Edmundo Randolph, amigo
personal suyo y agente de Garrison, que había llegado á tiempo
para esta negociación, y que volvió á partir inmediatamente
para Nueva York, para traficar con ella. En esta ciudad hizo, probablemente
por fórmula, una oferta de retrocesión á Mr. Vanderbilt,
que la rehusó en el acto. Randolph entonces trató con Morgan
y Garrison, que volvieron á aparecer en la escena, despues de haber
hecho lo que se llama una falsa salida. Estos señores volvieron
á comprar á Walker, mediante la suma de cuatrocientos mil
pesos, los vapores y el material de su antigua Compañía,
que sólo habían sido estimadas en un principio en ciento
sesenta y un mil pesos.
La noticia del despojo
de La Compañía causó verdadera sensación en
Estados Unidos. Muchos de los iembros que la componían eran hombres
ricos y de grandes influencias. Estas se hicieron sentir inmediatamente
en la prensa américana, cuya mayor parte dejó de comparar
á Walker con Cortés y con los grandes conquistadores, para
llamarlo simple y llanamente Capitán de Bandidos.
El despojo de las
propiedades de la Compañía fué para Mr. Vanderbilt
y sus socios como si les hubiera caído un rayo. Invocaron el auxilio
de su Gobierno; pero Mr. Pierce les contestó, que tenían
muy bien merecido cuanto les pasaba, poruqe habían sido aliados
y cómplices de Walker, y que el Gobierno americano no podía
intervenir en las disputas de camaradas que se peleaban. Mr. Marcy los
remitió irónicamente á las autoridades de Granada.
Resolvieron entonces
emplear todos los medios posibles para derrocar al hombre y el poder que
ellos mismos habían importado y sostenido en Nicaragua.
Con este objeto Mr.
Vanderbilt, conocido después como el Creso norte-américano,
desplegó sus influencias por todas partes y entabló correspondencia
con los Presidentes de la América Central, para impulsarlos á
combinar sus esfuerzos contra el enemigo común. Negociaciones semejantes
inició tambien con la América del Sur prometiendo hombres,
municiones y subsidios, y contribuyendo poderosamente á realizar
la liga hispano-américana, cuyas bases se firmaron en Chile, el
Perú y El Ecuador, en la Ciudad de Santiago.
Vanderbilt y sus
socios fueron, desde esa fecha, los aliados más activos y fieles
de los Gobiernos centroamericanos.
El general Cabañas,
debilitado por los auxilios que prestó á la revolución
democrática, no pudo resistir la Revolución de Lopez y sucumbió
en los campos de masaguara el 6 de octubre de 1855.
El primer paso de
Jerez, así se creyó que la situación estaba en manos
de los democráticos, fué invitar á Cabañas
para que pasara á Nicaragua á recibir auxilios con que recuperar
el poder pérdido en Honduras.
Pendiente este compromiso,
que era tan sagrado para el jefe democrático, éste consintió
en todo cuanto Walker exigía, por tal de que cuando llegara Cabañas
no tuviera pretexto alguno como negarle lo que había prometido.
El 3 de diciembre
de 1855 se presento Cabañas en Granada y fué recibido con
todos los honores de un antiguo Presidente; pero cuando jerez quiso hacer
efectivo su ofrecimiento, Walker se opuso aplazando el auxilio para más
tarde.
Cabañas manifestó
entonces, que en el inmediato mes de enero terminaba su Período
de Presidente en Honduras; que pasaba esa fecha no tenia derecho para llevar
la guerra, y que por lo mismo desistía de toda idea á este
respecto.
Jerez, bastante contrariado,
fué á encaminar á Cabañas a León. En
esta ciudad hubo una reunión de los principales hombres del partido
democrático, y en ella tomó la palabra el jefe hondureño
para manifestar con la energia y franqueza que acostumbraba con sus amigos,
que en vez de salvar á Nicaragua del atraso político y de
la opresión, como tanto lo habían cacareado, no habian hecho
otra cosa que entregarlo miserablemente á un Capitán de ladrones,
que lo trataba como un país conquistado, y que tan luego como se
sintiera fuerte, trataría tambien de conquistar el resto de Centro
América.
Jerez fué
el primero en confesar su error y en ofrecer solemnemente, que desde esa
hora se consagraría á la salvación y libertad de Nicaragua.
El jefe democrático
era un verdaero patriota, tenía gran talento, mucha ilustración,
un valor á toda prueba y una honradez tan exagerada que con frecuencia
lo hacía victima del engaño de todo el mundo á quien
juzgaba por sí mismo.
Desde su viaje á
Europa como Secretario del Ministro Castellón , convencido del ridículo
papel que hacian ante el mundo ' las cinco soberanas miniaturas de Centro
América, se convirtió en el más decidido partidario
de la reconstitución nacional.
Más tarde
tuvo amistad con Barrundia, y por medio de éste con Cabañas,
jefes ambos del partido nacionalista. Por este último, que fué
"el caudillo más honorado de su tiempo", sintió Jerez entrañable
cariño y veneración sin limites.
El carácter
de Jerez no permitía términos medios en tratándose
de llegar á una conclusión. "Ser ó no ser" era el
problema planteado, y para ser centroamericano, creía lícito
cualquier medio, ni más ni ménos que Chamorro para logara
el sostenimiento del orden.
El candor y buena
fe de aquel hombre, á quien la posterioridad ha calificado
de "alma de niño y corazón de león", fueron explotados
hábilmente por el jefe filibustero, que le hablaba siempre en un
lenguaje en consonancia con sus ideas y le hacía hermosas promesas
que se aplazaban por las circunstancias.
Pero cuando Cabañas
"el hombre idea" como le llamaba el mismo Jerez, le hizo ver el abismo
en que habia sumido á Nicaragua y las desgracias sin cuenta que
sobrevendrían á Centro América, abrió los ojos
y se propuso remediar el mal que había causado.
Jerez al regresar
a Granada se separó del Ministerio. Otro tanto hizo Selva, su compañero
de causa y el Gobierno del señor Rivas quedó reducido á
éste, al Ministro Ferrer, que era un abogado de provincia, y á
Walker, señor y jefe absoluto de Nicaragua.
Por renuncia de Jerez
y Selva, Rivas nombró, en reposición de ambos, respectivamente,
á los señores Doctor don Norberto Ramírez y Licenciado
don Sebástian Salinas; pero no aceptaron. Nombró entonces
al señor Licenciado don Francisco Baca, para desempeño de
ambas carteras, y tambien se excusó de servirlas. Los amigos de
Jerez obedecían una consigna, y el Presidente Rivas tuvo que resumir
todas las carteras en Ferrer, que asumió el carácter de Ministro
General.
El desagrado de los
democráticos no podia manifestarse más claramente, y Walker,
que fué de los primeros en comprenderlo, procuró atraer á
su lado al partido legitimistas; pero éste que no olvidaba el sangriento
patíbulo de Corral, rechazó los halagos y prefirió
vivir en los bosques.
Desde el asesinato
del jefe legitimista, Granada y las principales poblaciones que le pertenecían
en política, permanecían desiertas. Las familias, refugiadas
en la espesura de las selvas más apartadas, huyendo de las hordas
de los filibusteros, era una elocuente protesta del terror que inspiraban
walker y sus hombres. Así lo comprendieron Rivas á señalar
multas y severas penas para los que no regresaran á sus hogares
en determinada fecha, aunque todo fué en vano: el horror al salvajismo
de los yankees, era mayor que el apego á las propiedades que les
arrebataban en castigo de su desobediencia.
Aquel horror estaba
justificado. A los abusos que conocemos, á los robos y violaciones
cínicas de todos los días, los filibusteros habían
agregado un desprecio tal por los naturales, que uno de ellos en el cuartel
general de Granada llegó hasta disparar su fusil sobre el primer
transeunte que pasó, para averiguar si estaba bien calculada la
polvora. inútil es decir que adquirió la seguridad de su
punteria.
En el mes de enero
de 1856, llegó a Granada un Comisionado de don Domingo Goicuria,
jefe de los revolucionarios cubanos en Nueva York. Walker convino con éste,
en que los recursos materiales y pecuniarios de Nicaragua se unirían
con los de la junta revolucionaria de Cuba para hacer causa común
y asegurar la properidad de la América Central y liberar á
Cuba de la tiranía española. el jefe filibustero empeñaba,
además, su palabra de honor, de cumplir su ofrecimiento, tan luego
como hubiese consolidado su gobierno.
En el mes de febrero
inmediato comenzó á tocar con toda regularidad en los puertos
de Centro América, un vapor de la mala del Pacifico. esto regularizó
tambien las comunicaciones de los estados, antes tardías é
inseguras.
DEFECCION DEL PRESIDENTE
PATRICIO RIVAS
Dejamos á
Estrada refugiado en Honduras.
El General Guardiola,
el leal soldado de la causa legitimista, acababa de ser electo Presidente
del estado; y tanto Estrada como sus amigos, que habían trabajado
mucho por su elección, estaban muy llenos de ilusiones, pensando
que les proporcionaría toda clase de auxilios.
Guardiola, ciertamente,
recibía á sus antiguos amigos con cara muy placentera, y
es posible que hasta les ofreciera alguna limosna, pensando en hacerles
mucho favor; pero su actitud no fué la misma, cuando los legitimistas
le reclamaron auxilios, de conformidad con el tratado de 1851. La neutralidad,
la mala situación del país y otros pretextos semejantes,
sirvieron de excusa para negarse en absoluto á toda intervención
en Nicaragua.
No era ya Guardiola
el proscrito que imploraba auxilios en Granada contra Cabañas. Si
en aquel tiempo pudo ofrecer á los legitimistas su vida y fortuna,
hoy creía concederles mucho con recibir sus visitas.
Lo que acontecía
al Presidente Estrada y á sus infortunados amigos es la historia
de siempre. La humanidad por lo general piensa, siente y quiere de muy
distinta manera, según la posición que ocupa.
Para que no quedara
duda de su actitud, Guardiola prohibió á sus subordinados
que escribiesen contra los filibusteros alegando que no debian entrometerse
en la política interior de los países vecinos; y poco después
acreditó una Legación ante el Gobierno del señor Rivas,
La Legación se regresó a Chinandega por temor del cólera;
pero al verificarlo se dirigió á Walker, protestándole
que el Gobierno no se mezclaría nunca en los asuntos de Nicaragua.
En enero de 1856
se inauguró en el salvador la administración del señor
Rafael Campo. El nuevo Presidente salvadoreño mostraba simpatias
por los legitimistas; pero teniendo en contra un gran partido de oposición,
acaudillado por Gerardo Barrios y Cabañas, que eran amigos y aliados
de los democráticos, el señor Campo habría guardado
una actitud pasiva, si Cabañas á su regreso de Nicaragua
no hubiera llegado levantando el sentimiento público, contra Walker
y los filibusteros y anunciando el peligro que amenazaba a toda Centro
América.
El Presidente Campo
que no necesitaba de estímulo, fundándose en la inquietud
general que habia en todo el Salvador por la presencia de los américanos
en Nicaragua, envió á Granada un prota-pliegos, á
pedir al Gobierno del señor Rivas explicaciones sobre el aumento
siempre creciente de la fuerza américana.
Walker y los filibusteros
se mofaron del uniforme y modales del comisionado; y para más impresionarlo,
se dispuso una solmne revista de la fuerza de la plaza.
En ese día
(8 de marzo de 1856), había llegado tambien a Granada don Domingo
Goicuria con un auxilio de doscientos cincuenta hombres, cuyo transporte
fué cuenta de la nueva Compañía de Tránsito.
Las fuerzas américanas en ese tiempo, según confesiones de
Walker, pasaban de dos mil doscientos hombres, que á cien pesos
mensuales, hacían un total de dos millones seiscientos cuarenta
mil pesos anuales.
El Gobierno de Guatemala
continuaba en inteligencia con Estrada.
Según comunicaciones
que se publicaron en esos días, el Ministro Ayecinena había
desaprobado muchas veces la terquedad de sus amigos legítimistas
y también se había en vano de predicarles tolerancia. Sin
embargo, ante la presencia de los filibusteros, los hombres de Guatemala
alentaban nuevamente al ex-Presidente legitimista y lo excitaban á
constituir su gobierno, aun cuando fuera en un pueblo de Honduras, para
reconocerlo y auxiliarlo.
Desgraciadamente
Estrada ni podía regresar á NIcaragua, ni Guardiola le permitía
que comprometiera la neutralidad hondureña.
El Gobierno de Costa
Rica, más franco y enérgico atacó rudamente a Walker
por la prensa; y cuando éste alarmado de aquella agresión,
envió comisionados á proponerle la paz, el Presidente Mora
les volvió la espalda y dió la orden de echarlos fuera del
territorio.
Tal era la situación
de Centro América, cuando Walker rompió con el partido democrático
y procuró atraer al legitimista.
Estrada, prestando
oído á las indicaciones de Guatemala, procuró entonces
entenderse con los democráticos por medio de un comisionado; pero
éste llegó demasiado tarde. Otros sucesos se verificaban
entonces en Nicaragua.
El Presidente Mora
después de desairar á los comisionados de Walker, expidió
con fecha 1ª de marzo de 1856 una declaratoria de guerra en toda forma,
contra el elemento filibustero, que infestaba a Nicaragua.
Walker se vió
sólo y trató de atraer nuevamente á su lado al Partido
democrático; pero el jefe de ésta, que era Jerez, consentía
en tomar su antiguo puesto solamente que el Gobierno se trasladara a León,
alegando intereses de localidad. Walker tuvo que aceptar.
El objeto era bien
claro. Lejos de la influencia de Walker podian rebelarse conrtra éste
y anular su poder.
El jefe filibustero
exigió, sin embargo, del Gobierno del señor Rivas, que lo
autorizara amnimodamente para hacer la guerra á Costa Rica, para
confiscar las propiedades de los legitimistas y para imponer contribuciones.
Después de
quedar revestido de facultades dictatoriales, Walker exigió aún
que el Ministro Ferrer, hechura suya, quedara también recestido
del carácter de Comisionado del Gobierno, con las mismas facultades
que éste, para resolver por sí y con absoluta independencia
cuando fuera necesario en los departamentos de Oriente.
El Gobierno del señor
Rivas se trasladó a León, y su primer acto fué una
proclama, en que protestaba sus sentimientos pacíficos para con
los Gobiernos de Centro América.
en seguida, nombró
comisionados ante los Gabinetes de San Salvador y Comayagua á los
señores don Gregorio Juarez, y don Rafael Jerez, respectivamente,
con instrucciones para celebrar dos tratados; uno público que engañara
á Walker, y otro reservado, en el que se estipulara la alianza contra
él.
Esta fué la
causa ostensible después, por qué los democráticos
no pudieron entrar en arreglos con los legitimistas, calculando que con
ellos alarmarían inútilmente al enemigo común, entonces
en la plenitud del poder. Es posible también que los animaran otros
sentimientos, no del todo, agenos á intereses del circulo, puesto
que tan exaltadas se hallaban todavía las pasiones políticas.
Walker quiso anticiparse
á Costa Rica y mandó una columna de doscientos cincuenta
hombres que fuera á tomar posiciones al territorio enemigo.
Los costarricenses
venían también con el mismo proyecto y ambas fuerzas se encontraron
enla frontera.
Descansaban confiados
y desprevenidos los filibusteros, en la Hacienda Santa Rosa, cuando en
la tarde del 21 demarzo se presentó la vanguardia costarricense,
los sorprendió y los derrotó en pocos momentos. El ejército
vencedor avanzó persiguiendolos hasta Rivas.
Aquel desastre tan
inesperado, puso a walker fuera de sí; y la noticia, que circuló
por todas partes, fué como una palabra de aliento para los centroaméricanos,
convencidos con aquel hecho de que los esfuerzos que hicieran los filibusteros
podrían alcanzar buen éxito.
Walker inmediatamente
se puso en marcha para Rivas á la cabeza de quinientos cincuenta
hombres escogidos, con los cuales se propuso sorprender á Mora;
pero éste rechazó el ataque el 11 de abril y derrotó
a Walker, que habría sido deshecho del todo, si lo persigue hasta
Granada. Los filibusteros tuvieron ciento veinte bajas en la acción
de ese día.
Al mismo tiempo Mora
avanzaba sobre Rivas, un cuerpo de costarricenses se dirigía por
tierra y por la vía de Alajuela sobre el Río San Juan; pero
la fortuna les fué del todo adversa en aquel punto.
Diez días
después de estos sucesos, se aumentaron las tropas de Walker, con
nuevos refuerzos llegados de los Estados Unidos; Mientras los costarricenses,
invadidos del cólera, concluyeron lastimosamente. El brillante ejército
de éstos, á cuyo vigoroso empuje huyeron despavoridos los
feroces invasores, tuvo que retroceder precipitadamente, dejando un reguero
de cadáveres desde Rivas hasta San José, y haciendo extensiva
la epidemia allí.
En el mismo mes de
abril, los legitimistas empezaron á organizarse en pequeñas
guerrillas en las montañas de Chontales y Matagalpa.
Walker hizo salir
á Goicuria, á quien habia nombrado Brigadier é Intendente
General de Hacienda, á pacificar Chontales. Goicura verificó
su estreno en aquellos indefensos pueblos, de una manera digna de la causa
que servía. Fusiló á varios desgraciados para sembrar
el terror, y su huella como la del tigre, quedó señalada
por un rastro de sangre. El 29 de mayo supo Walker por un americano, que
había estado enfermo en León, que don Patricio y sus compañeros
conspiraban contra él. La noticia aunque basada en simples conjeturas
de quien la daba, se confirmó en el ánimo de Walker, por
su correo que sorprendió con cartas del Presidente Rivas para Mora,
en las que se hablaba de amistad y se proponía el envío de
un comisionado para el arreglo de la paz.
En el entretanto,
el comisionado Juárez se presentó en el Salvador; Pero el
señor Campo se negó á recibirlo oficialmente. En lo
privado, sin embargo, le manifestó que no podia reconocer al señor
Rivas como Presidente de Nicaragua, mientras obrara bajo la presión
de Walker: que si salia de Granada y se trasladaba á León
y
allí daba un decreto resumiendo la Comandancia General, no sólo
ofrecia reconocerlo, sino que le prestaría el apoyo de quinientos
hombres situados en Choluteca, y procuraría, además, obtener
el concurso de Guatemala y Honduras que creía conseguir.
Juárez quedó
de comunicar todo aquello; pero como en el caso de que se descubriera el
plan, Walker fusilaría á Rivas y á Jerez, se convino
en que el proyecto no se le revelaría á nadie y en que Juárez
se retiraría á San Vicente, y se expresaría en desagrado
del señor Campo. Todo se hizo como se convino, y la prensa amiga
de los democrático, engañada por las apariencias, se desató
en injurias contra el Presidente salvadoreño.
Tan luego como Rivas
se enteró de los deseos del señor Campo, llamó a Jerez
y ambos exigieron de Walker la traslación del Gobierno, como medida
previa de conciliación.
Mientras tanto, don
Fulgencio Vega, comisionado de Estrada, se presentó en Guatemala
el 3 de abril de 1856, y á sus esfuerzos se debió el que
el Coronel don Victor Zavala fuese enviado de Cojutepeque á anunciar
al Gobierno salvadoreño, que el 5 de mayo inmediato saldría
la primera división auxiliar para Nicaragua, pasando por aquel territorio.
El Presidente Campo concedió el permiso y ofreció enviar
otra del Salvador.
Walker tan luego
como fué informado del desastre de Santa Rosa, hizo que Rivas nombrara
Ministro Plenipotenciario de Nicaragua, ante el Gobierno américano,
al Cura de Granada don Agustin Vigil, quien salió para los Estados
Unidos el 18 de abril de mismo año, llevando de Secretario á
un tal Sigaud, acusado de robos y falsificaciones. El partido esclavista
de los Estados Unidos apoyaba a Walker, y aprovechando el estado en que
se hallaba la cuestión inglesa, se prometía hacer reconocer
al Gobierno del señor Rivas, tan pronto como apareciera un hijo
de Nicaragua representándolo.
Después de
la salida del Cura-diplomático, Walker, acompañado de Goicuria
y de otros jefes, se dirigió á León, á la cabeza
de doscientos americanos.
El 4 de junio hizo
su entrada á la antigua capital del Estado, en el centro de una
concurrencia numerosa y al parecer entusiasta que fué a encontrarlo;
pero en medio de aquel regocijo, Walker que ya iba prevenido, creyó
observar que los amigos del Gobierno no estaban gustosos del entusiasmo
del pueblo; que el aspecto de Jerez estaba nublado, y que don Patricio
Rivas se mostraba menos franco y expresivo que en otras ocasiones.
Durante el mes de
abril se habían practicado elecciones para Presidente y éstas
habían rolado entre Rivas, Jerez y Salazar. Walker exigió
que se declarasen nulas dichas elecciones y que por votación directa
se le eligiera Presidente de Nicaragua.
Rivas y Jerez se
opusieron, y Walker les pasó un ultimátum para el día
siguiente.
Jerez, llevado por
su carácter impetuoso, concibió el pensamiento de asesinarlo,
y con otros democráticos de los mas decididos, se preparó
al día siguiente en el despacho del Gobierno, rsuelto á llevar
á cabo su proyecto. Las juiciosas observaciones del general Guerrero
le disuadieron de su propósito; y el 10 de junio de 1856, expidió
el Gobierno un decreto, en que mandaba practicar nuevas elecciones y ordenaba
que la votación fuera directa.
Estando Walker en
León, llegó la grata nueva para él, de que el gobierno
americano había reconocido el del señor Rivas y recibido
oficialmente al Cura Vigil.
El jefe filibustero
olvidó con esta buena noticia sus recelos anteriores y regresó
a Granada el 11 de Junio; dejando su piquete de doscientos americanos,
al mando del Coronel Natzmer, para la vigilancia de los democráticos,
de quienes desconfiaba mucho.
Apenas se retiró
Walker, el general Salazar y otros amigos de Jerz recorrieron los arrabales,
haciendo circular el rumor de que los americanos querian destruir el obispado
y asesinar al Presidente y á sus Ministros, con lo cual pusieron
en agitación las masas del pueblo leonés. Al favor de esta
agitación que obligó á Natzmer á ocupar las
torres de la Catedral, creyendo que iba á ser atacado, pudo el personal
del Gobierno escapar para Chinandega.
Jerez se ocupó
inmediatamente en organizar las tropas que pudo reunir y en dar parte al
Gobierno de el Salvador de todo lo sucedido, para que enviara las fuerzas
auxiliares ofrecidas á Juárez.
Walker, inmediatamente
tuvo noticia del suceso de León, expidió un decreto en que
declaraba traidores á don Patricio Rivas y á su Gabinete,
y nombraba presidente provisional á don Fermín Ferrer.
El 25 del mismo mes,
el Gobierno del Salvador, consecuente con su ofrecimiento, declaraba la
guerra a Walker y constituía en alido del Gobierno nicaragüense,
presidido por el señor Rivas. Este á su vez, declaró
traidor á Walker en la propia fecha.
En el mismo mes,
el Gobierno de Costa Rica se dirigió á los de Centro Américam,
manifestandoles que á pesar de las desgracias anteriores y de los
millares de hombres que le arrebató el cólera, estaba pronto
á invadir á Nicaragua. Los excitaba á imitar su ejemplo
y á defender la autonomía centro-americana, aunando esfuerzos.
Por su parte el gobierno
de Rivas, derogó el decreto de 10 de junio sobre la elección
directa; y con fecha 25 del propio mes, declaró traidor a Walker
y á los que lo siguieran.
El Gobierno de Guatemala,
que había adelantado sus tropas hasta el territorio salvadoreño,
al mando del general Paredes, cuando supo la conducta observada por el
Presidente Rivas y el reconocimiento que su Gobierno había hecho
el del Salvador, se apresuró también a reconocerlo y á
celebrar alianza con él y con los demás de Centro América.
Mientras tanto Estrada,
que descansaba en los ofrecimientos de Guatemala, se internó á
Nicaragua el 21 de junio é inauguró de nuevo su Gobierno
en Somotillo. Lo rodeaban una cuantas guerrillas legitimistas, y volvió
á la palestra con su eterna cantilena de "legitimidad o muerte".
La presencia de Estrada
en los departamentos de occidente, con aquella exigencia, fresca todavia
la sangre derramada en la lucha de 1854, levantó el espiritu lugareño
de aquellos pueblos. Una partida de democráticos los sorprendió
en el Ocotal el 13 de agosto de 1856 y puso fin á sus días,
asesinandolo bárbaramente como se usaba entonces.
Estrada fué
muerto, por desgracia, cuando sostenía animada y patrióta
correspondencia con los jefes democráticos, trtando de arreglar
las diferencias existentes para unir sus esfuerzos contra Walker. Su lenguaje
no respiraba mala voluntad y sólo parecia preocuparlo la suerte
de su pais. (N. del A).
El 12 de julio llegó
á León la primera columna salvadoreña al mando del
General Belloso y el 18 la de Guatemala. Walker, atacado por distintos
puntos, reconcentró sus tropas á Granada, Rivas y Río
San Juan.
Copia de artículo
de La Gaceta de Honduras número 54 de 1856
He aqui de los conceptos
de aquel periódico:
Se ha recibido en
el Ministerio de Relaciones Exteriores, comunicaciones del Señor
Pedro Joaquín Chamorro, instalado por el señor don José
Maria Estrada como Ministro General, del Gobierno legítimo constitucional
de Nicaragua. en esas comunicaciones se pide el reconocimiento del Gobierno
de Honduras para el señor Estrada. Para ésto sepresenta la
dificultad de que ya el señor Rivas está reconocido por El
Salvador y por el mismo Honduras y que es imposible á estos Gobiernos
volver atrás en un paso de esta naturaleza. Nunca creímos
que se escogiera tan inoportuna ocasión para hacer valer pretensiones
que , cualquiera que sea el grado de justicia en que se apoyen, sólo
pueden taer embarazos, complicaciones y dificultades para el féliz
desenlace de la gran cuestión que interesa á todo Centro
América en Nicaragua.....El mundo tiene los ojos fijos en centro
América y nos llena de aflicción el concepto que va á
formar de nosotros por nuestras irreconciliables discusiones en momentos
tan supremos.
Administración
de Walker
El Padre Vigil se
presentó en Washington en el mes de mayo de 1856. Le había
precedido una comunicación de Mr. Wheeler, Ministro americano en
Nicaragua y camarada de Walker, en la cual se participaba, á la
Cancillería de los Estados Unidos, que la guerra que hacía
Costa Rica a Walker estaba dirigida por el Baron Bulow en persona y sostenida
por Inglaterra: que el programa de los costarricenses era hacer guerra
á muerte á todo cuanto fuera norte americano que tanto Nicaragua
como los demás Estados de centro América se mostraban satisfechos
del orden de cosas establecidos por Walker: que el país estaba reorganizándose
admirablemente y recibiendo cada día nuevos refuerzos de hombres
de propiedad, talento y empresa; y que sabía por una casualidad,
que acababa de ser nombrado Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno
de los Estados Unidos el señor don Agustin Vigil, personaje nicaragüense
muy distinguido por su saber y virtud, miembro importado del clero, a quién
conocia mucho y no dudaba que sería la fiel expresión de
su país.
Mr. Wheeler tocaba
con mucha oportunidad la cuestion inglesa, en momento en que estaba viva
aún, la excitación causada por la polémica sostenida
con Mr. Crampton.
El 4 de Mayo de 1856
la Cancillería americana reconoció al mismo Gobierno, que
pocos meses antes calificara de parapeto y manifestaba ahora que los Estados
Unidos aceptaban todo gobierno de facto, sin cuidarse de la manera como
se hubiera organizado.
El Padre Vigil fué,
en consecuencia, recibido ofocialmente: pero en el mismo día que
se tuvo noticia del suceso, todo el Cuerpo diplomático residente
en Washington, protestó de la manera más enérgica.
La mayor parte de
la prensa de Estados Unidos censuró rudamente á Mr. Pierce
y colmó de insultos y vituperios al Cura filibustero, como llamaban
al Padre Vigil; y en sólo unos pocos periódicos del Sur,
aplaudieron la conducta del gobierno américano, trayendo de los
cabellos la doctrina Monroe y la cuestión Inglesa.
La Tribune de Nueva
YorK, á pesar de la gravedad con que solia tratar los asuntos políticos,
siguió el ejemplo de sus colegas y caricaturó sangrientamente
al diplomático de Walker.
El clero católico
insultó tambien al Padre Vigil, convertido en piedra de escándalo
universal, y se aseguró entonces por la Tribune, que en euna entrevista
que solicitó del Arzobispo Heiges, salió tan corrido, que
olvidó hasta el sombrero.
Las enérgicas
y repetidas protestas de los representantes de Francia, España,
Brasil y demás naciones de Sur América; los manifiestos de
los Presidentes del Perú y de la Nueva Granada, tronando contra
el escandalo de Nicaragua y la actitud de la misma prensa americana, obligaron
á Mr. Pierce á dar su retiro al Padre Vigil, que no deseaba
otra cosa, aturdido como se hallaba por los insultos y pullas de los diarios
y por los desprecios del clero.
Unos días
antes del recibimiento del Padre Vigil. Mr. Clayton, miembro del Senado,
pronunció un discurso en apoyo del tratado de su nombre, y anatematizó
á Walker, á quien llamó bucanero y pirata por el despojo
de la Compañía del Tránsito.
Sin embargo, apenas
se supo el reconocimiento del Gobierno de Nicaragua, los amigos de Walker
en Nueva York celebraron un gran meeting el 9 de mayo de 1856, y en él
sew acordó pedir al Gobierno americano, la brogación del
Tratado Clayton - Bulwer, el reconocimiento de Walker como beligerante
en Nicaragua y la ratificación del derecho de conquista que le asistía
sobre todo Centro América.
Mientras tanto, el
ex-Ministro French recorría los Estados del Sur y ofrecía
la proclamación de la esclavitud en Nicaragua y más de veinte
mil indios para los trabajos agrícolas.
El ex-Senador, Mr.
Pierre Soulé convocó en el mes de julio y por instancias
de French un meeting en Nueva Orleans. Soulé era un orador notable
y tomó la palabra para hacer grandes elogios a Walker y de la portentosa
conquista de Centro América, que ya daba por concluída; para
ponderar las ventajas que con este nuevo territorio reportarían
los Estados esclavistas; y para encarecer la necesidad de prestar ayuda
al heroico conquistador, siquiera con mil hombres más y unos doscientos
cincuenta mil francos. Enseguida habló French á nombre de
Walker y sostuvo las palabras de Soulé y hacia le prestaran ayuda
en su empresa.
Cuando el entusiasmo
fué general, se presentó papel y pluma á la concurrencia,
para que voluntariamente suscribiera las cantidades que gustara; pero solamente
doce personas pusieron sus firmas, por lo cual se aplazó para más
tarde la terminación de aquel asunto.
El triunfo alcanzado
en los Estados Unidos llenó de aliento a Walker, y fingiendo una
elcción directa suscrita por sus aventureros, se proclamó
Presidente constitucional de Nicaragua, por una mayoría de ocho
mil cuatrocientos un votos según decía.
En esos días
regresó á Granada el Padre Vigil, quién encontró
á Walker completamente descarado y hablando solamente de sus proyectos
de conquista de Centro América y de la manera de restablecer la
esclavitud en Nicaragua; pero el buen Cura se habia prendado tan
de veras de su "angel tutelar", que no vaciló en solemnizar con
su presencia, como representante del clero, la inauguración presidencial
de Walker, que se verificó el 12 de julio de 1856, sobre un tablado
que se levantó en la Plaza de Granada y con asistencia también
de Mr. Wheeler, Ministro américano.
Walker, Presidente
entyrante, Ferrer, Presidente saliente y Mr. Wheeler, Representante de
los Estados Unidos, pronunciaron largos discursos. El del último
se concretaba á manifestar, que con instrucciones terminantes de
su Gobierno, reconocía á Walker como Presidente legítimo
de Nicaragua y que se esforzaría en cultivar las mejores relaciones
entre ambos gobiernos.
Walker organizó
enseguida su ministerio del modo siguiente: para la cartera de Relaciones
Exteriores, al licenciado Fermín Ferrer; para la Guerra, al General
don Mateo Pineda, y para la de Hacienda al General don Manuel Carrascosa,
que era uno de los redactores del periódico "El Nicaraguense".
Todos los Ministros
tenían por SDub-Secretarios á filibusteros américanos,
de la confianza de Walker, algunos de ellos autorizados para ser obedecidos
á la par de los Ministros, que no eran otra cosa que pobres maniquíes.
En el primer Decreto
del Gobierno filibustero, se ordenó la confiscación de todos
lo bienes de los enemigos. y como éstos eran los propietarios del
país, la propiedad nicaragüense se convirtió en el botín
de guerra repartido pródigamente entre los compañeros de
Walker. A Soulé, que reclamó su parte, le fué donada
una rica hacienda de cacao. (Las Mercedes, situada en el departamento de
Granada y propiedad de la familia Chamorro).
El 22 de julio decretó
Walker un empréstito extranjero de dos millones de pesos, ofreciendo
en pago los terrenos de Nicaragua, y nombró á Pierre Soulé
comisionado para contratarlo.
Poco después
se permitió el uso del idioma inglés para los documentos
oficiales; y el 27 de agosto se expidió la célebre ley, que
restablecía la esclavitud en Nicaragua y derogaba las leyes federales
que la prohibían.
Esta última
disposición fué el complemento del decreto empréstito.
Pierre Soulé regresó inmediatamente al Sur de los Estados
Unidos á solicitarlo, ofreciendo en pago los terrenos de Matagalpa
y á los indios que la poblaban, de quiene se dijo en "El Nicaragüense"
que eran aptos como los negros para el servicio de la agricultura.
La proclamación
de Walker y el reconocimiento que su Gobirno hizo Mr. Wheeler en nombre
de los Estados Unidos, llenó de alarma á todo el continente
hispano américano. Chile y Perú celebraron un tratado de
alianza, y en él estipularón contribuir con hombres y recursos
en auxilio de Centro América.
El 19 de agosto se
presentó en Trujillo la fragata inglesa Cossal al mando del Coronel
Jaime Cockburn, estaba armada en guerra con veintidos cañones y
traía á su bordo doscientos cincuenta soldados.
El Comandante saltó
á tierra é hizo saber á las autoridades del Puerto,
que lo pusiera en noticia de los Gobiernos Centro Américanos, que
venía con el objeto de oponerse al bloqueo de Nicaragua, que acababa
de decretar Walker.
La polvareda que
levantó en todas partes del Gobierno filibustero, fué grande;
pero no conoció límites, cuando á élla se agregó
la noticia del restablecimiento de la esclavitud. El mismo Walker se asustó
del efecto que produjo semejante disposición.
Desde algún
tiempo antes, la cuestión de la esclavitud humana era el tema acalorado
de las discusiones de los hombres públicos de Norte América.
En enero de 1854,
el Senador Doylas presentó un proyecto de ley para la organización
de los territorios de Kansas y Nebraska, en que proponía que la
cuestión de esclavitud para los Nuevos Estados, se remitieron al
voto popular de sus habitantes.
Los Estados del Este
y del Sur de los Estados Unidos, que eran esclavistas, esforzaron en fomentar
la inmigración a Kansas, para que cuando fuese admitido como Estado
alcanzara la mayoría de la votación su partido.
Desde esa fecha la
cuestión de esclavitud estaba a la orden del día en todo
el territorio américano.
Los Estados del Norte,
que eran celosos anti-esclavistas, se alarmaron mucho y se llenarón
de justa indignación, cuando se impusierón del insensato
decreto de Walker en Nicaragua, que los periódicos suristas reproducían
con comentarios pomposos, en los que se exageraba sus importancia y sus
alcances.
"Ciertamente, dice
Walker, en su libro Guerra de Nicaragua, el autor del decreto de la esclavitud
ignoraba cuando lo publicó, la grande y general prevención
que existía en los Estados del Norte contra la sociedad del Sur.
No sabía lo generalizados que se encontraban en aquellos Estados
los sentimientos anti esclavistas, que se enseñan en sus escuelas,
se predican en sus púlpitos y se inculcan por madres desde la niñez."
Los poderosos Estados
del Norte se levantaron como un solo hombre contra la invasión de
Walker. Ellos acaudillaban el gran partido liberal republicano que representaba
la mitad de la Nación américana y pusieron en verdaderas
dificultades á Mr. Pierre, que buscaba popularidad y prestigios
para reelegirse.
La prensa esclavista
elevó á la apoteosis el autor del decreto de 27 de
agosto, hubo grandes meetings en los Estados del Sur y se le auxilió
con algunos hombres y recursos; pero eso valía bien poca cosa ante
la actitud decidida de Francia, España, Inglaterra, el Brasil, las
repúblicas sud-américanas y los Estados del Norte de los
Estados Unidos.
Mr. Pierce había
sido elevado por el partido esclavista y estaba obligado á prestar
apoyo á la política surista en Kansas y en la América
Central. Walker que no lo ignaoraba quiso precipitar los acontecimientos;
pero el escandalo había tomado proporciones colosales. Mr. Pierce
reunió á los principales hombres del Sur, para que viesen
lo dificultoso de la situación y encarecerles que no lo apuraran
más con las cuestiones de Centro América, si querían
su apoyo decidido en la cuestión de Kansas.
El arreglo de las
dificultades con Inglaterra, acabó de influir en el Gobierno américano
en el sentido que demandaban su honor y su deber.
La Gran Bretaña
y los Estados Unidos celebrarón ene el mes de diciembre de 1856,
un tratado que aclaraba el tratado Clayton Bulwer, llamado Tratado
Dallas Claredon, en virtud del cual se quedó la primera con Belice
y ofrció devolver Roatán, San Juan del Norte y la Reserva
Mosquitia, comprometiéndose nuevamente ambas naciones á la
fiel observancia del tratado que aclaraban.
En agosto de 1856
envió Walker á Goicuria los credenciales de Ministro Plenipotenciario
ante el gobierno Inglés.
El caudillo filibustero
veía acercarse la tempestad por todas partes y temía el poder
é influencias de la Gran Bretaña. Sus temores se habían
aumentado con la lectura de unas cartas que sustrajo en Panamá y
en las cuales el Canciller de Su Majestad Británica ofrecía
al representante de Costa Rica en Londres, armas y elementos de guerra
para la contienda pendiente.
Goicuria requirió
en vano el cumplimiento de los auxilios ofrecidos, para la libertad de
Cuba. Walker temía también á España y en distintos
pretextos, burlaba la palabra empeñada.
Entre las instrucciones,
que se enviarón a Goicuria, hubo algunoas que se contrariaban lo
que se había ofrecido. Esto ocasionó la ruptura de ambos
caudillos y varios escritos de Goicuria, en el Herald de Nueva York, hacían
revelaciones importantes en que se denunciaba á Walker como hombre
malvado, torpe y sumamente impolítico.
GUERRA
NACIONAL
El inesperado asesinato
del Presidente Estrada, llenó de consternación á los
defensores de la legitimidad. A la pérdida de aquel jefe tenían
que agregar lo dificultoso de su situación. careciéndo de
otro jefe á quien proclamar, en defecto de Estrada, con visos de
legalidad.
Serecordará
que el improvisado Congreso Legislativo de Granada insaculó, en
falta de los Senadores que señalaba la Constitución de 1854
para llenar la vacante de Presidente, á ex-Diputados de la última
Asamblea. Los pliegos que designaban á aquellos se habían
pérdido en Granada, cuando la sorpresa Walker.
Estrada, que preveía
su muerte, queriendo salvar el principio de la legitimidad, se invistió,
en nombre de ésta y por sí y ante sí, de las atribuiciones
especiales del Poder Legislativo del Estado, y procedió á
disponer la sucesión presidencial, designando á seis ex-Diputados
legitimistas de su mayor confianza, cuyos nombres rubricó, cerró,
y selló en seis distintos pliegos, que deberían ser tomados
indistintamente y por orden sucesivo en caso de falta repentina.
La previsión
del finado Presidente vino á resultar inútil, porque los
pliegos, que caminaban siempre en su equipaje, cayeron con sus demás
papeles en poder del enemigo.
La dificultad era,
ó parecía ser suprema para unos hombres tan apegados á
las fórmulas legales, como los legitimistas, cuando llegó
en su auxilio una casualidad tan rara, que pudiera calificarse de milagros,.
Los asesinos de Estrada, al retirarse de Somoto, botaron sin abrirlo, ni
ajarlo siquiera, uno de los anhelados pliegos, que recogió en la
calle una piadosa señora, la que ignoraba su contenido lo llevó
intacto al párroco del pueblo, quien á su vez, lo depositó
de la misma manera en manos de uno de los jefes expedicionarios legitimistas.
Aquel pliego providencial,
que pudo pasar por tantas manos sin despertar la curiosidad de abrirlo,
fué conducido á la inmediata ciudad de Ocotal, en donde existían
los restos del ejército legitimista. Estos organizarón una
junta y procedieron en su presencia la solemne ruptura del pliego.
De los ex-Diputados
inscritos por el finado Presidente, para sus herederos testamentarios en
el ejercicio del Poder Ejecutivo, sólo existía uno en la
Población, que era el Ministro general don Nicasio del Castillo,
y fué justamente su nombre el que apareció en el pliego.
Castillo tomó
posesión inmediatamente, organizó su Gabinete con los jefes
de sección, don José León Avendaño y don Ignacio
Padilla, que elevó á la categoria de Ministros, y á
continuación marchó para Matagalpa con la fuerza militar
del Coronel Bonilla.
Mientras tanto, por
indicación del comisionado legitimista don Fulgencio Vega, el Gobierno
de Guatemala adelantó trescientos fúsiles con sus respectivas
municiones. Con estos auxilios y con algunas armas blancas, los legitimistas
improvisaron un ejército del que fué nombrado General en
Jefe don Tomás Martínez
La inesperada aparición
de aquel nuevo Gobierno, haciendo tercería en Nicaragua, complicaba
de tal manera las cosas, que hacia imposible el buen éxito contra
el enemigo común que éra Walker. Así lo comprendieron
los mismos legitimistas, y deponiendo sus antiguos odios, se reconciliarón
con los democráticos, celebrando el 12 de septiembre un convenio
que fijo las bases de la paz.
Según aquel
documento, don Patricio Rivas continuaría como Presidente hasta
que le sucediera el que eligieran constitucionalmente los pueblos.
Se acordaba la formación
de un Ministerio, compuestos de miembros de ambos partidos y se estipulaba
para su tiempo la revisión de la Constitución de 1838.
El General legitimista
don Tomás Martinez quedaba ampliamente autorizado e investido de
las facultades del Gobierno durante la guerra, para sacar recursos de toda
clase de los departamentos de Matagalpa, Chontales y Managua.
Se estipulaba, por
último, un olvido de todo lo pasado y el reconocimiento de las deudas
de ambos Gobiernos del Salvador y Guatemala, representados por los jefes
de sus respectivos ejércitos.
Terminada parecía
toda diferencia entre legitimistas y democráticos y que Walker sería
impotente para resistir el empuje de toda Nicaragua; pero desgraciadamente
las rivalidades sólo habian concluido en la apariencia.
Ambos bandos, pensando
que Walker no podría resistir mucho tiempo, en vez de aunar sus
esfuerzos para aniquilarlo, se preparaban y procuraban estar fuertes, para
el día en que desaparecieran los filibusteros, disputarse nuevamente
el poder.
No faltaron algunas
excepciones entre ambos partidos, que se levantaron del nivel de tanta
miseria y lo sacrificaran todo en defensa de la autonomía y libertad
de Nicaragua.
Jerez, enfermo de
fiebre y fuerte tos, debía quedar hecho cargo de la Gobernación
Militar de León, al lado de su familia, entre sus amigos y lejos
del peligro, Así estaba estipulado y así lo exigía
su partido, deseoso de economizar hombres y recursos; pero el jefe democrático
se opuso y durante toda la campaña contra los filibusteros, buscó
siempre un sitio de mayor peligro y se cubrió de honrosas cicatrices.
Entre los legitimistas,
el General don Fernando Chamorro hermano del ex-Presidente del mismo apellido,
á quien sobraron pretextos é insinuaciones para quedarse
entre los suyos acumulando elementos, observó la misma conducta
de Jerez, pareciendo empeñado en disputarle los puestos más
dificiles.
Contábanse
en ambos bandos varias otras personas que seguían las huellas de
Jerez y Chamorro y reivindicaban el nombre nicaragüense; pero la generalidad
del país, atenta sólo á pequeñeces, era con
su conducta anti patriótica, la mejor amiga de Walker.
Los ejércitos
aliados tambien se dividieron. Chapines y Guanacos se plegaron, los unos
á los legitimistas y los otros á los democráticos,
manteniendo vivo el fuego de la discordia.
Había cuatro
Generales en jefe, celosos los unos de los otros, y la unidad de acción
tan necesaria en aquellas circunstancias era imposible de alcanzarse.
En tal situación
las cosas, los ejércitos aliados salieron de León el 18 de
Septiembre de 1856 y se pusieron en marcha para tomar la bien fortificada
plaza de Masaya, ocupada entonces por Walker y señalada cuartel
general.
Los filibusteros
noticiosos, del crecido número de fuerzas que llegaban á
atacarlos se replegaron precipitadamente á la Plaza de Granada.
El 2 de octubre inmediato
los aliados ocuparon tranquilamente la plaza de Masaya.
Antes de la salida
de León, el General Martinez tuvo noticia de que los filibusteros,
en pequeñas partidas llegaban á proveerse de ganado vacuno
á las haciendas inmediatas á Tipitapa, y destacó sobre
aquel punto al Coronel don José Dolores Estrada con ciento veinte
hombres.
En la Hacienda de
San Jacinto, colocada en una eminencia que domina toda la llanura, se situó
poco después el Coronel legitimista dispuesto a impedir la extracción
del ganado.
Walker tuvo noticia
de la llegada de Estrada y mandó una escolta de cuarenta hombres
á sorprenderlo; pero la casa de San Jacinto, además de ser
dominante, estab rodeada de gruesas murallas de piedra, que servían
de corrales, y atrás de éstas salió un fuego tan nutrido
de fusilería, que obligó á los fuilibusteros á
desistir de su empeño, dejando muerto al segundo jefe de la expedición.
La presencia del
enemigo en San Jacinto fué cosa que preocupó mucho a Walker,
porque lo privaba del abasto de carne para la Plaza de Granada, por lo
cual dispuso atacar á Estrada inmediatamente.
Era tal el desprecio
que sentían los filibusteros, especialmente los recién llegados,
por los greasers de Nicaragua, que creían que era cosa de sólo
presentarse en número respetable, para que salieran huyendo de ellos.
Sobraron, pues, voluntarios que quisieran formar parte en la expedición,
ansiosos de conquistar laureles militares á poca costa.
La columna compuesta
de ciento veinte hombres entre oficiales y soldados, salió alegremente
de Granada, aunque sin llevar artillería por el mal estado de los
caminos.
En Tipitapa se incorporó
Byron Cole, deseoso de recibir su bautismo de sangre en aquella vez, y
obtuvo el mando de la expedición.
Al amanecer del 14
de septiembre de 1856, Byron Cole y sus hombres, favorecidos por una espesa
niébla, estuvieron á punto de sorprender á Estrada,
que descansaba confiadamente sin puestos de avanzada. Este, sin embargo,
tuvo tiempo de prepararse y resistió el ataque.
Byron Cole no era
militar, nunca había estado en una acción de guerra, y además,
iba tan confiado en que los greasers echarían a correr, que olvidó
las más triviadas reglas de la estrategia y atacó en cuerpo
por el flanco derecho de la casa.
Los américanos,
casi todos jóvenes, aguerridos y bien armados, pelearon con cenuedo
y bizarría, asaltando las cercas de piedras; pero los legitimistas
estrechados en el escaso recinto de las fortificaciones, se sostuvieron
con bravura.
Estrada, que era
un hombre de mucha calma, no perdió su sangre fría en aquel
trance apurado, y aprovechando la impericia del enemigo, le mandó
picar la retaguardia con tres guerrillas, que salieron de pronto de la
espesura de un pequeño bosque y cayeron de sorpresa sobre los filibusteros,
en los momentos en que todas las ventajas estaban de parte de éstos.
Aquel ataque inesperado
á retaguardia, seguido del ruido casual que hicieron en la misma
direccion las espantadas caballerías de los legitimistas, que pasteaban
sueltas, hizo creer á los filibusteros que el grueso del ejército
aliado venía en auxilio de Estrada, y se pusieron en desordenada
fuga.
Los legitimistas
los persiguieron con furor por toda la llanura é hicieron una horrible
matanza de fugitivos, contándose entre las victimas al infortunado
Byron Cole.
Cuando los destrozados
restos de la columna américana se presentarón en Granada,
reducidos á un escaso número y presas todavía de terror
pánico, el desaliento fué general en la Plaza.
Los filibusteros
que creían antes que cada uno de ellos valía por un centenar
de los nativos, estaban palpando que fuerzas iguales y peor armadas acababan
de darles en San Jacinto una lección de las más severas.
Entonces se contaron y vieron que su número era infinitamente menor
que el de los enemigos. La deserción desde ese día fué
muy considerable en Granada.
La Batalla de San
Jacinto, que en rigor no pudiera llevar otro nombre que el de acción
ó combate, por haberse verificado con una sola clase de armas y
entre dos pequeñas escoltas, fué sin embargo, de una influencia
decisiva, porque estimuló y alentó á los aliados y
dió el convencimiento de que los filibusteros no eran invencibles.
Walker necesitaba
recobrar sus prestigios y llenar de aliento á sus abatidos. Con
este objeto apenas recibió un refuerzo de cuatrocientos hombres
más, que le llegaron de los Estados Unidos, dispuso el ataque de
Masaya el día 11 de octubre de 1856, pero no pudo terminarlo, porque
mientras lo verificaba, las tropas guatemaltecas que se hallaban en el
pueblo de Diriomo aprovecharon su ausencia y cayeron sobre Granada, obligádolo
a regresarse con grandes pérdidas.
El Ministro américano
Mr. Wheeler fué llamado por su Gobierno para dar informes de los
sucesos en Nicaragua. Se embarcó el 13 por la noche en el Vapor
"Virgen del Lago", y lo acompañaba el Cura Vigil, que iba huyendo
de la mala situación en que veía á sus amigos y Ferrer
que llevaba el nombramiento de Ministro Plenipotenciario ante el gabinete
de Washington. Este último no hizo uso de sus credenciales, más
que para celebrar un contrato de colonización con el General William
L. Cazneau para que llegaran mil colonos á Nicaragua.
Poco días
después llegó a Granada, con aramas y municiones de los Estados
Unidos, Carlos F. Heningsen, á quien precedía su fama de
aventurero militar en Hungría y España, á las órdenes
respectivamente de Kossuth y de Zumalacárregui. Los amigos de Walker
lo habían contratado, y éste, contento con tener quien diera
una verdadera organización militar á sus aventureros, lo
nombró á continuación. General de Brigada con el encargo
especial de organizar la artillería y enseñar el tiro con
el fúsil Minié, Henningsen era de origen inglés, tenía
alguna experiencia militar, mucho valor, una clara inteligencia y alguna
ilustración. Su vida de aventuras y el ser autor de dos obras en
que refería las revoluciones de España y Hungría,
en las cuales había tomado parte tan activa, le habían hecho
muy conocido en los Estados Unidos y gozar de algún prestigio de
su nombre.
En el entretanto,
Costa Rica en cumplimiento de sus promesas, hizo avanzar sus ejércitos
sobre Nicaragua, y su vanguardia que llegó a Rivas el 1ª de
Noviembre derrotó á una columna de filibusteros y se posesionó
de la linea de Tránsito.
Walker, tan luego
como supo de la ocupación de aquel importante lugar, determinó
reconquistarlo, y al efecto se embarcó con doscientos hombres; y
al amanecer del 12 de noviembre, cayó sobre los costarricenses y
los deshizo en la Cuesta - Grande del camino de San Juan del Sur.
Rápido como
siempre, Walker se reembarcó inmediatamente, y el dia 15 amaneció
atacando la Plaza de Masaya con seiscientos americanos. La defendieron
tres mil aliados; pero merced á las rivalidades de los jefes, no
pudieron rechazar el ataque durante cuatro días y dejaron que al
cabo de este tiempo se retirara Walker tranquilo.
El Gobierno de León
envió comisionados al campamento aliado con objeto de arreglar el
desacuerdo existente; pero se hacían los convenios y al rato se
infringían con cualquier pretexto.
En esos días
salió de Costa Rica, armado en guerra, el buque Once de Abril, llevando
á su bordo ciento diez hombres entre jefes y soldados y conduciendo
dinero y elementos para el ejército aliado. Después de un
recio temporal, que demoró su marcha, el día 23 de noviembre
se encontró á las cuatro de la tarde, con el buque filibustero
San José, con el trabó un encarnizado combate.
Transcurrida una
hora de lucha desesperada por ambas partes, cuando la victoria parecía
declararse a los costarricenses, un proyectil incendió la santa
Bárbara del buque centroaméricano, que voló en pedazos.
El Comandante Valleriestra y la mayor parte de sus valientes soldados fueron
salvados en el buque enemigo y conducidos a San Juan del Sur.
La situación
de Walker no era tan satisfactoria que lo permitiera mantener dividida
su atención entre Granada, amenazada por el grueso de los ejércitos
aliados, y la Linea de Tránsito, por Cañas y Jerez, que desde
un principio habían ocupado la Plaza de Rivas, tanto para favorecer
las operaciones de Costa Rica, como para estar alejados del teatro de las
divisiones.
Walker, pues resolvió
replegarse á la linea de Tránsito y con este objeto se adelantó
á preparar los alojamientos; dejando en Granada á su segundo,
el general Henningsen con instrucciones de salir en determinada fecha,
incendiando antes la población para castigo de los legitimistas.
Cuando los aliados
supieron por un espía lo que trataba de hacer con Granada, se lanzaron
precipitadamente á salvarla.
El 24 de noviembre,
se presentaron en son de ataque, cuando la Ciudad de Granada ardía
por sus cuatro lados y Henningsen que no esperaba ser interrumpido
estaba tan entregado á su obra de destrucción, que casi fué
sorprendido. Con dificultad pudo reunir sus dispersas y emborrachadas tropas
en número de quinientos hombres, y oponerlas á los aliados.
Henningsen, apenas
habría podido resistir pocas horas el ataque, bien combinado de
tres mil aliados, sí éstos no hubieran estado tan divididos
y faltos de concierto. El jefe filibustero no sólo lo resistió
sino para burlarse de ellos, resolvió continuar el incendio en sus
barbas, no dejando edificio que no redujera á cenizas, ni piedra
que no removiera.
Tanta insolencia
llenó de coraje á los aliados, que embistierón por
todas partes y obligaron á Henningsen á parapetarse en el
Templo de Guadalupe, inmediato al lago, en dode se le puso sitio.
Henningsen batiendose
día y noche, falto de alimentos y diezmado por el cólera,
se sostuvo heroicamente diez y ocho días.
El 12 de diciembre
desembarcaron por la noche ciento sesenta americanos, enviados por Walker,
rompieron las lineas centroaméricanas que sitiaban a Henningsen
y reforzarón á éste en Guadalupe, que sólo
contaba entonces con ciento cincuenta soldados.
Al día siguiente
ambas fuerzas en número de trescientos hombres comandadas por el
jefe filibustero, rompieron nuevamente el circulo de bayonetas que la rodeaba
y se embarcaron á vista de los aliados, llevándose hasta
los heridos.
Parece increible
que tres mil hombres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua no
pudieran impedir en veinte días el incendio de Granada ni capturar
la gavilla de malvados que consumaba la destruccion de la ciudad. Sin embargo,
el hecho fué tal como lo relatamos, y hay que confesar, para mayor
vergüenza, que la causa no fué tanto el valor y pericia de
Henningsen, ni la superioridad de los rifles y revolvers americanos sobre
nuestros fúsiles de piedra de chispa, sino los odiosos celos de
los jefes centroaméricanos.
Basta saber, que
en pleno sitio la división salvadoreña abandonó antojadizamente
su puesto y se retiró á León porque sus jefes no soportaban
los ridículos que les hacían los jefes guatemaltecos y legitimistas,
que estaban aliados en su contra.
Henningsen, al embarcarse,
quiso dar la última bofetada á sus enemigos, y mandó
a fijar en la costa un poste con un letrero, que decía: "Aquí
fué Granada", Here was Granada.
Para mayor desgracia
de los aliados, fallecieron en esos mismos días los Generales Paredes
y Solares, jefes primero y segundo respectivamente, del ejército
guatemalteco motivo por el cual recayó el mando en el Coronel don
Victor Zavala, hombre muy amigo de bromas y de un caracter ligero y aturdido,
que lo hacía funesto en aquella ocasión tan dificil.
Belloso, jefe del
ejército salvadoreño, había sido nombrado por el Gobierno
de León Comandante General de las Fuerzas en Nicaragua.
Al retirarse precipitadamente
de Granada, esparciendo el alarma por todo el tránsito, tuvo especial
cuidado de ordenar á Jerez que estaba en Rivas, y á sus ordenens,
que se replegase en el acto á Masaya, abandonando la Plaza fortificada
de Rivas, que cerraba el paso de Walker. Jerez obedeció y los filibusteros,
que estaban entrando en desaliento con tan dilatada lucha, ocuparon sin
resistencia todo el departamento meridional y la linea de Tránsito
que tanto apetecían.
El Gobierno de León,
deseoso de poner término á las rivalidades invitó
á todos los jefes de los ejércitos aliados para que tuvieran
una reunión en la casa de gobierno. Se verificó el 24 de
diciembre de 1856, con el éxito de siempre: se protestaron amistad
y perfecta armonia; y al salir á la calle volvieron de nuevo á
mirarse de reojo.
La antipatriótica
conducta de los jefes aliados por una parte, las rudezas de la campaña
y los estragos del cólera por otra, habrían desalentado por
completo á los ejércitos, bastante desmoralizados ya, y asegurando
la dominación de Walker, si en principios de enro de 1857, no hubieran
llegado las gratas nuevas de la toma de los vapores de los filibusteros
para enviarles refuerzos de los Estados Unidos.
Se recordará
que el Comodoro Cornelio Vanderbilt y todos los demás miembros de
la antigua Compañía de Tránsito estaban sedientos
de venganzas contra Walker.
Para dar fin con
la invasión de los filibusteros tenía que principiarse por
cortar toda comunicación con los Estados Unidos, de dode venían
refuerzos de hombres, recursos y elementos de guerra. Así lo comprendió
Vanderbilt, quién buscó á Spencer, diestro marino
y antiguo capitán de los vapores del río, y lo envió
á Costa Rica á ponerse á las órdenes del Presidente
don Juan Rafael Mora, que desde el principio de su campaña habia
dado muestras de un celo y actividad extraordinarios. (1)
(1)
He aquí,
lo que sobre este particular refiere El Canal de Nicaragua, semanario de
Granada, en el número 11, año 1, correspondiente al 7 de
marzo de 1877. "El Comodoro Vanderbilt comprendió la situación
del aventurero, que había despojado á la Compañía
de sus propiedades, y resolvió aniquilarlo.
En 1857 se hallaba
en una cena en el Restaurante Delmónico de Nueva York, en unión
de varios hispano- américanos. Se trató de la situación
de Nicaragua y del poder de Walker, y en la exaltación producida
por los brindis entusiastas de los hispano-américanos, el Comodoro
tomó la resolución de acabar con los filibusteros.,
Pero como?...No
tiene escuadras, no tiene ejércitos; pero tiene voluntad y tiene
dinero, dos poderes incontrastables.
"Hizo llamar en
el acto á Spencer, experto marino, joven bizarro y audaz"
"Llegó Spencer,
estando aún todos los amigos del Comodoro alrededor de la mesa,
Cree Ud. fácil, le dijo el Comodoro, tomar los vapores que tiene
a sus servicio William Walker. "No lo creo dificil, contestó el
joven, con el accento propio de quien tiene profunda convicción"
"Puede y quiere
Ud. acometer esa empresa?
"Estoy a su
disposición, repuso Spencer, con la tranquilidad del hombre audaz,
que tiene la conciencia de lo que vale, de lo que puede.
En medio del mas
profundo silencio de todos los espectadores que miraban con asombro a aquellos
hombres, sacó el Comodoro de su bolsillo un cheque de viente mil
dolares, que entregó a Spencer, como premio anticipado de la audaz
empresa que iba á acometer"..(N. del A.)
El Presidente tico,
Mora aceptó gustoso los servicios de Spencer á quien ofreció
nuevas gratificaciones y siguió al pié de la letra las indicaciones
del Comodoro Vanderbilt, que le aconsejaba cambiar de politica acerca de
la guerra á muerte que había declarado á los filibusteros,
y dar una proclama ofreciendo pagar los gastos del pasaje á los
Estados Unidos á todos los que desertaran de las filas de Walker.
El 3 de diciembre
de 1856 salió de San José una división de doscientos
hombres armados de buenos rifles con dos piezas de artilleria y al mando
del Coronel Barillier. Spencer iba agregado á la expedición.
El 21 del mismo mes
después de dificultades y privaciones increíbles, entre los
pantanos y malezas de las bajuras anegadizas del Río San Juan, los
costarricenses en improvisadas balsas de troncos y en pequeñas canoas,
lograron pernoctar en el estero de Copalchí, inmediato al Fuerte
de Trinidad, en el islote de Hipps, que defendían sesenta americanos
á las órdenes del capitán filibustero Francisco Thomson.
A continuación
se internaron á pié por entre la montaña y encendierón
varias hogueras, á cuyo calor lograron desentumerse de la incómoda
posicion que trajeron y de la continuada lluvia.
A las diez de la
mañana del día siguiente, avanzaron por entre la misma montaña
hasta llegar al campamento de los filibusteros, á quienes sorprendierón
por retaguardia en momento de estar sirviéndose el rancho.
Durante las dificultades
del camino, los costarricenses perdieron la artilleria, que se llevo la
corriente en una basla escapada, y la lluvia mojó el parque é
inutilizó los fusiles, por lo cual sólo cinco dispararon,
teniendo que tomar el Fuerte á punta de bayoneta. Afortunadamente
la sorpresa fué tan completa, que los filibusteros sólo pensaron
en buscar la fuga, pereciendo la mayor parte en el Río á
donde se lanzarón huyendo. De los sesenta hombres únicamente
se salvaron seis, que fueron hechos prisioneros.
Inmediatamente se
organizó una pequeña flota en conco botes tomados del enemigo,
y puesta al mando del Mayor Máximo Blanco, se dirigió á
San Juan del Norte y pernoctó en las inmediaciones, en la casa de
un nicaragüense, á quien llamaban con el apodo de Petaca. Aquí
encontraron la artílleria, que el nicaragüense había
tenido el cuidado de recoger de la balsa que arrastraba el Río,
y tomaron sus últimas providencias.
El 23 á las
cinco de la mañana se presentaron los expedicionarios en San Juan.
La población dormía confiada y con facilidad fueron capturados
los vapores Wheeler, Morgan, Machuca, y Bulwer. Al tomar este último,
el ruido de voces despertó al agente de la Compañía
de Tránsito Mr. Scott, que tomó en el acto la campana de
alarma. A esta señal ocurrió una lancha de escuadrilla inglesa,
que permanecía anclada en la bahía, y á la que Mr.
Scott pidió auxilio diciendo que temía ser asesinado con
su familia.
A las once de la
mañana se destacaron dos lanchas cañoneras en actitud amenazadora;
pero llegada cerca de los vapores, manifestó el jefe de ellas que
solamente venía á dar garantías á las personas
de la familia de Mr. Scott, que lo hab1a implorado; pero no para estorbar
la captura de los vapores.
Cuando el Cónsul
Américano en San Juan del Norte, Mr. B.S. Cottrell tuvo noticia
del suceso, se dirigió en el acto á los costarricenses exigiéndoles
imperiosamente la devolución de los vapores por ser propiedad de
los ciudadanos américanos Carlos Morgan é hijos, á
quienes Randolph habia cedido la linea; pero el agente de la antigua Compañía
que tambien estaba presente reprodujo que eran propiedad de mr. Vanderbilt,
en cuyo nombre procedían los costarricenses.
El Cónsul,
enfurecido de que no se le obedecía, pidió auxilio al Comodoro
de la escuadra inglesa, que vigilaba el puerto. Este le contestó
en los términos mas amables, que sentía no poder complacerlo,
porque estando aquellos vapores al servicio del enemigo con quien peleaba
Costa Rica, las leyes de neutralidad le prohibían toda intervención
en semejante asunto.
Dueños de
los vapores, los costarricenses se regresaron en ellos, en la noche del
24, comandados por Spencer, Máximo Blanco y Joaquin Fernández;
pero un chubasco arrojó des de los vapores á la costa y los
maltrató bastante. El 25, sin embargo, lograron reparar sus averias
y continuar su marcha hacia el fuerte de Trinidad en cuyas inmediaciones
pernoctaron.
El 26 arribaron al
fuerte, dejaron reparándose los vapores Wheeler y Machuca y la expedición
continuó su marcha, al mando de los mismos jefes en los vapores
Morgan y Bulwer. En la confluencia del San Carlos recogieron al Capitán
Francisco Quiroz con ochocientos costarricenses, que se habían extraviado
en el viaje, cuando iban á tomar el fuerte de Trinidad, y por éstos
supieron que el Castillo se hallaba desmantelado y fácil para ser
sorprendido. se determinó, que Spencer en el Morgan avanzara sobre
el San Juan y atacase el Castillo; mientras Fernanedez en el Bulwer subiria
por El Río San Carlos, para dar cuenta á las autoridades
costarricenses del triunfo alcanzado.
El general don José
Joaquin Mora, hermano del Presiente de Costa Rica, había sido nombrado
General en Jefe del ejército expedicionario, y con quinientos hombres
se dirigió á marchas redobladas a proteger los movimientos
del Río.
El 22 de diciembre
acampó en el muelle del Río San Carlos y de allí destacó
varias partidas de observación, que regresaron sin traerle noticias
de los expedicionarios. creyéndose, sin embargo, en dificultades,
embarcó en dos balsas y dos botes los viveres y municiones que pudo
y cincuenta hombres para reforzarlos.
esta expedición,
que comenzó á bajar el San Carlos el día 27, se encontró
poco tiempo después de su salida con el Bulwer que comandaba el
Coronel Fernandez. Este llegó en el mismo día al campamento
del general Mora, á cuyas órdenes puso el vapor, le dió
cuenta de los sucesos del Río San Juan y se dirigió inmediatamente
después por tierra á dar el mismo informe al Presidente Mora
en san José.
Mientras tanto Spencer,
á bordo del Morgan, llegó al Castillo á las cuatro
de la tarde del propio día 27 y sorprendió de tal manera
á la guarnición americana que la rindió sin un tiro.
Dueño ya de
aquella Fortaleza, Spencer hizo concurrir con engaño, enviándole
un falso parte, al vapor Ogden, que se hallaba en el Raudal del Toro. A
su entrada, que se verificó á las siete de la mañana
del 28, fué capturado fácilmente por sorpresa.
Por los pasajeros
del Ogden se supo que el Vapor Virgen, anclado entonces en la estación
de Danms, cerac del Raudal del Toro, en donde se abastecía de leña,
conducía elementos de guerra para walker. Spencer, sin pérdida
de tiempo embarcó alguna tropa en el Ogden y se dirigió á
la estacion de Danms en busca del Vapor enemigo. Este, vió venir
al Ogden, que la víspera se habia separado de su costado para conducir
los pasajeros del Castillo, según el falso parte que se habia dado,
y lo dejó acercarse sin la menor sospecha de que estuviera ocupado
por enemigos. Spencer hizo saludos y demostraciones amistosas que acostumbraban
los vapores de La Compañía y fingiéndose amigo, atracó
al costado delVirgen y lo tomó sin resistencia, encontrando en sus
bodegas cuatro piezas de artillería, cuatrocientos rifles nuevos,
abundantes municiones de boca y guerra y un cargamento de licores finos.
Spencer pasó
los días 28 y 29 de diciembre en la estación de damns esperando
los refuerzos del general Mora para dirigirse á San Carlos; pero
viendo que no llegaban, envió en su busca al vapor Morgan, y en
el Ogden se dirigió él con su poca gente á probar
una sorpresa.
El día 30
fondeó tranquilamente el Ogden frente al cañón del
glacis de la Fortaleza de San Carlos (1) para infundir mayor confianza
al enemigo. Spencer dió con toda calma las señales de costumbre,
y el Comandante de La Fortaleza que era el capitán filibustero Mr.
Kruger, no teniendo noticia de que hubiera enemigos en el Río y
viendo además, el vapor bajo los fuegos de sus cañones, fué
con toda confianza, seguido de una escolta, á hacer la visita de
costumbre. Al entrar se le llevó con engaños á un
camarote, donde se le intimó rendición, se le puso al corriente
de todo lo sucedido y se le obligó con alguna dificultad á
escribir una orden. Llamando á bordo y sin armas á toda la
guarnición. Después de éstpo, la fortaleza cayó
sin resistencia en poder de los costarricenses, que hicieron setenta y
dos prisioneros al enemigo y quitaron dos piezas de artillería de
á veinticuatro.
Dejamos al General
Mora en el Muelle de San Carlos, en donde lo encontró el Bulwer
el día 27. El 28 embarcó doscientos hombres, dos piezas de
artillería, gran parte de las municiones de guerra y algunos víveres,
y á las nueve de la mañana principió á bajar
el San Carlos, dejando en el muelle el resto de su gente y municiones á
cargo del Mayor don Juan Estrada y con orden de conducirse en botes y balsas
al Río San Juan
El día 30
á las trés de la tarde encontró Mora el Vapor Morgan,
enviado por Spencer en su busca. Como El Bulwer se encontraba en mal estado.
Mora se trasbordó con la gente al Morgan y caminando á todo
vapor logró fondear en el Castillo á las diez de la mañana
del 31 de diciembre.
En el Castillo tuvo
noticia exacta el general Mora de todo lo ocurrido, y sin pérdida
de tiempo dispuso marchar en auxilio de Spencer, á quien suponía
en dificultades. Para llegar más breve se trasbordó al Ogden,
que acababa de llegar, enviado por Spencer, dándole cuenta de la
toma de San Carlos y llamándolo con urgencia; y á las trés
de aquella tarde principió á subir el Río en el Ogden,
á cuya máquina se le dió toda velocidad. al
llegar á la Estación de damns, se trasbrodó al Virgen,
y andando siempre de carrera Mora logró fondear frente a San Carlos
en la madrugada del 1ero. de Enero de 1857.
La audaz y arriesgada
empresa de los costarricenses estaba todav1a incompleta. Faltaba aún
el Vapor san carlos, el más grande de todos, que recorría
en aquellos momentos los puertos del lago; pero el 3 de enro de 1857 se
presentó á la vista y poco después botó anclas
con toda confianza.
Los costarricenses
emboscados en las riberas, dejaron á Spencer el cuidado de hacer
las señales de costumbre, y cuando lo creyeron conveniente, dieron
el asalto y se adueñaron del buque.
Belloso, General
de las tropas, impresionado con las pullas de los guatemaltecos y legitimistas,
y más que todo, con los estragos de los rifles américanos,
no hubo reflexión suficiente para decidirlo á salir de León.
Los ejércitos
aliados se organizarón provisionalmente en el pueblo de Nandaime,
nombrando General en jefe, al General don Florencio Xatruch, Comandante
de las fuerzas auxiliares de Honduras, y así organizados fijaron
un cuartel general en San Jorge, Rivas el día 28 de febrero de 1857.
La situación
de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó
á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos
de toda clase, de los vapores del lago, y río que también
lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban
hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente
su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad,
las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos
frente a Henningsen en Granada.
El jefe filibustero
fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó
su artillería y estableció un taller de fundición,
en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para
cañón.
El concierto de tanta
felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida
de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo
filibustero.
Nicaragua estaba
salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados
del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud
en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América,
enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente
armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses
antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos
en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."
Walker valoró
en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se
anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge,
uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días
a San Juan del Norte
con refuerzos de
los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender
á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según
instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por
la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto,
Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas,
conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó
el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta
hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el
puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones
sobre el río y sorprender á los costarricenses.
El 4 de febrero volvió
á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más,
que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó
Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales
se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió
la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había
una guarnició costarricense, á la que también desalojó,
á cañonazos en la madrugada del 13.
Envalentonados con
el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo
Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación
de la punta de Cody.
Pronto las penalidades
del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos,
los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada
por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.
Lockridge, deseperado
de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de
ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado
de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó,
pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino
estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó
á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel
desastre, renunciaron á toda tentativa.
Tan luego supo Mora
en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel
Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición.
El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó
en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos
ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á
que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor
Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.
en el ismo día
que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una
invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la
cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir
en los asuntos del |