En cada lugar...
algo especial....

Colección de Documentos Históricos 

Foto de la Tumba de William Walker en Honduras, 
  • CONVENIO WALKER - CORRAL
  • 23 de Octubre de 1855
  • PROTESTA DEL PRESIDENTE DE NICARAGUA JOSE MARIA ESTRADA
  • (Dirigida a los Gobiernos y pueblos de Cetroamérica en contra del Convenio Walker Corral del 25 de Octubre de 1855.)
  • Administración de Walker
  • GUERRA NACIONAL
  • EL CONFLICTO CON COSTA RICA
  • SEGUNDA INVASION DE WALKER
  • 28 de diciembre de 1854: Contrato Byron Cole -Castellón
    Una de las consecuencias más nefastas de esta guerra civil entre legitimistas y democráticos fué el Contrato Byron Cole -Castellón. Los democráticos (Jerez, Castellon, Guerrero , Zepeda entre muchos otros..) para triunfar sobre los legitimistas,. militar y económicamente mucho más fuertes, contrataron a los filibusteros. estos desembarcaron en el país con el objetivo de "unirse a una de las partes beligerantes en Nicaragua, vencer, de este modo, la otra, y sobreponiéndose después a las dos, formar un nuevo gobierno". El Contrato les otorgaba múltiples concesiones y privilegios. Los ingenuos democráticos no percibieron aún los intereses que tenían los sureños esclavistas!.
    ADMINISTRACION DE PATRICIO RIVAS y WILLIAM WALKER

    Diez y siete meses de guerra civil encarnizada y destructora, habian agotado los recursos de Nicaragua y enervado el patriotismo de sus hijos.
    Walker, si hubiera tenido alguna mediana habilidad, no sólo se habria adueñado de Nicaragua sin oposición, sino que habria sido el ídolo del pueblo que cansado de tan acerba lucha sólo deseaba la paz.

    Por otra parte, leoneses y granadinos, que se odiaban á muerte y que desconfiaban mútuamente unos de otros, habrían preferido poner sus destinos eternamente en manos de un elemento ageno á sus rivalidades, se éste se hubiera mostrado imparcial y conciliador.

    Pero Walker era un aventurero bastante vulgar, cuya vista alcanzaba más allá de sus conveniencias personales , y optó por el gustado sistema de apoyar al que consideró más débil contra el más fuerte, para explotar la división.

    El partido democrático que había hecho la guerra á Chamorro por su absolutismo, porque llamó a Nicaragua República, y Presidente al Director, se encontraba con la situacion en la mano y no obstante besaba humildemente el látigo de Walker, se servía de los mismos nombres para designar al gobernante y al país, y hacia exactamente lo que tanto combatiera.

    La dilatada lucha había excitado de tal manera las pasiones, que los partidos olvidaban con frecuencia sus principios, por tal de encontrar la manera como desahogar sus resentimientos y venganzas.

    El Partido democrático, aunque aparentemente dueño de la situación, mandaba tanto en Nicaragua, como el legitimista. Basta saber, que ni el Presidente, ni los Ministros, tenían autorización para hacer nada que no fuera del gusto de Walker,  que cada día se mostraba más imperioso y exigente.

    Los altivos leoneses, después de tanto años de lucha, vinierón a convertirse en siervos del jefe filibustero, de cuyo férreo dominio no podian, ni querian sustraerse. No podian, poruqe Walker se apoyaba en un crecido ejército de aventureros, cuyo número se aumentaba por cada vapor que llegaba á San Juan del Sur: no querian, porque pensaban que si se alejaban de Walker, este se rodearía de legitimistas á quienes temían más que á todos los males juntos.

    Todo, pues parecía doblegarse ante el audaz aventurero.

    El clero, que pudo haberse alarmado con la introducción del elemento protestante, fué por el contrario humilde cortesano, á quien se vio con frecuencia en las antesalas del autócrata, esperando como un favor el permiso de entrar á felicitarlo por el bien que hacía a Nicaragua.

    Las alhajas de los templos le fueron dadas de orden del Jefe de la iglesia nicaragüense, para invertirlas en la compra de rifles y elementos de guerra: mientras los personajes más notables del clero, como el Cura de Granada, don Agustin Vigil, que pasaba por el primer orador sagrado, agotaban el vocabulario de la adulación, llamándolo desde la tribuna del Espíritu Santo "Angel titular" y "Estrella del Norte".

    Walker, para la buena marcha de su negocio, necesitaba de un órgano de publicidad, que diera á conocer sus conquistas en los Estados Unidos en donde tenía cifradas sus mejores esperanzas. Fundó, pues el 20 de Octubre de 1855, un periódico bilingüe, que llamó El Nicaragüense, escrito, una cuarta parte en un español bárbaro y las restantes en buen inglés.

    El Nicaraguense retrataba fielmente el carácter de los filibusteros americanos. Era muy frecuente encontrar en un mismo número palabras de aliento para el pueblo de Nicaragua en la parte escrita en español, mientras en la inglesa, destinada á los Estados Unidos, se hablaba de conquista y esclavitud y se designaba á los nativos con los epitetos más odiosos y despreciativos.

    Degradados, afeminados, greusers, eran los calificativos amorosos con que el periódico filibustero regalaba á los nicaraguenses. Fué su redactor principal el filibustero Juan Tabor, aunque escribieron en él varios otros.

    Cuando Centro América se coligó contra Walker, El Nicaraguense fué más insolente, y la Gaceta Oficial del Salvador de 9 de Octubre de 1856, aseguraba que la parte española se hallaba entonces á cargo del general Manuel Carrascosa, uno de los Ministros de Walker.

    El Nicaraguense solia traer sueltos por este estilo:

    "Fallecimiento - Old  aguardiente (Aguardiente añejo). Un caballo bien conocido, perteneciente al Coronel Frank Anderson, murió súbitamente el domingo en la noche: el Coronel le enterró con pompa. Pocos caballos había en Nicaragua superiores a él, ya por su velocidad, ya po su fortaleza, hermosura y docilidad. Paz á sus orines" De aquí puede deducirse la clase de lectores á que estaría dedicada la publicación de los filibusteros.-"

    En el mismo mes de octubre, el vapor Cortés de la Compañía de Tránsito trajo de San Francisco, un refuerzo de seiscientos americanos reclutas y una compañía más, organizada, armada y á las órdenes del Capitán Davidson.

    La condición de los nicaragüenses por este tiempo, no podía ser más triste y angustiosa. Los prisioneros de una horda de bandidos no habrían sido peor tratados que nosotros.

    el Chronicle de New York publicó correspondencias de su reporter en Nicaragua, que relataban la vida y costumbres de los filibusteros. estos, según el reporter, robaban, asesinaban incendiaban y violaban con la mayor imprudencia, y cuando el corresponsal del chronicle les hacía reflexiones sobre lo perjudicial que podía serles en lo porvenir una conducta semejante, contestaban, escogiéndose de hombros, " que los greasers no tenían sentimiento, ni eran de la misma especie que los blancos."

    El Presidente Rivas y su Ministerio, mientras tanto, sólo se ocupaban en hacer lo que Walker quería y en buscar la manera de mantenerlo grato. Triste parodia de gobierno; la administración de Rivas traía á la memoria la Corte de Bleufield en tiempo de los ingleses, Don Patricio Rivas y su Gabinete hacían en Nicaragua por entonces el mismo papel politico, que los jefes moscos bajo el protectorado de Mr. Patrick Walker.

    La prensa de Europa y América discutía con calor las aventuras de los filibusteros. En los Estados Unidos casi todos los diarios aplaudian al audaz compatriota á quien convertían en héroe de novela, comparándolo cínicamente con Hernán Cortés, con Francisco Pizarro y con los más célebres conquistadores; pero en Europa, el Brasil y toda américa Latina se le atacaba con dureza y se increpaba al Gobierno norte américanos.

    El Journal Of Commerce de Washington y otros periódicos respetables, que se suponía inspirados por el gabinete americano, decían francamente, que éste no podía impedir los movimientos de Walker en Nicaragua, ni convertirse en policia de paises lejanos.

    La Patrie de Paris, el Diario de la Marina de la Habana y muchos otros periódicos, enemigos de los filibusteros, al propio tiempo que condenaban á éstos, decían con mucha sensatez, que si Nicaragua era impotente para echar del país aquella turba de foragidos, había que reconocer que tenía bien merecida su suerte, poruqe la primera condición de un gobierno era estar en aptitud de poder resistir un asesinato.

    Parecía inconcebible en el exterior, que 55 hombres pudieron sojuzgar á toda una Nación, derrotando primero el ejército numeroso de Guardiola y obligando á capitular, sin un disparo, al más numeroso todavía que comandaba Corral. De ahí la gran fama de Walker; de ahí el entusiasmo que despertaron sus triunfos en el pueblo americano, envanecido de tener por compatriota al héroe de tan potentosos hechos; y de ahí tambien ese desprecio universal por un pueblo tan desdichado y miserable que carecía de virilidad hasta para echar fuera á una pequeña gavilla, que lo saqueaba y asesinaba tranquilamente.

    Los aventureros de Walker en Nicaragua tenían que ser toleradas por el Gobierno de Estados Unidos, á pesar de las repetidas protestas diplomáticas y de la reprobación enérgica de la prensa de casi todo el mundo civilizado, por las cuestiones con Inglaterra.

    Después de suscrito el Tratado Clayton Bulwer, el Gobierno inglés continuó ocupando Belize, Roatán, La Reserva Mosquita y San Juan del Norte.

    El Gobierno americano exigió enérgicamente la desocupación de aquellos territorios porque, conforme el artículo 1ª del tratado, ambas partes habían convenido "que en ningún tiempo ocuparían, colonizarían, fortificarían, ni ejercerían dominio alguno sobre Nicaragua, Costa Rica, la Costa Mosquita ó parte alguna de Centroamérica."

    Inglaterra alegaba que esa estipulación se refería al tiempo venidero; pero nunca jamás á derechos adquiridos con anterioridad al tratado.

    La Prensa de ambos países tomó cartas en el asunto y lo discutió con tal acritud, que hirió el amor propio nacional de ingleses y norteaméricanos.

    A esta cuestión diplomática entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos, vino agregarse la de las relaciones entre los mismos, por ciertos engauches efectuados en territorio americano para la guerra de crimea; y llegaron á tal punto las cosas, que la Cancillería de Washington cortó de golpe la discusión, enviando pasaportes á Mr. Crampton, Ministro Residente de Inglaterra, para que desocupara el país.

    En tal ocasión, el aparecimiento de Walker, como conquistador americano en Nicaragua, venía indirectamente á apoyar los intereses de los Estados Unidos en la cuestion pendiente.

    Era Presidente de la unión Américana, en aquellos días, el general Franklin Pierce. Había sido elevado por los votos del Partido Democrático en la elección de 1852 y tomó posesión de la Presdencia el 4 de marzo de 1853.

    Mr. Pierce deseaba ser reelecto en los comicios de 1856, y de ahí también, que para no perder popularidad, fuera su política tan poco franca y definida en los asuntos de Walker.

    El Secretario privado de Mr. Pierce sostenía correspondencia con el filibustero Mr. Fabens, y esas cartas, que fuerón publicadas en junio de 1856, lo complicaban en la expedición del vapor Tennese, que fué detenido por las autoridades federales del Estado de New York.

    Walker, que seguía con ojo avisor todos los movimientos de la política américana, tuvo especial cuidado en hacer que el Gobierno de Nicaragua enviara un Representante á los Estados Unidos. La elección naturalemente tuvo que recaer en uno de los suyos, y Parker H. French, entonces Ministro de Hacienda, fué nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.

    El nuevo Ministro era digno de la causa que iba á representar en Washington. French era Tahur de profesión y tenía en Norte América cuentas pendientes con el Gobierno, que lo había perseguido como concusionario. Sin embargo, no vaciló en presentar ante Mr. Pierce en 19 de diciembre de 1855.

    Mr. Wheeler, Ministro américano en Nicaragua, tan pronto como se inauguró el gobierno de Patricio Rivas se apresuró á reconocerlo oficialmente.

    Don José de Marcoleta, antiguo Ministro de Nicaragua en Washington, don Antonio J. de irrisarri, de Guatemala, y don Luis Molina de Costa Rica, se dirigieron inmediatamente a la Cancillería americana, protestándole por el reconocimiento indebido que su representante en Nicaragua había hecho de un Gobierno impuesto por una gavilla de filibusteros. el Cuerpo Diplomático residente en Washington, representado por los Ministros de España, Francia, Brasil, Chile, Perú y demás naciones sud-américanas, apoyó las protestas anteriores, y Mr. Pierce no tuvo más remedio, para ser consecuente con las reclamaciones que entonces hacía Inglaterra por los enganches americanos para la guerra de Crimea, que desaprobar la conducta de su Ministro en centro América.

    En situación tan desfavorable para el filibusterismo americano, se presentó en el Capitolio Parker H. French, pidiendo oficialmente que se le reconociera en su elevado carácter diplomático. Mr. Marcy, Secretario de relaciones Exteriores, le contestó, en 21 de diciembre de 1855, manifestádole que no podía recibirlo, porque los que habían establecido el actual orden de cosas en Nicaragua no eran ciudadanos de ésta, ni el voto popular. libremente manifestado, habia sancionado su presencia en el poder. Más claro, Mr. Marey significó á French que reputaba á don Patricio Rivas como prisionero de Walker, y á su Gobierno como "Gobierno de parapeto."  (The Herald, Nueva York diciembre 23 de 1855).

    Pocos días después French fué arrestado en Nueva York, acusado de estar haciendo enganches de filibusteros para Nicaragua, y aunque se le puso en libertad al poco tiempo, parece que Mr. Pierce le hizo decir privadamente, que sino tomaba soleta lo más pronto posible, podría suceder muy bien que se volviese á tratar de sus antiguas cuentas. Gaceta Oficial de Managua 1857.

    Antes de estos acontecimientos, el 8 de diciembre de 1855, el presidente Pierce, creyéndose obligado á satisfacer al Cuerpo Diplomático, publicó una proclama prohibiendo á los ciudadanos de la Unión Américana, que tomaran parte en las expediciones de Walker, que llamó "vergonzosas y criminales".

    Cuando walker tuvo noticia de los anteriores sucesos, obligó a don Patricio rivas á expedir el decreto de 22 de Enero de 1856, cerrando las relaciones oficiales con el Ministro Mr. Wheeler y revocando los poderes conferidos á Parker H. French, que regresó algún tiempo después sin haber obtenido cosa alguna del Gobierno de los Estados Unidos.

    Frech, no obstante sus defectos, era un agente activo; y viendo que Marcoleta estaba reconocido como Ministro de Nicaragua, tentó sobornarlo, ofreciéndole veinticinco mil pesos, para que se pusiera al servicio de Walker. Marcoleta, á pesar de encontrarse muy pobre, rechazó con indignación la propuesta.

    en esos mismos días fué denunciado el enganche de doscientos americanos que salían para Nicaragua en el vapor Northen Light y las autoridades de Nueva York los capturaron; pero el vapor escapó con las armas y municiones.

    Walker cada vez más impolítico, obligó al Gobierno de Nicaragua á gravar con seis reales de alcabala cada libra de tabaco que se introdujese, y de esta manera contuvo la importación que se hacía de Centroamérica y favoreció la de Virginia.

    El 18 de febrero de 1856, Walker obligó tambien al Gobierno á dar otro decreto, que revocaba todas las concesiones y privilegios concedidas á la Compañía americana de Canal y accesoria de Tránsito por Nicaragua, fundándose en que no había cumplido sus compromisos y disponiendo el embargo de sus propiedades, caso de no satisfacer lo que adeudaba.
     

    Desde que walker proyectó en san Francisco la ocupació de nuestro suelo, tuvo el propósito firme de explotar en su provecho la falsa posición en que con respecto a Nicaragua se habia colocado la Compañía. De ahí su empeño para que Castellón lo facltara para el arreglo de las dificultades pendientes; y de ahí tambien el fijar su centro de operaciones en Rivas.

    La Compañia, entre varias de sus obligaciones, contaba la de pagar anualmente diez mil pesos al Gobierno de Nicaragua, t además, un diez por ciento sobre los productos netos del tránsito; pero con excepción de la primera anualidad. la Compañía siempre encontró pretexto para desembolsar un centavo más.

    El general Chamorro con su energía caracteristica empezaba á exigir el pago, cuando fué distraido de su propósito por la Revolución democrática.

    La Compañía, que de un sólo el diez por ciento sobre pasajeros adeudaba noventa mil y pico de pesos, se apresuró á reconocer al gobierno provisional de León y entrar en inteligencias con éste.

    Más tarde se presentó Walker, autorizado por el Gobierno Provisional, pidiendo el arreglo de cuentas, y la Compañía eludió hábilmente el asunto, contentando al comisionado con facilitarle hombres, poner á su disposición los vapores del Lago para las operaciones militares que llevó á cabo, y darle veinte mil pesos que le exigió á buena cuenta.

    La Compañía de Tránsito tenía por jefes á los señores Carlos Morgan y J.L. White, en Nueva York, y á Mr. Garrison por agente en San Francisco. estos, mirando solamente sus propios intereses, creyeron en un principio que podrían explotar á Walker en su provecho; pero no tardaron en salir de su error. Los negociantes Morgan y Garrison fuerón los primeros en comprender á su compatriota, y como de otro lado veían elevarse en el seno de la propia Compañía la influencia de Mr. Vanderbilt, el opulento y emprendedor armador de Nueva York, Mr. Morgam resignó la presidencia de la Compañía y se retiró de ella con sus asociados. Mr. Vanderbilt fué elegido en su lugar.

    Garrison continuó prestando servicios á Walker en San Francisco, y Morgan, en Nueva York, é inspirado por éstos, reclamó de mr. Vanderbilt cuatrocientos doce mil pesos que la Compañía adeudaba á Nicaragua por las anualidades de diez mil pesos y las utilidades del diez por ciento. Mr. Vanderbilt alegaba fraudulentamente que la Compañía no había tenido utilidades hasta esa fecha; pero Walker cerró brúscamente la discusión con el decreto de 18 de Febrero de 1856, en que mandaba confiscar los buques y propiedades de la Compañía por la cantidad reclamada. Hecho que avaluó de los bienes embargados, fueron justipreciados en ciento sesenta y un mil pesos solamente; de suerte que la Compañía despojada quedó á deber todavía un fuerte alcance.

    Sus derechos y privilegios los concedió Walker á un tal Mr. Edmundo Randolph, amigo personal suyo y agente de Garrison, que había llegado á tiempo para esta negociación, y que volvió á partir inmediatamente para Nueva York, para traficar con ella. En esta ciudad hizo, probablemente por fórmula, una oferta de retrocesión á Mr. Vanderbilt, que la rehusó en el acto. Randolph entonces trató con Morgan y Garrison, que volvieron á aparecer en la escena, despues de haber hecho lo que se llama una falsa salida. Estos señores volvieron á comprar á Walker, mediante la suma de cuatrocientos mil pesos, los vapores y el material de su antigua Compañía, que sólo habían sido estimadas en un principio en ciento sesenta y un mil pesos.

    La noticia del despojo de La Compañía causó verdadera sensación en Estados Unidos. Muchos de los iembros que la componían eran hombres ricos y de grandes influencias. Estas se hicieron sentir inmediatamente en la prensa américana, cuya mayor parte dejó de comparar á Walker con Cortés y con los grandes conquistadores, para llamarlo simple y llanamente Capitán de Bandidos.

    El despojo de las propiedades de la Compañía fué para Mr. Vanderbilt y sus socios como si les hubiera caído un rayo. Invocaron el auxilio de su Gobierno; pero Mr. Pierce les contestó, que tenían muy bien merecido cuanto les pasaba, poruqe habían sido aliados y cómplices de Walker, y que el Gobierno americano no podía intervenir en las disputas de camaradas que se peleaban. Mr. Marcy los remitió irónicamente á las autoridades de Granada.

    Resolvieron entonces emplear todos los medios posibles para derrocar al hombre y el poder que ellos mismos habían importado y sostenido en Nicaragua.

    Con este objeto Mr. Vanderbilt, conocido después como el Creso norte-américano, desplegó sus influencias por todas partes y entabló correspondencia con los Presidentes de la América Central, para impulsarlos á combinar sus esfuerzos contra el enemigo común. Negociaciones semejantes inició tambien con la América del Sur prometiendo hombres, municiones y subsidios, y contribuyendo poderosamente á realizar la liga hispano-américana, cuyas bases se firmaron en Chile, el Perú y El Ecuador, en la Ciudad de Santiago.

    Vanderbilt y sus socios fueron, desde esa fecha, los aliados más activos y fieles de los Gobiernos centroamericanos.

    El general Cabañas, debilitado por los auxilios que prestó á la revolución democrática, no pudo resistir la Revolución de Lopez y sucumbió en los campos de masaguara el 6 de octubre de 1855.

    El primer paso de Jerez, así se creyó que la situación estaba en manos de los democráticos, fué invitar á Cabañas para que pasara á Nicaragua á recibir auxilios con que recuperar el poder pérdido en Honduras.

    Pendiente este compromiso, que era tan sagrado para el jefe democrático, éste consintió en todo cuanto Walker exigía, por tal de que cuando llegara Cabañas no tuviera pretexto alguno como negarle lo que había prometido.

    El 3 de diciembre de 1855 se presento Cabañas en Granada y fué recibido con todos los honores de un antiguo Presidente; pero cuando jerez quiso hacer efectivo su ofrecimiento, Walker se opuso aplazando el auxilio para más tarde.

    Cabañas manifestó entonces, que en el inmediato mes de enero terminaba su Período de Presidente en Honduras; que pasaba esa fecha no tenia derecho para llevar la guerra, y que por lo mismo desistía de toda idea á este respecto.

    Jerez, bastante contrariado, fué á encaminar á Cabañas a León. En esta ciudad hubo una reunión de los principales hombres del partido democrático, y en ella tomó la palabra el jefe hondureño para manifestar con la energia y franqueza que acostumbraba con sus amigos, que en vez de salvar á Nicaragua del atraso político y de la opresión, como tanto lo habían cacareado, no habian hecho otra cosa que entregarlo miserablemente á un Capitán de ladrones, que lo trataba como un país conquistado, y que tan luego como se sintiera fuerte, trataría tambien de conquistar el resto de Centro América.

    Jerez fué el primero en confesar su error y en ofrecer solemnemente, que desde esa hora se consagraría á la salvación y libertad de Nicaragua.

    El jefe democrático era un verdaero patriota, tenía gran talento, mucha ilustración, un valor á toda prueba y una honradez tan exagerada que con frecuencia lo hacía victima del engaño de todo el mundo á quien juzgaba por sí mismo.

    Desde su viaje á Europa como Secretario del Ministro Castellón , convencido del ridículo papel que hacian ante el mundo ' las cinco soberanas miniaturas de Centro América, se convirtió en el más decidido partidario de la reconstitución nacional.

    Más tarde tuvo amistad con Barrundia, y por medio de éste con Cabañas, jefes ambos del partido nacionalista. Por este último, que fué "el caudillo más honorado de su tiempo", sintió Jerez entrañable cariño y veneración sin limites.

    El carácter de Jerez no permitía términos medios en tratándose de llegar á una conclusión. "Ser ó no ser" era el problema planteado, y para ser centroamericano, creía lícito cualquier medio, ni más ni ménos que Chamorro para logara el sostenimiento del orden.

    El candor y buena fe de aquel hombre,  á quien la posterioridad ha calificado de "alma de niño y corazón de león", fueron explotados hábilmente por el jefe filibustero, que le hablaba siempre en un lenguaje en consonancia con sus ideas y le hacía hermosas promesas que se aplazaban por las circunstancias.

    Pero cuando Cabañas "el hombre idea" como le llamaba el mismo Jerez, le hizo ver el abismo en que habia sumido á Nicaragua y las desgracias sin cuenta que sobrevendrían á Centro América, abrió los ojos y se propuso remediar el mal que había causado.
     
     

    Jerez al regresar a Granada se separó del Ministerio. Otro tanto hizo Selva, su compañero de causa y el Gobierno del señor Rivas quedó reducido á éste, al Ministro Ferrer, que era un abogado de provincia, y á Walker, señor y jefe absoluto de Nicaragua.

    Por renuncia de Jerez y Selva, Rivas nombró, en reposición de ambos, respectivamente, á los señores Doctor don Norberto Ramírez y Licenciado don Sebástian Salinas; pero no aceptaron. Nombró entonces al señor Licenciado don Francisco Baca, para desempeño de ambas carteras, y tambien se excusó de servirlas. Los amigos de Jerez obedecían una consigna, y el Presidente Rivas tuvo que resumir todas las carteras en Ferrer, que asumió el carácter de Ministro General.

    El desagrado de los democráticos no podia manifestarse más claramente, y Walker, que fué de los primeros en comprenderlo, procuró atraer á su lado al partido legitimistas; pero éste que no olvidaba el sangriento patíbulo de Corral, rechazó los halagos y prefirió vivir en los bosques.

    Desde el asesinato del jefe legitimista, Granada y las principales poblaciones que le pertenecían en política, permanecían desiertas. Las familias, refugiadas en la espesura de las selvas más apartadas, huyendo de las hordas de los filibusteros, era una elocuente protesta del terror que inspiraban walker y sus hombres. Así lo comprendieron Rivas á señalar multas y severas penas para los que no regresaran á sus hogares en determinada fecha, aunque todo fué en vano: el horror al salvajismo de los yankees, era mayor que el apego á las propiedades que les arrebataban en castigo de su desobediencia.

    Aquel horror estaba justificado. A los abusos que conocemos, á los robos y violaciones cínicas de todos los días, los filibusteros habían agregado un desprecio tal por los naturales, que uno de ellos en el cuartel general de Granada llegó hasta disparar su fusil sobre el primer transeunte que pasó, para averiguar si estaba bien calculada la polvora. inútil es decir que adquirió la seguridad de su punteria.

    En el mes de enero de 1856, llegó a Granada un Comisionado de don Domingo Goicuria, jefe de los revolucionarios cubanos en Nueva York. Walker convino con éste, en que los recursos materiales y pecuniarios de Nicaragua se unirían con los de la junta revolucionaria de Cuba para hacer causa común y asegurar la properidad de la América Central y liberar á Cuba de la tiranía española. el jefe filibustero empeñaba, además, su palabra de honor, de cumplir su ofrecimiento, tan luego como hubiese consolidado su gobierno.

    En el mes de febrero inmediato comenzó á tocar con toda regularidad en los puertos de Centro América, un vapor de la mala del Pacifico. esto regularizó tambien las comunicaciones de los estados, antes tardías é inseguras.

    DEFECCION DEL PRESIDENTE PATRICIO RIVAS
    Dejamos á Estrada refugiado en Honduras.

    El General Guardiola, el leal soldado de la causa legitimista, acababa de ser electo Presidente del estado; y tanto Estrada como sus amigos, que habían trabajado mucho por su elección, estaban muy llenos de ilusiones, pensando que les proporcionaría toda clase de auxilios.

    Guardiola, ciertamente, recibía á sus antiguos amigos con cara muy placentera, y es posible que hasta les ofreciera alguna limosna, pensando en hacerles mucho favor; pero su actitud no fué la misma, cuando los legitimistas le reclamaron auxilios, de conformidad con el tratado de 1851. La neutralidad, la mala situación del país y otros pretextos semejantes, sirvieron de excusa para negarse en absoluto á toda intervención en Nicaragua.

    No era ya Guardiola el proscrito que imploraba auxilios en Granada contra Cabañas. Si en aquel tiempo pudo ofrecer á los legitimistas su vida y fortuna, hoy creía concederles mucho con recibir sus visitas.

    Lo que acontecía al Presidente Estrada y á sus infortunados amigos es la historia de siempre. La humanidad por lo general piensa, siente y quiere de muy distinta manera, según la posición que ocupa.

    Para que no quedara duda de su actitud, Guardiola prohibió á sus subordinados que escribiesen contra los filibusteros alegando que no debian entrometerse en la política interior de los países vecinos; y poco después acreditó una Legación ante el Gobierno del señor Rivas, La Legación se regresó a Chinandega por temor del cólera; pero al verificarlo se dirigió á Walker, protestándole que el Gobierno no se mezclaría nunca en los asuntos de Nicaragua.

    En enero de 1856 se inauguró en el salvador la administración del señor Rafael Campo. El nuevo Presidente salvadoreño mostraba simpatias por los legitimistas; pero teniendo en contra un gran partido de oposición, acaudillado por Gerardo Barrios y Cabañas, que eran amigos y aliados de los democráticos, el señor Campo habría guardado una actitud pasiva, si Cabañas á su regreso de Nicaragua no hubiera llegado levantando el sentimiento público, contra Walker y los filibusteros y anunciando el peligro que amenazaba a toda Centro América.

    El Presidente Campo que no necesitaba de estímulo, fundándose en la inquietud general que habia en todo el Salvador por la presencia de los américanos en Nicaragua, envió á Granada un prota-pliegos, á pedir al Gobierno del señor Rivas explicaciones sobre el aumento siempre creciente de la fuerza américana.

    Walker y los filibusteros se mofaron del uniforme y modales del comisionado; y para más impresionarlo, se dispuso una solmne revista de la fuerza de la plaza.

    En ese día (8 de marzo de 1856), había llegado tambien a Granada don Domingo Goicuria con un auxilio de doscientos cincuenta hombres, cuyo transporte fué cuenta de la nueva Compañía de Tránsito. Las fuerzas américanas en ese tiempo, según confesiones de Walker, pasaban de dos mil doscientos hombres, que á cien pesos mensuales, hacían un total de dos millones seiscientos cuarenta mil pesos anuales.

    El Gobierno de Guatemala continuaba en inteligencia con Estrada.

    Según comunicaciones que se publicaron en esos días, el Ministro Ayecinena había desaprobado muchas veces la terquedad de sus amigos legítimistas y también se había en vano de predicarles tolerancia. Sin embargo, ante la presencia de los filibusteros, los hombres de Guatemala alentaban nuevamente al ex-Presidente legitimista y lo excitaban á constituir su gobierno, aun cuando fuera en un pueblo de Honduras, para reconocerlo y auxiliarlo.

    Desgraciadamente Estrada ni podía regresar á NIcaragua, ni Guardiola le permitía que comprometiera la neutralidad hondureña.

    El Gobierno de Costa Rica, más franco y enérgico atacó rudamente a Walker por la prensa; y cuando éste alarmado de aquella agresión, envió comisionados á proponerle la paz, el Presidente Mora les volvió la espalda y dió la orden de echarlos fuera del territorio.

    Tal era la situación de Centro América, cuando Walker rompió con el partido democrático y procuró atraer al legitimista.

    Estrada, prestando oído á las indicaciones de Guatemala, procuró entonces entenderse con los democráticos por medio de un comisionado; pero éste llegó demasiado tarde. Otros sucesos se verificaban entonces en Nicaragua.

    El Presidente Mora después de desairar á los comisionados de Walker, expidió con fecha 1ª de marzo de 1856 una declaratoria de guerra en toda forma, contra el elemento filibustero, que infestaba a Nicaragua.

    Walker se vió sólo y trató de atraer nuevamente á su lado al Partido democrático; pero el jefe de ésta, que era Jerez, consentía en tomar su antiguo puesto solamente que el Gobierno se trasladara a León, alegando intereses de localidad. Walker tuvo que aceptar.

    El objeto era bien claro. Lejos de la influencia de Walker podian rebelarse conrtra éste y anular su poder.

    El jefe filibustero exigió, sin embargo, del Gobierno del señor Rivas, que lo autorizara amnimodamente para hacer la guerra á Costa Rica, para confiscar las propiedades de los legitimistas y para imponer contribuciones.

    Después de quedar revestido de facultades dictatoriales, Walker exigió aún que el Ministro Ferrer, hechura suya, quedara también recestido del carácter de Comisionado del Gobierno, con las mismas facultades que éste, para resolver por sí y con absoluta independencia cuando fuera necesario en los departamentos de Oriente.

    El Gobierno del señor Rivas se trasladó a León, y su primer acto fué una proclama, en que protestaba sus sentimientos pacíficos para con los Gobiernos de Centro América.

    en seguida, nombró comisionados ante los Gabinetes de San Salvador y Comayagua á los señores don Gregorio Juarez, y don Rafael Jerez, respectivamente, con instrucciones para celebrar dos tratados; uno público que engañara á Walker, y otro reservado, en el que se estipulara la alianza contra él.

    Esta fué la causa ostensible después, por qué los democráticos no pudieron entrar en arreglos con los legitimistas, calculando que con ellos alarmarían inútilmente al enemigo común, entonces en la plenitud del poder. Es posible también que los animaran otros sentimientos, no del todo, agenos á intereses del circulo, puesto que tan exaltadas se hallaban todavía las pasiones políticas.

    Walker quiso anticiparse á Costa Rica y mandó una columna de doscientos cincuenta hombres que fuera á tomar posiciones al territorio enemigo.

    Los costarricenses venían también con el mismo proyecto y ambas fuerzas se encontraron enla frontera.

    Descansaban confiados y desprevenidos los filibusteros, en la Hacienda Santa Rosa, cuando en la tarde del 21 demarzo se presentó la vanguardia costarricense, los sorprendió y los derrotó en pocos momentos. El ejército vencedor avanzó persiguiendolos hasta Rivas.

    Aquel desastre tan inesperado, puso a walker fuera de sí; y la noticia, que circuló por todas partes, fué como una palabra de aliento para los centroaméricanos, convencidos con aquel hecho de que los esfuerzos que hicieran los filibusteros podrían alcanzar buen éxito.

    Walker inmediatamente se puso en marcha para Rivas á la cabeza de quinientos cincuenta hombres escogidos, con los cuales se propuso sorprender á Mora; pero éste rechazó el ataque el 11 de abril y derrotó a Walker, que habría sido deshecho del todo, si lo persigue hasta Granada. Los filibusteros tuvieron ciento veinte bajas en la acción de ese día.

    Al mismo tiempo Mora avanzaba sobre Rivas, un cuerpo de costarricenses se dirigía por tierra y por la vía de Alajuela sobre el Río San Juan; pero la fortuna les fué del todo adversa en aquel punto.

    Diez días después de estos sucesos, se aumentaron las tropas de Walker, con nuevos refuerzos llegados de los Estados Unidos; Mientras los costarricenses, invadidos del cólera, concluyeron lastimosamente. El brillante ejército de éstos, á cuyo vigoroso empuje huyeron despavoridos los feroces invasores, tuvo que retroceder precipitadamente, dejando un reguero de cadáveres desde Rivas hasta San José, y haciendo extensiva la epidemia  allí.

    En el mismo mes de abril, los legitimistas empezaron á organizarse en pequeñas guerrillas en las montañas de Chontales y Matagalpa.

    Walker hizo salir á Goicuria, á quien habia nombrado Brigadier é Intendente General de Hacienda, á pacificar Chontales. Goicura verificó su estreno en aquellos indefensos pueblos, de una manera digna de la causa que servía. Fusiló á varios desgraciados para sembrar el terror, y su huella como la del tigre, quedó señalada por un rastro de sangre. El 29 de mayo supo Walker por un americano, que había estado enfermo en León, que don Patricio y sus compañeros conspiraban contra él. La noticia aunque basada en simples conjeturas de quien la daba, se confirmó en el ánimo de Walker, por su correo que sorprendió con cartas del Presidente Rivas para Mora, en las que se hablaba de amistad y se proponía el envío de un comisionado para el arreglo de la paz.

    En el entretanto, el comisionado Juárez se presentó en el Salvador; Pero el señor Campo se negó á recibirlo oficialmente. En lo privado, sin embargo, le manifestó que no podia reconocer al señor Rivas como Presidente de Nicaragua, mientras obrara bajo la presión de Walker: que si salia de Granada y se trasladaba á León y allí daba un decreto resumiendo la Comandancia General, no sólo ofrecia reconocerlo, sino que le prestaría el apoyo de quinientos hombres situados en Choluteca, y procuraría, además, obtener el concurso de Guatemala y Honduras que creía conseguir.

    Juárez quedó de comunicar todo aquello; pero como en el caso de que se descubriera el plan, Walker fusilaría á Rivas y á Jerez, se convino en que el proyecto no se le revelaría á nadie y en que Juárez se retiraría á San Vicente, y se expresaría en desagrado del señor Campo. Todo se hizo como se convino, y la prensa amiga de los democrático, engañada por las apariencias, se desató en injurias contra el Presidente salvadoreño.

    Tan luego como Rivas se enteró de los deseos del señor Campo, llamó a Jerez y ambos exigieron de Walker la traslación del Gobierno, como medida previa de conciliación.

    Mientras tanto, don Fulgencio Vega, comisionado de Estrada, se presentó en Guatemala el 3 de abril de 1856, y á sus esfuerzos se debió el que el Coronel don Victor Zavala fuese enviado de Cojutepeque á anunciar al Gobierno salvadoreño, que el 5 de mayo inmediato saldría la primera división auxiliar para Nicaragua, pasando por aquel territorio. El Presidente Campo concedió el permiso y ofreció enviar otra del Salvador.

    Walker tan luego como fué informado del desastre de Santa Rosa, hizo que Rivas nombrara Ministro Plenipotenciario de Nicaragua, ante el Gobierno américano, al Cura de Granada don Agustin Vigil, quien salió para los Estados Unidos el 18 de abril de mismo año, llevando de Secretario á un tal Sigaud, acusado de robos y falsificaciones. El partido esclavista de los Estados Unidos apoyaba a Walker, y aprovechando el estado en que se hallaba la cuestión inglesa, se prometía hacer reconocer al Gobierno del señor Rivas, tan pronto como apareciera un hijo de Nicaragua representándolo.

    Después de la salida del Cura-diplomático, Walker, acompañado de Goicuria y de otros jefes, se dirigió á León, á la cabeza de doscientos americanos.

    El 4 de junio hizo su entrada á la antigua capital del Estado, en el centro de una concurrencia numerosa y al parecer entusiasta que fué a encontrarlo; pero en medio de aquel regocijo, Walker que ya iba prevenido, creyó observar que los amigos del Gobierno no estaban gustosos del entusiasmo del pueblo; que el aspecto de Jerez estaba nublado, y que don Patricio Rivas se mostraba menos franco y expresivo que en otras ocasiones.

    Durante el mes de abril se habían practicado elecciones para Presidente y éstas habían rolado entre Rivas, Jerez y Salazar. Walker exigió que se declarasen nulas dichas elecciones y que por votación directa se le eligiera Presidente de Nicaragua.

    Rivas y Jerez se opusieron, y Walker les pasó un ultimátum para el día siguiente.

    Jerez, llevado por su carácter impetuoso, concibió el pensamiento de asesinarlo, y con otros democráticos de los mas decididos, se preparó al día siguiente en el despacho del Gobierno, rsuelto á llevar á cabo su proyecto. Las juiciosas observaciones del general Guerrero le disuadieron de su propósito; y el 10 de junio de 1856, expidió el Gobierno un decreto, en que mandaba practicar nuevas elecciones y ordenaba que la votación fuera directa.

    Estando Walker en León, llegó la grata nueva para él, de que el gobierno americano había reconocido el del señor Rivas y recibido oficialmente al Cura Vigil.

    El jefe filibustero olvidó con esta buena noticia sus recelos anteriores y regresó a Granada el 11 de Junio; dejando su piquete de doscientos americanos, al mando del Coronel Natzmer, para la vigilancia de los democráticos, de quienes desconfiaba mucho.

    Apenas se retiró Walker, el general Salazar y otros amigos de Jerz recorrieron los arrabales, haciendo circular el rumor de que los americanos querian destruir el obispado y asesinar al Presidente y á sus Ministros, con lo cual pusieron en agitación las masas del pueblo leonés. Al favor de esta agitación que obligó á Natzmer á ocupar las torres de la Catedral, creyendo que iba á ser atacado, pudo el personal del Gobierno escapar para Chinandega.

    Jerez se ocupó inmediatamente en organizar las tropas que pudo reunir y en dar parte al Gobierno de el Salvador de todo lo sucedido, para que enviara las fuerzas auxiliares ofrecidas á Juárez.

    Walker, inmediatamente tuvo noticia del suceso de León, expidió un decreto en que declaraba traidores á don Patricio Rivas y á su Gabinete, y nombraba presidente provisional á don Fermín Ferrer.

    El 25 del mismo mes, el Gobierno del Salvador, consecuente con su ofrecimiento, declaraba la guerra a Walker y constituía en alido del Gobierno nicaragüense, presidido por el señor Rivas. Este á su vez, declaró traidor á Walker en la propia fecha.

    En el mismo mes, el Gobierno de Costa Rica se dirigió á los de Centro Américam, manifestandoles que á pesar de las desgracias anteriores y de los millares de hombres que le arrebató el cólera, estaba pronto á invadir á Nicaragua. Los excitaba á imitar su ejemplo y á defender la autonomía centro-americana, aunando esfuerzos.

    Por su parte el gobierno de Rivas, derogó el decreto de 10 de junio sobre la elección directa; y con fecha 25 del propio mes, declaró traidor a Walker y á los que lo siguieran.

    El Gobierno de Guatemala, que había adelantado sus tropas hasta el territorio salvadoreño, al mando del general Paredes, cuando supo la conducta observada por el Presidente Rivas y el reconocimiento que su Gobierno había hecho el del Salvador, se apresuró también a reconocerlo y á celebrar alianza con él y con los demás de Centro América.

    Mientras tanto Estrada, que descansaba en los ofrecimientos de Guatemala, se internó á Nicaragua el 21 de junio é inauguró de nuevo su Gobierno en Somotillo. Lo rodeaban una cuantas guerrillas legitimistas, y volvió á la palestra con su eterna cantilena de "legitimidad o muerte".

    La presencia de Estrada en los departamentos de occidente, con aquella exigencia, fresca todavia la sangre derramada en la lucha de 1854, levantó el espiritu lugareño de aquellos pueblos. Una partida de democráticos los sorprendió en el Ocotal el 13 de agosto de 1856 y puso fin á sus días, asesinandolo bárbaramente como se usaba entonces.

    Estrada fué muerto, por desgracia, cuando sostenía animada y patrióta correspondencia con los jefes democráticos, trtando de arreglar las diferencias existentes para unir sus esfuerzos contra Walker. Su lenguaje no respiraba mala voluntad y sólo parecia preocuparlo la suerte de su pais.  (N. del A).

    El 12 de julio llegó á León la primera columna salvadoreña al mando del General Belloso y el 18 la de Guatemala. Walker, atacado por distintos puntos, reconcentró sus tropas á Granada, Rivas y Río San Juan.



    Copia de artículo de La Gaceta de Honduras número 54 de 1856
    He aqui de los conceptos de aquel periódico:

    Se ha recibido en el Ministerio de Relaciones Exteriores, comunicaciones del Señor Pedro Joaquín Chamorro, instalado por el señor don José Maria Estrada como Ministro General, del Gobierno legítimo constitucional de Nicaragua. en esas comunicaciones se pide el reconocimiento del Gobierno de Honduras para el señor Estrada. Para ésto sepresenta la dificultad de que ya el señor Rivas está reconocido por El Salvador y por el mismo Honduras y que es imposible á estos Gobiernos volver atrás en un paso de esta naturaleza. Nunca creímos que se escogiera tan inoportuna ocasión para hacer valer pretensiones que , cualquiera que sea el grado de justicia en que se apoyen, sólo pueden taer embarazos, complicaciones y dificultades para el féliz desenlace de la gran cuestión que interesa á todo Centro América en Nicaragua.....El mundo tiene los ojos fijos en centro América y nos llena de aflicción el concepto que va á formar de nosotros por nuestras irreconciliables discusiones en momentos tan supremos.



    Administración de Walker
    El Padre Vigil se presentó en Washington en el mes de mayo de 1856. Le había precedido una comunicación de Mr. Wheeler, Ministro americano en Nicaragua y camarada de Walker, en la cual se participaba, á la Cancillería de los Estados Unidos, que la guerra que hacía Costa Rica a Walker estaba dirigida por el Baron Bulow en persona y sostenida por Inglaterra: que el programa de los costarricenses era hacer guerra á muerte á todo cuanto fuera norte americano que tanto Nicaragua como los demás Estados de centro América se mostraban satisfechos del orden de cosas establecidos por Walker: que el país estaba reorganizándose admirablemente y recibiendo cada día nuevos refuerzos de hombres de propiedad, talento y empresa; y que sabía por una casualidad, que acababa de ser nombrado Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de los Estados Unidos el señor don Agustin Vigil, personaje nicaragüense muy distinguido por su saber y virtud, miembro importado del clero, a quién conocia mucho y no dudaba que sería la fiel expresión de su país.

    Mr. Wheeler tocaba con mucha oportunidad la cuestion inglesa, en momento en que estaba viva aún, la excitación causada por la polémica sostenida con Mr. Crampton.

    El 4 de Mayo de 1856 la Cancillería americana reconoció al mismo Gobierno, que pocos meses antes calificara de parapeto y manifestaba ahora que los Estados Unidos aceptaban todo gobierno de facto, sin cuidarse de la manera como se hubiera organizado.

    El Padre Vigil fué, en consecuencia, recibido ofocialmente: pero en el mismo día que se tuvo noticia del suceso, todo el Cuerpo diplomático residente en Washington, protestó de la manera más enérgica.

    La mayor parte de la prensa de Estados Unidos censuró rudamente á Mr. Pierce y colmó de insultos y vituperios al Cura filibustero, como llamaban al Padre Vigil; y en sólo unos pocos periódicos del Sur, aplaudieron la conducta del gobierno américano, trayendo de los cabellos la doctrina Monroe y la cuestión Inglesa.

    La Tribune de Nueva YorK, á pesar de la gravedad con que solia tratar los asuntos políticos, siguió el ejemplo de sus colegas y caricaturó sangrientamente al diplomático de Walker.

    El clero católico insultó tambien al Padre Vigil, convertido en piedra de escándalo universal, y se aseguró entonces por la Tribune, que en euna entrevista que solicitó del Arzobispo Heiges, salió tan corrido, que olvidó hasta el sombrero.

    Las enérgicas y repetidas protestas de los representantes de Francia, España, Brasil y demás naciones de Sur América; los manifiestos de los Presidentes del Perú y de la Nueva Granada, tronando contra el escandalo de Nicaragua y la actitud de la misma prensa americana, obligaron á Mr. Pierce á dar su retiro al Padre Vigil, que no deseaba otra cosa, aturdido como se hallaba por los insultos y pullas de los diarios y por los desprecios del clero.

    Unos días antes del recibimiento del Padre Vigil. Mr. Clayton, miembro del Senado, pronunció un discurso en apoyo del tratado de su nombre, y anatematizó á Walker, á quien llamó bucanero y pirata por el despojo de la Compañía del Tránsito.

    Sin embargo, apenas se supo el reconocimiento del Gobierno de Nicaragua, los amigos de Walker en Nueva York celebraron un gran meeting el 9 de mayo de 1856, y en él sew acordó pedir al Gobierno americano, la brogación del Tratado Clayton - Bulwer, el reconocimiento de Walker como beligerante en Nicaragua y la ratificación del derecho de conquista que le asistía sobre todo Centro América.

    Mientras tanto, el ex-Ministro French recorría los Estados del Sur y ofrecía la proclamación de la esclavitud en Nicaragua y más de veinte mil indios para los trabajos agrícolas.

    El ex-Senador, Mr. Pierre Soulé convocó en el mes de julio y por instancias de French un meeting en Nueva Orleans. Soulé era un orador notable y tomó la palabra para hacer grandes elogios a Walker y de la portentosa conquista de Centro América, que ya daba por concluída; para ponderar las ventajas que con este nuevo territorio reportarían los Estados esclavistas; y para encarecer la necesidad de prestar ayuda al heroico conquistador, siquiera con mil hombres más y unos doscientos cincuenta mil francos. Enseguida habló French á nombre de Walker y sostuvo las palabras de Soulé y hacia le prestaran ayuda en su empresa.

    Cuando el entusiasmo fué general, se presentó papel y pluma á la concurrencia, para que voluntariamente suscribiera las cantidades que gustara; pero solamente doce personas pusieron sus firmas, por lo cual se aplazó para más tarde la terminación de aquel asunto.

    El triunfo alcanzado en los Estados Unidos llenó de aliento a Walker, y fingiendo una elcción directa suscrita por sus aventureros, se proclamó Presidente constitucional de Nicaragua, por una mayoría de ocho mil cuatrocientos un votos según decía.

    En esos días regresó á Granada el Padre Vigil, quién encontró á Walker completamente descarado y hablando solamente de sus proyectos de conquista de Centro América y de la manera de restablecer la esclavitud en Nicaragua; pero el  buen Cura se habia prendado tan de veras de su "angel tutelar", que no vaciló en solemnizar con su presencia, como representante del clero, la inauguración presidencial de Walker, que se verificó el 12 de julio de 1856, sobre un tablado que se levantó en la Plaza de Granada y con asistencia también de Mr. Wheeler, Ministro américano.

    Walker, Presidente entyrante, Ferrer, Presidente saliente y Mr. Wheeler, Representante de los Estados Unidos, pronunciaron largos discursos. El del último se concretaba á manifestar, que con instrucciones terminantes de su Gobierno, reconocía á Walker como Presidente legítimo de Nicaragua y que se esforzaría en cultivar las mejores relaciones entre ambos gobiernos.

    Walker organizó enseguida su ministerio del modo siguiente: para la cartera de Relaciones Exteriores, al licenciado Fermín Ferrer; para la Guerra, al General don Mateo Pineda, y para la de Hacienda al General don Manuel Carrascosa, que era uno de los redactores del periódico "El Nicaraguense".

    Todos los Ministros tenían por SDub-Secretarios á filibusteros américanos, de la confianza de Walker, algunos de ellos autorizados para ser obedecidos á la par de los Ministros, que no eran otra cosa que pobres maniquíes.

    En el primer Decreto del Gobierno filibustero, se ordenó la confiscación de todos lo bienes de los enemigos. y como éstos eran los propietarios del país, la propiedad nicaragüense se convirtió en el botín de guerra repartido pródigamente entre los compañeros de Walker. A Soulé, que reclamó su parte, le fué donada una rica hacienda de cacao. (Las Mercedes, situada en el departamento de Granada y propiedad de la familia Chamorro).

    El 22 de julio decretó Walker un empréstito extranjero de dos millones de pesos, ofreciendo en pago los terrenos de Nicaragua, y nombró á Pierre Soulé comisionado para contratarlo.

    Poco después se permitió el uso del idioma inglés para los documentos oficiales; y el 27 de agosto se expidió la célebre ley, que restablecía la esclavitud en Nicaragua y derogaba las leyes federales que la prohibían.

    Esta última disposición fué el complemento del decreto empréstito. Pierre Soulé regresó inmediatamente al Sur de los Estados Unidos á solicitarlo, ofreciendo en pago los terrenos de Matagalpa y á los indios que la poblaban, de quiene se dijo en "El Nicaragüense" que eran aptos como los negros para el servicio de la agricultura.

    La proclamación de Walker y el reconocimiento que su Gobirno hizo Mr. Wheeler en nombre de los Estados Unidos, llenó de alarma á todo el continente hispano américano. Chile y Perú celebraron un tratado de alianza, y en él estipularón contribuir con hombres y recursos en auxilio de Centro América.

    El 19 de agosto se presentó en Trujillo la fragata inglesa Cossal al mando del Coronel Jaime Cockburn, estaba armada en guerra con veintidos cañones y traía á su bordo doscientos cincuenta soldados.

    El Comandante saltó á tierra é hizo saber á las autoridades del Puerto, que lo pusiera en noticia de los Gobiernos Centro Américanos, que venía con el objeto de oponerse al bloqueo de Nicaragua, que acababa de decretar Walker.

    La polvareda que levantó en todas partes del Gobierno filibustero, fué grande; pero no conoció límites, cuando á élla se agregó la noticia del restablecimiento de la esclavitud. El mismo Walker se asustó del efecto que produjo semejante disposición.

    Desde algún tiempo antes, la cuestión de la esclavitud humana era el tema acalorado de las discusiones de los hombres públicos de Norte América.

    En enero de 1854, el Senador Doylas presentó un proyecto de ley para la organización de los territorios de Kansas y Nebraska, en que proponía que la cuestión de esclavitud para los Nuevos Estados, se remitieron al voto popular de sus habitantes.

    Los Estados del Este y del Sur de los Estados Unidos, que eran esclavistas, esforzaron en fomentar la inmigración a Kansas, para que cuando fuese admitido como Estado alcanzara la mayoría de la votación su partido.

    Desde esa fecha la cuestión de esclavitud estaba a la orden del día en todo el territorio américano.

    Los Estados del Norte, que eran celosos anti-esclavistas, se alarmaron mucho y se llenarón de justa indignación, cuando se impusierón del insensato decreto de Walker en Nicaragua, que los periódicos suristas reproducían con comentarios pomposos, en los que se exageraba sus importancia y sus alcances.

    "Ciertamente, dice Walker, en su libro Guerra de Nicaragua, el autor del decreto de la esclavitud ignoraba cuando lo publicó, la grande y general prevención que existía en los Estados del Norte contra la sociedad del Sur. No sabía lo generalizados que se encontraban en aquellos Estados los sentimientos anti esclavistas, que se enseñan en sus escuelas, se predican en sus púlpitos y se inculcan por madres desde la niñez."

    Los poderosos Estados del Norte se levantaron como un solo hombre contra la invasión de Walker. Ellos acaudillaban el gran partido liberal republicano que representaba la mitad de la Nación américana y pusieron en verdaderas dificultades á Mr. Pierre, que buscaba popularidad y prestigios para reelegirse.

    La prensa esclavista elevó á la apoteosis el autor del decreto de  27 de agosto, hubo grandes meetings en los Estados del Sur y se le auxilió con algunos hombres y recursos; pero eso valía bien poca cosa ante la actitud decidida de Francia, España, Inglaterra, el Brasil, las repúblicas sud-américanas y los Estados del Norte de los Estados Unidos.

    Mr. Pierce había sido elevado por el partido esclavista y estaba obligado á prestar apoyo á la política surista en Kansas y en la América Central. Walker que no lo ignaoraba quiso precipitar los acontecimientos; pero el escandalo había tomado proporciones colosales. Mr. Pierce reunió á los principales hombres del Sur, para que viesen lo dificultoso de la situación y encarecerles que no lo apuraran más con las cuestiones de Centro América, si querían su apoyo decidido en la cuestión de Kansas.

    El arreglo de las dificultades con Inglaterra, acabó de influir en el Gobierno américano en el sentido que demandaban su honor y su deber.

    La Gran Bretaña y los Estados Unidos celebrarón ene el mes de diciembre de 1856, un tratado que aclaraba el tratado  Clayton Bulwer, llamado Tratado Dallas Claredon, en virtud del cual se quedó la primera con Belice y ofrció devolver Roatán, San Juan del Norte y la Reserva Mosquitia, comprometiéndose nuevamente ambas naciones á la fiel observancia del tratado que aclaraban.

    En agosto de 1856 envió Walker á Goicuria los credenciales de Ministro Plenipotenciario ante el gobierno Inglés.

    El caudillo filibustero veía acercarse la tempestad por todas partes y temía el poder é influencias de la Gran Bretaña. Sus temores se habían aumentado con la lectura de unas cartas que sustrajo en Panamá y en las cuales el Canciller de Su Majestad Británica ofrecía al representante de Costa Rica en Londres, armas y elementos de guerra para la contienda pendiente.

    Goicuria requirió en vano el cumplimiento de los auxilios ofrecidos, para la libertad de Cuba. Walker temía también á España y en distintos pretextos, burlaba la palabra empeñada.

    Entre las instrucciones, que se enviarón a Goicuria, hubo algunoas que se contrariaban lo que se había ofrecido. Esto ocasionó la ruptura de ambos caudillos y varios escritos de Goicuria, en el Herald de Nueva York, hacían revelaciones importantes en que se denunciaba á Walker como hombre malvado, torpe y sumamente impolítico.



    GUERRA NACIONAL

    El inesperado asesinato del Presidente Estrada, llenó de consternación á los defensores de la legitimidad. A la pérdida de aquel jefe tenían que agregar lo dificultoso de su situación. careciéndo de otro jefe á quien proclamar, en defecto de Estrada, con visos de legalidad.

    Serecordará que el improvisado Congreso Legislativo de Granada insaculó, en falta de los Senadores que señalaba la Constitución de 1854 para llenar la vacante de Presidente, á ex-Diputados de la última Asamblea. Los pliegos que designaban á aquellos se habían pérdido en Granada, cuando la sorpresa Walker.

    Estrada, que preveía su muerte, queriendo salvar el principio de la legitimidad, se invistió, en nombre de ésta y por sí y ante sí, de las atribuiciones especiales del Poder Legislativo del Estado, y procedió á disponer la sucesión presidencial, designando á seis ex-Diputados legitimistas de su mayor confianza, cuyos nombres rubricó, cerró, y selló en seis distintos pliegos, que deberían ser tomados indistintamente y por orden sucesivo en caso de falta repentina.

    La previsión del finado Presidente vino á resultar inútil, porque los pliegos, que caminaban siempre en su equipaje, cayeron con sus demás papeles en poder del enemigo.

    La dificultad era, ó parecía ser suprema para unos hombres tan apegados á las fórmulas legales, como los legitimistas, cuando llegó en su auxilio una casualidad tan rara, que pudiera calificarse de milagros,. Los asesinos de Estrada, al retirarse de Somoto, botaron sin abrirlo, ni ajarlo siquiera, uno de los anhelados pliegos, que recogió en la calle una piadosa señora, la que ignoraba su contenido lo llevó intacto al párroco del pueblo, quien á su vez, lo depositó de la misma manera en manos de uno de los jefes expedicionarios legitimistas.

    Aquel pliego providencial, que pudo pasar por tantas manos sin despertar la curiosidad de abrirlo, fué conducido á la inmediata ciudad de Ocotal, en donde existían los restos del ejército legitimista. Estos organizarón una junta y procedieron en su presencia la solemne ruptura del pliego.

    De los ex-Diputados inscritos por el finado Presidente, para sus herederos testamentarios en el ejercicio del Poder Ejecutivo, sólo existía uno en la Población, que era el Ministro general don Nicasio del Castillo, y fué justamente su nombre el que apareció en el pliego.

    Castillo tomó posesión inmediatamente, organizó su Gabinete con los jefes de sección, don José León Avendaño y don Ignacio Padilla, que elevó á la categoria de Ministros, y á continuación marchó para Matagalpa con la fuerza militar del Coronel Bonilla.

    Mientras tanto, por indicación del comisionado legitimista don Fulgencio Vega, el Gobierno de Guatemala adelantó trescientos fúsiles con sus respectivas municiones. Con estos auxilios y con algunas armas blancas, los legitimistas improvisaron un ejército del que fué nombrado General en Jefe don Tomás Martínez

    La inesperada aparición de aquel nuevo Gobierno, haciendo tercería en Nicaragua, complicaba de tal manera las cosas, que hacia imposible el buen éxito contra el enemigo común que éra Walker. Así lo comprendieron los mismos legitimistas, y deponiendo sus antiguos odios, se reconciliarón con los democráticos, celebrando el 12 de septiembre un convenio que fijo las bases de la paz.

    Según aquel documento, don Patricio Rivas continuaría como Presidente hasta que le sucediera el que eligieran constitucionalmente los pueblos.

    Se acordaba la formación de un Ministerio, compuestos de miembros de ambos partidos y se estipulaba para su tiempo la revisión de la Constitución de 1838.

    El General legitimista don Tomás Martinez quedaba ampliamente autorizado e investido de las facultades del Gobierno durante la guerra, para sacar recursos de toda clase de los departamentos de Matagalpa, Chontales y Managua.

    Se estipulaba, por último, un olvido de todo lo pasado y el reconocimiento de las deudas de ambos Gobiernos del Salvador y Guatemala, representados por los jefes de sus respectivos ejércitos.

    Terminada parecía toda diferencia entre legitimistas y democráticos y que Walker sería impotente para resistir el empuje de toda Nicaragua; pero desgraciadamente las rivalidades sólo habian concluido en la apariencia.

    Ambos bandos, pensando que Walker no podría resistir mucho tiempo, en vez de aunar sus esfuerzos para aniquilarlo, se preparaban y procuraban estar fuertes, para el día en que desaparecieran los filibusteros, disputarse nuevamente el poder.

    No faltaron algunas excepciones entre ambos partidos, que se levantaron del nivel de tanta miseria y lo sacrificaran todo en defensa de la autonomía y libertad de Nicaragua.

    Jerez, enfermo de fiebre y fuerte tos, debía quedar hecho cargo de la Gobernación Militar de León, al lado de su familia, entre sus amigos y lejos del peligro, Así estaba estipulado y así lo exigía su partido, deseoso de economizar hombres y recursos; pero el jefe democrático se opuso y durante toda la campaña contra los filibusteros, buscó siempre un sitio de mayor peligro y se cubrió de honrosas cicatrices.

    Entre los legitimistas, el General don Fernando Chamorro hermano del ex-Presidente del mismo apellido, á quien sobraron pretextos é insinuaciones para quedarse entre los suyos acumulando elementos, observó la misma conducta de Jerez, pareciendo empeñado en disputarle los puestos más dificiles.

    Contábanse en ambos bandos varias otras personas que seguían las huellas de Jerez y Chamorro y reivindicaban el nombre nicaragüense; pero la generalidad del país, atenta sólo á pequeñeces, era con su conducta anti patriótica, la mejor amiga de Walker.

    Los ejércitos aliados tambien se dividieron. Chapines y Guanacos se plegaron, los unos á los legitimistas y los otros á los democráticos, manteniendo vivo el fuego de la discordia.

    Había cuatro Generales en jefe, celosos los unos de los otros, y la unidad de acción tan necesaria en aquellas circunstancias era imposible de alcanzarse.

    En tal situación las cosas, los ejércitos aliados salieron de León el 18 de Septiembre de 1856 y se pusieron en marcha para tomar la bien fortificada plaza de Masaya, ocupada entonces por Walker y señalada cuartel general.

    Los filibusteros noticiosos, del crecido número de fuerzas que llegaban á atacarlos se replegaron precipitadamente á la Plaza de Granada.

    El 2 de octubre inmediato los aliados ocuparon tranquilamente la plaza de Masaya.

    Antes de la salida de León, el General Martinez tuvo noticia de que los filibusteros, en pequeñas partidas llegaban á proveerse de ganado vacuno á las haciendas inmediatas á Tipitapa, y destacó sobre aquel punto al Coronel don José Dolores Estrada con ciento veinte hombres.

    En la Hacienda de San Jacinto, colocada en una eminencia que domina toda la llanura, se situó poco después el Coronel legitimista dispuesto a impedir la extracción del ganado.

    Walker tuvo noticia de la llegada de Estrada y mandó una escolta de cuarenta hombres á sorprenderlo; pero la casa de San Jacinto, además de ser dominante, estab rodeada de gruesas murallas de piedra, que servían de corrales, y atrás de éstas salió un fuego tan nutrido de fusilería, que obligó á los fuilibusteros á desistir de su empeño, dejando muerto al segundo jefe de la expedición.

    La presencia del enemigo en San Jacinto fué cosa que preocupó mucho a Walker, porque lo privaba del abasto de carne para la Plaza de Granada, por lo cual dispuso atacar á Estrada inmediatamente.

    Era tal el desprecio que sentían los filibusteros, especialmente los recién llegados, por los greasers de Nicaragua, que creían que era cosa de sólo presentarse en número respetable, para que salieran huyendo de ellos. Sobraron, pues, voluntarios que quisieran formar parte en la expedición, ansiosos de conquistar laureles militares á poca costa.

    La columna compuesta de ciento veinte hombres entre oficiales y soldados, salió alegremente de Granada, aunque sin llevar artillería por el mal estado de los caminos.

    En Tipitapa se incorporó Byron Cole, deseoso de recibir su bautismo de sangre en aquella vez, y obtuvo el mando de la expedición.

    Al amanecer del 14 de septiembre de 1856, Byron Cole y sus hombres, favorecidos por una espesa niébla, estuvieron á punto de sorprender á Estrada, que descansaba confiadamente sin puestos de avanzada. Este, sin embargo, tuvo tiempo de prepararse y resistió el ataque.

    Byron Cole no era militar, nunca había estado en una acción de guerra, y además, iba tan confiado en que los greasers echarían a correr, que olvidó las más triviadas reglas de la estrategia y atacó en cuerpo por el flanco derecho de la casa.

    Los américanos, casi todos jóvenes, aguerridos y bien armados, pelearon con cenuedo y bizarría, asaltando las cercas de piedras; pero los legitimistas estrechados en el escaso recinto de las fortificaciones, se sostuvieron con bravura.

    Estrada, que era un hombre de mucha calma, no perdió su sangre fría en aquel trance apurado, y aprovechando la impericia del enemigo, le mandó picar la retaguardia con tres guerrillas, que salieron de pronto de la espesura de un pequeño bosque y cayeron de sorpresa sobre los filibusteros, en los momentos en que todas las ventajas estaban de parte de éstos.

    Aquel ataque inesperado á retaguardia, seguido del ruido casual que hicieron en la misma direccion las espantadas caballerías de los legitimistas, que pasteaban sueltas, hizo creer á los filibusteros que el grueso del ejército aliado venía en auxilio de Estrada, y se pusieron en desordenada fuga.

    Los legitimistas los persiguieron con furor por toda la llanura é hicieron una horrible matanza de fugitivos, contándose entre las victimas al infortunado Byron Cole.

    Cuando los destrozados restos de la columna américana se presentarón en Granada, reducidos á un escaso número y presas todavía de terror pánico, el desaliento fué general en la Plaza.

    Los filibusteros que creían antes que cada uno de ellos valía por un centenar de los nativos, estaban palpando que fuerzas iguales y peor armadas acababan de darles en San Jacinto una lección de las más severas. Entonces se contaron y vieron que su número era infinitamente menor que el de los enemigos. La deserción desde ese día fué muy considerable en Granada.

    La Batalla de San Jacinto, que en rigor no pudiera llevar otro nombre que el de acción ó combate, por haberse verificado con una sola clase de armas y entre dos pequeñas escoltas, fué sin embargo, de una influencia decisiva, porque estimuló y alentó á los aliados y dió el convencimiento de que los filibusteros no eran invencibles.

    Walker necesitaba recobrar sus prestigios y llenar de aliento á sus abatidos. Con este objeto apenas recibió un refuerzo de cuatrocientos hombres más, que le llegaron de los Estados Unidos, dispuso el ataque de Masaya el día 11 de octubre de 1856, pero no pudo terminarlo, porque mientras lo verificaba, las tropas guatemaltecas que se hallaban en el pueblo de Diriomo aprovecharon su ausencia y cayeron sobre Granada, obligádolo a regresarse con grandes pérdidas.

    El Ministro américano Mr. Wheeler fué llamado por su Gobierno para dar informes de los sucesos en Nicaragua. Se embarcó el 13 por la noche en el Vapor "Virgen del Lago", y lo acompañaba el Cura Vigil, que iba huyendo de la mala situación en que veía á sus amigos y Ferrer que llevaba el nombramiento de Ministro Plenipotenciario ante el gabinete de Washington. Este último no hizo uso de sus credenciales, más que para celebrar un contrato de colonización con el General William L. Cazneau para que llegaran mil colonos á Nicaragua.

    Poco días después llegó a Granada, con aramas y municiones de los Estados Unidos, Carlos F. Heningsen, á quien precedía su fama de aventurero militar en Hungría y España, á las órdenes respectivamente de Kossuth y de Zumalacárregui. Los amigos de Walker lo habían contratado, y éste, contento con tener quien diera una verdadera organización militar á sus aventureros, lo nombró á continuación. General de Brigada con el encargo especial de organizar la artillería y enseñar el tiro con el fúsil Minié, Henningsen era de origen inglés, tenía alguna experiencia militar, mucho valor, una clara inteligencia y alguna ilustración. Su vida de aventuras y el ser autor de dos obras en que refería las revoluciones de España y Hungría, en las cuales había tomado parte tan activa, le habían hecho muy conocido en los Estados Unidos y gozar de algún prestigio de su nombre.

    En el entretanto, Costa Rica en cumplimiento de sus promesas, hizo avanzar sus ejércitos sobre Nicaragua, y su vanguardia que llegó a Rivas el 1ª de Noviembre derrotó á una columna de filibusteros y se posesionó de la linea de Tránsito.

    Walker, tan luego como supo de la ocupación de aquel importante lugar, determinó reconquistarlo, y al efecto se embarcó con doscientos hombres; y al amanecer del 12 de noviembre, cayó sobre los costarricenses y los deshizo en la Cuesta - Grande del camino de San Juan del Sur.

    Rápido como siempre, Walker se reembarcó inmediatamente, y el dia 15 amaneció atacando la Plaza de Masaya con seiscientos americanos. La defendieron tres mil aliados; pero merced á las rivalidades de los jefes, no pudieron rechazar el ataque durante cuatro días y dejaron que al cabo de este tiempo se retirara Walker tranquilo.

    El Gobierno de León envió comisionados al campamento aliado con objeto de arreglar el desacuerdo existente; pero se hacían los convenios y al rato se infringían con cualquier pretexto.

    En esos días salió de Costa Rica, armado en guerra, el buque Once de Abril, llevando á su bordo ciento diez hombres entre jefes y soldados y conduciendo dinero y elementos para el ejército aliado. Después de un recio temporal, que demoró su marcha, el día 23 de noviembre se encontró á las cuatro de la tarde, con el buque filibustero San José, con el trabó un encarnizado combate.

    Transcurrida una hora de lucha desesperada por ambas partes, cuando la victoria parecía declararse a los costarricenses, un proyectil incendió la santa Bárbara del buque centroaméricano, que voló en pedazos. El Comandante Valleriestra y la mayor parte de sus valientes soldados fueron salvados en el buque enemigo y conducidos a San Juan del Sur.

    La situación de Walker no era tan satisfactoria que lo permitiera mantener dividida su atención entre Granada, amenazada por el grueso de los ejércitos aliados, y la Linea de Tránsito, por Cañas y Jerez, que desde un principio habían ocupado la Plaza de Rivas, tanto para favorecer las operaciones de Costa Rica, como para estar alejados del teatro de las divisiones.

    Walker, pues resolvió replegarse á la linea de Tránsito y con este objeto se adelantó á preparar los alojamientos; dejando en Granada á su segundo, el general Henningsen con instrucciones de salir en determinada fecha, incendiando antes la población para castigo de los legitimistas.

    Cuando los aliados supieron por un espía lo que trataba de hacer con Granada, se lanzaron precipitadamente  á salvarla.

    El 24 de noviembre, se presentaron en son de ataque, cuando la Ciudad de Granada ardía por sus cuatro lados y Henningsen   que no esperaba ser interrumpido estaba tan entregado á su obra de destrucción, que casi fué sorprendido. Con dificultad pudo reunir sus dispersas y emborrachadas tropas en número de quinientos hombres, y oponerlas á los aliados.

    Henningsen, apenas habría podido resistir pocas horas el ataque, bien combinado de tres mil aliados, sí éstos no hubieran estado tan divididos y faltos de concierto. El jefe filibustero no sólo lo resistió sino para burlarse de ellos, resolvió continuar el incendio en sus barbas, no dejando edificio que no redujera á cenizas, ni piedra que no removiera.

    Tanta insolencia llenó de coraje á los aliados, que embistierón por todas partes y obligaron á Henningsen á parapetarse en el Templo de Guadalupe, inmediato al lago, en dode se le puso sitio.

    Henningsen batiendose día y noche, falto de alimentos y diezmado por el cólera, se sostuvo heroicamente diez y ocho días.

    El 12 de diciembre desembarcaron por la noche ciento sesenta americanos, enviados por Walker, rompieron las lineas centroaméricanas que sitiaban a Henningsen y reforzarón á éste en Guadalupe, que sólo contaba entonces con ciento cincuenta soldados.

    Al día siguiente ambas fuerzas en número de trescientos hombres comandadas por el jefe filibustero, rompieron nuevamente el circulo de bayonetas que la rodeaba y se embarcaron á vista de los aliados, llevándose hasta los heridos.

    Parece increible que tres mil hombres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua no pudieran impedir en veinte días el incendio de Granada ni capturar la gavilla de malvados que consumaba la destruccion de la ciudad. Sin embargo, el hecho fué tal como lo relatamos, y hay que confesar, para mayor vergüenza, que la causa no fué tanto el valor y pericia de Henningsen, ni la superioridad de los rifles y revolvers americanos sobre nuestros fúsiles de piedra de chispa, sino los odiosos celos de los jefes centroaméricanos.

    Basta saber, que en pleno sitio la división salvadoreña abandonó antojadizamente su puesto y se retiró á León porque sus jefes no soportaban los ridículos que les hacían los jefes guatemaltecos y legitimistas, que estaban aliados en su contra.

    Henningsen, al embarcarse, quiso dar la última bofetada á sus enemigos, y mandó a fijar en la costa un poste con un letrero, que decía: "Aquí fué Granada", Here was Granada.

    Para mayor desgracia de los aliados, fallecieron en esos mismos días los Generales Paredes y Solares, jefes primero y segundo respectivamente, del ejército guatemalteco motivo por el cual recayó el mando en el Coronel don Victor Zavala, hombre muy amigo de bromas y de un caracter ligero y aturdido, que lo hacía funesto en aquella ocasión tan dificil.

    Belloso, jefe del ejército salvadoreño, había sido nombrado por el Gobierno de León Comandante General de las Fuerzas en Nicaragua.

    Al retirarse precipitadamente de Granada, esparciendo el alarma por todo el tránsito, tuvo especial cuidado de ordenar á Jerez que estaba en Rivas, y á sus ordenens, que se replegase en el acto á Masaya, abandonando la Plaza fortificada de Rivas, que cerraba el paso de Walker. Jerez obedeció y los filibusteros, que estaban entrando en desaliento con tan dilatada lucha, ocuparon sin resistencia todo el departamento meridional y la linea de Tránsito que tanto apetecían.

    El Gobierno de León, deseoso de poner término á las rivalidades invitó á todos los jefes de los ejércitos aliados para que tuvieran una reunión en la casa de gobierno. Se verificó el 24 de diciembre de 1856, con el éxito de siempre: se protestaron amistad y perfecta armonia; y al salir á la calle volvieron de nuevo á mirarse de reojo.

    La antipatriótica conducta de los jefes aliados por una parte, las rudezas de la campaña y los estragos del cólera por otra, habrían desalentado por completo á los ejércitos, bastante desmoralizados ya, y asegurando la dominación de Walker, si en principios de enro de 1857, no hubieran llegado las gratas nuevas de la toma de los vapores de los filibusteros para enviarles refuerzos de los Estados Unidos.

    Se recordará que el Comodoro Cornelio Vanderbilt y todos los demás miembros de la antigua Compañía de Tránsito estaban sedientos de venganzas contra Walker.

    Para dar fin con la invasión de los filibusteros tenía que principiarse por cortar toda comunicación con los Estados Unidos, de dode venían refuerzos de hombres, recursos y elementos de guerra. Así lo comprendió Vanderbilt, quién buscó á Spencer, diestro marino y antiguo capitán de los vapores del río, y lo envió á Costa Rica á ponerse á las órdenes del Presidente don Juan Rafael Mora, que desde el principio de su campaña habia dado muestras de un celo y actividad extraordinarios. (1)
    (1)
    He aquí, lo que sobre este particular refiere El Canal de Nicaragua, semanario de Granada, en el número 11, año 1, correspondiente al 7 de marzo de 1877. "El Comodoro Vanderbilt comprendió la situación del aventurero, que había despojado á la Compañía de sus propiedades, y resolvió aniquilarlo.

    En 1857 se hallaba en una cena en el Restaurante Delmónico de Nueva York, en unión de varios hispano- américanos. Se trató de la situación de Nicaragua y del poder de Walker, y en la exaltación producida por los brindis entusiastas de los hispano-américanos, el Comodoro tomó la resolución de acabar con los filibusteros.,
    Pero como?...No tiene escuadras, no tiene ejércitos; pero tiene voluntad y tiene dinero, dos poderes incontrastables.
    "Hizo llamar en el acto á Spencer, experto marino, joven bizarro y audaz"
    "Llegó Spencer, estando aún todos los amigos del Comodoro alrededor de la mesa, Cree Ud. fácil, le dijo el Comodoro, tomar los vapores que tiene a sus servicio William Walker. "No lo creo dificil, contestó el joven, con el accento propio de quien tiene profunda convicción"
    "Puede y quiere Ud. acometer esa empresa?
    "Estoy  a su disposición, repuso Spencer, con la tranquilidad del hombre audaz, que tiene la conciencia de lo que vale, de lo que puede.

    En medio del mas profundo silencio de todos los espectadores que miraban con asombro a aquellos hombres, sacó el Comodoro de su bolsillo un cheque de viente mil dolares, que entregó a Spencer, como premio anticipado de la audaz empresa que iba á acometer"..(N. del A.)

    El Presidente tico, Mora aceptó gustoso los servicios de Spencer á quien ofreció nuevas gratificaciones y siguió al pié de la letra las indicaciones del Comodoro Vanderbilt, que le aconsejaba cambiar de politica acerca de la guerra á muerte que había declarado á los filibusteros, y dar una proclama ofreciendo pagar los gastos del pasaje á los Estados Unidos á todos los que desertaran de las filas de Walker.

    El 3 de diciembre de 1856 salió de San José una división de doscientos hombres armados de buenos rifles con dos piezas de artilleria y al mando del Coronel Barillier. Spencer iba agregado á la expedición.

    El 21 del mismo mes después de dificultades y privaciones increíbles, entre los pantanos y malezas de las bajuras anegadizas del Río San Juan, los costarricenses en improvisadas balsas de troncos y en pequeñas canoas, lograron pernoctar en el estero de Copalchí, inmediato al Fuerte de Trinidad, en el islote de Hipps, que defendían sesenta americanos á las órdenes del capitán filibustero Francisco Thomson.

    A continuación se internaron á pié por entre la montaña y encendierón varias hogueras, á cuyo calor lograron desentumerse de la incómoda posicion que trajeron y de la continuada lluvia.

    A las diez de la mañana del día siguiente, avanzaron por entre la misma montaña hasta llegar al campamento de los filibusteros, á quienes sorprendierón por retaguardia en momento de estar sirviéndose el rancho.

    Durante las dificultades del camino, los costarricenses perdieron la artilleria, que se llevo la corriente en una basla escapada, y la lluvia mojó el parque é inutilizó los fusiles, por lo cual sólo cinco dispararon, teniendo que tomar el Fuerte á punta de bayoneta.  Afortunadamente la sorpresa fué tan completa, que los filibusteros sólo pensaron en buscar la fuga, pereciendo la mayor parte en el Río á donde se lanzarón huyendo. De los sesenta hombres únicamente se salvaron seis, que fueron hechos prisioneros.

    Inmediatamente se organizó una pequeña flota en conco botes tomados del enemigo, y puesta al mando del Mayor Máximo Blanco, se dirigió á San Juan del Norte y pernoctó en las inmediaciones, en la casa de un nicaragüense, á quien llamaban con el apodo de Petaca. Aquí encontraron la artílleria, que el nicaragüense había tenido el cuidado de recoger de la balsa que arrastraba el Río, y tomaron sus últimas providencias.

    El 23 á las cinco de la mañana se presentaron los expedicionarios en San Juan. La población dormía confiada y con facilidad fueron capturados los vapores Wheeler, Morgan, Machuca, y Bulwer. Al tomar este último, el ruido de voces despertó al agente de la Compañía de Tránsito Mr. Scott, que tomó en el acto la campana de alarma. A esta señal ocurrió una lancha de escuadrilla inglesa, que permanecía anclada en la bahía, y á la que Mr. Scott pidió auxilio diciendo que temía ser asesinado con su familia.

    A las once de la mañana se destacaron dos lanchas cañoneras en actitud amenazadora; pero llegada cerca de los vapores, manifestó el jefe de ellas que solamente venía á dar garantías á las personas de la familia de Mr. Scott, que lo hab1a implorado; pero no para estorbar la captura de los vapores.

    Cuando el Cónsul Américano en San Juan del Norte, Mr. B.S. Cottrell tuvo noticia del suceso, se dirigió en el acto á los costarricenses exigiéndoles imperiosamente la devolución de los vapores por ser propiedad de los ciudadanos américanos Carlos Morgan é hijos, á quienes Randolph habia cedido la linea; pero el agente de la antigua Compañía que tambien estaba presente reprodujo que eran propiedad de mr. Vanderbilt, en cuyo nombre procedían los costarricenses.

    El Cónsul, enfurecido de que no se le obedecía, pidió auxilio al Comodoro de la escuadra inglesa, que vigilaba el puerto. Este le contestó en los términos mas amables, que sentía no poder complacerlo, porque estando aquellos vapores al servicio del enemigo con quien peleaba Costa Rica, las leyes de neutralidad le prohibían toda intervención en semejante asunto.

    Dueños de los vapores, los costarricenses se regresaron en ellos, en la noche del 24, comandados por Spencer, Máximo Blanco y Joaquin Fernández; pero un chubasco arrojó des de los vapores á la costa y los maltrató bastante. El 25, sin embargo, lograron reparar sus averias y continuar su marcha hacia el fuerte de Trinidad en cuyas inmediaciones pernoctaron.

    El 26 arribaron al fuerte, dejaron reparándose los vapores Wheeler y Machuca y la expedición continuó su marcha, al mando de los mismos jefes en los vapores Morgan y Bulwer. En la confluencia del San Carlos recogieron al Capitán Francisco Quiroz con ochocientos costarricenses, que se habían extraviado en el viaje, cuando iban á tomar el fuerte de Trinidad, y por éstos supieron que el Castillo se hallaba desmantelado y fácil para ser sorprendido. se determinó, que Spencer en el Morgan avanzara sobre el San Juan y atacase el Castillo; mientras Fernanedez en el Bulwer subiria por El Río San Carlos, para dar cuenta á las autoridades costarricenses del triunfo alcanzado.

    El general don José Joaquin Mora, hermano del Presiente de Costa Rica, había sido nombrado General en Jefe del ejército expedicionario, y con quinientos hombres se dirigió á marchas redobladas a proteger los movimientos del Río.

    El 22 de diciembre acampó en el muelle del Río San Carlos y de allí destacó varias partidas de observación, que regresaron sin traerle noticias de los expedicionarios. creyéndose, sin embargo, en dificultades, embarcó en dos balsas y dos botes los viveres y municiones que pudo y cincuenta hombres para reforzarlos.

    esta expedición, que comenzó á bajar el San Carlos el día 27, se encontró poco tiempo después de su salida con el Bulwer que comandaba el Coronel Fernandez. Este llegó en el mismo día al campamento del general Mora, á cuyas órdenes puso el vapor, le dió cuenta de los sucesos del Río San Juan y se dirigió inmediatamente después por tierra á dar el mismo informe al Presidente Mora en san José.

    Mientras tanto Spencer, á bordo del Morgan, llegó al Castillo á las cuatro de la tarde del propio día 27 y sorprendió de tal manera á la guarnición americana que la rindió sin un tiro.

    Dueño ya de aquella Fortaleza, Spencer hizo concurrir con engaño, enviándole un falso parte, al vapor Ogden, que se hallaba en el Raudal del Toro. A su entrada, que se verificó á las siete de la mañana del 28, fué capturado fácilmente por sorpresa.

    Por los pasajeros del Ogden se supo que el Vapor Virgen, anclado entonces en la estación de Danms, cerac del Raudal del Toro, en donde se abastecía de leña, conducía elementos de guerra para walker. Spencer, sin pérdida de tiempo embarcó alguna tropa en el Ogden y se dirigió á la estacion de Danms en busca del Vapor enemigo. Este, vió venir al Ogden, que la víspera se habia separado de su costado para conducir los pasajeros del Castillo, según el falso parte que se habia dado, y lo dejó acercarse sin la menor sospecha de que estuviera ocupado por enemigos. Spencer hizo saludos y demostraciones amistosas que acostumbraban los vapores de La Compañía y fingiéndose amigo, atracó al costado delVirgen y lo tomó sin resistencia, encontrando en sus bodegas cuatro piezas de artillería, cuatrocientos rifles nuevos, abundantes municiones de boca y guerra y un cargamento de licores finos.
     

    Spencer pasó los días 28 y 29 de diciembre en la estación de damns esperando los refuerzos del general Mora para dirigirse á San Carlos; pero viendo que no llegaban, envió en su busca al vapor Morgan, y en el Ogden se dirigió él con su poca gente á probar una sorpresa.

    El día 30 fondeó tranquilamente el Ogden frente al cañón del glacis de la Fortaleza de San Carlos (1) para infundir mayor confianza al enemigo. Spencer dió con toda calma las señales de costumbre, y el Comandante de La Fortaleza que era el capitán filibustero Mr. Kruger, no teniendo noticia de que hubiera enemigos en el Río y viendo además, el vapor bajo los fuegos de sus cañones, fué con toda confianza, seguido de una escolta, á hacer la visita de costumbre. Al entrar se le llevó con engaños á un camarote, donde se le intimó rendición, se le puso al corriente de todo lo sucedido y se le obligó con alguna dificultad á escribir una orden. Llamando á bordo y sin armas á toda la guarnición. Después de éstpo, la fortaleza cayó sin resistencia en poder de los costarricenses, que hicieron setenta y dos prisioneros al enemigo y quitaron dos piezas de artillería de á veinticuatro.

    Dejamos al General Mora en el Muelle de San Carlos, en donde lo encontró el Bulwer el día 27. El 28 embarcó doscientos hombres, dos piezas de artillería, gran parte de las municiones de guerra y algunos víveres, y á las nueve de la mañana principió á bajar el San Carlos, dejando en el muelle el resto de su gente y municiones á cargo del Mayor don Juan Estrada y con orden de conducirse en botes y balsas al Río San Juan

    El día 30 á las trés de la tarde encontró Mora el Vapor Morgan, enviado por Spencer en su busca. Como El Bulwer se encontraba en mal estado. Mora se trasbordó con la gente al Morgan y caminando á todo vapor logró fondear en el Castillo á las diez de la mañana del 31 de diciembre.

    En el Castillo tuvo noticia exacta el general Mora de todo lo ocurrido, y sin pérdida de tiempo dispuso marchar en auxilio de Spencer, á quien suponía en dificultades. Para llegar más breve se trasbordó al Ogden, que acababa de llegar, enviado por Spencer, dándole cuenta de la toma de San Carlos y llamándolo con urgencia; y á las trés de aquella tarde principió á subir el Río en el Ogden, á cuya máquina  se le dió toda velocidad. al llegar á la Estación de damns, se trasbrodó al Virgen, y andando siempre de carrera Mora logró fondear frente a San Carlos en la madrugada del 1ero. de Enero de 1857.

    La audaz y arriesgada empresa de los costarricenses estaba todav1a incompleta. Faltaba aún el Vapor san carlos, el más grande de todos, que recorría en aquellos momentos los puertos del lago; pero el 3 de enro de 1857 se presentó á la vista y poco después botó anclas con toda confianza.

    Los costarricenses emboscados en las riberas, dejaron á Spencer el cuidado de hacer las señales de costumbre, y cuando lo creyeron conveniente, dieron el asalto y se adueñaron del buque.

     Belloso, General de las tropas, impresionado con las pullas de los guatemaltecos y legitimistas, y más que todo, con los estragos de los rifles américanos, no hubo reflexión suficiente para decidirlo á salir de León.

    Los ejércitos aliados se organizarón provisionalmente en el pueblo de Nandaime, nombrando General en jefe, al General don Florencio Xatruch, Comandante de las fuerzas auxiliares de Honduras, y así organizados fijaron un cuartel general en San Jorge, Rivas el día 28 de febrero de 1857.

    La situación de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos de toda clase, de los vapores del lago, y río que también lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad, las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos frente a Henningsen en Granada.

    El jefe filibustero fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó su artillería y estableció un taller de fundición, en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para cañón.

    El concierto de tanta felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo filibustero.

    Nicaragua estaba salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América, enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."

    Walker valoró en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge, uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días a San Juan del Norte
    con refuerzos de los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto, Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas, conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones sobre el río y sorprender á los costarricenses.

    El 4 de febrero volvió á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más, que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había una guarnició costarricense, á la que también desalojó, á cañonazos en la madrugada del 13.

    Envalentonados con el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación de la punta de Cody.

    Pronto las penalidades del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos, los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.

    Lockridge, deseperado de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó, pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel desastre, renunciaron á toda tentativa.

    Tan luego supo Mora en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición. El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.

    en el ismo día que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir en los asuntos del