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Escritores |
Principal |

| Acosta
Luz Marina
Reparto Pancasán, 7a. etapa, Casa #26 e-mail: escritor@ibw.com.ni Tel.: 277 2565 - 270 3789. Oficina: 267 0304 / Fax: 278 5781 Biografía
Promotora de arte, Directora de la Galería Casa de los Tres Mundos, miembro del Centro Nicaragüense de Escritores, donde ha trabajado desde 1995 como Coordinadora del proyecto de edición de libros que el CNE maneja en colaboración con la Asociación de Escritores Noruegos (ANE) y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega, a través del cual se han editado más de 120 obras de autores/as nicaragüenses. Cultiva también
la narrativa y el testimonio. Su poesía está dispersa. Publicó
sus primeros trabajos en suplementos culturales, revistas y antologías
del país en la década de los ochenta. Ha publicado: Obra
primigenia de Ernesto Cardenal, Carmen y otros poemas (Managua: Anamá
Ediciones Centroamericanas, 2000). Ha firmado con el poeta Julio Valle-Castillo
un tomo de entrevistas con José Coronel Urtecho: Libro de Conversaciones
sobre libros (Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1994). Ha sido parcialmente
traducida al inglés y francés.
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| Agudelo
William
Altos de Sto. Domingo, 1ra. etapa, # 2. Tel.: 276 1858. William Agudelo Bolombolo,
Antioquia, Colombia, 1942. Realizó estudios de Filosofía
en el Seminario para adultos de La Ceja. Cofundador con Ernesto Cardenal
de la Comunidad de Nuestra Sra. de Solentiname– Nicaragua (1966) de la
que formó parte hasta 1977. Trabajó como director de artes
gráficas y como productor de grabaciones culturales en el Ministerio
de Cultura de Nicaragua. Dirigió el Centro Cultural Coro de Ángeles
en Managua desde 1990 hasta el 2000. Libros: Nuestro lecho es de flores,
1970 (traducido al alemán, bajo el título Unser Lager beiden
Blumen auf dem Felde); El asalto a San Carlos, 1983; El ángel de
San Judas, 1997. Colaboración en revistas de poesía como:
El Corno Emplumado, Zona Tórrida, Cormorán y Delfín,
Nicarahuác y en los suplementos literarios La Prensa Literaria,
y El Nuevo Amanecer Cultural.
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| Aguilar
Rosario
León, Reparto Sta. María, 2da. casa # 2, Apto. 162, Fax: 03113278. Tel.: 0311-4844. email: agfia@ibw.com.ni Rosario Aguilar (Nicaragua, 1938) cultiva principalmente el cuento y la novela. Ha sido galardonada en varios ocasiones. Obtuvo el premio Internacional de literatura y del Caribe “Gabriela Mistral”, 2001, de la Asociación Côté-femmes, París, en colaboración, en Colombia, con el Grupo Mujer y Sociedad y la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Ha publicado las novelas: Primavera sonámbula, 1964; Quince barrotes de izquierda a derecha, 1965; Rosa Sarmiento, 1968; Aquel mar sin fondo ni playa, 1970; Las doce y veintinueve, 1975; El Guerrillero, 1976; La niña blanca y los pájaros sin pies, 1992; Siete relatos sobre el amor y la guerra (novela corta), 1986; El mar estaba calmo (cuento), 1994; El regreso (cuento), 1997; Soledad: tú eres el enlace (biografía), 1995. Rosario Aguilar recibió el Doctorado
Honoris Causa otorgado por la UNAN-León.
Pasión oculta. Su mayor frustración
fue no haber aprendido a tocar piano “por falta de oído musical
Bibliografía
-"El mar estaba calmo...",
Nuevo Amanecer cultural, sábado 11 de junio de 1994.
DISCURSOS: -12 de abril 2007. Universidad
Nacional Autónoma de Nicaragua/León. León. Lección
Inaugural del año académico 2007: "Mariano Fiallos Gil a
un siglo de su nacimiento", Teatro Municipal José de la Cruz Mena.
PUBLICACIONES EN REVISTAS Y SUPLEMENTOS: -"Rosa Sarmiento", revista
de cultura El Pez y la Serpiente No.9, Editorial Unión, Managua,
Verano 1968.
Con la incorporación de Rosario Aguilar,
la Academia Nicaragüense de la Lengua, fundada en 1928, continúa
modernizándose, y salda una deuda grande con la cultura, incluir
a la mujer en tan importante y sensible actividad. La primera mujer que
ingresó a esta academia fue doña Mariana Sansón Argüello.
Rosario Aguilar nació en León el 29 de enero de 1938. Educada en el Colegio La Asunción de su ciudad natal. En 1947 se traslada a Guatemala donde su padre, Mariano Fiallos Gil, desempeñaba un cargo diplomático. Estudió inglés en Louisina, en 1954, y al año siguiente continuó sus estudios en Dallas. Al casarse tomó el apellido de su esposo. En 1966 una de sus novelas, Aquel mar sin fondo ni playa, obtuvo el segundo premio de novela en los Juegos Florales de Quezaltenango. Encabeza a las escritoras nicaragüenses desde los años 60, cuando publicó sus primeras novelas cortas: Primavera sonámbula (1964) y Quince barrotes de izquierda a derecha (1965). Pero fue en su tercera novela, Aquel mar sin fondo ni playa (1970), donde reveló su madurez narrativa: arraigadamente femenina, y ubicada en la realidad nicaragüense, explota el conflicto entre lo normal y lo anormal, situando a la autora en la primera fila de la narrativa centroamericana. Otra obra narrativa de Rosario Aguilar fue una biografía novelada de la madre de Rubén Darío: Rosa Sarmiento (1968). Escrita en tercera persona, la novelista logra transmitir el dilema de Rosa, que oscila entre sus ansias de ser amada y el amor de su hijo, intercalando pasajes del "Génesis" bíblico y versos de Darío, o sea recursos intertextuales. A continuación publicó Las doce y veintinueve (1975), que recoge la experiencia del terremoto de Managua de 1972. Posteriormente, manteniendo su capacidad de perfilar personajes femeninos maduró su escritura narrativa en El guerrillero (1976), Siete relatos sobre el amor y la guerra (1986) y La niña blanca y los pájaros sin pies (1992). En esa novela cuenta dos historias diferentes: la de una joven escritora y su relación con un periodista español, por un lado; y, por otro, las historias de seis mujeres valientes e interesantes durante la época de la conquista española en América. Si último libro es una biografía materna: Soledad, tú eres el enlace (1996), donde cuenta la historia de dos familias: una española que emigró a América desde el siglo pasado -los Oyanguren y López de Aréchaga- y otras centroamericanas, pero también de origen español: los Fiallos. Es decir, la de sus padres a quienes retrata con maestría y amor filial. Pero ella logra mucho más que la recreación de un álbum de familia, al innovar, con una prosa concisa y minuciosa a la vez, el género biográfico, distanciándose suficientemente de sus personajes, ligados a ella por la sangre y el recuerdo íntimo. En suma redondeó un libro ejemplar que se lee y relee como una novela. |

| Aguirre
Erick
El Nuevo Diario Tel.: 249 0499/ 249 65-01/02. Fax: 249 0700, casa. 278 1270 Celular: 088 48370. Erick Aguirre Aragón
(Managua, 1961) es escritor y periodista. Entre sus publicaciones están:
“Pasado meridiano” (Poesía, 1995)), “Un sol sobre Managua” (Novela,
1998), “Conversación con las sombras” (Poesía, 2000), “Con
sangre de
Libros de ensayos y prosa crítica: “Juez y parte”, “Sobre literatura y escritores nicaragüenses contemporáneos” (1999), “La espuma sucia del río”, “Sandinismo y transición política en Nicaragua” (2000), “Subversión de la memoria”, “Tendencias en la narrativa centroamericana de postguerra” (2005). Las máscaras del texto. Proceso histórico y dominación cultural en Centroamérica” (2006). Aguirre es licenciado
en Filología y Comunicación por la Universidad Nacional
Premio Internacional de Poesía La llegada de la importante
distinción es fruto de la entrega con la que Aguirre ha desarrollado
su quehacer en la literatura
“La vida que se ama” obra poética del escritor y periodista Erick Aguirre, le mereció alzarse con el Premio Internacional de Poesía “Rubén Darío” 2009, así lo anunció oficialmente ayer por la noche el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), en la ciudad de León, durante el acto de clausura de la Jornada Dariana. Aguirre suma más de 20 años de ejercicio literario, tiempo en el que se ha destacado no sólo por sus trabajos en poesía, sino como crítico de arte, narrador y un elemento clave en la promoción de la literatura en nuestro país, desde su posición de editor del suplemento semanal de EL NUEVO DIARIO: “El Nuevo Amanecer Cultural”. La llegada de la importante distinción es fruto pues de la entrega con la que Aguirre ha desarrollado su quehacer en la literatura. Muestra de ello es que “La vida que se ama” sobresalió entre 55 obras de escritores de aproximadamente 25 países que este año aplicaron al premio. “Es un libro en el que vengo trabajando desde hace unos cinco años. Contiene más de sesenta poemas, distribuidos en cinco secciones y abordan diferentes temas: viajes, recuerdos, evocaciones, vivencias, retratos de amigos, vivos y muertos, en fin, una celebración de la vida cotidiana y de los resabios de momentos vividos en el pasado y que siempre nos están dando vueltas en la cabeza hasta que se descargan y se convierten en poemas”, refiere el autor. Completa la descripción
de su obra diciendo que todo el poemario está “relacionado con las
distintas fases y los distintos escenarios que nos ofrece la vida. ¿Cuáles
de ellos, por ejemplo, son más entrañables?, es decir, esa
parte de la vida que uno ama, es la vida que uno ha escogido y la que está
en los recuerdos, en la memoria que siempre está activando emociones
y sentimientos que constantemente se están mezclando con las vivencias
del presente”.
Calificaban para optar al Premio Internacional de Poesía “Rubén Darío” 2009, poemarios en español de escritores de todo el mundo, totalmente inéditos. Los trabajos debían ser entregados vía correo al Instituto Nicaragüense de Cultura, utilizando seudónimo entre el período comprendido entre el primero de octubre y el 15 de noviembre de 2008. ¿El premio? La publicación de la obra con un tiraje inicial de tres mil ejemplares. El jurado encargado de
seleccionar a la mejor obra poética del año fue integrado
por el escritor y crítico norteamericano Steven Withe y por los
escritores nicaragüenses:
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| Alegría
Claribel
Rep. Pancasán, 7ma. etapa, del Gimnasio Atlas, 1 ra calle, frente al tope Casa - esquinera # 47, Tel.: 277 4903 / 278 1270. e.mail: claribel@ibw.com.ni Nació en Estelí (Nicaragua), el 11 de mayo de 1924, como parte del matrimonio del doctor Daniel Alegría R. y de la santaneca Ana María Vides. Trasladada a El Salvador cuando sólo contaba con nueve meses de edad, realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio santaneco "José Ingenieros", los que combinó con la lectura personal de los clásicos franceses. En 1943, partió becada hacia la Universidad de Loyola (New Orleans, Estados Unidos), pero finalizó su Bachelor of Arts en Filosofía y Letras en la George Washington University (Washington D. C., 1948). Entre sus traducidas a otros idiomas- se encuentran: Anillo de silencio (poesía, México, 1948, recopilado por Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia, con prólogo de José Vasconcelos); Suite de amor, angustia y soledad (poesía, San Rafael, Mendoza, Argentina, 1951, con prólogo de Rafael Baeza Flores y carátula del fotógrafo Juan Pí. De este libro, la autora ha renegado y hasta ha sustraído ejemplares de las casas de sus amigos); Vigilias (poesía, México, 1953, con portada hecha por Elvira Gascón); Acuario (poesía, Santiago de Chile, 1955); Tres cuentos (narrativa infantil, San Salvador, 1958, con portada e ilustraciones interiores de Agustín Blancovaras. Una traducción al inglés fue hecha por Helen Wohl Patterson); Huésped de mi tiempo (poesía, Buenos Aires, 1961); New voices of Hispanic America (antología de poetas y cuentistas, en colaboración con su esposo, Boston, Beacon Press, 1962, 226 págs.; reeditada en 1981); Vía única (poesía, Montevideo, Alfa, 1965) y Cenizas de Izalco (también en colaboración con su esposo, novela, 1966; ganó el segundo lugar en el concurso Seix Barral, Barcelona, 1962; reeditada varias veces en El Salvador desde 1976). Esos volúmenes
se complementan con Aprendizaje (antología poética, San Salvador,
1970); Juego de espejos (novela breve, revista Repertorio, Costa Rica,
1970); Pagaré a cobrar y otros poemas (selección de varios
libros poéticos, Barcelona, 1973); El detén (novela corta,
Barcelona, 1977); Sobrevivo (poesía, Premio Casa de las Américas,
La Habana, 1978); La encrucijada salvadoreña (ensayo, 1980); Suma
y sigue (Madrid, 1981. Es una antología poética preparada
y prologada por Mario Benedetti), Álbum familiar (novela, San José,
Costa Rica, 1982); Nicaragua, la revolución sandinista: una crónica
política 1855-1979 (ensayo, México D. F., 1982); No me agarran
viva: la mujer salvadoreña en la lucha (testimonio, México
D. F., 1983); Para romper el silencio: resistencia y lucha en las cárceles
salvadoreñas (testimonios, México D. F., 1984); Pueblo de
Dios y de Mandinga (novela, México D. F., 1985); Despierta, mi bien
despierta (novela, San Salvador, 1986); La mujer del río Sumpul
(poesía, Roldanillo, Colombia, 1987); Y este poema río (Managua,
1988) y Variaciones en clave de mí (1988).
Se suman a los libros anteriores: Fuga de Canto Grande (testimonio, 1999. Somoza, expediente cerrado. La historia de un ajusticiamiento (testimonio, Managua, 1993; El niño que buscaba a ayer (narrativa juvenil, México D. F., 1996, segunda edición); Clave de mí (poesía, San José, Costa Rica, 1997, con prólogo de Mario Benedetti), Umbrales (poesía, San Salvador, 1997); Luisa en el país de la realidad (prosas y poemas, 1987; San Salvador, 1997) y Saudade (poesía, Madrid, 1999); Esto Soy yo Se suman a los libros anteriores: Fuga de Canto Grande (testimonio, 1999. Somoza, expediente cerrado. La historia de un ajusticiamiento (testimonio, Managua, 1993; El niño que buscaba a ayer (narrativa juvenil, México D. F., 1996, segunda edición); Clave de mí (poesía, San José, Costa Rica, 1997, con prólogo de Mario Benedetti), Umbrales (poesía, San Salvador, 1997); Luisa en el país de la realidad (prosas y poemas, 1987; San Salvador, 1997) y Saudade (poesía, Madrid, 1999); Esto Soy yo ( La Universidad de Pittsburg
le publicó, en ediciones bilingües, Flores del volcán/Flowers
from the volcano (1982, con traducción de Carolyn Forche) y Mujer
del río/Woman of the river (1989, con traducción de "Bud"
Flakoll). Además, Claribel y su esposo fueron traductores y editores
de On the front line: guerrilla poems of El Salvador (Willimantic, Cubstone
Press, 1989).Esto soy (Antología Poética compilada por el
poeta salvadoreño Luis Alvarenga e introducción de Gioconda
Belli, CONCULTURA, El Salvador, 2004)
El 19 de marzo de 1999, fue homenajeada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua (Nicaragua), en el marco del VII Congreso de Literatura Centroamericana. En El Salvador, se le dedica, junto a Matilde Elena López, la VI Semana Nacional de la lectura (19 al 24 de abril de 2004). Claribel Alegría
nació en Estelí, Nicaragua, en 1924. Desde muy niña
vivió en El Salvador. Ha publicado una veintena de libros de poesía
y narrativa así como testimonios históricos en colaboración
con su marido, Darwin J. Flakoll. Entre estos últimos destacan Fuga
de Canto Grande (1992) y Somoza: Expediente cerrado (1993).
Ha publicado:
Su obra refleja la realidad de su país y de El Salvador donde viviera desde pequeña, así como su profundo conocimiento de la problemática latinoamericana: opresión, lucha, exilio, tortura, y de la problemática de la mujer en las sociedades centroamericanas: opresión, dependencia, separación de la familia, emigración. La realidad política de Latinoamerica alimenta sus obras en las que aparece como elemento activo reflejado en la temática. Al mismo tiempo, busca la escritora descubrir otros universos, otras realidades. http://bluehawk.monmouth.edu/~pgacarti/A-Alegría-ensayo.htm CLARIBEL ALEGRIA Y LA VANGUARDIA SALVADOREÑA DE LOS AÑOS 30 Para la escritora Clara Isabel Alegría, Nicaragua es su «matria» y El Salvador su patria. En los años 30, el filósofo mexicano, Don José Vasconcelos, pasó por tierras salvadoreñas y la bautizó con el nombre que hoy conocen todos los amantes de la literatura: Claribel Alegría. Fue Vasconcelos quien prologó su primera publicación Anillo de silencio en 1948, cuando Claribel aún estudiaba en la Universidad de George Washignton, donde se licenció en Filosofía y Letras. La selección poética de la obra fue realizada por su mentor Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura. Claribel Alegría
mantiene vigente en las letras hispanoamericanas el legado de la vanguardia
salvadoreña de los años 30: Salarrué, Alberto Guerra
y Claudia Lars. Entre sus obras más conocidas están Cenizas
del Izalco, Luisa en el país de la realidad, La mujer del Río
Sumpul y Umbrales es en Clave.
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| Alvarado
Jorge
Rep. Mirador, Km 81/2 carretera a Masaya, Casa - 37, Apto. A- 158. Tel. casa: 276 2102. De la recopilación de una minoría de mis poemas, escritos sobre todo fuera de mi ciudad León, nace lo que llegaría a titular vestigios de mi forma. Nunca lo edité completamente, no lo he presentado a casa editorial alguna, pero sí han publicado algunos poemas en diarios nacionales. Traté de ordenarlos cronológicamente pero la mayoría los escribía durante mis turnos en el Hospital Victoria Motta, en el centro de salud y puestos médicos de la ciudad de Camoapa, por lo tanto olvidaba ponerles hora y fecha, lástima. Muchas veces escribía estrofas pequeñas, sin sentido, lo que pensaba en el momento, recuerdo las hojas de evolución médica llenas en su reverso de esas locuras que dedicaba sin motivo alguno a la enfermera de turno, lindos momentos, sobre todo en pediatría en el Hospital Victoria Motta. De pronto la envidia, todos los fines de semana a comprar los diarios nacionales para ver si habían publicado mis poemas y nada, en su lugar algo que para mí no tenía sentido, mediocres escritos. El menosprecio por otros escritores surgía espontáneo en mí, pero logré superarlo refugiándome en escribir cada día un poco más, en dejar que el tiempo pasará y en regalar mis poemas impresos a personas que fuesen importantes para mí. De esta manera dividí "Vestigios de mi forma" en 3 segmentos, muy diferentes cada uno del otro. El primero como era de esperar lo llamé fragmentos, poemas que empecé una vez y no fueron terminados, poemas cortos como tal y críticas realizadas en cuatro versos. Destellos es el segundo segmento de esta pequeña recopilación, en él trato de abarcar temas varios como sociales, el temor, la admiración a otros escritores, etc. Considero que aquí abarco de los mejores poemas que he escrito. Y finalizo con meditando,
una sección donde ubico poemas dedicados a personas que han sido
importantes en mi vida, las que marcan esa pauta especial y quedan imborrables
en tu memoria.
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| Francisco
Arellano Oviedo
Arellano Oviedo Francisco Bello Horizonte: B-1 I-97. Telefax: 249-5389. e.mail: pavsa@ibw.com.ni Antologia General De
La Poesia Nicaraguense
Don Quijote No Debe Ni
Puede Morir: Paginas Cervantinas: Hardcover, Ediciones de la Academia Nicaraguense
de la Lengua, ISBN 9992442514 (99924-42-51-4)
Francisco Arellano revisa su próximo diccionario de la lengua española nicaragüense. Alejandro Sánchez / END Una de sus virtudes más visibles es la humildad. Después de años de conocerlo, no fue sino durante esta entrevista que nos dijo, a punta de escarbar su biografía no autorizada, que fue nada menos el profesor de latín del papable cardenal de Honduras Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga. Francisco Arellano Oviedo es el Secretario de la Academia de la Lengua de Nicaragua. Su presencia sin proponérselo, porque emana de él, es la estampa de un hombre hecho para la iglesia. Académico, no se ufana de pertenecer al selecto cuerpo colegiado encargado de velar algo tan esencialmente de uno como es el idioma común. Navegando entre libros
El poeta, porque es uno de los nombres con que nuestra poesía se conoce, habla con un lustrador, con una locataria, un busero, un matarife, en fin, con todos aquellos que le dan vida al castellano y que él luego, al escuchar las palabras, se encargará de “santificar” o “excomulgar” del habla. “En Nicaragua vengo realizando esta actividad desde 1995. Inicialmente, en los años 70, Pablo Antonio Cuadra me había dicho que ingresara, por mis conocimientos de latín, necesario por el manejo en los diccionarios de la etimología. Yo le dije que sí, pero no le di mayor importancia”. Pero el poeta era rebelde. José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal eran la época. Y ésta dictaba que la Academia no era nada cercano a la creación poética. En los años 90 vio la oportunidad y conveniencia para aceptar la invitación que se la volvieron a formular y se incorporó. “Desde el inicio ayudé a Julio Icaza Tijerino que era el Secretario Perpetuo, bastante mayor, con dificultades para movilizarse. Esperé que concluyera su labor, a pesar de que me habían solicitado asumir la secretaría”. Arellano prepara un diccionario
del español nicaragüense. Por eso le preguntamos:
Me he reunido con gente de Granada, de Rivas, de Ocotal, de distintos lugares. He andado en mercados, he traído aquí a destazadores para que me expliquen los recortes de la carne. He tratado de averiguarlo con distintos estratos sociales, distintas edades, hay marcas juveniles, coloquiales, de lugar. El banco donde asentamos
la jícara, por ejemplo, en el “Roberto Huembes”, me dijeron que
se llamaba salvilla
Es la lengua oral la que hace el cambio, de la gente sencilla, de las grandes mayorías, la gente que tiene menos propiedad es la mayoritaria y es la que va transformando la lengua. ¿Fue un rebelde,
porque no aceptó de entrada a la Academia?
“Y por qué creés que esto es poesía, me decían algunos de mis maestros”, porque no se ajustaban a ningún tipo de rima ni de versos. Al doctor Salvador Aguado Andreu, especialista en Darío, le decía: es que a Ernesto Cardenal le gustó. “Pero usted”, me replicaba,
“no se puede permitir eso. Ernesto ha hecho tantos estudios, ha leído
a los clásicos. Primero métase a una escuela, y después
haga el estilo que usted quiera”. Es lo que ha faltado: todos se han metido
a experimentar y no han pasado por una escuela seria.
Luego estudio filosofía. Ya tenía mis poemas. Era declamador en latín, de Horacio y de Virgilio. Llegué a declamar en el seminario el primer libro de la Eneida en latín, y asombré a mis maestros. Hubo algunos que me dijeron: “No juegues con tu memoria que te vas a quedar loco”. Me encontré con un superior que me prohibió que leyera poesía. Él decía que me iba a perder, porque normalmente los poetas suelen ser frívolos por andar en lo profano. No era bueno. Lamentablemente yo no podía contradecirlo, pues de eso se trata la vida religiosa, tenés que aceptar lo que oriente el superior para la formación espiritual, y entonces desistí, rompí mis cuadernos y ahí muchos poemas también. Después de filosofía,
me preparé bastante bien en química, terminé dándole
clase a mis compañeros, después di clases física y
química en secundaria, de tercero a quinto.
Los talentos
El superior que me prohibía la poesía, el siguiente año sufrió un accidente automovilístico grave y ya lo tuvieron que relevar de la dirección de la casa de filosofía donde yo estudiaba, y ya pude volver a las letras. Con Rafael Alfaro, sacerdote, poeta de 25 libros y premios internacionales, proseguí mi carrera humanística. Antes de terminar la filosofía, la teología, había presentado mi primer libro: “Entre la sangre y el agua”, en el cual había dos extensos poemarios que eran el Premio Centroamericano de Poesía, con Poemas de la Mar Dulce y Salada, y Siete Crónicas para el Archivo de Juval, con el Premio Juegos Florales de Amatitlán, de donde es Frank Galich. He continuado esta labor, a veces detenido un poco el trabajo de escritor, porque es necesario hacer el trabajo prosaico que nos permite vivir. ¿Y su sacerdocio?
¿Hasta dónde llegó?
La última vez que converso con él estoy en el último año de teología, se me acerca y me sorprende: “Si tenés valor, salite”. La verdad, nunca había sido una opción mía salirme, entonces le pregunto que por qué, y él me dice: “Eres una persona muy sensible, te vas a amargar y será más difícil después con un error en tu vida de sacerdote”. Yo le digo: “Tengo el valor”, y decido terminar. Le pido permiso a los salesianos de concluir el año de teología y me permiten, siempre que quede observando la vida religiosa. Al final del 71 me retiro de la orden. -----Recuadro-----
Sintió que se
quitaba un gran peso de encima? ¿O quedó nostálgico?
Somos grandes amigos,
casi no se me sale decirle Cardenal, y todo ese protocolo, como pasa con
el cardenal Obando. He jugado básquet con ellos.
¿El hábito
no hace el monje?
¿Se siente bien
con el consejo que le dio el Cardenal?
El consejo del Cardenal
permitió muchos logros para don Francisco: cuatro hijos. Múltiples
premios, el último el Nacional Rubén Darío. “Vivo
la vida ejerciendo docencia y salvando el creador que hay en mí,
escribiendo”.
¿Cómo le gustaría que le llamaran Policía del Idioma u Obispo del Idioma?, porque usted se encarga de bendecir, al final de cuentas, el bien decir, de lo que entre en el léxico oficial. Bueno, creo que policía suena muy feo, y lo del obispo es una función sagrada, pero también la palabra está asociada a lo sagrado. Y con el idioma se alaba
a Dios.
Así es, ni más
ni menos.
El académico Francisco Arellano Oviedo: una vida entre la religión y las letras. Francisco Arellano gana Premio Nacional Rubén Darío La obra Catoblepas fue la mejor entre quince más Milagros Sánchez Pinell El escritor Francisco Arellano Oviedo fue seleccionado como Premio Nacional Rubén Darío en el género teatro con su obra Catoblepas, que aborda el ateísmo. En el concurso convocado por el Instituto Nicaragüense de Cultura y la Fundación Ortiz Gurdián participaron 16 obras con un solo ganador. Arellano Oviedo, quien participó bajo el seudónimo de José Ríos, se mostró contento y lleno de satisfacción por dicho reconocimiento nacional. Explicó que Catoblepas es una obra de teatro sobre el ateísmo o mas bien un diálogo sobre la polémica del siglo XX acerca de la existencia de Dios. “Después de estudiar ese problema, uno de los vitales del hombre, se me ocurrió presentar esa obra y es primera vez que participo en este concurso”, dijo. Explicó que Catoblepas es el animal más horrible de la mitología, utilizándolo como un símbolo de destrucción. “Es el más horrendo porque tiene deformidades, cola de serpiente, cuerpo de un hipopótamo, es decir que hay muchas mezclas”, señala. Explica que: “Es como el símbolo de la destrucción porque termina por matarse a sí mismo, debido a que su cuello no le permite llegar a buscar su alimento y empieza a devorarse y por otro lado vemos al ateo que se convierte en un perseguido o atacante de las concepciones religiosas”. Según el acta del jurado, que estuvo conformado por Julio Valle Castillo, Socorro Bonilla y Gladys Ramírez de Espinosa, la obra obtuvo el primer lugar por su temática trascendente y cotidiana a su vez. Además brinda un aporte a la polémica del siglo XX y al desarrollo del teatro como escritura en Nicaragua. El Premio Nacional Rubén Darío fue establecido por el Gobierno de Nicaragua a través de un Decreto Ejecutivo el 6 de febrero de 1941 en ocasión del 25 aniversario de la muerte del poeta, con el fin de rendir tributo a la figura más representativa de nuestra cultura en el ámbito de las letras. Sin embargo ese mismo decreto fue objeto de reforma en 1942, donde quedó sentado que el premio no sólo estimularía a los escritores, sino también a todos los artistas en los diferentes campos de las bellas artes. El premio fue institucionalizado a través de la aprobación de la Ley número 333 el 15 de febrero del 2000, conocida como Ley para la Protección y Promoción de la Obra, Bienes e Imagen del poeta Rubén Darío. . AGRADECIMIENTO
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| Jorge
Eduardo Arellano
teléfono 505.244.4589 Jorge Eduardo Arellano (JEA) fue electo por unanimidad Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua, en reconocimiento a sus méritos como poeta y especialista en Rubén Darío. Heroes sin fusil by Jorge
Eduardo Arellano
Giuseppe Garibaldi,
heroe de dos mundos, en Nicaragua by Jorge Eduardo Arellano
Historia de la
pintura nicaraguense by Jorge Eduardo Arellano
Granada by Jorge
Eduardo Arellano
Diccionario de
escritores centroamericanos by Jorge Eduardo Arellano
Fue embajador de Nicaragua en Chile (marzo, 1997 - febrero, 1999). Desde enero de 2002, es el Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Dirige asimismo la revista Lengua y el Boletín Nicaragüense de Bibliografia y Documentacion (Biblioteca, Banco Central de Nicaragua). Ha obtenido diez premios, entre ellos el "Nacional Rubén Darío" (1976 y 1996), el de la mejor tesis para graduados hispanoamericanos en España (1986) y el convocado por la Organización de Estados Americanos (OEA, 1988), con motivo del centenario de "AZUL" de Rubén Darío. Su poemario La camisa
férrea de mil puntas cruentas mereció en 2003 el Premio Nacional
Rubén Darío.
Jorge Eduardo Arellano recibiendo de manos del Rector Magnífico de la Universidad de Ciencias Comerciales de Nicaragua, Dr. Gilberto Bergman Padilla, el título de Doctor Honoris Causa en Comunicaciones. El Dr. Arellano es autor de más de 100 libros que abarcan múltiples disciplinas: historia, poesía, biografía, ensayo, periodismo y literatura. El doctorado honoris causa coincidió con el 62 cumpleaños del Dr. Arellano Sandino y en su honor, en el auditorio de la UCC se desplegó una exposición de sus 62 primeros libros. No existe en la historia de Nicaragua autor más prolífico que Jorge Eduardo Arellano ni con más versatilidad. Ganó el primer premio del Certámen de Poesía Rubén Darío el año pasado. Recientemente Jorge Eduardo publicó su magistral libro El Beisbol en Nicaragua, que sin ninguna duda es la mejor y más completa historia y análisis del principal deporte que se practica en Nicaragua y sus consecuencias psicosociales en el pueblo nicaragüense. También de reciente publicación es su libro Guerrillero de nuestra América, la historia más objetiva, desapasionada y exacta sobre la gesta y personalidad del Gral. Augusto Nicolás Calderón Sandino, inmortalizado con el nombre de Gral. Augusto César Sandino. Sin duda que Jorge Eduardo Arellano se merece este y más doctorados honoris causa.
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| Argüello
Jorgue Eduardo
tomado de www.franciscobautista.com Jorge Eduardo Argüello, poeta, maestro y narrador, vive en la distancia, entre el inglés de la conversación cotidiana y la rutina absorbente norteamericana, añorando, ansiando con irrenunciable entusiasmo, volver; calculando el tiempo, recordando el pasado, metido en el silencio que no lo deja, porque viaja con él, escapando cuando puede al bosque, entre los árboles, a la orilla del mar profundo, sereno o embravecido y azul. Escribe en español y lee, incansablemente, durante las noches después de la jornada laboral que las obligaciones imponen; en su soledad se acompaña, haciendo de ferretero, juntando después, entre los libros, novelas, poemas y su diccionario de cabecera, las piezas y herramientas de una nueva creación. Escribe en su libreta
con la misma pluma de siempre, inseparable e inagotable. Siente que su
tiempo vuela en esta edad de la vida que percibe agitada de imaginación
y creatividad, fluyendo persistente en los manuscritos del cuaderno que
le acompaña; cree que tiene mucho que decir, por lo vivido tan intenso
y disgregado, contradictorio, errático y certero, por aquí
y por allá, lo visto, leído, escuchado, pensado y sentido,
los tropiezos y fracasos, los entusiasmos e inesperados encuentros placenteros,
que en un paso de caminos nos esperan a la orilla como una flor del campo,
silvestre, fresca y agradable de cortar y llevar. Corrige y transcribe
y vuelve a corregir, tacha, tira y rehace, en el eterno ciclo de la creación
literaria, siempre inconclusa, como lo reitero en mi último libro
de narraciones breves de ficción: Inconclusos…
J. E. Argüello Sansón nació en León, en junio de 1940. Ha sido incorporado este año del 80 aniversario de la instalación de la Academia Nicaragüense de la Lengua (31 de mayo de 1928), como miembro correspondiente. Hace unos meses, igual fue, con su amigo de frecuente comunicación Guillermo Menocal, su vecino granadino, quien ahora habita como él, por los gajes del destino o las inexplicables decisiones propias y de las circunstancias, en la California de Jonh Steinbeck. Es autor de “El cerebro de Rubén Darío” (2002), tragicomedia en tres actos, recreada con el regreso en tren desde Managua del poeta enfermo de muerte a León, a principios de 1916. “El poeta ese que adora a los cisnes”, decían las matronas con desprecio. Don Luis, el Sabio, médico y padre de Margarita, promueve la recepción, el Presidente atiende personalmente el asunto, el Embajador Sanders, la esposa del poeta, Rosario, todos conspiran en secreto para extraerle el cerebro al morir. Quieren sacar provecho a la fama del poeta, brota de sus gestos la hipocresía leonesa… Rubén divaga, no deja de lamentarse, “llévame a León, ahí debo morir en sus calles de oro…bajo el brillo del diamantino cielo bajo torbellina fuente”. Su primera novela, recreada en la década del cincuenta: “Los Héroes de algodón”, publicada en 2006, aunque fue escrita casi treinta años antes, narra la vida de Raúl y su familia, hijo de Don Enrique un próspero leonés. ¿Cómo obtuvo la tierra el patrón?, absorbido por “la gloria del boom algodonero” que había cambiado las costumbres de manera sorprendente, “una juventud llena de riquezas, pero vacía, sin gloria, sin objetivo”, eran los hijos de quienes explotaban al necesitado, sin batalla y sin honor, que cobraban fama “de verdaderos héroes del algodón”. Fue aquella “una lucha en una jungla humana llena de complejos coloniales, una enorme pesadilla tropical… el algodón era un negocio deshonesto”. Al padre, indiferente, despiadado, egoísta, estrafalario, adinerado, “le interesaba el orden y la seguridad, y eso lo daba la Guardia que apoyaba a la dictadura”. La madre, lectora, ingenua, frívola y jugadora de canasta. La doble moral, los falsos valores, la expropiación y explotación de los trabajadores agrícolas, la brutalidad, las protestas estudiantiles, la muerte del dictador, la soledad, se recogen en el contexto del relato. El muchacho no soporta, huye, escribe: “El algodón me tenía hastiado, viví en una sociedad podrida…” El mandador era la representación legítima del algodonero en el campo, quien preservaba la autoridad del dictador, una alianza de intereses que contribuía a acrecentar el poder a conveniencia. En otra novela publicada
--“El último habitante” (2007)--, los algodonales continúan
en el fondo de la historia. Escrito en primera persona, por un joven de
14 años, quien cuenta que su madre es escritora, poeta, pensativa,
curiosa, dada a la superficialidad, como ellos, amante del mar; su padre
un hombre práctico, de fantasía bélica, violento,
rico algodonero. En sus vacaciones familiares en la casa del mar, mientras
buscaba cangrejos en los recovecos del playón, encuentra un vestido
de mujer manchado de sangre, y a unos hombres, que refugiados en el manglar,
golpeaban a otro. Aquello estaba vinculado a la represión somocista
en ocasión de la rebelión de abril de 1954, conllevó
a una investigación de la guardia y al uso de las influencias del
padre para evitarse problemas. Sus padres se divorciaron, sintió
lastima por él, abandonado entre el dinero y el poder, su madre
encontró que alguien más la escuchara y se enamoró.
El joven recuerda esas últimas temporadas juntos de manera especial,
encontró el amor de su vida… Quiso ser dueño de su destino,
se fue, muchos años pasaron, después regresó; ambos
habían muerto, su madre era famosa y la estudiaban en los colegios,
de su padre nadie se acordó…
En las calles y caseríos de Occidente el calor aprieta, en la temporada, corren inclementes las corrientes de los torrenciales, el campo yace árido, el deslave arrasa árboles, animales, gente y sus casas, por los resabios de los campos desbastados por la mota blanca y las toneladas de fertilizantes e insecticidas esparcidos; hay hambre y estragos ecológicos y humanos que alimentaron los florecientes capitales industriales y financieros. Ese pasado ha quedado insinuado por Jorge Eduardo desde la maraña de sus narraciones. Quiso ser militar y no
lo fue, estudio derecho, se hizo abogado y no ejerció; fue maestro
de literatura y no continuó; viajero, caminante, hippie, enamorado,
ahora, sin renunciar a todo, se queda con lo que quiso. Está aquí,
¿o nunca se fue? Volviendo a ser lo que siempre quiso entre las
imperfecciones humanas que alimentan las ganas infinitas de detenerse para
decir mucho y escribir más…
por Rafael René Corea Finalmente hemos logrado la lectura (después de varios intentos por conseguir el libro) de una refrescante e importante creación literaria, estamos hablando de la novela “Los héroes del algodón”, publicada en el 2003, donde la ficción se mezcla con la realidad constantemente, unas veces en lo individual y otras en lo colectivo, al extremo que uno no sabe dónde está la frontera de los límites entre ambas que sirven de fondo a Jorge Eduardo Argüello para aportar a su trayectoria creativa en la poesía, el teatro y la novela de la historia de nuestro país, con esta obra ambientada en su natal León de los años cincuenta. (Escribo estos comentarios con la colaboración de mi nieto, Brandon Castillo Corea, de la “generación digital”, quien a sus doce años de edad me sustituye en la computadora ). El autor nicaragüense radicado en la actualidad en Estados Unidos nos proporciona suficientes elementos de origen histórico, socio-económico y político para que nos demos cuenta que estamos en presencia de una diversidad de acontecimientos ocurridos en la Nicaragua de los años cincuenta. Y para darnos a conocer o podamos comprender su complejidad social y económica, el autor recurre con buen suceso a apoyarse en la “sociología urbana y rural” de la época, en el contexto de la vida nacional de la década “dorada” de los años cincuenta del algodón, particularmente en el Occidente del país. Con una cautivante y coloquial prosa interactuante y al mismo tiempo directa, precisa o “global”, el autor nos lleva a compartir con él, en el tiempo y el espacio, las tragedias familiares de los nuevos ricos algodoneros, los dramas sociales de los habitantes de la ciudad (León), la corrupción política, la mediocridad humana y las injusticias de la burguesía con los campesinos. Todo este universo dentro del aberrante régimen político que entonces imperaba en Nicaragua, personificado en la dictadura del primer Somoza, que fue la época donde más “floreció” el monocultivo y el subdesarrollo del oro blanco; el algodón y sus protagonistas: los héroes de opereta, que Jorge Eduardo Argüello revela y denuncia con gran acierto en una interesante combinación de los postulados de la corriente literaria estadounidense contestataria conocida como los Beats, y aplicando a la vez el marxismo como método de análisis interpretativo de la realidad social, económica e histórica para Nicaragua. En lo particular no había leído algo semejante en los últimos años en la literatura nacional. Pero la inspiración poética y social del autor (a publicado varios poemarios) también ocupan un destacado lugar en “Los héroes del algodón”. Veamos: “Desde el barrio y desde esa esquina en particular, se sentía la miseria, el olvido, la ruina y el abandono que sufrían los habitantes del pueblo. Las noches servían para hacer realidad lo que el día quitaba por el destello del sol y el calor. Las noches servían para los crímenes, pero servían para pensar, y es por eso que la mayoría de los poetas salían de noche a inspirarse, a pesar de los peligros” (pág. 84 ). Y en lo social, Jorge
Eduardo Argüello se muestra apabullante: “Éstos eran de la
clase media, una nueva organización humana que había aparecido
en el país. Eran maleducados, copiones de los antiguos burgueses,
insoportables con el trato de las personas y llenos de enormes complejos
sociales. Era una clase cruel que venía avanzando a pasos agigantados,
sin moral, sin respeto, sólo para llevar a cabo la idea de ser alguien
en un mundo dividido entre campesinos y burgueses” (pág. 176). La
palabra revolución en diferentes contextos aparece a todo lo largo
de la novela (¿un visionario marginado?)
Raúl es el personaje central de “Los héroes del algodón” y es paradójicamente el héroe real de la novela, pues por ser acorralado por los sucesos cotidianos que en cadena produce en la ciudad la “fiebre del algodón”, se ve lanzado a convertirse en un antihéroe que es precisamente esa condición la que lo rescata del naufragio económico, social y moral cuando se derrumba el “boom” algodonero en el occidente de Nicaragua. “Toda una pesadilla, todo para nada, porque su alma estaba semidestruida, él era el producto del algodón, de la brutalidad del occidente”, dice el autor de la novela al hacer alusión a su héroe, y nosotros terminamos estas notas con una solemne sentencia lapidaria de Raúl, héroe trágico de esta reveladora novela de Jorge Eduardo Argüello: “En esta vida no importa el dinero, sino el saber qué es lo que uno quiere”. * El autor es escritor y ex delegado de Nicaragua ante la Unesco en Francia. Reparto San Antonio
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| Arósteguí
Alejandro
Antigua entrada UNICA, a la derecha una sola calle adoquinada al tope, se dobla a la izquierda, segundo portón de malla a la izquierda: Tel.: 276 2249. Fax: 278 3356 / 276 2971. Mientras algunos no le consideran un escritor, otros le dan a sus obras, sus pinturas que cuentan mucho usando caracteres realistas de la verdadera Nicaragua y no de aquella que aparecia en postales. (Bluefields, Nicaragua,
1933).
Artículos de El Nuevo Amanecer Cultural; La Gaceta No. 78 del 23 de abril de 1990; Breve historia del muralismo mundial, Alejandro Arostegui. Las exposiciones individuales y grupales del artista incluyen: Escuela Nacional de Bellas
Artes, Managua, Nicaragua (1963);
Alejandro Arostegui
el maestro Alejandro
Aróstegui, posiblemente sobre su obra matérica y experiencia
artística.
El fundador y líder fue Alejandro Arósteguí, quien junto a Amaru Barahona y César Izquierdo manifiestan con sus obras una actitud contestataria ante la opresión dictatorial del régimen somocista y ante la pobreza y desigualdad que aquejaba el país. A este grupo se suman: Leoncio Sáenz, Genaro Lugo, Luis Urbina, Arnoldo Guillén, Leonel Vanegas, Orlando Sobalvarro y Róger Pérez de la Rocha. La tendencia de estos pintores fue lo materico, el collage, lo abstracto. Paralelo a Praxis, se destacan Bernard Dreyfus, que reúne en su obra las corrientes abstractas norteamericanas y europeas, con un estilo muy propio donde se combina la pincelada gestual y ondulante con un colorido contrastante; Carlos Montenegro, que mantiene una línea figurativa, dibujante por excelencia, sus plumillas recogen toda una diversidad de gentes y paisajes urbanos y Julio Vallejo, muestra un gusto por lo exuberante y por un realismo no tradicional, donde lo enorme y desmesurado representan una nueva concepción artística. Alejandro Aróstegui.
"Naturaleza Muerta y Paisaje" 1979. Técnica Mixta/Madera. 180x 160
cm. Col. Kity Meyer. EUA. (1)
Born 1935, Bluefields,
Nicaragua. One of the leading Nicaraguan painters and a cultural icon,
he trained as both an architect and an artist. Arostegui studied in the
United States, Italy and France including L'Ecole des Beaux Arts in Paris.
He has been exhibited and honored worldwide. He is represented and collected
worldwide, including the Museum of Modern Art of the OAS and the Inter-American
Development Bank in Washington, D.C.
Pintor del otro lado
de las postales
Miguel Molina / END.- La galería de corruptos, una de sus obras de temática contemporánea. El cuadro parece de un álbum familiar para este país. “Es de los corruptos”, dice Alejandro Aróstegui, el hombre que un día decidió pintar el otro país descartado de las tarjetas postales, los caballetes de la pintura tradicional y los planes de gobierno. Unos botes oxidados, algunas latas aplastadas, un mazo como los de los remates, tubos de pintura, tijeras, pinceles y espátulas, forman parte del taller donde el artista se convierte en un intermediario entre el desecho y lo permanente: su propia pintura que aun sin firma, afirma sus propias claves estéticas. Si ha ofrecido su opinión plástica de los corruptos, la realidad se convierte en la paleta más idónea para definir su concepto de arte, desde que recorría la costa del Lago Xolotlán, se internaba por Acahualinca y miraba en La Chureca, las imágenes que a comienzos de los años 60 todos detestaban y más los pintores, dedicados a la manufactura de estampas costumbristas, ranchitos del barrio de Los Pescadores, paisajes bucólicos. Aróstegui, originario de Bluefields, 1935, regresó de estudiar en Europa en 1963. La escuela de bellas artes se regía por lo pintoresco, lo colorido. “Las escenas que vi ahí, en el basurero, eran sobrecogedoras, las quemas, la gente entre el humo hurgando qué comer, los zopilotes revoloteando, otros secando las tripas en la costa para hacer chorizos. Era algo único y no dejaba de tener cierto valor estético”. El pintor es de los pocos nicaragüenses que cuenta su vida a través de sus propias obras, en las mismas exposiciones, o bien usted la puede ver prácticamente bajo el sello de la Embajada de España, que le publicó --“Alejandro Aróstegui, una retrospectiva”-- su vida pinceles y milagros de un talento que eterniza lo fugaz y extrae el encanto de la materia prima de lo feo. Ese valor estético lo descubrió cerca del Lago de Managua, “sobre todo la profusión de objetos destruidos, desechados; la textura era muy rica y estaba muy a la vista. En las clases se enseñaban los paisajes, los estudiantes salían a pintar ranchitos en el barrio Los Pescadores. Lo pintaban con pincelada impresionista, siempre era miserable todo aquello, pero visto así, le gustaba a la gente”. La verdad de Praxis
“Ya estaba el arte de denuncia. Yo no inventaba nada de eso, lo que hice fue introducir a Nicaragua esa manera de ver las cosas”. La obra del grupo fundacional
de la nueva plástica reflejó el estado sociopolítico
del país, el descuido, la poca importancia por el medio ambiente,
por la miseria. “Acahualinca era como una ciudad casi de una tribu, sus
casas eran todas chiquitas, hechas de ripios, de todo tipo de cosas, pero
tenía sus callecitas. No se parecía en nada al resto de Managua”,
dice el artista, quien tiene un hijo, José Alejandro, nacido en
México a comienzos de los 80.
Al poco tiempo tuvo sus seguidores, pintores que se interesaron y de alguna forma desecharon el paisaje realista, costumbrista, y se entró a un abstracto, menos tirando al colorido, hacia lo bonito, sino que era abstracto matérico, de collage, de objeto y con mucha fuerza, muy telúrico. Sobalvarro se inspiraba en las quemas, lo que hacían los campesinos, antes de la siembra. ¿Qué pasó
en todas estas décadas, porque si vuelve a La Chureca verá
las mismas imágenes?
Las latas están en su pintura. Antes, utilizaba un mazo de hierro hasta que se dio cuenta que perdía el oído y la amistad de los vecinos por el ruido. Un día se encontró que los albañiles ocupaban un martillo de plástico. Y básicamente, el artista debe hacer un trabajo de albañilería. Aróstegui emplea hojas de impresión metálicas, tapas, botes, láminas, lo que también le puede llevar a rozar el trabajo de los herreros que domestican el hierro, se confunde con el sociólogo que indaga sobre un fenómeno social y culmina donde empieza su génesis: los días de su creación. “Procuro trabajar en el día por la luz natural, pero es difícil, hay muchas interrupciones, por lo general comienzo en la noche. Es cuando puedo trabajar con más calma, indefinidamente, nadie me molesta. Pero hay un momento cuando necesito la luz para el color final, para no equivocarme de los tonos que quiero, de la atmósfera buscada”. ¿Hay un concepto
inicial o también está el trabajo por encargo?
¿Hay suficiente
materia prima?
A pesar de lo abstracto
siempre hay un mensaje concreto, ¿quiere incidir en la realidad?
Cuando hago ciudades,
que aunque son de ensueños como dice Raquel Tibol, recurro a una
añoranza. Son las ciudades de mi infancia, cuando uno se imaginan
esos lugares de Asia, de Belén. Son ciudades de fantasía.
Eso me atrae porque es un contraste en cuanto a la serenidad, pulcritud,
todo en su lugar, como de cosas que ya pasaron. Muchas veces la soledad
predomina en todo eso, son ciudades arqueológica, con influencia
indígena, a veces asiática o europea.
En estado de gracia
¿Hay flujos de
inspiración cuando está arrebatado?
La revolución
Cuando se fundó la ASTC, (Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura) estaba Rosario Murillo al frente de eso. Lo que noté fue el servilismo que mostró la mayor parte de los pintores hacia ella, contrariamente a lo que hicieron los poetas, que buscaron otros aleros, con (Ernesto) Cardenal o Tomás Borge. Sólo muy pocos poetas se quedaron, pero los pintores fueron los mimados de la Revolución, no fueron los niños. Se les mandó a viajar por todos lados... ¿A usted no le
gustaba estar pintando sombreritos de Sandino ni botas?
¿Qué pie
de foto le pondría a la imagen de su vida?
¿Qué más
le faltaría por hacer a Alejandro Aróstegui en el arte?
Después yo no suelto una pintura hasta que estoy completamente satisfecho, tal vez no es la mejor que he hecho, pero es la pintura en la que no voy a dejar nada descuidado. Aróstegui baila el mambo, el chachachá y el bolero. Pero cuando está elaborando su arte, no escucha música. Lo que oye son radionoticieros. Por eso, la radio es otro de sus instrumentos que lo identifica con cualquier trabajador nicaragüense. Nadie lo podrá
creer, pero también detrás de una pintura de este maestro
hay mucho gusto de pueblo. “Cuando pinto, escucho un partido de béisbol”.
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| Arríen
Juan Bautista
Centro Civíco, Modulo K, planta baja, Comisión Nacional 108 (MECD), Tel.: 265-0342 o en el PREAL UCA. Telefax: 278 8152. la Junta Directiva de la Asamblea Nacional de Nicaragua concedió la Orden de la Libertad “Pedro Joaquín Chamorro Cardenal”, en el Grado de Gran Oficial, al maestro de generaciones, Juan Bautista Arrien, Representante Delegado de UNESCO en Nicaragua. Juan Bautista Arríen
La semana pasada, bajo el patrocinio de la UPOLI y de su Instituto “Martin Luther King”, tuvo lugar el acto de entrega de la “Orden de la Paz Martin Luther King” al Dr. Juan Bautista Arríen, en reconocimiento a sus méritos personales y su relevante contribución a la educación, el deporte, la Cultura de Paz y el desarrollo cívico de Nicaragua. Al hacer el elogio del Dr. Arríen como educador, expresé, entre otros, los conceptos que dan contenido a esta columna. El Dr. Juan Bautista Arríen, español de nacimiento, “renacido en Nicaragua” como el Padre Angel Martínez, adoptó nuestra nacionalidad desde hace más de 25 años, cuando cumplió con los trámites migratorios del caso. Pero, desde antes, ya había adoptado, con entrañable afecto, esta tierra que ha sido testigo de su brillante trayectoria y de sus invaluables aportes a la educación nacional. No es este un homenaje más a una figura destacada y admirable. En realidad, más que un homenaje, es un acto de justicia y reconocimiento para quien optó por quedarse con nosotros, a sabiendas de que nuestro país es un país lleno de dificultades, complejo y, a ratos, frustrante. Pienso que fue una decisión donde las razones del corazón pesaron más, desde luego que Juan nos ha acompañado, como un ciudadano nicaragüense, en las circunstancias tan difíciles que hemos vivido en las últimas décadas. En la década de los años 80, Juan B. Arríen estuvo estrechamente asociado a todas las grandes tareas educativas que se emprendieron en ese entonces: la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980; la Consulta Popular sobre Fines y Objetivos de la Nueva Educación; la transformación curricular, la elaboración de los primeros planes de desarrollo educativo, etc. En todos ellos brindó, con honestidad, objetividad y competencia, sus valiosos aportes. Durante la Cruzada Nacional de Alfabetización, Juan alfabetizó a varios empleados del Ministerio de Educación que no sabían leer y escribir. Por eso, en su Currículum Vitae figura, al lado de los altos cargos que desempeñó en el Ministerio, aquel que quizás le produjo más satisfacción personal: Alfabetizador (1980). A finales de 1989, en compañía del Profesor Róger Matus Lazo, Juan coordinó la obra más completa que se ha escrito sobre lo que fue la educación de Nicaragua, en todos sus niveles, durante la década de los años 80. Esta se intitula: Nicaragua: diez años de educación en la Revolución. Juan Bautista Arríen no solo ha sido un actor en los procesos de desarrollo y transformación de nuestra educación. También ha sido un pensador, un filósofo, un investigador, que ha dedicado al tema decenas de libros, folletos y artículos. Esto lo convierte en un autor de obligada consulta para quienes deseen conocer la problemática y las perspectivas de nuestro sistema educativo. Hoy en día, Juan Bautista Arríen, es una de las voces más autorizadas del país en materia educativa. Su afán investigativo le ha llevado a fundar varios centros consagrados a la investigación educativa, campo en el cual el Dr. Arríen es un auténtico pionero. Un educador de la talla del Dr. Arríen no podía circunscribir su acción a nuestro país. Pronto los organismos internacionales de más prestigio lo asociaron a su trabajo. Es así como por varios años a sido Secretario Permanente de la Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO y representante de este organismo mundial en Nicaragua. El Dr. Federico Mayor Zaragoza, mientras fue Director General de la UNESCO, conoció y apreció el trabajo del Dr. Arríen y lo designó, en 1990, “Embajador Honorario para el Año Internacional de la Alfabetización”. Juan Bautista Arríen no sólo ha escrito libros destinados a los especialistas en educación. El ha querido hacer del país una gran aula donde los temas educativos sean presentados en forma clara y sencilla. Para ello, se ha impuesto la tarea de escribir ininterrumpidamente un artículo semanal en “El Nuevo Diario”, artículos que son un verdadero repertorio de temas para los maestros y para todos los sectores interesados en la educación, pues Juan aborda en ellos toda la problemática del sistema educativo y, a la vez, da valiosas opiniones sobre los caminos a seguir en el mejoramiento de nuestro quehacer educativo. Además difunde, a través de ellos, las recomendaciones más importantes que resultan de las Conferencias y Congresos que auspicia la UNESCO. Estos artículos han dado luego contenido a varios volúmenes publicados bajo los auspicios del PREAL y la UCA, con el título: “Educación en concertación. Para un Proyecto Educativo Nacional”. Juan es un convencido de que la problemática educativa debemos abordarla en su conjunto y asumiendo al Sistema Educativo como una totalidad. Espigando en esos artículos encontramos conceptos como el de reforma educativa integral, una asignatura pendiente entre nosotros. “Sigo creyendo, afirma Juan, que una reforma integral de nuestro sistema educativo constituye una necesidad histórica”. Ojalá el próximo Foro Nacional de la Educación contribuya a ese propósito. Juan también ha sido un abanderado de la idea de diseñar, sobre la base de un gran consenso, un proyecto educativo nacional. Partiendo de las recomendaciones de la UNESCO, Juan aboga por un “nuevo contrato educativo-social entre Estado, Sociedad Civil y Educación, en la perspectiva de los cambios que están experimentando las instituciones democráticas y la propia educación como derecho, servicio y proceso de enseñanza-aprendizaje”. Gracias, Juan, por todo lo que has hecho por la educación nicaragüense. Gracias por tu compromiso ciudadano y cristiano con la educación. Gracias por tu pensamiento, por tu ejemplo y tu indoblegable optimismo. Gracias por cuanto ante tu crisis de salud, el educador que siempre ha abrigado tu persona se agigantó y nos enseñó que también es preciso “educar para situaciones límites, diciéndole siempre sí a la vida”. Managua, septiembre de
2004.
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| Avellán
Hector
hectoravellan@hotmail.com http://www.hectoravellan.com/index.html Premio Alma Máter 96' en Poesía en el VII Festival Artístico Interuniversitario Primer lugar en Poesía en los Primeros Juegos Florales Centroamericanos del 2000 Héctor Avellán. Nació en Managua en 1973. Se graduó en Administración de Empresas, aunque no ejerce la profesión y se dedica, entre otros oficios, a impartir talleres de escritura. Sus poemas empezaron a aparecer en 1994 en La Prensa Literaria, 400 Elefantes y Artefacto, así como en otros suplementos y revistas literarias. Obtuvo en el año 2000 el Primer lugar en la Rama de Poesía de los Primeros Juegos Florales Centroamericanos .Avellán es un poeta abiertamente homoerótico que se niega a ser encerrado en un gueto y reclama, con total merecimiento, tan sólo ser llamado poeta, y punto. Ha publicado: Las ciruelas que guarde en la hielera 1994-1996 (poesía, editorial universitaria, UNAN-León2002) Y La mala uva, poemas (1996-2002) (poesía, CNE, 2003).Forma parte de la antología Los huérfanos de Rubén (2001).CRUCE DE POESÍA Nicaragua-El Salvador (Ediciones 400 elefantes, 2006) Héctor Avellán,
Managua, Nicaragua 1973, "es autor de una poesía de varios timbres,
lúdica o dramática. Poesía que, armada de ironía,
se defiende del desamparo y el vacío de la cultura contemporánea.
Palabras que se debaten entre la desmitificación y la pasión
sincera".
Ha publicado dos libros
de poesía, Las Ciruelas que guardé en la Hielera y La Mala
Uva. Ha ganado el Premio Alma Mater en poesía en el Festival Artistico
Interuniversitario de Nicaragua y el primer lugar en los Primeros Juegos
Florales centroamericanos. Publica articulos de opinión en periodicos
de Nicaragua. Se ha distinguido por ser un poeta muy activo en la defensa
de los derechos para comunidades homosexuales y él mismo es el primer
poeta abiertamente gay de Nicaragua. En Nicaragua tanto la homosexualidad
como escribir sobre ella está prohibido en la constitución
con la pena de cárcel de uno a dos años para quien la practique
o para quien esciba o propagandice las relaciones entre personas del mismo
sexo.
Mayo 2006
Miércoles 7 de
Mayo de 2003
La Muerte de la Solidaridad Entrevista en 7 DIAS (tomado de 7dias, agosto 2001) Carta pública
a homosexuales y lesbianas de Nicaragua
XII Encuentro Interuniversitario
de Poesía
“Los huérfanos
de Rubén”... poemas en inglés
Blanca y radiante va
la Novia y sus solteros aún
El festival de lugares
comunes
El último tren
Felicidades por otro
encuentro
La bala que me hiera
o herida de bala
Una aclaración
y un desafío
Entre el hacer o hacerse
a un lado
Huérfanos de Rubén
Desierto
Edicto
Estado del tiempo
Sueño de una noche
de invierno
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AYÓN ALFONSO
(1858-1944)
Fundador de La Academia Nicaragüense de la Lengua fue fundada hace 75 años por el doctor Carlos Cuadra Pasos; Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, Arzobispo de Managua, doctor Luis H. Debayle, doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, doctor Francisco Paniagua Rivas, doctor Alfonso Ayón y el doctor Manuel Maldonado. Al parecer, el uso de mengala comenzó a generalizarse más que el de mengalo. El primero en registrar el término, a principios del siglo XX, fue Alfonso Ayón, sin precisarlo: "Mengala: mujer joven de humilde condición social". En el periodo 1913-1917 fué Secretario del Interior, Justicia, Policia y caridades, Presidente Adolfo Diaz El Ateneo (1881-82)
En su estudio crítico de los Vicios de nuestro lenguaje, Alfonso Ayón establecía que a ellos les preocupaba la corrupción que invadía al castellano, originada en parte por la falta de sólidos estudios para la carrera de letras y la escasa enseñanza del mismo idioma. En el fondo, como su colega Barreto, se interesaba menos por la lengua misma que por sus incorrecciones y barbarismos. Por eso el último, en su segunda obra, amplió su campaña didáctica a la ortografía; de manera que Ayón anotaba en el prólogo correspondiente: “Habiendo elegido el señor Barreto el método de ejercicios y preguntas, como muy adecuado al fin práctico a que destina el libro, ha cuidado de no confundir la parte teórica con la propiamente preceptiva, dedicando a la primera un capítulo especial”. Más aún: los Ejercicios ortográficos (1900) de Barreto contenían un “Catálogo de más de seiscientas voces que ordinariamente se escriben mal en Nicaragua”. 2-3.- MARIANO BARRETO
(1856-1927) Y ALFONSO AYÓN (1858-1944): DISCÍPULOS LEONESES
DE CUERVO Y BARALT
El principal de ellos, Mariano Barreto, recordaba en 1900 que cuando llegaron a nuestro país las Apuntaciones críticas del lenguaje bogotano de Rufino José Cuervo (1844-1911). Barreto aludía nada menos que a la obra fundacional de la dialectología hispanoamericana (las Apuntaciones citadas, aparecidas entre 1867 y 1872) del colombiano Cuervo y el Diccionario de Galicismos, o sea de las voces, locuciones y frases de la lengua francesa que se han introducido en el habla castellana moderna, con el juicio crítico de las que deben adoptarse, y la equivalencia castiza de las que no se hablen en este caso (Madrid, 1855), del venezolano Rafael María Baralt (1810-860). Sin embargo, la edición que llegaría a Nicaragua debió ser la publicada en Caracas, 1874. El mismo Barreto disponía de casi un centenar de obras, comenzando con la duodécima edición del Diccionario de la Lengua Española (1884 y 1888), para seguir los pasos de ambos sudamericanos, secundado por Alfonso Ayón, prologuista de sus dos primeros libros que destinaba "a las personas incultas". Barreto y Ayón, en consecuencia, asumieron el papel de acérrimos y entendidos defensores de la lengua española en ese "humilde pedazo de la tierra americana" que era Nicaragua. Como se ve, un profundo amor a la lengua española, de la cual se derivaba una convicción "antigalaparlista", motivó a los citados filólogos leoneses para mantener una campaña por la conservación castiza de la misma lengua. En concreto, su práctica consistía en identificar las incorrecciones frecuentes del habla y redacción populares. Tal práctica se hacía con el fin de preservar la "pureza" del idioma español y coleccionar vocablos, rastreando sus procedencias y ejemplificando su uso correcto con fragmentos de grandes escritores. Esta labor, compartida por ilustres filólogos hispanoamericanos de la época, dio su primer gran fruto en la obra Vicios de nuestro lenguaje (1893) de Mariano Barreto, cuya importancia filológica es similar a la del Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones (1887) del colombiano Rafael Uribe y anterior al Diccionario de provincialismos y barbarismos centroamericanos (1910) del salvadoreño Salvador Salazar García. En su estudio crítico de los Vicios de nuestro lenguaje, Alfonso Ayón establecía que a ellos les preocupaba la corrupción que invadía al castellano, originada en parte por la falta de sólidos estudios para la carrera de letras y la escasa enseñanza del mismo idioma. En el fondo, como su colega Barreto, se interesaba menos por la lengua misma que por sus incorrecciones y barbarismos. Por eso el último, en su segunda obra, amplió su campaña didáctica a la ortografía; de manera que Ayón anotaba en el prólogo correspondiente: "Habiendo elegido el señor Barreto el método de ejercicios y preguntas, como muy adecuado al fin práctico a que destina el libro, ha cuidado de no confundir la parte teórica con la propiamente preceptiva, dedicando a la primera un capítulo especial". Más aún: los Ejercicios ortográficos (1900) de Barreto contenían un "Catálogo de más de seiscientas voces que ordinariamente se escriben mal en Nicaragua".
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