DIRECTORIO DE
ESCRITORES DE NICARAGUA
 A  B     C     E       M     O     S
indice

 



 
Mario Cajina Vega.


Pablo Antonio Cuadra junto a Mario Cajina Vega.
Mario Cajina –Vega (Nació en 1929- murió en 1995). Continuó con gran originalidad la renovación literaria del Movimiento de Vanguardia, abriendo caminos propios en la narrativa (Familia de cuentos, Lugares, El hijo) y en la poesía (Tribu), destacándose en ambos géneros por la invención y el dominio de una lengua nutrida de sabia popular, sustantivada con un imaginismo barroco como un glifo maya. Dentro de la tradición nicaragüense, tan caudalosa, de recuperación e incorporación de lo indio a nuestra literatura, estas Rodelas “en indiomas” suma, a su obra anterior, como piedras en un collar, amuletos líricos, voces de jades y no pocas obsidianas talladas en forma de saetas.



 
Pablo Antonio Cuadra
 

 



 
JULIO CABRALES VENERIO


poeta JULIO CABRALES VENERIO
Considerado como uno de los escritores que en la década del 60
poetas fundadores de aquel espléndido Movimiento de Vanguardia de Nicaragua (1927-1932), LUIS ALBERTO CABRALES, quién además fue ideólogo y funcionario de un régimen que dijo identificarse con su Partido Liberal.



 
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,

 
23 DE SEPTIEMBRE DEL 2004 /  La Prensa
 

 Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el escritor

Jorge Eduardo Arellano
 
 

A lo largo de sus 53 años y 85 días de vida, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (23-IX-1924/10-I-1978) manejó la pluma constante e intensamente. No fue, a plenitud, un creador literario (sólo se conoce un poema titulado Rojo, en un periódico de los años cuarenta: El Universitario). Pero sí un autor, un transmisor de ideas, un cronista, marcado y absorbido por la política. Es decir, un periodista que devino a la larga en narrador y por una especial circunstancia.

Con el ejemplo paradigmático de su padre, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1891-1952), que como él fue abogado y periodista, el primer tipo de escritura que asedió fue la disertación académica o monografía de grado en México: El Derecho del Trabajo en Nicaragua (1948). Nada nuevo contenía, excepto el trasfondo ideológico social cristiano que ya se vislumbra en su pensamiento reformista.

El segundo tipo correspondió a la denuncia testimonial del régimen que repudiara siempre: “Los Somoza: la estirpe sangrienta” (1957), editada también en México y reeditada en Argentina, Nicaragua y, de nuevo, en México, con prólogo de Gregorio Selser. Se trata de una crónica objetiva e impactante de su encarcelamiento en Managua, condenado por el atentado mortal del Presidente, general Anastasio Somoza García, el 21 de septiembre de 1956.

La tercera forma discursiva a que recurrió Pedro Joaquín fue el diario personal, en dos oportunidades. Uno surgido de la experiencia carcelaria a raíz de su captura como guerrillero en Olama y los Mollejones, expedición aerotransportada desde Costa Rica en mayo de 1959; el otro de su madurez política, anotado por su hijo Carlos Fernando: Diario Político (1990), escrito entre febrero de 1975 y diciembre de 1977.

Una cuarta forma a través de la cual expresó su escritura fue el reportaje de reconocimiento geográfico, cultural e histórico de nuestras zonas fronterizas: la de con Costa Rica y el Río San Juan: Los pies descalzos de Nicaragua (1966) y la del norte con Honduras y el Río Coco: Nuestra Frontera Recortada (1967). Mas no se reducen a esas dimensiones: ambos descubren una Nicaragua marginal y hermosa, una voluntad de hacer patria y conciencia nacional.

Un quinto discurso es el propio del ensayo político, coyuntural y programático. Tres folletos, poco conocidos, los ilustran: Hacia una acción política (1965), 3 diálogos a la fuerza con Somoza (1973) y Negación de un proceso democrático y violación de los Derechos Humanos de Nicaragua (1976). En los tres plasma sus ideas democráticas y el proyecto que defendía.

El sexto discurso al que recurrió, tras asumir la dirección de LA PRENSA en 1950 —aunque la codirigía desde el 48— fue el de su tribuna diaria en el periódico de su propiedad: los editoriales. Éste fue el vehículo en el que volcó su oposición sostenida e intransigente al “somozato”, pero no sólo eso: también el diseño de una Nueva República, que él llamaba “de papel” y confiaba, con el apoyo cívico del pueblo, en instaurar. Dos muestras selectivas de sus editoriales se han realizado. Una compilada de Rolando Steiner, quien los editó en el volumen 5 p.m. (1967), hora en la que los leía desde la Radio Centauro. La otra de José Emiliano Balladares, quien los reunió en Revista del Pensamiento Centroamericano (Núm. 158, Enero-Marzo, 1978): Tres décadas de pensamiento editorial. Si aquél las dividió en seis apartados (Principios y reflexiones, Material social, Problemas comunitarios, Récord de una dinastía, Enfoques internacionales y Enseñanza de los entierros), éste en siete (Un hombre de bien, Coyunturas, Abogado de la dignidad humana, Nacionalización del Ejército, Proyección pública de la iniciativas privadas, La Revolución de la Honradez y Varia lección). Bastan estos acápites para rendirse cuenta tanto de los aspectos doctrinales y abstractos como de los pernales y concretos que asediaban su pluma y pensamiento.

Pero el séptimo discurso —menos convencional y hasta inesperado de alguna manera— fue el que, aprovechando la censura oficial desatada de 1975 a 1977, logró dar: el narrativo. Dos novelas cortas: Juan Marchena (1976) y Richter 7 más un libro de narraciones: El enigma de las alemanas (1977), distinguido con el primer premio en el concurso promovido por el Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica el 12 de octubre de 1977.

Sin duda, en este discurso radica su contribución a la narrativa nicaragüense contemporánea, independientemente de la praxis política de su autor. En Jesús Marchena, Pedro Joaquín perfila un personaje popular, en torno del cual convergen historias de ricas connotaciones orales dentro del entorno rural del departamento de Rivas; en Richter 7 sondea la frustración nacional como horrible pesadilla, al mismo tiempo real e irreal, en el contexto del terremoto de 1972, fijando una radiografía de la capital destruida y del sistema político tenebroso; y en El enigma de las alemanas y otros cuentos demuestra la habilidad al asimilar la impronta de la lectura de Gabriel García Márquez.

Perteneciente a su tercer libro (otra radiografía: la interna de un país que aparece como una gran provincia de desheredados bajo el dominio de un poder ominoso) el relato, o narración larga, Tolentino Camacho es el más creativo de las piezas que lo conforman. Inspirado en el personaje histórico Félix Pedro López, trata de la alucinante vicisitud de un pobre maestro que, víctima de una broma, se cree candidato para las elecciones presidenciales en oposición al dictador. Camacho termina por tener un seguimiento popular que turba al presidente vitalicio del país. De aquí la decisión del “mandatario” de pasar a la contraofensiva, y ordena prisión de Camacho.

Fundándose en su dura experiencia personal, Pedro Joaquín denuncia la violencia de los soldados frecuentemente gratuita, y por eso más desconcertante. De la prisión, Tolentino Camacho vuelve a la libertad con mínimas ventajas materiales —fondos para una revista cultural, un aumento de estipendio—, previa renuncia con declaración escrita a toda actividad política; renuncia que al final redacta por aquellas acaloradas insistencias de la esposa. Y vuelve la tranquilidad para el Presidente, personaje en el cual el escritor representa claramente a Somoza García, descrito como un grueso señor mezcla de latifundista y “cowboy”. No es “Tolentino Camacho” la única pieza sobresaliente de su último libro; pero sí la más apasionante. Y tendría que ser incluida en una antología del cuento nacional e incluso centroamericano.

El autor es historiador
 
 
 
 
 
 
 



 


Alejandro Serrano Caldera, al centro, posa junto Freddy Quezada, Aurora Suárez, Julio Icaza, Aura Aldana, Juan Bautista, Anastasio Lobo, Arelli Méndez, Silvio Terán, Sergio Cuarezma, Mónica Baltodano y Gonzalo Mairena, luego de la presentación oficial de la obra “Legitimidad, Legalidad y Poder”.
 
 

Calero Orozco, Adolfo, 1899-

 
Cuentos pinoleros  microform,  (y otros cuentos...)   Managua, Nicaragua,  Centroamérica,  Editorial Nuevos horizontes,  1944 [i.e. 1945]
 El diálogo... o fechas en blanco comedia.
Escrita por el dramaturgo nicaragüense Adolfo Calero Orozco (q.e.p.d.), e
 
 

Cabezas Lacayo Omar
Los Pipitos, esquina opuesta a Políclinica Nicaragüense.
Tel.: 2668033. Fax: 2666034.

 
 
Corriols Marianela
Ofic. 2894200, ext. 222, casa: 2441141.
e.mail: corriolm@nic.opsoms.org

 
 

Campo Marcenaro Miguel
Frente al Colegio Dr: Salvador Mendieta. Revista Ambiente. Colonia Centroamérica.
Tel.: 2787398.

 
 

Castellón Blanca
http://www.blancacastellon.com/
Entrada Principal Los Robles Ic. abajo,  
al Sur, 75 vrs. abajo. Tel.: 2770661.


 
Blanca Castellón (Managua, Nicaragua, 1958). Ha publicado 'Ama del espíritu' (poesía, 1995), 'Flotaciones' (poesía, 1998) y 'Orilla opuesta' (poesía, 2000). Ganadora del I Premio Internacional 'Instituto de Estudios Modernistas' de poesía 2000 de Valencia España. Es actualmente Vicepresidenta del Centro Nicaragüense de Escritores
 29 de Abril de 2000 | El Nuevo Diario

Con poemario "Orilla Opuesta"

Otro premio a miembro de FUNISIGLO
La reconocida poeta Blanca Castellón, ganó con su libro «Orilla Opuesta», el premio internacional de poesía que concede el «Instituto de Estudios Modernistas» de Valencia, España.
El libro ganador será presentado el 26 de mayo en el «Instituto de Cultura Hispánica» y contará con la presencia de Ricardo Llopesa, quien hará la presentación de la obra premiada.

Blanca Castellón, en la década de los noventa ha publicado los libros «Ama del Espíritu» y «Flotaciones». Estos libros por su originalidad poética ha recibido buena aceptación dentro de la crítica literaria nicaragüense Pablo Antonio Cuadra, Alvaro Urtecho, Erick Aguirre, entre otros, han reconocido la autenticidad de la voz poética de Blanca Castellón.

La poesía de Blanca Castellón ha sido incluida en la Antología «Siete poetas jóvenes de Nicaragua» y en la década de los noventa ha publicado y colaborado con revistas nacionales y extranjeras. La Fundación Nicaragüense «Nuevo Siglo», se siente muy orgullosa de contar entre sus miembros a los escritores Blanca Castellón y a Franz Galich, ganadores de premios internacionales. FUNISIGLO rendirá homenaje a estos dos escritores el día 18 de mayo, a las 6:30 de la tarde en Galería EPIKENTRO.
 
 
 
 

HILDEBRANDO A. CASTELLÓN (1876-1943):
NUESTRO PRIMER DICCIONARISTA

    por Jorge Eduardo Arellano
Pese a su nivel de aficionado, el médico y político Hildebrando A. Castellón llegó a elaborar —y a difundir en volumen— un Diccionario de nicaraguanismos (1939) sin precedentes, si excluímos el de Berendt (1874). Como hemos visto, Castellón no había sido el único en intentarlo —recordemos los esfuerzos de Fletes Bolaños, insertos en publicaciones periódicas, pero sí fue el primero en compilar, con cierto rigor, un léxico general de voces “autóctonas” o “nacionales”.

El 15 de julio de 1928 comenzó Castellón a publicar en una revista de Managua, La noticia ilustrada, “una lista como de 80 palabras de origen indio y de uso frecuente en Nicaragua, cada una con su probable etimología”; pero Alfonso Valle le tildó de “inventor” y plagiario del Diccionario de Gagini. Castellón se defendió, señalando las distintas fuentes de su compilación —incluyendo a Gagini— y esperó diez años para que “el referido crítico hiciera al respecto una obra buena y útil, o por lo menos original y completa, pero nunca apareció” —afirma en la Advertencia de su obra pionera. Para entonces, Castellón ya había concluido —en Guatemala, un año antes— su pequeño libro, como lo calificaba.

Cuarenta y ocho fuentes impresas (“de lingüística americana, de gramática, de historia, de botánica y de zoología, así como numerosos diccionarios”) sustenta su modesto trabajo, aparte de un recurso científico: “la encuesta personal emprendida, en unión de varios jóvenes nicaragüenses (en México y Guatemala), entre los cuales fue uno, mi hijo Benito Castellón Gámez (…) que un hado fatal arrebató de mi lado”. Además, como nadie de sus coterráneos anteriormente, consignó la categoría gramatical de la mayor parte de las palabras recogidas: según él, unas dos mil. De ellas —señala— 400 nunca habían sido definidas en ningún léxico. Especifica la etimología de unas 500 voces de origen indígena y menciona otras 600 de animales y plantas “que han sido identificadas con su respectivo nombre científico y algunas veces con sus propiedades más conocidas”. Y continúa:

“Como un agregado al vocabulario, el lector encontrará más de 400 refranes, locuciones y aforismos de uso corriente en Nicaragua, bien que muchos de ellos son de pura cepa castellana. He rehusado registrar algunos vocablos por creerlos muy locales o regionales, marcando el deseo de que la mayoría tenga fisonomía nacional”.

En su mayoría vigentes, los vocablos registrados por Castellón, al igual que los refranes y locuciones complementarios, fueron objeto de análisis de Alfonso Valle en otra pequeña obra que luego citaremos, publicada poco antes de la muerte de Castellón. Valle comentó con afán cuestionador, 708 vocablos y 16 refranes de la obra de Castellón, de acuerdo con el siguiente plan. Primero seleccionó las voces de raíces indígenas, encontrando no más de 204, de las cuales menos de la mitad eran auténticas, 10 dudosas o deficientes y el resto falsas. Luego pasó a los vicios del dicción que, según él, debieron figurar en capítulo aparte, “y no catalogados a guisa de nicaragüanismos o vocablos propios del habla nacional”. También localizó vocablos y locuciones existentes en el Diccionario de la Real Academia Española y que tenían “tanto de nicaragüenses como yo de fraile”.

La crítica de Valle a Castellón fue demesurada e implacable, ya que éste reconocía las limitaciones de su Diccionario al anotar que, en una nueva edición, aumentaría “con la colaboración de personas versadas el número de palabras y locuciones haciendo además las debidas rectificaciones”. Por otra parte, declaró en su “Preámbulo” estar convencido de esta realidad lingüística: “No debieron olvidar nuestros parientes peninsulares que nuestros nombres ya consagrados, tienen el respaldo de ochenta millones de americanos que hablan y disciernen como podrían hacerlo los españoles, cuyo número es menor”. Además, señaló algunos fenómenos básicos de la variante “nica” del español, en particular el rasgo fonético —común a toda Hispanoamérica— de unificar las letras /s/, /c/ y /z/ en /s/. Para Castellón, este rasgo constituía un vicio u error que debía corregirse. Por ello reconoció:

“En Nicaragua no solamente se pronuncia mal la ese, a la cual se le da con frecuencia el sonido de una jota, o se le suprime al vocalizar (loetadosunido por los Estados Unidos), sino que se confunde lastimosamente en la fonética con la c y la z (calsetín, calsón, en lugar de calcetín y calzón, respectivamente); pero en la escritura desaparecen esos vicios”.

En resumen, Hildebrando A. Castellón no dejó un repertorio léxico de índole científica; pero sí un vocabulario apreciable guiado por la siguiente convicción y su alcance: “Del maridaje de las lenguas autóctonas con el español de los conquistadores y colonos, surgió el lenguaje que usamos y del cual hemos querido extraer este vocabulario como algo muy nicaragüense, peculiar a nuestra región, no sin dejar de incluir palabras o expresiones provenientes de otras regiones de América a las cuales hemos concedido derecho de ciudadanía”. En consecuencia, a Valle no le asistía la razón cuando reclamó a su colega la presencia de vocablos hablados en Nicaragua y que se daban en otros países del continente.
 
 

Cajina Roberto
Jardines de Veracruz, de la entrada, 1 c. lago, 
75. vrs. arriba, casa K-27.

 
 

 Cardenal Ernesto
Reparto Pancasán, del Hotel Colón, lc.al Sur, 3 c. arriba,
Tel.: 267 0092 • 267 0304. Oficina fax: 278 5781
e.mail: escritor@ibw.com.ni

 
 

LA REVOLUCION PERDIDA

El tercer tomo de sus memorias, relato que nos trae de las manos y nos lleva por los senderos perdidos por donde empezó la revolución, descubriendo los entretelones, rescatando a los personajes que se perdieron en el anonimato. La historia de esos años interpretada a la luz de su vinculación con la teología de la Liberación. (Anamá ediciones)
 

Lizandro Chávez Alfaro


 Lizandro Chávez Alfaro

LIZANDRO Y SUS MONOS DE SAN TELMO

Lizandro Chávez Alfaro nació en Bluefields en 1929, desde muy joven mostró inquietud por todo lo relacionado con el mundo de la cultura. Es autor de Trece veces nunca (cuentos, 1976); Balsa de serpientes (novela, 1976) y Vino de carne y hierro (cuentos, 1993).

Su principal trabajo literario, Los Monos de San Telmo, mereció en 1963 el Premio Casa de las Américas. La obra, un hito en el desarrollo de la cuentística nicaragüense y le ayudó a liberarse del pesado fardo del realismo-regionalista, que con sus formas tradicionales y su temática orientada hacia el problema del hombre y la tierra, no permitía un avance de nuestra narrativa.

Chávez Alfaro logra colocar a Nicaragua en el camino de la narrativa hispanoamericana contemporánea. Además de Los Monos de San Telmo, Lizandro también tuvo mucho éxito con Trágame Tierra, en 1966. Esta novela fue finalista del concurso Biblioteca Breve de la Editorial Seix Barral de Barcelona, en ella se toma conciencia sobre la identidad nacional y el patriotismo.
 
 
 
 
 
 
 
 

Fernando Centeno Zapata


Fernando Centeno Zapata

11 de Julio de 2000 | El Nuevo Diario
Nicaragua dice adiós a Fernando Centeno Zapata

  El legado de Fernando Centeno Zapata es ser un ejemplo para las generaciones del siglo XXI.

El doctor Fernando Centeno Zapata, uno de nuestros más connotados intelectuales, ha llevado su luz a las profundidades del infinito, para ser parte de las estrellas que nos iluminan desde lo alto con su fulgor eterno.
Un fulgor divino que tampoco desaparecerá de nuestras mentes porque caló hondo en la tierra por su inclaudicable labor de promover y crear la cultura nicaragÜense.

Así lo sienten y expresan las personas que vivieron cerca de él y quienes aumentaron su caudal de conocimientos bajo la guía del Dr. Centeno.

Fernando Centeno Zapata nació en Sutiaba, León, un 21 de mayo de 1921, y dirigió su camino al estudio de leyes como parte de sus convicciones por la justicia, pero también su vida buscó su otro amor: la narrativa nicaragüense.

De aquí se desprende que fuera ganador del premio Rubén Darío por dos años consecutivos en 1955 y 1956, nos dice el investigador literario Julio Valle Castillo.

Centeno fue ensayista, fundador de la editorial Siglo XX y su edición de colecciones populares, así como miembro de la Asociación de Escritores y Artistas.

Como escritor, fue uno de los más importantes narradores con un estilo realista y muy crítico de la explotación del campesinado. Uno de sus principales cuentos fue «Chente Cruz», pero en especial «La Cerca» un cuento antológico sobre la ley-fuga.

Su finalidad no era sólo escribir, sino promover a los nacientes autores que prometían vigor a la narrativa nicaragüense. De esto nos habla Octavio Robleto, uno de los mejores poetas de Nicaragua, también dramaturgo.

El Dr. Centeno, antes del terremoto del 72, «estableció una librería. El imprimía libros y los vendía a precios muy bajos para que todos pudieran leer a escritores como Joaquín Pasos, Manolo Cuadra y Emilio Quintana, entonces desconocidos para el pueblo. Esa labor fue primordial para divulgar la cultura y los autores nicaragüenses», recuerda el poeta Robleto.

«El buscó la manera de que la narrativa llegara a las clases populares», es la expresión del historiador y ex ministro de justicia, Ernesto Castillo. «Su mayor enseñanza fue verbal. Nos transmitió mucho de su conocimiento y espero que sus últimos escritos sean publicados».

«Desde la fundación del Centro Nicaragüense de Escritores, Centeno no sólo dio su aporte cultural, también nos dio su aporte jurídico en la instauración de sus estatutos», expresó el ingeniero (NR: a lo mejor el periodista quiso decir ingenioso) Luis Rocha, director del suplemento EL NUEVO AMANECER CULTURAL. A lo anterior agrega que el fallecimiento del Dr. Centeno es una pérdida irreparable para la intelectualidad contemporánea en Nicaragua.

Aunque todos estos intelectuales tienen diferentes visiones de los aportes culturales del Dr. Centeno, concuerdan en que su verdadero legado es ser un ejemplo para las generaciones del siglo XXI.

Estas consideraciones hicieron que el Centro Nicaragüense de Escritores tomara la decisión de editar una antología de su obra narrativa para que sea leída y conocida como se lo merece.
 
 
 
 
 

Santos Cermeño:

Santos Cermeño:

CAÑAMAZO

Reedición de un libro importantísimo en donde se incorpora la Costa Atlántica a la poesía nicaragüense. La temática negra abordada por un poeta de Masaya, vanguardista. (ANE—NORAD)
 
 

Centeno Bosco
Del Comedor de la UNAN, 3c. al Sur, casa 156.
Tel.: 277 3493,

 
 
 
Centeno Maria Lourdes
María Lourdes Centeno. (León, Nicaragua, 1932)

 


pintora y poeta. Es miembro fundador de la Escuela de Bellas Artes de la UNAN - LEÓN, 1969, en donde cursó estudios de Artes Plásticas.
1980: Miembro fundador del Centro Popular de Cultura de León.
 mas en Asociación Nicaragüense de Escritoras
 

Santos Cermeño Bermúdez.

Santos Cermeño Bermúdez.

 por Raúl Orozco  31 DE JULIO DE 2004   La Prensa

Sólo estando en la Costa Caribe nicaragüense, pudo el poeta de Masaya Santos Cermeño Bermúdez, tener acceso a palabras desconocidas en los años cincuenta, en nuestra región del Pacífico. Desconocidas, digo, en la poesía de este lado de Nicaragua. Bembas coloradas. Dice el poeta en su Epistoleta del canto: “parece oírse un rumor de besos y bembas coloradas y voces que hablan en extraña lengua”. Y el embrujo de Bluefields que otros encuentran en el paisaje verde o en el mar o en los barcos, para él se encuentra “en esa voz que se acompaña de los banjos. Ese canto de Oldbank que se retuerce en las noches, que aprieta la garganta de las mujeres parturientas y el pulso de los hombres que muerden sus miserias. El canto, lacrimoso y sensual a veces, alegre por las tardes, quejoso en la madrugada. Se trata, está claro, de un poeta-músico que oye rumores de besos y cantos.
Y viendo a las niñas negras camino hacia la iglesia, razonó que los ángeles allí tendrían que ser negros también:
“El sol de la mañana, en la perlada de la grama, incendiaba pomposas joyerías; y el ángel africano de la guarda iba cuidando de peligros y tentaciones a las niñas”.
David Mcfield, que buen ojo tiene y canta como Louis Armstrong, le salió al paso después, al maestro, con Dios es negro. Una herencia.
Y cuando alguien deja una herencia cultural válida para su pueblo, merece ser publicado, leído. Esto es lo que pensé cuando, después de un reiterado y casi perverso insistir a Julio Valle Castillo, en la necesidad de reflotar a Santos Cermeño, decidió por fin hacerlo, aprovechando el dudoso y discutido Centenario de Bluefields, con el apoyo del Fondo Editorial: Asociación Noruega de Escritores(ANE), el Centro Nicaragüense de Escritores(CNE) y la Agencia Noruega para el desarrollo (NORAD)
Para quienes no han leído a Santos Cermeño, la densa nota informativa que Valle Castillo escribió para Cañamazo y otros poemas, que incluye las antologías en las que ha sido incluido y los estudios realizados sobre dicho poeta, debería ser suficiente. Ya compartir premios nacionales con Manolo Cuadra, Ernesto Mejía Sánchez y Ángel Martínez, basta como carta de presentación; además, Valle Castillo nos informa del largo listado de amistades que frecuentó el poeta, con alturas como las de Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, María Teresa Sánchez, Agustín Lara(el Músico y Poeta mejicano), Rodrigo Peñalba, José Román, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, León Felipe, además de sus carteadas con Federico García Lorca.(y Nicolás Guillén)
El poeta Cermeño Bermúdez publicó Cañamazo en 1954 y por allí entró a la poesía del Pacífico, la poesía de la Costa Caribe nicaragüense. Cermeño, nacido y criado en Masaya, poeta, músico y abogado, llega a Bluefields y queda deslumbrado: “Esto es Bluefields, Joaquín, el esclavo paraíso del canto”.
Y, vanguardista como lo era, sin pertenecer al grupo de Vanguardia de Granada, creó una poesía musicalmente afrocaribeña, paisajísticamente Bluefileña e introduce, por primera vez en la poesía nicaragüense, el famoso estribillo, “Sin saima simaló” que retomarían más tarde, David Mcfield y Carlos Rioby.
Según me dijo en una de las conversaciones que sostuvimos, existía (o existe, no lo sé) una vieja canción inglesa que decía “Sing Simon, Sing my love” Canta Simón , canta mi amor, que se convirtió en Sin saima simaló. Entiendo que para siempre. Lo que sea que eso signifique.
Yo lo recuerdo cuando tenía setenta años, en San José de Costa Rica, donde en medio de tazas de café y discusiones sobre “la tal poesía”, pasaba rápidamente de un tono fogoso, a uno humorístico que fácil podría ser humor negro de allí a la carcajada mientras recitaba fragmentos de Palos de mayo en Bluefields; con la mano derecha llevaba el compás y con la voz, hacía énfasis en la intención:
“Caray, ¡Caray! La Carey
(Sin saima simaló)
Seis meses amando está;
(Sin saima simaló)”
O, acelerando el ritmo:
“y siempre vivo, endiablado,
el ritmo africano, airado
(Sin saima simaló)”
y levantando de pronto los ojos chispeantes, me preguntaba: ¿qué harías vos con un Carey? Y se reía como ríen los niños.
Yo lo recuerdo desinhibido. En un crepúsculo de 1973, me hizo conocer, cantando a todo pulmón en pleno parque central de San José, la famosísima Balada para un loco, mientras los transeúntes nos observaban como a eso: locos. Me decía de su poema “monumental” Itinerario del frío que “pronto iba a ser publicado en Argentina” y apasionadamente, hablaba de la poesía, afirmando tajantemente que “para ser poeta, hay que ser músico”.
(Observo que el libro publicado dice “Tránsito del frío”e ignoro si así estaba escrito en sus papeles o se haya equivocado el poeta al decirme el nombre de su poema, que efectivamente, es monumental)
Cuando leía un libro, Cermeño, lo convertía en un laberinto de rayas, observaciones, asteriscos, notas (en acuerdo o en desacuerdo con el autor) hasta que consideraba haberlo entendido suficiente. Un probo lector que nos lleva a considerar, también, que se trataba de un escritor probo, como lo demuestran sus poemas. Porque su poesía está llena de hallazgo y ternuras poéticos:
“Pájaros, versos, niños libres,
y el origen radiante sería recobrado”.
“Cuando los niños duermen en sus casas
la escuela es un congreso de juguetes”.
“Tus pechos dan olores de melón”.
(Mayaya lost the ky Mayayaón)
“Tus sobacos me dan una safacoca peor que
desazón”.

Julio Valle Castillo, en el prólogo, afirma que la poesía de Cermeño se siente “lastrada por Vicente Huidobro, García Lorca y Rafael Alberti”, juicio a mi parecer, un tanto injusto sabiendo como sé el aprecio personal de Valle Castillo por S. Cermeño, no hay motivos para temer el dolo. Sigo a N. Frye cuando afirma que “cualquier poema puede examinarse, no sólo como una imitación de la naturaleza, sino como una imitación de otros poemas”, lo cual viene a significar que todos imitamos, en mayor o menor medida y que muchas veces, esa imitación es deliberadamente explícita y constituye un homenaje para el imitado que imitó a su vez. Es sabido de todos que el inmenso Shakespeare, en sus obras, toma de sus fuentes, literalmente, su material dramático. Concluyo, pues, estas líneas, agradeciendo a Julio Valle Castillo su interés por la publicación de un gran poeta nicaragüense y citando nuevamente a Frye: “Pero cualquier estudio serio de la literatura pronto demuestra que la real diferencia entre el poeta original y el poeta imitativo, estriba simplemente en que el primero es imitativo de modo más profundo”. ¡Vamos robando!
Escritor.
 
 

 Cross Neville
Mansión Teodolinda,
Tel.: 228 1050 / 228 1060 / 222 4908.

 
 
 
 
Cruz Suárez Ivett
Iglesia Molaguina 1/2 cuadra al este, casa # 203, Matagalpa
Email: ivet@bw.com.ni
Tel.: (505) 0612 3270. Celular: 088 70771.
 
 
 
Cuadra José
Cuadra José
Entrada Autocínema Gando, segunda, casa # L-835,
Teléfono 27 7 2954.

 
 
 
Chacón Ninozka
Chacón Ninozka
Banco Interamericano de Desarrollo, km. 4 1/2, Carretera a Masaya.
Tel.: 267 0831 I Fax: 267 3478.
e.mail: NINOZKAC@IADB.ORG

 
 
 
José Coronel Urtecho


 13 de Marzo de 1999 |  El Nuevo Diario
En el V Aniverssario del fallecimiento de José Coronel Urtecho
  (Foto de Luis Rocha Urtecho)

E l próximo viernes 19 de marzo se cumplen cinco años del fallecimiento en Los Chiles, Costa Rica, de uno de los grandes entre los muy grandes poetas que hadado Nicaragua, y que han escrito en español en este siglo que agoniza. José Coronel Urtecho (Granada, 28 de febrero de 1906), ciertamente ha sido un infatigable explorador y uno de los escritores que más caminos abrió a la poesía hispanoamericana. Poeta, prosista experimentador y maestro, historiador e incomparable conversador, su nítida figura de boina y bastón en su Río San Juan, siempre será algo inolvidable. Y para recordar que siempre será algo inolvidable es que publicamos una antología de sus poemas y el texto con que Ligia Córdoba Barquero, con la guía de su profesora Gabriela Chavarría, en el curso de Poesía Centroamericana optó a la maestría de Literatura Latinoamericana de la Universidad de Costa Rica. Recientemente, en nuestras entregas de sus memorias, Ernesto Cardenal escribió: «Pero la figura más sobresaliente de los Urtecho ha sido José Coronel Urtecho; y su ingenio y su genio han sido no solamente lo más brillante de la familia Urtecho-Cabistán, sino de toda Nicaragua, junto con Rubén Darío y unos pocos más o simplemente: junto con Rubén Darío».
 
 

LUCIANO CUADRA VEGA


LUCIANO CUADRA VEGA, fue todo un hombre de letras vivientes que cultivó la traducción del ingles al español de diversos cronistas y viajeros que se ocuparon de Nicaragua; que desde 1927 hasta 1953 se desempeñó como periodista en los Estados Unidos; que fue una personalidad muy definida de la familia de escritores e intelectuales Cuadra Vega y que fue un amoroso y celoso archivista de la correspondencia de sus hermanos Manolo y Abelardo Cuadra Vega.
  LUCIANO CUADRA VEGA fue un protagonista de diversos movimientos políticos y militares de la segunda mitad del Siglo XX y un fraterno amigo y compañero de muchos escritores de todas las generaciones nicaragüense hasta el presente, que lo convirtieron en un nombre ineludible en nuestra cultura.
 LUCIANO CUADRA VEGA fue miembro destacado y activo del Centro Nicaragüense de Escritores,   el 24 de agosto de 1994,  la Junta Directiva del CNE le otorgó un reconocimiento  murio el 4 de septiembre del año 2001.