Periódicos y Revistas de Nicaragüa
 

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Fuentes utilizadas
     Organo de Propaganda Liberal Nacionalista       
EL LIBERAL 
Año I Número 10          pagina 5    Diciembre 15 de 1935 

Administrador Tomás Quintana     Editor Ramón Zelaya M. 


Páginas de la Guerra Constitucionalista
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Prefiere el periodista establecerse en Managua, después de oreganizada la Junta de Gobierno y continuar alli trabajos de prensa. EL CENTINELA se editaría en la capital. Varios amigos le ayudaron para la compra de una imprenta. Entra de lleno en aquel ambiente preñado de rtecelos y rivalidades, Caja de Pandora al fin.

La primera contienda estalla entre los iniciadores de la guerra, del 28 de Abril. Dos fracciones, la genuina conservadora, con Montiel a la cabeza, y la progresista con Zavala, se disputaron el Poder.

Triunfa la progresista y Zavala toma el mando del estado, como Presidente Provisional en virtud de una Junta de Notables para ese resultado convocada.

Zelaya se ofrece inmediatamente a Zavala y cambian impresiones. Transcurrían los primeros dias de Julio. La contrarrevolución liberal tomaba fuerza en la Metrópoli con Godoy y Chavarría, lugartenientes de Zelaya, escogidos por El en el momento de los arreglos de Sabana Grande. Habian sido designados Jefes del cuartel de León.

Al estallar el movimiento el día 11, Zelaya hace con Zavala el último esfuerzo. este le contesta que no puede separarse de sus antiguos amigos, los conservadores genuinos.

Zelaya y varios amigos marchan para Occidente, de donde le llamaban como a Jefe de la contrarrevolución. Le acompañaban luego todos aquellos notables liberales de la clase de Francisco Baca, padre e hijo, de Francisco Montenegro, José Madriz y otros, y también el entonces Coronel Anastasio J. Ortiz, de lineamientos conservadores.

Moncada seguía siempre a Zelaya, aunque no en la guerra, con sincera simpatía. No habia definido sus ideas partidaristas EL CENTIINELA. Ni conservador ni liberal, solamente deseaba una vida distinta para su patria; que el Gobierno prosiguiera por senderos de libertad y orden, sin caer en los extremos sectarios como se conocian en Nicaragua desde el alba de nuestra independencia de 1821.

Zavala no puedo sustraerse a la influencia extremista. Su Gobierno nació en el nido oligarca y parecia impotente para desarrollarse sólo y con nuevas y reales energías. EL CENTINELA  renació en Managua en los días del movimiento occidental. Hizo campaña luego contra conservadores genuinos. El nuevo Presidente recibía excitativas para suprimir el periódico, pero sólo las escuchaba.

De la Sultana clamaba cierta prensa, duramente, contra Moncada. El Director General de Correos impedia por modo expreso la circulación de las hojas adversarias del Gobierno; pero más directamente de las que deseaban el olvido de lo pasado, tan oligarca, y el nacimiento de una nueva éra, democrática y liberal, liberal y no de familias privilegiadas EL CENTINELA Y EL DIARITO de Carlos Selva tenian nota negra en los conciliábulos y en la voluntad esforzada de la oligarquía.

Esta palabra, oligarquía tiene raíces profundas en el planeta que habitamos, desde los tiempos de Zoroastro, de la India y los Arios, o de Mahoma y de todas las naciones europeas de aquellos troncos principios engendrados; y es de justicia y de honor que el pueblo se rebele contyra ella, porque el pueblo no ha nacido esclavo, sino en la igualdad perfecta de inteligencia, voluntad y cerebro. Si Dios mismo nos hizo a su imagen y semejanza, todos tenemos deerecho a gozar del patrimonio común, no en el sentido oligarca, restringido, menos en el sentido comunista, el sentido de los que no trabajan, sino pretenden vivir de lo ajeno. Mucho se abusa de la palabra divina. Si descendemos del Ser Supremo, su Justicia, por igual ha de descubrirnos a todos; y no es de los cristianos ni católicos el pensar que Dios tiene la culpa de la desigualdad que existe en el mundo. Si nos forjó a su imagen y semejanza, todos tenemos derecho a la igualdad y si no sabemos usar este derecho, quiere decir que en este mundo perecedero nos hemos pervertido, por halago, necesidad, ignorancia, ambición o miseria. palbaras que por si solas representan la mezquindad humana. El Ser Supremo, pues, no tiene la culpa. Consiguientemente, en politica y en todas la circunstancias de la vida, la doctrina de la igualdad es primera y en ella ha de inspirarse el legislador para declararla y reglamentarla en el mundo.

Zavala pensaba en le bien del pueblo y que a las violencias de sus amigos y consejeros respondia invariablemente con la palabra igualdad. Si tanto pecan los liberales como los conservadores, el castigo ha de ser para ambos bandos, no seria justo que por algun partido que nos ha llevado al Poder se sacrifique a los demás.

De esta manera, por el pensamiento generoso del Presidente Zavala, en medio  de la guerra, la libertad de imprenta, y por ello decimos que él merece el renombre de liberal honesto en la administración pública. 
Es una legitima gloria de Nicaragua.

El CENTINELA  atacaba al conservatismo extremista y por esta causa algunos querian suprimirlo como tambien a EL DIARITO radactado por Carlos Selva, uno de los escritores mas briosos que Nicaragua ha tenido. Mas no pudo Zavala evitar un dia que el redactor de El Centinela fuera llamado al Despacho de la Gobernación para amonestarle. Se decia que le darían de alta para engrosar las filas conservadorqas en Mateare y Nagarote, donde ya paleaba por su triunfo la Revolución de Julio, pero los hechos no comprobaron el rumor.

El Centinela no pasó pues a mejor vida. Se mantuvo en la porfia con un periódico granadino, porque los periodistas, enfermos de escritura y publicidad, son como las familias mal educadas, o el pueblo de los mercados. Mientras los demás pelean de verdad y frente a frente, los periodistas cruzan el espacio con sus diatribas, muy lejos, es claro, del combate real y verdadero. Gustan de los mandobles de la pluma, pero no de la espada. Y El Centinela hubo en aquellas terrorificas circunstancias un émulo tan espirituado como el diablo, en esta clase de ejercicios de lenguaje.

Mientras la guerra ardía, Moncada reflexionaba. A cada golpe recibido, su experiencia enriquecia. En el Hotel Lupone conoció a muchos hombres, ya célebres en la vida de Nicaragua y Honduras.

En el Hotel Lupone Policarpio Bonilla, emigrado hondureño. quien recogía con sus compañeros las armas que conservadores y libarales dejaban u olvidadan ene el camino.

Era hormiga que acarreaba para sus hijuelos. El Centinela fué su partidario y le ayudó con palabras y escrituras, no con la sangre, contra el tiranuelo de Honduras, Domingo Vasquez, de quien se decia muy mal en Managua por haber insulatdo la Bandera nicaragüense.

En el Hotel Lupone, Moncada hizo igualmente intima amistad con Rigoberto Cabezas, Carlos Alberto lacayo y Horacio Guzman, ex Ministro de Nicaragua en Washington. 

En la tertulia, Moncada escuchaba a aquellos hombres. Horacio Guzmán afirmaba con frecuencia que el Departamento de estado deseaba la reincorporación de la Mosquitia y que por esa causa era obra sencilla llevarla a término. Lacayo y Cabezas se posesionaron con entusiasmo de la idea. Al triunfar Zelaya, Ellos mismos le propusieron el plan y ésto sin duda dió origen al nombramiento de Rigoberto Cabezas para la Intendencia de la Costa Atlantica y de Lacayo, en calidad de Comisario.

En consecuencia del Hotel Lupone salió la idea, apoyada con el brazo y el poder de Zelaya, a quien ha de tributarse el honor merecido por su amor a la Patria. En esto pocos nicaraguenses podran resistir una comparación o igualarle.

Otro incidente de confianza y amistad, abrió mucho los ojos de Moncada. El tenía simpatias por el Gobierno de Zelaya, deseaba su progreso; pero en El Centinela se veia de continuo obligado al ataque contra algunos hombres influyentes del Gobierno y no hallaba el medio de evitarlo, por su propio temperamento y el caracter independiente de su periódico.

Rigoberto cabezas - le decía, "Yo no encuentro una salida honrosa para éste diario. No quisiera atacar al Gobierno de Zelaya.

- Suprimalo y acepte un puesto en el Gobierno. Hay un empleo que le conviene, Juez de Minas de La Libertad. Alli hay oro."

Moncada recibió a mal el consejo de Rigoberto Cabezas, pero guardó silencio. Hace después la misma pregunta al presidente Zelaya, quien igualmente guardaba afecto.

- Suprima el diario y escoja un puesto en el Gobierno dijo.

La resolucion del problema envolvia al protagonista de ésta narración en intensas meditaciones. Le parecía. le sabia muy mal el abandono de aquella que el, como muchos, han llamado, la tribuna de la prensa, el cuarto poder del Estado, por un empleo.

Se hallaba poseído, a la manera de todos los periodistas, de tan grande y excelso apostolado.

Resolvióse a la lucha, a concluir como bueno la jornada, y los ataques a los hombres de Zelaya, especialmente contra José Dolores Gámez y Anastasio Ortíz, subieron de tono y colorido.

Contra el primero tenía Moncada un pequeño saldo pendiente, por haberle propuesto el dia de la entrada triunfal de Zelaya a Managua, la redacción de LA GACETA.
 Y de que manera ? repuso Moncada.

Us sabe que EL CENTINELA es diario independiente, que de cuando en vez podria censurar al Gobierno, mientras que en LA GACETA me veria obligado a defenderle.

Los ojos movibles de Gámez se fijaban en unos papeles.
Ya éra dueño, sin nombramiento, del Ministerio de Fomento. Acababa de decir. "Esto lo hemos hallado". Parecia una confesion salida del fondo de su alma, pues en La Cuesta habian triunfado las fuerzas de Zavala, cuando un Jefe conservador ordenó la retirada.
Gámez, en fin contesta:

Eso es muy fácil.

-Pero no lo haré, replicó el Redactor de EL CENTINELA. Le recomiendo a Manuel Coronel Matus para ese puesto, quien hubo de ascender, por ese medio, a principales dignidades de La República, porque lo merecía, por su talento y devoción al Liberalismo.

Los escritos de EL CENTINELA produjeron efecto. Cierto día recibió órden su redactor de llegar a Palacio.

Llegó. Zelaya se hallaba sentado en su escritorio. Gámez de pie en frente. Otro personaje Luciano Gómez emuló a Gámez, sentado en una butaca.

Zelaya ofreció asiento al recien llegado. Gámez esquiva la mirada.

Que motivos tiene usted para atacar al Gobierno ? preguntó el Presidente.

No es el Gobierno a quien ataco, contesta Moncada, sino a Gámez y a Ortiz.

Eso es lo malo, dijo muy quedo, guiñando el ojo, Luciano Gómez.

Estad ha da someterse a la censura, interrumpe Gámez colerico.
de lo contrario su Diario será suprimido.

-- Es preferible esto, señor Presidente. pues no me someteré a la censura de su ministro. Prefiero volver a Masatepe a sembrar café.

-sí. repuso Zelaya con ironía, la agricultura necesita de brazos.

Moncada guarda silencio y pide permiso para retirarse, pensando en que su brazo lo emplearía alguna vez en contra de la dictadura.  Había de llegar la hora.

Comenzaba aquel régimen, pero ya se llevaban por fuerza a Managua, a los indios de las Segovias. para cortar café.

Descansa un momento en su casa el Redactor de LA CENTINELA 

Luego entra un ayudante del Presidente y le dice que de orden superior se presente al Comandante de Cuartel Principal, Aurelio Estrada.

Obedece el referido Redactor y se presenta en el cuartel.

Estrada estaba impaciente. -Sentía cariño por Moncada. Eran ambos buenos amigos. Ocurre al telefono y pregunta

-De capitán, contesta el mismo Presidente.

Por unos articulos de periódico alcanza entonces Moncada su primer grado en el Ejercito. Empero, Estrada le concede permiso para trasladarse a Masatepe, a la siembra de café ciertamente pues poseía una pequeña finca. 

Era el final de 1893, noviembre, según las crónicas. Ya crujia la guerra en Honduras.

Estrada creía que le enviarían allá,  enseguida y dijo a Moncada que le llamaría en este caso. En efecto, le llamó. mas no Quiso ir el periodista. Todavía repugnaba la guerra a sus sentimientos y había desaparecido su creencia en Zelaya. 

Objeto de cavilaciones y profunda meditación ha sido para el ex-Presidente este capítulo de su vida. 

Cree que es el suceso mas responsable de su actuacion revolucionaria de su aficcion militar, de su destino casi. En los años subsiguientes, su alma se encendia contra Zelaya. No le aborrecía, pero queria su caida. Apenas escuchaba algo de movimientos guerreros, el periodista puganaba por tomar la espada. Su primer ambicion, la fama del escritor, se desvanecía, se le arrebataba la pluma y tambien la libertad de pensar. Presentía su porvenir deshecho, rota la pluma y se erguía contra la injusticia, el vacio en que la tirania le arrojaba.

habia trabajado mucho ese año por mantener EL CENTINELA. Lo escribia de dia y por la noche impuldsaba con sus pies la prensa de pedal en que se editaba. El mismo envolvia y enviaba al correo los paquetes de su diario, para todos los agentes y en parte para el exterior. Obrero y escritor a la vez, gacetillero, asi que asisitente a la Asamblea Constituyente de aquel año, de la cual tomaba los discursos de los oradores, de Coronel Matus, Policarpio Bonilla, Luciano Gómez, Gustavo Guzmán y tantos otros. Una que otra vez tuvo colaboradores oficiosos. Vivia al dia, en la pobreza, y bajo la balumba de la politica y de los clarines guerreros. 

¡Cuántas veces, en la vigilia, ha creído con fe ciega en la profunda certeza de la psicologia, de cuando afirma que la adversidad forja al hombre más que el goce de todas las comodidades.' Le dá aliento para resistir, si su alma ha tenido la lumbre del carácter, encendida desde la infancia. La persecución que el Gobiero de Zelaya inició contra El. ora  por si mismo ya por medio de sus agentes, fué tan dura y a muerte, que cada quilate de su rebledia se aceraba, forjándole estoico al dolor, insensible a la cárcel, sereno, con desprecio de la muerte tantas veces y tan de cerca presentida. Mas bien encendiase el perseguido en su ambicion de luchar contra la dictadura y de vencerle. Fueron diez y siete años de pensamiento y acción, destierro, pobreza y propaganda, que ayudaron a la ruina de la dictadura zeyalista. Siete por ello el escritor cuando de esto habla, el orgullo mas justo. 
 

 

 
 



 
 
CATALOGO DE PERIODISMO EN NICARAGUA
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MAURICIO PALLAIS LACAYO - DR. ANDRES VEGA BOLAÑOS - DR FRANCO CERUTTI - LIC. CARLOS MELENDEZ CHAVERRI -
REVISTA CONSERVADORA DEL PENSAMIENTO CENTROAMERICANO No. 116 DE MAYO 1970
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