Periódicos y Revistas de Nicaragüa

POR ORDEN CRONOLOGICO DE APARICION:
Periódicos y Revistas Actuales :
Primeros Periódicos y Revistas  1830 - 1859
Periódicos y Revistas 1860 - 1890
Periódicos y Revistas 1891 - 1920
Periódicos y Revistas 1921 - 1950
Periódicos y Revistas 1951 - 1990
Primeras Imprentas de Nicaragüa
Fuentes utilizadas

Primeras publicaciones en Nicaragüa:
Periódicos y Revistas del Pasado:
1860  - 1890 

1861 La Unión Nacional de Nicaragua (A. Rivas)
Anselmo H. Rivas en Granada, 
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857, como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió, cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua (1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863, llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país


1862  El Buscapié
 

Agudo y espontáneo, el humor constituye el más rico patrimonio vital de los granadinos y fue canalizado en publicaciones periódicas de índole satírica como  (), semanario en el que se inició como escritor Enrique Guzmán Selva, uno de los cultores del humor granadino en el siglo XIX;



1863 Boletín de Noticias , lema: "La justicia vence".


      El Eco de Occidente 
 
 trae el siguiente lema: 
El hombre no nació para si mismo sino para su patria.

t



1865  El Porvenir (Enrique Gottel)
En un escrito del 12 de agosto de 1874, don Enrique expresa: "El Porvenir, será siempre enérjico sostenedor de los intereses del partido liberal Centroamericano; i cumplirá fielmente con su programa de ilustrar al pueblo; combatir la ignorancia, elfanatismo i los abusos; promover el bienestar de los cinco Estados en general i el de Nicaragua en particular". Fue firme en sus ideas, respetuoso y humanista, aunque masón declarado construyó una iglesia católica y una escuela en el poblado de Nindirí. 


1865  La Gaceta de Nicaragua


1867 La Libertad


1870 La Chirimía (El Salvador ) 
La Chirimía, una revista quincenal nicaraguense que editaba en El Salvador hacia 1870 el poeta Francisco Zamora (1820-1871) Y en la cual satirizaba en verso a sus enemigos políticos; 

1872 El Semanal Nicaragüense (A. Rivas)
Anselmo H. Rivas en Granada, 1857
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857, como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió, cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua (1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863, llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país


 1874  El Trabajador (1874), de Rivas, primeros intentos de periódicos vinculados a los  ideales obreros y "obreristas”. 



1875  "La Tertulia" Masaya 


1875 El Centinela Católico, periódico editado probablemente en León.  Allí circulaba, desde Enero de 1875. 


1877 El Sentimiento Católico (1877-1893) comenzó a editarse como quincenal religioso (sic) científico y de variedades, 
El Sentimiento Católico fue el mejor y más consistente órgano del pensamiento eclesiástico de  su tiempo, sobre todo a partir de su enfrentamiento directo con la política liberal. La consagración citada fue paralela a otra: la del obispado de Nicaragua, o diócesis de León,  todas sus parroquias, al "sacratísimo Corazón de Jesús" el 28 de Junio de 1889.

 1878 Lira nicaragüense de Félix Medina 
 
(Chinandega: Imprenta Progreso) 
primera antología de poesía que se publicó en Nicaragua 


1878 La Prensa (Enrique Guzman)
INCLUYE UNA COLECCION DE LAS GACETILLAS DE DON ENRIQUE GUZMAN



1878  el Diario del Comercio (El Salvador )
(1878) el Diario del Comercio, también editado en San Salvador, que en 1878 fundó 
              y comenzó a dirigir otro poeta, Román Mayorga Rivas (1862-1925); 
Capítulo significativo e imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente, de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo ámbito.


1878 El Pueblo, periódico que publicaría en la capital de Guatemala nada menos que Rigoberto Cabezas.
Capítulo significativo e imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente, de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo ámbito.



1883 La Aurora,  de Managua. Bajo la dirección de Carmen J. Pérez, futuro propietario de los talleres que llevaron su nombre y que aún perduran, este periódico tuvo acogida tanto en la capital como en los departamentos.
La Aurora era una hoja de propaganda de la sociedad de artesanos del mismo nombre.
Hubo varias de éstas agrupaciones mutualistas antes y después de la entronización en el poder del Gral. J. Santos Zelaya, quien las promovió. 



1880 El Centroaméricano (A. Rivas)

Anselmo H. Rivas en Granada, 1857
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857, como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió, cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua (1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863, llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país



1881 El Ensayo  dirige FRANCISCO CASTRO y (colabora Rubén Darío entre otros.)

El Ensayo (1880-81)
La otra mentalidad, de tendencia liberal y positivista, que representó a los jóvenes intelectuales de la ciudad de León, entre quienes sobresalía Rubén Darío. 
La Prensa Literaria, 20 de Marzo, 1983, en las que detallamos sus colaboraciones: Rubén Darío un cuento, nueve artículos desconocidos con el seudónimo de Jaime JiI y sus ya conocidas poesías iniciales. 
 
 

En junio de, 1881 veía la luz la primera publicación periódica: El Ensayo, dirigida por FRANCISCO CASTRO
empezó a reunir las obras de autores nicaragüenses existentes en las bibliotecas privadas.

Rubén Darío en El Ensayo, la revista literaria de León, donde alcanzó fama como "poeta niño". 
 

Al final de la heroica indagación en los papeles viejos de Centroamérica, ha podido el doctor Diego Manuel Sequeira trazar un cuadro cabal de la labor de Rubén Darío que está dispersa en los periódicos de los cincos países y que abarca su producción iniciada el 26 de junio de 1880 —tenía 13 años— en que aparecieron en el “Termómetro” de Rivas, sus versos titulados “Una lágrima”. Al día siguienteel 27 de junio de 1880 la revista “El Ensayo” de León, publicaba “Desengaño” con el seudónimo-anagrama de “Bruno Erdía”. 

En 1880 escribe Rubén Dario en su Autobiografia

Ya iba cumplir mis trece años y habían aparecido mis primeros versos en un diario titulado: El Termómetro, que publicaba en la ciudad de Rivas el historiador y hombre político José Dolores Gómez” (Autobiografía.) Entre enero y septiembre escribe: “Naturaleza”, “Al mar”, “a Víctor Hugo”, “Clase”, “Una lágrima” “Desengañado” “A...”, “El poeta” y “A ti”. Publica asimismo en la revista El Ensayo de León y firma con sus anagramas: Bruno Erdía  y Bernardo  I, U. “Otros versos míos se publicaron y se me llamó en mi República y en las cuatro de Centroamérica, “el poeta niño”. (Autobiografía) 
 



1881 La Avispa , de León; 
Los periódicos de índole humorística y satírica:



1881 El Album,  JOSE DOLORES GAMEZ en Rivas 

 El Album (Agosto, 1880-Septiembre, 1881) en Rivas; 


1881 El Ateneo  ( Tomás Ayon ) en León
  El Ateneo (Septiembre, 1881-Febrero, 1882)

El Ateneo (1881-82)
El Ateneo, órgano de la sociedad del mismo nombre, convocó a los más cultos intelectuales leoneses presididos por Tomás Ayón (1820-1887). La tendencia de esta revista era científico-literaria, predominando el positivismo. 

Editado en la imprenta de Justo Hernández, El Ateneo alcanzó siete números. Colaboraron en sus páginas, Rubén Darío (con sus ocasionales e inspiradas composiciones de "poeta civil") y, sobre todo, el Presidente de la sociedad Tomás Ayón, quien teorizó sobre estética (el arte y la belleza, el gusto, el estilo y la razón en literatura). La revista estaba a cargo de Alfonso Ayón (1858-1944).



1881  La Verdad (León).
 
El 10 de Julio de 1881 Rubén Darío 
En el periódico político La Verdad, de León, escribe artículos de combate que redactaba a la manera de Juan Montalvo, contra el gobierno. En diciembre su fama lo lleva a Managua, buscando ayuda oficial, y cuenta con la protección de los liberales. 



1882 Prensa Nicaragüense (Rubén Darío)
1882 "Prensa nicaragüense", poema escrito a mediados de 1882. Entonces, teniendo el poeta quince años, acababa de acceder a la Presidencia de la República el doctor Adán Cárdenas.

1882; El Canal de Nicaragua, fundador Carlos Selva, 
 
 

Francisco Escobar Acuña, uno de los más fieles biógrafos de Cabezas, relata, que don Enrique Guzmán, a quien Barrios hizo general de Brigada para que se incorporara al movimiento unionista, era el amigo más íntimo de Cabezas. Y los dos discrepaban acaloradamente, frente al resto de los emigrados, que comandaba don Chico Baca, quien después llegó a figurar destacadamente en la política nicaragüense. 

Pero como el tiempo pasaba y Barrios no iniciaba el Movimiento unionista, el Club de los Franciscanos se dedicaba a "matar el tiempo". Unas veces engolfándose en terribles discusiones y buscando, en definitiva, quién sería el jefe de la falange que iría con el General Barrios a hacer la unión. 

Y en los que toca a don Enrique Guzmán, no perdía el tiempo. Y todas las noches, antes de irse a la cama, escribía su "Testamento negro", o sea su diario íntimo, donde dejaba constancia de todo lo que hacía en el día. 

En esos apuntes, dejó escrito que había venido a Guatemala como liberal y aquí se había convertido en conservador, para llevarle la contra a Barrios. 

Este diario es muy interesante, pues refleja el estado social y político que vivía Guatemala en esa época. Incluso, las entrevistas que tuvo con el presidente Barrios. 

Días antes de emprender Barrios la marcha, Guzmán recibe el grado de mariscal adjunto; o sea el de general de brigada. Pero por padecer de una pierna, no se le exigió ir al frente, sino quedarse en la retaguardia. 

A don Enrique Guzmán le quebró la pierna de un balazo su primo Carlos Selva, en Nicaragua, al no entenderse políticamente. Selva tomó esta represalia después de que su primo Guzmán, en una noche sin luna, le dió de garrotazos... 

Y como en aquellos tiempos las noches nunca pasaban, acaso porque el calor no era tanto, Rigoberto Cabezas y Enrique Guzmán se encerraban en la casa donde habitaban los miembros del "Club de los Franciscanos", para hacer repasos y pases. O al revés. Pases y repasos. Pases, porque Rigoberto era amigo de las prácticas espiritistas. Y en medio de las discusiones, Rigoberto narra historias fantásticas. Y repasos, porque cada noche los emigrados nicas cambiaban el plan de ataque contra Cárdenas, pues el presidente Barrios les había ofrecido llevar los efectivos militares hasta las cosas nicaragüenses. 

Rigoberto Cabezas, bastante joven, y por lo mismo más escritor y periodista que político, no se entusiasma demasiado; y así permanece frío ante los preparativos que en Guatemala se hacen para llevar adelante la idea unionista. 

 

MANFUT ORG ESTA RECOPILANDO BIOGRAFIAS DE PERIODISTAS QUE TRABAJAN O COLABORAN ACTUALMENTE 
CON ESTE Y TODOS LOS DIARIOS, SEMANARIOS, QUINCENAL, MENSUAL, 
IGUAL REVISTAS PERIODICAS DE TODA CLASE Y ESPECIALIZACIONES.
ESCRIBA A ed@manfut.org


Lo que consagró al Presidente Guzmán fue su respeto a la LIBERTAD DE PRENSA, Principio Universal proclamado como un derecho en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 (Revolución Francesa). 

Principio que también recogió la Constitución de la República Federal de Centroamérica de 1824, pero para comprender mejor esta actitud del Presidente Guzmán, hay que conocer la situación histórica que vivía en su época la Prensa en Nicaragua. 

Así lo describe con todo patetismo el ilustre periodista Carlos Selva (1838-1912) tres tipos de prensa se daban en ese entonces: 

La Ministerial «que envuelve al mandatario en densa nube de incienso». 

La de Partido, cuyo espíritu llega hasta negar a los demás y de empeñarse en sostener que solo lo nuestro es virtuoso, racional y patriota», 

y la Independiente: «la verdadera, concebida en una república democrática como el Cuarto Poder y la salvaguardia de todas las libertades». 

Guzmán se decide por esta última y así lo expresa muy claramente en su mensaje a la Nación, al tomar posesión de la Presidencia el 1ro. de Marzo de 1867: 

«Conozco muy bien, que en el lugar en que estoy colocado, voy a ser por cuatro años el blanco de críticas acerbas, pero antes de tenerlas, deseo por lo contrario oír respetuosamente la voz autorizada y franca del supremo Juez de la época del tribunal de la civilización, de la opinión pública: 

La opinión tiene su voz y esa voz es la prensa. Por ella tengo amor y veneración. Yo la llamo en mi auxilio, deseo sus consejos, sus severas indicaciones; y al invocarlas para que no me guíe en tan escabrosa senda, no llamo a la prensa civil y aduladora vendida siempre al Poder... Republicano por convicción y por carácter quiero oír los consejos de la prensa que critica con moderación e independencia, quisiera escuchar sus juicios por severos que sean». 

Se afirma que quien redactó este manifiesto fue su hijo Enrique Guzmán Selva, uno de los fundadores del periodismo nicaragüense junto con Anselmo H. Rivas, Rigoberto Cabezas, José Dolores Gámez y Carlos Selva, los mismos que hicieron posible en 1884 el nacimiento del diarismo: 
 
 
 
 

 



1882  El Día (Costa Rica)
Enrique Guzmán, fundaba otro diario en San José, Costa Rica, acompañado de Pedro Ortiz (1859-1892): El Día.
Capítulo significativo e imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente, de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo ámbito.


1882 El Censor , también de Granada; 
Los periódicos de índole humorística y satírica:



1884 El Diario de Nicaragua (Anselmo Rivas) Granada
EL DIARIO DE NICARAGUA aparecido en Granada el 1 de Marzo de 1884 bajo la dirección de Anselmo H. Rivas y Rigoberto Cabezas.


 1884 El Látigo (León) recibió el calificativo de "periodicucho", 


1884 El Artesano  de Managua, dirigido por Félix Pedro Zelaya, 


1885 El Constitucional
 
En 1885 el joven RUBEN DARIO. con la colaboración de PEDRO ORTIZ ( 1859-1892). empezó a reunir las obras de autores nicaragüenses existentes en las bibliotecas privadas.  Al siguiente año circulaba. siempre en León, la cuarta Revista literaria bajo la responsabilidad de MARIANO BARRETO (1856-1927) y SAMUEL MEZA  (1867-1930). Y, para cerrar estas prioridades cronológicas. ese mismo año y en la capital se imprimía el primer libro de lectura para la juventud nicaragüense y primera antología centroamericana de prosa y verso: Frutos de nuestro huerto (1888) preparada por Ortiz y PEDRO GONZALEZ.

1886 El Independiente (Ramón Mayorga R.)
El Independiente (1ro. de Enero, 1886-Julio, 1887), bajo la dirección de Román Mayorga Rivas,  era predominantemente informativo y comer 



1886 El Ferrocarril (Jesús Hernández Somoza) Managua.
Al primero, en el que colaboró varios años, Darío lo retrató con un soneto en cuya segunda estrofa alude a los jefes de estado centroamericanos: Tomás Guardia de Costa Rica, Justo Rufino Barrios de Guatemala y Rafael Zaldívar de El Salvador:
Bien arreglado, bien impreso, bueno, Maldice a Tamerlán, canta a Bolívar; Al que está bien con él, brinda almíbar, Al que está mal con él, le da veneno;
Siempre sale pulido, siempre ameno; A Guardia ofreció amargo, rudo acívar; Flores da a Barrios, flores a Zaldívar, Hurras al genio y al tirano cieno.
He aquí "El Ferrocarril" con redactores Que le honran, con Hernández y Somoza. Merece de nosotros mil loores
Ya que no le finjamos otra cosa,
Y sobre todo, que es bastante módico Para ser, como es, un buen periódico.

El Ferrocarril era dirigido por Jesús Hernández Somoza, uno de los periodistas más dinámicos de la época y amigo de Rubén Darío, como Eugenio López, director de El Imparcial (1886-1887). Sobre el segundo, el joven poeta dejó estas dos finas y simpáticas cuartetas:

MANFUT ORG ESTA RECOPILANDO BIOGRAFIAS DE PERIODISTAS QUE TRABAJAN O COLABORAN ACTUALMENTE 
CON ESTE Y TODOS LOS DIARIOS, SEMANARIOS, QUINCENAL, MENSUAL, 
IGUAL REVISTAS PERIODICAS DE TODA CLASE Y ESPECIALIZACIONES.
ESCRIBA A ed@manfut.org

RUBEN DARIO, autor de esos recuerdos, se refería a las prédicas del evangelio de las letras francesas del mexicano RICARDO CONTRERAS, a las traducciones de Teófilo Gautier realizadas por MODESTO BARRIOS para los folletines de la época, a la conmemoración de la toma de la Bastilla. con discursos y brindis en verso, a las charlas sobre música e "historia de la palabra", y al aprendizaje de la écriture artiste. De esta actitud estilística, promovida por Barrios desde su dirección de La Biblioteca Nacional, participaban el mismo RUBEN DARIO y sus compañeros del barrio latino, sector de la ciudad donde se ubicado todas sus imprentas: la Nacional y la redacción de La Gaceta cargo del traductor JOSE DOLORES ESPINOSA-. las de El Ferrocarril, El Porvenir de Nicaragua y El Mercado, periódicos dirigdos respectivamente por HERNANDEZ SOMOZA. el italiano FABIO CARNEVALINI Y RAFAEL A RIVAS.


1886 El Cardenista,  de Managua. 
Bien bonito Bien aseado Bien escrito Bien peinado. Dios asista Al hermoso Y estudioso El Cardenista”.



 1886 El Imparcial (Eugenio López)
 
 Autobiografía de Rubén Darío

En enero de 1886 aparece El Imparcial de Managua, bajo la dirección de Darío, Pedro Ortíz, y Eugenio López. 

“A causa de la mayor desilusión que pueda sentir un hombre enamorado, resolví salir de mi país” (Autobiografía). 

El general poeta salvadoreño Juan Cañas, que había sido diplomático en Chile, lo decide: “Vete a Chile. 

Es el país donde debes ir: Vete a nado, aunque te ahogues en el camino”. 
Embarca en Corinto (5 V) en el “Uarda” y arriba a Valparaíso el 24 VI. 

Publica “La Erupción del Momotombo” en El Mercurio (16 VI) y en colaboración con Eduardo Poirier (“fue entonces, después y siempre, como un hermano mío”). Escribe la Novela Emelina para el Certamen de la Unión de Valparaíso. 

Se traslada a Santiago y se incorpora a la redacción de La Epoca (director: Eduardo MacClure) donde conoce a la élite intelectual santiaguina (Luis Orrego Luco, Manuel Rodríguez Mendoza, Narciso Tondreau, etc.) y hace amistad con Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente (10 XII). 
 


1887   "El Managuense", de don Fabio Carnevallini,   de índole política
 

Don Fabio Carnevalinni
(de origen Italiano "Milan") con su esposa de Nombre Hanna "No apellidos?" (de origen Judia-Alemana) se casaron en Italia, y tuvieron dos hijas mujeres,  el era periodista  y al parecer por su ideologia don Fabio se tubo que venir a America huyendo por persecusion ya que su ideologia era de libertad, y llego a Estados Unidos alla por los 1,800's y tantos, y se instalaron en el area Noreste, tuvieron un varon y otra hembra, y la familia grande, sin el idioma obtuvieron la oportunidad de adquirir tierras en Nicaragua , (al parecer) el bisabuelo miro la oportunidad y acepto venir a llevando asi a los menores de su familia, ya que las mayores contrageron nupcias en U.S.A. y asi en su nueva tierra Don Fabio y Dona Hanna tuvieron una ultima beba, la llamaron "Amanda" en estos duros años mi bisabuelo unió esfuerzos e ideas con un Sr.Solis de origen Espanol-Aleman para fundar un Diario y en ese entonces este Sr.Solis tenia una primera imprenta de Nicaragua en aquel entonces, y asi fundaron el periódico el "Clarin" cuando la gran sultana "Granada" era la capital de Nicaragua, el hijo mayor de este Sr.Solis, contrajo nupcias con la hija nacida en Nicaragua, Amanda .


El 7 de febrero de 1881 
fueron firmados los estatutos de la Compañía Anónima de Vapores del Lago de Managua por Pablo Giusto, Santiago Morales; Idelfonso Vivas, F. Alfredo Pellas, Ramón de Espínola y Luis Palazio. Ya para entonces tenían armado el primer vapor. Era el vapor "Amelia", nombre que se le dio en honor de Amelia de Zavala, hija del presidente. Hizo su primer viaje de prueba el primero de marzo y el 3 fue hasta Tapitapa. Se desplazaba a 10 millas por hora, tenía 50 toneladas de porte y 90 pies de largo. El acto solemne del bautizo se verificó en la entrada del río Tipitapa el 27 de ese mes. 

El Presidente Zavala y su comitiva de a bordo fueron saludados con disparos de cañón a la partida del barco. Al arribo a Tipitapa, la señorita Isabel Martínez, madrina del barco pronunció un discurso y también tomaron la palabra Pablo Giusto y Fabio Carnevallini. Se sirvió un almuerzo bajo una enramada y por la noche se dio un baile. El 28 se hizo el viaje de regreso. El primero de abril este barco hizo su primer viaje a León Viejo. 
 



 1887 El Ensayo en Granada 
Imitaba el esfuerzo de los jóvenes leoneses de El Ensayo con otro periódico del mismo nombre, órgano de la sociedad científico-literaria de los alumnos del Instituto de Oriente.


1887 La Nación (Tegucigalpa) 
Dos años después, Carlos Selva dirigía en Tegucigalpa, Honduras, el semanario La Nación(1887); 
Capítulo significativo e imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente, de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo ámbito.
 

CARLOS SELVA (* )

MANFUT ORG ESTA RECOPILANDO BIOGRAFIAS DE PERIODISTAS QUE TRABAJAN O COLABORAN ACTUALMENTE 
CON ESTE Y TODOS LOS DIARIOS, SEMANARIOS, QUINCENAL, MENSUAL, 
IGUAL REVISTAS PERIODICAS DE TODA CLASE Y ESPECIALIZACIONES.
ESCRIBA A ed@manfut.org

El talento de que disfrutó, como feliz herencia de familia, y las hábiles capacidades desplegadas durante su inquietante vida, hicieron de Carlos Selva una de las más interesantes figuras entre los periodistas centroamericanos de su época. Fué periodista por innata vocación, y además, como se estilaba entonces, editorialista vibrante y erudito. No tuvo otra profesión ni se mezcló en otras actividades que no fueran las del periódico.

Recibió clases de gramática castellana, latín, lógica, filosofía e historia y otras ciencias, en las escuelas y colegios que existían en Granada a mediados del siglo pasado, ya que en su obra de prensa mostró haber obtenido buena base cultural, y por las varias citas que hace en sus escritos demuestra, por otra parte, haber sido acucioso lector de los clásicos latinos y castellanos. Sus ideas políticas y sociológicas, de acuerdo con lo que él publicó en algunos de sus escritos, están basadas en los principios sustentados por A. de Tocqueville, en su obra De la Democracia en América. Con frecuencia cita a este sociólogo francés, en apoyo de sus argumentos, al desarrollar sus ideas.

Su prosa es natural y fluida, de propio y original estilo, y de períodos largos sin faltar a la sintaxis; y en general, su lenguaje ofrece clara sencillez. Cuando la ocasión lo requería, apelaba a lo vernacular o a lo castizo. Escribía las cuartillas apresuradamente y de corrido, sin volverlas a leer, y así las entregaba a la imprenta. A veces eran sus caracteres tan ilegibles que parecían indescifrables. Dichosamente tenía a mano un cajista hábil e inteligente que levantaba sus originales con precisión. Sus escritos en ocasiones tomaban la forma de un chorro de palabras duras, hirientes, golpeando con vigor el objetivo. Tenaz y agresivo para acometer y fecundo en recursos retóricos para defenderse, su propósito era anonadar al contrincante o desarmarlo. Poseía para esto habilidad de gimnasta en el juego de los argumentos que usaba. Era un Proteo y profesaba la doctrina de Pirron: "A todo razonamiento se puede oponer un razonamiento". Por su formidable dialéctica y el vigor del ataque, guardando la distancia de escenario y público en que se movió el periodista nicaragüense, puede comparársele con su contemporáneo Rochefort.

Sus campañas de prensa las dirigió contra las fuerzas que trataban de impedir o impedían el libre ejercicio del pensamiento. Por eso mismo nunca puso en almoneda su pluma, ya que para defender una idea o alguna personalidad tenían primero que estar convencido, de acuerdo con su criterio, de la bondad de aquella o del correcto proceder de ésta. Vivió del trabajo de su pluma y aunque se le han hecho cargos injuriosos, nadie le pudo probar nunca venalidad, adulación o cobardía. Cuando brotaba de su nerviosa pluma la crítica, la acusación o la invectiva, no esquivaba el cuerpo: en varias oportunidades probó el temple de su alma.

Era de baja estatura, algo ventrudo, pero de tipo blanco con finas facciones físicas, nariz regular, amplia frente y espeso mostacho. Cuando regresó de Europa en 1894, los domingos acostumbraba vestirse de levitón negro traslapado, chaleco blanco, pantalón a rayas y chistera, como lo hacía mientras vivió en los bulevares de París.

El año de 1876 fundó en Managua su primer periódico semanario, "El Canal de Nicaragua". Su ideología liberal -a lo largo de su vida- siempre la mantuvo, y su independencia de criterio lo colocaron pronto frente a la Curia Eclesiástica de león y ese primer periódico suyo fué excomulgado. La censura eclesiástica, sin embargo, no impidió que El Canal de Nicaragua" continuara circulando y fuese leído en Nicaragua.

En febrero de 1880 tiene Selva en Granada un serio lance personal por cuestiones periodísticas con don Enrique Guzmán. Hiere a bala a éste y lo deja cojo para toda la vida. Juzgado por el hecho fué condenado a presidio, pena que le fué conmutada por destierro, dirigiéndose luego a México a donde se dió a conocer como periodista de combate y hábil polemista.

Al llegar a la capital azteca en 1884, escribe una serie de artículos de crítica histórica sobre la conquista de América, sosteniendo que el sistema inhumano empleado por bs conquistadores y colonizadores, destruyó la población india de este hemisferio, fuera de otros cargos que en relación con esos procedimientos se han hecho aún por historiadores de origen hispano.

Las declaraciones de Selva fueron objetadas por el proesor de Filosofía de la Universidad de México, señor J. M. originándose de allí una interesante polémica. Los dos escritores ofrecieron sus razones basadas en la varia relaaón de los sucesos de la conquista y cada uno de ellos citaba en apoyo de su tesis, autoridades, interpretándolas de acuerdo con su propio criterio.

Para formarse una somera idea de aquella discusión, frecuentemente debatida, antes y después de ésta, entre americanos y españoles, vale la pena de reproducir aquí bs puntos sobre que versaban la de Vijil y Selva.
Comentando la conquista española Selva decía: "envileció a los aborígenes de América, los redujo a la mitad o cuarta parte de la población, destruyendo la homogeneidad de ésta y haciendo una mezcla de blancos, negros e indos que algunos denominan raza latina".
 

El profesor Vijil, sostenía, por su parte, que los americanos habían quedado: "como está respecto de su padre un hijo, que llega a la mayor edad, esto es, que había alcanzado tal grado de madurez y desarrollo que tenían derecho a independizarse"; y basaba sus razones en las Leyes de Indias y otras disposiciones de la Corona Española.

La contrarréplica de Selva a esa tesis, decía: "Yo no veo el hijo y el padre para considerar la independencia como la emancipación de la Patria sino que reconozco oprimidos y opresores, esclavos, siervos y parias; y amos, capataces y negreros; y considero la independencia como el supremo esfuerzo de pueblos oprimidos que supieron aprovechar un momento de angustia de su dominador, para romper sus cadenas y reconquistar su libertad".

Y en uno de sus últimos escritos, Selva, con la verbosidad que le era peculiar exclama: "Ese estimable caballero se ha levantado airado para anonadarme con su filosofía, con su erudición, con inflexible lógica". En esa frase irónica está todo el contenido de la psicología de Selva. A él no lo anonadaba nadie. ¡Difícil era vencerlo!

Con motivo de esa polémica que interesó y apasionó a a los lectores mexicanos hubo alguien de entre ellos que considerara a Selva como su compatriota. Así, el señor Leocadio M. Espinazo, escribiendo en el número 291 del "Monitor Republicano", periódico de la capital azteca, se pronunciaba en esta forma: "Por lo profundo y bien sostetenido en su argumentación. ¡Bien por el señor Selva! ¡Bien por México que alimenta en su seno un hijo tan esclarecido! ¡Efusivamente aplaudía el escritor mexicano, al periodista Selva!

Vale la pena de citar otra valiosa opinión juzgando esa misma polémica. Rigoberto Cabezas, que dirigía en Granada el "Diario de Nicaragua", reprodujo en este periódico los artículos de Selva y al comentarlos en editorial del mismo, en su artículo del 18 de marzo de 1884, se expresaba en esta forma:

"Pasiones aparte, y tributando justo homenaje a la verdad, hay que reconocer que escritores de la cultura y temple del señor Selva, no sólo no se encuentran en nuestro país a la vuelta de una esquina, como cree "El Porvenir", sino que son notables aún en países más avanzados".

Aludía Cabezas en ese comentario a "El Porvenir", periódico de Managua de la misma época, que negaba a Selva haber obtenido el triunfo en aquella controversia. Probablemente, en "El Porvenir" había alguien que en alguna oportunidad recibiera de Carlos Selva merecido varapalo, y todavía, el maltratado, respiraba por la herida, pues nadie ignora que hay varapalos propinados en la prensa que difícilmente se olvidan, más aún cuando son merecidos y la persona sobre quien se descargan carece de ecuanimidad para sufrirlos.

Y en cuanto a los puntos mantenidos por Selva, si uno se atiene a la verídica historia de la conquista y colonización de América -aunque Cortés, Pizarro, Pedro de Alvarado, Hernando de Soto, Diego de Nicuesa, Balboa y demás héroes de esa magna epopeya, realizaran en la empresa actos de sufrimientos físicos, tenacidad y valor, sin anteriores ejemplos en la historia-, no se podrá negar que el periodista nicaragüense sostuvo en esta ocasión un juicio verdadero al referirse a la destrucción de la raza india de América por aquellos colonizadores y encomenderos.

A este propósito no sería fuera de lugar reproducir aquí irrecusables testimonios que refuerzan las opiniones de Selva en esa materia.

Jerónimo López de Ayala, Conde de Cedillo, en su interesante y detallado estudio sobre el Cardenal Cisneros, Gobernador de España en aquel tiempo, al referirse a la conquista de América y para ponderar las dotes de humanidad y la influencia de aquel eminente hombre de estado a fin de mitigar la triste suerte de esos aborígenes, dice: "los conquistadores y encomenderos trataban a los indios más como a brutos que como a hombres. Los indios eran objeto de una explotación inicua". Este autor justifica su juicio reproduciendo dos informes de aquellos hechos, uno recibido por el Cardenal Cisneros, que dio origen o la primera elaboración de las leyes de Indias, y el otro recibido por Monsieur de Chiévres, Ministro y Consejo de Carlos V, redactado este último informe por el Comisionado, licenciado Suazo, que decía: "sólo en la isla Española había, cuando se descubrió, un millón ciento treinta mil indios"; y y al tiempo de su informe agregaba, solamente habían: "menos de once mil". (Tomo 21 de la obra citada, página 254).

A fin de no ser prolijo, omito por bastante conocida, la autoridad del Padre de las Casas, el "Protector de los Indios", como justamente se le llama hoy; así como la del Padre Vitoria, célebre teólogo e internacionalista español del siglo XVI, que en dos Relecciones sobre los Indios, prueba la ilegalidad e injusticia de los procedimientos que ponían en práctica los conquistadores y colonizadores "de aquellas regiones recientemente descubiertas", y fundaba su razonamiento en el derecho divino y el positivo.

Se prueba con esas autoridades que Selva estaba en lo justo y que obtuvo en esa polémica un merecido triunfo.
Como otra muestra de la dialéctica desplegada por el periodista nicaragüense en su obra de prensa, o por mejor expresarlo, de sus inagotables recursos de polemista de gran envergadura, hay que hacer referencia a otra campaña mantenida por él, aunque no del mismo carácter de la que acabo de mencionar. Voy a referirme a los editoriales escritos en 1887 en su periódico "La Nación" de Tegucigalpa, Honduras.

En el año de 1886, invade a Honduras un grupo de revolucionarios. El gobierno del general Ponciano Leiva los bate y derrota. Las fuerzas del gobierno toman prisioneros a varios y entre ellos, al general Emilio Delgado, militar y político de relieve en su propio país y bien conocido en Centro América. Los prisioneros son sumariamente juzgados por un Consejo de Guerra, ad-hoc, condenados a muerte y ejecutados en agosto del mismo año, no obstante los esfuerzos que hicieron por salvarlos, sus familiares y amigos, especialmente a Delgado, el más importante de ellos. 

El gobierno de la república hermana de El Salvador, acredita una legación especial en Tegucigalpa con el objeto de salvar la vida de Delgado, pero todo fué en vano. La fusilación causó estupor en Centro América y su prensa toda tronó condenando la violenta medida. El doctor Policarpo Bonilla, presidente que fué de Honduras años después, y uno de sus más prominentes hombres de estado, cuenta en sus Memorias que cuando él se acercó a pedirle al General Luis Bográn, presidente titular, que se conmutase la sentencia de muerte de Delgado, Bográn "nada le prometió"; y que en cambio Leiva, el presidente interino le "ratificó su sentir contra la pena de muerte". Se decía entonces en Honduras que la fusilación de Delgado obedecía a venganza personal del general Luis Bográn. No tengo datos para saber si es cierta dicha versión, pero ella circuló en esos días y se desprende su verosimilitud de lo que narra en sus Memorias el doctor Policarpo Bonilla y que he transcrito antes.

Carlos Selva, que redactaba "La Nación", se encargó de defender la fusilación de Delgado y en una serie de editoriales refutó los ataques que se le hacían al gobierno hondureño. Desplegó en esa defensa sus indiscutibles dotes de retórico puestas al servicio del excepticismo. Su pluma, que no retrocedía ante la enormidad de la empresa en que iba envuelto un principio de tan funestas consecuencias, discurrió por las columnas de "La Nación" dándole oportunidad, una vez más, para poner en práctica el dilema de su obra de periodista: "un argumento a otro". 

Y aunque  los escritos de Selva no libraran de la amarga y justa censura a quien fuese culpable de la ejecución de Delgado, quedan ellos como una muestra de lo que puede hacer un talentoso periodista para intentar la defensa de una medida de tal magnitud.

Pero, ¿por qué no podría atribuirse a Selva que fuera entonces impulsado a adoptar esa actitud, si él consideraba como necesaria la medida en un país que como Honduras había vivido años anteriores en un estado anárquico?, ¿No sería ese el móvil que lo indujo a pronunciarse en ese sentido? Hay tanta diversidad de criterio humano: unos aceptan lo que otros repudian, sobre todo tratándose de gobernar a estas repúblicas de América. "De la confusión de la idea con su vehículo, alega un escritor francés, es de donde nace la mayor parte de los malentendimientos que originan las desgracias humanas". Y dentro de ese círculo de tendencias de suyo tan contradictorias, se desenvuelve frecuentemente el pensamiento humano, ofuscado, ya por el fanatismo o por el veneno de la pasión política cuando no lo inspira la desmedida ambición de mando. Lo cierto es que hasta hoy, no importan las razones que se ofrezcan, ni los ejemplos que se citen, no ha podido ser aceptada esa bárbara doctrina como una medida para mejorar la condición humana. La mayoría le rechaza con horror y como una regresión al estado de barbarie. Por eso mismo, cabalmente, es penoso ver a un periodista, como Selva, que antes de 1887 y aun después de esa fecha fuese un defensor de la libertad individual y aún del derecho de rebelión contra los gobiernos dictatoriales, defendiese en esa oportunidad tan funesta doctrina que ha acarreado tantas víctimas en el mundo. Mas si recorremos la historia periodística de América encontraremos individuos que como Selva, que han defendido también la pena de muerte por delitos políticos como lo hizo don Antonio José de Irisarri, estadista, diplomático y periodista centro y suramericano, quien defendió, a raíz de la independencia de Chile, la fusilación de unos revolucionarios chilenos y además, defendió en un periódico
302=cano, al "León Payara" como llamaron sus compañeros al general Páez, héroe de la independencia venezolana.

En 1888 regresa Selva nuevamente a Nicaragua y funda a su llegada a la Capital, "El Diarito". Al año siguiente, moda la empresa de ese diario a Granada para editarlo ?s la vieja imprenta de su propiedad. Comenta los actos durante los años del gobierno del doctor Roberto Sacasa, que ha su
do al presidente Carazo, muerto éste en ejercicio de la presidencia. Dirige sus fuegos contra los dos grupos políticos que rodean y apoyan al gobernante. A estos grupos ar es conocía entonces con los motes de "Piches"  e "Iglesieros" al de Granada. 

Dichas camarillas
resisten los duros y amargos ataques de "El Diarito", y  del presidente Sacasa, que era, por otra parte,  maniobra débil, la orden de supresión del periódico y el confinamiento de Selva a la isla de Cardón, en el puerto de Corinto.. De allí se fuga espectacularmente Selva y se va  a Sur América, y a su regreso publica un folleto que titula,   "Un viaje al Viejo Mundo pasando por el Cardón—,   que relata la odisea de su evasión, las impresiones de forzado viaje y remueva el ataque al gobernante que le ha matado su periódico.

Con el gobierno del doctor Sacasa  en  1893, regresa a Nicaragua, y restablece el Periodico "El Diarito". Será ésta la última y definitiva  de aquella hoja, cuyos editoriales, escritos con la verdad
  y vehemencia connaturales a su director, fueron siempre favorablemente comentados y acogidos por los nicaraguenses, ya que sus ideas eran un eco fiel de la opinión prevalente en aquellos caldeados días.

situación política del país en 1893 entra en una

-.x.o fase. Ha surgido un gobierno revolucionario, y hom

nuevos ejercen el poder. Es un período de transición.

Descoarecía del gobierno la influencia política ejercida por
303el partido conservador por más de treinta años y le sustituye ahora, el partido liberal con nueva constitución y nuevas normas administrativas.
Véase cómo apreció Selva la revolución liberal de 1893 y las esperanzas que abrigaba con el cambio de gobierno.
En nota a la página 30 del folleto en que coleccionó en 1894 algunos de sus anteriores escritos, dice, al reproducir el titulado "Consideraciones sobre el modo de ser político de Nicaragua", escrito en 1874, lo siguiente:
"Veinte años han transcurrido desde que fué escrito esto y en ese tiempo se han verificado cambios radicales en el gobierno, en la organización de los partidos y en sus evoluciones políticas. El partido liberal ha llegado al poder, procura definir su programa, trata de encauzarlo en la sociedad, tiende a gobernarse conforme a él, y ha iniciado las reformas convenientes en consonancia con sus principios esenciales. Ha comenzado, pues, una nueva era política que nos aparta de la rutina y debe llevarnos hasta la práctica regular, pacífica y perfecta del Gobierno republicano democrático. Es bastante haber salido del estado embrionario en que estábamos hace 20 años y lanzarnos resueltamente por la senda de la verdadera República.
"¡Ojalá haya perseverancia y que con prudencia y calma se vayan verificando las reformas que la nación necesita para lograr sin estrépito ni sacrificios el progreso a que todos aspiramos!"

Selva se declara partidario del nuevo gobierno en donde además contaba con viejos amigos políticos; pero tan pronto como quiere hacer uso de su libre criterio, choca con los intereses de los que habían asumido el poder. El choque se originó por el hecho siguiente:
A fines de 1893 el presidente de Honduras, general Domingo Vásquez, promulga un decreto lanzando un reto
al nuevo gobierno erigido en Nicaragua. Este, lo acepta, y toma medidas para contrarrestarlo, medidas que consisten en organizar a los emigrados hondureños residentes en Nicaragua, para invadir a Honduras apoyados francamente por el gobierno nicaragüense. Selva publica la noticia de lo que se proyectaba en el seno del gobierno y al comentarla la combate considerándola como un grave error político que puede ser de fatales consecuencias para Centro América. Los comentarios de Selva causan sensación en el país, y el gobierno, temeroso de que la campaña iniciada con tanto vigor por "El Diarito" ejerza influencia en la opinión pública y desbarate sus planes, ordena la supresión de este periódico. Selva anuncia en hoja suelta la supresión de su diario y al final declara: "que se resignaba y esperaba con paciencia mejores días para la libertad y la patria". Pocos días después de esa última tentativa de mantener un periódico independiente, abandona por tercera vez y voluntariamente, su país. Sería su último exilio.

Se radica en San José de Costa Rica y escribe en "La Patria", diario que en 1896 dirigía el poeta Aquileo J. Echeverría, treinta y seis artículos en los que historia y comenta los sucesos ocurridos en Nicaragua desde la llegada al poder del doctor Roberto Sacasa en 1890 hasta febrero de 1896 que estalló la Revolución de Occidente, dividiendo al partido liberal que ejercía el poder. En esa serie de artículos que tituló: "Nicaragua. Un poco de historia" se desata con el característico estilo vehemente que le era familiar, en contra del gobierno liberal y en especial en contra del presidente, general Zelaya. Muchas de las frases de esas producciones son como guijarros, cuando no pelladas de lodo, que lanza al gobernante. Aparte de las violencias, las explosiones de iracundia de sus frases, y los epítetos con que condimenta la relación histórica, tiene ésta, indudablemente, su interés, porque al narrar los hechos ocurridos en ese período lo hace con bastante precisión; pero al apreciarlos, olvida, desde luego, el hecho de que se trataba de una época revolucionaria de transformación política, como él mismo lo había declarado en 1894; que, asimismo, se trataba de un corto período de seis años, en el cual se habían sucedido tres revoluciones internas y una guerra con Honduras. Para juzgar el período histórico de Nicaragua desde 1890 a 1896, hay que apreciar ante todos los sucesos y vincularlos, para llegar a obtener un juicio exacto del conjunto que en resumen, no es sino un período de transición violenta. Esa ecuanimidad le faltó al escritor nicaragüense, en los últimos artículos de historia patria y que escribió llenos de mordacidad y de iracundia, en contra de los políticos de su país que gobernaban la república en aquella anormal época de transición de un régimen viejo a uno de distintas normas.

De Costa Rica pasa a los Estados Unidos y Cuba, y regresa nuevamente a Centro América. Se radica en San Salvador en 1903 donde tuve la oportunidad de encontrarlo, siempre en su carácter de emigrado político. No obstante sus años, la vida irregular que desde joven llevaba y las penalidades del exilio forzado, conservaba aún robusto el talento con que la naturaleza le había dotado y mostraba, que en sus numerosos viajes por otras tierras había adquirido un nuevo caudal de ideas. Se sentía jovial, amenizando la charla íntima ccn oportunas historietas recogidas en esa azarosa vida suya de periodista proscrito y errante, recordando, asimismo, emocionado, sus campañas de prensa y suspirando por volver a ver la tierra nativa.

Al regresar, por última vez a Nicaragua en 1911, encontró una nueva situación política. Una revolución había derrocado al gobierno liberal que lo había mantenido a él en el destierro, por más de quince años. Había entonces en el país un ambiente propicio a la intervención norteamericana, estimulada ésta por el nuevo gobierno que la regía, así como por los intereses mercantilistas del Norte que deseaban imponer en Nicaragua la "Política del Dólar", auspiciada esta idea por algunos escritores norteamericanos se trata e habían con Honjua desde pos y vinI conjunto 5n violenüense, en bió llenos t políticos i anormal i distintas
uba, y rea en San encontrar
No obs!n llevaba :i aún rodotado y -as tierras sentía ¡ohistorietas :i proscrito sus cam- la tierra
1911, en
aón había .nido a él
entonces norteame
la regía, e que de,lar", ausmericanos
que empezaban a hablar del indiscutible derecho, para ellos, "de la zona de influencia en el Caribe y en Centro Américaa causa de la construcción del Canal de Panamá. Como Selva había viajado por los Estados Unidos y Cuba, y como, por otra parte, era él mismo, como muchos otros nicaragüenses, partidario de la intervención como una necesidad para poner término al estado revolucionario y a la falta de estabilidad de los gobiernos, o como se dió en llamar en aquella difícil época, "el destino manifiesto" de estos perturbados pueblos; imbuído, no hay duda, por esas ideas que flotaban en el ambiente nicaragüense, escribió una serie de artículos que fueron publicados en diciembre de 1911 en "El Día", periódico de Managua. Son éstas sus últimas producciones de prensa. A principios del año de 1912 murió. El viejo paladín de las libertades sufrió en su último año de vida, un grave error de visión política, al abogar por esa causa, pretendiendo curar por medio de una intervención extraña, la enfermedad que aquejaba a Nicaragua y a sus dirigentes políticos. Si hubiera vivido mas tiempo, se habría dado cuenta de que la intervención, que sí la hubo, ni garantizó la paz, ni logró dar estabilidad a los gobiernos intervenidos. Quizás, el periodista Selva, al regresar en esa época a su patria, viejo y cansado por las incesantes luchas en que había batallado, buscaba el alero del viejo hogar para terminar en sosiego sus días y pensaba en que la intervención norteamericana le traería a su patria esa tranquilidad deseada ya que, indudablemente, él presumiría que se le acercaba su fin, como en efecto ocurrió. Pocos meses después de publicados estos últimos escritos políticos, murió.

Además de los folletos antes mencionados, editó otros. El primero en Managua el año de 1896, titulado España contra Cuba. Contiene los artículos que escribiera en favor de la libertad de la Isla. En el proemio de ese opúsculo, da las razones que le inducen a reproducir dichos artículos y dice: "No me mueve a ello dar mayor circulación a mis escritos porque los crea muy buenos y merecedores de volar
307por el mundo, ni tampoco la idea del lucro porque no voy a vender ningún ejemplar", y si lo hace, agrega al final: "es para que se conozca en otras partes cómo se piensa y se siente en América respecto de esa guerra".
Hay también otro folleto suyo editado en la Tipografía Nacional de Guatemala en 1904, titulado Panamá. Contiene la serie de artículos escritos en 1903 para El Comercio de Quezaltenango. Aboga en ellos, por la asimilación de los latinoamericanos a los norteamericanos, asimilación que él llama: "americanización". Defiende, asimismo, al Presidente Teodoro Roosevelt por haber tomado Panamá. Comenta lo que en diferentes periódicos americanos se había tratado entonces sobre la misma cuestión de Panamá; y hace historia sobre los varios proyectos intentados para construir, tanto el uno como el otro canal: el de Nicaragua y el de Panamá, mostrando amplio conocimiento de esas materias.
Hay que recordar a este propósito, que Selva fué siempre desde su juventud, como la mayoría de sus compatriotas, un fanático partidario de la construcción del Canal de Nicaragua por los norteamericanos, y que su primer periódico se llamó ".El Canal de Nicaragua".
No es en estas páginas donde se podría emitir un juicio de conjunto sobre su obra de prensa, que fué múltiple y abarcó innumerables problemas de actualidad política y de crítica histórica. El mismo refiere en la introducción de su folleto de 1894 que fué fundador de los siguientes periódicos: "El Canal de Nicaragua", "La Tribuna", "El Independiente", "La Nación", "El Diarito", "Los Tiempos" y "La Discusión" y redactor o colaborador de "La Gaceta de Nicaragua", diario oficial; de "Ei Porvenir", de Managua; de "El Diario Nicaragüense", de Granada; de "El Comercio", de San Salvador; y de "El Nacional", "La Patria", "El Pabellón Nacional", "El Monitor Republicano" y "El Boletín de la 7' Zona Militar de México". Esto hasta 1894, que después de esa fecha colaboró en otras publicaciones centroamericanas y cubanas.

En la misma introducción agrega un resumen de su obra de prensa: "Casi todos mis periódicos han sido de combate, de polémica, de disquisiciones más o menos acaloradas, pero de vez en cuando ha habido una tregua en las luchas, que ha dado lugar a la publicación de artículos de otra índole en que he tratado con calma y detenimiento varios asuntos políticos, económicos, administrativos, históricos y sociales".

. Abogó y batalló durante su vida por la prensa independiente a la que consideraba como "la verdadera prensa, la que con propiedad se ha llamado cuarto poder del estado" según su propia expresión. Agregaba además que "la prensa y los tiranos se excluyen como la luz y las tinieblas". Fué, asimismo, partidario del derecho de insurrección de los pueblos contra los malos gobiernos y contra los tiranos, y opinaba como necesaria la revolución para mejorar las condiciones sociales de la humanidad. Y durante su vida fué un convencido partidario de la doctrina democrática y del gobierno republicano representativo.

En una serie de artículos publicados en "La Gaceta de Nicaragua" en 1874, reproducidos veinte años después, hizo un estudio de las revoluciones ocurridas en la América Española, desde la independencia, y al tratar de las de Nicaragua, investiga las causas que originaron las rivalidades y el espíritu localista surgido entre león y Granada, las dos principales ciudades de este último país. Su opinión sobre esa materia, tan largamente discutida dentro y fuera del país, es que, la "hostilidad", primero y la "rivalidad", después, no han tenido razón de ser, y que la causa fundamental de ese estado emocional se basa en las erradas e interesadas apreciaciones que los cabecillas y políticos de las dos ciudades han hecho para llevar cada uno de ellos, como vulgarmente se dice, agua a su molino. Esas apreciaciones comentadas en los corrillos como leyendas, y después publicadas en la prensa, han servido para envenenar las mentes de las gentes poco preocupadas en investigar la verdad de las cosas y listas para tomar como real lo que no es sino una tergiversación emocional y errónea de las causas de los sucesos. Y en carta a don Juan B. Sacasa, prominente ciudadano leonés que le objetó alguna de sus apreciaciones sobre aquellos hechos históricos, el periodista Selva, con mucho acierto le contesta en febrero de 1875, lo que sigue:
"No podían en 1811 ser rivales los dos pueblos. Ambos estaban sujetos al yugo colonial, ambos eran víctimas del absolutismo ibérico, y juntos corrieron la adversa o próspera suerte de pueblos que aspiraban a su independencia. Granada dio primero el grito de independencia y apoyó la revolución de León enviando una columna de 400 patriotas. Los pueblos que así se conducían no eran rivales ni podían serlo, cuando ambos aspiraban a la libertad. Hubo hostilidad de León contra Granada en 1811, pero la rivalidad entre las dos ciudades comenzó después de consumada la revolución, cuando ya los dos pueblos libres se disputaban la supremacía en el nuevo Estado".

Es indudable que para quien desee encontrar la solución de ese funesto localismo que ha envenenado a las masas de las dos ciudades nicaragüenses, debe tomar muy en cuenta el juicio de Selva por la imparcialidad con que aprecia los hechos que dieron origen a esas incesantes y debilitadoras luchas en la vida de la república.

Selva, como todos sus contemporáneos, surgió a la vida de la prensa después de sangrienta guerra, primero interna y en seguida nacional, guerra iniciada en 1854, en la que Nicaragua y todo Centro América, estuvieron a punto de perder su independencia. No se podría negar que esos hombres no sufrieran la fuerte impresión que les causara la lucha, que de niños unos, y en la adolescencia otros, presenciaron, y sufrieron las desgracias que ella acarreó; y que esa misma triste experiencia no obrara en su ánimo para que al tomar parte en los destinos del país, no les sirviera de advertencia para buscar el apoyo donde pudieran

defender su independencia y sus libertades. Y es así como se explica que Nicaragua ofreciera a Centro América un notable grupo de periodistas independientes que bregaban por dar mayor cultura y más amplitud a los principios de la libertad y del derecho de gobierno propio, procurando arraigar en los encargados del poder público la idea de garantizar éstos plenamente. A este último fin encaminaron sus esfuerzos intelectuales sin que les arredrara el temor de la amenaza que sobre ellos se cernía. Siempre apercibidos para la lucha de ideales, sus mentes estaban listas para obrar en favor de lo que sustentaban; y Carlos Selva fué uno de ellos y quizás el que más vehemencia y valentía puso en la lucha.
Recibió Selva escasos aplausos de los mismos en favor de quienes combatió. Los gobernantes, remisos algunos, a otorgar la libertad individual, y como corolario la de prensa, le prodigaron destierros y persecuciones. Y se revela esto, como un lejano recuerdo de las luchas pasadas en la rememoración que hizo en sus artículos de "La Patria", en 1896, de unas estrofas de los cantos heroicos del poeta granadino, Juan Iribarren, escritos por éste en 1856, cuyos vibrantes versos animaron a los patriotas de aquella epopeya. Y en esos artículos se pregunta Selva al citarlos si ya no existen aquellos granadinos del viejo tiempo en el que se bregaba por conquistar las libertades.
Adán Vivas, pariente inmediato de Selva y escritor también granadino, escribió una semblanza cuando todavía vivía aquél periodista. Un amigo nuestro nos refiere que Selva se indignó al leer las francas frases que Vivas había escrito sobre él. Disgustado lanzaba improperios contra el escritor que lo había semblanteado; pero indudablemente, Vivas -que lo conocía muy bien por haber trabajado en "El Diarito" durante su última época, escribió sobre Selva palabras llenas de verdad sobre su personalidad-. Citaremos tres párrafos del escrito de Vivas que corroboran lo
311
i
i solua las r muy n que ates y
a la 'mero 4, en punque cau)tros,
,o; y
limo sireranque nosotros hemos escrito también en este boceto sobre aquel fuerte polemista nicaragüense:
Sobre la venalidad que se le atribuye a Selva, dice Vivas:
"Alguien ha dicho: Carlos Selva se vende al partido que lo quiere comprar. Esta aseveración está muy lejos de la verdad".
Sobre su agresividad en la polémica, Vivas lo describe así: "como lo es, nos trae este símil a la mente: el de un bulldog que asegura su presa, y no la suelta sino cuando se viene entre los colmillos de la fiera, el pedazo de carne con los músculos y el hueso". Su prosa es "como un río caudaloso que corriendo entre vírgenes riberas se refleja en el cielo azul o tempestuoso", y sobre su obra de periodista de combate, el mismo Vivas declara finalmente: "no quedará reducido a la nada del abandono y del olvido, ni cuando pase sobre su dueño el frío torrente de la tumba".
Toda su vida, toda la fuerza de su privilegiado talento, la educación y la experiencia que adquirió en ese batallar; todo eso lo puso al servicio de la causa de poder decir, sin trabas ni debilidades, lo que sentía y pensaba. Murió a principios de 1912, casi desapercibida su muerte por sus coterráneos -no recuerdo que se haya escrito en la prensa nicaragüense algún comentario sobre su obra al dejar esta vida-.
Se extinguió esa vida, como una de tantas, víctimas del alcohol. ¿Vicio o enfermedad? Nadie sabe hasta hoy a cuál de las dos causas debe atribuirse.

Por mi parte, yo he escrito estas líneas sobre ese vigoroso editorialista nicaragüense que figuró en el siglo pasado con brillo y valor propio, para que no se diga con Saint Beuve que sus conciudadanos le han hecho: "el ultraje del olvido".
312Los restos de Carlos Selva, que tanto ruido metió en sus campañas de prensa deambulando por algunos países de América, descansan hoy en medio del imponente silencio en humilde fosa del cementerio de su ciudad natal, lugar donde, como dice T. Gray, duermen:
"Each in his narrow cell for ever laid, The rude forefathers of the hamlet sleep".

San José, Costa Rica, 1940.



1887 Don Circunstancias Managua 
Los periódicos de índole humorística y satírica:


1887 El Duende Rojo,  Managua
Los periódicos de índole humorística y satírica:


1888 El Diarito (Carlos Selva)
El Diarito (1888-91), en Managua y luego en Granada, de Carlos Selva; 


1888 Revista Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles 
1888  la Revista Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles (Enero-Julio, 1888).
Revista Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles (1888)
Publicada desde el 15 de Enero de 1888. Trató ciencias, artes, industrias, comercio, y también insertó una de las primeras poesías escritas por una mujer en Nicaragua: la de la niña de nueve años Josefa Vega de Masaya.


1889 La Estrella de Nicaragua 
en Managua La Estrella de Nicaragua (1889-90), opositor a ese mismo gobierno, que dirigía el colombiano Victor Dubarry;


1889  El Eco Nacional (León) que en apoyo del gobierno de Sacasa, editaba Agustín Duarte; 


1889 Revista Ilustrada de Nueva York (1889-1892)
Román Mayorga Rivas, se había abierto campo, aprovechando un cargo diplomático en Washington, en la coedición con el venezolano Nicanor Bolet Peraza de la Revista Ilustrada de Nueva York, donde publicaba desde 1889. Aquí se publicaban crónicas y comentarios, artículos sobre temas artísticos o sobre "La Mujer Americana". 


1890  El Mocho (Managua) (humoristica)


 
-------------------
Imprentas de Nicaragua
 
 
.                                                                                                                                                                                                                                             .......
PRIMERAS IMPRENTAS

La introducción de la imprenta en Nicaragua  data de 1830. La imprenta sirvió para la publicación de los Decretos y Acuerdos tanto ejecutivos como legislativos. La imprenta llegó a Nicaragua 169 años después de ser introducida en Guatemala. 

El 19 de Enero de 1830 el gobierno compró y  comenzó a funcionar la Imprenta del Gobierno, bajo la dirección de Tiburcio Bracamonte en la ciudad de Granada. En ella se lanzó el 30 de Enero de 1830 el primer impreso de Nicaragua conocido hasta hoy: un "convite" para asistir al enterramiento cristiano de las víctimas asesinadas en La Pelona-durante la guerra civil de Cerda y Argüello. Esta invitación la firmaba Cayetano de la Cerda. 

Al día siguiente apareció el primer número de la Gaceta de Nicaragua.
 

1830   Granada   IMPRENTA DEL GOBIERNO 
1841   Granada   IMPRENTA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA DIRECTOR FRUTO CHAMORRO 1841 - 1842
1834  Granada   IMPRENTA MAYOR DIRECTOR MANUEL ANTONIO DE LA CERDA 1843
1843  Granada   IMPRENTA DE LA LIBERTAD 
1847  Granada   Imprenta de La Concepcion 
1849  Granada   Imprenta del Orden 
1857  Granada   Imprenta del Ejército Setentrional 



1844   Masaya  IMPRENTA DE LA LIBERTAD
1844   Masaya  IMPRENTA DEL GOBIERNO
1846   Masaya  Imprenta de Minerva

1846    Managua Imprenta de Minerva (probablemente)
1857    Managua Imprenta del Gobierno
1859    Managua Imprenta del Progreso



1833 León    IMPRENTA DEL ESTADO 
1834 León    IMPRENTA DE LA FRATERNIDAD 
1837 León    IMPRENTA DEL FONDO DE INSTRUCCION PUBLICA IMPRENTA DEL GOBIERNO
                    también conocida como     IMPRENTA DE LA JUNTA DE INSTRUCCION PUBLICA
1840 León    IMPRENTA DEL GOBIERNO 
1844 León    IMPRENTA DEL EJERCITO UNIDO 
1845 León    IMPRENTA DE LA PAZ 
1845 León    IMPRENTA DE DON Toribio y Pedro Argüello 
1845 León    Llamada tambien Imprenta de los Hermanos Argüello ó Sres. Argüello 
1848 León    Imprenta de Minerva 
1850 León    Imprenta del Estado 
1851 León    Imprenta de La Libertad 
1854 León    Imprenta del Ejército Democrático 
1854 León    Imprenta del Gobierno Provisorio 
1855 León    Imprenta del Gobierno 
 
MANFUT ORG ESTA RECOPILANDO BIOGRAFIAS DE PERIODISTAS QUE TRABAJAN O COLABORAN ACTUALMENTE
CON ESTE Y TODOS LOS DIARIOS, SEMANARIOS, QUINCENAL, MENSUAL,
IGUAL REVISTAS PERIODICAS DE TODA CLASE Y ESPECIALIZACIONES.
ESCRIBA A ed@manfut.org
Bibliografía Consultada
--------------------------------
Ver Palláis Lacayo, M
El periodismo en Nicaragua 1826-1876. Edit. Banco Central, 1982;
Catálogo de Periódicos y Revistas de Nicaragua (1830-1930), Hemeroteca Nacional "Manolo Cuadra",
Instituto Nicaragüense de Cultura, 1992.
Aguilar h. Jerónimo (1922) Apuntes para una antología, J. Toledo de
Aguerri, Revista femenina ilustrada, Enciclopedia nicaraguense, Vol II.
Managua, Nicaragua.
Alemán Bolaños G. (1958) Periodismo y periodistas.2 da.Edición 140 p.
Guatemala.
Alemán Bolaños G. (1948) Memorias de un periodista. 60 p. Edit. Diario La
Hora. Guatemala.
Arellano J. E., (1982) Panorama de la literatura nicaragüense, 197 p.,
Editorial Nueva Nicaragua, Managua, Nicaragua.
Bell D. (1985) Modernidad y sociedad de masas: variedad de las
experiencias culturales, D. Bell, Industria cultural y sociedad de masas,
Monte Avila editores C. A,
Bolaños II P. (1977) Periodistas nicaragüenses, F. Cerutti, Obras de Don
Pio Bolaños II, Serie Ciencias Humanas No.6, Colección cultural Banco de
América. Managua, Nicaragua.
Borgen J. F. (1979) Una vida a la orilla de la historia (Memorias) 211 p.
Distribuidora e impresora de libros especializados S.A. Managua,
Nicaragua.
Cabezas R. (1967) El primer editorial del primer diario de Nicaragua,
Revista Conservadora del pensamiento centroamericano. No. 76, p.68-69,
Managua.
Cole Chamorro (1967). 145 años de historia política en Nicaragua, 189 p.
Editora nicaragüense. Managua, Nicaragua.
Cuadra Pasos C. (1964) Historia de medio siglo. 173 p. Ediciones El pez y
la serpiente. Managua, Nicaragua
Cuadra Pasos C. (1967) El primer periodista de Nicaragua, Revista
Conservadora del pensamiento centroamericano. No. 76, p.70-79, Managua.
Darío R. (1987) El viaje a Nicaragua e intermezzo tropical. 290 p.
Editorial Nueva Nicaragua, Managua, Nicaragua.
Halftermeyer G. (1959) Historia de Managua. 3era edición, 408 p. Edit.
Talleres Nacionales, Managua D.N., Nicaragua.
Hamelink C. J. (1998) Aprendiendo el pluralismo cultural: ¿puede ayudar la
sociedad de la información? M. A. Sanchez de Armas. Comunicación y
globalidad: ensayos de ecología cultural. Fondo editorial internacional de
comunicación, México.
Huezo F. (1967) Historia del periodismo en Nicaragua, Revista Conservadora
del pensamiento centroamericano. No. 76, p. 54-64, Managua.
Huezo F. (1967) El primer diario de Nicaragua, Revista Conservadora del
pensamiento centroamericano. No. 76, p.67, Managua.
Miranda López Y., Narvaez de Lara A. (1968) Juan Ramón Aviles y La
Noticia: su obra periodística. (Monografía) 348 p. Universidad Nacional
Autonoma de Nicaragua, Managua, Nicaragua
Montalván J. H. (1958) Breves apuntes para la historia del periodismo
nicaragüense. 88 p. Edit. Universidad Nacional de Nicaragua. León,
Nicaragua.
Rivas A. H. (1967) Ojeada retrospectiva (El libro del Mes) . Revista
Conservadora del pensamiento centroamericano. No. 76, p.1-49, Managua.
Robleto H. (1960) Nido de memorias. 331 p. Libro Mex Editores, Mexico.
Romero E. (1967) Rubén Darío, Periodista, Revista Conservadora del
pensamiento centroamericano. No. 76, p.65-66, Managua,.
Rosales H. (1950) Nicaragua película de una vida., 262 p Gráficos
Guanajuato, México.
Selva C.(1967) El modo de ser político en Nicaragua. Revista Conservadora
del pensamiento centroamericano (Número monográfico). No. 76, Managua
Teplitz B. (1988) Algunos aspectos de la economía urbana durante el
zelayismo, C.Collado, Textos de la historia de Centroamérica y el Caribe,
Editorial Patria, S.A. de C. V. México.
Tirado M. (1983) Conversando con José Coronel Urtecho, 143 p. Editorial
Nueva Nicaragua, Managua, Nicaragua.
_______ (1919) Decreto y reglamento acerca del censo de 1920, 26 p.,
Tipografía Nacional, Managua, Nicaragua.

@MANFUT