1861 La Unión
Nacional de Nicaragua (A. Rivas)
Anselmo H. Rivas en Granada,
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857,
como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió,
cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua
(1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente
con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863,
llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país
1862 El Buscapié
| Agudo y espontáneo, el humor
constituye el más rico patrimonio vital de los granadinos y fue
canalizado en publicaciones periódicas de índole satírica
como (), semanario en el que se inició como escritor Enrique
Guzmán Selva, uno de los cultores del humor granadino en el siglo
XIX; |
1863 Boletín
de Noticias , lema: "La justicia vence".
El Eco de Occidente
trae
el siguiente lema:
El hombre no nació para
si mismo sino para su patria. |
t
1865
El Porvenir (Enrique Gottel)
En un escrito del 12 de agosto
de 1874, don Enrique expresa: "El Porvenir, será siempre enérjico
sostenedor de los intereses del partido liberal Centroamericano; i cumplirá
fielmente con su programa de ilustrar al pueblo; combatir la ignorancia,
elfanatismo i los abusos; promover el bienestar de los cinco Estados en
general i el de Nicaragua en particular". Fue firme en sus ideas, respetuoso
y humanista, aunque masón declarado construyó una iglesia
católica y una escuela en el poblado de Nindirí.
1865
La Gaceta de Nicaragua
1867 La Libertad
1870 La Chirimía (El Salvador
)
La Chirimía, una revista
quincenal nicaraguense que editaba en El Salvador hacia 1870 el poeta Francisco
Zamora (1820-1871) Y en la cual satirizaba en verso a sus enemigos políticos;
1872 El Semanal
Nicaragüense (A. Rivas)
Anselmo H. Rivas en Granada, 1857
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857,
como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió,
cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua
(1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente
con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863,
llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país
1874 El Trabajador
(1874), de Rivas, primeros intentos de periódicos vinculados a los
ideales obreros y "obreristas”.
1875
"La Tertulia" Masaya
1875 El Centinela Católico,
periódico editado probablemente en León. Allí
circulaba, desde Enero de 1875.
1877 El Sentimiento Católico
(1877-1893) comenzó a editarse como quincenal religioso (sic) científico
y de variedades,
El Sentimiento Católico fue el mejor y más consistente
órgano del pensamiento eclesiástico de su tiempo, sobre
todo a partir de su enfrentamiento directo con la política liberal.
La consagración citada fue paralela a otra: la del obispado de Nicaragua,
o diócesis de León, todas sus parroquias, al "sacratísimo
Corazón de Jesús" el 28 de Junio de 1889.
1878 Lira nicaragüense
de Félix Medina
(Chinandega: Imprenta Progreso)
primera antología de poesía que
se publicó en Nicaragua |
1878
La Prensa (Enrique Guzman)
INCLUYE UNA COLECCION DE LAS GACETILLAS DE DON ENRIQUE GUZMAN
1878 el Diario del Comercio
(El
Salvador )
(1878) el Diario del Comercio,
también editado en San Salvador, que en 1878 fundó
y comenzó a dirigir otro poeta, Román Mayorga Rivas (1862-1925);
Capítulo significativo e
imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el
fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses
fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores
o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente,
de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo
ámbito.
1878 El Pueblo,
periódico que publicaría en la capital de Guatemala nada
menos que Rigoberto Cabezas.
Capítulo significativo e
imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el
fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses
fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores
o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente,
de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo
ámbito.
1883 La Aurora,
de Managua. Bajo la dirección de Carmen J. Pérez, futuro
propietario de los talleres que llevaron su nombre y que aún perduran,
este periódico tuvo acogida tanto en la capital como en los departamentos.
La Aurora era una hoja de propaganda de la sociedad de artesanos del
mismo nombre.
Hubo varias de éstas agrupaciones mutualistas antes y después
de la entronización en el poder del Gral. J. Santos Zelaya, quien
las promovió.
1880
El Centroaméricano (A. Rivas)
Anselmo H. Rivas en Granada, 1857
don Anselmo, cuya carrera periodística la inició en 1857,
como vimos, con la fundación de El Centro-Americano y la prosiguió,
cuatro años más tarde, con La Unión Nacional de Nicaragua
(1861) para reiniciarla con El Semanal Nicaragüense (1872-75) y, finalmente
con El Centroamericano (1880), semanario que, habiendo cesado en 1863,
llegaría a transformarse en 1884 en el primer diario del país
1881 El Ensayo
dirige FRANCISCO CASTRO y (colabora
Rubén Darío entre otros.)
El Ensayo (1880-81)
La otra mentalidad, de tendencia liberal y positivista, que representó
a los jóvenes intelectuales de la ciudad de León, entre quienes
sobresalía Rubén Darío.
La Prensa Literaria, 20 de Marzo, 1983, en las que detallamos sus colaboraciones:
Rubén Darío un cuento, nueve artículos desconocidos
con el seudónimo de Jaime JiI y sus ya conocidas poesías
iniciales.
En junio
de, 1881 veía la luz la primera publicación periódica:
El Ensayo, dirigida por FRANCISCO CASTRO
empezó
a reunir las obras de autores nicaragüenses existentes en las bibliotecas
privadas.
Rubén
Darío en El Ensayo, la revista literaria de León, donde alcanzó
fama como "poeta niño".
Al final de
la heroica indagación en los papeles viejos de Centroamérica,
ha podido el doctor Diego Manuel Sequeira trazar un cuadro cabal de la
labor de Rubén Darío que está dispersa en los periódicos
de los cincos países y que abarca su producción iniciada
el 26 de junio de 1880 —tenía 13 años— en que aparecieron
en el “Termómetro” de Rivas, sus versos titulados “Una lágrima”.
Al día siguienteel 27 de junio de 1880 la revista “El Ensayo” de
León, publicaba “Desengaño” con el seudónimo-anagrama
de “Bruno Erdía”.
En 1880 escribe
Rubén Dario en su Autobiografia
Ya iba
cumplir mis trece años y habían aparecido mis primeros versos
en un diario titulado: El Termómetro, que publicaba en la ciudad
de Rivas el historiador y hombre político José Dolores Gómez”
(Autobiografía.) Entre enero y septiembre escribe: “Naturaleza”,
“Al mar”, “a Víctor Hugo”, “Clase”, “Una lágrima” “Desengañado”
“A...”, “El poeta” y “A ti”. Publica asimismo en la revista El Ensayo de
León y firma con sus anagramas: Bruno Erdía y Bernardo
I, U. “Otros versos míos se publicaron y se me llamó en mi
República y en las cuatro de Centroamérica, “el poeta niño”.
(Autobiografía)
|
1881 La Avispa , de León;
Los periódicos de índole humorística y satírica:
1881 El Album,
JOSE DOLORES GAMEZ en Rivas
El Album (Agosto, 1880-Septiembre, 1881) en Rivas;
1881
El Ateneo ( Tomás Ayon ) en León
El Ateneo (Septiembre, 1881-Febrero, 1882)
El Ateneo (1881-82)
El Ateneo, órgano de la sociedad del mismo nombre, convocó
a los más cultos intelectuales leoneses presididos por Tomás
Ayón (1820-1887). La tendencia de esta revista era científico-literaria,
predominando el positivismo.
Editado en la imprenta de Justo Hernández, El Ateneo alcanzó
siete números. Colaboraron en sus páginas, Rubén Darío
(con sus ocasionales e inspiradas composiciones de "poeta civil") y, sobre
todo, el Presidente de la sociedad Tomás Ayón, quien teorizó
sobre estética (el arte y la belleza, el gusto, el estilo y la razón
en literatura). La revista estaba a cargo de Alfonso Ayón (1858-1944).
1881 La Verdad (León).
El 10 de
Julio de 1881 Rubén Darío
En el periódico
político La Verdad, de León, escribe artículos de
combate que redactaba a la manera de Juan Montalvo, contra el gobierno.
En diciembre su fama lo lleva a Managua, buscando ayuda oficial, y cuenta
con la protección de los liberales. |
1882 Prensa
Nicaragüense (Rubén Darío)
1882 "Prensa nicaragüense", poema escrito a mediados de 1882.
Entonces, teniendo el poeta quince años, acababa de acceder a la
Presidencia de la República el doctor Adán Cárdenas.
1882; El Canal de Nicaragua, fundador
Carlos Selva,
| Francisco Escobar Acuña, uno de los más
fieles biógrafos de Cabezas, relata, que don Enrique Guzmán,
a quien Barrios hizo general de Brigada para que se incorporara al movimiento
unionista, era el amigo más íntimo de Cabezas. Y los dos
discrepaban acaloradamente, frente al resto de los emigrados, que comandaba
don Chico Baca, quien después llegó a figurar destacadamente
en la política nicaragüense.
Pero como el tiempo pasaba y Barrios no iniciaba
el Movimiento unionista, el Club de los Franciscanos se dedicaba a "matar
el tiempo". Unas veces engolfándose en terribles discusiones y buscando,
en definitiva, quién sería el jefe de la falange que iría
con el General Barrios a hacer la unión.
Y en los que toca a don Enrique Guzmán,
no perdía el tiempo. Y todas las noches, antes de irse a la cama,
escribía su "Testamento negro", o sea su diario íntimo, donde
dejaba constancia de todo lo que hacía en el día.
En esos apuntes, dejó escrito que había
venido a Guatemala como liberal y aquí se había convertido
en conservador, para llevarle la contra a Barrios.
Este diario es muy interesante, pues refleja el
estado social y político que vivía Guatemala en esa época.
Incluso, las entrevistas que tuvo con el presidente Barrios.
Días antes de emprender Barrios la marcha,
Guzmán recibe el grado de mariscal adjunto; o sea el de general
de brigada. Pero por padecer de una pierna, no se le exigió ir al
frente, sino quedarse en la retaguardia.
A don Enrique Guzmán
le quebró la pierna de un balazo su primo Carlos Selva, en Nicaragua,
al no entenderse políticamente. Selva tomó esta represalia
después de que su primo Guzmán, en una noche sin luna, le
dió de garrotazos...
Y como en aquellos tiempos las noches nunca pasaban,
acaso porque el calor no era tanto, Rigoberto Cabezas y Enrique Guzmán
se encerraban en la casa donde habitaban los miembros del "Club de los
Franciscanos", para hacer repasos y pases. O al revés. Pases y repasos.
Pases, porque Rigoberto era amigo de las prácticas espiritistas.
Y en medio de las discusiones, Rigoberto narra historias fantásticas.
Y repasos, porque cada noche los emigrados nicas cambiaban el plan de ataque
contra Cárdenas, pues el presidente Barrios les había ofrecido
llevar los efectivos militares hasta las cosas nicaragüenses.
Rigoberto Cabezas, bastante joven, y por lo mismo
más escritor y periodista que político, no se entusiasma
demasiado; y así permanece frío ante los preparativos que
en Guatemala se hacen para llevar adelante la idea unionista.
|
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Lo que consagró al Presidente
Guzmán fue su respeto a la LIBERTAD DE PRENSA, Principio Universal
proclamado como un derecho en la Declaración de los Derechos del
Hombre de 1789 (Revolución Francesa).
Principio que también recogió
la Constitución de la República Federal de Centroamérica
de 1824, pero para comprender mejor esta actitud del Presidente Guzmán,
hay que conocer la situación histórica que vivía en
su época la Prensa en Nicaragua.
Así lo describe con todo
patetismo el ilustre periodista Carlos Selva (1838-1912) tres tipos de
prensa se daban en ese entonces:
La Ministerial «que envuelve
al mandatario en densa nube de incienso».
La de Partido, cuyo espíritu
llega hasta negar a los demás y de empeñarse en sostener
que solo lo nuestro es virtuoso, racional y patriota»,
y la Independiente: «la verdadera,
concebida en una república democrática como el Cuarto Poder
y la salvaguardia de todas las libertades».
Guzmán se decide por esta
última y así lo expresa muy claramente en su mensaje a la
Nación, al tomar posesión de la Presidencia el 1ro. de Marzo
de 1867:
«Conozco muy bien, que en
el lugar en que estoy colocado, voy a ser por cuatro años el blanco
de críticas acerbas, pero antes de tenerlas, deseo por lo contrario
oír respetuosamente la voz autorizada y franca del supremo Juez
de la época del tribunal de la civilización, de la opinión
pública:
La opinión tiene su voz y
esa voz es la prensa. Por ella tengo amor y veneración. Yo la llamo
en mi auxilio, deseo sus consejos, sus severas indicaciones; y al invocarlas
para que no me guíe en tan escabrosa senda, no llamo a la prensa
civil y aduladora vendida siempre al Poder... Republicano por convicción
y por carácter quiero oír los consejos de la prensa que critica
con moderación e independencia, quisiera escuchar sus juicios por
severos que sean».
Se afirma que quien redactó
este manifiesto fue su hijo Enrique Guzmán Selva, uno de los fundadores
del periodismo nicaragüense junto con Anselmo H. Rivas, Rigoberto
Cabezas, José Dolores Gámez y Carlos Selva, los mismos que
hicieron posible en 1884 el nacimiento del diarismo:
|
1882 El Día
(Costa Rica)
Enrique Guzmán, fundaba
otro diario en San José, Costa Rica, acompañado de Pedro
Ortiz (1859-1892): El Día.
Capítulo significativo e
imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el
fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses
fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores
o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente,
de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo
ámbito.
1882 El Censor , también de Granada;
Los periódicos de índole humorística y satírica:
1884
El Diario de Nicaragua (Anselmo Rivas) Granada
EL DIARIO DE NICARAGUA aparecido
en Granada el 1 de Marzo de 1884 bajo la dirección de Anselmo H.
Rivas y Rigoberto Cabezas.
1884 El Látigo (León)
recibió el calificativo de "periodicucho",
1884 El Artesano de
Managua, dirigido por Félix Pedro Zelaya,
1885 El Constitucional
| En 1885 el
joven RUBEN DARIO. con la colaboración de PEDRO ORTIZ ( 1859-1892).
empezó a reunir las obras de autores nicaragüenses existentes
en las bibliotecas privadas. Al siguiente año circulaba. siempre
en León, la cuarta Revista literaria bajo la responsabilidad de
MARIANO BARRETO (1856-1927) y SAMUEL MEZA (1867-1930). Y, para cerrar
estas prioridades cronológicas. ese mismo año y en la capital
se imprimía el primer libro de lectura para la juventud nicaragüense
y primera antología centroamericana de prosa y verso: Frutos de
nuestro huerto (1888) preparada por Ortiz y PEDRO GONZALEZ. |
1886
El Independiente (Ramón Mayorga R.)
El Independiente (1ro. de Enero, 1886-Julio, 1887), bajo la dirección
de Román Mayorga Rivas, era predominantemente informativo
y comer
1886 El Ferrocarril
(Jesús Hernández Somoza) Managua.
Al primero, en el que colaboró varios
años, Darío lo retrató con un soneto en cuya segunda
estrofa alude a los jefes de estado centroamericanos: Tomás Guardia
de Costa Rica, Justo Rufino Barrios de Guatemala y Rafael Zaldívar
de El Salvador:
Bien arreglado, bien impreso, bueno, Maldice
a Tamerlán, canta a Bolívar; Al que está bien con
él, brinda almíbar, Al que está mal con él,
le da veneno;
Siempre sale pulido, siempre ameno; A Guardia
ofreció amargo, rudo acívar; Flores da a Barrios, flores
a Zaldívar, Hurras al genio y al tirano cieno.
He aquí "El Ferrocarril" con redactores
Que le honran, con Hernández y Somoza. Merece de nosotros mil loores
Ya que no le finjamos otra cosa,
Y sobre todo, que es bastante módico Para
ser, como es, un buen periódico.
El Ferrocarril era dirigido por Jesús Hernández
Somoza, uno de los periodistas más dinámicos de la época
y amigo de Rubén Darío, como Eugenio López, director
de El Imparcial (1886-1887). Sobre el segundo, el joven poeta dejó
estas dos finas y simpáticas cuartetas:
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| RUBEN DARIO,
autor de esos recuerdos, se refería a las prédicas del evangelio
de las letras francesas del mexicano RICARDO CONTRERAS, a las traducciones
de Teófilo Gautier realizadas por MODESTO BARRIOS para los folletines
de la época, a la conmemoración de la toma de la Bastilla.
con discursos y brindis en verso, a las charlas sobre música e "historia
de la palabra", y al aprendizaje de la écriture artiste. De esta
actitud estilística, promovida por Barrios desde su dirección
de La Biblioteca Nacional, participaban el mismo RUBEN DARIO y sus compañeros
del barrio latino, sector de la ciudad donde se ubicado todas sus imprentas:
la Nacional y la redacción de La Gaceta cargo del traductor JOSE
DOLORES ESPINOSA-. las de El Ferrocarril, El Porvenir de Nicaragua y El
Mercado, periódicos dirigdos respectivamente por HERNANDEZ SOMOZA.
el italiano FABIO CARNEVALINI Y RAFAEL A RIVAS. |
1886 El Cardenista, de
Managua.
Bien bonito Bien aseado Bien escrito Bien peinado.
Dios asista Al hermoso Y estudioso El Cardenista”.
1886
El Imparcial (Eugenio López)
| Autobiografía de
Rubén Darío
En enero de 1886
aparece
El Imparcial de Managua, bajo la dirección de Darío, Pedro
Ortíz, y Eugenio López.
“A causa de la mayor desilusión
que pueda sentir un hombre enamorado, resolví salir de mi país”
(Autobiografía).
El general poeta salvadoreño
Juan Cañas, que había sido diplomático en Chile, lo
decide: “Vete a Chile.
Es el país donde debes
ir: Vete a nado, aunque te ahogues en el camino”.
Embarca en Corinto (5 V) en
el “Uarda” y arriba a Valparaíso el 24 VI.
Publica “La Erupción del
Momotombo” en El Mercurio (16 VI) y en colaboración con Eduardo
Poirier (“fue entonces, después y siempre, como un hermano mío”).
Escribe la Novela Emelina para el Certamen de la Unión de Valparaíso.
Se traslada a Santiago y se incorpora
a la redacción de La Epoca (director: Eduardo MacClure) donde conoce
a la élite intelectual santiaguina (Luis Orrego Luco, Manuel Rodríguez
Mendoza, Narciso Tondreau, etc.) y hace amistad con Pedro Balmaceda Toro,
hijo del presidente (10 XII).
|
1887 "El Managuense",
de don Fabio Carnevallini, de índole política
Don Fabio Carnevalinni
(de origen Italiano "Milan")
con su esposa de Nombre Hanna "No apellidos?" (de origen Judia-Alemana)
se casaron en Italia, y tuvieron dos hijas mujeres, el era periodista
y al parecer por su ideologia don Fabio se tubo que venir a America huyendo
por persecusion ya que su ideologia era de libertad, y llego a Estados
Unidos alla por los 1,800's y tantos, y se instalaron en el area Noreste,
tuvieron un varon y otra hembra, y la familia grande, sin el idioma obtuvieron
la oportunidad de adquirir tierras en Nicaragua , (al parecer) el bisabuelo
miro la oportunidad y acepto venir a llevando asi a los menores de su familia,
ya que las mayores contrageron nupcias en U.S.A. y asi en su nueva tierra
Don Fabio y Dona Hanna tuvieron una ultima beba, la llamaron "Amanda" en
estos duros años mi bisabuelo unió esfuerzos e ideas con
un Sr.Solis de origen Espanol-Aleman para fundar un Diario y en ese entonces
este Sr.Solis tenia una primera imprenta de Nicaragua en aquel entonces,
y asi fundaron el periódico el "Clarin" cuando la gran sultana "Granada"
era la capital de Nicaragua, el hijo mayor de este Sr.Solis, contrajo nupcias
con la hija nacida en Nicaragua, Amanda .
El 7 de febrero de 1881
fueron firmados los estatutos
de la Compañía Anónima de Vapores del Lago de Managua
por Pablo Giusto, Santiago Morales; Idelfonso Vivas, F. Alfredo Pellas,
Ramón de Espínola y Luis Palazio. Ya para entonces tenían
armado el primer vapor. Era el vapor "Amelia", nombre que se le dio en
honor de Amelia de Zavala, hija del presidente. Hizo su primer viaje de
prueba el primero de marzo y el 3 fue hasta Tapitapa. Se desplazaba a 10
millas por hora, tenía 50 toneladas de porte y 90 pies de largo.
El acto solemne del bautizo se verificó en la entrada del río
Tipitapa el 27 de ese mes.
El Presidente Zavala y su comitiva
de a bordo fueron saludados con disparos de cañón a la partida
del barco. Al arribo a Tipitapa, la señorita Isabel Martínez,
madrina del barco pronunció un discurso y también tomaron
la palabra Pablo Giusto y Fabio Carnevallini. Se sirvió un almuerzo
bajo una enramada y por la noche se dio un baile. El 28 se hizo el viaje
de regreso. El primero de abril este barco hizo su primer viaje a León
Viejo.
|
1887
El Ensayo en Granada
| Imitaba el
esfuerzo de los jóvenes leoneses de El Ensayo con otro periódico
del mismo nombre, órgano de la sociedad científico-literaria
de los alumnos del Instituto de Oriente. |
1887 La Nación
(Tegucigalpa)
Dos años después,
Carlos Selva dirigía en Tegucigalpa, Honduras, el semanario La Nación(1887);
Capítulo significativo e
imprescindible de esta reseña histórica lo constituye el
fenómeno de los periódicos editados por nicaragüenses
fuera de Nicaragua. En la mayoría de los casos, se trata de escritores
o políticos exiliados en un país centroamericano o, simplemente,
de periodistas que tenían el objetivo de abrirse campo en el mismo
ámbito.
| CARLOS SELVA (* )
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El talento de que disfrutó, como feliz
herencia de familia, y las hábiles capacidades desplegadas durante
su inquietante vida, hicieron de Carlos Selva una de las más interesantes
figuras entre los periodistas centroamericanos de su época. Fué
periodista por innata vocación, y además, como se estilaba
entonces, editorialista vibrante y erudito. No tuvo otra profesión
ni se mezcló en otras actividades que no fueran las del periódico.
Recibió clases de gramática castellana,
latín, lógica, filosofía e historia y otras ciencias,
en las escuelas y colegios que existían en Granada a mediados del
siglo pasado, ya que en su obra de prensa mostró haber obtenido
buena base cultural, y por las varias citas que hace en sus escritos demuestra,
por otra parte, haber sido acucioso lector de los clásicos latinos
y castellanos. Sus ideas políticas y sociológicas, de acuerdo
con lo que él publicó en algunos de sus escritos, están
basadas en los principios sustentados por A. de Tocqueville, en su obra
De la Democracia en América. Con frecuencia cita a este sociólogo
francés, en apoyo de sus argumentos, al desarrollar sus ideas.
Su prosa es natural y fluida, de propio y original
estilo, y de períodos largos sin faltar a la sintaxis; y en general,
su lenguaje ofrece clara sencillez. Cuando la ocasión lo requería,
apelaba a lo vernacular o a lo castizo. Escribía las cuartillas
apresuradamente y de corrido, sin volverlas a leer, y así las entregaba
a la imprenta. A veces eran sus caracteres tan ilegibles que parecían
indescifrables. Dichosamente tenía a mano un cajista hábil
e inteligente que levantaba sus originales con precisión. Sus escritos
en ocasiones tomaban la forma de un chorro de palabras duras, hirientes,
golpeando con vigor el objetivo. Tenaz y agresivo para acometer y fecundo
en recursos retóricos para defenderse, su propósito era anonadar
al contrincante o desarmarlo. Poseía para esto habilidad de gimnasta
en el juego de los argumentos que usaba. Era un Proteo y profesaba la doctrina
de Pirron: "A todo razonamiento se puede oponer un razonamiento". Por su
formidable dialéctica y el vigor del ataque, guardando la distancia
de escenario y público en que se movió el periodista nicaragüense,
puede comparársele con su contemporáneo Rochefort.
Sus campañas de prensa las dirigió
contra las fuerzas que trataban de impedir o impedían el libre ejercicio
del pensamiento. Por eso mismo nunca puso en almoneda su pluma, ya que
para defender una idea o alguna personalidad tenían primero que
estar convencido, de acuerdo con su criterio, de la bondad de aquella o
del correcto proceder de ésta. Vivió del trabajo de su pluma
y aunque se le han hecho cargos injuriosos, nadie le pudo probar nunca
venalidad, adulación o cobardía. Cuando brotaba de su nerviosa
pluma la crítica, la acusación o la invectiva, no esquivaba
el cuerpo: en varias oportunidades probó el temple de su alma.
Era de baja estatura, algo ventrudo, pero de tipo
blanco con finas facciones físicas, nariz regular, amplia frente
y espeso mostacho. Cuando regresó de Europa en 1894, los domingos
acostumbraba vestirse de levitón negro traslapado, chaleco blanco,
pantalón a rayas y chistera, como lo hacía mientras vivió
en los bulevares de París.
El año de 1876 fundó en Managua
su primer periódico semanario, "El Canal de Nicaragua". Su ideología
liberal -a lo largo de su vida- siempre la mantuvo, y su independencia
de criterio lo colocaron pronto frente a la Curia Eclesiástica de
león y ese primer periódico suyo fué excomulgado.
La censura eclesiástica, sin embargo, no impidió que El Canal
de Nicaragua" continuara circulando y fuese leído en Nicaragua.
En febrero de 1880 tiene Selva en Granada un serio
lance personal por cuestiones periodísticas con don Enrique Guzmán.
Hiere a bala a éste y lo deja cojo para toda la vida. Juzgado por
el hecho fué condenado a presidio, pena que le fué conmutada
por destierro, dirigiéndose luego a México a donde se dió
a conocer como periodista de combate y hábil polemista.
Al llegar a la capital azteca en 1884, escribe
una serie de artículos de crítica histórica sobre
la conquista de América, sosteniendo que el sistema inhumano empleado
por bs conquistadores y colonizadores, destruyó la población
india de este hemisferio, fuera de otros cargos que en relación
con esos procedimientos se han hecho aún por historiadores de origen
hispano.
Las declaraciones de Selva fueron objetadas por
el proesor de Filosofía de la Universidad de México, señor
J. M. originándose de allí una interesante polémica.
Los dos escritores ofrecieron sus razones basadas en la varia relaaón
de los sucesos de la conquista y cada uno de ellos citaba en apoyo de su
tesis, autoridades, interpretándolas de acuerdo con su propio criterio.
Para formarse una somera idea de aquella discusión,
frecuentemente debatida, antes y después de ésta, entre americanos
y españoles, vale la pena de reproducir aquí bs puntos sobre
que versaban la de Vijil y Selva.
Comentando la conquista española Selva
decía: "envileció a los aborígenes de América,
los redujo a la mitad o cuarta parte de la población, destruyendo
la homogeneidad de ésta y haciendo una mezcla de blancos, negros
e indos que algunos denominan raza latina".
El profesor Vijil, sostenía, por su parte,
que los americanos habían quedado: "como está respecto de
su padre un hijo, que llega a la mayor edad, esto es, que había
alcanzado tal grado de madurez y desarrollo que tenían derecho a
independizarse"; y basaba sus razones en las Leyes de Indias y otras disposiciones
de la Corona Española.
La contrarréplica de Selva a esa tesis,
decía: "Yo no veo el hijo y el padre para considerar la independencia
como la emancipación de la Patria sino que reconozco oprimidos y
opresores, esclavos, siervos y parias; y amos, capataces y negreros; y
considero la independencia como el supremo esfuerzo de pueblos oprimidos
que supieron aprovechar un momento de angustia de su dominador, para romper
sus cadenas y reconquistar su libertad".
Y en uno de sus últimos escritos, Selva,
con la verbosidad que le era peculiar exclama: "Ese estimable caballero
se ha levantado airado para anonadarme con su filosofía, con su
erudición, con inflexible lógica". En esa frase irónica
está todo el contenido de la psicología de Selva. A él
no lo anonadaba nadie. ¡Difícil era vencerlo!
Con motivo de esa polémica que interesó
y apasionó a a los lectores mexicanos hubo alguien de entre ellos
que considerara a Selva como su compatriota. Así, el señor
Leocadio M. Espinazo, escribiendo en el número 291 del "Monitor
Republicano", periódico de la capital azteca, se pronunciaba en
esta forma: "Por lo profundo y bien sostetenido en su argumentación.
¡Bien por el señor Selva! ¡Bien por México que
alimenta en su seno un hijo tan esclarecido! ¡Efusivamente aplaudía
el escritor mexicano, al periodista Selva!
Vale la pena de citar otra valiosa opinión
juzgando esa misma polémica. Rigoberto Cabezas, que dirigía
en Granada el "Diario de Nicaragua", reprodujo en este periódico
los artículos de Selva y al comentarlos en editorial del mismo,
en su artículo del 18 de marzo de 1884, se expresaba en esta forma:
"Pasiones aparte, y tributando justo homenaje
a la verdad, hay que reconocer que escritores de la cultura y temple del
señor Selva, no sólo no se encuentran en nuestro país
a la vuelta de una esquina, como cree "El Porvenir", sino que son notables
aún en países más avanzados".
Aludía Cabezas en ese comentario a "El
Porvenir", periódico de Managua de la misma época, que negaba
a Selva haber obtenido el triunfo en aquella controversia. Probablemente,
en "El Porvenir" había alguien que en alguna oportunidad recibiera
de Carlos Selva merecido varapalo, y todavía, el maltratado, respiraba
por la herida, pues nadie ignora que hay varapalos propinados en la prensa
que difícilmente se olvidan, más aún cuando son merecidos
y la persona sobre quien se descargan carece de ecuanimidad para sufrirlos.
Y en cuanto a los puntos mantenidos por Selva,
si uno se atiene a la verídica historia de la conquista y colonización
de América -aunque Cortés, Pizarro, Pedro de Alvarado, Hernando
de Soto, Diego de Nicuesa, Balboa y demás héroes de esa magna
epopeya, realizaran en la empresa actos de sufrimientos físicos,
tenacidad y valor, sin anteriores ejemplos en la historia-, no se podrá
negar que el periodista nicaragüense sostuvo en esta ocasión
un juicio verdadero al referirse a la destrucción de la raza india
de América por aquellos colonizadores y encomenderos.
A este propósito no sería fuera
de
lugar reproducir aquí irrecusables testimonios que refuerzan las
opiniones de Selva en esa materia.
Jerónimo López de Ayala, Conde de
Cedillo, en su interesante y detallado estudio sobre el Cardenal Cisneros,
Gobernador de España en aquel tiempo, al referirse a la conquista
de América y para ponderar las dotes de humanidad y la influencia
de aquel eminente hombre de estado a fin de mitigar la triste suerte de
esos aborígenes, dice: "los conquistadores y encomenderos trataban
a los indios más como a brutos que como a hombres. Los indios eran
objeto de una explotación inicua". Este autor justifica su juicio
reproduciendo dos informes de aquellos hechos, uno recibido por el Cardenal
Cisneros, que dio origen o la primera elaboración de las leyes de
Indias, y el otro recibido por Monsieur de Chiévres, Ministro y
Consejo de Carlos V, redactado este último informe por el Comisionado,
licenciado Suazo, que decía: "sólo en la isla Española
había, cuando se descubrió, un millón ciento treinta
mil indios"; y y al tiempo de su informe agregaba, solamente habían:
"menos de once mil". (Tomo 21 de la obra citada, página 254).
A fin de no ser prolijo, omito por bastante conocida,
la autoridad del Padre de las Casas, el "Protector de los Indios", como
justamente se le llama hoy; así como la del Padre Vitoria, célebre
teólogo e internacionalista español del siglo XVI, que en
dos Relecciones sobre los Indios, prueba la ilegalidad e injusticia de
los procedimientos que ponían en práctica los conquistadores
y colonizadores "de aquellas regiones recientemente descubiertas", y fundaba
su razonamiento en el derecho divino y el positivo.
Se prueba con esas autoridades que Selva estaba
en lo justo y que obtuvo en esa polémica un merecido triunfo.
Como otra muestra de la dialéctica desplegada
por el periodista nicaragüense en su obra de prensa, o por mejor expresarlo,
de sus inagotables recursos de polemista de gran envergadura, hay que hacer
referencia a otra campaña mantenida por él, aunque no del
mismo carácter de la que acabo de mencionar. Voy a referirme a los
editoriales escritos en 1887 en su periódico "La Nación"
de Tegucigalpa, Honduras.
En el año de 1886, invade a Honduras un
grupo de revolucionarios. El gobierno del general Ponciano Leiva los bate
y derrota. Las fuerzas del gobierno toman prisioneros a varios y entre
ellos, al general Emilio Delgado, militar y político de relieve
en su propio país y bien conocido en Centro América. Los
prisioneros son sumariamente juzgados por un Consejo de Guerra, ad-hoc,
condenados a muerte y ejecutados en agosto del mismo año, no obstante
los esfuerzos que hicieron por salvarlos, sus familiares y amigos, especialmente
a Delgado, el más importante de ellos.
El gobierno de la república hermana de
El Salvador, acredita una legación especial en Tegucigalpa con el
objeto de salvar la vida de Delgado, pero todo fué en vano. La fusilación
causó estupor en Centro América y su prensa toda tronó
condenando la violenta medida. El doctor Policarpo Bonilla, presidente
que fué de Honduras años después, y uno de sus más
prominentes hombres de estado, cuenta en sus Memorias que cuando él
se acercó a pedirle al General Luis Bográn, presidente titular,
que se conmutase la sentencia de muerte de Delgado, Bográn "nada
le prometió"; y que en cambio Leiva, el presidente interino le "ratificó
su sentir contra la pena de muerte". Se decía entonces en Honduras
que la fusilación de Delgado obedecía a venganza personal
del general Luis Bográn. No tengo datos para saber si es cierta
dicha versión, pero ella circuló en esos días y se
desprende su verosimilitud de lo que narra en sus Memorias el doctor Policarpo
Bonilla y que he transcrito antes.
Carlos Selva, que redactaba "La Nación",
se encargó de defender la fusilación de Delgado y en una
serie de editoriales refutó los ataques que se le hacían
al gobierno hondureño. Desplegó en esa defensa sus indiscutibles
dotes de retórico puestas al servicio del excepticismo. Su pluma,
que no retrocedía ante la enormidad de la empresa en que iba envuelto
un principio de tan funestas consecuencias, discurrió por las columnas
de "La Nación" dándole oportunidad, una vez más, para
poner en práctica el dilema de su obra de periodista: "un argumento
a otro".
Y aunque los escritos de Selva no libraran
de la amarga y justa censura a quien fuese culpable de la ejecución
de Delgado, quedan ellos como una muestra de lo que puede hacer un talentoso
periodista para intentar la defensa de una medida de tal magnitud.
Pero, ¿por qué no podría
atribuirse a Selva que fuera entonces impulsado a adoptar esa actitud,
si él consideraba como necesaria la medida en un país que
como Honduras había vivido años anteriores en un estado anárquico?,
¿No sería ese el móvil que lo indujo a pronunciarse
en ese sentido? Hay tanta diversidad de criterio humano: unos aceptan lo
que otros repudian, sobre todo tratándose de gobernar a estas repúblicas
de América. "De la confusión de la idea con su vehículo,
alega un escritor francés, es de donde nace la mayor parte de los
malentendimientos que originan las desgracias humanas". Y dentro de ese
círculo de tendencias de suyo tan contradictorias, se desenvuelve
frecuentemente el pensamiento humano, ofuscado, ya por el fanatismo o por
el veneno de la pasión política cuando no lo inspira la desmedida
ambición de mando. Lo cierto es que hasta hoy, no importan las razones
que se ofrezcan, ni los ejemplos que se citen, no ha podido ser aceptada
esa bárbara doctrina como una medida para mejorar la condición
humana. La mayoría le rechaza con horror y como una regresión
al estado de barbarie. Por eso mismo, cabalmente, es penoso ver a un periodista,
como Selva, que antes de 1887 y aun después de esa fecha fuese un
defensor de la libertad individual y aún del derecho de rebelión
contra los gobiernos dictatoriales, defendiese en esa oportunidad tan funesta
doctrina que ha acarreado tantas víctimas en el mundo. Mas si recorremos
la historia periodística de América encontraremos individuos
que como Selva, que han defendido también la pena de muerte por
delitos políticos como lo hizo don Antonio José de Irisarri,
estadista, diplomático y periodista centro y suramericano, quien
defendió, a raíz de la independencia de Chile, la fusilación
de unos revolucionarios chilenos y además, defendió en un
periódico
302=cano, al "León Payara" como llamaron
sus compañeros al general Páez, héroe de la independencia
venezolana.
En 1888 regresa Selva nuevamente a Nicaragua y
funda a su llegada a la Capital, "El Diarito". Al año siguiente,
moda la empresa de ese diario a Granada para editarlo ?s la vieja imprenta
de su propiedad. Comenta los actos durante los años del gobierno
del doctor Roberto Sacasa, que ha su
do al presidente Carazo, muerto éste en
ejercicio
de la presidencia. Dirige sus fuegos contra los dos grupos políticos
que rodean y apoyan al gobernante. A estos grupos ar es conocía
entonces con los motes de "Piches" e "Iglesieros" al de Granada.
Dichas camarillas
resisten los duros y amargos ataques de "El Diarito",
y del presidente Sacasa, que era, por otra parte, maniobra
débil, la orden de supresión del periódico y el confinamiento
de Selva a la isla de Cardón, en el puerto de Corinto.. De allí
se fuga espectacularmente Selva y se va a Sur América, y a
su regreso publica un folleto que titula, "Un viaje al Viejo
Mundo pasando por el Cardón—, que relata la odisea de
su evasión, las impresiones de forzado viaje y remueva el ataque
al gobernante que le ha matado su periódico.
Con el gobierno del doctor Sacasa en
1893, regresa a Nicaragua, y restablece el Periodico "El Diarito". Será
ésta la última y definitiva de aquella hoja, cuyos
editoriales, escritos con la verdad
y vehemencia connaturales a su director,
fueron siempre favorablemente comentados y acogidos por los nicaraguenses,
ya que sus ideas eran un eco fiel de la opinión prevalente en aquellos
caldeados días.
situación política del país
en 1893 entra en una
-.x.o fase. Ha surgido un gobierno revolucionario,
y hom
nuevos ejercen el poder. Es un período
de transición.
Descoarecía del gobierno la influencia
política ejercida por
303el partido conservador por más de treinta
años y le sustituye ahora, el partido liberal con nueva constitución
y nuevas normas administrativas.
Véase cómo apreció Selva
la revolución liberal de 1893 y las esperanzas que abrigaba con
el cambio de gobierno.
En nota a la página 30 del folleto en
que coleccionó en 1894 algunos de sus anteriores escritos, dice,
al reproducir el titulado "Consideraciones sobre el modo de ser político
de Nicaragua", escrito en 1874, lo siguiente:
"Veinte años han transcurrido desde que
fué escrito esto y en ese tiempo se han verificado cambios radicales
en el gobierno, en la organización de los partidos y en sus evoluciones
políticas. El partido liberal ha llegado al poder, procura definir
su programa, trata de encauzarlo en la sociedad, tiende a gobernarse conforme
a él, y ha iniciado las reformas convenientes en consonancia con
sus principios esenciales. Ha comenzado, pues, una nueva era política
que nos aparta de la rutina y debe llevarnos hasta la práctica regular,
pacífica y perfecta del Gobierno republicano democrático.
Es bastante haber salido del estado embrionario en que estábamos
hace 20 años y lanzarnos resueltamente por la senda de la verdadera
República.
"¡Ojalá haya perseverancia y que
con prudencia y calma se vayan verificando las reformas que la nación
necesita para lograr sin estrépito ni sacrificios el progreso a
que todos aspiramos!"
Selva se declara partidario del nuevo gobierno
en donde además contaba con viejos amigos políticos; pero
tan pronto como quiere hacer uso de su libre criterio, choca con los intereses
de los que habían asumido el poder. El choque se originó
por el hecho siguiente:
A fines de 1893 el presidente de Honduras, general
Domingo Vásquez, promulga un decreto lanzando un reto
al nuevo gobierno erigido en Nicaragua. Este,
lo acepta, y toma medidas para contrarrestarlo, medidas que consisten en
organizar a los emigrados hondureños residentes en Nicaragua, para
invadir a Honduras apoyados francamente por el gobierno nicaragüense.
Selva publica la noticia de lo que se proyectaba en el seno del gobierno
y al comentarla la combate considerándola como un grave error político
que puede ser de fatales consecuencias para Centro América. Los
comentarios de Selva causan sensación en el país, y el gobierno,
temeroso de que la campaña iniciada con tanto vigor por "El Diarito"
ejerza influencia en la opinión pública y desbarate sus planes,
ordena la supresión de este periódico. Selva anuncia en hoja
suelta la supresión de su diario y al final declara: "que se resignaba
y esperaba con paciencia mejores días para la libertad y la patria".
Pocos días después de esa última tentativa de mantener
un periódico independiente, abandona por tercera vez y voluntariamente,
su país. Sería su último exilio.
Se radica en San José de Costa Rica y escribe
en "La Patria", diario que en 1896 dirigía el poeta Aquileo J. Echeverría,
treinta y seis artículos en los que historia y comenta los sucesos
ocurridos en Nicaragua desde la llegada al poder del doctor Roberto Sacasa
en 1890 hasta febrero de 1896 que estalló la Revolución de
Occidente, dividiendo al partido liberal que ejercía el poder. En
esa serie de artículos que tituló: "Nicaragua. Un poco de
historia" se desata con el característico estilo vehemente que le
era familiar, en contra del gobierno liberal y en especial en contra del
presidente, general Zelaya. Muchas de las frases de esas producciones son
como guijarros, cuando no pelladas de lodo, que lanza al gobernante. Aparte
de las violencias, las explosiones de iracundia de sus frases, y los epítetos
con que condimenta la relación histórica, tiene ésta,
indudablemente, su interés, porque al narrar los hechos ocurridos
en ese período lo hace con bastante precisión; pero al apreciarlos,
olvida, desde luego, el hecho de que se trataba de una época revolucionaria
de transformación política, como él mismo lo había
declarado en 1894; que, asimismo, se trataba de un corto período
de seis años, en el cual se habían sucedido tres revoluciones
internas y una guerra con Honduras. Para juzgar el período histórico
de Nicaragua desde 1890 a 1896, hay que apreciar ante todos los sucesos
y vincularlos, para llegar a obtener un juicio exacto del conjunto que
en resumen, no es sino un período de transición violenta.
Esa ecuanimidad le faltó al escritor nicaragüense, en los últimos
artículos de historia patria y que escribió llenos de mordacidad
y de iracundia, en contra de los políticos de su país que
gobernaban la república en aquella anormal época de transición
de un régimen viejo a uno de distintas normas.
De Costa Rica pasa a los Estados Unidos y Cuba,
y regresa nuevamente a Centro América. Se radica en San Salvador
en 1903 donde tuve la oportunidad de encontrarlo, siempre en su carácter
de emigrado político. No obstante sus años, la vida irregular
que desde joven llevaba y las penalidades del exilio forzado, conservaba
aún robusto el talento con que la naturaleza le había dotado
y mostraba, que en sus numerosos viajes por otras tierras había
adquirido un nuevo caudal de ideas. Se sentía jovial, amenizando
la charla íntima ccn oportunas historietas recogidas en esa azarosa
vida suya de periodista proscrito y errante, recordando, asimismo, emocionado,
sus campañas de prensa y suspirando por volver a ver la tierra nativa.
Al regresar, por última vez a Nicaragua
en 1911, encontró una nueva situación política. Una
revolución había derrocado al gobierno liberal que lo había
mantenido a él en el destierro, por más de quince años.
Había entonces en el país un ambiente propicio a la intervención
norteamericana, estimulada ésta por el nuevo gobierno que la regía,
así como por los intereses mercantilistas del Norte que deseaban
imponer en Nicaragua la "Política del Dólar", auspiciada
esta idea por algunos escritores norteamericanos se trata e habían
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que empezaban a hablar del indiscutible derecho,
para ellos, "de la zona de influencia en el Caribe y en Centro Américaa
causa de la construcción del Canal de Panamá. Como Selva
había viajado por los Estados Unidos y Cuba, y como, por otra parte,
era él mismo, como muchos otros nicaragüenses, partidario de
la intervención como una necesidad para poner término al
estado revolucionario y a la falta de estabilidad de los gobiernos, o como
se dió en llamar en aquella difícil época, "el destino
manifiesto" de estos perturbados pueblos; imbuído, no hay duda,
por esas ideas que flotaban en el ambiente nicaragüense, escribió
una serie de artículos que fueron publicados en diciembre de 1911
en "El Día", periódico de Managua. Son éstas sus últimas
producciones de prensa. A principios del año de 1912 murió.
El viejo paladín de las libertades sufrió en su último
año de vida, un grave error de visión política, al
abogar por esa causa, pretendiendo curar por medio de una intervención
extraña, la enfermedad que aquejaba a Nicaragua y a sus dirigentes
políticos. Si hubiera vivido mas tiempo, se habría dado cuenta
de que la intervención, que sí la hubo, ni garantizó
la paz, ni logró dar estabilidad a los gobiernos intervenidos. Quizás,
el periodista Selva, al regresar en esa época a su patria, viejo
y cansado por las incesantes luchas en que había batallado, buscaba
el alero del viejo hogar para terminar en sosiego sus días y pensaba
en que la intervención norteamericana le traería a su patria
esa tranquilidad deseada ya que, indudablemente, él presumiría
que se le acercaba su fin, como en efecto ocurrió. Pocos meses después
de publicados estos últimos escritos políticos, murió.
Además de los folletos antes mencionados,
editó otros. El primero en Managua el año de 1896, titulado
España contra Cuba. Contiene los artículos que escribiera
en favor de la libertad de la Isla. En el proemio de ese opúsculo,
da las razones que le inducen a reproducir dichos artículos y dice:
"No me mueve a ello dar mayor circulación a mis escritos porque
los crea muy buenos y merecedores de volar
307por el mundo, ni tampoco la idea del lucro
porque no voy a vender ningún ejemplar", y si lo hace, agrega al
final: "es para que se conozca en otras partes cómo se piensa y
se siente en América respecto de esa guerra".
Hay también otro folleto suyo editado
en la Tipografía Nacional de Guatemala en 1904, titulado Panamá.
Contiene la serie de artículos escritos en 1903 para El Comercio
de Quezaltenango. Aboga en ellos, por la asimilación de los latinoamericanos
a los norteamericanos, asimilación que él llama: "americanización".
Defiende, asimismo, al Presidente Teodoro Roosevelt por haber tomado Panamá.
Comenta lo que en diferentes periódicos americanos se había
tratado entonces sobre la misma cuestión de Panamá; y hace
historia sobre los varios proyectos intentados para construir, tanto el
uno como el otro canal: el de Nicaragua y el de Panamá, mostrando
amplio conocimiento de esas materias.
Hay que recordar a este propósito, que
Selva fué siempre desde su juventud, como la mayoría de sus
compatriotas, un fanático partidario de la construcción del
Canal de Nicaragua por los norteamericanos, y que su primer periódico
se llamó ".El Canal de Nicaragua".
No es en estas páginas donde se podría
emitir un juicio de conjunto sobre su obra de prensa, que fué múltiple
y abarcó innumerables problemas de actualidad política y
de crítica histórica. El mismo refiere en la introducción
de su folleto de 1894 que fué fundador de los siguientes periódicos:
"El Canal de Nicaragua", "La Tribuna", "El Independiente", "La Nación",
"El Diarito", "Los Tiempos" y "La Discusión" y redactor o colaborador
de "La Gaceta de Nicaragua", diario oficial; de "Ei Porvenir", de Managua;
de "El Diario Nicaragüense", de Granada; de "El Comercio", de San
Salvador; y de "El Nacional", "La Patria", "El Pabellón Nacional",
"El Monitor Republicano" y "El Boletín de la 7' Zona Militar de
México". Esto hasta 1894, que después de esa fecha colaboró
en otras publicaciones centroamericanas y cubanas.
En la misma introducción agrega un resumen
de su obra de prensa: "Casi todos mis periódicos han sido de combate,
de polémica, de disquisiciones más o menos acaloradas, pero
de vez en cuando ha habido una tregua en las luchas, que ha dado lugar
a la publicación de artículos de otra índole en que
he tratado con calma y detenimiento varios asuntos políticos, económicos,
administrativos, históricos y sociales".
. Abogó y batalló durante su vida
por la prensa independiente a la que consideraba como "la verdadera prensa,
la que con propiedad se ha llamado cuarto poder del estado" según
su propia expresión. Agregaba además que "la prensa y los
tiranos se excluyen como la luz y las tinieblas". Fué, asimismo,
partidario del derecho de insurrección de los pueblos contra los
malos gobiernos y contra los tiranos, y opinaba como necesaria la revolución
para mejorar las condiciones sociales de la humanidad. Y durante su vida
fué un convencido partidario de la doctrina democrática y
del gobierno republicano representativo.
En una serie de artículos publicados en
"La Gaceta de Nicaragua" en 1874, reproducidos veinte años después,
hizo un estudio de las revoluciones ocurridas en la América Española,
desde la independencia, y al tratar de las de Nicaragua, investiga las
causas que originaron las rivalidades y el espíritu localista surgido
entre león y Granada, las dos principales ciudades de este último
país. Su opinión sobre esa materia, tan largamente discutida
dentro y fuera del país, es que, la "hostilidad", primero y la "rivalidad",
después, no han tenido razón de ser, y que la causa fundamental
de ese estado emocional se basa en las erradas e interesadas apreciaciones
que los cabecillas y políticos de las dos ciudades han hecho para
llevar cada uno de ellos, como vulgarmente se dice, agua a su molino. Esas
apreciaciones comentadas en los corrillos como leyendas, y después
publicadas en la prensa, han servido para envenenar las mentes de las gentes
poco preocupadas en investigar la verdad de las cosas y listas para tomar
como real lo que no es sino una tergiversación emocional y errónea
de las causas de los sucesos. Y en carta a don Juan B. Sacasa, prominente
ciudadano leonés que le objetó alguna de sus apreciaciones
sobre aquellos hechos históricos, el periodista Selva, con mucho
acierto le contesta en febrero de 1875, lo que sigue:
"No podían en 1811 ser rivales los dos
pueblos. Ambos estaban sujetos al yugo colonial, ambos eran víctimas
del absolutismo ibérico, y juntos corrieron la adversa o próspera
suerte de pueblos que aspiraban a su independencia. Granada dio primero
el grito de independencia y apoyó la revolución de León
enviando una columna de 400 patriotas. Los pueblos que así se conducían
no eran rivales ni podían serlo, cuando ambos aspiraban a la libertad.
Hubo hostilidad de León contra Granada en 1811, pero la rivalidad
entre las dos ciudades comenzó después de consumada la revolución,
cuando ya los dos pueblos libres se disputaban la supremacía en
el nuevo Estado".
Es indudable que para quien desee encontrar la
solución de ese funesto localismo que ha envenenado a las masas
de las dos ciudades nicaragüenses, debe tomar muy en cuenta el juicio
de Selva por la imparcialidad con que aprecia los hechos que dieron origen
a esas incesantes y debilitadoras luchas en la vida de la república.
Selva, como todos sus contemporáneos, surgió
a la vida de la prensa después de sangrienta guerra, primero interna
y en seguida nacional, guerra iniciada en 1854, en la que Nicaragua y todo
Centro América, estuvieron a punto de perder su independencia. No
se podría negar que esos hombres no sufrieran la fuerte impresión
que les causara la lucha, que de niños unos, y en la adolescencia
otros, presenciaron, y sufrieron las desgracias que ella acarreó;
y que esa misma triste experiencia no obrara en su ánimo para que
al tomar parte en los destinos del país, no les sirviera de advertencia
para buscar el apoyo donde pudieran
defender su independencia y sus libertades. Y
es así como se explica que Nicaragua ofreciera a Centro América
un notable grupo de periodistas independientes que bregaban por dar mayor
cultura y más amplitud a los principios de la libertad y del derecho
de gobierno propio, procurando arraigar en los encargados del poder público
la idea de garantizar éstos plenamente. A este último fin
encaminaron sus esfuerzos intelectuales sin que les arredrara el temor
de la amenaza que sobre ellos se cernía. Siempre apercibidos para
la lucha de ideales, sus mentes estaban listas para obrar en favor de lo
que sustentaban; y Carlos Selva fué uno de ellos y quizás
el que más vehemencia y valentía puso en la lucha.
Recibió Selva escasos aplausos de los
mismos en favor de quienes combatió. Los gobernantes, remisos algunos,
a otorgar la libertad individual, y como corolario la de prensa, le prodigaron
destierros y persecuciones. Y se revela esto, como un lejano recuerdo de
las luchas pasadas en la rememoración que hizo en sus artículos
de "La Patria", en 1896, de unas estrofas de los cantos heroicos del poeta
granadino, Juan Iribarren, escritos por éste en 1856, cuyos vibrantes
versos animaron a los patriotas de aquella epopeya. Y en esos artículos
se pregunta Selva al citarlos si ya no existen aquellos granadinos del
viejo tiempo en el que se bregaba por conquistar las libertades.
Adán Vivas, pariente inmediato de Selva
y escritor también granadino, escribió una semblanza cuando
todavía vivía aquél periodista. Un amigo nuestro nos
refiere que Selva se indignó al leer las francas frases que Vivas
había escrito sobre él. Disgustado lanzaba improperios contra
el escritor que lo había semblanteado; pero indudablemente, Vivas
-que lo conocía muy bien por haber trabajado en "El Diarito" durante
su última época, escribió sobre Selva palabras llenas
de verdad sobre su personalidad-. Citaremos tres párrafos del escrito
de Vivas que corroboran lo
311
i
i solua las r muy n que ates y
a la 'mero 4, en punque cau)tros,
,o; y
limo sireranque nosotros hemos escrito también
en este boceto sobre aquel fuerte polemista nicaragüense:
Sobre la venalidad que se le atribuye a Selva,
dice Vivas:
"Alguien ha dicho: Carlos Selva se vende al partido
que lo quiere comprar. Esta aseveración está muy lejos de
la verdad".
Sobre su agresividad en la polémica, Vivas
lo describe así: "como lo es, nos trae este símil a la mente:
el de un bulldog que asegura su presa, y no la suelta sino cuando se viene
entre los colmillos de la fiera, el pedazo de carne con los músculos
y el hueso". Su prosa es "como un río caudaloso que corriendo entre
vírgenes riberas se refleja en el cielo azul o tempestuoso", y sobre
su obra de periodista de combate, el mismo Vivas declara finalmente: "no
quedará reducido a la nada del abandono y del olvido, ni cuando
pase sobre su dueño el frío torrente de la tumba".
Toda su vida, toda la fuerza de su privilegiado
talento, la educación y la experiencia que adquirió en ese
batallar; todo eso lo puso al servicio de la causa de poder decir, sin
trabas ni debilidades, lo que sentía y pensaba. Murió a principios
de 1912, casi desapercibida su muerte por sus coterráneos -no recuerdo
que se haya escrito en la prensa nicaragüense algún comentario
sobre su obra al dejar esta vida-.
Se extinguió esa vida, como una de tantas,
víctimas del alcohol. ¿Vicio o enfermedad? Nadie sabe hasta
hoy a cuál de las dos causas debe atribuirse.
Por mi parte, yo he escrito estas líneas
sobre ese vigoroso editorialista nicaragüense que figuró en
el siglo pasado con brillo y valor propio, para que no se diga con Saint
Beuve que sus conciudadanos le han hecho: "el ultraje del olvido".
312Los restos de Carlos Selva, que tanto ruido
metió en sus campañas de prensa deambulando por algunos países
de América, descansan hoy en medio del imponente silencio en humilde
fosa del cementerio de su ciudad natal, lugar donde, como dice T. Gray,
duermen:
"Each in his narrow cell for ever laid, The rude
forefathers of the hamlet sleep".
San José, Costa Rica, 1940. |
1887 Don Circunstancias Managua
Los periódicos de índole humorística y satírica:
1887 El Duende Rojo, Managua
Los periódicos de índole humorística y satírica:
1888 El Diarito
(Carlos Selva)
El Diarito (1888-91), en Managua y luego en Granada, de Carlos Selva;
1888 Revista
Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles
1888 la Revista Literaria, Científica y de Conocimientos
Útiles (Enero-Julio, 1888).
Revista Literaria, Científica y de Conocimientos Útiles
(1888)
Publicada desde el 15 de Enero de 1888. Trató ciencias, artes,
industrias, comercio, y también insertó una de las primeras
poesías escritas por una mujer en Nicaragua: la de la niña
de nueve años Josefa Vega de Masaya.
1889 La Estrella
de Nicaragua
en Managua La Estrella de Nicaragua (1889-90), opositor a ese mismo
gobierno, que dirigía el colombiano Victor Dubarry;
1889 El Eco Nacional
(León) que en apoyo del gobierno de Sacasa, editaba Agustín
Duarte;
1889 Revista Ilustrada de Nueva
York (1889-1892)
Román Mayorga Rivas, se
había abierto campo, aprovechando un cargo diplomático en
Washington, en la coedición con el venezolano Nicanor Bolet Peraza
de la Revista Ilustrada de Nueva York, donde publicaba desde 1889. Aquí
se publicaban crónicas y comentarios, artículos sobre temas
artísticos o sobre "La Mujer Americana".
1890 El Mocho (Managua) (humoristica)
|