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 Casa de Amelia Benard de Granada
CALLE ATRAVESADA

Construida en 1910 por Luis Benard, es conocida como el palacete de Doña Amelia Benard de Lacayo, en donde se celebró su casamiento en 1921. 

Con el transcurso del tiempo, a la vivienda se le han realizado intervenciones internas, utilizándose nuevos materiales de construcción. 

A pesar de estas reformas, la fachada original no ha sufrido transformaciones. 

Se le llama también la Casa Vieja.


Ubicada adyacente a la Calle Atravesada, fue construida a fines del Siglo XIX por Luis Benard. 

Se conoció como el Palacete de Doña Amelia Benard de Lacayo. 

La vivienda ha conservado su integralidad en la composición de la fachada neoclásica.

Estaba compuesta por dos cuerpos: el primero de ellos con tres accesos principales y dos accesos de menores dimensiones que armonizan con la fachada del segundo cuerpo. 

Los accesos del primer cuerpo presentaban arcos de medio punto, pilastras, capiteles y pequeños segmentos de sillería. 

El primer cuerpo se caracterizaba por sus columnas lisas adosadas, con capiteles disminuidos y bases altas.

Un segundo cuerpo presentaba dos vanos de puertas rectangulares con frontón interrumpido que resguardaban los costados de un balcón conformado por dos pares de columnas con capiteles dóricos y arquitrabe. 

Las puertas laterales poseen balcones individuales que muestran balaustre asimétrico. El segundo cuerpo, es rematado por un ático que se combina con balaustre.


 

La fachada principal está definida por dos cuerpos: el primero de ellos con un pórtico central determinando acceso principal, dos vanos laterales más pequeños, dos puertas laterales que, como el pórtico principal poseen arcos de medio punto, pilastras. capiteles y una siteria. 

Caracterislicas principales del primer cuerpo son las columnas adosadas lisas, con capiteles disminuidos y bases altas que intercalan los tres accesos de mayores dimensiones. 

Una cornisa marca el limite de los dos cuerpos de la fachada. 

En el segundo cuerpo, dos vanos de puertas rectangulares con frontón triangular interrumpido resguardan los costados de un balcón conformado por dos pares de columnas can capiteles dóricos y arqufiabe. las puertas laterales poseen balcones individuales con balaustres. las columnas adosadas en este cuerpo san dobles y con arquitrabe, rematadas pa una balaustrada en su fachada principal. intercalada por elementos continuos que esconden el techo. 

En el costado Norte sólo dos ventanas de la planta baja coinciden con la planta alta, que tiene las dos ventanas rectangulares y de distinta conformación.

El inmueble está compuesto por dos plantas. 

A la planta baja se accede mediante un vestíbulo central que comunica a les salones laterales. 

Estos dan paso a un amplio corredor_porticado que rodea un patio central después del cual se encuentran ambientes de servicio y dormitorios. 

Un corredor porfiado dispuesto en forma de ele limita al segundo patio en cuyo costado Sur se ubican habitaciones de nueva construcción. 

Un segundo traspalo se ubica al final de la planta baja del inmueble, delimitado por bodegas y cuartos de servicio. la planta alta la definen tres salones que responden a una disposición espacial semejante a los de la planta baja. 

Tres balcones coincidiendo con los tres accesos de la planta inferior, permiten una amplia vista hacia la calle.
 


Paradigmas del siglo XIX 
Emilio Benard: funcionario probo y progresista
* Desde juez de paz hasta ministro en Washington, pasando por senado, prefectura y alcaldía * Telégrafo, ferrocarril y modernización de la Hacienda Pública fueron parte de obras administrativas * Fue el primero en concebir, y sin duda lo habría logrado, el construir un canal interoceánico en Nicaragua
Jorge Eduardo Arellano 
END - 17:27 - 01/05/2010

El personaje histórico que aquí rescato del olvido pertenece al siglo antepasado: a una época muy distante de la nuestra. Sin embargo, su consagración a la vida pública resulta vigente. De naturaleza ética, se sustentaba en este principio que le servía de norma permanente. “Con la Hacienda, la Justicia y la Moral no debe jugarse política”. Y su conducta, de acuerdo con los testimonios de sus coetáneos y de los documentos redactados por su propia mano, revelan una personalidad verdaderamente republicana, merecedora de recordación patria.

De ahí que presente esta semblanza, cuyo objetivo es revivir la existencia de un hijo nacido de emigrantes franceses (él, un bravo oficial de Napoleón Bonaparte, ella, una belleza parisina) que muy pronto se adaptaron al patriciado local de la pequeña y comercial Granada de Nicaragua, en la primera mitad del siglo XIX. Adaptación que tuvo su centro propulsor en el comercio con Europa a través del Río San Juan y el puerto de San Juan del Norte, de población cosmopolita, en el Caribe.

Este hombre, granadino de nacimiento y de formación vital, educado en disciplinas prácticas —la contabilidad y las matemáticas— en los Estados Unidos y en Francia, retornó a los suyos en 1858, a raíz de la expulsión del filibustero expansivo y esclavista, el sureño William Walker. Un hombre que, siéndolo ya a sus dieciocho años, contribuyó desde entonces al progreso nacional como servidor público de iniciativas emprendedoras.
Joven de cualidades excepcionales
Fue durante la primera etapa del período de los llamados “30 años” conservadores, cuando se consolidaba lenta y relativamente el Estado-nación, que este hombre —en realidad un joven de cualidades excepcionales— desarrolló su carrera administrativa.

Así llegó a desempeñarse a cabalidad como Juez de Paz en San Juan del Norte, secretario del general Tomás Martínez en misión diplomática a Inglaterra, administrador de Rentas con el presidente Fernando Guzmán (1867-1871); y durante la presidencia de Vicente Cuadra (1871-74) como alcalde de Granada, prefecto del departamento, senador por Rivas y ministro en Washington.

Alcalde de Granada

En el ejercicio de la alcaldía, se le reconoció inmediatamente “su ilustrada y pujante iniciativa en las saludables reformas que introdujo en los fondos municipales, en el servicio de las escuelas públicas, en la construcción del nuevo Cementerio, en el ensanche del hospital; en fin, en todo lo que pertenecía a las mejoras locales”. También como alcalde le correspondió publicar el acuerdo del 25 de enero de 1871 por el que el presidente Fernando Guzmán cedió a la municipalidad de Granada “el muelle del Lago de aquella ciudad.” Otra mejora notable, lograda por Benard, fue el establecimiento del alumbrado público. Se importaron de los Estados Unidos faroles de kerosén para instalarse en las esquinas y a media calle, colgados de postes diseñados por él mismo. “Fue un alcalde a la medida del progreso” —dijo el cronista Alejandro Barberena Pérez.

Como es sabido, a partir del gobierno de Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1874-78), el país inició su “despegue” modernizador, prosiguiendo y mejorando los logros de las administraciones anteriores, además de emprender transformaciones definitivas. Pues bien, bajo la égida de Chamorro Alfaro, el hombre al que hemos aludido desplegó como nunca y como nadie su talento laborioso en su carácter de ministro de Hacienda. 
¿Su nombre? Emilio Benard Doudé (Granada, 28 de julio, 1840-Managua, 5 de noviembre, 1879).
 

Existencia breve, pero ejemplar 

Breve, como se observa, fue su existencia: 39 años y cien días; pero ejemplar y fecunda. No sólo en su aspecto privado, sino especialmente como funcionario público. De tal manera que, a raíz de su fallecimiento, recibió numerosos adjetivos definitorios, como abnegado, benemérito, bienhechor, inteligente, eminente, enérgico, esclarecido, honrado, ilustre, incorruptible, inflexible, pundonoroso, prudente, recto y útil, por citar quince tomados de su Corona fúnebre, publicada al año de su muerte por cuenta del Estado.

Ésta, que tuvo una segunda edición en 1925 y la tercera en 1971 —ambas editadas por sus descendientes— ha sido la fuente primaria más extensa de la presente investigación. No obstante, el Ministro blanco —como se le llamó por muchos años a Benard Doudé— dejó piezas de carácter antológico, indispensables para conocer a fondo su carácter.

En primer lugar, su digna carta de rechazo a la candidatura presidencial que le ofrecían sus amigos, encabezados por su jefe el presidente Chamorro Alfaro, quienes le aseguraban aportar el capital exigido por la ley, del que carecía. “Aceptar esa candidatura —escribió— sería inútil, antipatriótico y deshonroso”, planteando virtualmente los tres más altos valores que lo retrataban en cuerpo y alma: la utilidad, el patriotismo, el honor. Y, con toda lucidez, argumentaba: 

Inútil porque una vez proclamado no faltaría quién me interpelara por la prensa, y tendría entonces que hablar, lo que sería peor; antipatriótico, porque daría lugar a trabajos estériles en favor de una candidatura imposible; y, en fin, deshonroso, porque teniendo la convicción de la ilegalidad del caso mi convencimiento, sería la intervención premeditada de un acto vituperable.

Y continuaba Benard Doudé: “La responsabilidad del funcionario debe ser efectiva por medio de un capital limpio”, quizá su frase más perdurable, constitutiva de la moral pública que heredó a los nicaragüenses y, en particular, a sus familiares, hombres de trabajo y prestigio social. Frase sólo comparable a esta otra, lapidaria, enviada en un telegrama famoso al máximo ideólogo de su partido político: “Piense más y escriba menos”.

Y es que Benard Doudé, más que opiniones, emitía convicciones. Una de ellas no la despreciaría ninguna mentalidad consciente de lo que significa la soberanía nacional: “La cuestión de justicia es de vital importancia para la República; es la única arma que puede esgrimir con algún éxito en una contienda con un Estado poderoso. Si no la tenemos, debemos doblegar la cabeza y dar las satisfacciones que se nos exijan por humillantes que sean; pero si la tenemos, es deber del gobierno resistir en el terreno moral, y en caso de violación del territorio, con las armas en la mano hasta donde alcancen las fuerzas”.

Créditos de la posteridad

No en vano, Benard Doudé había motivado a plumas del siglo XIX, entre otros, al “publicista” J. Trinidad Gutiérrez (1867-1935), al escritor Manuel de Rosales (18??-1933), y al historiador Sofonías Salvatierra (1882-1964). Si el primero le dedicó un capítulo en su serie de folletos divulgativos, Biografías de hombres ilustres centroamericanos (1908-9), el segundo pronunció una conferencia en el Parque Central de Managua en 1932, cuyo texto aún no se ha localizado. Mientras tanto, el tercero le otorgó este justo crédito: “El mejor de los aciertos de don Pedro Joaquín [Chamorro Alfaro] fue nombrar Ministro de Hacienda a don Emilio Benard y conservarlo allí durante todo su período. Hombre éste activo y progresista. Nicaragua le es deudora de mucho bien en su adelanto material. El telégrafo es obra suya, y su fuerte e incansable iniciativa nos dio el ferrocarril”. Por cierto uno de los pocos ferrocarriles de América Latina, o quizás el único, construido con fondos nacionales.

Basta hojear los dos informes bianuales de Benard Doudé (1877 y 1879), considerados modelos de competencia en el cargo, para rendirse cuenta de otras acciones suyas en beneficio de la República. Nos referimos, por ejemplo, a los “trabajos de composición” del Río San Juan —iniciado en su primera sección—; a la emisión de la primera moneda metálica del país —el centavo de cuproníquel—, al envío a Cuba del empleado principal de la Factoría de Tabaco para contratar “dos cultivadores y dos torcedores”, con el fin de promover el cultivo de ese producto; y otro envío, esta vez a la Guayana inglesa, de un Comisionado para aprender la fabricación del azúcar y la destilación del ron, lo que facilitaría —diez años más tarde— la fundación de una sociedad denominada Nicaragua Sugar States. Por ello, a Benard Doudé se le ha estimado precursor del Ingenio San Antonio.
Logros económicos y financieros
Detalladamente, en dichos informes —por lo demás escritos con elegancia y dominio—, Benard Doudé consigna otros logros económicos y financieros de la Administración Chamorro, obtenidos bajo su responsabilidad en la Cartera de Hacienda. He aquí tres: el bono consolidado que “vino a cortar de raíz el insoportable embrollo en que se encontraba el crédito nacional interior y exterior”; el cumplimiento exacto de las obligaciones contraídas dentro y fuera del país; y los primeros billetes —llamados del Tesoro— emitidos por la Nación.
El primer proyecto de banco
Igualmente, concibió el primer proyecto de Banco, firmado por él como ministro de Hacienda y los señores Indalecio Maliaños y Santiago Morales, el cual lo llevó a leer y a analizar trece obras editadas de 1864 a 1878 en Chicago y Nueva York, París y Londres.

He aquí un resumen de la administración de Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, en la cual actuó con honradez y dinamismo el ministro Benard Doudé. Aparte del establecimiento del telégrafo, “el proyecto e iniciación de los trabajos del ferrocarril; la mejora del cultivo del tabaco por el sistema cubano; el decreto del 14 de junio de 1877, que previene que el tercenista debe comprar el tabaco, lo cual importa una reforma notable en la renta, porque ha simplificado su administración y garantiza los intereses del fisco; la innovación de la fábrica de sombreros de jipijapa, mediante la enseñanza de maestros extranjeros que se hicieron venir por cuenta del Estado; la ley que puso en manos del Gobierno las valiosas sumas a que ascienden los bienes de manos muertas, llamadas cofradías, para atender a los trabajos del río San Juan y ferrocarril, cuyas empresas dejó iniciadas por medio de ingenieros competentes, como los señoras Menocal y Norris; la introducción y circulación de los centavos, facilitando así las pequeñas transacciones, etcétera, y después de todo esto, el magnífico estado en que deja el crédito nacional dentro y fuera del país, que es su más importante conquista y merecida gloria”.
Don de gentes
Sofonías Salvatierra concluía su reconocimiento de Benard Doudé: “Inteligente y patriota, su intervención en otras cosas de gran provecho fue eficaz. También nos ha dejado el grato y ejemplar recuerdo de su extraordinaria honorabilidad y su don de gentes”. Al respecto, esa honorabilidad y ese don de gentes le condujeron a fundar en la ciudad de Granada —entonces ejerciendo su hegemonía política y económica— el primer centro recreativo de Centroamérica y que tuvo una duración de casi ciento diez años (1871-1979). Me refiero al Club Social.
Afán educativo
Pero ese mérito, suficientemente ponderado en el prólogo a la tercera edición de su Corona fúnebre, no opaca otra de mayor trascendencia: el empeño de integrar la Junta Directiva del Colegio de Granada, en 1874, y luego el de becar en dicho plantel “a hijos de padres pobres, que se dedicarán en lo sucesivo a las penosas tareas del magisterio, cuya carrera [Benard Doudé] contribuyó a crear y a dejarla casi organizada”, según Francisco R. Cabrera, alumno y profesor auxiliar del colegio.
Su estudio canalero
Otro mérito por el que debe recordarse fue el empeño que demostró por gestionar en Washington, como diplomático, el proyecto del Canal Interoceánico a través de Nicaragua; así lo revela, con actitud científica, el optimista estudio bilingüe que redactó en Washington, en 1874, reimpreso en Managua. Como muchos nicaragüenses de su generación, Benard Doudé creía que el mito del progreso lo representaba el canal, y que éste sólo podía ser construido por los Estados Unidos.

Lo anterior no le impidió suscribir en julio de 1879 un reclamo a dicha potencia “por perjuicios sufridos por ciudadanos nicaragüenses a consecuencia de las expediciones filibusteras acaudillas por Walker”.
Probidad intachable
En fin, su rasgo más notorio fue la probidad intachable de su carrera administrativa al consagrarse, más que a su esposa y a sus once hijos, al servicio de la Patria. Por ello, cuando en el lecho de muerte se le conminó a dictar su testamento, dijo:
—Para qué, si no tengo nada que testar.
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