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VIERNES
21 DE JULIO DEL 2000 -La Prensa
Del
Bertini a los Karawala Cines del ayer granadino
Los artistas
de las películas mudas parecían marionetas eléctricas,
se movían
nerviosos hasta en las escenas más románticas
En el Cine
Bertini se presentaba por temporadas la Compañía
Encanto de Paco García, su primera actriz era Rosita Meléndez
PEDRO J. VINDELL MATUS
GRANADA.- Hay quienes dicen que los cines comenzaron a funcionar en esta
ciudad a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX presentando películas
mudas, es decir sin sonido, en las cuales los artistas a veces parecían
eléctricos por los movimientos nerviosos que hacían aún
en las escenas más
románticas y ceremoniosas.
Para llevar la secuencia del relato los espectadores tenían que
leer los
diálogos o trozos del argumento que aparecían en sectores
escogidos de la
cinta, si no lo hacían podían perder el argumento y la secuencia
del filme.
Un hombre que recuerda los vestigios de esa época es don Pedro José
Saballos quien nos remite a la época y nos relata que las primeras
películas
mudas eran amenizadas por cuatro o cinco músicos que ejecutaban
diversas
melodías mientras la cinta iba corriendo. Saballos recuerda que
el primer
centro para esas presentaciones fue el Bertini, situado donde antes estuvo
el
cine Colonial, de la iglesia La Merced una cuadra al oeste.
“Era barata la entrada, costaba 15 centavos, las primeras películas
fueron las
de Charles Chaplin”, dice Saballos.
EL COLONIAL COMENZABA TEMPRANO
El Colonial iniciaba sus funciones a las 6 de la tarde todos los días,
hasta que
comenzaba a oscurecer, pues la parte de luneta era sin techo y sólo
el palco
era techado y no quedaba en un segundo piso como se puede pensar.
Muchas eran comedias y películas de aventuras del oeste norteamericano.
Ese local era una gran casa construida con paredes de adobe, techo de caña
de castilla y tejas de barro.
“Eran otros tiempos”, dice Peché de 69 años, al hablar sobre
las
características de esos centros, recuerda que él hizo propaganda
con
auto-parlantes a las películas que se presentaban en El Colonial,
siguiendo
esa modalidad en la primera emisora en onda corta, La Voz de la Sultana,
YNS, cuyo dueño era Francisco “Chico” Tercero, por la década
del 50, hasta
que surgió la voz de Guillermo “Chocolate” Bermúdez Urbina,
hombre
respetable en ese oficio.
Una película se cortaba porque no venía bien o por negligencia
de los
operadores, las rechiflas eran muchas, también las palabrotas de
los
cineastas, los verbos, menciones a las pobres madres. El respetable don
Edmundo Castillo “Chalupa” y algunos de sus hijos del primer matrimonio,
fueron operadores de máquinas de cine y trabajaron en el Teatro
González,
también en la Calle Atravesada, frente a la actual sucursal del
Banco
Nicaragüense,
LOS PRIMEROS PORTEROS
Había un portero de cine llamado Chamorrito, era un estimado ciudadano,
muy
educado, que también vendía lotería y vestía
de impecable blanco y corbata
oscura, otro portero era Benjamín “Mincho” Vela.
El que pintaba o hacía la cartelera del cine era el artista de la
rotulación don
José María “Chema” Estrada, heredó el oficio a sus
hijos, entre ellos a Carlos
“Camoché” que también fue radioperiodista y que desde hace
algunos años,
junto con su familia, vive en los Estados Unidos.
MAS RECUERDOS
Otro granadino que recuerda los cines de Granada, y sobre todo las películas
mejicanas donde actuaban Miguel Aceves Mejía, las comedias con
Mantequilla, Tin Tan, Cantinflas y otros, es Pablo José Pavón
Arias de 65
años de edad.
En el Cine Granada donde hoy es la casa del Frente Sandinista, en la Calle
Atravesada, se presentó el conocido José María Peñaranda,
el colombiano,
con sus canciones de doble sentido y su pegajoso ritmo.
En el cine Colonial había un patio que era a la vez, luneta y palco,
“la
rascadera era fina, debido a los insectos chupa sangre conocidos como
jelepates”, por el día se escondían en las hendijas de los
asientos, ponían sus
huevos y se multiplicaban, la gente se sentaba y al rato comenzaba la
movedera por la comezón que producían. Al ser destripados
“jedían”, afirma y
se pone a reír, los tales bichos se metían en distintas partes
del cuerpo y
donde menos alguien los deseaba, las rascaditas eran discretas, de hombres
y mujeres.
La clientela de los cines provenía de todos los barrios granadinos,
de Pueblo
Chiquito, La Ceiba, Calle Nueva, El Arsenal y otros, se pagaba 50 centavos,
después llegó a costar un córdoba con 50 centavos.
El Cine Granada era del señor Carlos Lacayo Vivas, surgió
en la década de los
60. Otro cine fue el Hilda en la Calle La Calzada, pero ahora está
cerrado. .
En el Teatro González, una placa indica que allí vivió
el general Fruto
Chamorro, último Director del Estado y Primer Presidente de Nicaragua.
LAS CAJITAS DE CINE
Recuerda don José que cuando él era chavalo conoció
unas “cajas de cine”
que tenían un lente a través del cual se miraba una serie
de fotografías
montadas sobre un cilindro. Se le daba vuelta a una manigueta a la velocidad
que uno quisiera y los personajes de las fotos se movían al caer
las fotos una
después de otra. “Costaba 10 centavos la mirada”.
Algunas de esas cajas estaban donde Los Marenco y otras en la casa de don
Francisco Tercero y otros lugares comerciales, se les cambiaban los rollos
de
gráficas al gusto del cliente.
En el cine Bertini –dice-, se hicieron presentaciones de teatro por
temporadas, una de las compañías que visitaba ese local era
la de Paco
García, la principal actriz era Rosita Meléndez.
Los artistas intercambiaban regalos con el público, flores, adornos,
perfumes
y otros, señala don José, para recordar que las obras puestas
en escena por
la Compañía Encanto eran de canto, baile, drama y comedia.
Añorando esos tiempos se lamenta: “pero la televisión terminó
con todo eso”.
Hay muy poco sobre el cine Bertini. El Colonial fue del señor William
Hurtado
actual propietario de los cines Karawala en la primera y segunda cuadra
de la
Calle Atravesada
26 DE JULIO DEL 2000 / La Prensa
Voz del Pueblo
El Teatro Margot
Interesante y evocativo pero incompleto el corto reportaje sobre los cines
de Granada (LA PRENSA del 21 de julio), porque no se menciona al Teatro
Margot, que llenó una etapa muy destacada de la industria del espectáculo
y, por qué no, de la cultura popular.
El Margot estaba situado donde están hoy los cines Karawala. Era
el dueño
don Carlos Lacayo Vivas y su sobrino don Fernando Lacayo era el
administrador. En la época de gloria de Carlos Gardel allí
se exhibieron todas
sus películas. Una de ellas “Sombras de Gloria” fue presentada varias
veces.
Esto dice mucho de la afición gardeliana del público granadino,
ya que en
ese entonces las películas se presentaban una sola vez. Durante
el día por
un parlante del teatro se difundían los tangos del Zorzal Criollo,
de manera
que todo el mundo aprendió las letras de sus canciones.
En el Margot y no en el Bartini actuaba la “Compañía Encanto”
de Paco
García y su primera actriz Rosita Meléndez, esposa de Paco.
Se presentaba
el elenco en el verano, con las noches despejadas bajo un cielo estrellado,
había que reservar las entradas de palco. En la temporada la luneta
se
convertía en palco y el palco en luneta. Se anunciaba la Compañía
Encanto
con este lema publicitario: “Dramas y comedias, operetas y zarzuelas”.
Y
efectivamente se presentaban obras de gran calidad artística, de
afamados
autores. La Viuda alegre, El Soldado de Chocolate, El Conde de Luxemburgo,
El Rey que rabió, La Luciérnaga, La Corte del Faraón,
La Mascota, Del mismo
Barro, El Puñao de rosas, En un burro tres baturros, Yo son Chavalier
y
muchas obras más.
Los días sábados en la tanda de las siete, se llenaba la
luneta de
muchachos para ver las películas de vaqueros, los actores más
famosos
eran Buck Jones, Tom Tyler, Mom Mix, George Obrien, Tom Kenne y otros.
La entrada valía cinco centavos. En la tanda de las nueve de la
noche las
películas eran serias, para las personas serias.
En los años cuarenta construyeron el Teatro González y desapareció
el
Teatro Margot. Don Carlos Lacayo Vivas continuó el negocio en el
nuevo
local. En la parte baja el palco estaba detrás y la luneta adelante,
el
segundo piso se llamaba balcón y se llenaba de muchachos. Como muchos
enamorados visitaban el balcón, lo dividieron en balcón y
palco alto para las
parejas románticas. El balcón siguió siendo el sitio
de la muchachada
cinéfila.
MARIO ALFARO ALVARADO
Granada |