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San CarlosIsletas de GranadaEcoturismo-MombachoIsla Zapatera
Puerto DíazIsla de OmetepeRío San JuanPuerto San JorgeVapores del Lago

 

Isla Zapatera Lago de Nicaragua, 

El potencial arqueológico Zapatera es conocido desde 1850. 

Dos campañas de investigaciones arqueológicas se han realizado, la primera por Bovallius, quien excavó tres sitios, sus publicaciones no indican sus procedimientos ni los lugares exactos de excavación. En Suecia, Museo Etnográfico de Estocolmo existe una colección procedente de las excavaciones de Bovallius en el archipiélago Zapatera, Para el sitio Sonzapote, encontramos un vaso y cuatro fragmentos del tipo "Potosí aplique" del período Policromo Temprano (500 d.C. al 8(X) d.C.), así como un fragmento de figura humana tipo "Pataki policromo" del período Policromo Medio (800 al 1350 d.C.).

La otra excavación se llevó acabo en 1981 por el Departamento de Arqueología, en la isla El Muerto, encontrándose tres tumbas del período Policromo Medio (800 al 1350 d.C.).

Durante la prospección encontramos en el sitio Punta de las Figuras, un plato del período Policromo Temprano (500-800 d.C.), así como un fragmento de "León Punteado" del mismo período. En la isla El Muerto, un plato con asa del tipo Castillo Esgrafiado del período Policromo Tardío (1350-1550 d.C.).

En 1987 una urna funeraria de punta de las figuras con su contexto interior inalterado, fue recuperada y excavada en el laboratorio. Encontramos un esqueleto de niño y fragmentos de cerámicos del período Policromo Tardío (1350-1550 d.C.).

En recorrido por varios islotes en 1983 observamos que los sitios no parecen haber tenido todos la misma ocupación, porque las cantidades y la representatividad del material cerámico en superficie varían de un sitio a otro con materiales diagnósticos que se sitúan entre el período Bicromo en Zonas (500 a.C.- 500 d.C.) y el período Policromo Tardío (1350-1550 d.C.) (Navarro, 1983,p.4).

Durante la prospección de 1986 encontramos un fragmento del tipo Espinosa bandas rojas del período Bicromo en Zonas (500 a.C. - 500 d.C.), en el sitio Cañas. A continuación fichas y reproducciones gráficas de la zona 2.


 Isla Zapatera
Dr. Jorge Eduardo Arellano is a member of the' National Commission on Culture  and author of many, books.

Con el nombre de "Colección SquierZapatera - se conocen más de treinta piezas escultóricas que los Chorotegas, una de las culturas precolombinas de Mesoamérica, elaboraron en la Isla Zapatera, ubicada en el Gran Lago de Nicaragua.

Dicha isla es la segunda en extensión de ese Mar Dulce (la primera es Ometepe): 52 kilómetros cuadrados. Tiene la forma de un rectangulo en cuyos vértices sobresalen penínsulas rocosas y su diagonal mayor mide 11 kilómetros. 

Sus costas, accidentadas y peñascosas, poseen numerosas bahías. La máxima altura es de 625 metros y corresponde a un volcán extinto fuertemente erosionado y desmantelado. En la ribera noroccidental se halla una laguna de 600 metros de diámetro, de origen volcánico, al igual que los islotes vecinos: El Muerto, El Armado Y Jesús Grande.

Zapatera ofrece todos los elementos para transformarse en un Parque Nacional: fauna (tigrillos, halcones, loras, patos, venados, etc.), abundante pesca, flora, paisajes únicos y accidentes geográficos interesantes: ensenadas e islas, hervíderos y tres sitios arqueológicos: Zonzapote, Jiquilito y Las Cañas. En éste se han encontrado entierros y en los otros dos se localizaron desde el siglo pasado las esculturas de piedra que dieron fama a la isla.

Estas fueron descubiertas en 1849 por el diplomático norteamericano Ephraím George Squier (1821-1881), quien halló 15 estatuas en Jíquilito; redescubiertas por Carl Bovallius, un naturalista sueco que en 1883 reveló la existencia de 25 en Zonzapote. En 1924 y 1942 fueron trasladadas al Colegio Centroamérica de Granada, regentado por los jesuitas. Actualmente se conservan en uno de los recintos del antiguo Instituto Nacional de Oriente, a donde se trasladaron en 1970.

Las estatuas de Zapatera, cuyo compacto material es basalto negro, pertenecen a un complejo artístico que abarca la isla de Ometepe y las Isletas de Granada asociado a Mesoamérica y a culturas sudamericanas. 

No son monumeñtales, como los atlantes de Tula en México, las de las islas de Pascua en Chile o las de San Agustín en Colombia; pero sí de regulares dimensiones. La altura de las principales oscila entre 1.25 y 2.25 metros. Y su diámetro fácilmente supera los 60 centímetros.

Muchas de ellas se ubican junto a montículos de piedra y tierra, en su periferia, con la espalda hacia el interior de los mismos; otras, al descubrirse, se hallaban aisladas pero cercanas a ellos. Aparentemente, integraban un anfiteatro de carácter ritual. En efecto, el arqueólogo norteamericano Samuel Kirkland Lothrop sostuvo en 1926 que los hallazgos de Bovalius en Zonzapote quizás representan un templo consistente en varios edificios sagrados, cada uno con su atrio, ídolos y montículos para sacrificios. Lo cierto es que estas esculturas estaban relacionadas con los montículos.

Según los arqueólogos, datan de los años 800-1200 después de Cristo: una época en la cual se dio además la estatuaria de Chontales, al este del Gran Lago. ¿Cuáles son las diferencias de ambos estilos? 

Las estatuas de Zapatera tienden a la configuración plástica, a las tres dimensiones; en cambio, las de Chontales son cerradas, es decir, no trascienden el bloque o columna en que están esculpidas. Lothrop escribió sobre ellas: "Al este del lago, las estatuas son básicamente cilíndricas y representanhombres y deidades, algunas veces con detalles elaborados en bajo relieve. Indican un tronco de árbol, que ha sido levemente modificado; pero no en el concepto ni en el simbolismo, hay alguna indicación de influencia mexicana o maya; sin embargo, pueden ser consideradas como vagamente sudamericanas".

El mismo Lothrop anota: "Las estatuas de las islas del llamado istmo de Rivas hasta el oeste del lago de Nicaragua son mejor conocidas: típicamente consisten en urca columna redonda o cuadrada, coronada por una figura humana sentada o de pie, cuya cabeza y hombros a menudo se encuentran cubiertos por un animal. Este concepto, conocido como el motivo alter ego, se encuentra tanto en Mesoamérica como en Sur América. La estatua, sin embargo, es de tres cuartos o de talla compl eta, con los miembros separados uno del otro y del cuerpo, con un intento hacia laexactitud anatómica". En otras palabras, el arqueólogo describía el tipo mas representativo de esta estatuaria: un ser humano asociado a un animal.

Ahora bien, la posición del último tiene cinco variantes: 1) cuando el animal se adhiere a los hombros de la figura humana; 2) cuando el animal, o su cabeza alargada, es soportado por la cabeza del ser humano; 3) cuando el animal se funde con la figura humana, cuya cabeza sale de las mandíbulas de aquél; 4) cuando el animal superpuesto, más que adherido, a los hombros y espaldas del ser humano como en la primera variante, apoya su mandíbula sobre la cabeza del hombre y le oprimo las sienes con los dedos; 5) cuando la cabeza del animal no es soportada por la cabeza humana, sino que la lleva sin dificultad, predominante una u otra.

Las esculturas tic le isla Zapatera ofremorfas (que representan, al mismo tiempo, rasgos humanos y de animales) estatuas objetos y, simplemente antropozoomorfas, como "La niña de Zapatera". Se trata de una figura femenina de ojos rasgados, frente y nariz amplias, boca delgada, orejas grandes y simétricas, rostro igualmente simétrico, con pechos redondos y apenas insinuados —de adolescente,- y un rollete doble para aminorar el peso de la batea lítica que sostiene rígida e impávidamente.

La asociación del hombre y un animal es tradicionalmente interpretada como un individuo y su alter ego (otro yo): el animal es su espíritu protector, su "totem particular", su "nagual". Podría tratarse, como señala Claude Baudez, de divinidades representadas como un hombre que lleva sobre la cabeza, o cubriéndola, una máscara zoomorfa. O asimismo de jefes políticos o religiosos, cuyas máscaras (en el más amplio sentido, o sea, que puede cubrir el cuerpo a la vez que la cabeza de su portador) puede indicar un rango, función o pertenencia a un clan.

Esta concepción se encuentra en la estatuaria de Mesoamérica y Sudamérica. Cuando la cabeza del individuo aparece dentro de las quijadas del animal, denota un origen mesoamericano, y cuando el animal aparece sobre la espalda del individuo, su origen es sudamericano. Pero lo más importante, según varios arqueólogos, es parece haber tenido su centro irradiador en las islas del Gran Lago, y concretamente, en Zapatera: Isla-Santuario de los Chorotegas de Nicaragua. 

1. LOS PRIMEROS DESCUBRIMIENTOS
La primera noticia sobre grabado precolombino no es precisamente sobre piedra, se trata de una tabla de madera rectangular que el Fray Mercedario Luis Xirón le mandó de Nicaragua a Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán. En su publicación de 1883 titulada Historia de Guatemala o Recordación Florida; presenta una ilustración e informa que el fragmento de madera posee talladas las divisiones del tiempo en ciclos de 52 años con claros y reconocibles glifos del calendario mexicano incluyendo el símbolo para completar el final de un ciclo (Fowler 1981, p:575).

La primera publicación en considerar el arte rupestre es la obra del diplomático norteamericano Ephraim George Squier, titulada Nicaragua sus Gentes y sus Paisajes y publicada en Londres en 1852. El autor describe las pinturas rupestres de la laguna de Asososca, agregando dibujos de nueve figuras. Durante su exploración del sitio "Punta de las figuras" en la Isla Zapatera, Squier descubre 34 piezas de estatuaria monumental y una roca grabada la cual reproduce, mencionando que por la forma le hace creer que fuera piedra de sacrificio. En Masaya, visitó un cauce que conduce a la laguna del mismo nombre, en donde encontró una pared de 100 metros con figuras grabadas, de las cuales muestra tres conjuntos que denomina como rudimentarias representaciones de Hombres y animales, formas ornamentales y caprichosas. El guía le informó que en otros lugares en la laguna habían sitios con figuras esculpidas y pintadas y que cerca de la población de Catarina existían figuras pintadas en rojo representando hombres y mujeres bailando, pero él no fue a verlos (Squier 1989, p:254-329).

Thomas Belt, 1868 en su libro El Naturalista en Nicaragua, publicado por el Banco Central en 1976, menciona haber visto en la plaza de Acoyapa, Departamento de Chontales, una roca con círculos y caracteres redondos y curvos. También informa que varios testigos de vista le aseguraron que en el Río Mico habían esbozos de rostros humanos y de animales en la roca (Belt 1976, p:43).

En los años 1872, 1876 y 1877 un médico del ejército de los Estados Unidos, J. F. Bransford, apoyado por el Smithsonian Museum, en misión para completar información para el canal interoceánico en Nicaragua, realizó excavaciones arqueológicas en la Isla de Ometepe y en sus recorridos por la isla encontró petroglifos, dibujó y describió 20 de ellos que aparecen en su libro de 1881, Im;estigaciones Arqueológicas en Nicaragua, posteriormente editado por el Banco de América en 1979; en sus conclusiones sugiere hipótesis sobre la antigüedad de los petroglifos, los relaciona con otros del continente y afirma que son más antiguos que los que Squier encontró en Asososca (Bransford 1979, p:64-67,82).

Earl Flint hizo exploraciones arqueológicas en Nicaragua entre 1870 y 1890. Habitó la ciudad de Rivas, dedicado a recoger antigüedades para el Peabody Museum de la Universidad de Harvardy entre 1884 y 1889 escribió cinco artículos para la revista American Anticuariam, pero sus escritos sobre arte rupestre no fueron publicados y se encuentran en el mencionado museo. Refiriéndose a los sitios que Flint estudió en sus manuscritos, Lothrop (1926, p. 99) asocia el arte rupestre de la cueva de San Andrés, hoy conocida como cueva de Montelimar, con una época muy antigua porque descubrió huellas petrificadas de animales en el suelo.

2. LOS PRIMEROS INVESTIGADORES
Un viaje de dos años por Centroamérica le permitió a Karl Bovallius recorrer Nicaragua. Durante ese tiempo visitó el Archipiélago Zapatera, orientado por el libro de Squier y las informaciones que le suministrara Flint en su paso por la ciudad de Rivas en 1882. En la Isla la Ceiba descubrió los petroglifos de ese lugar, dibujó once de ellos, localizados en la parte más alta de la Isla, menciona la existencia de otros en las rocas de la costa y hace comentarios puntuales sobre la interpretación de algunas figuras. Esto se publicó en la obra Viaje por Centroamérica (1881-1883) en el año 1887, traducido por Camilo Vijil Tardon y publicado en español por el Banco de América en 1977.

En 1900 Karl Saper, en su artículo "Viaje sobre el Río Coco (al Norte de Nicaragua): Visita a los Sumos y Mosquitos", traducido al español en la Revista Ciencias de la Educación No. 2, 1969 y No.3, 1970, este documento da a conocer la existencia de petroglifos en Kiulna, Davoit, y Valpa Ulpan, situados en la desembocadura del río Poteca y Van Blan (Jenkins 1972, p:63). Saper se inclina a creer que fueron los sumos los autores de los petroglifos del río Coco, pero no justifica su comentario. De la costa del pacífico Saper dibujó un petroglifo del Sitio Santa Clara2 que puede verse en la obra de Lothrop 1979 Vol. I, Lam, VIII.

Herbert J. Spiden, comunicó en XXI Congreso Internacional de Americanistas de 1925, la existencia de "Pictographs" cerca de rápidos y cascadas en el río de Bluefields y otros ríos del atlántico que no especifica. Señala en Chagüitillo, Sébaco, un interesante grupo de "pictographs" y menciona las formas animales reconocibles (Spiden, 1925 p. 533). La traducción al español del término "Pictographs" es pictografías, parece que Spiden lo utilizó con el sentido de petroglifos, a menos que realmente haya observado pintura, es posible que se trate de las figuras de Chagüitillo que cita Matilló (1965), si este es el caso estamos hablando de grabados o de petroglifos que estaban pintados a principios de este siglo.

Samuel Kirkland Lothrop durante su permanencia de 15 meses en Costa Rica y Nicaragua, no tuvo la oportunidad de ver ningún sitio de arte rupestre, pero su libro Cerámica de Costa Rica y Nicaragua publicado en 1926, retorna dibujos de Flint y un dibujo de Saper, los cuales compara con otros de Norte y Sur América, sin hacer conclusiones definitivas. Lothrop hace una división de los grabados en dos tipos: los sencillos y los más elaborados con complejos adornos geométricos (Lothrop, 1979:90-92).

En 1932 Eduard Conzemius escribió un capítulo sobre inscripciones rupestres en el libro Estudio etnográfico sobre los indios Miskitos y Sumus de Honduras y Nicaragua, editado por el Instituto Smithsonian, en el boletín de Etnología de América. En unas pocas páginas anota localización de pictografías en varios ríos del Atlántico, algunas observadas por el mismo y otras referencias de Boyle, Pim y Seemann, Wickhman, Belt, Saper y Spinden; así mismo señala algunas toponimias relacionadas al arte rupestre como Gualpulban (M: Walpa-ulban), Quiulna (T y P: Kiulna) y Quiultan (U: Kiultan), que significan en español "rocas escritas" o "rocas pintadas". Identifica motivos humanos, animales, geométricos, declara total ausencia de figuras representativas de vegetales y resume declaraciones indígenas sobre el origen de los motivos rupestres (Conzemius, 1984:103,106).

En 1936 se publica un artículo en el No.2 de la Revista de Geografía e Historia de Nicaragua, "Huellas en tierras Segovianas", firmado por Celia Guillén de Herrera. En él se informa de sitios de arte rupestre en Boaco, en el camino de Santa Lucía a Boaquito, en las Máscaras, paredón del río de Boaco, asi como en la confluencia del río Tapacate y el de San Marcos, en Palagua, y en las montañas de Pueblo Nuevo (Guillén, 1936:195).

El mexicano Felipe Pardines en su artículo Hallazgos arqueológicos en Nicaragua (hasta 1938) da noticia de las "inscripciones" de la Isla El Muerto y publica otros dibujos diferentes a los publicados por Bovallius y Flint. Citando a Meyer dice que este último comprobó con una brújula la orientación de una cruz y que por esta razón y otras que él conoce (pero que no explica) dice que estos petroglifos fueron hechos por los Chorotegas. Menciona también que en el potrero El Silencio, en los alrededores de Acoyapa, habían petroglifos, uno de los cuales fue trasladado al Museo Nacional. También visitó en Masaya los petroglifos de La Cañada de las inscripciones como la llamo Squier y corroboró la existencia de los grabados pero dejó claramente asentada sus dudas sobre el origen indígena de esas evidencias debido a que, según él, la roca es quebradiza, de superficie suave y fácil de trazar en ella cualquier signo (Arellano, 1980:17-41).


 


Isla El Muerto, Isla Zapatera, Granada.
ARTE RUPESTRE 
DEL PACIFICO DE NICARAGUA
Rigoberto Navarro Genie
Instituto Nicaragüense de Cultura (abril 1996)
Pardinas dice que los petroglifos de la isla El Muerto fueron hechos por los Chorotegas. Si esa relación se comprueba, posiblemente permita establecer que las figuras corresponden al período Policromo Medio (800-1200 d.C.).
En 1954, Luis Cuadra Cea, arqueologo, famoso por su publicacion de 1941 titulada La Monumental Gruta de Montelimar trató de fechar el arte rupestre de la Isla El Muerto, situándolo 400 años antes de que el Popol-Vuh fuera escrito por Diego Reinoso al final del siglo XVI. Asumiendo que no existe actualmente ninguna relación que establezca la conexión entre los Maya-Quiché y los indígenas de la costa del Pacífico de Nicaragua, desde el punto de vista puramente cronológico, es posible que las figuras mencionadas fueron elaboradas en esa época. Correspondiendo al período Policromo Tardío (1350-1550 d.C.).

En 1981 Thorsquist sugirió que la figura No.6 de la isla El Muerto, es un caballo y su jinete, según él, esto es el único elemento para datar el arte rupestre de ese lugar con fechamiento de la época colonial. 

Al mismo tiempo Thornsquist comenta que: "...en el otro extremo del posible caballo aparece una cabeza de serpiente, motivo idéntico a los provenientes de México. Durante el periodo medio (800-1200 d.C.) muchos motivos mexicanos y Mayas aparecen en la cerámica de Nicaragua... En el período tardío (1200-1500 d. C.) se ve un acrecentamiento de la influencia del centro de México" (Thornsquist 1981, p.5). Hemos visto ese grabado y no le encontramos semejanza con un caballo (ver figura del calco de la isla El Muerto,  ).

Las afirmaciones de Fonseca son muy interesantes y coinciden con observaciones nuestras respecto a la asociación de grabados con cerámica del mismo período, en el Archipiélago Zapatera.

Al reflexionar sobre los antecedentes cronológicos del arte rupestre en Nicaragua, obtenemos que Flint insinúa un fechamiento del período pre-cerámico (2000 a 7000 a.C.), este dato lo descartamos por falta de validez en las pruebas; Cuadra propone datación del período Policromo Medio y Tardío que se ubica entre los 800 y los 1350 d.C.; Thornsquist duda entre el Clásico Reciente (7(0 al 900 d.C.) y el período Colonial; finalmente, Meyer, Pardinas, Fonseca y el autor, coincidenen vincular los petroglifos con el período Policromo Medio (800-1350 d.C.). Que casualmente es el común denominador de las propuestas de datación.

Las propuestas teóricas de cronología se limitan a dos sitios, Montelimar (zona 1) y El Muerto (zona 2). Para el primero se sugiere una edad de 800 años y para el segundo las propuestas oscilan entre 400 y 1200 años de edad.

3. La interpretación y sus principales teorías
Los aportes de interpretación corresponden a análisis de conjuntos y figuras aisladas, en ellos hay desigualdades, algunos tienen en cuenta el contexto artístico y la tradición cultural; otros poseen visión interpretativa global. Las hipótesis obedecen más a las ideas de cada escritor que al uso del método científico.

Existen problemas de interpretaciones de figuras y sitios que han recibido una interpretación fuera de contexto. Este tipo de desacierto puede ser ejemplificado por los escritos de Cuadra, quien ha interpretado de forma diferente, una vez como Quetzalcoatl y otra como Gukup-Lakix, dos figuras que desde nuestro punto de vista son bastante similares. 

El mismo autor en el estudio que hizo en la isla El Muerto, pretende que los grabados son escenas de personajes de la cosmogonía Maya-Quiché-Nahua, correspondiente a una parte de la representación gráfica del Popol-Vuh (Cuadra 1954). Estas ideas resultan inverosímiles pues no existe el mínimo indicio que pueda relacionar la isla El Muerto con los Quichés de Guatemala.

Obviamente toda interpretación que se presente sin considerar el contexto cultural en que están inmersos los motivos rupestres se convierte en un punto de vista lanzado extremadamente al azar.

Bovallius afirma que las cruces concéntricas de la isla El Muerto son representaciones de Tláloc, Dios de la lluvia y fertilidad y según sus informantes indígenas, la figura "F" es un cacique o sumo sacerdote (Bovallius 1977:268). Estos son interesantes comentarios que vale la pena tener en cuenta.



La Isla del Muerto, un sitio tan importante en el arte rupestre esta entre los más afectados debido a que están a orillas de los ríos y lagos, porque recibe más variaciones de temperatura, el movimiento constante del agua los borra poco a poco. Muchos de ellos ya son irreconocibles, como el caso de "Punta Tarquita", "El Muerto" y "El Mero".

Otros casos de destrucción son debidos a la técnica de quemar los campos antes de la siembra. La superficie de las rocas grabadas se agrieta y se rompe, como el caso del sitio "La Guinea".

En zonas de pastoreo de ganado los grabados sufren desgaste por el paso de los semovie y también por la acción química destructiva de los excrementos sobre las piedras talladas. ejemplo de esto es la isla El Muerto, en donde el usuario del lugar no asegura la protección de abundantes vestigios de arte rupestre, a pesar de la ley y de los constantes reclamos de la oficina de Arqueología.

Las figuras en las grutas han sido alteradas por vandalismo y por infiltración de concreciones minerales sobre las pinturas. En la gruta de Montelimar, hace algunos años, varios grabados fueron destruidos con golpes de machete. La mitad de la gruta de los Negros fue destruida por el huracán de 1972, que derrumbó una parte del techo, haciendo imposible la observación de varias pinturas.

El caso de la conservación de las pinturas rupestres es dramático, los pocos ejemplos existen son susceptibles de desaparecer. De hecho, en Montelimar la pintura azul se pe totalmente, y solamente queda una figura pintada en color rojo.

Es muy probable que los sitios con pinturas fueron mucho más numerosos que los qu s conocemos actualmente, ellos están en grutas al abrigo de la intemperie. El único ejemplo de pinturas en un sitio al aire libre es en "Paso Mariano" situado en el río Viejo, a 150 Km. al Norte de Managua.
 



English Guide of The Zapatera.
More than thirty sculptures that the Chorotega Indians, one of the pre-Colombian cultures of Mesoamerica, created on Zapatera Island, in the Great Lake of Nicaragua, are known as the "Squier-Zapatera Collection."

Zapatera is the second largest island in this fresh-water sea (the largest is Ornetcpc), with its 20 square miles. Rectangular in shape, from its vertex arise rocky peninsulas, with its widest diagonal measuring 6.8 miles. Its coasts, irregular and rocky, have a myriad of harbors. Its highest point (2,043 feet) is the eroded cone of an extinct volcano. Along its northwestern shore is a volcanic lagoon measuring 2,000 feet in diameter, which is similar to those on neighboring islands: El Muerto,El Armado, and Jesús Grande.

Zapatera offers all the elements of a National Park: fauna (ocelots, falcons, parrots, ducks, deer, etc.), abundant fish, flora, unique landscapes, and interesting geographical features: coves and islands, hot springs, and three archeological sites: Zonzapate,Jiquilito,and Las Cañas. Burial grounds were found in the latter; the stone sculptures that brought fame to the island last century were found in the other two.

These islands were discovered in 1849 by North American diplomat Ephraim George Squier (1821-1991), who found 15 statues in Jiquilito. They were rediscovered by Swedish naturalist Carl Bovallius, who in 1883 revealed the existence of 25 statues in Zonzapate. The statues were moved in 1924 and 1942, to the Colegio Centroamericano in Granada, run by the Jesuits. At present, they are in a gallery of the Instituto Nacional de Oriente in the same city, where they were moved in 1970.

The statues of Zapatera, made of black basalt, belong to an artistic complex that includes the islands of Omctepe and Granada, associated with the cultures of Mesoamerica and South America. These are not monumental statues, like "Ailames" of Tula in Mexico, the Eastern in Chile or San Agustín in Colony
but they are of normal size. 

Many were found covered with mda of rock and earth, with their backs toward the inside of these mounds; others WCM found apart but close to the others. Appar, ently they form an amphitheater of arituM nature. In effect, North American archeologist Samuel Kirkland Lothrop stated in 1926, findings on Zonzapate
may have represented a temple consisting of several sacred buildings, each with its entrance-way, idols, and sacrificial mounds. Thus it is true that the sculptures were related 'o the mounds.

According to archeologists, the sculptures date from 800-1200 A.D., the period in which the statuary found in Chontales, on the eastern shore of the Lake, also appeared. What are the differences between the two styles? The Zapatera statuary tend to have a three-dimensional plastic configuration, while the Chontales statuary are "closed," i.e., they do not go beyond the block or column in which they are sculptured. Lothrop wrote the following about them: "East of the lake, the statues are basically cylindrical and represent men and gods, sometimes with details worked in low relief. They show the trunk of a tree, that has been slightly modified; but not in concept nor in symbolism, there is some indication of Mexican or Mayan influence. However, they can be considered vaguely as South American."

Lothrop goes on to note: "The statues of the islands of the so-called Rivas isthmus to the west of Lake Nicaragua are better known: they usually consist of a round or square column, crowned by a sitting or standing human figure whose head and shoulders are frequently covered by an animal. This concept, known as the alterego motif, is found in Mcsoamerica as well as in South America. The statue, however, is three-quarters or totally sculpted, with the limbs separated from each other and the body, in an attempt for anatomical precision." In other words, the archeologist was describing the most representative type of this statuary: a human being associated with an animal.

There are five variations on the animal's position: 1) the animal adheres to the shoulders of the human figure; 2) the animal, or its elongated head, is supported by the human's head; 3) the animal merges with the human figure, whose emerges from its jaws; 4) the animal is superimposed, rather than adhered, to the shoulders and back of- the human as in the Cirst variation, support n h s jaw on the head of the man, and squeezes his temples with his fingers; 5) the head of the animal is not supported by the human head, but rather holds it without difficulty, predominating one or the other.

The sculptures of Zapatera Island present other forms: zooanthropomorphic statues (which have both human and animal features), object statues, and simply anthropomorphic figures, such as "The Girl of Zapatera." This statue is a feminine figure with almond eyes, broad forehead and nose, thin mouth, big and symmetrical ears, symmetrical face, with the round and merely insinuated breasts of a teenager, and a double roll to lighten the weight of the lithic tray she is carrying stiff and inipassively.

The association between man and animal is traditionally interpreted as the individual and his alter ego: the animal is his protective spirit, his "individual totem," his "nagual." These could be divinities represented by a man who wears a zoomorphic mask on or over his head, as Claude Baudez points out. Or they may be ofpolitical or religious chieftains, whose masks (in the broadest sense of the word, since they may cover the body as well as the head of their bearer) may indicate rank, function, or membership in a clan.

This concept is found in the statuary of Mesoamerica and South America. When the head of an individual appears in the jaws of an animal, it indicates Mesoamerican origin; likewise, when the animal appears on the back of an individual, the origin is South American. However, according to several archeologists, the most important trait of these statues had their center in the islands of the Great Lake, specifically, in Zapatera, Island-Sanctuary of the Chorotega in Nicaragua.



Información :
29 DE ABRIL DEL 2004 / La Prensa  Vestigios indígenas en Zapatera 

    Zapatera, una isla. ¿Qué tiene de interesante? Agua por todos lados, piedras y algún animal de monte. Pero no solamente eso, hay mucho más. Si nos acompaña en este pequeño recorrido que realizamos para ustedes, lo descubrirán 

Isla Zapatera.
Angélica Martínez R. 

Los primeros síntomas de aventura se comienzan a sentir cuando se está a orillas del Lago Cocibolca, en Granada, a punto de poner pie dentro de la lancha que nos llevará a la Isla Zapatera, un pedazo de tierra y vegetación que promete mucha aventura, lindos paisajes y la posibilidad de observar, en el mismo lugar donde nuestros ancestros los tallaron, los petroglifos que transmiten, si se pone atención, la cultura que predominó en esas tierras antes que llegaran los españoles. 

Llegamos al puerto de Asese, ubicado a orillas del lago, con los primeros rayos del sol. Algunos lancheros ya se encontraban listos para zarpar. Don Carlos Canales fue en esta ocasión, nuestro capitán y guía de aventura. 

Uno a uno fuimos dejando atrás los pequeños montículos que conforman las Isletas de Granada, abriéndonos paso hacia la profundidad del mar dulce. Mientras avanzamos, los pensamientos nos llevan a la época de la conquista española. No es difícil imaginar por qué los conquistadores pensaron que realmente estaban en mar abierto. El Lago de Nicaragua cuenta con una majestuosidad que las palabras no alcanzan a describir. 

Un pequeño bache en el camino interrumpe bruscamente nuestras ensoñaciones. Don Carlos nos explica que debido a que estamos en verano, el nivel del agua del lago baja y algunas piedras que antes no estaban visibles, afloran. “Habrá que cambiar la propela (la piedra) se la voló”, dice, explicando que aún podemos continuar el viaje. 

EL MUERTO 

Nuestra primera parada antes de llegar a Zapatera fue la Isla El Muerto. En este lugar, rodeado por un extenso bosque de jocotes, encontramos dos áreas que exhibían escrituras en piedra realizadas por nuestros antepasados.

Los isleños aseguran que en este lugar se practicaban sacrificios humanos. Semejante historia echa a volar nuestra imaginación. ¿Cómo o de qué manera serían aquellos ritos? ¿Las historias sobre vírgenes decapitadas ofrecidas a los dioses son ciertas, o nuestros antepasados serían caníbales? Son entre otras las interrogantes que surgen ante tal afirmación. 

Regresamos a la lancha luego de observar los ritos de apareamiento que ciertos insectos de la isla sostenían en ese momento. La primavera comenzaba para ellos. 

En el camino a Zapatera, don Carlos nos explicó que también se puede llegar a la isla desde la carretera pavimentada que va de Granada a Nandaime, unos tres kilómetros después de pasar el empalme El Guanacaste. 

En ese punto se desvía a la izquierda por el camino que lleva a la comunidad de Pancasán. Se avanzan unos 22 kilómetros hasta llegar a la costa del lago, a “Casa de Teja”, en San José de El Mombacho. Desde aquí sale una lancha, previamente contratada en la comunidad de Sonzapote, que hace el recorrido por Zapatera. 

La ventaja de este acceso es que desde tierra firme hasta la isla, sólo se requieren 20 minutos. El trayecto que nosotros escogimos, saliendo del puerto Asese, es dos veces más largo, pero vale la pena para poder observar las isletas e islotes, fauna y flora, que pueblan el camino. 

ÍDOLOS DE PIEDRA 

La Isla Zapatera es la segunda más grande del Lago de Nicaragua después de Ometepe. Debido a la cantidad de petroglifos, vasijas e ídolos encontrados, entre otras manifestaciones aborígenes, se cree que este lugar era un cementerio indígena de las tribus que poblaban Ometepe. 

Tribus... indígenas... ritos sagrados... no sé por qué de pronto comienza a sonar una especie de música primitiva. Los tambores resuenan como en un eco lejano acercados a través del túnel del tiempo. Casi podemos ver a los indios chorotegas excavando las tumbas que guardan hasta nuestros días los restos de sus seres queridos. 

También es posible imaginar a los españoles azotándolos como si se tratara de perros, destruyendo todo a su paso. ¡Cuánta historia perdida! Según los lugareños, algún fraile se condolió de la miseria de los indígenas y obligó a que respetaran este lugar sagrado, bajo condición de que incorporaran el símbolo de la cruz en sus grabados. Se inició así la cristianización, al menos en las piedras, las que muestran los símbolos autóctonos, circundados por pequeñas crucecitas. 

DATOS DE INTERÉS 

La estatuaria de Zapatera fue descubierta por los exploradores Ephraim G. Squier en 1850 y Carl Bovallius en 1883. 

Se cree que las estatuas de Zapatera fueron esculpidas por los chorotegas a principios del milenio pasado, pero sufrieron de la iconoclasia de los fanáticos frailes españoles y del clima húmedo y cálido de las islas lacustres, al grado de haberse borrado muchos de sus rasgos originales. 

La Isla Zapatera es el resto erosionado de un antiguo volcán que se formó sobre la fractura volcánica del Pacífico de Nicaragua. Se trata de una estructura muy antigua, posiblemente originada antes de la formación del Lago de Nicaragua. 

Debido al saqueo del que ha sido víctima la isla, la mayor parte de las estatuas y vasijas encontradas en la isla se encuentran en el convento-museo de San Francisco, en la ciudad de Granada y otras en el museo de Chontales. (Fuente/Intur). 

DOS ALTERNATIVAS 

En la comunidad de Sonzapote, de la Isla Zapatera, se encuentra el albergue rural “Nicaragua Libre”. Administrado por los propios pobladores, este lugar ofrece alojamiento y comida por ocho dólares diario por persona y 50 dólares en concepto de transporte a un grupo con un máximo de 15 integrantes. 

Nicaragua Libre: 088 05848, zucoa@ibw.com.ni; ucatierrayagua@yahoo.es 
  
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