Las familias fundadoras de San Rafael del Norte, Jinotega,
Nicaragüa.
Las primeras familias que se establecieron en San Rafael fueron: Aráuz, Gadea, Lanzas, López, Osegueda, Pineda, Rizo, Rivera, Rodríguez, Tinoco, Úbeda, Zelaya y Zeledón.
Eran familias originarias de Andalucía, España; los Aráuz eran originarios de Aragón. Los Aráuz se dedicaban, en Aragón, a cultivar hortalizas y al venir a Nicaragua buscaron un lugar fresco para dedicarse a dicho cultivo, llegando así a San Rafael del Norte, a finales del siglo XVIII procedentes de Nueva Segovia. Además de las hortalizas estas familias se dedicaban al cultivo del añil, lo preparaban y lo exportaban a España; también cultivaban el pimientillo, del cual sacaban aceite para hacer candelas especiales que se ocupaban en la Semana Santa.
Recuerdo que mi abuela Josefana Úbeda me mandaba a recoger estas semillas de pimientillo al cerro del Panal.
Los Rizo fueron de las primeras familias del pueblo, pero estos no eran propiamente españolas, sino originarios de Sicilia, Italia. El apellido Rizo existe en España, pero es de origen italiano. Así por ejemplo, el escritor español del siglo XVII, Juan Pablo Mártir Rizo (1593-1642), era nieto del famoso humanista italiano, Pietro Martire d'Anghiera, más conocido por Pedro Mártir de Anglería (1459-1526).
(11) Pedro Mártir de Anglería fue el primer cronista de la provincia de Nicaragua. Su obra De Novo Orbe Decadas contiene un capítulo dedicado al descubrimiento de Nicaragua, escrito en 1524. Ver, Arellano, J. Eduardo (1975) Nicaragua en los Cronistas de Indias. Colección Cultural Banco de América, Serie Cronistas.
También de San Rafael del Norte era, Urania Zelaya Úbeda, hija del profesor Chico Zelaya; ella fue una jovencita militante sandinista que murió asesinada por la guardia en una casa de seguridad en Managua, en el año de 1977.

Víctor Hugo, su General Augusto C. Sandino,
hermano, fue comandante de la columna -caricatura de Zavala Urtecho. "Juan
Alberto Blandón", una
de las fuerzas guerrilleras que acompañaron
al legendario "Zorro" (Francisco Rivera) y al "Viejo Martín" (Salvador
Loza), en las heroicas insurrecciones de Estelí, en 1978 y 1979
De San Rafael del Norte era mi hijo Eddy Saúl Rizo Zeledón, quien fue cofundador de la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), en el Instituto Nacional Eliseo Picado, en Matagalpa, en 1976; después, siendo guerrillero sandinista del Frente Occidental "Rigoberto López Pérez", murió en los combates de la toma del Fortín de Acosasco, en las afueras de la ciudad de León, el 29 de junio de 1979, durante la Ofensiva Final que derrotó a la dictadura somocista.
En estos escudos de familia aparece la figura del erizo, que corresponde a nuestro zorro espín, y en otros escudos de esas familias europeas, aparece el zorro de las nieves. La razón que daba mi abuelo sobre ese apodo, era por que estos animales son sumamente astutos, aunque más allá de esta opinión de mi padre, resalta otra característica en la familia y es el pelo o barba plateada.
En la ciudad de León, vivía el Dr. Armando Rizo Oyanguren, de origen jinotegano, y a quien apodaban el "Zorro Plateado" y presumo que tenía el mismo origen.
Vale la pena señalar que existe otro municipio de Nicaragua que tiene el mismo nombre de mi pueblo, es San Rafael del Sur, en el departamento de Managua.
Curiosamente, allí existe un valle o comarca, llamada "Comarca Los Rizos". Mi hermano Humberto, trabajó en San Rafael del Sur, en los años sesenta, y tuvo la oportunidad de entrevistarse con la mujer más anciana de esas familias Rizo de allí, era una señora cuyo nombre no recuerdo, pero dio a mi hermano el siguiente testimonio: que su abuelo era originario de San Rafael del Norte, y resultó que este abuelo era hermano, a la vez, de mi bisabuelo Silvestre Rizo.
Comprobamos que estas familias de San Rafael del Sur habían migrado, tres generaciones atrás, procedentes de San Rafael del Norte.
Entre las costumbres coloniales que dejaron en el pueblo estos primeros pobladores mediterráneos estaba la del arte de la esgrima y la espada. Antiguamente existió una escuela de esgrima en San Rafael del Norte, y existía la costumbre en el pueblo, de hacer cada año un torneo y sacar a un campeón.
Don Anselmo Altamirano, hermano carnal del famoso General Divisionario del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, Pedro Altamirano, más conocido como "Pedrón", fue el último de estos campeones de esgrima de San Rafael del Norte.
Ellos eran unos finqueros de Suní, una comarca de San Rafael del Norte.
La tradición del "campeón de espada" se mantuvo mucho tiempo después que la escuela de esgrima desapareció. Durante el gobierno del general Zelaya se comenzó a prohibir la portación de estas armas, pero la costumbre se mantenía viva como una tradición popular, que al fin se acabó por razón de la llegada de la Guerra Constitucionalista, en 1926 y la intervención de los marines, que le siguió, y que dio lugar a la resistencia indoamericana de Sandino (1927-1933), transformándose San Rafael del Norte en un lugar de mucho control militar por parte de los yanques y posteriormente de la guardia nacional.
El conocimiento de esta tradición de esgrima militar explica mejor el famoso "corte de chaleco" del que se hizo mucha fama en las batallas cuerpo a puerto, en las emboscadas que Sandino hacía a los machos. Eran enseñanzas militares que sabían hacer los hermanos Altamirano, con precisos tajos o cortes de espada, aplicadas con machetes, aprendidas de las viejas claves de esgrima de aquella antigua escuela del pueblo.
Tengo recuerdos de mi infancia de lo que pienso fue la última de esas espadas. La usaba don Santos Rivera Zeledón, padre del poeta Santos Rivera Siles, en la procesión del Santo Entierro de la Semana Santa, después de la guerra de Sandino, por supuesto.
Don Santos, con gran garbo, mientras representaba el papel del centurión
romano, el Viernes Santo por la noche, hacía rechinar la vieja espada
contra un afilador, dando un sonido metálico que atraía la
atención de todos los muchachos. El había sido compañero
de don Anselmo Altamirano en la última Escuela de Esgrima, tal vez
en los primeros años del siglo veinte. Esa espada la heredó
don Anselmo a don Natividad Rivera y éste a don Polín Méndez,
quien se la entregó al poeta Santos Rivera.
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DE ENERO DEL 2002 / La Prensa
En el “Comedor Chepita” de San Rafael del Norte Nuestra Gente: Cosas Veredes Sancho Amigo ![]() |
En su limpia cocina doña Chepita se considera la reina
de la comida típica de los sanrafaelinos.
Mario Fulvio Espinosa
Acatando
la orden de “Creced y multiplicaos” que nos diera el Supremo Hacedor,
Wilfredo Blandón Solano y su esposa Carmela Cantarero comenzaron,
allá por los años treinta, una asombrosa producción
de hijos. Engendraron 24 vástagos que llegaron al mundo “con
un pan bajo el brazo”, expresión que da a entender que todos
ellos gozaron de amor filial y de las privaciones propias de aquel San
Rafael del Norte que por aquellos años era cuartel de Sandino y
núcleo de la lucha contra a intervención norteamericana.
El primer retoño fue una mujercita, Josefa, hoy convertida en la honorable dueña del “Comedor Chepita”, donde según afirma, “se come lo mismo que hay en todas las casas del pueblo, pero cocinadas con mucho cariño y buen gusto”.
Afirma con toda simpleza que sus padres fueron prolíficos por pura honestidad. “Entre ellos no hubo marrullas ni el temor a tener hijos. Por otra parte eran muy trabajadores y podían proteger a su prole”. Pero ya hablando con franqueza, señala que hubo un desliz de su papá que floreció en una media hermana “a la que queremos como si fuese de padre y madre”.
“Mi papá era de San Rafael y mi madre de Jinotega. De los 24 hijos que tuvieron, 16 están vivos y cada uno ha buscado la vida en distintos lugares, como Wiwilí, Pantasma y otros lugares, donde poseen fincas y tienen sus hijos”.
"ESAS COSAS SON MUY REMOTAS"
Al principio doña Chepita demostró ser una mujer cautelosa e intentó responder con monosílabos a nuestras interrogantes. “Esas cosas que me pregunta son remotas don, para qué se las voy a contar si son de los años de marras, porque yo soy más vieja que qué, y eso lo estoy contando desde que anduve a gatas”.
Pero poco a poco esta señora blanquita, de cabellos canosos, va entrando en confianza. Apunta que estudió hasta sexto grado en la Escuela Ángela Cisneros, pero hubo un día en que su padre la emplazó. “Me dijo que qué prefería, seguir estudiando o quedarme trabajando en la casa. Yo le dije que prefería quedarme en la casa ayudando, pero tengo hermanos profesionales, pero la mayoría trabaja en la agricultura”.
– ¿Por qué le gustó tanto, entre los trabajos del hogar, el quehacer de la cocina? – Porque desde mi niñez trabajaba en la cocina con mi mamá. Cocinábamos no sólo para la familia sino para un montón de mozos trabajadores... Y después fue mi gusto quedarme con este comedor para también satisfacer mis necesidades, este quehacer lo he cumplido muy honestamente y con mucho trabajo.
– ¿Eso quiere decir que es usted una persona muy conocedora de la
cocina jinotegana?
– De Jinotega no porque no la visito, yo no hago visitas. Yo de aquí
no salgo.
– ¿Quién le enseñó el arte de cocinar?
– Eso se aprende en el camino. Ahora hay muchas facilidades, pero cuando
yo empecé se cocinaba con yerbas, con la chicoria, con la hierbabuena,
con el tomate. Para tener un negocio como éste se debe tener cariño
al cliente, saberlo tratar, verle la conformidad y que lo traten
bien a uno. Y si es en la cocina uno le busca los laditos. No es
necesario que usted tenga galones de una cosa y montones de otra,
sepa cocer los frijoles, sepa darle el punto cuando le ponga la sal, sepa
hacer las cosas, así se va aprendiendo. Yo no necesito de libros
ni de recetas.
– ¿Cómo es la vida en San Rafael?
– Tranquila, pacifica y aburrida. Yo no le sé decir mucho porque
no salgo de mi casa.
– ¿Qué añora de aquellos viejo tiempos?
– Añoro aquella tranquilidad de cuando era pequeña. Existían
menos comodidades, pero parece mentira, uno vivía mejor aunque
fuera muy pobre San Rafael. En la actualidad de trabajar se trabaja, lo
que pasa es que ahora hay algunas facilidades, antes no había cocinas
eléctricas ni licuadoras, todo se trabajaba rústicamente.
– ¿Era la gente más buena antes que ahora?
– Todo depende. Para mí es igual. Siempre hay buenos y malos, así
es la humanidad. – ¿Se casó usted? – Pues
sí, tengo dos hijas mujeres.
– ¿Por qué no siguió el ejemplo prolífico de
sus padres?
– Desagraciadamente me castigó Dios. Porque me castigó, fue
un castigo y le reclamo, porque si me hubiera dado siquiera cinco, seis
o siete hijos yo me sentiría más acompañada. Porque
mis hijas no viven conmigo, viven pendientes de sus trabajos y si
nos llamamos por teléfono eso no quiere decir que vivan conmigo.
– De todas maneras chepita, tener muchos hijos ahora resulta más
caro que antes.
– Eso si es cierto. Pero yo le digo una cosa, Dios pone la llaga pero también
da la medicina. Mi papá nos llevaba en su caballo donde el médico,
y eso no costaba nada, ahora vamos en carro y hay que pagar buenos reales.
Así es todo, todo es relativo. Mi papá curaba su ganado
con medicamentos caseros, ahora no, una “cacastosa” que tenga uno
cuesta carísimo curársela.
– ¿Chepita, y no has pensado en agrandar el negocio?
– Pues no, porque así he estado conforme en más de cincuenta
años que tengo de estar en esta carambada, y ahora que ya estoy
más para allá que para acá, qué gano con hacerlo.
Yo deseara mejor irme a vivir afuera, a una finca, a una hacienda...
– ¿A Miami?
– A Miami no, a ésta mi Nicaragua.
UNA DAMA DE ABOLENGO
¿Dónde sirven la comida más sabrosa y más barata
en este pueblo? Preguntamos a varias personas
-Aquí lo mejor es el comedor de doña Chepita, allá
en la calle real, casi al final, nos contestaron
-Y henos aquí frente a esta dama de abolengo culinario, cuyos secretos
son difíciles de entender precisamente por su sencillez
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