SAN RAFAEL DEL NORTE, JINOTEGA, NICARAGUA

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         Casa de Retiro
"El Tepeyac Nicaragüense"
San Rafael del Norte, Jinotega, Nicaragua
  Viernes Santo venga a celebrar uno de más los famosos Vía Crucis del país

Incluye fotos originales de cuando la Tumba original del Padre Odorico D'Andrea fué trasladada a la Iglesia
Recientemente fué desenterrado el cuerpo después de 18 años de entierro
y su cuerpo como puede notar en las siguientes fotografias permanece bien formado.

 El Tepeyac fue construido en el conocido Cerro de Tierra Colorada, antiguo cuartel de la extinta Guardia Nacional y de los marinos norteamericanos que intervinieron en  la época de las guerrillas del general Sandino. Para entonces, este cuartel tenía una escalera de ascenso de cuatrocientos peldaños. Esta base militar estaba ubicada   también en la región histórica de “La Brayera” de los colonos españoles.


l enorme Parque-Retiro Cerro El Tepeyac, igual que en México,en donde se encuentra el altar de Nuestra Señora de Guadalupe, el sitio es ideal para sentir el poder espiritual de Dios..Tepeyac en los tiempos indígenas éra dedicado a la Diosa de la Fertilidad llamada Tonantzin, asociada con la Luna. Es por eso que éste Cerro es visitado como un lugar sagrado en donde se encuentra la tumba del Padre Odorico.

  el hecho de que los indígenas continuaran adorando a sus dioses bajo mano era un motivo de preocupación para las autoridades eclesiásticas. La recapitulación de los convertidos (y pérdida de
identidad) es necesaria para el triunfo de cualquier religión que se precie. Un buen día aparece una narrativa de la supuesta aparición de la Virgen de Guadalupe (versión de una de tantas Madonnas renacentistas españolas) a un indígena...

.....Aparición que por 'extraña' coincidencia, en el mismo monte Tepeyac donde tradicionalmente se adoraba la diosa madre azteca llamada Tonantzin. El indígena se supone que regresa del encuentro con la imagen pintada en su túnica o tilma. La imagen resulta ser una típica virgen renacentista con cara morena medio indígena (como las pintadas por indígenas exportados y enseñados a pintar en Europa ) y es el perfecto sello del triunfo final de los nuevos dioses conquistadores y la fusión del cristianismo con el rito azteca.

 Pero, lo importante no son los detalles... ¡Lo importante es Creer!
Los pueblos mesoamericanos desde tiempos remotos ya venereban en el cerro del tepeyac a una deidad llamada Tonantzin (que quiere decir Nuestra Madrecita), por esta razón, fue más fácil la asimilación el mensaje traído por la Virgen María como verdadera Madre de Dios y Madre nuestra.

PROCESO A JUAN DIEGO

María abre en el Tepeyac la  "Pedagogía de la Sustitución"
Xavier Escalada S.J.

Que los aztecas eran muy religiosos todos los historiadores lo repiten; exageradamente religiosos, capaces de heroísmos habituales, como dejarse sacrificar en lo alto de cualquier teocalli para mantener encendido al sol con la propia sangre, el "jade líquido".

A lo largo y a lo ancho de la geografía habían levantado multitud de templos, a los que gustaban peregrinar en romería de muchedumbres. Fray Bernardino de Sahagún escribe en 1576; "Y a Tepeyacac, ante su ídolo acudían a hacer sacrificios de muy lejanas tierras... hombres, mujeres, mozos y a la voz de apellido: ¡Vamos a las fiestas de Tonantzin...!"

Era costumbre adentrada hondamente en el esquema sociosicológico de aquellas gentes. Los misioneros, con un sentido muy moderno de tomar lo aceptable y cambiar tantito lo inadmisible, no sólo fomentaron aquel impulso de peregrinar, sino que conservaron muchos de los puntos magnéticos de aquellas atracciones, cristianizándolas por así decirlo, es decir, sustituyendo la antigua insaciable deidad por amables santos y advocaciones cristianas.

Prosigue Sahagún: "Iban de igual manera a las faldas de la Sierra de Tlaxcala, a honrar a la diosa Toci y a Tianquizmanalco, en reverencia a Telpochtli". El sentido práctico de aquellos franciscanos les dictaban cambiar el ídolo por el de una imagen de caracteres parecidos: "Y porque esta costumbre no la perdiesen los pueblos que gozaban de ella, persuadieron a aquellas provincias a que viniesen como solían".

La sustitución fue sapiente, porque persevera después de cuatro siglos. Donde tenían a Toci y a Tocitzin (nuestra abuela) pusieron a Santa Ana, también abuela, en Chiauhtempan, la actual Santa Anita, maravilla de telares en Tlaxcala. Y a Telpochtli el mancebo fuerte tezcatlipoca, lo sustituyeron, con igual éxito de persistencia, por San Juan Bautista, "el que vino a preparar los caminos del Salvador".

A primera vista tal modo de proceder induce a pensar que los indígenas nunca acabaron de hacerse cristianos, que seguían recordando a sus antiguos dioses, ahora con figuras nuevas. Esto se oye de vez en cuanto entre los que comentan el tema; sin embargo, los hechos superaron a los temores; fue excelente pedagogía, que no violentó los ánimos de aquellos pueblos y los fue llevando a una religiosidad hecha de amores, sin sacrificios humanos y guerras para obtener prisioneros-víctimas.

Es claro que los franciscanos no tuvieron que instalar seminarios ni filosofar sobre módulos didácticos para la nueva concientización de los indígenas, como diría un actual cultor de vocablos, pues el camino se abría con trazos seguros, los de Santa María del Tepeyac. Ella pudo haber escogido cualquier punto, cercano a Tenochtitlan, Chapultepec por ejemplo, donde está hoy el Castillo. Escogió sin embargo, el Tepeyac, donde veneraban los aztecas a Teotenatzin, la madre de los dioses, a la que conscientemente venía a sustituir. Ella mensajera de un Dios bueno, que no se complace con los corazones arrancados en vida, sino abiertos al perdón, y al amor universal. Por eso fue tan fácil aceptar a la dulce Niña que hablaba palabras blandas y corteses, que tenía la faz apacible de una de sus princesas. A Teotonantzin en cambio dice Sahagún que la representaban con "una máscara de dos caras, una atrás y la otra delante, las bocas muy grandes y los ojos salidos, y en la cabeza una corona de papel almenado".

Torquemada, coetáneo de Sahagún, razona esta didáctica de la sustitución y lo hace con muy encarecedores conceptos: "Prevalecía la devoción de los ídolos Telpochtli, Toci y Tonán cuando nuestros frayles vinieron a esta tierra; cabalmente por remediar el daño, que no todos lo saben, determinaron de hacer iglesia en el Nuestro Señor, porque viniese con la festividad antigua, en lo que toca a la gloriosa Santa, aunque no en el abuso o intención idolátrica. En Tianquizmanalco construyeron casa a San Juan Bautista; y en Tonantzin, junto a México a la Virgen sacratísima que es nuestra señora y madre...".

Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo del Rey, en el "Plano de la Ciudad y Valle de México" que levantó en 1555, señala claramente la Iglesia de Tepeaquilla, donde primero estuvo Teotenantzin y puso luego su casa que mandó construir, nuestra hermosa Madre de Guadalupe.
 
 

PROCESO A JUAN DIEGO

Tepeyacac, el Belén de México
Xavier Escalada S.J.

El comienzo del mundo cristiano y el de México, que por María se cristianiza, tienen rasgos parecidos, idéntica belleza.

En la media noche palestina y en la madrugada del Anáhuac, se oyeron cantos, envueltos en luces: "Se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que cantaba: Gloria al Altísimo en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad". Desde el Tepeyac Juan Diego "oyó cantar arriba del cerrillo... callaban a ratos las voces de los cantores y parecía que el monte les respondía, canto muy suave y deleitoso..."

Del Tepeyac, escribe Miguel Sánchez en el siglo XVII, que "es un cerro tosco, pedregoso e inculto, cubierto en resquicios, hendido en quebraduras, lleno de riscos y peñascos y sólo produce malezas, espinas y abrojos". ¿Por qué lo escogerían los aztecas para sede de su tormentoso culto a Tonantzin (madre de las gentes) o Cihuacoatl (mujer de la culebra)? Ellos entonces quizá no tuvieron ninguna respuesta; hoy nosotros bien la podemos vislumbrar.

Ni tampoco era bello el cerro calcáreo en donde se asentaban entonces las pocas casas de Belén. A pesar de su nombre Ephrata, "casa de pan", era seca y polvorienta aquella loma, minada y socavada por muchas cuevas, una de las cuales dio acogida y contempló asombrada el hecho más desconcertante de la historia humana, el nacimiento del Salvador. Su fertilidad, loada ya en el Antiguo Testamento (Miq. V-1) viene de los campos de sus laderas bajas, allá donde Ruth la Moabita espigaba el trigo de Booz, donde se inició al romance que culminaría, en tres generaciones, con el nacimiento del gran Rey David.

En los días navideños muchas veces hemos escuchado la buena nueva que el Angel trasmite a los pastores: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo..." el mismo gozo que María anuncia: "a ti y a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra... para mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa..." Los ojos de la Virgen están inclinados, mirando siempre a la tierra y a las gentes en este México que Ella ha elegido para cuidarlo con delicado amor.

Cuando Jesús, nacido en Belén, abrió sus pequeños ojos de niño, el primer rostro que vio fue el de su Madre hermosa; también cuando renació México en el Tepeyac, por primera vez cubierto de flores, contempló asombrado y gozoso el mismo sereno rostro "de sobrehumana grandeza", el de una madre de exquisita hermosura.

Creían los Aztecas y lo traían indeleblemente firme en sus convicciones, que eran "el Pueblo del Sol", de este sol nacido de la diosa madre tierra, la vieja Coatlicue Tonantzin. Del mismo sol que iluminaba con su luz al universo, nacieron los hombres, hasta que, en un crepúsculo de sangre vespertina, cayó a los abismos. Para que no fenezca y siga alumbrando a los humanos, le daban el "jade líquido", sangre de los sacrificios, sin que nunca sé agotase o se apagase su sed vital.

Curiosas ambivalencias, lazos ténues entre pueblos y culturas, que la Providencia didacta toma para enseñar a los hombres. Coatlicue Tonantzin era venerada en la última punta de la Sierra Madre; allá en donde quiso venir la nueva "Madre de los hombres", más dulce, más humana y bienhechora, envuelta y vestida de sol, enseñando que el Dios de dioses no se complacía con corazones arrancados en vida, sino abiertos al amor y a la bondad para con todos.

Restos del Fraile Odorico en el Tepeyac, San Rafael del Norte Jinotega.

En el gozo de las celebraciones navideñas, destaca el "Natale Solis invicti", sol invicto que tanto resplandece en la liturgia de esos días bellos. El Tepeyac se había convertido en el nuevo Belén, en donde María volvía a engendrar un pueblo lleno de fe, que no perdería, al transformarse de su antigua y fuerte religiosidad.

Cuidó José con delicada solicitud todo aquel 'imposible' episodio, del Verbo divino, reducido a la intrascendencia de un hombre diminuto. Y a Juan Diego le reía de gusto el alma, al contemplar al Obispo Zumárraga hincado ante la suave figura estampada sobre su burdo ayate, una tela ordinaria que desde entonces ya no tiene precio.
 

contiene artículos de prensa nicaraguense..
 

21 DE ABRIL DEL 2003 /
Gabriel Sánchez Campbell   Los feligreses van a San Rafael del Norte, para escalar el cerro en uno de los Vía Crucis más originales de Nicaragua

Muchos feligreses tocan al Nazareno para sanar sus enfermedades.
 Al llegar a la cima de la montaña soltó el llanto por la emoción. Entre más de dos mil personas que se amontonaban para tocar la imagen del Cristo crucificado, Francisca Pérez pagaba su promesa por haber salido de prisión.

Recorrió casi un kilómetro descalza y vendada, en un camino de menudas piedras afiladas que se mezclan con la tierra, desde la capilla La Reconciliación, en San Rafael del Norte, pueblo situado a 20 kilómetros de Jinotega. Todo para seguir el Vía Crucis que con devoción se celebra desde hace más de 300 años en este lugar.

Igual que esta mujer de 30 años, miles de feligreses se dan cita todos los Viernes Santo para celebrar uno de los más famosos Vía Crucis del país: el del Tepeyac, cuyo nombre lleva el cerro donde inicia la primera de las 14 estaciones de esta procesión que simboliza el recorrido de Cristo, antes de ser crucificado.

La primera estación del Vía Crucis del Tepeyac inicia con una oración de cuando “Jesús es condenado a muerte”. En las faldas del cerro, al compás de la lúgubre melodía de una flauta de viento, tambores y trompetas de la filarmónica, la gente se detiene por primera vez desde que salió de la capilla La Reconciliación, la cual está ahora a 500 metros de ese lugar. De pronto, se escucha un murmullo y la gente cae arrodillada.

Han transcurrido 20 minutos desde que salieron de la iglesia de estilo colonial renacentista, diseñada por un arquitecto italiano, cuyo valor estético le mereció ser declarada Patrimonio Nacional, el año pasado. Es el mismo templo recordado por la imagen de un demonio que, según dicen, tiene un gran parecido a Daniel Ortega, quien gobernó el país en los años 80.

El cortejo salió una hora antes del mediodía, y tres imágenes se juntaron en el camino.

La gente reza una oración y al terminar, el “Dios te salve María, llena eres de gracia...” es la señal para que los músicos vuelvan a ejecutar la misma melodía que acompañará la imagen solitaria del Cristo agobiado, hasta que encuentra a su santísima madre, en la cuarta estación.

Es en este punto cuando empieza a verse la gente que desborda por la empinada colina, mientras el olor de los pinos de las montañas se hace cada vez más intenso, igual que el sonido de las chicharras, enmudecido sólo por la música de fondo, mientras la imagen de San Juan se suma y hace un trío santo.

El trayecto de 250 metros para subir al Tepeyac es una demostración de fervor religioso y devoción de los feligreses, incluso algunos que llegan de Managua y Honduras.

Al llegar a la décima estación se observa la belleza de un pueblo cercado de montañas.

En la cima, las imágenes permanecen 20 minutos, para luego dar la vuelta y hacer el mismo recorrido, de regreso, pero esta vez con menos personas porque una parte se queda en la capilla del Tepeyac, a rezar por favores y terminar de ofrecer su gratitud a Dios, como Francisca, quien se quedó rezando y llorando por la libertad que le concedieron.
 
 
 
 

24 DE JULIO DEL 2002 / La Prensa  Silvia González Siles
   Piden canonización del padre Odorico, San Rafael del Norte, en el departamento de Jinotega, ha recibidon con mucha satisfacción y alegría el anuncio de los primeros pasos dados por el Vaticano para llevar a la beatificación del padre Odorico D’Andrea, considerado  por sus obras y milagros como un santo.

El complejo contiene varias esculturas, siendo una de las mejores

Según el franciscano y párroco de San Rafael del Norte, Damián Muratori, desde el  18 de junio de este año el Obispo de Asís, monseñor Sergio Gorety, ya tiene en su poder la primera documentación sobre la biografía e historial del padre Odorico D’Andrea.

              Muratori es el vicepostulador de la causa de canonización del padre Odorico D’Andrea, quien coordinará las acciones desde San Rafael del Norte con el  postulador de Roma, convirtiéndose en el intermediario directamente con la congregación.

              Según Muratori le corresponde al Obispo de la Diócesis de Matagalpa asumir la autoridad competente para promover la causa de canonización, en vista que el padre Odorico murió en esa ciudad.

              Muratori explicó que en este caso, corresponderá a los Frailes de Asís-Italia llevar adelante todo el proceso. Si el Obispo de Asís decide aceptar la causa pedirá el  consenso de todos los obispos de la región donde él vive y si lo obtiene presentará  una solicitud a la congregación de los santos, para que admitan la causa y puedan  proceder.

              La idea de abrir la causa de canonización nació entre el pueblo de San Rafael del  Norte que mantiene vivo el recuerdo del padre Odorico, esfuerzo que han  impulsado los franciscanos radicados en ese poblado.
              El padre Muratori agregó que de obtener una respuesta positiva por parte de la congregación se procederá a nombrar un tribunal en Italia y en Nicaragua para escuchar los testimonios de su santidad de vida, las virtudes cristianas del padre Odorico, así como los milagros. Bastará un solo milagro que sea verificado a través de un proceso que es bastante largo y se deberá nombrar a un tribunal sólo para el milagro, fundamentado con documentos que serán avalados por el Obispo de Matagalpa, detalló Muratori.

              Doña Yolanda Úbeda, una fiel devota del padre Odorico dijo tener grandes  expectativas en cuanto a que la Iglesia, cumpliendo los pasos que se deben, pueda reconocer que el padre Odorico es un santo y se le pueda rendir honor y culto.

4 DE AGOSTO DEL 2002 /  La Prensa  Rosario Montenegro Zeledón
              Odorico D’Andrea Tras la huella de un  santo

   El ejemplo de vida, celo  apostólico, las muchas obras sociales, la  sencillez, así como su papel de promotor de la paz y la reconciliación entre los nicaragüenses han sido algunos de los principales elementos para que la Orden de los  Franciscanos haya decidido iniciar el proceso de canonización del padre Odorico  D’Andrea, quien durante 36 años ejerció su ministerio sacerdotal en su querido pueblo de San Rafael del Norte
   El 22 de marzo de 1990, personas allegadas al padre Odorico D’Andrea decidieron por primera vez en 36 años ingresar a su dormitorio en busca de vestimenta y una  buena maleta para el viaje de emergencia que debía realizar a Matagalpa, ante el repentino ataque al corazón que sufrió esa madrugada.

              La búsqueda no dio los resultados esperados. Allí sólo encontraron una vieja maleta de cuero, unas sotanas remendadas y unas sandalias desgastadas por el uso y el  paso del tiempo. Pese a ello el viaje siempre se hizo, pero no tuvo los frutos anhelados. Ese día el templo San José, de Matagalpa, fue testigo de la muerte de  quien no sólo fue el cura de los sanrafaelinos, sino su más grande benefactor.

              No haber encontrado ningún objeto de valor en la habitación del padre no sería un hecho relevante, de no ser porque por las manos de este cura pasaron cantidades insospechadas e incalculables de dinero que miles de nicaragüenses y personalidades de otros países le depositaron para que impulsara el desarrollo y progreso, no sólo de San Rafael, sino de muchas comunidades de todo el  departamento de Jinotega. Además de que él mismo pertenecía a una familia italiana medianamente acomodada. La explicación que sus feligreses dan es sencilla y única: es que el padre Odorico era  un “santo”.

              A 12 años de su partida esta creencia de los sanrafaelinos parece crecer cada día, lo
              que queda evidenciado en cada aniversario de su muerte y todos los domingos
              cuando centenares de campesinos bajan al pueblo para asistir a las celebraciones
              religiosas, y no regresan a sus comunidades mientras no visiten su tumba, ubicada
              en la Capilla del Tepeyac, así como el parque en donde fue edificada una estatua en
              su honor.

              En estos dos lugares la gente se arrodilla y con mucha fe y devoción pide a su
              padrecito que interceda ante Dios para que le conceda favores personales, para sus
              familias o amigos cercanos. “Y el padre ya ha concedido muchos milagros”, afirma
              con mucha seguridad quien por 36 años fue su sacristán, “traductor”, conductor y
              asistente personal, don Tomás Herrera.

              Pero es que la gente de San Rafael del Norte y sus alrededores realmente no está
              alejada de la realidad, ya que el pasado 18 de junio, el Obispo de Asís, monseñor
              Sergio Goretti, inició la etapa para la apertura del proceso de canonización del
              padre Odorico D’Andrea, teniendo como vicepostulador al actual cura párroco de
              este municipio, el también franciscano Damián Muratori. Paso que ninguna
              autoridad de la Iglesia da, si no se tiene la certeza de que el “candidato” a santo,
              sostuvo una vida de santidad y que perdure por lo menos cinco años después de su
              muerte.

              Odorico fue un cura franciscano de origen italiano, que llegó a Nicaragua el 26 de
              agosto de 1953, un poco después que los obispos Julián Barni y Carlos Sancti,
              también franciscanos y originarios de Italia.

              A San Rafael del Norte llegó seis meses después, el 20 de febrero de 1954, y desde
              entonces nunca abandonó este lugar, ni siquiera con su muerte, pues fue su
              voluntad de que sus restos reposaran en una de sus obras más importantes, la
              Capilla del Tepeyac, en donde cada Semana Santa se celebran los principales actos
              litúrgicos.

              Cuenta don Tomás Herrera que cuando llegó a estas tierras prácticamente no
              hablaba nada de español, sólo latín e italiano. Sin embargo, pese a los problemas del
              idioma logró comunicarse con la gente, quien lo primero que le entendió era que
              necesitaba un sacristán, y fue así como lo recomendaron a él porque ya había
              desempeñado ese cargo con el anterior cura, el padre José Mamerto Martínez, y
              como “entendía del latín” porque en ese idioma eran oficiadas las misas, entonces se
              convirtió en el candidato idóneo.

              Cuenta con orgullo que él le sirvió al “padrecito” hasta de “traductor”, y que una de
              sus primeras “traducciones” fue cuando el cura quería explicar a la feligresía que no
              hablaba español y les decía “Io no parlare el español”. “Yo, de tantas veces que lo
              repitió, le dije a la gente: ¡Ah!, él dice que no puede hablar español”.

              Una de las primeras cosas que le comunicó que quería hacer era una iglesia “nova,
              nova y grande”. Así fue que don Tomás fue entendiendo al padre y se convirtió en su
              mano derecha. “Los dos aprendimos, yo aprendí mucho de italiano y le enseñé algo
              de español, aunque quien le enseñó más fue el padre Uriel Molina”, recuerda.

              Herrera dice que en 1954 San Rafael del Norte estaba compuesto por unas cuantas
              casas, una iglesia pequeña, no tenía agua potable ni luz eléctrica, y había muy pocas
              vías de comunicación.
 

              IGLESIA HOY ES PATRIMONIO NACIONAL

              Sin embargo, para 1960, el poblado ya contaba con los servicios básicos y se había
              avanzado mucho en la construcción de la “nova” iglesia, que hoy es Patrimonio
              Nacional, por su diseño arquitectónico, el atractivo de sus frescos que cubren
              prácticamente todo el interior del templo, y que son orgullo de los sanrafaelinos.

              Y es que según don Tomás, el padre nunca se conformaba con la realización de una
              sola obra, siempre estaba desarrollando hasta cinco o más a la vez. Por ello no era
              raro que a la par de la construcción de una capilla también estuviera dirigiendo la
              instalación de acueductos o gestionando recursos para una escuela, viviendas, un
              centro de salud, una carretera...

              También fue uno de los primeros en traer a este poblado un vehículo, cuando aquí
              los más pudientes lo que tenían eran carretas y caballos para transportarse. Según
              don Tomás, 15 días después de ese acontecimiento él se estaba convirtiendo
              también en el chofer oficial del cura, pese a que ni siquiera conocía un auto.

              Y es que ese empeño por llevar el progreso y desarrollo para las comunidades de
              sus feligreses, así como su gran humildad, fue lo que hizo que convenciera hasta los
              más incrédulos en asuntos religiosos. De tal forma que, cuenta don Tomás, que un
              médico jinotegano, quien vivía en “concubinato, porque mire el hombre era reacio,
              no se confesaba, no iba a misa..., pero un día el padre le dijo que debía casarse, y
              vea, al día siguiente el hombre se estaba casando y hasta ofreció una gran fiesta”.

              Según don Tomás, su amistad y cariño por el padre Odorico era tanta que siempre lo
              acompañaba a todos los lugares que visitaba, fue así como conoció toda
              Centroamérica y Panamá, sólo Italia dice que le faltó conocer.
 

              UN SACRISTÁN QUE CONOCIÓ DE LOS MEJORES VINOS Y LICORES

              Fue en esos viajes que don Tomás conoció de licores y vinos finos, pues dice que el
              padre no permitía que se le separara a la hora de las comidas, ya que todos los
              tragos que a él le servían él disimuladamente se los trasladaba, así no desairaba a
              sus anfitriones y permitió a su sacristán que probara las bebidas más exquisitas.

              Y así la conversación con el “asistente personal” del padre Odorico se nos está
              haciendo casi interminable, pues a su memoria retornan tantos recuerdos de las
              actividades del padre, como sus viajes a Italia, de donde dice que regresaba con
              mucha plata que le daban familiares y amigos para que realizara más obras de
              progreso en su querido San Rafael y sus alrededores.

              También relata cómo nadie en este pueblo le podía negar nada, “pero eso sí, nunca
              pidió para él”, advierte.

              Pese a que don Tomás nos dice que él siempre ha sido un hombre “fuerte y serio”,
              no puede evitar que su voz se le entrecorte y sus ojos se humedezcan cuando
              recuerda aquella mañana del 22 de marzo, cuando el padre Odorico se despidió de
              él y no le permitió que lo acompañara a Matagalpa, porque le dijo: “Usted no me
              dejé el Tepeyac, y si acaso no volviera, allí está el Consejo Parroquial y el padre
              Paco”.

              Don Tomás nunca más vio con vida al padre Odorico, pues ese mismo día, a las 12 en
              punto, en la Iglesia San José de Matagalpa expiró el que quizás será nuestro segundo
              santo nicaragüense.
 

              EL NORTE LLORO MUERTE DE DOS "SANTOS"

              El 22 de marzo de 1990, en diferentes lugares del país y sólo con unas horas de
              diferencia, dos sacerdotes de origen italiano fallecieron. Ambos dejaron una huella
              imborrable a través de sus diferentes obras para los más humildes y desamparados.
              Odorico D’Andrea expiró en Matagalpa, y sus restos descansan en San Rafael del
              Norte; mientras que el también querido y ejemplar padre Rafael María Fabreto
              murió en Managua, y fue enterrado en San José de Cusmapa
 
 

4 DE AGOSTO DEL 2002 / La Prensa

              Proceso de canonización, un costoso y  largo proceso
   Vicepostulador dice que para iniciar causa se debe tener certeza de las virtudes y santidad de la persona

               La iglesia “nova” y grande, cuya construcción dirigió
               personalmente el padre Odorico D’Andrea, hoy es
               Patrimonio Nacional.

             Rosario Montenegro Z.

              El 18 de junio de 2002 es una fecha que quizás muchos nicaragüenses no olvidarán,
              y, en especial, los habitantes de San Rafael del Norte. Ese día monseñor Sergio
              Goretti, Obispo de Asís (Italia), aceptó asumir la causa para la canonización del
              padre Odorico D’ Andrea.

              El padre Odorico, de origen italiano, perteneció a la Orden Franciscana, y dedicó 36
              años de vida a la parroquia de San Rafael del Norte, en donde además de su trabajo
              espiritual desarrolló muchas obras de progreso.

              Para que el obispo Goretti aceptara asumir la causa fue necesaria la presentación de
              un breve relato biográfico, así como la solicitud por parte del postulador, los
              vicepostuladores y el autor de la causa, que en este caso es la Orden Franciscana.

              Al actual cura párroco de San Rafael del Norte, el padre Damián Muratori, le
              corresponde el honor de ser el vicepostulador de la causa junto al doctor Claudio
              Moretti.

              Muratori explica que para poder iniciar una causa de canonización se debe tener la
              certeza de que la persona postulada haya tenido una vida de santidad y que por lo
              menos la conserve cinco años después de su fallecimiento.

              “En este caso, el padre Odorico gozó de fama de santidad en vida y ésta ha crecido
              12 años después de su muerte. Podemos decir que esa expectativa de la gente ha
              sido la raíz para el inicio de la causa”, explica el franciscano.

              Pero previo a la presentación de la solicitud al Obispo de Asís, se tuvo que consultar
              a la autoridad competente, que en este caso es el Obispo de Matagalpa, monseñor
              Leopoldo Brenes, debido a que en esa ciudad fue donde murió el postulado.

              Señala que dada la complejidad de la causa, que implica despliegue de personal y de
              gastos, la Orden de los Franciscanos solicitó a monseñor Brenes su consenso para
              trasladar la competencia al Obispo de Asís, lo que fue aceptado por el religioso. “Eso
              se llama prórroga en término canónico”, indica.

              Pero bien, ahora que ya tiene la competencia el Obispo de Asís, éste deberá
              consultar con todos los obispos de su región, y una vez que obtenga el consenso,
              deberá presentar la solicitud ante la Congregación de los Santos, y si la respuesta es
              positiva se nombrará en Italia a un tribunal para que escuche a los 20 testigos
              italianos que darán fe de su vida y virtudes, e inmediatamente el padre Odorico
              pasará a ser Siervo de Dios.

              Esto significa que ya se le podrá pedir de forma privada por su intercesión para la
              gracia de Dios.

              Agrega Muratori que estando en este proceso también se deberá pedir otra
              “prórroga” (consenso), en esta ocasión a la autoridad de Asís, para que el Obispo de
              Matagalpa pueda nombrar al tribunal que escuchará a los 40 testigos seleccionados
              en Nicaragua, lo que según dice es la parte más importante, porque después se
              tendrá que verificar su santidad, y una vez concluida esta etapa se enviará toda la
              documentación a Roma, en donde será examinada para ver si constan las virtudes
              heroicas del postulado.

              Una vez concluido el trabajo de los tribunales y examinada la documentación, la
              Congregación declararía la heroicidad de las virtudes, y Odorico pasaría a ser
              Venerable, mientras que para su Beatificación (que es cuando puede ser elevado a
              los altares) se requerirá de un milagro, explica el religioso.

              Indica que ya para ese proceso se requiere de otro tribunal distinto, en el que
              intervienen peritos, teólogos, historiadores, médicos, dado que la Iglesia es bien
              cuidadosa en la certificación de un milagro. Por ello es que este proceso puede
              durar años y hasta siglos, porque el milagro tiene que estar bien documentado,
              advierte el cura.

              El proceso de canonización concluye con la declaración de Santo de parte de la
              Iglesia Católica, acto que quizás ninguna de las actuales generaciones pueda ver.
 

              UN CURA CONSTRUCTOR Y PACIFICADOR

              El legado dejado por el padre Odorico, a juicio del padre Damián Muratori, cubre
              todos los aspectos de la vida y es ejemplo no sólo para sus feligreses, sino para
              cualquier ciudadano de bien, y especialmente para quienes administran recursos de
              la población.

              Destaca que desde que Odorico puso un pie en su “querido San Rafael” se propuso
              emprender una serie de obras de progreso que contribuyeran al bienestar de esta
              comunidad.

              Es así —señala— que al poco tiempo de haberse instalado en este poblado logró la
              instalación de la luz eléctrica, agua potable, construcción de carreteras y caminos,
              entre los que se destaca la vía que une a San Rafael con La Concordia y Estelí, así
              como la de San Rafael-Yalí.

              Otras obras significativas de este franciscano son la construcción de un centro de
              salud, un jardín infantil, y pequeñas colonias para gente de escasos recursos
              económicos.

              También a Odorico los sanrafaelinos le deben la actual Iglesia, declarada Patrimonio
              Nacional por su belleza arquitectónica y los frescos que cubren su interior.

              Otra obra que hoy es uno de los principales atractivos turísticos de esta zona es la
              Capilla del Tepeyac, donde descansan los restos mortales del padre D’Andrea.

              Algo que para Muratori es uno de los hechos más admirables es su papel de
              pacificador en los años 80, a tal punto que logró oficiar una misa en una comunidad
              de San Rafael en mayo de 1987, con la participación de contras y miembros del
              entonces Ejército Popular Sandinista, quienes ante la autoridad moral del cura se
              dieron el abrazo de la paz.
 

              CRONOLOGIA DE SU VIDA

              Nació en Montorio al Vomano (Italia) el 5 de marzo de 1916

              Era hijo de don Antonio D’Andrea y doña Ana Rosa Valeri, le viene impuesto el
              nombre de José.

              El 26 de septiembre de 1930, después de concluir la primaria, José (Odorico) entra
              en el Seminario Menor de los franciscanos en Cittá di Castello.

              El 10 de septiembre de 1933, en el Noviciado de la “SS. Anunziafa” de Amelia (Terni)
              viste el hábito franciscano tomando el nombre de Fr. Odorico.

              El 25 de abril de 1942, recibe la ordenación sacerdotal y es nombrado maestro de
              los seminaristas menores de Farneto.

              En 1952 pide a los superiores que lo envíen a la misión franciscana de Nicaragua, y
              el 26 de agosto de 1953 llega a Nicaragua y viene destinado a la casa de Matagalpa.

              El 20 de febrero de 1954, el padre Odorico llega a San Rafael del Norte donde queda
              hasta su muerte (22 de marzo 1990).

              El 20 de marzo, durante el Vía Crucis sufre un fuerte malestar.

              El 22 de marzo: en la madrugada sufre un grave ataque al corazón, y recuperado un
              poco, logra celebrar la última Santa Misa. Obligado por el médico y otros amigos
              acepta ser trasladado a Matagalpa, y subiendo al carro con los señores Alfonso
              Valdez y René Alonso Blandón, bendice a los presentes, lanza un beso a la Iglesia y a
              todos dice “adiós”.

              En Matagalpa, después de la visita con el cardiólogo Martínez, fue hospedado en el
              Convento de San José, donde estuvo asistido amorosamente por los hermanos, y a
              las 12 meridiana muere de síncope cardíaco (bloqueo completo del auricular
              izquierdo).

              El 23 de marzo: traslado triunfal de los restos de Matagalpa a San Rafael del Norte,
              donde los fieles le tributan un ininterrumpido homenaje hacia la mañana del lunes
              26.

              El 26 de marzo: solemne funeral y entierro en el Tepeyac, con la participación de
              diez mil personas.
 

              ALABADO SEA DIOS. ASI SEA

              En el ámbito espiritual, uno de los principales legados que Odorico dejó a su pueblo
              de San Rafael del Norte, es el saludo característico y único en esta zona del país.
              Enseñó a sus feligreses que cada vez que se encontraran con su sacerdote no debían
              rendirle reverencia a él, sino al Creador, con la siguiente frase: Alabado sea Dios, a
              lo que él respondía: Así sea
 

4 DE AGOSTO DEL 2002 /  La Prensa
              “Los milagros” de Odorico años y hasta siglos, pero  para la gente de San Rafael del Norte es ya un santo

               Jesús es tentado por Lucifer. Éste es uno de los
               cuadros que se encuentran en la Iglesia de San Rafael
               del Norte, obra del pintor de origen austriaco Juan
               Fuchs Holl, que data de 1967.
 
 

              Rosario Montenegro Z.
                        “Te doy gracias padre por haberme escuchado las súplicas que te hice y haber
              curado a mi bebé. Te pido siempre me sigas dando la fuerza necesaria para poder
              visitarte. Te pido me sigas ayudando y dando fuerza para luchar y enfrentar todo mi
              mundo. Alabado sea Dios”.

              Apenas se está iniciando el proceso de canonización del padre Odorico, pero la
              gente de San Rafael del Norte y sus alrededores tienen plena convicción de que él es
              un Santo, tanto es así, que el libro de visitas —que se encuentra en la entrada de su
              tumba— está lleno de pedimentos y hasta testimonios de los favores concedidos,
              como el de esta señora con la que iniciamos nuestro trabajo.

              Pero doña Bertita Herrera de Úbeda va más allá, y expresa que Odorico desde en
              vida ya era un Santo. Es por eso que dice que todas sus necesidades se las pone a él.

              Cuenta que en tiempos de la guerra, en los años 70, sus hijos eran perseguidos por
              la Guardia Nacional, ya que eran confundidos con otros familiares que eran
              guerrilleros, a tal grado que en una ocasión ya los tenían en el cuartel y los iban a
              matar, cuando en eso el cura se apareció y de rodillas les pidió que no les hicieran
              nada. “Inmediatamente los guardias los dejaron y no les hicieron nada, fue por el
              padre Odorico que a mis hijos no me los mataron”. Otro hecho que le indica la
              santidad del padre es que, siempre en tiempos de la guerra, ella no sabía nada de
              uno de sus hijos y él la consoló y dijo: “No se preocupe, mañana su hijo estará
              llegando a las dos de la tarde”, y miré, efectivamente a, esa hora mi hijo se estaba
              bajando de un bus.

              Doña Bertita también tiene plena convicción de que la cura de uno de sus hijos,
              quien tenía problemas de alcoholismo, se la debe al padre Odorico.

              Doña Santitos Osegueda de Úbeda dice que el padre Odorico le hizo un milagro a su
              marido, quien tenía un problema grave de salud, por lo que debía ser intervenido
              quirúrgicamente.

              “Viera, puso loco al padre, porque no quería operarse, le pidió tanto que el día que
              lo examinan nuevamente los médicos no le encuentran nada y se curó
              definitivamente. Los médicos estaban extrañados”, dice doña Santitos.

              También relata como otro milagro del padre, el hecho de que en una ocasión uno de
              sus nietos se cayó de una bicicleta a una altura de unos dos metros, y el niño ni
              siquiera recibió una raspadura. Dice que después, el pequeño que en esa ocasión
              tendría unos cinco años, manifestó que el padre Odorico lo había agarrado y que
              por eso no se golpeó
\
 

4 DE AGOSTO DEL 2002 /  La Prensa   Luis Eduardo Martínez Membreño/
              Los misterios del padre Odorico  D’Andrea

               El pintor austriaco, profesor Juan Fuchs  Holl, también incluyó en su obra al padre Odorico D’Andrea cuando éste acababa de  llegar al pueblo que lo albergó durante 36 años de su vida.
 
 

                      MATAGALPA.- El 20 de marzo de 1990, durante el Vía Crucis que se realizaba en
              el denominado “Tepeyac Nicaragüense” de San Rafael del Norte, el padre Odorico
              D’Andrea fue víctima de un fuerte malestar, que dos días más tarde —el 22 de
              marzo— en horas de la madrugada, desembocó en un ataque cardíaco. Sin
              embargo, recuperado un poco logra celebrar ese día lo que sería su última Santa
              Misa.

              Obligado por el señor Alfonso Valdez y otros amigos como don René Alfonso
              Blandón, el padre Odorico por fin aceptó ser llevado por ellos a Matagalpa, no sin
              antes bendecir a quienes estaban presentes, lanzar un beso a la iglesia que él
              construyó y luego decir adiós a todos.

              Una vez en Matagalpa, después de visitar al cardiólogo, el sacerdote es llevado al
              Convento del Templo San José, donde es asistido amorosamente por los frailes y
              hermanos franciscanos. Pocas horas después, a las doce meridiano en punto, la
              tristeza se apoderó de todos.

              El padre Odorico viajaba hacia la vida eterna, a causa de un bloqueo completo de
              la aurícula izquierda. A esa hora se escucharon las campanas del reloj en la torre
              de la Iglesia San José. Lo más extraño es que el reloj no funcionaba desde hacía
              mucho tiempo, y tampoco nadie lo manipulaba.

              El 23 de marzo se realiza el traslado triunfal de sus restos, de Matagalpa a San
              Rafael del Norte, donde los fieles le tributan un ininterrumpido homenaje que se
              extendió hasta la mañana del lunes 26 de marzo, cuando se realizó el apoteósico
              funeral y entierro en El Tepeyac, contando con la presencia de unas diez mil
              personas procedentes de todo el país.

              Los que conocieron al padre Odorico aseguran que en vida este sacerdote tenía
              muchos dones milagrosos. Don Alberto Rivera Monzón, quien de niño fue
              monaguillo y luego amigo personal del padre Odorico, asegura que en una ocasión
              se presentó al Santuario de El Tepeyac el obispo Pedro Vílchez, y éste dejó las
              llaves dentro de su vehículo. Una vez dispuesto a partir, el Obispo no podía abrir
              la puerta de su camioneta, y el padre Odorico, con sólo un suave golpe de su mano
              abrió la puerta y el Obispo pudo regresar a Jinotega.

              El tres de mayo de 1987, cuando la guerra fratricida estaba en una de sus etapas
              más cruentas, el padre Odorico, incansable promotor de la Paz y Reconciliación
              Nacional, celebró una Santa Eucaristía en la comarca La Naranja, en la que
              participaron los alzados (en ese tiempo llamados “contras”) y miembros del
              entonces Ejército Popular Sandinista, evento que se consideró profético y
              precursor en el proceso de paz en nuestra Patria.

              “Las dos fuerzas armadas se sentaron, y muy respetuosamente, ante la gran
              autoridad moral y religiosa del padre Odorico, escucharon su misa, y el momento
              cumbre llegó cuando ambos bandos se estrecharon en un fraternal abrazo durante
              el saludo de paz en la misa”, recuerda Rivera.
 

              EXTRAÑA APARICIÓN EN ITALIA

              Se dice que a la misma hora en que el padre Odorico murió en Matagalpa, a las
              doce meridiano del 22 de marzo de 1990, familiares del religioso en Italia vieron,
              en el comedor de su casa, una silueta que aseguran era el padre Odorico. Luego de
              la extraña aparición, los familiares optaron por llamar telefónicamente, y fue
              entonces cuando recibieron la lamentable noticia.

Monumento a Odorico, Parque Municipal de San Rafael del Norte
 

El dos de Febrero del 2001 se termina la pavimentación de la carretera Jinotega - San Rafael del Norte. Dr. Arnoldo Alemán Presidente período 1996-2000 El trecho de carretera fué realizado a través de gestiones del Diputado departamental PLC Alberto Francisco Rivera Monzon. Una placa en la entrada de San Rafael del Norte.

1 23  5  6  7  8  index www.manfut.org

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