
NICARAGUA
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JINOTEGA
LA MARTIR, DURANTE Y DESPUES DE LA COLONIA
El historiador José
Dolores Gámez dice, enjuiciando la conquista española: "Durante
el siglo XVI, la llegada de los españoles que asesinaban, incendiaban
y robaban a los pueblos en nombre del rey y de la fe, es un acontecimiento
que, como dice un escritor moderno, 'pone horror en el corazón y
lágrimas en los ojos'. "...Avanza la conquista y los dominadores
hacen perecer a millones de americanos entre los horrores de la más
cruel y despiadada esclavitud, mientras ellos, hartos de sagre y de riquezas,
y sin otra ley que la del más fuerte, se acuchillaban entre sí,
disputándose los despojos de América."
Un claro ejemplo
de tal situación, lo tenemos en Nicaragua con el terrible y cruel
Pedrarias y muchos que le sucedieron. La esclavitud y exterminio a que
son sometidos nuestros indios por gobernantes y encomenderos, sólo
empieza a debilitarse por la incesante lucha de Fray Bartolomé de
las Casas, intercediendo por ellos, ante la Corona.
Pero a su vez les
llega a los españoles su turno de expiar tanto crimen y despojo,
a manos de piratas de diferentes nacionalidades, que saquean y hunden sus
galeones en que transportan su botín a España.
Jinotega fue por
siglos víctima propicia de toda clase de depredaciones de parte
de conquistadores y bucaneros. Ya en 1692, el Corregimiento de Sébaco
y 13 de sus alcaldías, se habían sublevado contra las autoridades,
en protesta contra los abusos, reclutamientos y extorsiones. Numerosas
fueron las exposiciones de los pueblos, sobre todo de Jinotega y Boaco,
ante las autoridades del reino;pidiendo los eximieran del pago de tributos
atrasados, en atención a su pobreza, sin resultado satisfactorio.
Dice el historiador
Ayón: "En el mes de enero de 1817, presentáronse ante el
Presidente de Guatemala, los indios Gregorio Hernández, Pedro Novoa,
Apolinar Villegas, Antonio Gutiérrez, Juan de la Rosa López,
Nicolás González y Manuel Hernández, pidiendo a aquel
magistrado, que dictase las providencias necesarias, para poner término
a los padecimientos que experimentaban los naturales de Jinotega, con ocasión
del riguroso servicio personal a que los obligaban los españoles.
"Quejábanse
ellos de que se les forzaba a vender a precios bajísimos los granos,
aves, huevos y caballerías; a emprender largas jornadas de cincuenta
y sesenta leguas con cargas excesivas aún para las bestias; a recibir
jornales tasados injustamente; a trabajar tareas duplicadas por un solo
real y sin darles alimentos, aunque tuvieran que emplear dos días
para cumplirlas; y, por último, manifestaban: que en el pueblo mismo
mantenían españoles y ladinos, un crecido número de
ganado mayor y destinaban por mandamiento a los vecinos indígenas,
a trabajar en los trapiches, haciéndoles sufrir inconsideradas vejaciones.
"El fin de haber
bajado a esta capital -decían- que dista trescientas leguas de nuestro
pueblo, venciendo las fatigas de tan larga distancia y manteniéndonos
en tan penoso camino con las escaceses que son evidentes, es el de manifestaros
las calamidades, extorsiones y miserias que sufrimos, las cuales tienen
a nuestro pueblo en tal decadencia, que a pasos acelerados camina a su
total ruina y exterminio ... a lo que se dirige nuestra solicitud y que
humildemente pedimos se nos conceda, es que se moderen los arbitrarios
precios que a nuestro trabajo, a nuestras demás cosas ha impuesto
el abuso; pues si sobre las cargas indicadas, la reedificación de
nuestra iglesia, la manutención y servicio de nuestra Curia, la
comunidad, las Cofradías y otras atenciones, se nos mantuviese en
la dura esclavitud de españoles y ladinos particulares, podríamos
asegurar que llegaría el caso de que no tuviésemos una sola
semana para dedicarnos a nuestros trabajos propios, aquellos de que depende
nuestra subsistencia y la de nuestros hijos. En tales casos, exasperados
y vejados los hijos del pueblo, tomaríamos el partido de emigrar."
El Fiscal Interino
Licenciado José Cecilio del Valle, con fundamento en numerosas Cédulas
Reales, leyes y providencias proveídas por los reyes españoles,
para que se respetasen los derechos de los naturales de las colonias españolas,
todas incumplidas, según la denuncia de los vecinos de Jinotega,
consideró necesario aquel magistrado, recordar a la autoridades
de Nicaragua el cumplimiento de las leyes.
Al respecto, continúa
el doctor Ayón: "Pidió, pues, se previniese al Intendente
de León, que recibiendo las justificaciones o informes convenientes,
atendiendo al local de la providencia y conciliando los intereses generales
de la agricultura y el comercio, con los particulares de los indios, dispusiera
el cumplimiento de las leyes municipales y disposiciones posteriores, aplicables
a los puntos a que se referían las quejas del Común de Jinotega:
que hiciese respetar la libertad de que debían gozar los naturales
en la venta de sus granos, aves, frutos caballerías y toda clase
de bienes, prohibiendo las vejaciones que en cuanto a esta materia intentasen
ejecutar y no permitiendo que se les compeliese a venderlos a los precios
injustos; que arreglase el peso de las cargas que pudieran conducir a distancias
y jornales, no permitiendo las tareas y jornales injustos..."
Nótese que
lo transcrito se sucede cuatro años antes de la independencia de
España, después de casi trescientos años de dominación,
en que nuestros indígenas, además de bestias de carga, eran
objeto de toda clase de abusos y crueldades.
No podemos sustraernos
a transcribir aquí este juicio de Carl Bovalius, en su libro "Viaje
por Nicaragua", en base a las crónicas de Oviedo, Torquemada y Cereceda:
"Sin embargo, tanto los Chorotegas como los Niquiranos, tenían una
cultura altamente desarrollada. Cuando uno lee las descripciones de los
últimos días de estas tribus, se encuentra tentado a afirmar
que en cuento a cultura, eran enteramente comparables con la nación
que con sus bandas de aventureros y sangrientos saqueadores -honrados en
la historia con el nombre de "Conquistadores"-, tomó sobre sí
la pesada responsabilidad de la destrucción de esta civilización.
Y esta cultura fue arrasada tan rápidamente y de manera tan completa,
gracias al vandalismo fanáticos de los sacerdotes "cristianos" y
los hechos sangrientos de sus brutales soldados, que la historia no puede
encontrar otro ejemplo semejante."
Además de
las crueldades de los españoles, Jinotega sufrió también
las depredaciones de los piratas, que con su control cada vez mayor de
la Costa Atlántica, tenían a su servicio un verdadero ejército
de zambos-mosquitos. Estas penetraciones al interior delpaís a través
de los ríos que desembocan en el Atlántico, principian en
el año 1641. En 1643 asolaron Matagalpa. En 1654, remontando el
río Yare (Coco), saquean la primitva Nueva Segovia (hoy ruinas de
Ciudad Vieja). El 4 de noviembre de 1743, ciento cincuenta ingleses y mosquitos
sorprendieron a Jinotega por el lado de Pantasma, saqueándola, incendiándola
y llevándose en sus ambarcaciones por el Río Coco, cuarenta
personas entre mujeres y niños. Entre 1760 y 1762, Jinotega, Muy
Muy y Lóvago, poblados florecientes, "son incendiados y saqueados,
y las mujeres jóvenes llevadas como esclavas."
Ya después
de la independencia, empiezan en Nicaragua las llamadas "revoluciones",
que no han sido otra cosa que meras luchas de partidos, localismos regionales
o de caudillos ambiciosos. Jinotega siempre se ha visto involucrada en
estas luchas, como el ataque a la ciudad el 2 de diciembre de 1854, en
que tropas legitimistas al mando del teniente coronel Clemente Rodríguez,
"Cachirulo", y el entonces también teniente coronel Tomás
Martínez, derrotaron a las tropas hondureñas que bajo el
mando del general don José Antonio Ruiz, defendían la plaza.
Según el historiador Pérez, el general Ruiz era hijo natural
del general Morazán. La epidemia de cólera que durante esa
guerra diezmó las ciudades del interior, también azotó
Jinotega, causando numerosas víctimas.
El 2 de mayo de
1893, Jinotega es atacada nuevamente por fuerzas conservadoras al mando
del general Francisco Artola, pero don Francisco López Guerra, al
frente de un grupo de valientes, derrotó a los atacantes, frustrando
su intento de tomar la ciudad.
Durante la guerra
de 1910 que derribó al régimen del general Zelaya, una columna
al mando de don Agustín Bolaños Chamorro, acometió
la plaza de Jinotega, defendida por una pequeña guarnición
al mando del doctor Trinidad Castellón. La única baja durante
ese ataque fue la de don Simeón Zeas, quien por negarse a vivar
a Chamorro después de haber sido capturado, fue inmediatamentre
fusilado, no sin antes haber vivado a Madriz.
Luego viene la llamada
Guerra Constitucionalista de 1926, y en sus postrimerías, el 28
de marzo de 1927, fuerzas liberales bajo el mando del general Augusto C.
Sandino, después de diez horas de combate toman la ciudad, que sella
definitivamente la derrota conservadora en el campo militar. Estos sufrieron
cincuenta y ocho muertos, dieciocho de ellos en el retén de La Pelota
(Cubulcán), junto con su jefe general Artola, al ser asaltado ese
retén por fuerzascomandadas por los coroneles José León
Díaz y Joaquín Lovo.
Todos sabemos que
por la intervención de los Estados Unidos, la guerra terminó
con la firma de los pactos del "Espino Negro", que no fueron aceptados
por el general Sandino; quien en un acto de rebeldía y protesta
por la intervención norteamericana, se dirigió nuevamente
a Jinotega y luego a San Rafael del Norte, evadiendo los esfuerzos de Moncada
por someterlo. Finalmente, con un puñado de hombres se interna en
las montañas, comenzando su lucha guerrillera contra la ocupación
norteamericana. Esta época que por casi siete años llenó
de luto y horror a Jinotega y demás departamentos del Norte, fue
conocida como "bandolerismo". Empieza para Jinotega con la muerte de los
honrados ciudadanos Gonzalo Blandón y Emilio Siles; pero lo que
sacudió al país en general, fue la masacre perpetrada en
San Marcos, jurisdicción de San Rafael del Norte, de los distinguidos
ciudadanos don Cayetano Castellón, doctor Juan Carlos Mendieta y
don Julio Prado; y terribles heridas a don Juan F. López P., Carlos
Gutiérrez y otros, siendo la tarjeta de presentación del
cruel y sanguinario Pedrón Altamirano, producto del medio en que
le tocó vivir y de una falsa interpretación de las órdenes
de Sandino, de estorbar en lo posible la campaña electoral que llevó
a la presidencia de la República al General Moncada.
Al subir a la presidencia
el doctor Juan Bautista Sacasa, se retiró la marinería yanky,
y el general Sandino y el Presidente Sacasa concertaron un acuerdo de paz
en 1933. El 21 de febrero de 1934, Sandino es asesinado en Managua, junto
con su hermano Sócrates y los generales Estrada y Umanzor. Dos años
después Sacasa es derrocado, y queda allanado el camino para que
el Jefe Director G.N., general Anastasio Somoza llegue al poder. Somoza
gobierna el país a través de una dictadura que a su muerte
en 1956, se convierte en dinastía, al asumir la presidencia su hijo
Luis, y más tarde su hijo menor Anastasio, un egresado de West Point.
Su gobierno se caracterizó por la corrupción, donde el robo
y el enriquecimiento ilícito era la norma.
Terminar con esta
Era Somocista que duró cuarenta y tres años, costó
al pueblo nicaragüense mucho dolor y sacrificio; y como siempre, Jinotega
tuvo su cuota con el martirio de sus campesinos.