HUMEDALES EN NUESTRO PAÍS 

              Los humedales de San Miguelito cuentan con una inmensa variedad de flora y fauna  autóctona, residentes y migratorias que necesitan la protección por su gran  importancia para la humanidad. 

              Estos humedales recibieron el nombre de Sistema Lacustre, Palustre y Riberinos,  del municipio de San Miguelito, Nicaragua. Están ubicados a una altitud que oscila  entre 30 y 100 m sobre el nivel del mar y se extienden en un área de 43 mil 474,64  hectáreas. 

              Según el delegado del Marena forman parte del Corredor Biológico Mesoamericano:  los humedales, ubicados en el Refugio de Vida Silvestre, Los Guatusos, Palo Verde y  los humedales de San Miguelito. Posiblemente el último de éstos sea declarado como un ecosistema de gran valor cultural internacionalmente y pase a la categoría  Ramsar. 

              En Nicaragua, existen una gran variedad de humedales de singular importancia,  sirven de control en épocas de inundaciones, protegen el área contra tormentas,  generan productos para la vida mediante la pesca y los recursos forestales, y su  belleza natural la convierte en un potencial ecoturístico de gran valor. 

              A nivel mundial, los humedales, tanto antiguos como recientes, contienen huellas y pruebas de su historia y preservan el testimonio de las actividades de los seres  humanos. .
 

San Miguelito
 

San Miguelito:
Puerta a los encantos del San Juan

O
Presentación

San Miguelito es uno de esos rincones mágicos del mundo que la naturaleza pintó enamorada, con sus mejores acuarelas sobre lienzos formados por el lino que visten las alas de mariposas, para volar y zambullirse en las aguas, espejo de las casitas tiradas al azar, una noche que Dios jugaba a los dados.

Yo lo siento como el alma de mi patria y lo más entrañable de mis sentimientos, porque quizás me lo llevé conmigo el día que me fui. Tenía once años de edad cuando me vi obligado a salir de San Miguelito, mi pueblo natal; pero él, ni aunque pasen los años, saldrá de mí.

Quienes por diferentes razones hemos abandonado ese terruño querido, sabemos el trauma que provoca "el síndrome del sanmigueleño": si naciste o viviste en ese pueblo, no sos feliz, sino hasta que "volvés Es como un embrujo que te ciñe el alma y la mente con el recuerdo constante de aquella naturaleza privilegiada que aprendiste a amar.

Aunque me ha tocado caminar dentro y fuera de las fronteras de mi patria, no he podido encontrar en ningún rincón las fascinantes tonalidades del cielo durante el crepúsculo, cuando en el más alto homenaje a la vida, los cuatro elementos que integran la naturaleza se abrazan para eternizarse y transmitir la verdadera y real presencia del misterio de la creación.

San Miguelito es una sociedad unida, solidaria, fraterna, donde todos nos conocemos, ya sea porque procedemos de familias autóctonas, o porque brindamos amistad a familias inmigrantes. Un pueblo en donde aún, a pesar del tiempo y las circunstancias, las diferencias sociales son casi imperceptibles.

No puedo, ni debo, dejar pasar más el tiempo para que, como sanmigueleño, aporte a la recopilación de los recuerdos de mi pueblo. Pienso que la lectura de estas notas, contribuirá a conservar los valores de nuestro pueblo. Desfilan aquí los viejos y recientes personajes, que enriquecieron la cultura popular por su ingenio, gracia, sencillez o imaginación.

Este trabajo es el resultado de investigaciones documentales, entrevistas y recuerdos de vivencias personales, está escrito para los sanmigueleños que ya doblaron la esquina en el camino de la vida, para que recuerden lo que vieron o vivieron y también para que las actuales y futuras generaciones, sepan cómo eran su pueblo y sus ancestros; cómo vivían, amaban, lloraban y reían, y rescatar algunas cosas del olvido de unos, recreándolas con la memoria de otros, de esa garza morena que habita en la nostalgia de hombres y mujeres que nacimos o vivimos en San Miguelito.

Pedro Martínez Duarte 12 de febrero de 2005

 Al concluir mis estudios de primaria en 1973, mis padres dispusieron que continuara la secundaria en el Instituto Nacional de Oriente, en la ciudad de Granada.

Después de los preparativos necesarios se dispuso mi partida. Al salir de casa, me abrumaba una profunda nostalgia, luego de despedirme amorosamente de los árboles de naranjos, almendros y papayos que se encontraban en el patio de la casa; de mi perro Zultzer, de quien aún recuerdo en sus ojos el reflejo de la terrible tristeza que le embargaba mi partida. Me despedí de cada rincón de la casa, de cada vecino, de cada miembro de la familia, de las calles, de la plaza, del muelle, de la costa, del lago, de los recuerdos del quejumbroso sonido de sus olas rompiéndose sobre la playa en los chubascos de octubre; de las noches oscuras cuando innumerables quiebra platas emiten sus intermitentes destellos, produciendo otro firmamento sobre la tierra; de la multitud de mariposas de todos los colores, que sobre el terreno parecen un ramillete y cuando alzan vuelo, simulan una fuente de flores; de las bandadas de garzas blancas, emigrando en el cielo azul cada vez más intenso; de las nubes, y de las puestas de sol. Fue una tarde gris del primer jueves de febrero del mil novecientos setenta y cuatro.

Cuando llegué al muelle, dirigí la mirada al reloj de "trastes'-' pared de la bodega, para fijar en mi mente la hora de la parti- estaba cvi da, las seis de la tarde; el día moría, y el sol caía sobre el lago y piso de b en calma. En la costa, flotaba el follaje de las lechugas de ae l agua, adornadas con garzas, a manera de flores blancas; las calles estaban vacías, como en las películas del Oeste americano de los años treinta, el silencio no sólo se escuchaba, también se sentía, solamente era ínterrumpído por el canto melancólico de algún pájaro.

Al abordar la lancha "La Alianza", recuerdo con absoluta nitidez el abrazo de mis padres, mi mirada perdida en el horizonte y mis ojos empapados en lágrimas. Realmente los muelles al igual que los aeropuertos, son lugares de abrazos y lágrimas. Entre un tumulto de gente, experimenté el fatídico tedio de la soledad en compañía y pude profetizar la tristeza originada por el futuro recuerdo de una dicha perdida.

Cuando me fui, San Miguelito era un pueblito que permanecía estacionario en el tiempo. La mayoría de los techos de sus casas eran de tejas de barro y sus paredes, igual que sus pisos, eran de tablas; con taburetes y muebles rústicos, butacas mecedoras de construcción muy sencilla, nombradas no sé por qué razón, butacas playeras; entre los utensilios de cocina de origen indígena, no faltaban las ollas de ruda alfarería, una tinaja para el agua de tomar, un comal donde se echaban las tortillas; una piedra para moler maíz, el que era ablandado, después de cocido en una infusión con ceniza, para elaborar tortillas, tamales, yoltamales, güirilas, rosquillas, indio viejo, perrerreques, nistamales, empanadas, atoles, marquesotes y nacatamales; guacales y jícaras con dibujos en su exterior, para tomar el tiste, el pinol, el pinolillo o la chicha, todos de esa misma gramínea, un manojo de hojas de chigue, usadas como papel de lija para lavar los "trastes" de cocina. La iglesia parroquial, que aún subsiste, estaba construida en su totalidad de madera, techo de zinc y piso de ladrillo con una amplia plaza en su frente, donde actualmente es el parque y la escuela "Arístides García".

San Miguelito se encuentra a orillas del Cocibolca, pero los sanmigueleños siempre hemos vivido de espaldas al lago y de cara a la montaña, sobreviviendo en diferentes épocas, de la extracción del hule, la raicilla, la madera, la agricultura, la crianza de ganado y prestándole relativamente poca importancia a esa inmensa fuente de recursos que es el lago, más que eso, ha sido para el sanmigueleño una fuente de contemplación e inspiración. Siempre he tenido la certeza de que la libertad espiritual es directamente proporcional a los límites de la contemplación del horizonte.

El lago Cocibolca

El pueblo se encuentra frente a la isla de Ometepe, a orillas del lago Cocibolca, según Alejandro Dávila Bolaños, etimológicamente, "Cocibolca" procede de Caolt - pol-can, lugar de la gran sierpe y por eso, al cristianizar la región los españoles dieron a sus principales puertos los nombres de santos que vencieron al dragón: San Miguel, San Jorge y La Virgen. Los Chorotegas le llamaron Cuahacapolca que significa donde se destruyen los camaroncitos, en tanto, los Guatusos, le decían Ukurikitúcara, o sea llanura que ondula.

El lago Cocibolca fue descubierto en 1522 por el capitán Gil González Dávila, quien venía a pie desde Chiriquí, llamándole Mar Dulce, sospechando que tenía salida hacia el mar del Norte (Caribe), la que facilitaría la comunicación con otras tierras ya conquistadas por los españoles y el acceso a la mar del Sur (Pacífico), obviando el paso por el istmo de Panamá, o Castilla del Oro, donde gobernaba el codicioso Pedrarias Dávila.

Como se sabe, el Cocibolca es uno de los lagos más grandes de América y el único de agua dulce que posee tiburones, abundan peces marinos, que provienen del mar Caribe, a través del río San Juan. La adaptabilidad de dichas especies a las aguas dulces del lago, es una maravilla no vista en ninguna otra parte del mundo.

Antiguamente se decía que era un golfo de mar abierto al océano Pacífico. Según se creía, hubo una conmoción terrestre y al levantarse el istmo de Rivas, las aguas marinas quedaron aprisionadas en una cuenca, y que la desalinización se fue realizando durante muchos años, producto de la evaporación, las aguas de las lluvias y la afluencia de abundantes ríos. Esta hipótesis se ha descartado, ya que estudios geológicos han demostrado que la constitución natural de las tierras del istmo de Rivas, tienen mayor antigüedad que las del mismo lago.

No hubo pues, un golfo de mar abierto al Pacífico, sino que el lago de Nicaragua se formó por un hundimiento de carácter tectónico, que produjo una fosa, capaz de dar cabida a las aguas de las grandes lluvias: el Graben o Depresión Nicaragüense.

Los Chontales, aborígenes de la región

Los primitivos pobladores de la región fueron los Chontales, aunque no hay memoria de cuándo esta tribu llegó a la región oriental del lago, actual departamento de Río San Juan, la que ocuparon al desalojar a los Caribises que vivían en esos lugares.

Según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Hernán Cortés fue atacado por sorpresa, yendo de Honduras hacia México; sus aliados le dijeron que quienes lo habían atacado fueron los chontales, quienes eran una tribu indómita, gentes que no tenía nada que ver con los aztecas, tronco común de muchas tribus. Hablaban su lengua propia y pronunciaban mal el azteca, que era, según se sabe, idioma de cultura y de arte más desarrollado, con flexiones parecidas al griego clásico.

Los chontales habitaban la cordillera que los separaba de las provincias de Olocotón y Palangalpa y estaban sometidos al imperio de Topitizin Axil. Fueron tribus que vivían de la naturaleza, tenían su dios y dejaron en las piedras escrituras que indudablemente se refieren a la conmemoración de hechos gloriosos, llevados a cabo por la tribu, cuando vivían en México.

Todavía no se ha establecido la verdad respecto al nombre. Para el cronista Fernández de Oviedo, chontal quiere decir extranjero. Mientras naciones más cultas se ocupaban del arte y de la civilización, ellos, sin tierra propia y sin arraigo, pastoreaban sus animales, empujados por los más fuertes, hasta que llegaron a la ribera oriental del lago Cocibolca, donde a su vez desalojaron a los Caríbíses. Pasaban inadvertidos sin mezclarse con nadie, sin aceptar civilización ajena, sin rendirse, ni a la fuerza de los mayas ni a la cultura de los toltecas. Eran chontales, extranjeros, hombres indiferentes, tribu apática que aunque haya desaparecido, dejaron su herencia en la tierra.

El chontaleño responde al verdadero origen de su nombre. No sé dónde leí que en las bravas planicies mexicanas, existe una espina ganchuda y férrea que se llama chonta,

que defiende una linda y débil flor color sangre, que brota de un nopal. Por brava y fuerte se dio a la tribu cercana el nombre de la espina. Burgos, en la Geografía descriptiva de Oaxaca, dice que chontales fue una nación poderosa cerca de Zaotecam, al este del río Nexapa y que fue destruida por Ozomatti, el primer monarca zapoteca en el siglo XIV

Así como chontal es la espina que defiende y cuida una bella flor, igual, el sanmigueleño de hoy, es un ser optimista, ríe a carcajadas y como sus antepasados, sigue conviviendo y amando la naturaleza. Él conoce las estrellas del cielo, porque se acuesta cuando nace una y se levanta cuando apunta otra en el poniente. Lee las horas en el manto estrellado como en la cara de un reloj. Conoce la naturaleza; si por la noche canta una gallina, habrá un muerto en el pueblo; para él las golondrinas pronostican la proximidad o la continuación de las lluvias; si silba la "barba amarilla" son las doce; el canto del guás anuncia que pronto habrá visita; la hormiga café predice el mal tiempo; y el zanate clarinero, anuncia que va a ser un espléndido día de sol. Son siglos de experiencia, de observación y hasta de minuciosa reflexión.

El sanmigueleño sólo cuando está buena la luna castra un potro o la colmena de la miel de oro, siembra un árbol o purga al hijo. Ya no es nómada, pero se ha hecho uno con las cosas de la naturaleza. Ama sobre todo el campo. Conoce lo que dice una puesta de sol, oye la poesía de la quebrada corriendo entre las piedras, admira los colores de un pájaro y se apea del caballo para cortar una flor en plena montaña.

Fundación del departamento de Río San Juan

El 12 de junio de 1949, Río San Juan se separó del departamento de Chontales, y fue declarado departamento. Sus municipios son San Carlos (capital departamental) con ocho comarcas, Morrito con ocho comarcas, San Miguelito con doce comarcas y San Juan del Norte con cinco. El departamento tiene el nombre del río que se encuentra en su extremo sur, uno de los ríos más prestigiosos del continente, el más buscado y el eternamente soñado.

Según el geógrafo e historiador nicaragüense Jaime Incer Barquero en su libro: Descubrimiento, Conquista y Exploración de Nicaragua (p 197), el río San Juan debe su nombre a la fecha de su descubrimiento el 24 de junio de 1539, fiesta de San Juan Bautista, día en que los exploradores descubrieron el final del río, cumpliendo así con una orden del rey de España enviada al gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, que ordenaba se mandara a investigar el término del desaguadero, cuyo destino no había sido aún esclarecido a quince años de la conquista de Nicaragua.

En 1523 el rey Carlos V mandó a Nicaragua a buscar el clima suave de Valladolid, estaba enfermo de grandeza con las conquistas emprendidas en el Nuevo Continente y fue informado del viaje de Hernán Cortés al Nuevo Mundo a quien escribió pidiéndole que buscara cuidadosamente el secreto del estrecho, el desaguadero. También la reina doña Mariana de Austria, escribió ordenándoles que buscaran el río. Esa fue la obsesión de los que estaban en España y de los que venían a América. Dos cosas buscaban a toda costa, el oro y el desaguadero, la comunicación entre los mares.
 

En 1534 el licenciado López de Gómara escribió al rey describiendo el lago y le habló de un río tan grande como el de Sevilla. Quienes navegaron primeramente sobre sus aguas fueron los capitanes Diego Machuca de Suazo y Alonso Calero con el padre Morales, quienes' zarparon desde las isletas de Granada, surcaron el lago y recorrieron el río hasta llegar al mar Caribe. Una noche durmieron en el delta del Colorado y oían algo que no podían precisar, algo, como dice el Apocalipsis semejante al ruido de muchas aguas. Y por la mañana, al doblar el recodo del pequeño brazo del río, gritaron ¡el mar! cuando vieron las olas enormes y el espacio infinito del Caribe. ¡Qué grito de entusiasmo les salió de lo más hondo! El grito de la realización de un sueño, como el ¡tierra! de Colón y el júbilo del judío-holandés Antón Van Leeuwenhock, cuando una noche vio por primera vez en su lente sucio, que los microbios movían las patitas y tenían vida.

Para los europeos ya estaba descubierto el rio, que estuvo oculto siglos de siglos. Todos preguntaban por él. Diego Machuca de Suazo dejó su nombre en el raudal al que nombró El Raudal de Machuca. A Calero le pertenece el nombre del río, pero él no tiene que ver ni con las aguas, ni con los paisajes. En cambio Machuca, sí. Al correr entre las espumas, al navegar entre las mil corrientes diminutas, como el brillo del fuego de una llama, el que pasa piensa en el explorador: en Machuca, por el pedazo de espacio que está sobre el raudal, donde pasan por las tardes muchas garzas reales que entristecen el paisaje. La belleza, aún en cualquiera de sus notas, es triste.

Al río nada lo detiene, lleva el mensaje del lago al mar. No sabía el océano que hubiera en Nicaragua un lago de agua dulce, con una preciosa bahía denominada San Miguelito, frente a una isla con dos volcanes de fuego, hasta que llegaron a decírselo las aguas del río que le llevaron nota de todas las maravillas recogidas al pasar.

En las aguas del San Juan está gran parte de la historía de lo que hoy es Nicaragua, por ellas pasaron los hombres más notables de la conquista española, Hernando de Soto, Gabriel de Rojas, Contreras, Rodrigo de Bastida, Hernando de Luque que se fue después con Pizarro; Sebastián de Benalcázar, fundador de Quito; Gabriel de León, Jerónimo Benzoni, el notable historiador italiano Melchor Verdugo; el padre Juan Estrada Rábago, Juan de Caballón, fray Juan de Torres, que siendo provincial de los franciscanos se llevó las alhajas de los conventos. También por él pasaron los piratas más ilustres de los mares Edward y John Davis, Dampier, Gallardillo, el capitán español Sánchez de Badajoz, el renegado que no sabía escribir; la dama gentil doña María de Peñalosa, esposa de Contreras, que murió en Lima, fue con sus damas de honor a conocer el desaguadero, el río más ilustre del mundo, aunque de su historia hayan sido casi borradas las culturas amerindias que un día lo habitaron.

Pasó también el divino fraile Margil, fray Pedro de Betanzos, que hablaba catorce dialectos indios; el padre fray Bartolomé de las Casas, el del alma iluminada, y mil más, unos buenos y santos y otros malos y satánicos, pero todos en busca de oro; Nelson, el gallardo héroe de leyendas inglesas; Tomás Gaje, el fraile apóstata, Thomas Belt, el sabio naturalista; Bertoldo Seeman, el gran botánico, Efraín Squier, el norteamericano diplomático y escritor; Sir Edward Belchor, Pim, Julius Froebel, el cronista Oviedo y Valdés, el de la historia mentirosa que vio una vez al diablo hablando con un indio. Pero estos últimos, gente insigne por varios siglos, hombres de pensamiento y ciencia, algunos son orgullo y otros, vergüenza de la humanidad.

Ahora el río quedó ya vulgarizado por el tiempo. Vive de sus recuerdos. Sueña con barcos enormes que viniendo de muy lejos, devuelven sus aguas para ir de un mar a otro, con todas las banderas en sus mástiles. Cierra los ojos y recuerda que antes los reyes preguntaban por él, que estaban intrigados por encontrarlo. Se creyó llamado a grandes destinos, a unir los mares y ha quedado en nada, en un ensueño irrealizado, pero no pierde su belleza. Todo lo bello tiene derecho a soñar, yo vi un árbol que soñaba con las flores de todos los años.

El origen del nombre San Miguelito

E l 1 inolvidable maestro de generaciones en San Miguelito, don Diego Vargas Brown, quien fuera colaborador de la profesora Lola Soriano de Guerrero y del Dr. Julián Guerrero para la elaboración de la "Monografía de Río San Juan" realizada en 1965 y publicada en 1995, se preocupó constantemente porque sus alumnos conociéramos la historia de San Miguelito. Don Diego argumentaba que no se puede querer algo que no se conoce, que para ser un patriota, es necesario conocer Nicaragua y su historia, pero que antes debemos conocer nuestro municipio y su historia. Él decía que "un pueblo sin historia es un pueblo sin alma".

De los recuerdos de sus magistrales clases, complementados con el trabajo de los esposos Guerrero Soriano podemos afirmar que en 1810, en el actual territorio del municipio de San Miguelito, existían tres grandes haciendas ganaderas: San Miguel, El Coyol y Miralejos, y tenían entre todas un hato de aproximadamente dos mil cabezas de ganado, administradas por el señor Concepción Villagra.

La actual ubicación del pueblo era parte de los terrenos de la hacienda San Miguel, inscrita en el registro de la propiedad de Juigalpa, el 10 de julio de 1810, la cual dio origen al nombre de San Miguelito que se refleja por primera vez en el mapa de Thompson elaborado en 1816.

La primera referencia documental,

En 1849 el arqueólogo, diplomático, periodista y escritor norteamericano Ephraim George Squier, en una expedición que realizó, navegó desde Nueva York hacia San Juan del Norte y surcó el río San Juan hasta San Carlos, en las aguas del Gran lago de Nicaragua pasó por San Miguelito hasta llegar a Granada. En su libro: Nicaragua: its people, scenary, monuments, and the proposed interoceanic canal (New York, D. Appleton & Co., 1852) "Nicaragua sus gentes y paisajes", traducido por Luciano Cuadra (p 86,87) narra así su llegada a San Miguelito:

"Eran más de las nueve; habíamos rebasado la isla de La Boqueta que teníamos allá a la vista, frescas y seductoras, dejando ver bajo su arcada de árboles, uno o dos pintorescos ranchos y unos botecitos en la orilla. Estábamos en una pequeña y abregada bahía, ante una larga y arenosa playa, en donde los marineros hacían fuego para preparar el desayuno. Un hato de ganado cenceño y lucio vagaba por la costa, parando aquí para beber y haciendo allá simulacros de combate. De monte adentro bajaba un ancho y bien trillado camino; más allá veíanse las altas palmas doradas de los cocos, los techos pajizos de unos ranchos, y oíase el canto de los gallos y la alegre algarabía de voces infantiles

Era la bahía de San Miguelito, a unas veinte millas de San Carlos, en la costa norte del lago. La tempestad de la noche parecíame ya casi un sueño.

A poco una pandilla de muchachas con faldas moradas y güipiles blancos, sus largos cabellos cayéndoles sueltos hasta la cintura y balanceando en la cabeza tinajas de barro colorado, bajó por el camino a llenarlas en la playa. Parecían ser viejas amigas de nuestros marineros que las saludaban requebrándolas: ¡Adiós, mi alma!, ¡Buenos días, mi corazón! Y ellas respondían: ¿Cómo está mi negrito? Caminaron por la costa entrándose en un matorral cercano, y pronto las vimos braceando como sirenas en el agua.

No pudimos menos de pensar, cuando en la costa se escurrían sus remojados cabellos, que ningún escultor pudo desear más bellas modelos para su estudio; ni pintor alguno un grupo más atrayente para El baño de las Náyades. ¡Oh tiempos aquellos! Esos días de sencillez primitiva están pasando, si no es que ya pasaron del todo y para siempre.

Después de secarnos al sol tomamos nuestros fusiles y nos fuimos a la costa. Seguimos el camino de que hablé, por un corto trecho, hasta llegar a un riachuelo que entre pedruscos gorgoteaba con una música que nos trasladó a Nueva Inglaterra, haciendo aquí rícillos en la dorada arena y ensanchándose allá para formar pozas de agua transparente.

En una de éstas revoloteaba un enjambre de muchachos que al vernos huyeron como monos espantados. Aquí encontramos a Ben que venía de la ranchería con dos espumosos guacales de leche recién ordeñada; allí mismo vaciamos el primero, dejando el otro para el café. Tiré unos cuantos pájaros acuáticos y una lora entre los arbustos, y volví a la costa en momento para servirme pescado asado -tostado y caliente- sacado de las brasas.

En todo paso dado en Nicaragua topamos siempre con algo nuevo; y aunque nuestro interés no había decaído un solo momento, nos pareció que San Miguelito era el lugar más interesante que hubiéramos visto jamás; tanto que hasta por un momento pensamos en quedarnos a pasar el día allí. Pero al cesar el frescor de la mañana - que ocurrió antes de terminar el desayuno - cuando ya el ganado volvió a los potreros y ninguna otra náyade vino más por agua, no sólo estábamos listos sino ansiosos para salir de allí, lo que hicimos poco antes de medio día. "Pero jamás podré olvidar nuestro desayuno en San Miguelito".
Existen aspectos interesantes en el texto de Squier como cuando narra el encuentro de las muchachas con los marineros, al saludarse: "¡Buenos días mi corazón!, y ellas respondían: ¿Cómo está mi negrito?". Esto le llama la atención porque en su cultura no existe el piropo, a la vez demuestra las relaciones sociales y el sentido de hospitalidad de los vecinos de San Miguelito de la época, si bien es cierto que Squier en su descripción nos ve desde su óptica imperial como cuando escribe: "un enjambre de muchachos que al vernos huyeron como monos espantados..." Igual que Colón animaliza a los nativos, sin embargo, he reproducido de forma íntegra este texto, por su valor histórico y por ser la primera referencia documental y de una admirable descripción de la belleza natural del lugar.

Los primeros pobladores
Entre 1850 y 1855 comenzó la población como simple campamento de huleros y raicilleros asentada sobre una pequeña loma al oriente de su actual ubicación y tenía el nombre de Las Aldeas.

En 1872 el señor Herculano Montiel construyó la primera casa a orillas del viejo embarcadero, en la costa del lago, dando origen a la actual población de San Miguelito, que está propiamente en la parte baja de la loma sobre la que existió el poblado Las Aldeas. Don Herculano, comprador de hule a los cortadores que arribaban en sus botes, se adelantaba así a los competidores, como el primer comprador de hule.

En los años subsiguientes, nuevos vecinos de Las Aldeas y de otras regiones del país se fueron afincando paulatinamente a orillas del lago y dieron forma de poblado de San Miguelito.

Los fundadores del primer poblado y del actual, fueron los señores: Herculano Montiel, Luis Osorno, los hermanos Manuel, José Jesús y Luciano Cuadra; Francisco López, Crisanto Guerrero, Domingo Guzmán Enríquez, los hermanos Diego y Nicasio Vargas; Enrique Vega, Trinidad Herrera, José Medina, Mateo Avalo, tres hermanos de apellido Envites y el coronel Salvador Bravo, padre del notable escritor y conferenciante, don Carlos A. Bravo, fallecido en 1975 en Granada. En 1850 San Miguelíto se convirtió en municipio.

El primer alcalde, el primer agente de policía y e primer párroco
El primer alcalde de San Miguelito fue don Francisco Flores, en 1860, quien también fue víctima de la primera tragedia que se tiene historia, al ser muerto a machetazos por un individuo de nombre Arcadio, cuando se celebraban las fiestas patronales, el 29 de septiembre de 1863. La riña comenzó cuando a altas horas de la noche el alcalde quiso impedir que continuara la alegría de los vecinos, éstos, tomados de licor y enfurecidos, se lanzaron contra él y le asestaron numerosas heridas que lo desfiguraron espantosamente.
En 1859, se nombró al primer agente de Policía, don Gil Belleza o Belloso. El primer párroco del pueblo fue el presbítero Juan Manuel Loredo.

El proyecto del ferrocarril

En 1853, el ingeniero militar británico Bedford Pim propuso la construcción de una vía férrea desde Punta del Mono, "Monkey Point", hasta San Miguelito. En 1867 el comandante Pim, abrió una trocha de 187 Km, para la construcción de la vía férrea propuesta, proyecto que abandonó al faltarle el apoyo financiero.

Al asumir el poder mediante la revolución Liberal en 1893, el presidente José Santos Zelaya retomó nuevamente el proyecto de construcción del ferrocarril entre San Miguelito y Monkey Point, financiado por Inglaterra, dicho proyecto se inició con la instalación de algunos tramos de línea férrea; no logró concluir el mismo, por el derrocamiento de Zelaya en 1909. Según Emilio Álvarez Montalván, en su libro Cultura Política Nicaragüense--2da. Ed. 2000p98. Zelaya otorgó 61,226 hectáreas de tierras del estado, que se encontraban a ambos lados del ferrocarril, a sus principales funcionarios y colaboradores, como Tobías Argüello, Francisco Castro, Julián Irías, Félix Pedro Zelaya, Carlos Deshón, M. Ramírez G, Luciano Gómez, José Dolores Gámez, Mariano Espinoza, Isidro Oviedo y Luis H. Debayle.

El muelle

En 1877, según informe existente en los archivos de la alcaldía en acta de sesión municipal celebrada el ocho de enero de ese año, la compañía de navegación conocida con el nombre de "Caribian" de la que era gerente o dueño el señor Alfredo Pellas y la municipalidad costearon por partes iguales un magnífico muelle. El año siguiente y con previa autorización municipal, la sociedad comercial "Manuel Cuadra y hermanos", costeó un muelle privado al extremo de la calle 15 de Septiembre, donde se encuentra el actual, el cual fue construido de concreto en 1998, siendo alcalde de San Miguelito el Sr. Francisco Duarte Mendoza.

Las tierras ejidales
Las tierras 'ejidales, entre 1870 y 1885, donde se encontraba el poblado del municipio de San Miguelito, estuvieron legalmente constituidas por el potrero llamado "El Tule", donado por el Estado el dos de mayo de 1870. Quince años después, el primero de mayo de 1885, el alcalde propietario, José Gutiérrez y sus suplentes Sebastián Espinosa y José Mana, acordaron comisionar a don José Jesús Cuadra para lograr un arreglo amistoso con la señora Dominga Avalo, para que vendiera al municipio las tierras de oriente, que invadían casi hasta el centro de la población, por el lado sur, o proceder judicialmente en caso de no efectuarse tal arreglo.

primera urbanización

La primera urbanización en San Miguelito, se realizó el 21 de noviembre de 1877 cuando el prefecto de Chontales ordenó al municipio se diese nombre a las calles, según -acta de sesión celebrada el 5 de enero de 1878, siendo alcalde don Manuel Avalo y suplentes Crisanto Guerrero y Fernando Silva con la asistencia del secretario, don Salvador Bravo.

De ese acuerdo se desprende que en 1877 San Miguelito contaba con cuatro calles de oriente a occidente y cinco de Norte a Sur. Las primeras se designaron con los nombres de "La Cuesta", "El Comercio", "La Puerta de Piedra" y "La Principal", designadas por su orden de Norte a Sur.

Las.calles trazadas de Norte a Sur y contadas de oriente a poniente, recibieron los nombres de, "El Paraíso", "La Atravesada", "La Entrada", "Guzmán" y la "Calle 15 de Septiembre". Eran cinco estas arterias del poblado y con las anteriores sumaban en total nueve, es decir, la población se extendía en un cuadro de veinte manzanas.

En abril de 1883 el gobierno donó al municipio el primer edificio para el Cabildo el cual antiguamente era la escuela que existía en la población de Las Aldeas. Su estado era ruinoso y por falta de recursos ni el gobierno ni el municipio lo reconstruyeron, desapareciendo con el tiempo. A partir de 1885 se construyeron varios edificios para Cabildo, pero por ser sus construcciones de carácter provisional desaparecieron sucesivamente con el transcurso de los años. Fue hasta 1998 que se construyó definitivamente la sede del actual juzgado.

El espíritu público y patriótico de la época
Este es un aspecto interesante de los antiguos vecinos de San Miguelito, llaman la atención algunas manifestaciones que hasta nos parecen extrañas dentro del medio cultural de la época. Algo curioso era el ceremonial del Cabildo para sus sesiones, las misiones de representación enviadas a otros pueblos y su voz entusiasta en grandes hechos de la historia nacional de Nicaragua.

El primero de febrero de 1887, el municipio elevó formal pedimento para que el Congreso Nacional lo elevara al rango de villa, en sus sesiones de ese mismo año, atendiendo a la importancia que tiene este pueblo en el Departamento tanto por su posición geográfica y topográfica entre el Atlántico y el Gran Lago, como por su creciente desarrollo, su vecindario y sus propiedades, que lo harán ocupar un lugar distinguido en el rol de los demás pueblos.

En el presupuesto municipal, acordado en la sesión del tres de febrero de 1884, se fijó una partida para atender a la fábrica de lavaderos públicos en la ribera del lago; reparación del rastro, para construir un pozo público; para alumbrado de kerosén y faroles y una bomba para apagar incendios. En esa misma acta, se designó una comisión especial para asistir a las fiestas patronales de la ciudad de San Carlos, con viático pagado por la corporación, e integrada por diez comisionados, y sé elevó solicitud al Supremo Gobierno para el envío al colegio de señoritas de Granada a "niñas inteligentes".

El ceremonial y la solemnidad de las sesiones

Con relación al ceremonial y solemnidad de las sesiones reflejados en documentos existentes en la Alcaldía Municipal que datan de 1870 a 1894, según los historiadores Guerrero Soriano, en ninguna población de la república existían las formalidades que para las sesiones se realizaban en San Miguelito, que tenían todo el carácter de un moderno ceremonial diplomático y con tendencias a los de una asamblea nacional.
El Municipio tenía su Reglamento Interior, que era un verdadero reglamento de ceremonial, para sus actuaciones privadas o cuando asistía en cuerpo a los actos de carácter público o religioso. Por su originalidad y por ser un dato que ilustra el formalismo de las autoridades de la época, transcribimos fielmente el Arto. 20 del reglamento interior de la corporación, aprobado en sesión del 12 de marzo de 1870, que dice:

"La asistencia a los acuerdos, será con la decencia debida y posible, en cuanto a los vestidos, guardando en la reunión toda circunspección y evitando toda descompostura en su asiento".

El artículo 40 del Reglamento Interior, aprobado en sesión celebrada el tres de febrero de 1888, que obra en los folios del cuatro al nueve del libro del año, siendo alcalde don José María Cuadra, dice textualmente:

1) La Junta será presidida por el alcalde en ejercicio... 3) Los miembros de esta Corporación deberán asistir a las mismas sesiones con la posible decencia en el vestido y con toda circunspección y comedimiento.... 4) En las clásicas del patrono de este pueblo, señor San Miguel Arcángel, procesión del domingo de ramos, ceremonia del mandato, del jueves santo; descendimiento y procesión del viernes santo; procesión del domingo de pascua, misa y acto oficial del 15 de Septiembre, esta Corporación en su número pleno y presidida por el alcalde en ejercicio, acompañado de su secretario y las demás autoridades del lugar, deberá asistir a dichos actos de riguroso vestido negro, con leva, bastón y sombrero de
copa".
Las sesiones de la corporación eran inauguradas y terminadas con un ceremonial local, como el que actualmente se practica en la Asamblea Nacional, en actos solemnes o durante la apertura de periodos legislativos.

En el libro de acuerdos de la Junta de Regidores de 1894, se encuentran acuerdos tales como:

"LA JUNTA DE REGIDORES DE SAN MIGUELITO. En uso de sus facultades,

ACUERDA:

Arto. 1°. -Declárense abiertas las sesiones ordinarias del presente mes e instalada solemnemente la Junta de Regidores.

Arto. 2°. -Publíquese por bando, el presente acuerdo, de conformidad con el Decreto Ejecutivo de 4 de diciembre de 1890.

COMUNÍQUESE. -Dado en la Sala Consistorial de San Miguelito, a los seis días del mes de agosto del año 1894. TOMAS PONCE, Presidente FRANCISCO PEREZ; VS.

EJECÚTESE. M. AVALOS. El secretario, L. OSORNO.
 

Con decretos semejantes, según los archivos consultados, se cerraban o prorrogaban las sesiones.

Los pronunciamientos de interés nacional

En los aspectos de índole patriótica o de interés público, la actuación de los vecinos de la población fue muy beligerante. Por ejemplo, cuando se proyectaba la vía ferroviaria Monkey Point, sobre la antigua ruta llamada de Pin, por la villa de Guadalupe, al comienzo de la montaña, ya desaparecida como poblado, actas de cabildos abiertos fueron enviadas al gobierno alentando aquella obra que debió ser vital, desde aquellos tiempos para el porvenir económico de la nación.

Una de esas actas, autenticada por dos notarios, fue publicada por el Boletín de Geografia e Historia de Nicaragua, en 1945, en un documento que revela el juicio de aquellos ciudadanos y su intervención directa en los problemas de legítimo interés para el país.

Otro aspecto histórico a destacar fue el movimiento separatista del once de junio de 1877. Por disposición del gobierno fue trasladada la cabecera departamental de Chontales, de la ciudad de Acoyapa a la ciudad de Juigalpa. Este hecho alejaba más a la población sanmigueleña de las autoridades y oficinas departamentales. Con este motivo el municipio, en sesión del veintidós de junio del mismo año, elevó solicitud formal para su anexión a Granada, por los "perjuicios que el hecho ocasionaba al vecindario", estorbando una fácil, eficiente y pronta administración. Ejercían la autoridad de la comuna don José Cuadra, el Sr. Vargas y don Crisanto Guerrero.

Para cerrar el capítulo de apuntes históricos, debo referirme a lo relativo a sus sufrimientos, con los dos incendios que asolaron al municipio el 24 de noviembre de 1887, y el viernes Santo, 30 de marzo de 1888, afectando su progreso y su comercio.

Del libro de actas de la Junta de Socorros, que se organizó para ayudar a los damnificados, se encuentran los auxilios recibidos desde lejanos países, como un símbolo de que San Miguelito, indudablemente por su comercio interior y exterior, merecía atención de otros países o bien por la magnitud de las catástrofes sufridas, con intervalo de apenas cuatro meses.

El Salvador envió seiscientos pesos. El gobierno nacional envió trescientos pesos, veintiocho bultos de ropa y víveres que fueron llevados en la lancha Blanca Azucena por su capitán Eleuterio Sandoval. El encargado de negocios de Nicaragua en Chile, señor Eduardo Poitier, envió a la Junta quinientos pesos, los vecinos de El Castillo enviaron treinta y dos pesos y el coronel Salvador Bravo, comandante de San Carlos, cien pesos a nombre de la ciudad.
 
 
 
 
 
 

Orlando Valenzuela
 * Ubicado a 248 kilómetros de Managua, San Miguelito busca convertirse en un destino turístico importante, para lo cual se apoya en una biodiversidad envidiable que puede transformarlo en punto de interés para deseosos de contemplar los maravillosos paisajes y áreas de anidamiento de aves exóticas y animales en riesgo de extinción

San Miguelito es un pueblito ubicado en una de las zonas más ricas en fauna y flora de Nicaragua, asentado a la orilla este del gran Lago Cocibolca y con privilegiada posición geográfica, es la puerta de entrada a las encantadas islas de la Mar Dulce y del misterioso y sereno Río San Juan.

Con una población de 16,257 habitantes, 2,841 de los mismos asentados en el casco urbano, San Miguelito basa en el lago gran parte de su actividad económica, dedicándose más del 45 por ciento de su población a la pesca artesanal, mientras el resto trabaja en labores agrícolas sembrando frijoles, maíz, arroz y otros a la ganadería.

San Miguelito tiene lo que muy pocos lugares pueden ofrecer al visitante furtivo, como son diferentes puntos de interés que van desde una visita a los termales ubicados a pocos kilómetros del casco urbano.

FAUNA EXÓTICA

Se puede viajar en panga a la desembocadura del Río Tule o del Tepenaguazapa, donde habitan animales exóticos como los patos reales, flamencos, y peces tan ricos como el gaspar, róbalo, tilapia, mojarras, guapotes y laguneros entre otros.

San Miguelito atrae al viajero por lo pintoresco de sus casas y la tranquilidad de sus habitantes, sobre todo por el bello espectáculo que ofrece el lago por las tardes, cuando el rojizo sol se oculta detrás del horizonte.
Si le agarra la noche, existen hoteles como el Cocibolca, a la orilla del muelle y otros como el Hospedaje Sandoval, y la Casa de la Mujer, donde se puede dormir con seguridad y comodidad.

Para comer existen restaurantes como el de doña Ivette Cajina, el de don Agustín Vega, el de doña Yadira Ávalos y comedores populares como el de doña Anita Ochoa y el de doña Angélica Balladares. 

San Miguelito esta allí, esperando a los visitantes, sólo basta tomar un bus en el Mercado de Mayoreo o tomar viaje por cuenta propia para conocer este bonito rincón de Nicaragua.

DEL CAMPO A EUROPA

- La vida de muchos jóvenes seguiría igual de aburrida si no existieran alternativas de recreación y creación artística en este tranquilo pueblo, por eso desde 1985 en San Miguelito los Centros Populares de Cultura vienen promoviendo la participación de niños, jóvenes y adultos en el desarrollo cultural del municipio.

- Ubicada frente al parque central, sobre la calle al muelle, la Asociación Centro Popular de Cultura de San Miguelito actualmente desarrolla diferentes cursos de danza folklórica, moderna y contemporánea, así como clases de música y programas de atención a los niños y niñas.

- Lo más destacado es la labor que realizan 25 mujeres que desde hace varios meses impulsan el curso de capacitación técnico laboral, mediante el cual aprenden a elaborar trabajos de bordado y costura para ayudar un poco al ingreso familiar con la venta de los productos que producen.

- Con la cooperación de Alemania, estas artesanas del hilo tejen bonitas blusas, manteles y otras delicadas piezas de vivos colores, así como también hacen colchas de parches de tela que son muy económicas y duraderas.

EXOTICO RECORRIDO

En el viaje a San Miguelito se puede disfrutar de una excursión en panga a las Islas de Solentiname o a la Isla El Boquete, donde se observa en la arena a los grandes cuajipales (lagartos), o visitar la Isla El Guarumo, que sirve de albergue a especies de aves migratorias y perennes. 

Artista enamorado de la naturaleza

Orlando Valenzuela
 

En San Miguelito lo conocen como defensor del medio ambiente y de las personas, porque además de ser un entusiasta directivo del ONG ambientalista Fundación del Río, es presidente de la comisión de Derechos Humanos del Municipio.

Abogado de profesión y ambientalista de vocación, don Franklin Briceño Martínez es una de las personas más conocidas y apreciadas no sólo de este municipio sino de todo el Departamento de Río San Juan.

Es originario de Rivas, pero desde hace 30 años que llegó a San Miguelito siendo apenas un niño, se enamoró de su exuberante belleza natural y ahora es uno de los más fervientes defensores de su desarrollo integral.

Desde la oficina de la Fundación del Río, donde funge como secretario de la junta directiva, don Franklin trabaja en las estrategias a seguir para lograr que los Humedales de San Miguelito sean designados como “Humedales de Importancia Internacional” o sitios Ramsar.

Don Franklin piensa que hace falta una mayor conciencia ambiental en la población y cambiar algunas costumbres de la cultura productiva del campesinado que usa las quemas como herramienta de trabajo, pero sobre todo hace falta incidir para evitar la sobreexplotación maderera y pesquera, la cacería furtiva, la contaminación de las fuentes de agua, entre otras.

Don Franklin no sólo es conocido por su labor ambientalista y humanitaria, sino también por su participación en la vida cultural de San Miguelito, ya que desde hace muchos años ha integrado varios grupos musicales locales. 

Según cuenta, aprendió a tocar guitarra a los doce años: “me copié de un método que tenía un pastor evangélico, en un cuaderno fui copiando los signos y cuando estaba solo practicaba con la guitarra hasta que aprendí, porque el arte es como una herencia de familia ya que mi abuelo, mi mamá y papá tocaban y cantaban, porque el que no canta, baila, declama o hace teatro en mi familia”, dice.

Su mayor orgullo es haber formado parte del “Grupo Experimental” integrado por siete compañeros que sabían tocar y cantar música ranchera y lo mejor del son nica, gracias a ello fue en una brigada cultural del Centro Popular de Cultura a realizar presentaciones en diferentes ciudades de Alemania en el año 1989.

Realizó presentaciones artísticas en Costa Rica durante épocas de fiestas patronales y encuentros deportivos. Actualmente forma un trío junto a Juan Amador Urrutia y Pablo Sandoval, con quienes ensaya nuevos boleros, rancheras, música del recuerdo y hasta merengues. Por su calidad artística, el trío fue invitado para dar conciertos de música nicaragüense en Sant Boi, España, en junio próximo. 

Santero por “pura zanganada”

Orlando Valenzuela
 A poco kilómetros de San Miguelito, en el lugar conocido como empalme de Cruz Verde, sobre la carretera a San Carlos, el viajero no puede ocultar la curiosidad que le provoca una pequeña imagen de San Martín labrada en madera y clavada en la punta de un rollizo tronco ubicado a un lado de una humilde casa de madera.

Al observar detenidamente la imagen, se puede creer que es un santo antiguo desaparecido de algún nicho de iglesia de pueblo, pues el acabado es bastante tosco pero de apariencia añejada. 

Sin embargo, la realidad es otra, al preguntar, qué hacía ese santo allí, una niña dijo que lo había hecho su papá y para no dejar dudas lo fue a llamar al fondo de patio, de donde surgió un hombre joven, delgado y de sonrisa tímida pero amable.

Su nombre es José Damián Herrera Robleto, tiene 25 años y trabaja como todo campesino de esta zona: al machete. Cuando se le preguntó por qué había hecho este santo y lo había clavado en el poste, dijo que lo hacía: “por pura zanganada, bandidencias mías nada más”.

Damián dijo que un día que estaba sin hacer nada, trajo un tronco de zapote mico y se puso a “travesear” con el formón y fue dándole forma a la madera hasta que le salió la figura de San Martín, imagen que sólo había visto en la Iglesia cuando iba a la misa. 

Lo curioso es que a pesar de que Damián nunca recibió clases de pintura ni escultura, sabe combinar los colores y trabajar los detalles más delicadas en la madera como si fuera un experto artesano.

Asegura que los santos le vienen a la cabeza porque es católico y que no tienen que ver nada con algún tipo de remordimiento de conciencia, porque como él mismo dice: “los hago por puro gusto, ganas de zanganear”. 

Una cocinera polifacética

Orlando Valenzuela
 Muchos pasajeros que viajan de Granada a San Carlos saborean cada martes o viernes las cuajadas con tortillas calientitas, los deliciosos pescados fritos y hasta las riquísimas cajetas de leche durante los pocos minutos que el barco se estaciona en el muelle de San Miguelito para recoger o dejar viajeros.

Lo que pocos saben es que esos dos días son de muchísimo trabajo para doña Nidia Ruiz Obregón, quien desde hace 20 años espera en el muelle la llegada del barco con su panita en la cabeza llena de bocadillos y manjares para saciar el hambre de los viajeros furtivos.

En su humilde casa de vieja madera, doña Nidia quisiera tener cuatro manos para cumplir con la intensa jornada de trabajo que diario realiza. Desde la madrugada prepara la masa para palmear las tortillas que buena parte del pueblo consume. 

Después empieza a exprimir la leche fermentada para sacarle el suero y molerla para luego formar las blancas y ricas pelotitas de cuajada.

A continuación, y sin dejar que la leña se apague, pone un enorme perol al fuego al cual le deja caer ocho litros de leche pura de vaca, la deja hervir bien para después echarle 5 libras de azúcar, mientras con una pala de madera no deja de moverla. 

Minutos después, le echa otras dos libras de azúcar y una bolsita de maní en granitos. Lo que sigue es el extenuante trabajo de mover la leche con azúcar hasta que se convierta en una espesa y rica miel, la que una vez bajada del fuego se sigue batiendo hasta que endurezca y quede lista para hacer las bolitas de cajetas de leche que tanto gustan a niños y adultos.

Su esposo es pescador y doña Nidia Ruiz vende pescados crudos en su casa los días que el barco no llega, pero cuando éste visita el muelle, prepara guapotes, mojaras, tilapias y laguneros para ofrecerlos fritos con tortillas y ensalada a los pasajeros.

Cuando alguien quiera probar sus bocadillos la puede encontrar en su casa ubicada de la portuaria cuadra y media al sur. 

Mirna Isabel, la nueva reina

Orlando Valenzuela
 Ninguna fiesta patronal es completa si no se elige a una reina de las festividades, por eso en San Miguelito el comité organizador se apuntó un cien cuando escogió a la bella Mirna Isabel Báez Lazo como la nueva representante de la belleza.

Mirna tiene 16 años, estudia el cuarto año de secundaria en el Instituto Nacional San Miguel Arcángel y desde el 30 de marzo luce la corona que le impuso Karen Barraza, reina de las fiestas patronales saliente. 

Como buena pobladora de este puerto lacustre, Mirna piensa que se debe proteger el medio ambiente para tener siempre el paisaje lleno de exóticas aves y plantas para atraer al turista a visitar este lugar. Por eso dice que deben existir organizaciones para mantener limpio el lago y los ríos, así como el mismo pueblo de San Miguelito.

Dice que de todos los deportes los que más le gustan son el béisbol y el fútbol, aunque éstos son para verlos y no para practicarlos. Cuando salga de su secundaría piensa irse a estudiar medicina general y, si las condiciones lo permiten, volver a su pueblo convertida en toda una profesional a darle servicios a la población. 




HUMEDALES EN NICARAGUA

TANIA JIMENEZ PENHA
La Prensa 21/03/00

SAN MIGUELITO.- La Fundación del Río presentará en la convención de este año en España, la candidatura de San Miguelito como un sitio Ramsar, lo que facilitaría el acceso a fondos internacionales para ese tipo de ecosistemas, a la vez que lo protegería por ley, en contra de las actividades depredatorias de sus recursos naturales. Franklin Briceño, especialista en humedales de la Fundación del Río, dijo que esa entidad también "está completando la ficha Ramsar, de los Cayos Misquitos, el Charco de Tisma y El Refugio de Vida Silvestre Río San Juan", para presentarlos en España. El siete por ciento del territorio de Nicaragua cabe dentro de la categoría "humedales". Hasta ahora, Los Guatusos es el único sitio RAMSAR del país, por lo que la aprobación de San Miguelito, "sería de gran importancia para el desarrollo de la región, y para preservar los remanentes
de bosque y santuarios de fauna acuática y terrestre que todavía se conservan", agregó. Los primeros pobladores de San Miguelito se ubicaron al oriente de la ciudad, que hasta 1850 era llamada "La Aldea" por huleros y arcilleros. Su desarrollo estuvo ligado a la importancia comercial que propiciaron las actividades del proyecto ferrocarrilero. Briceño dijo que "los chontaleños comenzaron a buscar tierras frescas y vinieron empujando la ganadería a esas zonas donde vieron los humedales como un potencial para su manejo, e introdujeron el ganado en Los Llanos de Morrito y Llano Grande, al norte de San Miguelito". "Ellos engordaban ganado y luego lo embarcaban en veleros en la hacienda "El Pedernal", después la
gente hizo sus ranchos, y como necesitaban comercializarlos, usaron la experiencia de navegación de los rivenses, el comercio con Granada, siendo la población autóctona de San Miguelito, causando un encuentro de tres culturas". "Los ríos Tepenaguasapa, Tule, Camastro, Piedras, y una gran cantidad de afluentes como El Charral y El Congo, aún conservan remanentes importantes de bosques, y eso es lo que tratamos de preservar al proponerlo como sitio Ramsar", recordó Franklin Briceño. Relató que en la Península de "El Pedernal", hay una finca de 1,000 manzanas, cuyo dueño, el Dr. Camilo Barberena, ha dejado la mayor parte para conservar el bosque; por lo que recientemente recibió un reconocimiento de parte del MARENA y el Grupo de Humedales de Nicaragua. Hace 50 años esos llanos eran sólo potreros y el Dr. Barberena logró la regeneración natural de toda su finca, dejando el ganado en los llanos, bajo una técnica agrosilvopastoril. Sus vecinos, que ocupan unas 500 manzanas, también están dispuestos a procurar el manejo racional de los recursos. Las amenazas más fuertes son la deforestación, las quemas y las prácticas productivas no sostenibles, como la agricultura migratoria y la ganadería extensiva. También las plantaciones y enclaves extractivos (caucho, banano y madera), y la presión de la frontera agrícola que también constituye una amenaza a la biodiversidad. La cacería y la pesca ilegal son problemas generalizados que no se han podido controlar a pesar de la creación de leyes. "Aunque se practica de forma artesanal, se está invadiendo el hábitat de las especies, los pescadores penetran a la desembocadura y a lo largo de los ríos donde colocan sus redes", manifestó Briceño.
También dijo que "es urgente definir una estrategia para el manejo de la cuenca, para todas las comunidades que están asentadas en la ribera, porque la deforestación tiene como consecuencia la sedimentación acelerada, la pérdida de calidad del agua, el cambio climático y modifican las condiciones del entorno que degradan las condiciones de vida de estas comunidades".
 

                 ¿Ramsar?, ¿qué es eso?

 Los humedales de importancia internacional son por definición,
 especiales. Representan algunos de los mejores ejemplos en el mundo, en
 término de sus funciones ecológicas, hidrológicas, biodiversidad y de
 valor socioeconómico.

 Toman su nombre de la convención de Ramsar, Irán en 1971, donde se
 firmó un tratado intergubernamental que ofrece un marco de referencia
 para la cooperación internacional en pro de la conservación y uso
 racional de los humedales, que obliga a los gobiernos signatarios a incluir
 consideraciones sobre la conservación de estos ambientes en sus
 políticas del uso de la tierra. Hay 114 países miembros, y 970 humedales
 que ocupan 70.7 millones de hectáreas.

 El término humedales comprende gran variedad de ecosistemas, pero la
 definición más utilizada es la de la Convención Ramsar: "extensiones de
 marismas, pantanos, turberas o aguas de régimen natural o artificial,
 permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o
 saladas, incluyendo los lugares grandes de agua marina, cuya profundidad
 en marea baja no exceda de seis metros".

Humedales favorecen biodiversidad

TANIA JIMENEZ PENHA
Corresponsal

SAN MIGUELITO.- Los sistemas de humedales desempeñan un significativo papel hidrológico, biológico y ecológico en el funcionamiento natural de la cuenca hidrográfica del Lago Cocibolca, manifestó Franklin Briceño, especialista en humedales de la Fundación del Río.

La variedad de sus sistemas hídricos permite que encontremos sistemas palustres compuestos por llanuras de inundación como Llano Grande; pantanos herbáceos en la desembocadura de los ríos, sistemas lacustres (el Lago Cocibolca); y sistemas de riberas compuestos por los ríos Tepenaguasapa, Piedras, El Congo, Tule y sus afluentes.

El territorio de la cuenca de los humedales de San Miguelito tiene una extensión aproximada de 1,226 kilómetros cuadrados.

                             SANTUARIO ALADO

Adentrarse a estos parajes significa prepararse para observar el inusual paisaje verde en todas las épocas del año, gracias a las constantes precipitaciones de la selva tropical húmeda, donde las tonalidades de verdes, se juntan a las hojas cambiantes de la vegetación formando un multicolor paisaje, reflejado como espejo en el caudal del río.

En este paraíso sobresalen especies como el cedro, caoba, roble, genízaro, madero, laurel, guachipilín y jobo; y flora amenazadas o de comunidades autóctonas como la raicilla, el poponjoche, poro-poro,
uña de gato y caucho, de gran importancia ecológica y económica.

La racilla tiene su auge en 1960 con la exportación masiva de esta especie a los laboratorios de Europa. En los setenta su precio decayó dando por terminado el ciclo de auge de raicilleros. En cambio, el caucho prácticamente desapareció por la extracción irracional del látex (leche de hule) en 1940.

Entre el verdor del humedal hay patos de diversas especies y colorido, garzas y aves rapaces; la espátula rosada, ave de singular belleza, de tonos tornasoles entre el rosado y el rojo, y centenares de garzas blancas que parecen recrear un cuadro primitivista.

Briceño explicó que estas "áreas son un importante centro de migración de aves, especialmente las acuáticas procedentes del norte, que ocupan estacional o transitoriamente los humedales".

                            AUN HAY TIBURONES

Las especies como el tiburón toro, y dos especies de pez sierra, tienen la particularidad de su adaptación a las condiciones de agua dulce, algo único en el mundo. Según informaciones de Fundación del Río, pescadores capturaron recientemente un tiburón blanco de los pocos que aún
merodean estas costas, cuya especie, por la creciente comercialización de las aletas y carne, está en peligro de extinción.

La riqueza de peces incluye 56 especies, 36 géneros y 17 familias, de las cuales seis son migratorias marinas y nueve especies endémicas. Hay peces como el sábalo real, róbalo, roncador, guapote, gaspar y tilapia; reptiles como el cuajipal y el caimán están amenazadas por su valor comercial, así como las tortugas de agua dulce que abundan.

Los mamíferos de la zona también están en peligro por los cazadores furtivos: jaguares, pumas, ocelotes, monos colorados, hormigueros gigantes. Especies como el venado colablanca, el cabro de
monte, la guardatinaja, la guatuza y el saíno pueden aún observarse, pero podrían desaparecer si no se les protege.

"No hay ni un plan de manejo, ni políticas definidas, tampoco resoluciones del gobierno municipal para normar el uso y manejo de la cuenca. Es urgente que el municipio establezca sus normas de protección
y manejo sostenible de los recursos del humedal", concluyó Briceño.
 Ecoturismo, potencial de desarrollo

TANIA JIMENEZ PENHA
Corresponsal

SAN MIGUELITO.- La cuenca del Río San Juan podría ser el futuro del desarrollo regional, si las autoridades se encargaran de promover el ecoturismo como el principal rubro que tiene la región. A lo largo y ancho de la cuenca se encuentran modestos hoteles, albergues, selva virgen y senderos interpretativos, donde el turista tiene garantizado un encuentro pleno con la naturaleza, en uno de los pocos sitios preservados de Nicaragua.

"Hay todavía un potencial importante que rescatar, si lo vemos de cara al futuro. El ecoturismo es uno de los rubros que se puede explotar en estas zonas, con estos reservorios y atractivos naturales", manifestó Franklin Briceño, administrador del Albergue Cocibolca.

"Tenemos la oportunidad de conservar esto para desarrollar un nuevo rubro, porque la economía en nuestro municipio se sustenta en la agricultura, la ganadería, la pesca, la actividad maderera y el comercio incipiente, pero se puede potenciar el turismo y para esto se requiere tener los atractivos, y
los tenemos", agregó Briceño.

Dijo que están "los espacios, los senderos interpretativos y los distintos corredores naturales, y también pensando en articular a San Miguelito dentro de la estrategia del turismo a nivel departamental, no verlo como una isla porque nuestras bellezas se complementan con la de Morrito y
El Almendro", pensando en articular como oferta turística completa al Corredor Ecoturístico de la Cuenca del Río San Juan.

El turismo sólo se desarrolla a escala local con las comunidades de San Carlos y Granada, Morrito, Morrillo y otros pueblos costeros en épocas de veraneo. La Isla el Boquete es utilizada en época de Semana Santa por los lugareños y turistas que conocen la ruta.

 2 DE FEBRERO DEL 2002 /  La Prensa   José Luis González

  Celebran el Día Mundial de los  Humedales 
  En Nicaragua, la celebración del “Día  Mundial de los Humedales: agua,  cultura y vida”, pretende  involucrar a los  diferentes actores  nacionales en la  protección, conservación  y el desarrollo sostenible  del sureste del territorio 

               Los Humedales de San Miguelito albergan una amplia  variedad de especies de flora y fauna que forman parte de los atractivos turísticos en la paradisíaca  zona de Río San Juan.

  En el centro de investigación e interpretación de los Humedales del Lago Cocibolca,   en el municipio de San Miguelito, se celebra hoy el Día Mundial de los Humedales.  Según los organizadores la importancia de la actividad conmemorativa recae en la concientización que diferentes organismos realizan en pro de la gran biodiversidad que poseen los Humedales de San Miguelito. 

              En este importante evento estarán presentes autoridades de la Dirección General de   Áreas Protegidas, el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena),  organismos internacionales y actores locales interesados en la conservación de nuestro ecosistema. 

              Francisco Mayorga, alcalde de San Miguelito, dijo que los esfuerzos efectuados por  la Fundación del Río, la Comuna y autoridades locales a nivel internacional para que  la celebración del 1 y 2 de febrero tuviera una trascendencia, es una obligación  compartida por la conservación de nuestros recursos naturales. 

              Destacó que los Humedales de San Miguelito albergan una amplia variedad de especies de flora y fauna que forman parte de los atractivos turísticos. A su juicio,  estos recursos naturales proporcionan grandes ingresos a los negocios que se ocalizan en la región. 

              Agregó que durante la celebración se profundizarán temáticas del manejo y  conservación de los humedales, planes y perspectivas de manejo, presentación de  la propuesta del corredor biológico de San Miguelito, inventario nacional, entre  otros. 

              EXPECTATIVAS POR ÁREAS PROTEGIDAS 

              El edil dijo que han esperado por parte de las autoridades superiores del Ministerio  del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) la declaratoria de los Humedales de  San Miguelito como zona de Áreas Protegidas, pero tienen la confianza que los días  de celebración queden instituidos como Día Nacional de los Humedales, propuesta que fue analizada en la primera sesión ordinaria de la Alcaldía Municipal en el  presente año. 

              Por su parte, Sergio Romero Guido, delegado departamental del Marena, dijo que a  través del Programa del Corredor Biológico Mesoamérica, esta institución incluye la  estrategia regional de desarrollo que se impulsa en el Sureste del departamento de  Río San Juan. 

              También señaló que se pretende integrar a la sociedad civil en el desarrollo y la  conservación de estos humedales como alternativa de supervivencia para el ser  humano. “Existen humedales naturales que se encuentran en amenazas de  desaparecer, las comunidades al no respetar las vedas y otros medios de protección destruyen la existencia de la biodiversidad biológica en estas áreas”, expresó Romero. 

              Destacó que a inicios de los años 90 estaba oficializada una zona de vida y  desarrollo en el sureste de Nicaragua con la conformación del Sistema Integrado de Áreas Protegidas para la Paz (Siapaz), lo cual cambió a partir del decreto 66-99, pues solamente se oficializan las Áreas Protegidas, “deberíamos proponerle a las  instancias superiores que estas Áreas Protegidas no queden fuera de la acción  social”, apuntó el funcionario. 
 
 
 
 

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