| HUMEDALES
EN NUESTRO PAÍS
Estos humedales recibieron el nombre de Sistema Lacustre, Palustre y Riberinos, del municipio de San Miguelito, Nicaragua. Están ubicados a una altitud que oscila entre 30 y 100 m sobre el nivel del mar y se extienden en un área de 43 mil 474,64 hectáreas. Según el delegado del Marena forman parte del Corredor Biológico Mesoamericano: los humedales, ubicados en el Refugio de Vida Silvestre, Los Guatusos, Palo Verde y los humedales de San Miguelito. Posiblemente el último de éstos sea declarado como un ecosistema de gran valor cultural internacionalmente y pase a la categoría Ramsar. En Nicaragua, existen una gran variedad de humedales de singular importancia, sirven de control en épocas de inundaciones, protegen el área contra tormentas, generan productos para la vida mediante la pesca y los recursos forestales, y su belleza natural la convierte en un potencial ecoturístico de gran valor.
A nivel mundial, los humedales, tanto antiguos como recientes, contienen
huellas y pruebas de su historia y preservan el testimonio de las actividades
de los seres humanos. .
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San Miguelito
San Miguelito:
San Miguelito es uno de esos rincones mágicos del mundo que la naturaleza pintó enamorada, con sus mejores acuarelas sobre lienzos formados por el lino que visten las alas de mariposas, para volar y zambullirse en las aguas, espejo de las casitas tiradas al azar, una noche que Dios jugaba a los dados. Yo lo siento como el alma de mi patria y lo más entrañable de mis sentimientos, porque quizás me lo llevé conmigo el día que me fui. Tenía once años de edad cuando me vi obligado a salir de San Miguelito, mi pueblo natal; pero él, ni aunque pasen los años, saldrá de mí. Quienes por diferentes razones hemos abandonado ese terruño querido, sabemos el trauma que provoca "el síndrome del sanmigueleño": si naciste o viviste en ese pueblo, no sos feliz, sino hasta que "volvés Es como un embrujo que te ciñe el alma y la mente con el recuerdo constante de aquella naturaleza privilegiada que aprendiste a amar. Aunque me ha tocado caminar dentro y fuera de las fronteras de mi patria, no he podido encontrar en ningún rincón las fascinantes tonalidades del cielo durante el crepúsculo, cuando en el más alto homenaje a la vida, los cuatro elementos que integran la naturaleza se abrazan para eternizarse y transmitir la verdadera y real presencia del misterio de la creación. San Miguelito es una sociedad unida, solidaria, fraterna, donde todos nos conocemos, ya sea porque procedemos de familias autóctonas, o porque brindamos amistad a familias inmigrantes. Un pueblo en donde aún, a pesar del tiempo y las circunstancias, las diferencias sociales son casi imperceptibles. No puedo, ni debo, dejar pasar más el tiempo para que, como sanmigueleño, aporte a la recopilación de los recuerdos de mi pueblo. Pienso que la lectura de estas notas, contribuirá a conservar los valores de nuestro pueblo. Desfilan aquí los viejos y recientes personajes, que enriquecieron la cultura popular por su ingenio, gracia, sencillez o imaginación. Este trabajo es el resultado de investigaciones documentales, entrevistas y recuerdos de vivencias personales, está escrito para los sanmigueleños que ya doblaron la esquina en el camino de la vida, para que recuerden lo que vieron o vivieron y también para que las actuales y futuras generaciones, sepan cómo eran su pueblo y sus ancestros; cómo vivían, amaban, lloraban y reían, y rescatar algunas cosas del olvido de unos, recreándolas con la memoria de otros, de esa garza morena que habita en la nostalgia de hombres y mujeres que nacimos o vivimos en San Miguelito. Pedro Martínez Duarte 12 de febrero de 2005 Al concluir mis estudios de primaria en 1973, mis padres dispusieron que continuara la secundaria en el Instituto Nacional de Oriente, en la ciudad de Granada. Después de los preparativos necesarios se dispuso mi partida. Al salir de casa, me abrumaba una profunda nostalgia, luego de despedirme amorosamente de los árboles de naranjos, almendros y papayos que se encontraban en el patio de la casa; de mi perro Zultzer, de quien aún recuerdo en sus ojos el reflejo de la terrible tristeza que le embargaba mi partida. Me despedí de cada rincón de la casa, de cada vecino, de cada miembro de la familia, de las calles, de la plaza, del muelle, de la costa, del lago, de los recuerdos del quejumbroso sonido de sus olas rompiéndose sobre la playa en los chubascos de octubre; de las noches oscuras cuando innumerables quiebra platas emiten sus intermitentes destellos, produciendo otro firmamento sobre la tierra; de la multitud de mariposas de todos los colores, que sobre el terreno parecen un ramillete y cuando alzan vuelo, simulan una fuente de flores; de las bandadas de garzas blancas, emigrando en el cielo azul cada vez más intenso; de las nubes, y de las puestas de sol. Fue una tarde gris del primer jueves de febrero del mil novecientos setenta y cuatro. Cuando llegué al muelle, dirigí la mirada al reloj de "trastes'-' pared de la bodega, para fijar en mi mente la hora de la parti- estaba cvi da, las seis de la tarde; el día moría, y el sol caía sobre el lago y piso de b en calma. En la costa, flotaba el follaje de las lechugas de ae l agua, adornadas con garzas, a manera de flores blancas; las calles estaban vacías, como en las películas del Oeste americano de los años treinta, el silencio no sólo se escuchaba, también se sentía, solamente era ínterrumpído por el canto melancólico de algún pájaro. Al abordar la lancha "La Alianza", recuerdo con absoluta nitidez el abrazo de mis padres, mi mirada perdida en el horizonte y mis ojos empapados en lágrimas. Realmente los muelles al igual que los aeropuertos, son lugares de abrazos y lágrimas. Entre un tumulto de gente, experimenté el fatídico tedio de la soledad en compañía y pude profetizar la tristeza originada por el futuro recuerdo de una dicha perdida. Cuando me fui, San Miguelito era un pueblito que permanecía estacionario en el tiempo. La mayoría de los techos de sus casas eran de tejas de barro y sus paredes, igual que sus pisos, eran de tablas; con taburetes y muebles rústicos, butacas mecedoras de construcción muy sencilla, nombradas no sé por qué razón, butacas playeras; entre los utensilios de cocina de origen indígena, no faltaban las ollas de ruda alfarería, una tinaja para el agua de tomar, un comal donde se echaban las tortillas; una piedra para moler maíz, el que era ablandado, después de cocido en una infusión con ceniza, para elaborar tortillas, tamales, yoltamales, güirilas, rosquillas, indio viejo, perrerreques, nistamales, empanadas, atoles, marquesotes y nacatamales; guacales y jícaras con dibujos en su exterior, para tomar el tiste, el pinol, el pinolillo o la chicha, todos de esa misma gramínea, un manojo de hojas de chigue, usadas como papel de lija para lavar los "trastes" de cocina. La iglesia parroquial, que aún subsiste, estaba construida en su totalidad de madera, techo de zinc y piso de ladrillo con una amplia plaza en su frente, donde actualmente es el parque y la escuela "Arístides García". San Miguelito se encuentra a orillas del Cocibolca, pero los sanmigueleños siempre hemos vivido de espaldas al lago y de cara a la montaña, sobreviviendo en diferentes épocas, de la extracción del hule, la raicilla, la madera, la agricultura, la crianza de ganado y prestándole relativamente poca importancia a esa inmensa fuente de recursos que es el lago, más que eso, ha sido para el sanmigueleño una fuente de contemplación e inspiración. Siempre he tenido la certeza de que la libertad espiritual es directamente proporcional a los límites de la contemplación del horizonte. El lago Cocibolca El pueblo se encuentra frente a la isla de Ometepe, a orillas del lago Cocibolca, según Alejandro Dávila Bolaños, etimológicamente, "Cocibolca" procede de Caolt - pol-can, lugar de la gran sierpe y por eso, al cristianizar la región los españoles dieron a sus principales puertos los nombres de santos que vencieron al dragón: San Miguel, San Jorge y La Virgen. Los Chorotegas le llamaron Cuahacapolca que significa donde se destruyen los camaroncitos, en tanto, los Guatusos, le decían Ukurikitúcara, o sea llanura que ondula. El lago Cocibolca fue descubierto en 1522 por el capitán Gil González Dávila, quien venía a pie desde Chiriquí, llamándole Mar Dulce, sospechando que tenía salida hacia el mar del Norte (Caribe), la que facilitaría la comunicación con otras tierras ya conquistadas por los españoles y el acceso a la mar del Sur (Pacífico), obviando el paso por el istmo de Panamá, o Castilla del Oro, donde gobernaba el codicioso Pedrarias Dávila. Como se sabe, el Cocibolca es uno de los lagos más grandes de América y el único de agua dulce que posee tiburones, abundan peces marinos, que provienen del mar Caribe, a través del río San Juan. La adaptabilidad de dichas especies a las aguas dulces del lago, es una maravilla no vista en ninguna otra parte del mundo. Antiguamente se decía que era un golfo de mar abierto al océano Pacífico. Según se creía, hubo una conmoción terrestre y al levantarse el istmo de Rivas, las aguas marinas quedaron aprisionadas en una cuenca, y que la desalinización se fue realizando durante muchos años, producto de la evaporación, las aguas de las lluvias y la afluencia de abundantes ríos. Esta hipótesis se ha descartado, ya que estudios geológicos han demostrado que la constitución natural de las tierras del istmo de Rivas, tienen mayor antigüedad que las del mismo lago. No hubo pues, un golfo de mar abierto al Pacífico, sino que el lago de Nicaragua se formó por un hundimiento de carácter tectónico, que produjo una fosa, capaz de dar cabida a las aguas de las grandes lluvias: el Graben o Depresión Nicaragüense. Los Chontales, aborígenes de la región Los primitivos pobladores de la región fueron los Chontales, aunque no hay memoria de cuándo esta tribu llegó a la región oriental del lago, actual departamento de Río San Juan, la que ocuparon al desalojar a los Caribises que vivían en esos lugares. Según el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Hernán Cortés fue atacado por sorpresa, yendo de Honduras hacia México; sus aliados le dijeron que quienes lo habían atacado fueron los chontales, quienes eran una tribu indómita, gentes que no tenía nada que ver con los aztecas, tronco común de muchas tribus. Hablaban su lengua propia y pronunciaban mal el azteca, que era, según se sabe, idioma de cultura y de arte más desarrollado, con flexiones parecidas al griego clásico. Los chontales habitaban la cordillera que los separaba de las provincias de Olocotón y Palangalpa y estaban sometidos al imperio de Topitizin Axil. Fueron tribus que vivían de la naturaleza, tenían su dios y dejaron en las piedras escrituras que indudablemente se refieren a la conmemoración de hechos gloriosos, llevados a cabo por la tribu, cuando vivían en México. Todavía no se ha establecido la verdad respecto al nombre. Para el cronista Fernández de Oviedo, chontal quiere decir extranjero. Mientras naciones más cultas se ocupaban del arte y de la civilización, ellos, sin tierra propia y sin arraigo, pastoreaban sus animales, empujados por los más fuertes, hasta que llegaron a la ribera oriental del lago Cocibolca, donde a su vez desalojaron a los Caríbíses. Pasaban inadvertidos sin mezclarse con nadie, sin aceptar civilización ajena, sin rendirse, ni a la fuerza de los mayas ni a la cultura de los toltecas. Eran chontales, extranjeros, hombres indiferentes, tribu apática que aunque haya desaparecido, dejaron su herencia en la tierra. El chontaleño responde al verdadero origen de su nombre. No sé dónde leí que en las bravas planicies mexicanas, existe una espina ganchuda y férrea que se llama chonta, que defiende una linda y débil flor color sangre, que brota de un nopal. Por brava y fuerte se dio a la tribu cercana el nombre de la espina. Burgos, en la Geografía descriptiva de Oaxaca, dice que chontales fue una nación poderosa cerca de Zaotecam, al este del río Nexapa y que fue destruida por Ozomatti, el primer monarca zapoteca en el siglo XIV Así como chontal es la espina que defiende y cuida una bella flor, igual, el sanmigueleño de hoy, es un ser optimista, ríe a carcajadas y como sus antepasados, sigue conviviendo y amando la naturaleza. Él conoce las estrellas del cielo, porque se acuesta cuando nace una y se levanta cuando apunta otra en el poniente. Lee las horas en el manto estrellado como en la cara de un reloj. Conoce la naturaleza; si por la noche canta una gallina, habrá un muerto en el pueblo; para él las golondrinas pronostican la proximidad o la continuación de las lluvias; si silba la "barba amarilla" son las doce; el canto del guás anuncia que pronto habrá visita; la hormiga café predice el mal tiempo; y el zanate clarinero, anuncia que va a ser un espléndido día de sol. Son siglos de experiencia, de observación y hasta de minuciosa reflexión. El sanmigueleño sólo cuando está buena la luna castra un potro o la colmena de la miel de oro, siembra un árbol o purga al hijo. Ya no es nómada, pero se ha hecho uno con las cosas de la naturaleza. Ama sobre todo el campo. Conoce lo que dice una puesta de sol, oye la poesía de la quebrada corriendo entre las piedras, admira los colores de un pájaro y se apea del caballo para cortar una flor en plena montaña. Fundación del departamento de Río San Juan El 12 de junio de 1949, Río San Juan se separó del departamento de Chontales, y fue declarado departamento. Sus municipios son San Carlos (capital departamental) con ocho comarcas, Morrito con ocho comarcas, San Miguelito con doce comarcas y San Juan del Norte con cinco. El departamento tiene el nombre del río que se encuentra en su extremo sur, uno de los ríos más prestigiosos del continente, el más buscado y el eternamente soñado. Según el geógrafo e historiador nicaragüense Jaime Incer Barquero en su libro: Descubrimiento, Conquista y Exploración de Nicaragua (p 197), el río San Juan debe su nombre a la fecha de su descubrimiento el 24 de junio de 1539, fiesta de San Juan Bautista, día en que los exploradores descubrieron el final del río, cumpliendo así con una orden del rey de España enviada al gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, que ordenaba se mandara a investigar el término del desaguadero, cuyo destino no había sido aún esclarecido a quince años de la conquista de Nicaragua. En 1523 el rey
Carlos V mandó a Nicaragua a buscar el clima suave de Valladolid,
estaba enfermo de grandeza con las conquistas emprendidas en el Nuevo Continente
y fue informado del viaje de Hernán Cortés al Nuevo Mundo
a quien escribió pidiéndole que buscara cuidadosamente el
secreto del estrecho, el desaguadero. También la reina doña
Mariana de Austria, escribió ordenándoles que buscaran el
río. Esa fue la obsesión de los que estaban en España
y de los que venían a América. Dos cosas buscaban a toda
costa, el oro y el desaguadero, la comunicación entre los mares.
En 1534 el licenciado López de Gómara escribió al rey describiendo el lago y le habló de un río tan grande como el de Sevilla. Quienes navegaron primeramente sobre sus aguas fueron los capitanes Diego Machuca de Suazo y Alonso Calero con el padre Morales, quienes' zarparon desde las isletas de Granada, surcaron el lago y recorrieron el río hasta llegar al mar Caribe. Una noche durmieron en el delta del Colorado y oían algo que no podían precisar, algo, como dice el Apocalipsis semejante al ruido de muchas aguas. Y por la mañana, al doblar el recodo del pequeño brazo del río, gritaron ¡el mar! cuando vieron las olas enormes y el espacio infinito del Caribe. ¡Qué grito de entusiasmo les salió de lo más hondo! El grito de la realización de un sueño, como el ¡tierra! de Colón y el júbilo del judío-holandés Antón Van Leeuwenhock, cuando una noche vio por primera vez en su lente sucio, que los microbios movían las patitas y tenían vida. Para los europeos ya estaba descubierto el rio, que estuvo oculto siglos de siglos. Todos preguntaban por él. Diego Machuca de Suazo dejó su nombre en el raudal al que nombró El Raudal de Machuca. A Calero le pertenece el nombre del río, pero él no tiene que ver ni con las aguas, ni con los paisajes. En cambio Machuca, sí. Al correr entre las espumas, al navegar entre las mil corrientes diminutas, como el brillo del fuego de una llama, el que pasa piensa en el explorador: en Machuca, por el pedazo de espacio que está sobre el raudal, donde pasan por las tardes muchas garzas reales que entristecen el paisaje. La belleza, aún en cualquiera de sus notas, es triste. Al río nada lo detiene, lleva el mensaje del lago al mar. No sabía el océano que hubiera en Nicaragua un lago de agua dulce, con una preciosa bahía denominada San Miguelito, frente a una isla con dos volcanes de fuego, hasta que llegaron a decírselo las aguas del río que le llevaron nota de todas las maravillas recogidas al pasar. En las aguas del San Juan está gran parte de la historía de lo que hoy es Nicaragua, por ellas pasaron los hombres más notables de la conquista española, Hernando de Soto, Gabriel de Rojas, Contreras, Rodrigo de Bastida, Hernando de Luque que se fue después con Pizarro; Sebastián de Benalcázar, fundador de Quito; Gabriel de León, Jerónimo Benzoni, el notable historiador italiano Melchor Verdugo; el padre Juan Estrada Rábago, Juan de Caballón, fray Juan de Torres, que siendo provincial de los franciscanos se llevó las alhajas de los conventos. También por él pasaron los piratas más ilustres de los mares Edward y John Davis, Dampier, Gallardillo, el capitán español Sánchez de Badajoz, el renegado que no sabía escribir; la dama gentil doña María de Peñalosa, esposa de Contreras, que murió en Lima, fue con sus damas de honor a conocer el desaguadero, el río más ilustre del mundo, aunque de su historia hayan sido casi borradas las culturas amerindias que un día lo habitaron. Pasó también el divino fraile Margil, fray Pedro de Betanzos, que hablaba catorce dialectos indios; el padre fray Bartolomé de las Casas, el del alma iluminada, y mil más, unos buenos y santos y otros malos y satánicos, pero todos en busca de oro; Nelson, el gallardo héroe de leyendas inglesas; Tomás Gaje, el fraile apóstata, Thomas Belt, el sabio naturalista; Bertoldo Seeman, el gran botánico, Efraín Squier, el norteamericano diplomático y escritor; Sir Edward Belchor, Pim, Julius Froebel, el cronista Oviedo y Valdés, el de la historia mentirosa que vio una vez al diablo hablando con un indio. Pero estos últimos, gente insigne por varios siglos, hombres de pensamiento y ciencia, algunos son orgullo y otros, vergüenza de la humanidad. Ahora el río quedó ya vulgarizado por el tiempo. Vive de sus recuerdos. Sueña con barcos enormes que viniendo de muy lejos, devuelven sus aguas para ir de un mar a otro, con todas las banderas en sus mástiles. Cierra los ojos y recuerda que antes los reyes preguntaban por él, que estaban intrigados por encontrarlo. Se creyó llamado a grandes destinos, a unir los mares y ha quedado en nada, en un ensueño irrealizado, pero no pierde su belleza. Todo lo bello tiene derecho a soñar, yo vi un árbol que soñaba con las flores de todos los años. El origen del nombre San Miguelito E l 1 inolvidable maestro de generaciones en San Miguelito, don Diego Vargas Brown, quien fuera colaborador de la profesora Lola Soriano de Guerrero y del Dr. Julián Guerrero para la elaboración de la "Monografía de Río San Juan" realizada en 1965 y publicada en 1995, se preocupó constantemente porque sus alumnos conociéramos la historia de San Miguelito. Don Diego argumentaba que no se puede querer algo que no se conoce, que para ser un patriota, es necesario conocer Nicaragua y su historia, pero que antes debemos conocer nuestro municipio y su historia. Él decía que "un pueblo sin historia es un pueblo sin alma". De los recuerdos de sus magistrales clases, complementados con el trabajo de los esposos Guerrero Soriano podemos afirmar que en 1810, en el actual territorio del municipio de San Miguelito, existían tres grandes haciendas ganaderas: San Miguel, El Coyol y Miralejos, y tenían entre todas un hato de aproximadamente dos mil cabezas de ganado, administradas por el señor Concepción Villagra. La actual ubicación del pueblo era parte de los terrenos de la hacienda San Miguel, inscrita en el registro de la propiedad de Juigalpa, el 10 de julio de 1810, la cual dio origen al nombre de San Miguelito que se refleja por primera vez en el mapa de Thompson elaborado en 1816. La primera referencia documental, En 1849 el arqueólogo, diplomático, periodista y escritor norteamericano Ephraim George Squier, en una expedición que realizó, navegó desde Nueva York hacia San Juan del Norte y surcó el río San Juan hasta San Carlos, en las aguas del Gran lago de Nicaragua pasó por San Miguelito hasta llegar a Granada. En su libro: Nicaragua: its people, scenary, monuments, and the proposed interoceanic canal (New York, D. Appleton & Co., 1852) "Nicaragua sus gentes y paisajes", traducido por Luciano Cuadra (p 86,87) narra así su llegada a San Miguelito: "Eran más de las nueve; habíamos rebasado la isla de La Boqueta que teníamos allá a la vista, frescas y seductoras, dejando ver bajo su arcada de árboles, uno o dos pintorescos ranchos y unos botecitos en la orilla. Estábamos en una pequeña y abregada bahía, ante una larga y arenosa playa, en donde los marineros hacían fuego para preparar el desayuno. Un hato de ganado cenceño y lucio vagaba por la costa, parando aquí para beber y haciendo allá simulacros de combate. De monte adentro bajaba un ancho y bien trillado camino; más allá veíanse las altas palmas doradas de los cocos, los techos pajizos de unos ranchos, y oíase el canto de los gallos y la alegre algarabía de voces infantiles Era la bahía de San Miguelito, a unas veinte millas de San Carlos, en la costa norte del lago. La tempestad de la noche parecíame ya casi un sueño. A poco una pandilla de muchachas con faldas moradas y güipiles blancos, sus largos cabellos cayéndoles sueltos hasta la cintura y balanceando en la cabeza tinajas de barro colorado, bajó por el camino a llenarlas en la playa. Parecían ser viejas amigas de nuestros marineros que las saludaban requebrándolas: ¡Adiós, mi alma!, ¡Buenos días, mi corazón! Y ellas respondían: ¿Cómo está mi negrito? Caminaron por la costa entrándose en un matorral cercano, y pronto las vimos braceando como sirenas en el agua. No pudimos menos de pensar, cuando en la costa se escurrían sus remojados cabellos, que ningún escultor pudo desear más bellas modelos para su estudio; ni pintor alguno un grupo más atrayente para El baño de las Náyades. ¡Oh tiempos aquellos! Esos días de sencillez primitiva están pasando, si no es que ya pasaron del todo y para siempre. Después de secarnos al sol tomamos nuestros fusiles y nos fuimos a la costa. Seguimos el camino de que hablé, por un corto trecho, hasta llegar a un riachuelo que entre pedruscos gorgoteaba con una música que nos trasladó a Nueva Inglaterra, haciendo aquí rícillos en la dorada arena y ensanchándose allá para formar pozas de agua transparente. En una de éstas revoloteaba un enjambre de muchachos que al vernos huyeron como monos espantados. Aquí encontramos a Ben que venía de la ranchería con dos espumosos guacales de leche recién ordeñada; allí mismo vaciamos el primero, dejando el otro para el café. Tiré unos cuantos pájaros acuáticos y una lora entre los arbustos, y volví a la costa en momento para servirme pescado asado -tostado y caliente- sacado de las brasas. En todo paso dado
en Nicaragua topamos siempre con algo nuevo; y aunque nuestro interés
no había decaído un solo momento, nos pareció que
San Miguelito era el lugar más interesante que hubiéramos
visto jamás; tanto que hasta por un momento pensamos en quedarnos
a pasar el día allí. Pero al cesar el frescor de la mañana
- que ocurrió antes de terminar el desayuno - cuando ya el ganado
volvió a los potreros y ninguna otra náyade vino más
por agua, no sólo estábamos listos sino ansiosos para salir
de allí, lo que hicimos poco antes de medio día. "Pero jamás
podré olvidar nuestro desayuno en San Miguelito".
Los primeros pobladores
En 1872 el señor Herculano Montiel construyó la primera casa a orillas del viejo embarcadero, en la costa del lago, dando origen a la actual población de San Miguelito, que está propiamente en la parte baja de la loma sobre la que existió el poblado Las Aldeas. Don Herculano, comprador de hule a los cortadores que arribaban en sus botes, se adelantaba así a los competidores, como el primer comprador de hule. En los años subsiguientes, nuevos vecinos de Las Aldeas y de otras regiones del país se fueron afincando paulatinamente a orillas del lago y dieron forma de poblado de San Miguelito. Los fundadores del primer poblado y del actual, fueron los señores: Herculano Montiel, Luis Osorno, los hermanos Manuel, José Jesús y Luciano Cuadra; Francisco López, Crisanto Guerrero, Domingo Guzmán Enríquez, los hermanos Diego y Nicasio Vargas; Enrique Vega, Trinidad Herrera, José Medina, Mateo Avalo, tres hermanos de apellido Envites y el coronel Salvador Bravo, padre del notable escritor y conferenciante, don Carlos A. Bravo, fallecido en 1975 en Granada. En 1850 San Miguelíto se convirtió en municipio. El primer alcalde,
el primer agente de policía y e primer párroco
El proyecto del ferrocarril En 1853, el ingeniero militar británico Bedford Pim propuso la construcción de una vía férrea desde Punta del Mono, "Monkey Point", hasta San Miguelito. En 1867 el comandante Pim, abrió una trocha de 187 Km, para la construcción de la vía férrea propuesta, proyecto que abandonó al faltarle el apoyo financiero. Al asumir el poder mediante la revolución Liberal en 1893, el presidente José Santos Zelaya retomó nuevamente el proyecto de construcción del ferrocarril entre San Miguelito y Monkey Point, financiado por Inglaterra, dicho proyecto se inició con la instalación de algunos tramos de línea férrea; no logró concluir el mismo, por el derrocamiento de Zelaya en 1909. Según Emilio Álvarez Montalván, en su libro Cultura Política Nicaragüense--2da. Ed. 2000p98. Zelaya otorgó 61,226 hectáreas de tierras del estado, que se encontraban a ambos lados del ferrocarril, a sus principales funcionarios y colaboradores, como Tobías Argüello, Francisco Castro, Julián Irías, Félix Pedro Zelaya, Carlos Deshón, M. Ramírez G, Luciano Gómez, José Dolores Gámez, Mariano Espinoza, Isidro Oviedo y Luis H. Debayle. El muelle En 1877, según informe existente en los archivos de la alcaldía en acta de sesión municipal celebrada el ocho de enero de ese año, la compañía de navegación conocida con el nombre de "Caribian" de la que era gerente o dueño el señor Alfredo Pellas y la municipalidad costearon por partes iguales un magnífico muelle. El año siguiente y con previa autorización municipal, la sociedad comercial "Manuel Cuadra y hermanos", costeó un muelle privado al extremo de la calle 15 de Septiembre, donde se encuentra el actual, el cual fue construido de concreto en 1998, siendo alcalde de San Miguelito el Sr. Francisco Duarte Mendoza. Las tierras ejidales
primera urbanización La primera urbanización en San Miguelito, se realizó el 21 de noviembre de 1877 cuando el prefecto de Chontales ordenó al municipio se diese nombre a las calles, según -acta de sesión celebrada el 5 de enero de 1878, siendo alcalde don Manuel Avalo y suplentes Crisanto Guerrero y Fernando Silva con la asistencia del secretario, don Salvador Bravo. De ese acuerdo se desprende que en 1877 San Miguelito contaba con cuatro calles de oriente a occidente y cinco de Norte a Sur. Las primeras se designaron con los nombres de "La Cuesta", "El Comercio", "La Puerta de Piedra" y "La Principal", designadas por su orden de Norte a Sur. Las.calles trazadas de Norte a Sur y contadas de oriente a poniente, recibieron los nombres de, "El Paraíso", "La Atravesada", "La Entrada", "Guzmán" y la "Calle 15 de Septiembre". Eran cinco estas arterias del poblado y con las anteriores sumaban en total nueve, es decir, la población se extendía en un cuadro de veinte manzanas. En abril de 1883 el gobierno donó al municipio el primer edificio para el Cabildo el cual antiguamente era la escuela que existía en la población de Las Aldeas. Su estado era ruinoso y por falta de recursos ni el gobierno ni el municipio lo reconstruyeron, desapareciendo con el tiempo. A partir de 1885 se construyeron varios edificios para Cabildo, pero por ser sus construcciones de carácter provisional desaparecieron sucesivamente con el transcurso de los años. Fue hasta 1998 que se construyó definitivamente la sede del actual juzgado. El espíritu
público y patriótico de la época
El primero de febrero de 1887, el municipio elevó formal pedimento para que el Congreso Nacional lo elevara al rango de villa, en sus sesiones de ese mismo año, atendiendo a la importancia que tiene este pueblo en el Departamento tanto por su posición geográfica y topográfica entre el Atlántico y el Gran Lago, como por su creciente desarrollo, su vecindario y sus propiedades, que lo harán ocupar un lugar distinguido en el rol de los demás pueblos. En el presupuesto municipal, acordado en la sesión del tres de febrero de 1884, se fijó una partida para atender a la fábrica de lavaderos públicos en la ribera del lago; reparación del rastro, para construir un pozo público; para alumbrado de kerosén y faroles y una bomba para apagar incendios. En esa misma acta, se designó una comisión especial para asistir a las fiestas patronales de la ciudad de San Carlos, con viático pagado por la corporación, e integrada por diez comisionados, y sé elevó solicitud al Supremo Gobierno para el envío al colegio de señoritas de Granada a "niñas inteligentes". El ceremonial y la solemnidad de las sesiones Con relación
al ceremonial y solemnidad de las sesiones reflejados en documentos existentes
en la Alcaldía Municipal que datan de 1870 a 1894, según
los historiadores Guerrero Soriano, en ninguna población de la república
existían las formalidades que para las sesiones se realizaban en
San Miguelito, que tenían todo el carácter de un moderno
ceremonial diplomático y con tendencias a los de una asamblea nacional.
"La asistencia a los acuerdos, será con la decencia debida y posible, en cuanto a los vestidos, guardando en la reunión toda circunspección y evitando toda descompostura en su asiento". El artículo 40 del Reglamento Interior, aprobado en sesión celebrada el tres de febrero de 1888, que obra en los folios del cuatro al nueve del libro del año, siendo alcalde don José María Cuadra, dice textualmente: 1) La Junta será
presidida por el alcalde en ejercicio... 3) Los miembros de esta Corporación
deberán asistir a las mismas sesiones con la posible decencia en
el vestido y con toda circunspección y comedimiento.... 4) En las
clásicas del patrono de este pueblo, señor San Miguel Arcángel,
procesión del domingo de ramos, ceremonia del mandato, del jueves
santo; descendimiento y procesión del viernes santo; procesión
del domingo de pascua, misa y acto oficial del 15 de Septiembre, esta Corporación
en su número pleno y presidida por el alcalde en ejercicio, acompañado
de su secretario y las demás autoridades del lugar, deberá
asistir a dichos actos de riguroso vestido negro, con leva, bastón
y sombrero de
En el libro de acuerdos de la Junta de Regidores de 1894, se encuentran acuerdos tales como: "LA JUNTA DE REGIDORES DE SAN MIGUELITO. En uso de sus facultades, ACUERDA: Arto. 1°. -Declárense abiertas las sesiones ordinarias del presente mes e instalada solemnemente la Junta de Regidores. Arto. 2°. -Publíquese por bando, el presente acuerdo, de conformidad con el Decreto Ejecutivo de 4 de diciembre de 1890. COMUNÍQUESE. -Dado en la Sala Consistorial de San Miguelito, a los seis días del mes de agosto del año 1894. TOMAS PONCE, Presidente FRANCISCO PEREZ; VS. EJECÚTESE.
M. AVALOS. El secretario, L. OSORNO.
Con decretos semejantes, según los archivos consultados, se cerraban o prorrogaban las sesiones. Los pronunciamientos de interés nacional En los aspectos de índole patriótica o de interés público, la actuación de los vecinos de la población fue muy beligerante. Por ejemplo, cuando se proyectaba la vía ferroviaria Monkey Point, sobre la antigua ruta llamada de Pin, por la villa de Guadalupe, al comienzo de la montaña, ya desaparecida como poblado, actas de cabildos abiertos fueron enviadas al gobierno alentando aquella obra que debió ser vital, desde aquellos tiempos para el porvenir económico de la nación. Una de esas actas, autenticada por dos notarios, fue publicada por el Boletín de Geografia e Historia de Nicaragua, en 1945, en un documento que revela el juicio de aquellos ciudadanos y su intervención directa en los problemas de legítimo interés para el país. Otro aspecto histórico a destacar fue el movimiento separatista del once de junio de 1877. Por disposición del gobierno fue trasladada la cabecera departamental de Chontales, de la ciudad de Acoyapa a la ciudad de Juigalpa. Este hecho alejaba más a la población sanmigueleña de las autoridades y oficinas departamentales. Con este motivo el municipio, en sesión del veintidós de junio del mismo año, elevó solicitud formal para su anexión a Granada, por los "perjuicios que el hecho ocasionaba al vecindario", estorbando una fácil, eficiente y pronta administración. Ejercían la autoridad de la comuna don José Cuadra, el Sr. Vargas y don Crisanto Guerrero. Para cerrar el capítulo de apuntes históricos, debo referirme a lo relativo a sus sufrimientos, con los dos incendios que asolaron al municipio el 24 de noviembre de 1887, y el viernes Santo, 30 de marzo de 1888, afectando su progreso y su comercio. Del libro de actas de la Junta de Socorros, que se organizó para ayudar a los damnificados, se encuentran los auxilios recibidos desde lejanos países, como un símbolo de que San Miguelito, indudablemente por su comercio interior y exterior, merecía atención de otros países o bien por la magnitud de las catástrofes sufridas, con intervalo de apenas cuatro meses. El Salvador envió
seiscientos pesos. El gobierno nacional envió trescientos pesos,
veintiocho bultos de ropa y víveres que fueron llevados en la lancha
Blanca Azucena por su capitán Eleuterio Sandoval. El encargado de
negocios de Nicaragua en Chile, señor Eduardo Poitier, envió
a la Junta quinientos pesos, los vecinos de El Castillo enviaron treinta
y dos pesos y el coronel Salvador Bravo, comandante de San Carlos, cien
pesos a nombre de la ciudad.
Orlando Valenzuela
Con una población de 16,257 habitantes, 2,841 de los mismos asentados en el casco urbano, San Miguelito basa en el lago gran parte de su actividad económica, dedicándose más del 45 por ciento de su población a la pesca artesanal, mientras el resto trabaja en labores agrícolas sembrando frijoles, maíz, arroz y otros a la ganadería. San Miguelito tiene lo que muy pocos lugares pueden ofrecer al visitante furtivo, como son diferentes puntos de interés que van desde una visita a los termales ubicados a pocos kilómetros del casco urbano. FAUNA EXÓTICA Se puede viajar en panga a la desembocadura del Río Tule o del Tepenaguazapa, donde habitan animales exóticos como los patos reales, flamencos, y peces tan ricos como el gaspar, róbalo, tilapia, mojarras, guapotes y laguneros entre otros. ![]() Si le agarra la noche, existen hoteles como el Cocibolca, a la orilla del muelle y otros como el Hospedaje Sandoval, y la Casa de la Mujer, donde se puede dormir con seguridad y comodidad. Para comer existen restaurantes como el de doña Ivette Cajina, el de don Agustín Vega, el de doña Yadira Ávalos y comedores populares como el de doña Anita Ochoa y el de doña Angélica Balladares. San Miguelito esta allí, esperando a los visitantes, sólo basta tomar un bus en el Mercado de Mayoreo o tomar viaje por cuenta propia para conocer este bonito rincón de Nicaragua. DEL CAMPO A EUROPA - La vida de muchos jóvenes seguiría igual de aburrida si no existieran alternativas de recreación y creación artística en este tranquilo pueblo, por eso desde 1985 en San Miguelito los Centros Populares de Cultura vienen promoviendo la participación de niños, jóvenes y adultos en el desarrollo cultural del municipio. - Ubicada frente al parque central, sobre la calle al muelle, la Asociación Centro Popular de Cultura de San Miguelito actualmente desarrolla diferentes cursos de danza folklórica, moderna y contemporánea, así como clases de música y programas de atención a los niños y niñas. - Lo más destacado es la labor que realizan 25 mujeres que desde hace varios meses impulsan el curso de capacitación técnico laboral, mediante el cual aprenden a elaborar trabajos de bordado y costura para ayudar un poco al ingreso familiar con la venta de los productos que producen. - Con la cooperación de Alemania, estas artesanas del hilo tejen bonitas blusas, manteles y otras delicadas piezas de vivos colores, así como también hacen colchas de parches de tela que son muy económicas y duraderas. EXOTICO RECORRIDO En el viaje a San Miguelito se puede disfrutar de una excursión en panga a las Islas de Solentiname o a la Isla El Boquete, donde se observa en la arena a los grandes cuajipales (lagartos), o visitar la Isla El Guarumo, que sirve de albergue a especies de aves migratorias y perennes. Artista enamorado de la naturaleza Orlando Valenzuela
En San Miguelito lo conocen como defensor del medio ambiente y de las personas, porque además de ser un entusiasta directivo del ONG ambientalista Fundación del Río, es presidente de la comisión de Derechos Humanos del Municipio. Abogado de profesión y ambientalista de vocación, don Franklin Briceño Martínez es una de las personas más conocidas y apreciadas no sólo de este municipio sino de todo el Departamento de Río San Juan. Es originario de Rivas, pero desde hace 30 años que llegó a San Miguelito siendo apenas un niño, se enamoró de su exuberante belleza natural y ahora es uno de los más fervientes defensores de su desarrollo integral. Desde la oficina de la Fundación del Río, donde funge como secretario de la junta directiva, don Franklin trabaja en las estrategias a seguir para lograr que los Humedales de San Miguelito sean designados como “Humedales de Importancia Internacional” o sitios Ramsar. Don Franklin piensa que hace falta una mayor conciencia ambiental en la población y cambiar algunas costumbres de la cultura productiva del campesinado que usa las quemas como herramienta de trabajo, pero sobre todo hace falta incidir para evitar la sobreexplotación maderera y pesquera, la cacería furtiva, la contaminación de las fuentes de agua, entre otras. Don Franklin no sólo es conocido por su labor ambientalista y humanitaria, sino también por su participación en la vida cultural de San Miguelito, ya que desde hace muchos años ha integrado varios grupos musicales locales. Según cuenta, aprendió a tocar guitarra a los doce años: “me copié de un método que tenía un pastor evangélico, en un cuaderno fui copiando los signos y cuando estaba solo practicaba con la guitarra hasta que aprendí, porque el arte es como una herencia de familia ya que mi abuelo, mi mamá y papá tocaban y cantaban, porque el que no canta, baila, declama o hace teatro en mi familia”, dice. Su mayor orgullo es haber formado parte del “Grupo Experimental” integrado por siete compañeros que sabían tocar y cantar música ranchera y lo mejor del son nica, gracias a ello fue en una brigada cultural del Centro Popular de Cultura a realizar presentaciones en diferentes ciudades de Alemania en el año 1989. Realizó presentaciones artísticas en Costa Rica durante épocas de fiestas patronales y encuentros deportivos. Actualmente forma un trío junto a Juan Amador Urrutia y Pablo Sandoval, con quienes ensaya nuevos boleros, rancheras, música del recuerdo y hasta merengues. Por su calidad artística, el trío fue invitado para dar conciertos de música nicaragüense en Sant Boi, España, en junio próximo. Santero por “pura zanganada” Orlando Valenzuela
Al observar detenidamente la imagen, se puede creer que es un santo antiguo desaparecido de algún nicho de iglesia de pueblo, pues el acabado es bastante tosco pero de apariencia añejada. Sin embargo, la realidad es otra, al preguntar, qué hacía ese santo allí, una niña dijo que lo había hecho su papá y para no dejar dudas lo fue a llamar al fondo de patio, de donde surgió un hombre joven, delgado y de sonrisa tímida pero amable. Su nombre es José Damián Herrera Robleto, tiene 25 años y trabaja como todo campesino de esta zona: al machete. Cuando se le preguntó por qué había hecho este santo y lo había clavado en el poste, dijo que lo hacía: “por pura zanganada, bandidencias mías nada más”. Damián dijo que un día que estaba sin hacer nada, trajo un tronco de zapote mico y se puso a “travesear” con el formón y fue dándole forma a la madera hasta que le salió la figura de San Martín, imagen que sólo había visto en la Iglesia cuando iba a la misa. Lo curioso es que a pesar de que Damián nunca recibió clases de pintura ni escultura, sabe combinar los colores y trabajar los detalles más delicadas en la madera como si fuera un experto artesano. Asegura que los santos le vienen a la cabeza porque es católico y que no tienen que ver nada con algún tipo de remordimiento de conciencia, porque como él mismo dice: “los hago por puro gusto, ganas de zanganear”. Una cocinera polifacética Orlando Valenzuela
Lo que pocos saben es que esos dos días son de muchísimo trabajo para doña Nidia Ruiz Obregón, quien desde hace 20 años espera en el muelle la llegada del barco con su panita en la cabeza llena de bocadillos y manjares para saciar el hambre de los viajeros furtivos. En su humilde casa de vieja madera, doña Nidia quisiera tener cuatro manos para cumplir con la intensa jornada de trabajo que diario realiza. Desde la madrugada prepara la masa para palmear las tortillas que buena parte del pueblo consume. Después empieza a exprimir la leche fermentada para sacarle el suero y molerla para luego formar las blancas y ricas pelotitas de cuajada. A continuación, y sin dejar que la leña se apague, pone un enorme perol al fuego al cual le deja caer ocho litros de leche pura de vaca, la deja hervir bien para después echarle 5 libras de azúcar, mientras con una pala de madera no deja de moverla. Minutos después, le echa otras dos libras de azúcar y una bolsita de maní en granitos. Lo que sigue es el extenuante trabajo de mover la leche con azúcar hasta que se convierta en una espesa y rica miel, la que una vez bajada del fuego se sigue batiendo hasta que endurezca y quede lista para hacer las bolitas de cajetas de leche que tanto gustan a niños y adultos. Su esposo es pescador y doña Nidia Ruiz vende pescados crudos en su casa los días que el barco no llega, pero cuando éste visita el muelle, prepara guapotes, mojaras, tilapias y laguneros para ofrecerlos fritos con tortillas y ensalada a los pasajeros. Cuando alguien quiera probar sus bocadillos la puede encontrar en su casa ubicada de la portuaria cuadra y media al sur. Mirna Isabel, la nueva reina Orlando Valenzuela
Mirna tiene 16 años, estudia el cuarto año de secundaria en el Instituto Nacional San Miguel Arcángel y desde el 30 de marzo luce la corona que le impuso Karen Barraza, reina de las fiestas patronales saliente. Como buena pobladora de este puerto lacustre, Mirna piensa que se debe proteger el medio ambiente para tener siempre el paisaje lleno de exóticas aves y plantas para atraer al turista a visitar este lugar. Por eso dice que deben existir organizaciones para mantener limpio el lago y los ríos, así como el mismo pueblo de San Miguelito. Dice que de todos los deportes los que más le gustan son el béisbol y el fútbol, aunque éstos son para verlos y no para practicarlos. Cuando salga de su secundaría piensa irse a estudiar medicina general y, si las condiciones lo permiten, volver a su pueblo convertida en toda una profesional a darle servicios a la población.
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