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                                                  NICARAGUA 
La Catedral de León
Visite La Catedral, una riqueza artística enorme, las imágenes tan bellas, 


Catedral de León nombrado " Edificio del Milenio"

 El día 15  /11/ 1999,  por instancias de la Alcaldía de la Ciudad de León, Nicaragua; se llevó a cabo en sesión solemne en el antiguo Teatro Metropolitano de la ciudad, el  nombramiento por la Asamblea Nacional de la República de Nicaragua, que hace ostentar hoy a la CATEDRAL DE LEON: EDIFICIO DEL MILENIO.
La Basílica Catedral de la Asunción es la principal fuente de turismo donde los visitantes acuden a cualquier hora del día para vislumbrar al león que custodia la tumba del Padre de las Letras Castellanas, Rubén Darío, de igual forma apreciar el lugar donde reposan los restos mortales de Salomón de la Selva, Alfonso Cortés, Miguel de Larreynaga y José de la Cruz Mena.Caminar sobre las cúpulas de la Basílica Catedral para observar desde el edificio más alto los tejados de la ciudad colonial es otra fascinación para los turistas, asimismo, adentrarse en los sótanos del templo. La Catedral de León junto con las otras iglesias de estilo barroco que forman la colección de arte religioso son la principal fuente turística, así como las antiguas edificaciones civiles que actualmente la Municipalidad restaura con ayuda de la Comunidad Económica Europea



La Catedral de León no es sólo el edificio más importante de Nicaragua, sino también -como dice Julio Valle- «símbolo de la nacionalidad». Como en alguna forma lo son también el Partenón en Atenas o Notre Dame en París; en Roma sería el Coliseo o el Panteón, aunque quizás más el primero puesto que abarca o abraza lo pagano y lo cristiano; el segundo sólo lo pagano. San Pedro es demasiado reciente. Por sus características, este monumento levantado hace 250 años, en su contexto eclesial, histórico, social,antropológico, político, cultural y artístico: Joya de la Arquitectura Iberoamericana, es la más importante e imponente Obra Mayor Centroamericana, gloria de Nicaragua, que se proyecta en nuestra época. Por ello, no ha quedado más, que reconocerlo  en estos finales del siglo XX.  Esta propuesta, cuenta con el respaldo de principales Instituciones de la Arquitectura, Urbanismo, Cultura y Educación de la Nación entre la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (ANIA), la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, la Universidad Católica "Redemptoris Mater", y distinguidas personalidades representantes de Instituciones como el Dr. José Antonio Alvarado Corea, en su momento Ministro de Educación, Cultura y Deportes de Nicaragua; el Dr. Alejandro Serrano Caldera, Presidente del Foro Nicaragüense de la Cultura y Presidente Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica; el Dr. Carlos Tünnermann Bernheim, Asesor Especial del Director General de la UNESCO.



Es la joya arquitectónica de Occidente 

Basílica de la Asunción, un tesoro milenario

MARICELY LINARTE
 La Basílica Catedral de la Asunción, en el centro histórico de León, es uno de los lugares más concurridos por los turistas nacionales y extranjeros que diariamente visitan la Ciudad Universitaria.  El Dr. Edgardo Buitrago afirma que "conservar la Catedral desde hace 250 años es el mayor orgullo de los leoneses, porque en ella se resume la tradición Mariana, su arquitectura, el poder eclesial, la administración de lo sagrado". Desde que la Basílica fue nombrada por la Asamblea Nacional como "Edificio del Milenio", el número de visitantes ascendió, aunque no se sabe con exactitud el porcentaje.

Silvia Morales Munguía, organizadora de los recorridos turísticos dentro de la Catedral, manifestó que diariamente arriban buses de  diferentes lugares del país para disfrutar de los elementos coloniales de la joya arquitectónica y de sus datos históricos. "Los recorridos se realizan previo a una reservación de los días, en el archivo histórico diocesano donde se reciben las solicitudes por  teléfono o personalmente sólo por la mañana", explicó Morales.agregó que los recorridos tienen como objetivo colaborar con la cultura y la educación a través de la reseña histórica que imparte el guía a los visitantes.  Los recorridos turísticos se realizan durante toda la semana excepto los domingos que no se atienden visitas debido al horario de las misas, según afirmó doña Silvia Morales.





( además por $20.00 dólares ayudas y obtienes una entrada a las cúpulas y baja a las sus famosas catacumba. Para esto tienes que escribir para "Tour Reservas" Ciudad de León,  Archivo Diócesano de León).

DETALLES DE LOS TESOROS

La custodia es uno de los tesoros más valiosos de la Catedral, en ella se expone el Santísimo para
veneración de los fieles cada jueves. Tiene medidas de 32 pulgadas de alto por 42 de diámetro de resplandor y 54 de base. Su estilo es barroco con elementos decorativos en su pie como corderos, rebaños, querubines y los símbolos de los cuatro evangelistas.  Se cree que fue obsequiada a la Catedral por el Rey Carlos IV, fundida en plata con varias piedras preciosas: topacios y amatistas incrustadas en oro. En la nave central se localiza el púlpito que data del  siglo 18, su estilo barroco representa un decorado con múltiples caras en las que ostenta un emblema episcopal en cada una de ellas formando un copón  eucarístico.

El frontal de plata parte del altar mayor de la primera Catedral de León, es otro de los tesoros que sobresale en el tabernáculo del Sagrado Corazón de Jesús.

Consiste en tres medallones donde sobresalen con el estilo repujado, María en su Asunción en el centro y San Pedro y San Pablo en los laterales.
Tiene de alto 39 pulgadas y 115 de largo y se cree que es de 1760. Dentro del Tabernáculo también se encuentra el Sagrario de plata del mismo año, consta de cuatro columnas salomónicas con techo y piso circular.

El coro de Cordobés, un obsequio del Reino de Córdoba a Catedral, es un conjunto de 44 sillones y un sitial del Obispo, cuya madera es del siglo 18, así como un atril de facistol de cuatro caras.


Su estilo es rococó tardío esmaltado en verde, amarillo y rojo y se localiza sobre la cripta episcopal de la Basílica.
 Julio Valle, en su obra "La Catedral de León de Nicaragua", sostiene que la imagen se inscribe dentro del barroco por presentar elementos como el cilíndrico de la Cruz y la plata labrada en torno a la misma. Se cree que para en 1685 su madera soportó el sablazo de un pirata quien comprobó si era o no de algún metal precioso.

Dentro de los tesoros arquitectónicos se encuentra el Claustro y el patio del príncipe construidos de teja arábica y pilares de madera del siglo 18.

"Lo atractivo del sitio es el cambio sorprendente de la construcción y del ambiente, se pasa de lo religioso al típico interior de una casa colonial leonesa", aseguró doña Silvia Morales. 

Continuando con el recorrido arquitectónico el lado derecho se localiza el antiguo baptisterio, donde aún se conserva la pila bautismal original con un valor histórico y sentimental porque en ella se bautizó según registros de archivo diocesano, Darío, Salomón de la Selva, De Larreynaga, entre otros hombres notables de León, dijo Morales.



El último escalón del recorrido es la Capilla del Sagrario, construida a finales del siglo pasado por Simeón Pereira. Por poseer un riquísimo decorado igual que otros sitios de la Basílica Catedral, también es admirada por el sinnúmero de visitantes que acuden al edificio del milenio.
En este final de centuria, que da paso a un nuevo milenio, damos una mirada retrospectiva en la memoria arquitectónica, urbanística, histórica y cultural de Nicaragua y encontramos entre valores únicos y especiales que  destacan, como el más relevante y excelente, que coincide con más prestigio, títulos, representatividad, en los últimos mil años de nuestra historia, al edificio Basílica Catedral de la ciudad de León. 



La aplicación de este concepto, de nombrar a un edificio del territorio nacional como del milenio, aparte del reconocimiento de los valores propios de la arquitectura nacional de mayor repercusión mundial, es  reconocer que tenemos más de quinientos años de vida cultural y que los vestigios de la cultura nicaragüense, transcienden la época de la colonia.

No han de olvidarse, dentro de esos valores trascendentes, ese indicio e importante inicio de nuestro ser nacional, llamado huellas de Acahualinca y  que marca una primigenia y trascendente señal del ser continental. 

Reconocer, dar una mirada a mil años de nuestra historia cultural, es hablar fuera del concepto colonialista de reconocernos como un territorio del "Nuevo Mundo", cuando a pesar de la guerra y destrucciones, que han desaparecido parte de nuestra cultura material antigua, somos, competimos al igual que el resto de América por nuestra estatuaria,  cerámica antigua y otros vestigios con el resto de América, ante la obra antigua del resto de continentes. 

  Reconocer a las entradas de un nuevo milenio, mil y más años atrás de nuestro transcurrir, es reconocer que nuestras raíces, en su momento se han alimentado, o han estado vinculadas culturalmente a grandiosas obras de nuestra antigua humanidad, como la ciudad y arquitectura de Teotihuacán, Chichén Itzá, Machu Pichu y Ollantaytambo y su imponente haber cultural y arquitectónico. 

Obras urbanas y arquitectónicas que son indiscutible orgullo de toda la humanidad. 

 En lo histórico; a 475 años de fundación de la ciudad, el edificio Catedral,  Sede de la Primera Diócesis en Nicaragua, es la edificación antigua más  reconocida, de una de las dos primeras ciudades fundadas de Nicaragua.

 Su actual construcción, historia en sí, es guardador del registro, de lo primordial e importante de su patrimonio visual y escrito, objeto y herencia descollante de lo mejor de principales hechos, desde sus inicios hasta nuestros días de 250 años, de nuestra civilización occidental. 



TESOROS DE CATEDRAL

Entre los tesoros de la Basílica Catedral que destaca Julio Valle Castillo, se encuentran los vasos sacros, el juego de vinajeras con figuras alusivas a los misterios de la pasión, incensarios y un alar portátil que data desde 1771.

Dentro de la Catedral también existen objetos de platería como los atriles, las patenas, la cuchara de consagración, cálices, copones, y la cruz alta o procesional.

Valle Castillo anexa en los tesoros la mueblería como el coro de Cordobés, el trono episcopal, el púlpito y el retablo flamenco, además de la cerámica española y la imaginería.
 

Dentro de la Sacristía se encuentran el retablo flamenco, relieve de madera que representa la última cena. Contiguo a la Sacristía se encuentra la Sala Capitular donde se guarda la mejor pinacoteca episcopal de Centro América.

Silvia Morales describe que son cuarenta retratos en óleo de los cincuenta obispos que ha tenido la Diócesis de León, iniciando con el Fray Diego Alvarez Osorio, primer Obispo de Nicaragua en 1530.

La imaginería de madera también forma parte de los tesoros de la Catedral. Sus rasgos son barrocos, desde la estructura tallada en madera hasta sus monumentos como resplandores y coronas, cabellos de pelo natural, ojos de vidrio y pestañas, así como los gonces para adoptar diversas posiciones y vestimenta.

Entre el conjunto de imágenes sobresale el "Cristo Negro de Pedrarias", colocado en el altar de los ángeles como muestra de una de las imágenes más antiguas de Nicaragua, su estilo gótico del siglo XV, afirman que perteneció al conquistador Pedro Arias de Avila, quien la trajo en 1528.
Nuevo Diario 12  /12/ de 1999 

De marfil de la catedral de León
  "María Inmaculada"

 Hay una pieza única diferente y extraña, de la imagen más importante de  los festejos de la religiosidad nicaragüense, que pertenece al acervo de nuestra cultura: «La Inmaculada Concepción de María». Una pieza relacionada, a lo más popular de las creencias populares y a vínculos históricos y económicos de nuestro país. Esta, es «María Inmaculada» una talla de marfil de 42 cms. que pertenece al tesoro del obispado de la  Catedral de León. 





  «María Inmaculada» de marfil pertenece a los marfiles cristianos del Lejano Oriente, pero es a la vez, nicaragüense. El nicaragüense en sí, es  una mezcla de indígena, español, africaribeño, con mayor o menor  intensificación. A la par de las lenguas y culturas hay que ver el  pensamiento de un pueblo. Mayormente, sus piezas culturales y obras de arte. 

 En este sentido, «María Inmaculada» de marfil, de la Catedral de León, es una pieza universal, de referencia nacional. Esta imagen de María Inmaculada, está relacionada con el tráfico de galeones, que en escuadras,  hacían comercio y recogían tributos, por las costas del Pacífico, en  América de la Epoca Colonial. Específicamente el tráfico marítimo que hubo entre Manila y Acapulco, durante 250 años. 



La imagen vino probablemente de las Islas Filipinas, que en esa época era  colonia de España. Es claro que los galeones tocaban las costas de   México desde Filipinas, y luego en su planeada trayectoria marítima, iban  acercándose a diversos puertos de las costas americanas, realizando su  intercambio. Entre los puertos inevitables de la trayectoria, estaba el  puerto nicaragüense de El Realejo, en su época un importante astillero y  número uno de Centroamérica. 

«María Inmaculada» de marfil, ahora en la Catedral de León, una pieza  chino-cristiana del siglo XVIII, llegó probablemente a través de este  puerto del Pacífico, envueltas en olorosas especies, sedas y brocados,  entre otros marfiles chinos. Las piezas o marfiles chinos de temas diversos, llegaban desde la Costa China a las Filipinas de manos de marineros. 

Habiendo comprobado dentro de las milenarias tradiciones chinas, en la  época colonial, la existencia de magníficas esculturas, por encargo de personas del imperio de ultramar español, el del los domonios donde no se ocultaba el sol, comenzó una nueva tendencia artística chino-hispana, la de las tallas de marfil con imágenes de cristos, vírgenes y santos, por encargo, las que eran realizadas principalmente, desde 1580 hasta finales del siglo XVIII en la Provincia de Cantón, Fosukeing, Zhou, Kuanchou y Zouzhou. 



 La sociedad del Virreinato de Nueva España (Hoy México), se encargaron directamente a estas regiones a través de Filipinas, tallas de marfil con santos de su devoción: vírgenes, cristos, sagradas familias y otros, que a la vez de tallada, eran bellamente policromadas. La «María  Inmaculada» de marfil de la Catedral de León tiene este origen y ella, en sí misma, fue en su momento totalmente policromada, ya que todavía se  conservan en las piezas, restos de la pintura, que la cubría originalmente.  En sus características generales, mismas características de las tallas de esta tendencia, podemos observar, además de la policromía, cabellos, ropajes  y miembros homogéneos e integrados en una sola pieza, así como inspiración de diversos estilos de origen europeos: góticos, renacentistas,  hasta barrocos. pero también toques de ascendencia china: párpados abultados, ojos oblicuos, labios delgados, nariz levemente respingada y   ropaje oriental, entre otros. En México hubo en su momento gran profusión de estas piezas por su vínculo directo con las Islas Filipinas. En Nicaragua de estas piezas de  marfil, existen muy pocas, unas tres o cuatro en manos particulares. La  pieza «María Inmaculada» tallada en marfil de tesoro del Obispado, es además de única, parte por sus vínculos e historia, de NUESTRA CULTURA nicaragüense.

 Catedral es un lugar de influencia imponderable en la sociedad, testigo de  los cambios acontecidos en la acción social del país. Reúne connotados valores humanos, que se proyectan y difunden en la vida del nicaragüense. Este edificio es consenso y resumen de nuestras voluntades pasadas, presentes, nuevas y futuras, en el que se puede hacer una lectura del pensamiento ilustrado de hombres y mujeres de diversas épocas. 
 Constituida, eminente y mayor, más que ninguna construcción, Catedral destaca en la ciudad entera y comparte con el resto de las edificaciones de la ciudad, el empeño por la cultura nacional, en sus distintas formas de expresión. Siendo ella misma, un rico y variado legado cultural y artístico, seña de nuestra identidad. 

  Es el templo Madre de la catolicidad nicaragüense, grupo religioso  mayoritario entre las creencias en nuestro territorio a lo largo de nuestra historia occidental y contemporánea. La importancia de la Basílica Catedral se refleja en la monumentalidad y magnificencia artística que  hablan de la gloria y los valores de triunfos aunados, culturales y estéticos de la mayoría de un pueblo y su iglesia. 

 El edificio Catedral es la expresión artística de la Iglesia de la sociedad mestiza y sus grupos más arraigados, originarios y ascendentes, de las  culturas de habla latina y representa los artistas más relevantes de su época, de lo que la constituye en una importante obra maestra. 
 En lo artístico; Catedral es cúmulo de variadas tendencias estilísticas, antiguas, medievales y de la época moderna, en que la fe católica en la  búsqueda de la dimensión de su cultura estética incorporó en una sola unidad como una importante lección de arte. Este magno edificio es un artífice multilateral de producción intelectual estética y artística, expresada a través de la síntesis de sus variadas formas y contenidos. 
 En lo arquitectónico; urbanísticamente es el edificio de mayor relevancia puesta en el eje del nacimiento de la ciudad, reticular colonial. El de mayor preponderancia y suntuosidad de la ciudad, el más grande del país, que  puntualiza las principales y más tradicionales formas de emplazamiento, en los inicios de las ciudades iberoamericanas en el continente, recogiendo desde tradiciones y herencias arquitectónicas mobiliarias e inmobiliarias de referencia milenaria, hasta recientes técnicas. 
 Como arquitectura acoge lo más representativo del estilo de su época de construcción, barroco y neoclásico, realizando un estilo particularmente regional, que entre otros propone con orgullo, la adaptación de sus masas horizontales y formas, hasta los constantes movimientos telúricos de nuestra región. Al igual que, según lo dice el cronista Oviedo, hacían los indígenas en la arquitectura de sus centros urbanos. 

 Orgullo de nuestro ser centroamericano constituyendo con ello, joya reconocida de la Arquitectura Iberoamericana, Catedral recoge en su obra arquitectónica y ya no digamos lo ornamental una fuerte correspondencia con las creencias católicas marianas, y en su fachada antiguas referencias a la arquitectura del siglo XVI. Hoy es una importante lección arquitectónica a nuestra actual arquitectura. 

 Dentro de la arquitectura de la época hace importantes citas de la arquitectura manierista de Andrea Palladio y Sebastián Serlio del siglo XVI . Composición de cúpulas con linternas, en la techumbre de Catedral, enseña lo mejor del barroco de Nicaragua, uno de los diversos estilos que contiene el EDIFICIO DEL MILENIO de Nicaragua. Las formas de construcción como bóvedas de cañón o cúpulas de media naranja con linterna, son entre otros piezas, de ascendencia milenaria. 

Bóvedas barrocas que coronan las torres campanarios, bóvedas vaídas que aparentan desde el punto de vista popular comales indígenas y  bóvedas vaídas coronadas con linternas, balaustradas y perillas de base octagonal de dedicación mariana . 
 rpapaalotl@..hotmail.com 










DIVISIONES DE  CATEDRAL

La Basílica Catedral según la concepción cósmica, se encuentra dividida en tres plantas que son: el inframundo (planta inferior), el mundo (planta media) y el cielo (planta alta).
En la planta inferior se encuentran los siete sótanos que desde su construcción hasta la fecha han servido de criptas ocultas a la feligresía.

Entre la nómina de sepultados dentro del templo se encuentran obispos y sacerdotes de la Diócesis, como Simeón Pereira y Castellón, Obispo de inicios del siglo.

Museo de Alfonso Cortés, 

Museo-Archivos de Rubén Darío
Asimismo dentro de la Catedral se encuentran los restos del inmortal Padre de las Letras Castellanas, Rubén Darío; Salomón de la Selva, Alfonso Cortés; de los políticos Juan Bautista Sacasa, expresidente de Nicaragua y del precursor de la Independencia, Miguel de la Larreynaga; así como del músico José de la Cruz Mena.
Puente de Guadalupe

Colegio y capilla de La Asunción 

Edificios de la UNAN.
 

En la planta media se visualizan las cinco naves de la Catedral con sus respectivos altares laterales y el altar mayor. En sus paredes se expone la Vía Sacra, los antiguos confesionarios y el coro de Cordobés.

La planta alta consta de cinco terrazas y según Julio Valle Castillo el barroquismo más puro de la
Catedral se encuentra en este sitio, resguardado por cien perillas o pináculos y 34 cúpulas cupolines de 6 metros de diámetro, como efecto superior externo de las bóvedas que constituyen el mayor conjunto y uno de los mejores espectáculos de la arquitectura barroca de Centro América.

Desde esta planta los visitantes no sólo aprecian las cúpulas, los picos, los barandales y linternillas de la Catedral, sino también, las iglesias, tejados y casas coloniales del centro histórico, y más allá del límite del casco urbano los catorce volcanes de la Cordillera de los Maribios.


La Vía Sacra compuesta por 14 estaciones, de cinco por cuatro metros de tamaño, elaboradas por Antonio Sarria originario de Managua, es otro elemento valioso del templo.
Las decoraciones internas y externas ejecutadas por el escultor granadino, Jorge Bernabé, son otros atributos del templo apreciados por los turistas. Entre estas decoraciones se encuentran la Inmaculada del frontis, los atlantes de las torres, los doce apóstoles de las columnas, los cinco altares, los medallones y relieves del sagrario, los leones del atrio y las tumbas de Rubén Darío y Simeón Pereira y Castellón, quien obligó al escultor a realizar los trabajos anteriores desde 1904 finalizándolos Bernabé 20 años más tarde


 


Y hablando de barroco y Bernini, me permito disentir un poco con Julio al  llamar barroca a la catedral de León, aunque en cierto sentido también lo  es, y en ese sentido lato es correcto lo aseverado por Julio; porque yo  creo que es más neo-clásica inclusive hasta por la época en que empezó  su construcción. En realidad, no viene al caso. El tema sí es importante en   lo que a nuestra iglesia se refiere. 

              Y no sólo la Catedral de León sino todas las iglesias de América, digamos,   por poner una fecha, desde 1500, con la única -si no estoy equivocado-  excepción de la Catedral de Santo Domingo, que es gótica, hasta finales  del siglo XVIII. Es el tema del barroco propiamente americano, diferente tanto del romano como del austriaco, por sólo mencionar los mejores, del  que Julio ha hecho un interesantísimo estudio concentrado aquí en Nicaragua. En mi opinión -y que me corrijan los expertos- barroco en la  Península hay relativamente poco aunque valioso: las catedrales de Murcia, Jaén Y Granada, me imagino por la misma dominación árabe, que no   permitía construir iglesias cristiana en ese tiempo góticas. 

              Fernando III el Santo conquista Sevilla en 1284, y sólo desde esa fecha   comenzaría su construcción. También las torres de la Catedral de   Zaragoza -por la misma razón-; el «transparente» de la Catedral de Toledo; el maravilloso frostipicio de las Conchas de salamanca, etc. El más bello edificio renacentista es el palacio de Santa Cruz en Valladolid   superior al de Carlos V en Granada. Y el Escorial, en soberbia desnudez  petrea en medio del adusto éremo castellano en asombrosos contraste con el esplendor versallesco del palacio que un siglo después mandara   construir cerca de París el rey sol. 

              El barroco es eminentemente romano, enmarcado exactamente en un siglo   y casi limitado a dos grandes nombres: Bernini y Borromini. Y en Turín,   Guarini, cuyas obras y tratado «Architettura Civile» (1737) van a tener mucha influencia más allá de los Alpes», sobre todo, como digo, en Austria y Alemania del Sur, Bavaria. Pero es el americano el que nos  interesa en este caso. 

              Dice, por ejemplo, Julio del barroco: «El término barroco designó al arte   producido en Europa en General y en España y sus colonias en los siglos  XVII y XVIII; arte desquiciado, de crisis, hiperbólico, germinante y   devorador, que mezcla con todas las impurezas posibles, el arte   renacentista con los artes moros e indígenas, generando el churrigueresco,  el riberesco, el plateresco y subsistiendo en el rococó. Posteriormente, se  ha ampliado para calificar la compleja composición de la sociedad mestiza  que definió éticamente a América. Al mismo tiempo empezaron a llamar  barroca a la época y la cultura del entonces Nuevo Mundo». Difícil hallar una mejor definición tan precisa y a la vez amplia de ese fenómeno que  llamamos barroco. 




              Y más adelante añade: «Fatalidad, fantasmagoría y fasto, tres vocablos  que dicen su barroco. Y en lo que a estilo arquitectónico se refiere, barrocas eran sus casas cuyos portales y zaguanes de líneas mixtas se coronaba de hornacias con imágenes de santos, emblemas e inscripciones.  Aún hoy, barrocos son los aleros y las ventanas con bolillos torneados o de hierro forjado y la mayoría de sus templos: la catedral, la fachada de   piedra labrada de la Recolección que constituye quizá el mayor   monumento pasionario de la región; los retablos dorados de San Francisco  que integran pintura e imaginería; el sol popular y recocó bajo el techo de barro de San Juan Bautista de Sutiaba y sus pináculos indígenas; y la  Merced con sus símbolos nercedarios, el arco conopial de su puerta lateral y su imagen conquistadora». 

              Aquí vemos realmente surgir y nacer todo un verdadero lenguaje   descriptivo y autorizado del fenómeno cultural americano que llamamos    barroco en quizás el lugar más humilde del continente.  Zona del barroco en América yo diría aventurando una opinión las  siguientes: la mexicana-guatemalteca, que incluiría lo que en USA llaman  aun en las iglesias pobres de pueblo perdidos en la Sierra Maestra,   Mission, de Fray Junípero Sierra. Es indudablemente el más rico y  variado. De paso y curiosamente Julio Valle asevera con gran perspicacia   que la catedral, aunque «Arquetípica de la arquitectura antigüeña, o sea, la que procede de la Antigua Guatemala, asiento de la Capitanía General...»  «su planta es rectangular, de un tipo generalizado en aquellos siglos y semejante a la de las catedrales de Lima y Cuzco». Otra vez Nicaragua en  el centro de América entre el Sur y el Norte?    La otra gran región es la de Quito, limitándome a casi sólo la ciudad   incluyendo tal vez Ambato, no sé, habría que ver, donde están, los dos  mejores barrocos americanos de América, el exterior en la iglesia de San  Francisco y el interior la Compañía (sic) de los jesuitas, rivalizando en   esplendor con las mismas de Roma, y en cierto sentido superándolos en su  misma exhuberancia y riqueza de las que habla Julio Valle del barroco   americano, que procediendo de España y Europa, no tiene nada que ver  con él, de manera que casi podemos decir sin temor a equivocarnos, como  lo sugiere el mismo Julio, que nuestra independencia arranca en nuestra  arquitectura. Nos liberamos de España, Europa y de la misma Roma a  través de la arquitectura, la escultura y la pintura. 

De hecho, así fue hecha la Catedral. Julio lo dice explícitamente: «Este  mismo espíritu autónomo y comunitario en sus decisiones se advertirá casi siglo y medio después, al promediar el XVIII en la voluntad de demandar  y construirse al cabo de cinco catedrales, una catedral digna de León,   como correspondía». 
             «Es, pues» -sigue diciendo Julio Valle- esta sociedad colonial definida por     españoles, criollos, indígenas, mestizos, pardos, negros y mulatos, la que decide levantar una catedral cuyo proyecto superaba a todas luces las  limitaciones económicas y las expectativas de la provincia».





Julio Valle cita
              al Obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz: «la causas (de la nueva  catedral) no es otra que el deseo que se tuvo hacia su mayor adelantamiento», porque «lo numeroso del pueblo pedía de justicia otro   templo más espacioso». 
              Las otras regiones del barroco en América, además de la   mexicana-guatemalteca, quiteña, la peruana-andina que incluye el altiplano  boliviano hasta Chile y Argentina; luego vendría la Chaco-paraguaya-platense, por llamarla con algún nombre en las tierras   bajas; y, por supuesto, la brazileña, de origen portugués, sobre todo en la  línea de la costa, Bahía, Recife, Río, etc. Aunque el estilo barroco, sobre   todo, el americano, ha sido identificado con los jesuitas, ha tenido una  indudable influencia franciscana y dominica, dependiendo de las zonas.     Se identifica con los jesuitas por el enorme ímpetu que tuvo la orden   fundada por Iñigo de Loyola, en el desarrollo y expansión de la   Contrarreforma católica. Basta leer la magnífica obra del gran gran   historiador alemán Leopoldo Ranke citando a jesuitas como Lainez,  Nadal, Canisio, Bellarmino, etc. para darnos cuenta de su casi desmesurada importancia. Basta así mismo echar una hojeada a la catedral  de Goa para pensar también la obra del incomparable misionero navarro  jesuita, compañero de San Ignacio, San Francisco Xavier. Y ya no   digamos los jesuitas en las misiones del Paraguay. Esto antes de su expulsión y posterior disolución por bula papal a instancias de Pombal,  Florida Blanca y otros. 


              Se ha señalado a la iglesia de II Gesú en Roma como la cuna o el troquel  arquitectónico que produjo el barroco jesuita cuyo diseño se debió a dos  discípulos de Micheangelo: Vignola y Giacomon della Porta (la fachada de este último). Se ve claramente la influencia de Micheangel y, en concreto,  como lo señalan los especialistas, la inspiración en San Pedro: las pilastras   pareadas y el arquitrabe fracturado. La influencia de esta iglesia, dice un  autor, W.J. Jason, en su History of Art, no se puede exagerar.    No todos, sin embargo, la consideran barroca. Más bien,  renacentista-manierista. Yo la visité muchas veces cuando por fuera,  cuando estuve en Roma con mi hermano Filadelfo, entonces embajador   ante la Santa Sede, e ingeniero estudioso de la arquitectura, y creo que así   es. El barroco, propiamente barroco, convulso, pertenece al siglo XVII,  como hemos dicho. Con él mismo visité dos iglesias cada una   representativa de su mismo autor en la misma calle enfrente del Palacio del  Quirinal, sede del estado italiano. San Andrés, que es casi una capilla, pero muy bella, exquisita, una joya como un cristal de bacará en piedra, de  los jesuitas. En ella precisamente vivió y murió el santo novicio polaco  Estanislao de Kostka, de Bernini. 


              Sobre la misma acera, San Carlo alle Quattro Fontane, de Berromini, de   un estilo «desquiciante», como dice tan bien Julio, delirante, diría yo, lleno    de movimiento, tensión y asimetría dentro, desde luego, de una gran armonía. En la Piazza Navona, una de las más bellas de Roma, que posee las más bellas plazas del mundo como París, los más bellos puentes, dos   iglesias también de Borromini: Sancta Agnese y casi enfrente S.Ivo, que no  tuve ocasión de visitar. En Turín construyó palazzos e iglesias muy bellas Guarini como el Palazo Carignano. 
              Este estilo traspasó, como ya dije, los Alpes a finales del siglo XVII, y  tuvo su glorioso apogeo en las obras de Johann Fisher von Erlach en la  iglesia de San Carlos Borromeo en Viena, muy similar a S. Agnese.


Curiosamente las torres de esta iglesia son muy parecidas a las de León, aunque las torres de S. Carlos están mucho más distanciadas, aparte, además, de la airosa cúpula semejante a S. Agnese. También en Austria Jakob Prandtauer (Monasterio de Melk), realmente imponente, y en Bavaria, Alemania, Zimmermman, «Die Weiss». Y en Würzburg, la Kaisersaal, en el Palacio Episcopal, de Balthasar Neumann.    El asunto no es trivial ni tiene que ver meramente con una erudita  descripción de un estilo arquitectónico predominante en esa época. Hay  que verla más bien como la expresión de una ideología (religiosa), una  actitud vital ante una realidad político-social. La posición católica contra-reformista fue asumida inequívocamente en el concilio de Trento  (1545-63), influenciado en gran parte, lo que es innegable, por los Jesuitas   y el Rey de España, en contraposición decidida y combativa a la actitud de  los países nórdicos cuyos príncipes formaron la Liga de Schmalkalda. Se llegó a un acuerdo en la Paz de Augsburgo en 1655, que estalló en mil  pedazos en la famosa guerra de los 30 años, sin duda alguna la más  importante hasta este siglo, pues rompió el frágil y precario equilibrio   logrado en Augsburgo, y en la que intervinieron los países y personajes más importantes de la época: Francia, España, Suecia, y desde luego, el  sacro imperio, porque no podemos hablar todavía de Alemania en el  sentido moderno, pero que fue la principal víctima de la contienda, pues quedó devastada. Richelieu, Gustavo Adolfo de Suecia, Wallenstein, Olivares (desde España), etc, hasta que se firmó la paz en 1648 en   Westfalia, aunque yo me atrevería a afirmar que no fue hasta en 1815 en  Viena que se firmó la verdadera paz, de manera que se pudiera decir, siendo algo osados, que la revolución francesa y las guerras napoleónicas  no son más que un episodio de esa guerra que comenzara en Praga en  1618. 


              Son dos, pues, las posiciones encontradas que están en pugna desde, digamos, 1521, fechas de las tesis de Lutero, y que pudiéramos señalar como Trento vs Schmalkalda, contienda que se ha mantenido hasta nuestros días; la Iglesia católica aferrada a la tesis de Trento, y los otros a las de Lutero y Calvino. Y esto se refleja en la arquitectura, la escultura y  la pintura. Es el triunfalismo de la iglesia católica militante, poseedora absoluta de la verdad contra el sentir protestante basado en la asamblea y   la comunidad. 

              Desde luego que en la construcción de la Catedral de León no hay ese  espíritu contestatario contra la autoridad, Son los obispos los que impulsan   su construcción. Pero sí hay una voluntad de emancipación  teo-lógico-cultural-política, o si se quiere una afirmación de lo propiamente americano. Ya no indio ni español ni criollo ni mulato ni pardo por sí solos sino todos juntos y revueltos tratando de afirmar su identidad en la piedra  apoyados en su fe y orgullosos de ello. 

              El arquitecto fue Diego José de Porres Esquivel, nieto de Joseph de   Porres, arquitecto y diseñador de la catedral de Guatemala. De casta les  venía, pues, el arte. Julio aventura la opinión de que formaron una escuela  arquitectónica mesoamericana, es decir, no sólo de Guatemala, sino del sur de México, Chiapas, y hasta abajo en el área, llegando en Nicaragua  posiblemente hasta Masaya, pues el estilo de la parroquia de Nuestra   Señora de Asunción corresponde a la Escuela de lo Porres, especialmente  si atendemos en la fachada del uso de la pilastra abalaustrada serliana.  Pruebas sobre esto no ofrece Julio, pero es un tesis interesante, tratándose  de la iglesia más bonita, en mi opinión, de Nicaragua. Julio menciona a Serli como influencia en Porres. 
 
 

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              En cuanto a los obispos que construyeron la Catedral, Julio menciona a siete (cuando no nueve) (sic), citando una décima de don Gregorio Suárez,   que sólo menciona a cinco. 

              «Marín fundó los cimientos de esta catedral suntuosa y de Vílchez,   generosa la piedad le dio elementos. 

              Tristán con sus instrumentos -hábil arquitecto español- trabajó al rigor del    sol. 

              Sus torres y frontispicio alza García propicio y la consagró Piñol.

              Sobre esto Julio consigna algo muy importante: «Muchos antes de la  llegada a Nicaragua de Monseñor Juan Isidro Marín Bullón y Figueroa, el  Cabildo Eclesiástico, los fieles y las autoridades, habían mandado a hacer   los planos al arquitecto Diego Porres». O sea que la comunidad «Cabildo,  fieles y autoridades» son los que primero se aprestan a la obra. El obispo   Marín no fue remiso y del inmediato puso manos a la obra, en 1547. Sólo   echa los cimientos porque muere en Guatemala adonde había ido a buscar   recursos. Continúa la obra el vicario, capitular Domingo Cabeza de Urizar  desde 1748 hasta 1751, pero durante los obispados del viajero y cronistas Agustín Morel de Santa Cruz y José Antonio de Rivera (1751-1756)- los  dos que faltaban a los nueve, supongo, únicamente quedan testimonios de  que estaba en obras o que las mismas permanecían estancadas. 

              El segundo obispo mencionado en la décima de Juárez es tal vez el más   importante primero porque es nicaragüenses nacido en Pueblo Nuevo de  las Segovias con dos apellidos muy nicaragüenses aunque obviamente de  origen español (los apellidos) Juan Carlos Vílchez (muy del norte; ahora  hay también un obispo con ese mismo apellido en Jinotega) Julio dice que   fue el principal promotor de la empresa aún antes de ser obispo, «pues  como Deán retomó la empresa». Y Salvatierra dice de él que «fue   infatigable en su labor y atendió con gran desvelo la economía de los trabajos». Y acota el mismo Salvatierra algo muy llamativo: «Con motivo  de la dirección de la obra, no fueron pocas las molestias que causó a este prelado el Gobernador de la Provincia, Don Domingo Cabello». 
              Por qué esa inquina? ¿Personal o veía o entrevía el Gobernador algo que  no le gustaba? Seguramente estaba consciente el Gobernador Cabello de  la estratagema que usó el Cabildo Eclesiástico de León para engañar al rey (que en ese tiempo sería 1761 Carlos III, que sin duda fuera el mejor  borbónico diciéndole que la obra iba a costar mucho menos de lo que  realmente costaba. «El rey, en verdad», añade Salvatierra, «no quería una  catedral muy grande y costosa, pues en esa misma ocasión agregaba el Consejo de Indias: Que tenga presente que para ejecutarla, la escasez de  fondos de la iglesia no da lugar a pensar en magnificencia, que será mejor   que se arregle una fábrica proporcionada según requiera la provincia». Lo  cual nos da la pista y viene a confirmar la tesis de emancipación no tanto en ese momento política sino cultural. Querían confirmar en la fábrica de la    Catedral, en la piedra viva de sus fundamentos, su indeclinable vocación  americanista barroca. 

              Los otros obispos fueron Esteban Lorenzo de Tristán, de Jaen, España. El  historiador Eduardo Pérez Valle hace una acotación interesante sobre este  obispo constructor que pensó añadir una cúpula y cimborrio, pero en aras de la economía no se hizo. Malhada la economía que nos arrebató una  cúpula. Juan Félix Villegas, de Cobreces, España; construyó dos tramos e  inauguró dos salas. El último obispo constructor del siglo XVII fue otro  nicaragüense, José Antonio de la Huerta y Caso. Levantó el Sagrario y  escribió una brevísima historia en la que documentó sus trabajos y los anteriores. En ese sentido nos dejó un legado muy útil. 
 

              El cuarto según Juárez y el sexto según Julio es Nicolás García y Jérez,  dominico, natural de Murcia, España, quien tuvo gran importancia política porque detentó además del eclesiástico, el poder civil desde 1811 hasta  1814. En 1812 gestionó en Cádiz la fundación de la universidad de León... concluyó a expensas suyas la fachada y las torres de la catedral. En 1821  firmó, junto con el gobernador Miguel González Saravia la separatista «Acta de los Nublados». En 1824 tuvo que emigrar a Guatemala (por ello). Murió en Guatemala en 1825. El último (quinto y séptimo  respectivamente según las listas de Juárez y Valle Castillo) fue el obispo  guatemalteco José Bernardo Piñol y Aycinena, que la consagró el 20 de  noviembre de 1860. 

              Lo que nos lleva a la cuestión más importante de todas. Por qué una  catedral y de ese porte en León. «Catedral para un Virreinato», escribe  Julio, «y no para una Capitanía General y menos para una provincia pobre    y en permanente crisis como era aquella Nicaragua. Mucho edificio para   una aldea... «Pero no faltan sus razones de peso, como trataré de exponer   enseguida, y de los que estaba muy consciente los habitantes de León que  promovían su construcción. 

              La clave de todo este asunto que en último término explica el porqué de la construcción de la Catedral la da Julio -entre líneas-cuando señala: «Cabe  afirmar que esta Catedral de León es la catedral de la Iglesia de Nicaragua, o sea, la sede de la diócesis y cátedra de sus obispos, de lo   que constituyó la primigenia Diócesis de Nicaragua y de Costa Rica desde  el siglo XVI hasta 1850...» En esto radica precisamente su importancia. León es si no la primera una de las primeras diócesis de Tierra Firme, y   rival por tanto de la misma Guatemala, que siempre ha pertenecido a la esfera mexicana junto con Chiapa. Este asunto no ha sido investigado a  fondo como merece, pero bien valdría la pena hacerlo en subsecuentes trabajos de investigación que este banco y los otros pudieran hacerlo en  beneficio de la cultura nacional. 

              Don Pedro Joaquín Chamorro Zelaya en su obra Límites de Nicaragua   (1938)- pequeña, pero valiosísima- sobre su formación histórico geográfica durante la Conquista y el período colonial 1502-1821, señala que «El Obispado de Nicaragua fue erigido en 1531; pero por real Cédula  de 9 de mayo de 1545 el monarca extendió el Obispado de Nicaragua a la Provincia de Cartago de Diego Gutiérrez, que llegaba hasta el Río  Grande o Aguán, jurisdicción eclesiástica que fue confirmada por Real Cédula de 6 de junio de 1565. Estos límites del Obispado de Nicaragua  jamás se modificaron durante el período colonial. El mapa muestra la   Gobernación de Comayagua, cuya jurisdicción terminaba en Trujillo (Diez Navarro, párrafo 52; Fontecha, párrafo 94), y la Alcaldía Mayor de   Tegucigalpa que estaba muy lejos de llegar a la mar del Norte. Como se desconocía los confines del Obispado de Comayagua (párrafo 61), sus límites son los mismos de la provincia de Comayagua y de la Alcaldía   Mayor de Tegucigalpa que después se agregó a la primera, pues donde llegaba la extensión territorial del Obispado, hasta allí llegaba la del   Intendente y viceversa». 

              O sea, en otras palabras, que el Obispado de Nicaragua con sede en    León prácticamente cubría parte del actual territorio de Panamá, toda   Costa Rica y Nicaragua, y buena parte de Honduras. Eso explica su  importancia. Sin olvidar tampoco, aparte de los malos recuerdos y la maldición a la que se refiere la coplilla citada por Julio sobre el asesinato a manos de los hermanos Contreras del Obispo Valdivieso: Dios en su   justicia así nos ha visto por haber matao al Señor Obispo que Pedrarias  fue el primer conquistador que traía cédula real a Tierra Firme y que  abandonó su sede en Panamá para venir a radicar a León y oponerse a las   pretensiones de los orgullosos conquistadores del norte, Cortez y  Alvarado. Otra vez son contenido los conquistadores del Norte, esta vez  españoles y no indios en Nicaragua. Y en el siglo XIX también fueron   detenidos otros conquistadores del Norte en San Jacinto, Masaya,  Granada y Rivas. 

              Sea lo que fuera, los habitantes de León tenían plena conciencia de la  importancia de su ciudad y querían una catedral a la medida de sus deseos y aspiraciones totalmente legítimas. De ahí que, como dice tan    acertadamente Valle Castillo, «la Catedral se vuelve símbolo de nuestra nacionalidad; edificio doblemente sagrado, por la religión y la nación». De   tal manera que casi podemos decir que somos lo que somos, leoneses primero, granadinos después, matagalpinos y segovianos, chontaleños y   rivenses, costeños inclusive, nicaragüenses todos por y en la Catedral de  León, porque en ella nos emancipamos religiosa, teológica, artística, social, cultural y políticamente afirmando nuestra indiscutida e indiscutible y   vocación barroco-americana que dejamos esculpida para las edades   futuras en las piedras, la cal y cemento que levantaron los Obispos, fieles,   autoridades e «indios de los pueblos del Corregimiento Sutiaba: Telica,  Quezalguaque, Posoltega...» 

              Constituye, pues, la Catedral de León de Nicaragua no sólo un símbolo  sino también una realidad fehaciente, un baluarte, un bastión, roca,   cimiento, almena y atalaya de nuestra identidad como nación y como pueblo en la que afirmamos desde sus inicios y aún antes nuestra  catolicidad no tanto romana cuanto americana, no tanto española cuando   indiana sin renegar por cierto a nuestra cultura, fe o lengua. Más bien   afirmándolas, pero a nuestra manera  indo-hispano-latino-americana-antillana y africana. Y sobre sus robustos   sillares de templo fortaleza levantamos airosa la bandera de la patria. Panteón, Partenón y Escorial a la vez. Roma y París en la planicie entre el   lago y la mar, digno edificio, suntuoso y majestuoso a la vez y firme fábrica  de los mejores anhelos y deseos de los hijos de esta pródiga tierra. 

* Nota- Sobre Serlio (Sebastiano) dice el eximio Nikolaus Pevsner en su   insuperable «An Outline of European Architecture» que fue discípulo de   Peruzzi (Siena) 1481-1536 y escribió un tratado sobre arquitectura que   tuvo gran influencia al otro lado de los Alpes. Fundó en 1540 en Francia  junto con Fiorentino y Primaticcio la escuela de Fontainebleau, centro del manierismo en toda Europa. Tuvo gran influencia en Palladio cuyo tratado   y obras dejaran impronta indeleble en la subsiguiente arquitectura sobre    todo en Inglaterra y USA. Eso hace aún más interesante la aseveración de   Julio Valle sobre el caso de la Parroquia de la Asunción de Masaya
 
 


12 DE AGOSTO DEL 2002 /     La Prensa

 Entre ellos, los óleos de la Catedral  de León y algunos documentos originales que datan del siglo XIX


           Leslie Ruiz Baldelomar y Clarissa Altamirano

              Los miembros del Consorcio de Museos de Valencia, España,  permanecerán durante un mes y medio   para restaurar un sinnúmero de obras que forman parte del patrimonio histórico y  cultural nicaragüense, en cumplimiento al Convenio de Cooperación Cultural con Nicaragua.    Repararán pinturas, esculturas, cerámicas y documentos valiosos que datan desde  el siglo XIX como es el caso de los títulos reales de la comunidad indígena de   Jinotega, actualmente depositados en el Instituto de Historia de Nicaragua y   Centroamérica de la Universidad Centroamericana (IHNCA).      “Además de estos documentos, se incluirán en el proceso de restauración, las  primeras ediciones de libros sobre viajeros, partituras musicales y documentos   originales del poeta insigne Rubén Darío”, comentó Margarita Vannini, directora del  instituto. 
            ÓLEOS DE LA CATEDRAL DE LEON 

              Unas de las obras más importantes a restaurarse, son los óleos del Vía Crusis de la    Catedral de León. A las españolas Inmaculada Chuliá y María Greta García se les asignó esta gran tarea.     “Decidimos comenzar por un óleo que se llama: “La octava cena del Vía Crusis,  Cristo consolando a las mujeres”. Ésta es la obra más dañada de toda la Catedral, por  lo que la utilizaremos como modelo para hacer una evaluación de las condiciones   del resto de las obras de ese lugar”.     Las pinturas de la Vía Sacra de la Catedral, son 14 óleos que datan de inicios del siglo pasado. Éstas miden cuatro y medio metros de alto por cuatro metros de ancho.   Alfredo Pichardo Godoy, representante de la Fundación Ortiz Gurdián de León, dijo   que el costo de la restauración va depender del tipo de deterioro que presente la obra, y puede oscilar hasta los diez mil dólares cada una de ellas, según el presupuesto realizado.     Manifestó que desde hace doce años se ha venido restaurando la infraestructura de   la Basílica Catedral, uno de los monumentos histórico más antiguo, lo que hacía falta era restaurar las pinturas     Para Inmaculada Chuliá y María Greta García es la primera experiencia en viajar a  otro país para restaurar un patrimonio cultural. Sin embargo, le han tomado tanto  sabor a su trabajo que cada unión de costuras y limpieza, lo hacen “como si se  tratara de algo perteneciente a España”.     Lucía Hurtado, directora de la biblioteca “Roberto Incer Barquero” del Banco Central de Nicaragua (BCN), hizo énfasis en estos óleos diciendo que además de ser  un patrimonio histórico de suma importancia, son un centro de atracción turística  de gran arrastre. “A los extranjeros les fascina visitar este lugar para conocerlos”.   La implementación del convenio incluye la reparación de varias piezas de cerámica    y arqueología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y de cinco a ocho piezas del BCN.    El convenio como tal tiene una duración inicial de un año y contempla la    capacitación a profesionales nicaragüenses en las disciplinas involucradas, de parte  de los especialistas valencianos.     La delegación española representante del Consorcio de Museos de Valencia, está  integrada por nueve restauradores. Uno de ellos es el doctor Manuel Marzal, Jefe de Servicios de Conservación y Restauración. “Considero indispensable señalar que   todo desastre se puede prevenir, más cuando se trata de patrimonios históricos  imposibles de reponer”.   Para alertar a la población, este miércoles impartió uno de las dos conferencias al  respecto. La segunda estuvo a cargo del doctor José Vergara, Restaurador Jefe de la   Biblioteca Valenciana. Se discutieron temas relacionados con la política de  conservación de Valencia, ley de patrimonio cultural, criterios y metodología de   restauración y conservación preventiva en archivos y bibliotecas

22/5/99 El Nuevo Diario
              Aparece Libro sobre  La Catedral de León de Nicaragua
              —Carlos Chamorro Coronel—
   Recien el Banco de Finanzas publicó:
LA CATEDRAL DE LEON DE NICARAGUA.
El texto es de Julio Valle Castillo y las fotos son de  Rodrigo Castillo Salaverry. En cierto sentido el libro más importante que  se ha publicado, quizás el único, sobre el tema. Contiene estupendas   fotografías, aunque no sé por qué salieron algunas algo desleídas, o  excesivamente iluminadas y otras no las más apropiadas. Pero esto, desde luego, es cuestión de gustos . El diseño fue obra de Iara Vega-Linhares, y  es también notable, de tal manera que resulta sumamente fácil a la vez que  agradable tanto hojear como leer el libro. En realidad creo que es todo un  acontecimiento historiográfico y editorial.   Bien merece el Banco de Finanzas un aplauso por tan encomiable  esfuerzo, y en concreto su presidente, William F. Graham, y director y miembros del Fondo de Promoción Cultural: Sergio Ramírez, Patricia  Castillo, Filadelfo Chamorro C., Juan Bautista Sacasa, Alejandro Graham.   La Catedral de León no es sólo el edificio más importante de Nicaragua,  sino también -como dice Julio Valle- «símbolo de la nacionalidad». Como  en alguna forma lo son también el Partenón en Atenas o Notre Dame en   París; en Roma sería el Coliseo o el Panteón, aunque quizás más el primero puesto que abarca o abraza lo pagano y lo cristiano; el segundo  sólo lo pagano. San Pedro es demasiado reciente.   Me refiero, obviamente, a la iglesia de Julio II, el Papa militante que en cierto sentido crea la iglesia moderna. La más antigua y venerable, que es  la propia del obispo de Roma, es San Juan de Letrán, la primera donación  de Constantino. San Pedro, además, está fuera de Roma, al otro lado del  Tiber, o sea «trastevere», en la colina Vaticana, que era un cementerio donde enterraron a San Pedro, aunque a él le dieron muerte en otro lugar  sobre el que hiciera el famoso Tempieto, Bramante, el primer arquitecto de  San Pedro.    La actual basílica de San Pedro tardó más de un siglo en terminarse. La comenzó Bramante en 1506, inspirado, según algunos, en un plano hecho por Leonardo, que es apenas un esbozo, y siguiendo las reglas del gran   arquitecto-teórico sobre la perfecta simetría de las formas, Alberti.    En una medalla que se conserva en el British Museum de 1506 se observa  claramente el diseño de San Pedro, que el mismo Bramante describiera  con estas palabras: «Pondré el Panteón sobre la basílica de Constantino».  Exacto, aunque el plan original era una cruz griega. Bramante murió antes  de terminar la obra, siendo sustituido por el gran Michelangelo, que  construyera su estupenda cúpula. A mí personalmente me gusta más el  domo de Brunelleschi en Florencia (catedral), y otros prefieren la cúpula   de los Invalides en París (1680-91) de Jules Hardouin Mansart. Pero eso  otra vez es cuestión de gustos... Maderno primero ya en el siglo XVII   (1607-15) añadiría la nave latina alargándola y la fachada; Bernini en el  mismo siglo (1657) añadiría la columnata de la plaza y en el interior su más  célebre «baldochino», tratando de llenar lo que Julio Valle llama muy  acertadamente el «horror vacui» del barroco, o sea el terror al vacío o  hablando con más propiedad los vanos, que es lo mismo. Como esos  horribles vanos de las paredes desnudas de la iglesia protestante de San  Cunera en la pintura de Pieter Saenredam, holandés

 LEON INDICE PRINCIPAL   GRANADA
   31 DE AGOSTO DE 2002 La Prensa Literaria

                                        León y su orgullo catedralicio

                                                              Jorge Eduardo Arellano

         El orgullo catedralicio es el  primer fenómeno que preside la conciencia leonesa. De manera plena, se hace presente en la  Catedral el mayor templo de  Centroamérica o, dicho con mayor propiedad por el español  Ernesto La Orden Miracle, “el monumento más grande  construido bajo el sol del trópico en América”. Para indagar hasta dónde impacta su realidad, yo   haría una encuesta preguntando: ¿Qué les pasaría a los leoneses en  el hipotético caso que unos  extraterrestres lograran  desaparecerla, dejando en su lugar la terrible vaciedad de un hoyo enorme? Sus consecuencias serían, supongo, más que traumáticas y no sólo para ellos. Porque el orgullo de  poseer ese magnífico edificio, que se admira desde los cuatro puntos cardinales, trasciende la ciudad y lo asumimos y proclamamos casi todos  los demás nicaragüenses. 

                              Así en sus reflexiones sobre la historia de Nicaragua (1962), José Coronel Urtecho anotó: “no tenemos derecho a creernos superiores a los que  hicieron la ciudad de León y su Catedral”. Esta frase, aunque inscrita en la  exégesis colonialista de su autor —granadino para más señas— resulta categórica por cuanto reconoce el valor arquitectónico de León y de su  templo por antonomasia. 

                              Si la ciudad alcanzó su más alto desarrollo cuatro o cinco décadas antes de 1824 —año de su primera destrucción en el siglo XIX—, la Catedral fue  bendecida por el Obispo Esteban Lorenzo de Tristán, quien había techado  sus naves, en 1780. Precisamente otro autor granadino, Pablo Antonio Cuadra, la califica de hermosa y solemne, resaltándola también como máxima herencia colonial al llamarla “piedra imperecedera de la gran  diadema de catedrales hispanoamericanas que coronan la gloria católica  de esos siglos”. 
 
 

                              La bula “Equun Reputamos” 

                              El ya referido “Tino” López Guerra elogia a León, “perfumada por los pebeteros / de su imponente y antigua Catedral”, por citar dos versos de su corrido. El León de 390 años, cumplidos en el 2000, que tuvo de  antecedente remoto la primera concentración urbana fundada por los  conquistadores españoles de Nicaragua, junto al poblado indígena de Imabite —muy cerca de la costa noroccidental del lago de Managua—,  cuyas primeras viviendas se levantaron con horcones de madera, paredes de caña y techos de paja. Todo un humilde campamento que no se  diferenciaba mucho de los ranchos indígenas y que el 4 de marzo de 1531  desde Roma, celebrando Congregación de Cardenales, el Papa Clemente  VII ennobleció con el título de Ciudad, “para que se llamase en adelante Ciudad de León; y en ella se erigió e instituyó, para siempre, una Catedral bajo la invocación de la gloriosa madre de Dios”, transcribimos la bula confirmatoria “Equun Reputanos” del 3 de noviembre de 1534, emitida  por Paulo III. 

                              Con esta partida de nacimiento de su naturaleza catedralicia, León como
                              ciudad española no sólo se incorporaba a la cultura occidental a través de
                              la tradición judeocristiana, sino que se convertía en protagonista de la
                              institucionalización del catolicismo en el Nuevo Mundo. Efectivamente, la
                              bula especifica que la Catedral era “para un Obispo, que se intitulase: de
                              León o Legionensi, que la presidiese y procurase hacer e hiciese construir
                              sus edificios y estructuras”. Éstas, como sabemos, fueron seis, cinco antes
                              de la definitiva, iniciada en 1747. Por tanto, nuestra Catedral
                              arquitectónicamente hablando no es tan antigua. 
 
 

                              Las seis catedrales 

                              Lo es más el carácter diocesano de nuestra León: 476 años al 2000, más
                              de cuatro siglos y medio. Porque el primer Obispo, el venerable Diego
                              Álvarez Osorio (1531-36), protector de los indios, levantó la primera
                              Catedral con las paredes de tapias, obras de madera —como el púlpito
                              fabricado por el carpintero Alfonso de Zamora y la Puerta del Perdón—
                              cubriéndola de paja, aunque con cielo raso; de modo que en 1544, cuando
                              tenía campana, su estado era ruinoso. Y la segunda, que al año siguiente
                              comenzó el tercer Obispo, Fray Antonio de Valdivieso (1543-1550), fue
                              construida de ladrillos y tejas, y era de tres naves de tapia. En 1553 estaba
                              a punto de concluirse, habiendo recibido del rey 500 pesos de oro. 

                              A estas dos catedrales de León Viejo, siguieron cuatro en el nuevo
                              asentamiento, muy cerca del pueblo indígena de Sutiaba. Veamos: la
                              tercera, levantada en los primeros meses de 1610 y de forma improvisada
                              durante el obispado de Pedro Villarreal (1604-1619); la cuarta que se
                              erigió cuando regía la diócesis Benito Rodríguez de Baltodano (1621-29) y
                              fue saqueada e incendiada por los piratas ingleses, al mando de William
                              Dampier, en 1685; y la quinta, construida a finales del siglo XVII cuando
                              era Obispo Nicolás Delgado (1687), resultando muy oscura, por lo que fue
                              destruida para dar lugar a la sexta, cuyo cimiento comenzó en el año ya
                              referido de 1747 el Obispo Isidro Marín y Figueroa (1744-48). 
 
 

                              Primeros varones ilustres del cabildo eclesiástico 

                              Un siglo antes, el maestro Gil González Dávila —homónimo del
                              conquistador que “descubrió” la zona del Pacífico de Nicaragua en 1523—
                              había dado a luz su Teatro Eclesiástico de la primitiva Iglesia de las Indias
                              Occidentales (Madrid, Diego Díaz de Carrera, 1649), ocupando la Santa
                              Iglesia de Nicaragua un capítulo. Para entonces, ya custodiaba en su
                              Sacristía “una reliquia del Lignum Crucis” habíanle lucido no sólo prelados
                              como Pedro de Villarreal, quien visitó por un año Costa Rica (pues la
                              diócesis abarcaba esta aislada provincia) y trajo de allí al joven de
                              Cartago, Baltasar de Grado, el primero de esa provincia que se ordenó de
                              sacerdote en León. También varones ilustres menos conocidos. Me refiero
                              a miembros de su cabildo, instalado en 1614 con cuatro dignidades: un
                              deán, un arcediano y dos canónigos. El deán se llamó Francisco Berríos y
                              fue, según González Dávila “varón de señalada fama en caridad y
                              limosnas”; y el arcediano Pedro de Aguirre, quien estableció dos obras
                              pías y dos capellanías. Otro arcediano, Pedro de Moura, “dejó su casa y
                              hacienda para sustento de los pobres”; y en la cuarta Catedral (lista para
                              culto en 1624) se había enterrado al primer laico, Gonzalo de Mejía:
                              “valeroso en paz y en guerra, en mar y tierra, muy leal y muy devoto, al
                              servicio de su Rey y aumento de su corona e imperio”. 

                              A mediados del siglo XVII, la diócesis de León constaba de veinte curatos
                              en manos del clero secular y de diecisiete administrados por religiosos
                              franciscanos y mercedarios, cada uno de ellos con más estipendios que la
                              renta de los prebendados del Cabildo. La ciudad no competía, en riqueza,
                              con Granada; por ello los obispos Fray Fernando Núñez de Sagredo (quien
                              visitó también Costa Rica) y Fray Alonso Briceño (consumado teólogo
                              scotista) prefirieron residir en la última ciudad. Pero el siguiente Fray
                              Alonso Bravo Laguna no abandonó León, excepto para su visita pastoral a
                              Costa Rica, llevando su vajilla de plata (“con la marca de su ilustrísima”),
                              todas sus vestimentas pontificales y su joyería, compuesta de pectorales
                              —dos de ellos con diez esmeraldas montadas en oro— y anillos de
                              amatista. 
 
 

                              El doctor Juan de la Santa Rosa Ramírez 

                              A lo largo del XVIII se dieron no pocos dignatarios eclesiásticos que
                              gozaron de prestigio intelectual. El más importante es el menos conocido:
                              Juan de la Santa Rosa Ramírez. Sin heredar mérito de antepasado suyo,
                              nació en León y fue bautizado en la Capilla del Sagrario por el cura
                              interino Patricio Oconor el 8 de septiembre de 1742, siendo sus padrinos
                              el alcalde don Alfonso de Navas y doña Lorenzo Calderón. Doctor en
                              Sagrados Cánones de la Universidad de Guatemala y Vice-rector del
                              Colegio de San Francisco de Borja en la misma capital del Reino, cuando lo
                              abandonaron los jesuitas expulsados por Carlos III, escribió dos
                              sermones que merecieron imprimirse. Uno pronunciado el 10 de julio de
                              1796, en el monasterio de las Capuchinas de la Nueva Guatemala, con
                              motivo de las honras fúnebres del marqués don Juan Fermín de Aycinena.
                              El otro, en octubre de 1810, en las exequias del que había sido Obispo de
                              Guatemala, don Luis de Peñalver. Antes del sermón –en su texto impreso–
                              se hallan dos sonetos y un epitafio, según el bibliógrafo chileno José
                              Toribio Medina, quien no precisa el autor. Pero es casi seguro que, si llega
                              a examinarse, revelen las dotes poéticas de Ramírez. 
 
 

                              La diócesis de 1824 

                              En 1751 la principal vivienda de la ciudad era la del Obispo, como lo
                              escribió y reconoció uno de ellos: Morel de Santa Cruz. Pero no es nuestro
                              propósito centrarnos en la arquitectura colonial de León, sino en su
                              diócesis. Ésta, al inicio de nuestra vida independiente, en 1824 con
                              exactitud, la integraban 160 eclesiásticos, a la cabeza de Nicolás García
                              Jerez (1756-1825), último prelado de la dominación española y su
                              acérrimo defensor. De los 160, cincuenta y siete tenían su domicilio en la
                              ciudad, a saber: 10 diáconos, 7 subdiáconos, 14 menoristas (estudiantes
                              de filosofía) y 8 tonsurados. Otros, ocupando dignidades y cargos, eran el
                              Rector del Seminario don Francisco Mayorga, el catedrático de Cánones
                              —de 62 años—, don Francisco Ayerdi, el de Teología don Pascual López de
                              la Plata, el de Leyes su hermano Manuel, el de Filosofía don José María
                              Guerrero, todos doctores; el preceptor de gramática don Francisco
                              Chavarría, el Juez de Capellanías don Pedro Solís, los tenientes curas de
                              las parroquias de Sutiaba, El Laborío, San Felipe y San Juan; el ministro de
                              primeras letras don Darío Herradora, el capellán y ecónomo del Hospital
                              don Thomas Montiel, el Sacristán mayor don Onofre Oconor, un impedido
                              de la vista don Gregorio Hernández, el colector de Fábrica don Justo
                              Quintana, el coadjutor de la Iglesia de San Juan don Indalecio González,
                              tres capellanes de coro y ocho aptos para la administración de los
                              sacramentos. 

                              Pero no olvidemos que la diócesis de León comprendía las provincias de
                              Nicaragua (incluidas las parroquias de Nicoya y Guanacaste) y Costa Rica,
                              sumando 36 sus curatos, los cuales cubrían una extensión de 210 a 230
                              leguas, 65 pueblos y 162,260 habitantes. Y que sus prelados gobernaron
                              el territorio vecino durante casi tres siglos y medio, o mejor dicho hasta el
                              28 de febrero de 1850, cuando fue creada la diócesis de San José. De todos
                              ellos —que fueron 40, si contamos a quienes no tomaron posesión del
                              cargo por diversas razones—, tres fueron naturales de Nicaragua, o sea
                              criollos: José Xirón de Alvarado (1719-1724), Juan Carlos de Vílchez y
                              Cabrera (1763-1774) y José Antonio de la Huerta y Caso (1799-1803). El
                              primero y el tercero nacidos en León. 
 
 

                              El entierro del Vicario de la Quadra 

                              A la muerte de García Jerez en 1825, un criollo de Granada pero formado
                              en la Universidad de León —donde se graduó de bachiller de ambos
                              derechos, enseñando también en sus aulas—administró la diócesis en Sede
                              Vacante, como Provisor y Vicario General, hasta su fallecimiento en León
                              el 4 de octubre de 1849: Desiderio de la Quadra. Al día siguiente, se
                              escenificó su entierro, descrito por un testigo: el norteamericano Squier,
                              cuyos párrafos traducidos por Luciano Quadra Vega valen la pena
                              transcribirse por su fidelidad a ese ritual funerario que ha prevalecido
                              entre las costumbres leonesas: 

                              “A la hora de la cita nos encaminamos a la casa del difunto. Era un edificio
                              grande, amueblado con suma sencillez, pues el Prelado fue genuino
                              discípulo de Cristo, y por tanto fiel cumplidor de sus votos de pobreza.
                              Todos sus ingresos, excepto una pequeña suma indispensable para sus
                              modestas necesidades, los empleaba en hacer caridades. El patio de la
                              casa rebosaba de gente y los sacerdotes ocupaban la sala en que yacía el
                              cadáver. Ya habían comenzado las honras fúnebres; podíamos oír los
                              cantos y oraciones y ver los cirios encendidos, pero el lugar estaba tan
                              atestado que ni siquiera tratamos de entrar. 

                              “A poco se hizo campo para dar paso a los hombres que, precedidos y
                              rodeados de sacerdotes revestidos y la cabeza descubierta, traían los
                              restos mortales. La gente se arrodilló. En la calle esperaba una carroza
                              fúnebre en la que colocaron el cadáver que llevaba sus vestiduras de
                              Vicario. 

                              “Allí le cantaron de nuevo y, al terminar, la carroza, rodeada por todos los
                              sacerdotes y precedida por el coche eclesiástico vacío, partió hacia la
                              Catedral. Seguían todos los funcionarios oficiales, y detrás gran número de
                              los principales ciudadanos llevando velas encendidas; en pos marchaba la
                              concurrencia en general, moviéndose sin orden, pero silenciosa y
                              solemnemente. El acompañamiento paró en todas las esquinas, de la
                              carroza, repartían en voz baja una oración e hisopeaban con agua bendita
                              el cadáver y el suelo. Cuando el cortejo entró en la plaza al doblar
                              asordinado de las campanas de la Catedral, los soldados presentaron
                              armas a la funeraria. Condujeron el féretro hasta el fondo de la nave
                              central, donde la colocaron sobre un catafalco justamente enfrente del
                              altar mayor, mientras el coro llenaba los vastos ámbitos con las fúnebres
                              notas de réquiem”. 

                              He ahí toda una genuina manifestación del carácter diocesano de la
                              ciudad, propicia a la música sacra, a la práctica cristiana y al encomio
                              versificador. En efecto, una Misa de Réquiem tuvo lugar en el sagrado
                              recinto catedralicio con toda solemnidad. De la Quadra sólo dejó de
                              propiedades “una humilde casa de habitación que poseía antes de ser
                              Vicario, una mediana librería que usaba para el desempeño de su
                              ministerio y unas pocas reses que quizás cuesta más el trabajo de
                              cuidarlas, que la utilidad que de ellas proviene, y que hablando en
                              nuestros propios términos merecen mejor el nombre de Chacra que de
                              Hato”, aseguró Remigio Salazar, Presbítero Deán, en el panegírico de rigor
                              —otra herencia diocesana— difundido en la Imprenta Minerva de León
                              bajo el encabezado de Oración fúnebre. En ese folleto, como era de
                              esperarse, se incluyeron siete de los numerosos epitafios y misceláneas en
                              verso que produjo la muerte del Vicario. 

                              (Fragmento)