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NICARAGUA


     ERMITA DE SAN PEDRO
  
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La Ermita de san Pedro, ubicada a solamente 3 cuadras al este de La Plaza de Sutiava, construida en 1706 por encargo del corregidor Bartolomé González Fitori, en sustitución de la primitiva Iglesia de San Pedro que formó parte del conjunto de las cuatro Ermitas primitivas de Sutiava.

En el transcurso del tiempo sufrió una serie una serie de intervenciones en muros, pisos y cubiertas.

En 1986 se reconstruyó parte del costado sur que se había derrumbado. Conserva sus formas y detalles originales como exponente fiel de la arquitectura típica popular del Siglo XVII.

Posee en su interior un cuerpo central y el altar mayor, delimitado simplemente por el desnivel del piso, con la tradicional cubierta de dos aguas.

Su fachada es sencilla, sin ornamentación, las entradas son amplias y están cerradas con hojas de madera, las ventanas adinteladas para mayor iluminación y estan protegidas por el exterior con verjas de madera torneadas.

Su sacristía se encuentra en la parte posterior. El cuerpo central tiene tres naves sobre esbeltas columnas de madera, con bases de piedras de sección octagonal. Sus paredes son de adobe y su techo de madera protegido con tejas de barro

28 DE MARZO DEL 2002 /  La Prensa

Sutiaba rescata tradición religiosa 
   Reviven la procesión del gallo” y “la cantada de gloria”
  La Ermita de San Pedro,  escenario de las festividades religiosas,  es Patrimonio Nacional y fue edificada hace unos 300 años  Los subtiabas retoman actividades religiosas de  antaño y convergen en la histórica Ermita de San  Pedro.
  Mercedes Peralta 
Oficios religiosos como “la cantada de gloria” del Sábado Santo, que no se realizaba desde hace 300 años y la procesión de San Pedro o “del gallo”, como se le conoce en referencia al canto del ave, minutos antes que el apóstol Pedro negara a Jesús, salió el Martes Santo en la noche, de la Ermita de San Pedro, en Sutiaba, después de 29 años de no recorrer sus calles. 

              Un comité coordinado por la Dra. Magda Granados, Sergio Bravo Iglesias y  familiares, entre otros, propuso al sacerdote asignado a la ermita, rescatar la  procesión que hacía 40 años había reiniciado con su llegada a ese sector, doña  Marianita Mendoza (q.e.p.d.). 

              Por falta de recursos y muebles propios, la imagen de San Pedro, tallada en madera  de casi un metro, salió en procesión después de la misa solemne.     Miembros de la hermandad de San Benito de Sutiaba, parroquia que facilitó la  tarima, cargaron en hombros la antigua imagen que recorrió varias calles aledañas  del barrio. 

              LA ERMITA DE SAN PEDRO, UNA RELIQUIA 

              La Ermita de San Pedro es Patrimonio Nacional, fue edificada hace casi 300 años y es la única ermita colonial que sobrevive a la destrucción de las ermitas de Santiago, San Andrés y Veracruz, en Sutiaba. 

              Ha permanecido desatendida por la Iglesia y la Alcaldía, que no se han ocupado de  su restauración. Hace apenas dos años iniciaron las obras de restauración con el cambio de techo y otras reparaciones en las que se invirtieron 172 mil córdobas con fondos de actividades organizadas por el comité pro reconstrucción. 

              El templo requiere restaurar y asegurar puertas, mejorar los pisos y paredes,  sustituir bancas y construir la Casa Cural, entre otros trabajos. 

              OBRA ES UN LEGADO DE FE 

              La Dra. Magda Granados Mendoza es nieta e hija respectivamente, de las dos  mujeres que hace 40 años reiniciaron la tradición de la procesión de San Pedro o  “del gallo”. 

              “Esto que hacemos es un legado de fe. Debemos rescatar nuestras tradiciones  religiosas y conservar lo nuestro. Mi abuelita reinició hace 40 años y hace 27 años dejó de celebrarse la procesión”, recuerda. 

              Su mamá, doña Teresa Mendoza, hace unos años fue devuelta a la vida tras sufrir el  mal de William Barré. “Queremos agradecerle y servirle a Dios con el corazón”, dice  Granados. 

              Entre las tradiciones a ser rescatadas y como legado de fe, la familia de Paulita Rubí   (q.e.p.d.) repartió chicha después de la misa de San Pedro y antes de salir la procesión. 

              La Ermita de San Pedro permaneció cerrada hasta el 25 de enero de este año,  cuando fue nombrado por el obispo de la Diócesis de León, Vicario de la Parroquia  de Sutiaba, el presbítero Teófilo Duarte. 

28 DE MARZO DEL 2002 /  La Prensa

    El Santo Entierro de los sutiabas 
               Mercedes Peralta
 Una ceremonia que se efectuará el Viernes Santo, por los miembros de la Hermandad del Santo Entierro de Sutiaba, sucesores de las “Cofradías” del barrio indígena, que comienza con el Vía Crucis y prosigue con la crucifixión de Jesús, el descendimiento y el Santo Entierro, es un ritual que encierra el esplendor de la  Semana Santa, en León.  A las seis de la mañana del Viernes Santo el Vía Crucis penitencial saldrá del Banic  Sutiaba, hacia el tope de las alfombras. 

              A las once de la mañana del Viernes Santo, la imagen es llevada en procesión penitencial al templo San Juan Bautista, en Sutiaba, y a la una de la tarde monseñor  Ricardo Juárez ofrece el oficio litúrgico. Mientras la imagen, tras ser cambiada de  vestiduras, es ocultada en un cofre de manera inadvertida para los fieles. 

              Luego se le prende de la cruz por tres horas y el descendimiento se produce a las  cinco de la tarde, cuando Monseñor Juárez dice el sermón. Al ser bajada de la cruz, la imagen es recibida por el presidente de la Hermandad del Santo Entierro, Luis Ordóñez Berríos, que la deposita con ayuda de otros miembros, en el sepulcro de  madera tallada. 

              En hombros de la Asociación de Cargadores del Santo Entierro sale la procesión a  las seis de la tarde para hacer su recorrido de 36 cuadras por el barrio indígena.  Luego la cargan los miembros de la hermandad en el tope de las alfombras y la llevan diez cuadras, hasta la esquina del “Tamarindón”, donde la recibe el pueblo hasta llevarla a su templo a las doce de la noche. 

              Arcos de coco, de palmera, de limonarios, de corozos, en las esquinas o puertas de  las casas adornan las calles del recorrido. La procesión es acompañada al menos de   unas mil antorchas encendidas. 

    Una de las características que llama la atención por su atractivo, son las bellas alfombras pasionarias que los sutiabas elaboran para el paso de la procesión, en  diez cuadras que son recorridas por la Hermandad del Santo Entierro que carga el   sepulcro. 

              Aserrín pintado con colores llamativos y decoraciones con imágenes bíblicas dan  un toque artístico a las calles, donde se manifiesta el arte y originalidad del pueblo  indígena de Sutiaba.  Este año las alfombras adornaron algunas de las calles donde pasó la procesión de San Benito de Palermo, que constituye junto a la procesión del Santo Entierro de Sutiaba, la mayor expresión de fe y religiosidad.
 
 
 
 

 

 
 

 
 

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