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4 VOCACIÓN UNIVERSITARIA

La Universidad de León fue autorizada por las Cortes de Cádiz el 10 de enero de 1810 y se instaló el 16 de agosto de 1816 con cuatro carreras (Derecho Civil, Derecho Canónico, Medicina y Teología), ocho doctores, once cátedras y 211 alumnos. Última del período colonial de América, su centro antecesor —el Seminario San Ramón, fundado en 1680— otorgaba desde 1807 grados menores (bachilleratos en derecho, medicina y teología). Además, bajo el vi-rectorado de Tomás Ruiz, éste impulsó un movimiento antiescolástico y modernizante, es decir ilustrado; tridentino en su concepción, el seminario formaba al clero que se requería en la provincia, pero fue algo mucho más que eso. Se proyectó en El Salvador y Honduras. “Con la noticia del estado en que se hallan las letras en este colegio —informaba el gobernador en 1803— no faltan jóvenes de dichas provincias que hayan venido a fin de estudiar”.

Mas Costa Rica —la de mayor pobreza del Reino de Guatemala— sería la principal beneficiada de las aulas de León. Nada menos que las mejores inteligencias de su tiempo en dicha provincia —Florencio del Castillo, José de los Santos Madriz, Félix Esteban de Hoces, entre otros sacerdotes— egresaron del Colegio Seminario y, por su parte, todos los constructores de su estado de la Universidad de León. Esta fue, como lo reconoce el historiador costarricense Luis Felipe González, “el centro progenitor en su mayor parte de la cultura de los costarricenses hasta mediados del siglo XIX”.

De vida inestable —fue cerrada en 1824, 1854 y 1869, esta última por represalia política—, la universidad se abrió en 1887 con el apoyo del presidente Evaristo Carazo, teniendo un repunte académico notable; pero en 1896 de nuevo se clausuró hasta que la reabrió el presidente J. Santos Zelaya. Funcionando con altibajos y manteniendo su tradicional orientación profesionista, en 1947 fue elevada a rango de Universidad Nacional y en 1951, al clausurarse la de Granada, quedó como única en el país. Desde entonces comenzó un proceso interno de reforma, aumentando sus carreras, mejorando los sistemas de enseñanza/aprendizaje e identificándose con los problemas nacionales, hasta culminar en marzo de 1958 con la autonomía, la cual se logró conquistar en buena parte a iniciativa del doctor Mariano Fiallos Gil, recién electo rector.

Por todo ello, el cuarto rasgo identitario de León es su vocación universitaria. Además de metrópoli, ha sido una población marcada por un destino: ser, a través de su universidad, conservadora y transmisora de cultura; centro de enseñanza profesional y espacio para ampliar y renovar conocimientos; objetivos que constituyen la misión de la universitaria, de acuerdo con el clásico ensayo de José Ortega y Gasset. León, pues, cuando fue instalada la Real Universidad de la Inmaculada Concepción, imprimió definitivamente la vocación universitaria a su entidad urbana.