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LOS PRIMEROS OBISPOS DE NICARAGUA
Los arzobispos que cumplieron la tarea 
de introducir tras la conquista, la religión  católica .

ASESINATO DEL OBISPO VALDIVIESO 

Para el año de 1545, Melchor Verdugo, hombre muy rico y leal al Rey se apoderó de la Ciudad de Trujillo, Perú,  usando cierta ingeniosa estratagema en contra de los más destacados pizarristas de aquella Ciudad, capturando a los principales de entre ellos y poniéndolos en prisión. A continuación marchó en un navío hacia Panama, habiendo tenido que variar su rumbo en el camino por temor a la escuadra de Pedro Hinojosa partidario de Pizarro y llegando como consecuencia de aquel cambio imprevisto a las costas de Nicaragua.

Hinojosa sabedor del paradero de aquél, envió dos navíos al mando del Capitán Juan Alonso Palomino para que con 120 arcabuceros se apoderaran de Verdugo y rindieran además la Provincia de Nicaragua a la causa de Pizarro.

Desembarcó Palomino con su gente a principios de Marzo de 1545 ó 46 en el Realejo, siendo conocido de inmediato tal acontecimiento por Don Rodrigo de Contreras que se encontraba viviendo en una hacienda cercana a dicho pueblo.

Marchó Contreras a León procediendo a reunir al Alcalde de la Ciudad que éra en entonces Rodrigo Contreras Biedman (que no era nada del ex-gobernante) y a los regidores, autoridades y vecinos habiendo decidido todos defender la Provincia contra la invasión de Palomino. 

Se armaron los vecinos de León y jefeados por Don Rodrigo y sus hijos, Hernando y Pedro marcharon hacia El Realejo atacando de sorpresa a Palomino a quien obligaron a huir después de vencerlo en rápida batalla.

En 1547 llegó a Nicaragua el Licdo. Alonso de Maldonado, presidente de la Audiencia de los Confines para reclutar gente para el Ejército de la Monarquía, pués aún continuaba el alzamiento de Pizarro, estando varias veces en el Realejo y León, logrando reunir y enviar muchos soldados gracias a la ayuda de Contreras quien le proveía de todo lo necesario, en armas, alimentación y hasta alojamiento que les brindaba en su propia casa y hacienda.

Los anteriores acontecimientos restauraron un poco el perdido prestigio de don Rodrigo, hablándose incluso de regresarle la gobernación que había pérdido, mientras por otra parte el Obispo Valdivieso su más poderoso adversario se hacía antipático a diferentes autoridades y vecinos, por sus continuas intromisiones en los asuntos internos de los Cabildos.

El 23 de Abril de 1547, los vecinos de la Ciudad de Granada representados por don Gerónimo de Ampié, Bernardino de Miranda, Francisco Gutiérrez, el Secretario Luis de la Cerda y otros se quejan de los agravios que continuamente sufren de Fray Antonio de Valdivieso, "...el cual afrente y maltrata la justicia menospreciando leyes y premáticas..." y por ello envían a Antonio de Zaráte a España para que informe de todo al Monarca. (Cita de la Colección Muñoz, Tomo LXXXIV, folio 230, hecha por el Marqués de Lozoya en su obra "Vida del Segoviano Rodrigo de Contreras".
 

Por gestiones del incansable Obispo, el Licdo. Cerrato sucesor de Maldonado, en la Presidencia de la Audiencia de los Confines y que era quién en aquellos tiempos gobernaba Nicaragua, envió a ésta Provincia a diferentes magistrados y jueces para que cumplieran lo fallado por el Licdo. Herrera en años anteriores. (El anterior Presidente Maldonado fué ex-comulgado por Valdivieso).

Atacando la autenticidad de los títulos que Contreras había hecho con fecha antedatada a la publicación de las Nuevas Leyes del año 42, fué despojada Doña María de Peñaloza y sus hijos de todos los repartimientos de indios que tenían encomendados para su servicio. Don Rodrigo para protestar por la pérdida de sus encomiendas, lo cual le quitaba de golpe la mano de obra gratuita con que explotaba sus vastos feudos, se embarcó hacia España en 1548 con sus menores hijos, habiendo dejado en la Ciudad de Granada en la cual residía desde que fué desterrado de León por el Licdo Herrera, junto con su señora, a sus mayores hijos Hernando y Pedro.

Dominada la rebelión de Gonzalo de Pizarro en el Perú por el Presidente Pedro de la Gasca tuvo conocimiento el Corregidor Don Pedro de Cabrera de un nuevo intento de alzamiento  que se preparaba por varios pizarristas entre ellos los temerarios y fieros capitanes Juan Bermejo y Rodrigo Salguero por lo que procedió a la captura de los varios conjurados habiéndolos desterrados del Perú con varios de sus oficiales y soldados.

Desgraciadamente estos y otros Pizarristas fugitivos se refugiarón en la Provincia de Nicaragua entrando en relación inmediata con los poderosos hermanos Contreras, logrando los dos capitanes antes mencionados compartir la mesa familiar de los mismos, convirtiéndose el Capitán Bermejo en consejero e íntimo amigo de Hernando Contreras.

La Diócesis de Nicaragua fue creada en 1527 por Real Cédula y confirmada por bula  pontificia en 1531.

De lo que por fuentes histórica se tiene conocimiento es que en León Viejo  fueron enterrados cuatro de los primeros grandes obispos sobre quienes, con su báculo y las prestas espadas de la Hispania, recayó la tarea de conquistar para la corona católica a la entonces provincia de Nicaragua.

Ellos fueron: 
Diego Alvarez Osorio.   El primer obispo que ejerció el cargo, aunque no llegó a ser consagrado como tal,  fue Fray Diego Alvarez de Osorio, primer Protector y Defensor de los Indios. Falleció entre abril y julio de 1536, posiblemente en un hospital donde se había refugiado por deber 3 mil pesos de oro a los comerciantes de la ciudad. No se conoce exactamente a qué orden pertenecía, pero se supone era dominico. 

Fray Francisco de Mendavia, 
 Luego, ascendió el obispo Francisco de Mendavia,  de la orden de San Jerónimo quien falleció en León, posiblemente en 1542, pues en 1543 fue presentado al Papa Fray Antonio de Valdivieso, su sucesor.  Sólo ejerció su ministerio cuarenta  días, 
 

Antonio de Valdivieso  murió asesinado el 26 de febrero de 1550. Cinco años después fue electo Fernando de Barriovero, de la orden de los agustinos; muere el 2 de mayo de 1556, cuando el rey presentó al Papa a Lázaro Carrasco. 

 Lázaro Carrasco era de una orden desconocida a la fecha. Falleció en León antes de 1564, el año en que le sucede Luis de Fuentes.  Carrasco hace un retrato de la provincia en 1558 y habla de su situación social.



Historia de León Viejo
por Alfonso Arguello Arguello
28 de Marzo de 1969.
CAPITULO XIII
ASESINATO DEL OBISPO VALDIVIESO 

Para el año de 1545, Melchor Verdugo, hombre muy rico y leal al Rey se apoderó de la Ciudad de Trujillo usando cierta ingeniosa estratagema en contra de los más destacados pizarristas de aquella Ciudad, capturando a los principales de entre ellos y poniéndolos en prisión. A continuación marchó en un navío hacia Panamá, habiendo tenido que variar su rumbo en el camino por temor a la escuadra de Pedro de Hinojosa partidario de Pizarro y llegando como consecuencia de aquel cambio imprevisto a las costas de Nicaragua.

Hinojosa sabedor del paradero de aquél, envió dos navíos al mando del Capitán Juan Alonso Palomino para que con 120 arcabuceros se apoderaran de Verdugo y rindieran además la Provincia de Nicaragua a la causa de Pizarro.

Desembarcó Palomino con su gente a principios de Marzo de 1545 o 46 en el Realejo, siendo conocido de inmediato tal acontecimiento por -Don Rodrigo de Contreras que se encontraba viviendo en una hacienda cercana a dicho pueblo.

Marchó Contreras a León procediendo a reunir al Alcalde de la Ciudad que era entonces Rodrigo Contreras Biedman (que no era nada del ex-gobernador) y a los regidores, autoridades y vecinos habiendo decidido todos defender la Provincia contra la invasión de Palomino. 

Se armaron los vecinos deLeón y jefeados por Don Rodrigo y sus hijos, Hernando y Pedro marcharon hacia el Realejo atacando de sorpresa a Palomino a quien obligaron a huir después de vencerlo en rápida batalla.

En 1547 llegó a Nicaragua el Lcdo. Alonso de Maldonado, presidente de la Audiencia de los Confines para reclutar gente para el ejército de la monarquía, pues aún continuaba el alzamiento de los de Pizarro, estando varias veces en el Realejo y León, logrando reunir y enviar muchos soldados gracias a la ayuda de Contreras quien le proveía de todo lo necesario, en armas, alimentación y hasta alojamiento que les brindaba en su propia casa y hacienda.

Los anteriores acontecimientos restauraron un poco el perdido prestigio de Don Rodrigo, hablándose incluso de regresarle la gobernación que había perdido, mientras por otra parte el Obispo Valdivieso su más poderoso adversario se hacía antipático a diferentes autoridades y vecinos, por sus continuas intromisiones en los asuntos internos de los Cabildos.

El 23 de Abril de 1547, los vecinos de la Ciudad de Granada representados por Don Gerónimo de Ampié, Bernardino de Miranda, Francisco Gutiérrez, el Secretario Luis de la Cerda y otros se quejan de los agravios que continuamente sufren de Fray Antonio de Valdivieso, "  el cual afrente y maltrata la justicia menospreciando leyes y premáticas 
y por ello envían a Antonio de Zárate a España para que informe de todo al Monarca. (91)

Por gestiones del incansable Obispo, el Lcdo. Cerrato sucesor de Maldonado, en la Presidencia de la Audiencia de los Confines y que era quien en aquellos tiempos gobernaba Nicaragua, envió a esta Provincia a diferentes magistrados y jueces para que cumplieran lo fallado por el Lcdo. Herrera en años anteriores. (El anterior Presidente, Maldonado, fue excomulgado por Valdivieso).

Atacando la autenticidad de los títulos que Contreras había hecho con fecha antedatada a la publicación de las Nuevas Leyes del año 42, fuedespojada Doña María de Peñaloza y sus hijos de todos los repartimientos de indios que tenían encomendados para su servicio. 

Don Rodrigo para protestar por la pérdida de sus encomiendas, lo cual le quitaba de golpe la mano de obra gratuita con que explotaba sus vastos feudos, se embarcó hacia España en 1548 con sus menores hijos, habiendo dejado en la ciudad de Granada en la cual residía desde que fue desterrado de León por el Lcdo. Herrera, junto con su señora, a sus mayores hijos Hernando y Pedro.

Dominada la rebelión de Gonzalo de Pizarro en el Perú por el Presidente Pedro de la Gasca tuvo conocimiento el Corregidor Don Pedro de Cabrera de un nuevo intento de alzamiento que se preparaba por varios pizarristas entre ellos los temerarios y fieros Capitanes Juan Bermejo y Rodrigo Salguero por lo que procedió a la captura de los conjurados habiéndolos desterrado del Perú con varios de sus oficiales y soldados.

Desgraciadamente estos  y otros pizarristas fugitivos se refugiaron en la Provincia de Nicaragua entrando en relación inmediata con los poderosos hermanos Contreras, logrando los dos Capitanes antes mencionados compartir la mesa familiar de los mismos, convirtiéndose Bermejo en consejero e íntimo amigo de Hernando.

La recia personalidad de Bermejo quien no cejaba en sus propósitos de rebelión contra la Corona para apoderarse del Perú y algunas otras Provincias de América con el propósito de crear diferentes feudos particulares, independientes de toda autoridad peninsular, caló muy hondo en el ánimo del inexperto e impulsivo Hernando, despertando en él su ancestral orgullo con la promisoria oferta de coronarlo como Príncipe del Cuzco, con fundamento en el noble linaje que tenía su padre como descendiente de los Condes soberanos de Castilla, de su abuela materna por cuyas venas corría la sangre real de Hungría y Sicilia y la de los Condes de Puñoenrostro que había heredado de su abuelo Pedrarias. Dice Herrera en cita incluida por el Marqués de Lozoya en su obra "Vida del Segoviano Rodrigode Contreras": "dándole ánimos, (Bermejo a Contreras) y certificándole que de todas partes de las Indias le acudiría tanta gente que adondequiera que llegase sería obedecido y no hallaría quien le resistiese, porque demás que los ánimos de todos estaban prontos para cualquiera novedad a el más que a otro recibieran por caudillo por ser nieto de Pedrarias Dávila, cuya memoria en aquella tierra de todos era celebrada, porque en el descubrimiento del Perú tenía tanta parte." (92)

A principios de 1550, recibió Doña María de Peñaloza en su casa de Granada carta de su marido informándole de lo mal que marchaban sus asuntos y de la imposibilidad de recuperar las encomiendas, por lo que se soltó en llanto frente a sus hijos que enfurecidos vieron en aquello el triunfo definitivo del adversario familiar común: Fray Antonio de Valdivieso.

Se reunieron en secreto con Bermejo habiendo juntado varios vecinos incondicionales suyos que tenían en Granada y todos los descontentos emigrantes del Perú, decidiendo pasar a León a dar muerte al Obispo para lo cual procedieron a reunir armas y caballos con miras al logro de los negros propósitos que tenían en mente.

A fines de Febrero y con el pretexto de ir a arreglar asuntos que tenían pendientes, salieron con su pequeña tropa de desalmados de la Ciudad de Granada habiendo llegado a León sin llamar mucho la atención aposentándose luego en la casona desocupada que Don Rodrigo tenía en esta última Ciudad, la cual mantenían al cuidado de algunos viejos sirvientes familiares.

El día miércoles 26 de Febrero de aquel año nefasto, Hernando invitó a algunos amigos e incondicionales que su padre tenía en la Ciudad para que se reunieran en su casa a fin de escuchar a un cantante que había traído con él, y una vez reunidos todos en forma sorpresiva y actuando a manera de heraldo del crimen les incitó a la rebelión contra la Corona, hablándoles entre otras cosas según cita del Marqués de Lozoya en su obra ya mencionada de lo siguiente: "de la estrechez en que estaba la tierra ycomo ya no se podía vivir en ella. 

Por que no solamente mente estaban los soldados sin remedio, pero que hasta a los vecinos les quitaban los repartimientos de indios que habían conquistado y ganado con su propia sangre. Y que por el remedio de todos el quería tomar la empresa". (93)

Algunos se entusiasmaron con las ideas expuestas y las muchas promesas que se les hicieron, pero los más, querían retirarse a sus casas diciendo que irían por sus armas, pero el Capitán Bermejo con los sediciosos del Perú los obligaron armas en mano, a acompañarlos a la casa del Obispo.

Fray Antonio de Valdivieso apaciblemente se encontraba en su casa aledaña a la Catedral jugando al ajedrez con el reverendo Fray Alonso, después de un día azaroso en los menesteres de su sagrada misión habiendo sido sorprendido por los revoltosos que no le dieron tiempo de ocultarse penetrando Contreras y algunos de entre ellos directamente hasta su cuarto en donde lo atacaron a puñaladas después de haberlo insultado y retado tratando inútilmente de provocarlo por buscar un ligero motivo para su crimen.

Huyó despavorida la enloquecida servidumbre a los gritos de los clérigos quienes vieron como un tal Quexada arrancaba del cuello del Obispo moribundo la cruz Pontifical de oro y esmeraldas que usaba desde que comenzó en el ejercicio de su cargo. 

Posteriormente fue vista esta cruz acusatoria pendiente del cuello sacrílego de Bermejo que la mostraba orgulloso a sus partidiarios como un trofeo de guerra.

Fue saqueda la casa habiéndose llevado los alzados un "coco de oro" que tenía el Obispo, el cual usaba después Hernando a manera de copa para tomar en él, asimismo usaba uno de los anillos del Ilustre asesinado, habiéndose visto el otro en manos de Pedro de Castañeda, cura corrompido que abandonó sus hábitos tomando las armas en favor de los sublevados y acompañándolos en todas sus aventuras.

Inmediatamente después fueron todos a donde el Tesorero y se apoderaron de la Caja Real de lasTres Llaves, rompiéndola y sacando dos mil pesos-oro que había en ella pertenecientes al Tesoro Real, habiendo dejado las marcas y demás cosas que se guardaban tiradas por el suelo.

A continuación fueron a la plaza mayor en donde reunieron algunas personas, pues en general la mayoría de los vecinos enterados ya de lo sucedido se habían encerrado temerosos en sus casas mientras Bermejo proclamaba a Hernando Contreras: "Príncipe del Cuzco" y "Capitán de la Libertad" habiendo dado al grupo de conjurados el pomposo título de "Ejército de la Libertad".

Logró Bermejo que se le unieran algunos intrépidos de la Ciudad con los que partió luego al Realejo apoderándose de algunas embarcaciones y quemando otras, regresando Bermejo con 28 hombres a Granada a continuación, habiendo encontrado en la Plaza Mayor de dicha Ciudad al Regidor Luis Carrillo atrincherado y dispuesto a pelear, pero al ser atacados los defensores por el intrépido jefe de los conjurados y sus hombres, se desbandaron unos, y se pasaron al bando de los revoltosos los otros después de haber dado muerte al propio jefe que los guiaba.

Ordenó Bermejo quemar todas las naves que había en Granada a fin de evitar que dieran aviso por el Desaguadero a las Autoridades de Panamá, y con mayor número de gente que el que había llevado se puso en marcha de regreso hacia El Realejo. 

La orden de quemar las naves no fue cumplida en su totalidad pues por lástima fue perdonada la de un vecino pobre que únicamente fue desmantelada, por lo que pudo ser usada posteriormente para enviar aviso del levantamiento.

Envió Bermejo un regular grupo de soldados aguerridos hacía Nicoya en donde capturaron algunos barcos y quemaron otros llevándolos a El Realejo para aumentar su escuadra, mientras él personalmente con cerca de 60 hombres, entre ellos Pedro de Contreras que se les había unido a pesar de las súplicas en contrario de Doña María, quien no aprobaba lo que estaba sucediendo regresó hacia donde Hernando lo esperaba en el ya mencionado Puerto.

El 15 de Marzo de aquel mismo año, con cerca de 200 hombres armados y en 3 navíos grandes y uno pequeño levaron anclas con rumbo a Nicoya los conjurados, habiendo sido nombrado Pedro de Contreras Almirante de uno de los barcos. Al llegar a Nicoya encontraron al Capitán Salguero, que había,enviado Bermejo anteriormente, con cerca de 60 hombres que ya tenía armados y listos para partir en algunos barcos más que había capturado.

El día 21 de Marzo en las primeras horas de la noche desembarcaron en Ancón a una legua de Panamá, Hernando, Bermejo, y la mayor parte de sus fuerzas, con la idea de sorprender al Presidente Pedro de la Gasca que con un gran cargamento de plata y oro había llegado de el Perú, según habían sido informados por los tripulantes de un navío que capturaron durante el viaje. 

Temían los revoltosos que, de la Gasca, tuviera un fuerte ejército bajo su mando (como en efecto lo tenía) por lo que decidieron en un golpe de audacia suma capturarlo sorpresivamente en la propia casa en que se hospedaba en Panamá.
 

Mientras Hernando y Bermejo desembarcaban para dar su golpe, Pedro se quedaba con 60 hombres en los navíos haciendo una incursión nocturna al puerto de la Ciudad sorprendiendo y capturando varios navíos entre ellos el "Espíritu Santo" que pertenecía a su madre y venía repleto de mercaderías valoradas en más de 35.000 pesos-oro, propiedad de diferentes comerciantes.

Hernando aprovechando la obscuridad de la noche sigilosamente penetraba por los arrabales de la Ciudad dormida con sus 250 hombres divididos en pequeños grupos que iban directamente a ocupar los puntos estratégicos y prominentes y a capturar a las principales Autoridades. 

Esta rápida y exitosa acción les produjo más de 300.000 pesos-oro muchas alhajas, gran cantidad de lingotes de plata y gran variedad de armas de diferentes tipos y calibres, siendo capturados entre las Autoridades, Juan Gómez de Anaya, el Obispo y el Tesorero Ruiz de Marchena y muchos más.

La misma noche de la toma de la Ciudad, Bermejo envió a Salguero con 22 arcabuceros al pueblo de las Cruces en donde le dijeron que estaba el Gobernador y el Presidente de la Gasca que no fue capturado en la Ciudad por haber salido con anterioridad de ella por casualidad. 

Al día siguiente Hernando y Bermejo salieron hacia Nombre de Dios con la idea de capturar cuanto antes dicha plaza que estaba mejor armada que la primera ya vencida, habiendo cometido Hernando varios errores tácticos por no escuchar los consejos de Bermejo que, aunque despiadados, eran exactos.
 

DERROTA DE BERMEJO Y FIN DE LOS CONJURADOS. No bien abandonaron la Ciudad los alegres vencedores después de haber perdonado la vida a todas las principales Autoridades en contra de la opinión de Bermejo, cuando estas mismas encabezadas por el Tesorero Ruiz de Marchena emp=zaron a organizar la defensa, reclutando a todos los vecinos y sacando algunas armas que tenían ocultas con lo que formaron un ejército de 350 hombres.

En la misma noche decidieron los panameños atacar las naves surtas en el Puerto y al mando de Pedro de Contreras, habiendo logrado sorprenderlas aunque no pudieron abordarlas, teniendo que regresar a la Ciudad con algunos muertos y heridos.

Contreras y Castañeda inmediatamente levaron anclas y se alejaron del Puerto recorriendo la costa tratando de entrar en contacto con las huestes del "Ejercito de la libertad". 

Entre tanto los panameños esperaban confiados que en Nombre de Dios fuera derrotado Bermejo cuando fueron avisados por un estanciero que los revoltosos volvían hacia. la Ciudad, habiéndose verificado tal acontecimiento al filo de la media noche. 

Venían los conjurados en filas cerradas, a paso de carga y con Juan Bermejo en un brioso corcel a la cabeza de los mismos atacando de inmediato y con furia la Ciudad por varias veces siendo otras tantas rechazados por los valientes defensores que obligaron a los atacantes a retirarse a media legua de la Ciudad al amanecer del día siguiente.Había sucedido que Hernando cuando salió con Bermejo para atacar Nombre de Dios se adelantó con un grupo de a caballo al grueso del ejército que marchaba con Bermejo, para dar captura a un tal Lozano que iba a prevenir a los de aquella Ciudad sobre los últimos acontecimientos que ignoraban.

Cuando llegó Bermejo con el grueso de su ejército hasta un lugar denominado la Venta de Cha res en donde se le informó del paso de Lozano y del de Contreras calculó que seguramente a esas horas ya los de la Ciudad de Nombre de Dios habían sido avisados por Lozano, por lo que decidió regresar a Panamá (esta fue la razón de su regreso a Panamá en la noche), enviando carta a Contreras para que hiciera lo mismo y se embarcaran de inmediato todos juntos con rumbo hacia el Perú pues el elemento sorpresa ya no podía favorecer sus planes y en Nombre de Dios había suficientes soldados y armas para hacerles frente a los del Ejército de la Libertad con muchas probabilidades de triunfo para ellos.

Después de la exitosa defensa que de su Ciudad habían hecho los vecinos de Panamá decidieron salir al campo a vencer a Bermejo para evitar que atacara de nuevo pues pensaba incendiar la Ciudad por diferentes puntos para distraer la defensa de la misma y hacerla imposible. 

Salieron pues con un ejército de 300 soldados blancos y 500 negros mandados por españoles habiendo tenido Bermejo que ocupar un cerro pequeño que luego sería denominado de la "Matanza" en donde fueron atacados varias veces los invasores quienes lograron derrotar en todos los ataques a los de la Ciudad hasta que éstos en un último esfuerzo lograron vencer al heroico extremeño que murió peleando junto con Salguero y más de 100 de los suyos perdiendo el combate y siendo luego ahorcados o muertos a puñaladas cuando ya estaban capturados y atados muchos de los sobrevivientes.

Hernando con tres jinetes regresó a Panamá habiendo dejado al resto de sus hombres cerrando el paso del camino de Nombre de Dios, habiéndoseenterado en el viaje de la derrota de Bermejo por lo que huyó hacia la costa con dirección a Nata tratando de encontrar la escuadra al mando de su hermano para salvarse, pereciendo en el camino al ser devorado por un cocodrilo cuando trataba de tomar agua en una charca de la selva.

Entre tanto, Pedro recorría la costa con sus dos galeones el "Espíritu Santo" y "El Chile", pues el "Valdolivar" lo había dejado averiado en Panamá. Fue enviada una pequeña escuadra al mando de Nicolás Zamorano en persecución de los dos navíos fantasmales que frecuentemente eran vistos por los aterrorizados vecinos de la costa a corta distancia de las mismas.

Zamorano logró capturar en Punta Higuera en términos de Nata a una parte considerable de la tripulación, pues Pedro de Contreras, el Cura Casteñeda y otros abandonaron el navío y se internaron en los montes siendo perseguidos y alcanzados por Zamorano y 60 de sus soldados aunque nunca pudieron ser capturados Pedro de Contreras, Castañeda y un grupo que continuó siempre huyendo y que seguramente pereció en las inhóspitas montañas de aquellas tierras ignoradas y salvajes.

 3 de Enero de 2001 |  El Nuevo Diario —Joaquín Tórrez A.—
                 Asesinado por los Contreras
           Hallan restos del Obispo Valdivieso
                 * También encuentran tumbas en León Viejo de otros obispos de esa   época      Los restos de Fray Antonio de Valdivieso, aquel religioso de la orden  de los Dominicos, quien fue asesinado  hace 451 años en la casa cural del  antiguo asentamiento de la ciudad de  León por defender los derechos de los  indígenas, fue encontrado  recientemente por arqueólogos nicaragüenses en las ruinas de la  Catedral de León Viejo. 

  Este hallazgo fue a finales de noviembre del año 2000, gracias a las  excavaciones que hacen en esa vieja  ciudad los arqueólogos Edgar Espinoza  y Ramiro García, trabajos en los que  también han hallado otras osamentas  que podrían ser de los primeros frailes  dominicos que vinieron al país, como Fray Diego Alvarez Osorio, muerto en 1536; Fray Francisco de Mendavía, muerto en 1540, y de Fray Lázaro Carrasco, muerto en 1562. 

                 Lo encontrado fueron 5 tumbas individuales y una colectiva, ubicadas  en el Presbiterio de la Vieja Catedral, sitio privilegiado para el entierro de  los obispos, según la tradición y el Derecho Canónico de la Iglesia  Católica, lo cual da muchas evidencias de que esos sean los huesos de los obispos dominicos. 

                 Documentos que señalen que estos frailes (los fundadores de la Iglesia Católica en Nicaragua), hayan sido enterrados ahí hay muy pocos. En el  caso de Fray Valdivieso, hay otras señas que son estudiadas por los arqueólogos, y que luego podrían ser confirmadas cuando sus huesos sean auscultados en el Instituto Forense de la Corte Suprema de Justicia, y posteriormente por una comisión de intelectuales, estudiosos de la historia. 

                 Estas evidencias son el hecho de que el cuerpo del fraile debe tener  huesos rotos hechos por arma blanca y otros rasgos, provocadas por la  forma violenta en que fue asesinado el 26 de febrero de 1550, por  Hernando de Contreras, hijo del gobernador de entonces, Rodrigo de Contreras. Otras cosas que buscarán son restos de la daga (y otros  fierros) que Contreras le penetró más de una vez cuando lo mató. 

                 COLUMNA DISLOCADA 

                 Lo que los arqueólogos tienen a su favor es que los huesos que dicen son del Padre Valdivieso fueron hallados en el Presbiterio de la Vieja Catedral, la tercera de derecha a izquierda, con rasgos de golpes graves en el brazo izquierdo, en el fémur izquierdo y con la columna vertebral dislocada. 

                 Los otros entierros (cuyos huesos no tienen ninguna malformación) podrían ser los frailes Diego Alvarez Osorio y Francisco de Mendavía.
                 En otra línea de enterramiento está otro cuerpo que podría ser el de Fray  Lázaro Carrasco. 

                 Pero hay más, el cuerpo tiene una forma rígida, su brazo derecho  descansa sobre el suelo de la tumba y no sobre el cuerpo como suele ser, lo que los hace deducir que el cuerpo del Fray Valdivieso fue  enterrado varias horas después de fallecido, sin una preparación de su tumba y su cuerpo. 

                 La no preparación de la tumba, de acuerdo al Director del Instituto de Cultura, Clemente Guido, debió ser porque su mamá (que lo enterró) no tuvo tiempo de arreglarla, con una lápida de ladrillos y otros adornos (que sí la tienen las otras osamentas). Con esto deducen que no hubo trámites funerarios y que fue enterrado en una fosa improvisada, en medio de una revuelta masiva contra la Corona española y la Iglesia. 

                 "ACABA YA, CARNICERO" 

                 El Padre Valdivieso, el primer obispo mártir de América, fue asesinado dos veces. La primera, fue una estocada propinada por Hernando
 Contreras, de 22 años, y quien según la historia, cuando el padre estaba en el suelo, se le fue encima y lo remató mientras el padre le decía:
                 "Acaba ya carnicero". Fue tal la violencia que cuentan que, a Contreras, se le quebró la punta de su daga en el cuerpo del padre. 

                 Contreras mató al Padre Valdivieso en venganza porque el padre más de una vez denunció, por medio de cartas enviadas al Rey de España, la mala administración que hacía en estas tierras el gobernador Rodrigo de Contreras junto a su esposa María Peñaloza, hija del famoso gobernador Pedrarias Dávila. 

                 Cuando Rodrigo Contreras se sintió acorralado (las denuncias eran por  retención de las encomiendas), el asunto lo retomaron sus hijos que armaron toda la conspiración. Lo que siguió fue la muerte del fraile, que  para entonces era el enviado del rey en estas tierras, y su entierro,  carente de ceremonias, se debió al temor que le tenían a los Contreras y al estado de tensión que se vivía en esos momentos. 

                 PRECURSOR DE DERECHOS HUMANOS 

                 Pero Valdivieso también fue mal visto por los gobernadores, por su misión real de hacer cumplir las leyes que protegían a los indígenas. Por  ello es considerado como el Precursor de los Derechos Humanos en  América Latina. 

                 Inicialmente se creía que el Padre Valdivieso estaba enterrado en la Iglesia de San Pablo, en las ruinas de León Viejo, lugar donde se presumía había sido enterrado en el altar mayor de dicha iglesia. Pero la  versión que tiene mayor peso es que el cuerpo encontrado, de entre 1.50 y 1.60 de altura, y propio de una persona voluminosa, sean los del  Padre Valdivieso. 

                 El otro hallazgo (el número 21 que hallan en León Viejo), es un entierro  masivo en el que, según el señor Clemente Guido, podrían haber cuatro cuerpos de cuatro personas que estuvieron vinculados a Pedro de  Mendavía, el hermano del padre Francisco de Mendavía, que murió a los 45 días de haber asumido el obispado en estas tierras. 

                 Estas personas fueron asesinadas por un español llamado Pedro de los  Ríos, que incluso los mandó a poner en la entrada a León Viejo y luego a enterrar, ante las quejas de la gente. Y como ellos, según las crónicas  de la época, fueron enterrados en la Catedral, deducen que esos son sus cuerpos. 

                 Los huesos del Padre Valdivieso son otro de los hallazgos famosos de  León Viejo. En mayo del año pasado, en la antigua Iglesia La Merced,  fueron hallados los restos del fundador de León y Granada, Francisco  Hernández de Córdoba, junto a los huesos de su victimario, el gobernador Pedrarias Dávila. 

                 La tarde de hoy las osamentas serán sacadas de sus sitios, para que las examinen en el Instituto de Medicina Forense. Cuando se aclaren  todas las dudas, sus restos deberán ser depositados (para fines de  museo) en el mismo sitio donde los hallaron, debido a ciertas normas que rigen en las ruinas de León Viejo, considerado Patrimonio Histórico de la Humanidad. 

                 Para el Instituto de Cultura, pese a las evidencias halladas, aún no es oficial que esos sean los huesos del Padre Antonio Valdivieso. Las conclusiones de los estudios de sus huesos podrían salir hasta inicios de febrero. 



7 de Enero de 2001 |   El Nuevo Diario

         Fray Antonio de Valdivieso:
               Precursor en la defensa de los derechos humanos y de la Iglesia profética

               —Carlos Tünnermann Berhneim—
 

               La noticia del posible hallazgo del esqueleto de quien fuera el tercer obispo de Nicaragua, Fray Antonio de  Valdivieso, es un acontecimiento de gran  trascendencia para la historia del país y, en particular, de la Iglesia Católica en Nicaragua. Aun cuando todavía están pendientes varias comprobaciones científicas, el sitio donde fueron  localizados y las huellas hasta el momento  detectadas en los huesos descubiertos, parecen  indicar que estamos en presencia de los restos  mortales del ilustre Obispo Mártir de Nicaragua. 

               La figura del obispo dominico, protector de los indios  y compañero de lucha del célebre Fray Bartolomé de  las Casas, adquiere cada día mayor relevancia,  como piedra angular de la Iglesia Católica de   Nicaragua, precursor de la defensa de los derechos humanos y del compromiso profético con la causa de los oprimidos. 

               Los posibles restos de Fray Antonio de Valdivieso surgen a la luz cuatrocientos cincuenta años después  de su sacrílego asesinato, ocurrido el 26 de febrero  del año 1550 en la ciudad de León Viejo, de manos de Hernando de Contreras, hijo de Rodrigo de  Contreras, entonces gobernador de Nicaragua, y  nieto del temible Pedrarias Dávila, primer gobernador de la provincia. Ayudaron a cometer el crimen el  fraile lego y apóstata, Pedro de Castañeda y el  aventurero Juan Bermejo. 

               Como se sabe, la Diócesis de Nicaragua fue creada  en 1527 por Real Cédula y confirmada por bula pontificia en 1531. El primer obispo que ejerció el cargo, aunque no llegó a ser consagrado como tal,  fue Fray Diego Alvarez de Osorio, primer Protector y Defensor de los Indios. Aparentemente, sus restos también fueron localizados en el presbiterio de las ruinas de la Catedral de León Viejo, asi como los de su sucesor, que sólo ejerció su ministerio cuarenta  días, Fray Francisco de Mendavia, de la orden de San Jerónimo. 

               Valdivieso era natural de Villahermosa, pequeña ciudad de Burgos, España. Muy joven ingresó a la Orden de Santo Domingo y en marzo de 1543 fue  nombrado por el Emperador Carlos V tercer obispo   de Nicaragua. Las bulas pontificias confirmando su nombramiento le llegaron en febrero de 1544. En  mayo de este mismo año Valdivieso asumió el gobierno de su diócesis, a la cual se agregó, en mayo de 1545 por Cédula del Príncipe Felipe de España, la administración de la diócesis de Cartago.

Desde entonces, y hasta 1850 cuando la Santa Sede creó la diócesis de Costa Rica, el obispo de Nicaragua lo fue también de Costa Rica. Fray Antonio de Valdivieso no sólo fue el primer obispo que a la vez desempeñó el obispado de Nicaragua y  Costa Rica sino también, como lo señala Edgard  Zúñiga en su “Historia Eclesiástica de Nicaragua” “el  primer obispo que ejercería a plenitud su ministerio  episcopal en la Iglesia de Nicaragua”. 

               Además, fue el primero consagrado como tal en  pleno cumplimiento del rito canónico, pues su consagración tuvo lugar en la ciudad de Gracias el 8  de noviembre de 1545, con la participación de tres obispos: el de Chiapas, Fray Bartolomé de las  Casas; el de Guatemala, Francisco Marroquín; y el  de Honduras, Cristóbal de Pedraza. 

               Lo que engrandece la figura del obispo Valdivieso,  pese a sus detractores, es su labor en defensa de los indios y de los derechos, frecuentemente  vulnerados por las autoridades coloniales, de la  propia Iglesia, asi como su obra evangelizadora y su  lucha constante frente a los desmanes de la familia  Contreras, entonces casi dueña del país, y de los encomenderos españoles renuentes a cumplir las  Leyes Nuevas, que ponían fin al régimen existente de las Encomiendas y transformaban a los indios en  vasallos del Rey de España. 

               Quienes tratan de disminuir la figura de Valdivieso por sus insistentes reclamos frente a las   autoridades, que se negaban a pagarle sus sueldos y a entregarle los diezmos de la Iglesia, olvidan que esa fue casi una constante en las primeras décadas de la colonia. El propio primer obispo de Nicaragua, Alvarez de Osorio, fue víctima de igual situación,  hasta morir en la mayor pobreza y refugiado en el  hospital de la ciudad de León. 

               Valdivieso, desde que aceptó su nombramiento como obispo de Nicaragua, estuvo muy claro de su misión  y del riesgo que para su vida ella implicaba. En carta  al Rey, fechada en 1546, le dice: “Cuando Su   Majestad me hizo merced de confiarme este   obispado, yo lo acepté solamente por servir a Dios y  a Vuestra Majestad; porque bien entendía, como  hombre que ya había estado en las Indias, que no se podía sacar de él otra cosa que no fuera aventurar el  alma, la vida y la honra. Que en Indias no se conservan estas dos cosas haciendo el bien, sino el  mal”. Y, en otro texto, Valdivieso afirma: “El obispo no solo es para tener mitra y rentas, sino para usar jurisdicción, corregir vicios y fundar virtudes, y   remediar las opresiones que se hacen a sus ovejas.   Y cuando no pueda hacer esto, está obligado a dejar su oficio para otro”. 

               Valdivieso, pese a las grandes dificultades que debió
 enfrentar en sus seis años de ministerio episcopal,  no abandonó a sus ovejas, especialmente los indios.   Sus cartas al Rey fueron afilando los puñales que finalmente le darían muerte, en un momento  culminante de la historia no sólo de hispanoamérica, sino universal, que es el que señala el enfrentamiento   crucial entre los remanentes feudales que subsistían en América y la Corona española, enfrentamiento en el cual los hijos de los conquistadores llevaron la  peor parte.



   22 de Febrero de 2001 |  El Nuevo Diario
Valdivieso: esos restos hablan 
—Vidaluz Meneses *— 
  Defender los derechos de los oprimidos necesariamente crea conflicto con el opresor. La actitud profética es la de denunciar la injusticia y de anunciar la buena nueva. La reconciliación sólo es posible cuando prevalece el amor de Dios y por lo tanto, impera la justicia. 

Fray Antonio Valdivieso optó por la radicalidad del Evangelio rechazando a aquellos que «Ni quieren prelado para más de que les diga misa y les predique y esto a su sabor» y optó no sólo por señalar las múltiples injusticias que se cometían con los miserables indígenas sometidos al más inhumano de los tratos, sino por asumir la defensa de sus derechos humanos acusando a los opresores y denunciando la corrupción ante el Rey Carlos V, ante el Príncipe Felipe a quienes escribe: «El estado de estos miserables es tal, que les sería próspero el de esclavos; porque éstos son tratados como hombres y los nativos como bestias. Incluso se tiene más respeto a las bestias que a ellos.» Ante esa lacerante situación, al Obispo Valdivieso no le queda más que agotar los medios para remediarla y así continúa diciéndole al Príncipe: «He trabajado mucho en ello. Desde el púlpito y desde el confesionario. Se ha logrado algo. Y se hubiera logrado más, si no hubiera habido estorbo por parte de las autoridades puestas por Vuestra Alteza» Su enfrentamiento con el poder colonial crea las condiciones para que se decida su eliminación por asesinato atroz. 

A 451 años de su martirio, a veinte años de honrar su memoria en espíritu ecuménico, yo me pregunto ante la galería de obispos mártires: -Qué diferencia existe entre las palabras de Fray Antonio Valdivieso y las de Monseñor Oscar Arnulfo Romero? : ...»En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo -cuyos lamentos suben hasta el cielo y cada días más tumultuosos- les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión...» 

La violenta respuesta no se hizo esperar, ya lo sabemos, el Obispo Romero se desplomó herido de muerte a los pies del altar desde donde tantas veces clamó justicia en nombre de multitudes que se aglutinaban frente a él. 

Aún reciente con la sangre fresca que clama justicia, se suma otra muerte atroz: la del Obispo Juan Gerardi a partir de la presentación del libro que contenía la investigación de las masacres en la población indígena de Guatemala. 

El sábado 24 de Febrero, a dos días del Aniversario del martirio de Valdivieso, saldremos en peregrinación a honrar sus restos. La vigencia de la causa de su martirio aún estremece. 

* Directora del Centro Ecuménico Antonio Valdivieso (A 20 años de fundado). 



3 DE ENERO DEL 2001 /  La Prensa / Milagros Sánchez Pinell
  Descubren posible tumba de Fray  Antonio Valdivieso 
  - Según cuenta la historia, el Obispo Valdivieso fue asesinado el 26 de febrero  de 1550, con daga y espada por Fernando Contreras, hijo del gobernador Rodrigo Contreras, durante una revuelta contra la Corona española, como resultado de las nuevas leyes emitidas por la Corona en cuanto a la situación  de los indios. 

 También sospechan  hallazgo de fundadores  de la Iglesia Católica en Nicaragua

 El director del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Clemente Guido, anunció el hallazgo de cinco tumbas individuales y una colectiva, en el  presbiterio de la Catedral de las Ruinas de León Viejo, una de las cuales  podría contener los restos del Obispo Antonio Valdivieso. 

              Los otros restos se suponen que pertenecen a Fray Diego Álvarez, Fray Francisco de Mandavía y Fray Lázaro Carrasco, todos ellos obispos del Siglo XVI, y fundadores de la Iglesia Católica como institución en tierra nicaragüense. 

              El arqueólogo Ramiro García, explicó que la tumba que se presume sea de  Valdivieso, es la tercera de derecha a izquierda, vista desde el altar mayor de  la Catedral, encontrada a finales de noviembre del 2000. 

              García indicó que los restos de la tercera tumba presentan las siguientes características: traumas en mano, brazo izquierdo y columna vertebral;  rigidez post morten, lo que indica que fue sepultado horas después de su muerte, la fosa cavada no presenta lápida ni preparativos de la fosa, indicando que fue improvisada. 

              Explicó que las características antes mencionadas guardan alguna relación  con la forma en que fue asesinado y sepultado Valdivieso, por lo que presumen que los hallazgos coincidan con los restos del prelado de la Orden de los Dominicos. 
 


Viernes 15 de Diciembre de 2000 |  El Nuevo Diario
 Las excavaciones de León Viejo
                 ¿Hallan restos de primeros obispos?
                 * Descubren en las ruinas de la primera catedral hecha en el país, cuatro osamentas frente al altar
                  —EDWIN SANCHEZ—
    Un segundo hallazgo de lo más impresionante en la  historia de Nicaragua, podría ser la localización de los fundadores de la  religión católica en nuestra  nación, y cuyos restos  podrían estar exactamente   en la primera catedral  construida por los   españoles en el siglo XVI.  De acuerdo a los historiadores, lo cual será sujeto de verificación arqueológica, en las ruinas de León Viejo, exactamente en  la Catedral de la Merced, se encuentran las osamentas de cuatro de los principales arzobispos de Nicaragua, aunque uno de ellos, el más famoso, Fray  Antonio Valdivieso, todavía es oficialmente ilocalizable. 

 Los arzobispos que cumplieron la tarea de introducir tras la conquista, la religión católica podrían ser Diego Alvarez Osorio, Francisco de Mendavia, Fray  Antonio de Valdivieso y Lázaro Carrasco.   Empero, los arqueólogos Edgard Espinoza y Ramiro García Vásquez se mostraron muy prudentes con lo que han encontrado hasta el momento pero que da la casualidad son cuatro sepulturas ubicadas frente al altar. 

  Sólo los personajes más importantes, sean obispos o capitanes de conquista fundadores, como fue el caso de Francisco Hernández de Córdoba, y de Pedrarias Dávila, contaban con el privilegio de ser inhumados frente al altar. 

   La osamenta del tercer sepulcro, colocado en el baptisterio, es el que se  encuentra más completo y en comparación a lo encontrado en la tumba de Francisco Hernández de Córdoba hasta un artista podría aventurarse a dibujar a  quien haya sido en vida. 

   Este personaje, posiblemente un obispo, yace con el brazo izquierdo reposando  en su cuerpo. Poco queda del cráneo, pero dadas las condiciones  físico-químicas del terreno de León Viejo, es asombrosa su relativa  conservación. 

                 LOS QUE HALLARON A CORDOBA Y PEDRARIAS 

  Espinoza y García localizaron los restos del conquistador que da nombre a  nuestra moneda nacional y en las investigaciones se toparon nada menos con el  primer tirano de la Historia de Nicaragua: Pedro Arias de Avila, el famoso  Pedrarias Dávila.   Ambos arqueólogos ahora van a la «caza» de los fundadores del catolicismo en   estas tierras de Nicarao, pero mantienen una reserva hermética: 

                 -Posiblemente aquí se encontraban los restos de cuatro arzobispos. ¿Cómo está esto? -preguntamos al licenciado García. 

                 -Todavía estamos especulando sobre eso, porque no tenemos los análisis de los huesos; tenemos tres individuos, pero tendríamos que hacer los análisis pertinentes y luego poderlos asociar con los datos históricos.

                 Lo que sí sabemos es que son personajes que estaban muy cerca de la religión católica, que están en una parte importante de la iglesia, pero no podemos decir quién es quién. 

                 -¿Pero por lo menos son sacerdotes o hasta obispos? 

                 -Todavía no estamos seguros, pero existe la gran posibilidad de que así sea. 

                 Mientras, Ramiro García Vásquez dice que en cuanto al patrón funerario hay diferencias entre los entierros del convento y La Merced con relación a la   catedral de La Merced. En este caso podemos hacer comparaciones con los entierros que se realizaron en el altar mayor de la Iglesia La Merced y se podría encontrar algunas semejanzas con las fosas que estamos encontrando en el altar. 

                 En la segunda fosa los huesos de un difunto fueron perturbados por el entierro de otro y sobre él estaba una lápida de ladrillos, un detalle no encontrado en otras tumbas en León Viejo. 

                 «Todavía estamos especulando de que si puede ser una cripta, pero cuenta con  arreglos muy especiales porque este tipo de lápida no lo habíamos encontrado en La Merced ni en el convento. Lo que permite inferir un poco de que se trate de un personaje importante en la vida religiosa, todavía no podemos decir quiénes, pero sí hay presencia de eso». 

                 -Se ha especulado que hay posibilidades de encontrar cuatro tumbas de obispos   -insistimos. 

                 -Manejamos algunos datos así de la bibliografía que han sido recopilados por   historiadores y el equipo de historiadores que trabaja con nosotros. 

                 -A qué gente se refiere según esa bibliografía? 

                 -Solo hablamos de los primeros obispos pero no podemos decir nombres específicos, todavía hay que hacer análisis, hay que hacer alguna comparación   de las evidencias arqueológicas y compararlo con las fuentes históricas. Ese es   el método que estamos utilizando, que nos permita tal vez hacer alguna  aseveración más exacta. 

                 -¿De acuerdo a las fuentes históricas, estos serían los obispos fundadores de la   Iglesia Católica aquí en Nicaragua? 

                 -De eso es lo que hablamos, pero esperamos que pronto podríamos hablar a lo   mejor de gente que fueron los primeros obispos, los primeros religiosos (de alta   investidura) que llegaron a León Viejo. 

                 -¿Y Fray Antonio Valdivieso? 

                 -Es uno de los más connotados. Pero ahora no puedo decir quién es quién. No   tenemos datos sobre la edad que es uno de las informaciones más básicas que   podemos decir. Estamos en el proceso de excavación. 

                 Precisó que se sospechaba de la existencia de un convento llamado San Pablo,  «pero las excavaciones se realizaron en la cuarta etapa y no se descubrió   ninguna estructura que pueda darnos información que sea un edificio grande,    religioso. Y si esta gente era importante, debieron haber sido enterrados en la   catedral de la Merced. Más adelante vamos a tener información sobre estos datos. 

                 IMPORTANCIA DE EXCAVACIONES 

     Es seguro que la gente, los primeros religiosos  llegados a Nicaragua, fueron gente con mayor  relevancia y le dieron un tratamiento especial al  momento de realizar su ritual funerario. 

                 -¿Cuál es la importancia de estas excavaciones?  En principio, León Viejo es un gran laboratorio para realizar investigaciones en el campo de la historia y la arqueología colonial. Ahora se le da  más prioridad en el sitio por la magnitud que alcanzado, principalmente para efectos culturales. 

                 Hay que cambiar el discurso de León Viejo, no sólo hablar de León Viejo como ruinas, sino que  paralelo a las investigaciones que se están  realizando se encuentra otra investigación  arqueológica. 

                 Hemos encontrado rasgos arquitectónicos, agregó,  en las construcciones de la iglesia, en el convento, en la catedral de la Merced;  son investigaciones que paralelamente se van desarrollando y vienen a enriquecer más el discurso científico del centro y principalmente cultural. Eso   nos va llevar a mejor y mayor información. 

                 Anotó que la mayor parte del material localizado es prehispánico y muy poco el español: principalmente fragmento de metal y ladrillos. «No estamos  encontrando porcelana u otros materiales que nos indique que aquí hubo ocupación humana de familia, sino más bien gente que vivió religiosamente». 

                 Con la presencia de mucho material prehispánico estamos pensando que hay restos humanos que corresponden a gente mesoamericana, según el tipo  biológico. Lo que nos podría llevar a una hipótesis que hubo ocupación  prehispánica. Eso enriquece más la información del sitio como tal.



Sobre el ultimo arzobispo..
 
 
              VIERNES 2 DE FEBRERO DEL 2001 /  La Prensa


                         Abril de 1970: Arzobispo de Managua 

            En abril de 1970 fue nombrado Arzobispo de Managua, después de la muerte de Monseñor Alejandro González y Robleto, el 17 de junio de 1968. 

            Según el testimonio de Monseñor. Donaldo Chávez Núñez –uno de los candidatos entonces a ocupar la Sede Arzobispal–, a partir de los sangrientos sucesos del 22 de enero de 1967, “el Arzobispado de Managua se tornó en tierra de nadie. La incógnita de quién vendría a ocupar la principal sede eclesiástica de la “tierra de los lagos” quedó flotando en el ambiente por algún tiempo y fue objeto de muy variadas especulaciones. La  verdad era que quien tuviera el mejor padrino en aquellos momentos, ese sería el tercer Arzobispo de Managua”. 

            Con la muerte de Monseñor Alejandro González y Robleto se inicia un período  de sede vacante. El Vaticano nombró como Administrador Apostólico a Mons. Julián Barni, entonces Prelado de Juigalpa. 

            Entre tanto, Monseñor Obando, obispo auxiliar de Matagalpa, fue llamado a  la Nunciatura. “Me comunicó el Sr. Nuncio, Mons. Lorenzo Antonetti, que la  Santa Sede había pensado que yo sirviera a la Arquidiócesis de Managua  como Arzobispo”, refiere Su Eminencia. 

            En ese tiempo Obando Bravo contaba sólo con 43 años de edad, siendo entonces el Obispo más joven de Nicaragua. 

            Diciembre de 1974: mediación en asalto a casa de Chema Castillo 

            Antes de entrar a su oficina es inevitable pasar por una pequeña antesala, celosamente vigilada por su secretaria, doña Chepita de Rivas, quien desempeña con desenvoltura y autoridad su cometido. Varias placas conmemorativas de reconocimiento y gratitud, así como premios diversos, sobriamente encuadrados, penden en las paredes. 

            Llama la atención uno de los cuadros donde se observa la primera página de  la edición del New York Times, correspondiente al 30 de diciembre de 1974:  presenta una fotografía del Arzobispo Obando, y un amplio reportaje de su  papel como mediador entre Anastasio Somoza Debayle y un comando  guerrillero del Frente Sandinista de Liberación Nacional que, durante una cena navideña en la residencia de José María Castillo, tomó como rehenes a algunos de los más importantes funcionarios de Estado y diplomáticos  acreditados en el país. Las negociaciones concluyeron con la excarcelación de catorce militantes del FSLN que el gobierno de Somoza mantenía en  prisión –y otras concesiones– a cambio de la libertad de los rehenes. 

            El éxito de la mediación significó para Mons. Obando, tanto nacional como  internacional, una publicidad insospechada. 

            En alguna ocasión el Comandante Tomás Borge se ha referido socarronamente a la actuación de Obando en el episodio del asalto a la casa  de Chema Castillo. Le acusa de haberse negado a informar al responsable del comando sandinista, Eduardo Contreras, que René Núñez fue detenido ese  mismo día, y que su nombre debía haber sido incluido en la lista de  prisioneros políticos, para los que el Frente Sandinista pedía la inmediata libertad. La consecuencia fue que René Núñez, actualmente miembro de la  Dirección Nacional del FSLN, no logró la libertad hasta cuatro años más tarde, con ocasión de la toma del Palacio Nacional por el Comandante Edén  Pastora. 

            El fogoso ex Ministro del Interior, Tomás Borge, concluye diciendo: “Obando fue un simple mediador. Y un mediador no tiene partido. Se supone que es  una persona neutral. En aquel momento en que el acontecimiento tuvo  trascendencia mundial, Obando aceptó mediar porque le daba mucho prestigio. Y él es un hombre que tiene vocación por los reflectores”. 

            - Su Eminencia comenta: 

            “Pienso que algunos de los que están hoy contando el cuento, no lo estarían haciendo si Dios, Nuestro Señor, no hubiera intervenido...”. 

            Agosto de 1978: asalto al Palacio Nacional 

            En agosto de 1978, un comando guerrillero asombra al mundo. Y el Frente Sandinista de Liberación Nacional se apunta la mejor victoria lograda hasta entonces con la audaz ocupación del Palacio Nacional. 

            Los miembros del Congreso de la República que se sesionaban en el momento del asalto fueron tomados como rehenes por Edén Pastora, el legendario “Comandante Cero”, que dirigía las operaciones. 

            Más de dos mil personas quedaron prisioneras dentro del Palacio, llenas de  temor ante la incertidumbre de lo que pudiera acontecer en las próximas  horas. 

            Por suerte para los rehenes, el inesperado acontecimiento que mantuvo en zozobra durante tres días al pueblo nicaragüense y a la comunidad  internacional tendría como desenlace un arreglo a través del diálogo. 

            Monseñor Miguel Obando y Bravo fue llamado nuevamente para mediar entre  las partes en conflicto. La prudencia y el buen hacer del Arzobispo de   Managua, condujeron las conversaciones a un acuerdo entre las partes, antes que una élite de la Guardia Nacional, especializada en asalto, entrara  en acción a sangre y fuego para someter a los insurrectos. 

            Como aconteció en la toma de la casa de Chema Castillo, en la Navidad de 1974, todos los guerrilleros salieron ilesos. 

            Y un numeroso grupo de camaradas que se encontraban en las mazmorras  somocistas fueron liberados y viajaron a Cuba con los asaltantes del Palacio.
 

            Marzo de 1983: Juan Pablo II visita Nicaragua 

            El cuatro de marzo de 1983, cuando en Managua eran las nueve de la  mañana, el Papa Juan Pablo II besaba, por vez primera, la tierra pinolera  salpicada de lagos y volcanes... y de sangre. 

            Con motivo de la venida del Papa se dio la manifestación más gigantesca en  la historia de Nicaragua. Seiscientas mil personas asistieron a la Misa Campal que presidió Juan Pablo II en la Plaza 19 de Julio. 

            Jamás se imaginaba Juan Pablo II al llegar a Nicaragua que sería interrumpido  incesantemente durante la solemne celebración eucarística. 

            Efectivamente, un sector de la concurrencia, manipulado por la Juventud  Sandinista y otros activistas fanatizados, perturbó el normal desarrollo de la  Santa Misa con lemas y consignas repetidas hasta la saciedad: “¡poder popular!”, “¡queremos la paz!”, “¡un solo ejército!”, “¡no pasarán!”... se  escucharon durante toda la celebración con irritante machaconería. 

            El Santo Padre mantuvo la calma durante las interrupciones y hacía callar a la multitud para continuar su homilía. Varias veces tuvo que repetir, con voz suplicante: “¡Silencio, por favor!”. 

            Comentando este lamentable espectáculo que ofreció Nicaragua ante el  mundo por causa de un sector de militantes sandinistas fanatizados y algunos cristianos-marxistas, para quienes sus máximas autoridades no provenían del Vaticano, sino de La Habana o Moscú, nos dice Su Eminencia: 

            “El pueblo nicaragüense sabe muy bien que el Papa Juan Pablo II es un hombre de Dios. Que no disimula la realidad por el deseo de agradar o ser original. Es un hombre recto, que actúa con criterios evangélicos”. 

            Mayo de 1985: ¡Cardenal Obando! 

            Eran las cuatro de la madrugada en Managua del sábado veinticinco de mayo  de 1985. Decenas de miles de nicaragüenses, orando en silencio unos,  expresando ruidosamente su júbilo otros, celebraron el momento en que las manos del Papa Juan Pablo II colocaban el birrete cardenalicio sobre la cabeza de Su Eminencia, Cardenal Miguel Obando Bravo. 

            Fuegos pirotécnicos surcaron los cielos de la ciudad de Managua, al mismo  tiempo que se escuchaba el repicar de las campanas en los templos católicos de la capital. Durante la noche permanecieron abiertos en una  extraordinaria vigilia de Acción de Gracias a Dios por bendecir a Nicaragua en  la personas de un hijo dilecto: el Arzobispo de Managua. 

            Hombres, mujeres, ancianos y niños oraban y cantaban jubilosos, mientras   en la Basílica de San Pedro en el Vaticano se llevaba a cabo la solemne celebración del Consistorio. 

            Momentos después que fuera investido como Cardenal, Miguel Obando Bravo  dirigió un emotivo mensaje-saludo al pueblo nicaragüense por medio de Radio  Vaticano: 

            “Desde Roma quiero dar gracias a Dios –fueron sus primeras palabras– por  los beneficios que me ha concedido durante toda la vida. Gracias también al  Santo Padre, por haberme creado Cardenal. Espero servir siempre a la Iglesia con fidelidad. Un saludo muy cordial a mi pueblo, a ese pueblo que tanto  quiero. Desde Roma elevo una oración para que el Señor nos ayude a los  nicaragüenses a conseguir la paz”. 

            * (Extractos de “Miguel Obando Bravo, Cardenal por la Paz”, Domingo  Urtasun
6 de Marzo de 2001 | Managua, Nicaragua
 
 

El verdadero obispo Valdivieso 
Manuel Aragón Buitrago *—
 No iban a América los conquistadores a civilizar, sino a ganar tierras y oro; y a la América Central le tocó la peor parte, entre aventureros de espada y frailes terribles.  Rubén Darío 

«La importada clerecía —prosigue Rubén— no fue, por cierto, modelo de virtudes evangélicas. Como todos los que llegaban, aquellos tonsurados tenían el oro por mira». 

Sabía usted quién fue Francisco Hernández de Córdoba?; el mismo cuya efigie y nombre lleva nuestra moneda? Por si no lo sabía, es el que despobló de indígenas Nicaragua mandándolos a vender como esclavos al Perú, y por haberle «dado vuelta» en el negocio a Pedrarias Dávila, éste lo mandó a degollar como un cerdo. En nuestra colonial Granada se le mandó a erigir una estatua a orillas del lago como modelo digno de exaltación a la barbarie u rapiña. 

Mientras en Holanda se le enseña a los niños a tributarle culto a Guillermo de Nassau, príncipe de Orange, por haberlos librado de la tiranía de España, en Nicaragua los malinchistas rinden pleitesía a los victimarios, relegando a las víctimas a ominoso olvido. 

Según la crónica, el «obispo mártir» fue asesinado por denunciar el maltrato a los indígenas. Fueron otros los móviles. 

«El obispo Valdivieso alimentaba un orgullo excesivo —dice José Dolores Gámez— y una mal encubierta rivalidad con las autoridades civiles». 

Los motivos de su muerte según el cronista de Indias ANTONIO DE REMESAL: Y «Hernando de Contreras y su hermano Pedro tenían sospechas, y aún sabían, que el obispo era contrario a su padre en los negocios de España. Añádase a esto para las malas voluntades del obispo, que creó dos alguaciles, uno suyo, y otro para la inquisición, y les dio varas sin diferencia alguna a las de los alcaldes ordinarios, lo cual ellos sintieron y repugnaron, y no se las consintieron traer, así en la ciudad de León, como en la de Granada. 

A los de León excomulgoles, y porque enviando a llamar con censuras a los alcaldes de Granada, no comparecieron ante él, les declaró como excomulgados, y pasó a poner cesación a divinis, sin quererla alcanzar, aun en los días solemnes como el Corpus Cristi, y el de San Juan Bautista. Los padres de Santo Domingo favorecieron al obispo, y hubo mucha turbación sobre el caso. Escribió Su Majestad al Lic. Cerrato, presidente de la Audiencia, para que entre él y el obispo, hubiese toda paz, guardándose todavía el respeto a las leyes y ordenanzas reales en lo de las varas. 

Otra pesadumbre muy grande tuvo el obispo por el excesivo estipendio que señaló a los clérigos por las mismas cantadas y rezadas, y todos los demás oficios eclesiásticos: vigilias, aniversarios y responsos. Tanto en el negocio fue a Consejo, y Su Majestad por una carta suya, mandó al Lic. Cerrato que lo moderara. Eran tan grandes los derechos del entierro de un hombre de mediana hacienda, que era más lo que se llevaban los clérigos, según el arancel del obispo, que la otra parte de la hacienda que quedaba para su mujer e hijos. Con estas ocasiones habían crecido el odio y aborrecimiento hacia el obispo». 

«El odio hacia el obispo —acota José Dolores Gámez— era, pues, muy grande y general, cuando se verificaron los acontecimientos. 

Al morir el obispo Valdivieso tenía un cofre lleno de oro y plata, y otro con escrituras de sus propiedades. Preguntado a quién dejaba sus bienes, contestó: «Mil quinientas castellanas a la Iglesia, todo lo demás a quien mejor derecho tuviese», olvidándose de su madre, Catalina Alvarez Calvento, que al lado del hijo lloraba. 

Tenemos pues en resumen, que «el santo obispo mártir» era: orgulloso, ambicioso, soberbio, avariento, terco y simoníaco. En dónde está su santidad? 

El filósofo mexicano Leopoldo Zea en su obra «La filosofía latinoamericana como filosofía sin más», expone lo siguiente: «Latinoamérica está aún formada por pueblos cuya mentalidad sigue siendo la que le impusieron cuatro siglos de coloniaje ibero. Necesitamos una «emancipación mental», esto, es ruptura con la cultura colonial en que ha sido forjada esta América». 

Tiene razón el filósofo, en Nicaragua abundan quienes de motu-proprio practican un criollo-colonial vasllaje hacia España. 

Cualquier reclamo por difamación al obispo fray Antonio de Valdivieso, puede ser dirigido al otro lado del Aqueronte al Cronista de Indias Antonio de Remesal y al historiador José Dolores Gámez, y en este mundo, al Fondo de Promoción Cultural del Banco de América. 

No omito manifestar que la conducta del obispo Valdivieso no justifica su asesinato por Hernando de Contreras azuzado por su progenitora María de Peñalosa. 

* Autodidacta
 
 

10 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 /  La Prensa 
 Forjadores de la nación
El obispo histórico 

    Simeón Pereira y Castellón.

 

Jorge Eduardo Arellano 

El último Obispo de Nicaragua, o sea de la única diócesis que abarcaba todo el territorio nacional, fue Simeón Pereira y Castellón. Nacido muy cerca de Pueblo Nuevo —luego Departamento de Estelí— el 2 de julio de 1863, se educó con los jesuitas tanto en el país como en Ecuador, adonde viajó con su hermano Félix. 

De regreso, inició su carrera eclesiástica desplegando sus virtudes, saber e inteligencia. De presbítero pasó a Capellán de Granada, más tarde a Vicario General de la Diócesis, después a Secretario Privado del Obispo Francisco Ulloa y Larios y, simultáneamente, a capellán de la Iglesia de La Merced, hasta que fue nombrado Obispo auxiliar con derecho a sucesión el 2 de diciembre de 1895: ¡a los 32 años! 

Con esta dignidad tuvo que enfrentar la política anticlerical del régimen de José Santos Zelaya, pero ya consagrado Obispo en Catedral, el 25 de julio de 1896, por el Arzobispo de Guatemala Ricardo Casanova y Estrada, quien ingresó al país en medio de múltiples dificultades. La prohibición de las fiestas patronales y una ley que despojaba a la Iglesia de sus bienes, motivaron al joven prelado a protestar enérgicamente desde el púlpito; y, al no retractarse —como se lo exigía Zelaya— fue reducido a prisión, trasladado a Managua, detenido en el Cuartel Principal y expulsado el 3 de noviembre de 1899. De nuevo en León, los conflictos entre la Iglesia y el Gobierno se incrementaron, teniendo que salir expulsado otra vez el 6 de enero de 1905. 

Tras la caída del dictador liberal, Pereira y Castellón ocuparía su cargo hasta el 10 de diciembre de 1913 cuando fue nombrado obispo de León siéndolo por siete años: hasta el 10 de diciembre de 1913, día de su muerte. A raíz de ella se valoró su administración admirable, pues había decorado artísticamente tanto el interior como el exterior de Catedral, promoviendo a los artistas Antonio Sarria —de Masaya— y Jorge Navas Cordonero —de Granada—. El último, al igual que la de Rubén Darío, esculpió su tumba en la que sobresale Cristo con los brazos extendidos. 

Monseñor Pereira denunció, en su carta del 9 de enero de 1912 —dirigida a un alto dignatario de la Iglesia Católica de los Estados Unidos— la intervención militar, política y financiera que padecía entonces Nicaragua: “¡Intervención! —exclamaba—. Vos no imagináis, Eminentísimo Señor, lo duro de esta palabra. Vos vivís en un pueblo poderoso y libre. Vos no habéis sufrido los hondos quebrantos que han lacerado el alma de nuestros hermanos... Vos no habéis sentido el dolor del Obispo y del ciudadano al oír el eco de forradas botas resonar bajo las naves de nuestros templos. Vos no habéis llorado de dolor al ver flamear en las torres de vuestra Catedral el pabellón de conquistar al ser arriado el Lázaro cruzado de Cristo. Vos no habéis mirado nunca más alto que nuestra bandera, en el país donde nacisteis, alzarse orgullosa y dominante, alguna extranjera enseña; nunca la venerada tierra donde reposan las caras cenizas de vuestros muertos han sido holladas, intranquilizándola, en la paz bendita de sus sepulcros. Vosotros no habéis convertido el santuario en cuartel y el ara en donde se reparte el pan eucarístico en mesa de distribución del rancho de soldados”. Hasta aquí un fragmento de ese texto antológico del patriotismo nicaragüense. 

Hasta aquí en breves líneas la vida de Simeón Pereira y Castellón, el último Obispo de Nicaragua, Arzobispo titular de Cizico y asistente al Sacro Solio Pontificio de 1914 a 1921. 

El autor es historiador
 
 
 



 1 DE DICIEMBRE DEL 2003 / La Prensa
Un arzobispado sometido a terremotos 
 
Huérfano a la edad de año y medio, quedó bajo la responsabilidad de su tío, monseñor José Antonio Lezcano y Morales. Inició sus estudios eclesiásticos en 1881. A los 23 años fue ordenado presbítero en la Catedral de León por el obispo Francisco Ulloa y Larios, el 15 de abril de 1888. En 1912 fue electo diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y Presidente del Congreso Nacional. 

Así puede resumirse la biografía del primer Arzobispo de Managua, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, consagrado obispo el 3 de mayo de 1914. Estuvo desterrado a partir del 4 de enero de 1905. Amigo personal de Madre Cabrini. Fundador de la Academia Nicaragüense de la Lengua, y presidente de la misma. Inició la construcción de la Catedral de Managua y su presencia reconfortó mucho a la población cuando el terremoto del 31 de marzo de 1931. 

Aunque monseñor Lezcano y Ortega era muy cuidadoso en su relación con los diferentes gobernantes, hubo un hecho que ha significado una sombra en medio de sus numerosas luces. En enero de 1937, en un gesto de servilismo a Lilliam Somoza Debayle, se le nombró Reina de la Guardia Nacional. Al arzobispo se le invitó para coronarla, causando comentarios controversiales. 

En julio de 1946, cuando se celebraba el centenario de haber sido Managua elevada a ciudad, se consagró la Catedral de Managua. Falleció el 6 de enero de 1952. Enterrado en Catedral, después del terremoto, sus restos fueron trasladados a la Iglesia de Santa Ana. 

MONSEÑOR GONZáLEZ Y ROBLETO 

El arzobispado de monseñor Vicente González y Robleto, tuvo la mala suerte de correr paralelo al período más duro y represivo de la dictadura somocista.. Consagrado obispo el 1 de mayo de 1932 por monseñor Lezcano y Ortega, se hizo cargo de Matagalpa en calidad de obispo. El 9 de abril de 1938 le nombraron arzobispo coadjutor con derecho a sucesión, y tomó posesión el 25 de agosto. 

Asumió como arzobispo el 6 de enero de 1952. Nombró a monseñor Carlos Borge y Castrillo como su obispo auxiliar, quien había estado a cargo de la administración apostólica en Granada, antes de ser nombrado obispo, monseñor Marco Antonio García y Suárez. A la muerte de Anastasio Somoza García, en septiembre de 1956, no sólo monseñor González y Robleto, sino toda la Conferencia Episcopal de Nicaragua pasaron días de prueba por los honores dados al difunto y las características del funeral, también por la actitud tomada ante la represión y la tortura. 

Otro serio problema lo causaron los sacerdotes que eran capellanes de la Guardia Nacional, ostentado grados militares y con un comportamiento abiertamente somocista. El 17 de febrero de 1966 fue nombrado un nuevo obispo auxiliar, monseñor Donaldo Chávez Núñez, consagrado el 24 de abril. Los sangrientos acontecimientos del 22 de enero de 1967 fueron otra prueba para la Iglesia Católica de Nicaragua. 

El 5 de junio ocurrió un hecho muy importante al ser nombrado por la Santa Sede administrador apostólico de Managua, monseñor Julián Barni, hasta entonces prelado de Juigalpa. Monseñor González y Robleto falleció el 18 de junio de 1968. Sepultado en Catedral, luego del terremoto de 1972 trasladaron sus restos a Chinandega. 

MONSEÑOR BARNI 

La presencia de monseñor Julian Barni en la Arquidiócesis de Managua significó cambios positivos y más acordes con el Concilio Vaticano II. Se dio la experiencia de la Iglesia de San Pablo Apóstol con la Misa Popular Nicaragüense, dada a conocer en un disco que contenía también los Salmos de Ernesto Cardenal, cantados por William Agudelo. Se celebró el Primer Encuentro de Pastoral, en enero y febrero de 1969. 

Este acontecimiento significó el enfrentamiento entre el sector favorable al Concilio Vaticano II y el ultraconservador, encabezado por los obispos Isidro Augusto Oviedo y Reyes, Marco Antonio García y Suárez, Carlos Borge y Castrillo. Finalmente monseñor Barni recibió un voto de confianza por haber organizado el encuentro. Apoyó decididamente el proyecto “la vivienda de mi hermano”. 

En enero de 1970 se dio un hecho lamentable, en ausencia de monseñor Barni, cuando hubo un combate desproporcionado entre la Guardia Nacional y militantes del FSLN, entre los muertos estuvo el joven poeta y ex seminarista Leonel Rugama. El padre Francisco Mejía, ya fallecido, un estimado y popular sacerdote se había presentado para evitar la masacre, frente al Cementerio Oriental. 

El padre Mejía fue capturado, golpeado y torturado en los sótanos de la Casa Presidencial. Los obispos Borge y Chávez tuvieron una actitud repudiada por un buen sector de la feligrasía católica. En cambio el Obispo de Matagalpa, monseñor Octavio Calderón y Padilla y su obispo auxiliar, monseñor Miguel Obando y Bravo, en un comunicado expresaron un rechazo a los hechos y el ultraje al padre Mejía. A su regreso, también monseñor Barni expresó su solidaridad con el sacerdote. 

MONSEÑOR OBANDO Y BRAVO 

El 10 de agosto de 1958 fue ordenado sacerdote, como miembro de la Congregación Salesiana, fundada por San Juan Bosco. Diez años después, el 31 de marzo de 1968, se le nombró Obispo Auxiliar de Matagalpa para apoyar al ya anciano obispo, monseñor Calderón y Padilla. Al morir el Arzobispo de Managua, monseñor González y Robleto, estuvo como administrador apostólico, monseñor Barni, mientras tanto se especulaba sobre quién sería el nuevo arzobispo. 

Sorpresivamente monseñor Obando y Bravo fue nombrado y tomó posesión en abril de 1970. Dos años después, igual que monseñor Lezcano y Ortega, esta vez en diciembre de 1972, caminó entre cadáveres y escombros. El somocismo acostumbrado a un mal disimulado compadrazgo con la Iglesia Católica, no pudo controlar al arzobispo y surgieron las contradicciones, al extremo que Anastasio Somoza Debayle llegó a llamarle el “Comandante Miguel”. 

En la medida que se intensificó la lucha entre el FSLN y el somocismo, los hechos obligaron a monseñor Obando y Bravo a ser protagonista de importantes acontecimientos, entre ellos de mediador en la toma de la casa del Dr. José María Castillo Quant, en diciembre de 1974 y del Palacio Nacional, en agosto de 1978. Posteriormente al cambio de gobierno en julio de 1979, continuó su presencia en la vida nacional, surgen nuevas contradicciones que se acrecientan con la venida del Papa Juan Pablo II, el 4 de marzo de 1983. 

En medio de una guerra cruenta, el 25 de mayo de 1985, Juan Pablo II colocó el bonete de cardenal en la cabeza de monseñor Obando y Bravo. Mucho se ha discutido si lo hubiera sido de no haber existido el triunfo de la revolución sandinista, la contrarrevolución y las profundas contradicciones entre el arzobispo y el gobierno, sumado a la oposición papal al FSLN por los hechos ocurridos durante su visita. 

Lo cierto es que la presencia del cardenal Obando y Bravo, es una realidad en el acontecer nacional, incluyendo el político, dentro de un protagonismo que de tan grande no escapa al campo de las sombras. En su labor, ha tenido como obispos auxiliares a los monseñores Bosco Vivas y Robelo (Obispo de León), Abelardo Mata (Obispo de Estelí), Leopoldo Brenes (Obispo de Matagalpa) y el actual, Jorge Solórzano.
 
 

1 DE DICIEMBRE DEL 2003 /  La Prensa

Bula de San Pío X decidida por cartas nicaragüenses 

    El ministro de Relaciones Exteriores del presidente Adolfo Díaz Recinos, Diego Manuel Chamorro,escribió cartas al Delegado Apostólico en Centroamérica, monseñor Cagliero, proponiendo cómo sería la división de las Diócesis de Nicaragua, y nombres de los obispos. Se recomendó que Managua fuera Arquidiócesis y el arzobispo monseñor Lezcano y Ortega; todo fue incluido un año después, dos de diciembre de 1913, en la Bula de San Pío X 
 
El Arzobispo de Managua, Monseñor Lezcano y Ortega, cuando coronaba y bendecía a Lilliam Somoza Debayle, como Reina de la Guardia Nacional.
   

Roberto Sánchez Ramírez
escritor@ibw.com.ni

Fue San Pío X, el Papa que el 2 de diciembre de 1913 creó la Provincia Eclesiástica Managüense, compuesta por una Arquidiócesis, tres Diócesis y un Vicariato Apostólico, desprendiendo la Diócesis de León de la Arquidiócesis metropolitana de Guatemala. 

Han pasado 90 años y aquella decisión papal que tanta controversia causó, se acrecienta al leerse documentos que demuestran hubo influencias políticas, al extremo que el ministro de Relaciones Exteriores del presidente Adolfo Díaz Recinos, don Diego Manuel Chamorro, envió cartas al Delegado Apostólico en Centroamérica (ahora Nuncio), monseñor Juan Cagliero, expresando el deseo del Gobierno sobre la nueva provincia eclesiástica y proponiendo nombres de los futuros obispos. 

En efecto, las cartas firmadas por don Diego Manuel, en diciembre de 1912, coinciden completamente con la Bula “Quum iuxta apostolicum effatum” (Según el mandato Apostólico). La Arquidiócesis de Managua comprendía: Managua, Masaya, Carazo, Matagalpa y Jinotega. La Diócesis de León: León, Chinandega, Estelí y Nueva Segovia. Diócesis de Granada: Granada, Rivas, Chontales y San Juan del Norte. Vicariato Apostólico de Bluefields: Bluefields, Cabo Gracias a Dios, Prinzapolka, Siquia, Río Grande y las Islas adyacentes. 

EL OBISPO MáRTIR 

Monseñor Simeón Pereira y Castellon, históricamente es conocido como el último Obispo de la Diócesis Nicaragüense y el obispo número cuarenta y cinco de la Diócesis de León, aunque incorrectamente se le designa como el primero. Fue secretario privado del obispo Francisco Ulloa y Larios, a los 33 años, nombrado el 2 de diciembre de 1895 Obispo Coadjutor con derecho a sucesión. El 25 de julio de 1896 asumió ya como obispo, superando la oposición que le hizo el Gobierno del general José Santos Zelaya López. El 4 de noviembre de 1899 fue expulsado de Nicaragua. 

A la muerte del obispo Ulloa y Larios, el 30 de julio de 1902, se convirtió en Obispo de Nicaragua y aumentaron sus contradicciones con el presidente Zelaya López. Hubo expulsiones de sacerdotes, entre ellos los futuros obispos José Antonio Lezcano Ortega, Canuto Reyes, Vicente Alejandro González Robleto, quien era seminarista. El 6 de enero de 1905, el obispo Pereira y Castellón es de nuevo expulsado junto a 27 sacerdotes, exilio que terminó a mediados de 1906. Al ascender a la Presidencia Adolfo Díaz Recinos, varios sacerdotes se involucraron en política a favor del Partido Conservador. 

El padre José Antonio Lezcano Ortega desde 1912 es electo diputado a la Asamblea Nacional Constituyente, ejerce el cargo de Presidente de la Asamblea Legislativa. Sin embargo, el obispo Pereira y Castellón, publica en el Boletín Diocesano que el Cardenal Secretario de Estado le había encomendado en su visita a Roma que no permitiera que los sacerdotes participaran en política partidaria. Varios de éstos contrariaron las órdenes del obispo, dando lugar a confrontaciones. 

Para 1912 era una necesidad reformar la provincia eclesiástica de Guatemala. Se esperaba que León fuese la sede del Arzobispo metropolitano, tal como es costumbre por ser la Diócesis madre, como sucede en España, que el Cardenal Primado reside en Toledo y no en Madrid. Sin embargo, el Gobierno de Díaz Recinos propuso a monseñor Cagliero que la sede de la Arquidiócesis fuera Managua y el arzobispo, monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, lo que fue confirmado por la Bula de San Pío X. 

Los otros obispos fueron José Piñol y Batres en Granada; obispo auxiliar de Managua con residencia en Matagalpa, monseñor Isidoro Carrillo y Salazar; vicario apostólico en Bluefields, fray Agustín Bernaus y Serra. El involucramiento del gobierno conservador de Díaz Recinos, provocó un rechazo del clero leonés que cerró filas alrededor del obispo Pereira y Castellón, quien dadas las circunstancias fue desde entonces conocido como el “Obispo Mártir”. 

El obispo Pereira y Castellón realizó importantes obras en Catedral, durante la ocupación norteamericana dirigió una carta al cardenal James Gibbson. Recibió honores de parte del Papa Benedicto XV. Falleció el 30 de enero de 1921. Las honras fúnebres fueron presididas por el arzobispo José Antonio Lezcano y Ortega, a quien había consagrado obispo el 3 de mayo de 1914. El entierro fue el 2 de enero y se le sepultó en la Catedral, debajo de la imagen de San Pedro, donde se le erigió un mausoleo. 

HISTORIA DE LAS DIóCESIS 

El sucesor de monseñor Simeón Pereira y Castellón, como Obispo de la Diócesis de León, fue monseñor Agustín Nicolás Tijerino y Loáisiga, consagrado el 23 de abril de 1922. Falleció el 28 de mayo de 1945. El siguiente obispo fue monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, hasta entonces Obispo de Matagalpa. Se le nombró el 1 de junio de 1946, introdujo en León la llamada “Gritería Chiquita”. Puso su renuncia el 15 de mayo de 1969 y falleció el 30 de octubre de 1969. Está sepultado en Chinandega. 

Monseñor Manuel Salazar y Espinoza había sido nombrado administrador apostólico de León, el 15 de mayo de 1969, el 29 de junio recibió la ordenación episcopal, nombrado Obispo de León en 1973. Renunció en 1981 por razones de salud y se marchó a Costa Rica, falleció en San José el 15 de agosto de 1995. El 5 de diciembre de 1981 se nombró administrador apostólico al Obispo de Matagalpa, monseñor Barni, quien tomó posesión el 7 de agosto de 1982. Renunció en 1991 y entregó la Diócesis a monseñor Bosco Vivas y Robelo el 25 de mayo de 1991. Falleció en León y está sepultado en la Iglesia de San José, Matagalpa. 

Monseñor Bosco Vivas y Robelo, el 21 de noviembre de 1981 fue designado Obispo Auxiliar de Managua. Por un breve período estuvo en Juigalpa. Recibió el nombramiento de Obispo de León el 2 de abril de 1991 y tomó posesión el 25 de mayo. Realizó estudios en el Seminario de Managua, en el Colegio Pío Latinoamericano y en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma. 

DIóCESIS DE GRANADA 

El primer obispo fue monseñor José Piñol y Batres. A los seis meses renunció y le sucedió monseñor Canuto José Reyes y Balladares. Tuvo algunas desafortunadas decisiones, se le recuerda haber bendecido las armas de las fuerzas de ocupación norteamericanas que combatían a Sandino y su Carta Pastoral sobre el terremoto de Managua del 31 de marzo de 1931. El 28 de abril de 1945 le nombraron como obispo auxiliar a monseñor Borge y Castrillo. Monseñor Reyes y Balladares falleció en León el 3 de noviembre de 1951. 

Durante un tiempo administró la Diócesis monseñor Borge y Castrillo. El Papa Pío XII nombró como obispo a monseñor Marco Antonio García y Suárez, tomó posesión el 9 de agosto de 1953. Falleció el 9 de julio de 1972. Su sucesor fue monseñor Leovigildo López y Fitoria, quien asumió el 7 de octubre de 1972. 

VICARIATO DE BLUEFIELDS 

El primer vicario apostólico fue monseñor Agustín Bernaus y Serra. Tomó posesión el 19 de mayo de 1915. Falleció el 18 de agosto de 1930. Está sepultado en el Cementerio de Bluefields. Su sucesor fue fray Matías Solá y Farrel, consagrado obispo en marzo de 1931, llegó a Bluefields en julio. Debido a los problemas causados por la guerra civil española, se hizo cargo del Vicariato la Provincia Capuchina de San José, Detroit, Michigan. 

El primer vicario de origen norteamericano fue monseñor Mateus Niedhammer, tomó posesión el 20 de noviembre de 1953. Falleció el 25 de junio de 1970, en Puerto Cabezas, ciudad donde residía, ya para entonces había sido consagrado obispo auxiliar, monseñor Salvador Schlaefer el 12 de agosto de 1970. Falleció el 22 de octubre de 1993, en Ciudad Rama. Le sucedió el entonces obispo auxiliar, monseñor Pablo Schmitz, quien tiene como obispo auxiliar a monseñor David Zywiec. 

DIóCESIS DE MATAGALPA 

En 1913 fue parte de la Arquidiócesis de Managua, atendida por el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua con residencia en Matagalpa, fue monseñor Isidoro Carrillo y Salazar, quien a su vez fue el primer Obispo de la Diócesis, al ser creada el 19 de diciembre de 1924 por el Papa Pío XI. Cuando la creación de la Provincia Eclesiástica Managüense tuvo problemas con el delegado apostólico, monseñor Juan Cagliero. Falleció el 16 de abril de 1931. Sepultado en Catedral. 

Temporalmente asumió como administrador apostólico el Arzobispo de Managua, monseñor Lezcano y Ortega. El 29 de enero de 1932, se nombró obispo a monseñor Vicente Alejandro González y Robleto, recibió la consagración el 1 de mayo y tomó posesión el 8 de mayo. El 9 de abril de 1938, el Papa Pío XI, lo nombró Arzobispo Coadjutor con derecho a sucesión del Arzobispo Lezcano y Ortega. El 14 de abril de 1940 asumió como nuevo obispo, monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, después Obispo de León. 

A monseñor Oviedo y Reyes le sucedió monseñor Octavio José Calderón y Padilla, consagrado obispo en la Catedral de León el 26 de enero de 1947 y asumió el 3 de marzo de 1947. Falleció el 2 de marzo de 1972. El siguiente obispo fue monseñor Julián Luis Barni, nombrado el 24 de julio de 1972 y quien el 30 de julio de 1982 se tr