Esta escuela fué
fundada en 1622 por Fray Benito de Baltodano, quien es considerado legítimo
precursor del Colegio Tridentino San Ramón de León.
En 1621 llegó
a la diócesis de Nicaragua, Fray Benito de Baltodano, un español
benedictino. Entre las obras destacadas de este obispo de León
se cuentan: la fundación de los hospitales de Santa Catalina de
Sutiaba y de San Juan de Dios de Granada; la construcción de las
iglesias de Guadalupe de León y de Granada; y la fundación
de la primera escuela para enseñar castellano, aritmética
y doctrina cristiana.
COLEGIO SAN RAMON
Está localizado en el costado Sur de La
Catedral, lográndose desde el Parque Jerez una perspectiva
de edificios alineados sin cohesión visual, destacando el colegio
por su tamaño y textura, solamente superado por el monumento de
la Catedral.
Datos históricos
En 1860, bajo el impulso del Obispo Andrés
de las Navas y Quevedo, se erigió en León el Colegio Tridentino
San Ramón. Un movimiento sísmico lo destruyó y en
1752, bajo la dirección del maestro de campo Francisco Benítez
de Salamanca, se levantó el nuevo colegio. La importancia del seminario
se confirmó en 1812, cuando las Cortes de Cádiz le concedieron
el privilegio de sede universitaria, fundándose la universidad de
León. Finalmente, la universidad abandonó el edificio para
convertirse nuevamente en seminario hasta 1945.
El
26 de febrero de 1531 fue erigida la diócesis de León por
el Papa Clemente VII y a petición del Emperador Carlos V,
quien designó a Fray Diego Alvarez de Osorio como su primer
Obispo. La erección de la diócesis de León,
la confirmó el Papa Paulo III en la bula «Equum Reputamus»
del 3 de noviembre de 1534. De esta diócesis, casi siglo y
medio después de haber sido erigida, nació el «Colegio
Tridentino San Ramón», antes llamado «Seminario-Conciliar
San Ramón»; y de éste, la grandiosa universidad
de León, hoy Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua,
llamada por algunas maestras como «La pequeña gran república».
La fachada es simétrica con influencia renacentista
y neoclásico en perfecto equilibrio conseguido al resaltar la modulación
interior mediante cornisas y cadenas, disponiendo en vano en cada uno de
los recuadros; puertas en los dos niveles y balcones con voladizos en los
superiores.
El edificio arranca en zócalo y termina
en aleros con modillones, riel que sobresalen de los extremos unos hastiales
ia perspectiva en buen ritmo arquitectónico. Ante todo se distingue
el portón principal, en. el que ordenadamente se conjugan una superposición
de columnas adosadas con arcos de medio punto de rica ornamentación.
EL COLEGIO SEMINARIO DE SAN RAMON.
Jorge Eduardo Arellano , Reseña histórica
de la Universidad de León, Nicaragua.
La distribución interior es la tradicional
de patio con corredores en ambas plantas, y en este caso un chaflán
con arcadas que se abren hacia el traspatio, hoy reformado totalmente.
el Edificio está muy intervenido, afectando menos al cuerpo principal,
laterales y patios que conservan su composición original.
Llama la atención el buen uso de la madera calada en los techos,
barandas, celosías y carpintería, el maestro de característica
de la arquitectura colonial caribeña.
SIGNIFICADO GENERAL Y RESCATE DE
SU FUNDADOR ANDRES DE LAS NAVAS Y QUEVEDO.
111.1.1. VALORACION
En la capital de la provincia de Nicaragua, el
15 de Diciembre de 1680, surgió el Colegio Seminario de San Ramón
gracias al celo del Obispo Andrés de las Navas y Quevedo (1677-1682),
de la orden mercedaria más tarde arzobispo de Guatemala. Nacido
como fruto del Concilio de Trento, en actitud defensiva contra el protestantismo
europeo, formaba sacerdotes de extracción social criolla; pero ya
a finales del siglo XVIII sus aulas admitían becados indígenas
y alumnos no seminaristas. Entonces era, después de la Universidad
de San Carlos en Guatemala, el segundo foco académico de la cultura
colonial centroamericana.
Materiales y sistemas constructivos
Los muros son de
piedra en el primer nivel y en el resto de taquezal revestidos de morteros
de cal y arena. Los entrepisos tienen estructuras de madera como la cubierta,
pero también se utiliza madera en los suelos, falsos techos y carpintería.
Los pisos de la planta baja y el patio son de ladrillos de cemento con
morteros de cal y arena. Los entrepisos tienen estructuras
de madera como la cubierta, pero también se utiliza madera en los
suelos, falsos techos y carpintería. Los pisos de la planta baja
y el patio son de ladrillo de cemento con morteros de cal y arena. El material
de cubierta es de teja de barro.
JORGE EDUARDO ARELLANO RESEÑA HISTORICA DE LA UNIVERSIDAD DE LEON, NICARAGUA editorial universitaria 1988 Leon, Nicaragua-CentroAmerica
PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES Presentación
En 1973 y 1974 salió a luz, en dos tomos,
la Historia de la Universidad de León, Epoca Colonial y Epoca Moderna
y Contemporánea, 513 pp., escrita por Jorge Eduardo Arellano, publicada
por la Editorial Universitaria de la UNAN, la que se encuentra agotada
desde hace años.
Las limitaciones impuestas por la agresión
imperialista no han permitido su reimpresión; no obstante, solicitamos
a Jorge Eduardo Arellano que elaborara una síntesis por considerar
que las nuevas generaciones deben conocer la historia de la máxima
Casa de Estudios del país y con la idea de publicarla -como en efecto
se hace- en 1988 en que la comunidad educativa conmemora el XXX Aniversario
de la Autonomía Universitaria.
En esta Reseña Histórica de la Universidad
de León, Nicaragua (2a. edición abreviada), su Autor ha conservado
-extractada- la introducción que el Rector Dr. Carlos Tünnermann
B. hizo en la primera edición; redujo las excesivas notas al final
de cada capítulo y eliminó algunos del primer tomo que amplió
en otros libros. Sin embargo, Jorge Eduardo Arellano ha conservado inalterable
en esta reseña la letra y espíritu de aquella Historia.
León, Julio de 1988.
OCTAVIO MARTINEZ ORDOÑEZ Rector
Síntesis histórica
de la Universidad de León
Estracto de la introducción del libro:
Historia de la Universidad de León.
Tomo I. Epoca colonial. León, Editorial
Universitaria, 1973, de Jorge Eduardo Arellano.
Jorge Eduardo Arellano
SINTESIS
HISTORICA DE La UNIVERSIDAD
DE LEON" Por CARLOS TUNNERMANN BERNHEIM
TOMAS AYON
JORGE EDUARDO ARELLANO
Si bien sobre la historia de la Universidad
de León, existen varios ensayos, como los de los doctores Juan de
Dios Vanegas, José H. Montalván y Nicolás Buitrago
M., y también hay importantes referencias en las obras generales
que sobre la historia de Nicaragua debemos a Ayón,Gámez
y Salvatierra, lo cierto es que hasta el momento no se había
escrito un trabajo que abordara, de manera sistemática, el desenvolvimiento
de nuestra más ilustre institución cultural.
Al carácter fragmentario de los estudios
hasta ahora publicados quizás se deba que ciertos períodos
de la historia de la Universidad hayan quedado un poco en la penumbra,
sin recibir el tratamiento adecuado. En algunos casos, se advierten también
algunas contradicciones entre los autores en cuanto a los datos que proporcionan.
Se hacía, pues, muy necesaria la redacción
de una obra que aprovechando todas la fuentes disponibles, retomara el
hilo de la historia de la Universidad y nos ofreciera, mediante una rigurosa
ordenación de los datos, un panorama, lo más completo posible,
del devenir de nuestra más alta Casa de Estudios.
Convencido de la importancia de un estudio de
tal naturaleza, me permití proponer el proyecto a la Junta Universitaria
de nuestra Universidad sugiriendo, a la vez,la designación del joven
historiador nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano para que se le confiara
la tarea, dadas sus conocidas capacidades en este campo. La honorable Junta
acogió mi propuesta y el señor Arellano inició, con
singular estusiasmo, la preparación de la obra en el mes de septiembre
de 1971.
La Rectoría puso a disposición
de Arellano la bibliografía recopilada hasta entonces sobre el tema,
así como también copia de la valiosa documentación
que sobre la historia del Seminario Conciliar de San Ramón y de
la Universidad de León se conserva en el Archivo General de Indias
de Sevilla, obtenida por intermedio del eminente investigador nicaragüense
doctor Carlos Molina Argüello, profundo conocedor de ese Archivo.
El serio esfuerzo realizado por Arellano para
cumplir con su compromiso superó todas las espectativas. Habiéndosele
encargado la preparación de una historia de la Universidad de León,
desde sus orígenes en el Colegio Seminario de San Ramón hasta
el año de 1947, fecha en que se transforma en Universidad Nacional,
nos ha entregado, como fruto de su exhaustiva labor, una excelente obra
dividida en dos tomos: el primero referido a la época colonial y
el segundo desde la independencia hasta 1947.
Este primer tomo, que hoy ve la luz pública,
se inicia con un capítulo dedicado a reseñar la situación
cultural de la provincia de Nicaragua en la época colonial y, específicamente,
durante los años anteriores a la fundación del Colegio Seminario
de San Ramón Nonnato. Tras ese bosquejo, continúa con otro
capítulo sobre la evolución de la más alta Casa de
Estudios que existió en la Capitanía General de Guatemala.
Siendo que el Seminario Conciliar de San Ramón
Nonacido o Colegio Tridentino, eregido en 1680, fue el germen de la Universidad
de León. Arellano examina los antecedentes que condujeron a su establecimiento:
el mandato del Concilio de
Trento y el despacho de la Audiencia de Guatemala
del 16 de octubre de 1679 urgiendo a los obispos de León y Comayagua
para que procedieran a cumplir el aludido mandato; las providencias que,
con ánimo ejemplar, adoptó el obispo de León, el mercedario
Fr. Andrés de las Navas y Quevedo para obedecerlo; por ello dispuso
donar dos casas en cuya reparación invirtió, de sus fondos
personales, más de quinientos pesos.
Pero, como lo subraya el autor, no paró
ahí el celo del obispo fundador: redactó las constituciones
para el buen gobierno del nuevo centro; gestionó una pensión
de las Reales Cajas para su sostenimiento; le cedió parte de sus
diezmos y se encargó personalmente de cobrar las contribuciones
que, por disposición del Concilio, debían hacer todos los
curatos de la diócesis. Semejante solicitud en la fundación
del primer centro regular de enseñanza que existió en Nicaragua
confiere al obispo de las Navas y Quevedo especial relevencia en la historia
de nuestro desenvolvimiento cultural.
El ejemplo del obispo de las Navas y Quevedo
fue seguido por otros sobresalientes prelados, a quienes Arellano dedica
capítulo especial como benefactores del Colegio Seminario. Y luego,
en el siguiente, se refiere a los primeros nicaragüenses que obtuvieron
grados universitarios, Como éstos no podían obtenerse en
el Colegio Seminario de León, los Jóvenes se veían
precisados a abandonar sus hogares y emprender largo viaje hacia la capital
del Reino para colmar sus ansias de saber en la famosa Universidad de San
Carlos de Guatemala, la única que existía en la Capitanía
General.
Capítulo importante de la obra es el que
Arellano consagra a señalar la influencia de la Ilustración,
en Centroamérica. Para la historia del desenvolvimiento de las ideas,
en los albores de nuestra cultura, es de particular interés lo que
Arellano expone.
El ansia de saber, que caracterizó al siglo
XVIII español con el advenimiento de la Casa de Borbón, se
extendió a las colonias americanas. En el Reino de Guatemala se
concreta la célebre "Sociedad Económica de Amigos del País".
Pero la ilustración -como advierte Arellano-
era un fenómeno europeo que tenía su centro en Francia. Más
que en otra parte, allí el hombre del viejo mundo -insatisfecho
de su vida tradicional- tendió por mera inquietud científica
o humana a cosmopolitalizarse, a fundir todos los testimonios y noticias
sobre las razas y los pueblos como en una ciencia de la humanidad.
En él funcionaba un racionalismo investigador
que le permitía definirse no como francés, ni como español,
sino COMO hombre universal". De esa toma de conciencia, como observa Arellano,
brotó la Enciclopedia, resumen de la sabiduría del intelectual
del siglo XVIII. En España, el enciclopedismo francés se
transforma en el despotismo ilustrado, que si bien participa del mismo
" estado de espíritu" no llega al ateísmo de los franceses.
Participando de "una actitud de conciencia fundamentalmente
cartesiana, animado por la misma fe en el hombre y el progreso", el despotismo
ilustrado español, aceptó el poder absoluto del Rey, aunque
racionalizado, y "se manifestó en un reformismo económico
y social de arriba hacia abajo y en un exagerado filantropismo de carácter
personal".
Las nuevas ideas comenzaron a circular y a ganar
adeptos en las colonias americanas, a raíz de las ordenanzas liberales
de Carlos 111: 'La misma España -señala Arellano paradójicamente,
sembraba las raíces ideológicas de la independencia".
Arellano traza así los ragos del ilustrado
de aquella época:
" La mayoría de los ilustrados,
en actitud hostil hacia la escolástica, preferían la autoridad
de la Razón (así con mayúscula) como base ideológica;
y todos ellos, con decidida tendencia al cambio, profesaban una fe optimista
en el progreso y en la destrucción de la ignorancia para lograr
la reforma de los individuos y, en consecuencia, la de la sociedad".
'Volviendo a la historia de nuestro Seminario
Conciliar de San Ramón, Arellano subraya la fecunda labor desplegada
por su más insigne Rector el Padre Ayesta.
La primera preocupación del Rector fue
tratar de superar las grandes limitaciones económicas de que adolecía
el Seminario desde hacía! más de un siglo, con grave perjuicio
para la enseñanza.
En 1803 habían dejado de existir las cuatro
cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre
ellas la de Medicina y Cirugía.
De ahí que el Rector se dedicara a buscar
recursos para la dotación de las cátedras, la reparación
y ampliación del edificio, la adquisición de mobiliario,
el enriquecimiento de la biblioteca, etc. Todo esto sin descuidar el mejoramiento
de la disciplina de los colegiales y el auspicio constante de actos literarios,
que contribuyeron al despertar intelectual de la provincia. Después
vendrían sus infatigables gestiones para que se autorizara al Seminario
a impartir grados menores, con miras a transformarlo en Universidad.
El extraordinario impulso que el Seminario recibió
durante el rectorado de Ayesta lo hizo constituirse, como apunta Arellano,
en el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica.
Significativo fue también, entre los
esfuerzos de esos años, el aporte renovador del Pbro. doctor Tomás
Ruiz, mentalidad auténticamente ilustrada, que trató de superar
la enseñanza tradicional que predominaba en el Seminario.
LIV - CONDILLAC
. Este filósofo nació en 1715 y murió en 1780.
Observa con minuciosidad, clasifica con método, expone con lucidez,
pero su pensamiento es poco profundo.
La doctrina de Locke no pareció a Condillac bastante sensualista.
La reflexión, que el filósofo inglés combinaba con
las sensaciones, la miró el ideólogo francés como
inútil complicación del sistema;
en su concepto no hay dos orígenes de nuestras
ideas, sino uno solo: la sensación.
La reflexión, en su principio, no es otra cosa que la sensación
misma, y es más bien un canal por donde pasan las ideas que vienen
de los sentidos que el manantial de ellas. Todo cuanto hay en nuestros
fenómenos internos no es más que la sensación, o primitiva
o transformada. La superioridad pertenece al tacto.
Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpable su sistema ideológico,
y he aquí cómo pretende conseguirlo. Imagina una estatua
organizada como nosotros, animada de un espíritu, pero sin idea
alguna, y le supone un exterior todo de mármol que no le permita
el uso de ningún sentido, reservándose abrírselos
el filósofo según lo creyere conveniente.
Empieza en seguida por abrirle el olfato, porque le parece que éste
es uno de los más limitados en orden a la producción de los
conocimientos, y continúa luego por los demás; los considera
aislados y en conjunto, observa lo que cada cual da de sí, y por
fin se encuentra con el satisfactorio resultado de que la estatua, sin
más que las sensaciones, va adquiriendo deseos, pasiones, juicio,
reflexión; en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el corazón,
en la fantasía, en la voluntad, en el entendimiento. Son admirables
los progresos que hace la estatua, hablando Condillac por ella, como se
supone.
Tan fecundo es semejante método de observación que
el filósofo francés llegó a mirar como inútil
el supo ver que el alma reciba inmediatamente sus facultades de la Naturaleza;
basta que se nos den los órganos para advertimos por el placer y
el dolor de lo que debemos buscar o huir; con dos resortes tan sencillos
la obra del espíritu humano se hace por sí misma; la experiencia
sensible nos produce las ideas, deseos, hábitos, talentos de toda
especie.
Condillac, metido dentro de su estatua, habla como un oráculo;
se conoce que los ideólogos anteriores le parecían caviladores
frívolos; tiene una indecible satisfacción al ver que todo
lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platón, San
Agustín, Malebranche, tenían mucha dificultad en explicar
la idea del número; Condillac lo extraña, y en dos palabras
les señala el camino para salir del apuro; esos hombres habían
creído que en la idea había algo superior a lo sensible;
esto no es así; la idea del número sólo encierra sensación:
la dificultad queda solventada.
Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad
que, por ser adquirida con demasiada prontitud, deja sospechar la escasez
de su fundamento y hace presumir lo endeble de su duración.
Así ha sucedido, y si Condillac resucitase tendría el
doble desconsuelo de ver las funestas consecuencias que por de pronto se
sacaron de su doctrina y el que en la actualidad su sistema ha caído
en un profundo descrédito en toda Europa, incluso en Francia. (V.
Filos. fund., lib. IV, caps. I y II. —Ideología, cap. I.)
Historia de la Filosofía - Jaime Balmes
Capítulo LIV - CONDILLAC
Capítulo LIII - Hume
Capítulo LV - Kant
En su clase de Filosofía, el Pbro.
doctor Tomás Ruiz, impartía a Condillac. La presencia de
Ruiz en el Seminario, del que fue Vice Rector por cinco años, hizo
posible que el espíritu de la ilustración vivificara las
aulas del antiguo Seminario. Desde su cátedra el prócer esparció
la nueva ideología, que debía rápidamente prender
en varios de sus alumnos más brillantes.
Uno de ellos fue el célebre bachiller
Francisco Osejo, natural de Subtiava, quien llevó estas ideas a
Costa Rica, donde fue el animador de las ideas independentistas. Por ellas
el Ayuntamiento de Cartago le llamó "genio inquieto y perturbador".
"Por lo visto -afirma Arellano- Ruiz divulgó en el Seminario una
corriente de pensamientos distinta de la tradicional que no hizo variar
su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos discípulos
que salieron del estrecho círculo del escolasticismo, nutriéndose
de nuevas doctrinas".
Pero, con todo y el florecimiento que el Seminario
alcanzó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, carecía
aún de la facultad de conferir grados universitarios. Por eso el
Rector Ayesta inició gestiones ante la Corona para que se autorizara
al obispo de la diócesis a conferir grados mayores y menores, a-
los alumnos del Seminario. Pero la autorización se limitó
a grados menores contrariando así, en gran medida, los anhelos del
Rector Ayesta, que ambicionaba los grados mayores.
Sin embargo, algo se había logrado en beneficio
del Seminario. Para dar relieve al acto de recepción de la Real
Cédula, el Rector dispuso celebrar una misa solemne con asistencia
del claustro y de las principales autoridades de la ciudad, durante la
cual hizo uso de la palabra, con su reconocida elocuencia, el doctor Tomás
Ruiz, Vice-Rector, del Seminario y Catedrático de Filosofía.
La Universidad menor recibe la protección
de los obispos Vílchez y Cabrera y García Jerez. A la muerte
de Ayesta, a mediados de 1809, correspondió al obispo García
Jerez, promovido a Gobernador Intendente de la Provincia, continuar las
gestiones encaminadas a convertir en Universidad completa "ta media que
funcionaba en el Seminario".
Mientras tanto, como puntualiza Arellano, se habían
producido importantes acontecimiento políticos en la Península:
la decadencia de la monarquía absolutista de los Borbones españoles
llegó a su punto más crítico con la proclamación
de de José Bonaparte como Rey de España y el cautiverio de
Carlos IV y su hijo Fernando VII. Las Cortes de Cádiz, en las que
predominó un espíritu liberal y constitucionalista, asumieron
el gobierno en nombre de Fernando VII.
En esas Cortes Centroamérica estuvo representada
por Antonio Larrazábal, José Antonio López de la Plata
y Florencio del Castillo. Estos dos últimos representaban a Nicaragua
y Costa Rica y habían estado ligados al Seminario. Ante esas Cortes,
a fines de 1811, envió su testimonio el obispo García Jerez
pidiendo la erección de la Universidad.
Estas, finalmente, expidieron el tan esperado
decreto del 10 de enero de 1812 por el cual autorizan que el Seminario
Conciliar de León de Nicaragua se erija en Universidad "con las
mismas facultades que las demás de América". Se cumplían
así los anhelos del Padre Ayesta, aunque éste no logró
vivir para ver realizada su aspiración. Al obispo García
Jerez le correspondió completar la obra de Ayesta y llevarla a feliz
culminación.
El diputado por Nicaragua, José Antonio
López de la Plata, pidió el cumplimiento inmediato de lo
acordado por las Cortes, proponiendo, entre otras cosas, que la Universidad
se llamara de San Fernando, en honor del Rey Fernando VII, y que se gobernara
por constituciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pero el
12 de febrero del mismo año, nos dice Arellano, el español
Antonio de la Cuesta rindió un informe crítico sobre la situación
del Setminario que por poco da al traste con la ejecución del acuerdo
de las Cortes.
En efecto, de la Cuesta aseguraba en su informe,
entre otras cosas, que un solo catedrático enseñaba, en dos
horas diarias, lógica, metafísica, aritmética, álgebra,
geometría y Física, lo que sólo podía conducir
a que sus discípulos adquirieran "nociones vagas y superficiales"
de tal cúmulo de materias; que no podrían darse grados mayores
ni menores en Filosofía ni en Derecho Canónico, "pues tomando
en cuenta los textos que se leían en ésta (el Van Selvaglo
y el Febeo) merecería el nombre de conferencia al aire libre sobre
cualquier punto de la misma materia antes que el de una instrucción
metódica,
Síntesis Histórica de Universidad
de León •ceñida a los elementos de la ciencia como era indispensable".
De la Cuesta llega incluso a decir, en su demoledor informe, que no concebía
cómo podía autorizarse el conferimiento de grados menores
en ciencias eclesiásticas siendo que "en la cátedra de Teología
Moral se explica la Suma del Padre Larraga", texto que consideraba obsoleto
e inadecuado.
Otra dificultad que se presentó para la
instalación definitiva de la Universidad fue de carácter
económico: el Fiscal del Consejo de Indias exigía, antes
que se procediera "a la formación del plan y de la constitución
de la Nueva Universidad" que el obispo y la provincia en general, designaran
los fondos necesarios "para la completa dotación de los maestros
y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras y el método
de estudios conveniente".
Lo cierto era que las rentas no daban para cubrir
las cátedras. La de Medicina había vuelto a desaparecer por
falta de fondos. El Seminario, como nos informa Arellano, tenía
a la sazón siete cátedras y su dotación sumaban mil
quinientos pesos.
El 19 de agosto de 1813 las Cortes expidieron
un nuevo decreto para dar pronto cumplimiento al del 10 de enero de 1812.
En este decreto las Cortes ordenan que la Universidad
de León observe las Constituciones de la Universidad de Guatemala;
que el obispo de la Diócesis y el Gobernador Jefe Político
del partido procedan a nombrar Rector, eligiéndolo entre los doctores
que residan en la ciudad; que se nombre Cancelario al Maestre Escuela de
la Catedral; facultan al Rector y Cancelario a habilitar para examinadores
de los grados de Licenciado o Doctores, a falta de éstos, a los
catedráticos del Seminario, hasta tanto se complete el número
de ocho Doctores; completado ese número, el Rector y el Cancelario
procederán a instalar la Universidad, nombrando Secretario, Conciliarios,
Bedeles, etc...
Las autoridades de la provincia iniciaron de inmediato
el cumplimiento de las resoluciones de las Cortes, pues existía
el más ferviente deseo de ver realizado, cuanto antes, el viejo
anhelo de contar con una Universidad plena. Arellano nos reseña,
en el capítulo IX de su obra, las medidas que las autoridades competentes
adoptaron en tal sentido: el 18 de abril de 1814, el obispo y el Gobernador
eligieron como primer Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones
Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José
Zelaya; el 30 de abril el Obispo dio posesión solemne al Rector.
Sin embargo, como señala Arellano, una
causa mayor impidió esta vez que la Universidad se instalara: el
absolutismo de Fernando VII, quien de regreso al trono en 1814 disuelve
las Cortes y deroga toda su obra, "declarando nulos sus actos, como si
no hubieran pasado jamás y se quitasen de en medio del tiempo..."
En esta forma, todas las gestiones realizadas hasta entonces se vinieron
al suelo. Fue preciso emprender de nuevo la larga lucha iniciada por Ayesta
y llevada a feliz término por el obispo García Jerez.
El infatigable obispo se dirigió entonces
al Monarca suplicándole autorizara la instalación de la Universidad,
pues era de absoluta necesidad su. establecimiento. El Soberano escuchó
al prelado y expidió el 5 de mayo de 1815 la Real Cédula
de autorización, la que "al llegar a León, causó mucho
regocijo".
Pero faltaba aun otro obstáculo que superar:
no había en la ciudad el número necesario de doctores para
integrar el Claustro. "Entonces, nos refiere Arellano con su acostumbrada
tenacidad, García Jerez comunicó al Secretario de Estado
y del Despacho Universal de Indias el 4 de noviembre del mismo año
que, para dotar algunas cátedras y los reparos de la existencia,
proponía. "el que su Real Magestad se dignase conceder el dictado
y honores a algunas personas beneméritas del Estado Eclesiástico".
Para tales honores propuso al Deán Juan
Francisco de Vílchez y Cabrera y al Canónigo Miguel Jerónimo
Guerrero de Arcos.
Luego, como lo advierte Arellano, el obispo, al
parecer resuelto a inaugurar a la mayor brevedad posible la Universidad,
sin esperar respuesta a sus nuevas solicitudes, procedio a nombrar a los
primeros empleados, a tomar posesión él mismo como Cancelario
de la Universidad y a habilitar, en unión del Rector, a los graduados
que actuarían como doctores en los primeros exámenes de grados.
Estos fueron: el Lcdo. Nicolás Buitrago,
catedrático de Instituta; el Lic. Manuel López de la Plata,
catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero,
catedrático de Teología Escolástica y Br. José
María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía.
Y, como estos no eran suficientes para sus propios exámenes, fueron
habilitados el Padre Lector de Teología del convento de la Merced
Fr. Antonio Capará y los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro
Caballero.
Completado el número de doctores previsto
en los decretos, el obispo procedió a la instalación oficial
de la Universidad a las nueve de la mañana del día 24 de
agosto de 1816, en la Sala Capitular del Palacio de la Diócesis.
Culminaron así muchos años de gestiones, a las que consagraron
sus mejores energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás
Ruiz y Nicolás García Jerez.
Estos tres excepcionales eclesiásticos
son los auténticos fundadores de la Universidad de León.
A ellos consagra Arellano, con toda justicia, un capítulo especial
de su obra en el que reseña sus biografías y méritos.
Ellos constituyen la rutilante trilogía
que puso los cimientos de la vida universitaria en Nicaragua. La deuda
de la Patria y de la Universidad con estos ilustres varones, por lo que
en medio de tantas dificultades y estrecheces hicieron, es verdaderan1ente
muy grande. Para Arellano quien más merece el título de fundador
de la Universidad de León es el obispo García Jerez, pues
a sus gestiones se debieron los decretos del 10 de enero de 1812, que erigió
Universidad en el Seminario Conciliar de León y el del 19 de agosto
de 1813 que autorizó su instalación.
También a él se debió la
Real Cédula de confirmación del 5 de mayo de 1815 y todas
las medidas que permitieron su instalación definitiva el 24 de agosto
de 1816.
Capítulo aparte merece, para Arellano,
la situación del indio frente a la educación superior. En
esta sección hace ver que si bien la Universidad estaba abierta
a los indios (y uno de ellos Tomás Ruiz, llegó a figurar
entre los fundadores de la Universidad), lo cierto es que el acceso se
limitaba a la minoría indígena noble y rica; es decir, a
los descendientes de indios que colaboraban con el gobierno colonial. "
Tal fue el caso -nos dice Arellano- de Tomás Ruiz, indio descendiente
de los caciques del pueblo de Chinandega", cuyos padres eran "tenidos por
principales de aquel pueblo en el que ha ejercido oficios políticos
y militares" y el de Juan Modesto Hernández "indio noble de subtiava,
bachiller en Derecho de la Universidad de San Carlos". "pues bien -añade
Arellano- la realidad era ésta: a pesar de la igualdad legal entre
españoles e indios establecida en las constituciones de la Universidad
Carolina para ingresar a la misma, sólo los indios nobles tenían
esa posibilidad; los demás permanecían condenados a la opresión
económica desde los primeros años de la conquista. Sólo
así, en este sentido, hay que interpretar el referido inciso que
dice: ... se declara que los indios (como vasallos libres de Su Magestad)
pueden y deben ser admitidos a grados".
El capítulo XII está dedicado a
reseñar las primeras gestiones del Claustro y de las autoridades
de la recién instalada Universidad. Y el XIII al Padre Dr. Tomás
Ruiz, a quien hasta ahora la historia oficial no ha hecho justicia. Este
olvidado prócer revolucionario de nuestra Independencia es, sin
duda, una de las figuras más singulares que han nacido en Nicaragua:
indio de raza, alumno distinguido del Colegio Seminario, del que llegó
a ser Vice Rector y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de cuyo
claustro formó parte, fue uno de los fundadores de la Universidad
de León y prócer auténtico de la Independencia, por
lo cual luchó dentro de una línea verdaderamente revolucionaria,
participando en varias conjuras y alzamientos que le valieron duras condenas.
La Universidad Nacional, interesada en dar a conocer las ejecutorias de
este universitario "ilustrado" y radical, que con tanto fervor y patriotismo
abogó por una Independencia que implicara un cambio del sistema
y un auténtico avance social, publicó el año pasado,
en su "Colección popular" una biografía del Padre Ruiz, escrita
por el propio Arellano. La inclusión de este capítulo sobre
Ruiz en la historia de la Universidad de León está más
que justificada, pues el "Padre-indio" es uno de los universitarios más
valiosos que ha tenido Nicaragua.
El primer tomo termina con un capítulo
de recapitulaciones y conclusiones. También trae como anexos una
sección de documentos, donde se reproducen, entre otras cosas, la
historia de San Ramón Nonnato, tal como la cuenta Fray Justo Pérez
de Urbe¡ O.S.B.; partes dispositivas de las constituciones del Colegio
Seminario, la relación de méritos y ejercicios literarios
de don Rafael Agustín Ayesta; el dictamen del Real Claustro de la
Universidad de San Carlos de Guatemala sobre la concesión de la
facultad de otorgar grados mayores y menores al Seminario Conciliar de
León; las letras testimoniales sobre Tomás Ruiz; la relación
de méritos y ejercicios literarios del doctor Francisco Ayerdi y
el acta de instalación de la Real Universidad de León de
Nicaragua.
A la sección de documentos sigue una cronología,
que va desde el 10 de enero de 1678 hasta el año de 1819. Cierra
la obra un apéndice informativo y la reseña de las fuentes
bibliográficas y documentales.
La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua,
como legítima continuadora de la ilustre Universidad de León,
se complace en publicar esta Historia. Su edición representa para
el suscrito uno de los logros de su rectorado que más le llenan
de satisfacción.
León, junio de 1973.
DESARROLLO 1 En su trabajo monográfico "Fundación
del Seminario y la Universidad" (1939), Sofonías Salvatierra ha
referido detallada y documentalmente el desarrollo cronológico del
primer centro: cómo se remonta a 1678, cuando fueron creadas en
León las cátedras de Latinidad y Lenguas Indígenas
-impartidas respectivamente por los presbíteros y licenciados Antonio
Díaz de Expliella y Cristobal Gutiérrez-; cómo se
erige en Colegio Seminario el 15 de Diciembre de 1680, sostenido por los
diezmos y contribuciones del obispado de León y el producto de una
encomienda de Nindirí;
cómo es apoyado por los
obispos del siglo XVIII:
el dominicano Agustín Morel de Santa
Cruz, los españoles Esteban Lorenzo de Tristán y Juan
Félix de Villegas,
y los nicaragüenses Juan Carlos Vílchez
y Cabrera y José Antonio de la Huerta y Caso;: cómo se aumentan
sus cátedras, proyectándose en las demás provincias
del Reino de Guatemala, especialmente en Costa Rica; cómo es reactivado,
renovado por el Pbro. Rafael Agustín Ayesta, su principal Rector;
Ayesta promueve el despertar intelectual de
la provincia a finales del XVIII y principios del XIX, hasta tal punto
que el 15 de mayo de 1807 se transforma en media universidad, con la facultad
de conferir grados menores de bachiller en Filosofía, Medicina,
Derecho Civil y Derecho Canónico; cómo, el 10 de enero de
1812, se autoriza en él -llamado entonces Seminario Conciliar- el
funcionamiento de la Universidad"con las mismas facultades de las demás
de América"; cómo. en fin, el 24 de agosto de 1816 se instala
definitivamente en su edificio, fundiéndose con ella. la misma Real
Universidad de la Inmaculada Concepción de León.(34) 111.1.3. IMPORTANCIA universitaria por antonomasia del país,
el centro de la formación de los creadores republicanos de Costa
Rica y Honduras, la gestora más importante de la super-estructura
ideológica de nuestra sociedad, la promotora de la ciencia y el
desarrollo jurídico del Estado, la conservadora -en fin- de la tradición
viva de Nicaragua. La irradiante sombra intelectual de este abuelo de los
colegios centroamericanos -como lo ha llamado Monseñor Marcelino
Areas-, trasciende intrahístóricamente, en pocas palabras,
a nuestros días. Hijo del espíritu eclesiástico
de León y apéndice de su obispado, el San (Ramón fue
producto de la cultura católica, universal y unitaria de la colonia;
y sus aulas prepararon a centenares de latinistas y filósofos, de
canonistas y sacerdotes, de médicos y abogados, de políticos
e intelectuales que sería interminable citar; pero muchos de ellos
fueron hombres que ingresaron a la historia de Nicaragua contribuyendo
a su desarrollo cultural.
111.1.4. INTEGRACION ALA REALIDAD Mas no se crea que el Colegio Seminario San
Ramón permanecía ajeno, antes de la independencia, a la mundanidad;
ni que rechazaba las inquietudes políticas. Bastante conocida es
la activa participación de uno de sus rectores y de los seminaristas
en unos conflictos con el gobernador Antonio Poveda y Rivadeneyra, a principios
del Siglo XVIII. "En el mes de junio de (1737)recibió aviso el gobernador
-narra el historiador Gámez de que en el Colegio Seminario había
con frecuencia reuniones públicas de seglares, en las que acaloradamente
se discutía sobre los medios de levantar al pueblo, consintiendo
además juegos prohibidos, en que tomaban parte los alumnos" (35)
Aparte de no estar completamente inmersos en los estudios teológicos,
los seminaristas tampoco se mantenían totalmente puros, culminando
todo ello con una sentencia del Vicario Eclesiástico que, clavada
en la puerta del Seminario, destituía al Rector y prohibía
la continuación de esos juegos y reuniones. Esta conciencia de integración a la
realidad culminaría el 4 de junio de 1823, cuando los estudiantes
de la Universidad de León se iniciarían en la política
nicaragüense, intentando un movimiento armado -contra las autoridades
del Imperio Mexicano- que postulaba los principios de libertad y soberanía
del pueblo en oposición al anexionismo, todavía monárquico,
de Iturbide. Y es que en el Colegio Seminario San Ramón ya se había
incubado una, corriente ideológica antiescolástica y moderna
que lo convertía en cen tro propulsor. de ilustración con
la presencia de Fr. Buenaventura García, discípulo del reformador
científico de la Universidad de San Carlos, el costarrricense Fr.
Antonio Liendo y Goicoechea, y sobre todo con la del Dr. Tomás Ruiz,
el célebre Padre-indio, alumno primero y luego Vice-Rector, entre
1802 y 1805, del San Ramón.
111.1.5. NAVAS Y QUEVEDO Y SU FIDELIDAD EVANGELICA
ANTE LA OPRESION COLONIALISTA Pero lo que deseamos recordar no son los afanes
fundadores del Obispo Navas y Quevedo, ampliamente expuestos por Salvatierra
en su monografía citada, sino su poca divulgada fidelidad evangélica
ante la opresión colonialista; no su gloriosa actividad educativa,
que hizo posible en la pequeña provincia española que era
Nicaragua una institución casi superior solamente cuarenta y cuatro
años después de Harvard College, sino su denuncia de las
depredaciones de algunas autoridades coloniales; no la erección
misma del Colegio Seminario -sus constituciones, sostén económico,
horario, primeros alumnos, etc. sino su testimonio cuestionador del sistema
que le tocó vivir, a raíz de su única visita pastoral.
(361. Esta la hizo para cumplir con el encargo del
rey: el envío de una serie de informes sobre el estado de la diócesis.
Comentando dichos informes, afirma un historiador guatemalteco: "Un huracán
o terremoto no hubiera causado menos estrago que el que fray Andrés
hizo en los ánimos de todos aquellos que hasta el momento habían
vivido cometiendo toda clase de abusos de autoridad, robos, atropellos
y vejaciones". Y tiene razón, porque Navas y Quevedo denunció
clara, contundentemente, a los principales responsables de la explotación
de la provincia durante esos años. En carta fechada en Granada el 6 de abril
de 1679, el obispo apunta que acababa de difundir un edicto, mandandoa
los curas y doctrineros lohiciesen notorio al pueblo, inter missarum solemnia,
"para que los miserables indios que se hallaren agoviados de sus Gobernadores,
Corregidores y Alcaldes Mayores, acudiesen a Granada con sus querellas,
dentro de treinta días de la fecha, para poner la noticiaen los
Reales pies de vuestra Majestad"; y añade "No se ha cumplido el
término de los treinta días y ya son diez y siete los (pueblos)
que han acudido con sus querellas de latrocinios, robos, malos tratamientos
y de execrables tratamientos y de execrables maldades, hechas por sus corregidores,
Gobernadores y Alcaldes mayores". Mas el obispo no ocultaba los nombres
y detallaba los atropellos cometidos por los últimos.
En Sébaco denunció al Corregidor,
el vizcaíno Jacobo de Algayaga, de quien señala que "dos
pestes generales no hubieran hecho el estrago que este tirano ha hecho,
en esta provincia, con estos miserables indios, con sus tratos y contratos
de ropas prohibidas, comercios de brea y añil, quitándoles
públicamentes a los pobres indios sus mulas, cera, vacas, miel y
caballos, que son los frutos de esta provincia, sin dejar senda a los pobres
naturales por donde respirar". Y agrega el obispo que al vecino de Muy
Roque Díaz -indio que había sacado de las monta,ias muchos
indios caribes que convirtió luego a la fe católica-- Alcayaga
le despojó su caudalillo consistente en setenta vacas y once mulas,
"Es la guadaña de este tirano -continúa Navas y Quevedo -,
como la de la muerte, que a ninguno perdona; tiene ultrajadísimo
el estado eclesiástico porque le predican y reprenden su mala vida". En viaje a Costa Rica, el obispo comprobó
las opresiones del gobernador de esa provincia: Juan Sáenz; y en
El Realejo las del Corregidor José de Víllalobos: "Este es
el peor de los dos que llevó referidos -especifica-; con sus tiranías
y sus tratos y comercios, la mitad de los indios de su partido se han consumido,
unos muertos y otros fugitivos a la montaña, sin reservarles a estos
miserables, ni un triste día de fiesta, de la triste tarea de sacar
maderas del monte, para fábricas de navíos que se fabrican
en El Realejo, tomando el Corregidor el dinero del que fabrica y dejando
a los miserables indios sólo el trabajo de conducirles a El Realejo...Este
es el santo gobierno de José de Villalobos, Corregidor del Realejo",
concluía irónicamente su informe acerca de este explotador.
Y en cuanto a otra autoridad más de esta calaña, el Corregidor
de Subtiava, Navas y Quevedo lo denunció también como tal:
"En estas mismas culpas está comprendido Don Diego Valdés,
Corregidor de Subtiava y en otras peores tiene estancado hasta el respirar
de los pobres indios, y dice con mucha desvergüenza, que si no es
obrando como obra, ¿cómo ha de sacar tres mil pesos que le
costó el dicho Corregimiento?.
El obispo denunció, asimismo, los abusos
y subterfugios de otro tirano: el deán y Comisario del Santo Oficio
Ginez Ruiz, quien gobernaba la diócesis vacante tras el faIlacimiento
del antecesor de Navas y Quevedo. Este, pues, tuvo que enfrentarse al deán
-que por su parte no dejó de desatarle la guerra y de calumniarlo-
hasta que logró desterrar de León.
Sin embargo, no todo era desastroso en la
provincia, pues ésta había sido gobernada por un sujéto
que, después de un conflicto con los criollos granadinos, terminó
de hermano coadjutor jesuita en México, Nos referimos a Pablo de
Loyola, elogiado por Navas y Quevedo: "(En Nicaragua) ha gobernado seis
años el Capitán Don Pablo de Loyola, con la aprobación
general de todos, que puediera haber gobernado el Apóstol San Pedro;
ojalá Señor, fuera su gobierno eterno...: ojalá del
espíritu de Don Pablo de Loyola pudiera, Vuestra Majestad, vestir
las almas de los que gobiernan en estas provincias de mi Obispado; a boca
llena todos le llaman el Gobernador santo'.
Con la anterior denuncia de la injusticia,
el hombre del siglo XVII que fue Navas y Quevedo queda rescatado para nuestros
días, pues detrás de ella se halla una orientación
evangélica de signo popular, continuadora de la desarrollada por
el obispo Antonio de Valdivieso en el siglo XVI, pero sin la condición
excelsa del martirio de éste.
Galería
"Obispos de León" Monseñor Bosco Vivas R. 111.1.6. EL "VIEJO LEON ESPAÑOL" Finalmente, queremos recordar que el San Ramón
no sólo ha constituido una piedra angular de la cultura nicaragüense:
también ha sido un celoso guardián de ese viejo León
español que, según el General Sandino en su "Manifiesto a
los hombres del Departamento leonés", es "símbolo
espiritual de este globo terrestre—. 111.2. EL RECTORADO DE RAFAELAGUSTIN AYESTA
Con el rectorado de Rafael Agustín
Ayesta a partir de 1787, el Seminario Conciliar recibió un nuevo
impulso. Por algo en 1799, cuando gozaba de una decena de cátedras,
ya se pedía para él la facultad de dar grados académicos
con las mismas prerrogativas de la Universidad de San Carlos: el 3 de Noviembre
de ese año el Ayuntamiento de Cartago aprobó la idea expuesta
por Francisco Ruiz de Santiago, Procurador General de la Provincia de Costa
Rica.(38)
111.2.1. INICIO DE LA PROYECCION CENTROAMERICANA Se gestaba su proyección centroamericana
-que más tarde alcanzaría proporciones mayores-, formando
a la mayoría de los sacerdotes costarricenses y recibiendo a jóvenes
de las provincias de Honduras y El Salvador: "con sólo la noticia
del estado en que se hayan las letras en este Colegio -informa el Gobernador
Intendente en Octubre de 1803-, no faltan jóvenes de dichas provincias
que hayan venido a fin de estudiar—. (39)
111.2.2. LAS CATEDRAS Cinco meses antes de redactarse este informe,
habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas y sostenidas
por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y Cirugía;
:,'se acabaron con su fallecimiento—, afirmaba el mismo funcionario, agregando:
"No prometían una estabilidad que convenía al intento—. Por
eso no las incluyó entre las que enseñaban a fines de 1803:
Cátedra Catedrático
Alumnos Horas Dotación anual Latinidad (o Gramática Latina) Francisco
Chavarría 73 cuatro 200 pesos
Teología Moral Rafael Agustín
Ayesta 15 una 200 pesos
Filosofía Tomás Ruiz 38 dos 200
pesos
Sagrados Cánones Francisco Ayerdi 19
dos 300 pesos
Teología Escolástica
una 200 pesos
Instituta Civil Nicolás Buitrago Sandoval
11 una 200 pesos
Leyes Manuel López de la Plata 11 una
200 pesos
Las dos primeras cátedras, subsistentes
desde la fundación del Seminario, estaban dotadas por la real caja
y las restantes de nueva erección, salvo la de Leyes -mantenida
por el rédito o interés devengado de doscientos pesos por
los cuatro mil que había cedido para ese fin el difunto Arcediano
José Antonio López de la Plata- por sus propias rentas. Persuadido
de que ningún catedrático dejaba de cumplir sus funciones
por falta de sustentación económica, el Gobernador consideró
que esos fondos no perjudicaban los otros gastos indispensables y confirmaba:"pues
es notorio que el presente Rector ha reedificado la casa del Seminario,
fabricado un oratorio, proveído de ornamentos, al mismo tiempo que
han estado corrientes las rentas de los catedráticos y los alimentos
de los seminaristas, por lo que no duda en afirmar el Intendente, que además
de ser suficientes las dotaciones, son competentes los fondos de donde
sacan contribuciones, y aseguran su estabilidad y permanencia".
111.2.3. EL GOBIERNO ECONOMICO Ayesta había solucionado el gobierno
económico, la mayor deficiencia del Seminario por muchas décadas,
desde los primeros años de su rectorado. Florencio del Castillo,
a propósito, alude a sus paternales sacrificios en ese aspecto,
exclamando: " ¡Qué economía para ahorrar los gastos
superfluos. Qué industria para aumentar sus rentas".(40) Además
de agregar varias piezas al edificio y de amueblarlas convenientemente,
aumentó la biblioteca; en síntesis: se entregó de
lleno al Seminario y a sus alumnos, vigilándolos con disciplinada
constancia para establecer el orden necesario. Uno de sus contemporáneos
recuerda que se valía de mil arbitrios para promover sus adelantos,
inspirándoles una noble emulación con exhortaciones, reprensiones
y castigos. Y un divulgador de viva tradición apunta que cuidaba
de los mismos "como buen padre de familia, sentándose con ellos
a la mesa diariamente y dándoles ejemplos de frugalidad y buenas
costumbres". (41 )
111.2.4. EL DESPERTAR INTELECTUAL DE NICARAGUA La provincia comenzó a despertar intelectualmente
debido al infatigable celo de Ayesta. Aunque de mentalidad tradicional,
fortalecida con el ejercicio de la virtud y del amor al prójimo,
el último era un "ilustrado" por su espíritu progresista.
"El amor a las ciencias - refiere el citado del Castillo- fue su pasión
dominante; su alma ilustrada conocía muy bien las utilidades, que
resultan de su cultivo".(42) Durante su rectorado los actos literarios
eran frecuentes. De¡ Castillo, su discípulo, expresa la satisfacción
que le causaba el progreso literario de los niños: " ¡Que
gozo sentía su alma, cuando un alumno en una edad tierna defendía
en público, y con lucimiento, algunas conclusiones" (43)
111.2.5. EL EXAMEN DE FLORENCIO DEL CASTILLO El examen que defendió el mismo del
Castillo, al terminar sus estudios, repercutió en Guatemala. Allí,
en 1797, un eclesiastico había dicho que Nicaragua era "la Noruega
de la literatura": pues bien, el examen aludido exigía rectificar
esa calificación peyorativa. Al recibirse en la capital del Reino
su tarja manuscrita, un redactor de la Gazeta de Guatemala apuntó
el 20 de Junio de 1802: "Acordándonos de esta negra nota (haber
llamado Noruega de la literatura a Nicaragua) damos lugar en nuestro periódico
a la siguiente tarja que de la ciudad de León se ha remitido a ésta
para imprimirse, como se acaba de hacer en castellano con las correspondientes
licencias. Por ello se juzgará o que Nicaragua no estaba tan en
tinieblas, o que después de cinco años le ha entrado su competente
Crepúsculo de luz". (44)
Bajo la dirección del catedrático
de Cánones, Francisco Ayerdi, el examen versó sobre."las
conclusiones que ofrecen los Cánones comprendidos en el Código
que vertió Dionisio Exigno, y las que dan los aumentos del código
griego, hasta los Cánones del séptimo Concilio general de
la Iglesia Romana—, dando el sustentante "razón de los colectores,
autoridad y tiempo en que se hicieron los códices de que usó
la Iglesia en los primeros ocho siglos, y las demás cosas que conduzcan
a su perfecta inteligencia". (45) Un años después, ya catedrático
de geometría elemental, del Castillo dirigó el examen de
sus alumnos Miguel Alegría y Francisco de Benavente, como da cuenta
la Gaceta el 28 de Noviembre de 1803(46) Ese periódico recogía
frecuentemente crónicas sobre los eventos innovadores del Seminario,
como el dirigido por Tomás Ruiz, catedrático de Filosofía.
Este examinó a sus alumnos Félix Pedro Avilés, Juan
de los Santos suazo, José Dolores Calvo y Desiderio de la Quadra,
quienes sostuvieron los siguientes puntos: "De Lógica: elementos
del arte de pensar, por Condillac; de Metafísica: su naturaleza,su
división y las materias de que trata. De la (Metafísica)
especial: La existencia de Dios, exponiendo y refutando los varios sistemas
de los ateístas. La incorporeidad del alma: explicando el origen
de sus ideas y las opiniones que hay sobre !su; mutuo comercio."(47) 111.2.6. LOS ACTOS LITERARIOS En esos actos literarios -así se denominaba
a las disertaciones públicas- los actuantes merecían "el
aplauso de su instrucción" y los catedráticos daban "pruebas
nada equívocas de su eficacia".(48) Para Octubre de 1803 habían
tenido lugar cuatro y se disponía de otro de Instituta Civil, cuyas
tarjas ya estaban impresas en Guatemala. En León no había
imprenta, aunque era uno de los sueños de Ayesta, motivado seguramente
por las numerosas tarjas que salían del Seminario. A los pocos años
José Cecilio del Valle, en efecto, deseaba que la Diputación
Provincial de León "con el fondo de propios, o el de comunidades
o por suscripción de patriotas, compre una imprenta en España,
en la Habana, o en el norte de América, y se realizen los pensamientos
del benemérito eclesiástico D (on) Rafael Ayesta".(49)
El Seminario Conciliar de león, como
se dijo, constituía el segundo foco académico de la cultura
colonial en Centroamérica. Surgido a mediados del siglo XVII, su
fin era recoger a la juventud y educarla en buenas y loables costumbres
-de acuerdo a sus constituciones- para que fuera útil a la Catedral,
de acuerdo con el mandato del Concilio de Trento. Desde entonces se prefería
a los naturales y domicilarios de la provincia que, a fines del XVIII,
estudiaban para ocupar los cargos administrativos y eclesiásticos
monopolizados por forasteros.
Hasta 1787, su desarrollo fue muy pobre: no
había egresado de sus aulas el número de sacerdotes que se
necesitaba ni éstos obtenían el nivel cultural esperado.
Pero Ayesta remedió la situación, preocupándose por
las costumbres de los seminaristas: gracias a él "cada niño
que recibía en el Seminario, juzgaba que la Provincia le había
puesto a su cuidado, para que conservase su inocencia, para que formase
un verdadero Cristiano, un Eclesiástico perfecto" 350)
111.2.7. PERSONALIDAD Y OBRA DE AYESTA El celoso Rector poseía el secreto
de hacerse amar y respetara¡ mismo tiempo: sus discípulos
le obedecían sin exasperarse, le temían sin aborrecerle y
le amaban sin despreciarlo'. A mediados de 1809, al morir su obra había
incluido muchos exámenes públicos -en los cuales se defendieron
conclusiones doctas y extensas- y numerosos ministros formados bajo su
dirección y conducta, "jueces íntegros, jurisconsultos sabidos,
y facultativos hábiles, que ejercen sabiamente el arte de la salud".
Por su parte, el hecho de que la Ilustración se había difundido
hasta en las clases inferiores de los barrios obligó al último
Vice-Rector del Seminario, Florencio del Castillo, a formular la siguiente
pregunta afirmativa a las honras de sus funerales: "¿Esta circunstancias
sola, no ha hecho que León sea la primera ciudad, después
de la capital del Reyno?".
111.2.8. LA ENSEÑANZA TRADICIONAL Una enseñanza tradicional, como se
ve, predominaba en el plantel de virtudes y letras que era el Seminario.
Casi todos los textos leídos en sus cátedras tenían
esa característica, por ejemplo el natal de Alexandro Ligorio Echarri
y el compendio de Lárraga, ocupados por Ayesta en sus clases de
Teología. La Filosofía andaba por ese mismo camino: era escolástica,
como el curso que había impartido de 1792 a 1794 el Br. José
Antonio Chamorro, egresado del Colegio Tridentino de Guatemala y autor
de unas Proposiciones/ et universa Aristotelico ThomisticaUFilosofia y
del siguiente folleto de cincuenta páginas:
Enchyridio Thesium and certamen dogmatico-historico,
critico, morale, Teologicum, circa principaliores y Virtutes, Fidel Scilicet,
Spem & Charitatem; atque ipfarum vitia appofita, ex devoto animo sacratum
Sancto Ignatio de Loyola Sociatatis Jesu Fundator, atque in spsius honorem
defenditur in Regia, Pontificia Carolina palestra hujus N. Guatimalae,
D. O. M. Ipsius Genitrice semper Virgen....(51) Dr. Tomás Ruiz, el célebre Padre-indio,
alumno primero y luego Vice-Rector, entre 1802 y 1805, del San Ramón. 111.2.9. LAS MENTALIDADES ILUSTRADAS Sin embargo, no todos los estudios del Seminario
eran tradicionales. Tomás Ruíz, conocido por su auténtica
mentalidad ilustrada y por su reacción antiescolástica en
Guatemala, impartía a Condillac en la clase de Lógica de
su cátedra de Filosofía en 1803. Por tanto: la Ilustración
se enseñaba oficialmente en el Seminario. El mercedario Fr. Buenaventura
García se hizo cargo de la Teología Escolástica por
unos meses, hasta que fue destinado a la encomienda de Tegucigalpa, probablemente
por su convicción racionalista; participante de la reforma universitaria
de Liendo y Goicoechea, había sostenido en 1785 que "el conocimiento
de las cosas puramente naturales no debe ser inquirido por los estudios
de las Sagradas Letras, sino que deben ser investigados por la razón
humana". (52)
10
de Enero de 2001 | El Nuevo Diario
La
pequeña gran república
—Pedro Alfonso Morales—
El 15 de diciembre de 1680, cincuentiocho años después de
fundada la primera escuela por el obispo Baltodano, otro obispo de
la diócesis de León, Fray Andrés de las Navas y Quevedo,
«uno de los prelados más ilustres», fundó
el Colegio San Ramón. El Concilio de Trento, sección
22, capítulo 18, había mandado que en todas las sedes episcopales
de Indias, se estableciese un seminario.
Fray Andrés de las Navas y Quevedo, español nacido en Baza,
Guádix, mercedario, fue electo obispo de León en 1677,
consagrado en Guatemala un año después. Además de
fundar el Colegio San Ramón, edificó el Palacio Episcopal
y estableció en el Cabildo Catedral, la dignidad de Maestrescuela.
Sin duda, la fundación del Seminario San Ramón,
constituyó su gran obra en favor de la instrucción pública.
Y su acierto vive aún 321 años después, porque
este colegio es el más importante de Nicaragua. El padre-abuelo
de todos los planteles educativos del país, resplandeciente desde
su nacimiento.
En 1787, ciento siete años después de fundado el Colegio
Tridentino San Ramón, fue nombrado rector el ilustre Presbítero,
Rafael Agustín Ayesta, cuyas funciones desempeñó
hasta su fallecimiento ocurrido el 4 de julio de 1809, es decir,
durante vientidós años con merecido reconocimiento de los
leoneses.
Antes de su muerte, el rector Ayesta, solicitó al rey de España,
se otorgara al centro, la facultad de conferir grados académicos,
sin necesidad de rendir exámenes en la Universidad de San
Carlos, Guatemala, gracia que gozaban «los colegios de San
Antonio del Cuzco y los de Santa Fe de Bogotá y Quito»;
que los extendían sin intervención de las Universidades
de Bogotá y Lima.
En ese tiempo en el Seminario San Ramón de León, se dictaban
cátedras de latinidad, teología moral, filosofía,
cánones, instituta civil y leyes, asignaturas que servían
entre otros catedráticos: Francisco Echeverría, el
rector Ayesta, el Dr. Tomás Ruiz, el Dr. Francisco Ayerdis,
el Lic. Nicolás Buitrago y el Br. Manuel López. Y un curso
de lectura lo dictaba el Prof. Antonio Gómez.
El procedimiento legal establecido por los reyes de España, era
complicado. Y a pesar de los dictámenes favorables emitidos por
los oficiales de la Capitanía General de Guatemala-Cédula
Real del 18 de agosto de 1806 el rey español limitó
su otorgamiento al de Grados Menores por el Seminario San Ramón,
ordenando sobre la petición del Padre Ayestas, entre otras cosas:
«... Ha parecido que no se haga novedad en cuanto al
establecimiento de la universidad, en el insinuado Seminario Conciliar
de León de Nicaragua... Ha parecido igualmente no haber mérito
ni motivos justos para dispensar la facultad de conceder los mayores; y
por lo que respecta a los menores, se practique lo que esa Real Universidad».
En 1810, llegó a Nicaragua el ilustre Obispo Fray Nicolás
García Jerez, dominico español de Murcia. Fue el último
obispo nombrado por el rey de España. Fue gobernador de Nicaragua
en 1811 hasta 1814. Vivió tiempos difíciles por los
movimientos libertarios de la época. En septiembre de 1810, funcionaban
en España, las históricas Cortes de Cádiz, después
del derrumbe español. El nuevo Obispo, Fray Nicolás García
Jerez, tomó con entusiasmo la idea del noble rector Ayestas y
comenzó a gestionar ante las autoridades españolas, la creación
de la Universidad de la Provincia.
Las gestiones de García Jerez, fueron atendidas con relativa rapidez
por las Cortes de Cádiz. Así, por decreto del 10 de Enero
de 1812, se mandó a erigir en el antiguo Seminario Conciliar de
León, la Universidad de Nicaragua, después de ciento
treinta y dos años de fundado el Colegio Tridentino San Ramón
por el Obispo Navas y Quevedo. Pero fue hasta el 24 de agosto de 1816 que
entró en funciones. A Tomás Ruiz Ayestas y García
Jerez se les considera los fundadores de la Universidad de León,
cuyo lema inicial fue «Sic itur ad Astra».
En 1818 tomó posesión el rector Pbro. Dr. Manuel López
de la Plata. Le sucede el Lic. Juan Francisco Aguilar Villar, primer
rector seglar. Entre 1844 y 1857 la dirección de la Universidad
fue asumida por una Junta de Abogados. En 1869 fue clausurada y confiscada
por el gobierno. En 1888 se decide establecer las universidades con
separación de la iglesia. Las universidades de León
y Granada se establecieron por decreto legislativo del 3 de abril de 1879
y el ejecutivo del 11 de mayo de 1888 que reformó el plan de enseñanza.
Dos años después se reformó el plan de
estudios de Medicina.
En 1947 la Universidad de León toma el rango de Nacional y el 27
de marzo de 1958, alcanza la autonomía bajo el rectorado del
insigne Dr. Mariano Fiallos Gil. Surge una nueva etapa universitaria
de compromiso con el país y de visión humanística,
de desarrollo científico y carácter nacional.
En 1979 como resultado de las transformaciones políticas,
económicas, sociales y culturales que se dan en Nicaragua, la UNAN,
llegó a una etapa de cambios y con él, surgen la UNAN-Managua
y la UNAN-León.
En 1996 se crea la Vicerrectoría de Relaciones Externas y Desarrollo,
instancia que promueve la comunicación oficial ante diversos organismos
nacionales e internacionales. Así ha establecido convenios de cooperación,
e intercambio académico con 17 universidades europeas y 12 de América.
Entre ellas: Universidades de Hamburgo, Flensburg, Salzsburgo, Lovaina,
Ultrecht, Costa Rica, Honduras, Cuba, etc.
La UNAN-León tiene seis facultades, un programa especial y tres
escuelas en las que se atienden 25 carreras de Pregrado. Hay también,
9 maestrías, 9 especialidades y 3 cursos de Postgrado. El presente
curso registra una matrícula de 7.580 estudiantes y una planta docente
universitaria constituida por 513 profesores.
En 1995, la UNAN-León, inició un proceso de reformas universitarias
y formuló en 1997, su Proyecto Educativo estableciendo
claramente su misión y los lineamientos estratégicos para
la formación integral de los profesionales.
En 1998 se pone en práctica el Año Común como un primer
paso de la Reforma Curricular. El Año Común trabaja 3 áreas:
Cognoscitiva, No Cognoscitiva y Consejería. Nicaragua empieza
ahí, en esta otra pequeña gran república.
14
DE ENERO DEL 2002 / La Prensa
UNAN-León arribó a sus 190 años
Alma Mater fue erigida el 10 de enero de 1812
La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de León
arribó el pasado 10 de enero a sus 190 años.
Mercedes Peralta/Corresponsal
LEON.- Con recordación y gratitud para los fundadores de la Universidad
de León padres Rafael Agustín Ayestas, doctor
Tomás Ruiz y Fray Nicolás García Jerez, las
autoridades del CNU y de la UNAN-León, conmemoraron el 190 aniversario
de fundación del alma Mater de Nicaragua.
El principal objetivo de dicha celebración, es “el rescate de nuestra
historia, el homenaje a nuestros próceres y las reflexiones
que deberán servir para sentar bases sólidas de lo
que debe ser el nuevo modelo de universidades públicas que permitan
responder eficazmente a los nuevos y complejos retos de la realidad actual”,
dijo el rector Ernesto Medina.
Recordó como enemigos históricos de la universidad, las arbitrariedades
del poder político, las consecuencias de las guerras
y enfrentamientos provocados por la torpeza de los caudillos de turno,
las carencias económicas, que en reiteradas ocasiones la obligaron
a cerrar sus puertas, y las debilidades internas de la universidad.
Antepuso a los protagonistas de tales barbaries, a sus fundadores Ayestas,
Ruiz y García Jerez; Darío, Mariano Fiallos Gil, Pablo
Antonio Cuadra y otros “portadores de los estandartes de la cultura que
brillan con mayor intensidad, cada día que pasa”.
El rector Medina reconoció como los obstáculos más
grandes entre las debilidades y problemas internos “en los períodos
más oscuros de la historia de la universidad, la enseñanza
defectuosa, obsoletos planes de estudios, desvinculación con los
problemas de la sociedad y la intolerancia política”, experiencia
que debe servir para propiciar cambios. La coincidencia
de fechas de asunción del nuevo gobierno nacional y de conmemoración
de la universidad que fue erigida el 10 de enero de 1812, debe ser
para el Alma Mater una oportunidad para analizar sus relaciones y convertirse
en factor clave para el desarrollo del país, frente
al papel que juegan el conocimiento, la tecnología y la ciencia
estima el doctor Medina.
CONTRIBUCIONES DE LA UNIVERSIDAD
El doctor Francisco Guzmán Pasos, presidente del CNU y ex alumno
de la UNAN-León, indicó que para propiciar las transformaciones
de la universidad, sus estamentos no deben estar condicionados por vínculos
sutiles o abiertos que se establecen con el estado o sectores sociales
y productivos, ni con la cooperación internacional.
“La universidad debe estar orientada a enfrentar los desafíos del
mundo moderno. Los cambios económicos políticos
y económicos que se están dando en el mundo, nos exigen una
función protagónica pero no hegemónica, en el estudio
crítico de los cambios que se están dando y a
la capacidad que tenemos para predecir las tendencias del futuro”,
observó.
El presidente del CNU expresó que “la universidad debe contribuir
a la construcción de un modelo económico nuevo,
para que la desesperación, la angustia, el escepticismo y la falta
de confianza en la democracia política formal, no lleve al
pueblo a las situaciones trágicas y difíciles que ha recorrido
en tiempos pasados”. .
29 de Agosto de 2002
| END
La Universidad de León: Alma mater de las
Universidades de Costa Rica y Honduras
—Carlos Tünnermann Berheim—
La Universidad de León, ahora UNAN-León, que este año
está cumpliendo 190 años de existencia, no sólo
es el Alma Mater de las generaciones de políticos, profesionales
e intelectuales nicaragüenses que, en su época, le dieron forma
a la recién independizada República de Nicaragua, contribuyendo
a forjar sus incipientes instituciones y a redactar sus primeras
leyes y códigos, sino también en ella se educaron los
universitarios que llevaron a las hermanas Repúblicas
de Costa Rica y Honduras la semilla de la educación superior.
Es oportuno, en ocasión de la efemérides que estamos
conmemorando de la fundación de la Universidad de León, un
10 de enero de 1812, que señalemos el vínculo histórico
entre las más altas Casas de enseñanza de Nicaragua,
Costa Rica y Honduras. Fue la Universidad de León y su ilustre
antecedente histórico, el Colegio Seminario de San Ramón,
la fecunda matriz donde se forjaron los brillantes universitarios
a quienes se debe la fundación de las Universidades de Costa
Rica y Honduras.
Cuando los munícipes del Ayuntamiento de San José de Costa
Rica decidieron crear el primer plantel de segunda enseñanza de
Costa Rica, hicieron llegar, de León de Nicaragua, al célebre
Br. Rafael Francisco Osejo, graduado en el Seminario San Ramón.
El 24 de abril de 1814, abrió sus puertas la Casa de Enseñanza
de Santo Tomás de Aquino, con el Br. Osejo como primer Rector del
plantel. Esta Casa de Enseñanza fue el germen de lo que después
sería la Universidad de Santo Tomás, creada por el Dr. José
María Castro Madriz, graduado en la Universidad de León y,
para esa época, brillante Ministro General de la Administración
del presidente costarricense José María Alfaro.
La Universidad de
Santo Tomás, precursora de la actual Universidad de Costa Rica,
se instaló solemnemente el 21 de abril de 1844. Su primer Rector,
el Dr. Juan de los Santos Madriz, también era egresado de la
Universidad de León, así como la mayoría de los miembros
de su claustro de profesores. La nueva Universidad fue en su organización
y en su enseñanza, «un simple reflejo de la Universidad
de León de Nicaragua», como lo reconocen los historiadores
costarricenses.
Cabe señalar que el Br. Rafael Francisco Osejo, natural del barrio
de Sutiava de León de Nicaragua, encabeza la lista de
Beneméritos de la Patria, por decisión de la Asamblea Nacional
de Costa Rica.
Algo similar ocurrió con la creación de la Universidad de
Honduras, cuyo fundador fue el Padre José Trinidad Reyes, a quien
los hondureños llaman cariñosamente «el Padre Trino»,
egresado del Seminario de San Ramón y de la Universidad de
León. El 14 de diciembre de 1845, un grupo de jóvenes profesionales
hondureños, todos ellos egresados de la Universidad de León
de Nicaragua, decide fundar la célebre «Sociedad del Genio
Emprendedor y del Buen Gusto», germen de la futura Universidad
de Honduras. Ellos eran, además, discípulos del
Padre Trinidad Reyes. Cabe recordar sus nombres: Máximo Soto,
Miguel Antonio Rovelo, Alejandro Flores, Yanuario Girón y
Pedro Chirinos. La Sociedad asumió la enseñanza de
la Filosofía y de la Gramática Latina. Su primer Rector fue
el propio Padre Reyes. En el acto de inauguración de la Sociedad,
dijo el Padre Reyes en un elocuente discurso: «Hoy ve Tegucigalpa
un rasgo sin ejemplo, que no lo viera antes de nuestra independencia
ni después que el amor a la Patria ha sido tan incesantemente decantado.
Unos jóvenes, que uniendo a sus talentos una infatigable aplicación
al estudio, han merecido los honrosos títulos literarios con
que los condecoró la acreditada Universidad de León de Nicaragua,
consagran hoy a la Patria sus tareas, y vienen a pagarle las primicias
de sus luces, haciéndole un servicio de una clase superior a cuantos
puedan prestarles sus amantes hijos».
En 1847, el Jefe de Estado de Honduras, Dr. y Gral. Juan Lindo, gracias
a las gestiones del Padre Reyes, elevó la Sociedad al rango
de Universidad.
Es bueno que los universitarios nicaragüenses y, principalmente la
comunidad académica de la UNAN-León, tenga presente estos
datos históricos que contribuyen a acrecentar el prestigio de la
Universidad de León (UNAN-León), de cuyas aulas salieron
los ilustres varones que llevaron a los países vecinos la simiente
universitaria.
Managua, agosto de 2002.
10 de Diciembre de 2002 | El Nuevo Diario
UPOLI saluda 190 aniversario de la UNAN-León
—Douglas Alemán Pineda—
En el marco del 190 aniversario de Fundación
de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León),
en un acto solemne realizado el 3 de diciembre, la UPOLI develizó
una placa conmemorativa con la que patentizó y perennizó
su saludo a la primera Alma Mater constituida en este país.
La UNAN-León fue fundada en 1912 con el nombre de Real Universidad
de la Inmaculada Concepción de León de Nicaragua; fue la
segunda universidad fundada por la Capitanía General del Reino de
Guatemala y la última fundada por los españoles en América.
Por gestiones de su rector inicial, el padre Rafael Agustín Ayestas,
que el 10 de enero de 1812 se emitió el decreto mediante el
cual, el antiguo Seminario Conciliar de San Ramón, fundado en 1680,
se transformó en la Universidad de León, ciudad que
en ese entonces era capital de la provincia de Nicaragua.
El Lic. Sergio Denis García, rector de la UPOLI, expresó
que la placa se hacía en reconocimiento a la gran connotación
y trascendencia para la vida social, política y cultural de la UNAN,
institución a la que se le reconoce el mérito de ser proclamada
el Alma Mater por excelencia de Nicaragua.
Mediante la placa la UPOLI manifiesta su más efusivo reconocimiento
a todos los que en el pasado y en el presente han contribuido con
el objetivo fundamental, educativo, cultural e investigativo de lo que
es hoy la UNAN-León.
El Lic. Sergio Denis García agradeció a su actual Rector,
Dr. Ernesto Medina Sandino y al Consejo Universitario, por aceptar
compartir la expresión de saludo de parte de la UPOLI, por los 190
años de vida fructífera, extraordinaria y trascendental
de la UNAN-León.
El Dr. Ernesto Medina Sandino agradeció al Patronato de la UPOLI
por el acto fraterno de gran significado para los universitarios de León.
"Nos complace que la UPOLI sea la primera universidad que perenniza este
recuerdo de la celebración de este aniversario. La UPOLI ha sido
universidad gemela de la UNAN-León, por las luchas que ha librado
la universidad nicaragüense en los últimos años; creo
que ha habido una enorme identificación, con los ideales, con el
humanismo que defiende esta universidad, como lo era el pensamiento de
Mariano Fiallos y el pensamiento que está detrás de la fundación
de la UPOLI", expresó el Dr. Sandino.
Dijo que éste ha sido un año de reflexión de la universidad
en Nicaragua y del papel en el presente tan turbulento e incierto
de nuestro país; agregó que si bien es cierto la tradición
y la historia son importantes porque han ayudado a configurar la naturaleza,
estos no son suficientes para enfrentar los retos enormes y complejos que
tiene la universidad nicaragüense.
"Quiero agradecer a la UPOLI, a su Rector, al Patronato y a toda la comunidad
por este gesto que nos conmueve y que agradecemos de todo corazón.
Tengan la seguridad de que la UNAN-León seguirá haciendo
los mejores esfuerzos para tratar de mantener vivo este espíritu
que nos legó Mariano Fiallos y nuestros fundadores visionarios,
pero sobre todo grandes humanistas; la UNAN-León quisiera ahora
ratificar su compromiso con este pensamiento humanista, su compromiso con
el cambio, con la transformación definitiva de Nicaragua y
con el compromiso de poder lograr una sociedad más justa,
más solidaria, menos egoísta, un sueño que creo que
compartimos con los hermanos y hermanas de la UPOLI". afirmó el
Dr. Ernesto Medina Sandino.
Posteriormente al acto se develizó la placa conmemorativa que fue
colocada una de las paredes de la biblioteca del edificio del Paraninfo.
En el contenido se expresa lo siguiente: "La Universidad Politécnica
de Nicaragua en ocasión de la celebración de su 35
aniversario de fundación, ante el memorable acontecimiento
histórico de los 190 años de fundación de la Universidad
Nacional Autónoma de Nicaragua UNAN-León, celebrado
en el presente año, ofrece esta placa conmemorativa como expresión
de gratitud y reconocimiento a esta institución hermana, fuente
motriz de movimientos libertarios, espacios de debates y planificación
ideológica en los grandes hitos de la historia patria desde antes
de nuestra independencia, destacada en su labor conductora y constructora
de procesos de conocimientos y aprendizajes y su trayectoria preponderante
en la vida nacional, que le define su identidad, significado y misión
en la búsqueda de la verdad científica, en su tarea
que es inherente con el esfuerzo y su identificación con las mejores
causas de Nicaragua haciendo honor a su lema: a la libertad por la universidad"