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 Colegio Tridentino San Ramón de  León.
Historia del Colegio Tridentino San Ramón de  León (Pagina No. 2)

Esta escuela fué fundada en 1622 por Fray Benito de Baltodano, quien es considerado legítimo precursor del Colegio Tridentino San Ramón de  León. 

En 1621 llegó a la diócesis de Nicaragua, Fray Benito de Baltodano, un  español benedictino. Entre las obras destacadas de este obispo de  León se cuentan: la fundación de los hospitales de Santa Catalina de  Sutiaba y de San Juan de Dios de Granada; la construcción de las  iglesias de Guadalupe de León y de Granada; y la fundación de la  primera escuela para enseñar castellano, aritmética y doctrina cristiana.

COLEGIO SAN RAMON
Está localizado en el costado Sur de La Catedral, lográndose desde el Parque Jerez una perspectiva  de edificios alineados sin cohesión visual, destacando el colegio por su tamaño y textura, solamente superado por el monumento de la Catedral.

Datos históricos
En 1860, bajo el impulso del Obispo Andrés de las Navas y Quevedo, se erigió en León el Colegio Tridentino San Ramón. Un movimiento sísmico lo destruyó y en 1752, bajo la dirección del maestro de campo Francisco Benítez de Salamanca, se levantó el nuevo colegio. La importancia del seminario se confirmó en 1812, cuando las Cortes de Cádiz le concedieron el privilegio de sede universitaria, fundándose la universidad de León. Finalmente, la universidad abandonó el edificio para convertirse nuevamente en seminario hasta 1945. 

 El 26 de febrero de 1531 fue erigida la diócesis de León por el Papa  Clemente VII y a petición del Emperador Carlos V, quien designó a Fray  Diego Alvarez de Osorio como su primer Obispo. La erección de la  diócesis de León, la confirmó el Papa Paulo III en la bula «Equum  Reputamus» del 3 de noviembre de 1534. De esta diócesis, casi siglo y  medio después de haber sido erigida, nació el «Colegio Tridentino San  Ramón», antes llamado «Seminario-Conciliar San Ramón»; y de éste,  la grandiosa universidad de León, hoy Universidad Nacional Autónoma  de Nicaragua, llamada por algunas maestras como «La pequeña gran  república».

La fachada es simétrica con influencia renacentista y neoclásico en perfecto equilibrio conseguido al resaltar la modulación interior mediante cornisas y cadenas, disponiendo en vano en cada uno de los recuadros; puertas en los dos niveles y balcones con voladizos en los superiores. 

El edificio arranca en zócalo y termina en aleros con modillones, riel que sobresalen de los extremos unos hastiales ia perspectiva en buen ritmo arquitectónico. Ante todo se distingue el portón principal, en. el que ordenadamente se conjugan una superposición de columnas adosadas con arcos de medio punto de rica ornamentación.

EL COLEGIO SEMINARIO DE SAN RAMON.
Jorge Eduardo Arellano , Reseña histórica de la Universidad de León, Nicaragua. 

La distribución interior es la tradicional de patio con corredores en ambas plantas, y en este caso un chaflán con arcadas que se abren hacia el traspatio, hoy reformado totalmente. el Edificio está muy intervenido, afectando menos al cuerpo principal, laterales y patios que conservan su composición original.  Llama la atención el buen uso de la madera calada en los techos, barandas, celosías y carpintería, el maestro de característica de la arquitectura colonial caribeña.

SIGNIFICADO GENERAL Y RESCATE DE SU FUNDADOR ANDRES DE LAS NAVAS Y QUEVEDO.
111.1.1. VALORACION
En la capital de la provincia de Nicaragua, el 15 de Diciembre de 1680, surgió el Colegio Seminario de San Ramón gracias al celo del Obispo Andrés de las Navas y Quevedo (1677-1682), de la orden mercedaria más tarde arzobispo de Guatemala. Nacido como fruto del Concilio de Trento, en actitud defensiva contra el protestantismo europeo, formaba sacerdotes de extracción social criolla; pero ya a finales del siglo XVIII sus aulas admitían becados indígenas y alumnos no seminaristas. Entonces era, después de la Universidad de San Carlos en Guatemala, el segundo foco académico de la cultura colonial centroamericana.

Materiales y sistemas constructivos
 Los muros son de piedra en el primer nivel y en el resto de taquezal revestidos de morteros de cal y arena. Los entrepisos tienen estructuras de madera como la cubierta, pero también se utiliza madera en los suelos, falsos techos y carpintería. Los pisos de la planta baja y el patio son de ladrillos de cemento con morteros de cal y arena.   Los entrepisos tienen estructuras de madera como la cubierta, pero también se utiliza madera en los suelos, falsos techos y carpintería. Los pisos de la planta baja y el patio son de ladrillo de cemento con morteros de cal y arena. El material de cubierta es de teja de barro.
JORGE EDUARDO ARELLANO
RESEÑA HISTORICA DE LA UNIVERSIDAD DE LEON, NICARAGUA
editorial universitaria 1988
Leon, Nicaragua-CentroAmerica
 
 
PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES
Presentación 

 
En 1973 y 1974 salió a luz, en dos tomos, la Historia de la Universidad de León, Epoca Colonial y Epoca Moderna y Contemporánea, 513 pp., escrita por Jorge Eduardo Arellano, publicada por la Editorial Universitaria de la UNAN, la que se encuentra agotada desde hace años.

Las limitaciones impuestas por la agresión imperialista no han permitido su reimpresión; no obstante, solicitamos a Jorge Eduardo Arellano que elaborara una síntesis por considerar que las nuevas generaciones deben conocer la historia de la máxima Casa de Estudios del país y con la idea de publicarla -como en efecto se hace- en 1988 en que la comunidad educativa conmemora el XXX Aniversario de la Autonomía Universitaria.

En esta Reseña Histórica de la Universidad de León, Nicaragua (2a. edición abreviada), su Autor ha conservado -extractada- la introducción que el Rector Dr. Carlos Tünnermann B. hizo en la primera edición; redujo las excesivas notas al final de cada capítulo y eliminó algunos del primer tomo que amplió en otros libros. Sin embargo, Jorge Eduardo Arellano ha conservado inalterable en esta reseña la letra y espíritu de aquella Historia.

León, Julio de 1988.
 

OCTAVIO MARTINEZ ORDOÑEZ Rector

Síntesis histórica de la Universidad de León

 


Estracto de la introducción del libro: Historia de la Universidad de León. 
Tomo I. Epoca colonial. León, Editorial Universitaria, 1973, de Jorge Eduardo Arellano.


Jorge Eduardo Arellano 
SINTESIS HISTORICA DE 
La UNIVERSIDAD DE LEON"
Por CARLOS TUNNERMANN BERNHEIM
 
TOMAS AYON
JORGE EDUARDO ARELLANO
Si bien sobre la historia de la Universidad de León, existen varios ensayos, como los de los doctores Juan de Dios Vanegas, José H. Montalván y Nicolás Buitrago M., y también hay importantes referencias en las obras generales que sobre la historia de Nicaragua debemos a Ayón, Gámez y Salvatierra, lo cierto es que hasta el momento no se había escrito un trabajo que abordara, de manera sistemática, el desenvolvimiento de nuestra más ilustre institución cultural.

Al carácter fragmentario de los estudios hasta ahora publicados quizás se deba que ciertos períodos de la historia de la Universidad hayan quedado un poco en la penumbra, sin recibir el tratamiento adecuado. En algunos casos, se advierten también algunas contradicciones entre los autores en cuanto a los datos que proporcionan.

Se hacía, pues, muy necesaria la redacción de una obra que aprovechando todas la fuentes disponibles, retomara el hilo de la historia de la Universidad y nos ofreciera, mediante una rigurosa ordenación de los datos, un panorama, lo más completo posible, del devenir de nuestra más alta Casa de Estudios.

Convencido de la importancia de un estudio de tal naturaleza, me permití proponer el proyecto a la Junta Universitaria de nuestra Universidad sugiriendo, a la vez,la designación del joven historiador nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano para que se le confiara la tarea, dadas sus conocidas capacidades en este campo. La honorable Junta acogió mi propuesta y el señor Arellano inició, con singular estusiasmo, la preparación de la obra en el mes de septiembre de 1971.

La Rectoría puso a disposición de Arellano la bibliografía recopilada hasta entonces sobre el tema, así como también copia de la valiosa documentación que sobre la historia del Seminario Conciliar de San Ramón y de la Universidad de León se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla, obtenida por intermedio del eminente investigador nicaragüense doctor Carlos Molina Argüello, profundo conocedor de ese Archivo.

El serio esfuerzo realizado por Arellano para cumplir con su compromiso superó todas las espectativas. Habiéndosele encargado la preparación de una historia de la Universidad de León, desde sus orígenes en el Colegio Seminario de San Ramón hasta el año de 1947, fecha en que se transforma en Universidad Nacional, nos ha entregado, como fruto de su exhaustiva labor, una excelente obra dividida en dos tomos: el primero referido a la época colonial y el segundo desde la independencia hasta 1947.

Este primer tomo, que hoy ve la luz pública, se inicia con un capítulo dedicado a reseñar la situación cultural de la provincia de Nicaragua en la época colonial y, específicamente, durante los años anteriores a la fundación del Colegio Seminario de San Ramón Nonnato. Tras ese bosquejo, continúa con otro capítulo sobre la evolución de la más alta Casa de Estudios que existió en la Capitanía General de Guatemala.

Siendo que el Seminario Conciliar de San Ramón Nonacido o Colegio Tridentino, eregido en 1680, fue el germen de la Universidad de León. Arellano examina los antecedentes que condujeron a su establecimiento: el mandato del Concilio de
Trento y el despacho de la Audiencia de Guatemala del 16 de octubre de 1679 urgiendo a los obispos de León y Comayagua para que procedieran a cumplir el aludido mandato; las providencias que, con ánimo ejemplar, adoptó el obispo de León, el mercedario Fr. Andrés de las Navas y Quevedo para obedecerlo; por ello dispuso donar dos casas en cuya reparación invirtió, de sus fondos personales, más de quinientos pesos. 

Pero, como lo subraya el autor, no paró ahí el celo del obispo fundador: redactó las constituciones para el buen gobierno del nuevo centro; gestionó una pensión de las Reales Cajas para su sostenimiento; le cedió parte de sus diezmos y se encargó personalmente de cobrar las contribuciones que, por disposición del Concilio, debían hacer todos los curatos de la diócesis. Semejante solicitud en la fundación del primer centro regular de enseñanza que existió en Nicaragua confiere al obispo de las Navas y Quevedo especial relevencia en la historia de nuestro desenvolvimiento cultural.

El ejemplo del obispo de las Navas y Quevedo fue seguido por otros sobresalientes prelados, a quienes Arellano dedica capítulo especial como benefactores del Colegio Seminario. Y luego, en el siguiente, se refiere a los primeros nicaragüenses que obtuvieron grados universitarios, Como éstos no podían obtenerse en el Colegio Seminario de León, los Jóvenes se veían precisados a abandonar sus hogares y emprender largo viaje hacia la capital del Reino para colmar sus ansias de saber en la famosa Universidad de San Carlos de Guatemala, la única que existía en la Capitanía General.

Capítulo importante de la obra es el que Arellano consagra a señalar la influencia de la Ilustración, en Centroamérica. Para la historia del desenvolvimiento de las ideas, en los albores de nuestra cultura, es de particular interés lo que Arellano expone.

El ansia de saber, que caracterizó al siglo XVIII español con el advenimiento de la Casa de Borbón, se extendió a las colonias americanas. En el Reino de Guatemala se concreta la célebre "Sociedad Económica de Amigos del País".

Pero la ilustración -como advierte Arellano- era un fenómeno europeo que tenía su centro en Francia. Más que en otra parte, allí el hombre del viejo mundo -insatisfecho de su vida tradicional- tendió por mera inquietud científica o humana a cosmopolitalizarse, a fundir todos los testimonios y noticias sobre las razas y los pueblos como en una ciencia de la humanidad.

En él funcionaba un racionalismo investigador que le permitía definirse no como francés, ni como español, sino COMO hombre universal". De esa toma de conciencia, como observa Arellano, brotó la Enciclopedia, resumen de la sabiduría del intelectual del siglo XVIII. En España, el enciclopedismo francés se transforma en el despotismo ilustrado, que si bien participa del mismo " estado de espíritu" no llega al ateísmo de los franceses. 

Participando de "una actitud de conciencia fundamentalmente cartesiana, animado por la misma fe en el hombre y el progreso", el despotismo ilustrado español, aceptó el poder absoluto del Rey, aunque racionalizado, y "se manifestó en un reformismo económico y social de arriba hacia abajo y en un exagerado filantropismo de carácter personal".
 

Las nuevas ideas comenzaron a circular y a ganar adeptos en las colonias americanas, a raíz de las ordenanzas liberales de Carlos 111: 'La misma España -señala Arellano paradójicamente, sembraba las raíces ideológicas de la independencia". 

Arellano traza así los ragos del ilustrado de aquella época: 
 

" La mayoría de los ilustrados, en actitud hostil hacia la escolástica, preferían la autoridad de la Razón (así con mayúscula) como base ideológica; y todos ellos, con decidida tendencia al cambio, profesaban una fe optimista en el progreso y en la destrucción de la ignorancia para lograr la reforma de los individuos y, en consecuencia, la de la sociedad".

'Volviendo a la historia de nuestro Seminario Conciliar de San Ramón, Arellano subraya la fecunda labor desplegada por su más insigne Rector el Padre Ayesta. 

La primera preocupación del Rector fue tratar de superar las grandes limitaciones económicas de que adolecía el Seminario desde hacía! más de un siglo, con grave perjuicio para la enseñanza.

En 1803 habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y Cirugía. 

De ahí que el Rector se dedicara a buscar recursos para la dotación de las cátedras, la reparación y ampliación del edificio, la adquisición de mobiliario, el enriquecimiento de la biblioteca, etc. Todo esto sin descuidar el mejoramiento de la disciplina de los colegiales y el auspicio constante de actos literarios, que contribuyeron al despertar intelectual de la provincia. Después vendrían sus infatigables gestiones para que se autorizara al Seminario a impartir grados menores, con miras a transformarlo en Universidad.

El extraordinario impulso que el Seminario recibió durante el rectorado de Ayesta lo hizo constituirse, como apunta Arellano, en el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica.

Significativo fue también, entre los esfuerzos de esos años, el aporte renovador del Pbro. doctor Tomás Ruiz, mentalidad auténticamente ilustrada, que trató de superar la enseñanza tradicional que predominaba en el Seminario. 
 
 

LIV - CONDILLAC
. Este filósofo nació en 1715 y murió en 1780. Observa con minuciosidad, clasifica con método, expone con lucidez, pero su pensamiento es poco profundo. 

La doctrina de Locke no pareció a Condillac bastante sensualista. La reflexión, que el filósofo inglés combinaba con las sensaciones, la miró el ideólogo francés como inútil complicación del sistema; 

en su concepto no hay dos orígenes de nuestras ideas, sino uno solo: la sensación. 

La reflexión, en su principio, no es otra cosa que la sensación misma, y es más bien un canal por donde pasan las ideas que vienen de los sentidos que el manantial de ellas. Todo cuanto hay en nuestros fenómenos internos no es más que la sensación, o primitiva o transformada. La superioridad pertenece al tacto.

Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpable su sistema ideológico, y he aquí cómo pretende conseguirlo. Imagina una estatua organizada como nosotros, animada de un espíritu, pero sin idea alguna, y le supone un exterior todo de mármol que no le permita el uso de ningún sentido, reservándose abrírselos el filósofo según lo creyere conveniente. 

Empieza en seguida por abrirle el olfato, porque le parece que éste es uno de los más limitados en orden a la producción de los conocimientos, y continúa luego por los demás; los considera aislados y en conjunto, observa lo que cada cual da de sí, y por fin se encuentra con el satisfactorio resultado de que la estatua, sin más que las sensaciones, va adquiriendo deseos, pasiones, juicio, reflexión; en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el corazón, en la fantasía, en la voluntad, en el entendimiento. Son admirables los progresos que hace la estatua, hablando Condillac por ella, como se supone.

 Tan fecundo es semejante método de observación que el filósofo francés llegó a mirar como inútil el supo ver que el alma reciba inmediatamente sus facultades de la Naturaleza; basta que se nos den los órganos para advertimos por el placer y el dolor de lo que debemos buscar o huir; con dos resortes tan sencillos la obra del espíritu humano se hace por sí misma; la experiencia sensible nos produce las ideas, deseos, hábitos, talentos de toda especie. 

Condillac, metido dentro de su estatua, habla como un oráculo; se conoce que los ideólogos anteriores le parecían caviladores frívolos; tiene una indecible satisfacción al ver que todo lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platón, San Agustín, Malebranche, tenían mucha dificultad en explicar la idea del número; Condillac lo extraña, y en dos palabras les señala el camino para salir del apuro; esos hombres habían creído que en la idea había algo superior a lo sensible; esto no es así; la idea del número sólo encierra sensación: la dificultad queda solventada.

 Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad que, por ser adquirida con demasiada prontitud, deja sospechar la escasez de su fundamento y hace presumir lo endeble de su duración. 

Así ha sucedido, y si Condillac resucitase tendría el doble desconsuelo de ver las funestas consecuencias que por de pronto se sacaron de su doctrina y el que en la actualidad su sistema ha caído en un profundo descrédito en toda Europa, incluso en Francia. (V. Filos. fund., lib. IV, caps. I y II. —Ideología, cap. I.)
Historia de la Filosofía  - Jaime Balmes                      
Capítulo LIV - CONDILLAC
Capítulo LIII - Hume                                                                                                       Capítulo LV - Kant
 

En su clase de Filosofía,  el Pbro. doctor Tomás Ruiz, impartía a Condillac. La presencia de Ruiz en el Seminario, del que fue Vice Rector por cinco años, hizo posible que el espíritu de la ilustración vivificara las aulas del antiguo Seminario. Desde su cátedra el prócer esparció la nueva ideología, que debía rápidamente prender en varios de sus alumnos más brillantes. 

Uno de ellos fue el célebre bachiller Francisco Osejo, natural de Subtiava, quien llevó estas ideas a Costa Rica, donde fue el animador de las ideas independentistas. Por ellas el Ayuntamiento de Cartago le llamó "genio inquieto y perturbador". "Por lo visto -afirma Arellano- Ruiz divulgó en el Seminario una corriente de pensamientos distinta de la tradicional que no hizo variar su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos discípulos que salieron del estrecho círculo del escolasticismo, nutriéndose de nuevas doctrinas".

Pero, con todo y el florecimiento que el Seminario alcanzó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, carecía aún de la facultad de conferir grados universitarios. Por eso el Rector Ayesta inició gestiones ante la Corona para que se autorizara al obispo de la diócesis a conferir grados mayores y menores, a- los alumnos del Seminario. Pero la autorización se limitó a grados menores contrariando así, en gran medida, los anhelos del Rector Ayesta, que ambicionaba los grados mayores. 

Sin embargo, algo se había logrado en beneficio del Seminario. Para dar relieve al acto de recepción de la Real Cédula, el Rector dispuso celebrar una misa solemne con asistencia del claustro y de las principales autoridades de la ciudad, durante la cual hizo uso de la palabra, con su reconocida elocuencia, el doctor Tomás Ruiz, Vice-Rector, del Seminario y Catedrático de Filosofía.

La Universidad menor recibe la protección de los obispos Vílchez y Cabrera y García Jerez. A la muerte de Ayesta, a mediados de 1809, correspondió al obispo García Jerez, promovido a Gobernador Intendente de la Provincia, continuar las gestiones encaminadas a convertir en Universidad completa "ta media que funcionaba en el Seminario".

Mientras tanto, como puntualiza Arellano, se habían producido importantes acontecimiento políticos en la Península: la decadencia de la monarquía absolutista de los Borbones españoles llegó a su punto más crítico con la proclamación de de José Bonaparte como Rey de España y el cautiverio de Carlos IV y su hijo Fernando VII. Las Cortes de Cádiz, en las que predominó un espíritu liberal y constitucionalista, asumieron el gobierno en nombre de Fernando VII. 

En esas Cortes Centroamérica estuvo representada por Antonio Larrazábal, José Antonio López de la Plata y Florencio del Castillo. Estos dos últimos representaban a Nicaragua y Costa Rica y habían estado ligados al Seminario. Ante esas Cortes, a fines de 1811, envió su testimonio el obispo García Jerez pidiendo la erección de la Universidad. 

Estas, finalmente, expidieron el tan esperado decreto del 10 de enero de 1812 por el cual autorizan que el Seminario Conciliar de León de Nicaragua se erija en Universidad "con las mismas facultades que las demás de América". Se cumplían así los anhelos del Padre Ayesta, aunque éste no logró vivir para ver realizada su aspiración. Al obispo García Jerez le correspondió completar la obra de Ayesta y llevarla a feliz culminación.

El diputado por Nicaragua, José Antonio López de la Plata, pidió el cumplimiento inmediato de lo acordado por las Cortes, proponiendo, entre otras cosas, que la Universidad se llamara de San Fernando, en honor del Rey Fernando VII, y que se gobernara por constituciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pero el 12 de febrero del mismo año, nos dice Arellano, el español Antonio de la Cuesta rindió un informe crítico sobre la situación del Setminario que por poco da al traste con la ejecución del acuerdo de las Cortes. 

En efecto, de la Cuesta aseguraba en su informe, entre otras cosas, que un solo catedrático enseñaba, en dos horas diarias, lógica, metafísica, aritmética, álgebra, geometría y Física, lo que sólo podía conducir a que sus discípulos adquirieran "nociones vagas y superficiales" de tal cúmulo de materias; que no podrían darse grados mayores ni menores en Filosofía ni en Derecho Canónico, "pues tomando en cuenta los textos que se leían en ésta (el Van Selvaglo y el Febeo) merecería el nombre de conferencia al aire libre sobre cualquier punto de la misma materia antes que el de una instrucción metódica,

Síntesis Histórica de Universidad de León •ceñida a los elementos de la ciencia como era indispensable". De la Cuesta llega incluso a decir, en su demoledor informe, que no concebía cómo podía autorizarse el conferimiento de grados menores en ciencias eclesiásticas siendo que "en la cátedra de Teología Moral se explica la Suma del Padre Larraga", texto que consideraba obsoleto e inadecuado.

Otra dificultad que se presentó para la instalación definitiva de la Universidad fue de carácter económico: el Fiscal del Consejo de Indias exigía, antes que se procediera "a la formación del plan y de la constitución de la Nueva Universidad" que el obispo y la provincia en general, designaran los fondos necesarios "para la completa dotación de los maestros y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras y el método de estudios conveniente".

Lo cierto era que las rentas no daban para cubrir las cátedras. La de Medicina había vuelto a desaparecer por falta de fondos. El Seminario, como nos informa Arellano, tenía a la sazón siete cátedras y su dotación sumaban mil quinientos pesos.

El 19 de agosto de 1813 las Cortes expidieron un nuevo decreto para dar pronto cumplimiento al del 10 de enero de 1812. 

En este decreto las Cortes ordenan que la Universidad de León observe las Constituciones de la Universidad de Guatemala; que el obispo de la Diócesis y el Gobernador Jefe Político del partido procedan a nombrar Rector, eligiéndolo entre los doctores que residan en la ciudad; que se nombre Cancelario al Maestre Escuela de la Catedral; facultan al Rector y Cancelario a habilitar para examinadores de los grados de Licenciado o Doctores, a falta de éstos, a los catedráticos del Seminario, hasta tanto se complete el número de ocho Doctores; completado ese número, el Rector y el Cancelario procederán a instalar la Universidad, nombrando Secretario, Conciliarios, Bedeles, etc...

Las autoridades de la provincia iniciaron de inmediato el cumplimiento de las resoluciones de las Cortes, pues existía el más ferviente deseo de ver realizado, cuanto antes, el viejo anhelo de contar con una Universidad plena. Arellano nos reseña, en el capítulo IX de su obra, las medidas que las autoridades competentes adoptaron en tal sentido: el 18 de abril de 1814, el obispo y el Gobernador eligieron como primer Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José Zelaya; el 30 de abril el Obispo dio posesión solemne al Rector. 

Sin embargo, como señala Arellano, una causa mayor impidió esta vez que la Universidad se instalara: el absolutismo de Fernando VII, quien de regreso al trono en 1814 disuelve las Cortes y deroga toda su obra, "declarando nulos sus actos, como si no hubieran pasado jamás y se quitasen de en medio del tiempo..." En esta forma, todas las gestiones realizadas hasta entonces se vinieron al suelo. Fue preciso emprender de nuevo la larga lucha iniciada por Ayesta y llevada a feliz término por el obispo García Jerez.

El infatigable obispo se dirigió entonces al Monarca suplicándole autorizara la instalación de la Universidad, pues era de absoluta necesidad su. establecimiento. El Soberano escuchó al prelado y expidió el 5 de mayo de 1815 la Real Cédula de autorización, la que "al llegar a León, causó mucho regocijo". 
 

Pero faltaba aun otro obstáculo que superar: no había en la ciudad el número necesario de doctores para integrar el Claustro. "Entonces, nos refiere Arellano con su acostumbrada tenacidad, García Jerez comunicó al Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias el 4 de noviembre del mismo año que, para dotar algunas cátedras y los reparos de la existencia, proponía. "el que su Real Magestad se dignase conceder el dictado y honores a algunas personas beneméritas del Estado Eclesiástico". 

Para tales honores propuso al Deán Juan Francisco de Vílchez y Cabrera y al Canónigo Miguel Jerónimo Guerrero de Arcos. 

Luego, como lo advierte Arellano, el obispo, al parecer resuelto a inaugurar a la mayor brevedad posible la Universidad, sin esperar respuesta a sus nuevas solicitudes, procedio a nombrar a los primeros empleados, a tomar posesión él mismo como Cancelario de la Universidad y a habilitar, en unión del Rector, a los graduados que actuarían como doctores en los primeros exámenes de grados. 

Estos fueron: el Lcdo. Nicolás Buitrago, catedrático de Instituta; el Lic. Manuel López de la Plata, catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero, catedrático de Teología Escolástica y Br. José María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía. Y, como estos no eran suficientes para sus propios exámenes, fueron habilitados el Padre Lector de Teología del convento de la Merced Fr. Antonio Capará y los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro Caballero.

Completado el número de doctores previsto en los decretos, el obispo procedió a la instalación oficial de la Universidad a las nueve de la mañana del día 24 de agosto de 1816, en la Sala Capitular del Palacio de la Diócesis. Culminaron así muchos años de gestiones, a las que consagraron sus mejores energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás Ruiz y Nicolás García Jerez. 

Estos tres excepcionales eclesiásticos son los auténticos fundadores de la Universidad de León. A ellos consagra Arellano, con toda justicia, un capítulo especial de su obra en el que reseña sus biografías y méritos. 

Ellos constituyen la rutilante trilogía que puso los cimientos de la vida universitaria en Nicaragua. La deuda de la Patria y de la Universidad con estos ilustres varones, por lo que en medio de tantas dificultades y estrecheces hicieron, es verdaderan1ente muy grande. Para Arellano quien más merece el título de fundador de la Universidad de León es el obispo García Jerez, pues a sus gestiones se debieron los decretos del 10 de enero de 1812, que erigió Universidad en el Seminario Conciliar de León y el del 19 de agosto de 1813 que autorizó su instalación. 

También a él se debió la Real Cédula de confirmación del 5 de mayo de 1815 y todas las medidas que permitieron su instalación definitiva el 24 de agosto de 1816.

Capítulo aparte merece, para Arellano, la situación del indio frente a la educación superior. En esta sección hace ver que si bien la Universidad estaba abierta a los indios (y uno de ellos Tomás Ruiz, llegó a figurar entre los fundadores de la Universidad), lo cierto es que el acceso se limitaba a la minoría indígena noble y rica; es decir, a los descendientes de indios que colaboraban con el gobierno colonial. " Tal fue el caso -nos dice Arellano- de Tomás Ruiz, indio descendiente de los caciques del pueblo de Chinandega", cuyos padres eran "tenidos por principales de aquel pueblo en el que ha ejercido oficios políticos y militares" y el de Juan Modesto Hernández "indio noble de subtiava, bachiller en Derecho de la Universidad de San Carlos". "pues bien -añade Arellano- la realidad era ésta: a pesar de la igualdad legal entre españoles e indios establecida en las constituciones de la Universidad Carolina para ingresar a la misma, sólo los indios nobles tenían esa posibilidad; los demás permanecían condenados a la opresión económica desde los primeros años de la conquista. Sólo así, en este sentido, hay que interpretar el referido inciso que dice: ... se declara que los indios (como vasallos libres de Su Magestad) pueden y deben ser admitidos a grados".
 


El capítulo XII está dedicado a reseñar las primeras gestiones del Claustro y de las autoridades de la recién instalada Universidad. Y el XIII al Padre Dr. Tomás Ruiz, a quien hasta ahora la historia oficial no ha hecho justicia. Este olvidado prócer revolucionario de nuestra Independencia es, sin duda, una de las figuras más singulares que han nacido en Nicaragua: indio de raza, alumno distinguido del Colegio Seminario, del que llegó a ser Vice Rector y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de cuyo claustro formó parte, fue uno de los fundadores de la Universidad de León y prócer auténtico de la Independencia, por lo cual luchó dentro de una línea verdaderamente revolucionaria, participando en varias conjuras y alzamientos que le valieron duras condenas. La Universidad Nacional, interesada en dar a conocer las ejecutorias de este universitario "ilustrado" y radical, que con tanto fervor y patriotismo abogó por una Independencia que implicara un cambio del sistema y un auténtico avance social, publicó el año pasado, en su "Colección popular" una biografía del Padre Ruiz, escrita por el propio Arellano. La inclusión de este capítulo sobre Ruiz en la historia de la Universidad de León está más que justificada, pues el "Padre-indio" es uno de los universitarios más valiosos que ha tenido Nicaragua.

El primer tomo termina con un capítulo de recapitulaciones y conclusiones. También trae como anexos una sección de documentos, donde se reproducen, entre otras cosas, la historia de San Ramón Nonnato, tal como la cuenta Fray Justo Pérez de Urbe¡ O.S.B.; partes dispositivas de las constituciones del Colegio Seminario, la relación de méritos y ejercicios literarios de don Rafael Agustín Ayesta; el dictamen del Real Claustro de la Universidad de San Carlos de Guatemala sobre la concesión de la facultad de otorgar grados mayores y menores al Seminario Conciliar de León; las letras testimoniales sobre Tomás Ruiz; la relación de méritos y ejercicios literarios del doctor Francisco Ayerdi y el acta de instalación de la Real Universidad de León de Nicaragua.

A la sección de documentos sigue una cronología, que va desde el 10 de enero de 1678 hasta el año de 1819. Cierra la obra un apéndice informativo y la reseña de las fuentes bibliográficas y documentales.

La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, como legítima continuadora de la ilustre Universidad de León, se complace en publicar esta Historia. Su edición representa para el suscrito uno de los logros de su rectorado que más le llenan de satisfacción.

León, junio de 1973.


 

  DESARROLLO
1 En su trabajo monográfico "Fundación del Seminario y la Universidad" (1939), Sofonías Salvatierra ha referido detallada y documentalmente el desarrollo cronológico del primer centro: cómo se remonta a 1678, cuando fueron creadas en León las cátedras de Latinidad y Lenguas Indígenas -impartidas respectivamente por los presbíteros y licenciados Antonio Díaz de Expliella y Cristobal Gutiérrez-; cómo se erige en Colegio Seminario el 15 de Diciembre de 1680, sostenido por los diezmos y contribuciones del obispado de León y el producto de una encomienda de Nindirí; 

cómo es apoyado por los obispos del siglo XVIII:


el dominicano Agustín Morel de Santa Cruz,  los españoles Esteban Lorenzo de Tristán y Juan Félix de Villegas, 

y los nicaragüenses Juan Carlos Vílchez y Cabrera y José Antonio de la Huerta y Caso;: cómo se aumentan sus cátedras, proyectándose en las demás provincias del Reino de Guatemala, especialmente en Costa Rica; cómo es reactivado, renovado por el Pbro. Rafael Agustín Ayesta, su principal Rector; 

Ayesta promueve el despertar intelectual de la provincia a finales del XVIII y principios del XIX, hasta tal punto que el 15 de mayo de 1807 se transforma en media universidad, con la facultad de conferir grados menores de bachiller en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Derecho Canónico; cómo, el 10 de enero de 1812, se autoriza en él -llamado entonces Seminario Conciliar- el funcionamiento de la Universidad"con las mismas facultades de las demás de América"; cómo. en fin, el 24 de agosto de 1816 se instala definitivamente en su edificio, fundiéndose con ella. la misma Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León.(34)

111.1.3. IMPORTANCIA
universitaria por antonomasia del país, el centro de la formación de los creadores republicanos de Costa Rica y Honduras, la gestora más importante de la super-estructura ideológica de nuestra sociedad, la promotora de la ciencia y el desarrollo jurídico del Estado, la conservadora -en fin- de la tradición viva de Nicaragua. La irradiante sombra intelectual de este abuelo de los colegios centroamericanos -como lo ha llamado Monseñor Marcelino Areas-, trasciende intrahístóricamente, en pocas palabras, a nuestros días.
Hijo del espíritu eclesiástico de León y apéndice de su obispado, el San (Ramón fue producto de la cultura católica, universal y unitaria de la colonia; y sus aulas prepararon a centenares de latinistas y filósofos, de canonistas y sacerdotes, de médicos y abogados, de políticos e intelectuales que sería interminable citar; pero muchos de ellos fueron hombres que ingresaron a la historia de Nicaragua contribuyendo a su desarrollo cultural.

111.1.4. INTEGRACION ALA REALIDAD
Mas no se crea que el Colegio Seminario San Ramón permanecía ajeno, antes de la independencia, a la mundanidad; ni que rechazaba las inquietudes políticas. Bastante conocida es la activa participación de uno de sus rectores y de los seminaristas en unos conflictos con el gobernador Antonio Poveda y Rivadeneyra, a principios del Siglo XVIII. "En el mes de junio de (1737)recibió aviso el gobernador -narra el historiador Gámez de que en el Colegio Seminario había con frecuencia reuniones públicas de seglares, en las que acaloradamente se discutía sobre los medios de levantar al pueblo, consintiendo además juegos prohibidos, en que tomaban parte los alumnos" (35) Aparte de no estar completamente inmersos en los estudios teológicos, los seminaristas tampoco se mantenían totalmente puros, culminando todo ello con una sentencia del Vicario Eclesiástico que, clavada en la puerta del Seminario, destituía al Rector y prohibía la continuación de esos juegos y reuniones.
Esta conciencia de integración a la realidad culminaría el 4 de junio de 1823, cuando los estudiantes de la Universidad de León se iniciarían en la política nicaragüense, intentando un movimiento armado -contra las autoridades del Imperio Mexicano- que postulaba los principios de libertad y soberanía del pueblo en oposición al anexionismo, todavía monárquico, de Iturbide. Y es que en el Colegio Seminario San Ramón ya se había incubado una, corriente ideológica antiescolástica y moderna que lo convertía en cen tro propulsor. de ilustración con la presencia de Fr. Buenaventura García, discípulo del reformador científico de la Universidad de San Carlos, el costarrricense Fr. Antonio Liendo y Goicoechea, y sobre todo con la del Dr. Tomás Ruiz, el célebre Padre-indio, alumno primero y luego Vice-Rector, entre 1802 y 1805, del San Ramón.


111.1.5. NAVAS Y QUEVEDO Y SU FIDELIDAD EVANGELICA ANTE LA OPRESION COLONIALISTA
Pero lo que deseamos recordar no son los afanes fundadores del Obispo Navas y Quevedo, ampliamente expuestos por Salvatierra en su monografía citada, sino su poca divulgada fidelidad evangélica ante la opresión colonialista; no su gloriosa actividad educativa, que hizo posible en la pequeña provincia española que era Nicaragua una institución casi superior solamente cuarenta y cuatro años después de Harvard College, sino su denuncia de las depredaciones de algunas autoridades coloniales; no la erección misma del Colegio Seminario -sus constituciones, sostén económico, horario, primeros alumnos, etc. sino su testimonio cuestionador del sistema que le tocó vivir, a raíz de su única visita pastoral. (361.

Esta la hizo para cumplir con el encargo del rey: el envío de una serie de informes sobre el estado de la diócesis. Comentando dichos informes, afirma un historiador guatemalteco: "Un huracán o terremoto no hubiera causado menos estrago que el que fray Andrés hizo en los ánimos de todos aquellos que hasta el momento habían vivido cometiendo toda clase de abusos de autoridad, robos, atropellos y vejaciones". Y tiene razón, porque Navas y Quevedo denunció clara, contundentemente, a los principales responsables de la explotación de la provincia durante esos años.

En carta fechada en Granada el 6 de abril de 1679, el obispo apunta que acababa de difundir un edicto, mandandoa los curas y doctrineros lohiciesen notorio al pueblo, inter missarum solemnia, "para que los miserables indios que se hallaren agoviados de sus Gobernadores, Corregidores y Alcaldes Mayores, acudiesen a Granada con sus querellas, dentro de treinta días de la fecha, para poner la noticiaen los Reales pies de vuestra Majestad"; y añade "No se ha cumplido el término de los treinta días y ya son diez y siete los (pueblos) que han acudido con sus querellas de latrocinios, robos, malos tratamientos y de execrables tratamientos y de execrables maldades, hechas por sus corregidores, Gobernadores y Alcaldes mayores". Mas el obispo no ocultaba los nombres y detallaba los atropellos cometidos por los últimos. 



En Sébaco denunció al Corregidor, el vizcaíno Jacobo de Algayaga, de quien señala que "dos pestes generales no hubieran hecho el estrago que este tirano ha hecho, en esta provincia, con estos miserables indios, con sus tratos y contratos de ropas prohibidas, comercios de brea y añil, quitándoles públicamentes a los pobres indios sus mulas, cera, vacas, miel y caballos, que son los frutos de esta provincia, sin dejar senda a los pobres naturales por donde respirar". Y agrega el obispo que al vecino de Muy Roque Díaz -indio que había sacado de las monta,ias muchos indios caribes que convirtió luego a la fe católica-- Alcayaga le despojó su caudalillo consistente en setenta vacas y once mulas, "Es la guadaña de este tirano -continúa Navas y Quevedo -, como la de la muerte, que a ninguno perdona; tiene ultrajadísimo el estado eclesiástico porque le predican y reprenden su mala vida". 
En viaje a Costa Rica, el obispo comprobó las opresiones del gobernador de esa provincia: Juan Sáenz; y en El Realejo las del Corregidor José de Víllalobos: "Este es el peor de los dos que llevó referidos -especifica-; con sus tiranías y sus tratos y comercios, la mitad de los indios de su partido se han consumido, unos muertos y otros fugitivos a la montaña, sin reservarles a estos miserables, ni un triste día de fiesta, de la triste tarea de sacar maderas del monte, para fábricas de navíos que se fabrican en El Realejo, tomando el Corregidor el dinero del que fabrica y dejando a los miserables indios sólo el trabajo de conducirles a El Realejo...Este es el santo gobierno de José de Villalobos, Corregidor del Realejo", concluía irónicamente su informe acerca de este explotador. Y en cuanto a otra autoridad más de esta calaña, el Corregidor de Subtiava, Navas y Quevedo lo denunció también como tal: "En estas mismas culpas está comprendido Don Diego Valdés, Corregidor de Subtiava y en otras peores tiene estancado hasta el respirar de los pobres indios, y dice con mucha desvergüenza, que si no es obrando como obra, ¿cómo ha de sacar tres mil pesos que le costó el dicho Corregimiento?.

El obispo denunció, asimismo, los abusos y subterfugios de otro tirano: el deán y Comisario del Santo Oficio Ginez Ruiz, quien gobernaba la diócesis vacante tras el faIlacimiento del antecesor de Navas y Quevedo. Este, pues, tuvo que enfrentarse al deán -que por su parte no dejó de desatarle la guerra y de calumniarlo- hasta que logró desterrar de León.


Sin embargo, no todo era desastroso en la provincia, pues ésta había sido gobernada por un sujéto que, después de un conflicto con los criollos granadinos, terminó de hermano coadjutor jesuita en México, Nos referimos a Pablo de Loyola, elogiado por Navas y Quevedo: "(En Nicaragua) ha gobernado seis años el Capitán Don Pablo de Loyola, con la aprobación general de todos, que puediera haber gobernado el Apóstol San Pedro; ojalá Señor, fuera su gobierno eterno...: ojalá del espíritu de Don Pablo de Loyola pudiera, Vuestra Majestad, vestir las almas de los que gobiernan en estas provincias de mi Obispado; a boca llena todos le llaman el Gobernador santo'.

Con la anterior denuncia de la injusticia, el hombre del siglo XVII que fue Navas y Quevedo queda rescatado para nuestros días, pues detrás de ella se halla una orientación evangélica de signo popular, continuadora de la desarrollada por el obispo Antonio de Valdivieso en el siglo XVI, pero sin la condición excelsa del martirio de éste. 

Galería "Obispos de León"

Monseñor Bosco Vivas R.
111.1.6. EL "VIEJO LEON ESPAÑOL"
Finalmente, queremos recordar que el San Ramón no sólo ha constituido una piedra angular de la cultura nicaragüense: también ha sido un celoso guardián de ese viejo León español que, según el General Sandino en su "Manifiesto a los hombres del Departamento leonés", es "símbolo espiritual de este globo terrestre—.
111.2. EL RECTORADO DE RAFAELAGUSTIN AYESTA


Con el rectorado de Rafael Agustín Ayesta a partir de 1787, el Seminario Conciliar recibió un nuevo impulso. Por algo en 1799, cuando gozaba de una decena de cátedras, ya se pedía para él la facultad de dar grados académicos con las mismas prerrogativas de la Universidad de San Carlos: el 3 de Noviembre de ese año el Ayuntamiento de Cartago aprobó la idea expuesta por Francisco Ruiz de Santiago, Procurador General de la Provincia de Costa Rica.(38) 
 

111.2.1. INICIO DE LA PROYECCION CENTROAMERICANA
Se gestaba su proyección centroamericana -que más tarde alcanzaría proporciones mayores-, formando a la mayoría de los sacerdotes costarricenses y recibiendo a jóvenes de las provincias de Honduras y El Salvador: "con sólo la noticia del estado en que se hayan las letras en este Colegio -informa el Gobernador Intendente en Octubre de 1803-, no faltan jóvenes de dichas provincias que hayan venido a fin de estudiar—. (39)

111.2.2. LAS CATEDRAS
Cinco meses antes de redactarse este informe, habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y Cirugía; :,'se acabaron con su fallecimiento—, afirmaba el mismo funcionario, agregando: "No prometían una estabilidad que convenía al intento—. Por eso no las incluyó entre las que enseñaban a fines de 1803:

Cátedra     Catedrático    Alumnos    Horas    Dotación anual
Latinidad (o Gramática Latina) Francisco Chavarría 73 cuatro 200 pesos

Teología Moral Rafael Agustín Ayesta 15 una 200 pesos

Filosofía Tomás Ruiz 38 dos 200 pesos

Sagrados Cánones Francisco Ayerdi 19 dos 300 pesos

Teología Escolástica   una 200 pesos

Instituta Civil Nicolás Buitrago Sandoval 11 una 200 pesos

Leyes Manuel López de la Plata 11 una 200 pesos

Las dos primeras cátedras, subsistentes desde la fundación del Seminario, estaban dotadas por la real caja y las restantes de nueva erección, salvo la de Leyes -mantenida por el rédito o interés devengado de doscientos pesos por los cuatro mil que había cedido para ese fin el difunto Arcediano José Antonio López de la Plata- por sus propias rentas. Persuadido de que ningún catedrático dejaba de cumplir sus funciones por falta de sustentación económica, el Gobernador consideró que esos fondos no perjudicaban los otros gastos indispensables y confirmaba:"pues es notorio que el presente Rector ha reedificado la casa del Seminario, fabricado un oratorio, proveído de ornamentos, al mismo tiempo que han estado corrientes las rentas de los catedráticos y los alimentos de los seminaristas, por lo que no duda en afirmar el Intendente, que además de ser suficientes las dotaciones, son competentes los fondos de donde sacan contribuciones, y aseguran su estabilidad y permanencia".

111.2.3. EL GOBIERNO ECONOMICO
Ayesta había solucionado el gobierno económico, la mayor deficiencia del Seminario por muchas décadas, desde los primeros años de su rectorado. Florencio del Castillo, a propósito, alude a sus paternales sacrificios en ese aspecto, exclamando: " ¡Qué economía para ahorrar los gastos superfluos. Qué industria para aumentar sus rentas".(40) Además de agregar varias piezas al edificio y de amueblarlas convenientemente, aumentó la biblioteca; en síntesis: se entregó de lleno al Seminario y a sus alumnos, vigilándolos con disciplinada constancia para establecer el orden necesario. Uno de sus contemporáneos recuerda que se valía de mil arbitrios para promover sus adelantos, inspirándoles una noble emulación con exhortaciones, reprensiones y castigos. Y un divulgador de viva tradición apunta que cuidaba de los mismos "como buen padre de familia, sentándose con ellos a la mesa diariamente y dándoles ejemplos de frugalidad y buenas costumbres". (41 )

111.2.4. EL DESPERTAR INTELECTUAL DE NICARAGUA
La provincia comenzó a despertar intelectualmente debido al infatigable celo de Ayesta. Aunque de mentalidad tradicional, fortalecida con el ejercicio de la virtud y del amor al prójimo, el último era un "ilustrado" por su espíritu progresista. "El amor a las ciencias - refiere el citado del Castillo- fue su pasión dominante; su alma ilustrada conocía muy bien las utilidades, que resultan de su cultivo".(42) Durante su rectorado los actos literarios eran frecuentes. De¡ Castillo, su discípulo, expresa la satisfacción que le causaba el progreso literario de los niños: " ¡Que gozo sentía su alma, cuando un alumno en una edad tierna defendía en público, y con lucimiento, algunas conclusiones" (43)

111.2.5. EL EXAMEN DE FLORENCIO DEL CASTILLO
El examen que defendió el mismo del Castillo, al terminar sus estudios, repercutió en Guatemala. Allí, en 1797, un eclesiastico había dicho que Nicaragua era "la Noruega de la literatura": pues bien, el examen aludido exigía rectificar esa calificación peyorativa. Al recibirse en la capital del Reino su tarja manuscrita, un redactor de la Gazeta de Guatemala apuntó el 20 de Junio de 1802:
"Acordándonos de esta negra nota (haber llamado Noruega de la literatura a Nicaragua) damos lugar en nuestro periódico a la siguiente tarja que de la ciudad de León se ha remitido a ésta para imprimirse, como se acaba de hacer en castellano con las correspondientes licencias. Por ello se juzgará o que Nicaragua no estaba tan en tinieblas, o que después de cinco años le ha entrado su competente Crepúsculo de luz". (44)

Bajo la dirección del catedrático de Cánones, Francisco Ayerdi, el examen versó sobre."las conclusiones que ofrecen los Cánones comprendidos en el Código que vertió Dionisio Exigno, y las que dan los aumentos del código griego, hasta los Cánones del séptimo Concilio general de la Iglesia Romana—, dando el sustentante "razón de los colectores, autoridad y tiempo en que se hicieron los códices de que usó la Iglesia en los primeros ocho siglos, y las demás cosas que conduzcan a su perfecta inteligencia". (45) Un años después, ya catedrático de geometría elemental, del Castillo dirigó el examen de sus alumnos Miguel Alegría y Francisco de Benavente, como da cuenta la Gaceta el 28 de Noviembre de 1803(46) Ese periódico recogía frecuentemente crónicas sobre los eventos innovadores del Seminario, como el dirigido por Tomás Ruiz, catedrático de Filosofía. Este examinó a sus alumnos Félix Pedro Avilés, Juan de los Santos suazo, José Dolores Calvo y Desiderio de la Quadra, quienes sostuvieron los siguientes puntos: "De Lógica: elementos del arte de pensar, por Condillac; de Metafísica: su naturaleza,su división y las materias de que trata. De la (Metafísica) especial: La existencia de Dios, exponiendo y refutando los varios sistemas de los ateístas. La incorporeidad del alma: explicando el origen de sus ideas y las opiniones que hay sobre !su; mutuo comercio."(47)
111.2.6. LOS ACTOS LITERARIOS
En esos actos literarios -así se denominaba a las disertaciones públicas- los actuantes merecían "el aplauso de su instrucción" y los catedráticos daban "pruebas nada equívocas de su eficacia".(48) Para Octubre de 1803 habían tenido lugar cuatro y se disponía de otro de Instituta Civil, cuyas tarjas ya estaban impresas en Guatemala. En León no había imprenta, aunque era uno de los sueños de Ayesta, motivado seguramente por las numerosas tarjas que salían del Seminario. A los pocos años José Cecilio del Valle, en efecto, deseaba que la Diputación Provincial de León "con el fondo de propios, o el de comunidades o por suscripción de patriotas, compre una imprenta en España, en la Habana, o en el norte de América, y se realizen los pensamientos del benemérito eclesiástico D (on) Rafael Ayesta".(49)

El Seminario Conciliar de león, como se dijo, constituía el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica. Surgido a mediados del siglo XVII, su fin era recoger a la juventud y educarla en buenas y loables costumbres -de acuerdo a sus constituciones- para que fuera útil a la Catedral, de acuerdo con el mandato del Concilio de Trento. Desde entonces se prefería a los naturales y domicilarios de la provincia que, a fines del XVIII, estudiaban para ocupar los cargos administrativos y eclesiásticos monopolizados por forasteros. 

Hasta 1787, su desarrollo fue muy pobre: no había egresado de sus aulas el número de sacerdotes que se necesitaba ni éstos obtenían el nivel cultural esperado. Pero Ayesta remedió la situación, preocupándose por las costumbres de los seminaristas: gracias a él "cada niño que recibía en el Seminario, juzgaba que la Provincia le había puesto a su cuidado, para que conservase su inocencia, para que formase un verdadero Cristiano, un Eclesiástico perfecto" 350)

111.2.7. PERSONALIDAD Y OBRA DE AYESTA
El celoso Rector poseía el secreto de hacerse amar y respetara¡ mismo tiempo: sus discípulos le obedecían sin exasperarse, le temían sin aborrecerle y le amaban sin despreciarlo'. A mediados de 1809, al morir su obra había incluido muchos exámenes públicos -en los cuales se defendieron conclusiones doctas y extensas- y numerosos ministros formados bajo su dirección y conducta, "jueces íntegros, jurisconsultos sabidos, y facultativos hábiles, que ejercen sabiamente el arte de la salud". Por su parte, el hecho de que la Ilustración se había difundido hasta en las clases inferiores de los barrios obligó al último Vice-Rector del Seminario, Florencio del Castillo, a formular la siguiente pregunta afirmativa a las honras de sus funerales: "¿Esta circunstancias sola, no ha hecho que León sea la primera ciudad, después de la capital del Reyno?".

111.2.8. LA ENSEÑANZA TRADICIONAL
Una enseñanza tradicional, como se ve, predominaba en el plantel de virtudes y letras que era el Seminario. Casi todos los textos leídos en sus cátedras tenían esa característica, por ejemplo el natal de Alexandro Ligorio Echarri y el compendio de Lárraga, ocupados por Ayesta en sus clases de Teología. La Filosofía andaba por ese mismo camino: era escolástica, como el curso que había impartido de 1792 a 1794 el Br. José Antonio Chamorro, egresado del Colegio Tridentino de Guatemala y autor de unas Proposiciones/ et universa Aristotelico ThomisticaUFilosofia y del siguiente folleto de cincuenta páginas:

Enchyridio Thesium and certamen dogmatico-historico, critico, morale, Teologicum, circa principaliores y Virtutes, Fidel Scilicet, Spem & Charitatem; atque ipfarum vitia appofita, ex devoto animo sacratum Sancto Ignatio de Loyola Sociatatis Jesu Fundator, atque in spsius honorem defenditur in Regia, Pontificia Carolina palestra hujus N. Guatimalae, D. O. M. Ipsius Genitrice semper Virgen....(51)

Dr. Tomás Ruiz, el célebre Padre-indio, alumno primero y luego Vice-Rector, entre 1802 y 1805, del San Ramón.
111.2.9. LAS MENTALIDADES ILUSTRADAS
Sin embargo, no todos los estudios del Seminario eran tradicionales. Tomás Ruíz, conocido por su auténtica mentalidad ilustrada y por su reacción antiescolástica en Guatemala, impartía a Condillac en la clase de Lógica de su cátedra de Filosofía en 1803. Por tanto: la Ilustración se enseñaba oficialmente en el Seminario. El mercedario Fr. Buenaventura García se hizo cargo de la Teología Escolástica por unos meses, hasta que fue destinado a la encomienda de Tegucigalpa, probablemente por su convicción racionalista; participante de la reforma universitaria de Liendo y Goicoechea, había sostenido en 1785 que "el conocimiento de las cosas puramente naturales no debe ser inquirido por los estudios de las Sagradas Letras, sino que deben ser investigados por la razón humana". (52)

 

 

 

 

  10 de Enero de 2001 |  El Nuevo Diario
 La pequeña gran república

                   —Pedro Alfonso Morales—
 

                   El 15 de diciembre de 1680, cincuentiocho años después de fundada la  primera escuela por el obispo Baltodano, otro obispo de la diócesis de León, Fray Andrés de las Navas y Quevedo, «uno de los prelados más  ilustres», fundó el Colegio San Ramón. El Concilio de Trento, sección  22, capítulo 18, había mandado que en todas las sedes episcopales de  Indias, se estableciese un seminario. 

                   Fray Andrés de las Navas y Quevedo, español nacido en Baza, Guádix,  mercedario, fue electo obispo de León en 1677, consagrado en Guatemala un año después. Además de fundar el Colegio San Ramón,  edificó el Palacio Episcopal y estableció en el Cabildo Catedral, la  dignidad de Maestrescuela. Sin duda, la fundación del Seminario San   Ramón, constituyó su gran obra en favor de la instrucción pública. Y su  acierto vive aún 321 años después, porque este colegio es el más  importante de Nicaragua. El padre-abuelo de todos los planteles educativos del país, resplandeciente desde su nacimiento. 

                   En 1787, ciento siete años después de fundado el Colegio Tridentino  San Ramón, fue nombrado rector el ilustre Presbítero, Rafael Agustín  Ayesta, cuyas funciones desempeñó hasta su fallecimiento ocurrido el 4  de julio de 1809, es decir, durante vientidós años con merecido reconocimiento de los leoneses. 

                   Antes de su muerte, el rector Ayesta, solicitó al rey de España, se otorgara al centro, la facultad de conferir grados académicos, sin  necesidad de rendir exámenes en la Universidad de San Carlos,  Guatemala, gracia que gozaban «los colegios de San Antonio del Cuzco  y los de Santa Fe de Bogotá y Quito»; que los extendían sin intervención  de las Universidades de Bogotá y Lima. 

                   En ese tiempo en el Seminario San Ramón de León, se dictaban cátedras de latinidad, teología moral, filosofía, cánones, instituta civil y  leyes, asignaturas que servían entre otros catedráticos: Francisco  Echeverría, el rector Ayesta, el Dr. Tomás Ruiz, el Dr. Francisco  Ayerdis, el Lic. Nicolás Buitrago y el Br. Manuel López. Y un curso de  lectura lo dictaba el Prof. Antonio Gómez. 

                   El procedimiento legal establecido por los reyes de España, era  complicado. Y a pesar de los dictámenes favorables emitidos por los  oficiales de la Capitanía General de Guatemala-Cédula Real del 18 de  agosto de 1806 el rey español limitó su otorgamiento al de Grados  Menores por el Seminario San Ramón, ordenando sobre la petición del Padre Ayestas, entre otras cosas: «... Ha parecido que no se haga   novedad en cuanto al establecimiento de la universidad, en el insinuado Seminario Conciliar de León de Nicaragua... Ha parecido igualmente no haber mérito ni motivos justos para dispensar la facultad de conceder los mayores; y por lo que respecta a los menores, se practique lo que esa Real Universidad». 

                   En 1810, llegó a Nicaragua el ilustre Obispo Fray Nicolás García Jerez, dominico español de Murcia. Fue el último obispo nombrado por el rey  de España. Fue gobernador de Nicaragua en 1811 hasta 1814. Vivió  tiempos difíciles por los movimientos libertarios de la época. En septiembre de 1810, funcionaban en España, las históricas Cortes de Cádiz, después del derrumbe español. El nuevo Obispo, Fray Nicolás García Jerez, tomó con entusiasmo la idea del noble rector Ayestas y  comenzó a gestionar ante las autoridades españolas, la creación de la  Universidad de la Provincia. 

                   Las gestiones de García Jerez, fueron atendidas con relativa rapidez por las Cortes de Cádiz. Así, por decreto del 10 de Enero de 1812, se mandó a erigir en el antiguo Seminario Conciliar de León, la Universidad  de Nicaragua, después de ciento treinta y dos años de fundado el  Colegio Tridentino San Ramón por el Obispo Navas y Quevedo. Pero fue hasta el 24 de agosto de 1816 que entró en funciones. A Tomás  Ruiz Ayestas y García Jerez se les considera los fundadores de la  Universidad de León, cuyo lema inicial fue «Sic itur ad Astra». 

                   En 1818 tomó posesión el rector Pbro. Dr. Manuel López de la Plata. Le  sucede el Lic. Juan Francisco Aguilar Villar, primer rector seglar. Entre 1844 y 1857 la dirección de la Universidad fue asumida por una Junta de  Abogados. En 1869 fue clausurada y confiscada por el gobierno. En  1888 se decide establecer las universidades con separación de la  iglesia. Las universidades de León y Granada se establecieron por decreto legislativo del 3 de abril de 1879 y el ejecutivo del 11 de mayo de 1888 que reformó el plan de enseñanza. Dos años después se reformó   el plan de estudios de Medicina. 

                   En 1947 la Universidad de León toma el rango de Nacional y el 27 de  marzo de 1958, alcanza la autonomía bajo el rectorado del insigne Dr.  Mariano Fiallos Gil. Surge una nueva etapa universitaria de compromiso  con el país y de visión humanística, de desarrollo científico y carácter  nacional. 

                   En 1979 como resultado de las transformaciones políticas,   económicas, sociales y culturales que se dan en Nicaragua, la UNAN,  llegó a una etapa de cambios y con él, surgen la UNAN-Managua y la   UNAN-León. 

                   En 1996 se crea la Vicerrectoría de Relaciones Externas y Desarrollo,  instancia que promueve la comunicación oficial ante diversos organismos nacionales e internacionales. Así ha establecido convenios de cooperación, e intercambio académico con 17 universidades europeas y 12 de América. Entre ellas: Universidades de Hamburgo,  Flensburg, Salzsburgo, Lovaina, Ultrecht, Costa Rica, Honduras, Cuba, etc. 

                   La UNAN-León tiene seis facultades, un programa especial y tres  escuelas en las que se atienden 25 carreras de Pregrado. Hay también, 9 maestrías, 9 especialidades y 3 cursos de Postgrado. El presente curso registra una matrícula de 7.580 estudiantes y una planta docente universitaria constituida por 513 profesores. 

                   En 1995, la UNAN-León, inició un proceso de reformas universitarias y   formuló en 1997, su Proyecto Educativo estableciendo claramente su misión y los lineamientos estratégicos para la formación integral de los  profesionales.

                   En 1998 se pone en práctica el Año Común como un primer paso de la Reforma Curricular. El Año Común trabaja 3 áreas: Cognoscitiva, No  Cognoscitiva y Consejería. Nicaragua empieza ahí, en esta otra  pequeña gran república.
 
 

14 DE ENERO DEL 2002 /  La Prensa
 

              UNAN-León arribó a sus 190 años 








                                                    Alma Mater fue erigida el  10 de enero de 1812

               La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de  León arribó el pasado 10 de enero a sus 190 años.
 
 

              Mercedes Peralta/Corresponsal 

              LEON.- Con recordación y gratitud para los fundadores de la Universidad de León   padres Rafael Agustín Ayestas, doctor Tomás Ruiz y Fray Nicolás García Jerez, las  autoridades del CNU y de la UNAN-León, conmemoraron el 190 aniversario de   fundación del alma Mater de Nicaragua.   El principal objetivo de dicha celebración, es “el rescate de nuestra historia, el   homenaje a nuestros próceres y las reflexiones que deberán servir para sentar bases  sólidas de lo que debe ser el nuevo modelo de universidades públicas que permitan  responder eficazmente a los nuevos y complejos retos de la realidad actual”, dijo el  rector Ernesto Medina. 

              Recordó como enemigos históricos de la universidad, las arbitrariedades del poder   político, las consecuencias de las guerras y enfrentamientos provocados por la torpeza de los caudillos de turno, las carencias económicas, que en reiteradas ocasiones la obligaron a cerrar sus puertas, y las debilidades internas de la   universidad.   Antepuso a los protagonistas de tales barbaries, a sus fundadores Ayestas, Ruiz y  García Jerez; Darío, Mariano Fiallos Gil, Pablo Antonio Cuadra y otros “portadores de los estandartes de la cultura que brillan con mayor intensidad, cada día que  pasa”. 

              El rector Medina reconoció como los obstáculos más grandes entre las debilidades y  problemas internos “en los períodos más oscuros de la historia de la universidad, la  enseñanza defectuosa, obsoletos planes de estudios, desvinculación con los  problemas de la sociedad y la intolerancia política”, experiencia que debe servir para propiciar cambios.    La coincidencia de fechas de asunción del nuevo gobierno nacional y de  conmemoración de la universidad que fue erigida el 10 de enero de 1812, debe ser  para el Alma Mater una oportunidad para analizar sus relaciones y convertirse en   factor clave para el desarrollo del país, frente al papel que juegan el conocimiento,  la tecnología y la ciencia estima el doctor Medina. 
 

              CONTRIBUCIONES DE LA UNIVERSIDAD 

              El doctor Francisco Guzmán Pasos, presidente del CNU y ex alumno de la  UNAN-León, indicó que para propiciar las transformaciones de la universidad, sus estamentos no deben estar condicionados por vínculos sutiles o abiertos que se  establecen con el estado o sectores sociales y productivos, ni con la cooperación  internacional.    “La universidad debe estar orientada a enfrentar los desafíos del mundo moderno.   Los cambios económicos políticos y económicos que se están dando en el mundo, nos exigen una función protagónica pero no hegemónica, en el estudio crítico de los   cambios que se están dando y a la capacidad que tenemos para predecir las  tendencias del futuro”, observó. 

              El presidente del CNU expresó que “la universidad debe contribuir a la construcción   de un modelo económico nuevo, para que la desesperación, la angustia, el escepticismo y la falta de confianza en la democracia política formal, no lleve al   pueblo a las situaciones trágicas y difíciles que ha recorrido en tiempos pasados”. .

29 de Agosto de 2002 |  END

                La Universidad de León: Alma mater de las
                Universidades de Costa Rica y Honduras

                —Carlos Tünnermann Berheim—
 

                La Universidad de León, ahora UNAN-León, que este año está  cumpliendo 190 años de existencia, no sólo es el Alma Mater de  las generaciones de políticos, profesionales e intelectuales nicaragüenses que, en su época, le dieron forma a la recién  independizada República de Nicaragua, contribuyendo a forjar sus  incipientes instituciones y a redactar sus primeras leyes y códigos,  sino también en ella se educaron los universitarios que llevaron a   las hermanas Repúblicas de Costa Rica y Honduras la semilla de la educación superior. 

                Es oportuno, en ocasión de la efemérides que estamos  conmemorando de la fundación de la Universidad de León, un 10 de enero de 1812, que señalemos el vínculo histórico entre las más  altas Casas de enseñanza de Nicaragua, Costa Rica y Honduras.  Fue la Universidad de León y su ilustre antecedente histórico, el Colegio Seminario de San Ramón, la fecunda matriz donde se  forjaron los brillantes universitarios a quienes se debe la fundación  de las Universidades de Costa Rica y Honduras. 

                Cuando los munícipes del Ayuntamiento de San José de Costa Rica decidieron crear el primer plantel de segunda enseñanza de Costa Rica, hicieron llegar, de León de Nicaragua, al célebre Br.  Rafael Francisco Osejo, graduado en el Seminario San Ramón. El 24 de abril de 1814, abrió sus puertas la Casa de Enseñanza de Santo Tomás de Aquino, con el Br. Osejo como primer Rector del  plantel. Esta Casa de Enseñanza fue el germen de lo que después sería la Universidad de Santo Tomás, creada por el Dr. José María Castro Madriz, graduado en la Universidad de León y, para esa época, brillante Ministro General de la Administración del presidente costarricense José María Alfaro. 

La Universidad de  Santo Tomás, precursora de la actual Universidad de Costa Rica,  se instaló solemnemente el 21 de abril de 1844. Su primer Rector,  el Dr. Juan de los Santos Madriz, también era egresado de la  Universidad de León, así como la mayoría de los miembros de su claustro de profesores. La nueva Universidad fue en su  organización y en su enseñanza, «un simple reflejo de la  Universidad de León de Nicaragua», como lo reconocen los historiadores costarricenses. 

                Cabe señalar que el Br. Rafael Francisco Osejo, natural del barrio  de Sutiava de León de Nicaragua, encabeza la lista de   Beneméritos de la Patria, por decisión de la Asamblea Nacional de  Costa Rica. 

                Algo similar ocurrió con la creación de la Universidad de Honduras, cuyo fundador fue el Padre José Trinidad Reyes, a quien los hondureños llaman cariñosamente «el Padre Trino», egresado del  Seminario de San Ramón y de la Universidad de León. El 14 de diciembre de 1845, un grupo de jóvenes profesionales hondureños,  todos ellos egresados de la Universidad de León de Nicaragua, decide fundar la célebre «Sociedad del Genio Emprendedor y del  Buen Gusto», germen de la futura Universidad de Honduras. Ellos   eran, además, discípulos del Padre Trinidad Reyes. Cabe recordar  sus nombres: Máximo Soto, Miguel Antonio Rovelo, Alejandro  Flores, Yanuario Girón y Pedro Chirinos. La Sociedad asumió la  enseñanza de la Filosofía y de la Gramática Latina. Su primer Rector fue el propio Padre Reyes. En el acto de inauguración de la Sociedad, dijo el Padre Reyes en un elocuente discurso: «Hoy ve Tegucigalpa un rasgo sin ejemplo, que no lo viera antes de nuestra  independencia ni después que el amor a la Patria ha sido tan incesantemente decantado. Unos jóvenes, que uniendo a sus  talentos una infatigable aplicación al estudio, han merecido los  honrosos títulos literarios con que los condecoró la acreditada Universidad de León de Nicaragua, consagran hoy a la Patria sus  tareas, y vienen a pagarle las primicias de sus luces, haciéndole un servicio de una clase superior a cuantos puedan prestarles sus   amantes hijos». 

                En 1847, el Jefe de Estado de Honduras, Dr. y Gral. Juan Lindo,  gracias a las gestiones del Padre Reyes, elevó la Sociedad al  rango de Universidad. 

                Es bueno que los universitarios nicaragüenses y, principalmente la  comunidad académica de la UNAN-León, tenga presente estos datos históricos que contribuyen a acrecentar el prestigio de la  Universidad de León (UNAN-León), de cuyas aulas salieron los ilustres varones que llevaron a los países vecinos la simiente universitaria. 

                Managua, agosto de 2002. 
 

10 de Diciembre de 2002 |  El Nuevo Diario
  UPOLI saluda 190 aniversario de la UNAN-León  —Douglas Alemán Pineda—
  En el marco del 190 aniversario de Fundación de la Universidad  Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), en un acto solemne realizado el 3 de diciembre, la UPOLI develizó una placa conmemorativa con la que patentizó y perennizó su saludo a la primera  Alma Mater constituida en este país. 

                La UNAN-León fue fundada en 1912 con el nombre de Real Universidad  de la Inmaculada Concepción de León de Nicaragua; fue la segunda universidad fundada por la Capitanía General del Reino de Guatemala y la última fundada por los españoles en América. Por gestiones de su rector inicial, el padre Rafael Agustín Ayestas, que el 10 de enero de  1812 se emitió el decreto mediante el cual, el antiguo Seminario Conciliar de San Ramón, fundado en 1680, se transformó en la  Universidad de León, ciudad que en ese entonces era capital de la provincia de Nicaragua. 

                El Lic. Sergio Denis García, rector de la UPOLI, expresó que la placa se hacía en reconocimiento a la gran connotación y trascendencia para la vida social, política y cultural de la UNAN, institución a la que se le reconoce el mérito de ser proclamada el Alma Mater por excelencia de Nicaragua. 

                Mediante la placa la UPOLI manifiesta su más efusivo reconocimiento a  todos los que en el pasado y en el presente han contribuido con el objetivo fundamental, educativo, cultural e investigativo de lo que es hoy  la UNAN-León. 

                El Lic. Sergio Denis García agradeció a su actual Rector, Dr. Ernesto  Medina Sandino y al Consejo Universitario, por aceptar compartir la expresión de saludo de parte de la UPOLI, por los 190 años de vida  fructífera, extraordinaria y trascendental de la UNAN-León. 

                El Dr. Ernesto Medina Sandino agradeció al Patronato de la UPOLI por el acto fraterno de gran significado para los universitarios de León. "Nos complace que la UPOLI sea la primera universidad que perenniza este recuerdo de la celebración de este aniversario. La UPOLI ha sido universidad gemela de la UNAN-León, por las luchas que ha librado la universidad nicaragüense en los últimos años; creo que ha habido una enorme identificación, con los ideales, con el humanismo que defiende esta universidad, como lo era el pensamiento de Mariano Fiallos y el pensamiento que está detrás de la fundación de la UPOLI", expresó el  Dr. Sandino. 

                Dijo que éste ha sido un año de reflexión de la universidad en Nicaragua  y del papel en el presente tan turbulento e incierto de nuestro país; agregó que si bien es cierto la tradición y la historia son importantes porque han ayudado a configurar la naturaleza, estos no son suficientes para enfrentar los retos enormes y complejos que tiene la universidad nicaragüense. 

                "Quiero agradecer a la UPOLI, a su Rector, al Patronato y a toda la comunidad por este gesto que nos conmueve y que agradecemos de  todo corazón. Tengan la seguridad de que la UNAN-León seguirá  haciendo los mejores esfuerzos para tratar de mantener vivo este espíritu que nos legó Mariano Fiallos y nuestros fundadores visionarios,  pero sobre todo grandes humanistas; la UNAN-León quisiera ahora ratificar su compromiso con este pensamiento humanista, su compromiso con el cambio, con la transformación definitiva de  Nicaragua y con el compromiso de poder lograr una sociedad más  justa, más solidaria, menos egoísta, un sueño que creo que compartimos con los hermanos y hermanas de la UPOLI". afirmó el Dr.  Ernesto Medina Sandino. 

                Posteriormente al acto se develizó la placa conmemorativa que fue colocada una de las paredes de la biblioteca del edificio del Paraninfo. En el contenido se expresa lo siguiente: "La Universidad Politécnica de  Nicaragua en ocasión de la celebración de su 35 aniversario de  fundación, ante el memorable acontecimiento histórico de los 190 años de fundación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua  UNAN-León, celebrado en el presente año, ofrece esta placa conmemorativa como expresión de gratitud y reconocimiento a esta  institución hermana, fuente motriz de movimientos libertarios, espacios de debates y planificación ideológica en los grandes hitos de la historia patria desde antes de nuestra independencia, destacada en su labor  conductora y constructora de procesos de conocimientos y aprendizajes y su trayectoria preponderante en la vida nacional, que le define su identidad, significado y misión en la búsqueda de la verdad  científica, en su tarea que es inherente con el esfuerzo y su identificación con las mejores causas de Nicaragua haciendo honor a su lema: a la libertad por la universidad"
 

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