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Tomado de La Prensa en 17/10/99
Una historia romántica
Dos
jóvenes de tribus enemigas se abrazaron para siempre
Ometepe,
una bella historia de amor
*
Las leyes decretadas por los teytes no permitían que se unieran
en
matrimonio
Ometepetl
y Nagrando
NOELIA
SANCHEZ RICARTE
OMETEPE.
Los Náhuatl buscaban la tierra prometida en la primera emigración
al istmo de Rivas y la encontraron en Ometepe. Siguieron la profecía
del Alfaquí y durante su estadía construyeron este mundo
de leyendas, cerámica, ídolos y petroglifos.
Ometepe
es un santuario completo de arte rupestre y de linda cerámica indígena.
Sus habitantes hasta han encontrado un objeto que parece ser la pieza de
un telescopio para estudiar los astros del firmamento.
Tan
mítica es la isla, que se cuenta y más de alguien lo
confirma, de un río donde el que se baña sufre cambios
en su personalidad. O bien, siempre se asegura con mucha seriedad que los
volcanes Concepción y Maderas, no son más que los pechos
de la india Ometepetl.
Una
historia de amor parece ser la génesis de este pequeño terruño,
ahora conocido como Isla de Ometepe, que mide 276 kilómetros cuadrados
y está ubicada en medio del Lago Cocibolca o Coapotl, hermano gemelo
de Xolotl o Lago Xolotlán.
Por
lo menos así lo refleja la historia contada por el profesor Hamilton
Silva Monge, quien ha dedicado la mayor parte de su vida a buscar entre
las propiedades de Altagracia, petroglifos y una nueva cerámica.
Con esa inquietud, ha realizado valiosos hallazgos que en su mayoría
se encuentran en el museo de Altagracia donde se desempeña como
director.
El profesor
Hamilton, como le dicen en su pueblo, mantiene fresco el recuerdo que dio
origen a Ometepe; una bella historia de amor y romance que ha quedado impresa
en un libro escrito por él mismo.
Niquiranos
y Nagrandanos
impidieron
un gran romance
* Ometepetl
era la admiración de todos los indios mancebos.
Su
silueta era bien delineada y su hablar dulce y sonoro
La
historia de amor comienza con el enamoramiento de Ometepetl
y Nagrando,
ambos provenientes de dos tribus en conflicto.
Ometeptl
pertenecía a la tribu de los indios Niquiranos y Nagrando a los
Nagrandanos.
Según
la leyenda contada por el profesor Hamilton Silva,
Ometepetl
era una muchacha preciosa, alta, pelo lacio, bien
formada.
Su sonrisa hechizaba y su mirada deslumbraba. Ella era la
admiración
de todos los indios mancebos.
Su silueta
era bien delineada y su hablar dulce y sonoro.
"Nagrando
era fornido, con brazos como de madroño, piernas
como
de tempisque, nariz aguileña, diestro en la pesca y en la
cacería:
era un guerrero", narra la leyenda.
Las
familias de ambos jóvenes eran enemigas a muerte y las leyes decretadas
por los teytes no permitían que se unieran en matrimonio.
Una
tarde de verano Nagrando se encontró con la bella Ometepetl y los
dos quedaron enamorados. En ese momento Xochi-pilli hizo sonar la canción
de la brisa en todos los pastizales, Quetzalcóatl desprendió
exhalaciones por todo el universo. Ehécatl hizo caer sereno y todos
los teotes desparramaron bendiciones sobre aquel nuevo amor. Mientras tanto,
Coapotl se regocijaba y los pájaros soltaban sus trinos.
Ambos
jóvenes se juraron amor, pero el gran cacique Niquirano mandó
a buscarlos para apresar a Ometepetl y matar a Nagrando. Estos buscaron
apoyo en sus amigos íntimos para huir. Solos y a escondidas se besaron,
abrazaron, oraron y luego se cortaron los pulsos. Es así que el
gran Lago Cocibolca no es más que la sangre emanada de los jóvenes,
los dos volcanes de la isla son los pechos de Ometepetl y la Isla de Zapatera
es el cuerpo sin vida de Nagrando, que no avanzó mucho en la fatalidad
de su muerte.