Viajábamos en el asiento posterior del autobús de los
Transportes López que cubría la ruta de Managua a Jinotega.
El sol que entraba por el cristal trasero me picaba en la espalda y en
la nuca , y solamente sentía un cierto alivio cuando el vehículo
cambiaba su orientación aquella mañana de finales de Marzo
.
Era Jueves Santo de 1962 . Mi tío Julio , mi hermano Tavo , mi primo
Julito y yo nos dirigíamos a las Playitas , un hermoso lugar situado
al norte de Managua y a unos pocos kilómetros antes de llegar a
Ciudad Darío , formado por varias lagunas de diferentes tamaños.
Íbamos de cacería y para mi era la primera vez que lo
haría de noche . Normalmente los sábados por la tarde solíamos
jugar al beisbol en la Loma de Tiscapa o en la Quintanina , otras
veces con los amigos del barrio : Alfredo , Mario , Fernando , Abel , mi
hermano Tavo y mi primo Orlando íbamos a cazar palomitas San
Nicolás y conejos al Campo Lasalle , al sur de Managua , allá
por donde vivía Manuel .
Para mi era un acontecimiento , ya que aparte del hecho de que tendría
que usar una linterna sujeta a mi cabeza para localizar y apuntar a la
pieza , estrenaría mi nuevo rifle de balines , que me lo había
comprado mi mama la semana pasada donde Dreyfus , enfrente de Carlos Cardenal
. Mi tío Julio le había colocado una correa para llevarlo
colgado del hombro.
Los planes de mi tío Julio eran : esa tarde coger la lancha
de Pantaleón y adentrarnos en la Playita Grande para intentar cazar
garzas blancas . Después , por la noche , apostarnos en la orilla
subidos a los árboles y esperar a que vinieran a beber agua : venados
, cusucos , guardatinajas , zorros cola pelada , conejos y en fin aquella
maravillosa fauna que habitaba esos parajes .
El autobús empezó a subir la cuesta del Coyol y a pesar
de mi euforia de repente recordé que estas curvas me ponían
enfermo y me daban ganas de arrojar . Para distraerme busqué con
la mirada el valle que dejábamos atrás . En él se
encontraba la hacienda de San Jacinto , que era visitada los días
patrios por los escolares de toda Nicaragua , para no olvidar que tiempo
atrás los nicaragüenses habían derrotado en ese lugar
a los norteamericanos , en aquella ocasión filibusteros . En años
anteriores los colegios desfilaban con sus trajes de gala y con sus Bandas
de Guerra en la explanada en la que se encontraba la casa solariega , convertida
en museo . Después los desfiles fueron trasladados a Managua y se
celebraban en la fecha del 6 de Febrero , día de la muerte de Rubén
Darío en la ciudad de León en el año 1916 .
Los colegios se concentraban enfrente de la Tribuna , monumento fastuoso
de estilo neoclásico , situado en la explanada de Tiscapa y mandado
a construir por el General Anastasio Somoza García para contemplar
las paradas militares de la poderosa Guardia Nacional de Nicaragua .
Los colegios bajaban por la avenida Roosvelt hasta el parque Rubén
Darío , en un costado de la Plaza de la República y a orillas
del lago de Managua , en él que todavía se encuentra un monumento
al poeta . Depositábamos una ofrenda de flores al pie del monumento
y el desfile seguía por la avenida Bolívar . El colegio Rubén
Darío en el que me bachilleré era el primer colegio que desfilaba
inmediatamente detrás de la Academia Militar de Nicaragua y nos
reíamos mucho cuando el redoble de nuestra banda de guerra que era
Juancito hacía perder el paso a los cadetes del último pelotón
de la Academia .
Nuestra banda de guerra era modesta : 9 tambores , 9 clarines y 1 bombóm
, pero tocábamos bien gracias a un instructor de la Academia que
había contratado Toño , el Subdirector del colegio , hasta
tal punto que las organizaciones piadosas de los distintos barrios de Managua
invitaban al colegio para que su banda acompañara las procesiones
durante las fiestas parroquiales . Recuerdo que las del barrio San Sebastián
del año 1961 fueron pijudas y todas las muchachas de nuestro barrio
nos fueron a ver desfilar , entre ellas estaban : Tamara , Indiana , Elena
, Betty , Milena , Chilo…..nosotros íbamos muy orgullosos y fachentos
con nuestros uniformes blancos , adornados con cintas doradas en los costados
de los pantalones , galones también dorados en los extremos de las
mangas del saco , charreteras azules con flecos dorados , guantes blancos
y un kepis estilo alemán
El bus empezó a descender la cuesta del Coyol . Entre las cabezas
de los pasajeros que viajaban en la parte delantera y a través del
cristal frontal se podía admirar una inmensa llanura salpicada por
pequeñas colinas . Los ojos se llenaban de todos los tonos de verdes
a excepción de varios lunares de color gris celeste que eran Las
Playitas .
Al cabo de un rato Hugo el chofer gritó desde su asiento : -
A ver , los que van a Las Playitas que se alisten que ya llegamos
- . Comenzamos a recoger nuestros salbeques , mochilas y bolsas en las
que llevábamos , entre otras cosas , latas de sardinas picantes
, botes de melocotón , una libra de mortadela y una libra de queso
de crema que habíamos comprado el día anterior donde las
Sampson , una olla de almíbar que nos había preparado la
Cony , mi mama , con papaya , jocotes , mangos y en fin todos los ingredientes
de ese típico manjar de Semana Santa .
Descendimos del bus , cruzamos la carretera y nos adentramos por el
sendero que nos llevaría a la casita de Pantaleón , en la
que vivía con su mujer y sus dos muchachos . Pantaleón era
ciego y sus dos hijos también. Mi tío Julio , en sus correrías
de cazador , le había conocido años atrás cuando venía
por esta parte del país y desde entonces conservaban una buena amistad.
Una cálida humedad nos envolvía y mientras caminábamos
nos acompañaba la orquesta nacional de Nicaragua : el canto de las
cigarras , el aletear de pájaros , el suave murmullo en las copas
de los árboles producido por la brisa , el canto de los güises
y zenzontles , el martilleo de los pájaros carpinteros………¡
Qué hermoso espectáculo ! , aunque en aquella ocasión
sin saber concederle , todavía , el valor que el tiempo y la distancia
han terminado por darle un sentido de paz y belleza a través del
recuerdo.
Los ladridos de la Marquesa , la perra de Pantaleón que venía
a nuestro encuentro , fueron los primeros saludos de bienvenida que recibimos.
El color de su piel era indefinido y la pobre estaba tan flaca que parecía
que únicamente tenía cabeza y rabo . La mujer de Pantaleón
preparó para almorzar chancho en caldillo con papas y arroz e inmediatamente
después de comer , poniendo en práctica el refrán
: “ Indio comido puesto al camino “ nos dirigimos a coger el bote de Pantaleón
.
Serían las dos de la tarde cuando nos adentramos en la laguna
Julio , Julito , Tavo y yo . Ninguno llevábamos rifles , solamente
Julio portaba su escopeta de dos cañones con munición de
cartuchos del calibre 12 , para patos , que por lo que nos explicó
era la munición adecuada para cazar garzas porque no dañaban
sus alas .
Mi tío Julio utilizaba las alas de las garzas , preparadas con
técnicas de taxidermia , para venderlas como alas de angelitos para
los niños que salían disfrazados como tales montados en las
carrozas de las procesiones de Semana Santa. El Lunes Santo había
ido con Julito a comprar los cartuchos para la escopeta de mi tío
a La Defensa , un almacén de la Guardia Nacional que estaba del
parque Santo Domingo media cuadra abajo , había un montón
de “ jocotes cocidos “( así llamábamos a los guardias por
la similitud del color de sus uniformes con el color de esa fruta madura
después de cocida ), luego nos acercamos a los laboratorios Bengoechea
a comprar un medicamento para mi tío Julio para los cólicos
nefríticos que de vez en cuando le daban .
Julio y Tavo fueron remando bordeando la laguna : una hermosa alfombra
verde salpicada con enormes flores acuáticas de colores carmesí
, blancas y amarillas . Nos apostamos entre juncales , muy cerca de un
árbol de gran tamaño ; con sus ramas desnudas en su parte
inferior pero su copa repleta de flores blancas.
Serían más o menos las tres de la tarde cuando la primera
garza se posó en el árbol , Julio nos dijo : - muchachos
, ahora estense quietos y no armen mucha bulla , tendremos que esperar
mucho rato hasta que haya suficientes garzas -. La laguna estaba rodeada
de montañas excepto por el lado por donde a lo lejos pasaba la carretera
que iba al norte del país.
El tiempo fue transcurriendo entre la algarabía de los patos
, el reflejo tornasol de los vivos colores de los gallitos de playa , el
chapoteo de las iguanas de agua al correr sobre la superficie de la laguna
, el alboroto de pijules y zanates , el canto de los clarineros………Mientras
tanto pensaba en las ocasiones , que durante las vacaciones escolares ,
había estado en la ciudad de Sébaco a pocos kilómetros
al norte de Ciudad Darío.
Nos hospedábamos en casa de Humberto y Chelita , tenían
una gran pulpería a la media cuadra del cine Escoto , en el que
ponían solamente películas argentinas , mexicanas y españolas
; no presentaban películas con subtítulos , en aquellos tiempos
el anafalbetismo en Nicaragua rozaba el 70% de la población.
A mi me encantaba ayudar a vender en la pulpería desde los dulces
y golosinas típicos del país como : piñonates , coyolitos
huevos chimbos , pan de rosa …… hasta las camisas Venus y los zapatos
Rolter fabricados en Nicaragua , así como productos de importación
como la avena Quaker . los detergentes Ace y Fab , pilas Ray-o-Vac , etc.
Una mañana mientras despachaba media libra de azúcar
y una libra de pinolillo a la muchacha que trabajaba en el molino , y que
medio jalaba con Luis el hijo mayor de Humberto y Chelita , entró
en la pulpería un hombre joven , alto , bien parecido ; con un pequeño
bigote perfectamente recortado , de tez blanca y pelo muy negro. Vestía
pantalón blanco , camisa blanca de mangas cortas y zapatos negros.
Se le veía agitado y nervioso. Preguntó por Don Humberto
y yo me dirigí al corredor de la casa a avisarle a Humberto que
un hombre preguntaba por él ; cuando salió se desarrolló
el siguiente diálogo :
Hombre de blanco
: - Don Humberto présteme la pistola , la necesito
es un asunto de vida o muerte -
Humberto : - ¿ Pero hombre , Ernesto , no te irás a meter
en
una vaina en la que vos saldrás perjudicado ?-
Hombre de blanco :
- No se preocupe por mi , hoy mismo voy a
arreglar esta carajada para siempre -
Humberto : - Está bien , vos verás , te voy a cargar la pistola,
ahora vengo -
Humberto le entregó un revólver calibre 38 , y el muchacho
se dirigió a la calle , nosotros nos quedamos en una de las cuatro
puertas que tenía la pulpería y pudimos observar que en la
esquina de la iglesia había otro hombre de mediana estatura , tez
morena y murruco ; saltó al centro de aquella calle polvorienta
, pues no había llovido en semanas . Llevaba también un arma
en la mano . Se acercaron el uno al otro mientras se proferían insultos
, cuando estuvieron a una distancia de unos 15 metros empezaron a disparar
, se escucharon varios disparos ; - ruido seco y terrible , qué
tremendo es el ruido de la muerte -. El hombre con el que había
estado hablando unos instantes antes se arrodilló en el suelo al
mismo tiempo que llevaba sus dos manos a su vientre y caía de costado
sobre la calle .
Una pareja de la Guardia apareció corriendo por el lado por
donde pasaba la carretera y emprendieron la persecución del otro
hombre que con pistola en mano huía en dirección al cementerio.
El cura de Sébaco : Don José , un sacerdote español
que junto con su hermana Pilar vivía en la casa contigua a la iglesia
, se arrodilló al lado del muchacho para asistirle cristianamente
en sus últimos instantes.
Eran las cuatro y media de la tarde , en el majestuoso árbol
se podían contar hasta docena y media de esbeltas garzas que escudriñaban
sus alas con sus largos picos . Mi tío Julio comenzó a prepararse
ensayando la posición más adecuada y segura sobre el bote
para no perder el equilibrio al disparar debido al efecto de reacción
. Nosotros observamos los movimientos pausados pero seguros de tío
Julio , hincó su rodilla izquierda , y extendiendo su pierna derecha
apoyó el pié en la tabla que hacía de asiento central
de la lancha ; colocó firmemente la culata de su escopeta en su
hombro derecho y apuntó hacia el árbol , ensayando un ligero
desplazamiento hacia la parte derecha con el objeto que los perdigones
, al esparcirse , cubriesen el mayor área posible.
!Dos detonaciones , separadas por un segundo de tiempo retumbaron entre
las montañas !. ¡ Nuestros ojos atónitos contemplaron
un tremendo e inolvidable espectáculo ! : Enormes bandadas de patos
emprendieron el vuelo de una manera desordenada sobre las aguas de la laguna
, los gallitos de playa se alejaban en vuelo rasante , los pájaros
de los árboles cercanos se elevaban verticalmente sin tomar dirección
alguna , las codornices volaban sobre los arbustos hacia lo alto de las
montañas , las iguanas y garrobos subían a los árboles
, los conejos huían a sus madrigueras…………..Unas garzas aturdidas
por la explosión revolotearon alrededor del árbol y luego
se alejaron con mejor suerte que las que se desgajaban de las ramas y eran
acompañadas en su caída por miles de pétalos blancos
de las flores con las que se vestía aquel majestuoso árbol
. Recogimos , de entre los nenúfares , ocho garzas que flotaban
sobre el agua y las depositamos en el fondo del bote . Emprendimos el viaje
de vuelta , durante el cual y no sé por qué , permanecimos
callados . El sol se empezaba a esconder allá por el lado de Chinandega
mientras tanto el cielo se teñía de color pitahaya y de color
zapote.
Un par de candiles de carburo alumbraban la pequeña cabaña
de Pantaleón : uno sobre la mesa de madera , que les servía
de comedor, cubierta por un mantel de plástico de cuadros blancos
y azules , y el otro al lado del fogón donde la mujer de Pantaleón
estaba haciendo tortillas en un comal ; aquellas tortillas eran grandes
y gruesas parecían güirilas , olían a gloria. Cenamos
gallo-pinto , queso frito , tortillas y tibio . Durante la sobremesa Julio
y Pantaleón estuvieron hablando acerca de la luna llena que esa
noche iluminaba la laguna , y que probablemente ningún animal grande
se atrevería a bajar a tomar agua . - De todas maneras - dijo Julio
- ya que los chavalos han venido ilusionados , nos vamos a preparar a ver
que tiramos -.
Nos colocamos los focos en la cabeza y las baterías que los alimentaban
sujetas al cinturón . Tavo se echó al hombro su rifle calibre
22 , Julito y yo sacamos de sus fundas nuestros rifles de balines de copa
, esta vez Julio dejaría su escopeta para ser nuestro instructor
en mi primera noche de cacería .
Serían las diez y media de la noche cuando nos dirigimos caminando
a un lugar que conocía Julio en la parte oeste de la laguna . Tardamos
una media hora en llegar , el sitio era perfecto : un claro a la orilla
de la laguna con una ligera pendiente al final de la cual empezaba una
espesa vegetación en la que nos podíamos esconder. Se podía
contemplar la laguna en toda su extensión . Julito y yo nos colocamos
en un extremo del claro y más allá , a unos 20 metros , se
apostaron Tavo y Julio en el sitio que según Julio estarían
más cerca del camino que llevaría a los animales a beber
agua a esa parte de la laguna.
La noche era preciosa : la luna se reflejaba sobre las aguas y los
grillos junto con las luciérnagas se habían puesto de acuerdo
para homenajearnos con un espectáculo natural de luz y sonido .
De vez en cuando escuchábamos el canto de las pocoyas y el maullido
del puma en la lejanía.
De repente una sensación extraña invadió todo mi cuerpo
, no sé que podía estar sucediendo . Julito me tocó
el brazo , advirtiéndome : - Mirá primo , te das cuenta que
todo se ha quedado en silencio - . Tavo , con voz alterada y de asombro
nos gritó : - Miren al centro de la laguna -
en ese sitio una luz resplandeciente se movía suavemente sobre
la superficie del agua , unos instantes después apareció
otra luz y se movían al unísono cuando apareció una
tercera luz y empezaron a desplazarse por toda la laguna. Mientras las
luces se deslizaban por las aguas me sentí cautivo de sus movimientos
y mis ojos embelesados no podían dar crédito a aquellos instantes
en el que el tiempo se había quedado colgado , la noche se había
parado. Durante unos momentos , las luces se acercaron a la orilla en la
que nos encontrábamos , el aire se enrareció y se impregnó
de un fuerte olor agridulce ; una de las luces se acercó más
que las otras , que vista de cerca ya no era tan brillante , sino más
bien se asemejaba a los borbotones de humo blanco que desprende una hoguera
hecha de ramas secas , envuelta en esa nebulosa pude apreciar la figura
de una muchacha joven , de cabellos largos y que lentamente movía
sus brazos y piernas. La figura se desvanecía y luego volvía
a tomar forma , no sé cuanto tiempo duraron aquellos instantes.
Las luces se deslizaron suavemente hacia el centro de la laguna y después
de unos cuantos giros se fueron atenuando hasta desaparecer por completo.
Durante unos momentos todo siguió en silencio como sí
una enorme cúpula hubiera encerrado aquel lugar haciéndose
el vacío del tiempo y del espacio.
De pronto todo el sonido de la noche volvió a estallar : El tintineo
de las estrellas , el ruido de plata de la luna , el uuh-uuh de las pocoyas
, los violines de todos los grillos del mundo………….una brisa fuerte , casi
viento , comenzó a agitar las copas de los árboles. Tavo
y Julio se acercaron hacia nosotros , Julio exclamó :- ¡ Chocho
muchachos! ¿ Han visto qué babosada tan extraña ?,
Vámonos de vuelta para la casa , no vaya a ser que nos peguen más
sustos - .
En el camino de vuelta y para tratar de animarnos entre nosotros mismos
, ya que supuse que al igual que yo todos sentíamos un profundo
desasosiego que oprimía nuestros pechos , fuimos tratando de explicar
de una manera lógica el fenómeno del cual habíamos
sido testigos. - Esas luces eran el reflejo de los focos de los carros
que pasaban por la carretera - dijo Tavo . Yo le repliqué : - Pero
hombre Tavo , no ves que la carretera está muy lejos , además
que van estar haciendo tantos carros a medianoche -. Después
de una pausa Julio apostilló : - Seguro que eran las luces de los
focos de otros cazadores que andarían por otro lado de la laguna
- .
En el cobertizo donde Pantaleón guardaba la leña para
cocinar colocamos unas mantas y con las mochilas por almohadas nos dispusimos
a dormir, aquella noche tardé en conciliar el sueño , una
profunda tristeza me invadió y para contrarrestarla instintivamente
empecé a pensar en el pereque que íbamos a hacer el Domingo
de Resurrección en la casa de René y la Tamara . Yo era el
encargado de conseguir y llevar a la fiesta los discos de moda : “ Blue
Velvet “ de Bobby Vinton , “ Runaway “ de Del Shannon , “ Look For a Star
“ de Garry Mills , los nuevos éxitos de Paul Anka , Frankie Avalon
y Pat Boone , algunos discos de la Sonora Matancera y todos los de Enrique
Guzmán . No estaba bien visto ni tampoco era distinguido de un pereque
que se preciara bailar con canciones en español a excepción
de éstas últimas . Mientras las nubes cortaban a trozos la
hermosa luna llena , compuse una lista mental de los muchachos que iban
a ir a la fiesta y a los cuales les pediría los discos.
A la mañana siguiente y después de desayunar frijolitos
fritos con crema , tortillas calientes y chocolate , Pantaleón y
su familia nos acompañaron a coger el autobús de vuelta para
Managua . Al emprender el camino mi tío Julio carraspeó arreglándose
la garganta y dirigiéndose a Pantaleón comenzó a hablar
: - Mirá Pantaleón , anoche cuando estábamos en la
orilla de la laguna vimos tres luces que se movían sobre el agua
, ¿ Vos que pensás sobre que podrían ser esas luces
?- . Pantaleón siguió caminando con la mano apoyada en el
hombro de su mujer y nos empezó a relatar la siguiente historia
y que yo nunca más olvidaría :
- Mire Don Julio , hace mucho tiempo cuando aún existían
en Nicaragua autoridades y soldados españoles , vivía en
la ciudad de Granada un señor de apellido Estrada que había
venido de España , parece ser que de la ciudad de Salamanca . Según
cuentan este hombre era viudo y de su matrimonio habían nacido tres
hijas : Ana de 18 años , María de 16 y Rosa la menor que
contaba solamente con 15 añitos . Vivían en Salamanca con
la familia materna y estudiaban en un colegio religioso de monjas , complementando
sus estudios con clases de música y de ballet . -
Pantaleón se detuvo y del bolsillo izquierdo de su camisa de
dril sacó un paquete empezado de cigarrillos Valencia , encendió
uno y aspirando profundamente continuó : - Según cuentan
al señor Estrada le iba bien en sus negocios y decidió mandar
a buscar a sus hijas a España . Hicieron el viaje en barco hasta
Cuba y de allí a Honduras para continuar su viaje por tierra , cuyo
destino final sería la ciudad de Granada . Arribaron a esta playita
un Jueves Santo no sé de que año . La desgracia iba a caer
sobre aquellas criaturas:
la pequeña Rosa se metió a bañarse alejándose
de la orilla en aguas profundas , empezó a tener dificultades y
pidió ayuda a sus hermanas y a otras personas que iban en el viaje
; Ana y María se adentraron en la laguna para auxiliar a Rosa ,
con tan mala suerte ¡ Maldita sea la hora ! que las tres desaparecieron
bajo las aguas.
Estuvieron buscando sus cuerpos el resto del día y los días
posteriores , pero nunca aparecieron . El señor Estrada gastó
toda su fortuna tratando de encontrarlas durante mucho tiempo , al final
se volvió loco y se lo llevaron para España - .
Habíamos llegado a la carretera , iban a ser las diez de la mañana
y a partir de esa hora tenía que pasar el autobús de los
Transportes López que venía de Jinotega . Permanecimos callados
, menos los muchachos de Pantaleón que hablaban sobre lo rica que
estaba el almíbar que les habíamos traído el día
anterior . El bus apareció a lo lejos allá por el lado de
Ciudad Darío , Pantaleón en voz baja como sí solamente
hablara consigo mismo dijo : - Hay algún Jueves Santo que no me
doy cuenta porque ya estoy dormido pero anoche volví a escuchar
el silencio , la gente que ha visto las luces me han contado que el silencio
se mantiene durante el tiempo que las muchachas están bailando sobre
las aguas . Anoche les he vuelto a rezar un Padre Nuestro , pidiéndole
a Dios para que algún día sus almas descansen en paz -.
El autobús se detuvo , nos despedimos con abrazos de Pantaleón
y su familia . Rodolfo , el chofer , nos saludó ; nos acomodamos
y cuando el bus arrancó Pantaleón agitó su mano diciéndonos
adiós , mientras la mirada de sus ojos muertos se perdía
en el tiempo.
FIN
Zaragoza , Agosto de 1995
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