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LEYENDA DEL JAGUAR DEL CASITAS.
Muerte del cacique Diriangén

Entre
los Marribios, asi como en casi todos los Azteca- Maya era muy comun los
casos de nahualismo, donde los hombres se convierten en el animal protector
que les fue asignado, según el calendario maya, el día de
su nacimiento.
Los
caciques usaban el jaguar como el simbolo divino de poder.
El
Dios Jaguar vive en el mundo tenebroso de los muertos.
Cuenta
la leyenda sobre la muerte de Diriangen quien subio de noche el Cerro Casitas
para convertise en el Dios Sol muy de madrugada.
La
ceremonia y sus ritos eran solo una parte para hacer el pacto con el guardián
de el cerro para apaciguar a todos los dioses enfurecidos ante los hombres.
Con
gritos, bailes y rezos que le daban el poder de ser intercesor entre los
hombres y el Señor de los Cerros, para que el guardián del
cerro le permitiera entrar al mundo de la tinieblas sin dificultad.
La
leyenda cuenta de un ritual secreto, hermético y de iniciación,
el cual le hace posible entablar una relacion magica con la naturaleza
en forma armónica.
Diriangen
subio a la cumbre del cerro y se lanzo hacia las tieneblas del mundo de
los muertos. Este rito se hacia para mantener el ciclo del dia y la noche.
El
cacique Diriangen muere al despeñarse desde un punto de el que puede
estar ubicado en la loma la Rústica (Bella Vista) o en el borde
sur del cráter menor (la Hoyada de Ortiz), de haber sucedido en
este lugar, su cuerpo cayó viendo al Pacífico, hacia la hermosa
planicie Maribia.
La
leyenda cuenta que su espiritu sube a los cielos volando siempre hacia
el oeste.
El
Dios Jaguar y el cacique en la leyenda desafiaban la muerte para luego
reencarnar entre las tinieblas del mundo de los muertos.
La
leyenda dice que los conquistadores buscaron el cuerpo del cacique
por todo el lugar, pero lo unico que encontraron fue un jaguar.
4
de Abril de 2000 | END

«La Virgen de El Casitas»
* El Padre Villarreal bendice imagen y derrama oraciones
La feligresía doliente de El Casitas y el casco urbano de Posoltega
fueron gratamente sorprendidos por el Padre Benjamín Villarreal,
quien en un nuevo acto de fe y amor por sus hermanos logró
reponer a la venerada imagen de la Virgen del Caminante y del Peregrino,
que manos sacrílegas habían destruido en las faldas del
cerro. La imagen de Nuestra Señora de la Concepción,
en la advocación de los caminantes y peregrinos, fue bendecida por
el Padre Benjamín al finalizar el Viacrucis penitencial del
pasado viernes 24 de marzo, el cual recorrió siete kilómetros
de subida bajo el sol y entre las piedras y polvasales. Cabe destacar que
en dos ocasiones anteriores, el productor leonés Enrique Herdocia
había instalado en la gigantesca roca de la comunidad Rolando Rodríguez
la imagen de «La Conchita» que manos ateas o fanáticas
de otras religiones destrozaron amparados en las sombras de la noche.
La reinstalación de la Virgen en su sagrado sitio fue un acto emotivo
que hizo felices a los peregrinos que llegaron a medio día
hasta la enorme roca que hoy tiene el privilegio de soportar el peso de
la Madre de Dios, la cual servirá de consuelo a los centenares de
sobrevivientes que todos los días llegan hasta El Casitas a enflorar
a sus deudos, a buscar restos mortales, o simplemente a musitar una oración.
De donde está la Virgen hacia arriba, el 30 de octubre de 1998 ocurrió
el desastre colectivo más grande de que se tenga conocimiento
en la historia volcánica de Nicaragua, porque los dos mil
habitantes de esta zona fueron arrasados en cuestión de minutos
por una enorme ola de piedras, agua, lodo, y árboles que bajó
desde las alturas del volcán en medio de un aguacero.
El Padre Villarreal lanzó agua bendita sobre la nueva imagen abriendo
así un nuevo capítulo en la vida religiosa de estas comunidades
que, gracias a las atenciones espirituales del sacerdote, y a las atenciones
sicológicas de la doctora Josefina Murillo, han podido evitar los
suicidios masivos. La obra espiritual del Padre Benjamín permanecerá
por siempre como parte integral de la historia de El Casitas por
su vigor y dolor, y vivirá en el recuerdo de los habitantes de esta
«Tierra que Arde». |