Orlando Valenzuela
La alcaldesa
de Cuapa, profesora Leslie López Martínez nos da la versión
de la leyenda del Monolito de Cuapa que a ella le contaron cuando era niña.
“En Cuapita, había
dos señores que eran padres de una muchacha bien linda, que se llamaba
Florita, y vivía cerca de esa piedra (la del monolito) donde existían
duendes. Sucedió entonces que los duendes eran enamorados de la
muchacha, y los señores se ponían enojados porque éstos
les hacían la vida imposible, por ejemplo, le escondían los
reales y todas las cosas a la señora”.
“Resulta que una
vez que ella iba a encender el fuego, se le habían perdido los reales,
y para todo le echaba la culpa a los duendes, y grande fue su sorpresa
cuando miró los reales envueltos en un papelito donde ella los tenía
guardados, que casi se le quemaban; entonces la señora, enojada
empezó a hablar mal de los duendes: ‘Estos condenados duendes que
mucho molestan...’, y así vivían haciendo zanganadas”.
“Ella manejaba un
radio con música para correrlos y traía gente que tocara
guitarra porque decían que con música los duendes se corrían.
Pero resulta que un día los duendes dicen: ‘Me las van a pagar,
me les voy a llevar el burro [con] que jalan el agua’. Entonces se llevaron
el burro y lo encaramaron en lo alto de la piedra. Sucedió que en
la mañana el señor empieza a buscar su burro para jalar agua
y no lo encuentra, en eso oyó que el burro rebuzna arriba: ‘Ya sabía
yo que habían sido estos bandidos duendes que no tienen nada que
hacer, que ya dejen de hacerme la vida imposible, me voy a tener que ir
de aquí’, vociferaba el señor”.
“Al oírlo,
los duendes se aparecieron y le dijeron: ‘Mire, si usted nos da a la muchacha,
nosotros le bajamos ese burro’. Entonces les dijo que sí y le bajaron
el burro, pero los engañó y no les dio la muchacha. Los duendes
los siguieron molestando”.
“Resulta que al final
los señores se fueron del lugar llevándose a la muchacha,
motetes de ropa, cántaros y todas sus cosas. Según ellos,
ya iban a vivir tranquilos en otro lugar lejos de los duendes. Pero en
eso, la señora se detuvo y dijo: “¡Ahh!, saben qué
se me olvidó.... se me olvidó la bacinilla.
Pero cuando ella
dice eso, los duendes contestan: ‘No, si aquí se la llevamos’. Entonces
enojados tuvieron que regresar a su mismo lugar porque dijeron que a donde
anduvieran, siempre iban a ir detrás esos duendes”.