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Indice de Madriz Nicaragua
SAN LUCAS MADRIZ NICARAGUA |
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Está ubicado entre los municipios clasificados en "pobreza extrema" y el 94 por ciento de su población es pobre. Ministerio de Acción Social 99 altura de 520 a 1,040 metros sobre el nivel del mar, con 21.4 grados y una extensión territorial de 664 kilómetros cuadrados. El municipio basa su economía en cultivos de granos básicos y una pequeña parte en ganadería ubicado a 227 kilómetros de Managua MUNICIPIO SAN LUCAS MADRIZ, NICARAGUA La Prensa 15/2/00 FABIAN MEDINA En San Lucas cuando un niño muere, los vecinos que lo quieren no lloran, bailan. Don Pío Vásquez, miembro del Consejo de Ancianos, no sabe de dónde viene la tradición ni qué significa exactamente. Sin embargo, la ejecuta y la alienta porque "éstos son nuestros ritos". Se llama el Baile de la Palma. "Es una tradición, un recuerdo que le queda a la gente", dice don Pío sin poder dar más explicaciones sobre un rito que seguramente se pierde en el tiempo, incluso antes de la llegada de los españoles a estas tierras. Cuando
un niño muere", explica el anciano, "hay gente preparada para bailar.
El padrino y la madrina en primer lugar. La música es de guitarras
y se le cantan los parabienes, que son unas canciones alusivas a los muertos",
dice Vásquez, y seguidamente entona, un tanto desafinado, el verso
de un "parabién" para explicarse mejor:
5 DE FEBRERO DEL 2002 / La Prensa Martha Marina González
Alcaldía de San Lucas en cenizas
Gente salvó una computadora y algunos documentos Solo había
en servicio un bombero permanente y un voluntario
Mientras el edificio ardía en llamas, el alcalde Tomás Rodríguez no se encontraba en el pueblo. Algunas personas fueron a buscarlo a su casa y nadie dio razón de él. Se supone que estaba en Somoto. ¡FUEGO! A las 2:45 de la madrugada, los bomberos recibieron un llamado de auxilio para apagar el fuego en San Lucas, en ese momento sólo estaban en servicio un bombero permanente y un voluntario, los que de inmediato salieron con un auto cisterna cargado de agua y algunos equipos para extinguir el fuego, llegando al lugar del siniestro media hora después. Según Juan Carlos Chow, bombero permanente de la ciudad de Somoto, cuando llegaron el techo todavía ardía en llamas y pidieron ayuda a los vecinos para poder controlar el incendio rociando los 600 galones de agua que llevaban con ellos. Según Chow, además que el edificio ardió completamente, se quemaron tres computadoras, 3 escritorios, las archivadoras, muebles y la mayor parte de la documentación. “Ahí no quedó nada”, comentó. Hasta el mediodía de este lunes, las autoridades policiales y los bomberos evaluaban los daños causados por el incendio y las causas que pudieron haberlo originado. Todavía no tenían el monto de las pérdidas sufridas por la Municipalidad, ni las medidas que tomarán el alcalde y el Concejo para hacerle frente a la situación. MÁS POBREZA El edificio de la Alcaldía fue construido durante la administración del señor José Padilla con el apoyo del gobierno de la presidenta Violeta Barrios, y remodelado posteriormente por el entonces alcalde Gregorio Ramírez. Los más de 12 mil habitantes de San Lucas tendrán serios problemas para realizar algunos trámites debido a la destrucción del edificio y la documentación de la Alcaldía. Se prevé que la situación económica de la Alcaldía empeorará porque debe más de tres meses de salario a sus empleados, incluyendo el aguinaldo y vacaciones del año pasado.
El alcalde Tomás Rodríguez había lanzado un S.O.S.
al Instituto de Fomento Municipal para que les ayudara a cancelar
los salarios y ayudar a la gente con alimentos porque San Lucas
es uno de los municipios más pobres del Departamento de Madriz.
18
DE JUNIO DEL 2000 / La Prensa
El planteamiento se hizo durante el taller “Etnias y Medio Ambiente”, que impulsó en Somoto, el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARENA). Según la coordinadora y presidenta de la comunidad de San José de Cusmapa, Marielena Díaz Vázquez, el INAFOR y la Alcaldía de Cusmapa otorgan permisos a los dueños de aserríos para despalar, sin tomar en cuenta a las autoridades indígenas. Señaló que la raíz del asunto radica en que los derechos de propiedad para esa etnia, establecidos el 19 de abril de 1938, fecha en que se les dio poder y opciones de dominio sobre las tierras de esa zona, son desconocidos por os gobiernos locales. De acuerdo al presidente indígena en Mozonte, Nueva Segovia, Juan Ramón López, la problemática ambiental en esa zona es muy grave, ya que los aserríos están acabando con la madera y el despale indiscriminado que ejecutan, influye que las fuentes de agua se sequen.
“Aunque nosotros (indígenas) tenemos derechos sobre el territorio,
no se nos toma en cuenta para nada, sobre la propiedad y el área
de explotación”.
López manifiesta que anualmente los indígenas de Mozonte pierden cerca de 875,000 córdobas que deberían obtener por aprovechamiento de la tierra de esa zona, sin embargo, ni un centavo se les destina, afirmó. Por su parte, Dominga Pérez, presidenta del Movimiento Indígena de San ucas, dijo que en los planes de manejo de bosques los indígenas no son consultados, a lo que se le suma que de las ganancias que obtienen las municipalidades y el INAFOR al otorgar permisos a los aserríos, ningún porcentaje es destinado a la comunidad indígena. El licenciado Rigoberto Briceño, asesor legal de las comunidades indígenas expresó que la Ley General del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Ley 217, plantea en su artículo cuatro, que el Estado debe recurrir y prestar apoyo a los pueblos y comunidades indígenas en sus actividades para la preservación del medio ambiente y uso sostenible de los recursos naturales. En los territorios indígenas, para los planes y programas de desarrollo municipal y en todas las decisiones que afecten directa o indirectamente a su población, deben participar los representantes de la comunidad indígena, partiendo de eso el gobierno municipal o el INAFOR no pueden otorgar concesiones para explotación de recursos forestales, sin embargo, esta ley históricamente se ha cumplido, explicó Briceño.
El técnico forestal del INAFOR en Madriz, Justo Pastor Flores, al
ser consultado sobre los planteamientos de los líderes indígenas,
dijo que la institución gestiona el aval de los indígenas
para otorgar permisos de corte de madera, en casos donde las áreas
a ser utilizadas están registradas a favor de ese grupo
étnico, en otro caso se pide a la Comuna nos dé el aval,
dijo.
Los indígenas de este lugar volvieron a revisar sus viejas estructuras después de 1992, cuando en toda Latinoamérica se desató una ola indigenista a propósito de los 500 años de la llegada de Colón al continente.
Reconstruyen
Iglesia de San Lucas destruida por Mitch
mantenimiento. El único lugar de entretenimiento para la niñez sanluqueña está prácticamente en el abandono por el gobierno local. En entrevista con Gregorio Díaz, alcalde local, se conoció que el proceso de urbanización en este municipio es una prioridad. Díaz habló del deterioro del parque y de que "estamos en proceso de gestionar financiamiento para su reparación". Afirma que se coordinarán con el Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM), y el Programa de Desarrollo Municipal (PRODEMU), impulsado por el gobierno de Dinamarca. San Lucas está situado a 227 kilómetros de Managua y su población es mayoritariamente indígena. Está catalogado como uno de los poblados con más altos niveles de pobreza, y según el alcalde, la mayor necesidad es recibir apoyo para la producción y así levantar la economía local. En el centro de la ciudad se encuentra la pequeña biblioteca municipal que recibe diariamente en medio de un gran déficit de material didáctico, a los niños y jóvenes estudiantes. Una escuela cambia la vida en una olvidada comunidad El rascacielos de El Naranjo
—Deyling Gutiérrez Pérez—
Para las gentes de El Naranjo, aquellos programas de las escuelas radiofónicas en los años 70 y la ya lejana Cruzada Nacional de Alfabetización en 1980, han sido los acontecimientos culturales más importantes de toda su historia. Casi veinte años después, en diciembre de 1999, ha ocurrido un evento de mucha menor envergadura pero de igual importancia para ellos: con el esfuerzo de toda la comunidad, el financiamiento de la Asociación Italia Nicaragua y la ejecución de la Fundación Popol Na, concluyeron el mejor edificio de la comunidad, lo que ellos mismos definen como su «rascacielos»: una escuela de tres aulas, hecha de bloques y concreto. Y la única en ese lugar.
El Naranjo es una pequeña comunidad ubicada en el departamento de
Madriz, en el norte de Nicaragua, situada aproximadamente a 240 kilómetros
al norte de Managua, donde viven aproximadamente unas 250 personas
aglutinadas en 52 familias y dedicadas en su mayoría al cultivo
de granos básicos y hortalizas.
La comunidad se esconde diariamente entre imponentes y tupidas montañas que la protegen con sus robustos cuerpos. Hay naturaleza viva y el aire que penetra en lo más profundo de las entrañas, aún huele a verde invernal. Hasta fines de la década de los 70, la mayoría de nicaragüenses que vivía en los alrededores de las montañas y comunidades alejadas de la ciudad no sabían leer ni escribir. En ese tiempo los habitantes de muchas comunidades vivían a merced de aquellos privilegiados sujetos que tuvieron la oportunidad de estudiar, los que en su mayoría vivían en los alrededores del casco urbano de los municipios. Ellos servían de intermediarios entre los letrados y los campesinos analfabetas quienes les confiaban sus cosechas y mercancías y a cambio, habitualmente eran estafados. La Revolución Sandinista promovió en marzo de 1980 una masiva jornada de alfabetización en la cual participaron miles de jóvenes y niños de ambos sexos que abandonaron sus escuelas, colegios, institutos y universidades y durante cinco meses se dedicaron a enseñar a leer y escribir en los lugares más recónditos del país.
El Naranjo no fue la excepción en ninguna de ambas situaciones:
mucho más de la mitad de sus habitantes eran analfabetas y casi
todos aprendieron a leer y escribir con las muchachas y muchachos
del Ejército Popular de Alfabetización.
Poco después, el gobierno sandinista instaló una escuela de primaria en una ntigua casa de barro y palma, y para 1997, el gobierno decidió construir un modesto edificio de ladrillos con techo de zinc que sustituyera la vetusta escuela de adobe. Sin embargo la construcción de ese nuevo edificio nunca culminó. Los campesinos estaban felices por la construcción de su nueva escuela. Contaban los días, horas y minutos que faltaban para que finalizara la construcción de esa obra, hasta que pasó el apocalíptico huracán Mitch y truncó la cuenta regresiva Sus torrenciales aguaceros causaron poderosas correntadas de lodo y piedra ue arrasaron con cultivos, viviendas, letrinas y con lo única escuela que se construía en la comunidad, la que quedó severamente afectada y desnivelada por el peso de las aguas. La gente pensó que nunca más tendrían una escuela, ya no de esa estructura de ladrillos cuarterón, sino simplemente un sitio donde los niños aprendieran sus primeras letras. Durante todo un año que pareció un siglo, El Naranjo vivió a oscuras no sólo por la falta de energía eléctrica sino de una escuela donde los niños de ese lugar se alimentarán de conocimiento. NI LOS CABALLOS ENTRAN Las condiciones de vida en El Naranjo son tan precarias que ahí nunca había entrado un vehículo que facilitara la comunicación y el comercio de la zona con el resto de comunidades. Un camino por veredas, accidentado e intransitable es la única vía de comunicación y el único medio de transporte, son los caballos, quienes a veces se resisten a transitar por aquél sendero. El primer vehículo que llegó a esa comunidad fue un tractor pagado por la Popol Na para reparar parte del camino. Anteriormente el gobierno había intentado penetrar a esa zona para acarrear los materiales de construcción de la escuela que se llevó el Mitch, pero estos no pudieron llegar hasta la comunidad por lo que decidieron dejar los materiales hasta cierto punto y que los beneficiarios los terminaran de acarrear. Oscar Flores, supervisor de la Popol Na en El Naranjo, se queja del escaso interés del gobierno y de otros organismos por ayudar a esa olvidada comunidad. «La Popol Na gestionó con la alcaldía de ese municipio y otros organismos la reparación del camino pero no se logró nada», dice Flores. El proyecto de la reparación del camino no estaba contemplado en el presupuesto de la escuela. La Popol Na tuvo que aportar mil dólares adicionales procedentes de fondos propios para repararlo y así poder llevar los materiales de construcción hasta esa zona. Pero más tardó el tractor en hacer su labor, que las tempranas lluvias de finales de abril en destruir el camino, y finalmente los materiales tuvieron que ser trasladados «a lomo» (en hombros) por todos los adultos y los niños de la escuela. CONSTRUIR SOBRE ESCOMBROS Cuando llegaron el ingeniero y el técnico de la Popol Na al sitio donde se edificaba la escuela, encontraron una triste situación: en un costado, la antigua casa de adobe semidestruida y prácticamente inservible, y en el otro, el edificio a medio construir por encargo del gobierno, mal hecha, con las paredes a medio levantar evidentemente torcidas, con poco cemento y material de mala calidad. Además, la ubicación de ambas edificaciones era de alto riesgo. Era necesario acondicionar el predio para reducir los peligros de que las correntadas de cualquier invierno afectaran la estructura. En resumen, mal ubicadas y mal construidas. No hubo más remedio que mandar a demoler las dos edificaciones, porque ambas, así como estaban, eran inservibles. Y sobre los cimientos de la escuela medio levantada, iniciar la nueva construcción de hierro, concreto y bloques. «Es casi un milagro. Nosotros ni siquiera sabíamos que en Managua estaban gestionando dinero para reconstruirla, hasta que en marzo del año pasado vino el muchacho de la Popol Na con la noticia», dice Santos Reyes, líder de la comunidad. La reconstrucción de la escuela tuvo un costo aproximado a los 17 mil dólares y fue construida de tres aulas, piso de ladrillo rojo, ventanas de aluminio y vidrio, y techo de zinc. A esa escuela asistían casi 50 alumnos desde primero hasta tercer grado, los que recorrían con sus pies desnudos largos caminos escabrosos para saciar su sed de conocimiento. VOCACIÓN COMPROBADA María Auxiliadora Ruiz, se llama la maestra de esa comunidad. Tiene ocho años de dar clase de primaria en esa zona y desde ese tiempo ha tenido que convivir con las limitaciones de los materiales para la enseñanza y con un salario de 800 córdobas mensuales (unos 65 dólares norteamericanos). Durante todo el año pasado, ella atendía a sus 42 alumnos en las afueras de su humilde vivienda construida de adobe y con techo de tejas, donde la única pizarra que tenía para enseñar era un pedazo de tabla. Por lo menos siete niños ya habían desertado porque «no tenían cuaderno o por que sus padres no tenían que darles de comer y no los iban a mandar en ayunas», dice María Auxiliadora. La mayoría de los niños no conocen todavía los zapatos escolares: muchos llegan descalzos y unos pocos calzados con desgastadas chinelas. Los padres de familia reclaman al Ministerio de Educación de ese municipio otra maestra que atienda los grados más altos, a fin de que sus estudiantes se sigan superando y se reduzca la carga de trabajo para María Auxiliadora. Luis Torres (de 36 años) es un vecino de esa comunidad. Tiene siete hijos de los cuales sólo cuatro saben leer perfectamente. Cuando vivió en otra comunidad cerca del municipio de San Lucas, aprovechó para ponerlos en la escuela. Ahora lamenta que el resto de sus hijos no hayan tenido la misma oportunidad que los mayores, por la falta de una escuela y de recursos económicos en ese lugar. Para Luis, la escuela contribuirá al desarrollo no sólo de cada muchacho que vaya a aprender a leer y escribir sino al de toda su familia: «sabiendo ellos que nosotros. Los que saben leer me ayudan, ellos son los que van al pueblo a vender el maíz». DERECHO A SOÑAR «El mejor logro que he tenido, es ver como mis hijos pudieron culminar su cuarto grado, para mí es un orgullo saber que el trabajo de mis hijos no será tan duro en estas montañas», dice Santos Reyes. José Martín Tórrez, tiene 13 años y estudia el tercer grado en la escuela de El Naranjo. Este niño está feliz por que ahora estudia en una nueva y bonita escuela que él también ayudó a construir. Con una sonrisa tímida y humilde dice: «Nosotros le metimos el hombro también a esta escuela». «Quiero aprender a leer bien y a escribir mi nombre, para defenderme cuando esté más grande y sea un ejemplo aquí en El Naranjo. A mí me gustaría ser un técnico de café para ayudarle a mis padres», dice José Martín. Los sueños de los niños de El Naranjo se intensificaron con la construcción de la escuela. Por ejemplo, a Nery Manuel Tórrez de doce años y en segundo grado de primaria le gustaría ser alcalde para ayudar con comida y dinero a las pobres familias de ese lugar.
Una pequeña colina damnificada por el huracán sostiene en
sus brazos la construcción del saber y el desarrollo de El
Naranjo. En el viejo sitio donde se edificó la primera escuela,
está ahora la que construyó la Popol Na y la Asociación
Italia Nicaragua. Un verdadero rascacielos en esa pobre y remota
comunidad segoviana
A los batallones que salían de San José de Cusmapa y San Lucas les decían "Los Plumudos" en alusión a su origen indígena Como hecho curioso, por decreto legislativo el 18 de Agosto de 1942 desaparece legalmente el municipio, fue restablecido por ley legislativa el 17 de Agosto de 1945, independizándose del antiguo pueblo de Somoto.INIFOM-96 10
mil indígenas habitan en San Lucas Un municipio de casi 12 mil habitantes,
Los indígenas fueron echados de las tierras fértiles hacia
el desierto, Los apellidos propios del poblado son Gutiérrez, Miranda,
Ramírez, Moreno, "pero ahora se han mezclado con Salgado, Obando"
y otros.
150 años Celebrando a SAN LUCAS 18 de Octubre |