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EL CAÑON DE SOMOTO MADRIZ NICARAGUA
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Todo esculpido en el impresionante
cañón de Somoto

  Millones de años esculpidos por el incesante fluir del tiempo y el agua en la roca viva revelan un impresionante paisaje del llamado cañón de Somoto o de Namancambre,

En el fondo del Cañón discurren las fresca agua del naciente Río Coco o Wangki como es conocido por la Nación Miskita, colándose entre rocas en algunos momentos o irrumpiendo violentamente en otras ocasiones.

Esta maravilla natural por su inaccesibilidad la que la ha mantenido poco conocida, pese a estar a sólo quince kilómetros de Somoto, la capital departamental de Madriz.

El Cañón se recorre en unos dos a tres kilómetros de extensión, no es fácil recorrer el cañón, mucho menos seguir su oscilante curso que se asemeja al de la pequeña serpiente bejuquilla

La estrecha garganta fue tallada a lo largo de unos siete a diez millones de años, donde las corrientes del Tapacalí y del Comalí, juntas, dibujaron cual filosas cuchillas mil formas caprichosas en la dura roca de origen volcánico, y que ha despertado la pasión de algunos estudiosos de la geología.

Para llegar al precioso lugar es necesario continuar desde Somoto unos 15 kilómetros sobre la carretera que conduce hacia la frontera de El Espino, donde se entra hacia la derecha por un camino pedregoso.

De pronto, ante la vista, y corriendo de norte a sur, se abre el estrecho desfiladero, grandes paredes revelan el pasar del tiempo en las duras rocas dacita y riolita, partidas no sólo por el efecto del agua, sino por el imperceptible movimiento de la tierra debido a la cercanía de una falla geológica.

El cañón mismo es producto del fallamiento existente en la zona cercana a Somoto, donde se encuentran y entremezclan distintos terrenos geológicos, lo que revela la presencia de varios tipos de rocas, desde las más antiguas a las más recientes, afirma el doctor en geología, William Martínez.

La zona del departamento de Madriz se encuentra dividida entre terrenos de roca volcánica, más joven, de unos 10 millones de años, y metamórficas, de unos 50 millones de años.

En todo el departamento hay granito, que son rocas intrusivas y rocas volcánicas, que son la mayoría, pero también hay rocas metamórficas muy próximas, como las de la vecina Ocotal.

Namancambre, en lengua Náhualt

El sitio que es conocido, según los conocedores en lengua Náhualt como Namancambre, sólo es una muestra de las maravillas naturales que hay en Nicaragua, de los monumentos geológicos que existen a lo largo de todo el país.
 
De hecho, el cañón de Somoto se ubica en rocas volcánicas, quebradas por el fallamiento activo que corre de norte sur y que va de desde el desfiladero y corre hacia el sur, hasta San José de Cusmapa y San Lucas, inclusive muy cerca de Achuapa, en el departamento de León.

Lo activo del fallamiento geológico que junto con el agua modeló el cañón, revela que la zona está no sólo en continuo movimiento, sino que sigue en formación, pero además muestra uno de los peligros para los que se aventuran a entrar, los derrumbes de rocas, que son muchos.

Las rocas son de colores blanco, gris, café y con intrusiones crema o verdosas, que parecen pedazos de vidrio en algunos segmentos.

Zona de derrumbes constantes

El grupo entró al cañón desde el lado sur, e inmediatamente se debió escalar y bajar por laderas rocosas empinadas, en muchos casos sueltas, producto de los continuos derrumbes provocados no sólo por la acción del agua en la temporada invernal, sino por los imperceptibles movimientos sísmicos de la falla que cruza de norte a sur.

Parte de las rocas derrumbadas por las cuales tuvo que pasar con grandes dificultades  son de reciente desplome, lo cual se nota fácilmente, al rodar muchas de ellas bajo los pies al dar el paso.

Poder avanzar se torna difícil y lento debido no sólo al que se internaba entre las amenazadoras paredes, sino por las dificultades constantes de tener que bajar y subir muy a menudo por amontonamientos de piedras y por tener constantemente que estarse metiendo en pozas del río.
 

El cañón tiene alrededor de ocho pozas por las cuales el grupo debe pasar obligadamente, algunas de ellas profundas, con aguas verdosas o de color verdoso azulado, y con temperaturas sumamente bajas, lo que llevó en el caso de la más extensa, de cerca de unos 80 a 100 metros de largo, a afectar los músculos, adormeciéndolos.

En la garganta del desfiladero

En la poza mayor, en donde precisamente se cierra más aquella garganta, tanto abajo como arriba, se miran --a 70 u 80 metros de altura-- miles de toneladas de rocas que penden amenazadoras sobre las cabezas del grupo.

En ese sitio, durante el paso del huracán Micht, las aguas salían con una intensa presión y una fuerza descomunal, lo que hizo elevar el líquido decenas de metros, e inundar todo el campo vecino.
 
 El Cañón de Namancambre, como prefieren llamarle los expertos, es un lugar que en sus cinco a 13 millones de años de existencia no ha sido perturbado por la presencia humana.
 

Wilder Pérez R.

El Cañón de Somoto queda en un lugar llamado Namancambre y aunque nadie sabe qué significa en náhuatl, ese podría ser su nombre oficial

SOMOTO, MADRIZ.- Una expedición de nicaragüenses confirmó que el Cañón de Somoto, dado a conocer recientemente, es uno de los lugares más bellos del país. El grupo de 25 personas poco expertas en escalar paredones y nadar en pozas heladas, tardó cinco horas y media en cruzar sus tres kilómetros de extensión, en un camino inaccesible para el turismo masivo.

El atractivo del Cañón de Namancambre, nombre recomendado por los expertos tras la gira, impresiona desde el inicio, primero porque está ubicado apenas a 15 kilómetros de la ciudad de Somoto y se puede llegar fácilmente a pie; segundo, porque ante los ojos distraídos, aparece de la nada, imponente a cada lado del río Coco.

El ser humano se siente diminuto al pie de esas paredes gigantes, que se empinan justo donde nace el Coco, en la confluencia de los ríos Comalí y Tapacalí. Su atractivo no sólo intimida, además reta a los visitantes con pistas, a veces falsas, sobre cómo transitarlo sin peligro.

A pesar de ser considerada un área poco extensa, el escenario es tan fascinante como peligroso. “Casi nadie viene porque es incómodo”, dice Rafael Flores, un baqueano que junto a su hijo y un vecino, hizo posible que el grupo de expedicionistas, compuesto por técnicos del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), trabajadores de la Alcaldía de Somoto, periodistas y guías, no tuviera la frustración de regresarse a pocos metros de iniciada la travesía.

Si bien este lugar carece de mitos atemorizantes que lo resguarden de humanos desmedidos, tampoco lo necesita, pues aunque llegar es fácil, atravesarlo es imposible, sin guías, para quienes no saben nadar ni tienen experiencia en escalar paredones sin arneses.

EL CAÑON AVISA

La dificultad prematura alerta que hay que olvidarse de los nervios si se quiere avanzar, ya que regresar podría ser más difícil que seguir adelante. Desde el inicio, los visitantes tienen que dejarse guiar por el instinto de sobrevivencia para pegarse como garrapata a las paredes del cañón.

Un resbalón puede resultar en un hueso roto, al menos así lo indican las rocas que esperan en el fondo del cañón y algunas osamentas de animales junto a ellas.

Entre la dificultad y la belleza fácilmente puede perderse la noción del tiempo, ya que la vista se pierde entre analizar el próximo paso a dar y la apreciación de aquella garganta geológica.

El ecólogo Ricardo Trejos, acompañante de la expedición, comenta lo interesante que resulta el choque de un clima tropical con uno desértico, algo que permite la inesperada presencia de plantas que nacen de los peñascos, como orquídeas a un costado del cañón y cactus del otro lado.

“Es interesante porque puede tratarse de un ecosistema completo, pueden haber especies endémicas (únicas en el mundo) el clima igual, si están en la sombra sentís un ambiente fresco, pero cuando estás bajo el sol es más cálido”, dice tras iniciar el recorrido, mientras pregunta a una orquídea “¿qué estás haciendo aquí”, con ternura y a la vez con sorpresa.
 


DESDE ADENTRO

Adentrados en la oquedad, el silencio es notorio. No es fácil observar animales y lo único que recuerda el mundo exterior es el sol, siempre asomándose desde el cielo a través de la grieta, que puede disminuirse a unos seis metros en su parte más estrecha y sólo supera los 15 metros en los primeros metros y en los últimos 500 metros.

“¡Cuidado con los garrobos!”, grita el lugareño Álvaro López. Él, como el resto de pobladores aledaños, ha atravesado más de una vez el cañón, y comparte el mismo miedo que el resto. Ellos creen que cualquier piedra que caiga desde 100 metros de altura podría quitarles la vida..., y están en lo cierto, una iguana escarbando en la punta de la pared puede provocar eso.

Fuera de esa reflexión, los baqueanos realizan su papel con tal entusiasmo que no parece que lo hicieran de gratis. El día de la gira prácticamente le salvaron la vida a la mayoría de visitantes.

Flores y compañía partían adelante, indicando dónde pisar. Escalando las paredes, a veces el camino parece despejado, pero puede conducir al abismo, arrepentirse puede resultar costoso si se olvida la roca que se pisó, pero ahí estaban ellos, indicando detalle a detalle lo que se debía hacer.

Los lugareños también resultaron claves en cada una de las siete pozas que la expedición atravesó. Las menos profundas podían atravesarse caminando, con el Coco besando las rodillas o bien las mejillas, los más bajos de estatura en algún momento quedaron sumergidos en el agua.

 

DIFICULTADES CONTINUAS

Los mayores problemas estuvieron en las pozas profundas, ya que la mayoría de los excursionistas no sabía nadar y sólo había un neumático grande para todos, incluyendo a los nadadores que no se atrevían a cruzarse solos.

La más grande de las pozas está a medio camino, imposible de ver desde fuera del cañón, a no ser desde el cielo. Cruzarla se llevó una hora. Los lugareños parecían quebrarse del temblor por la baja temperatura del río, y cuando todos cruzaron, llegó el brindis con un vino de uvas caseras en botellas de agua partidas a la mitad.

Pero lo anterior, lejos de ser una celebración, se trataba del único recurso para quitarse el frío.

El resto de la travesía fue similar: caminar sobre dunas de piedras o con el agua hasta el cuello, pasar las pozas en un neumático, reírse de los demás, ayudarse entre sí, y tratar de no caer.

Una caída en alguna poza podría resultar grave, por la cantidad de rocas grandes que se esconden bajo el agua, así como troncos cuyas ramas, de desgastadas, son puntiagudas, especialmente en la parte final del trayecto.

La última poza río arriba se cruza caminando con el cuerpo sumergido hasta la barbilla. El momento es aprovechado por cientos de aparentes pajaritos que se dejan venir en dirección contraria al caminante, a ras del agua. Es un espectáculo para no perdérselo, siempre que uno no le tenga miedo a los murciélagos.

Todo termina en lo que parece una pequeña playa en medio de la montaña. Sorprendentemente, atravesarla en 30 minutos resulta más agotador que atravesar el cañón en cinco horas y media, en una experiencia sólo recomendada para turistas especializados.

PRIMERAS OBJECIONES

Tras el recorrido, Bayardo Quintero, director de Áreas Protegidas del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), quien presidió la gira, sostuvo que el sitio tiene todas las características para nombrarlo Parque Nacional, menos una: la extensión.

Se estima que puede medir menos de 40 hectáreas, y de declararse área protegida sería la más pequeña del país. Aún así advirtió que se necesita un estudio detallado y multidisciplinario para determinar su nombramiento.

Quintero mencionó que sí se aproxima a un Monumento Nacional, aclarando que el título no le quita méritos como cualquier otra área protegida del país.

Sobre el turismo, comentó que difícilmente el sitio atrae por sí mismo, dadas las dificultades que implica para el humano y la naturaleza coincidir en éste.
ERVING SÁNCHEZ RIZO

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