COSTUMBRES TRADICIONALES DE LA MANAGUA DEL SIGLO XIX.
TERMINA PARA SIEMPRE LA FIESTA DEL PATRONO SANTIAGO 
 
Fiestas Patronales de Santo Domingo de Guzmán
ORATES DE MANAGUA  1840 a 1940 ORATES DE MANAGUA  1940 a 1972
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Por julio, el barrio más popular, San Antonio, se animaba con la tradicional fiesta del patrono Santiago, el apóstol guerrero de la religión cristiana.

Con ocho o diez días de anticipación al 25 de julio, día del Santo, los caudillos de la fiesta se reunían para ¨darse de alta¨en casa del mayordomo don José León Díaz, donde se valaba todas las noches el bastón y el sombrero de la imagen, con toques de pitos y tambores bebederas, comilonas que terminaban el 24, día en que esos adminículos eran trasladados en procesión al templo parroquial, para colocarselos al apóstol.

La fiesta de Santiago gozaba de popularidad y conservaba un carácter tradicional, transmitido de generación en generación.

El último mayordomo fué don José León Díaz. Los mantenedores de la fiesta duermen ya el sueño eterno  Eran ellos Mama Nila, Salvador Chaschás, Chico chapin, Chico chiquito, Chico Tán, Cabo Chico, El Mosca (no recordamos su nombre), Chico Vallejos, poeta bataneco, Teodosio Pedrito Pava, un señor Tapesco y otros que viven la vida del recuerdo y que con la muerte de ellos desapareció también para siempre el regocijo popular y el alma regional de la época.

Salían a la calle distintos bailes de máscaras, siendo el principal el del Gigante y el alérez, que venía a ser un triste remedo de la leyenda de Goliat y David; pero sin fundamento histórico en la tradición bíblica, ni sindéresis ni orden en los parlamentos.

Un día de esos, Chico Tán, que desempeñaba por devoción el papel de gigante, apuró copas más de las reglamentarias, al extremo de perder el hilo de su relato. En una de las calles céntricas de la ciudad formaron el palenque guerrero y ambos adversarios entraron en combate, rodeados del populacho. En el momento en que el alférez alzaba su tizona de madera para decirle a su contrario:

"Rindete, Fierabrás", éste enardecido por el licor, sintió herida su dignidad de hombre y tomando la cosa en serio, enarboló airado su alfanje y contestó:

No me rindo porque soy muy hombre y echá, filo. indio tal por cual!

Rendite, hombre Chico Tán, no arruinés la leva díjole el alférez por lo bajo.

Pues no me rindo, y descargó un tremendo tisonazo sobre la cabeza del pobre alférez que cayó bañado en sangre. El sainete terminó en tragedia y el epilogo fué a la carcel, pués la policia tuvo que encerrar a Chico Tán con todo y su disfraz.

La revolución general del 93 entró victoriosa a Managua el 25 de Julio, día de Santiago. Por ésta circunstancia la fiesta del patrono tuvo por muchos años mayor popularidad.

El espiritu alegre, chirigotero y epigramático de Managua lo hévisto asomarse en los labios de Chu Piura, Chico Chapín, la Catalina, Chico Rosita, Chico Vallejos y Tio Doña; el alma de Managua, medio loca y medio cuerda, ha palpitado en Robleto Mejía, y en Melisandro Sánchez.

En el Barrio de San Sebastián, Chico Vallejos exprimía el jugo de su caletre para escribirle coplas a los diablitos.

Como muestra de la poesia de Vallejos allá va un botón;

Nosotros somos diablitos
Que venimos de Masaya
Sólo por andar cantando
!Viva el General Zelaya!.

Mama Nila en el Barrio San Pedro recurría a sus amistades para conseguir trajes apropiados para El Tinco, baile establecido y patrocinado por la popular viejecita. El Tinco se parecía al Cartel de Masaya, en la fiesta de San Jerónimo.

Chico Chapin hacía heróicos esfuerzos en esos días por no achisparse mucho y estar sólo a media asta para estar apto en el baile de la yeguecita y lo que se ofreciera en honor y homenaje del apóstol.

Las calles de Managua convertíanse en un grotesco y alegre carnaval.
Fiestas Patronales de Santo Domingo de Guzmán
Con la evolución del tiempo todo ha pasado. Pasaron los hombres y las cosas de ésa época, quedándonos sólo el lejano recuerdo de la típica ciudad Santiago de Managua que tuvo su proverbial alegría muy distinta a la de hoy.

Hasta el patrono está a medias con Santo Toribio de Mogrojevo.

Las fiestas de Santiago y de Nuestra Sra. de Candelaria, con la lavada de maíz con los pies, terminaron para siempre.
 

Como el popular Chú Piura, que existió en Managua, diciendo la frase consonata o el verso satírico, así andaba por esas calles la Catalina, con la batea de dulcitos en la cabeza, siempre alegre con sus pláticas rimadas que entablaba con todo aquel que encontraba a su paso.

Se hizo popular la Catalina, la poetiza de los limpiabotas y de los gañanes; y esa popularidad la favorecía porque sus golosinas se realizaban con más presteza. Los muchachos de la calle, esos ingenios precoces, dignos de mejor suerte eran los más adeptos a la Catalina. Le hacían corro donde la encontraban y le daban cuerda para oírle sus versos.

En la penumbra del tiempo se pierde la época en que un labriego (cuenta la tradición) al hacer la desyerba para sembrar su huerta, se encontró a flor de tierra una pequeña imagen que al punto reconoció ser la de Santo Domingo de Guzmán.

Con el entusiasmo y de la buena voluntad de los vecinos, se construyó una ermita en el lugar del halazgo a dos leguas al S.E. de Managua, sobre una colina rodeada de verdura, ante una vista esplendorosa de amables auroras y bellos atardeceres, donde el oro del sol, la policromía de las flores y un clima saludable forman un conjunto de armonías y gratas emociones. En su misión campesina permanece el santo todo el año, excepto los primeros diez días del mes de agosto que es traído a la capital como en visita pastoral. Y es tradicional tambiénque cuando por algún caso fortuito el pueblo no trae a la imágen el 1ero. agosto, ésta se viene sola a su visita acostumbrada. ( Esto no lo certifíco porque no me consta, pero los campesinos creyentes lo aseguran con su sencilla ingénita).

Desde la noche del 31, la Plaza de la Iglesia aldeana se colma de visitantes para la vela de la imágen y el aire se llena de acordes musicales producidos por instrumentos de factura pueblerina como la guitarra, la dulzaina, el acordeón, la marimba, el juco, el quijongo y la mandíbula de buey que hace de castañuelas. Es una vela completamente profana, donde se baila, se bebe, se canta y hasta se pega cuando el licor ha revolucionado en los cerebros. La religión anda por el cerro de Masaya, que no siempre ha de ser por los cerros de Ubeda.

En la mañana del 1ro. el pueblo managuense se dirige a la Sierra del Santo a pie, a caballo, en carretas y en autos, según las posibilidades de cada cual. Conozco la ideosincracia de este mi pueblo no es el espíritu religioso, ni la fé de creyentes lo que hace ir a la Sierra a traer y dejar el Santo. Va por costumbre, por sport; unos por disipar penas, por expansión, otros porque tienen dinero y otros porque no tienen. Se va a echar una cana al aire, o a echar por las ventanas del espiritu toda la melancolía recogida en las horas de tristeza. Y es por eso que allá vemos del 1ro al 10 de agosto, fuera de sus casillas y un poco desorbitados, al artesano sobrio que en otrora hemos visto circunspecto en la ciudad entregado a la lucha diaria de la vida. Y pues que el Managua neto no tiene más religión que la del trabajo (aunque respetuoso a todas), justo es que una vez al año tenga esas expansiones que son como pequeñas treguas en el duro tráfago del taller.

Anteriormente las fiestas agostinas tenían otro carácter más popular distinto al de hoy. Acompañado al Santo venían muchos bailes de disfraces con su correspondiente murga, tales como La Gigantona, las inditas, el macho ratón, la yeguita, los diablitos, el tinco, la sirena, el viejo y la vieja,etc. más una manada de toros bravos que eran lidiados del 1ro al 4to. en la Plaza de Santo Domingo, de ésta ciudad y del  5 al 10 en la Plaza de San Sebastián. También se lidiaba en San Antonio. El primer cornupeto era jugado, cuando entraba el Santo, en la Plaza Principal (no existía el Parque Cenltral) en presencia del Señor Presidente, Prefecto y Alcalde 1ero. que estaban en los altos de la casa de corredor hoy Palacio Nacional. En el tope del 7 había gran animación y se acostumbraba hacer un simulacro de guerra entre dos barcos simulados en dos carretas, en una de las cuales iba el Santo.

En la actualidad ya no existe más que el recuerdo de una edad que pasó, Decayó el entusiasmo y se archivaron todas aquellas antiguallas para dar lugar a los modernismos que nos trae la nueva civilización.

Esto es un recuerdo a la memoria de aquellos oscuros hijos del pueblo - managuas auténticos - que dentro su humildad e idiosincracia naturales, tuvieron un caudal de entusiasmo por estas fiestas, poniendo su contingente de energías porque Managua existiera siempre aquel espíritu de regocijo y animación. Almas cándidas que cubrieron sus pobrezas con el peplo de una sana alegría y que trocaron el dolor en carcajadas, como en el poema de Peza.

Cada pueblo tiene sus tipos originales y sus típicas costumbres que entran en el alma nacional.

Managua tenía a la Catalina, la poetiza callejera, a Robleto Mejía, el loco ilustrado - reencarnado siete veces, según él - y a Santirilyo el hazmereir de grandes y chicos.

Santirilyo podía estar calificado entre los hombrezuelos de quienes habla Fernán Caballero. Un proyecto de hombre entre lo trágico y lo cómico, así como una imágen que se refleja en un espejo concavo.
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Una carita de sacrismoche, redonda, mofletuda con unos ojitos grises que siempre miran al suelo, bajo un sombrero siempre abollado; y un cuerpo pequeñín, jorobado y cojitranco, enfundado en una vestimenta más grande que su flaca humanidad, es es la vera efigie de Santos Espinosa, conocido en toda Managua por Santirilyo, sirviente colado de La Gallera, de la Chepita, de Manuel Villalta etc. y de todo aquel que por una barrida o un mandato le da una copa de aguardiente o un mal bocado.

En las bolsas de su casaca, Santirilyo cargaba siempre piedras de la calle, en prevision de los ataques que le formaban los muchachos.

Sobre la antigua Calle de Camelias, hoy Calle de Cabezas, y a dos cuadras al poniente del Cuartel Principal, hoy Palacio de Ayuntamiento, vivía el Reverendo sacerdote Saturnino López, de autóctona familia managuense. El apellido López es el más numeroso de Managua.

Hará una quincena de años que existía en ruinas la casa del Padre Tunino, una esquina de gradas altas, como en los villorios, paredes de adobes, de construcción antigua. Vivía sólo, con una sirvienta; de costumbres austeras y muy entregado a su ministerio, adusto, regañon hasta el ridículo. La gente timorata de aquel tiempo temblaba en su presencia. La sirvienta andaba en puntillas y le servía al pensamiento.

La malas lenguas decían que el padre Tunino prestaba dinero con crecido interes y que entre aquellas gruesas paredes de adobes tenía entierro de macuquinas.

Después de muerto, el Padre, quedó ese runrún y era corriente ver a los muchachos escarbar entre aquellos escombros, con la esperanza de encontrar una botija repleta de monedas como en los tiempos de Guardiola. El caso es que nadie encontró nada y que el Padre no tenía mas haber que esa casa y los estipendos que le proporcionaban sus servicios sacerdotales, amén de los obsequios o primicias de los feligreses.

Además de su fama de regañón tenía la de virtuoso y fiel cumplidor de los preceptos cristianos. No era de gran ilustración, ni la naturaleza le había dotado de aptitudes, para la cátedra sagrada. Sus sermones reprimendas o regaños para los feligreses.

Al alba cuando daban las cinco en el reloj de La Culequera, el Padre se dirigía a la Iglesia de San Sebastián a decir su misa cotidiana.

Una madrugada, entre oscuro y claro, al subir las gradas de la sacristía de San Sebastián, el Padre puso el pie sobre algo mal oliente. esto fué motivo para que la mostaza subiera a las narices y después de restregar la suela del zapato contra el filo de la acera entró al templo dispuesto a espetar un sermón de padre y muy señor mío y que hiciera temblar el misterio.

Empezó la misa y en el inter-misarium dió principio a la filipica que fue poco mas o menos en estos términos:

"Hermanos míos: Que les pasa a Uds, por los clavos de Cristo ? Esta madrugada, al subir las gradas de la Sacristía, yo el bendito Padre, me hé llenado mis zapatos de pura porquería y son ustedes las mujeres las cochinas. Y que es eso que ya no quieren hablar el idioma castellano que nos mandó la Santa Isabel la Católica..? Todo lo han cambiado.. A la mujer le dicen volado, a la novia ..jaña.., a la comida que es el pan nuestro señor cada día le dicen burra, los burros serán ustedes, al real le dicen realejo, al peso bamburraca, al medio mechudo, de las mechas se los va a llevar el diablo, a los policias les dicen pastores, a la muerte pelona, al trabajo calanche. Esa jerizonga del diablo, herejes!.

Dios nos manda amar a nuestros semejantes, pero ustedes no llaman a nadie por su nombre propio, el que recibió en el bautismo sino por el apodo vulgar. En toda plática les oigo decir; fuí a la tienda del Macho, compré flores donde las Cachimbitas; me razuré donde Pilar Chicharrón; me está haciendo un cofre Angel Guacal; que las Cabo Queso, que el Piojo, que tomé un trago donde Santiago Barragán, que me compuso el altar Alejandro Marica; que las Ratonas van; que los Mapachines vienen; Toribio Tapudo así; que Alejandro Posada asá..y a mí, al bendito Padre, sólo me andan diciendo El Padre Tunino o el Padre Tuno...Saturnino López me llamo!...Los tunos serán ustedes"..Amén.

Por terminada la misa se dirigía a su casa a tomar chocolate con rosquillas, del desayuno, y si todavía le quedaba algún resquemor, la vieja sirvienta aguantaba el epílogo.

Con todo, el Padre Tunino murió en olor de santidad.

Una elegante casa de dos pisos está hoy donde fuera la casa de éste venerable sacerdote.
 

 

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