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Nejapa
La laguna que volvió a vivir

Nejapa, la otra cara de la moneda

                * Vegetación se recupera y los animales han encontrado su mejor refugio  natural
                 * Vigilantes que impiden el paso de cazadores y leñadores furtivos
                 * De mañanita, los venados bajan a tomar agua, dice un miembro de  seguridad
 
   Todavía algunos  recuerdan la foto  surrealista de un bombero  con su manguera  chorreándole agua a una  tortuga de Nejapa. La  laguna entonces había  desaparecido, el despale  daba cuentas de sus  boscosas laderas y una  organización juvenil ambientalista ante la  evidencia manifestó más que una frase un epitafio:
                 Aquí yace Nejapa.

                 Al bajar años después, observamos el espejo de agua totalmente recuperado. Aún podíamos señalar los lugares donde entonces caminamos, muy al centro  de la laguna, pero esta vez, en vez de aquel panorama desolador, de tierra
 cuarteada casi sacado de las zonas más empobrecidas de Africa, los buenos  vientos soplan como estrenando la superficie lacustre.

    Esas imágenes de aquellos años del primer lustro de la década anterior se iban cambiando poco a poco por una enmarañada vegetación. La laguna no estaba abandonada y eso era lo raro: una institución que no tiene nada que ver con el  medio ambiente, como es ENITEL, estaba haciendo un mejor papel que el ministerio creado para el efecto: MARENA.

                 Nejapa es un punto y aparte del caso Tiscapa. No hay ninguna apestosa nata de inmundicia, no se ve flotar la plástica resaca del consumismo, y el único cauce que termina en el precipicio de la carretera sur no conduce aguas negras, sino pluviales en tiempos de invierno.

                 La empresa telefónica ha contratado un servicio de seguridad para resguardar la laguna de las penetraciones furtivas de taladores de árboles o cazadores.  Ahora, los animales del bosque viven prácticamente en un refugio natural, sin  temor a la presencia depredadora del hombre.

                 MAS VEGETACION

   Todo esto ha permitido una recuperación de la zona boscosa, y los animales puedan abundar quizás como nunca antes: desde las mismas tortugas, aquellas que se salvaron de haber sido trasladadas a Tiscapa durante la desecasión de la laguna, hasta ardillas, patos, garzas y venados.

   De acuerdo a los que permanecen en el lugar, Nejapa hasta ha recuperado una profundidad que a nosotros nos sorprende por las condiciones extremas con que la naturaleza --por las sequías continuas--, y la mano del hombre,  maltrataron el hermoso cuerpo de agua.

                 Aún se aprecian las partes peladas en la parte superior de la estación terrena, áreas que contrastan con el verdor intenso del resto de las laderas. A simple vista se podría decir que apenas un 20 por ciento podría verse dañado por el  despale de los años anteriores.

                 Cuando llegamos al final del camino, para bajar a la laguna, vimos sin  embargo a una cuadrilla de trabajadores trabajando en la escarpada ladera  occidental.

                 LA REFORESTACION

                 Se trataban de hombres que hacían hoyos para sembrar en los próximos días 31 mil árboles. Don César Rodríguez, responsable del grupo de trabajo  contratado por ENITEL dijo que la brigada está compuesta por 10 hombres, destinados a la limpieza primero y excavación después. Este martes cumplían 15 días de labor en las condiciones más incómodas que uno se pueda  imaginar: con el viento azotando con violencia y en una ladera muy empinada, ellos se alistaban para sembrar eucalipto.

                 Rodríguez dijo que se hizo una selección de especies para que soporten la  intensidad de los vientos en la parte alta. De esta forma se han elegido además el genízaro, laurel de la india, laurel blanco, laurel macho, madero negro,
   guásimo.

                 Queremos especies que soporten los vientos, dijo Rodríguez quien nos informa que cubrirán 21 manzanas en total para recuperar las sombras en las áreas dañadas por los leñadores.

                 En un mes la cuadrilla podría terminar su trabajo, cuidándose de que no los  "cace" ninguna peligrosa ráfaga que los haga perder pie o no toparse con uno de los animales más peligroso y abundante en la zona: el cascabel.

                 Las instrucciones de César Rodríguez indican que han recibido una orden: no matar ni a las cascabeles. "Están agazapadas debajo de las piedras. Hay que andar con cuidado, pero sabemos que no debemos matarlas, sólo en caso de peligro", dijo.

  Es difícil trabajar aquí, pero ahí vamos haciendo el sacrificio, es bastante  pesado, pero ni modo, el trabajo es el trabajo, manifestó el hombre ya con una imagen acudiendo a sus pensamientos: posiblemente veremos tupido de árboles esas 21 manzanas.

El Nuevo Diario
   5 de Julio de 2000 —Edwin Sánchez—


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