FIESTAS DE SANTO DOMINGO DE GUZMAN, SANTO PATRON DE MANAGUA
 26 DE JULIO DEL 2004 /  La Prensa
Cuando la hípica era 
de La Industria a La Morita 
 
Roberto Sánchez Ramírez* 

El desfile salía de “La Industria”, propiedad de Rafael “Payo” Cabrera, en las cercanías de El Arbolito. Uno de los primeros caballistas de Managua fue don David Lacayo Herdocia, que por su elegancia y estilo de montar era conocido como “El Príncipe Negro”. Puntos famosos del recorrido fueron la cantina del Gato Abraham y La Morita, cerca del Camino de Oriente 

A Rafael “Payo” Cabrera Lacayo, los caballistas de Managua le deben mucho reconocimiento por la hípica, especialmente de los desfiles del 1 y 10 de agosto, con motivo de las festividades de Santo Domingo de Guzmán. “Payo”, junto con su padre, don Rafael Cabrera Lezcano, eran dueños del Beneficio de Café “La Industria” que quedaba en los alrededores de El Arbolito. 

“Payo” Cabrera prestaba las facilidades de “La Industria” para que se organizaran y de allí salieran estos desfiles, lo que vino a ser una tradición desde los años 1950 hasta 1978. Los desfiles del 1 y 10 de agosto se convirtieron en los más importantes del país, y los caballistas nicaragüenses esperaban estas fechas para lucir sus mejores caballos. 

En “La Industria”, “Payo” Cabrera tenía cuadras que prestaba a los amigos que querían llevar animales para irlos preparando y lucirlos en los desfiles, también llevaban ejemplares que recién se habían importado, lo cual era siempre una novedad. La actividad en “La Industria” comenzaba un mes antes del primero de agosto, por la tarde se reunían los caballistas para hablar de caballos, planificar los desfiles y montar los ejemplares que estaban alojados allí. 
 

LOS MAS CONOCIDOS CABALLISTAS 

Entre los caballistas que frecuentaban “La Industria” estaban: Barney y Adolfo “Popo” Chamorro Benard; Octavio, Silvio y Jaime Lacayo Rappaccioli; Luis, Alejandro y Jorge Carrión Montoya; Desiderio “Yeyo” y León Jirón; Alberto Belli, Juan Rueda Rueda, Alcides Meza Molina, René Bequillard Fernández y Pablo Leal. 

Iván Falla Reñazco, Max Padilla, Milton Solórzano Morgan, Gastón Sequeira, Mario Perdomo “El Tallador”; Ernesto Salazar Elizondo, Marcial Solís, Narciso “Chicho” Blanco que no era caballista, pero amigo de todos estos señores, también algunos jóvenes de entonces como Octavio y Daniel Lacayo Crespo, César Augusto Lacayo Lacayo, Orlando Lacayo Mendoza y Silvio Lacayo Saballos. 

Julito Blandón era una especie de encargado de protocolo, tenía a su cargo las atenciones y cuidados de la novia hípica, la acompañaba en el desfile en una berlina, a la novia el primero de agosto la iba a traer a su casa una comisión de caballistas y se hacía una ceremonia. 

EL RECORDADO CéSAR HANON 

Antes de la salida de los desfiles se hacía en el picadero una exhibición y un juzgamiento que era dirigido desde la tarima por el ya fallecido César Hanón, un gran entusiasta del hipismo, conocía a todos los caballos y caballistas. Él se encargaba de que las cosas se desarrollaran en orden. César fue una persona muy popular y apreciada, siempre se le recuerda con cariño y respeto. 

El desfile hípico del 1 de agosto salía de “La Industria”, entre las diez y once de la mañana, la primera parada era en la Plaza de la República frente al Palacio Nacional, de reorganización y descanso, duraba alrededor de veinte minutos, el desfile subía sobre la Avenida Roosevelt hasta la Compañía Automotriz (donde es actualmente la Vicepresidencia de la República), allí se hacía el segundo alto, después hasta una cantina que se llamaba el Gato Abraham. 

El 10 el desfile llegaba hasta la Hacienda La Morita, sobre el camino de tierra. La Morita quedaba en los alrededores de lo que hoy es el Camino de Oriente, los jinetes regresaban a “La Industria” ya pasadas las 7 de la noche. En “La Industria”, “Payo” Cabrera les tenía una sopa de gallina y tragos. Pocas damas montaban a caballo, entre las que más se recuerdan están: Maritza Romero de Reyes, María Clemen Bequillard, Anita y Mary Bolaños, Clarita Parodi Basset. 

Había otro evento que los caballistas consideraban muy importante, que era una sopa que ofrecían los hermanos Desiderio “Yeyo” y León Jirón, en su casa que quedaba por la antena de Radio Mundial. Esta sopa se hacía en el sábado que quedaba entre el 1 y el 10 de agosto, también esto llegó a ser una tradición y adquirió el nombre de “La sopa de los Jirones”. 
 

FUENTE INFORMATIVA 

Especial agradecimiento a Octavio “Tabo” Lacayo Crespo, quien aportó valiosos datos y consiguió fotografías que ilustran este reportaje. Caballista desde muy joven fue el primer presidente de la Asociación de Criadores de Caballos (Anicsa), en la actualidad es director del Registro Genealógico de Caballos de Pura Sangre española y caballo iberoamericano. Gracias también a Gastón Sequeira, uno de los caballistas de mayor experiencia en el país, persona apreciada en el ambiente del hipismo. 

* Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 

26 DE JULIO DEL 2004 /  La Prensa 
 
Breve historia del hipismo 
 

Pablo Leal, León Jirón, Danilo Rappaccioli Lacayo, Alberto Rivas Vicente, René Bequillard Fernández, Desiderio “Yeyo” Jirón, sentado el niño René Bequillard Castillo.
 

Roberto Sánchez Ramírez*/Especial para LA PRENSA 

En nuestro país siempre ha habido una gran afición por el caballo, esto llevó a que se volviese una tradición la celebración de las fiestas patronales con desfiles hípicos, lo que ha venido a convertirse en el principal atractivo. 

Existía antes la costumbre de acompañar a la procesión del santo patrono de algunas ciudades, a caballo, primero porque era más cómodo que a pie, y que alguna de estas procesiones recorren grandes distancias. De aquí nació la idea de las fiestas hípicas, que son los desfiles de caballos, en días diferentes al de la procesión. 

La primera fiesta hípica o desfile se celebró en la ciudad de Jinotepe y fue organizada por Mario Lacayo Rappaccioli, Orlando Rodríguez (El Picudo) y José María Rodríguez (Chema Cuadrado), fue en el mes de julio de 1953. 

Posteriormente en enero de 1954 se celebró la segunda fiesta hípica en Diriamba, saliendo de la Hacienda San Vicente en los alrededores de lo que fue el Instituto Pedagógico. De modo que en el departamento de Carazo nacieron las montadas hípicas, por eso a Carazo se le considera cuna del hípismo nacional. 
 

EL AS DE ORO 

A comienzo de los años 1950, lo que había en Nicaragua eran ejemplares criollos que los aficionados de entonces seleccionaban para montarlos y algunos caballos peruanos de paso, unos cuantos encastados que se habían traído de Costa Rica, entre éstos estaba el famoso “As de Oro” de Mario Lacayo Rappaccioli, a este caballo se le otorgó la primera copa como trofeo en un desfile hípico, junto con “Piropo”, fueron importados por don Reynaldo Lacayo Lacayo. 

Los primeros caballos peruanos de paso que vinieron a Nicaragua eran en su mayoría pasitroteros. Debido a que en Perú se estaba formando la raza de caballo de paso peruano, aquellos caballos que no cumplían con el aire deseado, eran desechados consiguiéndose a precios muy favorables. 

Como eran caballos de buen andar, mejores que los que aquí habían, además tenían buena elevación de manos, cosa que gustó mucho dentro de la afición centroamericana, fueron importados por ganaderos nicaragüenses que tenían visión de producir mejores caballos. 

Al departamento de Carazo llegaron dos de estos caballos peruanos: uno que se llamó “Flor de Lima” que perteneció a don Horacio Rodríguez padre y el otro de nombre “Asombro” de don Jenaro García Rojas. 

A “Flor de Lima” no se le conoció descendencia y si la tuvo no fueron muchos. “Asombro” sí tuvo muchas crías porque Jenaro García era criador, cuando “Asombro” tenía 9 años fue comprado por Octavio Lacayo Rappaccioli y siguió padreando hasta los 15 años. 

Estos caballos peruanos al ser cruzados con las yeguas criollas produjeron lo que en ese tiempo se llamó el “encastado de paso” que después en la depuración de este cruzamiento vino a dar origen al “criollo centroamericano de silla”, adquiriendo su propio registro. 
 

EL PRIMER CABALLO PURA RAZA ESPAÑOLA 

En el año 1959 llega a Nicaragua el primer caballo pura raza española. Éste era un caballo tordo de nombre “Labrador” y lo trajo de España, Barney Chamorro Benard, gran aficionado al caballo y buen jinete. “Labrador” llegó primero a Costa Rica y fue entrenado donde Paco Ruiz, padre de Humberto Ruiz Hidalgo, uno de los mejores jinetes de Centroamérica. 

Como los caballos españoles no se conocían en Nicaragua, “Labrador” fue una sensación, era más grande que los caballos que aquí había y además de ser un ejemplar de trote, tenía la facultad de ejecutar aires de escuela. La gente decía “caballo que baila”, expresión que todavía se escucha en la afición que va a los desfiles. 

Después de “Labrador” llegaron más caballos españoles como “Mariscal” de René Bequillard Fernández que en realidad se llamaba “Oficial XIV”, pero René le cambió el nombre. “Mariscal” fue el padre de un magnífico caballo que se llamó “Júpiter” que perteneció a Sebastián “Chatán” Pinell Ríos, de Estelí. 

Otros caballos españoles de ese tiempo eran “Valenciano” de Alejandro Carrión Montoya, “Gabardino” y “Decidido” de Rafael Cabrera Lacayo, “Lanceiro” de Barney Chamorro Benard, éste no era español sino que portugués, lo mismo que “Quiromántico” de Róger Blandón, “Noticiero II” de Adolfo “Popo” Chamorro Benard, “Majoleto” que fue primero de Henry Urcuyo Maliaños y después de Humberto Sandino Lacayo, “Señorito XXI” de Juan Rueda Rueda. 

“Triunfador” y “Tirano” de Danilo Rappaccioli Lacayo, “Descarado IV” de Rodolfo Jerez, este caballo fue el padre de “Descarado V” y “Aldeano”, el primero, propiedad de Octavio Lacayo Rappaccioli, merece especial mención porque fue considerado por mucho tiempo como el mejor semental del país, llegando a producir varios hijos campeones como: “Avispa”, “Tirano”, “Piropo”, “Terciopelo” y “Giralda”. 
 

LOS DOMADORES DE CABALLOS 

Hay que mencionar a los domadores de caballos. Entre los más importantes estaban Carlos Jiménez, de Costa Rica y Ricardo Gutiérrez Castro. Carlos tuvo bastante contacto con domadores nacionales y enseñó nuevas técnicas, lo que vino de cierta manera a reafirmar la doma, sacándole más potencial al caballo. 

Ricardo abrió una escuela en Diriamba para formación de jinetes y caballos. Entre los que allí aprendieron estaban Felipe Flores padre, ya fallecido, y Luis Rojas que después trabajó con Ismael Reyes Mejía. También los hijos de Ricardo: Ricardo y Benjamín Gutiérrez Alemán. Ricardo, junto con toda su familia hizo una histórica gira a caballo por varios departamentos a inicios de la década de 1970, sigue activo en Diriamba, luego de estar en Chinandega. 

En la actualidad ha habido acceso a la formación de jinetes, inclusive se ha logrado por medio de César Augusto Lacayo que España abra las puertas a montados nicaragüenses que quieran aprender el arte de entrenar caballos. La competencia y evolución del caballo español requiere de una buena doma. 
 

UNA FAMILIA DE CABALLISTAS 

No se puede escribir una historia del hipismo, por breve que sea, sin dejar de mencionar a la familia que más se ha destacado en los desfiles hípicos. Se trata de Domingo “Mingo” Bolaños Geyer y su esposa, Anita Vega de Bolaños, quienes en su propiedad Santa Ana, en Los Altos de Masaya, crearon toda una tradición de caballistas que se extendió a sus hijos, yernos y nietos. 

Pertenecen a esta familia de caballistas: José Domingo, Mariano, Mary, Cecilia, Mercedes, Eliza, Desirée, Óscar y René Bolaños Vega. Los yernos: Henry “El Pollo” Miranda y Ramón Vindell. Los nietos: Ana Cecilia, María Alejandra, Henry Miguel y María Heriette Miranda Bolaños; José Domingo y Amanda Bolaños Mendieta; Jeannette y Álvaro Vindell Bolaños; Mariano y David Bolaños Valle. 

* Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 
 
 
 
 

 26 DE JULIO DEL 2004 /  La Prensa
El Príncipe Negro 
 

Don David Lacayo Herdocia, conocido como “El Príncipe Negro”.
 

Roberto Sánchez Ramírez*/  

Fue todo un personaje de la vieja Managua. Se distinguía por sus gustos refinados y extraordinaria elegancia, no escatimó lujos. Su estilo para montar en sus caballos de pura raza o de pasear en su landó, le merecieron ser conocido como “El Príncipe Negro”. 

Don David Lacayo Herdocia nació en León, descendiente de la línea conocida como “Los Pánfilos”. Fueron sus padres don David Lacayo Argüello y doña Joaquina Herdocia, una distinguida dama educada en París y pianista consagrada. Cuando don David era muy joven, la familia compró la propiedad del Valle Gottel que perteneció al conocido inmigrante alemán, Enrique Gottel. 

Don David se dedicó a la ganadería y la importación de caballos de pura raza, algunos comprados al general José María Moncada, quien era un consumado caballista. “El Príncipe Negro” tuvo buenos caballos, pero el más famoso fue un peruano blanco de nombre “Bucéfalo”, igual que el caballo de Alejandro Magno. 
 

HOMBRE DE GRAN ELEGANCIA 

Don David vivía del edificio El Águila media cuadra al lago. Allí tenía una cuadra para sus caballos y era punto de reunión con sus amigos, entre ellos Rómulo Rosales Cabezas, el popular Romulete; el Dr. Alfredo Artiles, don Benjamín Lacayo, ex presidente de la República. 

Desde su casa salía hasta el Valle Gottel a caballo, a su regreso se bañaba, tomaba un descanso y luego salía a pasear en su landó por la ciudad de Managua. El landó era un coche de cuatro ruedas, con capotas delanteras y traseras, tirado por caballos. Los dos caballos que jalaban el landó de don David eran pura sangre y el cochero iba elegantemente vestido. 

Las salidas de don David eran precedidas de todo un ceremonial protocolario. Primero seleccionaba el traje entero importado de casimir inglés. Luego su mayordomo en una bandeja de plata le traía sus joyas para que escogiera las que usaría ese día, en especial sus anillos con diamantes. Usaba perfumes traídos de Francia, en especial ‘Soire de París’, también lucía un bastón de plata y marfil, leontina de oro con su reloj. 

Toda la cabezada y espuelas eran de pura plata. El general Anastasio Somoza García se disgustó mucho, pues le ofreció comprárselas en treinta mil dólares y don David se negó. Actualmente están depositadas en un banco. Aún ya de avanzada edad iba a “La Industria” de “Payo” Cabrera a presenciar las exhibiciones de los caballistas. 

Don David contrajo matrimonio con la señora Guillermina Estrada Ramírez, hija de don Dionisio Estrada y doña Angelina Ramírez Jerez. Procrearon a David, quien vive en el Valle Gottel; a Omar el conocido pintor, quien antes del terremoto tuvo su estudio donde fueron las cuadras de su padre y Magda Lacayo Estrada. 

Don David falleció en marzo de 1954. Con él desapareció uno de los personajes de Managua, aún hay quienes le recuerdan montado en uno de sus caballos o paseando en su landó. Era todo un espectáculo cuando pasaba “El Príncipe Negro” por las calles polvorientas de la vieja Managua. 

* Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
 

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