Terremoto  de 1931
Colecciones NiKa CyberMunicipio
  Managua en la memoria..
 12:23 de la madrugada del 23 de diciembre de  1972: 
un temblor de 7.2  grados en la escala  Richter “pulveriza” la capital
Terremoto de 1972

 
Fueron 30 segundos apocalípticos y Managua entera se derrumbó. La ciudad que 24 horas antes se vestía espléndidamente con los colores de la navidad, para celebrar un año más del nacimiento del Mesías, cayó abatida por el sismo de 6.5 en la escala de Richter registrado a las cero horas y treinta minutos de aquel sábado 23 de diciembre de 1972. Después todo fue dolor. Para el año de 1963, Managua era de las principales capitales de América Latina, arrojaba la cifra de 274,273 personas, y tenía un gran desarrollo urbano. Sin embargo, con el terremoto de 1972, la capital quedó  totalmente devastada.

  Se calcula que fueron afectados el 90 % de sus edificios, y 54.000  viviendas, donde residían alrededor de 320.000 personas. El total de pérdidas humanos fue de casi diez mil personas.
Jueves 10 de Febrero de 2000 | El Nuevo Diario / —Karlos Navarro—
               Anécdotas sobre Managua

 
 
Un viernes como hoy hace 28 años la vieja Managua vivía sus últimas horas
                 Agonía inadvertida
                 * En 30 segundos todo quedó en el suelo. El segundo sismo remató a las
                 viejas estructuras
                 * Manuel Eugarrios no sospechaba que vivía sus últimas horas con su
                 hija primogénita que murió soterrada
                 * A "Mirandita" el sacudión lo sorprendió en una de tantas fiestas de
                 agencias publicitarias
                 * Doña Ofelita Morales anduvo comprando su Niño Dios por última vez
                 en aquellos lugares que morirían
                 * Un grito lo despertó a la gran tragedia: la llovizna del suelo era el
                 polvo de las tejas que bailaban
                 * Managua era música y luces antes de morir: nadie imaginó lo que
                 estaba por llegar en medio de la alegría
 
 

                 —LUIS GALEANO—

                          Managua, hasta antes de la medianoche de esa fecha, lucía fulgurante y
                 jubilosa. El verde y el rojo de la pascua navideña adornaban a la novia del
                 Xolotlán, que por todos sus rincones mostraba los arbolitos radiantes de
                 luces. 
                 Las calles y las avenidas Roosevelt y Bolívar eran los puntos de encuentro de
                 los capitalinos que, alegres, compraban en las tiendas los últimos "preparos"
                 de la cena navideña y los regalos, juguetes y estrenos de Nochebuena. Esta
                 zona prácticamente era en la que se desarrollaba la actividad más febril del
                 comercio capitalino. 

                 Los mercados Central y San Miguel, según cuentan sobrevivientes de la
                 catástrofe, lucían igual de día y de noche, pues los managuas los abarrotaban
                 en busca de los últimos detalles de la celebración de aquel 24 de diciembre
                 que para los vivos y los muertos nunca llegó. 

                 El corazón de la vieja Managua en ese entonces se dividía en dos grandes
                 ejes, cuyos brazos se extendían de norte a sur desde la Loma de Tiscapa,
                 hasta donde es hoy la Plaza de la República, y por el otro lado, desde el
                 antiguo aeropuerto Xolotlán -donde hoy es Catastro- sobre la Calle 15 de
                 Septiembre, hasta lo que hoy conocemos como el Cementerio Occidental o
                 Cementerio de abajo. 
 
                 "En Managua esa noche se vivía una alegría impresionante, yo anduve
          haciendo un recorrido en varias agencias de publicidad, ubicadas en diferentes
                 sitios de la capital. Era una fiesta total aquella Avenida Bolívar y la Roosevelt
                 que se cerraba para los vehículos y se volvía peatonal, porque ahí estaba todo
                 lo que necesitabas, desde ropa hasta tragos para celebrar", cuenta Oscar
                 Miranda, mejor conocido como "Mirandita" actual gerente de ventas de Canal
                 2 de Televisión. UN PRE-AVISO QUE NADIE ATENDIO 

                 Mirandita, quien tenía en ese entonces 28 años y ya andaba en la onda de la
                 publicidad, recuerda que ese día se fue por la vieja Managua a entrevistar a
                 varios anunciantes y dueños de agencias de publicidad que trabajaban con el
                 Canal 2 que en ese entonces salía al aire en blanco y negro. 

                 "Fue un recorrido largo, pero igual daba. Las calles estaban llenas de alegría y
                 algarabía, llenas de parroquianos. Volví al canal a eso de las 10 de la noche a
                 cambiar cinta. Estaba empezando Extravisión y Manuel Espinoza estaba al
                 aire cuando se sintió el primer temblor. Aún recuerdo la cara de susto de
                 Manuel en la pantalla que decía 'está temblando en Managua' Ese fue un
                 pre-aviso que nadie atendió". 
 
                 Salió del canal y se trasladó hasta el edificio donde quedaba la agencia
                 Cuadra-Chamberlain, ubicado frente al edificio de Casa Pellas, por ahí donde
                 se ubicaba el Banco Nicaragüense, donde es hoy el Ministerio de Hacienda.
                 En el tercer piso de ese lugar había una fiesta de publicistas y empleados de
                 varias casas de publicidad que celebraban la víspera navideña. 

                 "Había marimbas, tragos, baile y todo aquello era alegrísimo. Teníamos la
                 intención de ir a 'El Plaza' ubicado frente a la vieja catedral de Managua -que
                 por cierto se hundió y ahí murió mucha gente- pero Jacinto 'el sapo' Ríos dijo
                 que pagáramos una hora más de Marimba y nos quedamos ahí. Esa hora más
                 de marimba nos salvó la vida a muchos". 

                 "Minutos después vino el "mecatazo" y nos llenamos de terror. La gente
                 quería lanzarse desde las alturas, porque las puertas estaban trabadas, pero
                 logramos salir. Lo demás........(guarda silencio y su vista se pierde en el vacío
                 y escurca en su mente) lo demás fue tragedia, todo se acabó, es lo que
                 recuerdo". 

                 En la farándula de aquel entonces -cuenta el gerente de ventas de Canal 2- se
                 escuchaba la música del grupo chileno "Los Angeles Negros" que de paso se
                 encontraban en el país, y "Los Galos". Estaba el club bar "La -Tortuga
                 Morada", en el que tocaba Ricardo Palma, entre otros artistas nacionales. 

                 Mirandita asegura que nadie nunca presintió que Managua iba a ser sacudida
                 y resquebrajada por el sismo. "El ingeniero Carlos Santos Berroterán
                 pronosticó el fenómeno, y causó polémicas, pero él dijo que iba a haber un
                 terremoto, lo que pasa es que nadie hizo caso a sus palabras que fueron     
                como  una profecía", afirma. 

                 CALOR Y UN PEQUEÑO PRESENTIMIENTO 

                 La maestra de generaciones Ofelia Morales en aquel entonces vivía en una
                 pequeña, pero cómoda casa de la luneta del cine Tropical media cuadra
                 arriba y recuerda que 24 horas antes del sismo que destruyó Managua, ella
                 anduvo en la parte de lo que era el centro de la vieja capital. 

                 "Andaba comprando al niño Dios y todos los adornitos de mi nacimiento, que
                 es el que todavía conservo. Fui a comprar a una de las tiendas, la de José
                 Benito Ramírez, porque a mi me ha gustado siempre poner el nacimiento el
                 mismo 24 de diciembre y me fui por la avenida Roosevelt comprando las
                 cosas y viendo todo aquel ambiente alegre de la navidad", relata la 
               bondadosa  ancianita. 

                 "Era tanta la gente que circulaba por ese lugar- recuerda "la niña" Ofelita- que
                 se aglomeraban por cantidades en las tiendas de la avenida Bolívar y sus
                 alrededores. 

                 "Había papelillos, luces intermitentes, Santa Claus por todos lados, música,
                 villancicos y sonrisas. Recuerdo mucha gente riéndose, pero a la vez afanada,
                 con un tanto de sofocación. Era algo así como que la gente pensaba que lo
                 que querían comprar se iba a acabar o que no iban a tener más tiempo para
                 realizar sus compras. Días después comprendí que todo aquello no era más
                 que un pequeño presentimiento de lo que sucedería", dice doña Ofelita. 

                 "Además -agrega- había un calor insoportable, mucho, pero mucho calor.
                 Podíamos presentir algún temblor, porque estaba realmente muy caliente el
                 clima, pero nunca un terremoto". 

                 MI HIJA, MI MAYOR DOLOR 

                 Lo que el veterano periodista Manuel Eugarrios recuerda con más dolor de
                 aquel fatídico 23 de diciembre, fue el haber perdido a su hija mayor, Lissethe,
                 que en ese entonces tenía 9 años. En su experiencia se puede resumir lo que
                 fue tragedia para miles y miles de managuas que perdieron a sus seres
                 queridos. 

                 Lissethe fue el retoño de una relación extramatrimonial y ese año era la
                 primera vez en los 9 años de vida de su pequeña, que ella disfrutaría junto a
                 su padre la Nochebuena, debido a que la madre de la niña siempre se negó a
                 que Eugarrios la criara. "La madre de la niña cedió, me la dio, la tuve algunos
                 meses y ya ves, ocurrió el terremoto y se la llevó", relata don Manuel. 

                 "Me sentía gozoso, -añade- no hallaba que hacer con mi hija y estaba
                 complacidísimo y en espera de la Navidad, pero desgraciadamente no pudo
                 ser así". 

                 Eugarrios tenía 38 años en ese entonces y reporteaba para el diario La
                Prensa  de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Recuerda que toda la 
                febrilidad de la
                 Navidad bullía en las cercanías del Gran Hotel, el viejo Malecón, 
               la Roosevelt  y la Bolívar. "Todo estaba ahí". 

                 "Todo eso desde mediados de diciembre era una sola fiesta. Festones,
                 ornamentos, y símbolos navideños, la música usual copiada de otras
                 subculturas, villancicos latinoamericanos, y Managua entera estaba de fiesta.
                 Eso era la vieja Managua aquella noche", relata. 

                 Es por eso -afirma don Manuel- que a nadie, a ningún habitante de la capital,
                 se le pasó siquiera por la mente jamás, que iba a registrarse un sacudión de
                 tierra de esta naturaleza. 

                 Es más -continúa- si alguien nos hubiera dicho que se iba a producir algo
                 parecido, le hubiéramos dicho a quien nos dijera que estaba loco. 

                 Don Manuel recuerda que a eso de las 10 de la noche se dieron algunos
                 temblores, que realmente ya eran una advertencia, pero en una ciudad sísmica
                 como Managua, "esos movimientos ya eran naturales. Además que nadie se
                 imaginó que el apocalipsis iba a llegar. Jamás, y todo el mundo siguió
                 tranquilo". 

                 Eugarrios, el día de la catástrofe, trabajó normalmente en La Prensa. "Aunque
                 llegué un poco golpeado por una de las tantas fiestecitas a las que solía ir,
                 cuando terminamos los dos cierres del periódico de Managua y los
                 departamentos, me fui al hotel Reisel que quedaba en el centro de toda la
                 extensión de la calle 15 de septiembre, a lanzarme unas cervecitas bien
                 heladísimas". 

                 "Regresé al periódico y salí como a las 4:30 de la tarde, me fui al Balmoral, y
                 estuve ahí hasta como a las 7 de la noche. Luego me traslade a las fiestas del
                 Malecón. 

                 A diferencia de estos tiempos en que existe tanta delincuencia, en ese
                 entonces uno podía caminar tranquilo por las calles. Estuve después en la
                 carne asada del Gran Hotel y después me fui a mi casa. Me acosté y después
                 me levanté con la tragedia más grande que nadie imaginó, provocada por el
                 sismo de las 12:30". 

                 UN GRITO LE REVELO ESPANTOSA REALIDAD 

                 "Estaba profundamente dormido cuando empezó a caerme polvo de las tejas
                 que bailaban. Soñé que era una llovizna, y me abracé friolento a mi
                 compañera, quien, dándose cuenta de lo que estaba pasando, pugnaba por
                 librarse de mi abrazo para saltar a la calle. 

                 Sus gritos de ¡Terremoto, terremoto! me revelaron la espantosa realidad, y lo
                 primero que vieron mis ojos desmesurados, antes de saltar también de la
                 cama, fueron los grandes boquetes que bailaban en el techo", narra el
                 profesor Ernesto Aburto, al recordar lo que hacía antes del sacudión que
                 mató a la capital. 

                 La segunda imagen que recuerdo -cuenta Aburto- fue la de mi propio cuerpo
                 en calzoncillos, tratando de guardar equilibrio en la acera del jardín de nuestra
                 casa en la colonia Nicarao. 

                 Además recuerda que sobre el murito divisorio con la vivienda contigua, que
                 estaba caído, su mujer intentaba quitarle el bebé a la vecina, para que ésta
                 fuera corriendo por su otro niño que todavía estaba adentro de la casa. Pero
                 las dos mujeres también bailaban al ritmo de la tierra, y el traspaso del bebé
                 de unas manos a otras resultaba difícil. Al final, su esposa tuvo que recoger al
                 tierno del suelo, mientras la otra madre corría al interior de su casa. 

                 "Entonces disminuyó la tembladera, y pude percatarme que mi padre aún no
                 salía. Lo llamé con angustia, y el viejo, que entonces frisaba los 54 años, me
                 gritó que esperara, porque todavía no hallaba sus pantalones. Con una mezcla
                 de ira y terror le dejé caer un insulto que nunca habría de cobrarme. Hasta
                 que segundos después apareció por el umbral de la puerta socándose la faja. 

                 En los minutos que siguieron entre el primer terremoto y el siguiente, pero
                 hasta buen rato después, mi mujer descubrió que se había cortado las plantas
                 de los pies con los vidrios esparcidos de lo que fue lámpara de la sala, y
                 sangraba...pero toda la ciudad estaba sangrando en ese momento", indica
                 Aburto. 

                 Hoy, al igual que hace 28 años, el cruel calendario coincide con los días en
                 que sucedió la tragedia. Muchos managuas se durmieron el viernes 22 de
                 diciembre de 1972, para nunca más despertar. Muchos vivieron para contar
                 la triste experiencia de abrir los ojos minutos después de la media noche y
                 llorar a sus seres queridos, y a su entrañable Managua, la que nunca volverá. 
 
 




Los sobrevivientes de la catástrofe
* Después de 27 años, ya en Managua quedan muy pocos "escombros", testigos de aquella gran sacudida del 23 de diciembre
ANUAR HASSAN /La Prensa
Muy pocos edificios que resistieron la formidable embestida del 23 de diciembre de 1972 quedan en pie para servir de referencia de la vieja Managua. De las aproximadamente ochenta mil construcciones con que contaba Managua en diciembre de 1972, por los menos las tres cuartas partes, unas 60 mil sucumbieron al brutal embate de la naturaleza.

Antigua Lotería Nacional,
Uno de ellos es el de la Lotería Nacional, ubicado en los alrededores del que fue Teatro Margot, hoy sede de una iglesia Pentecostés. En el edificio de la Lotería es todavía visible la pizarra, que era una pared de la casa donde se iban anotando, con una barra de tiza, los premios de importancia a medida que iban saliendo. El sorteo era animado por música de chicheros, sobre todo cuando los premios eran especiales. Todavía pocos años antes del terremoto recorría las principales calles de Managua un extraño cortejo que no dejaba de causar cierto temor entre las almas infantiles. Se trataba de un señor extremadamente gordo acompañado por otro de menor volumen, tocados con sombrero de copa, a los que hacía compañía un enano de cabeza cuadrada provisto de un tambor que batía furiosamente. Detrás del extraño grupo marchaba un carro parlante que instaba a la gente a comprar lotería y ganarse los premios, "el gordo y el gordito", representados por la obesa pareja. Desde luego que la gordura no era natural sino que debajo del saco, que vestían los dos trabajadores escogidos para hacer esa tarea, habían colocado relleno para darles aquel robusto aspecto.

Consulado de El Líbano
El que albergaba el Consulado de El Líbano, en el que vivía la familia Zogaib, libanesa de origen, sigue
todavía en pie y es visible detrás del Faro de la Libertad, al sur del antiguo Cine González. Se trataba de una sólida construcción de tres plantas, de concreto, enclavada a media cuadra al oriente del edificio de Carlos Cardenal, que también sobrevivió a la catástrofe.

La tienda de Cardenal
La tienda de Cardenal fue el primer edificio dotado de escaleras eléctricas, como las que ahora llaman la atención de las nuevas generaciones de capitalinos en Metrocentro y Plaza Inter. Cardenal, un comerciante con visión de futuro, mandó instalar esa escalera hacia mediados de los años 60. Para estos días, la tienda de Cardenal, de tres plantas, era un hervidero de compradores que saturaban el enorme edificio.

Hotel Balmoral
El suntuoso Hotel Balmoral, de siete pisos, en la Avenida Bolívar, en cuya azotea funcionaba un bar restaurante cuyo indiscutible atractivo era la piscina donde los clientes podían tomar un baño de noche y el menos ostentoso Hotel Reisel, recién abierto sobre la Calle 15 de Septiembre, fueron tumba de decenas de turistas y trabajadores de ambos centros.

Tienda Alicia,
En la esquina hacia occidente se levantaba la Tienda Alicia, una moderna estructura de cuatro plantas propiedad de los comerciantes Frank y Alicia Gutiérrez. Los Gutiérrez se habían especializado en la venta de juguetes y artículos femeninos. 
Hotel Reisel
Al igual que el Hotel Reisel, desapareció en cuestión de segundos.
 Palacio de Justicia 
Varios grandes edificios, como el Palacio de Justicia que elevaba su elegante estructura en el sitio que hoy ocupa el Instituto de Medicina Legal y otros que bordean la calle que pasa frente a la llamada Explanada de Tiscapa, al occidente del Hotel Intercontinental (otro sobreviviente) sufrieron graves daños estructurales que obligaron a las autoridades a declararlos inhabitables.
Seguro Social 
La elegante mole de cristal del Seguro Social que usted ve junto a la Calle Colón salió también casi indemne aquella siniestra noche. Durante muchos años mostró las tristes oquedades dejadas por los ventanales rotos hasta que hace unos tres o cuatro años fue rehabilitado.

El edificio Pereira¨.
Este edificio, uno de los primeros ¨rascacielos¨ de la Managua de los 50, estaba situado sobre la Avenida Centenario, que por el sur comenzaba en la Iglesia del Perpetuo Socorro y por el norte concluía en la Catedral. A todo lo largo de sus escasos tres kilómetros de longitud había tiendas y oficinas de todo tipo. El edificio Pereira acogía un negocio de importaciones en su planta baja y las dos restantes servían de residencia de la familia Pereira (los constructores Néstor y Armando Pereira eran hijos del dueño del edificio). En un pequeño local de la planta baja funcionaba la cerrajería de Mister Kupper, un inglés o norteamericano que ofrecía su experiencia en abrir cerraduras de todo tipo, incluyendo cajas de hierro.
Colegios de La Inmaculada
El Colegio de señoritas La Inmaculada, situado en la intersección de la Calle 15 de Septiembre y la Avenida Roosevelt .
Colegio de la Divina Pastora
El  Colegio de la Divina Pastora, al extremo occidental de la 15 de Septiembre.
Colegio La Asuncion
El exclusivo de La Asunción, ubicado frente a las costas del lago.
Instituto Pedagógico 
Las recién construidas instalaciones del Instituto Pedagógico de varones con su imponente capilla, en la que hoy funciona el Centro de Convenciones Olof Palme, sobrevive a la devastación.

Colegio Calasanz,
El Colegio Calasanz,en el Barrio San Sebastián, que se derrumba sepultando bajo sus escombros a su director, el Padre Bruno Martínez, quien murió días después en el Hospital de León.

Hospital El Retiro,
El Hospital El Retiro era uno de los más modernos y grandes de Centroamérica, construido en 1968,
se vivieron escenas de hondo dramatismo y gran heroicidad. Al quedar la ciudad sin energía eléctrica, los médicos de turno utilizaban los faros de los automóviles para prestar los primeros auxilios a la con cada minuto creciente masa de lesionados que llegaba desde todos los rumbos de la ciudad destruida. A esos médicos se sumaron otros que abandonaron a sus familias para acudir al llamado del deber. Muchas vidas quedaron en los quirófanos sin energía, mientras otras se perdieron debido a la desesperación que se apoderó de pacientes que recuperaban después de delicadas operaciones y que se lanzaron escaleras abajo o por las ventanas hacia la muerte.
La Farmacia Managua, 
las tiendas de La Centroamericana
El Restaurante Asia, 
El laboratorio del Dr. Bengoechea 
El complejo de edificios Venezuela, ubicados frente adonde funciona actualmente el Ministerio de Gobernación.


23 de Diciembre de 2001 | El Nuevo Diario

            De antaño y después del Terremoto

                —Jairo Meléndez Bermudez—
 

                Quién no recuerda o al menos pregunta en esta fecha por la
                tragedia del terremoto del 72, o la Managua antes de esta fecha, la
                ciudad alegre, con su traje de luces, dentro de la algarabía de las
                canciones alusivas a la fecha, era diciembre entonces, los aires
                navideños invitaban al regocijo y alegría en víspera de la
                Nochebuena. 

                Las calles de Managua del aquel entonces, desbordadas de
                gentes que recorrían de un lugar a otro en busca de los regalos
                navideños, esparcimiento o simplemente se deleitaban frente a los
                escaparates de los grandes almacenes en la famosa y colorida
                Avenida Roosevelt. 

                El 22 de Diciembre era la víspera de Navidad, los pobladores de
                Managua, al igual que la del resto del país, se anticipaban a
                regocijarse de alegría, los hogares y negocios adornados con los
                tradicionales arbolitos navideños repletos de adornos, bombillos de
                colores, villancicos y la música que ponían la nota de alegría a
                estas festividades. 

                Las decoraciones y los nacimientos del niño Dios en sus
                imponentes Iglesias con olor y arquitectura barroca deleitaban a los
                feligreses en estas fiestas religiosas todas aquellas de las que hoy
                solo queda el recuerdo de sus ruinas como: La Catedral, San
                Sebastián, Perpetuo Socorro, Cristo Rosario, San José, San
                Antonio, La Primera sala Evangélica. 

                A cuántos de nuestros viejos les da nostalgia recordar los Centros
                de diversiones, sus Night Club o centros nocturnos como: La Cave,
                Versalles, en la entrada a las Piedrecitas, El Plaza, en el Parque
                Central, La Guaca, Tortuga Morada, Club Internacional, Club
                Managua, donde queda actualmente la presidencia, El Ron Ron.
                Los Cines como: Principal, Rosario, Alameda, Tropical, el cine
                Managua, Fénix, Luciérnaga, Darío, Trébol, Bóer, Luz, María, entre
                otros. Los Restaurantes, Parques, Centros Comerciales,
                Almacenes como: La Nomar, Vestex, Alicia, Almacenes Tabag,
                Jorge del Carmen, Carlos Cardenal, Kodak, Ismael Reyes; sus
                populares mercados, Bóer, San Miguel, Central y Oriental, Los
                famosos Bares: Gambrunis, Zalsibar, Jardín Central, Salón Rigo,
                La Vieja Maldita o bar Ya Ya, La Cumbancha, la cara de Fosforo,
                Luz y Sombra, los Balcanes, la Tostadita, Chagüitillo, las
                Marisquerías, las famosas sopas del mercado central, la
                Mondonguería Fénix, etc. 

                Todo transcurría normalmente, la población capitalina esperaba
                una Navidad llena de alegría, no un desvastador terremoto que
                terminó con la belleza y magia de la novia del Xolotlán aquel 23 de
                diciembre de 1972. La tragedia llegó para todos y la ciudad truncó
                su alegría y se convirtió en desesperación, dolor, tristeza, luto y
                sufrimiento, aquel terrible sismo cambiaría la historia de todos los
                capitalinos. 

                ESTUDIO CIENTIFICO REALIZADO 

                Según el resumen de un estudio llamado: “Geoligic and
                Seismologic Aspects of the Managua, Nicaragua Earthquakes del
                23 de Diciembre 1972-Geological Survey Profesional Paper 838”,
                publicado por el Departamento del Interior de los Estados Unidos
                con amplias referencias Científicas y realizado por los geólogos
                R.D. Brown J; P.L. Ward y George Palfker, mostraban que en la
                geología superficial de Managua existen cuatro fallas deslizantes
                subparalelas, espaciadas de 240 a 1,150 metros, las cuales se
                deslizaron durante el terremoto en un sentido sinistral (lateral
                izquierdo), y el otro dextral (lateral derecho, lo mismo que en la
                forma vertical, las fallas alcanzan longitudes: La falla “A” 1.6
                Kilómetros, la Falla “B” 5.1 Km, la falla “C” 5.9 km y la falla “D” 2.7
                Km, y una de ellas (la que pasa por la loma de Chico Pelón) se
                extiende por lo menos 6 Kms, hacia el noreste de la ciudad, bajo el
                lago de Managua. 

                Los deslizamientos horizontales, es decir las grietas de las fallas,
                varían desde 2 hasta 38 centímetros. Además de las cuatro fallas
                anteriores, perfectamente bien localizadas y que se movieron
                durante el terremoto del 23 de Diciembre, existía una más, la falla
                “E” que se produjo en el terremoto 1931 y que esta vez no funcionó.
                De acuerdo a este estudio los llamaron los terremotos de 23 de
                Diciembre del 72, porque hubo tres terremotos y no uno, el primer
                sismo se produjo a las 12:30, con la magnitud de 5.6 en la escala
                de Richter y de 6.2 de magnitud en la onda superficial. El segundo
                a la 1:18 a.m fue de 5 grados en la escala Richter y el tercero a las
                1:20 a.m fue de 5.2; lo suficientemente fuertes para causar daños
                adicionales al primer sismo, aunque en la escala de Richter no
                tienen una magnitud muy elevada, causaron tanto daño porque
                ocurrieron a muy poca profundidad, casi bajo el piso de la ciudad. 

                Los peores daños se produjeron donde se encuentran las fallas “B”
                y “C” que están localizadas entre La Loma Chico Pelón, la Quinta
                Nina pasando por la Laguna de Tiscapa hasta donde fue el Country
                Club. 

                LOS RIESGOS SISMICOS DE MANAGUA 

                De acuerdo a los estudios geológicos realizados en Nicaragua han
                ocurrido terremotos destructores en: 1563, 1844, 1849, 1858,
                1862, 1881,1885, 1928 y 1931. De todos ellos se sabe que los de
                1844, 1858 y 1881 causaron daños en la región de Managua, así
                como los de 1898, 1913, 1918, 1928 y 1931. Este último, el del 31
                de Marzo de 1931, fue muy similar al de 1972 en mucho aspectos y
                fue de una magnitud de entre 5.3 y 5.9 en la escala de Richter,
                causando agrietamiento en el terreno. 

                Los estudios dicen, luego de señalar los datos de la historia
                sísmica de Managua, que demuestran cuán comunes son los
                terremotos en el área de esta ciudad. Los datos y las relaciones
                tectónicas regionales demuestran que en el área de Managua
                volverá a ocurrir un terremoto similar al del 23 de Diciembre de
                1972, ya que éstos se producen en esta zona cada 50 años. 
 
 
 
 

23 de Diciembre de 2001 |  El Nuevo Diario
             A 29 años del Terremoto de 1972  La muerte pasó...

                —Armando Ñurinda Ramírez—
 

                ... Y la tierra se estremeció. Casi todos los vecinos de Managua
                dormían aquella noche trágica. Pocos capitalinos nocturneaban, no
                había muchos centros. Avenidas y calles lucían vacías, tenían
                iluminación comercial y decoraciones navideñas, principalmente en
                la Bolívar, Roosevelt, Calle 15 de Septiembre, El Triunfo,
                Candelaria, Momotombo, la Plaza y otras vías; millares de
                golondrinas estaban apretujadas en árboles del parque y aledaños,
                edificios, alambrados y de otras zonas. Managua vivía, se
                aproximaba la alegría navideña. 

                El 22 de Diciembre 1972 para el pueblo capitalino transcurrió
                como otros, sólo que el calor sofocaba, más que en otras épocas,
                la temperatura era anormal, las hojas de los árboles no se movían y
                la brisa del aire casi no se sentía. Durante el día y parte de la
                noche, en la mayoría de hogares, la gente estuvo sentada en
                puertas de sus casas, refrescándose, esperando que bajara la
                presión nocturna. El cielo de azul gris lucía estrellado. Antes de las
                diez de la noche se sintieron varios temblores de magnitudes
                diferentes, pero los sismos atemorizaron a la población sólo
                momentáneamente, ya que tenían costumbres de sentir
                movimientos de tierra frecuentes. 

                Aquella noche, pese al cansancio y los temblores, la gente se
                durmió, inocentes que el fantasma telúrico acechaba; la naturaleza
                empezó su conteo fatal y en el minuto 29 y segundos, en que los
                relojes de Telcor, Catedral, Ferretería Lang, se detuvieron,
                iniciando el día 23 de Diciembre, se movió y trepidó con fuerza
                descomunal, la corteza fracturada una... otra vez ... decenas de
                estremecimientos, formando ondas, sobrevino el golpe y la muerte. 

                Casa de todo tamaño y edad se derrumbaron; edificios de
                concreto, aluminio y vidrio yacían semitumbados y la mayoría
                destruidos. Los tendidos eléctricos y de teléfonos fueron tumbados.
                Se escuchó un zumbido descomunal y el impacto de viviendas. Se
                escuchaban gritos de gente agonizante, decenas corrían
                desesperados, clamando al único Dios, rogando auxilio a los
                sobrevivientes. Enormes nubarrones de polvo y humo nublaban,
                sofocaban a los que nos agrupábamos; decenas perecieron
                asfixiados. Las llamas afectaron varias zonas siniestradas,
                completando el cuadro desolador del terremoto. 

                Muchas personas corrían, desesperadas y sin orientación
                aparente. Se notó desborde de manifestaciones tiernas, mimos y
                caricias a los cadáveres, actitudes humildes. En la desesperación
                se escuchaban promesas, ofertas a los dioses, sin percatarse
                muchas personas corrían desnudas, solicitaban ayuda, quizá la
                madre estaba bajo escombros. Los seres vivos pocas veces
                derramaron tantas lágrimas, liberando energías por el dolor físico y
                sentimientos morales. 

                Personas solas, en grupos, luchaban para remover trozos de casa
                que habían aplastado a familiares. Escuchamos gritos
                desesperados de atrapados por escombros, clamando socorro,
                ayuda que en la mayoría de situaciones nadie atendió, escuchamos
                pero teníamos situaciones desesperantes, pocos no podíamos
                ayudar a muchos. Centenares de cadáveres acomodados en
                aceras, la mayoría abandonados por sus familiares, o se trataba de
                familias que perecieron y fueron a las fosas comunes, o cremados
                en Parque Candelaria, Explanada de Tiscapa y otros sitios. 

                Los perros aullaron. Grupos sobrevivientes, hincados en las calles,
                se miraban alambres y postes semitendidos. Nubes de polvo rojizo
                oscuro, el fuego danzando infernalmente, siluetas anónimas que
                cruzaban. Paredes desplomadas, la gente con sus miradas y
                manos hacia lo alto, ojos manando lágrimas, gemían, gritaban,
                llorando y exclamando: «!Santo Dios!», «!Santo Eterno!». Ten
                piedad de nosotros. Santo Inmortal!» Si el Dios podía atender
                aquellas súplicas, no se le hace favor atribuirle poder causar
                terremotos. 

                Los que caminaban en varias direcciones, no huían, buscaban
                ayuda, agua, médicos, transporte y volvían a sus ruinas, con sus
                muertos. En grupos se formaron filas hacia el Puente el Edén,
                Carretera Norte, Estatua de José Dolores Estrada, Metrocentro;
                otros empezaron abandonando el centro de la ciudad, sus hogares
                y varias columnas de sobrevivientes transitaron las carreteras.
                Como los managuas de hacía unos 50/30 mil años de Acahualinca;
                los capitalinos de 1972 emigraban, se alejaban de la muerte.
                Querían continuar viviendo. 

                Y así aquella ciudad que había sobrevivido 41 años, después de
                otro terremoto, quedó en ruinas. Millares de muertos, hedor, sed,
                hambre, desolación y el éxodo de sobrevivientes de la zona
                siniestrada. También de los barrios y departamentos vino la gente,
                argumentaron llegaban a ayudar, pero la mayoría se dedicó al
                saqueo, como la guardia nacional de Somoza. Mientras decenas,
                miles, llorábamos y sufríamos nuestra desgracia porque había
                pasado la muerte. 

                19/12/2001 
23 DE DICIEMBRE DEL 2001 /  La Prensa 

               Cuando Managua se estremeció    29 años después, los  sobrevivientes aún  esperan la Navidade con  cierto recelo y temor

               Socorristas de la Cruz Roja rescatan los cadáveres de
               varias de las 10,000 víctimas mortales del terremoto
               del 23 de diciembre de 1972.
 
 

              Benjamín Blanco 
              benjamin.blanco@laprensa.com.ni 

              La mayoría de sobrevivientes del terremoto ocurrido en víspera de Nochebuena en
              diciembre de 1972, difícilmente podrán olvidar aquella intensa Luna llena que, de
              alguna manera, brindó los primeros auxilios a los capitalinos sepultados entre
              escombros, tras una sacudida telúrica de 7.2 grados en la escala de Richter. 

              “Algo que no se me olvida, y yo creo que muy pocos podrán olvidar era la Luna de
              esa madrugada. Era Luna llena. Y al no haber luz eléctrica la Luna se destacaba
              porque la iluminación que daba era enorme, y eso ayudó a ver a la gente en medio
              de la oscuridad”, relató el señor José Porras de 58 años. 

              Durante un recorrido realizado por distintos barrios capitalinos, varios ciudadanos
              relataron a LA PRENSA sus recuerdos de aquella Navidad inolvidable que dejó un
              saldo de aproximadamente 10,000 muertos. 

              “Al menos nosotros los viejos, cada vez que se acerca la Navidad, pensamos en ese
              terremoto, es algo que vamos a seguir recordando por siempre”, expresó don Julio
              Cardoze, de 73 años, quien habita en el Barrio San Sebastián. 
 

              COMO ESTAMPIDA DE GANADO QUE CORRÍA 

              Don José Porras narró que “cada vez que se dejaban venir los temblores, se oía un
              sonido como que venía un tropel de ganado de la parte sur de Managua hacia el
              norte. Se oía ese estruendo como ganado corriendo. Y el miedo que se siente es
              terrible, la gente temblaba de miedo”, recordó. 

              Después de la sacudida más fuerte, a las 12 y media de la noche del 23 de diciembre,
              el señor Porras dice que en medio de la oscuridad de su casa buscó su pantalón y
              corrió hacia las casas de sus hijos a pocas cuadras de la suya en la Colonia 14 de
              Septiembre. 

              “Cuando iba corriendo en la calle, pude observar que en la parte baja de Managua
              había una iluminación enorme en el cielo, que después me di cuenta que era el
              incendio de los mercados Central y San Miguel, en eso vino otro temblor, porque
              eran muy seguidos, y hasta tenía que pararme con los pies abiertos para poder
              mantener el equilibrio, pues el jamaqueo era tremendo”, aseguró. 

              Cuando ya iba llegando a la casa de sus hijos, don José dice que se llevó tremendo
              susto al ver que una raya negra se venía abriendo en la tierra, como una zanja, que
              se detuvo a un metro de él. “Luego me di cuenta que debajo de esa zanja pasaba una
              tubería vieja”, agregó. 

              “Al llegar donde mis hijos, descubrí que a uno de ellos le había caído un bloque y le
              había fracturado la clavícula”, señaló.
 

              MILES DE HERIDOS 

              Por su parte, el señor Róger Hidalgo recordó que a las cuatro de la madrugada de
              ese fatídico día, pasó cerca del Cementerio Oriental, y asegura que a esa hora vio
              que algunas personas ya se dirigían con ataúdes hacia el cementerio a enterrar a sus
              muertos. 

              “En todas las calles se podía ver a hombres o mujeres corriendo en ropa interior o
              con pantalones al revés, gente gritando como loca, llamando a algún familiar, a
              algún pariente. 

              Ya como a las cinco de la mañana había algunas tiendas de campaña de la Cruz Roja,
              pero eran tendaladas de gente vendadas, con sangre en la cabeza, señoras, señores,
              niños, jóvenes”, contó Hidalgo. 
 

              OTROS TESTIMONIOS 

              María Ampié Jarquín: “Vivíamos cerca de la Estación, cerca de la playa. Estábamos
              acostándonos. Sentimos un temblorcito como a las 10 de la noche, pero fue
              pasajero. Después fue que ya siguió aquello. 

              Se fue la luz y el agua. A una vecina amiga mía la mató una pared ese mismo día. En
              cada calle había muertos. Yo tenía listas unas gallinitas y el arrocito para la cena
              navideña”. 

              Víctor López Navarrete: “Yo vivía en el Barrio San Luis Sur, ya estaba acostado. Mi
              casa era como un galerón de madera y todas las tejas se vinieron al suelo y
              quedamos sin techo, pero nadie murió de mi casa. Pero hubo vecinos a los que se les
              cayó la casa, la mayor parte de las que se cayeron eran de adobe. La gente durmió
              debajo de los palos. Las casas más seguras eran las de madera. La gente no construía
              bien y todavía siguen construyendo mal”. 
 

              PRESAGIOS INOLVIDABLES 

              Además de la intensa Luna llena, la víspera del terremoto hubo otros detalles de esa
              noche que los supervivientes capitalinos no olvidan: el calor sofocante que se sintió
              antes de los temblores, el ladrar y aullar de los perros, y el inquietante cacarear de
              las gallinas, que aún se mantienen como presagios
 
 



 23 de Diciembre de 2001 |                  29 años del terremoto   Terror latente y fantasmas en los  escombros

                —OCTAVIO ENRIQUEZ—
    Estaba recién   celebrado el triunfo   glorioso de Nicaragua contra Cuba en el  mundial del 72. El brazo de Julio Juárez  no se había "enfriado"  después de aquel maravilloso 2-0 y ocurrió lo imprevisto.... 20 días después, el capítulo de aquella  Navidad cerró con  olor a tragedia: un  terremoto y 10 mil muertos contradijo todo y hoy, 29 años después, todavía el fantasma del terror vivido sacude a los habitantes de los escombros. 

                Para ser sinceros, a muchos de ellos, aquellas escenas dantescas
                les revuelve la vida, si es que "revolver" no queda minúsculo a la
                par del sentimiento de miedo que embarga a quienes habitan las
                ruinas que un día se erigieron como los edificios que tanto color y
                vida le dieron a la Managua del 72, y probablemente más que eso:
                identidad como ciudad. 

                "Si ocurre un terremoto, ojalá que no, no estamos seguros. Si
                vieras como tiembla aquí. Sentimos como que este edificio se nos
                viene abajo", lamenta Natalia González, de 64 años, quien vive
                desde hace 20 años en lo que fue la Farmacia Managua, un
                edificio construido en 1938 y que hoy, si acaso no lo conoce, se
                haya muy cerca del recién inaugurado edificio de la Cancillería. 

                Managua, al menos desde 1900, ha sufrido dos terremotos
                devastadores. Uno que ocurrió el 31 de marzo de 1931, el que
                produjo dos mil muertos. En diciembre de 1972, el fenómeno se
                volvió a repetir, pero esta vez la cifra de muertos fue varias veces
                mayor, desde entonces la probabilidad de un tercer movimiento
                telúrico no ha desaparecido, y de nuevo las diferencias entre
                sismólogos respetados ha vuelto a traer el tema a colación. 

                DOÑA NATALIA Y 20 FAMILIAS MAS 

                En el edificio donde habita doña Natalia, ella convive con 20
                familias más, entre una gran "cipotada", quienes comparten lo que
                puede llamarse como incertidumbre de poder perecer en un fuerte
                movimiento telúrico. Unido a eso, cargan en sus hombros con la
                pobreza: muchos niños que rodean a doña Natalia ni siquiera
                conocen lo que es un par de zapatos. 

                Uno de quienes vive con doña Natalia es César Chavarría, de 30
                años, quien considera que aunque saben que su situación es difícil,
                están obligados a estar ahí por la necesidad de vivienda. Un déficit
                que a nivel nacional es calculado en 500 mil. 

                Chavarría es originario de Teustepe, Boaco. "El gobierno nunca ha
                venido aquí. No hay ayuda para nosotros", dice indignado. El joven
                que cuenta que muchas de las cosas que tenía el edificio de la
                Farmacia Managua fueron arrasadas por la delincuencia. 

                "¡DIOS QUIERA QUE NO HAYA OTRO TERREMOTO!" 

                "Todo era humo por esos días... Managua era linda en sus
                mercados cuando tuvo el salón Hada, El Campeón, La Ramos, el
                Lagarto, la Farmacia Managua, Los Chinos, la Avenida Roosvelt.
                Pero ese día había incendios por todos lados, muertos, alambres
                reventados. Ojalá no haya otra tragedia", ruega Socorro Rivas
                Aguirre. 

                La misma doña Socorro que relata que el 23 de diciembre de hace
                29 años, estaba criando y cargando a su hijo se salió de su casita
                para evitar que ambos perecieran al ver que todo se venía abajo. 

                Agrega que para ese diciembre de aquellos años, había lujos por
                todos lados. Que los mosaicos, que las luces de la Roosvelt, que
                ...y los recuerdos que no dejan de fluir de la mente de doña
                Socorro. 

                Hoy ella vive en los escombros, cerca de la gloria de la Managua
                de antes con su parques como El San Antonio, el único ruego que
                hace es: "Dios ojalá no ocurra algo así", un hecho tan triste que aún
                hoy rasga la memoria de esta ciudad\
 

22 de Diciembre de 2000 | El Nuevo Diario
                Un viernes como hoy hace 28 años la vieja Managua vivía sus últimas horas
                 Agonía inadvertida
                 * En 30 segundos todo quedó en el suelo. El segundo sismo remató a las
                 viejas estructuras
                 * Manuel Eugarrios no sospechaba que vivía sus últimas horas con su
                 hija primogénita que murió soterrada
                 * A "Mirandita" el sacudión lo sorprendió en una de tantas fiestas de
                 agencias publicitarias
                 * Doña Ofelita Morales anduvo comprando su Niño Dios por última vez
                 en aquellos lugares que morirían
                 * Un grito lo despertó a la gran tragedia: la llovizna del suelo era el
                 polvo de las tejas que bailaban
                 * Managua era música y luces antes de morir: nadie imaginó lo que
                 estaba por llegar en medio de la alegría
 
 

                 —LUIS GALEANO—
 

                                 Managua, hasta antes de la medianoche de esa fecha, lucía fulgurante y
                 jubilosa. El verde y el rojo de la pascua navideña adornaban a la novia del
                 Xolotlán, que por todos sus rincones mostraba los arbolitos radiantes de
                 luces. 

                 Las calles y las avenidas Roosevelt y Bolívar eran los puntos de encuentro de
                 los capitalinos que, alegres, compraban en las tiendas los últimos "preparos"
                 de la cena navideña y los regalos, juguetes y estrenos de Nochebuena. Esta
                 zona prácticamente era en la que se desarrollaba la actividad más febril del
                 comercio capitalino. 

                 Los mercados Central y San Miguel, según cuentan sobrevivientes de la
                 catástrofe, lucían igual de día y de noche, pues los managuas los abarrotaban
                 en busca de los últimos detalles de la celebración de aquel 24 de diciembre
                 que para los vivos y los muertos nunca llegó. 

                 El corazón de la vieja Managua en ese entonces se dividía en dos grandes
                 ejes, cuyos brazos se extendían de norte a sur desde la Loma de Tiscapa,
                 hasta donde es hoy la Plaza de la República, y por el otro lado, desde el
                 antiguo aeropuerto Xolotlán -donde hoy es Catastro- sobre la Calle 15 de
                 Septiembre, hasta lo que hoy conocemos como el Cementerio Occidental o
                 Cementerio de abajo. 

                 "En Managua esa noche se vivía una alegría impresionante, yo anduve
                 haciendo un recorrido en varias agencias de publicidad, ubicadas en diferentes
                 sitios de la capital. Era una fiesta total aquella Avenida Bolívar y la Roosevelt
                 que se cerraba para los vehículos y se volvía peatonal, porque ahí estaba todo
                 lo que necesitabas, desde ropa hasta tragos para celebrar", cuenta Oscar
                 Miranda, mejor conocido como "Mirandita" actual gerente de ventas de Canal
                 2 de Televisión. UN PRE-AVISO QUE NADIE ATENDIO 

                 Mirandita, quien tenía en ese entonces 28 años y ya andaba en la onda de la
                 publicidad, recuerda que ese día se fue por la vieja Managua a entrevistar a
                 varios anunciantes y dueños de agencias de publicidad que trabajaban con el
                 Canal 2 que en ese entonces salía al aire en blanco y negro. 

                 "Fue un recorrido largo, pero igual daba. Las calles estaban llenas de alegría y
                 algarabía, llenas de parroquianos. Volví al canal a eso de las 10 de la noche a
                 cambiar cinta. Estaba empezando Extravisión y Manuel Espinoza estaba al
                 aire cuando se sintió el primer temblor. Aún recuerdo la cara de susto de
                 Manuel en la pantalla que decía 'está temblando en Managua' Ese fue un
                 pre-aviso que nadie atendió". 

                 Salió del canal y se trasladó hasta el edificio donde quedaba la agencia
                 Cuadra-Chamberlain, ubicado frente al edificio de Casa Pellas, por ahí donde
                 se ubicaba el Banco Nicaragüense, donde es hoy el Ministerio de Hacienda.
                 En el tercer piso de ese lugar había una fiesta de publicistas y empleados de
                 varias casas de publicidad que celebraban la víspera navideña. 

                 "Había marimbas, tragos, baile y todo aquello era alegrísimo. Teníamos la
                 intención de ir a 'El Plaza' ubicado frente a la vieja catedral de Managua -que
                 por cierto se hundió y ahí murió mucha gente- pero Jacinto 'el sapo' Ríos dijo
                 que pagáramos una hora más de Marimba y nos quedamos ahí. Esa hora más
                 de marimba nos salvó la vida a muchos". 

                 "Minutos después vino el "mecatazo" y nos llenamos de terror. La gente
                 quería lanzarse desde las alturas, porque las puertas estaban trabadas, pero
                 logramos salir. Lo demás........(guarda silencio y su vista se pierde en el vacío
                 y escurca en su mente) lo demás fue tragedia, todo se acabó, es lo que
                 recuerdo". 

                 En la farándula de aquel entonces -cuenta el gerente de ventas de Canal 2- se
                 escuchaba la música del grupo chileno "Los Angeles Negros" que de paso se
                 encontraban en el país, y "Los Galos". Estaba el club bar "La -Tortuga
                 Morada", en el que tocaba Ricardo Palma, entre otros artistas nacionales. 

                 Mirandita asegura que nadie nunca presintió que Managua iba a ser sacudida
                 y resquebrajada por el sismo. "El ingeniero Carlos Santos Berroterán
                 pronosticó el fenómeno, y causó polémicas, pero él dijo que iba a haber un
                 terremoto, lo que pasa es que nadie hizo caso a sus palabras que fueron como
                 una profecía", afirma. 

                 CALOR Y UN PEQUEÑO PRESENTIMIENTO 

                 La maestra de generaciones Ofelia Morales en aquel entonces vivía en una
                 pequeña, pero cómoda casa de la luneta del cine Tropical media cuadra
                 arriba y recuerda que 24 horas antes del sismo que destruyó Managua, ella
                 anduvo en la parte de lo que era el centro de la vieja capital. 

                 "Andaba comprando al niño Dios y todos los adornitos de mi nacimiento, que
                 es el que todavía conservo. Fui a comprar a una de las tiendas, la de José
                 Benito Ramírez, porque a mi me ha gustado siempre poner el nacimiento el
                 mismo 24 de diciembre y me fui por la avenida Roosevelt comprando las
                 cosas y viendo todo aquel ambiente alegre de la navidad", relata la bondadosa
                 ancianita. 

                 "Era tanta la gente que circulaba por ese lugar- recuerda "la niña" Ofelita- que
                 se aglomeraban por cantidades en las tiendas de la avenida Bolívar y sus
                 alrededores. 

                 "Había papelillos, luces intermitentes, Santa Claus por todos lados, música,
                 villancicos y sonrisas. Recuerdo mucha gente riéndose, pero a la vez afanada,
                 con un tanto de sofocación. Era algo así como que la gente pensaba que lo
                 que querían comprar se iba a acabar o que no iban a tener más tiempo para
                 realizar sus compras. Días después comprendí que todo aquello no era más
                 que un pequeño presentimiento de lo que sucedería", dice doña Ofelita. 

                 "Además -agrega- había un calor insoportable, mucho, pero mucho calor.
                 Podíamos presentir algún temblor, porque estaba realmente muy caliente el
                 clima, pero nunca un terremoto". 

                 MI HIJA, MI MAYOR DOLOR 

                 Lo que el veterano periodista Manuel Eugarrios recuerda con más dolor de
                 aquel fatídico 23 de diciembre, fue el haber perdido a su hija mayor, Lissethe,
                 que en ese entonces tenía 9 años. En su experiencia se puede resumir lo que
                 fue tragedia para miles y miles de managuas que perdieron a sus seres
                 queridos. 

                 Lissethe fue el retoño de una relación extramatrimonial y ese año era la
                 primera vez en los 9 años de vida de su pequeña, que ella disfrutaría junto a
                 su padre la Nochebuena, debido a que la madre de la niña siempre se negó a
                 que Eugarrios la criara. "La madre de la niña cedió, me la dio, la tuve algunos
                 meses y ya ves, ocurrió el terremoto y se la llevó", relata don Manuel. 

                 "Me sentía gozoso, -añade- no hallaba que hacer con mi hija y estaba
                 complacidísimo y en espera de la Navidad, pero desgraciadamente no pudo
                 ser así". 

                 Eugarrios tenía 38 años en ese entonces y reporteaba para el diario La Prensa
                 de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Recuerda que toda la febrilidad de la
                 Navidad bullía en las cercanías del Gran Hotel, el viejo Malecón, la Roosevelt
                 y la Bolívar. "Todo estaba ahí". 

                 "Todo eso desde mediados de diciembre era una sola fiesta. Festones,
                 ornamentos, y símbolos navideños, la música usual copiada de otras
                 subculturas, villancicos latinoamericanos, y Managua entera estaba de fiesta.
                 Eso era la vieja Managua aquella noche", relata. 

                 Es por eso -afirma don Manuel- que a nadie, a ningún habitante de la capital,
                 se le pasó siquiera por la mente jamás, que iba a registrarse un sacudión de
                 tierra de esta naturaleza. 

                 Es más -continúa- si alguien nos hubiera dicho que se iba a producir algo
                 parecido, le hubiéramos dicho a quien nos dijera que estaba loco. 

                 Don Manuel recuerda que a eso de las 10 de la noche se dieron algunos
                 temblores, que realmente ya eran una advertencia, pero en una ciudad sísmica
                 como Managua, "esos movimientos ya eran naturales. Además que nadie se
                 imaginó que el apocalipsis iba a llegar. Jamás, y todo el mundo siguió
                 tranquilo". 

                 Eugarrios, el día de la catástrofe, trabajó normalmente en La Prensa. "Aunque
                 llegué un poco golpeado por una de las tantas fiestecitas a las que solía ir,
                 cuando terminamos los dos cierres del periódico de Managua y los
                 departamentos, me fui al hotel Reisel que quedaba en el centro de toda la
                 extensión de la calle 15 de septiembre, a lanzarme unas cervecitas bien
                 heladísimas". 

                 "Regresé al periódico y salí como a las 4:30 de la tarde, me fui al Balmoral, y
                 estuve ahí hasta como a las 7 de la noche. Luego me traslade a las fiestas del
                 Malecón. 

                 A diferencia de estos tiempos en que existe tanta delincuencia, en ese
                 entonces uno podía caminar tranquilo por las calles. Estuve después en la
                 carne asada del Gran Hotel y después me fui a mi casa. Me acosté y después
                 me levanté con la tragedia más grande que nadie imaginó, provocada por el
                 sismo de las 12:30". 

                 UN GRITO LE REVELO ESPANTOSA REALIDAD 

                 "Estaba profundamente dormido cuando empezó a caerme polvo de las tejas
                 que bailaban. Soñé que era una llovizna, y me abracé friolento a mi
                 compañera, quien, dándose cuenta de lo que estaba pasando, pugnaba por
                 librarse de mi abrazo para saltar a la calle. 

                 Sus gritos de ¡Terremoto, terremoto! me revelaron la espantosa realidad, y lo
                 primero que vieron mis ojos desmesurados, antes de saltar también de la
                 cama, fueron los grandes boquetes que bailaban en el techo", narra el
                 profesor Ernesto Aburto, al recordar lo que hacía antes del sacudión que
                 mató a la capital. 

                 La segunda imagen que recuerdo -cuenta Aburto- fue la de mi propio cuerpo
                 en calzoncillos, tratando de guardar equilibrio en la acera del jardín de nuestra
                 casa en la colonia Nicarao. 

                 Además recuerda que sobre el murito divisorio con la vivienda contigua, que
                 estaba caído, su mujer intentaba quitarle el bebé a la vecina, para que ésta
                 fuera corriendo por su otro niño que todavía estaba adentro de la casa. Pero
                 las dos mujeres también bailaban al ritmo de la tierra, y el traspaso del bebé
                 de unas manos a otras resultaba difícil. Al final, su esposa tuvo que recoger al
                 tierno del suelo, mientras la otra madre corría al interior de su casa. 

                 "Entonces disminuyó la tembladera, y pude percatarme que mi padre aún no
                 salía. Lo llamé con angustia, y el viejo, que entonces frisaba los 54 años, me
                 gritó que esperara, porque todavía no hallaba sus pantalones. Con una mezcla
                 de ira y terror le dejé caer un insulto que nunca habría de cobrarme. Hasta
                 que segundos después apareció por el umbral de la puerta socándose la faja. 

                 En los minutos que siguieron entre el primer terremoto y el siguiente, pero
                 hasta buen rato después, mi mujer descubrió que se había cortado las plantas
                 de los pies con los vidrios esparcidos de lo que fue lámpara de la sala, y
                 sangraba...pero toda la ciudad estaba sangrando en ese momento", indica
                 Aburto. 

                 Hoy, al igual que hace 28 años, el cruel calendario coincide con los días en
                 que sucedió la tragedia. Muchos managuas se durmieron el viernes 22 de
                 diciembre de 1972, para nunca más despertar. Muchos vivieron para contar
                 la triste experiencia de abrir los ojos minutos después de la media noche y
                 llorar a sus seres queridos, y a su entrañable Managua, la que nunca volverá. 
 



 

Porque allí florecieron  amores... los ratos felices...      ensueños y promesas. 
 
. /

 


Los sobrevivientes de la catástrofe
* Después de 27 años, ya en Managua quedan muy pocos "escombros", testigos de aquella gran sacudida del 23 de diciembre
ANUAR HASSAN /La Prensa
Muy pocos edificios que resistieron la formidable embestida del 23 de diciembre de 1972 quedan en pie para servir de referencia de la vieja Managua. De las aproximadamente ochenta mil construcciones con que contaba Managua en diciembre de 1972, por los menos las tres cuartas partes, unas 60 mil sucumbieron al brutal embate de la naturaleza.

Antigua Lotería Nacional,
Uno de ellos es el de la Lotería Nacional, ubicado en los alrededores del que fue Teatro Margot, hoy sede de una iglesia Pentecostés. En el edificio de la Lotería es todavía visible la pizarra, que era una pared de la casa donde se iban anotando, con una barra de tiza, los premios de importancia a medida que iban saliendo. El sorteo era animado por música de chicheros, sobre todo cuando los premios eran especiales. Todavía pocos años antes del terremoto recorría las principales calles de Managua un extraño cortejo que no dejaba de causar cierto temor entre las almas infantiles. Se trataba de un señor extremadamente gordo acompañado por otro de menor volumen, tocados con sombrero de copa, a los que hacía compañía un enano de cabeza cuadrada provisto de un tambor que batía furiosamente. Detrás del extraño grupo marchaba un carro parlante que instaba a la gente a comprar lotería y ganarse los premios, "el gordo y el gordito", representados por la obesa pareja. Desde luego que la gordura no era natural sino que debajo del saco, que vestían los dos trabajadores escogidos para hacer esa tarea, habían colocado relleno para darles aquel robusto aspecto.
Consulado de El Líbano
El que albergaba el Consulado de El Líbano, en el que vivía la familia Zogaib, libanesa de origen, sigue
todavía en pie y es visible detrás del Faro de la Libertad, al sur del antiguo Cine González. Se trataba de una sólida construcción de tres plantas, de concreto, enclavada a media cuadra al oriente del edificio de Carlos Cardenal, que también sobrevivió a la catástrofe.
La tienda de Cardenal
La tienda de Cardenal fue el primer edificio dotado de escaleras eléctricas, como las que ahora llaman la atención de las nuevas generaciones de capitalinos en Metrocentro y Plaza Inter. Cardenal, un comerciante con visión de futuro, mandó instalar esa escalera hacia mediados de los años 60. Para estos días, la tienda de Cardenal, de tres plantas, era un hervidero de compradores que saturaban el enorme edificio.
Hotel Balmoral
El suntuoso Hotel Balmoral, de siete pisos, en la Avenida Bolívar, en cuya azotea funcionaba un bar restaurante cuyo indiscutible atractivo era la piscina donde los clientes podían tomar un baño de noche y el menos ostentoso Hotel Reisel, recién abierto sobre la Calle 15 de Septiembre, fueron tumba de decenas de turistas y trabajadores de ambos centros.
Tienda Alicia,
En la esquina hacia occidente se levantaba la Tienda Alicia, una moderna estructura de cuatro plantas propiedad de los comerciantes Frank y Alicia Gutiérrez. Los Gutiérrez se habían especializado en la venta de juguetes y artículos femeninos. 
Hotel Reisel
Al igual que el Hotel Reisel, desapareció en cuestión de segundos.
 Palacio de Justicia 
Varios grandes edificios, como el Palacio de Justicia que elevaba su elegante estructura en el sitio que hoy ocupa el Instituto de Medicina Legal y otros que bordean la calle que pasa frente a la llamada Explanada de Tiscapa, al occidente del Hotel Intercontinental (otro sobreviviente) sufrieron graves daños estructurales que obligaron a las autoridades a declararlos inhabitables.
Seguro Social 
La elegante mole de cristal del Seguro Social que usted ve junto a la Calle Colón salió también casi indemne aquella siniestra noche. Durante muchos años mostró las tristes oquedades dejadas por los ventanales rotos hasta que hace unos tres o cuatro años fue rehabilitado.

El edificio Pereira¨.
Este edificio, uno de los primeros ¨rascacielos¨ de la Managua de los 50, estaba situado sobre la Avenida Centenario, que por el sur comenzaba en la Iglesia del Perpetuo Socorro y por el norte concluía en la Catedral. A todo lo largo de sus escasos tres kilómetros de longitud había tiendas y oficinas de todo tipo. El edificio Pereira acogía un negocio de importaciones en su planta baja y las dos restantes servían de residencia de la familia Pereira (los constructores Néstor y Armando Pereira eran hijos del dueño del edificio). En un pequeño local de la planta baja funcionaba la cerrajería de Mister Kupper, un inglés o norteamericano que ofrecía su experiencia en abrir cerraduras de todo tipo, incluyendo cajas de hierro.
Colegios de La Inmaculada
El Colegio de señoritas La Inmaculada, situado en la intersección de la Calle 15 de Septiembre y la Avenida Roosevelt .
Colegio de la Divina Pastora
El  Colegio de la Divina Pastora, al extremo occidental de la 15 de Septiembre.
Colegio La Asuncion
El exclusivo de La Asunción, ubicado frente a las costas del lago.
Instituto Pedagógico 
Las recién construidas instalaciones del Instituto Pedagógico de varones con su imponente capilla, en la que hoy funciona el Centro de Convenciones Olof Palme, sobrevive a la devastación.

Colegio Calasanz,
El Colegio Calasanz,en el Barrio San Sebastián, que se derrumba sepultando bajo sus escombros a su director, el Padre Bruno Martínez, quien murió días después en el Hospital de León.

Hospital El Retiro,
El Hospital El Retiro era uno de los más modernos y grandes de Centroamérica, construido en 1968,
se vivieron escenas de hondo dramatismo y gran heroicidad. Al quedar la ciudad sin energía eléctrica, los médicos de turno utilizaban los faros de los automóviles para prestar los primeros auxilios a la con cada minuto creciente masa de lesionados que llegaba desde todos los rumbos de la ciudad destruida. A esos médicos se sumaron otros que abandonaron a sus familias para acudir al llamado del deber. Muchas vidas quedaron en los quirófanos sin energía, mientras otras se perdieron debido a la desesperación que se apoderó de pacientes que recuperaban después de delicadas operaciones y que se lanzaron escaleras abajo o por las ventanas hacia la muerte.
La Farmacia Managua, 
las tiendas de La Centroamericana
El Restaurante Asia, 
El laboratorio del Dr. Bengoechea 
El complejo de edificios Venezuela, ubicados frente adonde funciona actualmente el Ministerio de Gobernación



 
 Viernes 22 de Diciembre de 2000 | El Nuevo Diario
 
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