"Casona-
Casa Cural
de
Masaya"
Miércoles
18 de Abril de 2001 | Nuevo Diario
Sobrevivientes de
la historia colonial y monumentos importantes
Las
casonas de Masaya
—Edwin Somarriba—
Estructura
de la Casa Cural que escapó de ser incendiada por los conservadores
el 4 de octubre de 1912, cuando creyeron que adentro se ocultaban los liberales,
sin saber que en realidad era la vivienda del cura párroco. (Foto
Edwin Somarriba)
Este es en realidad
un pueblo milenario que ya existía como tal desde muchos siglos
antes de la conquista española. Los conquistadores se sintieron
impresionados por el fuego eterno del volcán Santiago y sus fumarolas.
El cronista Fernando
de Oviedo y Valdez, quien se hizo amigo del cacique Nacatime de Nindirí,
al que luego bautizaron como Francisco Machuca, subió con éste
a la cima del coloso al cual, en sus crónicas, bautizó como
«El infierno de Masaya».
Los aborígenes
de Masaya cultivaron el arte de la cerámica policromada, es decir,
pintada de diversos colores, con indelebles tintas que hasta ahora conservan
su firmeza primitiva.
Los conquistadores
y colonizadores, por su parte, diseñaron el trazado urbano de la
villa que bautizaron como San Fernando, en honor al rey Fernando de España.
Primero construyeron en el centro la parroquia, hoy Basílica de
Nuestra Señora de la Asunción, y en los alrededores de la
misma, construyeron casonas de corredores para las familias principales.
Antigua casona
de corredor frente al costado sur del parque central, que fue propiedad
de don Miguel Cedeño, y la alquilaba para la famosa ferretería
Cabrera. En la esquina opuesta fueron derrotadas por los monimboseños
las huestes filibusteras de William Walker a finales de octubre y comienzos
de noviembre de 1856. (Foto Edwin Somarriba)
En esas casonas se
instalaron los gobernadores y jefes militares de entonces. En el costado
norte del templo construyeron la casa cural con paredes de adobes y techo
de tejas de barro. En el costado oeste se construyó otro edificio
de corredor, pero de dos pisos, donde se establecieron los militares, y
en el costado sur, más casas de corredores desde las cuales los
colonizadores mantenían el control de los aborígenes.
Este trazado urbano
creó las condiciones físicas para las relaciones sociales
con los aborígenes y mestizos. La interrelación de ambas
razas, con el trascurrir del tiempo, forjaron el complejo racial indolatino
y el famoso mestizaje que circula con ardiente calor en las venas de los
masayas. |