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24 de Noviembre de 2000 | El Nuevo Diario
Mercado Viejo: historia de Masaya
—EDWIN SOMARRIBA—
En una superficie cuadrada de 110 metros de largo por otros tantos de ancho, tenía más de cien puertas y ventanas en su estilo morisco original. Actualmente convertido en un centro permanente de exposición y venta de artesanías, conocido por turistas nacionales y extranjeros como "Ruinas del Mercado Viejo", la estructura fue usada en los años ochenta como bodega y local de fiestas.
Este majestuoso centro de compras albergó en sus mejores tiempos
a centenares de comerciantes y locatarias que pagaban puntualmente el famoso
impuesto "de piso" y en muchos tramos, hasta existían dormitorios
donde pernoctaban los dueños.
Contiguo estuvo la farmacia del Gato Chávez, la venta de materiales
de zapatería del granadino José Dolores Navas, que era centro
de tertulias de sus amigos, y en la esquina funcionaba otra venta de materiales
de zapatería, de los señores Pío Rojas y Amanda
Merlo de Rojas.
Por el costado sur del mismo mercado viejo estuvo la venta de materiales de zapatería de Augusto Sandoval y la talabartería de Bernardo Fuentes, una comidería y un fuerte negocio de la Chepita Pulga. Más adelante, una venta de Reñazco, padre del héroe y mártir "Silvio Reñazco", y en este mismo costado se encontraba la tistería de Hélida Monge. Una joyería, una venta de "fierros viejos" en la esquina opuesta a Chago Vega, la María Cabezas, con venta de cabuyas y leche clin, de la que traía la Alianza para el Progreso de los Estados Unidos. También doña María vendía dulces y otros productos y le decían cariñosamente "La Calavera". Ella fue la señora madre de los hermanos Martínez Cabezas. La primera joyería que se instaló en el antiguo mercado de Masaya fue la del "Cebollero", Emilio Mendoza, procesador y descendiente de una familia de comerciantes a nivel internacional. Existía una zapatería de Chepe Dabdul, y luego un portón de entrada para las carretas, carretones y camiones que descargaban perecederos y una gran variedad de productos de otros departamentos y que se expendían en el mercado local.
Otro negocio era el de Gabriel y Gabrielito Sánchez, que comercializaban
directamente con Chontales, Matagalpa, Estelí y otras ciudades del
norte, y también fueron progenitores también de sobresalientes
ciudadanos como los poetas y profesionales del Derecho de apellidos Sánchez
Arauz.
Entrando por otro portón estaban las ventas de perecederos, y por el costado norte del mismo centro de compras estaba el poderoso negocio de Carlos López, el de Alberto Quiñónez y Rosario, su esposa, lo mismo que Alfonso Gutiérrez, otro que vendía toda clase de minucias. En el costado norte del mismo mercado se encontraba Manuelito Caldera, administrador de una venta de calzado fino, propiedad de Alejandro Bolaños, quien soltaba préstamos a diario y por hipoteca. En el corazón de este centro antiguo se podía saborear desde las cuatro de la mañana el famoso mondongo de "La Tinco", que vendía en aquellos tiempos hasta cuatro ollas por día. Allí se originó la siguiente anécdota: constantemente llegaba el poeta y guitarrista Anselmo Sequeira, quien usó estos seudónimos, "Lakto Lumen Li, Ag Caldera Sotelo Naknu y Lactolument", quien llegaba al mercado con una tablita, papel y lápiz, para elaborar cartas de amor, y poesías que elaboraba al gusto del cliente.
Pero un día al distinguido poeta le fue mal en el negocio de elaborar
cartas de amor, y ningún enamorado se acercó para encargarle
una. Apretado por el hambre, pensó: "Tal vez La Tinco me da
una taza de mondongo de cinco córdobas al fiado por mi diploma de
bachiller". Y la famosa Tinco, cuando escuchó la gran oferta,
taza de mondongo por diploma de bachiller, contestó: "Eso
no vale nada", y el poeta, decepcionado porque no le aceptaron el título,
lo rompió en mil pedazos y todos los comensales lo miraron sorprendido
cuando se fue acompañado por el viento y el polvo.
En el interior de dicho mercado se encontraba la talabartería de Lázaro Córdoba al que le decían cariñosamente "El Campeón", sin faltar todos los hermanos Castillo, don Chico, don Laureano, don Nicho, don Silverio y doña Juana, abuela del poeta Julio Valle Castillo. Humberto "Burro", con su sastrería y sus famosos pantalones azulones y cotonas de manta, también fabricaba camisas de tela fina. Casi toda su familia trabajó en ese ramo, sin faltar un trabajador solitario que realizaba toda clase de trabajos. Era un hombre múltiple al que le decían "El Ratón". No faltaron en esos tiempos los famosos "rumberos" de zapatos viejos, como el conocido "Mauzado" que se trasladó con su tallercito al nuevo mercado "Ernesto Fernández", como también "Los Culebras" y otros. La primera máquina de pasar zapatos la trajo un señor de apellido Duarte y la manejaba Gardenio Miranda, quien molestaba a la gente con el estruendoso ruido de la máquina. Tampoco faltaron los famosos lustradores, entre los que se cuenta el más conocido como "Chico Loco" y muchos otros que limpiaban zapatos sólo por temporadas y se ubicaban en los alrededores del mercado.
El mercado de aquellos tiempos parecía una ciudadela donde habían
hasta barberías como la de Carlos Sánchez Cerda, "El Indio
Vivo", que rasuraba a domicilio. Existió la venta de "Toño
Bulla", y también estuvo una comidería y otro personaje que
le decían- "Hijo de mier...", aunque en su propia cara lo
nombraban elegantemente: ¿Don René, como está?.
Entre los más famosos loteros, porque vendieron el premio mayor entre las comerciantes y locatarias del mercado, se cuentan Nicho Cuchillo, Ramón Buzano y Guillermo Tapia, hombres de más seis pies de estatura y pesos completos de trescientas libras. Asimismo, Pío Montenegro, Guillermo Monge, Pedro Urbina, José Luna Zurita, Laureano Boniche ("Laureano Nurro"), Alberto Prado y Orlando Soza, quien jamás se despegó el puro de la boca. Otros famosos loteros fueron César Montano Morales, Angel Castillo Dabdul, quien se envenenó por causas amorosas, José Valle Pilarte y el no menos célebre "Sirindinga" quien expresaba al ofertar la lotería-- "¿Queréis un tuquito o la queréis toda?". Todos ellos se dieron solamente el lujo de vender el premio mayor en aquellos días. El coto Cisneros, que se ubicaba en el portón principal, con pierna de palo, también vendía hules para fabricar las hondas con ganchos de madera que utilizaba la muchachada de aquellos tiempos para cazar garrobos, iguanas y algunas aves durante la Semana Santa. Al mismo portón llegaba diariamente, como religioso, un ciego con su guitarra que cantaba: "Los cabritos y los cabrones berrean de noche y de día". También se sabe de otra anécdota, del famoso demandante de santos conocido como "Santa Lucía" y "Cruz de Pedo", a quien al morir le encontraron debajo de la cama una botija con más de diez mil córdobas. LAS CARNERAS MAS FAMOSAS La "Chila Cacamona", la Celina Brenes, "La Pájara", la Vilma Brenes, Teresa Mejía, La Sandino, La hija de Julián Virote, Las Arriazas y el moledor de carne, Carlos Martínez Abaunza, figuran entre los más famosos carniceros. Entre las vendedoras de carne de cerdo, figuraron la María Abarca, Erminia Huerta, La Lipa, famosa con sus chorizos, y la popular "Paula Burra" con sus riquísimos nacatamales y chicharrones. Entre los vendedores de queso fresco y seco, tabaco y cebollas figuraron "La Chabela Negra", La Amada Piure, que fue maestra de danza, y la Josefa José, así como Gustavo Barrera Tapia, que vendía dulce, sal, cebolla y hasta tejas para el techo de las casas, y no podía faltar la distinguida "Puño de Sal".
Entre las joyerías más famosas en aquella época, estaban
la del "Cebollero" Francisco Jiménez Escobar, al que le decían
"Carne Asada", y que además le gustaba la poesía y editó
un folleto en una editorial mexicana. Jorge Abarca Fonseca, quien vive
en Costa Rica, y la joyería de los hermanos Benjamín y
Existió una mujer fabricante de puros, que tenía el vicio de viajar hasta el mercado para hacer los famosos puros en el mismo lugar. La familia Monterrey Salgado se especializó en lo típico y en otros negocios donde vendían hasta alcohol.
Hay que recordar a don Simeón Cajina, propietario de la Ladrillería
Cajina, que además tenía varias de casas de alquiler, y que
cuando el inquilino se retrasaba con el pago del mes, llegaba de pronto
con un camión destartalado y les decía: "Bueno, a vivir al
malecón".
Todos los masayas coinciden en que el atol nica más sabroso es el de Masaya. Por eso en el mercado también habían famosas atoleras como La Toña Negra y La Eloísa. Famoso era también el raspado de leche de la Susana Prado, tan famoso como Darío Cebo que vendía sombreros y era propietario de una barbería. El café negro nunca le faltó a los comerciantes y quienes vendían este producto eran las Hermanas Acuña. Se le podría llamar cafetín a estas alturas a las dos mesas y un jarro de café hirviendo donde acudía don Venancio Calvo Díaz en busca del rico café caliente de las Acuña. El mismo Venancio cantó a Darío: "Vamos todos en góndola de oro, hacia el poeta Darío a adorar".
Entre los "guinelleros" se recuerda a Tomás Guifarro, César
Gaitán y Miguel Pacheco. Y el hielo para enfriar el calor, lo vendía
Silvio Pérez en el costado
El intendente del mercado era Antenor Miranda que era músico además.
También desempeñaron ese cargo Salvador Caldera, Daisy Solano
de Díaz, a la que le decían "Doña Bárbara",
Alejandro Boza Sánchez, "Santo Hombre", así como Ignacio
Bolaños Carrión y Fanor Cruz.
Entre los famosos cobradores de impuestos "de piso" figuran el terrible Julio Ñato, con su pistola al cinto y un cuchillo, quien le pegaba a los que no cancelaban de inmediato e insultaba a las locatarias. Igualmente cobradores fueron Bosco Chivo, José Luis Algaba, Pancho Pata, Orlando Rosales, Toño Páramo, Arnoldo Gutiérrez (Cabo Quijada) y Julián Amador conocido como "El Mono Blanco". El "Mono Blanco" fue el famoso pitcher del San Fernando que logró una marca de 24 juegos consecutivos. Entre otras locatarias la gente vieja recuerda a La América Talalay, Míster Kupper, La Pablita Barbona, que vendía trompos, matracas, joyas y juguetes de barro y de madera, entre otros productos. Tampoco podía faltar el mudo del mercado, de quien nadie supo su nombre, pero fue el encargado de los servicios higiénicos, donde se pagaban dos centavos por el "pompón" y un centavo por la "miada", así estaba escrito en un rótulo. Y la mamá Moncha con sus cerámicas y tiestos de barro, fue madre del también veterano de la colina central, Mariano López (Mamamoncha), también campeón de billar en Masaya. Entre los vecinos del mercado, no podían faltar las cantinas como la llamada "Laurel Eterno", administrada una vez por Fernando Corrales, quien vistió la franela fernandina, la cantina del "Sargento", "El Chele", "Mama Lemus", "Chila Dulce", "Chon Pavón" y dos cantinas muy famosas: la del "Gancho de Oro" y la de El Peludo.
En la entrada principal del mercado se ubicaba la "Pillina", famosa por
su fresco de cebada y otros refrescos naturales y muy especiales,
y la Mercedes Peña, que hacía préstamos siempre al
"veintito" en voz baja.
El mercado municipal tenía de todo y no podía faltar un buen periodista. Se trataba de "Churrín", don Benjamín Vásquez, reportero en aquellos tiempos de La Noticia, Decano del Periodismo Nacional, dirigida por don Juan Ramón Avilés. "Churrín" vestía de blanco e igual sus zapatos, con un sombrerito de alas cortas siempre elegante, nítido, que al llegar al mercado, las locatarias gritaban: allí viene -"¡Churriiin!"-y él respondía seriamente o en broma: "Toda noticia en pro o en contra es pagada". En aquellos tiempos "Churrín" no tenía ni mucho salario ni sueldo en el periódico La Noticia. Cuando la inauguración de los primeros vuelos de La Nica a Bluefields, el famoso "Churrín" fue enviado especial por La Noticia a cubrir el evento. Y estando en el interior del avión, "Churrín", describió así el famoso vuelo: "Las grandes casas haciendas se miran como simples cajetillas de fósforos y los grandes ríos como El Mico, El Rama y El Coco, son simples culebrinas que penetran en el corazón de mi tierra". Primera plana el trabajo periodístico de "Churrín". El antiguo mercado de Masaya, con más de 102 años de existencia, es un sobreviviente incólume de grandes incendios (años 60 y 70), una guerra y dos terremotos. |
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